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jueves, 19 de agosto de 2021
Desfile del orgullo gay
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En la calle solo con un mini short de lycra y una banda elástica alrededor de mis pechos, un sujetador bandeau. El resto de la gente iba con tan poca ropa como yo y muchos aún menos o disfrazados o con cualquier indumentaria exótica que se les hubiera ocurrido.
Era un desfile del orgullo gay, el primero para mí. Y hacia un calor terrible que invitaba al desmadre. Por eso iba con mucha ilusión, ver cuerpos hermosos casi sin ropa. Supongo que en realidad todavía no tenía muy clara mi sexualidad por aquel entonces.
Había tenido relaciones con chicos y chicas, pero lo cierto es que el sexo de mis parejas no importaba lo más mínimo. Y sigue sin importarme, para qué limitarme.
Quería divertirme, bailar y pasarlo bien y quizá si surgía la ocasión algo de sexo. La caravana parecía inmensa, muchos camiones, infinitas banderas arco iris ondeando en la suave brisa, gente por todas partes, muchos disfraces, la mayoría de fantasía. La música a todo volumen atronaba las calles de la ciudad.
Mirando hacia uno de los camiones con equipo de sonido un grupo de culturistas vestidos solo con tanga lucían sus músculos impresionantes.
Una carroza cargada de drag-queens, sus vestidos y disfraces cargados de pedrería y plumas pero luciendo también sus pieles. Por allí un grupo de travestis, chicos muy bien maquillados y vestidos con minifaldas y tops, tacones altísimos.
Las chicas también iban disparadas, muy sexys y arregladas y repartiendo besos, caricias. Sus mínimos atuendos apenas tapaban tanto de sus cuerpos como el mío. A veces menos.
Yo me dejaba querer, si la persona me gustaba devolvía el beso. A veces con lengua y yo acariciaba culos o pechos, incluso tocaba alguna polla o coñito que se me puso al alcance la mano. Tanto como recibía caricias en mis pechos, mi culito, por todas partes.
Un poco mas allá chicas ataviadas con unas pocas tiras de cuero y anillas de metal que era lo único que las cubría. Un montón de cuerpos deseables y sudorosos o untados de aceite, la piel brillante.
Bailaban, bebían disfrutaban.
Veía el espectáculo, me movía entre los grupos, saludando, dejando un beso aquí, un abrazo allí. Alguien me tocaba el culo sin disimulo. Se lo puse fácil. Lo saqué un poco para que la atrevida mano pudiera recorrerlo sin problemas.
Al ritmo de la música me movía sin preocupaciones. Al girarme para comprobar quien me estaba magreando clavados en mí pude ver dos preciosos ojos azules y una bonita cara enmarcada en el pelo corto y moreno con mechas teñidas de azul eléctrico. Por debajo de eso el cuerpo bronceado al completo, delgado y fibrado, solo estaba cubierto por unas tiras de cuero y unas anillas de metal colocadas estratégicamente.
La morenita era la mas bonita del grupo de las esclavas que iba por el mismo camino que yo. Agarrándome a su cuello me puse a bailar muy pegada a ella. Mis tetas duras apartaban el cuero que apenas cubría sus pezones. Le hurtaba mi boca a sus intentos de besarme y me lanzaba a por su fino cuello, pero lo hacia por el juego. Yo lo deseaba tanto como ella. Estaba deseando probar sus sensuales labios rojos.
En ningún momento su mano firme se había separado de mi culo, magreando mis nalgas. Al principio por encima de la lycra de mi short pero en un momento se coló dentro agarrando carne. Me sentía deseada. Uno de sus muslos se introdujo entre los míos desnudos, notaba perfectamente su piel caliente acercándose sin pausa a los labios de mi vulva.
En un acorde de la música fui yo quien dobló las rodillas apoyando la pelvis en su muslo y mi cabeza en su cuello desnudo. Movía mi cadera adelante y atrás frotando mi vulva, solo tapada por un poco de fina lycra, contra su muslo. Masturbándome con su pierna como un animal en celo. Pasaba la lengua por su piel salada, lamiendo del hombro a su oreja y buena parte de la barbilla.
Lamí el sudor de su cuello y ella por fin consiguió mis labios, abrí la boca recibiendo en ella su lengua juguetona. Respondí lasciva a su beso, me hacía sitio en su boca para que mi lengua buscara en ella su saliva. Para que muestras lenguas se acariciaran la una a la otra, a veces con las caras tan separadas que la gente cercana podía verlo.
A nuestro alrededor la juerga continuaba, la música atronaba, pero nosotras estábamos aisladas de todo. Nos mirábamos a los ojos y recorriendo despacio y con cariño la piel de la otra con las manos, con la yema de los dedos. Ella ya exploraba con la otra mano por debajo de mi escaso top de lycra apresando entre los dedos mi pezón duro por la excitación.
Eso me hizo jadear pero no quedarme quieta y apresé los labios de su vulva entre mis dedos por debajo de un tanga de cuero un poco demasiado flojo y desde luego ya muy húmedo. La venganza es un plato que se toma frio y nosotras íbamos muy calientes. Sin dejarme un respiro me agarró de la mano y me arrastró hasta el portal mas cercano que milagrosamente estaba abierto y vacío.
Sin dudar me bajó el short. Se puso detrás de mí con sus pechos clavados en mi espalda, una mano se deslizaba entre mis nalgas buscando mi rajita. La otra sujetaba mi vientre o mis pechos apretándome mas a ella como si a estas alturas yo pensara en escapar. Notaba su muñeca o antebrazo abriéndome el culo y dos de sus dedos en mi interior.
Me besaba el cuello, la nuca, bajaba por mi prácticamente desnuda espalda. Cuando tuvo la lengua lamiéndome el culo yo jadeaba como una burra. Inclinándome más y más. Así me corrí por primera vez esa tarde, ya venía muy cachonda. Sin pensar en que los desconocidos vecinos podían sorprenderme desnuda en su escalera.
Los vecinos no, pero dos chicos extraviados del desfile que como nosotras buscaban un sitio discreto nos distrajeron durante unos segundos. Estaban muy buenos aunque no eran de los culturistas.
Un poco mas abajo que nosotras, en la escalera, se besaban con furia tan lascivos como nosotras. Al poco uno de ellos ya tenia la polla del otro en la mano y poco mas tarde en la boca.
Aún más excitada por el espectáculo gemía sin importar quien pudiera oírme. Giraba mi cabeza todo lo que podía para contemplarlos mejor. Caliente por los hermosos cuerpos masculinos y la lengua que sin descanso me hurgaba en la vulva, el perineo y el ano.
Me corría una y otra vez. Pero yo también quería dar placer, no solo recibirlo. Quería lamer piel y sexos, morder pezones. Lamí mis jugos de su lengua cuando la besé, cuando volvimos a cruzar las lenguas. Eso sin separar los dedos de su vulva.
Conseguí aflojar del todo la prenda de cuero que cubría su depilado pubis, no es que me lo pusiera muy difícil. Me lancé como una loca a chupar los pelados labios de su coñito.
Con la ventaja de la altura de la escalera que me permitía ponerme tumbada debajo en una postura cómoda pero con los escalones clavándose en mi espalda. El ano rosado que en cuclillas descendía desde dos escalones mas arriba despacio hacia mi boca.
Agarré las nalgas morenas con fuerza para que no se me escapara. Aunque no corría ningún peligro de ello.
Mi amiga gemía y jadeaba cada vez que la tocaba el sensible y duro clítoris con la lengua pero no tapaba del todo los gritos de placer de los dos chicos. Ella se corrió en mi lengua. No les perdía de vista, de reojo. Me gustaban sus rabos duros y sus culos prietos pero me encantaba comerme el xoxito dulce que tenía delante.
No podía dejar de lamerlo, la recorría una y otra vez del ano sudado pero limpio al clítoris. Por sorpresa noté en el mío unos dedos que lo investigaban lo que me hizo clavar la lengua en su culo. Ella soltó un grito cuando noto una mano desconocida acariciando su suave piel.
Ellos se habían acercado y sentíamos sus manos en nuestros cuerpos. Uno de ellos me acariciaba el coño, ya iba por mi segundo o tercer orgasmo, mientras el otro lo tenía clavado por su firme culo en su rabo. Todos gemíamos de placer, todos teníamos las manos o las pieles de los otros en nuestros cuerpos.
Los cuatro sentíamos y dábamos placer según nuestros gustos. Ni nuestros nombres sabíamos. No me había preocupado de preguntarle el suyo a mi amiga, ni de darle el mío. A esas alturas ya tenía claro que todos eramos de gustos amplios, más o menos, y que solo queríamos disfrutar de la buena compañía. Y allí corríamos mucho riesgo de que algún vecino nos pillara en bolas. Tampoco nos hubiera importado mucho.
Hasta que el chico que me acariciaba nos llevó a su casa. No llegué a probar su lefa en ese momento aunque lo estaba deseando, se contuvo para correrse después.
- Aquí nos van a acabar pillando. En mi casa estaremos solos.
Recompusimos nuestras ropas como pudimos. Eran tan escasas que no fue difícil en ningún caso. Ellos lo único que llevaban puesto eran unos cortísimos pantalones de deporte, ni camisetas habían traído. De todas formas hacia tanto calor y siendo el día que era nuestro grupo no llamaba mucho la atención por la calle.
Montamos nuestra pequeña orgia en la cama de sus padres Sólo pasamos por la cocina para buscar algo de beber y refrescarnos. Ninguno pensaba en el alcohol, solo en los cuerpos de los demás.
Yo dejé colgado mi bandeau en el respaldo de una silla al lado del frigorífico. Los shorts de los chicos y el mío se quedaron en el suelo del pasillo. Y entre los tres fuimos sacando el body de cuero de mi amiga junto a la enorme cama tamaño King size. Besando su cuerpo a tres bocas y lamiendo su suave piel.
Yo aproveché para acariciar las suaves pollas depiladas. sin separar mis labios de la piel de alguno de los otros. Los gemidos llenaban la habitación mientras nos íbamos deslizando sobre el colchón. Ahora me tocaba a mí, manos y lenguas por toda mi piel. Incluso una polla que se deslizaba entre mis labios con suavidad, y puse todo mi empeño en darle una buena mamada.
Alguien me estaba haciendo un beso negro y esa legua juguetona me estaba llevando al cielo. Yo tampoco tenía las manos ociosas tocando todo lo que alcanzaba. Íbamos moviéndonos según nos apetecía, según buscábamos los cuerpos de los demás.
Allí uno de ellos me folló mientras su amigo le follaba a él y yo me comía el coñito de la de los cueros que con los muslos bien abiertos estaba sentada delante de mí apoyada en el cabecero de la cama. A cuatro patas dando y recibiendo placer no me di cuenta de los nuevos participantes hasta que carraspearon en la puerta.
Hasta sus padres, unos maduros atractivos, se unieron a nosotros. Habían ido recogiendo nuestras prendas por el camino hasta el dormitorio. Nos miraban con unas sonrisas lascivas en sus bellos rostros.
Las dos nos comimos el coño de su madre en cuanto nos deshicimos de su ligero vestido de tirantes. El tanga ya había desaparecido en algún momento anterior.
Los chicos estaban desnudando a su padre y lamiendo su torso atlético. Y él se dejaba, no sabía si ya eran bisexuales o era el espíritu del día del orgullo.
La orgia estaba en marcha y cada vez éramos más los que participabamos. Más gente, más diversión. Tres pollas para rellenar agujeros que las estaban deseando pero sin olvidar las lenguas y los dedos.
Ninguno salió de allí hasta el día siguiente. Sus padres tuvieron que prestarnos algo de ropa para volver algo más decentes a nuestras casas. Yo me llevé el vestido que le habíamos quitado a su madre la tarde anterior y uno de sus preciosos tanguitas de encaje.
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sábado, 15 de mayo de 2021
Coronas y la ladyboy
Oculta detrás de una estantería acariciaba con sensualidad las sedas y encajes de la lencería expuesta al público. Ella se sentía tan lasciva como la lencería que estaba mirando, tan excitada, tan caliente como una hembra en celo. Pero esa no era su realidad sólo su deseo, entre sus piernas su polla negaba la feminidad de su mente.
Pero todo eso no le impedía disfrutar del tacto de esas prendas. En ese momento de intimidad con sus deseos. La chica que atendía estaba con otra clienta pero observaba de reojo al jovencito andrógino pensando que iba a robar algo. Y era guapo el condenado, con el pelo largo negro, lacio, una linda carita delgada, un tipo fibroso casi delicado, con esas ropas demasiado grandes que no le hacían justicia a su cuerpo follable.
Cuando largó a la última clienta se dirigió al muchacho que seguía medio escondido manoseando las prendas mas finas y provocativas. Ella se llevó un buen susto cuando aquella voluptuosa rubia de larga melena lisa y ojos azules la descubrió. Agachó la cabeza avergonzada de haber sido descubierta así. Pero cuando le dijo:
- ¿Es que pretendes robarme?
Ella solo pudo negar moviendo la cabeza con vehemencia, asustada. Su melena negra se movía como las crines de una bonita yegua árabe.
-¿Entonces que haces con mi mercancía?
Preguntó la dependienta. Acorralada no pudo mas que admitir la verdad. Tímida y dulce le dijo agachando la cabeza:
- Solo miro, admiro la lencería que me gustaría ponerme. Son cosas preciosas, muy sensuales. Tengo dinero, puedo comprarlo.
