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miércoles, 27 de octubre de 2021
Sentada en la escalera
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Era un julio caluroso, agobiante. Regresaba a casa después de un turno de noche especialmente incordiante. Me apetecía meterme en la cama aunque nadie me esperase dentro.
Solo me cubría un short vaquero especialmente corto y una camiseta de tela ligera que marcaba mis pechos como si apenas llevase ropa encima. Y es que debajo de ella no llevaba nada. Bueno eran mas de las seis de la madrugada y no me vería nadie, así que no importaba.
Al abrir la puerta del ascensor, en mi piso, me llevé un pequeño sobresalto, a esas horas no esperaba encontrar a nadie en el pasillo. Pero allí estaba ella sentada en la escalera.
Sus larguísimos muslos saliendo de una casi inexistente minifalda. Era la hija de los vecinos de al lado. A la que había visto crecer desde que sus faldas eran de ese mismo tamaño, pero le cubrían las piernas casi por entero, o por lo menos hasta los calcetines largos y llevaba coletas recogiendo esa bella melena castaña.
- ¿Pero qué haces ahí? criatura. ¿Y a estas horas?
La pinta era que regresaba de juerga pero tuve que preguntarle que hacía en el pasillo sentada en un escalón y no en su cama. Sus padres estaban de viaje y ella se había dejado las llaves dentro del piso.
- Me he dejado las llaves dentro y estoy sola. No sé que hacer.
- Bueno no te vas a quedar ahí más rato. Anda, entra en casa.
Casi me vi obligada a invitarla a pasar mientras esperábamos a un cerrajero o a sus familiares.
Aunque solo por contemplar un rato mas aquellas piernas o su tremendo escote merecía la pena quedarme despierta toda la mañana. O todo el día si hiciera falta. La vista era realmente espectacular.
- ¿Te apetece comer algo? ¿Un café?.
- Si te vas a hacer algo para ti, lo mismo. Si no, no te molestes.
- No es molestia, ponte cómoda.
Me mostré amable como buena vecina mientras preparaba un ligero desayuno para las dos. Interesándome en su vida y en como había pasado la noche, a la vez que le echaba jugosos vistazos cada vez menos disimulados a su expuesta anatomía.
No era la única, mis muslos completamente desnudos por el short parecían atraer sus bellos ojos castaños. También mis pezones duros y marcados en el algodón de la camiseta se llevaron buenos vistazos.
- Antes, de niña, me contabas todo. Hace mucho que no hablamos, aunque con la uni estarás liada. ¿Te has divertido? ¿Has ligado?.
- Si, apenas coincidimos. Con tus horarios y los míos, aunque se que mi madre te tiene al tanto de mis andanzas.
Y me echó una enigmática sonrisa que no supe descifrar en ese momento.
-Y esta noche al final nada. Un par de copas, unos bailes y a pasar el resto de la noche con el móvil en la escalera. Si no llega a ser por ti, un desastre de noche.
Solo de imaginarla bailando con esa minifalda en medio de un montón de babosos me ponía cachonda. Ya me hubiera gustado estar en el mismo pub tomando una copa o trabajando de camarera.
- Pasa al baño y quítate el maquillaje. Yo me pondré algo más cómodo.
Le ofrecí mi baño para que se desmaquillara. Mientras, dejaba adrede la puerta de su aseo abierta. Ya en mi dormitorio, me desnudaba del todo y luego me cubría con un pequeño y corto kimono de fino satén.
Me pareció ver por el rabillo del ojo como ella espiaba mi desnudez desde el espejo sobre el lavabo. Nos habíamos estado contemplando desde que la dejé pasar a mi casa.
Nos sentamos a la mesa de la cocina, una enfrente de la otra. La prenda que me cubría, descubría mas bien, estaba mas abierta por el escote de lo que pretendía al principio y mis muslos permanecían desnudos aún mas arriba que los suyos.
Sorprendí más de una mirada fugaz hacia mis pechos, así que decidí subir las apuestas. Había conseguido que dejara sus stilettos en el salón. Le ofrecí algo mas cómodo para ponerse mientras esperábamos.
- Ya que tienes que quedarte un rato, te puedo dejar algo para que cambies. Podrás escoger, tenemos una talla parecida.
Al terminar el desayuno volvimos a mi dormitorio a buscar en mis cajones. Se los señalé con un gesto, dando permiso para curiosear lo que quisiera. Incluido aquél en que guardaba mi lencería mas sugerente, aquél en el que ella curioseó bastante.
