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miércoles, 23 de junio de 2021
En bóxer
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Follando por la mañana.
Has seguido el culo desde la puerta, con los cables y la caja de herramientas colgados del hombro. Lleva un bóxer ajustado de lycra y nada mas. Al principio te ha sorprendido, no es normal que alguien te abra la puerta así. Es su casa y puede ir como quiera, piensas. Pero hace calor, mucho calor, así que es normal, bueno eso puede que no, pero lógico hasta cierto punto.
De hecho tú estas sudando la ropa que llevas. Te estorba, deseas quitártela y quedar como él. Aún más, desnudarte del todo. Dejar que vea tu piel descubierta, que la toque, bese y pase la lengua por tu cuerpo. Ya te estas poniendo cachondo y aún no has empezado a trabajar.
Tocar tú la suya, todo su cuerpo, bajar la poca tela que lo cubre. Descubrir su polla e introducirla en tu boca. Tu lengua paseando por los huevos. La piel tersa suave, depilada que se adivina bajo la ajustada prenda. No dejas de mirarlo de reojo.
No sabes cómo dejárselo claro, cómo pedirle que te arranque la ropa sudada. Al poco de empezar los trabajos le pides permiso para ir al baño, a refrescarte, a enfriar tus ideas revueltas. Puede que a curiosear un poco. No hay por allí productos femeninos, solo los suyos o por lo menos solo de hombre. Que se cuida, hombre atractivo y sexi.
Recordando su culo prieto te estas poniendo aún mas caliente. Te echas agua por el cuello, mojando la camiseta de trabajo, qué mas da. Aflojas un poco el cinturón que te agobia la cintura, casi sin darte cuenta. Se ha fijado en tu camiseta húmeda. Su vista resbala por tu pecho mojado. Te haces ilusiones de que esa mirada ha sido larga, detallada, muy detenida.
Sigues con el trabajo pero no te concentras. Él no tiene prisa por vestirse. De vez en cuando echas un vistazo de reojo a su cuerpo que sentado en un sillón, espatarrado, con un muslo por encima del brazo, marcando paquete. Él está a medias al televisor y a tu ocupación, puede que a tí si tienes suerte.
Ahora tienes que arrastrarte por el suelo a cuatro patas, un cable rebelde que no se deja colocar en su canaleta. El pantalón se te esta bajando pero te da igual que medio culo quede al aire, no te esfuerzas por taparlo, por subirlo. Tu ropa interior ha sido arrastrada por el pantalón y las nalgas están desnudas, la raja sudada, el otro canalillo se ve y eres consciente de ello. Esperas que esté mirándolo. Otra mirada de reojo y lo descubres espiando tu culo.
Le deseas y quieres sus manos sobre tu cuerpo. Te ofrece un refresco. Al ir hacia el frigorífico sus nalgas duras tienen un magnífico balanceo que te hipnotiza. Al volver no puedes evitar mirar su paquete. Te levantas y coges la lata de sus manos, rozándolas y él no rechaza el contacto. Tu camiseta esta tan sudada, mojada y arrugada que le pides permiso para quitártela. Con una sonrisa él te responde que te quites todo lo que quieras.
Tú te habrías desnudado del todo pero solo te quitas eso. Tiras de ella y te secas las axilas con el trapo arrugado en que se ha convertido. También te las has depilado como el pecho y el resto del cuerpo. Te parece que sin vello tu piel se lame mejor. La cintura baja de tus pantalones descubrían tu pubis sin un pelo.
Dejas que él te mire y haces intención de volver al trabajo, para eso debes pasar a su lado, rozándolo y aspirando su aroma. Por fin, te coge de la cintura y te besa en el cuello, ambos os habéis estando señales y él las ha aprovechado primero. Dejas que sus labios recorran tu piel que sus manos te acaricien y lo haces suspirando.
Te aprietas a su cuerpo sintiendo su calor. Tus labios buscan los suyos y su lengua se mete en tu boca jugando con la tuya. Cambias su saliva por la tuya. Intentas recorrer toda su boca, lo más dentro que puedes. Dejas que él acaricié el interior de la tuya. Sacas la lengua cruzándola con la suya fuera de las bocas y dejando que la saliva moje vuestros pechos.
Acaricias su espalda apretándolo contra tu cuerpo febril. Él lame tu cuello y tu mordisqueas el lóbulo de su oreja, lascivo. Mete la lengua en tu oído. Como acabas de beber no piensas que se te vaya a secar la boca y terminar la saliva. Y quieres lamer cada centímetro de su piel, saborear cada poro.
Ha conseguido meter la mano entre vuestros cuerpos pegados y aflojar tus pantalones que caen a tus pies por su propio peso. Tu slip es pequeño y apenas puede tapar la dureza de tu rabo. La dos pollas juntas pétreas, rocosas rozándose separadas apenas por las finas telas de los calzoncillos.
Por fin tus manos pueden tocar su piel bajo el bóxer que tanto te ocultaba, pero ahora su polla dura descubierta está junto a tu vientre. Despacio bajas por su pecho y vientre. Sin separar la lengua de su piel, chupando sus pezones, lamiendo las axilas y el ombligo. Huele a limpio, a recién duchado, no parece que le moleste tu aroma a sudor.
Y por fin te arrodillas a lamerla pasando la lengua húmeda por sus huevos. Mojas su falo de abajo arriba desde los huevos hacia el glande. Te lo metes en la boca intentando no arañarlo con tus dientes. Apretándolo contra el paladar y acariciándolo con la sin hueso.
Con tus manos acaricias la piel de sus fuertes muslos, la cara interna deslizándolas despacio por el perineo entre sus nalgas. Separa sus piernas para dejarte el camino libre hacia el ano. Aprovechas y juegas con su ano, un dedo abriendo el agujerito.
Le oyes gemir por encima de tu cabeza. Sabes que lo estás haciendo bien, que le estás dando placer. No va a tardar en correrse en tu boca. No te lo piensas, sigues hasta que se derrama en tu lengua. Se te ocurre que quieres compartir su sabor. Lo aceptará bien.
Así que te levantas y vuelves a besarlo. No lo has tragado. El semen compartido entre vuestras lenguas, mezclado con vuestras salivas. Se derrama por vuestros pechos. Pero no lo desperdiciais, os agachais a recogerlo con las lenguas aprovechando para lamer más piel y mordisquear pezones.
No os habéis movido del despacho y has conseguido que se corra. Pero deseas más, quieres ese culito, solo has conseguido amasarlo con tus manos y juguetear un momento con tu dedo en su ano. Ahora quieres comerlo, saborearlo.
En el mismo sofá desde donde antes te miraba ahora le pides que se ponga a cuatro patas. El mueble es cómodo, viejo, de un cuero caro agrietado por el tiempo pero a la vez muy sensual donde poner vuestras pieles.
La grupa ofrecída es toda una tentación para ti. Bajando con la lengua pegada a su piel por la línea de la columna. Dejas un suave mordisco en una de sus nalgas antes de separarlas con tus manos. Lo contemplas un momento. Ese oscuro y cerradito oscuro objeto de deseo. Decidido pasas la lengua de arriba abajo por todo el canal. Al principio sin detenerte, pero a la tercera o cuarta vez empieza a parar en el ano. Cada vez mas tiempo clavando la lengua e intentando abrirlo.
Él gime, suspira, te hace saber con sus ruidos guturales que le gusta lo que le haces. No piensas parar. El tiempo se dilata como lo hace su ano. Dejando que un poco más de lengua se deslicé en su interior. Tu polla rocosa desea buscar refugio en esa oscura y caliente cueva que tienes ante la boca. Pero lo haces esperar, quieres que él lo desee tanto como tú.
Te permitirá meter un dedo para seguir dilatando. Para abrirlo más. Tu saliva basta como lubricante y el índice de la otra mano fuerza la entrada. Ya puedes escupir dentro. Lo que antes estaba clausurado ahora ya no se resiste. Tienes que saberlo. Le preguntas si quiere más, si desea tú polla en su interior.
Con todo ese trajín su rabo está volviendo a tomar consistencia. No te privas de acariciarlo. Tocas sus huevos y agachándote un poco más llegas a ordeñar su rabo.
La necesita, ya te dice que lo folles, te lo pide. Se gira lo justo para echar sus babas en tu glande. Ayudando así a la penetración. Y no te haces de rogar más. Te incorporas y diriges tu pétrea herramienta hacia la pequeña diana. Como mantienes el culo bien abierto, bien sujeto con tus manos. Va entrando despacio pero firme solo lubricada con las salivas de ambos.
Ya la tiene toda dentro. Tus huevos han sido frenados por los suyos y tu pubis de apoya en sus nalgas. Es apenas un segundo, para que ambos os acostumbreis. Tú a su estrechez y él a tu grosor. Luego te mueves, despacio para notarlo bien. Tu cadera empieza ese va y viene tan placentero para ambos. La excitación es mucha, no sabes lo que vas a aguantar.
Te agarras a sus caderas para no perder el ritmo. La excitación de ambos os hace acelerar. Vais cambiando la cadencia según lo dicta el deseo. Sabes que él va a manchar el cuero en el que apoya las rodillas. Puede que incluso antes de que tú le llenes el recto con tu lefa.
Ya no queda nada. Entre gemidos ambos os corréis. Tu semen rezuma de su culo y te agachas de nuevo a lamerlo. A recogerlo con la lengua y volver a compartirlo con él. Sabes que van a ser vuestros últimos besos. Quieres que sean especiales. No vas a volver a verlo, a tocar su suave piel. Pero lo habéis disfrutado. Ahora sí que puedes terminar el trabajo más relajado sin pensar en el sexo.
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viernes, 14 de mayo de 2021
El padre de mi amigo, la moto
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Otros relatos de la misma serie:
El padre de mi amigo.
https://www.todorelatos.com/relato/154511/
El padre de mi mejor amigo, el cumpleaños.
www.todorelatos.com/relato/175246
Este es el comienzo, la precuela. Así es como se desarrolló la historia con mi mejor amigo Mario y como empezamos a follar. Y como empecé a provocar a su padre Julio que empezó a gustarme mucho en esas vacaciones. Luego una vez divorciado nos reencontramos. Tuvimos nuestros encuentros como follamigos y en un cumpleaños que terminó en orgía me presentó a algunos de sus amigos. Pero todo ello no habría pasado sin esas vacaciones, su cámara de fotos y los bañadores speedo rojos que usábamos todos.
Mi mejor amigo, Mario, había recibido un buen regalo, una moto nueva. A nuestros diez y seis años y con las hormonas revolucionadas era una maravilla tener libertad de movimientos. Me gustaba ir de paquete cojido de su cintura apretado contra su espalda. O cuando me dejaba conducir y era su pecho el que notaba detras de mí y no solo su pecho, sino su polla dura clavada en mi culo.
Somos inseparables desde que tengo memoria siempre hemos jugado juntos. Hemos hablado de todo sin secretos entre nosotros. Bueno casi, hay cosas que nunca nos habíamos atrevido a confesarnos. Hablamos de sexo sin cortarnos, de chicas, de sus cuerpos, pero no de los nuestros. A pesar de habernos visto desnudos infinidad de veces de rozarnos y tocarnos y tener estrecho contacto físico en nuestros juegos.
La moto nos permite alejarnos más, explorar más lejos y buscar nuestros refugios secretos y soledad compartida sin miedo a que nos encuentren. Dando esquinazo a nuestros padres y familia. Teníamos kilómetros de playas a nuestro alcance y aún mas de bosques y prados.
Explorábamos todo aquello y cuando encontrábamos sitios tranquilos descansamos allí, charlando medio desnudos sobre la arena caliente o la hierba fresca. Almorzando lo que hubiéramos llevado en una mochila. Llegábamos hasta la playa nudista de la que siempre habíamos oído hablar pero que nunca habíamos llegado a ver.
Los cuerpos desnudos nos llamaban la atención. Los primeros días no nos atrevíamos a desnudarnos pero por supuesto a las pocas visitas nos mostrábamos sin pudor. Al principio nos tomaban por mirones pero al ver nuestra juventud lo tomaban por curiosidad natural y nadie nos decía nada. Si volvíamos tarde o temprano nos desnudaríamos.
Ese día yo conducía sin camiseta y con un pantalón tan corto y fino que se me notaba todo. Mario llevaba un pantalón parecido al mío. Los muslos desnudos se rozaban. Sentado detrás de mí apretaba mi cintura con sus manos cruzadas justo sobre mi ombligo. Si las hubiera puesto por debajo yo estaría muy nervioso.
Su pecho pegado a mi espalda nuestras pieles desnudas en estrecho contacto frotándose en cada bache. A los lados de la carretera por la que íbamos chicas en bikini y chicos en bañador buscaban un lugar en las playas para quedarse y para pasar el día.
Nosotros pensábamos ir un poco mas lejos pero con el espectáculo y los roces la verdad es que me estaba poniendo caliente. La polla dura colocada hacia la izquierda me empezaba a apretar dentro de los pantalones. En mi culo empezaba a notar como a mi amigo le pasaba lo mismo que a mí. Empecé a notar en mis nalgas como su rabo se iba poniendo duro.
No era la primera vez que nos pasaba y no le di mas importancia. Apoyó la barbilla en mi hombro desnudo en un gesto de cariño que era habitual entre nosotros. La gente empezaba a escasear pero Mario no se separaba de mí y la sensación me gustaba así que solo acomodé mejor el culo en el sillín sintiendo aún mas la dureza de su polla.
