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jueves, 19 de agosto de 2021

Desfile del orgullo gay

. En la calle solo con un mini short de lycra y una banda elástica alrededor de mis pechos, un sujetador bandeau. El resto de la gente iba con tan poca ropa como yo y muchos aún menos o disfrazados o con cualquier indumentaria exótica que se les hubiera ocurrido. Era un desfile del orgullo gay, el primero para mí. Y hacia un calor terrible que invitaba al desmadre. Por eso iba con mucha ilusión, ver cuerpos hermosos casi sin ropa. Supongo que en realidad todavía no tenía muy clara mi sexualidad por aquel entonces. Había tenido relaciones con chicos y chicas, pero lo cierto es que el sexo de mis parejas no importaba lo más mínimo. Y sigue sin importarme, para qué limitarme. Quería divertirme, bailar y pasarlo bien y quizá si surgía la ocasión algo de sexo. La caravana parecía inmensa, muchos camiones, infinitas banderas arco iris ondeando en la suave brisa, gente por todas partes, muchos disfraces, la mayoría de fantasía. La música a todo volumen atronaba las calles de la ciudad. Mirando hacia uno de los camiones con equipo de sonido un grupo de culturistas vestidos solo con tanga lucían sus músculos impresionantes. Una carroza cargada de drag-queens, sus vestidos y disfraces cargados de pedrería y plumas pero luciendo también sus pieles. Por allí un grupo de travestis, chicos muy bien maquillados y vestidos con minifaldas y tops, tacones altísimos. Las chicas también iban disparadas, muy sexys y arregladas y repartiendo besos, caricias. Sus mínimos atuendos apenas tapaban tanto de sus cuerpos como el mío. A veces menos. Yo me dejaba querer, si la persona me gustaba devolvía el beso. A veces con lengua y yo acariciaba culos o pechos, incluso tocaba alguna polla o coñito que se me puso al alcance la mano. Tanto como recibía caricias en mis pechos, mi culito, por todas partes. Un poco mas allá chicas ataviadas con unas pocas tiras de cuero y anillas de metal que era lo único que las cubría. Un montón de cuerpos deseables y sudorosos o untados de aceite, la piel brillante. Bailaban, bebían disfrutaban. Veía el espectáculo, me movía entre los grupos, saludando, dejando un beso aquí, un abrazo allí. Alguien me tocaba el culo sin disimulo. Se lo puse fácil. Lo saqué un poco para que la atrevida mano pudiera recorrerlo sin problemas. Al ritmo de la música me movía sin preocupaciones. Al girarme para comprobar quien me estaba magreando clavados en mí pude ver dos preciosos ojos azules y una bonita cara enmarcada en el pelo corto y moreno con mechas teñidas de azul eléctrico. Por debajo de eso el cuerpo bronceado al completo, delgado y fibrado, solo estaba cubierto por unas tiras de cuero y unas anillas de metal colocadas estratégicamente. La morenita era la mas bonita del grupo de las esclavas que iba por el mismo camino que yo. Agarrándome a su cuello me puse a bailar muy pegada a ella. Mis tetas duras apartaban el cuero que apenas cubría sus pezones. Le hurtaba mi boca a sus intentos de besarme y me lanzaba a por su fino cuello, pero lo hacia por el juego. Yo lo deseaba tanto como ella. Estaba deseando probar sus sensuales labios rojos. En ningún momento su mano firme se había separado de mi culo, magreando mis nalgas. Al principio por encima de la lycra de mi short pero en un momento se coló dentro agarrando carne. Me sentía deseada. Uno de sus muslos se introdujo entre los míos desnudos, notaba perfectamente su piel caliente acercándose sin pausa a los labios de mi vulva. En un acorde de la música fui yo quien dobló las rodillas apoyando la pelvis en su muslo y mi cabeza en su cuello desnudo. Movía mi cadera adelante y atrás frotando mi vulva, solo tapada por un poco de fina lycra, contra su muslo. Masturbándome con su pierna como un animal en celo. Pasaba la lengua por su piel salada, lamiendo del hombro a su oreja y buena parte de la barbilla. Lamí el sudor de su cuello y ella por fin consiguió mis labios, abrí la boca recibiendo en ella su lengua juguetona. Respondí lasciva a su beso, me hacía sitio en su boca para que mi lengua buscara en ella su saliva. Para que muestras lenguas se acariciaran la una a la otra, a veces con las caras tan separadas que la gente cercana podía verlo. A nuestro alrededor la juerga continuaba, la música atronaba, pero nosotras estábamos aisladas de todo. Nos mirábamos a los ojos y recorriendo despacio y con cariño la piel de la otra con las manos, con la yema de los dedos. Ella ya exploraba con la otra mano por debajo de mi escaso top de lycra apresando entre los dedos mi pezón duro por la excitación. Eso me hizo jadear pero no quedarme quieta y apresé los labios de su vulva entre mis dedos por debajo de un tanga de cuero un poco demasiado flojo y desde luego ya muy húmedo. La venganza es un plato que se toma frio y nosotras íbamos muy calientes. Sin dejarme un respiro me agarró de la mano y me arrastró hasta el portal mas cercano que milagrosamente estaba abierto y vacío. Sin dudar me bajó el short. Se puso detrás de mí con sus pechos clavados en mi espalda, una mano se deslizaba entre mis nalgas buscando mi rajita. La otra sujetaba mi vientre o mis pechos apretándome mas a ella como si a estas alturas yo pensara en escapar. Notaba su muñeca o antebrazo abriéndome el culo y dos de sus dedos en mi interior. Me besaba el cuello, la nuca, bajaba por mi prácticamente desnuda espalda. Cuando tuvo la lengua lamiéndome el culo yo jadeaba como una burra. Inclinándome más y más. Así me corrí por primera vez esa tarde, ya venía muy cachonda. Sin pensar en que los desconocidos vecinos podían sorprenderme desnuda en su escalera. Los vecinos no, pero dos chicos extraviados del desfile que como nosotras buscaban un sitio discreto nos distrajeron durante unos segundos. Estaban muy buenos aunque no eran de los culturistas. Un poco mas abajo que nosotras, en la escalera, se besaban con furia tan lascivos como nosotras. Al poco uno de ellos ya tenia la polla del otro en la mano y poco mas tarde en la boca. Aún más excitada por el espectáculo gemía sin importar quien pudiera oírme. Giraba mi cabeza todo lo que podía para contemplarlos mejor. Caliente por los hermosos cuerpos masculinos y la lengua que sin descanso me hurgaba en la vulva, el perineo y el ano. Me corría una y otra vez. Pero yo también quería dar placer, no solo recibirlo. Quería lamer piel y sexos, morder pezones. Lamí mis jugos de su lengua cuando la besé, cuando volvimos a cruzar las lenguas. Eso sin separar los dedos de su vulva. Conseguí aflojar del todo la prenda de cuero que cubría su depilado pubis, no es que me lo pusiera muy difícil. Me lancé como una loca a chupar los pelados labios de su coñito. Con la ventaja de la altura de la escalera que me permitía ponerme tumbada debajo en una postura cómoda pero con los escalones clavándose en mi espalda. El ano rosado que en cuclillas descendía desde dos escalones mas arriba despacio hacia mi boca. Agarré las nalgas morenas con fuerza para que no se me escapara. Aunque no corría ningún peligro de ello. Mi amiga gemía y jadeaba cada vez que la tocaba el sensible y duro clítoris con la lengua pero no tapaba del todo los gritos de placer de los dos chicos. Ella se corrió en mi lengua. No les perdía de vista, de reojo. Me gustaban sus rabos duros y sus culos prietos pero me encantaba comerme el xoxito dulce que tenía delante. No podía dejar de lamerlo, la recorría una y otra vez del ano sudado pero limpio al clítoris. Por sorpresa noté en el mío unos dedos que lo investigaban lo que me hizo clavar la lengua en su culo. Ella soltó un grito cuando noto una mano desconocida acariciando su suave piel. Ellos se