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miércoles, 1 de septiembre de 2021
Hada con su doctora
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La facultad de medicina y las prácticas de MIR habían abierto mi mente y mi actitud. Algo que mi educación en un colegio de monjas había iniciado, no por las hermanas, claro, sino por mis pervertidas compañeras. Pero estos años universitarios con médicos y enfermeras siempre dispuestos a pasar un buen rato consiguieron ampliar mucho más mis horizontes.
Han pasado unos años desde entonces pero esa actitud liberal no la he perdido nunca, más bien he tratado de cultivarla cada vez que tenía oportunidad con algún buen ejemplar. A veces si era posible con dos o más a la vez.
Ahora estoy de médico de familia en un centro de salud de barrio. No ofrece tantas posibilidades pero nunca he dejado de prestar atención a las opciones que se abrían ante mí. Así han caído compañeros y compañeras, más de un paciente o familiar de buen ver e incluso uno de los camareros del bar al que voy a tomar café en los descansos, un jovencito encantador y muy complaciente.
Una calurosa tarde de verano una choni entra en mi consulta. Era la última paciente del día y un bonito espectáculo por si misma. Delgadita y provocativa, minifalda vaquera muy corta, top luciendo unas tetitas pequeñas pero bonitas y que desnudaba su torneada espalda.
Unas inverosímiles sandalias de plataforma elevaban ese bonito cuerpo a casi diez centímetros del suelo. Al verlas lo primero que pensé es que venía por un esguince en el tobillo. Nunca la había visto por el consultorio, me habría fijado en ese ejemplar. Acababan de pasarmela de otro médico ciertamente con más escrúpulos que yo y que no quería atenderla.
Deslicé la vista desde las pintadas uñas de los pies a la lisa y preciosa melena rubia teñida y muy cuidada, recreándome en su exótica y salvaje belleza. De inmediato me di cuenta de lo que ocurría, las palabras escaparon de mí boca con una incontinencia verbal que no suele caracterizarme.
- pero ¡alma cándida! ¿a que edad empezaste a tomar hormonas?.
La nena tuvo el detalle de ruborizarse y a punto estuvo de salir corriendo por la misma puerta que acababa de cruzar. Desde luego que se lo impedí y avergonzada por mí actitud le pedí de inmediato disculpas por mi torpeza.
- Perdóname pero me has pillado de sorpresa. Nunca se me ocurriría tratarte así. Pasa y cierra. Así estaremos más tranquilas y me cuentas lo que te preocupa.
Tenía que hacerle un chequeo completo para comprobar que la alteración hormonal no había causado algún problema. Ahora que aún estábamos a tiempo de tratarlo si existiera.
- Desnúdate y tiendete en la camilla, tenemos que comprobar que estés bien y ajustar el tratamiento si lo necesitaras.
Para tranquilizarla mientras se libraba de su escaso atuendo y sin que yo me perdiera ni un detalle de tan bonito striptease le fui preguntando por lo que había tomado y por cómo se encontraba. Aparte del problema puntual por el que había venido ese día, una tontería de adolescente. Parecía encontrarse bien, francamente bien a primera vista.
Tenía, tiene, un cuerpo precioso, delgado bien moldeado, en el que empezaban a despuntar dos pechitos que prometían llegar a ser dos hermosas tetas. La cadera se le había redondeado que le había dejado un culito respingón y firme. Tenía pinta de hacer ejercicio además del tratamiento que había empezado por su cuenta. Y que había consultado en Internet.
Admito que me estaba recreando viendo ese streptease improvisado y las partes de su anatomía que iba descubriendo. Sus largos y ahusados muslos en cuanto la falda cayó, el tanguita apenas podía contener su polla aún no demasiado afectada por las hormonas. Se dejó esa prenda supongo que por un resto de timidez pero no tuve ninguna misericordia. Con un gesto le hice desprenderse hasta el último trapito.
Aunque parecía bastante acojonada por la situación el rabo no parecía pensar lo mismo. Morcillón colgaba entre las piernas amenazando con ponerse firme en cualquier momento. Le, la hice tumbar en mi camilla. Empecé de un forma muy profesional con un examen detallado pero sin recrearme palpando músculos y el vientre sin encontrar ningún problema.
La bata abierta descubría mi escaso atuendo y tanto como por la temperatura como con tenerla allí a mi merced, estaba pasando mucho calor. Lo que su presencia sensual no ayudaba a aliviar. Mi talla ciento diez doble d en un top escasito, aunque algo más grande que el suyo, eso sí, luciendo los pechos sin sujetador en la cálida tarde de verano. Sus ojos estaban clavados en mis tetas creo que con algo de envidia. La falda de tubo no muy larga marcaba mi voluptuosa cadera ajustada a mis muslos.
No se me iban a presentar muchas oportunidades de tener un ejemplar así de bonito a mi disposición. Así que un momento después estaba mandando mentalmente el juramento Hipocratico a la mierda y pensando en cómo pasar un rato agradable las dos juntas. Empecé a preguntarle por sus relaciones sexuales. Era lógico para comprobar si tenía alguna venerea.
- ¿Te has acostado con muchos chicos? ¿Eres muy promiscua? ¿Lo haces con protección?
- En realidad menos de lo que me gustaría. No hay mucha gente abierta de mente que me acepte tal y como soy. Pensaba que aunque fuera por morbo algo más podría ligar, pero no. Y sí, siempre con condón.
- Bueno ellos se lo pierden. A mi me pareces muy bella. Pero, ¿no eres virgen? ¿verdad?
- No, he tenido experiencias, aunque no demasiadas.
-Y ¿con chicas?
Fui llevándola al terreno que me interesaba. Entre los toqueteos y la conversación su polla apuntaba al techo. No era muy grande, pero si bonita cabezona, con las venas marcadas, sin un pelo y a un lado, en la cadera, un pequeño tatuaje de un hada. Aproveché el momento para empezar con ella y examinarla cogiendo los huevos y palpando comprobando que estaba perfectamente sana.
- Con chicas aún menos que con chicos, a todas les parezco un bicho raro.
-¿Pero te gustan?
- Si, aunque yo quiera ser una mujer, también me atraen.
Al oír eso yo flotaba.
- Yo pensaba que la gente de tu edad estaba más liberada, con menos complejos.
- Algunos demasiado para mis gustos y la mayoría demasiado poco. También hay mucho salvaje por ahí que ha visto demasiado porno. Lo difícil es encontrar el término medio que me guste y a quien yo guste.
- No creo que te cueste mucho viendo a lo que vas a llegar, con esa carita dulce y ese cuerpo tan femenino.
Echándole cara le decía todo eso sin dejar de acariciarla y sobarla. Incluso alguna vez que me inclinaba sobre ella rozando su cuerpo con mis tetas.
-¿No me pasa nada? ¿Estoy bien?
- Estás estupenda, nena. Preciosa, para mí gusto una belleza, y si vas a seguir por este camino te ajustaré la medicación y te puedo dar algún consejillo más.
Sonriendo, pero tímida aún, se daba cuenta que estaba flirteando con ella. Tonta del todo no era. Había echado buenos vistazos a mi generoso escote y a mis pezones marcados en la fina tela. Parecía que mi cuerpo voluptuoso no le era indiferente del todo. Y a juzgar por la dureza que había alcanzado su polla le estaba gustando la situación.
Cogí su pene y lo estuve acariciando un momento para provocarla aún más. Parecía que si seguía tocándolo no tardaría en correrse y eso no es lo que quería. Bueno si se daba la ocasión me la metería en la boca y me tragaría con gusto su corrida.
- Gírate, ponte boca abajo.
Aproveché un rato para manosear sus duras nalgas. Era evidente que por su edad un examen de próstata era innecesario pero no iba a privarme de ello. Y eso que estaba deseando hacérselo con la legua. Calzándome un guante de látex le pregunté.
- ¿Has venido limpita? Sube el culito por favor.
- Creo que sí doctora, pero no estoy segura del todo.
- No importa, ¿Te fías de mí?
- Por supuesto, estoy en sus manos.
Contestó con una bonita sonrisa que me pareció bastante lasciva. Poniéndose a cuatro patas sobre la camilla me dejó completo acceso al ano. Usando con generosidad el lubricante tanto en su culo como en el guante procedí a hacer un examen completamente innecesario y que iba a aprovechar para follar ese culito con mis dedos.
En cuanto empecé a acariciar la raja se le escapó un gemido que sonó dulce y femenino. Despacio repartiendo el lubricante empecé a meter un dedo, abriendo el ano con cuidado y cariño.
-¿Te duele?
-¡No! para nada, se siente ¡uf! genial. Nadie me ha hecho nunca algo así. Nadie me ha hecho sentir tan bien.
Con el índice y el medio le estaba llegando a la próstata. Traviesa con la otra mano sin guante le volví a acariciar la polla y llenó toda la camilla bajo su cadera de semen. La cabeza apoyada en sus antebrazos, la melena ocultando la expresión de lujuria. Pero nada pudo acallar el gemido que escapó de su boca cuando se corrió.
Hubiera preferido que lo hubiera hecho en mi boca. Menos mal que había mandado a la enfermera a su casa o habría pensado muy mal de mí. O tal y como nos conocíamos las dos se hubiera apuntado a darle gusto a la muchacha.
-¿Ya estás más relajada? Puedes levantarte cielo.
- Estoy en la gloria. Eres maravillosa. Nadie me había hecho correr así.
Salió de ella, en ese momento no hice nada. Nada más que lo que ya había hecho claro. Se giró hacia mí y me besó. Nuestros labios se juntaron suaves al principio, pero sin despegarse el beso se fue haciendo más profundo, más lascivo. Juro que fue su lengua la primera que entró en mi boca. Pero si hubiera tardado un segundo más yo le hubiera metido la mía hasta la garganta. Que fue lo que hice en ese momento.
Se agarró a mis tetas como si fueran el flotador de un náufrago. Y eso que aún llevaba la camiseta. Con un grácil movimiento se deshizo de mi bata que cayó a nuestros pies. Y eso aún encaramada a la camilla. Sin separar nuestros labios consiguió bajar y quedar frente a mí. Muy cerca.
Mientras hacía esa maniobra yo aproveché para soltar el cierre de mi falda que cayó al suelo. Así que además de ponérselo más fácil conseguí que la prenda no se manchara con el semen que aún goteaba de su bonita polla. El miembro iba perdiendo su dureza después del orgasmo.
Esperaba recuperarla pronto. Por la forma en que me la flotaba por el pequeño tanga estando abrazadas no iba a tardar. Yo seguía agarrando su pétreo culito que me tenía hipnotizada. Ella en cambio buscaba mis pechos apretando sus duras tetitas contra ellos.
No tardó nada en ayudarme a librarme del top sacándolo por mi cabeza. De inmediato se agachó a besar y lamer mis domingas.
- ¡Yo quiero unas como estas!.
- Las que tienes son preciosas, cielo, date tiempo. Pronto podrás operarte y ponerte algo más. Espero que elijas bien y no exageres.
- Tus tetas son hermosas, espero que me ayudes a elegir la talla adecuada para mí.
Conseguía contestarme sin separar los labios de mi piel, sin dejar de mordisquear suave mis pezones y continuar lamiendo de mis axilas al ombligo sin dejar de babosear todo por donde pasaba.
Joven y ansiosa ahora era yo la que estaba acorralada contra la camilla. Solo tuvo que palmear la colchoneta para conseguir que me subiera. Es hábil, mientras levantaba el culo para izarme aprovechó para tirar del tanga y dejarme tan desnuda como ella.
Ya me tenía en buena postura, bien abierta de piernas. Solo tenía que agacharse un poco para hacerme un cunilingus de antología. Pero quería hacerse de rogar. Empezó por mis pies, Aunque me había duchado antes de ir al trabajo debían estar algo sudados. No le daba ningún escrúpulo y se dedicó a besarlos y lamerlos un buen rato. De los dedos, todos y uno por uno, a la planta. Tenía que animarla.
- Vamos nena cómemelo todo.
Yo estaba loca por que me llegara al coño. Pero no por esas subía con parsimonia por mis piernas para hacerme sufrir y disfrutar a la vez. Paseaba la sin hueso por los tobillos, subiendo por las pantorrillas, escalando la cara interna de mis muslos.
Cuando por fin llegó a mi vulva, me moría de impaciencia. Los labios estaba abiertos, calientes y muy muy húmedos. Y yo creía que no podía estar más cachonda. Un gemido escapó de mi garganta que no sé como no llamó la atención en el centro de salud casi vacío cuando por fin sabores mis jugos directamente de la fuente.
En segundos me había corrido por primera vez. pero no fue el único orgasmo de la tarde. Siguió chupando, lamiendo y besando sin descanso. Saboreándome y recibiendo en la lengua mis jugos cada vez que me corría.