Un poco mas lejos estaba la cala a la que íbamos. Mario se bajó primero y yo apoyé la moto en el caballete. Descolgamos la mochila y bajamos por la escalera del acantilado. Como esperábamos había poca gente y la mayoría desnudos.
Íbamos mirando el panorama buscando un sitio donde poner nuestras toallas. Debajo de nuestros pantaloncitos cortos no llevábamos nada. Al bajármelo mi polla saltó como un resorte y la de Mario hizo lo mismo. Los dos nos echamos a reír ante lo absurdo de la situación lo que atrajo algunas miradas. Así que corrimos al mar un poco para escondernos, otro para relajarnos y otro para estar juntos y solos. Muy juntos que era como mejor estábamos.
Yo entré primero y Mario tras de mí se me subió a caballito a la espalda. Era un juego pero su polla estaba cuatro dedos por encima de mi culo y mis manos sujetando sus muslos muy cerca de sus nalgas. Me adentré en el agua para ocultarnos de miradas indiscretas. Al soltarse su polla quedó atrapada justo en mi culo. Apreté las nalgas para mantenerlo ahí y eché las manos mas atrás para agarrar las suyas.
No hizo nada por separarse, mas bien sus manos acariciaron mi pecho despacio alcanzando mis pezones que estaban duros como piedras. Al darse cuenta de ello en vez de dejarme en paz empezó a pellizcármelos y a jugar con ellos lo que me excitó aún mas. Apreté el culo para no dejarle escapar y él me dio un muerdo en la nuca. Uno de mis dedos se deslizó por la raja de su culo hasta encontrar su ano y era la primera vez que lo tocaba. Al menos si el agujerito por que el culo nos lo teníamos bien sobado jugando.
No se amilanó para nada y me dejó penetrarlo hasta la primera falange antes de bajarse de mi espalda pero sin separar su cuerpo del mío. Notaba perfectamente la dureza de su polla rozando mis nalgas, mi muslo y mi propio rabo cuando se puso frente a mí. Lo tenía cogido de la cintura mientras el agua que nos llegaba a los hombros nos ocultaba de la visión desde la playa nos mirábamos a los ojos.
Nos acercamos más hasta que nuestros labios se tocaron, se abrieron y dejaron pasar las lenguas con hambre de la saliva que recogían juguetonas de la boca del otro. Nuestro primer beso. Le magreaba el culo a placer y él hacía lo mismo con el mío llegando a pasar un dedo por el ano. Nuestros penes apretados entre nuestros vientres los sentíamos duros y calientes. Una de sus manos agarró los dos pajeándolos despacio. Una de las mías acariciaba sus huevos sin dejar de sobar su cuerpo con la otra.
Tan calientes estábamos que nos corrimos enseguida dejando que el agua se llevara el semen. Jugamos un rato mas entre las olas sin atrevernos a comentar lo que había pasado. Y pensando que todo el mundo se había dado cuenta de lo que habíamos hecho. Salimos a la arena a tomar el sol y descansar fijándonos en los demás cuerpos desnudos, hombres y mujeres por igual.
A pesar de estar todo el mundo en bolas era un sitio demasiado público como para hacer nada más. Aunque cada vez que volvíamos a meternos en el mar, ocultos hasta el cuello, volvíamos a acariciarnos.
Esa noche me masturbé dos veces recordando la mano de mi amigo apretando mi polla contra la suya. Mezclándo imágenes de coños, tetas y de otras pollas sobre la arena caliente, de cuerpos desnudos. A la mañana siguiente me recogió temprano, lo único que me puse encima de mi cuerpo desnudo fue un short vaquero tan recortado que parecía un slip y Mario venía con su pantalón de deporte mas fino y pequeño.
Algo había surgido el día anterior entre los dos y parecíamos dispuestos a explorarlo. No me dejó coger el manillar así que acomodé mi pecho bien pegado a su espalda y mi pene morcillón a sus nalgas duras. Rodee su cintura con mis brazos apretándolo fuerte justo donde la tela dejaba paso a su piel bajo el ombligo y apoyé la barbilla en el hombro.
Si eso no le dejaba claro que me encantaría repetir los juegos de la playa tendría que decírselo. Por que no me iba a quedar sin ello. Pero si que lo tenía claro o al menos cierta parte de su anatomía. Al rato empecé a notar en mis dedos su polla dura queriendo salir del pantalón hacia arriba.
No sabía si podría o sabría reconocer con palabras mi bisexualidad. En vez de hacia el mar se encaminó al bosque a un rincón cubierto de de hierba fresca oculto entre arbustos. Nuestro rincón secreto en medio del monte. Sin bajarme del sillín agarré su polla por encima del pantalón descubriendo con agrado que ya estaba dura. Sin soltarla metí la otra mano por dentro de la tela y se la acaricié sin mas estorbos.
Mientras le besaba lamía y mordía suavemente el hombro y el cuello. Se giró como pudo para darme su lengua que de inmediato se cruzó con la mía. El pacto se había sellado. Nos bajamos de la moto sin dejar de sobarnos y en cuanto estuvimos frente a frente dejé caer sus pantalones al suelo. Hacía un momento los tenía bajados por debajo de la testículos y de ellos su polla asomaba. El abrió los míos dejando que la mía saltara dura. Metió la mano por dentro y saco los huevos. Se dejó caer de rodillas en la hierba.
En vez de coger mi rabo con la mano lo cogió entre los labios, las manos las metió por las perneras agarrando con fuerza mis nalgas. Su mirada mientras clavaba sus ojos en los míos era pura lujuria. Y allá abajo veía de vez en cuando su rabo duro rozándome los tobillos al ritmo de los movimientos de lamer mi polla y huevos.
Con todo eso y el calentón que llevaba de antes me corrí en su boca en muy poco tiempo. No se separó y recogió toda mi lefa en su boca. La mezclé con mi saliva cuando me incliné a besarlo y clavé mi lengua en la suya. Un beso largo morboso con el sabor del semen y sus manos librándome por fin del vaquero.
Sin levantarse se echó hacia atrás y se tumbó en la hierba con la perpendicular de su rabo tieso apuntando al cielo. No sabia donde lo quería pero tenia muy claro que lo necesitaba dentro de mí. Como hacía mucho que habíamos pasado el punto de no retorno me ensalivé bien dos dedos y me dediqué a abrirme el culo dispuesto a sentarme encima de su polla. Le veía en la cara lo que le gustaba el espectáculo.
Más cuando dejé caer mas saliva en su brillante glande y despacio doblé las rodillas hasta apoyar el ano en él. Con mas esfuerzo y dolor del que pensaba fue abriéndose camino en mi interior. Pero por nada del mundo iba a parar aquello hasta que no se corriera en mis tripas. El ayudaba poniendo más saliva en mi polla cuando levantaba el culo. Y más lubricado volvía a bajar. También me cogía la polla acariciándola. Tenía que conseguir que se corriera follándome. Y si fue, al rato su lefa llenaba mi ano.
Yo no me corrí pero para entonces mi nabo volvía a estar duro. Mario no quería quedarse sin su parte y se puso a cuatro patas para mí. No pude resistirme y cuando lo vi así de expuesto me puse a comerle ese prieto culito. A pesar la lengua por toda la raja y clavarla en el ano que aprecia abrirse pidiendo más. Y no era el su agujero el que pedía.
- ¡Vamos fóllame! Lo necesito.
Desde luego le di el gusto y segundos más tarde lo estaba penetrando a lo perrito en medio del bosque.
Pronto me di cuenta de que su padre me atraía. Mientras mi relación con Mario se afianzaba por un camino que ninguno de los dos había supuesto antes de esas vacaciones. Julio, todo un hombretón atractivo y masculino que usaba los mismos bañadores tipo slip que nosotros. El suyo rojo y minúsculo parecía que tapaba un buen rabo. Ese cuerpo me gustaba.
Se dedicaba a hacernos fotos en cuanto podía. Sus preferidas eran cuando estábamos en bañador en la playa o en el jardín del chalet alquilado y nosotros posábamos haciendo el payaso. Estoy seguro que me de una vez le enseñamos el culo bajándonos lo que lleváramos puesto en ese momento. Y si fue lo bastante rápido en alguna foto los dos estamos haciéndole un calvo a la cámara. Quiero una copia de esa foto.
Más de una vez quedaría plasmado en esas fotos más carne de la que pretendíamos. Pero aparte de provocarlo exhibiendo más piel de la necesaria o con roces y apretones nunca se me pasó por la cabeza pasar de ahí con Julio. Y joder como me gustaba. Si él hubiera pasado alguna vez de abrazarme y cogerme el culo en algún gesto cariñoso yo mismo me habría bajado los pantalones. Los míos para que me follara o los suyos para comerle ese rabo que se marcaba en el bañador tipo slip.
Ambos nos contuvimos por entonces. Esperando un momento más propicio para dar rienda suelta a nuestro deseo. También estaba mi relación con Mario por supuesto que siempre me tenía cachondo.
La continuación en:
El padre de mi amigo.
jueves, 13 de mayo de 2021
El padre de mi amigo, el cumpleaños
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De vez en cuando quedaba con el padre de mi mejor amigo. No es que fuéramos novios, solo follamigos. Una veces solo nos tomábamos unas copas en un bar y otras directamente en su piso de divorciado nos lo comíamos todo y nos follábamos el uno al otro. Los dos seguimos siendo bisex, versátiles y muy morbosos.
Una tarde entre semana recibí un wassup suyo.
-¿Quedamos el viernes?
Como no tenía nada planeado le contesté que si.
- Perfecto, vente lo más putita que puedas, he pensado en algo. Vente por mi piso.
Fue la críptica respuesta. No sabía lo que tendría pensado pero seguro que sería algo divertido. Siempre me lo pasaba bien con él.
Al abrirme la puerta pareció algo decepcionado con mi atuendo, un vaquero y un jersey. Había decidido castigarlo por su misterio y yo también quise darle una sorpresa.
Ya en el salón me quité el jersey que tapaba una camiseta de rejilla negra totalmente trasparente. No la usaba mucho pero aquella era una ocasión ideal para lucirla. Sus ojos hacían chiribitas al descubrir los secretos de mi atuendo. Aflojé el cinturón ancho y con adornos metálicos del vaquero y cayó a media nalga descubriendo el bañador slip rojo que él me había regalado la primera vez que follamos. Llevaba también unas botas militares y una cadena entre los bolsillos del pantalón.
-¿Que tenías pensado? Julio.
- Me han invitado al cumpleaños de un amigo.
-¿Y quieres que yo sea el regalo?
- No, no solemos hacernos regalos. Tu serás el animador de la fiesta. No vamos a ser muchos, es algo íntimo.
-¿Y tú pretendes que la cosa se convierta en una orgía? Por lo que parece.
Ya estaba viendo por donde iban los tiros. Pero me estaba costando un triunfo que me diera detalles.
- Tanto como eso.... bueno ya veremos a ver como sale. Pero si animarlos un poco. Son todo tíos de mi edad, gay o bisex, así que no creo que sea difícil.
- Bueno dame unos minutos para terminar de prepararme.
Entré al baño y me eché algo de mi pelo lacio hacia la frente. Me puse algo de rimmel negro en los ojos y me añadí pintura o esmalte fácil de quitar en las uñas, negra también. Incluso algo de pintalabios negro y una gargantilla de cuero en el cuello. Con unos guantes de rejilla del mismo material que la camiseta quedaba terminado mi look de emo gay. No suelo ir así, la ciudad es pequeña y llamaría mucho la atención. Pero ante su petición me apetecía llevar ese tipo de imagen.
Salí al salón y me di una vuelta sobre mi mismo para lucirme. Se le veían las ganas de terminar de bajarme los pantalones y ponerme mirando a Cuenca allí mismo. Casi tuve que escapar de sus brazos, pero aún así nos dimos un buen morreo como preludio al resto de la noche. Saliva va, saliva viene y con cruce de lengua nos fuimos calentando.
- Vámonos o no terminamos de salir de aquí.
Cogimos el ascensor y un piso más abajo se subió una señora con nosotros. Se me quedó mirando. Por su expresión nunca llegué a saber si quería llamarme maricón, le estaba dando un infarto o quería bajarme los pantalones y comerme la polla. Se bajó en el portal y nosotros seguimos hasta el garaje riéndonos.
Llegamos en su coche al piso de la fiesta, en otro barrio al otro lado de la ciudad, sin más incidentes aunque si me fijé en que la gente me miraba en cada semáforo. No es una ciudad muy grande y ese look aún llamaba la atención.
Al llamar a la puerta del piso nos abrió un hombre bastante guapo, moreno, algo canoso, con un buen cuerpo fibroso, delgado, vestido con una camiseta de tirantes y unos vaqueros desgastados y una gran sonrisa que se ensanchó más al fijarse en mí. Julio me presentó.
- Este es Alex viene conmigo. Alex te presento a Nacho. Un buen amigo que me ayudó mucho después del divorcio, ya te haces una idea.
Seguro que se habían animado el uno al otro en una cama, o en el sofá o en la encimera de la cocina. Imaginaba y no estabas muy desencaminado.
- Pasad y serviros unas copas. Pablo ya está aquí.
Cuando entré sabía que sus ojos perseguían mi culo con una mirada de lujuria. Pero me hice el despistado continuando hasta el salón. Una música suave llenaba la estancia al suficiente volumen para que se notara sin molestar a los vecinos. Allí sentado en el sofá estaba el tal Pablo, digno del mismísimo Picapiedra. Un tío enorme que casi ocupaba dos plazas de un sofá de tres. Aunque no estaba gordo, parecía un cuerpo normal en talla extragrande. Se levantó de inmediato a saludarnos.