habían acercado y sentíamos sus manos en nuestros cuerpos. Uno de ellos me acariciaba el coño, ya iba por mi segundo o tercer orgasmo, mientras el otro lo tenía clavado por su firme culo en su rabo. Todos gemíamos de placer, todos teníamos las manos o las pieles de los otros en nuestros cuerpos. Los cuatro sentíamos y dábamos placer según nuestros gustos. Ni nuestros nombres sabíamos. No me había preocupado de preguntarle el suyo a mi amiga, ni de darle el mío. A esas alturas ya tenía claro que todos eramos de gustos amplios, más o menos, y que solo queríamos disfrutar de la buena compañía. Y allí corríamos mucho riesgo de que algún vecino nos pillara en bolas. Tampoco nos hubiera importado mucho. Hasta que el chico que me acariciaba nos llevó a su casa. No llegué a probar su lefa en ese momento aunque lo estaba deseando, se contuvo para correrse después. - Aquí nos van a acabar pillando. En mi casa estaremos solos. Recompusimos nuestras ropas como pudimos. Eran tan escasas que no fue difícil en ningún caso. Ellos lo único que llevaban puesto eran unos cortísimos pantalones de deporte, ni camisetas habían traído. De todas formas hacia tanto calor y siendo el día que era nuestro grupo no llamaba mucho la atención por la calle. Montamos nuestra pequeña orgia en la cama de sus padres Sólo pasamos por la cocina para buscar algo de beber y refrescarnos. Ninguno pensaba en el alcohol, solo en los cuerpos de los demás. Yo dejé colgado mi bandeau en el respaldo de una silla al lado del frigorífico. Los shorts de los chicos y el mío se quedaron en el suelo del pasillo. Y entre los tres fuimos sacando el body de cuero de mi amiga junto a la enorme cama tamaño King size. Besando su cuerpo a tres bocas y lamiendo su suave piel. Yo aproveché para acariciar las suaves pollas depiladas. sin separar mis labios de la piel de alguno de los otros. Los gemidos llenaban la habitación mientras nos íbamos deslizando sobre el colchón. Ahora me tocaba a mí, manos y lenguas por toda mi piel. Incluso una polla que se deslizaba entre mis labios con suavidad, y puse todo mi empeño en darle una buena mamada. Alguien me estaba haciendo un beso negro y esa legua juguetona me estaba llevando al cielo. Yo tampoco tenía las manos ociosas tocando todo lo que alcanzaba. Íbamos moviéndonos según nos apetecía, según buscábamos los cuerpos de los demás. Allí uno de ellos me folló mientras su amigo le follaba a él y yo me comía el coñito de la de los cueros que con los muslos bien abiertos estaba sentada delante de mí apoyada en el cabecero de la cama. A cuatro patas dando y recibiendo placer no me di cuenta de los nuevos participantes hasta que carraspearon en la puerta. Hasta sus padres, unos maduros atractivos, se unieron a nosotros. Habían ido recogiendo nuestras prendas por el camino hasta el dormitorio. Nos miraban con unas sonrisas lascivas en sus bellos rostros. Las dos nos comimos el coño de su madre en cuanto nos deshicimos de su ligero vestido de tirantes. El tanga ya había desaparecido en algún momento anterior. Los chicos estaban desnudando a su padre y lamiendo su torso atlético. Y él se dejaba, no sabía si ya eran bisexuales o era el espíritu del día del orgullo. La orgia estaba en marcha y cada vez éramos más los que participabamos. Más gente, más diversión. Tres pollas para rellenar agujeros que las estaban deseando pero sin olvidar las lenguas y los dedos. Ninguno salió de allí hasta el día siguiente. Sus padres tuvieron que prestarnos algo de ropa para volver algo más decentes a nuestras casas. Yo me llevé el vestido que le habíamos quitado a su madre la tarde anterior y uno de sus preciosos tanguitas de encaje. .

jueves, 22 de julio de 2021

Salida

Me hubiera encantado afanar uno de esos carteles que en los edificios indican la "salida" y colgarlo sobre la cabecera de mi cama. Pero uno bien grande en verde fosforito y de los que brillan en la oscuridad. ¡De esta me gano el cartel! He tenido experiencias, tanto con chicos como con chicas y la verdad es que a mis diez y nueve años me encanta el sexo. Me llamo Sonia y adoro el placer de unas manos y una lengua recorriendo mi piel aunque a temporadas, por suerte no muy largas, tengan que ser mis propios dedos los que me den placer. Me gusta vestir sexi, faldas y pantalones muy cortos y ajustados, tops pegados y con grandes escotes. He hecho el amor con chicos y chicas, cuerpos y pieles calientes, gente con la que disfrutar sean como sean. No me considero ninfómana solo por que soy capaz de concentrarme en otras cosas cuando lo considero necesario. Estaba echándole un vistazo a algunas de mis webs de citas preferidas. Una tarde aburrida con el móvil, pasando fotos de desconocidos, desconocidas y algunas bellezas a medio camino, transexuales con poca o ninguna ropa. Mi mano ociosa se deslizó por debajo de mis shorts de lycra, muy ajustados, muy muy cortos y muy cómodos para estar en casa, en busca de mi pubis depilado. La caricia era suave, dulce sin prisa humedeciéndome a un ritmo lento. Mojando un tanga tan pequeño que apenas cubría los labios y el monte de Venus. Por mí estaría desnuda del todo, pero no sé por qué aún me daba algo de vergüenza estar completamente en bolas delante de mis padres, aunque nunca llevaba mucha ropa ante ellos. Pasé a la sección de parejas en mi ciudad. Un respingo sacudió mi cuerpo. Conocía esa habitación, la cama, el edredón, hasta el estucado de las paredes y ese cuadro al fondo. Era imposible pero ahí en la pantalla estaba la habitación de mis padres. Tuve que levantarme de la cama y encender el ordenador para comprobar los detalles en una pantalla más grande. Detalle por detalle, cada mueble reflejado en el enorme espejo que ocupaba las puertas del armario empotrado. Allí en el medio de pie sobre la cama una impresionante morena. El móvil con el que se había hecho la foto tapaba su rostro de forma estratégica. Su cuerpazo voluptuoso enfundado en un body de encaje muy escaso que desnudaba su cadera y le dejaba un impresionante escote entre sus pechos talla cien. Una milf perfecta. Y yo sabía su talla por que había curioseado en sus cajones sus sujetadores. En la siguiente foto la morena con la cara pixelada vuelta hacia la cámara aparecía a cuatro patas luciendo su culazo en el tanga que la prenda dejaba. Aumenté el tamaño de la imagen en pantalla hasta poder ver una marca de nacimiento que mi progenitora tenía en la parte alta del muslo. Eso lo había visto muchas veces cuando Sara llevaba bañadores y bikinis en la playa o la piscina. ¡Joder!, sabía que mi madre estaba buena con su tripita plana y su figura de reloj de arena pero en aquellas imágenes posaba completamente lasciva. Una foto más acostada boca abajo en la que su culazo se apreciaba de maravilla. Viendo todo eso no me quedó mas remedio que reanudar la paja que había interrumpido por el sobresalto. ¡Un momento! ¿De dónde demonios había sacado Sara ese body?, no recordaba haber visto prenda tan provocativa entre su lencería y mira que la había revisado veces. ¡Será cabrona! Como una exhalación me lancé a mi propio cajón y allí estaba bien doblado y recién lavado pues yo me lo había puesto el fin de semana anterior. ¡Si a esa zorra le quedaba mejor que a mí! su cuerpo mas voluptuoso lo llevaba mejor. Sus tetas dos tallas mayores que las mías quedaban preciosas, mas de la mitad asomaba por el escote. Y su culo se veía espectacular enmarcado en el encaje. Me lo iba a dar de sí. Una foto más donde se había sacado las tetas por el escote en uve y juntándolas las amasaba con sus manos mostrando el pezón grande y oscuro entre sus dedos, ni se había quitado la alianza. Y yo me sorprendí a mi misma terminando de hacerme el dedo