No estaba yo para averiguar lo que ocurría por sus bajos. Tal y como estaba tumbada no alcanzaba a verlo, pero su joven polla se estaba recuperando rápidamente. Mirándome a los ojos entre mis muslos con la expresión más lasciva que le había visto preguntó:
- ¿Quieres que te folle?
- Lo estoy deseando, cariño. Méteme ya esa polla.
No se hizo más de rogar. La altura de la camilla era perfecta. Se incorporó y guiando el firme miembro con la mano, el glande se fue abriendo camino entre mis labios. Firme, pero a la vez suave y con ternura.
Apoyó mis piernas en su pecho, notaba la dureza de sus pezones en la parte de atrás de mis pantorrillas. Sujetando mis muslos con las manos empezó a moverse. Sin prisa, haciéndome notar cada penetración, justo como a mí me gusta, no muy deprisa. Como hacía poco que se había corrido aguantó un buen rato. Y como yo estaba muy excitada no hacía más que encadenar orgasmos uno detrás de otro.
Acababa de examinarla y yo tomaba precauciones así que...
- Correte dentro cielo, dámelo todo.
- Estoy a punto doctora.
Me contestó con su más linda carita de vicio. Sé cuando tuvo su orgasmo, cuando sus ojos se pusieron en blanco y soltó un suspiro que salió de lo más profundo de sus pulmones. No se conformó, siguió bombeado hasta que su polla quedó flácida. Y entonces se inclinó para volver a lamer mi coñito encharcado.
Mis jugos mezclados con su semen que me dio a probar en un nuevo beso lascivo donde nuestras lenguas se cruzaron sin tregua. Nos quedamos un rato frente a frente acariciándonos, recuperando la respiración y besándonos con ternura.
- Bueno ¿que te ha parecido esta experiencia con tu doctora?
- Ha sido algo sensacional. Y espero poder repetir alguna vez más.
- Cuando quieras, reina. Tienes una amiga y una médica.
Y volví a besarla. Respondió a mi beso de nuevo con su lengua juguetona. Contenta por haber encontrado alguien que la comprende y a quien le gusta tal y como es.
Nos vemos de vez en cuando para disfrutar juntas. Me he hecho personalmente responsable de su salud y de los cambios que ella quiere llevar a cabo, haciendo sus recetas y aconsejándola.
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domingo, 11 de julio de 2021
El bosque
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I.
Como podrán imaginar no se trata de un bosque normal sino de un viejo parque medio abandonado donde se ejerce la prostitución. Polígonos industriales, bordes de carreteras poco frecuentadas, todas las ciudades en un momento u otro han tenido un sitio así, a veces varios a la vez. Incluso va cambiando de sitio según los clientes, la policía o los urbanistas cambian gustos, oportunidades etc.
Las chicas que no pueden o quieren alcanzar un sitio en un club terminan allí. No hay mucha calidad, son muy mayores, o son muy primerizas o... hay un montón de razones por las que una chica, o un chico o algo en medio terminaría trabajado allí.
Era guapísima y no ocultaba para nada esas bellezas naturales. Las tetas, firmes conos puntiagudos, asomaban en buena parte por la camiseta ajustada y corta de tirantes. Bailarinas a cada paso que daba. Esa tela descubría el ombligo y la parte baja de los pechos y de la espalda. Le habían metido tijera a esa prenda y no llevaba sujetador.
Su pantalón de deporte blanco era tan ajustado y pequeño que la negra cabellera, tan negra como la melena de su cabeza, que rodeaba su coño se veia casi tan clara como si no llevara nada sobre sus poderosas caderas. No se depilaba, entonces nadie lo hacía. Su culo de nalgas redondas y prietas era tan fácil de imaginar por donde iba y ¡discurría por unos sitios!
Con ese monumento me tropecé una calurosa tarde verano paseando por el campo en los alrededores de mi ciudad. Como podrán imaginar no se trata de un bosque normal sino de un viejo parque medio abandonado donde se ejerce la prostitución. En este caso parecía que la chica había empezado pronto su jornada laboral, no se veía por allí a ninguna de sus compañeras en ropa de faena.
En parte esa era la razón por la que yo daba mis paseos temprano, para no cruzarme con trabajadoras, chulos o clientes. Aunque en ocasiones ver el espectáculo de las chicas medio desnudas paseando entre los matojos merecía la pena, intentaba no cruzarme con ellas. Pero admito que verla a ella en ese momento me gustó.
Yo llevaba unos shorts muy cortos y la camiseta alrededor de los hombros y al verla se me empinó la picha sin poder evitarlo. Ella que lo notó, la practica supongo, aunque era tan joven que no debía tener mucha. De inmediato se acercó a mí y como saludo me dio un profundo beso en la boca.
Tímida no era, gajes del oficio. Su lengua casi me llegaba a la garganta y no me quedó mas remedio que ayudar dándole mi saliva. Sacrificado que es uno. Se ve que tenía ganas de trabajar, de cobrar o al menos de tener sexo, dar conversación no parecía lo suyo. Aunque claro tenía que darme un precio.
- Por dos mil me haces lo que quieras o te lo hago yo a tí. (De las antiguas pesetas)
Dejé descansar mis manos en su culo mientras la atraía hacia mí y seguíamos con las lenguas enredadas, frotando nuestros cuerpos sinuosos, lujuriosos. Llevándome de la mano me condujo a un rincón más discreto entre arbustos que nadie se había preocupado de podar en años. Era el único dinero que llevaba en el bolsillo, dos billetes de mil pesetas.
Viendo como se desarrollaba la situación me decidí a actuar. Separándola un poco le saqué la camiseta. Agachándome sobre ella acaricié y besé sus bellas y blancas tetas, lo del top less solo se hacía en playas de la costa. Se quitó el pantalón de deporte y ya desnuda del todo sobre su propia ropa, arrodillándose ante mí, desabrochó el short, y sacando mi polla se la metió en la boca. Sin florituras, iba directa al grano. También chupó mis huevos peludos, quería ganarse su dinero.
Dejando mi vista perdida mientras recibía tan placentero tratamiento fue cuando lo vi. Era casi un crio, andaría por los diez y ocho, trataba de esconderse tras un matorral a unos pocos pasos de nosotros. Mientras no perdía detalle de lo que pasaba entre los dos. Admito que tener un espectador me puso más burro, debo tener algo de exhibicionista. No sabía si era un pervertido o su chulo o puede que un primo cariñoso.
Me la comía con sabiduría, me acariciaba los huevos, incluso los chupaba, nadie me había hecho eso. No le importaban los pelos. Con la mano no dejaba de tocarme mientras sus labios recorrían el tronco besando o se la metía en la boca, todo lo que su blanca garganta podía admitir. Me chupaba los testículos y llenaba toda la zona de saliva, del pubis al perineo. Un dedo ensalivado jugando con mi ano. Allí fue mi primera corrida pues no paró hasta que se tragó mi semen.
No quiero presumir pero no suelo tardar mucho en recuperarme y menos aún con las expertas caricias de la meretriz. No paró, dispuesta a ganarse el sueldo. Hasta la última peseta, en sus caricias y lamidas. Incluso mientras me la comía acariciaba con un dedo ensalivado mi ano. Él rabo enseguida volvió a dar señales de vida con ese tratamiento, poniéndose duro sin ser interrumpidos. Rompió la envoltura de un condón con los dientes y habilidosame lo puso en un segundo. Si alguien más nos vio pasó de largo.
Después nos tumbamos en la fina hierba en la clásica postura del misionero. Me gustó acostarme sobre ella, sentir su cuerpo delgado bajo el mío. No dejó de comerme la boca de darme su lengua para que jugará con ella. Rodeó mis corvas con sus piernas y sus manos se agarraban a mis nalgas para impedir que me separará de ella. Como si yo quisiera apartarme mi un milímetro. Mi polla fue entrado lentamente en su coño y ¡que coño!. La tenía tan dura que no siquiera hizo falta guiarla con los dedos.
El chaval había quedado a mi espalda y lo perdí de vista un momento. Pero me lo imaginaba con los vaqueros por los tobillos y cascándosela con fuerza mientras disfrutaba de la vista de mi culo entre los femeninos muslos. Pero él se había adelantado a mi imaginación. Se había sacado los pantalones y terminó de desnudarse como si la camiseta y el blanco slip le picara sobre la piel.
Cuando después de dos de sus orgasmos a día de hoy no sé si fingidos, me dijo que diéramos la vuelta para que ella quedara encima. Después de correrme una vez ahora estaba aguantando mucho. Esta vez si que podía verlo pelándosela como un mono.
Aprecié su experiencia, saber hacer y ganas de hacer disfrutar y no solo de hacer dinero. Se movía como una posesa. Cabalgando sobre mi pelvis parecía toda una amazona. Frente a mi tenía sus tetitas que yo no paraba de sobar. Ella misma pasaba una mano hacia atrás acariciando mis huevos y la raja de su culo. Deduciendo que también se estaba acariciando el ano me pareció un buena forma de seguir.
Volvía a ver entre la ramas al chico que se había acercado aún mas. Y para entonces ya iba desnudo del todo. Con su polla apuntando hacia adelante como el bauprés de un velero. Pero aún seguía intentado ocultarse tras una pocas ramas de un arbusto.
Yo no me habia corrido y fui a por su culo, ella no protestó. Se puso a gatas sobre nuestras ropas. Se la metí entera despacio y comencé a moverme, con suavidad. Me decía:
-sigue, sigue-
No se si era cosa del oficio o le estaba gustando. Y se corrió antes que yo, o eso pareció. Aunque no se la saqué hasta que no eyaculé en su interior. Mientras la penetraba sujetándola de las caderas conseguí hacerle un gesto para que viniera mi lado pensando que si se terciaba no me importaria follármelo también o que el lo hiciera conmigo o con la chica mientras yo miraba. Venciendo una timidez casi imaginaria llegó a nuestra vera silencioso.
A mi no me quedaba más dinero en los bolsillos. Si aquella orgia iba a continuar él tendría que poner su parte o la putita fiarnos. A no ser claro que ellos ya se conocieran de antes y toda situación estuviera perpetrada, preparada de antemano.
Al verlo junto a ella no pareció sorprenderse mucho de lo que deduje que ella también se habia dado cuenta de que eramos observados. Cogí una de las manos del chico y la conduje a sus pechos para que la acariciara, no necesitó mas indicación para dedicarse a ella.
Entonces quise chuparle el coñito largas lamidas cubriendo toda la vulva. O jugando con la punta de la lengua en su clítoris. Seguro de que entonces ella tuvo varios orgasmos no podía fingir eso mientras la estaba saboreando.
Colocado entre sus muslos podía ver cómo el joven la besaba en la boca y la acariciaba. Mi propio semen me sabía a gloria mezclado con sus jugos. En algún momento el condón se había roto con tanto meneo. El chico ya habia dejado toda su ropa a un lado bajo un árbol.
Estuvimos un rato descansando, besándonos mientras le acariciábamos las tetas o la masturbábamos lentamente entre los dos metiendo dos dedos en su vagina. Ella me acariciaba todo el cuerpo, al fin y al cabo era yo quien había pagado, prestando mucha atención a mi culito. No a mi pobre picha que habia dejado completamente agotada.
Pasé a besarle y lamerle el culito a ella en un preciso beso negro y él hizo lo mismo con el mio. Así comprobé con sorpresa que al chico no le importaria hacerme el amor, léase follar, a mí solo. No pensaba negarme a sus caricias. Una vez metido en faena eran mejor dos que una sola.
O besaba mi espalda y pecho mientras me paseaba la polla por la piel. O sentía el vello de su pubis y la dureza de glande cosquilleándome las nalgas sin dejar yo de lamer y besar a la chica. Me derretía de gusto entre los dos mientras él me lamía el culo y los huevos o la polla teniéndome a gatas.
Mi pene habia vuelto a reaccionar con ese tratamiento. Jamás creí que podía levantar cabeza tres veces en la mismatarde. Terminamos con un bello sesenta y nueve. Yo volvía a chupar su coñito y a acariciar su culo que mantenia abierto. Para que el chico se lo follara al que yo podía lamer los huevos a la vez. Ella tenía en la boca mi polla dura mientras metía un dedo en mi ano y frotaba sus tetas en mi vientre.
A mi aún me quedaba esperma para correrme entre sus labios, todavía no sé de donde lo saqué. Cuando él tuvo su orgasmo, su semen escurría entre las nalgas de ella llegando a mi golosa boca que se limitaba absorber los jugos de ambos.
Para vestirnos, quisimos hacerlo nosotros a ella. Le pusimos la camiseta sin dejar de tocarle las tetas. El pantalón de deporte sin dejar de meter los dedos en su coñito y ano. Ella me colocó el short con un último meneo a mis cojones.
Entonces saqué la cartera y pagué con largueza los servicios prestados en ese recóndito rincon de la zona campestre. Aún me quedaba algo escondido en un compartimento secreto. Y eso que no pensaba ir de putas. Me fui a casa feliz, contento y desahogado acompañado del muchacho mirón al que pensaba disfrutar a solas y sin tener que pagar por ello.