En vez de darnos la mano como hubiera sido habitual entre hombres se inclinó a darnos dos besos. Detalle que me encantó. Era evidente que tenía que inclinarse para ponerse al nivel de cualquiera de los que estábamos allí. A ojo debían ser más de dos metros. Llevaba unas bermudas que descubrían sus piernas bien depiladas y suaves. Además de una camiseta abierta que poco tapaba su torso de barril también sin un pelo.
Me cogió de la cintura para besarme las mejillas en cuanto Nacho nos presentó. Y yo en mi papel me colgué de su cuello para devolverle esos besos muy cerca de sus carnosos labios. Aproveché para pasar la mano por su cabello cortado al uno y que empezaba a escasear. Me imaginaba esa boca enorme comiendo mi polla.
Julio que también lo besó, suave y rápido en los labios preguntó:
-¿Falta alguien?
- Solo Marcos, pero no tardará. Me ha mandado un wassup diciendo que estaba aparcando.
- Estupendo. ¿Dónde están las copas?
Fue decir esa frase y Nacho ya nos estaba poniendo los vasos en las manos. Mientras el anfitrión y yo charlábamos por detrás oía cómo Pablo le comentaba al padre de mi amigo:
- ¡Que ricura!, ¿de donde has sacado ese bomboncito?
- Es un amigo de mi hijo, un chico muy majo. Aunque algo estrafalario.
Lo comento siguiendo el plan que habíamos trazado en el viaje. En ese momento llegó el invitado que faltaba. Nacho lo dejó pasar y le puso su copa. Sin contarme a mí, Marcos era el más joven, no pasaría mucho de la treintena. Era un rubito, guapo, delgado y de ojos azules por lo que daba la impresión de ser aún más joven.
Me sonaba de haberlo visto alguna vez en una discoteca, pero nunca me había acercado a él. Ni él a mí. Llevaba unos vaqueros y una camisa blanca muy fina y con algunos botones abiertos. También le pusieron una copa en la mano y me presentaron como es debido. Sí que me dio un apretón de manos firme y que duró bastante tiempo mientras nos mirábamos a los ojos.
- Creo que te he visto alguna vez por la Cómic.
- Eso me pareció cuando te he visto. Pero siempre ibas muy bien acompañado y nunca pude acercarme a tí.
Me dijo con una bella sonrisa.
- Igual hubiera tenido que acercarme yo.
- Pues te lo hubiera agradecido. Pero nunca te vi vestido así.
- Me apetecía darme un capricho. ¿No estoy bien así?
Les provoqué a ver por donde salían. Las protestas no tardaron nada en llegar alagando mis oídos.
- ¡Para nada! ¡Estas guapísimo! ¡Fantástico!
Terminadas las presentaciones y cada uno con su bebida dejé de ser el centro de atención. Estuvieron un rato poniéndose al tanto de sus vidas como amigos normales. Julio ocupó un sillón y yo me senté en el brazo del mueble dejando que rodeara mi cintura en un gesto posesivo. Acariciaba mi vientre y muslo dejando que los demás lo vieran perfectamente.
Incluso mientras charlábamos pues de vez en cuando yo también metía baza, deslizó su mano por debajo de la camiseta. Al ser esta trasparente del todo los demás veían su mano acariciar mi piel directamente. Eso empezaba a caldear el ambiente.
- Buscáos una habitación.
-¿Por qué? ¿no es mejor aquí? sin escondernos.
- Pues claro pero nos está dando envidia a los demás.
Ese fue Pablo.
-¿Quieres un poco?
- No me importaría.
- Alex ¿le quieres dar un poco de cariño?. Me dijo Julio
La cosa iba más rápida de lo que yo había pensado. No sé si por mi atuendo o por que ellos ya eran unos calentones de por sí y aquella no era su primera orgía. Sin contestar me levanté y fui a sentarme en las rodillas desnudas del gigante, de lado. Apoyé la cabeza en su pecho y rodeé aquel cuello de toro con mis brazos.
- ¿Así estas más contento?
- Todavía no, pero falta poco.
Y me besó. Esa lengua gigantesca hacia maravillas en mi boca pues de inmediato la abrí para dejarle pasar. Yo la lamía y chupaba apretándola entre mis labios. Me dediqué a acariciar uno de sus pezones por dentro de la camisa. Mientras una de sus manazas me agarraba el culo amasando las dos nalgas a la vez, por encima de la lycra del bañador. Daba para ello.
Con la otra, suave, me acariciaba la pierna. Junto a mi muslo notaba como su polla empezaba a coger dureza y tamaño. Como fuera a juego con el resto de su cuerpo aquello debía ser algo portentoso.
- ¡Mira ahora quien es el abusón!.
- Pura envidia.
- ¡Desde luego!
Todos nos reíamos con el intercambio de bromas. Marcos se acercó a nosotros. Me tendió la mano.
- ¿Bailas?
- Pues claro.
Sonriendo a Pablo para insinuarle que no me olvidaría de él, me levanté sin soltar la mano tendida. La música era suave, invitaba a bailar lento y agarrado. Lo que era perfecto. Marcos sujetó mi cintura y me pegó a su cuerpo delgado pero fibrado.
Apoyó la cabeza en mi hombro en un gesto tierno que me encantó y al que correspondí haciendo lo mismo. Debía notar perfectamente en su pubis la dureza de mi rabo pues Pablo ya me había excitado mucho. Y yo empezaba a notar como el suyo cogía consistencia bajo sus vaqueros.
Ya no me iba a cortar así que un segundo después mis manos estaban agarrando su trasero que por su dureza parecía forjado en hierro. Él en cambio se decidió por mi pecho pellizcando uno de mis pezones que la camiseta le dejaba ver. Por el rabillo del ojo pude ver como Nacho se había acercado a Julio que le estaba agarrando el culo con toda su fuerza.
- ¿No es hora de ver más carne?
-¿Te parece poco como voy? a mí se me ve todo.
- Tú estás genial. Decía los demás. Empieza a sobrar ropa
-¿Por qué no te quitas tu algo? Así nosotros podríamos ver mucha carne.
Decía alguien a mis espaldas, suponía que Julio. Pero no estaba para prestar mecha atención. Aún así en uno de los giros que hacíamos al bailar lo vimos quitarse la camisa. Lo único que cubría esa enormidad eran sus bermudas y no eran muy grandes. Si me concentré lo suficiente como para separarme lo justo como para empezar a abrir los botones de la camisa de Marcos. Por fin pude besarlo. Y como somos más o menos de la misma altura ninguno tuvo que inclinarse para hacerlo. Bastó con sacar las lenguas y empezar a jugar con ellas.
Al poco tenía su camisa colgando del cinturón y el torso fibrado y sexi, con las costillas marcadas a sus costados, desnudo. Me encantaba acariciar la piel suave de ese pecho. Marcos había metido las dos manos por dentro del bañador rojo. Y uno de sus dedos ya estaba deslizándose por la raja buscando mi ano para acariciarlo.
Julio y Nacho por su parte ya habían empezado por su lado. El anfitrión se había subido a caballito encima de mi amigo y se estaban comiendo las bocas como si no hubiera un mañana. Las manos de ambos recorrían sus cuerpos y sus ropas ya no estaban tan colocadas como cuando habíamos llegado.
Se levantaron y ya sin cortarse se quitaron los vaqueros y las camisetas. Solo con los ajustados slips se fueron a sentar junto a Pablo uno a cada lado. Y se pusieron a acariciar esa mole mientras él giraba la cabeza y los besaba por turnos. Cuando morreaba a uno el otro le comía los pezones y chupaba su pecho o levantaba el brazo de su lado para lamer la axila sin vello.
En medio del salón despejado Marcos y yo seguíamos bailando lentos y sacándonos algunas prendas despacio. No había prisa. Nos descalzamos para rozar nuestros pies y bailar más sensual. Además mis botas habrían machacado cualquier pie descalzo que hubiera pillado debajo. Terminé de tirar su camisa a un rincón mientras él soltaba el cinturón y mis pantalones caían hasta los tobillos. Me ayudó a liberarme de ellos. Agachado aprovechó para pasar la cara y los labios por encima de mi paquete y notar su dureza. Pero sin quitarme el bañador.
Volvimos a abrazarnos y besarnos en medio del salón dando espectáculo a los otros tres que seguirían acariciándose. Marcos se decidió por fin a quitarme la camiseta que tanto juego había dado hasta entonces. Pero que a mi ya me molestaba puesta. Aprovechó para lamer mis pezones y cuando tuve los brazos por encima de la cabeza las axilas.
El cinturón de sus vaqueros me arañaba el vientre así que empecé a quitarle los pantalones. Si slip era tan pequeño y ajustado como el mío. No me resistí a sujetar un momento su polla entre mis dientes con suavidad y por encima de la tela. Piel con piel, pecho con pecho seguimos bailando bien pegados. Nuestras pollas duras sólo separadas por los gayumbos.
Para entonces en el sofá Pablo tenía agarradas con cada una de sus manazas los nabos de sus amigos y los pajeaba con suavidad. Mientras los tres nos miraban a nosotros. Julio y Nacho habían conseguido sacar el mástil, pues aquello merecía ese nombre, de las bermudas del gigante y lo meneaban a dos manos y aún así sobraba polla.
Marcos y yo nos bajamos los slips a la vez dejando que los otros nos vieran las nalgas y frotando por fin los rabos desnudos uno contra otro. Yo agarré las dos y las pajeaba suave mientras seguíamos dándonos saliva. Me lamió la oreja para decirme lo suficientemente alto como para su lo oyeran todos:
-¿Y si vamos a la cama?
Todos estuvimos de acuerdo. Por el camino fueron desapareciendo las últimas prendas que quedaban enredadas en las ingles. Lo único que quedó fueron mis guantes de gasa trasparentes. Pablo me levantó con sus fuertes brazos y yo rodeé su cintura con mis piernas mientras le comía la boca y me llevaba sin esfuerzo aparente hasta el dormitorio. Su polla dura rozaba mi ano provocándome escalofríos de placer.
Sin soltarme se dejó caer en la cama conmigo encima. Tenía que lubricarme bien o aquello me iba a provocar un destrozo. Julio atento a que no me pasara nada se puso entre los muslos de Pablo. Allí noté su lengua en el ano para dilatarme aunque de vez en cuando le daba buenas lamidas al tronco de Pablo. Alguien le alcanzaría el lubricante pues al poco empezó a ponerlo en ambos sitios. Se gastó mucho de eso esa tarde noche.
Nacho se vino entre nuestras cabezas. En cuclillas consiguió meter su cara entre nosotros. Pablo le alcanzaba a comer el culo y yo tenía su polla justo frente a mi boca. Evidentemente no me resistí y empezando desde los huevos empecé a lamerla y chuparla. Estaba claro que no era la primera vez que se lo montaban así y que tenían las posturas ensayadas. Y yo me había tragado como un pardillo que iba de animador.
Marcos quedaba por allí, tocando, besando, lamiendo toda la carne que había expuesta. Toda la piel a su disposición. De vez en cuando yo sentía sus caricias y besos en mi piel. Pero se dedicaba a los cuatro. Una vez bien lubricado fui echando la cadera hacia atrás para irme clavando en el pene de Pablo. Julio lo sujetaba y guiaba para que no nos hiciéramos daño, sin dejar de lamer todo lo que alcanzaba. De los testículos del gigante a mi espalda.
Estaba en la gloria con todo aquello entrando en mí. Manos y lenguas por todas partes y no podía ni gritar ni suspirar de placer por que tenía la boca ocupada comiendo otro rabo. Soy bueno haciéndolo y no es falsa modestia pues Nacho fue el primero que se corrió en mi boca. No lo tragué pues Marcos vino enseguida a compartirlo en un beso tan lascivo como el resto que nos habíamos dado mientras bailábamos. De hecho nuestras babas y el semen caían o más bien lo dejábamos caer en la boca de Pablo justo debajo de nuestras caras juntas.
Yo no dejaba de moverme, quería sentir la lefa del gran hombre dentro de mí y quien estuviera cerca que se tomará el sobrante que saldría de mí ano. Era evidente que fue Julio quien consiguió comerme el culo mientras el enorme aparato se aflojaba y salía solo de mí. Con una expresión de lujuria en su enorme rostro me dijo:
- ¡Fóllame tú!
Si que me bajé el tiempo suficiente como para darse la vuelta y ponerse a cuatro patas. Y yo detrás, teníamos a los demás alrededor esperando su turno y con las pollas duras. Pero yo fui el primero en follar a Pablo.
Marcos a nuestro lado tenía a Nacho boca arriba con las piernas levantadas hasta el pecho y empezaba a follarlo. El gigante justo sobre su cara le daba lengua al anfitrión mientras yo empezaba a abrirme paso en su culo. Separaba las grandes nalgas con las manos mientras empezaba a penetrarlo.
Solo quedaba Julio, besándome, que a mi lado esperaba que me corriera para que le dejara el sitio. Y sus manos no dejaban de acariciarnos. Debido a la excitación de toda la tarde ya no tardé mucho más y le lleve el culo con mi lefa a Pablo. Me hice a un lado y le dejé el sitio a mi amigo que no tuvo ningún problema en meter su rabo que yo tanto conocía en el ano lleno de semen del gigante.
Mientras Julio terminaba yo fui a echarle una lengua a Marcos allí donde podía. De su cuello y hombros a todo el pecho y la axila. Pero tenía otro objetivo incluso más apetecible un poco más abajo. La polla de Nacho se meneaba al ritmo de la follada poniéndose dura poco a poco. Volví a chuparla, y el vientre plano de ambos. Los que no teníamos la boca ocupada suspiraban y gemían, proclamando lo que estaban disfrutando.