ante las fotos de mi querida mami y llegando a un fantástico orgasmo. Sacándome el short para dejarlo colgado de una sola de mis rodillas. Chorreando ante la pantalla de mi ordenador, mojando mi escaso tanga. Acariciando mi clítoris, llevando el dedo a la lengua para saborearme. Frotando los labios de la vulva con dos dedos y luego penetrándome con ellos hasta correrme. Las imágenes iban acompañadas de un sencillo texto donde explicaba que buscaba una chica para ella y para su marido. Una chica bisex con la que follar y que ofrecerle a él como regalo de aniversario. Todo ello era un shock para mí, por una parte me sorprendía esa actitud en mis padres que nunca se habían mostrado demasiado liberales ante mí. Tampoco es que fueran muy retrógrados, solo parecía que el sexo no les importaba mucho, vaya eso solo eran apariencias. Ni pensaba que a mi madre le fuesen las chicas hasta ese momento. Nunca la había visto mirar a otra mujer de forma lasciva o soltar un comentario sobre el físico de alguna fémina. Quizá sólo querían experimentar, y nunca habían hecho nada así, no lo sabia. Por otro lado me ofendía que buscasen fuera lo que ya tenían en casa y no se habían dado cuenta, una jovencita morbosa encantada de cumplir con todas sus fantasías licenciosas. Quizá fuera por mi causa, por mi actitud desinhibida y por la escasez de mis atuendos con los que me paseaba por casa y para salir, provocativa, por lo que habían decidido ampliar horizontes. Puede que fuera yo la que les había empujado a tener esas fantasías. Visto que ellos ya estaban abiertos a esas posibilidades era yo la encargada de que las cumplieran conmigo. No me daría ningún reparo. Es más me ponía como una moto al pensar en compartir su cama. Solo de pensar en tener a mi padre follando mi coñito mientras yo lamía el de mi madre me excitaba a punto del orgasmo. Dudaba si contactar por la página o provocarles aún más en casa hasta que no pudieran aguantar más y se lanzaran sobre mi caliente cuerpo. Pensaba en algo así como ir en top less directamente o con un tanga que dejara el culo al aire para estar con ellos. Me decidí por una estrategia mixta y hacer las dos cosas. Después de marcar su anuncio como uno de mis favoritos para meditar un poco mas en la respuesta que le daría. Empecé a seleccionar entre mi ropa lo que dejaría de usar por casa para lucir más de mí piel. Mientras hacía eso podía pensar en una buena respuesta a su anuncio. Empezar con algo neutro cómo si no me hubiera dado cuenta de que eran ellos. No saltar a la yugular y asustarlos. Cómo hacía calor la parte de casa no fue difícil. La primera vez que salí de mi cuarto sin camiseta y me puse a ver la tele con ellos con las tetas al aire a mi padre casi se le desencaja la mandíbula. - Nena ¡ponte algo encima, por favor! -¡Pero si hace mucho calor! Tú no llevas camiseta y no te decimos nada. - Pero yo soy un hombre y no tengo tetas. - ¡Si que tienes y pezones y todo! Tuvo que mediar mi madre en la disputa que iba medio en serio, medio en broma. - Tú, deja a la niña en paz. Y tú, intenta no levantar pasiones ¡hija! El tono de mi madre tampoco iba muy en serio, y además me estaba mirando los pechos descarada. Así que me salí con la mía y me pasé toda la tarde con las tetas al aire. Solo tapada con el short de lycra. Un par de horas más tarde mi madre se animó a imitarme enseñándonos a los dos sus preciosos melones. Era la primera vez que se las veía al natural de frente y tan cerca. Alguna vez había tenido un vistazo fugaz mientras se cambiaba y las había visto en las fotos de la web. Me di cuenta que ya tenia una aliada en mi propio campo. Acalló las propuestas de mi padre con un: - Como si no me las hubieras visto y tocado nunca. Al día siguiente cambié el orden de las prendas. Me puse camiseta, reducida y sin sujetador debajo, eso si. Pero de cintura para abajo lo único que llevaba era un reducido tanga rojo que dejaría ver el vello de mi pubis si me hubiera dejado alguno. Al verme así mi padre estuvo a punto de la apoplejía. Si el día antes ya le salía humo por las orejas, esa tarde al verme el culo desnudo la sangre se le fue directamente al sitio que yo pretendía. Sara volvió a apoyarme aunque no le hizo falta insistir mucho. Cuando volvió de la cocina otra vez con las tetas al aire Mario se quedó sin argumentos. Yo me pegué al cuerpazo de mi madre y le di un largo, húmedo y cariñoso beso en la mejilla. Haciéndole notar la dureza de mis tetas en su brazo. Para entonces ya tenía pensado lo que les iba a escribir por la página web. Me haría la despistada. Presentándome como una jovencita a la que había llamado la atención su anuncio y sus fotos. Al principio solo un mensaje de texto. Por las fotos publicadas en mi perfil no me reconocerían. No las había hecho en casa sino en la playa y con un bikini prestado por una amiga muy muy pequeño que mi madre nunca había visto o lavado. Lógicamente mi amiga me había dejado el reducido bañador y no solo eso. Me había hecho las fotos en las que enseñaba las tetas y el coñito apartando la tela. Yo le hice a ella algunas fotos del mismo estilo Y luego lo habíamos pasado muy bien juntas. - He visto tus fotos y me has parecido muy morbosa y guapa. Soy bisexual y me gustaría conocer a una pareja interesante. Envíe el mensaje y ese mismo día ya tuve la notificación de que Sara, suponía, había visitado mi perfil. Pero no contestó hasta que mi padre volvió por la tarde del trabajo y pudieron hablar tranquilos un rato más tarde. Eso me confirmó que no era cosa solo de mi madre, que los dos estaban en el ajo. Su respuesta me animó aún más. - Nos has parecido una chica muy sexi estaríamos encantados de conocerte mejor. Bueno, ahora tenía que subir las apuestas. Al día siguiente cuando mis padres estaban desayunando en la cocina salí de la ducha con la única indumentaria de una toalla atada en la cabeza recogiendo mi melena. Meneando las tetas y la cadera, orgullosa de mi xoxito depilado fui a recoger mi taza de café. Mi madre llevaba como única vestimenta un sencillo tanga de algodón que no le tapaba prácticamente más que los labios de la vulva. Mi padre un ajustado bóxer de lycra que empezó a abultar según yo me paseaba del frigorífico a la mesa. Era sábado y ninguno de los dos trabajaba. Mi exhibición descarada les había dejado sin palabras aunque ellos no llevaban mucha ropa encima. Al final fue Sara la que saltó pero después de un buen rato recreándose en mi desnudez. -¿No piensas ponerte nada encima? - Hace mucho calor. Luego me pondré algo fresquito. Esa semana le había vuelto a pedir prestado el bikini de las fotos a la amiga que me las había hecho. Mi amiga había pedido su precio por el préstamo que pagué encantada, nos montamos un sesenta y nueve sobre su cama. Volviendo a la mañana con mis padres me divertí torturando un rato más a Mario paseando el culito delante de sus ojos y de vez en cuando arrimándolo a su polla o a su cuerpo. O inclinándome sin doblar las rodillas les dejaba ver los labios de mi vulva. Sabía que ambos me miraban y me exponía más separando los muslos sentada a un lado de la mesa de la cocina. Cuando terminé el café pensé que era hora de terminar con la broma y ver si ellos eran capaces de reconocer el bikini. Solté la toalla y deje la melena suelta caer por mi torneada espalda. Meneando el culo me fui para la habitación a ponerme la diminuta prenda. Por el pasillo les oía. - ¿No se ha vuelto muy descarada la nena? - Déjala, es joven y tiene que disfrutar. Nosotros lo hacíamos a su edad o ya no te acuerdas. - Claro que me acuerdo y por eso esta ella aquí. Por lo bien que lo pasábamos juntos. - Creo que ella tiene más cabeza que nosotros. He visto los condones