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sábado, 21 de agosto de 2021

Algo me despertó

. Algo me despertó. Algo me despertó y por mas vueltas que daba en la cama no conseguía volver a dormir. Así que me levanté con la intención de beber un vaso de agua, comer algo o leer o ver la tele. Esa noche hacía mucho calor y dormía desnudo del todo sin taparme en absoluto. Un impulso o quizá el ruido de un motor me hizo acercarme al ventanal que separaba mi salón del jardín. No me conservo mal del todo, un gimnasio en el sótano y una pequeña piscina en el jardín me lo permiten. Tengo los cuarenta cumplidos, moreno y ya me ha salido alguna cana. Alto y delgado con un culo duro y respingón, fibrado. Es una zona solitaria, una casa aislada, prácticamente en medio del campo. Y cual fue mi sorpresa al ver junto a mi valla un coche aparcado. Era un modelo viejo y sencillo. El vehículo no estaba vacío, el movimiento de los amortiguadores demostraba que estaba ocupado. Dentro una pareja se besaba con pasión. Las cuatro ventanillas bajadas del todo debido al calor hacía que no se empañasen y me permitían un cómodo espectáculo. Las luces de mi jardín iluminaban la parte alta de los asientos y los veía besarse con auténtica furia. Eran bellos y jóvenes, sus lenguas se cruzaban dentro y fuera de las bocas dejando caer hilos de saliva por sus pechos desnudos. Dos chicos fibrados, sin vello, sensuales cuerpos frotándose. No es que yo fuera gay, puede que más bien bisex, por lo menos de concepto, hacía mucho que no estaba con otro hombre. Pero soy lo suficiente morboso como para reconocer un bello espectáculo allí donde lo encuentre. También había hecho mis experimentos en ese campo hacía tiempo, con amigos o dejándome ligar en algún pub de ambiente, ya hacía años de eso. Al verlos mi pene reaccionó de inmediato poniéndose firme, sabiendo que deseaba estar con ellos. No tenía claro si lo contrario también era cierto pero sentía que debíamos darnos una oportunidad. Pensaba que serian morbosos y que una oportunidad de hacer un trio en una cama más cómoda que el asiento de atrás de un coche no sería para que la dejaran escapar. Me acerqué a los ventanales del salón y encendí las luces de dentro de la casa. Sabía que me podrían ver completamente desnudo desde el vehículo, bien iluminado y mirándolos con descaro. Esperé a ver su reacción; lo primero fue un susto que hizo que escondieran las cabezas por debajo del nivel de las ventanillas. Luego la curiosidad hizo acto de presencia, sus cabezas iban asomando poco a poco. Seguí sin moverme mientras dejaba que me miraran a gusto. Esperaba no asustarlos del todo y que se marcharan. Si hubiera pasado eso tendría que haberme conformado con hacerme una paja y volverme a la cama. Pero no se oía el sonido del motor así que crucé la cristalera y caminé despacio por el jardín, descalzo y desnudo, exhibíendome, dejando que ellos eligieran. Me acerqué a la valla sonriendo y con una erección que apenas había disminuido en todo ese rato. Saludé con la mano, solo un gesto y ellos respondieron de igual manera, buena señal. Aún mejor cuando abrieron la puerta mas cercana a mí. Lo que me permitió una mejor vista de sus cuerpos que no habían tapado. - ¡Hola! Habéis elegido un buen sitio para aparcar. - Creíamos que no vivía nadie aquí. No queríamos molestar, ni despertarlo. - No molestais, me ha despertado el calor. Asumiendo que la cosa iba bien los invité a una copa dentro y que como podían apreciar podían dejar sus ropas en el vehículo con toda confianza. -¿Queréis tomaros una copa conmigo? Como podéis ver no hace falta que os vistais. Todos podemos disfrutar de la desnudez. Se miraron a los ojos aún dudando. Pero parecieron darse confianza en uno al otro. - De acuerdo. Eres muy amable. Bajaron del coche, se calzaron una sandalias sencillas y cruzaron por la puerta del jardín que les abrí. Ya mas de cerca comprobé que mi primera impresión era acertada eran guapos y estaban buenos. Uno rubio y otro moreno, Marcos y Alex, fibrados y delgados, sus cuerpos jóvenes de piel perfecta, depilados y muy sexis. Sus pollas, supongo que por culpa del susto, no estaban duras del todo y colgaban entre sus muslos. Ellos también me examinaban a mí y no pareció disgustarles lo que estaban viendo. Los tres estábamos algo nerviosos, lógico considerando que éramos completos desconocidos. Aunque estábamos sin ropa, parece que la situación inesperada nos cortaba un poco. Las erecciónes que lucíamos los tres habían bajado algo en las presentaciones y cruzando el jardín. Aunque las pollas seguían bastante morcillonas. Le indiqué a uno de ellos que pusiera algo de música, mientras yo preparaba unas copas para romper el hielo. - Ahí está el equipo ¿puedes poner algo de música? ¿Que queréis beber? Marcos le dio un beso en los labios, uno suave, al otro antes de levantarse e ir hacia a la cadena que yo tenía encima de un mueble en un rincón del salón. Me gustó el detalle y estaba algo envidioso, quería que me besaran a mí. Así que les dije medio en broma, medio en serio: - si vais a repartir besos yo también quiero. Sin una palabra el que estaba de pie, el rubio se acercó a mi y me dio uno de los besos mas morbosos y lascivos que me han dado nunca. Sus labios atrapaban los míos y los mordisqueaban con suavidad aún sin usar la lengua. Cuando agarraban uno pasaba la lengua por allí pero sin entrar en mi boca. Mi erección volvió a los niveles de antes y eso que tampoco habíamos usado las manos para nada. Cuando me acerqué al sofá a llevarle la copa a Alex me incliné y también lo besé. La misma técnica, la misma excitación y su polla reaccionó como la mía. Viendo que ya habíamos roto el hielo me relajé convencido de que el resto de la noche iba a ser lasciva y mágica para los tres. Alex, extendió el brazo me acarició el pecho con suavidad. Agarrando uno de mis pezones entre dos dedos. Yo seguía dándole saliva. Marcos se acercaba a nosotros por detrás rozando mi culo con su firme polla. Me enderecé con lo que el rubio pudo pegarse a mi espalda poniendo su ya dura verga justo en el canal entre mis nalgas. Mordisqueaba mi hombro y cuello el besos húmedos. Pero justo delante de mí Alex que seguía sentado en el sofá tenía mi rabo justo enfrente de sus bellos ojos. Lo levantó con su mano y empezó a darle besos y lamidas a mis huevos depilados. Aquellos dos sabían como hacer las cosas. Ya no podía controlar los gemidos y suspiros que escapaban de mi boca. Marcos había rodeado mi pecho con sus brazos y pellizcaba mis pezones. Eché la cabeza atrás sobre su hombro y él besaba y lamía mi cuello de la clavícula a la oreja. Hasta meter la punta de la lengua en mi oído. Alex por su parte había subido por la polla sin separar la sin hueso del tronco hasta meterse el glande entre sus bonitos labios. Estaba a puntito de correrme en su lengua, viéndolo él, me dejó descansar. Fue a por su amigo que seguía detrás de mí acariciándome. Me hice un poco a un lado y esa boquita golosa buscó el nabo de Marcos. Tardó un momento en dejarlo a punto de la erupción, como a mi. Ninguno de los dos queríamos correremos tan pronto. Cogí su mano para levantarlo y llevarlos a los dos a mi dormitorio. La cama era suficiente para los tres. Entre Marcos y yo tumbamos a Alex sobre mis sábanas para lamerlo y comernoslo enterito. Nuestras lenguas recorrían cada centímetro de su suave piel. De la cara a los pies pasando por el cuello, los hombros, todo el pecho, incluido cada durísimo pezón. Los regueros de saliva se mezclaban y a veces juntábamos las sin hueso. Si mi mano sujetaba la polla, la de Marcos le acariciaba los huevos. Llegamos al vientre y veía como su amigo besaba su ombligo. Mirándome lascivo el chico se saltó los genitales y fue a por uno de los pies. Como Alex empezó a retorcerse por las cosquillas. Yo sujeté el otro pie y lo llevé a mi boca. Chupé sus dedos uno por uno, la planta del pie y el empeine antes de subir lamiendo su pantorrilla. Cada uno por una pierna subíamos buscando la polla. Yo llegué antes a los huevos y Marcos se metió el glande en la boca. Mi saliva resbalaba por el perineo del chico. Así que aproveché y empecé a buscar entre las duras nalgas. El ano estaba apretado pero pronto se relajó con la caricia de mis dedos ensalivados. Con un gesto de asentimiento su amigo me dio el permiso. - Yo ya me lo he follado, hoy te toca a tí. Pude ponerme entre sus piernas y levantarla hasta mis hombros. - El lubricante está en ese cajón. ¿Me lo alcanzas? - Pues claro. Se estiró hasta la mesilla y abriendo el pequeño envase paso una buena cantidad del gel en mi duro glande y en el culo de Alex. Incluso sujetó las nalgas de Alex para que se la fuera metiendo despacio y firme. No tenía prisa, quería disfrutar de ese bello cuerpo masculino. Marcos me besaba lascivo y pellizcaba mis pezones a la vez. O se metía los dos de los pies de su amigo en la boca, justo al lado de mi cuello. - Correte, llénale el culo de semen. La polla dura de Alex botaba apuntando al techo o golpeando el duro vientre al ritmo de mis embestidas. Para mantenerla aún más dura de vez en cuando se agachaba y le daba una lamida. También empezó a jugar con mi ano. Todavía tenía el lubricante y empezó a ponérmelo en el ano. Mientras lamía mi oreja me dijo: -A qué tiene una polla preciosa, ¿la quieres en tu culito? -¿No la quieres tú? -A mí ya me ha follado. En ese momento me corrí. Cuando saqué la polla mi semen salía del ano cayendo a mi sábana. Marcos pidió meter la cabeza entre nuestros cuerpos lo suficiente como para darle un par de lamidas. Dejé descansar sus piernas en el colchón. Y ahora Marcos separaba mis nalgas para que fuera yo el que sentado sobre la cadera de Alex me fuera clavando ese durísimo rabo. Bajando despacio el culo sobre el pubis del chico. Me apoyaba en sus pectorales, acariciando sus pezones. Él también acariciaba los míos o sujetaba mi cintura ayudándome a moverme. Marcos también quería su orgasmo. Se sentó un momento sobre la cara de Alex que le comió el culo ante mis ojos. Su polla me señalaba. - Sube y dámela. Quiero chuparla. Se levantó y me la puso delante de la boca. Así que no tuve más que separar los labios para poder lamerla. De los huevos a la punta la tenía toda para mí. Mientras me movía con suavidad ya no paré. Quería la lefa de los dos chicos. Alex se corrió en mi culo y en ese momento Marcos me llenó la boca de semen. Solo tuve que inclinarme un poco para dejarlo caer en la boca de Alex. Para después seguir inclinándome y meter la lengua en su boca para jugar con la lefa de su amigo y su saliva. Marcos se colocó detrás de mí para lamer mi ano y la polla y los huevos de su amigo. - ¿Tenéis que iros? Podéis quedaros si queréis. Estoy de vacaciones. - Tenemos que dormir en nuestras casas. Pero podríamos volver de día. - Habrá que ir al coche a por vuestras ropas. Pero podéis ducharos aquí. Así lo hicimos. Yo mismo recogí sus pantalones y camisetas de la bandeja trasera mientras ellos se duchaban juntos. No sería casualidad que salieran del baño con las pollas duras de nuevo. Como no podían irse en esas condiciones, sentado en un sillón, les hice una mamada a los dos. Me metía cada rabo en la boca alternativamente, mientras pajeaba el otro. Ellos gemían y se besaban intercambiando saliva. Guardé la lefa en la boca y ellos se inclinaron a recoger su parte directamente de mi lengua. Con los rabos bien limpios y sabor a semen en la boca marcharon a su casa. Aún quedaba mucho verano para poder disfrutar en mi jardín y mi cama con los dos chicos. .