Había entrado a comprarse algo pero no lograba decidirse entre prendas tan bonitas. Incluso tenía el dinero.
Eso había conseguido despertar la curiosidad de la rubia. Le preguntó:
-¿Que te gustaría?.
Ella se había fijado en un body de encaje trasparente con el escote hasta el ombligo y terminado en tanga, en color violeta. No tiene mal gusto la nena pensaba la voluptuosa rubia. Aún dudando pero empezando a excitarse cogió el de color rojo de la talla del cuerpo que tenia delante pensando en que no le quedaría nada mal. Puede que algo escaso en el pecho pero sensacional en ese culito duro. Mirándolo a los ojos con más de media sonrisa en los labios le preguntó.
-¿Quieres probártelo? Dime para quien ibas a lucirlo.
- No me atrevo a ponérmelo para nadie. No tengo novio ni nada parecido.
Tuvo que confesar que únicamente para ella misma y su espejo. Qué sentir el roce de esas prendas era el único placer que iba a sacar de ellas. Lo que parecía un auténtico desperdicio, tanto para la lencería como para el bonito cuerpo que se la iba a probar.
-vamos a hacer una cosa. ¿Por qué no vuelves a la hora de cerrar? Así solas y juntas vemos lo que podemos hacer por ti.
Normalmente no habría propuesto algo así, normalmente no. Pero de forma extraordinaria, ya había surgido alguna ocasión en la que tontear con una clienta hacia llevado a pasar un buen rato juntas. En la timidez, dulzura y belleza del muchacho se veían nuevos placeres posibles. Si volvía trataría con la situación y si no, se olvidaría de todo.
Nerviosa, la jovencita volvió a entrar en la tienda cinco minutos antes de cerrar. La dependienta ya había preparado algunas cosas para su nueva clienta especial. Incluido el body que le gustaba a ella. La recibió con un tierno abrazo y las llaves de la tienda para cerrar la puerta tras ella.
- Así no nos molestará nadie. Aún no sé como te llamas.
- Alex pero llámame Alexia por favor.
- Yo soy Coronas, como comprenderás es un apodo pero a mí me gusta. Vamos a ponernos cómodas. Te he elegido algunas prendas. Ve desnudándote aquí no puede vernos nadie.
Una vez a solas y como para darle confianza la rubia se abrió la blusa lo suficiente como para enseñar el negro sujetador de encaje casi trasparente. Claro que en ella con su talla cien era algo portentoso.
Con esas muestras de confianza la joven se relajó y empezó a desnudarse enseñando su blanca piel y su cuerpo delgado, su cuello fino elegante sobre los hombros níveos. Al bajarse los vaqueros demasiado anchos las nalgas duras y respingonas los retuvieron un segundo para luego caer al suelo y enseñar unas bonitas piernas finamente torneadas y bien depiladas, a las que unas medias sentarían de maravilla.
Lo único que le quedaba puesto eran unas pequeñas braguitas de una marca blanca de una gran superficie. Apenas podían contener la excitación del pene de Alexia. Al final con la cabeza gacha también se las saco descubriendo una polla pequeña y depilada. La rubia ya se había sacado la blusa luciendo el sujetador negro de encaje casi trasparente, que apenas podía contener la abundancia de sus senos y por el que se veían los pezones con claridad. Para darle confianza le dio un abrazo aplastando esa impresionante delantera en el pecho lampiño.
Le tendió la sensual prenda en la que se habían fijado con anterioridad. La ayudo a subirla por los suaves muslos, rozándolos con cierto descaro, se la subió hasta los hombros y dejó que la morenita se colocara como pudo la polla y los huevos. Alexia se giró ante el espejo admirando su propio culito duro, y como la prenda moldeaba su figura haciéndola más femenina.
Pero faltaban algunos detalles, unas medias suaves con ligas de silicona, unos altos zapatos de tacón, un cepillado a su lacio cabello para darle un toque mas femenino, un toque de maquillaje. En ese ambiente sensual fue la dependienta quien la ayudó con todo ello.
La jovencita de sentía tan femenina como bella y en ese momento desfilando por la tienda admirada por otra mujer. Tan sexual espectáculo había excitado a la rubia que dejó caer al suelo la falda de tubo y solo sacando un pie y luego el otro de la prenda. Coronas se lucia así en su sensual conjunto negro, muy pequeño y trasparente ante su nueva amiga y alumna.
La jovencita miraba a la dependienta con envidia admirando su cuerpo voluptuoso y su lencería. Y vio como la rubia llevaba la mano a su pubis mirándola a los ojos. Apartaba el tanga a un lado y se acariciaba despacio sin penetrarse solo humedeciendo el clítoris y los labios con sus propios jugos.
La jovencita correspondiendo a la confianza volvió a desnudarse del todo para probarse un conjunto con liguero que le sentaba fenomenal usando las mismas medias. El sujetador de copa más pequeña que había en la tienda no necesitaba ni prótesis para que le quedara bien. El tanguita era tan leve que apenas lo notaba. Todo lo sentía sin tocar su polla que apuntaba dura al techo. Se miraba al espejo desde todos los ángulos sintiéndose toda una mujer por primera vez en su vida. Sin esconderse y delante de alguien que parecía comprenderla.
Luego un corsé negro con un tanga tan leve y suave que parecía que no llevaba nada y la excitaba solo ponérselo. Desde luego no podía ocultar su erección que salía por un lado de la prenda, pero eso solo era una muestra de lo a gusto que Alexia se sentía en ese momento.
Motivada por la jovencita que ya había perdido la vergüenza con la que había entrado en la tienda, la dependienta se probó lo mismo pero en violeta se pusieron juntas ante el espejo, para contemplar su belleza. Una voluptuosa, de cadera amplia y grandes senos y la otra delgada con su alto respingón y aunque más plana, plana del todo, muy sensual.
La morenita no podía apartar los ojos de su nueva amiga y ver cómo se libraba de las dos reducidas prendas que le quedaban de una forma tan sensual la excitaba un tanto. Para ponerse un corsé y un tanguita como los que ella tenía puestos. La tetas de Coronas rebosaban por encima de las cosas del corsé. El tanga tan trasparente dejaba ver los labios de la vulva de la voluptuosa mujer.
Con confianza se cogieron dé la cintura para posar ante la enorme luna de cristal. Rozaban sus muslos sin cortarse y los enormes pechos de la rubia se frotaban con los costados de la jovencita. Esta estaba mucho más excitada de lo que quería admitir.
Siendo tan tímida nunca se había atrevido a ligar con nadie. Como ejercicio intelectual y estando segura de que le gustaría llegar a ser lo más mujer que pudiera siempre había supuesto que le gustarían los hombres. Coronas estaba volviendo del revés sus esquemas.
Por supuesto la dependienta no estaba dispuesta a dejar marchar ese bomboncito sin catarlo. Sus caricias se hacían más insinuantes, más íntimas. Se puso a su espalda clavando en ella sus melones que el corsé ya abierto no contenía. La besó en el cuello y el hombro apartando su melena.
- Eres preciosa vas a conseguir a cualquier persona que te propongas. Nadie podría resistir tus encantos.
- ¿Ni siquiera tú?
Le dijo sonriendo.
-A mí me tienes hechizada desde que te vi con el primer tanga.
Los besos se fueron haciendo más húmedos, más intensos. Alexia los aceptaba de buen grado. Caliente empezaba a darse cuenta de que la rubia podría enseñarle un montón de cosas y hacerla disfrutar mucho. Pronto sintió una mano acariciando sus huevos y un escalofrío de placer recorrió su columna. Eso hizo que se moviera echándose hacia atrás y su culo quedó pegado al pubis de Coronas.
Echo la cabeza atrás apoyándola en el hombro de la rubia. Así su cuello quedó a disposición de esta que lo aprovechó de inmediato lamiendo la piel suave. Sintió la mano cogiendo su pene y moviéndolo despacio y suave. La paja que le estaba haciendo iba a llevarla al orgasmo en pocos momentos.
- Si me haces eso me correré enseguida.
Coronas le hablaba al oído, suave, lamiendo la oreja de la morenita.
- Sería una lástima que se perdiera. ¿Me dejas que te la chupe?
- Me has abierto todo una constelación de experiencias y sensaciones. Va a ser mi mundo y te lo agradezco pero además quiero que lo hagas. Deseo disfrutar contigo.
Coronas le quitó el corsé pero le dejo el tanga. Las dos con la misma ropa. La arrastró hasta la moqueta para que fuera más cómodo para las dos. Y se subió sobre ella en un sesenta y nueve. Coronas tenía experiencia, sabía como hacerla disfrutar. Empezó lamiendo sus testículos sin dejar de acariciar la polla con una mano. La otra la puso en su prieto culo, amasando su dura carne y separando las nalgas.
Iba a demostrarle a esa nena que podría disfrutar con cualquier persona siendo ella queen quisiera ser. Pronto un dedo estaba investigando el ano. Ensalivado hacia círculos para empezar a dilatarla. Pronto dejó los huevos y de dedicó al tronco con su lengua juguetona. Lamiendo y chupando el glande.
Alexia al principio no supo qué hacer con el xoxito que tenía justo encima de su boca. Pero no en vano había visto mucho porno como para estar quieta mucho rato. Curiosa al ser la primera vulva que tenía a su disposición empezó a explorarla suave con los dedos mirando desde muy cerca cada detalle. Cada pliegue de los labios y el jugoso clítoris.
Unos segundos más tarde era su lengua la que empezaba a investigar. Coronas se dio cuenta de que su protegida empezaba a espabilar. Separó más los muslos y dejó que ella fuera a su aire. Si conseguía que se corriera estaría bien pero se conformaría con lograr que Alexia se soltara.
Así que fue una grata sorpresa lo que la jovencita le empezaba a hacer sentir. Notó su lengua entrando todo lo que podía en su vulva penetrándola. Luego jugando con el clítoris acariciándolo. Corona es de orgasmo fácil y no tardó mucho en dejar sus jugos en la lengua de Alexia.
Tampoco tardó nada ya en recibir en la suya la lefa de la chica. En vez de tragarla como hubiera hecho otras veces se giró y se la ofreció a la joven travesti mezclada con su saliva. Dejándola caer de su lengua a la boquita abierta.
No quería presionarla mucho más, esa tarde. Así que ni planteó que la follara aunque estaba deseando cabalgar esa polla teniendo a la chica vestida con la lencería más fina de la tienda. Tras correrse ambas decidieron que tenían que seguir conociéndose mejor pero que ese no era ni el momento ni el lugar.
Alexia se llevó toda la rosa que se había probado pero solo pagó la mitad. El resto fue un regalo de Coronas. Siguieron en contacto y aunque la joven seguía comprando su ropa allí, donde follaban era en el piso de la rubia.
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domingo, 9 de mayo de 2021
La fragua
/".
Había mas de treinta grados fuera. Por las estrechas calles de aquel pueblo, un sol de justicia no perdonaba ni la mas pequeña sombra. Al salir del aire acondicionado de mi vehiculo, el calor me golpeó como un hierro al rojo.
La herrería estaba en un viejo cobertizo, apenas un techado de madera y tejas sobre tres paredes de adobe. Rodeado de viejos apeos de labranza y estructuras de metal poco reconocibles la construcción estaba cerca de la ruina.
Si fuera hacia calor, dentro no le haría justicia el interior de un horno. Mas bien parecía una fundición. El olor penetrante de las cenizas de carbón que alfombraban el suelo y la escoria de hierro al que le faltaba poco para fundirse invadía mis fosas nasales. En un rincón la máquina de carbón que daba nombre a todo aquello echaba chispas alimentada por un compresor eléctrico y había bancos y 0000mesas con viejas herramientas apoyados contra las paredes.
Y allí en medio, golpeando con un enorme martillo una barra de acero al rojo sobre un yunque tan viejo y golpeado que parecía salido de la mismísima fragua de Vulcano estaba el herrero.
Vestía con un vaquero muy desgastado, y agujereado por quemaduras, unas botas de trabajo y nada mas que un viejo y agujereado delantal de cuero para protegerse de las chispas y la escoria que volaban por todo el lugar. Los hercúleos brazos parecían pistones de una antigua máquina de vapor, su pecho un enorme barril, no podía ver mucho mas de su cuerpo. Podría haber participado en un concurso de culturismo o una competición de halterofilia, no habría desentonado. Pero si podía ver su cara.
Resulta que no era herrero, era una herrera, nadie me lo habías aclarado. Los pechos pequeños y duros estaban ahí escondidos tras el mandil y una cara dulce enmarcada en una mata de corto pelo rubio ceniza, que apenas correspondía al musculoso cuerpo. Ella ni siquiera llevaba una camiseta y por el vaquero todo roto se veían grandes porciones de sus poderosos muslos.
Yo estaba allí para encargar unas verjas de forja para mi nuevo chalet. Un amigo me había recomendado hacerlas de artesanía y pedirlas en ese pueblo de la meseta. Pero el cabrón se había guardado ese pequeño detalle.
Lógicamente debido al calor reinante mi ropa tampoco cubría gran parte de mi figura. Más voluptuosa que ella, el trabajo duro había quemado hasta el último grano de grasa en su caso, ninguna de las dos nos tapábamos con mucha ropa.