II.
Volví al bosquecillo de las prostitutas. Esta vez me llamó la atención una bella transexual.
Botas hasta las rodillas de interminable tacón, una cortísima falda de plástico rojo, apenas un cinturón. En medio los muslos mas largos y bonitos que he visto en mi vida. El vientre plano y musculoso bronceado. Los enormes pechos operados apenas cubiertos con un sujetador rojo de encaje que no podía contener tal magnitud.
Los sensualmente gruesos labios maquillados de un rojo sangre, una fina nariz respingona y los ojos negros fuertemente maquillados enmarcado todo por una melena teñida de rubia. Todo perfectamente maquinado para llamar la atención.
Mi mirón particular volvió a aparecer salido de nadie sabe donde. Sin perder detalle de todo lo que iba a ocurrir y esta vez participando en ello desde el principio.
Como la vez anterior, las palabras fueron las justas para negociar el precio y poco más. Desde la primera vez me pillaba con más billetes en la cartera, el porsi. Aceptó sin problema el que fuéramos dos.
El mirón tenía ganas de polla, de una nueva y enseguida arrodillado entre sus botas, empezó a buscar bajo la mínima falda plástica. No tuvo que hurgar mucho. De un mínimo tanga empezó a salir un rabo impresionante. Con los manoseos se puso duro enseguida y bastó para levantar el material.
El chico se dedicó a lamerla con ansia recorriéndola con la lengua mientras yo buscaba la de la transexual con mis labios. Quién de los dos se llevaría ese nabo en el culo primero. Yo magreaba sus enormes tetas operadas. Pellizcaba sus pezones y acallaba sus gemidos, no sé si falsos o verdaderos con mis besos.
Al final nos decidimos por intentar un trenecito. No era fácil y menos en el duro suelo. Coordinar los movimientos mientras yo la follaba a ella y el chico recibía entre sus nalgas el pollón de la chica. Podía lamer su cuello y orejas mientras intentaba no salirme de su ano. Ese culo parecía tallado en piedra.
III.
La siguiente vez con quien primero me encontré fue con mi voyeur. Yo en mi uniforme de guerra y él vestido igual que yo, unos pantalones cortos muy muy pequeños. Ambos nos habíamos hecho visitantes asiduos del bosque.
Esta vez me fui derecho a por él, era su joven cuerpo de diez y ocho años el que quería tener debajo de mí sobre la fina hierba. A pesar de nuestros encuentros anteriores y de habérmelo llevado a casa algunas veces para disfrutar sin prisas de su piel sudada aún no sabia nada de él.
Misterioso, me ocultaba sus secretos dejando que solo la casualidad condicionara nuestros encuentros. Esta vez fue una mirona, una de las prostitutas, la que no se perdió detalle de nuestra actuación sobre la fina hierba de nuestro escondido rincón.
No se unió mientras él y yo follábamos. El chico me cabalgaba apuntando contra mi cara con su polla. Mi rabo bien duro hundido en su estrecho ano. Nos corrimos a la vez, yo dentro de su recto y él sobre mi pecho.
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miércoles, 23 de junio de 2021
En bóxer
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Follando por la mañana.
Has seguido el culo desde la puerta, con los cables y la caja de herramientas colgados del hombro. Lleva un bóxer ajustado de lycra y nada mas. Al principio te ha sorprendido, no es normal que alguien te abra la puerta así. Es su casa y puede ir como quiera, piensas. Pero hace calor, mucho calor, así que es normal, bueno eso puede que no, pero lógico hasta cierto punto.
De hecho tú estas sudando la ropa que llevas. Te estorba, deseas quitártela y quedar como él. Aún más, desnudarte del todo. Dejar que vea tu piel descubierta, que la toque, bese y pase la lengua por tu cuerpo. Ya te estas poniendo cachondo y aún no has empezado a trabajar.
Tocar tú la suya, todo su cuerpo, bajar la poca tela que lo cubre. Descubrir su polla e introducirla en tu boca. Tu lengua paseando por los huevos. La piel tersa suave, depilada que se adivina bajo la ajustada prenda. No dejas de mirarlo de reojo.
No sabes cómo dejárselo claro, cómo pedirle que te arranque la ropa sudada. Al poco de empezar los trabajos le pides permiso para ir al baño, a refrescarte, a enfriar tus ideas revueltas. Puede que a curiosear un poco. No hay por allí productos femeninos, solo los suyos o por lo menos solo de hombre. Que se cuida, hombre atractivo y sexi.
Recordando su culo prieto te estas poniendo aún mas caliente. Te echas agua por el cuello, mojando la camiseta de trabajo, qué mas da. Aflojas un poco el cinturón que te agobia la cintura, casi sin darte cuenta. Se ha fijado en tu camiseta húmeda. Su vista resbala por tu pecho mojado. Te haces ilusiones de que esa mirada ha sido larga, detallada, muy detenida.
Sigues con el trabajo pero no te concentras. Él no tiene prisa por vestirse. De vez en cuando echas un vistazo de reojo a su cuerpo que sentado en un sillón, espatarrado, con un muslo por encima del brazo, marcando paquete. Él está a medias al televisor y a tu ocupación, puede que a tí si tienes suerte.
Ahora tienes que arrastrarte por el suelo a cuatro patas, un cable rebelde que no se deja colocar en su canaleta. El pantalón se te esta bajando pero te da igual que medio culo quede al aire, no te esfuerzas por taparlo, por subirlo. Tu ropa interior ha sido arrastrada por el pantalón y las nalgas están desnudas, la raja sudada, el otro canalillo se ve y eres consciente de ello. Esperas que esté mirándolo. Otra mirada de reojo y lo descubres espiando tu culo.
Le deseas y quieres sus manos sobre tu cuerpo. Te ofrece un refresco. Al ir hacia el frigorífico sus nalgas duras tienen un magnífico balanceo que te hipnotiza. Al volver no puedes evitar mirar su paquete. Te levantas y coges la lata de sus manos, rozándolas y él no rechaza el contacto. Tu camiseta esta tan sudada, mojada y arrugada que le pides permiso para quitártela. Con una sonrisa él te responde que te quites todo lo que quieras.
Tú te habrías desnudado del todo pero solo te quitas eso. Tiras de ella y te secas las axilas con el trapo arrugado en que se ha convertido. También te las has depilado como el pecho y el resto del cuerpo. Te parece que sin vello tu piel se lame mejor. La cintura baja de tus pantalones descubrían tu pubis sin un pelo.
Dejas que él te mire y haces intención de volver al trabajo, para eso debes pasar a su lado, rozándolo y aspirando su aroma. Por fin, te coge de la cintura y te besa en el cuello, ambos os habéis estando señales y él las ha aprovechado primero. Dejas que sus labios recorran tu piel que sus manos te acaricien y lo haces suspirando.
Te aprietas a su cuerpo sintiendo su calor. Tus labios buscan los suyos y su lengua se mete en tu boca jugando con la tuya. Cambias su saliva por la tuya. Intentas recorrer toda su boca, lo más dentro que puedes. Dejas que él acaricié el interior de la tuya. Sacas la lengua cruzándola con la suya fuera de las bocas y dejando que la saliva moje vuestros pechos.
Acaricias su espalda apretándolo contra tu cuerpo febril. Él lame tu cuello y tu mordisqueas el lóbulo de su oreja, lascivo. Mete la lengua en tu oído. Como acabas de beber no piensas que se te vaya a secar la boca y terminar la saliva. Y quieres lamer cada centímetro de su piel, saborear cada poro.
Ha conseguido meter la mano entre vuestros cuerpos pegados y aflojar tus pantalones que caen a tus pies por su propio peso. Tu slip es pequeño y apenas puede tapar la dureza de tu rabo. La dos pollas juntas pétreas, rocosas rozándose separadas apenas por las finas telas de los calzoncillos.
Por fin tus manos pueden tocar su piel bajo el bóxer que tanto te ocultaba, pero ahora su polla dura descubierta está junto a tu vientre. Despacio bajas por su pecho y vientre. Sin separar la lengua de su piel, chupando sus pezones, lamiendo las axilas y el ombligo. Huele a limpio, a recién duchado, no parece que le moleste tu aroma a sudor.
Y por fin te arrodillas a lamerla pasando la lengua húmeda por sus huevos. Mojas su falo de abajo arriba desde los huevos hacia el glande. Te lo metes en la boca intentando no arañarlo con tus dientes. Apretándolo contra el paladar y acariciándolo con la sin hueso.
Con tus manos acaricias la piel de sus fuertes muslos, la cara interna deslizándolas despacio por el perineo entre sus nalgas. Separa sus piernas para dejarte el camino libre hacia el ano. Aprovechas y juegas con su ano, un dedo abriendo el agujerito.
Le oyes gemir por encima de tu cabeza. Sabes que lo estás haciendo bien, que le estás dando placer. No va a tardar en correrse en tu boca. No te lo piensas, sigues hasta que se derrama en tu lengua. Se te ocurre que quieres compartir su sabor. Lo aceptará bien.
Así que te levantas y vuelves a besarlo. No lo has tragado. El semen compartido entre vuestras lenguas, mezclado con vuestras salivas. Se derrama por vuestros pechos. Pero no lo desperdiciais, os agachais a recogerlo con las lenguas aprovechando para lamer más piel y mordisquear pezones.
No os habéis movido del despacho y has conseguido que se corra. Pero deseas más, quieres ese culito, solo has conseguido amasarlo con tus manos y juguetear un momento con tu dedo en su ano. Ahora quieres comerlo, saborearlo.
En el mismo sofá desde donde antes te miraba ahora le pides que se ponga a cuatro patas. El mueble es cómodo, viejo, de un cuero caro agrietado por el tiempo pero a la vez muy sensual donde poner vuestras pieles.
La grupa ofrecída es toda una tentación para ti. Bajando con la lengua pegada a su piel por la línea de la columna. Dejas un suave mordisco en una de sus nalgas antes de separarlas con tus manos. Lo contemplas un momento. Ese oscuro y cerradito oscuro objeto de deseo. Decidido pasas la lengua de arriba abajo por todo el canal. Al principio sin detenerte, pero a la tercera o cuarta vez empieza a parar en el ano. Cada vez mas tiempo clavando la lengua e intentando abrirlo.
Él gime, suspira, te hace saber con sus ruidos guturales que le gusta lo que le haces. No piensas parar. El tiempo se dilata como lo hace su ano. Dejando que un poco más de lengua se deslicé en su interior. Tu polla rocosa desea buscar refugio en esa oscura y caliente cueva que tienes ante la boca. Pero lo haces esperar, quieres que él lo desee tanto como tú.
Te permitirá meter un dedo para seguir dilatando. Para abrirlo más. Tu saliva basta como lubricante y el índice de la otra mano fuerza la entrada. Ya puedes escupir dentro. Lo que antes estaba clausurado ahora ya no se resiste. Tienes que saberlo. Le preguntas si quiere más, si desea tú polla en su interior.
Con todo ese trajín su rabo está volviendo a tomar consistencia. No te privas de acariciarlo. Tocas sus huevos y agachándote un poco más llegas a ordeñar su rabo.
La necesita, ya te dice que lo folles, te lo pide. Se gira lo justo para echar sus babas en tu glande. Ayudando así a la penetración. Y no te haces de rogar más. Te incorporas y diriges tu pétrea herramienta hacia la pequeña diana. Como mantienes el culo bien abierto, bien sujeto con tus manos. Va entrando despacio pero firme solo lubricada con las salivas de ambos.
Ya la tiene toda dentro. Tus huevos han sido frenados por los suyos y tu pubis de apoya en sus nalgas. Es apenas un segundo, para que ambos os acostumbreis. Tú a su estrechez y él a tu grosor. Luego te mueves, despacio para notarlo bien. Tu cadera empieza ese va y viene tan placentero para ambos. La excitación es mucha, no sabes lo que vas a aguantar.
Te agarras a sus caderas para no perder el ritmo. La excitación de ambos os hace acelerar. Vais cambiando la cadencia según lo dicta el deseo. Sabes que él va a manchar el cuero en el que apoya las rodillas. Puede que incluso antes de que tú le llenes el recto con tu lefa.
Ya no queda nada. Entre gemidos ambos os corréis. Tu semen rezuma de su culo y te agachas de nuevo a lamerlo. A recogerlo con la lengua y volver a compartirlo con él. Sabes que van a ser vuestros últimos besos. Quieres que sean especiales. No vas a volver a verlo, a tocar su suave piel. Pero lo habéis disfrutado. Ahora sí que puedes terminar el trabajo más relajado sin pensar en el sexo.