jueves, 19 de agosto de 2021

Desfile del orgullo gay

. En la calle solo con un mini short de lycra y una banda elástica alrededor de mis pechos, un sujetador bandeau. El resto de la gente iba con tan poca ropa como yo y muchos aún menos o disfrazados o con cualquier indumentaria exótica que se les hubiera ocurrido. Era un desfile del orgullo gay, el primero para mí. Y hacia un calor terrible que invitaba al desmadre. Por eso iba con mucha ilusión, ver cuerpos hermosos casi sin ropa. Supongo que en realidad todavía no tenía muy clara mi sexualidad por aquel entonces. Había tenido relaciones con chicos y chicas, pero lo cierto es que el sexo de mis parejas no importaba lo más mínimo. Y sigue sin importarme, para qué limitarme. Quería divertirme, bailar y pasarlo bien y quizá si surgía la ocasión algo de sexo. La caravana parecía inmensa, muchos camiones, infinitas banderas arco iris ondeando en la suave brisa, gente por todas partes, muchos disfraces, la mayoría de fantasía. La música a todo volumen atronaba las calles de la ciudad. Mirando hacia uno de los camiones con equipo de sonido un grupo de culturistas vestidos solo con tanga lucían sus músculos impresionantes. Una carroza cargada de drag-queens, sus vestidos y disfraces cargados de pedrería y plumas pero luciendo también sus pieles. Por allí un grupo de travestis, chicos muy bien maquillados y vestidos con minifaldas y tops, tacones altísimos. Las chicas también iban disparadas, muy sexys y arregladas y repartiendo besos, caricias. Sus mínimos atuendos apenas tapaban tanto de sus cuerpos como el mío. A veces menos. Yo me dejaba querer, si la persona me gustaba devolvía el beso. A veces con lengua y yo acariciaba culos o pechos, incluso tocaba alguna polla o coñito que se me puso al alcance la mano. Tanto como recibía caricias en mis pechos, mi culito, por todas partes. Un poco mas allá chicas ataviadas con unas pocas tiras de cuero y anillas de metal que era lo único que las cubría. Un montón de cuerpos deseables y sudorosos o untados de aceite, la piel brillante. Bailaban, bebían disfrutaban. Veía el espectáculo, me movía entre los grupos, saludando, dejando un beso aquí, un abrazo allí. Alguien me tocaba el culo sin disimulo. Se lo puse fácil. Lo saqué un poco para que la atrevida mano pudiera recorrerlo sin problemas. Al ritmo de la música me movía sin preocupaciones. Al girarme para comprobar quien me estaba magreando clavados en mí pude ver dos preciosos ojos azules y una bonita cara enmarcada en el pelo corto y moreno con mechas teñidas de azul eléctrico. Por debajo de eso el cuerpo bronceado al completo, delgado y fibrado, solo estaba cubierto por unas tiras de cuero y unas anillas de metal colocadas estratégicamente. La morenita era la mas bonita del grupo de las esclavas que iba por el mismo camino que yo. Agarrándome a su cuello me puse a bailar muy pegada a ella. Mis tetas duras apartaban el cuero que apenas cubría sus pezones. Le hurtaba mi boca a sus intentos de besarme y me lanzaba a por su fino cuello, pero lo hacia por el juego. Yo lo deseaba tanto como ella. Estaba deseando probar sus sensuales labios rojos. En ningún momento su mano firme se había separado de mi culo, magreando mis nalgas. Al principio por encima de la lycra de mi short pero en un momento se coló dentro agarrando carne. Me sentía deseada. Uno de sus muslos se introdujo entre los míos desnudos, notaba perfectamente su piel caliente acercándose sin pausa a los labios de mi vulva. En un acorde de la música fui yo quien dobló las rodillas apoyando la pelvis en su muslo y mi cabeza en su cuello desnudo. Movía mi cadera adelante y atrás frotando mi vulva, solo tapada por un poco de fina lycra, contra su muslo. Masturbándome con su pierna como un animal en celo. Pasaba la lengua por su piel salada, lamiendo del hombro a su oreja y buena parte de la barbilla. Lamí el sudor de su cuello y ella por fin consiguió mis labios, abrí la boca recibiendo en ella su lengua juguetona. Respondí lasciva a su beso, me hacía sitio en su boca para que mi lengua buscara en ella su saliva. Para que muestras lenguas se acariciaran la una a la otra, a veces con las caras tan separadas que la gente cercana podía verlo. A nuestro alrededor la juerga continuaba, la música atronaba, pero nosotras estábamos aisladas de todo. Nos mirábamos a los ojos y recorriendo despacio y con cariño la piel de la otra con las manos, con la yema de los dedos. Ella ya exploraba con la otra mano por debajo de mi escaso top de lycra apresando entre los dedos mi pezón duro por la excitación. Eso me hizo jadear pero no quedarme quieta y apresé los labios de su vulva entre mis dedos por debajo de un tanga de cuero un poco demasiado flojo y desde luego ya muy húmedo. La venganza es un plato que se toma frio y nosotras íbamos muy calientes. Sin dejarme un respiro me agarró de la mano y me arrastró hasta el portal mas cercano que milagrosamente estaba abierto y vacío. Sin dudar me bajó el short. Se puso detrás de mí con sus pechos clavados en mi espalda, una mano se deslizaba entre mis nalgas buscando mi rajita. La otra sujetaba mi vientre o mis pechos apretándome mas a ella como si a estas alturas yo pensara en escapar. Notaba su muñeca o antebrazo abriéndome el culo y dos de sus dedos en mi interior. Me besaba el cuello, la nuca, bajaba por mi prácticamente desnuda espalda. Cuando tuvo la lengua lamiéndome el culo yo jadeaba como una burra. Inclinándome más y más. Así me corrí por primera vez esa tarde, ya venía muy cachonda. Sin pensar en que los desconocidos vecinos podían sorprenderme desnuda en su escalera. Los vecinos no, pero dos chicos extraviados del desfile que como nosotras buscaban un sitio discreto nos distrajeron durante unos segundos. Estaban muy buenos aunque no eran de los culturistas. Un poco mas abajo que nosotras, en la escalera, se besaban con furia tan lascivos como nosotras. Al poco uno de ellos ya tenia la polla del otro en la mano y poco mas tarde en la boca. Aún más excitada por el espectáculo gemía sin importar quien pudiera oírme. Giraba mi cabeza todo lo que podía para contemplarlos mejor. Caliente por los hermosos cuerpos masculinos y la lengua que sin descanso me hurgaba en la vulva, el perineo y el ano. Me corría una y otra vez. Pero yo también quería dar placer, no solo recibirlo. Quería lamer piel y sexos, morder pezones. Lamí mis jugos de su lengua cuando la besé, cuando volvimos a cruzar las lenguas. Eso sin separar los dedos de su vulva. Conseguí aflojar del todo la prenda de cuero que cubría su depilado pubis, no es que me lo pusiera muy difícil. Me lancé como una loca a chupar los pelados labios de su coñito. Con la ventaja de la altura de la escalera que me permitía ponerme tumbada debajo en una postura cómoda pero con los escalones clavándose en mi espalda. El ano rosado que en cuclillas descendía desde dos escalones mas arriba despacio hacia mi boca. Agarré las nalgas morenas con fuerza para que no se me escapara. Aunque no corría ningún peligro de ello. Mi amiga gemía y jadeaba cada vez que la tocaba el sensible y duro clítoris con la lengua pero no tapaba del todo los gritos de placer de los dos chicos. Ella se corrió en mi lengua. No les perdía de vista, de reojo. Me gustaban sus rabos duros y sus culos prietos pero me encantaba comerme el xoxito dulce que tenía delante. No podía dejar de lamerlo, la recorría una y otra vez del ano sudado pero limpio al clítoris. Por sorpresa noté en el mío unos dedos que lo investigaban lo que me hizo clavar la lengua en su culo. Ella soltó un grito cuando noto una mano desconocida acariciando su suave piel. Ellos se habían acercado y sentíamos sus manos en nuestros cuerpos. Uno de ellos me acariciaba el coño, ya iba por mi segundo o tercer orgasmo, mientras el otro lo tenía clavado por su firme culo en su rabo. Todos gemíamos de placer, todos teníamos las manos o las pieles de los otros en nuestros cuerpos. Los cuatro sentíamos y dábamos placer según nuestros gustos. Ni nuestros nombres sabíamos. No me había preocupado de preguntarle el suyo a mi amiga, ni de darle el mío. A esas alturas ya tenía claro que todos eramos de gustos amplios, más o menos, y que solo queríamos disfrutar de la buena compañía. Y allí corríamos mucho riesgo de que algún vecino nos pillara en bolas. Tampoco nos hubiera importado mucho. Hasta que el chico que me acariciaba nos llevó a su casa. No llegué a probar su lefa en ese momento aunque lo estaba deseando, se contuvo para correrse después. - Aquí nos van a acabar pillando. En mi casa estaremos solos. Recompusimos nuestras ropas como pudimos. Eran tan escasas que no fue difícil en ningún caso. Ellos lo único que llevaban puesto eran unos cortísimos pantalones de deporte, ni camisetas habían traído. De todas formas hacia tanto calor y siendo el día que era nuestro grupo no llamaba mucho la atención por la calle. Montamos nuestra pequeña orgia en la cama de sus padres Sólo pasamos por la cocina para buscar algo de beber y refrescarnos. Ninguno pensaba en el alcohol, solo en los cuerpos de los demás. Yo dejé colgado mi bandeau en el respaldo de una silla al lado del frigorífico. Los shorts de los chicos y el mío se quedaron en el suelo del pasillo. Y entre los tres fuimos sacando el body de cuero de mi amiga junto a la enorme cama tamaño King size. Besando su cuerpo a tres bocas y lamiendo su suave piel. Yo aproveché para acariciar las suaves pollas depiladas. sin separar mis labios de la piel de alguno de los otros. Los gemidos llenaban la habitación mientras nos íbamos deslizando sobre el colchón. Ahora me tocaba a mí, manos y lenguas por toda mi piel. Incluso una polla que se deslizaba entre mis labios con suavidad, y puse todo mi empeño en darle una buena mamada. Alguien me estaba haciendo un beso negro y esa legua juguetona me estaba llevando al cielo. Yo tampoco tenía las manos ociosas tocando todo lo que alcanzaba. Íbamos moviéndonos según nos apetecía, según buscábamos los cuerpos de los demás. Allí uno de ellos me folló mientras su amigo le follaba a él y yo me comía el coñito de la de los cueros que con los muslos bien abiertos estaba sentada delante de mí apoyada en el cabecero de la cama. A cuatro patas dando y recibiendo placer no me di cuenta de los nuevos participantes hasta que carraspearon en la puerta. Hasta sus padres, unos maduros atractivos, se unieron a nosotros. Habían ido recogiendo nuestras prendas por el camino hasta el dormitorio. Nos miraban con unas sonrisas lascivas en sus bellos rostros. Las dos nos comimos el coño de su madre en cuanto nos deshicimos de su ligero vestido de tirantes. El tanga ya había desaparecido en algún momento anterior. Los chicos estaban desnudando a su padre y lamiendo su torso atlético. Y él se dejaba, no sabía si ya eran bisexuales o era el espíritu del día del orgullo. La orgia estaba en marcha y cada vez éramos más los que participabamos. Más gente, más diversión. Tres pollas para rellenar agujeros que las estaban deseando pero sin olvidar las lenguas y los dedos. Ninguno salió de allí hasta el día siguiente. Sus padres tuvieron que prestarnos algo de ropa para volver algo más decentes a nuestras casas. Yo me llevé el vestido que le habíamos quitado a su madre la tarde anterior y uno de sus preciosos tanguitas de encaje. .