en su cajón. - Eso espero por que con lo buena que está se la tienen que comer viva. Espero que nos haga abuelos a nuestra edad. - ¡Así que tu también te has fijado!. - Como para no fijarse si nos lo ha enseñado todo. Y suéltame la polla que como salga se va a dar cuenta que la tengo empinada. - Pues claro que se va a dar cuenta si es ella quien te la ha puesto como un leño. ¿ No te gustaría que la que contestara al anuncio fuera como ella?. - Por lo que hemos visto se le parece mucho pero creo que la nuestra es más guapa. Como para que no se me ponga dura si me ha pegado el culo al nabo varías veces. Y tú tienes el xoxito empapado cielo. Ese tanga está bien mojado. Los oía desde mi cuarto pues había tenido la precaución de dejar la puerta abierta. Mientras me ponía el bikini y buscaba en el cajón el body de encaje para mi madre. Este lo llevaría en la mano pero oculto tras la espalda. Aunque hice ruido al caminar por el pasillo casi les pillo juntos metiéndose mano. Tan ocupados estaban. De un bote se separaron justo cuando yo atravesaba la puerta de la cocina. Me quedé en el quicio sacando pecho y con las manos juntas detrás de la espalda. Solo tardaron un segundo en reconocerme. A Mario se le desencajó la mandíbula mientras su polla que era lo que yo estaba mirando daba un bote bajo su pegado bóxer. Sara me miraba con una increíble cara de vicio. - Bueno parece que ya habéis caído. ¿Os gusta la chica que habéis conocido en la página web? - Cielo ya sabrás que nos preces preciosa, pero ¿como vamos a hacer esa barbaridad? Mario como siempre intentando poner un poco de cordura y cortando la diversión. Le lancé el body a Sara que lo recogió sobresaltada. Reconociendolo de inmediato con una lasciva sonrisa. Sin mediar más palabra por su parte se sacó el tanga que tenía puesto. Tan sensual como siempre empezó a ponerse la prenda que yo le había llevado. Al vivo le quedaba mejor que en las fotos. Pero mimosa me senté sobre los muslos de mi papi. Rodeé su cuello con mis brazos y empecé a darle besitos en su carrillo subiendo despacio hacia su oreja. Mi culo desnudo desnudo por el mínimo tanga estaba muy cerca de su durísima polla. Mi madre una vez que había admitido que no le disgustaba la idea poniéndose mi body me había dejado a mi suerte. Igual debía haber empezado con ella a solas y luego entre las dos intentar convencer a mi padre. Pero ya no podía echarme atrás. Al llegar a la oreja de Mario la besaba y lamía mientras le decía. - ¿Para qué vas a buscar fuera lo que ya tienes en casa? ¿Quién te, os va a querer más que yo? - pero si te doblamos la edad. ¿Como te vas a fijar en nosotros? Poco a poco se rendía, ya no decía que era mi padre. Mientras le pasaba mi teta apenas cubierta por el pequeño sujetador por su torso poderoso. Frotándome descarada con su cuerpo. - Vosotros estáis muy buenos, cualquiera de mis amigas o chicas o chicos de mi edad follaría con vosotros. ¿Y no era eso lo que pedíais por Internet? - Bueno si, pero teníamos pensado alguien más mayor. De unos treinta o algo así. -¿Y no es mejor lo que tienes encima? papi. Por fin puso sus manos sobre mi piel. Echó mano a mi culito y se rindió a la evidencia. La otra mano acariciaba mi muslo con ternura y cariño. -¿Seguro que tú lo quieres? cielo - Nunca había estado tan convencida en mi vida. Echó una mirada por encima de mi hombro a mi madre que le sonrió para darle ánimos. La mano del muslo subió a mis tetas que dejó al descubierto apartando las copas del sujetador. Pellizcó con suavidad mis pezones mientras su boca ya liberada de complejos buscaba la mía. Le di mi boca, mi lengua y mi saliva. Y puse todo mi corazón en ese beso, y mucha lascivia. Acariciando su cabeza, revolviendo su cabello dejé que nuestras lenguas se cruzaran dejando caer saliva sobre nuestros pechos desnudos. Sus fuertes manos acariciaban con ternura la piel de su hija. Sara mirándonos había apartado la tela del body de su coñito. Como en alguna de las fotos que había visto se estaba haciendo un dedo, excitada por lo que hacíamos. -Ya que nos hemos decidido. ¿Por qué no volvemos a la cama? Nos dijo mi madre. Mario me cogió en brazos como cuando de niña me llevaba dormída a mi cama. Pero esta vez con mis brazos rodeando su cuello me llevaba a la suya. Sara caminaba detrás esperando su momento para colaborar. Estaba deseando quitarle el boxer a su marido. Lo hizo en cuanto este me arrojó sobre el colchón. Aún estaba deshecha, su olor, su sudor, el de ambos, todavía impregnaba la sábana. Me los quedé mirando mientras mi madre le bajaba el calzoncillo a mi padre y de allí saltaba dura como acero templado su polla. Le puso una mano en el pecho para que se quedara quieto mirándonos. - Ahora me toca a mí. Sara se vino encima de mí, con sus tetazas aún cubiertas por el encaje sobre las mías. Ahora era ella la que buscaba mis lascivos besos. Su lengua cruzándose con la mía y dejando caer saliva en mi boca. Nunca, ni en mis mas viciosos sueños hubiera pensado que mi madre pudiera ser tan guarra, hasta que vi la página web, claro. Ansiaba volver a mamar de esos pechos. Así que bajé los tirantes de la prenda para desnudarlos. Haciendo que se incorporara lo justo para mordisquear esos pezones duros y que asomaban casi un centímetro. Ella aprovechó para librarme del sujetador que completamente descolocado ya no tapaba nada de mis tetas. Mí padre sin perder detalle se acariciaba el nabo con parsimonia esperando por un agujero en el que meterlo. Ahora era la lengua de mi madre la que recorría mi piel bajando por mi anatomía. lamiendo mis axilas suaves, besando mis tetitas, metiendo la lengua en mi ombligo. Seguía despacio haciéndome desear más de su experiencia con chicas. Separando bien los muslos dejé que se acomodara entre mis piernas. Las levanté para darle cómodo acceso a toda la zona. Enseguida ella agarró mis nalgas. Un segundo más tarde tenía su lengua entre los labios de mi vulva buscando el clítoris. Y yo gimiendo como una loca. Bajó por el perineo hasta clavarla en el ano. Y así me corrí, como no lo había hecho nunca. la carita de mi madre con mis jugos y soltando un grito que esperaba no hubieran oído los vecinos. -Ven papi, arrima esa polla que quiero probarla. Se arrodilló sobre el colchón junto a mi cabeza mientras mi madre seguía en busca de mi segundo orgasmo. Una larga lamida a sus testículos le hizo soltar un fuerte gemido. Me dediqué un buen rato a chuparlos como mis caramelitos. Antes de subir con las lengua por el tronco de la polla. Aquello estaba duro, marmóreo. Era un gustazo recorrerla con mi lengua. Lamerla como si fuera un polo de helado. Hasta que pude meterme el glande en la boca. Apenas me cabía nada más, dado su tamaño y consistencia. Jugaba con la lengua acariciándolo y apretándolo contra mi paladar. Pero lo quería en mi coñito, aunque deseaba probar el sabor de su semen. Lo necesitaba primero en mi chocho. Mi madre previsora había sacado condones de su cajón. A saber con quién los habían usado pues ella tenía hecha una ligadura de trompas hacía unos años. O puede que como el body fueran un préstamo de mis cajones. Si me descuido no llego a ver como se lo calzó con una inusitada pericia. Tuvimos que reorientarnos. Para poder disfrutar las dos de las atenciones de mi padre. Sara me dejó la polla encantada. Lo hicimos tumbar boca arriba y yo despacito me fui clavando su rabo en el chichi. Dejándome caer sin prisa sobre su cadera. Disfrutando cada segundo de aquel momento inolvidable. Mi madre más acostumbrada a que la acariciara fue a sentarse sobre su cara. Dejando que Mario la acariciara con la lengua. Su coñito y culo recibió sus atenciones. Nosotras de frente nos mirábamos a los ojos