Me había puesto una minifalda con algo de vuelo, de la que decir que me tapaba el culo era ser generosos con ese trozo de tela. El top anudado a la espalda dejaba ésta completamente desnuda y mis tetas, mucho más grandes que las suyas, asomaban con generosidad por el escote. Mis sandalias de cuña de esparto pisaban las cenizas que alfombraban la vieja fragua.
Detuvo el martilleo por un instante y sus ojos de un intenso color azul, recorrieron mi cuerpo de abajo arriba lentamente como queriendo quedarse con todos los detalles hasta clavarse en la míos. Descubrí que los dos eran azules, fríos, todo lo contrario que el ambiente del lugar. Metió la pieza en la que estaba trabajando de nuevo en la forja antes de preguntar:
- ¿Que deseabas?
A punto estuve de decirle que a ella, pero me callé a tiempo. Y pasé a explicarle el asunto de las rejas. Llevaba incluso las medidas en un papel y algunas fotos para que se hiciera una idea. Pero en ese momento y pensando que desearía verla el mayor número de veces posible volví a guardar el móvil en el bolso.
-Me he comprado un chalet nuevo y para personalizarlo un poco quería una verja para la valla del jardín. Tengo las medidas, pero podrías venir un día, y ver el lugar por ti misma para decidir qué es lo que mejor quedaría. Si no tienes mucho trabajo.
Quería tenerla en mi terreno a pesar que todo lo que me calentaba estar en la fragua. Había descubierto que me excitaba ese ambiente, las máquinas, el sudor, el calor. Por supuesto verla allí medio desnuda entre todo ello.
Aún así estaba claro que podía provocarla y coquetear con ella. Cómo en un descuido me rascaba el muslo, o me secaba el sudor del escote. Y por supuesto me fijaba en si ella miraba esos gestos.
Cómo deseaba efectivamente Marta la herrera, me miraba con lo que yo creía que era una expresión de deseo. Con un solo gesto que hiciera yo me entregaría a ella, allí mismo. Me entregaría a sus caricias y yo le daría las mías.
- Desde luego sería mejor ver el sitio, pero aún así ahora te puedo enseñar algunos diseños y pruebas que tengo para otros encargos.
- Sería estupendo. Así me hago una idea de tu trabajo. Pero creo que ya me tienes muy convencida.
Me condujo a través de la hierba agostada a otro almacén cruzando el patio. El sitio estaba en las mismas condiciones ruinosas de la primera construcción. Pero en su interior oscuro se estaba mucho más fresco. Era evidente que lo usaba como almacén. Por allí esparcidos y en estanterías metálicas había trabajos en diversos estados de construcción. Incluso en una pared colgaban espadas y cuchillos de todos los tipos, herraduras y apeos agrícolas, de los que yo no conseguía adivinar su misterioso uso.
En otra pared colgaban trozos de reja de forja y verjas para ventanas. Trabajos en hierro en realidad muy bien hechos. Pero me había llamado la atención una espada de fantasía que colgaba justo enfrente. Parecía el centro de toda una panoplia de armas blancas. Intente descolgarla para verla más de cerca.
- Ten cuidado está muy afilada.
- Esto quedaría muy bien en mi salón.
Se acercó por detrás de mí para ayudarme a sujetar la pesada arma. Pegó su poderoso pecho a mi espalda y solo el delantal de cuero separaba sus durísimas tetas de mi piel. Rodeó mi cuerpo con sus poderosos brazos y puso su manaza rodeando la mía sobre la empuñadura del arma. Efectivamente parecía que aquella cosa podría cortar piedra y hacerlo sin esfuerzo.
Pero su cuerpo pegado a mi espalda aumentaba, no ya el calor que era mucho, sino mi excitación. Su otra mano se posó en mi muslo justo bajo la falda. No le costó mucho por que esta era muy corta. La caricia subía por mi piel despacio llevándose la tela con ella. Se me escapó un gemido al notarlo. Así le di a entender que me estaba gustando.
Al oído rozando mi oreja con sus labios, me dijo:
- Te la regalo si puedo ver ese salón, y el dormitorio.
- Seguro que podemos arreglarlo. Me encantaría enseñarte toda la casa, hasta llegar a la cama.
Su mano estaba llegando a mi nalga y no pretendía detenerla. Me pegué más a su cuerpo deseando que el maldito trozo de cuero que tapaba sus tetas no estuviera allí. Tuve que dejar la espada o se me habría caído y me hubiera cortado un pie. Por suerte eso me dio más margen de maniobra. Pude echar esa mano hacia atrás y agarrar su nalga por encima del vaquero. Pero la prenda estaba tan quemada que enseguida di con su carne dura como el hierro que ella trabajaba, pero a la vez muy suave.
Empezó a besarme el cuello y la nuca erizando cada poro de mi piel. Asomada por encima del hombro estaba mirando mis tetas que mi escote casi le dejaba ver al completo. Solo tenía que tirar de un extremo del nudo que sujetaba la tela por detrás de mí cuello para que la prenda desnudara mis pechos. Habilidosa lo hizo con los dientes y la tela cayó hasta mi cintura sujeta solo por un cordón que cruzaba la espalda a la altura de los riñones. Mis tetas son grandes pero sus manos casi las tapaban. Me pellizcaba los pezones con suavidad.
Sin soltar su nalga con una mano, con la otra pude soltar por fin su mandil. Separarme lo justo como para que el cuero cayera al suelo. Y girarme para contemplar por fin esas tetitas tan duras. Pegarme a ella para buscar sus labios. No esperó más para sacar la lengua en busca de la mía. Me colgué de su poderoso cuello. Nunca había estado con siguen tan musculoso. Ella en cambio se había apoderado de mis nalgas que empezaba a amasar bajo la falda.
Al fondo del almacén tenía un viejo sofá y cuando me quise dar cuenta me estaba llevando hasta allí en brazos. Me vi levantada en el aire, entre risas y volando entre las estanterias. Me dejó en los cojines. Para lucirme me puse a cuatro patas levantado el culo, destapandolo de la minifalda que me eché sobre la cintura y con mis tetas colgando.
Me miraba con lujuria, lo mismo que hacía yo, mientras se quitaba los vaqueros agujereados. Tras ellos fue su tanga, una prenda más delicada y diminuta de lo que me había imaginado. Pude ver su depilada y suave vulva bajo los marcados abdominales. Estaba deseando poner mi lengua allí.
Pero ella me ganó por la mano. Se puso detrás de mí y solo tuvo que hacer a un lado la gomita de mi tanga sobre una nalga para meter la cabeza entre mis nalgas. Pasó la lengua por toda la raja, de mi coñito a la espalda sin dejar de jugar un momento en el ano. Esperaba que todo el mundo en aquel pueblo estuviera durmiendo la siesta o se habrían enterado por mis gritos de lo que estaba pasando.
Que bien me estaba comiendo el coño y el culo, arrancándome gemidos de placer. No necesitaba sacar la falda por las piernas, bastaba con soltar un broche y se abría cayendo al sofá. El tanga no aguantó mucho más y se rompió. Tras mi primer orgasmo conseguí escaparme lo suficiente como para girarme y lamer mis propios jugos de su boca.
Sus besos eran lascivos y lujuriosos. Exploraba mi boca con la lengua igual que hacía con su martillo sobre el yunque, con firmeza. Yo recorría cada músculo de su cuerpo con mis manos sin poder moverlos apenas pero notando la suavidad de su piel. Acariciaba su dulce carita con las manos mientras notaba su dureza y peso sobre mí.
Ella no pensaba dejarme y pronto noté dos de sus dedos intentando penetrar mi vulva. Separé las piernas todo lo que pude para dejar que me masturbara y seguí corriendome. Quería darle placer a ella, quería sus orgasmos en mi boca pero tal y como eran sus caricias no podía resistirme a dejarle hacer.
Pero algo podía hacer, bajar lamiendo el sudor en su cuello, en sus hombros. Seguir hacia sus tetas y chupar sus pezones. Levantar su brazo, el que no tenía acariciándome, para pasar mi lengua por su axila depiladas. Ella clavaba sus dedos lo más dentro de mi vulva que podía y yo seguía corriendome. Como vio mi intención de seguir bajando por su pecho y vientre, me dejó continuar. Ella arrodillada y yo con mi cabeza entre sus muslos pudiendo llegar con mi boca a su vulva y cuando ella se separaba las nalgas con las manos a su ano.
Lógicamente olía, sabía a sudor pero no creo que yo oliese mejor y a ella no le hacia importado. Es más ese aroma a trabajo honrado, al calor del fuego y el carbón y al sol de Castilla me excitaba más. Todo le daba un algo más que una amante recién salida de la ducha no tenía.
Estaba haciendo que esa diosa de la fragua se corriera con mi lengua, con mis caricias. Que el almacén se llenará con sus gemidos y suspiros como un momento antes lo hacía con los míos. Estirando un brazo podía alcanzar sus tetas que apenas podía mover. A lo más que podía aspirar era a pellizcar sus pezones oscuros y tan duros como el cuerno del yunque.
La tarde pasaba, el sol bajaba y ella podía tener algún cliente más. Aunque el fuego desatendido de la forja hacia rato que se había apagado. Así que tuvimos que vestirnos y separarnos por el momento. Volvió a calzarse los rotos vaqueros y una camiseta qué tenía allí y que parecía tan castigada por el fuego como sus pantalones.
Yo me volví a poner la minifalda esta vez sin nada debajo, el tanga estaba arruinado del todo por sus fuertes dedos. Me ayudó a atarme el top en la nuca. Segura que el fuego de la fragua volvería a surgir entre nosotras.
Ella llevó la espada hasta mi coche y la puso en el maletero. Con un último beso y una caricia a mi coñito que sin él tanga roto que había dejado sobre el viejo sofá estaba al descubierto bajo la falda me puse al volante. Esperaba que pronto ella viniera a mi casa a tomar medidas de la valla del jardín y de la dueña del chalet.
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sábado, 1 de mayo de 2021
El tanga rojo, los hermanos y Hada
Trabajaba en una tienda de ropa. He tenido muchos trabajos. Incluso a temporadas y cuando escasea el dinero de scort y stripper. Sobre todo para pagarme las operaciones. Me gusta el sexo tanto o más que a cualquiera. Pero aquel verano me ofrecieron sustituir a una amiga en sus vacaciones en una tienda de ropa de putón, digo para adolescentes salidas.
Aquella aburrida tarde de agosto se animó de repente cuando entraron aquellos dos dos jóvenes guapitos y muy parecidos. La primera impresión fue que eran novios ya que se trataban con mucho cariño y él tenia la cara de sufrimiento de todo chico que acompaña a su novia a comprar ropa.
Él rellenaba su vaquero con un culo duro pero no muy grande y un respetable paquete. La camiseta ajustada marcaba un torso no demasiado musculoso, mas bien delgado y fibroso, rubio ojos azules y una preciosa sonrisa en los labios sensuales y gruesos.
Ella ya venía sexi, también rubia y de ojos azules pero una larga melena enmarcaba su carita, su recta nariz y sus labios que invitaban al beso. Por debajo de ello sus pechos se marcaban duros y cónicos en un fino top sin espalda y el vientre plano que asomaba entre esa prenda y una falda cortísima vaquera de la que salían dos preciosas morenas y largas piernas. Al subir al piso de arriba buscando más prendas ambos pudimos espiar su duro y precioso culo desnudo al completo y el trozo de tela que decía llamarse tanga cubriendo su vulva. Casi me lesiono el cuello al mirar hacia arriba.
Yo en cambio morena, también con el pelo largo los labios finos y la nariz mas ancha. Mis tetas operadas encerradas en un sujetador negro de encaje y una profesional blusa blanca. De la que abrí dos botones más del escote al verlos entrar. Mis piernas trabajadas en el gimnasio con mi culo prieto y el tanga de fina lencería negro que encerraba mi polla en una falda de tubo negra de imitación de cuero bien ajustada a mis muslos.
Me dirigí a ellos con mi mejor sonrisa en mis labios con el carmín mas rojo que había podido encontrar en la perfumería de al lado.
- ¡Hola! Me llamo Hada, ¿puedo ayudaros?
Fijándome en que la mano de él descansaba en la cadera de ella justo donde la escasa falda dejaba paso a su bronceada piel. Pensé que ya venían cariñosos de la calle.
- Yo soy Marta y él Juan.
Me respondió, simpática, con una preciosa sonrisa.
Ella, Marta, como se presentó venia dispuesta a quemar la visa de Juan y además pidiendo las prendas mas sexys que podíamos encontrar.
Mi compañera tenía prisa así que le dije que cerrara la puerta cuando se marchara dejándonos encerrados a los tres dentro y sin prisas.
- No te preocupes por nada, voy a hacer una buena venta.
Busqué el mini short mas pequeño que había en la tienda, le dejaría casi la totalidad de los cachetes al aire. Cuando ambos se lo vimos puesto con la mitad de su culo respingón al aire ambos la admiramos boquiabiertos.
Me fijé en que Juan también le echaba vistazos a mi jugoso escote, así que procuré lucirlo un poco mas. En un descuido me coloqué los pechos justo a punto de asomar los pezones por encima de la blonda negra. Con los botones que llevaba sueltos ya hacía rato que podía ver el encaje de la prenda. Y estaba pensando en como deshacerme de la falda.