domingo, 6 de junio de 2021

Sakura, la muñeca

. Las había visto en un documental en la tele y me quedé impresionado de la perfección que habían alcanzado. Ya no eran las muñecas hinchables cutres de sex Shop con la foto de una actriz porno en la caja de cartón, que había hace unos años. Ahora, por lo menos en la pantalla, casi parecían mujeres reales. Aunque las fabrican en varios países las japonesas son las que más me llamaron la atención. Por supuesto investigué un poco más en Internet viendo fotos y detalles que el documental no había exhibido. Al fin me decidí a hacer el pedido. Recibí la muñeca a principios del invierno en un enorme cajón de madera. La verdad es que me costó un pastón pero para un solitario como yo, lo pensaba ahorrar en putas. Y tampoco es que ande mal de dinero. El envío directo desde Japón incluía la muñeca y algunos accesorios, pelucas, lencería y un kit completo de limpieza y cuidado. Siempre he sido hetero pero demasiado tímido poder intentar ligar con mujeres. Hasta entonces mi salida habían sido los prostíbulos y alguna prostituta contratada por teléfono o internet. Y por supuesto muchas pajas. Aunque no se movía la muñeca realista era una mujer bellísima morena, de rasgos orientales, pechos generosos y amplia cadera, exactamente lo que había pedido. No podía esperar a tumbarla en mi cama y follarla en cualquier postura que se me ocurriera. En todas a ser posible y en esa primera tarde, para qué perder el tiempo. Ya me encargaría yo de moverla. De subirla sobre mi cadera y agarrado a su cadera voluptuosa hacer que ella me cabalgara. A pesar del material del que estaba hecha su sabor era agradable, no era lamer plástico. Quizá le habían puesto algún aditivo químico. Así podía lamer su piel sin molestias, comerle el chumino perfecto y hacerle besos negros. Es más debido a la flexibilidad de su lengua no sólo podía besarla sino que ella podía lamer mi piel y devolverme esos favores. Yo le follaba la boca y ella me comía el culo. Pero con ella sobre todo me gustaba el misionero poder besar esa boquita pequeña y jugar con su lengua que era tan flexible como una de verdad. Mientras follaba ese coñito de silicona tan suave y tierno como el de cualquier otra mujer que hubiera probado antes. Claro que para mí era tan mujer como una de carne y hueso y no de silicona. Las posibilidades que me ofrecía eran casi infinitas. Aunque claro antes de meter mi polla tenía que lubricarlo lo que se convertida en otro juego de preliminares y en realidad como cualquier otra mujer a la que hay que acariciar y excitar para que lubrique antes de follar. Me acostumbré a hablarle, a ponerle un kimono y levantarla para que me acompañara en el desayuno antes de ir a trabajar. Sentada frente a mí con una expresión lasciva en sus labios rojos. A verla cuando llegaba a casa esperándome con su eterna sonrisa sentada en el sofá con un vestido sexi. Al poco tiempo descubrí que la ropa que me habían enviado se hacia escasa. Quería darle más variedad, vestirla según mi humor, unas veces provocativa y lujuriosa y otras como una chica normal y recatada o incluso como una dama elegante. En la documentación y las instrucciones venían las tallas y medidas desde luego. Pero eso me suponía un nuevo problema, mi timidez me ponía difícil entrar a una tienda a comprar y encima ropa de mujer cuando incluso me costaba comprar calzoncillos para mí. Pero Sakura se lo merecía todo e hice un esfuerzo. La primera vez en una tienda de cadena donde pude escoger sin que me molestaran, la parte difícil fue ir a la caja a pagar. Intenté hacerme a la idea que era como cuando estaba con una prostituta, solo un intercambio comercial. La chica que me atendió se quedó mirando las prendas que había elegido, las mas sexys, las mas de putón que había en las perchas. Evidentemente comparando con mi cuerpo y mis tallas extrañada me preguntó: - ¿Seguro que son de "su" talla? Luego me confesó que había pensado que eran para mí, que yo era un travesti. Yo no sabia donde meterme. Tartamudeando le dije que estaba seguro, que las tenia apuntadas y que eran para un regalo, que me cobrara. Con mi cabeza gacha apenas pude ver de ella la cadera enfundada en un ajustado vaquero y unos generosos pechos en una camiseta aun mas apretada. Estaba deseando volver a casa y probárselo todo. Allí descubrí que una de las prendas, un body de encaje, lo mas caro, estaba mal cosido y no se lo podía poner, tuve que ir a devolverlo. Encontré a la misma chica, aunque me costó reconocerla, a la que le expliqué el problema. Pero las mujeres son curiosas o por lo menos esta lo era, no se tranquilizó hasta que no me preguntó para quien era la ropa. Pensando que ella tenía una medidas muy parecidas a las de mi chica le dije que eran para mi mujer y en cierto modo era verdad. Era la esposa que me esperaba en casa con su propio nombre Sakura, flor de cerezo, que era el que venia en la caja y no quise rebautizarla. Era a quien le hacia el amor, la mujer que me entregaba su cuerpo y todos sus orificios. La primera mujer que me había dado su culo sin tener que pedirlo y sin tener que pagarlo con largueza. No tenia que pedirle nada, claro, me lo daba todo. Así que cada vez que volvía a la tienda a comprarle ropa me sentía un poco culpable. Como si le pusiera los cuernos cuando hablaba con la dependienta. Siempre la misma chica que empezó a aconsejame, cosa no muy difícil para ella. Lo que le sentaba bien a Sakura le tenia que quedar bien a ella. Tenían un cuerpo muy parecido, voluptuoso y soberbio. No sabia lo que pensaba de mí pero me trataba muy bien y eso era lo que me importaba. Lo que me llevaba a pensar que le ponía los cuernos a la chica que me esperaba en casa. Para el comienzo del verano y del calor tenia con ella mas confianza que con ninguna otra mujer viva. Y ella seguía teniendo curiosidad por mí y por mi misteriosa mujer a lo que yo procuraba vestir como a la ramera de Babilonia. Intentaba escaquearme diciendo que solo eran prendas para jugar en la cama y para fortalecer nuestra relación. Pero llegó un momento en que me apetecía vérselas puestas a ella. Verlas sobre carne viva y que fuera ella quien se las pusiera y quitara frente a mí. Por fin tuve que confesarlo todo. Me di cuenta que lo peor que podía pasar si se escandalizaba es que tendría que ir a otro sitio a comprar la ropa. Al fin y al cabo Sakura seguiría en casa, ella no se escandaliza. Pero Susana se lo tomó bien, en realidad le entró mas curiosidad de la que ya tenia por mi misteriosa mujer. Una mujer completa de silicona y no como otras que solo tienen gran parte de sus cuerpos. Visto lo cual la invité a cenar ese sábado a casa, creo que fue mi amante oriental la que me dio el valor para pedirlo. Y desplegar mis mejores aptitudes culinarias. Decidí que un vaquero y una camisa estarían bien para mí pero Sakura tenia que estar deslumbrante. La mejor lencería que le había comprado incluido el ligero y las medias. Un ajustado vestido de seda negro estampado en dragones orientales rojos tan pegado al pecho que sus pezones amenazaban con rasgar la tela con una raja en la falda estrecha que permitía ver la liga de la media y la piel de mas arriba del muslo hasta casi el encaje del tanga. Sakura, paciente como siempre, esperaba sentada cómodamente en el sofá. Susana en cambio se presentó completamente occidental y muy sensual con una minifalda asustada que apenas tapaba su culo. Y de la salían sus torneados muslos. Un ancho cinturón y una suelta camiseta de tirantes que descubría su vientre y liberaba sus grandes pechos sin sujetador. Tras las presentaciones parecía fascinada por la muñeca. Me miró como pidiendo permiso para comprobar su realidad y asentí con la cabeza. Ni en mis mas locos sueños habría imaginado la escena lésbica que sensualmente empezó a desarrollarse ante mí. - Es maravillosa. Tan perfecta. Susana acariciaba a Sakura con lascivia comprobando la suavidad de la silicona, la firmeza de sus pechos, la textura de los cabellos. Haciéndose lamer dos dedos antes de llevarlos al coñito de la oriental separando el encaje del tanga. Comprobando la fidelidad anatómica de la réplica. Moviendo los brazos articulados para que Sakura le acariciara a ella sus grandes tetas con las manitas perfectas. Besando la boca y jugando con la lengua de silicona con la misma curiosidad que tuve yo el primer día. Yo pensando que la siguiente vez que besara a la muñeca allí estaría la saliva de la mujer. De vez en cuando me miraba a mi y a mi durísima polla encerrada en el vaquero. Pero yo no quería decir ni pio para no estropear el magnífico momento. Olvidamos la cena sobre la mesa. Luego ella me pidió que la ayudara a llevarla al dormitorio donde tantas noches solitarias Sakura me había acompañado y que las dejara solas un momento. Susana conocida mis gustos y al rato me llamó. Cuando entré ambas estaban tumbadas en la cama únicamente vestidas con dos bodys idénticos, de encaje muy trasparente. Sus cuerpos voluptuosos hacían que las prendas y sus escotes las hicieran maravillosas. Las medidas y las sandalias de tacón iguales una de blanco y otra de rojo. -¿Te gusta el regalo? Susana me dijo que eran regalos para Sakura y para mi y me invito con un gesto a acompañarlas en la gran cama mientras me recibía con un húmedo y lascivo beso en la boca y sus manos desnudaban mi cuerpo. Con la práctica de ayudar a sus clientas me dejó en pelota picada en menos tiempo del que se tarda en decirlo. Susana levantó y separó las piernas poniendo un muslo sobre las piernas de Sakura. El otro pie me lo acercó a la boca y yo lo besé. Chupé sus deditos como había hecho otras veces con los de la muñeca. Estos se movían contra mi lengua juguetones, suponía que sintiendo cosquillas. Empezaba a admitir que una amante que se moviera tenía sus ventajas. El olor de su coño me llegaba hasta la nariz mientras besaba su pie. Me excitaba más. - ¿Se le puede chupar? - Ya has probado sus labios y su lengua. Esta hecha para ello y todo tiene un sabor muy parecido. Me sacó el pie de la boca para girarse y apartar el body del coñito de Sakura. Colocada entre los muslos de silicona empezó a comerle el xoxito como lo habría hecho con una mujer de verdad. -¿Sabes? es mi primera mujer. Tenía ganas de probar con otra chica, pero nunca me había atrevido a intentarlo. Sakura y tú me estáis ofreciendo una oportunidad que deseaba hace tiempo. Susana en algún aspecto se parecía a mi, tímida en algunas ocasiones. Supongo que vender lencería y ropa sexi a mujeres durante todo el día había levantado estos deseos. Ver cómo les quedaba esa rosa sobre sus cuerpos. Pero con Sakura estaba perdiendo esa timidez rápidamente dejándose llevar y haciendo lo que deseaba hacerle a otra mujer. - ¡Vamos! fóllame!. Mientras lamía el coño de la muñeca se puso a cuatro patas ofreciéndome a mi su preciosa grupa. Cuando la penetré solo apartando el tanga de la prenda de su muy húmedo coñito Sakura nos miraba con su eterna sonrisa sobre nosotros. Incluso Susana puso las manos de la muñeca sobre su espalda donde yo las alcanzaba y las usaba para acariciar su piel. Susana puso una de las suyas en mi culo para que me animara mientras la follaba. Para que lo hiciera más deprisa. Los dos gemíamos, Sakura guardaba silencio. - ¡Me corro!. - ¡Y yo!. Tomo precauciones, dámelo. Me había acostumbrado a lamer el coñito de Sakura después de llenárselo con mi semen para empezar a limpiarlo. Así que por que se lo iba a hacer a Susana. No me importaba saborear mi lefa y descubrí que mezclada con los jugos del orgasmo de ella estaba aún mejor. Además volvió a correrse al notar mi lengua lamiendo su ano y su xoxito. Nos dejamos caer uno a cada lado de Sakura y mientras recuperábamos el resuello la acariciábamos a ella y lo hacíamos entre nosotros probando texturas y pieles. A veces nuestras manos coincidían sobre uno de sus pechos o en su coñito y entonces cruzábamos los dedos. Otras eran nuestras bocas las que se aproximaban mientras besábamos a la oriental y entonces lo que cruzábamos eran las lenguas cambiando saliva. Susana quería ver cómo follaba Sakura y gracias a sus caricias pronto estuve en condiciones de hacerlo. Como no quería dejarla de simple espectadora subí a la muñeca sobre mi cadera para que me cabalgara. Le clavé la polla en su coñito y yo podía moverla con mis manos. Susana subió sobre mi cara donde podía usar mi lengua para darle placer en su xoxito y su culo lamiéndola. Como yo tenía las manos ocupadas moviendo a Sakura era Susana la que tenía que abrir sus nalgas si quería mi lengua allí. Mover la cadera para poner su vulva sobre mi boca si deseaba eso. Acariciar los pechos de la réplica o besar su boquita de labios modelados perfectos. Apoyar la cabeza en su hombro y besar su cuello. Al rato me pidió cambiar y poner a la muñeca a cuatro patas para ver como le follaba el culo. Lo hicimos entre los dos y ella misma hizo de mamporrera llevando mi polla entre las nalgas de silicona. Acariciaba mis huevos mientras me movía. No perdía detalle mirando desde bien cerca y a veces pasando su lengua por mi vientre, o el culo de Sakura para provocarme. Todo tiene un final y terminé llenando ese culo con mi leche. Susana lo lamió recogiendo lo que rezumaba. Verlo estaba manteniendo mi excitación a niveles estratosféricos. Ver cómo la chica real le hacia un beso negro a la muñeca recogiendo mi semen de allí. Después de una sesión de sexo así hacia que limpiar bien a Sakura para que nada e estropeara sentí de ella. En realidad los tres necesitábamos una buena ducha. Sudados y con semen, saliva y jugos por todas partes. Susana y yo nos duchamos juntos renovando caricias y luego ella me ayudó con Sakura convirtiéndolo en un nuevo juego. Yo no sabia en que quedaría todo aquello, no si Susana no se arrepentiría de todo al día siguiente y no la volvería a ver. Bueno no se ha venido a vivir con nosotros pero cada vez que le apetece un trío con un hombre y una "mujer" me llama y repetimos. Además he conseguido una buena rebaja en toda la ropa que le compro a Sakura desde entonces. ,