Después de un rato, terminé ofreciéndole un breve camisón de tirantes de raso y con la falda justo al ras de mis nalgas. Era la prenda que hacía juego con el kimono que yo tenía puesto y que había decidido dejar en el cajón un rato antes. Como ella es más alta que yo debería quedarle aún mas corto.
Era la prenda que hacia juego con lo que yo tenía puesto pero que no me había molestado en usar. Sentada en mi cama pude ver pude ver como se deshizo sin complejos del cinturón que ella llamaba falda y del top que comprimía sus preciosos, cónicos y duros pechos.
Ante mí solo con el microscópico tanga de encaje lucia su bello cuerpo sin mas vergüenza que yo el mío. Moviéndose por mí dormitorio sensual y felina tardó un rato en cubrirlo con la prenda que le había ofrecido.
Como imaginaba le quedaba completamente provocativa. Los pezones marcados en el fino satén. Al ser un poco más alta que yo, tenía más de medio culo desnudo. No nos movimos del dormitorio, ya no hacía falta disimular mucho más.
- Estás preciosa. Te queda fantástico.
- Creo que le gustaría a cualquiera con esto puesto. Es muy provocativo, no sabía que tuvieras esta lencería tan sensual.
- Cielo, con cualquier cosa e incluso sin nada, tendrías encandilado a cualquiera que te propongas.
Podríamos habernos echado en la cama y dormir pero esa no era la idea de ninguna de las dos.
Estábamos cómodas allí. Yo terminé de recostarme en mi cama de matrimonio dejando que el kimono se abriera mas y ella pudiera ver sin estorbos mis pezones. Con los muslos juntos ella aún no podía ver mi vulva.
Se tumbó a mi lado de costado mirándome y mordiendo su labio inferior mientras me contaba más detalles de su noche. Los reducidos y provocativos vestidos de sus amigas, sobre alguno de los chicos que le habían entrado y que no le gustaron.
Casi solos, mis dedos acariciaron suavemente su largo muslo. Como no rechazó la caricia dejé descansar mi mano en su cadera justo sobre el prieto culo. Ella aún llevaba su microscópico tanguita que me ocultaba los labios de su vulva.
Con algo de su largo cabello ocultando su bello rostro me pareció sorprender una sonrisa en sus rojos labios. Se inclinó sobre mi cara, rozándome con su melena me besó con suavidad en los labios. Y por fin una de sus manos se apoderó de mi teta desnuda acariciando entre sus dedos el pezón.
La mano en su cadera se apoderó de su nalga firme agarrándola con fuerza atrayéndola sobre mi cuerpo. Comenzó a darme lengua, a compartir su saliva. Mientras nuestras manos se hacían mas atrevidas en la exploración de nuestras pieles.
Poco tardó en librarme del kimono con lo que me dejó desnuda del todo. Tuve que incorporarme lo justo como para sacar la prenda por mis brazos. Quedé a su merced. Lo que aprovechó para situarse entre mis muslos.
Encima de mi cuerpo notaba sus duras tetas aplastarse contra las mías más esponjosas y grandes que las suyas. Tuve que separar las piernas para que se acomodará entre ellas y yo ya no tenía las bragas puestas. Así que notaba perfectamente su piel rozando mi vulva.
Seguía dejando caer saliva dentro de mi boca y volviendo a recogerla con la lengua. Cruzándose con la mía que se la chupaba. Mis manos recorrían su suave piel sin prisa. De las duras nalgas a su nuca, por toda la espalda.
Con toda intención puso el muslo en mi coñito y apretó. Se me escapó un gemido al notarlo. No era su primer asalto. La chica sabia que teclas tocar y yo no tenía mi idea de con quien habría aprendido.
Apreté su precioso culo para notarla. Al moverla arriba y abajo nuestras tetas, nuestros duros pezones se frotaban con más fuerza. No sé el tiempo que estuvimos besándonos, solo eso. Además de acariciarnos con suavidad. A mí se me había pasado el sueño y ella parecía no tenerlo.
Al cabo de un rato ella empezó a moverse, sin prisa. Besando y lamiendo toda mi cara. Al meter la lengua en mi oreja me hizo cosquillas pero no le pedí que dejara de hacerlo. Bajaba despacio por mi piel, por el cuello y los hombros. Cuando empezó a mordisquear mis pechos y besar mis pezones casi me corrí.