Charlando con él, mientras ella estaba en el probador, por fin descubrí que eran hermanos en realidad. Eso explicaba las miradas que él me echaba o como su mano se apoyaba en mi brazo cuando me acercaba. Pero no los gestos tan cariñosos cuasi lascivos con Sara o sus besos en los labios. Aunque desde luego con mi secreto escondido entre los muslos no era yo quién para juzgar a nadie.
Le saqué un top aún mas pequeño que el que llevaba antes, apenas algo mas grande que un sujetador. No terminó de cerrar la cortina. Desde mi ángulo pude ver sus perfectas tetas desnudas. Eran cónicas bronceadas, como si nunca se hubiera puesto el sujetador de un bikini por encima de ellas. Con lo que las prendas que se probaba solo podían enseñar su piel perfecta.
Les ofrecí sacar un par de camisetas de rejilla para él, trasparentes y muy pegadas. Se las puso delante de nosotras quitándose la que traía puesta en medio de los percheros. Estábamos en el piso de arriba y no se nos veía desde la calle. Así animada ella hizo lo mismo cuando se iba a poner una camiseta con la foto de un musculitos desnudo pegada que marcaba de maravilla sus erectos pezones. Era más grande y tapaba más, pero la tela era increíblemente fina y marcaba todo. Él me arrojó una igual y me dijo:
-¡pruébatela !
Sin pensármelo dos veces, dejé junto a la caja registradora mi blusa blanca y el sujetador negro. Mis tetas operadas no desmerecían las suyas y cuando me lo puse, la cogí de la cintura y nos coloqué frente al espejo para que nos pudiéramos ver a gusto. Lado a lado estábamos impresionantes. Y el que nos miraba guapísimo.
Se le escaparon unos piropos que fueron para ambas, halagos que habrían sonrojado a un camionero y que su hermana acepto con una sonrisa. Yo también evidentemente. Acercándose a él de frente y echándole los brazos al cuello le dio un morreo con lengua que en otras circunstancias me habría escandalizado. Veía sus lenguas jugando ya en la boca de uno o del otro o las dos fuera de los labios con hilos de saliva entre ellas.
Sara tendió la mano reclamándome, la tomé con la mía y me juntó a ellos tirando de mí hasta que mi lengua se unió a las de ellos. Rodearon mi cintura apretándome contra sus cuerpos. Su saliva resbalaba por mi barbilla. Y mi lengua buscaba las suyas fuera de las bocas. Echó una mano al rotundo culo de Sara amasándolo a placer. Agarrando la piel de sus nalgas por debajo del borde del short. Yo hice lo mismo y le agarré la otra nalga. Nuestras manos se rozaban sobre la suave piel de Marta.
El pantalón del hermano no me permitía tocar su piel pero si apreciar la dureza de sus glúteos. Mientras ambos intentaban subir con poco éxito mi falda, lo que se lo impedía era su estrechez y la amplitud de mi cadera. Lamiendo la orejita de la chica le dije que lo intentara con la cremallera.
En cuanto soltó el botón y bajó la cremallera la falda cayó sola al suelo descubriendo el encaje de mi tanga y la durísima polla. Ninguno de los dos se escandalizó al mirar hacia abajo y ver como asomaba por el lateral de la prenda. Más bien pusieron cara de morbo. Las dos manos que no tenían rodeando mi cintura y culo las pusieron en mi rabo, él alcanzó primero el tronco y Marta echo mano a mis huevos.
Me acariciaban con suavidad y ternura excitándome aún mas de lo que ya estaba. Acerqué mi boca a la oreja de Sara y lamiendo su oído le dije que allí sobraban pantalones si que primero fuimos a por los de él. El slip que apenas cubría una polla tan dura como la mía también cayó enseguida liberándola a nuestras caricias. Solo quedaba el de la hermanita del que se liberó sola arrastrando con el short el minúsculo tanga. Por fin pude ver el coñito depilado de mi nueva amiga.
Todos nos libramos de las camisetas y mientras me empujaban al sofá del fondo de la tienda. El sitio más cómodo, donde los novios sufridores esperaban a que sus parejas terminaran las compras. Mi tanguita quedó roto entre los dedos de Juan dejándome desnuda del todo. Sus manos nos tenían agarradas por los culos mientras nos besaba alternativamente. Nosotras sujetábamos su pene que ya empezaba a necesitar en mi culito.
Pero Marta no se iba a conformar con las cosas habituales. Sabiendo que se folla a su hermano podía haberme imaginado que la chica era una pervertida. Riendo empujó a Juan al sofá y le levantó las piernas. Yo pensaba que me estaba ofreciendo ese pétreo culito para que lo penetrase. Pero fue ella la que se agachó y se puso a comerlo. Su lengua pasaba por toda la raja, se clavaba en el ano. Sus babas resbalando por su culo, lubricándolo y empezó a follar a su hermano con un dedo y luego dos.
Yo podía agarrar el pene y los huevos y acariciarlos despacio para que no se corriera pronto. Me hizo un hueco para que yo también usara la lengua y los dedos en carnes tan prietas. En ese momento ella agarró mi rabo. Estaba claro que ella era la que más morbo se gastaba. Y apostaría que la más flexible de los tres.
Cuando quise darme cuenta me estaba haciendo una de las mejores mamadas que me han hecho, arrodillada a mis pies. No solo tenía mi rabo en su boca, con la saliva que le sobraba lubricaba mi ano. Se notaba su experiencia con ello. El dedo me entraba más de dos falanges haciéndome ver las estrellas. Mi experiencia también se notaba al no correrme con todo lo que notaba en ese momento. De vez en cuando tenía que separar la cara del culo de su hermano para gemir y suspirar.
Haciendo de mamporrera llevó mi polla al culo del chico. Pero no me dejó terminar allí. sujetando mis huevos depilados y suaves solo me dejó bombear unas pocas veces. Era estrechito. Mi rabo se sentía ajustado, apretado allí dentro. Pero no me dejó correrme. Me separó de su chico.
- Quiero ver como te folla. No te importa. ¿Verdad?
Supongo que le daba morbo ver como mi polla me golpeaba el vientre mientras Juan me tenía bien cogída de la cadera y me bombeaba el culo.
Así que me puso delante de él a cuatro patas apoyando los brazos en el sofá y sujetando esa polla entre mis nalgas. Al principio no me penetró, solo la movía por la raja poniéndome más cardíaca todavía. Suavemente se deslizó dentro de mí, lubricada con la saliva de Marta, abriendo mi ano, sujetando mi cintura con sus fuertes manos. Suave y tierno, dulce y todo un caballero. Su dureza abriéndose camino en mi interior me hizo abrir la boca en un gemido de placer.
Momento en que ella aprovechó para colocarme el dulce coñito ante la cara. A cada empujón de la polla yo clavaba la lengua entre los labios de su vulva saboreando sus jugos. Buscando el clítoris y haciéndole suspirar cono su hermano a mí. Pero ella también quería un rabo dentro y el mío estaba libre en ese momento. Todavía no se como nos recolocamos. Tenía muy claro que ella era muy flexible.
Cómo ella se abría tanto de piernas tumbada sobre el brazo del sillón. Y cómo sin sacarme la polla de Juan del culo conseguí ensartarla mientras ella me clavaba la lengua hasta la garganta. Era él quien nos movía a las dos. Su cadera me empujaba a mi y yo me clavaba en ella apretando sus pechos entre mis manos. No sé como no me corrí en ese instante con todo lo que sentía. Logré aguantar lo suficiente para que Sara tuviera su primer orgasmo pero en ese instante con ella apretando mis tetas me derramé en su interior con una de las mejores corridas de mi vida.
El hermanito aún no se había corrido en mi culo pero ella estaba ya lamiendo mi polla untada de sus jugos y mi semen. El sacó su taco de mi interior y se lo limpiamos entre las dos con unas toallitas húmedas. Él también aguantaba como un campeón. Yo quería ver el incesto. Quería verle penetrar a su hermana. Verlo en primer plano y ayudar, guiando el hermoso falo entre los labios de una vulva que un instante antes habían rodeado el mío.
Con dos de mis dedos los mantenía separados mientras con la otra mano sujetaba la polla y la iba guiando dentro de su hermana. Cuando llegó al fondo le acariciaba los huevos depilados y el clítoris de Marta. Los besaba a los dos clavándoles la lengua hasta el fondo de sus bocas, acariciando sus cuerpos incestuosos y deliciosos.
Poniendo mis tetas en boca de ella que las lamía y acariciaba besaba y mordía. Dejé que el se corriera por fin dentro de Sara. Ahora tuve que demostrar yo mi flexibilidad. Para lamer los jugos de ambos, arrodillada entre sus muslos. Mientras el rabo se iba quedando flojo despacio aún dentro de su hermana. Volvimos a compartir los sabores y las salivas en un nuevo beso, las lenguas juguetonas y sus manos recorriendo mi cuerpo, mis tetas y mi culo.
Mas relajados sentados en el sofá pero sin dejar de acariciarnos me contaron mas detalles de su relación. De como habían empezado a follar y como lo hacían sin celos con quien se cruzaban. Él se arrodilló entre mis muslos para comerme mi polla. Ver como ese chico tan guapo me hacía una mamada tan buena mientras su hermana me lamia las tetas fue algo maravilloso. Mientras ella me acariciaba y yo les contaba detalles de mi vida, de como empecé a hormonarme y me operé los pechos y de como follaba con quien me cruzaba sin prejuicios.
Es evidente que la venta fue espectacular. Se llevaron todo lo que nos habíamos probado y algunas cosas más. Ellos volvieron más veces a la tienda mientras yo estuve de suplente. siempre por las piernas más sexis y lujuriosas. Pero no hemos dejado de vernos de vez en cuando para renovar todo lo que hicimos.
martes, 27 de abril de 2021
Fantasía heroica
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Pudiera haber sido una fiesta de disfraces o una partida de rol, o una convención de ciencia ficción y fantasía, pero no lo era.
Situado entre el desierto y el bosque. Dos enormes lunas alumbraban el ajado y enorme edificio de dos pisos de adobe reforzado con vigas de madera. Un tejado de placas de pizarra plagado de chimeneas de piedra cubría la edificación con aspecto de no querer mantenerse en pie mucho más tiempo. Una torre almenada de piedra que debía procurar cierta protección estaba adosada al frente de la posada.
A un lado unos corrales mantenían confinados diversos tipos de ganado y animales de silla y arrastre, desde caballos, mulas y bueyes a ejemplares más exóticos de seis patas o lagartos cubiertos de escamas. Incluso se veía entre ellos un centauro que con pocas luces pastaba en el mismo pesebre que un hermoso ejemplar de caballo árabe. Los cuerpos de ambos muy parecidos.
En el interior la sala era oscura, con madera por todas partes y la disposición típica de todas las tabernas del multiverso. Una larga barra a un lado con una tabernera detrás para servir a los parroquianos los mejunjes alcohólicos de su gusto. Mesas de diversos tipos, talladas en enormes troncos, no parecía haber un standard para eso en este caso.
Una enorme chimenea en un rincón para las noches frías e incluso las cálidas, al fin y al cabo estamos en un mundo de fantasía. Algún tipo de animal enorme de seis patas y casi sin desollar se asaba en un espetón al que una jovencita cubierta con harapos y manchas de hollín en la cara se encargaba de dar vueltas.
Una película, un casting, pero la situación seguía siendo erótica, interesante. Una hermosa y delicada rubia con el largo pelo lacio se movía entre las mesas con aire lánguido. Su única vestimenta era un vestido de gasa completamente transparente, sus pezones claros se veían a través de la tela tan fina. Incluso el vello rubio de su coñito se descubría cuando movía las piernas.
A su lado un forzudo con un tanga de cuero como única vestimenta. Sobre el banco de madera cubierto con piel descansaba su culo desnudo mientras sus manos se perdían bajo las sedas qué no tapaban el cuerpo de la rubia. Ella suspiraba al lado de su oreja adornada con varios pendientes enjoyados, dispuesta a ganarse su propina dándole placer al mastuerzo aquel.
Bellas mujeres morenas con corsés de cuero o sujetadores de cota de malla asomando sus plenos y turgentes pechos por los escotes de sus escasas prendas bebían cerveza de cuernos arrancados de caprinos de la zona. Peleaban entre ellas por los favores de otro par de mancebos elfos al servicio de la taberna, suponía que eran chicos pero en mi raza y con esa edad, con nuestra constitución tan delgada igual podían ser muchachas. Sólo las puntiagudas orejas los distinguían de los humanos.
Musculosos macizos de reducidas armaduras para lucir sus músculos y enormes armas como si quisieran compensar algo distribuidos por las mesas del local. Todos ellos con tangas de cuero o metal para cubrir pubis a los que sin duda daban buen uso tras las batallas. Si eran enanos de baja estatura y completamente cubiertos de pelo. Elfos delgados como juncos e incluso un semitrol de rocosa piel entre ellos.
Una fantasía de héroes de la antigüedad. El enorme pincho moruno del forzudo empezaba a tomar rigidez bajo el cuero del taparrabos. ¡Ah! Si y la espada de acero damasquino descansaba junto a ellos en el banco.