martes, 27 de abril de 2021

Fantasía heroica

. Pudiera haber sido una fiesta de disfraces o una partida de rol, o una convención de ciencia ficción y fantasía, pero no lo era. Situado entre el desierto y el bosque. Dos enormes lunas alumbraban el ajado y enorme edificio de dos pisos de adobe reforzado con vigas de madera. Un tejado de placas de pizarra plagado de chimeneas de piedra cubría la edificación con aspecto de no querer mantenerse en pie mucho más tiempo. Una torre almenada de piedra que debía procurar cierta protección estaba adosada al frente de la posada. A un lado unos corrales mantenían confinados diversos tipos de ganado y animales de silla y arrastre, desde caballos, mulas y bueyes a ejemplares más exóticos de seis patas o lagartos cubiertos de escamas. Incluso se veía entre ellos un centauro que con pocas luces pastaba en el mismo pesebre que un hermoso ejemplar de caballo árabe. Los cuerpos de ambos muy parecidos. En el interior la sala era oscura, con madera por todas partes y la disposición típica de todas las tabernas del multiverso. Una larga barra a un lado con una tabernera detrás para servir a los parroquianos los mejunjes alcohólicos de su gusto. Mesas de diversos tipos, talladas en enormes troncos, no parecía haber un standard para eso en este caso. Una enorme chimenea en un rincón para las noches frías e incluso las cálidas, al fin y al cabo estamos en un mundo de fantasía. Algún tipo de animal enorme de seis patas y casi sin desollar se asaba en un espetón al que una jovencita cubierta con harapos y manchas de hollín en la cara se encargaba de dar vueltas. Una película, un casting, pero la situación seguía siendo erótica, interesante. Una hermosa y delicada rubia con el largo pelo lacio se movía entre las mesas con aire lánguido. Su única vestimenta era un vestido de gasa completamente transparente, sus pezones claros se veían a través de la tela tan fina. Incluso el vello rubio de su coñito se descubría cuando movía las piernas. A su lado un forzudo con un tanga de cuero como única vestimenta. Sobre el banco de madera cubierto con piel descansaba su culo desnudo mientras sus manos se perdían bajo las sedas qué no tapaban el cuerpo de la rubia. Ella suspiraba al lado de su oreja adornada con varios pendientes enjoyados, dispuesta a ganarse su propina dándole placer al mastuerzo aquel. Bellas mujeres morenas con corsés de cuero o sujetadores de cota de malla asomando sus plenos y turgentes pechos por los escotes de sus escasas prendas bebían cerveza de cuernos arrancados de caprinos de la zona. Peleaban entre ellas por los favores de otro par de mancebos elfos al servicio de la taberna, suponía que eran chicos pero en mi raza y con esa edad, con nuestra constitución tan delgada igual podían ser muchachas. Sólo las puntiagudas orejas los distinguían de los humanos. Musculosos macizos de reducidas armaduras para lucir sus músculos y enormes armas como si quisieran compensar algo distribuidos por las mesas del local. Todos ellos con tangas de cuero o metal para cubrir pubis a los que sin duda daban buen uso tras las batallas. Si eran enanos de baja estatura y completamente cubiertos de pelo. Elfos delgados como juncos e incluso un semitrol de rocosa piel entre ellos. Una fantasía de héroes de la antigüedad. El enorme pincho moruno del forzudo empezaba a tomar rigidez bajo el cuero del taparrabos. ¡Ah! Si y la espada de acero damasquino descansaba junto a ellos en el banco. En otro rincón una guerrera que oprimía sus duras tetas en un corset de cuero y sus pies en unas botas altas del mismo material y entre medias muy poca cosa mas, se dejaba agasajar por un delgado efebo de oscura y suave piel descubierta al completo, solo adornado con unos collares de oro. Sentado en sus poderosos muslos ejercitados en batalla y en innumerables campañas el fibrado muchacho se esforzaba por acariciar las voluptuosas formas de la soldado. Creí distinguir una de sus manos por debajo de la armadura agarrando sus pezones. Había otras mesas ocupadas por elfos, enanos y gentes de otras razas todos ellos apenas sin ropa. Algunos de ellos ocupados además de en beber y comer en juegos sexuales de algún tipo, desde besos y tocamientos varios a mamadas apenas disimuladas bajo los tableros de las mesas. Tampoco hacía falta mucha ropa, el calor reinaba en esas tierras de vegetación lujuriante y tupida. Donde a veces había que abrirse paso por el bosque a base de hacha y machete. Por todo un lateral del local una barra de robustos y gastados tablones de recia madera arañados por los innumerables roces con cuchillos y hachuelas. Tras ella una posadera de generosos senos apenas cubiertos por una blanca blusa de lino con un más que lascivo escote, seguía poniendo jarras de cerveza y cuernos de vino. Sacaba el líquido de los enormes barriles que tenía detrás de ella y vasos de aguardiente y de sospechosos licores de polvorientas botellas de grueso vidrio coloreado, con aspecto de llevar siglos en esos robustos estantes. Envuelta en mi larga capa que me ocultaba casi por completo, atravesé la cortina de trenzas de cuerda y cuentas de cristal que hacía de puerta en el oscuro antro. No me molesté en echar la gran capucha que cubría mis largos cabellos rojos y mis orejas terminada en punta, hacia atrás. Para evitar la curiosidad del resto de los parroquianos preferí seguir ocultando un rato más mi cuerpo extremadamente flexible y delgado. Me acerqué a la barra y le pedí a la voluptuosa camarera una jarra de esa cerveza casi masticable que se destilaba por entonces. Ella aprovechó para pasearme los dos enormes jarros, digo pechos ante la cara. Antes de deslizar en su escote la moneda de cobre que era el pago de mi bebida aproveché para darle un pellizco a su pezón. Que respondió de inmediato poniéndose duro, marcado en el lino, ya no tan blanco a esas alturas de las noche y asomó una sonrisa a su colorada cara. Pero no estaba allí por los abundantes encantos de la cantinera. Estaba allí por un hombre o monstruo o mitad de uno y mitad del otro. Tenia que cortarle la polla y llevarla como trofeo a una bella princesa que me esperaba entre sedas en su palacio de oro, mármol y marfil. Dispuesta a recibirme entre sus brazos como recompensa. Tenía colgada a mi espalda del tahalí que cruzaba mi pecho entre mis tetas mi espada Mata dragones, fiel hasta el final. No era mi única arma claro. Los filos de las dagas en las fundas dentro de las cañas de las botas. Estrellas ninja y cuchillos arrojadizos en el cinturón por encima del tanga de cuero y algunas sorpresas muy afiladas más disimuladas en el sujetador de cota de malla, la melena y la capa. Y había dejado el arco y la ballesta y sus proyectiles colgando de la silla de montar. Ya me chorreaba el coño pelado al pensar en tener la polla de aquel fulano en el ídem y luego en la mano una vez que no estuviera unida a su usuario. Decían que ese órgano tenía poderes curativos. Me lo habían descrito, pero hasta tenerlo delante no me haría un idea de como era. Aparte de su enorme tamaño. Hasta que atravesó la misma puerta de cuentas de cristal engarzadas en cordeles que yo había cruzado un momento antes. Era enorme, a la espalda llevaba dos hachas de doble filo cruzadas que rozaban las envejecidas vigas del techo cubiertas del hollín de las antorchas y de las lámparas de aceite. Pero eso no era lo que mas impresionaba, los arañazos del hierro forjado de sus armas solo repasaban los que un segundo antes habían hecho los dos afilados cuernos que coronaban su testa. Cabeza que tenia un asombroso parecido con la de un buey, su nariz ancha perforada con un pesado colgante en forma de aro de hierro. Su cabello grasiento y enmarañado caía sobre unos hombros aún mas anchos que la puerta, de forma que tuvo que ladearse para poder cruzarla. Sus pezones oscuros y de los que colgaban dos enormes aros de oro coronaban unos pechos aún mas amplios que los míos y cruzados por los tahalíes de las hachas. De su cinturón cruzado sobre un vientre que parecía una tabla de lavar, aunque por el profundo olor que desprendía el fulano no debía saber lo que era eso, colgaban varias hachas arrojadizas y una corta pero ancha espada de doble filo. El enorme bulto del tanga parecía ocultar una polla de muy respetable tamaño. Sus piernas como columnas jónicas en las que se marcaban los husos de sus músculos terminaban en dos gastadas botas de piel sin curtir, que desde luego habían recorrido muchas leguas. Por eso había podido adelantarlo por el bosque a lomos de mi caballo después de haberlo seguido durante un par de días, sin que el bovino se diera cuenta. Esa cosa era un minotauro, y las leyendas decían que estaban tan extintos como los dragones. Claro que yo había despachado ya un par de estos últimos. Así que como de costumbre en ese aspecto la leyenda se equivocaba. Mirando alrededor desestimó las mesas ocupadas por otras razas y a punto estuvo de disputarle el efebo a la guerrera, lo vi en sus ojos lascivos enormes y bovinos. Pero le disuadió de ello el emblema real que ella llevaba en el cuero de su hombrera y tatuado en diversas partes de su cuerpo, y que demostraba al servicio de quien estaba y su entrenamiento de combate. Como yo seguía oculta por la tupida capa de lana no podía saber de mi raza ni de mi sexo pero tampoco pareció gustarle el misterio y al final se sentó junto a la chimenea sobre la cabeza de un troll que hacia las veces de banco de piedra. Deduciendo por las miradas lascivas que lanzaba a los ejemplares masculinos menos vestidos que pululaban por la sala, que mis encantos no le atraerían. Decidí líbrame de la capa y pasearle mis glúteos por la cara a ver si con eso lograba sacarle de la presencia de tantos testigos. Igual esa parte de mi anatomía tan expuesta como cualquier otro culo en la sala sí sería capaz de atraer su atención. Dejé caer la capa en el banco en el que estaba sentada atrayendo así algunas miradas. Así que me levanté y me acerqué a la chimenea contoneando mi cadera en busca de fuego para mi pipa. Eso solo era una excusa, no perdía de vista al minotauro. Tuve que pasar justo por delante de él e inclinarme hacia las brasas sin doblar la rodillas. Al ver mi culo duro firme y mi ano que la fina tira de cuero no conseguía ocultar del todo, tan cerca de la chata nariz fue él quien me agarró de la cintura y me arrastró hacia el establo. No era de muchas palabras. Su acción apenas llamó la atención del resto de los parroquianos acostumbrados a ese tipo de acciones, de parejas que se retiraban buscando más intimidad. Parejas o tríos o grupos buscando un sitio para follar. Ya entre las cuadras y los caballos se arrancó el tanga y pude ver como su polla dura apuntaba al tejado de paja. Aunque le gustara el sexo masculino de cualquier raza no me había costado mucho excitarlo con mi culo respingón. Con el salvajismo que le caracterizaba pretendía follar mi ano a cuatro patas y sin mas preliminares que pasar su enorme lengua rasposa de vaca entre los cachetes de mi culo. Desde luego no era de muchas palabras. He de admitir que eso me puso lo suficientemente cachonda para lo que iba a venir. Pues se estaba recreando en comerme el ojete e incluso intentar follármelo con esa lengua enorme, áspera y dura. Me libré del sujetador para aumentar mi propio placer pellizcando mis pezones. Pero eso a mi no me convenía, lo necesitaba vulnerable, así que me giré boca arriba con la agilidad que me caracteriza. Desde luego con la fuerza no iba a ganarle. Apenas alcanzaba a rodear su enorme cuello con mis tobillos. Verme las tetas desnudas no pareció frenar su lascivia. Mientras apartaba la tira de cuero que me tapaba el ano. Cuando me la clavó bramaba como el animal que era en celo. Me follaba duro fuerte con largas embestidas que me hacían tener un orgasmo detrás de otro. Aguantaba su ritmo de macho que no ha follado en mucho tiempo hasta que se corrió. Con su lefa en mis intestinos. En ese momento una de mis dagas cayó desde mi bota a mi mano y de allí a hacerle un corte horizontal en su cuello para evitar que sus bramidos alertaran al resto de la posada y cercenar su polla aún clavada en mi culo para llevarla a mi princesa. Del minotauro no tenía que preocuparme, con la capacidad de regeneración de su raza se recuperaría en pocas horas. Pero durante semanas se comportaría como un manso y no como un toro bravo. Hasta la polla volvería a crecerle hasta que otro cazarecompensas volviera a cortarla por sus poderes curativos. Mientras tanto yo solo tuve que volver a colocar bien el tanga, recoger el sujetador y trepar a la silla de mi caballo. Sin molestarme en sacar el miembro, bueno en este caso no sería viril, sino bovino de mi ano. Allí se conservaría bien hasta llegar al lujoso palacio. Y además me daría un placer adicional con el movimiento del galope. Una vez preparada la poción con el ingrediente esencial mi princesa duende de tres pechos y hermosa piel verde, recuperaría la salud y su lujuria natural. Podríamos volver a compartir su lecho entre sedas y almohadones de plumas. .