Pero ella no era la única que sabía jugar a ese juego. Conseguí deslizar una mano entre las dos, por el plano vientre hasta alcanzar su coñito. El gemido que soltó lo acalló en mis tetas. Suave separé los labios hasta alcanzar el clítoris. Ahora sus flujos caían en mi muslo y el dedo índice se introdujo casi solo en su conejito.
- Déjame, quiero saborearte.
Y la dejé. Notaba lengua por todas partes, por mi pancita y el ombligo. Por suerte llevo el pubis bien depilado y limpio. Cuando ella lo alcanzó con sus labios la que gemía y suspiraba con fuerza era yo.
Mi primer orgasmo llegó cuando su lengua tocó el clítoris. Me tenía muy caliente la nena. Derramé mis jugos en su boca apretando su cabecita entre mis muslos. ¡Joder, como lo comía!. Y no se conformó con eso. Me hizo levantar las piernas hasta llegar con las rodillas a los pezones.
Estaba claro lo que buscaba. Y desde luego que no se lo negué aunque pensaba que muy limpio no estaría después de toda la noche en el trabajo. Le dio igual, su lengua me llegaba de la rabadilla al pubis pasando una y otra vez por el ano y el xixi. Y yo me corría una y otra vez.
No me dejó respirar, subió buscando mi boca de nuevo. Recorrí con mi lengua sus labios untados con mi sabor más íntimo. Aún no sé como conseguí salir de debajo de ella buscando devolver el placentero favor que me había dado. La dejé tumbada boca abajo en mi colchón. Y me puse sobre ella.
Me tomé un momento para contemplar esa bella obra de arte, la torneada espalda, la curva de sus nalgas, los larguísimos muslos, hasta sus pies estirados eran preciosos en esa postura.
Quería saborear cada centímetro de esa piel prefecta. Empecé por los bellos pies. Lamí las plantas, se retorcía por las cosquillas pero la tenía bien sujeta. Los finos tobillos y las pantorrillas eran deliciosos. Separé sus piernas con las manos para deslizar la lengua por la cara interna de los muslos.
Un poco mas arriba veía como la humedad de su coñito resbalaba hasta mi colchón. Deseaba concentrarme allí pero no iba a ser tan fácil. Mordisqueé sus duras nalgas, que suave era su piel. ella tenía la cabeza enterrada en la almohada para ahogar sus gemidos y gritos.
Subí besando la línea de la columna desvíandome hacia los riñones o los omóplatos. Tuve que apartar la melena para poder lamer su nuca con mi cuerpo completamente sobre el suyo. Mis pechos apoyados en su espalda y mi pubis frotándose con su culo, los muslos enredados.
Por fin iba a saborear lo que tanto había deseado esa noche. Me levanté de ella para ponerla a cuatro patas. Su grupa era prefecta, la postura le hacia lucir su gracia felina. Volví a saborear sus nalgas, desplazándome despacio por la raja. Clavando la lengua en su ano, sudado pero limpio.
Pasé por el perineo y por fin pude besar la delicada vulva. Los flujos pasaron directamente a mi legua. pude jugar con el duro clítoris con la punta de la sin hueso. Y cada uno de sus orgasmos lo sentía en mi boca cada vez que su cadera temblaba contra mi cara.
No quería dejarla, pero en algún momento tuve que volver a subir hasta quedar las dos tumbadas boca abajo lado a lado. Respirando con fuerza y tranquilizándonos, nos sonreíamos satisfecha al menos en parte nuestra lujuria.
- ¿Desde cuando te gustan las chicas?
- Siempre, bueno no en exclusiva. Voy probando y me gusta como se siente. Pero podría preguntarte lo mismo. No tenía ni idea.
- Siempre he sido discreta y si alguna amiga se queda a dormir, de puertas afuera solo es una amiga, como tú y yo para tus padres. Si quieres un sitio para traer a alguien puedes contar conmigo y desde luego repetir.
Me dio un beso, un buen morreo hasta sacar de mi boca hasta el último resto del sabor de su chochito.
- Desde luego que quiero repetir esto, no me vas a privar de saborearte de nuevo. Eres muy amable si me dejas traer alguien aquí. Pero ¿no vas a querer mirar o participar?
- Solo si tu me dejas. Desde luego.
Nos fuimos a la ducha sin dejar de acariciarnos. Al poco tuvo que volver a su casa cuándo oímos regresar a sus padres.
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miércoles, 1 de septiembre de 2021
Hada con su doctora
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La facultad de medicina y las prácticas de MIR habían abierto mi mente y mi actitud. Algo que mi educación en un colegio de monjas había iniciado, no por las hermanas, claro, sino por mis pervertidas compañeras. Pero estos años universitarios con médicos y enfermeras siempre dispuestos a pasar un buen rato consiguieron ampliar mucho más mis horizontes.