Ninguno aguantó mucho más la caña que llevábamos y uno ya otro se fueron corriendo en los agujeros correspondientes. Quedando todos mezclados y revueltos sobre la cama. Recuperando el resuello y relajándonos, pero sin dejar de acariciarnos y besarnos. Yo estiraba la mano y allí donde la ponía había carne, piel y un cuerpo que tocar.
Lógicamente también había manos y labios que se posaban en mi cuerpo procurando darme placer y no me molesté mucho en averiguar de quien eran. Me limitaba a disfrutar de las caricias. Al rato estábamos listos para un segundo ronda con las pollas apuntando al techo. A Julio lo tenía muy visto y de Pablo ya había disfrutado. A Marcos le tenía ganas desde que había estado bailando con él pero empecé por Nacho, que me había quedado muy cerca.
Nos besábamos con lascivia y mucha saliva mientras cada uno tenía en la mano la polla y los huevos del otro. Me giré y le dejé la mía sobre la boca mientras yo me dedicaba a darle lamidas a la suya y a sus testículos. Así que mi culo quedaba en pompa listo para quien pasara por allí. Marcos aprovechó la ocasión, calva como mi culo, sin un pelo. Y allí fue donde noté su lengua. Volviendo a dilatarme para follarme.
Ya estaba otra vez enganchado con aquellos viciosos. Pablo y Julio a nuestro lado también de lo estaban montando, mi amigo cabalgando al gigante. Marcos se echaba sobre mí para hablarme al oído y lamer mi oreja.
- Resérvate, quiero que me folles.
- Cuando quieras, la sacas y cambiamos.
- Nacho, ¿Te importa?
Este tenía la boca muy ocupada con mi nabo como para responder, pero no pareció importarle. Fui yo el que me tumbé boca arriba y ellos los que se me subieron encima. Mi culo había quedado vacío pero no me importó demasiado. Pues Marcos empezó a sentarse sobre mi polla que le fue entrando despacio pero firme, bien ensalivada por el anfitrión que se sentó sobre mi cara para que le comiera todo lo que alcanzaba. Del duro culo al morado glande.
Ya no volvimos a cambiar de postura. Yo me corrí en el recto de Marcos que lo hizo sobre mi vientre llenando mis abdominales de su lefa. Nacho no tardó en correrse en mi boca y entre los dos lamieron todo lo que había quedado sobre mi piel.
Para entonces llevábamos horas en aquella orgía. marcos se quedaría a firme con el anfitrión. Julio y yo fuimos por finalizada la diversión por esa noche y nos llevó a casa a Pablo y a mí. Dejamos al gigante en su chalet con un buen morreo para ambos y la promesa de volver a vernos y disfrutarnos.
Yo me quedé a dormir en casa del padre de mi amigo. Solo dormir hasta por la mañana. Cuando volviendo a follar comentamos la jugada de la noche anterior. Tuvo que confesarme que no era la primera orgía que montaban.
-¿Querrás participar más veces, no?
-Por supuesto, lo disfruté mucho. ¿Tu hijo no sabe de esos amigos tan viciosos que tienes?
- Claro que no, conocí a Nacho después del divorcio y él me presentó a los otros. Y ya vez que no nos cortamos mucho.
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sábado, 8 de mayo de 2021
De vacaciones con un amigo de mi padre
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Mario era amigo de mi padre, de los de toda la vida. Soltero, bastante guapo y muy cuidado iba al gym, se depilaba, bronceado integral. Mi padre iba con él al gym, asi que también estaba bastante bien. Yo despistado, todavía no me había dado cuenta de la corriente de energía que había entre ellos. Los dos apenas pasaban de los cuarenta y yo muy poco de los diez y ocho.
Se veía de lejos la amistad y los gestos de confianza que se tenían. Muy íntima para ser solo dos amigos.
Yo era un panoli, no me enteraba de la misa la media y mi madre menos. A pesar de mi calentura permanente, de llamarme la atención cualquier trozo de piel expuesto ya fuera de chica o de un tipo decentemente construido jamás habría esperado lo que se me vino encima.
A Mario le surgió un viaje de empresa al extranjero, podía llevar un acompañante. Como no se le conocían novias, ni parejas, pensó en quien podía invitar a acompañarle. En otras ocasiones mi padre se hubiera ofrecido encantado. Pero ahora que pasaba una extraña época con mi madre no podía permitírselo. Lo que hizo fue proponerme a mí como su sustituto. Imaginando lo que era casi seguro que iba a ocurrir, que terminaríamos follando los dos.
-¿Por qué no va Alex contigo? Le vendrá bien un viaje, subir a un avión y conocer otro país.
Yo estaba encantado de visitar un país cálido en medio del frio invierno. Librarme durante unos días de las clases. Pensaba que como mínimo podría disfrutar de la vista de los cuerpos poco cubiertos al sol del trópico. Disfrutar de esos días como unas vacaciones. Desde luego si surgía la ocasión de ligar no la desaprovecharía.
Me llevé mi ropa mas fina y mis bañadores mas pequeños. Estaba dispuesto a pasármelo bien. A lucir mi cuerpo cuidado por las tardes de natación y bien depilado. A aprovechar ese cuerpo ofreciéndolo a quien lo quisiera.
Los pasajeros del avión y la gente en el aeropuerto parecía prever el calor del destino y lucían mas de sus cuerpos. Ya llevaban ropa más fina y ligera. Algún escote o pierna se empezaba a ver, lo que no contribuía a mi tranquilidad.
Antes de despegar aproveché una escapada al baño para cambiar mis vaqueros por unas reducidas bermudas que al sentarme descubrían mis muslos casi hasta la ingle. Dejar el jersey en la mochila que llevaba como equipaje de mano. Había visto en mi móvil la temperatura que hacía en nuestro destino. Además me puse una camiseta de tirantes con un buen escote en el pecho y las axilas, con lo que lucía casi todo mi cuerpo.
En esos estrechos asientos ya estábamos muy pegados y eso que íbamos en primera. Ya en el avión se puso tierno y cariñoso lo que en realidad no me disgustaba en absoluto. Ya que había admirado su cuerpo en mas de una ocasión, al volver con mi padre del gym, de nadar o de hacer joggin. Notar su mano con confianza rozándome el brazo o apoyada en mi hombro o espalda no me enfadaba. Más bien al contrario, me ponía caliente.
Iniciamos la ascensión y dejó descansar su mano en mi rodilla desnuda. Podría ser para darme confianza, era mi primer vuelo. Pero sus dedos calientes acariciaban mi piel con suavidad. Y yo me dejaba y le sonreía como si no me diera cuenta de ello. Tan excitado por estar por fin a bordo de un avión como por su compañía.
Él en cambio se había subido al avión con su traje. Lo que no me dejaba muchas opciones para acariciarlo. Aún así siempre me las apañaba para apoyar la mano sobre su muslo o su brazo. Así podía notar la firmeza de sus músculos. Al terminar el ascenso y soltar los cinturones de seguridad, le dije:
- ¿Por qué no te pones algo más cómodo?. Todo el viaje así vas a ir incómodo. Y a arrugar el traje.
- De acuerdo, pero creo que no me he traído nada tan sexy como lo que llevas tú.
-Esto no es nada sexy, es solamente algo cómodo para el avión.
Cogió su bolso de mano y se fue al baño. Al salir llevaba unos vaqueros raídos que le sentaban de fábula y una camiseta qué marcaba su torso de maravilla. En ese momento pensé que no me hacía falta ligar con nadie, que ya llevaba el ligue desde aquí.
Pasé una mano por su pecho rozando los pezones y le dije:
- Así estás mucho mejor. Más relajado. Por cierto tendrás que aclararme el rollito que os traéis mi padre y tú. Ahora que estamos solos podrás contarme los detalles.
-¿Tu padre no te ha dicho nada?
- Claro que no, y menos estando mi madre al loro.
- Si nos guardas el secreto te lo contaré todo.
Me sonrío y seguimos el resto del viaje con caricias disimuladas. Ya en nuestro destino, al salir del aeropuerto se veía el cambio de ambiente de nuestro país natal a allí. Las parejas, la gente, se trataba de una forma completamente distinta. La muestras de cariño que se brindaban eran completamente naturales y no solo entre parejas heterosexuales. A veces eran dos chicos, o chicas o incluso grupos.
Besos y caricias, calurosos abrazos, no era raro. Gente que llegaba o se iba a veces por meses así que los reencuentros y las despedidas eran muy calurosos. Pero justo a nuestro lado dos chicas con muy poca ropa encima que acababan de encontrarse empezaron a comerse la boca. Lo hacían de forma completamente sensual excitando a todo el que estaba alrededor.
Nada más cruzar la puerta giratoria de la terminal Mario me cogió de la cintura de forma natural. Como si no quisiera perder mente la multitud. Yo no solamente me dejé sino que además me acerque mucho más a él. Recogimos las maletas y un taxi nos llevó hasta el hotel. Mario había tenido la precaución de coger una sola habitación, eso sí enorme. Con una cama aún más grande que las que hubiera visto yo en toda mi vida, creo que era más grande que mi habitación en casa. Todavía no sé si lo hizo adrede. Pero admito que me gusto el descaro.
- No te importará que durmamos juntos.
- Para nada. Ahí hay sitio de sobra.
-¿ Qué hacemos ahora?
- Podemos bajar a la piscina o descansar un rato. Lo que prefieras.
- Me gustaría bajar a la piscina y ver el ambiente. Mario, ¿Te habrás traído el bañador speedo que usas para nadar con mi padre en la piscina?. Yo también tengo uno de esos.
- Por supuesto, creo que por aquí solo usan de ese tipo.
Salí a contemplar el panorama desde la enorme terraza y sin mas problemas empecé a desnudarme allí. Me daba igual que alguien me viera desde alguno de los otros edificios. Al fin y al cabo allí no me conocía nadie. Tiré las pocas prendas a una tumbona y completamente desnudo empecé a buscar en la maleta uno de mis pequeños bañadores.
Sabía que él me fue miraba, me devoraba, pero me hice el despistado. Y lo hacía adrede. Me agaché buscando en la mochila con lo que mi culo quedaba perfectamente ante sus ojos. Deseaba que él lo mirara, que lo viera y deseara. Entonces sin perder mi trasero de vista él empezó a desnudarse. Lo miraba de reojo apreciando lo cuidado que estaba sus músculos marcados y su vientre plano.
Cuando se bajó el boxer ajustado no pude hacer otra cosa más que quedarme mirando su polla. Era la primera que veía al vivo, no en una pantalla de ordenador, léase porno y me gustó. Sin un solo pelo colgaba entre sus muslos como desafiándome a acariciarla. Según me miraba la polla empezaba a coger algo de horizontalidad. Se notaba la exitacion corriendo entre los dos, como una corriente de energía.
Pero no se lo iba a poner tan fácil. No me iba a ponerme a follar con él nada más llegar a la habitación del hotel. Solo con los bañadores y las toallas al hombro bajamos a la piscina. Los cuerpos casi desnudos y perfectos se exhibían alrededor del charco. Chicos y chicas exhibiéndose sin complejos.
Mario tenía algunas reuniones el día siguiente y yo necesitaba algo para entretenerme durante ese tiempo. La piscina parecía un buen lugar o dar una vuelta alrededor del hotel y empezar a reconocer la ciudad. También podía ir a la playa que no estaba demasiado lejos y seguro que los cuerpos estarían aún más desnudos que en la piscina del hotel. Todas eran buenas opciones que dejaría para para el día siguiente.
Nadé un rato, tomamos el sol y contemplamos a los a los demás. Que tampoco llevaban mucha ropa. Los bikinis las chicas solo tapaban sus pezones y apenas el pubis. La mayoría de los hombres solo llevaba speedos aún más pequeños que los nuestros. Y todos miraban alrededor, se deseaban e intentaban buscar oportunidades para ligar. Un par de chicas estuvieron tonteando con nosotros mientras Mario les pagaba algunas copas.
De vez en cuando Mario pasaba la mano con disimulo por mi espalda, lo qué me hacía recordar con quién estaba en realidad allí. Y lo que pensaba hacer esa noche con él. Todo ello contribuía a mantener mi polla si no dura al menos morcillona. Y el rabo de Mario se mantenía más o menos igual.
En elrestaurante del hotel se permitía estar en bañador y la cena fue agradable y excitante a la vez. Nuestras rodillas desnudas se tocaban por debajo de la mesa. Y como en todas partes en aquel país la gente se miraba, se deseaba y en muchos casos se conseguía.
Entre bocado y bocado notaba la mano de Mario acariciando mi muslo, mi espalda o mi vientre. Y entonces es cuando yo empecé a corresponder y tocar su piel suave y depilada. Mi mano trepaba cada vez más por su pierna acercándose al bulto del bañador. O la posaba en su brazo acariciando su bíceps con confianza. A cada gesto mío el correspondía con la sonrisa e incluso un gemido muy quedo alguna vez.
Nos tomamos alguna copa en el bar. La anticipación aumentaba la excitación y el calor que sentía. Por fin subimos a la habitación. Parecía que por allí nadie se molestaba en vestirse y nosotros seguíamos en bañador. En el ascensor nos mirábamos a los ojos y casi podía sentir su deseo. Estaba muy alagado. Casi sin cerrar la puerta me cogió de la cintura y me besó. Abrí los labios de inmediato. Mi lengua buscó la suya, estaba ansioso por probar su saliva.