con cara de lobas. Un segundo antes de que yo lo hiciera Sara se lanzó a lamer mi lengua y meter la suya en mi boca hasta la campanilla. Aún pude saborear algo de mis jugos entre sus labios. Sus manos no paraban de acariciar mis tetitas duras y las mías de amasar sus voluptuosos melones. Mientras iba de orgasmo en orgasmo con la polla de Mario clavada en mi interior. Mis nalgas apoyada en sus muslos, notando sus huevos casi en mi ano y moviendo mi cadera adelante y atrás. Sé que mi madre se estaba corriendo tanto como yo pues a cada orgasmo corría el riesgo de perder la sin hueso entre sus dientes. Así perdía el control, cerrando la boca sobre mi lengua. Al fin mi padre se corrió dentro del condón, dentro de mí y ambas nos derrumbamos a sus costados sin dejar de acariciarnos los tres. - Ha sido maravilloso. Sois unos amantes excepcionales. ¿Como es que nunca me había dado cuenta de que os gusta tanto el sexo, - Siempre hemos tenido cuidado de hacerlo cuando no estabas, o fuera de casa o bien dormida. Pero siempre nos ha gustado mucho y lo hemos disfrutado. - Pero seguro que no es el primer trio que hacéis. - Hacia tiempo ya. Pero si hemos estado con más gente en una cama. A veces más de uno a la vez. Me estaba quedando ojiplática con esas confesiones y quería enterarme de todos los detalles. Además de esperar a que mi padre se le volviera a poner dura para disfrutarla de nuevo. También deseaba comerle el coñito a Sara. Lo que en realidad fue algo simultáneo. Mientras saboreaba a Sara, el aparato de Mario al vernos juntas recuperaba la verticalidad. No he de decir que repetimos muchas veces cuando nos apetecía tener sexo en casa. Que yo he llegado a disfrutar de algunos de sus amigos y ellos de los míos. Ver a mi padre chupando otra polla o follando un culo de chico ha sido de lo más morboso que me pasado nunca. Aún más que los tríos con los dos y ya es decir. .

domingo, 11 de julio de 2021

El bosque

. I. Como podrán imaginar no se trata de un bosque normal sino de un viejo parque medio abandonado donde se ejerce la prostitución. Polígonos industriales, bordes de carreteras poco frecuentadas, todas las ciudades en un momento u otro han tenido un sitio así, a veces varios a la vez. Incluso va cambiando de sitio según los clientes, la policía o los urbanistas cambian gustos, oportunidades etc. Las chicas que no pueden o quieren alcanzar un sitio en un club terminan allí. No hay mucha calidad, son muy mayores, o son muy primerizas o... hay un montón de razones por las que una chica, o un chico o algo en medio terminaría trabajado allí. Era guapísima y no ocultaba para nada esas bellezas naturales. Las tetas, firmes conos puntiagudos, asomaban en buena parte por la camiseta ajustada y corta de tirantes. Bailarinas a cada paso que daba. Esa tela descubría el ombligo y la parte baja de los pechos y de la espalda. Le habían metido tijera a esa prenda y no llevaba sujetador. Su pantalón de deporte blanco era tan ajustado y pequeño que la negra cabellera, tan negra como la melena de su cabeza, que rodeaba su coño se veia casi tan clara como si no llevara nada sobre sus poderosas caderas. No se depilaba, entonces nadie lo hacía. Su culo de nalgas redondas y prietas era tan fácil de imaginar por donde iba y ¡discurría por unos sitios! Con ese monumento me tropecé una calurosa tarde verano paseando por el campo en los alrededores de mi ciudad. Como podrán imaginar no se trata de un bosque normal sino de un viejo parque medio abandonado donde se ejerce la prostitución. En este caso parecía que la chica había empezado pronto su jornada laboral, no se veía por allí a ninguna de sus compañeras en ropa de faena. En parte esa era la razón por la que yo daba mis paseos temprano, para no cruzarme con trabajadoras, chulos o clientes. Aunque en ocasiones ver el espectáculo de las chicas medio desnudas paseando entre los matojos merecía la pena, intentaba no cruzarme con ellas. Pero admito que verla a ella en ese momento me gustó. Yo llevaba unos shorts muy cortos y la camiseta alrededor de los hombros y al verla se me empinó la picha sin poder evitarlo. Ella que lo notó, la practica supongo, aunque era tan joven que no debía tener mucha. De inmediato se acercó a mí y como saludo me dio un profundo beso en la boca. Tímida no era, gajes del oficio. Su lengua casi me llegaba a la garganta y no me quedó mas remedio que ayudar dándole mi saliva. Sacrificado que es uno. Se ve que tenía ganas de trabajar, de cobrar o al menos de tener sexo, dar conversación no parecía lo suyo. Aunque claro tenía que darme un precio. - Por dos mil me haces lo que quieras o te lo hago yo a tí. (De las antiguas pesetas) Dejé descansar mis manos en su culo mientras la atraía hacia mí y seguíamos con las lenguas enredadas, frotando nuestros cuerpos sinuosos, lujuriosos. Llevándome de la mano me condujo a un rincón más discreto entre arbustos que nadie se había preocupado de podar en años. Era el único dinero que llevaba en el bolsillo, dos billetes de mil pesetas. Viendo como se desarrollaba la situación me decidí a actuar. Separándola un poco le saqué la camiseta. Agachándome sobre ella acaricié y besé sus bellas y blancas tetas, lo del top less solo se hacía en playas de la costa. Se quitó el pantalón de deporte y ya desnuda del todo sobre su propia ropa, arrodillándose ante mí, desabrochó el short, y sacando mi polla se la metió en la boca. Sin florituras, iba directa al grano. También chupó mis huevos peludos, quería ganarse su dinero. Dejando mi vista perdida mientras recibía tan placentero tratamiento fue cuando lo vi. Era casi un crio, andaría por los diez y ocho, trataba de esconderse tras un matorral a unos pocos pasos de nosotros. Mientras no perdía detalle de lo que pasaba entre los dos. Admito que tener un espectador me puso más burro, debo tener algo de exhibicionista. No sabía si era un pervertido o su chulo o puede que un primo cariñoso. Me la comía con sabiduría, me acariciaba los huevos, incluso los chupaba, nadie me había hecho eso. No le importaban los pelos. Con la mano no dejaba de tocarme mientras sus labios recorrían el tronco besando o se la metía en la boca, todo lo que su blanca garganta podía admitir. Me chupaba los testículos y llenaba toda la zona de saliva, del pubis al perineo. Un dedo ensalivado jugando con mi ano. Allí fue mi primera corrida pues no paró hasta que se tragó mi semen. No quiero presumir pero no suelo tardar mucho en recuperarme y menos aún con las expertas caricias de la meretriz. No paró, dispuesta a ganarse el sueldo. Hasta la última peseta, en sus caricias y lamidas. Incluso mientras me la comía acariciaba con un dedo ensalivado mi ano. Él rabo enseguida volvió a dar señales de vida con ese tratamiento, poniéndose duro sin ser interrumpidos. Rompió la envoltura de un condón con los dientes y habilidosame lo puso en un segundo. Si alguien más nos vio pasó de largo. Después nos tumbamos en la fina hierba en la clásica postura del misionero. Me gustó acostarme sobre ella, sentir su cuerpo delgado bajo el mío. No dejó de comerme la boca de darme su lengua para que jugará con ella. Rodeó mis corvas con sus piernas y sus manos se agarraban a mis nalgas para impedir que me separará de ella. Como si yo quisiera apartarme mi un milímetro. Mi polla fue entrado lentamente en su coño y ¡que coño!. La tenía tan dura que no siquiera hizo falta guiarla con los dedos. El chaval había quedado a mi espalda y lo perdí de vista un momento. Pero me lo imaginaba con los vaqueros por los tobillos y cascándosela con fuerza mientras disfrutaba de la vista de mi culo entre los femeninos muslos. Pero él se había adelantado a mi imaginación. Se había sacado los