Han pasado unos años desde entonces pero esa actitud liberal no la he perdido nunca, más bien he tratado de cultivarla cada vez que tenía oportunidad con algún buen ejemplar. A veces si era posible con dos o más a la vez.
Ahora estoy de médico de familia en un centro de salud de barrio. No ofrece tantas posibilidades pero nunca he dejado de prestar atención a las opciones que se abrían ante mí. Así han caído compañeros y compañeras, más de un paciente o familiar de buen ver e incluso uno de los camareros del bar al que voy a tomar café en los descansos, un jovencito encantador y muy complaciente.
Una calurosa tarde de verano una choni entra en mi consulta. Era la última paciente del día y un bonito espectáculo por si misma. Delgadita y provocativa, minifalda vaquera muy corta, top luciendo unas tetitas pequeñas pero bonitas y que desnudaba su torneada espalda.
Unas inverosímiles sandalias de plataforma elevaban ese bonito cuerpo a casi diez centímetros del suelo. Al verlas lo primero que pensé es que venía por un esguince en el tobillo. Nunca la había visto por el consultorio, me habría fijado en ese ejemplar. Acababan de pasarmela de otro médico ciertamente con más escrúpulos que yo y que no quería atenderla.
Deslicé la vista desde las pintadas uñas de los pies a la lisa y preciosa melena rubia teñida y muy cuidada, recreándome en su exótica y salvaje belleza. De inmediato me di cuenta de lo que ocurría, las palabras escaparon de mí boca con una incontinencia verbal que no suele caracterizarme.
- pero ¡alma cándida! ¿a que edad empezaste a tomar hormonas?.
La nena tuvo el detalle de ruborizarse y a punto estuvo de salir corriendo por la misma puerta que acababa de cruzar. Desde luego que se lo impedí y avergonzada por mí actitud le pedí de inmediato disculpas por mi torpeza.
- Perdóname pero me has pillado de sorpresa. Nunca se me ocurriría tratarte así. Pasa y cierra. Así estaremos más tranquilas y me cuentas lo que te preocupa.
Tenía que hacerle un chequeo completo para comprobar que la alteración hormonal no había causado algún problema. Ahora que aún estábamos a tiempo de tratarlo si existiera.
- Desnúdate y tiendete en la camilla, tenemos que comprobar que estés bien y ajustar el tratamiento si lo necesitaras.
Para tranquilizarla mientras se libraba de su escaso atuendo y sin que yo me perdiera ni un detalle de tan bonito striptease le fui preguntando por lo que había tomado y por cómo se encontraba. Aparte del problema puntual por el que había venido ese día, una tontería de adolescente. Parecía encontrarse bien, francamente bien a primera vista.
Tenía, tiene, un cuerpo precioso, delgado bien moldeado, en el que empezaban a despuntar dos pechitos que prometían llegar a ser dos hermosas tetas. La cadera se le había redondeado que le había dejado un culito respingón y firme. Tenía pinta de hacer ejercicio además del tratamiento que había empezado por su cuenta. Y que había consultado en Internet.
Admito que me estaba recreando viendo ese streptease improvisado y las partes de su anatomía que iba descubriendo. Sus largos y ahusados muslos en cuanto la falda cayó, el tanguita apenas podía contener su polla aún no demasiado afectada por las hormonas. Se dejó esa prenda supongo que por un resto de timidez pero no tuve ninguna misericordia. Con un gesto le hice desprenderse hasta el último trapito.
Aunque parecía bastante acojonada por la situación el rabo no parecía pensar lo mismo. Morcillón colgaba entre las piernas amenazando con ponerse firme en cualquier momento. Le, la hice tumbar en mi camilla. Empecé de un forma muy profesional con un examen detallado pero sin recrearme palpando músculos y el vientre sin encontrar ningún problema.
La bata abierta descubría mi escaso atuendo y tanto como por la temperatura como con tenerla allí a mi merced, estaba pasando mucho calor. Lo que su presencia sensual no ayudaba a aliviar. Mi talla ciento diez doble d en un top escasito, aunque algo más grande que el suyo, eso sí, luciendo los pechos sin sujetador en la cálida tarde de verano. Sus ojos estaban clavados en mis tetas creo que con algo de envidia. La falda de tubo no muy larga marcaba mi voluptuosa cadera ajustada a mis muslos.