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domingo, 6 de junio de 2021
Sakura, la muñeca
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Las había visto en un documental en la tele y me quedé impresionado de la perfección que habían alcanzado. Ya no eran las muñecas hinchables cutres de sex Shop con la foto de una actriz porno en la caja de cartón, que había hace unos años. Ahora, por lo menos en la pantalla, casi parecían mujeres reales.
Aunque las fabrican en varios países las japonesas son las que más me llamaron la atención. Por supuesto investigué un poco más en Internet viendo fotos y detalles que el documental no había exhibido. Al fin me decidí a hacer el pedido.
Recibí la muñeca a principios del invierno en un enorme cajón de madera. La verdad es que me costó un pastón pero para un solitario como yo, lo pensaba ahorrar en putas. Y tampoco es que ande mal de dinero.
El envío directo desde Japón incluía la muñeca y algunos accesorios, pelucas, lencería y un kit completo de limpieza y cuidado. Siempre he sido hetero pero demasiado tímido poder intentar ligar con mujeres. Hasta entonces mi salida habían sido los prostíbulos y alguna prostituta contratada por teléfono o internet. Y por supuesto muchas pajas.
Aunque no se movía la muñeca realista era una mujer bellísima morena, de rasgos orientales, pechos generosos y amplia cadera, exactamente lo que había pedido. No podía esperar a tumbarla en mi cama y follarla en cualquier postura que se me ocurriera. En todas a ser posible y en esa primera tarde, para qué perder el tiempo.
Ya me encargaría yo de moverla. De subirla sobre mi cadera y agarrado a su cadera voluptuosa hacer que ella me cabalgara. A pesar del material del que estaba hecha su sabor era agradable, no era lamer plástico. Quizá le habían puesto algún aditivo químico. Así podía lamer su piel sin molestias, comerle el chumino perfecto y hacerle besos negros. Es más debido a la flexibilidad de su lengua no sólo podía besarla sino que ella podía lamer mi piel y devolverme esos favores. Yo le follaba la boca y ella me comía el culo.
Pero con ella sobre todo me gustaba el misionero poder besar esa boquita pequeña y jugar con su lengua que era tan flexible como una de verdad. Mientras follaba ese coñito de silicona tan suave y tierno como el de cualquier otra mujer que hubiera probado antes. Claro que para mí era tan mujer como una de carne y hueso y no de silicona. Las posibilidades que me ofrecía eran casi infinitas.
Aunque claro antes de meter mi polla tenía que lubricarlo lo que se convertida en otro juego de preliminares y en realidad como cualquier otra mujer a la que hay que acariciar y excitar para que lubrique antes de follar. Me acostumbré a hablarle, a ponerle un kimono y levantarla para que me acompañara en el desayuno antes de ir a trabajar. Sentada frente a mí con una expresión lasciva en sus labios rojos.
A verla cuando llegaba a casa esperándome con su eterna sonrisa sentada en el sofá con un vestido sexi. Al poco tiempo descubrí que la ropa que me habían enviado se hacia escasa. Quería darle más variedad, vestirla según mi humor, unas veces provocativa y lujuriosa y otras como una chica normal y recatada o incluso como una dama elegante. En la documentación y las instrucciones venían las tallas y medidas desde luego.
Pero eso me suponía un nuevo problema, mi timidez me ponía difícil entrar a una tienda a comprar y encima ropa de mujer cuando incluso me costaba comprar calzoncillos para mí. Pero Sakura se lo merecía todo e hice un esfuerzo. La primera vez en una tienda de cadena donde pude escoger sin que me molestaran, la parte difícil fue ir a la caja a pagar. Intenté hacerme a la idea que era como cuando estaba con una prostituta, solo un intercambio comercial.
La chica que me atendió se quedó mirando las prendas que había elegido, las mas sexys, las mas de putón que había en las perchas. Evidentemente comparando con mi cuerpo y mis tallas extrañada me preguntó:
- ¿Seguro que son de "su" talla?
Luego me confesó que había pensado que eran para mí, que yo era un travesti. Yo no sabia donde meterme. Tartamudeando le dije que estaba seguro, que las tenia apuntadas y que eran para un regalo, que me cobrara. Con mi cabeza gacha apenas pude ver de ella la cadera enfundada en un ajustado vaquero y unos generosos pechos en una camiseta aun mas apretada.
Estaba deseando volver a casa y probárselo todo. Allí descubrí que una de las prendas, un body de encaje, lo mas caro, estaba mal cosido y no se lo podía poner, tuve que ir a devolverlo. Encontré a la misma chica, aunque me costó reconocerla, a la que le expliqué el problema. Pero las mujeres son curiosas o por lo menos esta lo era, no se tranquilizó hasta que no me preguntó para quien era la ropa. Pensando que ella tenía una medidas muy parecidas a las de mi chica le dije que eran para mi mujer y en cierto modo era verdad.
Era la esposa que me esperaba en casa con su propio nombre Sakura, flor de cerezo, que era el que venia en la caja y no quise rebautizarla. Era a quien le hacia el amor, la mujer que me entregaba su cuerpo y todos sus orificios. La primera mujer que me había dado su culo sin tener que pedirlo y sin tener que pagarlo con largueza. No tenia que pedirle nada, claro, me lo daba todo.
Así que cada vez que volvía a la tienda a comprarle ropa me sentía un poco culpable. Como si le pusiera los cuernos cuando hablaba con la dependienta. Siempre la misma chica que empezó a aconsejame, cosa no muy difícil para ella. Lo que le sentaba bien a Sakura le tenia que quedar bien a ella. Tenían un cuerpo muy parecido, voluptuoso y soberbio.
No sabia lo que pensaba de mí pero me trataba muy bien y eso era lo que me importaba. Lo que me llevaba a pensar que le ponía los cuernos a la chica que me esperaba en casa. Para el comienzo del verano y del calor tenia con ella mas confianza que con ninguna otra mujer viva. Y ella seguía teniendo curiosidad por mí y por mi misteriosa mujer a lo que yo procuraba vestir como a la ramera de Babilonia.
Intentaba escaquearme diciendo que solo eran prendas para jugar en la cama y para fortalecer nuestra relación. Pero llegó un momento en que me apetecía vérselas puestas a ella. Verlas sobre carne viva y que fuera ella quien se las pusiera y quitara frente a mí. Por fin tuve que confesarlo todo. Me di cuenta que lo peor que podía pasar si se escandalizaba es que tendría que ir a otro sitio a comprar la ropa. Al fin y al cabo Sakura seguiría en casa, ella no se escandaliza.
Pero Susana se lo tomó bien, en realidad le entró mas curiosidad de la que ya tenia por mi misteriosa mujer. Una mujer completa de silicona y no como otras que solo tienen gran parte de sus cuerpos. Visto lo cual la invité a cenar ese sábado a casa, creo que fue mi amante oriental la que me dio el valor para pedirlo. Y desplegar mis mejores aptitudes culinarias.
Decidí que un vaquero y una camisa estarían bien para mí pero Sakura tenia que estar deslumbrante. La mejor lencería que le había comprado incluido el ligero y las medias. Un ajustado vestido de seda negro estampado en dragones orientales rojos tan pegado al pecho que sus pezones amenazaban con rasgar la tela con una raja en la falda estrecha que permitía ver la liga de la media y la piel de mas arriba del muslo hasta casi el encaje del tanga.
Sakura, paciente como siempre, esperaba sentada cómodamente en el sofá. Susana en cambio se presentó completamente occidental y muy sensual con una minifalda asustada que apenas tapaba su culo. Y de la salían sus torneados muslos. Un ancho cinturón y una suelta camiseta de tirantes que descubría su vientre y liberaba sus grandes pechos sin sujetador.
Tras las presentaciones parecía fascinada por la muñeca. Me miró como pidiendo permiso para comprobar su realidad y asentí con la cabeza. Ni en mis mas locos sueños habría imaginado la escena lésbica que sensualmente empezó a desarrollarse ante mí.
- Es maravillosa. Tan perfecta.
Susana acariciaba a Sakura con lascivia comprobando la suavidad de la silicona, la firmeza de sus pechos, la textura de los cabellos. Haciéndose lamer dos dedos antes de llevarlos al coñito de la oriental separando el encaje del tanga.
Comprobando la fidelidad anatómica de la réplica. Moviendo los brazos articulados para que Sakura le acariciara a ella sus grandes tetas con las manitas perfectas. Besando la boca y jugando con la lengua de silicona con la misma curiosidad que tuve yo el primer día. Yo pensando que la siguiente vez que besara a la muñeca allí estaría la saliva de la mujer.
De vez en cuando me miraba a mi y a mi durísima polla encerrada en el vaquero. Pero yo no quería decir ni pio para no estropear el magnífico momento. Olvidamos la cena sobre la mesa.
Luego ella me pidió que la ayudara a llevarla al dormitorio donde tantas noches solitarias Sakura me había acompañado y que las dejara solas un momento. Susana conocida mis gustos y al rato me llamó.
Cuando entré ambas estaban tumbadas en la cama únicamente vestidas con dos bodys idénticos, de encaje muy trasparente. Sus cuerpos voluptuosos hacían que las prendas y sus escotes las hicieran maravillosas. Las medidas y las sandalias de tacón iguales una de blanco y otra de rojo.
-¿Te gusta el regalo?
Susana me dijo que eran regalos para Sakura y para mi y me invito con un gesto a acompañarlas en la gran cama mientras me recibía con un húmedo y lascivo beso en la boca y sus manos desnudaban mi cuerpo. Con la práctica de ayudar a sus clientas me dejó en pelota picada en menos tiempo del que se tarda en decirlo.
Susana levantó y separó las piernas poniendo un muslo sobre las piernas de Sakura. El otro pie me lo acercó a la boca y yo lo besé. Chupé sus deditos como había hecho otras veces con los de la muñeca. Estos se movían contra mi lengua juguetones, suponía que sintiendo cosquillas. Empezaba a admitir que una amante que se moviera tenía sus ventajas. El olor de su coño me llegaba hasta la nariz mientras besaba su pie. Me excitaba más.
- ¿Se le puede chupar?
- Ya has probado sus labios y su lengua. Esta hecha para ello y todo tiene un sabor muy parecido.
Me sacó el pie de la boca para girarse y apartar el body del coñito de Sakura. Colocada entre los muslos de silicona empezó a comerle el xoxito como lo habría hecho con una mujer de verdad.
-¿Sabes? es mi primera mujer. Tenía ganas de probar con otra chica, pero nunca me había atrevido a intentarlo. Sakura y tú me estáis ofreciendo una oportunidad que deseaba hace tiempo.
Susana en algún aspecto se parecía a mi, tímida en algunas ocasiones. Supongo que vender lencería y ropa sexi a mujeres durante todo el día había levantado estos deseos. Ver cómo les quedaba esa rosa sobre sus cuerpos. Pero con Sakura estaba perdiendo esa timidez rápidamente dejándose llevar y haciendo lo que deseaba hacerle a otra mujer.
- ¡Vamos! fóllame!.
Mientras lamía el coño de la muñeca se puso a cuatro patas ofreciéndome a mi su preciosa grupa. Cuando la penetré solo apartando el tanga de la prenda de su muy húmedo coñito Sakura nos miraba con su eterna sonrisa sobre nosotros. Incluso Susana puso las manos de la muñeca sobre su espalda donde yo las alcanzaba y las usaba para acariciar su piel. Susana puso una de las suyas en mi culo para que me animara mientras la follaba. Para que lo hiciera más deprisa.
Los dos gemíamos, Sakura guardaba silencio.
- ¡Me corro!.
- ¡Y yo!. Tomo precauciones, dámelo.
Me había acostumbrado a lamer el coñito de Sakura después de llenárselo con mi semen para empezar a limpiarlo. Así que por que se lo iba a hacer a Susana. No me importaba saborear mi lefa y descubrí que mezclada con los jugos del orgasmo de ella estaba aún mejor. Además volvió a correrse al notar mi lengua lamiendo su ano y su xoxito.
Nos dejamos caer uno a cada lado de Sakura y mientras recuperábamos el resuello la acariciábamos a ella y lo hacíamos entre nosotros probando texturas y pieles. A veces nuestras manos coincidían sobre uno de sus pechos o en su coñito y entonces cruzábamos los dedos. Otras eran nuestras bocas las que se aproximaban mientras besábamos a la oriental y entonces lo que cruzábamos eran las lenguas cambiando saliva.
Susana quería ver cómo follaba Sakura y gracias a sus caricias pronto estuve en condiciones de hacerlo. Como no quería dejarla de simple espectadora subí a la muñeca sobre mi cadera para que me cabalgara. Le clavé la polla en su coñito y yo podía moverla con mis manos. Susana subió sobre mi cara donde podía usar mi lengua para darle placer en su xoxito y su culo lamiéndola.
Como yo tenía las manos ocupadas moviendo a Sakura era Susana la que tenía que abrir sus nalgas si quería mi lengua allí. Mover la cadera para poner su vulva sobre mi boca si deseaba eso. Acariciar los pechos de la réplica o besar su boquita de labios modelados perfectos. Apoyar la cabeza en su hombro y besar su cuello.