pantalones y terminó de desnudarse como si la camiseta y el blanco slip le picara sobre la piel. Cuando después de dos de sus orgasmos a día de hoy no sé si fingidos, me dijo que diéramos la vuelta para que ella quedara encima. Después de correrme una vez ahora estaba aguantando mucho. Esta vez si que podía verlo pelándosela como un mono. Aprecié su experiencia, saber hacer y ganas de hacer disfrutar y no solo de hacer dinero. Se movía como una posesa. Cabalgando sobre mi pelvis parecía toda una amazona. Frente a mi tenía sus tetitas que yo no paraba de sobar. Ella misma pasaba una mano hacia atrás acariciando mis huevos y la raja de su culo. Deduciendo que también se estaba acariciando el ano me pareció un buena forma de seguir. Volvía a ver entre la ramas al chico que se había acercado aún mas. Y para entonces ya iba desnudo del todo. Con su polla apuntando hacia adelante como el bauprés de un velero. Pero aún seguía intentado ocultarse tras una pocas ramas de un arbusto. Yo no me habia corrido y fui a por su culo, ella no protestó. Se puso a gatas sobre nuestras ropas. Se la metí entera despacio y comencé a moverme, con suavidad. Me decía: -sigue, sigue- No se si era cosa del oficio o le estaba gustando. Y se corrió antes que yo, o eso pareció. Aunque no se la saqué hasta que no eyaculé en su interior. Mientras la penetraba sujetándola de las caderas conseguí hacerle un gesto para que viniera mi lado pensando que si se terciaba no me importaria follármelo también o que el lo hiciera conmigo o con la chica mientras yo miraba. Venciendo una timidez casi imaginaria llegó a nuestra vera silencioso. A mi no me quedaba más dinero en los bolsillos. Si aquella orgia iba a continuar él tendría que poner su parte o la putita fiarnos. A no ser claro que ellos ya se conocieran de antes y toda situación estuviera perpetrada, preparada de antemano. Al verlo junto a ella no pareció sorprenderse mucho de lo que deduje que ella también se habia dado cuenta de que eramos observados. Cogí una de las manos del chico y la conduje a sus pechos para que la acariciara, no necesitó mas indicación para dedicarse a ella. Entonces quise chuparle el coñito largas lamidas cubriendo toda la vulva. O jugando con la punta de la lengua en su clítoris. Seguro de que entonces ella tuvo varios orgasmos no podía fingir eso mientras la estaba saboreando. Colocado entre sus muslos podía ver cómo el joven la besaba en la boca y la acariciaba. Mi propio semen me sabía a gloria mezclado con sus jugos. En algún momento el condón se había roto con tanto meneo. El chico ya habia dejado toda su ropa a un lado bajo un árbol. Estuvimos un rato descansando, besándonos mientras le acariciábamos las tetas o la masturbábamos lentamente entre los dos metiendo dos dedos en su vagina. Ella me acariciaba todo el cuerpo, al fin y al cabo era yo quien había pagado, prestando mucha atención a mi culito. No a mi pobre picha que habia dejado completamente agotada. Pasé a besarle y lamerle el culito a ella en un preciso beso negro y él hizo lo mismo con el mio. Así comprobé con sorpresa que al chico no le importaria hacerme el amor, léase follar, a mí solo. No pensaba negarme a sus caricias. Una vez metido en faena eran mejor dos que una sola. O besaba mi espalda y pecho mientras me paseaba la polla por la piel. O sentía el vello de su pubis y la dureza de glande cosquilleándome las nalgas sin dejar yo de lamer y besar a la chica. Me derretía de gusto entre los dos mientras él me lamía el culo y los huevos o la polla teniéndome a gatas. Mi pene habia vuelto a reaccionar con ese tratamiento. Jamás creí que podía levantar cabeza tres veces en la mismatarde. Terminamos con un bello sesenta y nueve. Yo volvía a chupar su coñito y a acariciar su culo que mantenia abierto. Para que el chico se lo follara al que yo podía lamer los huevos a la vez. Ella tenía en la boca mi polla dura mientras metía un dedo en mi ano y frotaba sus tetas en mi vientre. A mi aún me quedaba esperma para correrme entre sus labios, todavía no sé de donde lo saqué. Cuando él tuvo su orgasmo, su semen escurría entre las nalgas de ella llegando a mi golosa boca que se limitaba absorber los jugos de ambos. Para vestirnos, quisimos hacerlo nosotros a ella. Le pusimos la camiseta sin dejar de tocarle las tetas. El pantalón de deporte sin dejar de meter los dedos en su coñito y ano. Ella me colocó el short con un último meneo a mis cojones. Entonces saqué la cartera y pagué con largueza los servicios prestados en ese recóndito rincon de la zona campestre. Aún me quedaba algo escondido en un compartimento secreto. Y eso que no pensaba ir de putas. Me fui a casa feliz, contento y desahogado acompañado del muchacho mirón al que pensaba disfrutar a solas y sin tener que pagar por ello. II. Volví al bosquecillo de las prostitutas. Esta vez me llamó la atención una bella transexual. Botas hasta las rodillas de interminable tacón, una cortísima falda de plástico rojo, apenas un cinturón. En medio los muslos mas largos y bonitos que he visto en mi vida. El vientre plano y musculoso bronceado. Los enormes pechos operados apenas cubiertos con un sujetador rojo de encaje que no podía contener tal magnitud. Los sensualmente gruesos labios maquillados de un rojo sangre, una fina nariz respingona y los ojos negros fuertemente maquillados enmarcado todo por una melena teñida de rubia. Todo perfectamente maquinado para llamar la atención. Mi mirón particular volvió a aparecer salido de nadie sabe donde. Sin perder detalle de todo lo que iba a ocurrir y esta vez participando en ello desde el principio. Como la vez anterior, las palabras fueron las justas para negociar el precio y poco más. Desde la primera vez me pillaba con más billetes en la cartera, el porsi. Aceptó sin problema el que fuéramos dos. El mirón tenía ganas de polla, de una nueva y enseguida arrodillado entre sus botas, empezó a buscar bajo la mínima falda plástica. No tuvo que hurgar mucho. De un mínimo tanga empezó a salir un rabo impresionante. Con los manoseos se puso duro enseguida y bastó para levantar el material. El chico se dedicó a lamerla con ansia recorriéndola con la lengua mientras yo buscaba la de la transexual con mis labios. Quién de los dos se llevaría ese nabo en el culo primero. Yo magreaba sus enormes tetas operadas. Pellizcaba sus pezones y acallaba sus gemidos, no sé si falsos o verdaderos con mis besos. Al final nos decidimos por intentar un trenecito. No era fácil y menos en el duro suelo. Coordinar los movimientos mientras yo la follaba a ella y el chico recibía entre sus nalgas el pollón de la chica. Podía lamer su cuello y orejas mientras intentaba no salirme de su ano. Ese culo parecía tallado en piedra. III. La siguiente vez con quien primero me encontré fue con mi voyeur. Yo en mi uniforme de guerra y él vestido igual que yo, unos pantalones cortos muy muy pequeños. Ambos nos habíamos hecho visitantes asiduos del bosque. Esta vez me fui derecho a por él, era su joven cuerpo de diez y ocho años el que quería tener debajo de mí sobre la fina hierba. A pesar de nuestros encuentros anteriores y de habérmelo llevado a casa algunas veces para disfrutar sin prisas de su piel sudada aún no sabia nada de él. Misterioso, me ocultaba sus secretos dejando que solo la casualidad condicionara nuestros encuentros. Esta vez fue una mirona, una de las prostitutas, la que no se perdió detalle de nuestra actuación sobre la fina hierba de nuestro escondido rincón. No se unió mientras él y yo follábamos. El chico me cabalgaba apuntando contra mi cara con su polla. Mi rabo bien duro hundido en su estrecho ano. Nos corrimos a la vez, yo dentro de su recto y él sobre mi pecho. .