Mis manos duros directas a por su culo. Me agarré a sus nalgas por debajo del bañador. Cuando separamos los labios completamente desatado pasé la lengua por su cuello, barbilla y oreja. Para entonces sus manos ya me estaban librando de lo poco que tapaba mi cuerpo. Mi polla durísima saltó atrapada entre nuestros vientres. Y yo notaba la suya contra mis muslos.
Mario había empezado a lamer mi hombro y bajar por mi pecho para mordisquear mis pezones. Su saliva en mi piel me quemaba tanto como mi propio deseo. Aún no habíamos llegado a la cama y estaba lamiendo mis axilas. Mis gemidos llenaban la habitación y mira que era grande.
Sin dejar de lamernos, besarnos y acariciarnos nos fuimos acercando a la cama. Los bañadores en el suelo, en medio de la habitación. Caí en la cama boca abajo y él encima. Lamía mi cuello, la nuca y yo tenía todo el vello de esa zona erizado. Su polla dura en vertical entre mis nalgas. Se movía despacio pajeándose en mi culo. Sin separar los labios y lengua de mi piel empezó a bajar por mi espalda.
Estaba caliente como un horno y a cada segundo que pasaba aún más. Le dejaba hacer disfrutando, ya llegaría mi momento de explorar el cuerpo de Mario. Notaba su saliva resbalando por mi columna, la lengua en mis omóplatos o por encima de mis riñones. Se acercaba al culo. Me daba mordisquitos en las nalgas dándome tanto placer como haciéndome cosquillas. Las separó con sus fuertes manos dejando por fin mi oscuro objeto del deseo ante sus ojos.
Un fuerte gemido de escapó de mis labios cuando pasó la lengua de abajo arriba por toda la raja. Se puso a jugar con el ano clavando la lengua. Pero no estuvo mucho tiempo ahí. Igual que la tarde que habíamos pasado tocándonos furtivamente hacia aumentado la excitación. Decidió hacerme esperar, lamió mis huevos y empezó a bajar por la parte de atrás de los muslos.
Hasta llegar a mis pies, más cosquillas cuando paso la lengua por toda la planta. Cuando me chupó los dedos uno a uno pensaba que nunca volvería a sentir nada igual. Pasó la lengua entre ellos haciéndome suspirar. Me giré boca arriba para que pudiera seguir dándome placer con sus manos y caricias, besos y lamidas. Mirándonos a los ojos con lascivas miradas esta vez, empezó a subir por mis piernas sin separar la lengua de mi piel.
Llegó a mi rabo que apuntaba al techo duro como el palo mayor un velero e igual de vertical. Se metió los huevos en la boca, subió con la lengua pegada al tronco. Hasta que se metió el glande en la boca sin dejar de mirarme. Tener a ese hombre entre mis muslos comiéndome la polla, con toda la suma de sensaciones anteriores fue algo superior a mis fuerzas y me corrí. No me dio tiempo a avisarle pero eso no fue importante.
Se incorporó con la boca llena de mi lefa para besarme y jugar con ese jugo y las salivas entre nuestras lenguas. Me estaba encantando saborear mi semen mezclado con sus babas. Mi rabo empezó a perder consistencia mientras el suyo seguía bien duro apresado contra mi vientre. Me preguntó:
- ¿Quieres comerla? o ¿prefieres que te folle?
No me lo pensé ni un segundo.
- Tenemos toda la noche y todas las vacaciones para follar. ¿podré hacerlo yo?.
- Desde luego. Quiero es bonita polla en mi culo.
- Entonces quiero saborear la tuya. Aprender a hacer una buena mamada.
Se tumbó a mi lado boca arriba.
- Toda tuya.
Aparte de la mía propia era la primera que tocaba y sosteniendola con la mano empecé admirándola. La acariciaba con suavidad descubriendo todos sus detalles. Forma, la suavidad de su piel, su dureza, el color morado del glande. Por fin me decidí a usar la lengua y chuparla como su fuera un polo helado, empezando por los huevos que me atreví a meterme en la boca.
Besar el glande antes de metérmelo en la boca. Intentaba tener cuidado con los dientes y al no ver muecas de dolor pensaba que lo estaba consiguiendo. No tuvo que darme muchos consejos, al fin y al cabo había visto mucho porno y me había fijado en como me lo había hecho él a mí.
Para cuando se corrió en mi boca, no pensaba perderme ese momento por nada del mundo, mi polla ya se había recuperado. Me había gustado saborear mi semen de su lengua, así que hice lo mismo. Lo retuve en la boca y lo besé con toda la lascivia de que fui capaz. Lo dejé caer desde unos centímetros de altura a su boca abierta y estuvimos jugando un rato con las lenguas.
En ese momento Mario echo mano a mis nalgas abriéndolas y dejando al alcance de sus dedos el ano. Jugando, metió el índice en mi boca para ensalívarlo y empezar a dilatarme.
-¿Quieres que te folle?
- Desde luego, no voy a perdérmelo. Pero ten cuidado soy virgen.
Me hubiera gustado saborear más de su cuerpo. Lamerlo enterito. Pero también tenía ganas de probar ese rabo por mi culo.
-Siéntate sobre mi cara, quiero volver a cometerlo.
Hice como me indicaba, con cuidado de no aplastarlo aunque él me sujetaba de las nalgas con sus fuertes manos. De la huevos a la espalda parecía que notaba su lengua y la saliva por todas partes. Poca más dilatación necesitaría pero Mario empezó a añadir dedos en el ano. Más cachondo no podría estar. Él había tenido la precaución de buscar el lubricante en la maleta. Me dio la impresión de que había traído de sobra, pero yo pensaba hartado todo esos días.
-Ahora ponte tú a caballito y así lo controlas sin que te duela. Ve penetrandote despacio y paras cuando te moleste.
Podía seguir esas indicaciones. Me puse sobre su cadera y fui guiando su durísimo rabo hasta colocar el glande a la entrada e mi culo. Luego no tuve más que ir bajando despacio. Lo notaba abrirme pero no me dolió demasiado. Tardé un poco en llegar abajo hasta dejar descansar mis huevos sobre su pubis. Ahí paré a descansar un minuto mientras él me acariciaba el pene y los testículos y yo le pellizcaba los pezones.
Empecé a moverme, despacio, sin prisa. Notando cada penetración, cada subía y bajada con un escalofrío que me recorría la espalda hasta la nuca. Con nuestros gemidos que debían oírse en las habitaciones vecinas. Ya no paré hasta que se corrió dentro de mi, llenando el recto de lefa.
Mario también gritó con su orgasmo. Caí rendido entre sus brazos que me recibieron encantados. Nuestras sonrisas y miradas lascivas lo decían todo en ese momento. Su polla fue saliendo despacio y sola de mi culo del que rezumaba el semen. Lo acariciaba con un dedo recogiendo parte de lo que salía y poniéndolo entre nuestras bocas para que lo chupáramos en nuestros besos.
Nos fuimos tranquilizando, calmando las respiraciones alteradas. Relajados y abrazados nos fuimos quedando dormidos. Esperando renovar esos placeres por la mañana antes de sus reuniones.
Las vacaciones habían empezado muy bien. Esperaba continuarla en esa línea y follar todo lo posible. Después de esa noche tenía mucho más clara su relación con mi padre. sin necesidad de que él me diera más detalles.
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miércoles, 28 de abril de 2021
Halcón Millonario
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En el Halcón Millonario no hay mucha intimidad. Es una nave estrecha y vieja y se necesita casi todo el espacio disponible para la carga, claro. Así que llevar pasajeros es un incordio. Ya es bastante sacar pelos de Cookie del desagüe de la ducha. Como si el resto de los sistemas no se estuvieran cayendo a pedazos.
Así que le vendrían bien el montón de créditos que el guapo chaval y el viejo le ofrecían por el viaje. Y es que Man no le hacia ascos a un culo bonito y a una cara guapa fueran de quien fueran.
Pero con el viejo brujo siempre encima del chico y al asomarse alguna vez al camarote comprobó que esto era literal, no había forma de hacer una aproximación. Y encima los dos malditos robots siempre en el medio, estúpidos cotillas mecánicos.
El contrabandista estaba deseando sentar al joven en sus rodillas para enseñarle a pilotar la vieja nave. Pero empezaba a pensar que tendría que seguir sentándose él sobre los poderosos muslos peludos de su copiloto. Las cosas se complicaron aún más después de escapar por los pelos de la horrorosa estación de batalla imperial. Por lo menos se habían librado del viejo y lo habían cambiado por la pizpireta morena. Una gran mejora estética a juzgar por los cánones de Man.
La tensión del combate y la adrenalina se disipan despacio mientras la morenita se paseaba por el poco espacio disponible rozando sus tetitas puntiagudas apenas cubiertas por el vestido blanco de gasa semitransparente con todo el mundo. Man sabe que en algún cajón hay guardado un bikini de chapa, ganado en alguna timba a un alienígena que le quedaría de maravilla. El cookie la admiraba con la estolidez propia de su especie. Los dos hombres babeaban tras su estela y los robots perdían aceite.
Mientras el piloto se ponía nervioso al ver la sensual y escasa lencería de encaje secándose en los conductos del hiperimpulsor. El tanga blanco y el sujetador cristalino apenas tapaban los duros pezones y el culito respingón bajo la gasa del vestido. Y esos días ni siquiera los llevaba. En el estrecho corredor que lleva a la cabina la princesa le pasa al muchacho las nalgas por la polla que al instante responde poniéndose muy dura a la vez que su cara toma un tono grana. Lo provoca descarada pero el muchacho tiene una experiencia limitada. Hasta ese momento solo había follado con su mentor y ese acoso lo agobia.
El contrabandista se levanta en ese momento del sillón de piloto encontrándose con su ruborizado y casi virgen pasajero en el estrecho corredor. Menos mal que están en el hiperespacio y no hace falta manejar los controles, basta con computar la trayectoria. Bueno, casi virgen con mujeres, por que el viejo bien que le daba candela en cuanto hacían un descanso en los entrenamientos.
Aprovechó el momento, la oportunidad la pintan calva, y echó mano a su bragueta agarrando por encima de la tela vestuario blanca el duro pene de su pasajero. Que se puso aun mas duro con un jadeo de sorpresa. A su alrededor la vieja nave crujía, vibraba, resoplaba y hacia extraños ruidos como el robot sexual de una ninfómana.
Lesa miraba la escena con cara de morbo, mientras Kike agarraba a Man por el cuello y le clavaba la lengua hasta la garganta. Lo hacía con ansias de virgen cachondo buscando la saliva del piloto. La chica seguía contemplando a los dos chicos que se sobaban mientras levantaba despacio la parte de delante de su falda descubriendo sus torneados y bellos muslos y al fin su perfectamente depilado pubis. Una princesa siempre debe estar preparada para todo. Los dos androides también miraban la escena encajados bajo el afuste del cañón láser de babor. No podían hacer mucho ruido o se delatarían como mirones.
Empezó a acariciar los labios de su vulva con suavidad. Man devolvió el beso jugando con la lengua del rubio. A la vez bajaba sus mallas blancas desnudando el rabo y el culito duro. Los dedos de la chica se introducían el su vulva o se deslizaban por sus labios. Estaba muy excitada por el bello espectáculo que contemplaba. La otra mano amasaba una de sus tetas por encima del trasparente vestido blanco pellizcando el duro pezón. Sin perder detalle del espectáculo que le daban los dos hombres.
El piloto acariciaba con suavidad la polla de su pasajero cada vez mas dura mientras la saliva de ambos resbalaba por sus barbillas a la ropa que aún les cubría. El rubio echando un vistazo a la princesa dejó de perder el tiempo y le arrancó la ropa a Man. Empezó por el chaleco que siempre llevaba y que al muchacho le oscura horrible. Y todo eso en medio del pasillo que lleva al puente, entre el hipermotor y el replicador de comida, no se han molestado en buscar un camarote. Abrió la camisa blanca. Se inclinó a lamer y mordisquear sus pezones oscuros en el pecho depilado, agarrando con las dos manos el culo del dueño de la nave.
Amasando sus nalgas, las abría suave pero firme buscando con el índice el agujero del ano. Kike tenía suficiente experiencia con hombres como para saber lo que les gustaba. Un gemido se le escapó al piloto cuando lo encontró. Ya tenia dos dedos dentro del culo prieto del piloto cuando se arrodilló ante él para pasar la lengua por sus huevos y tronco duro arriba hasta el glande. Apoyando la espalda en el hipermotor cuando se metió el tanga de la princesa en la boca para ahogar sus gemidos.
Ya lleva días cachondo por la presencia de sus dos bellos pasajeros. Así que al poco notó como el semen subida por su polla hasta la ansiada lengua del rubito donde quedo depositada y notando aun dos de los dedos de este clavados en su culo. Kike se incorporó mirando a la princesa que se acercaba a ellos sinuosa y con mirada lasciva. Para juntar sus labios con los del chico y buscar con la lengua dentro de la boca de este los restos del semen del piloto.
Se unen los tres en un lascivo beso cruzando las leguas y compartiendo la abundante corrida los dos chicos deslizaban sus manos por el duro culo de la princesa. Man por fin se decidió a abandonar el compartimento del hipermotor y llevarles a su camarote para seguir la fiesta en un sitio mas cómodo y donde el cookie pudiera verles y masturbarse.