Al rato me pidió cambiar y poner a la muñeca a cuatro patas para ver como le follaba el culo. Lo hicimos entre los dos y ella misma hizo de mamporrera llevando mi polla entre las nalgas de silicona. Acariciaba mis huevos mientras me movía. No perdía detalle mirando desde bien cerca y a veces pasando su lengua por mi vientre, o el culo de Sakura para provocarme.
Todo tiene un final y terminé llenando ese culo con mi leche. Susana lo lamió recogiendo lo que rezumaba. Verlo estaba manteniendo mi excitación a niveles estratosféricos. Ver cómo la chica real le hacia un beso negro a la muñeca recogiendo mi semen de allí.
Después de una sesión de sexo así hacia que limpiar bien a Sakura para que nada e estropeara sentí de ella. En realidad los tres necesitábamos una buena ducha. Sudados y con semen, saliva y jugos por todas partes.
Susana y yo nos duchamos juntos renovando caricias y luego ella me ayudó con Sakura convirtiéndolo en un nuevo juego.
Yo no sabia en que quedaría todo aquello, no si Susana no se arrepentiría de todo al día siguiente y no la volvería a ver. Bueno no se ha venido a vivir con nosotros pero cada vez que le apetece un trío con un hombre y una "mujer" me llama y repetimos. Además he conseguido una buena rebaja en toda la ropa que le compro a Sakura desde entonces.
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domingo, 16 de mayo de 2021
El ascensor
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Por fin sucedió, subía en el ascensor con la mujer mas bonita de la casa. Hoy en día sería una milf, exceptuando que no tenía hijos. Sin poder apartar la vista de su poderosa delantera, descubierta por un escote enorme, pensaba:
-"¡Cómo está!" lo que daría por follármela, me encantaría que me invitara a su casa. Cualquiera se atreve a insinuar algo.-
Ella parece que leia mis pensamientos, supongo que por la cara que estaba poniendo, por su amplia experiencia o por el sitio a donde yo dirigía la mirada.
-Cierra la boca o se te va caer la baba.
Y acercándose un poco me besó suave en los labios y me sujetó el culo como si fuera a perderlo. Cuando llegamos a su planta me dijo que la siguiera y lo hice como un perrito.
Es muy bonita, morena, de ojos azules, sus tetas grandes redondas resaltaban en su jersey fino con escote en uve y apretado, solo las tiras del sujetador disimulaban un poco la perfección de su cuerpo. Las caderas anchas marcadas en los ajustados vaqueros y un par de botas altas. Realmente no aparentaba los mas de cuarenta años que tenía.
Yo tenía unos vaqueros y una camisa abierta mostrando algo de mi pecho musculoso. No estaba mal del todo, en vez de estudiar me dedicaba a jugar a cualquier deporte que se me ocurriera. La moqueta de su salón era muy mullida y había un sofá sin respaldo allí en medio, una chaise long. Se descalzó y me indicó que hiciera lo mismo. Lo hice y me senté a su lado en el diván que era muy ancho.
-¿Sabes que soy prostituta? ¿verdad? y tú ¿eres virgen? ¿verdad?.
Lo sabía, ella era la comidilla del edificio. Y la cotilla de mi madre no se privaba de criticarla. Yo con cara de tonto me limité a asentir.
-Me hace ilusión ayudarte un poco con este tema. y creo que a ti, por la cara que estás poniendo, te gustaría que fuera yo tu primera chica. ¿verdad? Espero enseñarte algunas cosas, como tratar a una chica con dulzura.
Volví a asentir con la cabeza, y mi expresión debía ser la de un palurdo salido, ella debía pensar que yo era tonto integral.
- Sácate la camiseta.
Me la arranqué como si me quemará sobre mi pecho. Se inclinó sobre mí y empezó a lamer mis pezones que estaban como guijarros de río. Yo gemía dejándola hacer. Estaba como paralizado pero era por el placer que sentía.
Ella, como sin querer, puso una mano sobre mi rodilla y la otra en mi espalda. Después me beso en la boca y metió la lengua en la mía. Paseándola por mis dientes y cruzándola con mi lengua acariciándose entre ellas. Al principio me dejaba hacer sin saber muy bien cómo actuar, pero enseguida reaccioné y empecé a jugar con la sin hueso por toda su boca.
Impaciente, puse la mano en su pubis desabrochando sus vaqueros. La inexperiencia se me notaba a la legua. Me agarró la mano para que la acariciara suave, solo con un dedo en los labios de la vulva por encima de sus bragas humedecidas. Me decía:
-Suave cariño, no tengas prisa.
Subió la mano de la rodilla a la cintura y desabrochó mis pantalones. Yo también subí mis manos por debajo y por dentro de su jersey para sacárselo. Cuando llegué a sus pechos no pude mas que acariciarlos y amasarlos por encima del fino sujetador. Conseguí deslizar la mano dentro de la tela y cogerle un pezón. Acariciarla suavemente alrededor.
Separamos el beso lo suficiente como para sacarla el jersey. Me agaché y apartando la tela del sujetador le mamé, le lamí los enormes pezones. Siempre quise mamar de una teta, así que lo hice sorbiendo y clavando suave los dientes. Ella se reia y decía:
-Que bien mama mi niño.
Manoseado a su espalda intentando abrir el sujetador. Se me notaba la inexperiencia. tras un rato de intentarlo ella se cansó. Se sacó los tirantes de los hombros e hizo girar la prenda alrededor de su pecho. Así era mucho más fácil. Al soltar el broche sus impresionantes tetas quedaron a mi vista y al alcance de mis manos. Y volví a posar mis labios y lengua en ellas. Me dejó todo lo que quise hasta hartarme, bueno no, nunca me hartaría de unos pechos así.
Me sacó la camiseta y nos levantamos. Le bajé los vaqueros, me arrodillé y se los saqué del todo adorándola a sus pies. Separó los muslos y por fin pude contemplar la maravilla de su vulva. Aún cubierta por una mínimas braguitas mojadas y trasparentes en esa zona. Ella misma se las quitó y dejó que la contemplara a gusto.
Pude acariciarla y descubrir lo que para mí eran un montón de secretos. Toda la anatomía femenina que para mí era un misterio hasta entonces. Empezar a usar la lengua sobre esa maravilla. También le chupé, lamí los labios y se la metí lo mas posible hasta que tuvo un orgasmo, noté sus jugos, su sabor intenso bajando por mi lengua. A pesar de no saber lo que estaba haciendo, mi curiosidad me hacía métela por todas partes dándole gusto.
Me levanté y volvió a besarme sin importarle su sabor en mi boca. Cambiando lengua y saliva. Ella me bajó los pantalones y el slip y me hizo sentar al borde del diván, apoyando solo las nalgas. Fue ella la que se arrodilló. Empezó lamiendo mis huevos, chupándolos como golosinas.
Subiendo la lengua por el tronco y se metió mi polla en la boca. Me hizo tumbar del todo en el diván y levantar las piernas. Cuando empezó a pasar la lengua y un dedo ensalivado por el ano ya fue la locura. Haciéndome sentir lo que mis diez y ocho años de pajas nunca había sentido.
Continuó lamiendo a lo largo del pene, introduciéndose mis testículos en la boca o masticando mi glande. Siguió hasta que se tragó mi semen y volvió a besarme. Fui yo el que sentí mi sabor de sus labios y lengua. Me tumbé en el sofá y a la edad que tenía entonces me recuperaba pronto. Por supuesto ayudaron sus caricias y sus besos.
No me dejó de sobar por todo el cuerpo de los pies a la cara sin parar. Cuando que darme cuenta tenía puesto un condón que me había calzado con la boca. Nunca he llegado a saber como lo hizo, pero quería protegerme. Era evidente que ella no tenía miedo de que yo le pegara algo sino al revés.
Sin pensárselo dos veces se subió a horcajadas sobre mí y se fue clavando mi rabo despacio. Allí estaba bien apretado. Se irguió y comenzó a moverse. Todavía era mucho mejor que cuando me la comió. Solo pude poner mis manos en sus melones y acariciarlos. Su vagina apretaba mi pene como una prensa hidráulica, concentradas todas las sensaciones allí.
Yo le acariciaba de la cara a los hombros, los pechos, el vientre y el clítoris cuando podía alcanzarlo o sujetaba sus nalgas duras y grandes. Tenía una piel suave, esta vez medio tiempo a acariciarla todo lo que quise pues aguanté bastante mas.
Se bajó de encima y me impidió moverme. Empezó a tocarme y besarme, a lamer todo el cuerpo, la cara el pecho, bajando por el estómago y la polla húmeda de nuestras corridas y los muslos hasta los pies y el dedo gordo que se lo metió en la boca.
Me hizo dar la vuelta y continuó chupando y acariciando mi piel. Prestando especial atención al culo, lo abrió con las manos para lamerlo clavando la lengua en el ano. Hasta metió un dedo y lo movió sin dejar de lamer. Descubrí que me encanta el beso negro, y que jueguen con mi culo a su gusto.
Me pidió que se lo hiciera yo y con mi curiosidad hizo que me entretuviera en todo su cuerpo usando dedos, y lengua. Lamí cada uno de los deditos de sus pies y me gustó. Subí por la piel suave de sus pantorrillas hasta los torneados muslos, por la cara interna pero no sin lamer sus rodillas y las corvas.
Paré poco en su chochito pero aún así le di una cuantas lamidas. Su vientre plano y el ombligo me parecieron deliciosos y volver a disponer de sus tetazas me tenía alucinado. Incluso su cuello y la nuca cuando se giró para que pudiera besar su espalda. Y comerme su culo, hacerle a ella el beso negro y clavar la lengua en su ano. Nunca pensé que una mujer me dejara disfrutar así de su trasero.
Volví a su pubis. Arrodillado en el suelo y con sus muslos apretándome la cabeza lamí su coño con todas las ganas, estirando los brazos hasta sus tetas. Luego levantó las piernas hasta su pecho. Tras lamerle bien el culo, el ano, durante un rato. Nunca pensé que se me pusiera dura para un tercer asalto. Pero supongo que ese rato recorriendo su cuerpo me dio la excitación y fuerza para que se levantase otra vez.
Mi juventud y su experiencia estaban consiguiendo que la tarde empezara a quedarse corta. Eran horas y seguíamos teniendo ganas el uno del otro. Yo estaba recuperado y ella que lo vió, me dijo:
-¿A que esperas? Follame el culo.
Muy despacio explorando esa nueva posibilidad, haciéndolo, como mejor supe, la fui penetrando. Sujetando su cadera, su hombro. Ella me guiaba y aconsejaba como toda la tarde. Me indicaba cómo le gustaba y que acariciara su clítoris a la vez. Eyaculé dentro de ella.
Se la saqué de entre las nalgas y me fui al baño a lavarme. Como ella me indicó. Me esperó descansando, me tumbe a su lado. Creí que no se me levantaría ni con una grua, aunque eso no importaba en ese momento, nos acariciábamos con ternura.
Me preguntó si quería seguir y me propuso un masaje con todo el cuerpo. Embadurnados los dos bien de aceite de almendras nuestras pieles resbalaban la una sobre la otra. Ella encima o yo sobre el cuero de diván. Sus pechos grandes por todo mi cuerpo. Su culo sobre mi piel.
Ella me ponía a mil ya antes de esa tarde así que después de todo lo que estábamos haciendo mi excitación estaba por la nubes. La polla al principio flácida se fue poniendo morcillona, dura poco a poco, bien remojada en el aceite terminé con la espalda en el cuero y ella encima mirando hacia mis pies.
Viendo que me había recuperado empezó a comérmela con furia. Yo evidente hice lo mismo con su coño y su culo todos los fluidos de esa tarde. Nuestro sudor, mi semen los jugos de su coño el aceite, nada me importaba. Me sabía a gloria hasta el ano. Ella tampoco dejaba de comerme los huevos y de meter un dedo en mi ano.
Supongo que tardé en correrme una barbaridad y apenas saldría nada. Pero no importaba nada, era solo la sensación lo relevante.
Cuando me di cuenta de la hora, el sol bajando en la ventana. Me tuve que vestir a toda prisa y ponerle una excusa a mis padres. Pero estaba deseando volver a ver a la vecina.
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viernes, 14 de mayo de 2021
El padre de mi amigo, la moto
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Otros relatos de la misma serie:
El padre de mi amigo.
https://www.todorelatos.com/relato/154511/
El padre de mi mejor amigo, el cumpleaños.
www.todorelatos.com/relato/175246
Este es el comienzo, la precuela. Así es como se desarrolló la historia con mi mejor amigo Mario y como empezamos a follar. Y como empecé a provocar a su padre Julio que empezó a gustarme mucho en esas vacaciones. Luego una vez divorciado nos reencontramos. Tuvimos nuestros encuentros como follamigos y en un cumpleaños que terminó en orgía me presentó a algunos de sus amigos. Pero todo ello no habría pasado sin esas vacaciones, su cámara de fotos y los bañadores speedo rojos que usábamos todos.