No se me iban a presentar muchas oportunidades de tener un ejemplar así de bonito a mi disposición. Así que un momento después estaba mandando mentalmente el juramento Hipocratico a la mierda y pensando en cómo pasar un rato agradable las dos juntas. Empecé a preguntarle por sus relaciones sexuales. Era lógico para comprobar si tenía alguna venerea.
- ¿Te has acostado con muchos chicos? ¿Eres muy promiscua? ¿Lo haces con protección?
- En realidad menos de lo que me gustaría. No hay mucha gente abierta de mente que me acepte tal y como soy. Pensaba que aunque fuera por morbo algo más podría ligar, pero no. Y sí, siempre con condón.
- Bueno ellos se lo pierden. A mi me pareces muy bella. Pero, ¿no eres virgen? ¿verdad?
- No, he tenido experiencias, aunque no demasiadas.
-Y ¿con chicas?
Fui llevándola al terreno que me interesaba. Entre los toqueteos y la conversación su polla apuntaba al techo. No era muy grande, pero si bonita cabezona, con las venas marcadas, sin un pelo y a un lado, en la cadera, un pequeño tatuaje de un hada. Aproveché el momento para empezar con ella y examinarla cogiendo los huevos y palpando comprobando que estaba perfectamente sana.
- Con chicas aún menos que con chicos, a todas les parezco un bicho raro.
-¿Pero te gustan?
- Si, aunque yo quiera ser una mujer, también me atraen.
Al oír eso yo flotaba.
- Yo pensaba que la gente de tu edad estaba más liberada, con menos complejos.
- Algunos demasiado para mis gustos y la mayoría demasiado poco. También hay mucho salvaje por ahí que ha visto demasiado porno. Lo difícil es encontrar el término medio que me guste y a quien yo guste.
- No creo que te cueste mucho viendo a lo que vas a llegar, con esa carita dulce y ese cuerpo tan femenino.
Echándole cara le decía todo eso sin dejar de acariciarla y sobarla. Incluso alguna vez que me inclinaba sobre ella rozando su cuerpo con mis tetas.
-¿No me pasa nada? ¿Estoy bien?
- Estás estupenda, nena. Preciosa, para mí gusto una belleza, y si vas a seguir por este camino te ajustaré la medicación y te puedo dar algún consejillo más.
Sonriendo, pero tímida aún, se daba cuenta que estaba flirteando con ella. Tonta del todo no era. Había echado buenos vistazos a mi generoso escote y a mis pezones marcados en la fina tela. Parecía que mi cuerpo voluptuoso no le era indiferente del todo. Y a juzgar por la dureza que había alcanzado su polla le estaba gustando la situación.
Cogí su pene y lo estuve acariciando un momento para provocarla aún más. Parecía que si seguía tocándolo no tardaría en correrse y eso no es lo que quería. Bueno si se daba la ocasión me la metería en la boca y me tragaría con gusto su corrida.
- Gírate, ponte boca abajo.
Aproveché un rato para manosear sus duras nalgas. Era evidente que por su edad un examen de próstata era innecesario pero no iba a privarme de ello. Y eso que estaba deseando hacérselo con la legua. Calzándome un guante de látex le pregunté.
- ¿Has venido limpita? Sube el culito por favor.
- Creo que sí doctora, pero no estoy segura del todo.
- No importa, ¿Te fías de mí?
- Por supuesto, estoy en sus manos.
Contestó con una bonita sonrisa que me pareció bastante lasciva. Poniéndose a cuatro patas sobre la camilla me dejó completo acceso al ano. Usando con generosidad el lubricante tanto en su culo como en el guante procedí a hacer un examen completamente innecesario y que iba a aprovechar para follar ese culito con mis dedos.
En cuanto empecé a acariciar la raja se le escapó un gemido que sonó dulce y femenino. Despacio repartiendo el lubricante empecé a meter un dedo, abriendo el ano con cuidado y cariño.
-¿Te duele?
-¡No! para nada, se siente ¡uf! genial. Nadie me ha hecho nunca algo así. Nadie me ha hecho sentir tan bien.
Con el índice y el medio le estaba llegando a la próstata. Traviesa con la otra mano sin guante le volví a acariciar la polla y llenó toda la camilla bajo su cadera de semen. La cabeza apoyada en sus antebrazos, la melena ocultando la expresión de lujuria. Pero nada pudo acallar el gemido que escapó de su boca cuando se corrió.