El único lugar así era su camarote con una cama enorme necesaria para acomodar la enorme masa de Chicuacua. Así podrá albergar la pequeña orgía. Ya han perdido la mitad de la ropa por los corredores de la nave. Y los dos hombres terminan de arrancársela al cruzar la escotilla de acceso. La princesa entra tras ellos ya sin el vestido, solo con sus tacones altísimos y se acerca a la cama. El enorme cuerpo del cookie ocupa la escotilla al completo así que los robots no tienen más remedio que conectarse al sistema de vigilancia para ver la escena.
La princesa se tumba boca arriba y empieza a acariciarse ella misma provocando a los chicos. Sus manos recorren los durísimos pechos, el vientre plano bajando despacio hacia el pubis. Pero no pueden llegar allí. El sitio ya está ocupado por dos bocas que la comen cruzando las lenguas sobre el clítoris. Sus pollas vuelven a estar durísimas al fin y al cabo en una galaxia muy muy lejana a los hombres las erecciónes les duran horas.
Chicuacua pajea despacio su enorme garrote mirando el espectáculo pero sin intervenir. Es capaz de controlarse y dejar a la demás los papeles protagonistas en la escena. Los chicos están haciendo correrse a la princesa una y otra vez y solo usando sus lenguas.
Pero se deciden a cambiar de postura. Man se acuesta boca arriba en la cama. Lesa se le sube encima para meterse la polla del piloto en el coño. Kike con su experiencia con hombres es el ideal para perforar el culito de la realeza. Empieza lamiéndolo para lubricarlo. Con su lengua no sólo alcanza el ano de la chica también los huevos del capitán. Y se sube sobre los dos para penetrar despacio pero firme el ano que se le ofrece.
No les cuesta sincronizarse y se mueven despacio para no perder ritmo. Pero el placer que sienten, el sexo que comparten hace que giman, que suspiren, hasta babean rociando a los demás de saliva. La princesa de corre incansable teniendo las dos pollas dentro. Dos bocas besándola con sus lenguas lamiendo su piel.
Al final los dos hombres se corren en su interior llenándola de semen. Otra enorme ducha del mismo elixir les llega desde la escotilla donde el cookie se corre sin parar lanzando gigantescos chorros de lefa sobre los tres cuerpos de la cama. En el puesto de seguridad del puente los androides han dejado un enorme charco de aceite en el suelo.
El viaje en busca de la rebelión sigue de forma igual de placentera, aunque se descubre que el rubito y la princesa no es que sean hermanos, es que son mellizos. Que su padre es uno de los malos malosos y que los persigue para follárselos. Casi nadie sabe qué la espada que el viejo le dio a Kike en realidad es una gran forma fálica para dar placer a todo el mundo.
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domingo, 18 de abril de 2021
Fontanero
Me abrió un chico como de unos veinte años. Apenas vestido con un pantalón de deporte blanco tan fino, corto, y ajustado que marcaba una polla preciosa. Además del resto de su cuerpo delgado con músculos finos, bronceado y guapo a rabiar. Moreno con el otro corto y unos preciosos ojos azules.
No pude dejar de admirarlo de abajo arriba aunque él me sometía al mismo escrutinio. Mis piernas musculosas saliendo de un vaquero recortado y mis brazos fuertes de una camiseta de tirantes. El vientre plano como una tabla de lavar, mi pecho de barril y mi cara, hasta mis ojos azules clavados en los suyos pardos y en su cuerpo fibrado.
-¡hola!. Creo que tenían un aviso. Un desagüe.
-¡Ah! Si, ven por aquí.
Con la caja de herramientas en la mano lo seguí sin perder de vista sus prietas nalgas moviéndose armoniosamente mientras caminaba.
Me condujo hasta un enorme y sibarítico baño con jacuzzi incluido. Un desagüe atascado no planteaba mayores dificultades pero me gustaba la compañía y me lo tomé con calma. Parecía que estábamos solos en la casa y el chico se quedó conmigo sentado en un inodoro y charlando.
Se presentó como Marcos y yo le di mi nombre estrechándonos la mano un momento mas largo del necesario, pero placentero para ambos.
Conseguí sonsacarle que efectivamente estamos solos.
En un descuido al aflojar una junta conseguí empaparme la camiseta evidentemente adrede. Tengo el suficiente dominio de mi oficio como para que esas cosas no me pasen por accidente.
-¡ups!
Aunque con la temperatura reinante no había ningún problema por estar calado él me dijo que me sacara la camiseta para no resfriarme. Así de todas formas simplemente quedaríamos vestidos iguales.
Así que la agarré, me la saqué por la cabeza y la dejé sobre el lavabo. Pasando cerca de él en el proceso y secándome con ella el pecho y la cara. Luciéndome todo lo que podía.
-¿Vas al gym?
Me preguntó.
-no, solo trabajo duro, tu si que parece que te machacas bastante.
-bueno hago lo posible, normalmente prefiero nadar, pero para no hacer ejercicio tu tienes un buen cuerpo.
Diciendo esto mientras doblaba un brazo para probar el bíceps.
-¿Puedo tocar?
-pues claro.
Así que pasé una mano por su brazo medio acariciando, medio apretando. El puso su mano en mis abdominales siguiendo sus formas marcadas.
-estos los tienes bien.
-gracias, pero debería volver al trabajo, el placer para después.
- Eso espero.
Sonriéndole. En una difícil postura bajo el lavabo, le pedí que me alcanzará una herramienta. A lo que accedió de inmediato rozando mis dedos con los suyos al entregármela.
El tacto fue suave, casi sedoso.
Al poco rato me ofreció un refresco y casi de inmediato regresó con dos latas en la mano. Al tenderme una volvimos a rozarnos. La suya debía estar agitada pues al abrirla la presión hizo saltar el líquido sobre los dos volviendo a empaparnos. Nos reímos al volver a estar empapados.
El pasó la mano por su pecho extendiendo el dulce refresco por su piel bronceada y luego se llevó un dedo a los labios para lamerlo.
La situación era morbosa a tope. Le pregunté:
-¿Puedo?
Y yo también pasé un dedo por su pecho, muy cerca del pezón y luego me lo llevé a los labios, una vez rota la barrera, él cogió mi mano entre las suyas y se llevó ese mismo dedo a su boca lamiéndolo y jugando con él.
Me acerqué mas a él, puse una mano en su cintura sobre su piel y quitando mi otra mano de su cara busqué su lengua con la mía. Durante unos segundos largos juguetearon amistosas para meterse en la boca del otro. Noté su lengua recorriendo mis dientes y yo clavé la mía lo mas dentro que alcanzaba.
Yo estaba sudado, él pringoso de refresco y el jacuzzi parecía que nos llamaba. Así que bajé su pantalón de deporte hasta los tobillos y con un leve azotito en su duro culo, le dije:
-¡Ala!, a la ducha.
Se giró mostrándome el culo bronceado del todo. Le solté un segundo suave azote a la vez que lo seguía hasta allí. Mientras se llenaba de agua con él sentado en el borde se puso a terminar de desnudarme. Yo de pie frente a él.
Abrió mi vaquero y lo bajó despacio acariciando mis muslos en el proceso. Lo dejó caer y me libré de él de una patada a la vez que de mis sandalias.
En el ajustado bóxer que llevaba se marcaba mi polla bien dura colocada hacia mi derecha. Lo contempló un momento y por fin sin que usara las manos, con los dientes agarró la goma de la prenda y la libero de su prisión. El gayumbo quedó justo bajo mi culo duro. Acercó la cara y aspiró fuerte por la nariz.
-huele a macho, a sudor.
-tu hueles de maravilla y me incliné a besarlo.
Levantó la cabeza y según me inclinaba veía entre sus muslos su polla apuntándome directamente a la cara. No pude resistirlo y mientras nuestros labios volvían a juntarse, estiré la mano y me hice con ella. Acariciándola con mucha suavidad, los huevos suaves todo bien depilado. En realidad estaba depilado del todo y su piel era tan suave como si lo hubiera hecho un rato antes.
Poco más tardó en desnudarme del todo, sacando mi calzoncillo por los pies y dedicarse a acariciarme a mí como yo lo estaba haciendo con él. Descubrió que yo también me depilo pero me había dejado una tira justo encima del rabo. Por fin pudimos meternos en el agua. Seguimos acariciándonos esta vez recorriendo nuestras pieles húmedas con gel de baño. Dándonos lengua y cruzando las pollas duras. No podía dejar de acariciar su culo y meter un dedo con el gel y el agua en el ano.
Primero uno, luego dos, cada vez que lo metía él casi me mordía los labios o la lengua. Se me giró dándome la espalda y dejándome el culo bien cerca. Lamía su nuca mientras seguía dilatando su ano con mis dedos.
Bien limpito me alcanzó el aceite de baño y eché un buen chorro en su espalda dejando que resbalara por su columna y metiéndose sólo entre sus nalgas donde mis dedos lo repasaban por el ano.
Él lubricó mi polla con sus manos tiernamente casi sin girarse, solo echando aceite. Y pasando una mano entre sus muslos tiraba de mi rabo conduciéndolo, guiando y apoyando el glande en la entrada que había estado dilatando con cuidado.
Empujé suave, no quería dañarlo y suavemente y sin parar se fue clavando hasta los huevos hasta que sentí la suave piel de sus nalgas apoyada en la zona depilada de mis muslos. Los dos lanzamos a la vez un grito de placer.
En ese inoportuno momento se abrió la puerta de repente. El grito debió haberla alertado. Entra una chica en tanga y una corta camiseta. Muy bonita, y muy parecida al chico que yo tenía entre mis brazos. Su negra melena le llega justo a la pezones, marcados en la fina tela de la prenda, y sus preciosos ojos azules nos miran con deseo y vicio. diciendo:
-Hola hermanito. Me parece muy mal que diviertas solo.
- No me habías dicho que teníamos una compañía tan agradable.
-¿Me vais a reñir los dos? Silvia, Únete y deja de decir bobadas.
Según se acercaba al jacuzzi se fue sacando la camiseta con lo que pude ver sus durísimas pero no muy grandes tetas. Al llegar a nuestro lado agarró la polla de Marcos apartando la mano que yo tenía allí y me dio un morreo de campeonato. Un beso guarro con mucha lengua que igualó a los que me había dado su hermano.
Con la mano que había apartado del duro nabo tiré del tanguita de la belleza para intentar sacárselo. Pero la prenda era tan endeble que me quedé con ella entre los dedos. Me limité a arrojarlo al suelo y poner esos dedos en su vulva que parecía un horno. Suave, húmeda y muy muy caliente. Nuestra saliva resbalaba hasta la espalda de Marcos al que seguía teniendo empalado.
Pero ya no podía parar, tenía que correrme, tenía que dejar mi lefa en ese culito tan duro. Silvia demostró se tan morbosa como cualquiera de los dos. Según la sacaba de tan acogedora gruta se arrodilló entre los dos y separando las nalgas de su hermano con las manos empezó a comerle el ano y lamer mi semen que rezumaba. Acariciaba a la vez los huevos del chico para no dejar que perdiera la importante erección que llevaba.
Nunca me hubiera imaginado tan incestuo proceder, pro ahí estaba ante mis ojos. Marcos fue el que se hizo cargo de mi polla, aprovechando que estábamos en el agua le dió un lavado rápido y se la metió en la boca para terminar de exprimirla. Como él aún la tenía dura Sonia quería su ración.
- Vamos hermanito ahora me tendrás que follar tú.
Es toda una organizadora, hizo sentar a su hermano en el escalón de la bañera y ella se le subió encima. ¿Adivináis donde me puso a mí? pues entre los dos de pie. Mientras ella me daba una de lar mejores mamadas de mi vida chupando mis huevos y toda la polla Marcos de dedicaba a lamer mi culo y follármelo con dos de sus deditos lubricados con el mismo aceite de baño que antes había pasado por mi rabo. Como se movían despacio y con ternura coordinando sus movimientos con la sabiduría de la costumbre ninguno de los dos perdía ritmo en mi cuerpo. Hasta conseguían besarse y rozar sus lenguas bajo mi perinneo.
Entre los dos consiguieron no sólo que se me volviera a poner dura sino que terminé corriendome en la boquita tragona de Sonia. Como su hermano era el que estaba más cerca fue el primero con el que compartió mi leche. Pero yo llegué a tiempo de mezclar mi lengua con las suyas en un lascivo beso donde las salivas y los restos de mi semen pasaban de boca en boca. Para entonces ellos también se habían corrido, Marcos dentro del coño de Sonia.
Y también para entonces yo tenía que continuar mi faena atendiendo el siguiente aviso que no sería ni de lejos tan placentero como el rato compartido con los dos hermanitos. Me quedé con las ganas de probar el xoxito de Sonia o su culito, ese día. Lo dejamos para una futura ocasión pues desde luego que pensaba repetir con ellos. Hacerlo con más tranquilidad y puede que hasta en una cama y su pudiera meter a mi novia ya sería una locura.
sábado, 17 de abril de 2021
En la carretera
Una carretera solitaria
Una carretera solitaria y un coche con las luces de avería, una figura que hacia señas y yo como un buen samaritano me paré delante del vehículo en problemas casi sin pensarlo. Era verano y la noche era muy calurosa, ni con las ventanillas bajadas podía evitar el sudor en la espalda. El conductor del otro coche era muy joven, unos 18 años, muy guapo y agobiado, le dejé llamar a su familia desde mi móvil y ante la imposibilidad de hacer nada con su vehículo me ofrecí a acercarlo hasta el próximo hotel en la carretera, e incluso a pagar su habitación dinero qué me habrían de reintegrar sus padres. En el motel solo quedaba una habitación y decidimos compartirla y resultó que solo tenía una cama de matrimonio, así que agotados como estábamos nos quedamos en ropa interior para acostarnos.