En otro rincón una guerrera que oprimía sus duras tetas en un corset de cuero y sus pies en unas botas altas del mismo material y entre medias muy poca cosa mas, se dejaba agasajar por un delgado efebo de oscura y suave piel descubierta al completo, solo adornado con unos collares de oro. Sentado en sus poderosos muslos ejercitados en batalla y en innumerables campañas el fibrado muchacho se esforzaba por acariciar las voluptuosas formas de la soldado. Creí distinguir una de sus manos por debajo de la armadura agarrando sus pezones.
Había otras mesas ocupadas por elfos, enanos y gentes de otras razas todos ellos apenas sin ropa. Algunos de ellos ocupados además de en beber y comer en juegos sexuales de algún tipo, desde besos y tocamientos varios a mamadas apenas disimuladas bajo los tableros de las mesas. Tampoco hacía falta mucha ropa, el calor reinaba en esas tierras de vegetación lujuriante y tupida. Donde a veces había que abrirse paso por el bosque a base de hacha y machete.
Por todo un lateral del local una barra de robustos y gastados tablones de recia madera arañados por los innumerables roces con cuchillos y hachuelas. Tras ella una posadera de generosos senos apenas cubiertos por una blanca blusa de lino con un más que lascivo escote, seguía poniendo jarras de cerveza y cuernos de vino. Sacaba el líquido de los enormes barriles que tenía detrás de ella y vasos de aguardiente y de sospechosos licores de polvorientas botellas de grueso vidrio coloreado, con aspecto de llevar siglos en esos robustos estantes.
Envuelta en mi larga capa que me ocultaba casi por completo, atravesé la cortina de trenzas de cuerda y cuentas de cristal que hacía de puerta en el oscuro antro. No me molesté en echar la gran capucha que cubría mis largos cabellos rojos y mis orejas terminada en punta, hacia atrás. Para evitar la curiosidad del resto de los parroquianos preferí seguir ocultando un rato más mi cuerpo extremadamente flexible y delgado.
Me acerqué a la barra y le pedí a la voluptuosa camarera una jarra de esa cerveza casi masticable que se destilaba por entonces. Ella aprovechó para pasearme los dos enormes jarros, digo pechos ante la cara.
Antes de deslizar en su escote la moneda de cobre que era el pago de mi bebida aproveché para darle un pellizco a su pezón. Que respondió de inmediato poniéndose duro, marcado en el lino, ya no tan blanco a esas alturas de las noche y asomó una sonrisa a su colorada cara. Pero no estaba allí por los abundantes encantos de la cantinera.
Estaba allí por un hombre o monstruo o mitad de uno y mitad del otro. Tenia que cortarle la polla y llevarla como trofeo a una bella princesa que me esperaba entre sedas en su palacio de oro, mármol y marfil. Dispuesta a recibirme entre sus brazos como recompensa.
Tenía colgada a mi espalda del tahalí que cruzaba mi pecho entre mis tetas mi espada Mata dragones, fiel hasta el final. No era mi única arma claro. Los filos de las dagas en las fundas dentro de las cañas de las botas. Estrellas ninja y cuchillos arrojadizos en el cinturón por encima del tanga de cuero y algunas sorpresas muy afiladas más disimuladas en el sujetador de cota de malla, la melena y la capa. Y había dejado el arco y la ballesta y sus proyectiles colgando de la silla de montar.
Ya me chorreaba el coño pelado al pensar en tener la polla de aquel fulano en el ídem y luego en la mano una vez que no estuviera unida a su usuario. Decían que ese órgano tenía poderes curativos. Me lo habían descrito, pero hasta tenerlo delante no me haría un idea de como era. Aparte de su enorme tamaño.
Hasta que atravesó la misma puerta de cuentas de cristal engarzadas en cordeles que yo había cruzado un momento antes. Era enorme, a la espalda llevaba dos hachas de doble filo cruzadas que rozaban las envejecidas vigas del techo cubiertas del hollín de las antorchas y de las lámparas de aceite. Pero eso no era lo que mas impresionaba, los arañazos del hierro forjado de sus armas solo repasaban los que un segundo antes habían hecho los dos afilados cuernos que coronaban su testa.
Cabeza que tenia un asombroso parecido con la de un buey, su nariz ancha perforada con un pesado colgante en forma de aro de hierro. Su cabello grasiento y enmarañado caía sobre unos hombros aún mas anchos que la puerta, de forma que tuvo que ladearse para poder cruzarla. Sus pezones oscuros y de los que colgaban dos enormes aros de oro coronaban unos pechos aún mas amplios que los míos y cruzados por los tahalíes de las hachas.
De su cinturón cruzado sobre un vientre que parecía una tabla de lavar, aunque por el profundo olor que desprendía el fulano no debía saber lo que era eso, colgaban varias hachas arrojadizas y una corta pero ancha espada de doble filo. El enorme bulto del tanga parecía ocultar una polla de muy respetable tamaño.
Sus piernas como columnas jónicas en las que se marcaban los husos de sus músculos terminaban en dos gastadas botas de piel sin curtir, que desde luego habían recorrido muchas leguas. Por eso había podido adelantarlo por el bosque a lomos de mi caballo después de haberlo seguido durante un par de días, sin que el bovino se diera cuenta.
Esa cosa era un minotauro, y las leyendas decían que estaban tan extintos como los dragones. Claro que yo había despachado ya un par de estos últimos. Así que como de costumbre en ese aspecto la leyenda se equivocaba.
Mirando alrededor desestimó las mesas ocupadas por otras razas y a punto estuvo de disputarle el efebo a la guerrera, lo vi en sus ojos lascivos enormes y bovinos. Pero le disuadió de ello el emblema real que ella llevaba en el cuero de su hombrera y tatuado en diversas partes de su cuerpo, y que demostraba al servicio de quien estaba y su entrenamiento de combate.
Como yo seguía oculta por la tupida capa de lana no podía saber de mi raza ni de mi sexo pero tampoco pareció gustarle el misterio y al final se sentó junto a la chimenea sobre la cabeza de un troll que hacia las veces de banco de piedra.
Deduciendo por las miradas lascivas que lanzaba a los ejemplares masculinos menos vestidos que pululaban por la sala, que mis encantos no le atraerían. Decidí líbrame de la capa y pasearle mis glúteos por la cara a ver si con eso lograba sacarle de la presencia de tantos testigos. Igual esa parte de mi anatomía tan expuesta como cualquier otro culo en la sala sí sería capaz de atraer su atención.
Dejé caer la capa en el banco en el que estaba sentada atrayendo así algunas miradas. Así que me levanté y me acerqué a la chimenea contoneando mi cadera en busca de fuego para mi pipa. Eso solo era una excusa, no perdía de vista al minotauro.
Tuve que pasar justo por delante de él e inclinarme hacia las brasas sin doblar la rodillas. Al ver mi culo duro firme y mi ano que la fina tira de cuero no conseguía ocultar del todo, tan cerca de la chata nariz fue él quien me agarró de la cintura y me arrastró hacia el establo. No era de muchas palabras.
Su acción apenas llamó la atención del resto de los parroquianos acostumbrados a ese tipo de acciones, de parejas que se retiraban buscando más intimidad. Parejas o tríos o grupos buscando un sitio para follar.
Ya entre las cuadras y los caballos se arrancó el tanga y pude ver como su polla dura apuntaba al tejado de paja. Aunque le gustara el sexo masculino de cualquier raza no me había costado mucho excitarlo con mi culo respingón. Con el salvajismo que le caracterizaba pretendía follar mi ano a cuatro patas y sin mas preliminares que pasar su enorme lengua rasposa de vaca entre los cachetes de mi culo.
Desde luego no era de muchas palabras. He de admitir que eso me puso lo suficientemente cachonda para lo que iba a venir. Pues se estaba recreando en comerme el ojete e incluso intentar follármelo con esa lengua enorme, áspera y dura. Me libré del sujetador para aumentar mi propio placer pellizcando mis pezones.
Pero eso a mi no me convenía, lo necesitaba vulnerable, así que me giré boca arriba con la agilidad que me caracteriza. Desde luego con la fuerza no iba a ganarle. Apenas alcanzaba a rodear su enorme cuello con mis tobillos. Verme las tetas desnudas no pareció frenar su lascivia. Mientras apartaba la tira de cuero que me tapaba el ano.
Cuando me la clavó bramaba como el animal que era en celo. Me follaba duro fuerte con largas embestidas que me hacían tener un orgasmo detrás de otro. Aguantaba su ritmo de macho que no ha follado en mucho tiempo hasta que se corrió. Con su lefa en mis intestinos. En ese momento una de mis dagas cayó desde mi bota a mi mano y de allí a hacerle un corte horizontal en su cuello para evitar que sus bramidos alertaran al resto de la posada y cercenar su polla aún clavada en mi culo para llevarla a mi princesa.
Del minotauro no tenía que preocuparme, con la capacidad de regeneración de su raza se recuperaría en pocas horas. Pero durante semanas se comportaría como un manso y no como un toro bravo. Hasta la polla volvería a crecerle hasta que otro cazarecompensas volviera a cortarla por sus poderes curativos.
Mientras tanto yo solo tuve que volver a colocar bien el tanga, recoger el sujetador y trepar a la silla de mi caballo. Sin molestarme en sacar el miembro, bueno en este caso no sería viril, sino bovino de mi ano. Allí se conservaría bien hasta llegar al lujoso palacio. Y además me daría un placer adicional con el movimiento del galope.
Una vez preparada la poción con el ingrediente esencial mi princesa duende de tres pechos y hermosa piel verde, recuperaría la salud y su lujuria natural. Podríamos volver a compartir su lecho entre sedas y almohadones de plumas.
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viernes, 23 de abril de 2021
Reencuentro
Llegamos los tres bastante borrachos a casa
JUAN
Llegamos los tres bastante borrachos a casa. Nos habíamos encontrado con Sonia una amiga de mi mujer en un bar y habíamos seguido la juerga con ella. No fue difícil convencerla de que se viniera con nosotros.
Algunos bailes, mas copas. Esa noche hacía calor y el alcohol parecía que desinhibía bastante a Sara, mi chica. Sonia se nos había sumado por que estaba aburrida con sus amigas y hacia las tres de la mañana decidimos irnos a casa a tomar la última juntos. Al día siguiente no teníamos que madrugar.
Al llegar y sin mas ceremonias nos descalzamos e invitamos a Sonia a hacer lo mismo para que relajara sus bonitos y doloridos pies enfundados en unos zapatos de altísimo tacón.
Decidí sacar una botella de un licor fuerte que reservaba para esas ocasiones, y qué mejor que aquella con esas dos bellezas sentadas en el mismo sofá. Esas últimas copas ayudarían a liberar tensiones.
Sonia es morena, de cabello y de piel, muy delgada y el aspecto que su cuerpo tiene es de finos cables recorriendo sus piernas que salían de una breve minifalda de vuelo. Un ligero top anudado al cuello dejaba toda la espalda bronceada con sus músculos marcados al aire. Sus pezones duros como piedras se marcaban en la fina tela coronando unos pechos no muy abundantes pero por su apariencia muy firmes.
Sara había salido un poco mas discreta pero no mucho más. Clarísima de piel y casi rubia de cabello y una muy larga melena, los pechos abundantes los lucía en un top con un generoso escote. El firme y no escaso culo en unos pantalones verdaderamente cortos ajustados, que desnudaban casi del todo sus muslos y el resto de sus bonitas piernas.
Yo con unos simples vaqueros y una camiseta tapaba mi cuerpo cuidado gracias a la natación como el general de los tíos con los que nos cruzábamos. Soy más alto que ellas y podía rodear sus cinturas con mis brazos largos al caminar por la calle.
No pocos tíos y algunas chicas me habían mirado con envidia durante la noche al ir acompañado de tan buen material. Ya en casa y a solas, con unas copas en la mano, con buena música, cenando algo ligero y rápido. La conversación se fue haciendo algo caliente y cachonda y el alcohol destruyendo la timidez de ambas que ya de entrada no era mucha.
Me senté enfrente de ellas y cogí los pies de Sara para descalzarla y masajearlos. Sonia, sentada con las piernas dobladas y recogidas casi bajo su cuerpo, había recogido poca la tela que las cubría casi en la cintura. Mientras deslizaba la vista por los muslos morenos que la recogida falda de la invitada me permitía atisbar hasta casi su arranque. Sonia envidiosa me puso los pies sobre los muslos, rozando los de mi mujer, diciendo:
-Yo también quiero.
Mirando a los ojos a mi mujer, ella asintió con la cabeza y procedí a darle un masaje a la invitada en los bellos y cuidados pies. Momento que aprovechó Sara para ir por el aceite de masaje y descargar un abundante chorro en los tobillos pies y pantorrillas de su amiga manchándome los vaqueros. Seguí acariciándolos y ella comenzó a suspirar e incluso me atreví a subir por las pantorrillas por donde Sara había echado el aceite. Me daba la impresión que esa era una pista que me daba mi mujer.
Derramó una generosa cantidad en mis manos y en sus pies y procedió a ponerlos sobre mis pantalones al lado de los de Sonia. Junté los cuatro pies y seguí acariciándolos mientras ellas los deslizaban juntos unos sobre otros acariciándoselos entre ellas.
Suspiraban y ronroneaban debido a mis caricias y las suyas. Hasta que Sonia que siempre fue algo mas atrevida dijo:
- Esto no es justo Juan debería disfrutar como nosotras.