miércoles, 21 de abril de 2021

Los del vestido y la artista

Proyectado en la pared, ahí estaba toda mi desnudez en cuatro metros de blanco muro. Cada cinco segundos la imagen cambiaba para mostrar una vista nueva de mi piel descubierta. Todo el que pasaba por la galería de arte contemplaría mis desnudos, en tela, en papel fotográfico, en barro, escayola o en manchas de luz en la pared, todos mis autorretratos, todos desnudos. De eso iba la performance. Y yo, la artista, paseándome entre ellos apenas cubierta con una gasa trasparente. Tenia que demostrar que la exhibición de mis encantos no se limitaba a las piezas expuestas. Cada vez cuesta mas trabajo hacerse un nombre en el mundo del arte. O montas algo de escándalo o nadie te hace caso. Que se fijaran en mi cuerpo ayudaría a vender las obras. Quien me deseara podría tenerme o por lo menos una de mis imágenes hecha y firmada por mí. Me sabía lo suficientemente bella y con con un cuerpo bonito como para que esa maniobra comercial me brindara unas buenas ventas y puede que algo de placer si se terciaba. Mi exhibición estaba dando buenos resultados económicos, ya tenía apalabradas algunas ventas. Pero aparte de las miradas lascivas a mis expuestos pezones y mi cadera casi descubierta nadie se había atrevido a insinuarse. Casi todo estaba vendido. La hora de cerrar se acercaba, estaba a punto de rendirme y dejarlo para el día siguiente. Vestirme con algo más de ropa y marcharme a casa. La puerta automática se abrió dejando pasar una ráfaga del agobiante aire de la tarde de julio y a una bonita pareja. Una joven sexi con un corto vestido veraniego atado detrás del cuello, lo que le dejaba un precioso escote. Alta delgada, pelirroja, sus preciosas piernas y su espalda bronceada. El chico también pelirrojo pecoso, un poco mas alto que ella y puede que unos veinte años mayor, vestía vaqueros y camiseta bajo los que se adivinaba un físico bien cuidado. Admiraban las obras despacio, relajados y con cierta mirada lasciva que me gustó. Él rodeó su cintura con un musculoso brazo y la beso en el cuello. Un lujurioso, largo y húmedo beso que yo admiraba desde el otro lado de la sala con mi copa de vino en la mano. Parece que lo que estaban contemplando no les resultaba del todo indiferente. Se estaban excitando. Cogí otras dos copas y crucé la galería entre las imágenes de mi cuerpo desnudo y fui a ofrecérselas con una sonrisa y muy poco más encima. Los lascivos ojos de ambos recorrieron mi anatomía reconociendo de inmediato al vivo lo que había en las fotografías y el resto de las obras. Devolvieron mi sonrisa ampliada en sus sensuales labios. Nos presentamos, me dieron sus nombres de pila pero no me dijeron la relación que hay entre ellos. Un puzzle que estaba dispuesta a resolver. De entre las piezas que no tenían la pegatina de vendido se habían interesado por una foto en blanco y negro en la que se me veía la cara, los pechos y los hombros y mi lengua rozando el pezón de la perfecta teta de una amiga. - ¿Me enseñas el resto de la exposición? Se colgó de mi brazo apoyando uno de sus pechos en mi piel desnuda interesándose por los desnudos, mis aficiones y mi vida sexual, tratando de conocerme mejor. Mientras él gestionaba la compra con el personal de la galería nosotras recorríamos el resto. Rozándonos le comentaba el resto de las obras a veces con los detalles mas escabrosos de su factura. Me hacía inteligentes preguntas sobre el arte, mis técnicas. Ella mantenía mi excitación con roces que parecían inocentes y casuales pero constantes. Mi poca ropa le facilitaba alcanzar mi piel y mi actitud tampoco se lo impedía. Detrás de una de mis estatuas en escayola me atreví a besarla, un suave roce de nuestros labios. Pero ella aprovechó para cogerme el culo por debajo de la gasa. Viendo sus avances yo acaricié uno de sus pechos sobre el vestido, notando la dureza de su pezón en la yema de mis dedos. Nos sonreímos antes de separarnos. Seguíamos viendo el resto de la exposición despacio cuando él se acercaba a nosotras. Fue directa al grano cuando le soltó: -Papá ¿por qué no la invitamos a cenar? El asintió sin poner pegas mientras yo aún me atragantaba con aquel papi. Para calmarme y pensar en el morbo que me había dado una sola palabra decidí ir a cambiarme y reflexionar un poco sobre ello. ¿De verdad serían padre e hija? o ¿Él sería un sugar dady?. Aquella extraña parejita estaba despertando mi lujuria. Al ponerme mi ligera faldita de vuelo decidí prescindir del tanga y guardarlo en mi bolso. El suje ni me lo había traído. El top con la espalda desnuda lo llevaría sin sujetador dejando que los duros pezones excitados se marcaran en la fina seda. Al salir del baño parece que volví a sorprenderlos agradablemente a juzgar por las sonrisas y el vistazo que le echaron a mi atuendo. Casi sin dejarme despedirme de la encargada de ventas ella volvió a coger mi brazo y el de su padre y nos condujo a un discreto y caro restaurante no muy lejos de allí. Me dio la impresión de que ya lo conocían. Me cogió del brazo con firmeza, como para indicarme que ya no podría escapar de ella. ¡Como si yo lo pretendiera! En cuanto giramos la primera esquina la niña me besó de nuevo pero esta vez lo puso todo, buscaba mi lengua con la suya y dándome a beber su saliva. Mordisqueaba mis labios juguetona agarrando mi culo para apretarme contra su delgado cuerpo. Yo tampoco me hice la manca y sujetaba su delgada cadera rodeandola con un brazo mientras la otra mano la dirigí de inmediato a sus durísimas tetas. - Ya tenía ganas. Al terminar de besarme, con mi lengua aún en su boca, giró la cabeza para repetirlo con su apetitoso padre que se había acercado a nosotras. Él nos rodeó con sus fuertes brazos, a la dos. Sujetó su cabeza echando un brazo levantado y hacia atrás, lo que dejó su suave axila a mi alcance. No me pude resistir y pasé la lengua por ella un momento, por su cuello de cisne y por el filo de su mandíbula. Ellos seguían en un lascivo morreo en que sus lenguas se cruzaban dentro y fuera de sus bocas. Yo solo podía mirarlos excitada, espectadora en primera persona, agarrándome aún más a la cintura de ella, mareada por mi propia lujuria. Sentados a la mesa redonda, pequeña y en un rincón discreto. Cubiertos nuestros muslos con el mantel pronto sentí sus manos, las de los dos, deslizándose bajo mi falda. Estábamos muy juntos ya que la mesa era muy pequeña. Separé mis piernas para darles mejor acceso. Ambos se alegraron al llegar a mi vulva y descubrirla húmeda depilada y sin nada que les impidiera acariciarla cada vez que el camarero se alejaba. Yo también investigaba bajo el mantel, no pensaba quedarme quieta y descubrí que ella también había decidido prescindir de la lencería y que estaba tan húmeda como yo. Ella sacó los dos dedos que tenía en mi xoxito y se los llevó a la boca con una increíble cara de vicio. Verla lamerse los dedos húmedos de mis jugos casi me provoca un orgasmo. Al otro lado, al deslizar la mano por el vaquero del padre encontré allí la mano de ella agarrando la dura y depilada polla que ya asomaba por la abierta bragueta. La hija me cedió el tronco y ella se dedicó a acariciar los suaves huevos. Mientras volvía a besarme jugando con mi lengua y dejando hilos de saliva en nuestras barbillas sin soltar ambas la polla de su progenitor. A todo ello charlábamos como si por debajo del tablero no pasara nada. Los tres estábamos muy excitados. La sensualidad del ambiente, la comida era sabrosa y las caricias más que morbosas. Hasta los camareros eran guapos y vestían sexis. La faldita negra de la chica que nos trajo el segundo plato apenas conseguía cubrir sus nalgas y se veía un poco de piel blanca entre las medias y el borde de la prenda. Las camisas blancas eran translúcidas casi trasparentes y los pezones oscuros de los chicos se marcaban en la tela. Además de sus paquetes en los ajustados pantalones negros. Empezaba a necesitar ese rabo dentro de mi, a desear comerme esa vulva suave y caliente y tener en la lengua el sabor de sus orgasmos. Aquellos como los que sus hábiles dedos me estaban provocando en la discreta esquina del restaurante. Nuestras caricias y lascivos besos por fin consiguieron que él se corriera dejando su semen en nuestros dedos. Ya no me asombraba nada y vi cómo, morbosa, igual que había hecho antes con mis jugos se los llevó a la boca. Lamió la semilla de su padre mirándome a los ojos como desafiándome. A esas alturas ya debía saber que yo no me iba a echar atrás. Chupé mis dedos recogiendo todo el semen que pude en mi lengua y volví a besarla compartiéndolo. Aún más dejé caer unas gotas de la abundante lefa mezcladas con nuestras salivas en mi postre y mirando a sus bellos ojos azules usé la cucharilla para comérmelo. Incluso de le di una cucharadita a ella. Ella subiendo el nivel recogió las ultimas gotas directamente del glande, pero esta vez llevó los dedos a la boca de él que los chupó goloso. Estaba claro que había dado con la horma de mi zapato con aquellos dos. Me ofrecieron llevarme a su chalet a tomar unas copas pero mi loft estaba mas cerca y ya no podíamos esperar. Queríamos arrancarnos la poca ropa y disfrutar de nuestros cuerpos desnudos. En el asiento de atrás de un mini rojo ella me clavaba los dedos lo más que podía en la vulva mientras me sorbía el aliento y la saliva. Gracias a los cristales tintados nadie podía vernos excepto él por el retrovisor. En el ascensor las dos nos lanzamos a por él en un lujurioso beso a tres lenguas mientras mi mano se deslizaba entre las nalgas de la hija bajo el ligero vestido clavando el índice en su ano. Estaba convencida que no iba a rechazar esa caricia. También aproveché para soltar el nudo que sostenía la prenda tras el fino cuello. Sin cerrar la puerta tiré de su leve vestido sacándolo por la cabeza y dejándola desnuda en mi recibidor. Únicamente con sus sandalias me puse a contemplar su perfecto cuerpo con ojos de artista. Deseaba inmortalizar ese desnudo en mis obras y así se lo propuse. La quería como modelo. Mientras le pedía a su padre que nos preparara unas copas señalando mi bar. Me encantaba tener un camarero desnudo así. Aunque ya conocía su sabor lamido de nuestros dedos, necesitaba saborearla directamente de la fuente y sin siquiera desnudarme yo, la tumbé en mi sofá para ponerme a cuatro patas entre sus muslos y lamer su jugoso coñito. La hice gemir mientras se corría. El padre dejó las copas al alcance de nuestras manos y estaba claro que en mi postura se lo estaba poniendo muy fácil. Noté como levantaba mi falda, echándola sobre mis riñones y se agachaba tras de mí para mordisquear mis glúteos y deslizar la lengua húmeda y caliente por toda mi raja. Del clítoris al ano, la humedad de sus besos hacían contraste con el calor de la noche. Era tanta la excitación que llevaba durante toda la jornada que me derramé en su boca a las pocas veces que su lengua pasó por mi clítoris. Al relajarme tras el orgasmo ella aprovechó para librarme del top. Mis tetas rozaban sus muslos mientras seguía saboreando su xoxito. La dura polla de su padre buscaba entre los labios de mi vulva el camino a mi interior. Estaba tan mojada que no le costó penetrarme. Noté su glande llegando al fondo de mi vagina y moviéndose suavemente follándome tierno pero insistente. Mirando como yo hacia disfrutar a su bella hija con mi lengua seguía provocando mis orgasmos. Mis jugos seguían mojando sus huevos y bajando por sus fuertes muslos incansables. Él ya se había corrido en el restaurante y ahora parecía eterno. Pero al fin con mi permiso se derramó en mi coño llenándome con su semen. -me llega, ¿Donde lo quieres? -¡donde estás!. No te salgas. No dejó que abandonara mi placentera tarea y fue él quien limpió mi pubis con su lengua recogiendo en su boca la mezcla de sabores que rezumaban de mi interior provocándome un nuevo clímax. Con ellos estaba siendo multiorgásmica. Besó a la joven dejando su polla que empezaba a perder dureza al lado de mi cabeza. Me di cuenta que aún no la había tenido en la boca. Abandoné el manjar que estaba disfrutando para limpiar la bella herramienta que tanto me había hecho disfrutar con mi lengua. No conseguí endurecerla de nuevo pero tampoco importaba. Los tres habíamos disfrutado de los cuerpos de los otros y de nuestros orgasmos. Ahora descansábamos revueltos en mi húmedo sofá. Mojados de sudor, flujos de ambas y semen. No pude resistir la tentación de plasmar su belleza salvaje con el rojizo cabello revuelto desmadejada sobre los cojines. Y la del trabajado cuerpo del padre con la polla que tanto me había hecho disfrutar agotada sobre su muslo. Alcancé la cámara que siempre tengo a mano por si llega la inspiración o dos pervertidos como ellos. -¿Me dejaríais haceros una fotos?. Me dejaron fotografiarles sin complejos. Incluso posaron para mi objetivo mientras terminábamos las copas que no habíamos llegado a probar y bebíamos unas nuevas. Aún desnuda me movía a su alrededor con mi cámara plasmando en pixeles sus bellos cuerpos sudados. La sesión estaba siendo bastante mas pornográfica de lo que pretendía y no podría publicar casi ninguna de ellas. No importaba, las guardaría para mi disfrute y les regalaría unas copias a ellos. Lo fue todavía más cuando se animaron de nuevo y empezaron a besarse y acariciarse como si el objetivo de la cámara no estuviera guardando para la posteridad sus lascivos movimientos. Las fotos de ella sentada sobre la cara de su progenitor con las manos acariciando sus pechos y la expresión de pura lujuria en su bello rostro me darían muchos ratos de autocomplacencia. Hice una nueva serie con la polla depilada que aunque no estaba todavía bien dura ya morcillona. Era un bonito espectáculo con los sensuales labios y lengua de la hija recorriéndola con gula. O simplemente colgando entre los duros y torneados muslos. No posaban claro. Sus movimientos eran naturales, sensuales en sí mismos. Cambiaban de postura cuando algo les decía que esa alteración le iba a dar mas placer a su pareja. Aunque les propuse una nueva sesión de fotos mas seria que o poco me conocía o iba a terminar como esa noche desnudos y revueltos. Ellos me invitaron a su casa lo que desde luego acepté. Puede que su jardín fuera un buen fondo para volver a plasmar sus desnudos. Al aire libre y bajo la luz del sol. Ya en su casa, unos días después, en lo que estaba siendo una agradable visita volvimos a renovar nuestros juegos. Llevé las ampliaciones en una carpeta para regalárselas y estuve mostrándoles las fotos que les había hecho. Y ellos me enseñaban el lugar de preferencia donde habían colgado mi autorretrato. Todo eso ya completamente desnudos por supuesto. De hecho les regalé la copia de esa misma foto que habían comprado y esta vez la teta que yo estaba chupando era la de la hija y que había hecho en esa noche memorable. Juntas las dos fotos en el mismo formato, con el mismo marco, y con las leves diferencias, serian un buen adorno en su salón.