Él quedó asombrado ante mi tanga, prenda que solo había visto en chicas. Me preguntó si no me molestaba en el culo, si era cómodo. Yo estoy bastante bien, me curro en un gimnasio y me gusta comerme un culito joven y el allí ante mí con su slip blanco, viva imagen de la inocencia, me apetecía, tras responder a sus preguntas y hacer un par de posturitas para que pudiera apreciar las excelencias y lo sugestivo de la prenda. Me lo quité se lo pasé y le dije pruébate lo, Tenia alguno limpio en la bolsa de viaje pero me gustaría verlo con el mío puesto aún húmedo con mi sudor, caliente de mi piel. Y aún mas ver cómo se quitaba su slip, Juan decidido se lo bajó y lo dejó sobre la cama de donde cogió el mío.
Difícil se me hizo en ese momento no lanzarme a por su rabo para metérmelo en la boca pero desnudo como estaba me tumbé encima de las mantas para disfrutar del espectáculo. Sin ningún complejo se lo puso, metió la mano dentro para acomodar su polla y huevos y supongo que sin darse cuenta que detrás tenía un espejo que me daba una preciosa vista de su culo, se abrió las nalgas con las manos para que el cordón se metiera en su raja. A mí que estaba ardiendo de deseo se me estaba empezando a poner dura y abrí las piernas ligeramente dobladas para que él pudiera apreciar el efecto que estaba causando en mí. Le anime a moverse, andar agacharse, y para que pudiera comprobar si le resultaba agradable, dio unos pasos dobló las rodillas, se agachó, se acarició los genitales por encima de la licra. ¿Y bien que te parece? Fantástico, creo que me gusta, me miró con picardía y vio mi polla dura y creo que a ti también. De pronto se puso serio y me dijo que le caía muy bien que era muy simpático pero que a él le gustaban las chicas,
En la situación en que estábamos, la declaración parecía una falsedad pero tenía que permitirle conservar su orgullo. Así que le contesté, mientras me llevaba sus calzoncillos a la nariz para aspirar su aroma de machito que a mí también me gustaban pero que el sexo entre chicos es fantástico, pero que si no quería no teníamos que hacer nada excepto dormir. Me levanté, me acerqué a él y le pregunté por el tanga, metí un dedo entre la tira de la cintura y su muslo, preguntándole si no le iba muy prieto, le acaricié con el dorso de mis dedos un pezón, notando que lo tenia duro y erizado, y él no trató de separarse, su respiración se aceleró. Con el dedo del elástico tiré ligeramente y fui desplazándolo hacia su culo donde enganchó la goma vertical y bajó hasta sus gloriosas nalgas, parecía paralizado y yo me decidí extendí la mano y le agarre el culo acercándolo a mí.
Hasta que nuestros pechos se juntaron y mi pene duro ya rozaba mi tanga bajo el que notaba otra dureza muy similar. Apoyando su cabeza en mi hombro y rindiéndose me dijo: por favor no me penetres. Me separé un poco le cogí la barbilla y deposité un suave beso en sus labios y mirándole a los ojos le prometí no hacerlo, pero a la vez le dije que iba a pasarlo de miedo. Volví a abrazarlo juntándolo a mi cuerpo y besándolo. Esta vez de forma profunda explorando su boca con mi lengua sus dientes y su lengua juguetona se unió a la mía. Acaricié su sudada espalda bajando hacia su culo y cogiendo sus nalgas en mis manos lo apreté a mí. Deslizando mis labios por su cuello hacia su oído le dije: vamos al baño necesitamos una ducha. La bañera era algo sibarítico, una enorme bañera rectangular capaz para tres o cuatro personas cómodamente instaladas. Todo un descubrimiento que me hubiera dado rabia desperdiciar si hubiera estado solo. Afortunadamente la agradable compañía entró en la bañera delante de mí vi como sus piernas fuertes pasaban el borde separando un poco los músculos de los glúteos entre los que aun estaba el elástico de mi tanga.
Mientras el agua resbalaba desde la ducha sobre nuestros cuerpos empezando a llenar la pequeña piscina volví a abrazarlo y besarlo y por fin conseguí agarrar su polla metiendo la mano por dentro de la tela. Él se decidió por fin a tocarme y recorrió mi pecho con sus manos mientras me acariciaba los pezones entre el pulgar y el índice. Le bajé el tanga y se lo quité y por fin nuestras pollas desnudas se unieron duras y triunfantes aplastadas entre nuestros vientres. Me senté y lo senté entre mis piernas dándome la espalda. Le di un suave masaje con el champú librando los hombros y espalda de la tensión acumulada en la noche. Mi polla dura colocada entre sus nalgas se movía sola mientras mis manos enjabonaban y acariciaban dulcemente la suya, besaba sus hombros y nuca y le acariciaba el pecho y los hombros.
Él giró la cabeza hacia mí para decirme que era maravilloso y que estaba disfrutando y para darme su lengua extendida que aproveche para besar y comer. Le dije que se pusiera de pie despacio y fui lamiendo su espalda, besando sus omóplatos, y recorriendo con mi lengua la línea de su columna, bajando por ella hasta su culo separando sus nalgas y lamí su ano mientras le agarraba la hermosa polla y él gemía de placer. Procuraba no masturbarlo fuerte para que se mantuviera duro, pero retrasaba su eyaculación, y la mía, lo más posible. Le hice inclinarse para que todo quedara al alcance de mi golosa boca: culo testículos y hasta el bello rabo que me trague entero mordisqueándolo con suavidad lamiendo su glande o metiéndolo entero en la boca.
Allí en la bañera, lo lamí entero limpio desde los pies y el dedo gordo recorrí sus muslos, con mi lengua volví a comerme su polla y culo, le chupé el ombligo y los pezones, y con el sabor de su rabo aun en la boca volvía besarlo. Le pregunté si lo estaba pasando bien y me respondió que lo estaba volviendo loco. Así que cogiéndolo por los hombros le indiqué que le tocaba el turno a él y como aplicado discípulo, me lamió entero, besó mi cuerpo con auténtica ansia y todo eso sin salir de la piscina.
De ahí pasamos a la cama ya secos pero con ganas de volver a sudar. La verdad es que estaba loco por follármelo pero no quería traicionar su confianza así que decidí olvidarme del tema y como los dos estábamos agotados le propuse un 69 se tumbó boca arriba en la cama yo me coloqué sobre él dejando caer mi polla sobre su boca y atrapando la suya entre mis dientes, aunque desde luego no me había olvidado de su culito que seguía siendo sobado y acariciado y me tiendo uno o dos de mis dedos en el ano a la vez que le decía que hiciera lo mismo conmigo y le daba feroces lamidas a su rabo comiéndolo con la eficacia de un tragasables. Pero el no se quedaba atrás y le gustaba lamer mis huevos peludos o meterse en la boca mi glande lamiendo lo como si de un chupachups se tratara.
El se corrió primero derramando su leche en mi boca amarga como un buen licor desde luego no perdí ni una sola gota y no tarde mucho en ser exprimido del todo y he de decir en su favor que no desperdició ni una gota saboreándolo. Me giré y nos besamos en la boca donde conservábamos el sabor del otro todavía sobre las lenguas y así nos dormimos desnudos en los brazos del otro y sobre las mantas.
Ya por la mañana cual no sería mi sorpresa que me despertó su cabecita juguetona en mis muslos intentando hacerse con mi rabo duro por los sueños de la noche. Así que retomamos nuestros juegos por la mañana disfrutando de nuestros cuerpos acariciándonos suavemente lamiendo nuestras pieles golosas mi lengua volviendo a recorrerlo entero chupando su culito y su ano entrando en él lo más posible con la lengua acostumbrándolo a la idea de la penetración. Luego le dejé hacérmelo a mí y le pedí que me follara con uno de sus dedos, luego con dos, yo estaba muy excitado y al fin le pedí que me penetrara con su duro rabo.
Para ser su primera vez consiguió entrar a la primera suavemente, dulce bien lubricado su rabo por mi saliva y mi culo por la suya y aun así ayudados por un botellín de licor del bar que colaboraba con frecuentes chorritos. Hasta que se corrió en mi interior donde sentí cada trallazo caliente y festejándolo con mi propio orgasmo sobre las sabanas. No quiero imaginar lo que pensaría de nosotros la camarera que no vio salir junto de la habitación cogidos de la mano y dándonos besos en la boca por el pasillo y cuando vio nuestro semen en las sabanas. De allí a mi coche a recoger el suyo y una cariñosa despedida ante el mecánico.
martes, 1 de diciembre de 2009
En la carretera
Una carretera solitaria
Una carretera solitaria y un coche con las luces de avería, una figura que hacia señas y yo como un buen samaritano me paré delante del vehículo en problemas casi sin pensarlo. Era verano y la noche era muy calurosa, ni con las ventanillas bajadas podía evitar el sudor en la espalda. El conductor del otro coche era muy joven, unos 18 años, muy guapo y agobiado, le dejé llamar a su familia desde mi móvil y ante la imposibilidad de hacer nada con su vehículo me ofrecí a acercarlo hasta el próximo hotel en la carretera, e incluso a pagar su habitación dinero qué me habrían de reintegrar sus padres. En el motel solo quedaba una habitación y decidimos compartirla y resultó que solo tenía una cama de matrimonio, así que agotados como estábamos nos quedamos en ropa interior para acostarnos.
Él quedó asombrado ante mi tanga, prenda que solo había visto en chicas. Me preguntó si no me molestaba en el culo, si era cómodo. Yo estoy bastante bien, me curro en un gimnasio y me gusta comerme un culito joven y el allí ante mí con su slip blanco, viva imagen de la inocencia, me apetecía, tras responder a sus preguntas y hacer un par de posturitas para que pudiera apreciar las excelencias y lo sugestivo de la prenda. Me lo quité se lo pasé y le dije pruébate lo, Tenia alguno limpio en la bolsa de viaje pero me gustaría verlo con el mío puesto aún húmedo con mi sudor, caliente de mi piel. Y aún mas ver cómo se quitaba su slip, Juan decidido se lo bajó y lo dejó sobre la cama de donde cogió el mío.
Difícil se me hizo en ese momento no lanzarme a por su rabo para metérmelo en la boca pero desnudo como estaba me tumbé encima de las mantas para disfrutar del espectáculo. Sin ningún complejo se lo puso, metió la mano dentro para acomodar su polla y huevos y supongo que sin darse cuenta que detrás tenía un espejo que me daba una preciosa vista de su culo, se abrió las nalgas con las manos para que el cordón se metiera en su raja. A mí que estaba ardiendo de deseo se me estaba empezando a poner dura y abrí las piernas ligeramente dobladas para que él pudiera apreciar el efecto que estaba causando en mí. Le anime a moverse, andar agacharse, y para que pudiera comprobar si le resultaba agradable, dio unos pasos dobló las rodillas, se agachó, se acarició los genitales por encima de la licra. ¿Y bien que te parece? Fantástico, creo que me gusta, me miró con picardía y vio mi polla dura y creo que a ti también. De pronto se puso serio y me dijo que le caía muy bien que era muy simpático pero que a él le gustaban las chicas,
En la situación en que estábamos, la declaración parecía una falsedad pero tenía que permitirle conservar su orgullo. Así que le contesté, mientras me llevaba sus calzoncillos a la nariz para aspirar su aroma de machito que a mí también me gustaban pero que el sexo entre chicos es fantástico, pero que si no quería no teníamos que hacer nada excepto dormir. Me levanté, me acerqué a él y le pregunté por el tanga, metí un dedo entre la tira de la cintura y su muslo, preguntándole si no le iba muy prieto, le acaricié con el dorso de mis dedos un pezón, notando que lo tenia duro y erizado, y él no trató de separarse, su respiración se aceleró. Con el dedo del elástico tiré ligeramente y fui desplazándolo hacia su culo donde enganchó la goma vertical y bajó hasta sus gloriosas nalgas, parecía paralizado y yo me decidí extendí la mano y le agarre el culo acercándolo a mí.
Hasta que nuestros pechos se juntaron y mi pene duro ya rozaba mi tanga bajo el que notaba otra dureza muy similar. Apoyando su cabeza en mi hombro y rindiéndose me dijo: por favor no me penetres. Me separé un poco le cogí la barbilla y deposité un suave beso en sus labios y mirándole a los ojos le prometí no hacerlo, pero a la vez le dije que iba a pasarlo de miedo. Volví a abrazarlo juntándolo a mi cuerpo y besándolo. Esta vez de forma profunda explorando su boca con mi lengua sus dientes y su lengua juguetona se unió a la mía. Acaricié su sudada espalda bajando hacia su culo y cogiendo sus nalgas en mis manos lo apreté a mí. Deslizando mis labios por su cuello hacia su oído le dije: vamos al baño necesitamos una ducha. La bañera era algo sibarítico, una enorme bañera rectangular capaz para tres o cuatro personas cómodamente instaladas. Todo un descubrimiento que me hubiera dado rabia desperdiciar si hubiera estado solo. Afortunadamente la agradable compañía entró en la bañera delante de mí vi como sus piernas fuertes pasaban el borde separando un poco los músculos de los glúteos entre los que aun estaba el elástico de mi tanga.