Hubiera preferido que lo hubiera hecho en mi boca. Menos mal que había mandado a la enfermera a su casa o habría pensado muy mal de mí. O tal y como nos conocíamos las dos se hubiera apuntado a darle gusto a la muchacha.
-¿Ya estás más relajada? Puedes levantarte cielo.
- Estoy en la gloria. Eres maravillosa. Nadie me había hecho correr así.
Salió de ella, en ese momento no hice nada. Nada más que lo que ya había hecho claro. Se giró hacia mí y me besó. Nuestros labios se juntaron suaves al principio, pero sin despegarse el beso se fue haciendo más profundo, más lascivo. Juro que fue su lengua la primera que entró en mi boca. Pero si hubiera tardado un segundo más yo le hubiera metido la mía hasta la garganta. Que fue lo que hice en ese momento.
Se agarró a mis tetas como si fueran el flotador de un náufrago. Y eso que aún llevaba la camiseta. Con un grácil movimiento se deshizo de mi bata que cayó a nuestros pies. Y eso aún encaramada a la camilla. Sin separar nuestros labios consiguió bajar y quedar frente a mí. Muy cerca.
Mientras hacía esa maniobra yo aproveché para soltar el cierre de mi falda que cayó al suelo. Así que además de ponérselo más fácil conseguí que la prenda no se manchara con el semen que aún goteaba de su bonita polla. El miembro iba perdiendo su dureza después del orgasmo.
Esperaba recuperarla pronto. Por la forma en que me la flotaba por el pequeño tanga estando abrazadas no iba a tardar. Yo seguía agarrando su pétreo culito que me tenía hipnotizada. Ella en cambio buscaba mis pechos apretando sus duras tetitas contra ellos.
No tardó nada en ayudarme a librarme del top sacándolo por mi cabeza. De inmediato se agachó a besar y lamer mis domingas.
- ¡Yo quiero unas como estas!.
- Las que tienes son preciosas, cielo, date tiempo. Pronto podrás operarte y ponerte algo más. Espero que elijas bien y no exageres.
- Tus tetas son hermosas, espero que me ayudes a elegir la talla adecuada para mí.
Conseguía contestarme sin separar los labios de mi piel, sin dejar de mordisquear suave mis pezones y continuar lamiendo de mis axilas al ombligo sin dejar de babosear todo por donde pasaba.
Joven y ansiosa ahora era yo la que estaba acorralada contra la camilla. Solo tuvo que palmear la colchoneta para conseguir que me subiera. Es hábil, mientras levantaba el culo para izarme aprovechó para tirar del tanga y dejarme tan desnuda como ella.
Ya me tenía en buena postura, bien abierta de piernas. Solo tenía que agacharse un poco para hacerme un cunilingus de antología. Pero quería hacerse de rogar. Empezó por mis pies, Aunque me había duchado antes de ir al trabajo debían estar algo sudados. No le daba ningún escrúpulo y se dedicó a besarlos y lamerlos un buen rato. De los dedos, todos y uno por uno, a la planta. Tenía que animarla.
- Vamos nena cómemelo todo.
Yo estaba loca por que me llegara al coño. Pero no por esas subía con parsimonia por mis piernas para hacerme sufrir y disfrutar a la vez. Paseaba la sin hueso por los tobillos, subiendo por las pantorrillas, escalando la cara interna de mis muslos.
Cuando por fin llegó a mi vulva, me moría de impaciencia. Los labios estaba abiertos, calientes y muy muy húmedos. Y yo creía que no podía estar más cachonda. Un gemido escapó de mi garganta que no sé como no llamó la atención en el centro de salud casi vacío cuando por fin sabores mis jugos directamente de la fuente.
En segundos me había corrido por primera vez. pero no fue el único orgasmo de la tarde. Siguió chupando, lamiendo y besando sin descanso. Saboreándome y recibiendo en la lengua mis jugos cada vez que me corría.
No estaba yo para averiguar lo que ocurría por sus bajos. Tal y como estaba tumbada no alcanzaba a verlo, pero su joven polla se estaba recuperando rápidamente. Mirándome a los ojos entre mis muslos con la expresión más lasciva que le había visto preguntó:
- ¿Quieres que te folle?
- Lo estoy deseando, cariño. Méteme ya esa polla.
No se hizo más de rogar. La altura de la camilla era perfecta. Se incorporó y guiando el firme miembro con la mano, el glande se fue abriendo camino entre mis labios. Firme, pero a la vez suave y con ternura.