domingo, 18 de abril de 2021

Fontanero

Me abrió un chico como de unos veinte años. Apenas vestido con un pantalón de deporte blanco tan fino, corto, y ajustado que marcaba una polla preciosa. Además del resto de su cuerpo delgado con músculos finos, bronceado y guapo a rabiar. Moreno con el otro corto y unos preciosos ojos azules. No pude dejar de admirarlo de abajo arriba aunque él me sometía al mismo escrutinio. Mis piernas musculosas saliendo de un vaquero recortado y mis brazos fuertes de una camiseta de tirantes. El vientre plano como una tabla de lavar, mi pecho de barril y mi cara, hasta mis ojos azules clavados en los suyos pardos y en su cuerpo fibrado. -¡hola!. Creo que tenían un aviso. Un desagüe. -¡Ah! Si, ven por aquí. Con la caja de herramientas en la mano lo seguí sin perder de vista sus prietas nalgas moviéndose armoniosamente mientras caminaba. Me condujo hasta un enorme y sibarítico baño con jacuzzi incluido. Un desagüe atascado no planteaba mayores dificultades pero me gustaba la compañía y me lo tomé con calma. Parecía que estábamos solos en la casa y el chico se quedó conmigo sentado en un inodoro y charlando. Se presentó como Marcos y yo le di mi nombre estrechándonos la mano un momento mas largo del necesario, pero placentero para ambos. Conseguí sonsacarle que efectivamente estamos solos. En un descuido al aflojar una junta conseguí empaparme la camiseta evidentemente adrede. Tengo el suficiente dominio de mi oficio como para que esas cosas no me pasen por accidente. -¡ups! Aunque con la temperatura reinante no había ningún problema por estar calado él me dijo que me sacara la camiseta para no resfriarme. Así de todas formas simplemente quedaríamos vestidos iguales. Así que la agarré, me la saqué por la cabeza y la dejé sobre el lavabo. Pasando cerca de él en el proceso y secándome con ella el pecho y la cara. Luciéndome todo lo que podía. -¿Vas al gym? Me preguntó. -no, solo trabajo duro, tu si que parece que te machacas bastante. -bueno hago lo posible, normalmente prefiero nadar, pero para no hacer ejercicio tu tienes un buen cuerpo. Diciendo esto mientras doblaba un brazo para probar el bíceps. -¿Puedo tocar? -pues claro. Así que pasé una mano por su brazo medio acariciando, medio apretando. El puso su mano en mis abdominales siguiendo sus formas marcadas. -estos los tienes bien. -gracias, pero debería volver al trabajo, el placer para después. - Eso espero. Sonriéndole. En una difícil postura bajo el lavabo, le pedí que me alcanzará una herramienta. A lo que accedió de inmediato rozando mis dedos con los suyos al entregármela. El tacto fue suave, casi sedoso. Al poco rato me ofreció un refresco y casi de inmediato regresó con dos latas en la mano. Al tenderme una volvimos a rozarnos. La suya debía estar agitada pues al abrirla la presión hizo saltar el líquido sobre los dos volviendo a empaparnos. Nos reímos al volver a estar empapados. El pasó la mano por su pecho extendiendo el dulce refresco por su piel bronceada y luego se llevó un dedo a los labios para lamerlo. La situación era morbosa a tope. Le pregunté: -¿Puedo? Y yo también pasé un dedo por su pecho, muy cerca del pezón y luego me lo llevé a los labios, una vez rota la barrera, él cogió mi mano entre las suyas y se llevó ese mismo dedo a su boca lamiéndolo y jugando con él. Me acerqué mas a él, puse una mano en su cintura sobre su piel y quitando mi otra mano de su cara busqué su lengua con la mía. Durante unos segundos largos juguetearon amistosas para meterse en la boca del otro. Noté su lengua recorriendo mis dientes y yo clavé la mía lo mas dentro que alcanzaba. Yo estaba sudado, él pringoso de refresco y el jacuzzi parecía que nos llamaba. Así que bajé su pantalón de deporte hasta los tobillos y con un leve azotito en su duro culo, le dije: -¡Ala!, a la ducha. Se giró mostrándome el culo bronceado del todo. Le solté un segundo suave azote a la vez que lo seguía hasta allí. Mientras se llenaba de agua con él sentado en el borde se puso a terminar de desnudarme. Yo de pie frente a él. Abrió mi vaquero y lo bajó despacio acariciando mis muslos en el proceso. Lo dejó caer y me libré de él de una patada a la vez que de mis sandalias. En el ajustado bóxer que llevaba se marcaba mi polla bien dura colocada hacia mi derecha. Lo contempló un momento y por fin sin que usara las manos, con los dientes agarró la goma de la prenda y la libero de su prisión. El gayumbo quedó justo bajo mi culo duro. Acercó la cara y aspiró fuerte por la nariz. -huele a macho, a sudor. -tu hueles de maravilla y me incliné a besarlo. Levantó la cabeza y según me inclinaba veía entre sus muslos su polla apuntándome directamente a la cara. No pude resistirlo y mientras nuestros labios volvían a juntarse, estiré la mano y me hice con ella. Acariciándola con mucha suavidad, los huevos suaves todo bien depilado. En realidad estaba depilado del todo y su piel era tan suave como si lo hubiera hecho un rato antes. Poco más tardó en desnudarme del todo, sacando mi calzoncillo por los pies y dedicarse a acariciarme a mí como yo lo estaba haciendo con él. Descubrió que yo también me depilo pero me había dejado una tira justo encima del rabo. Por fin pudimos meternos en el agua. Seguimos acariciándonos esta vez recorriendo nuestras pieles húmedas con gel de baño. Dándonos lengua y cruzando las pollas duras. No podía dejar de acariciar su culo y meter un dedo con el gel y el agua en el ano. Primero uno, luego dos, cada vez que lo metía él casi me mordía los labios o la lengua. Se me giró dándome la espalda y dejándome el culo bien cerca. Lamía su nuca mientras seguía dilatando su ano con mis dedos. Bien limpito me alcanzó el aceite de baño y eché un buen chorro en su espalda dejando que resbalara por su columna y metiéndose sólo entre sus nalgas donde mis dedos lo repasaban por el ano. Él lubricó mi polla con sus manos tiernamente casi sin girarse, solo echando aceite. Y pasando una mano entre sus muslos tiraba de mi rabo conduciéndolo, guiando y apoyando el glande en la entrada que había estado dilatando con cuidado. Empujé suave, no quería dañarlo y suavemente y sin parar se fue clavando hasta los huevos hasta que sentí la suave piel de sus nalgas apoyada en la zona depilada de mis muslos. Los dos lanzamos a la vez un grito de placer. En ese inoportuno momento se abrió la puerta de repente. El grito debió haberla alertado. Entra una chica en tanga y una corta camiseta. Muy bonita, y muy parecida al chico que yo tenía entre mis brazos. Su negra melena le llega justo a la pezones, marcados en la fina tela de la prenda, y sus preciosos ojos azules nos miran con deseo y vicio. diciendo: -Hola hermanito. Me parece muy mal que diviertas solo. - No me habías dicho que teníamos una compañía tan agradable. -¿Me vais a reñir los dos? Silvia, Únete y deja de decir bobadas. Según se acercaba al jacuzzi se fue sacando la camiseta con lo que pude ver sus durísimas pero no muy grandes tetas. Al llegar a nuestro lado agarró la polla de Marcos apartando la mano que yo tenía allí y me dio un morreo de campeonato. Un beso guarro con mucha lengua que igualó a los que me había dado su hermano. Con la mano que había apartado del duro nabo tiré del tanguita de la belleza para intentar sacárselo. Pero la prenda era tan endeble que me quedé con ella entre los dedos. Me limité a arrojarlo al suelo y poner esos dedos en su vulva que parecía un horno. Suave, húmeda y muy muy caliente. Nuestra saliva resbalaba hasta la espalda de Marcos al que seguía teniendo empalado. Pero ya no podía parar, tenía que correrme, tenía que dejar mi lefa en ese culito tan duro. Silvia demostró se tan morbosa como cualquiera de los dos. Según la sacaba de tan acogedora gruta se arrodilló entre los dos y separando las nalgas de su hermano con las manos empezó a comerle el ano y lamer mi semen que rezumaba. Acariciaba a la vez los huevos del chico para no dejar que perdiera la importante erección que llevaba. Nunca me hubiera imaginado tan incestuo proceder, pro ahí estaba ante mis ojos. Marcos fue el que se hizo cargo de mi polla, aprovechando que estábamos en el agua le dió un lavado rápido y se la metió en la boca para terminar de exprimirla. Como él aún la tenía dura Sonia quería su ración. - Vamos hermanito ahora me tendrás que follar tú. Es toda una organizadora, hizo sentar a su hermano en el escalón de la bañera y ella se le subió encima. ¿Adivináis donde me puso a mí? pues entre los dos de pie. Mientras ella me daba una de lar mejores mamadas de mi vida chupando mis huevos y toda la polla Marcos de dedicaba a lamer mi culo y follármelo con dos de sus deditos lubricados con el mismo aceite de baño que antes había pasado por mi rabo. Como se movían despacio y con ternura coordinando sus movimientos con la sabiduría de la costumbre ninguno de los dos perdía ritmo en mi cuerpo. Hasta conseguían besarse y rozar sus lenguas bajo mi perinneo. Entre los dos consiguieron no sólo que se me volviera a poner dura sino que terminé corriendome en la boquita tragona de Sonia. Como su hermano era el que estaba más cerca fue el primero con el que compartió mi leche. Pero yo llegué a tiempo de mezclar mi lengua con las suyas en un lascivo beso donde las salivas y los restos de mi semen pasaban de boca en boca. Para entonces ellos también se habían corrido, Marcos dentro del coño de Sonia. Y también para entonces yo tenía que continuar mi faena atendiendo el siguiente aviso que no sería ni de lejos tan placentero como el rato compartido con los dos hermanitos. Me quedé con las ganas de probar el xoxito de Sonia o su culito, ese día. Lo dejamos para una futura ocasión pues desde luego que pensaba repetir con ellos. Hacerlo con más tranquilidad y puede que hasta en una cama y su pudiera meter a mi novia ya sería una locura.