Mientras el agua resbalaba desde la ducha sobre nuestros cuerpos empezando a llenar la pequeña piscina volví a abrazarlo y besarlo y por fin conseguí agarrar su polla metiendo la mano por dentro de la tela. Él se decidió por fin a tocarme y recorrió mi pecho con sus manos mientras me acariciaba los pezones entre el pulgar y el índice. Le bajé el tanga y se lo quité y por fin nuestras pollas desnudas se unieron duras y triunfantes aplastadas entre nuestros vientres. Me senté y lo senté entre mis piernas dándome la espalda. Le di un suave masaje con el champú librando los hombros y espalda de la tensión acumulada en la noche. Mi polla dura colocada entre sus nalgas se movía sola mientras mis manos enjabonaban y acariciaban dulcemente la suya, besaba sus hombros y nuca y le acariciaba el pecho y los hombros.
Él giró la cabeza hacia mí para decirme que era maravilloso y que estaba disfrutando y para darme su lengua extendida que aproveche para besar y comer. Le dije que se pusiera de pie despacio y fui lamiendo su espalda, besando sus omóplatos, y recorriendo con mi lengua la línea de su columna, bajando por ella hasta su culo separando sus nalgas y lamí su ano mientras le agarraba la hermosa polla y él gemía de placer. Procuraba no masturbarlo fuerte para que se mantuviera duro, pero retrasaba su eyaculación, y la mía, lo más posible. Le hice inclinarse para que todo quedara al alcance de mi golosa boca: culo testículos y hasta el bello rabo que me trague entero mordisqueándolo con suavidad lamiendo su glande o metiéndolo entero en la boca.
Allí en la bañera, lo lamí entero limpio desde los pies y el dedo gordo recorrí sus muslos, con mi lengua volví a comerme su polla y culo, le chupé el ombligo y los pezones, y con el sabor de su rabo aun en la boca volvía besarlo. Le pregunté si lo estaba pasando bien y me respondió que lo estaba volviendo loco. Así que cogiéndolo por los hombros le indiqué que le tocaba el turno a él y como aplicado discípulo, me lamió entero, besó mi cuerpo con auténtica ansia y todo eso sin salir de la piscina.
De ahí pasamos a la cama ya secos pero con ganas de volver a sudar. La verdad es que estaba loco por follármelo pero no quería traicionar su confianza así que decidí olvidarme del tema y como los dos estábamos agotados le propuse un 69 se tumbó boca arriba en la cama yo me coloqué sobre él dejando caer mi polla sobre su boca y atrapando la suya entre mis dientes, aunque desde luego no me había olvidado de su culito que seguía siendo sobado y acariciado y me tiendo uno o dos de mis dedos en el ano a la vez que le decía que hiciera lo mismo conmigo y le daba feroces lamidas a su rabo comiéndolo con la eficacia de un tragasables. Pero el no se quedaba atrás y le gustaba lamer mis huevos peludos o meterse en la boca mi glande lamiendo lo como si de un chupachups se tratara.
El se corrió primero derramando su leche en mi boca amarga como un buen licor desde luego no perdí ni una sola gota y no tarde mucho en ser exprimido del todo y he de decir en su favor que no desperdició ni una gota saboreándolo. Me giré y nos besamos en la boca donde conservábamos el sabor del otro todavía sobre las lenguas y así nos dormimos desnudos en los brazos del otro y sobre las mantas.
Ya por la mañana cual no sería mi sorpresa que me despertó su cabecita juguetona en mis muslos intentando hacerse con mi rabo duro por los sueños de la noche. Así que retomamos nuestros juegos por la mañana disfrutando de nuestros cuerpos acariciándonos suavemente lamiendo nuestras pieles golosas mi lengua volviendo a recorrerlo entero chupando su culito y su ano entrando en él lo más posible con la lengua acostumbrándolo a la idea de la penetración. Luego le dejé hacérmelo a mí y le pedí que me follara con uno de sus dedos, luego con dos, yo estaba muy excitado y al fin le pedí que me penetrara con su duro rabo.
Para ser su primera vez consiguió entrar a la primera suavemente, dulce bien lubricado su rabo por mi saliva y mi culo por la suya y aun así ayudados por un botellín de licor del bar que colaboraba con frecuentes chorritos. Hasta que se corrió en mi interior donde sentí cada trallazo caliente y festejándolo con mi propio orgasmo sobre las sabanas. No quiero imaginar lo que pensaría de nosotros la camarera que no vio salir junto de la habitación cogidos de la mano y dándonos besos en la boca por el pasillo y cuando vio nuestro semen en las sabanas. De allí a mi coche a recoger el suyo y una cariñosa despedida ante el mecánico.
Una carretera solitaria y un coche con las luces de avería, una figura que hacia señas y yo como un buen samaritano me paré delante del vehículo en problemas casi sin pensarlo. Era verano y la noche era muy calurosa, ni con las ventanillas bajadas podía evitar el sudor en la espalda. El conductor del otro coche era muy joven, unos 18 años, muy guapo y agobiado, le dejé llamar a su familia desde mi móvil y ante la imposibilidad de hacer nada con su vehículo me ofrecí a acercarlo hasta el próximo hotel en la carretera, e incluso a pagar su habitación dinero qué me habrían de reintegrar sus padres. En el motel solo quedaba una habitación y decidimos compartirla y resultó que solo tenía una cama de matrimonio, así que agotados como estábamos nos quedamos en ropa interior para acostarnos.
Él quedó asombrado ante mi tanga, prenda que solo había visto en chicas. Me preguntó si no me molestaba en el culo, si era cómodo. Yo estoy bastante bien, me curro en un gimnasio y me gusta comerme un culito joven y el allí ante mí con su slip blanco, viva imagen de la inocencia, me apetecía, tras responder a sus preguntas y hacer un par de posturitas para que pudiera apreciar las excelencias y lo sugestivo de la prenda. Me lo quité se lo pasé y le dije pruébate lo, Tenia alguno limpio en la bolsa de viaje pero me gustaría verlo con el mío puesto aún húmedo con mi sudor, caliente de mi piel. Y aún mas ver cómo se quitaba su slip, Juan decidido se lo bajó y lo dejó sobre la cama de donde cogió el mío.
Difícil se me hizo en ese momento no lanzarme a por su rabo para metérmelo en la boca pero desnudo como estaba me tumbé encima de las mantas para disfrutar del espectáculo. Sin ningún complejo se lo puso, metió la mano dentro para acomodar su polla y huevos y supongo que sin darse cuenta que detrás tenía un espejo que me daba una preciosa vista de su culo, se abrió las nalgas con las manos para que el cordón se metiera en su raja. A mí que estaba ardiendo de deseo se me estaba empezando a poner dura y abrí las piernas ligeramente dobladas para que él pudiera apreciar el efecto que estaba causando en mí. Le anime a moverse, andar agacharse, y para que pudiera comprobar si le resultaba agradable, dio unos pasos dobló las rodillas, se agachó, se acarició los genitales por encima de la licra. ¿Y bien que te parece? Fantástico, creo que me gusta, me miró con picardía y vio mi polla dura y creo que a ti también. De pronto se puso serio y me dijo que le caía muy bien que era muy simpático pero que a él le gustaban las chicas,
En la situación en que estábamos, la declaración parecía una falsedad pero tenía que permitirle conservar su orgullo. Así que le contesté, mientras me llevaba sus calzoncillos a la nariz para aspirar su aroma de machito que a mí también me gustaban pero que el sexo entre chicos es fantástico, pero que si no quería no teníamos que hacer nada excepto dormir. Me levanté, me acerqué a él y le pregunté por el tanga, metí un dedo entre la tira de la cintura y su muslo, preguntándole si no le iba muy prieto, le acaricié con el dorso de mis dedos un pezón, notando que lo tenia duro y erizado, y él no trató de separarse, su respiración se aceleró. Con el dedo del elástico tiré ligeramente y fui desplazándolo hacia su culo donde enganchó la goma vertical y bajó hasta sus gloriosas nalgas, parecía paralizado y yo me decidí extendí la mano y le agarre el culo acercándolo a mí.
Hasta que nuestros pechos se juntaron y mi pene duro ya rozaba mi tanga bajo el que notaba otra dureza muy similar. Apoyando su cabeza en mi hombro y rindiéndose me dijo: por favor no me penetres. Me separé un poco le cogí la barbilla y deposité un suave beso en sus labios y mirándole a los ojos le prometí no hacerlo, pero a la vez le dije que iba a pasarlo de miedo. Volví a abrazarlo juntándolo a mi cuerpo y besándolo. Esta vez de forma profunda explorando su boca con mi lengua sus dientes y su lengua juguetona se unió a la mía. Acaricié su sudada espalda bajando hacia su culo y cogiendo sus nalgas en mis manos lo apreté a mí. Deslizando mis labios por su cuello hacia su oído le dije: vamos al baño necesitamos una ducha. La bañera era algo sibarítico, una enorme bañera rectangular capaz para tres o cuatro personas cómodamente instaladas. Todo un descubrimiento que me hubiera dado rabia desperdiciar si hubiera estado solo. Afortunadamente la agradable compañía entró en la bañera delante de mí vi como sus piernas fuertes pasaban el borde separando un poco los músculos de los glúteos entre los que aun estaba el elástico de mi tanga.
Mientras el agua resbalaba desde la ducha sobre nuestros cuerpos empezando a llenar la pequeña piscina volví a abrazarlo y besarlo y por fin conseguí agarrar su polla metiendo la mano por dentro de la tela. Él se decidió por fin a tocarme y recorrió mi pecho con sus manos mientras me acariciaba los pezones entre el pulgar y el índice. Le bajé el tanga y se lo quité y por fin nuestras pollas desnudas se unieron duras y triunfantes aplastadas entre nuestros vientres. Me senté y lo senté entre mis piernas dándome la espalda. Le di un suave masaje con el champú librando los hombros y espalda de la tensión acumulada en la noche. Mi polla dura colocada entre sus nalgas se movía sola mientras mis manos enjabonaban y acariciaban dulcemente la suya, besaba sus hombros y nuca y le acariciaba el pecho y los hombros.
Él giró la cabeza hacia mí para decirme que era maravilloso y que estaba disfrutando y para darme su lengua extendida que aproveche para besar y comer. Le dije que se pusiera de pie despacio y fui lamiendo su espalda, besando sus omóplatos, y recorriendo con mi lengua la línea de su columna, bajando por ella hasta su culo separando sus nalgas y lamí su ano mientras le agarraba la hermosa polla y él gemía de placer. Procuraba no masturbarlo fuerte para que se mantuviera duro, pero retrasaba su eyaculación, y la mía, lo más posible. Le hice inclinarse para que todo quedara al alcance de mi golosa boca: culo testículos y hasta el bello rabo que me trague entero mordisqueándolo con suavidad lamiendo su glande o metiéndolo entero en la boca.
Allí en la bañera, lo lamí entero limpio desde los pies y el dedo gordo recorrí sus muslos, con mi lengua volví a comerme su polla y culo, le chupé el ombligo y los pezones, y con el sabor de su rabo aun en la boca volvía besarlo. Le pregunté si lo estaba pasando bien y me respondió que lo estaba volviendo loco. Así que cogiéndolo por los hombros le indiqué que le tocaba el turno a él y como aplicado discípulo, me lamió entero, besó mi cuerpo con auténtica ansia y todo eso sin salir de la piscina.
De ahí pasamos a la cama ya secos pero con ganas de volver a sudar. La verdad es que estaba loco por follármelo pero no quería traicionar su confianza así que decidí olvidarme del tema y como los dos estábamos agotados le propuse un 69 se tumbó boca arriba en la cama yo me coloqué sobre él dejando caer mi polla sobre su boca y atrapando la suya entre mis dientes, aunque desde luego no me había olvidado de su culito que seguía siendo sobado y acariciado y me tiendo uno o dos de mis dedos en el ano a la vez que le decía que hiciera lo mismo conmigo y le daba feroces lamidas a su rabo comiéndolo con la eficacia de un tragasables. Pero el no se quedaba atrás y le gustaba lamer mis huevos peludos o meterse en la boca mi glande lamiendo lo como si de un chupachups se tratara.
El se corrió primero derramando su leche en mi boca amarga como un buen licor desde luego no perdí ni una sola gota y no tarde mucho en ser exprimido del todo y he de decir en su favor que no desperdició ni una gota saboreándolo. Me giré y nos besamos en la boca donde conservábamos el sabor del otro todavía sobre las lenguas y así nos dormimos desnudos en los brazos del otro y sobre las mantas.
Ya por la mañana cual no sería mi sorpresa que me despertó su cabecita juguetona en mis muslos intentando hacerse con mi rabo duro por los sueños de la noche. Así que retomamos nuestros juegos por la mañana disfrutando de nuestros cuerpos acariciándonos suavemente lamiendo nuestras pieles golosas mi lengua volviendo a recorrerlo entero chupando su culito y su ano entrando en él lo más posible con la lengua acostumbrándolo a la idea de la penetración. Luego le dejé hacérmelo a mí y le pedí que me follara con uno de sus dedos, luego con dos, yo estaba muy excitado y al fin le pedí que me penetrara con su duro rabo.
Para ser su primera vez consiguió entrar a la primera suavemente, dulce bien lubricado su rabo por mi saliva y mi culo por la suya y aun así ayudados por un botellín de licor del bar que colaboraba con frecuentes chorritos. Hasta que se corrió en mi interior donde sentí cada trallazo caliente y festejándolo con mi propio orgasmo sobre las sabanas. No quiero imaginar lo que pensaría de nosotros la camarera que no vio salir junto de la habitación cogidos de la mano y dándonos besos en la boca por el pasillo y cuando vio nuestro semen en las sabanas. De allí a mi coche a recoger el suyo y una cariñosa despedida ante el mecánico.
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