Apoyó mis piernas en su pecho, notaba la dureza de sus pezones en la parte de atrás de mis pantorrillas. Sujetando mis muslos con las manos empezó a moverse. Sin prisa, haciéndome notar cada penetración, justo como a mí me gusta, no muy deprisa. Como hacía poco que se había corrido aguantó un buen rato. Y como yo estaba muy excitada no hacía más que encadenar orgasmos uno detrás de otro.
Acababa de examinarla y yo tomaba precauciones así que...
- Correte dentro cielo, dámelo todo.
- Estoy a punto doctora.
Me contestó con su más linda carita de vicio. Sé cuando tuvo su orgasmo, cuando sus ojos se pusieron en blanco y soltó un suspiro que salió de lo más profundo de sus pulmones. No se conformó, siguió bombeado hasta que su polla quedó flácida. Y entonces se inclinó para volver a lamer mi coñito encharcado.
Mis jugos mezclados con su semen que me dio a probar en un nuevo beso lascivo donde nuestras lenguas se cruzaron sin tregua. Nos quedamos un rato frente a frente acariciándonos, recuperando la respiración y besándonos con ternura.
- Bueno ¿que te ha parecido esta experiencia con tu doctora?
- Ha sido algo sensacional. Y espero poder repetir alguna vez más.
- Cuando quieras, reina. Tienes una amiga y una médica.
Y volví a besarla. Respondió a mi beso de nuevo con su lengua juguetona. Contenta por haber encontrado alguien que la comprende y a quien le gusta tal y como es.
Nos vemos de vez en cuando para disfrutar juntas. Me he hecho personalmente responsable de su salud y de los cambios que ella quiere llevar a cabo, haciendo sus recetas y aconsejándola.
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jueves, 22 de julio de 2021
Salida
Me hubiera encantado afanar uno de esos carteles que en los edificios indican la "salida" y colgarlo sobre la cabecera de mi cama. Pero uno bien grande en verde fosforito y de los que brillan en la oscuridad.
¡De esta me gano el cartel!
He tenido experiencias, tanto con chicos como con chicas y la verdad es que a mis diez y nueve años me encanta el sexo. Me llamo Sonia y adoro el placer de unas manos y una lengua recorriendo mi piel aunque a temporadas, por suerte no muy largas, tengan que ser mis propios dedos los que me den placer.
Me gusta vestir sexi, faldas y pantalones muy cortos y ajustados, tops pegados y con grandes escotes. He hecho el amor con chicos y chicas, cuerpos y pieles calientes, gente con la que disfrutar sean como sean. No me considero ninfómana solo por que soy capaz de concentrarme en otras cosas cuando lo considero necesario.
Estaba echándole un vistazo a algunas de mis webs de citas preferidas. Una tarde aburrida con el móvil, pasando fotos de desconocidos, desconocidas y algunas bellezas a medio camino, transexuales con poca o ninguna ropa. Mi mano ociosa se deslizó por debajo de mis shorts de lycra, muy ajustados, muy muy cortos y muy cómodos para estar en casa, en busca de mi pubis depilado. La caricia era suave, dulce sin prisa humedeciéndome a un ritmo lento.
Mojando un tanga tan pequeño que apenas cubría los labios y el monte de Venus. Por mí estaría desnuda del todo, pero no sé por qué aún me daba algo de vergüenza estar completamente en bolas delante de mis padres, aunque nunca llevaba mucha ropa ante ellos. Pasé a la sección de parejas en mi ciudad.
Un respingo sacudió mi cuerpo. Conocía esa habitación, la cama, el edredón, hasta el estucado de las paredes y ese cuadro al fondo. Era imposible pero ahí en la pantalla estaba la habitación de mis padres. Tuve que levantarme de la cama y encender el ordenador para comprobar los detalles en una pantalla más grande.
Detalle por detalle, cada mueble reflejado en el enorme espejo que ocupaba las puertas del armario empotrado. Allí en el medio de pie sobre la cama una impresionante morena. El móvil con el que se había hecho la foto tapaba su rostro de forma estratégica. Su cuerpazo voluptuoso enfundado en un body de encaje muy escaso que desnudaba su cadera y le dejaba un impresionante escote entre sus pechos talla cien. Una milf perfecta. Y yo sabía su talla por que había curioseado en sus cajones sus sujetadores.
En la siguiente foto la morena con la cara pixelada vuelta hacia la cámara aparecía a cuatro patas luciendo su culazo en el tanga que la prenda dejaba. Aumenté el tamaño de la imagen en pantalla hasta poder ver una marca de nacimiento que mi progenitora tenía en la parte alta del muslo. Eso lo había visto muchas veces cuando Sara llevaba bañadores y bikinis en la playa o la piscina.