Mi mejor amigo, Mario, había recibido un buen regalo, una moto nueva. A nuestros diez y seis años y con las hormonas revolucionadas era una maravilla tener libertad de movimientos. Me gustaba ir de paquete cojido de su cintura apretado contra su espalda. O cuando me dejaba conducir y era su pecho el que notaba detras de mí y no solo su pecho, sino su polla dura clavada en mi culo.
Somos inseparables desde que tengo memoria siempre hemos jugado juntos. Hemos hablado de todo sin secretos entre nosotros. Bueno casi, hay cosas que nunca nos habíamos atrevido a confesarnos. Hablamos de sexo sin cortarnos, de chicas, de sus cuerpos, pero no de los nuestros. A pesar de habernos visto desnudos infinidad de veces de rozarnos y tocarnos y tener estrecho contacto físico en nuestros juegos.
La moto nos permite alejarnos más, explorar más lejos y buscar nuestros refugios secretos y soledad compartida sin miedo a que nos encuentren. Dando esquinazo a nuestros padres y familia. Teníamos kilómetros de playas a nuestro alcance y aún mas de bosques y prados.
Explorábamos todo aquello y cuando encontrábamos sitios tranquilos descansamos allí, charlando medio desnudos sobre la arena caliente o la hierba fresca. Almorzando lo que hubiéramos llevado en una mochila. Llegábamos hasta la playa nudista de la que siempre habíamos oído hablar pero que nunca habíamos llegado a ver.
Los cuerpos desnudos nos llamaban la atención. Los primeros días no nos atrevíamos a desnudarnos pero por supuesto a las pocas visitas nos mostrábamos sin pudor. Al principio nos tomaban por mirones pero al ver nuestra juventud lo tomaban por curiosidad natural y nadie nos decía nada. Si volvíamos tarde o temprano nos desnudaríamos.
Ese día yo conducía sin camiseta y con un pantalón tan corto y fino que se me notaba todo. Mario llevaba un pantalón parecido al mío. Los muslos desnudos se rozaban. Sentado detrás de mí apretaba mi cintura con sus manos cruzadas justo sobre mi ombligo. Si las hubiera puesto por debajo yo estaría muy nervioso.
Su pecho pegado a mi espalda nuestras pieles desnudas en estrecho contacto frotándose en cada bache. A los lados de la carretera por la que íbamos chicas en bikini y chicos en bañador buscaban un lugar en las playas para quedarse y para pasar el día.
Nosotros pensábamos ir un poco mas lejos pero con el espectáculo y los roces la verdad es que me estaba poniendo caliente. La polla dura colocada hacia la izquierda me empezaba a apretar dentro de los pantalones. En mi culo empezaba a notar como a mi amigo le pasaba lo mismo que a mí. Empecé a notar en mis nalgas como su rabo se iba poniendo duro.
No era la primera vez que nos pasaba y no le di mas importancia. Apoyó la barbilla en mi hombro desnudo en un gesto de cariño que era habitual entre nosotros. La gente empezaba a escasear pero Mario no se separaba de mí y la sensación me gustaba así que solo acomodé mejor el culo en el sillín sintiendo aún mas la dureza de su polla.
Un poco mas lejos estaba la cala a la que íbamos. Mario se bajó primero y yo apoyé la moto en el caballete. Descolgamos la mochila y bajamos por la escalera del acantilado. Como esperábamos había poca gente y la mayoría desnudos.
Íbamos mirando el panorama buscando un sitio donde poner nuestras toallas. Debajo de nuestros pantaloncitos cortos no llevábamos nada. Al bajármelo mi polla saltó como un resorte y la de Mario hizo lo mismo. Los dos nos echamos a reír ante lo absurdo de la situación lo que atrajo algunas miradas. Así que corrimos al mar un poco para escondernos, otro para relajarnos y otro para estar juntos y solos. Muy juntos que era como mejor estábamos.
Yo entré primero y Mario tras de mí se me subió a caballito a la espalda. Era un juego pero su polla estaba cuatro dedos por encima de mi culo y mis manos sujetando sus muslos muy cerca de sus nalgas. Me adentré en el agua para ocultarnos de miradas indiscretas. Al soltarse su polla quedó atrapada justo en mi culo. Apreté las nalgas para mantenerlo ahí y eché las manos mas atrás para agarrar las suyas.
No hizo nada por separarse, mas bien sus manos acariciaron mi pecho despacio alcanzando mis pezones que estaban duros como piedras. Al darse cuenta de ello en vez de dejarme en paz empezó a pellizcármelos y a jugar con ellos lo que me excitó aún mas. Apreté el culo para no dejarle escapar y él me dio un muerdo en la nuca. Uno de mis dedos se deslizó por la raja de su culo hasta encontrar su ano y era la primera vez que lo tocaba. Al menos si el agujerito por que el culo nos lo teníamos bien sobado jugando.
No se amilanó para nada y me dejó penetrarlo hasta la primera falange antes de bajarse de mi espalda pero sin separar su cuerpo del mío. Notaba perfectamente la dureza de su polla rozando mis nalgas, mi muslo y mi propio rabo cuando se puso frente a mí. Lo tenía cogido de la cintura mientras el agua que nos llegaba a los hombros nos ocultaba de la visión desde la playa nos mirábamos a los ojos.
Nos acercamos más hasta que nuestros labios se tocaron, se abrieron y dejaron pasar las lenguas con hambre de la saliva que recogían juguetonas de la boca del otro. Nuestro primer beso. Le magreaba el culo a placer y él hacía lo mismo con el mío llegando a pasar un dedo por el ano. Nuestros penes apretados entre nuestros vientres los sentíamos duros y calientes. Una de sus manos agarró los dos pajeándolos despacio. Una de las mías acariciaba sus huevos sin dejar de sobar su cuerpo con la otra.
Tan calientes estábamos que nos corrimos enseguida dejando que el agua se llevara el semen. Jugamos un rato mas entre las olas sin atrevernos a comentar lo que había pasado. Y pensando que todo el mundo se había dado cuenta de lo que habíamos hecho. Salimos a la arena a tomar el sol y descansar fijándonos en los demás cuerpos desnudos, hombres y mujeres por igual.
A pesar de estar todo el mundo en bolas era un sitio demasiado público como para hacer nada más. Aunque cada vez que volvíamos a meternos en el mar, ocultos hasta el cuello, volvíamos a acariciarnos.
Esa noche me masturbé dos veces recordando la mano de mi amigo apretando mi polla contra la suya. Mezclándo imágenes de coños, tetas y de otras pollas sobre la arena caliente, de cuerpos desnudos. A la mañana siguiente me recogió temprano, lo único que me puse encima de mi cuerpo desnudo fue un short vaquero tan recortado que parecía un slip y Mario venía con su pantalón de deporte mas fino y pequeño.
Algo había surgido el día anterior entre los dos y parecíamos dispuestos a explorarlo. No me dejó coger el manillar así que acomodé mi pecho bien pegado a su espalda y mi pene morcillón a sus nalgas duras. Rodee su cintura con mis brazos apretándolo fuerte justo donde la tela dejaba paso a su piel bajo el ombligo y apoyé la barbilla en el hombro.
Si eso no le dejaba claro que me encantaría repetir los juegos de la playa tendría que decírselo. Por que no me iba a quedar sin ello. Pero si que lo tenía claro o al menos cierta parte de su anatomía. Al rato empecé a notar en mis dedos su polla dura queriendo salir del pantalón hacia arriba.
No sabía si podría o sabría reconocer con palabras mi bisexualidad. En vez de hacia el mar se encaminó al bosque a un rincón cubierto de de hierba fresca oculto entre arbustos. Nuestro rincón secreto en medio del monte. Sin bajarme del sillín agarré su polla por encima del pantalón descubriendo con agrado que ya estaba dura. Sin soltarla metí la otra mano por dentro de la tela y se la acaricié sin mas estorbos.
Mientras le besaba lamía y mordía suavemente el hombro y el cuello. Se giró como pudo para darme su lengua que de inmediato se cruzó con la mía. El pacto se había sellado. Nos bajamos de la moto sin dejar de sobarnos y en cuanto estuvimos frente a frente dejé caer sus pantalones al suelo. Hacía un momento los tenía bajados por debajo de la testículos y de ellos su polla asomaba. El abrió los míos dejando que la mía saltara dura. Metió la mano por dentro y saco los huevos. Se dejó caer de rodillas en la hierba.
En vez de coger mi rabo con la mano lo cogió entre los labios, las manos las metió por las perneras agarrando con fuerza mis nalgas. Su mirada mientras clavaba sus ojos en los míos era pura lujuria. Y allá abajo veía de vez en cuando su rabo duro rozándome los tobillos al ritmo de los movimientos de lamer mi polla y huevos.
Con todo eso y el calentón que llevaba de antes me corrí en su boca en muy poco tiempo. No se separó y recogió toda mi lefa en su boca. La mezclé con mi saliva cuando me incliné a besarlo y clavé mi lengua en la suya. Un beso largo morboso con el sabor del semen y sus manos librándome por fin del vaquero.
Sin levantarse se echó hacia atrás y se tumbó en la hierba con la perpendicular de su rabo tieso apuntando al cielo. No sabia donde lo quería pero tenia muy claro que lo necesitaba dentro de mí. Como hacía mucho que habíamos pasado el punto de no retorno me ensalivé bien dos dedos y me dediqué a abrirme el culo dispuesto a sentarme encima de su polla. Le veía en la cara lo que le gustaba el espectáculo.
Más cuando dejé caer mas saliva en su brillante glande y despacio doblé las rodillas hasta apoyar el ano en él. Con mas esfuerzo y dolor del que pensaba fue abriéndose camino en mi interior. Pero por nada del mundo iba a parar aquello hasta que no se corriera en mis tripas. El ayudaba poniendo más saliva en mi polla cuando levantaba el culo. Y más lubricado volvía a bajar. También me cogía la polla acariciándola. Tenía que conseguir que se corriera follándome. Y si fue, al rato su lefa llenaba mi ano.
Yo no me corrí pero para entonces mi nabo volvía a estar duro. Mario no quería quedarse sin su parte y se puso a cuatro patas para mí. No pude resistirme y cuando lo vi así de expuesto me puse a comerle ese prieto culito. A pesar la lengua por toda la raja y clavarla en el ano que aprecia abrirse pidiendo más. Y no era el su agujero el que pedía.
- ¡Vamos fóllame! Lo necesito.
Desde luego le di el gusto y segundos más tarde lo estaba penetrando a lo perrito en medio del bosque.
Pronto me di cuenta de que su padre me atraía. Mientras mi relación con Mario se afianzaba por un camino que ninguno de los dos había supuesto antes de esas vacaciones. Julio, todo un hombretón atractivo y masculino que usaba los mismos bañadores tipo slip que nosotros. El suyo rojo y minúsculo parecía que tapaba un buen rabo. Ese cuerpo me gustaba.
Se dedicaba a hacernos fotos en cuanto podía. Sus preferidas eran cuando estábamos en bañador en la playa o en el jardín del chalet alquilado y nosotros posábamos haciendo el payaso. Estoy seguro que me de una vez le enseñamos el culo bajándonos lo que lleváramos puesto en ese momento. Y si fue lo bastante rápido en alguna foto los dos estamos haciéndole un calvo a la cámara. Quiero una copia de esa foto.
Más de una vez quedaría plasmado en esas fotos más carne de la que pretendíamos. Pero aparte de provocarlo exhibiendo más piel de la necesaria o con roces y apretones nunca se me pasó por la cabeza pasar de ahí con Julio. Y joder como me gustaba. Si él hubiera pasado alguna vez de abrazarme y cogerme el culo en algún gesto cariñoso yo mismo me habría bajado los pantalones. Los míos para que me follara o los suyos para comerle ese rabo que se marcaba en el bañador tipo slip.
Ambos nos contuvimos por entonces. Esperando un momento más propicio para dar rienda suelta a nuestro deseo. También estaba mi relación con Mario por supuesto que siempre me tenía cachondo.
La continuación en:
El padre de mi amigo.
sábado, 8 de mayo de 2021
De vacaciones con un amigo de mi padre
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Mario era amigo de mi padre, de los de toda la vida. Soltero, bastante guapo y muy cuidado iba al gym, se depilaba, bronceado integral. Mi padre iba con él al gym, asi que también estaba bastante bien. Yo despistado, todavía no me había dado cuenta de la corriente de energía que había entre ellos. Los dos apenas pasaban de los cuarenta y yo muy poco de los diez y ocho.
Se veía de lejos la amistad y los gestos de confianza que se tenían. Muy íntima para ser solo dos amigos.