Y haciéndome sentar en la butaca se arrodillo a mis pies para, poniéndolos encimas de sus bellas y desnudas piernas, masajearlos. De pronto Sara se fijó en lo arruinados que estaban mis pantalones y sin mas contemplaciones me dijo que me los sacara.
Pensando que esa noche podía haber guerra debajo solo me había puesto un minúsculo tanga que no cubría mas que mis genitales, sujetándolos de forma escasa. Y tan burro como me estaba poniendo apenas podía con mis huevos. La polla ya salía por arriba. Yo les dije que por que no me los quitaban ellas y sin mas problemas mi chica procedió a desabrocharlos y tirando cada una de una pernera me los sacaron derribándome casi en el proceso de la butaca.
Les dije no es justo, yo tan desnudo y vosotras con tanta ropa. A lo que Sonia se sentó en mis rodillas mirándome de frente y me dijo sonriendo:
-sácamelo tu.
-Ordenes son ordenes.
Así que le saqué la camiseta dejando su torso y sus grandes pechos descubiertos. No se había puesto sujetador. Sobre los que me lancé de inmediato para comérselos y lamer los amplios pezones. Sonia parecía excitada al verme lamer las tetas de su amiga y un momento que esta levantó la cabeza, la vio con la falda levantada y la mano en el interior del tanga. Una delicada prenda de encaje rojo. Con los muslos bien abiertos le dijo:
- sin la falda estarías mas cómoda.
En un arranque que yo no esperaba en absoluto y que hizo saltar mi polla de alegría. Sin pensarlo más Sonia se la quitó arrojándola al suelo quedando únicamente con el tanga y el top. Incluso se giró mostrándonos el culito perfecto, prieto y duro bronceado. No pudimos hacer mas que aplaudir el arranque de espontaneidad y pedirle que se acercara a nosotros. Le hacia el gesto con la mano para viniera.
- Ya que estás ahí ¿por que no te vienes aquí?
Sonia besó a Sara en la boca, al principio un besito en los labios pero al ver que mi mujer le correspondía pronto ambas sacaron las lenguas dándose saliva cantidad jugando con ellas. Y yo viéndolo en primer plano como las lenguas entraban en la boca de la otra.
Mi polla dura como una piedra pedía atención y el tanga no podía contenerla. Como pude le hice un hueco para que asomara rozando directamente en el coño aun cubierto de Sara.
- Te toca nena, yo la tengo todos los días y me la puedo comer cuando quiero.
Diciendo que ella podía disfrutarla todos los días se levantó de mis muslos y ayudando a la invitada a sacarse el tanga le cedió su lugar. Esta aprovechó y tomó el sitio mirándome de frente. Ella misma se sacó el top, desnudando sus pechos y quedando la mas desnuda de los tres.
Me ayudó a sacarme la camiseta aún antes de clavarse ella misma mi rabo que la esperaba con impaciencia. Una vez terminados los preparativos con su manita sujetó mi pene y despacito fue sentándose sobre él abriendo paso por los finos labios entrando suave y despacio en su apretado coñito.
Sara terminó de desnudarse y haciéndome abrir las piernas lo mas posible se sentó en el suelo entre mis muslos. Desde allí, donde podía alcanzar a lamer mis huevos y el culito bien abierto de su amiga que suspiraba fuerte diciendo que nunca nadie le había hecho algo así. Intentaba sujetarla para que no botara muy deprisa y disfrutara del beso negro a la vez que no hiciera que yo me corriera tan pronto.
Le acariciaba los morenos pechitos, tan duros, o deslizaba un dedo entre nuestros vientres para acariciarle el clítoris. Con el doble tratamiento de lengua y rabo Sonia se corría una vez y otra. Abrazada a mi besándome en la boca de forma salvaje mientras sacaba aun mas el culito para que Sara se lo comiera.
Se bajó de mis piernas, tras su primer orgasmo, yo por el alcohol aún aguantaba. Lo que mi mujer aprovechó de inmediato para comerme la polla húmeda de los jugos de su amiga que gustosa colaboraba en la tarea. Verlas cruzar la lenguas sobre mi miembro cada una a un lado y ser acariciado a cuatro manos me llevó al borde del orgasmo. No sé como no me corrí en ese instante.
Una vez duro y limpio el instrumento decidimos cambiar de escenario e ir al dormitorio donde estaríamos mas cómodos. Sara oficiaba de maestra de ceremonias y tumbó a la invitada junto al cabecero de de nuestra cama para poder comerle el coñito a placer puesta ella a cuatro patas. A mí me dejó su grupa y a mi elección por cual de los dos agujeros prefería penetrarla.
Tras lamer durante un rato coño y culo de mi esposa pasear la lengua por el perineo y las nalgazas o metérsela en el ano como si quisiera penetrarla con la lengua. Busqué el aceite de almendras para lubricar su ano y mi polla y tras dilatarla con el pulgar. Luego con dos dedos suavemente le introduje el glande.
Mientas apreciaba las largas lamidas que le daba a la vulva de Sonia. Esta podía ver perfectamente como mi pene entraba despacio en el culo de su amiga. Al sentir la polla en su ano arreció sus maniobras con la lengua arrancándole orgasmo a su amiga tras orgasmo hasta el momento en que me corrí en su culito.
Me fui a lavar que es lo propio tras el sexo anal por muy limpio que esté el agujero en el que has metido la polla. Al volver me las encuentro en un fantástico sesenta y nueve que aunque ya no consiguió reanimar mi herramienta sí que me brindó un espectáculo maravilloso.
Sonia se quedó a dormir y repetimos juegos por la mañana.
SONIA
Los encontré en un bonito pub, me aburría soberanamente con las amigas con las que estaba, un verdadero peñazo. Hacía tiempo que no veía a Sara y agarré la oportunidad por los pelos. Nos pusimos a charlar poniéndonos al día y así aproveché para dar esquinazo a las chicas con las que estaba.
Poder contemplar a Juan su marido, tan guapo y apuesto como siempre , con esos vaqueros que le marcan su culo firme y jugoso, aunque Sara con el escotazo que llevaba no se quedaba muy atrás. Sus tetas grandes y bonitas siempre fueron objeto de mi envidia ya que la naturaleza no me ha dotado ahí con gran cosa. Mis tetas son pequeñas y muy duras.
Nos fuimos a otro bar y de allí a otro y el alcohol en sangre subía con cierta rapidez. Estábamos cerca de sus casa y me propusieron tomar la última allí aunque mejor nos vendría a los tres un café. Sentados en el sofá, relajadas y disfrutando de una copa y de música suave veo asombrada cómo como Juan sin cortarse por mi presencia le daba a su mujer un masaje en los doloridos píes.
Los míos necesitaban de un tratamiento parecido después de pasar la noche bailando, sin ningún pudor los puse sobre sus muslos reclamando sus caricias. Sara nos puso aceite de masaje en las piernas a las dos pringado sus vaqueros. Juan no se cortó en absoluto y mientras su vista se deslizaba por mis muslos arriba. Mi falda recogida al sentarme los descubría, junto mis pies a los de sus esposa y los masajeaba juntos.
Nuestros muslos desnudos se frotaban de una forma muy agradable y me sentía francamente bien y relajada junto a mis amigos. Ella se levantó por un frasco de aceite de masaje y nos embadurnó a ambas subiendo por mis pantorrillas.
Los cuatro pies se frotaban de forma muy sensual y las manos de Juan los recorrían de forma sabia arrancándome verdaderos suspiros de placer. No me parecía justo que nosotras recibiéramos tran grato tratamiento y propuse que se lo diéramos a él entre las dos. El pantalón nos estorbaba y ella dijo que se lo sacará. El contestó:
-¿ por que no me los quitáis vosotras?
Cada una tiramos de una pernera hasta sacárselos del todo. Ahí pude ver, asombrada, durante un segundo ese culo que admiraba pues el chico solo llevaba un minúsculo tanga azul que marcaba lo qu parecía ser un respetable paquete. Sara se sentó sobre sus muslos de frente para besarlo como desesperada y yo a su lado los veía darse lengua y saliva.
Con el alcohol y la escenita que me estaban montando mis amigos yo estaba excitada y casi sola. Una de mis manos se deslizó bajo mi falda para acariciarme la vulva por encima del encaje rojo de mi tanga. Al poco Juan le sacaba el top a su mujer mostrándome así el precioso par de enormes pechos.
Colgaban un poco y tenían unos pezones durísimos con unas areolas enormes. El chico con gran aplicación procedió a meterselos en la boca y lamerlos con evidente deleite de mi querida amiga. Mis dedos ya entraban por el lateral de mi prenda íntima abriendo los labios de mi coño e introduciéndose suavemente.
Así me sorprendió Sara con las piernas bien abiertas, haciéndome un dedo y llamó la atención de su marido sobre ello. Pocas cosas me podía sorprender ya pero me dijeron que sin la falda estaría más cómoda. Visto que la timidez no iba con ellos me saqué la prenda dejándola caer al suelo y girándome les mostré los muslos y el culito que el breve encaje no cubría. Aplaudieron mi actuación y tendieron sus manos para que fuera con ellos.
Besé a mi amiga en los carnosos y sensuales labios, suave al principio hasta que sentí en ellos la punta de su lengua juguetona. Complacida la recibí dentro de mi boca cruzándola en un amistoso duelo con la mía. La saliva iba de una a otra mezclándose como en un matraz de alquimista. Apoyé una de mis manos en su hermosos pechos acariciándoselos ya sin disimulo pellizcando su pezón duro sosteniendo la teta entera en mi mano.
Ella me correspondió cogiéndome del culo para acercarme a ellos acariciando mis nalgas e incluso deslizando un dedo entre ellas buscando la goma del tanga y el ano. De pronto Sara notó en la entrada de su coñito la punta de la polla. Diciendo que ella ya la tenía todos los días se levantó de los muslos de su chico dejándome el sitio para que disfrutara yo de tan hermoso instrumento.
Ocupé su lugar sobre las musculosas piernas y me saqué el top, desnudando mi pecho de una sola vez pues no llevaba sujetador. Le saqué la camiseta, desde luego también quería disfrutar de su torso poderoso. Juan me besó suavemente los pezones y noté cómo Sara apartaba la tela de mi tanga. Agarrando el pene lo colocó en la entrada de mi coñito. De un golpe de cadera me lo introduje lo antes posible y yo misma comencé a moverme.
Sara a mis espaldas se había sacado lo que le quedaba de ropa y se había sentado entre los muslos de su esposo. Ahí fue una locura cuando sentí su lengua en mi ano. Tenía la polla de Juan en el coño clavada hasta el fondo y Sara me hacia el primer beso negro de mi vida. Me corría una vez y otra disfrutando como nunca lo había hecho en mi vida.
Nunca tantas sensaciones se habían combinado para hacerme gozar. Le besaba profundo, mi lengua recorria su boca, llegando a los mas lejanos rincones. Extenuada me bajé de sus rodillas para ver como Sara se lanzaba sobre la polla de su marido para comérsela. Gustosa la ayudé en la tarea, lamiendo sus huevos por los que habían escurrido mis propios jugos. Besándola juntando nuestros labios y lenguas alrededor del pene que de milagro seguía duro y sin correrse.
Sara me llevó a su dormitorio donde me tumbó para acomodarse entre mis muslos. Ella a cuatro patas comerme el coño como nadie lo había hecho antes. Juan se colocó detrás de ella y podía ver cómo le comía el culo. A cada lamida de él ella me clavaba su lengua en lo mas profundo de mi vagina. Al poco por fin se decidió a clavársela lo que repercutía en mi coño cada vez que se la clavaba.
Como si Sara quisiera introducirse en mi interior. Yo veia asombrada como su culazo de impresión se tragaba aquella polla sin protesta alguna haciendo que yo siguiera con los orgasmos mas geniales que me ha hecho disfrutar una lengua. Así hasta que la sacó ya relajadita y embadurnada de su semen, era evidente que Sara lo había disfrutado. Juan se fue a lavar y yo quise probar el coñito de mi amiga, asi que cuando volvió nos encontró en un sesenta y nueve ardiente. Lamiendo los labios buscando el clítoris y dándole feroces lamidas.
Desde luego me quedé a dormir con ellos para seguir disfrutando al despertar.
SARA
Juan y Sonia han contado cada uno desde su punto de vista lo que pasó esa noche de reencuentro. No voy a repetirlo, baste decir que me lo pasé de miedo. El trio fue genial y ambos se portaron de maravilla, morbosos, y viciosos. Pensaron más en darnos placer unos a otros que en lo que ellos sentían en cada momento.
Ahora voy a repasar algo de lo que nos llevó hasta eso. Los tres fuimos compañeros de universidad, allí nos conocimos. Fuimos buenos amigos, salíamos de marcha y otras actividades, al cine, deportes. Hasta que Juan y yo empezamos a ir más en serio. No es que dejase a Sonia de lado, seguíamos compartiendo muchos ratos.
Por entonces yo me consideraba bisexual. Había tenido escarceos y líos con chicas y mujeres. Me encantaba comerme un xoxito, pero Juan me encantaba y estaba decidida a que funcionara. Así que había dejado de lado cualquier otro intento.
Nos gustaba nadar e ir a la piscina juntas. Ver su cuerpo fibrado con aquel bañador deportivo que parecía aplicado con spray sobre su cuerpo me excitaba. Nos dirigíamos a los vestuarios y encima la tenía que ver desnuda. Aún oliendo a cloro ella me ponía muy cachonda.