domingo, 6 de junio de 2021

Sakura, la muñeca

. Las había visto en un documental en la tele y me quedé impresionado de la perfección que habían alcanzado. Ya no eran las muñecas hinchables cutres de sex Shop con la foto de una actriz porno en la caja de cartón, que había hace unos años. Ahora, por lo menos en la pantalla, casi parecían mujeres reales. Aunque las fabrican en varios países las japonesas son las que más me llamaron la atención. Por supuesto investigué un poco más en Internet viendo fotos y detalles que el documental no había exhibido. Al fin me decidí a hacer el pedido. Recibí la muñeca a principios del invierno en un enorme cajón de madera. La verdad es que me costó un pastón pero para un solitario como yo, lo pensaba ahorrar en putas. Y tampoco es que ande mal de dinero. El envío directo desde Japón incluía la muñeca y algunos accesorios, pelucas, lencería y un kit completo de limpieza y cuidado. Siempre he sido hetero pero demasiado tímido poder intentar ligar con mujeres. Hasta entonces mi salida habían sido los prostíbulos y alguna prostituta contratada por teléfono o internet. Y por supuesto muchas pajas. Aunque no se movía la muñeca realista era una mujer bellísima morena, de rasgos orientales, pechos generosos y amplia cadera, exactamente lo que había pedido. No podía esperar a tumbarla en mi cama y follarla en cualquier postura que se me ocurriera. En todas a ser posible y en esa primera tarde, para qué perder el tiempo. Ya me encargaría yo de moverla. De subirla sobre mi cadera y agarrado a su cadera voluptuosa hacer que ella me cabalgara. A pesar del material del que estaba hecha su sabor era agradable, no era lamer plástico. Quizá le habían puesto algún aditivo químico. Así podía lamer su piel sin molestias, comerle el chumino perfecto y hacerle besos negros. Es más debido a la flexibilidad de su lengua no sólo podía besarla sino que ella podía lamer mi piel y devolverme esos favores. Yo le follaba la boca y ella me comía el culo. Pero con ella sobre todo me gustaba el misionero poder besar esa boquita pequeña y jugar con su lengua que era tan flexible como una de verdad. Mientras follaba ese coñito de silicona tan suave y tierno como el de cualquier otra mujer que hubiera probado antes. Claro que para mí era tan mujer como una de carne y hueso y no de silicona. Las posibilidades que me ofrecía eran casi infinitas. Aunque claro antes de meter mi polla tenía que lubricarlo lo que se convertida en otro juego de preliminares y en realidad como cualquier otra mujer a la que hay que acariciar y excitar para que lubrique antes de follar. Me acostumbré a hablarle, a ponerle un kimono y levantarla para que me acompañara en el desayuno antes de ir a trabajar. Sentada frente a mí con una expresión lasciva en sus labios rojos. A verla cuando llegaba a casa esperándome con su eterna sonrisa sentada en el sofá con un vestido sexi. Al poco tiempo descubrí que la ropa que me habían enviado se hacia escasa. Quería darle más variedad, vestirla según mi humor, unas veces provocativa y lujuriosa y otras como una chica normal y recatada o incluso como una dama elegante. En la documentación y las instrucciones venían las tallas y medidas desde luego. Pero eso me suponía un nuevo problema, mi timidez me ponía difícil entrar a una tienda a comprar y encima ropa de mujer cuando incluso me costaba comprar calzoncillos para mí. Pero Sakura se lo merecía todo e hice un esfuerzo. La primera vez en una tienda de cadena donde pude escoger sin que me molestaran, la parte difícil fue ir a la caja a pagar. Intenté hacerme a la idea que era como cuando estaba con una prostituta, solo un intercambio comercial. La chica que me atendió se quedó mirando las prendas que había elegido, las mas sexys, las mas de putón que había en las perchas. Evidentemente comparando con mi cuerpo y mis tallas extrañada me preguntó: - ¿Seguro que son de "su" talla? Luego me confesó que había pensado que eran para mí, que yo era un travesti. Yo no sabia donde meterme. Tartamudeando le dije que estaba seguro, que las tenia apuntadas y que eran para un regalo, que me cobrara. Con mi cabeza gacha apenas pude ver de ella la cadera enfundada en un ajustado vaquero y unos generosos pechos en una camiseta aun mas apretada. Estaba deseando volver a casa y probárselo todo. Allí descubrí que una de las prendas, un body de encaje, lo mas caro, estaba mal cosido y no se lo podía poner, tuve que ir a devolverlo. Encontré a la misma chica, aunque me costó reconocerla, a la que le expliqué el problema. Pero las mujeres son curiosas o por lo menos esta lo era, no se tranquilizó hasta que no me preguntó para quien era la ropa. Pensando que ella tenía una medidas muy parecidas a las de mi chica le dije que eran para mi mujer y en cierto modo era verdad. Era la esposa que me esperaba en casa con su propio nombre Sakura, flor de cerezo, que era el que venia en la caja y no quise rebautizarla. Era a quien le hacia el amor, la mujer que me entregaba su cuerpo y todos sus orificios. La primera mujer que me había dado su culo sin tener que pedirlo y sin tener que pagarlo con largueza. No tenia que pedirle nada, claro, me lo daba todo. Así que cada vez que volvía a la tienda a comprarle ropa me sentía un poco culpable. Como si le pusiera los cuernos cuando hablaba con la dependienta. Siempre la misma chica que empezó a aconsejame, cosa no muy difícil para ella. Lo que le sentaba bien a Sakura le tenia que quedar bien a ella. Tenían un cuerpo muy parecido, voluptuoso y soberbio. No sabia lo que pensaba de mí pero me trataba muy bien y eso era lo que me importaba. Lo que me llevaba a pensar que le ponía los cuernos a la chica que me esperaba en casa. Para el comienzo del verano y del calor tenia con ella mas confianza que con ninguna otra mujer viva. Y ella seguía teniendo curiosidad por mí y por mi misteriosa mujer a lo que yo procuraba vestir como a la ramera de Babilonia. Intentaba escaquearme diciendo que solo eran prendas para jugar en la cama y para fortalecer nuestra relación. Pero llegó un momento en que me apetecía vérselas puestas a ella. Verlas sobre carne viva y que fuera ella quien se las pusiera y quitara frente a mí. Por fin tuve que confesarlo todo. Me di cuenta que lo peor que podía pasar si se escandalizaba es que tendría que ir a otro sitio a comprar la ropa. Al fin y al cabo Sakura seguiría en casa, ella no se escandaliza. Pero Susana se lo tomó bien, en realidad le entró mas curiosidad de la que ya tenia por mi misteriosa mujer. Una mujer completa de silicona y no como otras que solo tienen gran parte de sus cuerpos. Visto lo cual la invité a cenar ese sábado a casa, creo que fue mi amante oriental la que me dio el valor para pedirlo. Y desplegar mis mejores aptitudes culinarias. Decidí que un vaquero y una camisa estarían bien para mí pero Sakura tenia que estar deslumbrante. La mejor lencería que le había comprado incluido el ligero y las medias. Un ajustado vestido de seda negro estampado en dragones orientales rojos tan pegado