sábado, 17 de abril de 2021

Trio con los vecinos

No la había perdido de vista desde dos manzanas atrás. Caminábamos una detrás de la otra, yo mirando fijamente el meneo de su cadera al andar. La pelirroja melena cruzando de lado a lado su espalda bien torneada. Desde que me había dado cuenta que era Sara la vecina del piso de arriba. De su ropa sexi y provocativa que me había llamado la atención aún antes de fijarme en que estaba siguiendo a una vecina. Yo volvía a casa de la universidad y ella de hacer alguna compra por que llevaba una bolsa y yo caminaba tras ella. No podía apartar la vista de su duro culo y su meneo. Era algo hipnótico. Siempre me había gustado su look. Ese día llevaba una blusa con los hombros desnudos, blanca y de estilo mexicano. Lo lógico habría sido llevar una falda larga de vuelo puede que plisada y también blanca semitrasparente o de flores muy colorida. Pero ella no es convencional, lleva lo que quiere. En este caso unas mallas blancas tan ajustadas como esmalte aplicado sobre madera. Solo el encaje de un sensual tanguita de encaje interrumpía el triángulito sobre las nalgas, la perfección de su culo. Todo ello resaltaba su perfecta piel bronceada. La rubia melena teñida y su cara expresiva, casi de rasgos duros. A mis diez y ocho años no podía presumir de demasiada experiencia real, ni con chicos ni con chicas. Apenas unos besos y caricias robados en la disco o en el portal. Más de un magreo, pero tampoco demasiados o acariciar alguna polla dura por encima de los vaqueros. Aunque un bonito cuerpo me atraiga por igual sea del sexo que sea. De frente venía su marido Juan justo a tiempo para cruzarnos en el portal. Estaba haciendo ejercicio y solo cubría su cuerpo bien trabajado con un ajustado pantalón de lycra, ni siquiera llevaba camiseta y lucia sus pectorales depilados cubiertos de gotas de sudor. No pude evitar deslizar la vista por su torso poderoso, la tableta de su vientre e incluso por el paquete bien marcado en el ajustado pantalón. Por un segundo creo que él se había dado cuenta de donde tenía clavados mis ojos, justo en el sitio en el que él puso su mano fuerte, agarrando la nalga con firmeza posesiva. Y lo hizo mirándome a los ojos, a mí, mientras la atraía hacia su cuerpo y la besaba profundamente y con lengua. Mientras Sara se colgaba de su cuello pegando sus tetas al poderoso pecho sin importarle su sudor. Un beso lascivo del que no me perdí detalle, viendo como sus lenguas se cruzaban dentro y fuera de sus bocas. Allí mismo justo detrás de la puerta del portal sin cortarse demostrándome la pasión que se tenían. Con todo eso yo ya me había excitado y mucho. Solo la tela de mis escasos shorts vaqueros contenía mi calentura. La humedad estaba calando mi tanguita de algodón sencillo. En un segundo mis pezones duros se empezaron a notar en la tela de la camiseta de tirantes a pesar del sujetador de una tela bastante fina. Pero mi timidez me impedía acercarme a ellos y buscar un acercamiento mas íntimo. Así que tuvieron que ser ellos, que me habían visto crecer en el mismo edificio, los que me invitaran a pasar el resto del día con ellos. Estaba tan acostumbrada a verla, a cruzarme con ella que me estaba perdiendo detalles. Por fin hicieron cómo que se daban cuenta de mi presencia y me saludaron con la misma simpatía de siempre. -¡Hola, preciosa! ¿qué tal? Marta. No sabía muy bien que contestar, estaba aún algo cortada por esa efusiva demostración de afecto. Salté por donde pude y al terminar de decirlo me di cuenta que habían sido palabras afortunadas. Sus amplias sonrisas me lo demostraron. - Vengo de ver mis últimas notas, ¡he aprobado todo!. -¡genial! eso hay que celebrarlo. ¿Por qué no vienes a casa y tomamos algo juntos?. Así que estás de vacaciones. Sabían perfectamente que mis padres tardarían en llegar. Conocían sus horarios. Y que podría pasar un rato con ellos sin molestias. Solo esperaban mi aceptación. Y sin pensar mucho haciendo caso más a mis hormonas que al cerebro se la di. - Si, claro, me encantaría celebrarlo con vosotros. Abrieron su puerta y me hicieron pasar delante. Ahora sé que aprovecharon para echarle un buen vistazo a mis muslos desnudos y mi culo respingón. Al entrar en su casa se descalzaron y me pidieron que hiciera lo mismo. No me costó mucho sacarme las sandalias. Sara también se libró del sujetador sin tirantes que llevaba bajo la blusa y sus pechos quedaron libres bajo la fina gasa de su blusa. El ambiente era de total confianza, al fin y al cabo nos conocíamos de siempre. Era media mañana pero aún así pusieron unas copas y algo de música suave. Mientras yo me sentaba con ella en el sofá para charlar amigablemente él fue a darse una ducha y a mí me hubiera gustado seguirlo y ver ese espectáculo. Pero el que yo tenía delante en ese momento tampoco era despreciable. Cada vez que ella se inclinaba hacia mí para rellenarme la copa o hablar en confianza, podía ver sus tetas, casi al completo, que cada vez tenía más claro que eran operadas. Duras como piedras y redondas. Dejó descansar una de sus manos sobre mi desnuda rodilla y a mi me gustó esa caricia. -Disculpa que andemos así por casa pero nos gusta estar cómodos y más con este calor. - Es vuestra casa y no voy a venir yo a imponernos nada. Si no viviera con mis padres también andaría por casa casi en bolas. Me reí con lo que me pareció una risa tonta en ese momento. - Si quieres quitarte algo más hay confianza. Yo no voy a decir nada. Tenía ganas de ver más de su cuerpo. Nunca la había visto en bikini o lencería y si eso podía pasar estaría encantada, me podría conformar solo con eso. -¿De verdad no te importa? Parecía estar pidiendo permiso a la vez que lo estaba deseando. Pero en ese momento volvió Alex de la ducha. Llevaba atada una toalla no muy grande a la cintura y un bóxer que no parecía tener mucha tela en la mano. Se puso el calzoncillo haciendo equilibrios delante de nosotras sin que se le cayera la toalla. Aunque por debajo me parco ver solo un segundo unos huevos depilados. Así lo único que tenía puesto era un bóxer aún más ajustado que su malla de deporte y mucho más pequeño. Debí quedarme con la boca abierta admirándolo por que ella soltó una pequeña carcajada subiendo a su vez la mano que tenía en mi rodilla por mi muslo. Llegando muy cerca de la tela del short, casi rozando mi xoxito Se me erizó la piel al notarlo y no dije nada. - Bueno chicas ¿dónde está mi copa? Se la alcancé mientras él rozaba mis dedos que no estaban muy firmes en ese momento para cogerla. Le dio un buen trago y casi junto a mí se inclinó sobre Sara y separando sensualmente los labios le pasó el alcohol a la boca de ella. Si antes estaba excitada ahora me estaban poniendo a mil sabiendo que allí no había más espectadora que yo. Y que me dedicaban ese excitante espectáculo. -Se nota que os queréis. - El amor y el sexo son muy importantes en una pareja. Contestó él. -Pues en vuestro caso parece que no tenéis ningún problema con eso. Con una mano de Sara en mi muslo fue ella la que habló en ese momento. - Nos gusta divertirnos. ¿Y tú?¿No te diviertes con nadie? - Poca cosa por ahora. La mano subía despacio por mi pierna, acariciando con suavidad mi piel. Excitándome a la vez. Y desde luego no hice nada por pararla. Me estaba gustando demasiado. Se acercó más a mí y me habló al oído rozando mi oreja con sus voluptuosos labios. -¿Nos ponemos algo más cómodas? Le di un trago más a mi vaso para darme algo de valor. Y asentí con la cabeza por que sabría que la voz me fallaría. Cogió mi mano con firmeza y confianza y me arrastró a su vestidor. Es evidente que me dejé llevar sin oponer resistencia. Su ropa sexi y sus conjuntos de lencería perfectamente ordenados y colgados en perchas. Aunque me daba la impresión que no usaba con frecuencia esos tangas y sujetadores, al menos en casa. Sin cortarse un pelo ante mí se sacó la blusa, las tetas como obuses apuntaban directamente hacia mi cuerpo. Los pezones parecían bien duros oscuros en su piel bronceada sin marcas de bikini ni bañador. Meneando el culito prieto empezó a bajarse las mallas. El tanga de encaje era tan sugerente como había supuesto en la calle y fue lo único que se dejó puesto. Empecé a imitarla sin prisa esperando que ella me mirara como yo la estaba admirando a ella. Me saqué la camiseta cruzando los brazos por debajo de mi pecho. Al tirar de la tela hacia arriba mis tetas quedaron ante sus ojos sin nada que las tapara. El short siguió el mismo camino arrojado encima de su cama tamaño King size y como ella me quedé solo con el tanga. Nos mirábamos sonriendo y al menos por mi parte con ganas de seguir explorando. Pero estaba algo paralizada por mi timidez, así que dejé que fuera ella la que decidiera. Sin más problema se bajó el tanga dejándome ver su vulva depilada al completo. Se giró dando una vuelta sobre si misma y me preguntó: -¿Que te parece? - Eres preciosa. Vestida y desnuda. - Tu sí que estás buena. Vamos nena sacátelo todo. No seas tímida. El tanga siguió el camino de las demás prendas sobre su cama y yo también le enseñé mi xoxito pelón. - Elige lo que quieras, creo que todo te vendrá bien. Sara buscó en un cajón y sacó un par de pijamas de raso francamente sexis. El pantalón reducido a la mínima expresión seguro que se veía medio culo con eso puesto. La camiseta de finos tirantes y muy cortita solo nos taparía las tetas y en su caso es probable que ni siquiera toda la curva de su parte inferior. Sin pensarlo más me empecé a poner aquello que sabía me quedaría escandaloso. Y me daba cuenta que eso era lo que más me gustaba. Mirándonos en el espejo, que cubría toda una pared, me imaginaba lo que se vería en ese espejo de forma habitual. Estábamos sensacionales, muy sexis, por delante y por detrás, la mitad de nuestras nalgas al aire. Cuando salimos al salón Juan ya nos había preparado las copas y puesto música suave. Y desde luego seguía casi desnudo. Se me fueron los ojos de su mujer a su cuerpo casi sin querer. Se notaba todo ese footing y ejercicio. Sus músculos perfectamente cincelados. Nos alcanzó las copas rozando nuestros dedos de forma sensual. - Gracias. Parece muy buena. ¿No querrás emborracharme? - Lo es. Y solo si tu quieres. Desde luego él me estaba mirando. Viendo como me quedaba el pijama de su mujer. Decidí exhibirme para ellos girando sobre mi misma y subiendo un poco el bajo de la camiseta hasta que se me vio la parte baja de mis tetas. Justo como las de Sara. Hablando de ella, se me pegó a la espalda haciéndome notar sus tetas en los omóplatos y rodeando mi cintura con las manos. -¿A que es guapa? Le dijo a su chico. Hablando por encima de mi hombro y apoyando la barbilla en mi clavícula. Soplando en mi cuello se me erizaban hasta los pelos que me había depilado esa misma mañana. Cuando acarició mi ombligo casi me corro de pie entre ellos. Como me estaban temblando las piernas me dejé caer en el sofá y ni por esas me libré de ellos, ni lo pretendía claro. Se sentaron cada uno a un lado de mí, tan cerca que nuestros muslos desnudos se rozaban. Pronto noté una mano en mi espalda acariciando mi piel por debajo de la camisetita. No sabía de quien era ni me importaba. Pero me gustaba. Viendo por donde iban los tiros dejé caer la mano que tenía libre, en la que no tenía el vaso en el muslo más cercano e ese lado. El de Sara que de inmediato separó las piernas aceptando la caricia. Notaba el calor de su vulva en mis dedos a través de la poca tela que la cubría. Y a ella se le escapó un gemido. Al otro lado Alex había conseguido deslizar una caricia por debajo del pijama y rodear mi seno con sus dedos. Cuando pellizcó con suavidad el pezón lo sentí como un calambrazo en el coño. Y estaba deseando librarme de toda esa ropa que me quemaba en la piel. Seguro que la parejita estaba dispuesta a ayudarme con eso. -¡Bésala! Sara le dio un trago a su vaso y acercó la cara despacio a la mía. Sabía lo que esperaba de mí y la recibí con los labios entre abiertos esperando a que me pasara el líquido que tenía en su boca. Cuando teníamos los labios pegados como con cola el alcohol y las lenguas pasaron de una a otra. Me estaba volviendo loca y más cuando noté los labios calientes y húmedos de Alex en mi cuello. Su mano no había dejado mis tetas. Rodeando el contorno y teniendo mis pezones entre las yemas de sus dedos. - ¿También me vais a dar cariño a mi? - Todo el que quieras. Empezó a subir la camiseta después de quitarme el vaso de la mano y dejarlo lejos de un posible accidente. Ya tenía las tetas al aire cuando tuve que separar el beso con su esposa para levantar los brazos. y que pudieran quitármela. No hicieron lo que esperaba, se lanzaron a lamer mis axilas sudadas, una cada uno. Me hacían cosquillas pero me excitaba mucho más. Estaba gimiendo como loca. Empezaron en los sobacos pero sus lenguas no descansaban desplazándose despacio hacia mis pechos. Besaban el pezón y lo mordisqueaban sin hacerme daño, solo placer. Así animada desplace mis manos a sus cuerpos. con una me hice con una de las tetas de Sara un par de tallas más grandes que las mías. Me fue fácil pues levantaban la tela de la camiseta. Por debajo de veía la curva y por encima un escote escandaloso y precioso. En cuanto hice un gesto para tirar de la tela, Sara se separó y se la quitó del todo. Para que no estorbara siguió por el short y quedó desnuda del todo a mi lado. Volvió a pegarse a mí haciéndome notar el calor de su cuerpo. Besó a su marido justo ante mi rostro, me miraban de reojo con una expresión de picardía en sus ojos. Así que me uní al morreo dándoles mi lengua y saliva. Yo también quería tocar, Alex estaba a mi alcance, su cuerpo definido y musculoso. Rozaba su piel con el dorso de mis dedos, bajando por los pectorales, rozando sus pezones que se pusieron duros como piedras. Como estaban los míos. Fue su mujer la que le indicó que se pusiera de pie ante nosotras y empezó a bajarle los boxers. La polla dura saltó sola ante nuestros rostros. La sujetó por la base y le dió un besito en el glande antes de ofrecérmelo a mí. Tengo que admitir que en mis intentos anteriores de hacer una mamada había sido bastante torpe, influenciada por el porno que había visto siempre había intentado tragar más de lo que podía. Sara en cambio me animó a tomármelo con más calma. La imité suavemente besando la piel suave del rocoso miembro. Sacando la lengua y pasándola del tronco al glande y los huevos depilados y suaves. Lo teníamos delante a nuestra merced y él se dejaba lamer y besar. Sara le hizo subir un pie al sofá para tenerlo más expuesto. Mientras ella empezaba a tragarse la polla cada vez mas en la boca yo me dedicaba a los huevos entre sus piernas por el perineo. En ese momento dejé salir mi lado más morboso, mis fantasías más profundas y abrí con las manos esas durísimas nalgas. Pasé la lengua por toda la raja, por el ano cerrado, como estaba recién duchado sabía a limpio. - ¡Vaya sorpresa! no ha hecho falta que te animáramos mucho. -¡Déjala! que me está encantando. No la cortes ahora. Y no me cortó en absoluto, Seguí comiéndole el culo y los huevos mientras nuestras salivas se mezclaban en su piel y de vez en cuando cruzábamos las lenguas. Yo me había arrodillado detrás de Alex. Estaba juguetona, aprovechando algo de esa saliva que sobraba le metí hasta dos dedos en el culo a Alex y en vez de quejarse lo estaba disfrutando. Pero empecé a subir besando su musculosa espalda y pegándome a su cuerpo hacerle notar mis tetas en su piel. Hasta llegar a su cuello de toro, la nuca y las orejas. Sara no quería que se corriera y lo hacía con suavidad aunque no dejaba el rabo. Alex echó la mano hacia atráshasta agarrarme el culo aún tapado por el short y apretarme más contra él. - No nos estamos portando bien con la invitada cariño. Sara se levantó y dio la vuelta por detrás de su marido para buscarme y llevarme de la mano a su dormitorio. Junto a su cama donde habíamos dejado nuestra ropa se arrodilló a bajarme la poca tela que aún me cubría. Acercó la cara a mi pubis y aspiró mi aroma como si fuera lo mejor del mundo. Enseguida pasó la lengua por el monte de Venus. Suave y sin prisa con había hecho con la polla de Alex que nos contemplaba con cara de vicio desde el umbral. Estiró el brazo para tirar toda la ropa al suelo y dejar la cama libre. Separó mis piernas lo justo como para poder deslizar la lengua entre mis labios y buscar el clítoris con la punta. Sería obvio decir que a esas alturas estaba más que encharcada, que mis jugos resbalaban por el interior de los muslos y que ella los recogía con devoción. Se fue echando en la cama pero tirando de mi cuerpo para que trepara sobre ella hasta dejar mi cadera encima de su carita. Y ella siguió comiéndome pero ahora alcanzaba todo de mí culo y coño sin ningún esfuerzo, ninguno más que separar mis nalgas a lo que yo misma colaboraba. Por fin Alex se acercó a nosotras y despacio entre los muslos de Sara le clavó la polla. Yo no lo vi pues le daba la espalda, lo que el aprovechó para pegarme a su torso, lamer mi cuello y nuca y amasar mis tetitas. Al oído y muy suave me dijo: -¿Quieres que te folle? - Lo estoy deseando, pero ponte un condón. Reptando, Sara salió de debajo de mí para buscar en la mesilla lo que les había pedido. Rompió el envoltorio y ante mi atenta mirada se lo calzó al chico. Quería saber como se ponía bien una gomita. Estaba tan dura que no le costó trabajo desenrollarlo alrededor del nabo. Me dejé caer panza arriba en la cama con el culo en el borde del colchón. Sara aprovechó para ponerse sobre mi cara y ahora me tocaría a mi comer conejo mientras Alex me follaba. Como todo en esa tarde fue tierno y dulce y el glande separaba mis labios despacio abriéndose paso en mi interior. A la vez yo separaba los de Sara con mi lengua al mismo ritmo buscando una penetración más profunda. No podía gemir ni suspirar porque tenía la boca demasiado ocupada en dar placer. No sangre porque el himen ya me faltaba de una experiencia anterior para nada placentera y para nada comprable a todo lo que estaba sintiendo entre ellos. Lo mismo con el cunnilingus, había practicado alguno pero había sido tan ansiosa que no lo llegamos a disfrutar del todo ni mi amiga ni yo. Pero con Sara me esforcé, fui dulce, tierna, sin prisa, clavando la lengua en su vulva o buscando el clítoris y jugando con él. Mientras Alex entraba y salía de mi llevándome al cielo a cada penetración. Además me acariciaba el clítoris con el pulgar y el pubis con el resto de los dedos. Mientras con la otra mano sujetaba uno de mis muslos. - Eres estrechita y muy dulce. -Y no veas como me come, cariño. Estiré la otra pierna acercando el pie a su cara y aceptó la invitación. Empezó a lamer los dedos de mi pie sin dejar de moverse dentro de mí, chupando el pulgar, lamiendo la planta y hasta el talón y yo no me había duchado desde la mañana. Mi orgasmo fue apoteosico, nunca había tenido uno así. pero estaba muy dispuesta a tenerlos mucho más a menudo a partir de entonces. Alex se corrió segundos después dentro del condón, dentro de mi xoxito. No puedo decir que sea multiorgásmica pues me dejó tan agotada que no pude seguir. Aunque Sara si lo es, se había corrido varias veces en mi boca. Se bajó de encima para dejarme descansar y se volvieron a poner a mis costados acariciándome con ternura para que recuperara. Y besándome y dándome cariño. -¿Te lo has pasado bien? - Como nunca, sois maravillosos. No sé cómo he podido pasar sin un sexo tan bueno. - Tu también has estado fantástica. Pues cuenta con nosotros de vez en cuando para repetir. - No soy la primera que metéis en esta cama ¿verdad? - No, no el primer chico tampoco, pero eso podemos contártelo otro día. Efectivamente se había hecho tarde y tenía que volver a mi casa a contarle lo de las notas a mis padres. Aunque lo celebraran, el resto del día me iba a saber a poco. #

lunes, 16 de marzo de 2009

El camionero

Manolo conducía su trailer de segunda mano por una autovía cualquiera devorando kilómetros en una calurosa madrugada de verano, acaba de pasar un puti club de los muchos que hay por las carreteras. Es un chico joven, guapo, musculoso y con cierto aire de inocencia. A unos dos kilómetros una figura en el arcén le hace señas para que se detenga pero cerca no hay nadie, ni nada ni edificios, ni unas luces de avería ni siquiera los faros de otro vehículo. La carretera libre de luces y apenas se ve, clava los frenos y detiene el dieciocho ruedas, tiene buen corazón y eso algún día le meterá en un lío.

Pero esta noche cuando la puerta del pasajero se abre sube a la ajada cabina una chica morena de cabello, de piel oscura y rasgos entre sudamericanos y algo de mulata, es muy guapa y su cuerpo por lo que se ve a la difusa luz del panel de instrumentos es algo impresionante. Los pechos firmes y duros parecen querer romper la tela de la camiseta estrecha y de profundo escote. Los muslos desnudos y torneados salen de un pantaloncito tan corto que medio culo firme y redondito queda fuera de él. El ombligo bronceado está adornado con un pircing, una media luna de plata. La chica con un acento insinuante que recuerda las palmeras y el profundo azul del mar caribe le cuenta con gran profusión de cariños, cielos y amores que se ha escapado del prostíbulo que él acaba de pasar donde la tenían retenida contra su voluntad. Manolo se ha dado cuenta que nadie sabe de la fuga y que los posibles matones de medio pelo nunca podrían seguirle la pista a su camión de entre todos los que pasan por esa carretera.

Se siente a salvo y tranquiliza a la chica que al poco rato se queda dormida en el asiento, Manolo la cubre con su chaqueta y sigue conduciendo.
Tras coger dos desvíos que su ruta exigía se detiene a desayunar e invita a la chica, Sandra agradecida ve cómo los demás camioneros lo miran con envidia, acompañado de esa belleza. Ella se arrima mucho a su brazo y su pecho casi desnudo se pega a su poderoso bíceps cuando ella le agarra del brazo y le besa en la boca sin reparos excitándole casi sin proponérselo. Manolo piensa en cómo se lo va a explicar a su joven novia Sonia con la que vive, cuando un rato mas tarde aparque el camión a la puerta de su casa. A la vez se siente responsable de la desvalida que ha recogido en el camino. Al fin se da cuenta de que solo la verdad es la única solución para salir del embrollo.