Al pasar a las duchas la cosa se complicaba más. A veces nos duchaba juntas y era ella la que me pedía que entrara en su cabina. Al final terminábamos haciéndonos un dedos una a la otra mientras nos besábamos y lamíamos la piel de nuestros cuellos. Con el agua cayendo sobre nuestros cuerpos.
Después de eso admito que yo tenía cierto caso de conciencia, aunque lo de Juan todavía no se había concretado me parecía estar engañando a los dos con el otro.
Así que esa noche al verla tan sexime padeció la ocasión perfecta para disfrutar los tres juntos y zanjar por fin mi pequeño problema de conciencia. Literalmente metí la polla de mi marido en el coño de mi amiga que hacía años había acariciado. Hice todo lo posible para que ambos disfrutaran juntos y de mí.
miércoles, 21 de abril de 2021
Los del vestido y la artista
Proyectado en la pared, ahí estaba toda mi desnudez en cuatro metros de blanco muro. Cada cinco segundos la imagen cambiaba para mostrar una vista nueva de mi piel descubierta. Todo el que pasaba por la galería de arte contemplaría mis desnudos, en tela, en papel fotográfico, en barro, escayola o en manchas de luz en la pared, todos mis autorretratos, todos desnudos. De eso iba la performance.
Y yo, la artista, paseándome entre ellos apenas cubierta con una gasa trasparente. Tenia que demostrar que la exhibición de mis encantos no se limitaba a las piezas expuestas. Cada vez cuesta mas trabajo hacerse un nombre en el mundo del arte. O montas algo de escándalo o nadie te hace caso.
Que se fijaran en mi cuerpo ayudaría a vender las obras. Quien me deseara podría tenerme o por lo menos una de mis imágenes hecha y firmada por mí.
Me sabía lo suficientemente bella y con con un cuerpo bonito como para que esa maniobra comercial me brindara unas buenas ventas y puede que algo de placer si se terciaba.
Mi exhibición estaba dando buenos resultados económicos, ya tenía apalabradas algunas ventas. Pero aparte de las miradas lascivas a mis expuestos pezones y mi cadera casi descubierta nadie se había atrevido a insinuarse.
Casi todo estaba vendido. La hora de cerrar se acercaba, estaba a punto de rendirme y dejarlo para el día siguiente. Vestirme con algo más de ropa y marcharme a casa.
La puerta automática se abrió dejando pasar una ráfaga del agobiante aire de la tarde de julio y a una bonita pareja. Una joven sexi con un corto vestido veraniego atado detrás del cuello, lo que le dejaba un precioso escote. Alta delgada, pelirroja, sus preciosas piernas y su espalda bronceada.
El chico también pelirrojo pecoso, un poco mas alto que ella y puede que unos veinte años mayor, vestía vaqueros y camiseta bajo los que se adivinaba un físico bien cuidado.
Admiraban las obras despacio, relajados y con cierta mirada lasciva que me gustó. Él rodeó su cintura con un musculoso brazo y la beso en el cuello. Un lujurioso, largo y húmedo beso que yo admiraba desde el otro lado de la sala con mi copa de vino en la mano. Parece que lo que estaban contemplando no les resultaba del todo indiferente. Se estaban excitando.
Cogí otras dos copas y crucé la galería entre las imágenes de mi cuerpo desnudo y fui a ofrecérselas con una sonrisa y muy poco más encima. Los lascivos ojos de ambos recorrieron mi anatomía reconociendo de inmediato al vivo lo que había en las fotografías y el resto de las obras. Devolvieron mi sonrisa ampliada en sus sensuales labios.
Nos presentamos, me dieron sus nombres de pila pero no me dijeron la relación que hay entre ellos. Un puzzle que estaba dispuesta a resolver. De entre las piezas que no tenían la pegatina de vendido se habían interesado por una foto en blanco y negro en la que se me veía la cara, los pechos y los hombros y mi lengua rozando el pezón de la perfecta teta de una amiga.
- ¿Me enseñas el resto de la exposición?
Se colgó de mi brazo apoyando uno de sus pechos en mi piel desnuda interesándose por los desnudos, mis aficiones y mi vida sexual, tratando de conocerme mejor. Mientras él gestionaba la compra con el personal de la galería nosotras recorríamos el resto. Rozándonos le comentaba el resto de las obras a veces con los detalles mas escabrosos de su factura.
Me hacía inteligentes preguntas sobre el arte, mis técnicas. Ella mantenía mi excitación con roces que parecían inocentes y casuales pero constantes.
Mi poca ropa le facilitaba alcanzar mi piel y mi actitud tampoco se lo impedía.
Detrás de una de mis estatuas en escayola me atreví a besarla, un suave roce de nuestros labios. Pero ella aprovechó para cogerme el culo por debajo de la gasa. Viendo sus avances yo acaricié uno de sus pechos sobre el vestido, notando la dureza de su pezón en la yema de mis dedos. Nos sonreímos antes de separarnos.
Seguíamos viendo el resto de la exposición despacio cuando él se acercaba a nosotras. Fue directa al grano cuando le soltó:
-Papá ¿por qué no la invitamos a cenar?
El asintió sin poner pegas mientras yo aún me atragantaba con aquel papi. Para calmarme y pensar en el morbo que me había dado una sola palabra decidí ir a cambiarme y reflexionar un poco sobre ello. ¿De verdad serían padre e hija? o ¿Él sería un sugar dady?. Aquella extraña parejita estaba despertando mi lujuria.
Al ponerme mi ligera faldita de vuelo decidí prescindir del tanga y guardarlo en mi bolso. El suje ni me lo había traído.
El top con la espalda desnuda lo llevaría sin sujetador dejando que los duros pezones excitados se marcaran en la fina seda. Al salir del baño parece que volví a sorprenderlos agradablemente a juzgar por las sonrisas y el vistazo que le echaron a mi atuendo.
Casi sin dejarme despedirme de la encargada de ventas ella volvió a coger mi brazo y el de su padre y nos condujo a un discreto y caro restaurante no muy lejos de allí. Me dio la impresión de que ya lo conocían. Me cogió del brazo con firmeza, como para indicarme que ya no podría escapar de ella. ¡Como si yo lo pretendiera!
En cuanto giramos la primera esquina la niña me besó de nuevo pero esta vez lo puso todo, buscaba mi lengua con la suya y dándome a beber su saliva. Mordisqueaba mis labios juguetona agarrando mi culo para apretarme contra su delgado cuerpo. Yo tampoco me hice la manca y sujetaba su delgada cadera rodeandola con un brazo mientras la otra mano la dirigí de inmediato a sus durísimas tetas.
- Ya tenía ganas.
Al terminar de besarme, con mi lengua aún en su boca, giró la cabeza para repetirlo con su apetitoso padre que se había acercado a nosotras. Él nos rodeó con sus fuertes brazos, a la dos. Sujetó su cabeza echando un brazo levantado y hacia atrás, lo que dejó su suave axila a mi alcance. No me pude resistir y pasé la lengua por ella un momento, por su cuello de cisne y por el filo de su mandíbula.
Ellos seguían en un lascivo morreo en que sus lenguas se cruzaban dentro y fuera de sus bocas. Yo solo podía mirarlos excitada, espectadora en primera persona, agarrándome aún más a la cintura de ella, mareada por mi propia lujuria.
Sentados a la mesa redonda, pequeña y en un rincón discreto. Cubiertos nuestros muslos con el mantel pronto sentí sus manos, las de los dos, deslizándose bajo mi falda. Estábamos muy juntos ya que la mesa era muy pequeña. Separé mis piernas para darles mejor acceso. Ambos se alegraron al llegar a mi vulva y descubrirla húmeda depilada y sin nada que les impidiera acariciarla cada vez que el camarero se alejaba. Yo también investigaba bajo el mantel, no pensaba quedarme quieta y descubrí que ella también había decidido prescindir de la lencería y que estaba tan húmeda como yo.
Ella sacó los dos dedos que tenía en mi xoxito y se los llevó a la boca con una increíble cara de vicio. Verla lamerse los dedos húmedos de mis jugos casi me provoca un orgasmo. Al otro lado, al deslizar la mano por el vaquero del padre encontré allí la mano de ella agarrando la dura y depilada polla que ya asomaba por la abierta bragueta.
La hija me cedió el tronco y ella se dedicó a acariciar los suaves huevos. Mientras volvía a besarme jugando con mi lengua y dejando hilos de saliva en nuestras barbillas sin soltar ambas la polla de su progenitor. A todo ello charlábamos como si por debajo del tablero no pasara nada.
Los tres estábamos muy excitados. La sensualidad del ambiente, la comida era sabrosa y las caricias más que morbosas. Hasta los camareros eran guapos y vestían sexis. La faldita negra de la chica que nos trajo el segundo plato apenas conseguía cubrir sus nalgas y se veía un poco de piel blanca entre las medias y el borde de la prenda. Las camisas blancas eran translúcidas casi trasparentes y los pezones oscuros de los chicos se marcaban en la tela. Además de sus paquetes en los ajustados pantalones negros.
Empezaba a necesitar ese rabo dentro de mi, a desear comerme esa vulva suave y caliente y tener en la lengua el sabor de sus orgasmos. Aquellos como los que sus hábiles dedos me estaban provocando en la discreta esquina del restaurante. Nuestras caricias y lascivos besos por fin consiguieron que él se corriera dejando su semen en nuestros dedos. Ya no me asombraba nada y vi cómo, morbosa, igual que había hecho antes con mis jugos se los llevó a la boca. Lamió la semilla de su padre mirándome a los ojos como desafiándome.
A esas alturas ya debía saber que yo no me iba a echar atrás. Chupé mis dedos recogiendo todo el semen que pude en mi lengua y volví a besarla compartiéndolo. Aún más dejé caer unas gotas de la abundante lefa mezcladas con nuestras salivas en mi postre y mirando a sus bellos ojos azules usé la cucharilla para comérmelo. Incluso de le di una cucharadita a ella.
Ella subiendo el nivel recogió las ultimas gotas directamente del glande, pero esta vez llevó los dedos a la boca de él que los chupó goloso.
Estaba claro que había dado con la horma de mi zapato con aquellos dos. Me ofrecieron llevarme a su chalet a tomar unas copas pero mi loft estaba mas cerca y ya no podíamos esperar. Queríamos arrancarnos la poca ropa y disfrutar de nuestros cuerpos desnudos.
En el asiento de atrás de un mini rojo ella me clavaba los dedos lo más que podía en la vulva mientras me sorbía el aliento y la saliva. Gracias a los cristales tintados nadie podía vernos excepto él por el retrovisor.
En el ascensor las dos nos lanzamos a por él en un lujurioso beso a tres lenguas mientras mi mano se deslizaba entre las nalgas de la hija bajo el ligero vestido clavando el índice en su ano. Estaba convencida que no iba a rechazar esa caricia. También aproveché para soltar el nudo que sostenía la prenda tras el fino cuello.
Sin cerrar la puerta tiré de su leve vestido sacándolo por la cabeza y dejándola desnuda en mi recibidor. Únicamente con sus sandalias me puse a contemplar su perfecto cuerpo con ojos de artista. Deseaba inmortalizar ese desnudo en mis obras y así se lo propuse. La quería como modelo. Mientras le pedía a su padre que nos preparara unas copas señalando mi bar. Me encantaba tener un camarero desnudo así.
Aunque ya conocía su sabor lamido de nuestros dedos, necesitaba saborearla directamente de la fuente y sin siquiera desnudarme yo, la tumbé en mi sofá para ponerme a cuatro patas entre sus muslos y lamer su jugoso coñito.
La hice gemir mientras se corría. El padre dejó las copas al alcance de nuestras manos y estaba claro que en mi postura se lo estaba poniendo muy fácil. Noté como levantaba mi falda, echándola sobre mis riñones y se agachaba tras de mí para mordisquear mis glúteos y deslizar la lengua húmeda y caliente por toda mi raja. Del clítoris al ano, la humedad de sus besos hacían contraste con el calor de la noche.
Era tanta la excitación que llevaba durante toda la jornada que me derramé en su boca a las pocas veces que su lengua pasó por mi clítoris. Al relajarme tras el orgasmo ella aprovechó para librarme del top. Mis tetas rozaban sus muslos mientras seguía saboreando su xoxito.
La dura polla de su padre buscaba entre los labios de mi vulva el camino a mi interior. Estaba tan mojada que no le costó penetrarme. Noté su glande llegando al fondo de mi vagina y moviéndose suavemente follándome tierno pero insistente. Mirando como yo hacia disfrutar a su bella hija con mi lengua seguía provocando mis orgasmos. Mis jugos seguían mojando sus huevos y bajando por sus fuertes muslos incansables.
Él ya se había corrido en el restaurante y ahora parecía eterno. Pero al fin con mi permiso se derramó en mi coño llenándome con su semen.
-me llega, ¿Donde lo quieres?
-¡donde estás!. No te salgas.
No dejó que abandonara mi placentera tarea y fue él quien limpió mi pubis con su lengua recogiendo en su boca la mezcla de sabores que rezumaban de mi interior provocándome un nuevo clímax.
Con ellos estaba siendo multiorgásmica.