Yo era un panoli, no me enteraba de la misa la media y mi madre menos. A pesar de mi calentura permanente, de llamarme la atención cualquier trozo de piel expuesto ya fuera de chica o de un tipo decentemente construido jamás habría esperado lo que se me vino encima.
A Mario le surgió un viaje de empresa al extranjero, podía llevar un acompañante. Como no se le conocían novias, ni parejas, pensó en quien podía invitar a acompañarle. En otras ocasiones mi padre se hubiera ofrecido encantado. Pero ahora que pasaba una extraña época con mi madre no podía permitírselo. Lo que hizo fue proponerme a mí como su sustituto. Imaginando lo que era casi seguro que iba a ocurrir, que terminaríamos follando los dos.
-¿Por qué no va Alex contigo? Le vendrá bien un viaje, subir a un avión y conocer otro país.
Yo estaba encantado de visitar un país cálido en medio del frio invierno. Librarme durante unos días de las clases. Pensaba que como mínimo podría disfrutar de la vista de los cuerpos poco cubiertos al sol del trópico. Disfrutar de esos días como unas vacaciones. Desde luego si surgía la ocasión de ligar no la desaprovecharía.
Me llevé mi ropa mas fina y mis bañadores mas pequeños. Estaba dispuesto a pasármelo bien. A lucir mi cuerpo cuidado por las tardes de natación y bien depilado. A aprovechar ese cuerpo ofreciéndolo a quien lo quisiera.
Los pasajeros del avión y la gente en el aeropuerto parecía prever el calor del destino y lucían mas de sus cuerpos. Ya llevaban ropa más fina y ligera. Algún escote o pierna se empezaba a ver, lo que no contribuía a mi tranquilidad.
Antes de despegar aproveché una escapada al baño para cambiar mis vaqueros por unas reducidas bermudas que al sentarme descubrían mis muslos casi hasta la ingle. Dejar el jersey en la mochila que llevaba como equipaje de mano. Había visto en mi móvil la temperatura que hacía en nuestro destino. Además me puse una camiseta de tirantes con un buen escote en el pecho y las axilas, con lo que lucía casi todo mi cuerpo.
En esos estrechos asientos ya estábamos muy pegados y eso que íbamos en primera. Ya en el avión se puso tierno y cariñoso lo que en realidad no me disgustaba en absoluto. Ya que había admirado su cuerpo en mas de una ocasión, al volver con mi padre del gym, de nadar o de hacer joggin. Notar su mano con confianza rozándome el brazo o apoyada en mi hombro o espalda no me enfadaba. Más bien al contrario, me ponía caliente.
Iniciamos la ascensión y dejó descansar su mano en mi rodilla desnuda. Podría ser para darme confianza, era mi primer vuelo. Pero sus dedos calientes acariciaban mi piel con suavidad. Y yo me dejaba y le sonreía como si no me diera cuenta de ello. Tan excitado por estar por fin a bordo de un avión como por su compañía.
Él en cambio se había subido al avión con su traje. Lo que no me dejaba muchas opciones para acariciarlo. Aún así siempre me las apañaba para apoyar la mano sobre su muslo o su brazo. Así podía notar la firmeza de sus músculos. Al terminar el ascenso y soltar los cinturones de seguridad, le dije:
- ¿Por qué no te pones algo más cómodo?. Todo el viaje así vas a ir incómodo. Y a arrugar el traje.
- De acuerdo, pero creo que no me he traído nada tan sexy como lo que llevas tú.
-Esto no es nada sexy, es solamente algo cómodo para el avión.
Cogió su bolso de mano y se fue al baño. Al salir llevaba unos vaqueros raídos que le sentaban de fábula y una camiseta qué marcaba su torso de maravilla. En ese momento pensé que no me hacía falta ligar con nadie, que ya llevaba el ligue desde aquí.
Pasé una mano por su pecho rozando los pezones y le dije:
- Así estás mucho mejor. Más relajado. Por cierto tendrás que aclararme el rollito que os traéis mi padre y tú. Ahora que estamos solos podrás contarme los detalles.
-¿Tu padre no te ha dicho nada?
- Claro que no, y menos estando mi madre al loro.
- Si nos guardas el secreto te lo contaré todo.
Me sonrío y seguimos el resto del viaje con caricias disimuladas. Ya en nuestro destino, al salir del aeropuerto se veía el cambio de ambiente de nuestro país natal a allí. Las parejas, la gente, se trataba de una forma completamente distinta. La muestras de cariño que se brindaban eran completamente naturales y no solo entre parejas heterosexuales. A veces eran dos chicos, o chicas o incluso grupos.
Besos y caricias, calurosos abrazos, no era raro. Gente que llegaba o se iba a veces por meses así que los reencuentros y las despedidas eran muy calurosos. Pero justo a nuestro lado dos chicas con muy poca ropa encima que acababan de encontrarse empezaron a comerse la boca. Lo hacían de forma completamente sensual excitando a todo el que estaba alrededor.
Nada más cruzar la puerta giratoria de la terminal Mario me cogió de la cintura de forma natural. Como si no quisiera perder mente la multitud. Yo no solamente me dejé sino que además me acerque mucho más a él. Recogimos las maletas y un taxi nos llevó hasta el hotel. Mario había tenido la precaución de coger una sola habitación, eso sí enorme. Con una cama aún más grande que las que hubiera visto yo en toda mi vida, creo que era más grande que mi habitación en casa. Todavía no sé si lo hizo adrede. Pero admito que me gusto el descaro.
- No te importará que durmamos juntos.
- Para nada. Ahí hay sitio de sobra.
-¿ Qué hacemos ahora?
- Podemos bajar a la piscina o descansar un rato. Lo que prefieras.
- Me gustaría bajar a la piscina y ver el ambiente. Mario, ¿Te habrás traído el bañador speedo que usas para nadar con mi padre en la piscina?. Yo también tengo uno de esos.
- Por supuesto, creo que por aquí solo usan de ese tipo.
Salí a contemplar el panorama desde la enorme terraza y sin mas problemas empecé a desnudarme allí. Me daba igual que alguien me viera desde alguno de los otros edificios. Al fin y al cabo allí no me conocía nadie. Tiré las pocas prendas a una tumbona y completamente desnudo empecé a buscar en la maleta uno de mis pequeños bañadores.
Sabía que él me fue miraba, me devoraba, pero me hice el despistado. Y lo hacía adrede. Me agaché buscando en la mochila con lo que mi culo quedaba perfectamente ante sus ojos. Deseaba que él lo mirara, que lo viera y deseara. Entonces sin perder mi trasero de vista él empezó a desnudarse. Lo miraba de reojo apreciando lo cuidado que estaba sus músculos marcados y su vientre plano.
Cuando se bajó el boxer ajustado no pude hacer otra cosa más que quedarme mirando su polla. Era la primera que veía al vivo, no en una pantalla de ordenador, léase porno y me gustó. Sin un solo pelo colgaba entre sus muslos como desafiándome a acariciarla. Según me miraba la polla empezaba a coger algo de horizontalidad. Se notaba la exitacion corriendo entre los dos, como una corriente de energía.
Pero no se lo iba a poner tan fácil. No me iba a ponerme a follar con él nada más llegar a la habitación del hotel. Solo con los bañadores y las toallas al hombro bajamos a la piscina. Los cuerpos casi desnudos y perfectos se exhibían alrededor del charco. Chicos y chicas exhibiéndose sin complejos.
Mario tenía algunas reuniones el día siguiente y yo necesitaba algo para entretenerme durante ese tiempo. La piscina parecía un buen lugar o dar una vuelta alrededor del hotel y empezar a reconocer la ciudad. También podía ir a la playa que no estaba demasiado lejos y seguro que los cuerpos estarían aún más desnudos que en la piscina del hotel. Todas eran buenas opciones que dejaría para para el día siguiente.
Nadé un rato, tomamos el sol y contemplamos a los a los demás. Que tampoco llevaban mucha ropa. Los bikinis las chicas solo tapaban sus pezones y apenas el pubis. La mayoría de los hombres solo llevaba speedos aún más pequeños que los nuestros. Y todos miraban alrededor, se deseaban e intentaban buscar oportunidades para ligar. Un par de chicas estuvieron tonteando con nosotros mientras Mario les pagaba algunas copas.
De vez en cuando Mario pasaba la mano con disimulo por mi espalda, lo qué me hacía recordar con quién estaba en realidad allí. Y lo que pensaba hacer esa noche con él. Todo ello contribuía a mantener mi polla si no dura al menos morcillona. Y el rabo de Mario se mantenía más o menos igual.
En elrestaurante del hotel se permitía estar en bañador y la cena fue agradable y excitante a la vez. Nuestras rodillas desnudas se tocaban por debajo de la mesa. Y como en todas partes en aquel país la gente se miraba, se deseaba y en muchos casos se conseguía.
Entre bocado y bocado notaba la mano de Mario acariciando mi muslo, mi espalda o mi vientre. Y entonces es cuando yo empecé a corresponder y tocar su piel suave y depilada. Mi mano trepaba cada vez más por su pierna acercándose al bulto del bañador. O la posaba en su brazo acariciando su bíceps con confianza. A cada gesto mío el correspondía con la sonrisa e incluso un gemido muy quedo alguna vez.
Nos tomamos alguna copa en el bar. La anticipación aumentaba la excitación y el calor que sentía. Por fin subimos a la habitación. Parecía que por allí nadie se molestaba en vestirse y nosotros seguíamos en bañador. En el ascensor nos mirábamos a los ojos y casi podía sentir su deseo. Estaba muy alagado. Casi sin cerrar la puerta me cogió de la cintura y me besó. Abrí los labios de inmediato. Mi lengua buscó la suya, estaba ansioso por probar su saliva.
Mis manos duros directas a por su culo. Me agarré a sus nalgas por debajo del bañador. Cuando separamos los labios completamente desatado pasé la lengua por su cuello, barbilla y oreja. Para entonces sus manos ya me estaban librando de lo poco que tapaba mi cuerpo. Mi polla durísima saltó atrapada entre nuestros vientres. Y yo notaba la suya contra mis muslos.
Mario había empezado a lamer mi hombro y bajar por mi pecho para mordisquear mis pezones. Su saliva en mi piel me quemaba tanto como mi propio deseo. Aún no habíamos llegado a la cama y estaba lamiendo mis axilas. Mis gemidos llenaban la habitación y mira que era grande.
Sin dejar de lamernos, besarnos y acariciarnos nos fuimos acercando a la cama. Los bañadores en el suelo, en medio de la habitación. Caí en la cama boca abajo y él encima. Lamía mi cuello, la nuca y yo tenía todo el vello de esa zona erizado. Su polla dura en vertical entre mis nalgas. Se movía despacio pajeándose en mi culo. Sin separar los labios y lengua de mi piel empezó a bajar por mi espalda.
Estaba caliente como un horno y a cada segundo que pasaba aún más. Le dejaba hacer disfrutando, ya llegaría mi momento de explorar el cuerpo de Mario. Notaba su saliva resbalando por mi columna, la lengua en mis omóplatos o por encima de mis riñones. Se acercaba al culo. Me daba mordisquitos en las nalgas dándome tanto placer como haciéndome cosquillas. Las separó con sus fuertes manos dejando por fin mi oscuro objeto del deseo ante sus ojos.
Un fuerte gemido de escapó de mis labios cuando pasó la lengua de abajo arriba por toda la raja. Se puso a jugar con el ano clavando la lengua. Pero no estuvo mucho tiempo ahí. Igual que la tarde que habíamos pasado tocándonos furtivamente hacia aumentado la excitación. Decidió hacerme esperar, lamió mis huevos y empezó a bajar por la parte de atrás de los muslos.
Hasta llegar a mis pies, más cosquillas cuando paso la lengua por toda la planta. Cuando me chupó los dedos uno a uno pensaba que nunca volvería a sentir nada igual. Pasó la lengua entre ellos haciéndome suspirar. Me giré boca arriba para que pudiera seguir dándome placer con sus manos y caricias, besos y lamidas. Mirándonos a los ojos con lascivas miradas esta vez, empezó a subir por mis piernas sin separar la lengua de mi piel.
Llegó a mi rabo que apuntaba al techo duro como el palo mayor un velero e igual de vertical. Se metió los huevos en la boca, subió con la lengua pegada al tronco. Hasta que se metió el glande en la boca sin dejar de mirarme. Tener a ese hombre entre mis muslos comiéndome la polla, con toda la suma de sensaciones anteriores fue algo superior a mis fuerzas y me corrí. No me dio tiempo a avisarle pero eso no fue importante.
Se incorporó con la boca llena de mi lefa para besarme y jugar con ese jugo y las salivas entre nuestras lenguas. Me estaba encantando saborear mi semen mezclado con sus babas. Mi rabo empezó a perder consistencia mientras el suyo seguía bien duro apresado contra mi vientre. Me preguntó:
- ¿Quieres comerla? o ¿prefieres que te folle?