Sonia vestida solo con un leve vestido de tirantes, salió a recibirlo en cuanto oyó el ruido del poderoso motor, con un cariñoso beso con lengua apretándose a su cuerpo. De pronto oyó el sonido de la otra puerta de la cabina y vio los largos muslos morenos y el precioso y casi desnudo culo de Sandra bajar por la escalerilla. Un breve arrebato de celos le hizo arrugar el sensual morrito, pero un poderoso abrazo de los bíceps de oso de su novio y las fuertes manos recorriendo sus nalgas sin ningún disimulo le hizo pesar que si hubiera algo entre su chico y la sensual morena no la habría traído a su propia casa. Sentados en el sofá ante unas tazas de café ambos explicaron la aventura nocturna y la ya ex prostituta contó su triste historia, ampliándola con su vida en el pobre país de origen, el falso matrimonio con un español que en cuanto bajaron del avión le quitó el pasaporte y la dejó en manos de los proxenetas. Incluso soltó alguna lagrimita ante el joven y atractivo matrimonio.

Sonia tenia tan buen corazón como su marido y aunque un poco mas desconfiada le ofreció a la hermosa caribeña una habitación en su casa. Le ofreció una ducha y casi antes de poder ponerse uno de los vaporosos camisones de Sonia estaba dormida en la pequeña cama de la habitación de invitados. Manolo y ella pensaron en explicarle a los vecinos que ella era una compañera de estudios de la joven esposa mientras permaneciera en su casa.

E inmediatamente se fueron a su dormitorio para ampliar el cariñoso recibimiento que Manolo se merecía. Este no podía apartar las manos del cuerpo de su esposa y le iba subiendo la falda mientras se dirigían a la enorme cama de matrimonio. La atrapó por la cintura y besaba sus hombros y su cuello con verdadera pasión a la vez que amasaba los enormes pero bien formados pechos. Manolo recordando el firme culo de la invitada pegaba la dura polla a las nalgas poderosas de Sonia. Deslizando sus manos por debajo de la falda le acarició la parte delantera de los muslos acariciando el monte de venus suavemente por encima de la lycra, bajó el tanga hasta sacárselo por los pies, momento que aprovechó para agachándose deslizar la cara por su culo, mordisquear suavemente las nalgas y pasar la lengua por la rajita hasta el ano. En el otro dormitorio la joven invitada oía medio en sueños los ruidos de la pareja amándose. Sonia ya entregada se agachó arrodillándose sobre la cama para permitirle el acceso más cómodo posible, mientras disfrutaba de la húmeda caricia en su agujero más intimo.

Manolo empezó a besar la piel de las nalgas y la espalda subiendo lamiendo por la línea de la columna mientras le subía el vestido hasta sacárselo por la cabeza. Ella ya desnuda pero impaciente esperó a que él se arrancara la ropa y volviera a comerle las nalgas, a lamer su ano ensalivándolo bien como preparación a la lenta y delicada penetración. Le puso el glande en la entrada y fue empujando despacio casi sin necesidad de guiarla con su mano pues los días sin follar en la carretera y la imaginación pensando en los pechitos de Sandra conseguían una extraordinaria dureza en su polla. Lentamente la follaba despacio acariciando sus pechos o pasando una mano por debajo de sus anchas caderas con el dedo ensalivado para excitar su clítoris, Sonia jadeaba, suspiraba aunque intentaba controlarse para no despertar a Sandra, y Manolo bufaba sintiendo como el culito de su esposa apretaba su rabo como queriendo exprimirlo. Hasta que se corrió dentro de ella aún siguió entrando y saliendo durante un rato pues parecía que su polla no quería quedarse en reposo. Cuando por fin bajó la dureza se la sacó para inmediatamente pasar a comerle otra vez el culito, el semen que rezumaba de su ano y los jugos que la excitación hacían brotar de su coñito al que alcanzaba perfectamente teniéndola puesta a cuatro patas. Manolo agotado tras la noche de volante se quedó dormido al poco rato mientas su esposa le acariciaba el cabello y le besaba en la frente.

Entonces se puso el ligero vestido y fue a comprobar como su invitada seguía durmiendo algo inquieta, la sábana se le había recogido a los pies y los morenos muslos quedaban a la vista hasta las braguitas que le había prestado. Uno de sus pechos morenos y el oscuro pezón de pequeño tamaño asomaba por el tirante del leve camisón algunas tallas más grandes de lo que debería. Algo se removía en el fondo de su corazón la veía como alguien desvalido, a quien proteger y por otro lado la belleza de la muchacha la había conmovido y recordaba sus experiencias juveniles con amigas, la investigación sobre el sexo que le llevó a sus primeras experiencias lésbicas. Todo a su debido tiempo la joven se quedaría con ellos al menos unos días. El tiempo necesario para despistar por si alguien la perseguía y ayudarla a comenzar una nueva vida, no la iba a liberar de la esclavitud para lanzarla a la pobreza.

Contenta y sin las braguitas, olvidadas en el dormitorio se puso a hacer las faenas de la casa, al cabo de un par de horas Sandra despertó asustada por que no sabía dónde se encontraba. Sonia alarmada al oír el ruido acudió al dormitorio para verla acurrucada contra la pared. Despertada su ternura se sentó en la cama junto a ella la acogió entre sus brazos y besando su suave y negrísimo cabello le repetía estas a salvo, nadie va a hacerte daño.

Te vamos a cuidar. Poco a poco se fue tranquilizando y automáticamente empezó a responder a las caricias de la rubia. Deslizó sus brazos por su espalda abrazándola y masajeando suavemente su espalda o arañando suavemente la línea de la columna sus pechos apenas cubiertos por las livianas telas se rozaban consiguiendo poner duros los pezones de ambas y el primer beso suave en los labios fue algo completamente natural. Sonia acariciaba la negra melena y la cogió de la mandíbula mientras los besos se fueron haciendo mas apasionados y las lenguas empezaban a entrar en acción. Cuando Sandra deslizó una mano por sus muslos en una leve caricia. Avanzando cada vez mas descubrió que la rubia no llevaba bragas. Deslizo dos de sus dedos hasta su coñito y apartando el vello fino y rubio le acarició los labios de la vulva que se abrieron solos a la caricia, descubriendo como pétalos de una flor el anhelante clítoris. Un gemido de placer escapó de sus labios. Sonia casi desmayada de placer intentó apartarla y decirle que no era necesario que la recibían de buena gana y ella contestó que quería hacerlo, se inclinó y retirando los tirantes del camisón dejó al descubierto los pechos pequeños cónicos y bien firmes de su invitada y pasó a mamarlos y acariciarlos con sus labios, con la lengua tierna, haciéndola suspirar. Lo que temía se había producido antes de lo esperado así que rindiéndose a lo inevitable se separó solo un segundo para quitarse el vestido y sacarle la negligé a la invitada.

Recostadas en la cama se besaban sin prisa las lenguas cada vez mas atrevidas mientras las manos recorrían sin descanso el cuerpo de la otra. Sandra seguía investigando el coñito de la rubia mientras esta dedicaba sus atenciones a su firme y prieto culito, sus nalgas eran amasadas y acariciadas. De pronto la ex prostituta se colocó encima de ella y paso a besar sus hombros, lamer los pechos grandes claros poderosos y meterse los pezones de grandes areolas en la boca mientras su cuerpo sinuoso se frotaba contra el de la rubia, seguía bajando por el vientre hasta el ombligo donde metió la lengua mientras los pechos duros rozaban adrede el monte de venus de su amante. Los pezones en el clítoris fueron un descubrimiento nuevo pues Sandra era capaz de manejarlos como si de un dedo se tratara acariciándola con un fino control. Pero seguía bajando la lengua, ya lamía los vellos rubios y por fin llegó a la vulva que abierta la esperaba anhelante. Sonia se retorcía de placer con los muslos bien abiertos mientras la morena le proporcionaba todo el placer que podía como expresión de su agradecimiento. Sus sabias caricias apasionadas despertaban los rincones de su coñito haciéndola suspirar. Con los poderosos muslos bien abiertos y la morenita acurrucada entre ellos pensaba que solo la presencia de su marido haciendo gozar a la belleza invitada podía hacer completo el instante de placer.

Pero Manolo aun dormía el sueño de los justos por completo ajeno a los planes de las dos chicas que se estaban amando en el dormitorio de al lado. Con el sabor de varios de sus orgasmos en su lengua y labios Sandra besó a Sonia en la boca y se volvió a acurrucar entre sus brazos como buscando la protección que no ha tenido hasta ahora. Sonia también quería hacerla gozar pero ella dice:
-Espera quiero disfrutar de vosotros, quiero haceros sentir lo agradecida que os estoy, incluso quiero daros el dinero que he conseguido ahorrar de las propinas que me daban los clientes-. Se estiró para alcanzar su bolso olvidado en la mesilla y sobre el generoso pecho de Sonia dejó caer una pequeña fortuna en billetes.
-Pero criatura... ¿tú estas bien de la cabeza? Todo eso es tuyo, nosotros no te pedimos nada-.
-Sois tan buenos conmigo que quiero... haceros felices-.
-Bueno a mí me estas haciendo muy feliz así desnuda encima de mí, y seguro que a Manolo le pasaría lo mismo, te quiero junto a nosotros-.
Y volvió a besarla con toda su pasión.
-Ahora solo tenemos que buscar una forma de decírselo, cosa que no creo difícil. Ahora me toca a mí hacerte un poco más feliz a ti.

Con los muslos a ambos lados de la rubia cabeza Sandra hizo descender su coñito sobre la boca y la lengua y durante un buen rato su clítoris, los labios hasta donde alcanzaba la inquisitiva lengua dentro de la vagina y hasta el perineo y el ano recibieron las caricias húmedas de la mujer del camionero. Los ojos azules de deslizaban por el vientre plano y los pechitos morenos y sus manos no estaban quietas: de las nalgitas, por la espalda a los pechos y hombros por delante toda la piel que alcazaba tocaba y acariciaba. Varias veces se corrió la caribeña sobre la boca golosa pero esta no paraba. Aún así su cabeza no había dejado de darle vueltas al asunto de su marido y decidió que un ataque directo era lo mejor. Se aproximaba la hora de la comida cuando el chico despertaba solo y hambriento.

Decidiendo que un ataque frontal era la mejor estrategia agarró a Sandra de la mano y desnudas como vinieron al mundo se fueron al dormitorio donde Manolo dormía desnudo con la sábana recogida entre las piernas y la polla dura por los sueños apuntando al ombligo. Cada una se puso a un lado y entre las dos se pusieron a comerle el rabo que inmediatamente al sentir las lenguas dulces y cariñosas dio un salto como reacción. Un dulce despertar con las dos bellezas junto a su polla y los culitos desnudos casi junto a su cabeza. Así que aprovechó y deslizó sus manos por el culito blanco y por el culito moreno hasta que sus dedos índices investigando alcanzaron los dos coñitos cachondos que chorreaban jugos.

La sorpresa quedaba muy diluida por lo que sentía en su polla, la lengua de la morenita empezaba a investigar sus huevos peludos mientas su mujer se dedicaba al hermoso tronco, o cambiaban y la ex putilla se metía le glande en la boca para apretarlo mientras la rubia se dedicaba a los peludos testículos y en cuanto abrió las piernas al perineo. Sonia quería, con algo de cargo de conciencia por haber sido la primera en beneficiarse a la invitada, ver a su marido follarse a la caribeña, con una leve indicación la hizo darse la vuelta, subirse encima de él y sosteniendo ella misma las nalgas duras, las fue bajando despacio mientras contemplaba como el duro miembro de su chico penetraba en el coñito dulce y ella misma la guiaba en la penetración y así la hizo cabalgarlo mientras ella se sentaba sobre su cara para que el chico le comiera el clítoris con la maestría que le caracterizaba. Manolo con la lengua ocupada con los labios de la vulva, el perineo y hasta el ano de su esposa y las manos amasando las nalgas de esta sentía el sinuoso cuerpo de Sandra moviéndose sobre su vientre hasta clavarse la polla en lo más hondo del delicioso coñito. No lo veía, no podía tocarlo pero sentía el rabo apretado durante unos momentos, quieta, acomodándolo en su interior solo con los músculos de la vagina, luego sintió todo el movimiento como si quisiera exprimírselo. Las dos chicas se besaban con furia, la lengua de la caribeña recorría la boca ansiosa y le amasaba los desarrollados pechos con una atención especial a los rosaditos pezones duros.

Ninguno de los tres estaba quieto, ninguno podía parar dando todo el placer posible y recibiéndolo de los demás. Sonia fue la primera en correrse, sus abundantes jugos se deslizaban por la barbilla de su hábil marido. Al sentirlos en la lengua este descargó el semen en la vagina de la caribeña ardiente y ella inmediatamente recibiendo las caricias de la cariñosa pareja derramó la mejor corrida que había tenido en mucho tiempo sobre los testículos empapados por sus jugos del camionero. Agotados por las emociones del día se dejaron caer encima del chico besándolo ambas por el placer recibido. Las lenguas de ambas competían por entrar en su boca y jugar con la de Manolo.

Este no perdía la oportunidad de acariciar los deseables cuerpos desnudos mientras pensaba en todo lo que estaba pasando. Entre las dos le habían dejado la polla en carne viva y no tenía ninguna explicación para ello. Cómo su joven novia había llegado a tal grado de complicidad con la extranjera. Y lo que les esperaba a partir de ahora. Cosa que su esposa pasa a explicarle con detalle mientras le da de comer. Sandra se quedará a vivir con ellos y a la ayudará en su pequeño negocio haciéndole compañía mientras él esta fuera en sus rutas. Y cuando llegue le espera una cariñosa bienvenida por parte de las dos chicas. La hermosa caribeña abre los ojos negros ante el plan y tan cariñoso recibimiento que no esperaba.

Tras la comida y para ayudarle a reponer fuerzas lo sientan en un cómodo sillón mientras Sonia le enseña a su chico algunas habilidades que él no le conocía. Sobre el sofá del salón agarra a la caribeña y la coloca a cuatro patas, ella se sitúa detrás y con la habilidosa lengua le recorre las nalgas cada vez mas dentro de la rajita hasta alcanzar el ano rugoso, lamiendo los alrededores o intentando penetrar en él con la lengua. Baja por el perineo buscando el coñito moreno, los labios finos ofrecen el tesoro del clítoris solo con un roce mínimo y su dueña suspira y goza de la caricia de su amiga, de su amante. Manolo comienza a explicarse el grado complicidad entre las dos chicas por que hasta entonces desconocía las habilidades lésbicas de su novia.