Besó a la joven dejando su polla que empezaba a perder dureza al lado de mi cabeza. Me di cuenta que aún no la había tenido en la boca. Abandoné el manjar que estaba disfrutando para limpiar la bella herramienta que tanto me había hecho disfrutar con mi lengua.
No conseguí endurecerla de nuevo pero tampoco importaba. Los tres habíamos disfrutado de los cuerpos de los otros y de nuestros orgasmos. Ahora descansábamos revueltos en mi húmedo sofá. Mojados de sudor, flujos de ambas y semen.
No pude resistir la tentación de plasmar su belleza salvaje con el rojizo cabello revuelto desmadejada sobre los cojines. Y la del trabajado cuerpo del padre con la polla que tanto me había hecho disfrutar agotada sobre su muslo. Alcancé la cámara que siempre tengo a mano por si llega la inspiración o dos pervertidos como ellos.
-¿Me dejaríais haceros una fotos?.
Me dejaron fotografiarles sin complejos. Incluso posaron para mi objetivo mientras terminábamos las copas que no habíamos llegado a probar y bebíamos unas nuevas. Aún desnuda me movía a su alrededor con mi cámara plasmando en pixeles sus bellos cuerpos sudados. La sesión estaba siendo bastante mas pornográfica de lo que pretendía y no podría publicar casi ninguna de ellas. No importaba, las guardaría para mi disfrute y les regalaría unas copias a ellos.
Lo fue todavía más cuando se animaron de nuevo y empezaron a besarse y acariciarse como si el objetivo de la cámara no estuviera guardando para la posteridad sus lascivos movimientos.
Las fotos de ella sentada sobre la cara de su progenitor con las manos acariciando sus pechos y la expresión de pura lujuria en su bello rostro me darían muchos ratos de autocomplacencia. Hice una nueva serie con la polla depilada que aunque no estaba todavía bien dura ya morcillona. Era un bonito espectáculo con los sensuales labios y lengua de la hija recorriéndola con gula. O simplemente colgando entre los duros y torneados muslos.
No posaban claro. Sus movimientos eran naturales, sensuales en sí mismos. Cambiaban de postura cuando algo les decía que esa alteración le iba a dar mas placer a su pareja.
Aunque les propuse una nueva sesión de fotos mas seria que o poco me conocía o iba a terminar como esa noche desnudos y revueltos. Ellos me invitaron a su casa lo que desde luego acepté. Puede que su jardín fuera un buen fondo para volver a plasmar sus desnudos. Al aire libre y bajo la luz del sol.
Ya en su casa, unos días después, en lo que estaba siendo una agradable visita volvimos a renovar nuestros juegos. Llevé las ampliaciones en una carpeta para regalárselas y estuve mostrándoles las fotos que les había hecho. Y ellos me enseñaban el lugar de preferencia donde habían colgado mi autorretrato. Todo eso ya completamente desnudos por supuesto. De hecho les regalé la copia de esa misma foto que habían comprado y esta vez la teta que yo estaba chupando era la de la hija y que había hecho en esa noche memorable. Juntas las dos fotos en el mismo formato, con el mismo marco, y con las leves diferencias, serian un buen adorno en su salón.
domingo, 18 de abril de 2021
Fontanero
Me abrió un chico como de unos veinte años. Apenas vestido con un pantalón de deporte blanco tan fino, corto, y ajustado que marcaba una polla preciosa. Además del resto de su cuerpo delgado con músculos finos, bronceado y guapo a rabiar. Moreno con el otro corto y unos preciosos ojos azules.
No pude dejar de admirarlo de abajo arriba aunque él me sometía al mismo escrutinio. Mis piernas musculosas saliendo de un vaquero recortado y mis brazos fuertes de una camiseta de tirantes. El vientre plano como una tabla de lavar, mi pecho de barril y mi cara, hasta mis ojos azules clavados en los suyos pardos y en su cuerpo fibrado.
-¡hola!. Creo que tenían un aviso. Un desagüe.
-¡Ah! Si, ven por aquí.
Con la caja de herramientas en la mano lo seguí sin perder de vista sus prietas nalgas moviéndose armoniosamente mientras caminaba.
Me condujo hasta un enorme y sibarítico baño con jacuzzi incluido. Un desagüe atascado no planteaba mayores dificultades pero me gustaba la compañía y me lo tomé con calma. Parecía que estábamos solos en la casa y el chico se quedó conmigo sentado en un inodoro y charlando.
Se presentó como Marcos y yo le di mi nombre estrechándonos la mano un momento mas largo del necesario, pero placentero para ambos.
Conseguí sonsacarle que efectivamente estamos solos.
En un descuido al aflojar una junta conseguí empaparme la camiseta evidentemente adrede. Tengo el suficiente dominio de mi oficio como para que esas cosas no me pasen por accidente.
-¡ups!
Aunque con la temperatura reinante no había ningún problema por estar calado él me dijo que me sacara la camiseta para no resfriarme. Así de todas formas simplemente quedaríamos vestidos iguales.
Así que la agarré, me la saqué por la cabeza y la dejé sobre el lavabo. Pasando cerca de él en el proceso y secándome con ella el pecho y la cara. Luciéndome todo lo que podía.
-¿Vas al gym?
Me preguntó.
-no, solo trabajo duro, tu si que parece que te machacas bastante.
-bueno hago lo posible, normalmente prefiero nadar, pero para no hacer ejercicio tu tienes un buen cuerpo.
Diciendo esto mientras doblaba un brazo para probar el bíceps.
-¿Puedo tocar?
-pues claro.
Así que pasé una mano por su brazo medio acariciando, medio apretando. El puso su mano en mis abdominales siguiendo sus formas marcadas.
-estos los tienes bien.
-gracias, pero debería volver al trabajo, el placer para después.
- Eso espero.
Sonriéndole. En una difícil postura bajo el lavabo, le pedí que me alcanzará una herramienta. A lo que accedió de inmediato rozando mis dedos con los suyos al entregármela.
El tacto fue suave, casi sedoso.
Al poco rato me ofreció un refresco y casi de inmediato regresó con dos latas en la mano. Al tenderme una volvimos a rozarnos. La suya debía estar agitada pues al abrirla la presión hizo saltar el líquido sobre los dos volviendo a empaparnos. Nos reímos al volver a estar empapados.
El pasó la mano por su pecho extendiendo el dulce refresco por su piel bronceada y luego se llevó un dedo a los labios para lamerlo.
La situación era morbosa a tope. Le pregunté:
-¿Puedo?
Y yo también pasé un dedo por su pecho, muy cerca del pezón y luego me lo llevé a los labios, una vez rota la barrera, él cogió mi mano entre las suyas y se llevó ese mismo dedo a su boca lamiéndolo y jugando con él.
Me acerqué mas a él, puse una mano en su cintura sobre su piel y quitando mi otra mano de su cara busqué su lengua con la mía. Durante unos segundos largos juguetearon amistosas para meterse en la boca del otro. Noté su lengua recorriendo mis dientes y yo clavé la mía lo mas dentro que alcanzaba.
Yo estaba sudado, él pringoso de refresco y el jacuzzi parecía que nos llamaba. Así que bajé su pantalón de deporte hasta los tobillos y con un leve azotito en su duro culo, le dije:
-¡Ala!, a la ducha.
Se giró mostrándome el culo bronceado del todo. Le solté un segundo suave azote a la vez que lo seguía hasta allí. Mientras se llenaba de agua con él sentado en el borde se puso a terminar de desnudarme. Yo de pie frente a él.
Abrió mi vaquero y lo bajó despacio acariciando mis muslos en el proceso. Lo dejó caer y me libré de él de una patada a la vez que de mis sandalias.
En el ajustado bóxer que llevaba se marcaba mi polla bien dura colocada hacia mi derecha. Lo contempló un momento y por fin sin que usara las manos, con los dientes agarró la goma de la prenda y la libero de su prisión. El gayumbo quedó justo bajo mi culo duro. Acercó la cara y aspiró fuerte por la nariz.
-huele a macho, a sudor.
-tu hueles de maravilla y me incliné a besarlo.
Levantó la cabeza y según me inclinaba veía entre sus muslos su polla apuntándome directamente a la cara. No pude resistirlo y mientras nuestros labios volvían a juntarse, estiré la mano y me hice con ella. Acariciándola con mucha suavidad, los huevos suaves todo bien depilado. En realidad estaba depilado del todo y su piel era tan suave como si lo hubiera hecho un rato antes.
Poco más tardó en desnudarme del todo, sacando mi calzoncillo por los pies y dedicarse a acariciarme a mí como yo lo estaba haciendo con él. Descubrió que yo también me depilo pero me había dejado una tira justo encima del rabo. Por fin pudimos meternos en el agua. Seguimos acariciándonos esta vez recorriendo nuestras pieles húmedas con gel de baño. Dándonos lengua y cruzando las pollas duras. No podía dejar de acariciar su culo y meter un dedo con el gel y el agua en el ano.
Primero uno, luego dos, cada vez que lo metía él casi me mordía los labios o la lengua. Se me giró dándome la espalda y dejándome el culo bien cerca. Lamía su nuca mientras seguía dilatando su ano con mis dedos.
Bien limpito me alcanzó el aceite de baño y eché un buen chorro en su espalda dejando que resbalara por su columna y metiéndose sólo entre sus nalgas donde mis dedos lo repasaban por el ano.
Él lubricó mi polla con sus manos tiernamente casi sin girarse, solo echando aceite. Y pasando una mano entre sus muslos tiraba de mi rabo conduciéndolo, guiando y apoyando el glande en la entrada que había estado dilatando con cuidado.
Empujé suave, no quería dañarlo y suavemente y sin parar se fue clavando hasta los huevos hasta que sentí la suave piel de sus nalgas apoyada en la zona depilada de mis muslos. Los dos lanzamos a la vez un grito de placer.
En ese inoportuno momento se abrió la puerta de repente. El grito debió haberla alertado. Entra una chica en tanga y una corta camiseta. Muy bonita, y muy parecida al chico que yo tenía entre mis brazos. Su negra melena le llega justo a la pezones, marcados en la fina tela de la prenda, y sus preciosos ojos azules nos miran con deseo y vicio. diciendo:
-Hola hermanito. Me parece muy mal que diviertas solo.
- No me habías dicho que teníamos una compañía tan agradable.
-¿Me vais a reñir los dos? Silvia, Únete y deja de decir bobadas.
Según se acercaba al jacuzzi se fue sacando la camiseta con lo que pude ver sus durísimas pero no muy grandes tetas. Al llegar a nuestro lado agarró la polla de Marcos apartando la mano que yo tenía allí y me dio un morreo de campeonato. Un beso guarro con mucha lengua que igualó a los que me había dado su hermano.
Con la mano que había apartado del duro nabo tiré del tanguita de la belleza para intentar sacárselo. Pero la prenda era tan endeble que me quedé con ella entre los dedos. Me limité a arrojarlo al suelo y poner esos dedos en su vulva que parecía un horno. Suave, húmeda y muy muy caliente. Nuestra saliva resbalaba hasta la espalda de Marcos al que seguía teniendo empalado.
Pero ya no podía parar, tenía que correrme, tenía que dejar mi lefa en ese culito tan duro. Silvia demostró se tan morbosa como cualquiera de los dos. Según la sacaba de tan acogedora gruta se arrodilló entre los dos y separando las nalgas de su hermano con las manos empezó a comerle el ano y lamer mi semen que rezumaba. Acariciaba a la vez los huevos del chico para no dejar que perdiera la importante erección que llevaba.
Nunca me hubiera imaginado tan incestuo proceder, pro ahí estaba ante mis ojos. Marcos fue el que se hizo cargo de mi polla, aprovechando que estábamos en el agua le dió un lavado rápido y se la metió en la boca para terminar de exprimirla. Como él aún la tenía dura Sonia quería su ración.
- Vamos hermanito ahora me tendrás que follar tú.
Es toda una organizadora, hizo sentar a su hermano en el escalón de la bañera y ella se le subió encima. ¿Adivináis donde me puso a mí? pues entre los dos de pie. Mientras ella me daba una de lar mejores mamadas de mi vida chupando mis huevos y toda la polla Marcos de dedicaba a lamer mi culo y follármelo con dos de sus deditos lubricados con el mismo aceite de baño que antes había pasado por mi rabo. Como se movían despacio y con ternura coordinando sus movimientos con la sabiduría de la costumbre ninguno de los dos perdía ritmo en mi cuerpo. Hasta conseguían besarse y rozar sus lenguas bajo mi perinneo.
Entre los dos consiguieron no sólo que se me volviera a poner dura sino que terminé corriendome en la boquita tragona de Sonia. Como su hermano era el que estaba más cerca fue el primero con el que compartió mi leche. Pero yo llegué a tiempo de mezclar mi lengua con las suyas en un lascivo beso donde las salivas y los restos de mi semen pasaban de boca en boca. Para entonces ellos también se habían corrido, Marcos dentro del coño de Sonia.
Y también para entonces yo tenía que continuar mi faena atendiendo el siguiente aviso que no sería ni de lejos tan placentero como el rato compartido con los dos hermanitos. Me quedé con las ganas de probar el xoxito de Sonia o su culito, ese día. Lo dejamos para una futura ocasión pues desde luego que pensaba repetir con ellos. Hacerlo con más tranquilidad y puede que hasta en una cama y su pudiera meter a mi novia ya sería una locura.
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