al pecho que sus pezones amenazaban con rasgar la tela con una raja en la falda estrecha que permitía ver la liga de la media y la piel de mas arriba del muslo hasta casi el encaje del tanga. Sakura, paciente como siempre, esperaba sentada cómodamente en el sofá. Susana en cambio se presentó completamente occidental y muy sensual con una minifalda asustada que apenas tapaba su culo. Y de la salían sus torneados muslos. Un ancho cinturón y una suelta camiseta de tirantes que descubría su vientre y liberaba sus grandes pechos sin sujetador. Tras las presentaciones parecía fascinada por la muñeca. Me miró como pidiendo permiso para comprobar su realidad y asentí con la cabeza. Ni en mis mas locos sueños habría imaginado la escena lésbica que sensualmente empezó a desarrollarse ante mí. - Es maravillosa. Tan perfecta. Susana acariciaba a Sakura con lascivia comprobando la suavidad de la silicona, la firmeza de sus pechos, la textura de los cabellos. Haciéndose lamer dos dedos antes de llevarlos al coñito de la oriental separando el encaje del tanga. Comprobando la fidelidad anatómica de la réplica. Moviendo los brazos articulados para que Sakura le acariciara a ella sus grandes tetas con las manitas perfectas. Besando la boca y jugando con la lengua de silicona con la misma curiosidad que tuve yo el primer día. Yo pensando que la siguiente vez que besara a la muñeca allí estaría la saliva de la mujer. De vez en cuando me miraba a mi y a mi durísima polla encerrada en el vaquero. Pero yo no quería decir ni pio para no estropear el magnífico momento. Olvidamos la cena sobre la mesa. Luego ella me pidió que la ayudara a llevarla al dormitorio donde tantas noches solitarias Sakura me había acompañado y que las dejara solas un momento. Susana conocida mis gustos y al rato me llamó. Cuando entré ambas estaban tumbadas en la cama únicamente vestidas con dos bodys idénticos, de encaje muy trasparente. Sus cuerpos voluptuosos hacían que las prendas y sus escotes las hicieran maravillosas. Las medidas y las sandalias de tacón iguales una de blanco y otra de rojo. -¿Te gusta el regalo? Susana me dijo que eran regalos para Sakura y para mi y me invito con un gesto a acompañarlas en la gran cama mientras me recibía con un húmedo y lascivo beso en la boca y sus manos desnudaban mi cuerpo. Con la práctica de ayudar a sus clientas me dejó en pelota picada en menos tiempo del que se tarda en decirlo. Susana levantó y separó las piernas poniendo un muslo sobre las piernas de Sakura. El otro pie me lo acercó a la boca y yo lo besé. Chupé sus deditos como había hecho otras veces con los de la muñeca. Estos se movían contra mi lengua juguetones, suponía que sintiendo cosquillas. Empezaba a admitir que una amante que se moviera tenía sus ventajas. El olor de su coño me llegaba hasta la nariz mientras besaba su pie. Me excitaba más. - ¿Se le puede chupar? - Ya has probado sus labios y su lengua. Esta hecha para ello y todo tiene un sabor muy parecido. Me sacó el pie de la boca para girarse y apartar el body del coñito de Sakura. Colocada entre los muslos de silicona empezó a comerle el xoxito como lo habría hecho con una mujer de verdad. -¿Sabes? es mi primera mujer. Tenía ganas de probar con otra chica, pero nunca me había atrevido a intentarlo. Sakura y tú me estáis ofreciendo una oportunidad que deseaba hace tiempo. Susana en algún aspecto se parecía a mi, tímida en algunas ocasiones. Supongo que vender lencería y ropa sexi a mujeres durante todo el día había levantado estos deseos. Ver cómo les quedaba esa rosa sobre sus cuerpos. Pero con Sakura estaba perdiendo esa timidez rápidamente dejándose llevar y haciendo lo que deseaba hacerle a otra mujer. - ¡Vamos! fóllame!. Mientras lamía el coño de la muñeca se puso a cuatro patas ofreciéndome a mi su preciosa grupa. Cuando la penetré solo apartando el tanga de la prenda de su muy húmedo coñito Sakura nos miraba con su eterna sonrisa sobre nosotros. Incluso Susana puso las manos de la muñeca sobre su espalda donde yo las alcanzaba y las usaba para acariciar su piel. Susana puso una de las suyas en mi culo para que me animara mientras la follaba. Para que lo hiciera más deprisa. Los dos gemíamos, Sakura guardaba silencio. - ¡Me corro!. - ¡Y yo!. Tomo precauciones, dámelo. Me había acostumbrado a lamer el coñito de Sakura después de llenárselo con mi semen para empezar a limpiarlo. Así que por que se lo iba a hacer a Susana. No me importaba saborear mi lefa y descubrí que mezclada con los jugos del orgasmo de ella estaba aún mejor. Además volvió a correrse al notar mi lengua lamiendo su ano y su xoxito. Nos dejamos caer uno a cada lado de Sakura y mientras recuperábamos el resuello la acariciábamos a ella y lo hacíamos entre nosotros probando texturas y pieles. A veces nuestras manos coincidían sobre uno de sus pechos o en su coñito y entonces cruzábamos los dedos. Otras eran nuestras bocas las que se aproximaban mientras besábamos a la oriental y entonces lo que cruzábamos eran las lenguas cambiando saliva. Susana quería ver cómo follaba Sakura y gracias a sus caricias pronto estuve en condiciones de hacerlo. Como no quería dejarla de simple espectadora subí a la muñeca sobre mi cadera para que me cabalgara. Le clavé la polla en su coñito y yo podía moverla con mis manos. Susana subió sobre mi cara donde podía usar mi lengua para darle placer en su xoxito y su culo lamiéndola. Como yo tenía las manos ocupadas moviendo a Sakura era Susana la que tenía que abrir sus nalgas si quería mi lengua allí. Mover la cadera para poner su vulva sobre mi boca si deseaba eso. Acariciar los pechos de la réplica o besar su boquita de labios modelados perfectos. Apoyar la cabeza en su hombro y besar su cuello. Al rato me pidió cambiar y poner a la muñeca a cuatro patas para ver como le follaba el culo. Lo hicimos entre los dos y ella misma hizo de mamporrera llevando mi polla entre las nalgas de silicona. Acariciaba mis huevos mientras me movía. No perdía detalle mirando desde bien cerca y a veces pasando su lengua por mi vientre, o el culo de Sakura para provocarme. Todo tiene un final y terminé llenando ese culo con mi leche. Susana lo lamió recogiendo lo que rezumaba. Verlo estaba manteniendo mi excitación a niveles estratosféricos. Ver cómo la chica real le hacia un beso negro a la muñeca recogiendo mi semen de allí. Después de una sesión de sexo así hacia que limpiar bien a Sakura para que nada e estropeara sentí de ella. En realidad los tres necesitábamos una buena ducha. Sudados y con semen, saliva y jugos por todas partes. Susana y yo nos duchamos juntos renovando caricias y luego ella me ayudó con Sakura convirtiéndolo en un nuevo juego. Yo no sabia en que quedaría todo aquello, no si Susana no se arrepentiría de todo al día siguiente y no la volvería a ver. Bueno no se ha venido a vivir con nosotros pero cada vez que le apetece un trío con un hombre y una "mujer" me llama y repetimos. Además he conseguido una buena rebaja en toda la ropa que le compro a Sakura desde entonces. ,