No me lo pensé ni un segundo.
- Tenemos toda la noche y todas las vacaciones para follar. ¿podré hacerlo yo?.
- Desde luego. Quiero es bonita polla en mi culo.
- Entonces quiero saborear la tuya. Aprender a hacer una buena mamada.
Se tumbó a mi lado boca arriba.
- Toda tuya.
Aparte de la mía propia era la primera que tocaba y sosteniendola con la mano empecé admirándola. La acariciaba con suavidad descubriendo todos sus detalles. Forma, la suavidad de su piel, su dureza, el color morado del glande. Por fin me decidí a usar la lengua y chuparla como su fuera un polo helado, empezando por los huevos que me atreví a meterme en la boca.
Besar el glande antes de metérmelo en la boca. Intentaba tener cuidado con los dientes y al no ver muecas de dolor pensaba que lo estaba consiguiendo. No tuvo que darme muchos consejos, al fin y al cabo había visto mucho porno y me había fijado en como me lo había hecho él a mí.
Para cuando se corrió en mi boca, no pensaba perderme ese momento por nada del mundo, mi polla ya se había recuperado. Me había gustado saborear mi semen de su lengua, así que hice lo mismo. Lo retuve en la boca y lo besé con toda la lascivia de que fui capaz. Lo dejé caer desde unos centímetros de altura a su boca abierta y estuvimos jugando un rato con las lenguas.
En ese momento Mario echo mano a mis nalgas abriéndolas y dejando al alcance de sus dedos el ano. Jugando, metió el índice en mi boca para ensalívarlo y empezar a dilatarme.
-¿Quieres que te folle?
- Desde luego, no voy a perdérmelo. Pero ten cuidado soy virgen.
Me hubiera gustado saborear más de su cuerpo. Lamerlo enterito. Pero también tenía ganas de probar ese rabo por mi culo.
-Siéntate sobre mi cara, quiero volver a cometerlo.
Hice como me indicaba, con cuidado de no aplastarlo aunque él me sujetaba de las nalgas con sus fuertes manos. De la huevos a la espalda parecía que notaba su lengua y la saliva por todas partes. Poca más dilatación necesitaría pero Mario empezó a añadir dedos en el ano. Más cachondo no podría estar. Él había tenido la precaución de buscar el lubricante en la maleta. Me dio la impresión de que había traído de sobra, pero yo pensaba hartado todo esos días.
-Ahora ponte tú a caballito y así lo controlas sin que te duela. Ve penetrandote despacio y paras cuando te moleste.
Podía seguir esas indicaciones. Me puse sobre su cadera y fui guiando su durísimo rabo hasta colocar el glande a la entrada e mi culo. Luego no tuve más que ir bajando despacio. Lo notaba abrirme pero no me dolió demasiado. Tardé un poco en llegar abajo hasta dejar descansar mis huevos sobre su pubis. Ahí paré a descansar un minuto mientras él me acariciaba el pene y los testículos y yo le pellizcaba los pezones.
Empecé a moverme, despacio, sin prisa. Notando cada penetración, cada subía y bajada con un escalofrío que me recorría la espalda hasta la nuca. Con nuestros gemidos que debían oírse en las habitaciones vecinas. Ya no paré hasta que se corrió dentro de mi, llenando el recto de lefa.
Mario también gritó con su orgasmo. Caí rendido entre sus brazos que me recibieron encantados. Nuestras sonrisas y miradas lascivas lo decían todo en ese momento. Su polla fue saliendo despacio y sola de mi culo del que rezumaba el semen. Lo acariciaba con un dedo recogiendo parte de lo que salía y poniéndolo entre nuestras bocas para que lo chupáramos en nuestros besos.
Nos fuimos tranquilizando, calmando las respiraciones alteradas. Relajados y abrazados nos fuimos quedando dormidos. Esperando renovar esos placeres por la mañana antes de sus reuniones.
Las vacaciones habían empezado muy bien. Esperaba continuarla en esa línea y follar todo lo posible. Después de esa noche tenía mucho más clara su relación con mi padre. sin necesidad de que él me diera más detalles.
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miércoles, 28 de abril de 2021
Halcón Millonario
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En el Halcón Millonario no hay mucha intimidad. Es una nave estrecha y vieja y se necesita casi todo el espacio disponible para la carga, claro. Así que llevar pasajeros es un incordio. Ya es bastante sacar pelos de Cookie del desagüe de la ducha. Como si el resto de los sistemas no se estuvieran cayendo a pedazos.
Así que le vendrían bien el montón de créditos que el guapo chaval y el viejo le ofrecían por el viaje. Y es que Man no le hacia ascos a un culo bonito y a una cara guapa fueran de quien fueran.
Pero con el viejo brujo siempre encima del chico y al asomarse alguna vez al camarote comprobó que esto era literal, no había forma de hacer una aproximación. Y encima los dos malditos robots siempre en el medio, estúpidos cotillas mecánicos.
El contrabandista estaba deseando sentar al joven en sus rodillas para enseñarle a pilotar la vieja nave. Pero empezaba a pensar que tendría que seguir sentándose él sobre los poderosos muslos peludos de su copiloto. Las cosas se complicaron aún más después de escapar por los pelos de la horrorosa estación de batalla imperial. Por lo menos se habían librado del viejo y lo habían cambiado por la pizpireta morena. Una gran mejora estética a juzgar por los cánones de Man.
La tensión del combate y la adrenalina se disipan despacio mientras la morenita se paseaba por el poco espacio disponible rozando sus tetitas puntiagudas apenas cubiertas por el vestido blanco de gasa semitransparente con todo el mundo. Man sabe que en algún cajón hay guardado un bikini de chapa, ganado en alguna timba a un alienígena que le quedaría de maravilla. El cookie la admiraba con la estolidez propia de su especie. Los dos hombres babeaban tras su estela y los robots perdían aceite.
Mientras el piloto se ponía nervioso al ver la sensual y escasa lencería de encaje secándose en los conductos del hiperimpulsor. El tanga blanco y el sujetador cristalino apenas tapaban los duros pezones y el culito respingón bajo la gasa del vestido. Y esos días ni siquiera los llevaba. En el estrecho corredor que lleva a la cabina la princesa le pasa al muchacho las nalgas por la polla que al instante responde poniéndose muy dura a la vez que su cara toma un tono grana. Lo provoca descarada pero el muchacho tiene una experiencia limitada. Hasta ese momento solo había follado con su mentor y ese acoso lo agobia.
El contrabandista se levanta en ese momento del sillón de piloto encontrándose con su ruborizado y casi virgen pasajero en el estrecho corredor. Menos mal que están en el hiperespacio y no hace falta manejar los controles, basta con computar la trayectoria. Bueno, casi virgen con mujeres, por que el viejo bien que le daba candela en cuanto hacían un descanso en los entrenamientos.
Aprovechó el momento, la oportunidad la pintan calva, y echó mano a su bragueta agarrando por encima de la tela vestuario blanca el duro pene de su pasajero. Que se puso aun mas duro con un jadeo de sorpresa. A su alrededor la vieja nave crujía, vibraba, resoplaba y hacia extraños ruidos como el robot sexual de una ninfómana.
Lesa miraba la escena con cara de morbo, mientras Kike agarraba a Man por el cuello y le clavaba la lengua hasta la garganta. Lo hacía con ansias de virgen cachondo buscando la saliva del piloto. La chica seguía contemplando a los dos chicos que se sobaban mientras levantaba despacio la parte de delante de su falda descubriendo sus torneados y bellos muslos y al fin su perfectamente depilado pubis. Una princesa siempre debe estar preparada para todo. Los dos androides también miraban la escena encajados bajo el afuste del cañón láser de babor. No podían hacer mucho ruido o se delatarían como mirones.
Empezó a acariciar los labios de su vulva con suavidad. Man devolvió el beso jugando con la lengua del rubio. A la vez bajaba sus mallas blancas desnudando el rabo y el culito duro. Los dedos de la chica se introducían el su vulva o se deslizaban por sus labios. Estaba muy excitada por el bello espectáculo que contemplaba. La otra mano amasaba una de sus tetas por encima del trasparente vestido blanco pellizcando el duro pezón. Sin perder detalle del espectáculo que le daban los dos hombres.
El piloto acariciaba con suavidad la polla de su pasajero cada vez mas dura mientras la saliva de ambos resbalaba por sus barbillas a la ropa que aún les cubría. El rubio echando un vistazo a la princesa dejó de perder el tiempo y le arrancó la ropa a Man. Empezó por el chaleco que siempre llevaba y que al muchacho le oscura horrible. Y todo eso en medio del pasillo que lleva al puente, entre el hipermotor y el replicador de comida, no se han molestado en buscar un camarote. Abrió la camisa blanca. Se inclinó a lamer y mordisquear sus pezones oscuros en el pecho depilado, agarrando con las dos manos el culo del dueño de la nave.
Amasando sus nalgas, las abría suave pero firme buscando con el índice el agujero del ano. Kike tenía suficiente experiencia con hombres como para saber lo que les gustaba. Un gemido se le escapó al piloto cuando lo encontró. Ya tenia dos dedos dentro del culo prieto del piloto cuando se arrodilló ante él para pasar la lengua por sus huevos y tronco duro arriba hasta el glande. Apoyando la espalda en el hipermotor cuando se metió el tanga de la princesa en la boca para ahogar sus gemidos.
Ya lleva días cachondo por la presencia de sus dos bellos pasajeros. Así que al poco notó como el semen subida por su polla hasta la ansiada lengua del rubito donde quedo depositada y notando aun dos de los dedos de este clavados en su culo. Kike se incorporó mirando a la princesa que se acercaba a ellos sinuosa y con mirada lasciva. Para juntar sus labios con los del chico y buscar con la lengua dentro de la boca de este los restos del semen del piloto.
Se unen los tres en un lascivo beso cruzando las leguas y compartiendo la abundante corrida los dos chicos deslizaban sus manos por el duro culo de la princesa. Man por fin se decidió a abandonar el compartimento del hipermotor y llevarles a su camarote para seguir la fiesta en un sitio mas cómodo y donde el cookie pudiera verles y masturbarse.
El único lugar así era su camarote con una cama enorme necesaria para acomodar la enorme masa de Chicuacua. Así podrá albergar la pequeña orgía. Ya han perdido la mitad de la ropa por los corredores de la nave. Y los dos hombres terminan de arrancársela al cruzar la escotilla de acceso. La princesa entra tras ellos ya sin el vestido, solo con sus tacones altísimos y se acerca a la cama. El enorme cuerpo del cookie ocupa la escotilla al completo así que los robots no tienen más remedio que conectarse al sistema de vigilancia para ver la escena.
La princesa se tumba boca arriba y empieza a acariciarse ella misma provocando a los chicos. Sus manos recorren los durísimos pechos, el vientre plano bajando despacio hacia el pubis. Pero no pueden llegar allí. El sitio ya está ocupado por dos bocas que la comen cruzando las lenguas sobre el clítoris. Sus pollas vuelven a estar durísimas al fin y al cabo en una galaxia muy muy lejana a los hombres las erecciónes les duran horas.
Chicuacua pajea despacio su enorme garrote mirando el espectáculo pero sin intervenir. Es capaz de controlarse y dejar a la demás los papeles protagonistas en la escena. Los chicos están haciendo correrse a la princesa una y otra vez y solo usando sus lenguas.
Pero se deciden a cambiar de postura. Man se acuesta boca arriba en la cama. Lesa se le sube encima para meterse la polla del piloto en el coño. Kike con su experiencia con hombres es el ideal para perforar el culito de la realeza. Empieza lamiéndolo para lubricarlo. Con su lengua no sólo alcanza el ano de la chica también los huevos del capitán. Y se sube sobre los dos para penetrar despacio pero firme el ano que se le ofrece.
No les cuesta sincronizarse y se mueven despacio para no perder ritmo. Pero el placer que sienten, el sexo que comparten hace que giman, que suspiren, hasta babean rociando a los demás de saliva. La princesa de corre incansable teniendo las dos pollas dentro. Dos bocas besándola con sus lenguas lamiendo su piel.
Al final los dos hombres se corren en su interior llenándola de semen. Otra enorme ducha del mismo elixir les llega desde la escotilla donde el cookie se corre sin parar lanzando gigantescos chorros de lefa sobre los tres cuerpos de la cama. En el puesto de seguridad del puente los androides han dejado un enorme charco de aceite en el suelo.
El viaje en busca de la rebelión sigue de forma igual de placentera, aunque se descubre que el rubito y la princesa no es que sean hermanos, es que son mellizos. Que su padre es uno de los malos malosos y que los persigue para follárselos. Casi nadie sabe qué la espada que el viejo le dio a Kike en realidad es una gran forma fálica para dar placer a todo el mundo.
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