¡Joder!, sabía que mi madre estaba buena con su tripita plana y su figura de reloj de arena pero en aquellas imágenes posaba completamente lasciva. Una foto más acostada boca abajo en la que su culazo se apreciaba de maravilla. Viendo todo eso no me quedó mas remedio que reanudar la paja que había interrumpido por el sobresalto.
¡Un momento! ¿De dónde demonios había sacado Sara ese body?, no recordaba haber visto prenda tan provocativa entre su lencería y mira que la había revisado veces. ¡Será cabrona! Como una exhalación me lancé a mi propio cajón y allí estaba bien doblado y recién lavado pues yo me lo había puesto el fin de semana anterior.
¡Si a esa zorra le quedaba mejor que a mí! su cuerpo mas voluptuoso lo llevaba mejor. Sus tetas dos tallas mayores que las mías quedaban preciosas, mas de la mitad asomaba por el escote. Y su culo se veía espectacular enmarcado en el encaje. Me lo iba a dar de sí.
Una foto más donde se había sacado las tetas por el escote en uve y juntándolas las amasaba con sus manos mostrando el pezón grande y oscuro entre sus dedos, ni se había quitado la alianza. Y yo me sorprendí a mi misma terminando de hacerme el dedo ante las fotos de mi querida mami y llegando a un fantástico orgasmo. Sacándome el short para dejarlo colgado de una sola de mis rodillas.
Chorreando ante la pantalla de mi ordenador, mojando mi escaso tanga. Acariciando mi clítoris, llevando el dedo a la lengua para saborearme. Frotando los labios de la vulva con dos dedos y luego penetrándome con ellos hasta correrme.
Las imágenes iban acompañadas de un sencillo texto donde explicaba que buscaba una chica para ella y para su marido. Una chica bisex con la que follar y que ofrecerle a él como regalo de aniversario.
Todo ello era un shock para mí, por una parte me sorprendía esa actitud en mis padres que nunca se habían mostrado demasiado liberales ante mí.
Tampoco es que fueran muy retrógrados, solo parecía que el sexo no les importaba mucho, vaya eso solo eran apariencias. Ni pensaba que a mi madre le fuesen las chicas hasta ese momento. Nunca la había visto mirar a otra mujer de forma lasciva o soltar un comentario sobre el físico de alguna fémina.
Quizá sólo querían experimentar, y nunca habían hecho nada así, no lo sabia. Por otro lado me ofendía que buscasen fuera lo que ya tenían en casa y no se habían dado cuenta, una jovencita morbosa encantada de cumplir con todas sus fantasías licenciosas.
Quizá fuera por mi causa, por mi actitud desinhibida y por la escasez de mis atuendos con los que me paseaba por casa y para salir, provocativa, por lo que habían decidido ampliar horizontes. Puede que fuera yo la que les había empujado a tener esas fantasías.
Visto que ellos ya estaban abiertos a esas posibilidades era yo la encargada de que las cumplieran conmigo. No me daría ningún reparo. Es más me ponía como una moto al pensar en compartir su cama. Solo de pensar en tener a mi padre follando mi coñito mientras yo lamía el de mi madre me excitaba a punto del orgasmo.
Dudaba si contactar por la página o provocarles aún más en casa hasta que no pudieran aguantar más y se lanzaran sobre mi caliente cuerpo. Pensaba en algo así como ir en top less directamente o con un tanga que dejara el culo al aire para estar con ellos.
Me decidí por una estrategia mixta y hacer las dos cosas. Después de marcar su anuncio como uno de mis favoritos para meditar un poco mas en la respuesta que le daría. Empecé a seleccionar entre mi ropa lo que dejaría de usar por casa para lucir más de mí piel.
Mientras hacía eso podía pensar en una buena respuesta a su anuncio. Empezar con algo neutro cómo si no me hubiera dado cuenta de que eran ellos. No saltar a la yugular y asustarlos.
Cómo hacía calor la parte de casa no fue difícil. La primera vez que salí de mi cuarto sin camiseta y me puse a ver la tele con ellos con las tetas al aire a mi padre casi se le desencaja la mandíbula.
- Nena ¡ponte algo encima, por favor!
-¡Pero si hace mucho calor! Tú no llevas camiseta y no te decimos nada.
- Pero yo soy un hombre y no tengo tetas.
- ¡Si que tienes y pezones y todo!
Tuvo que mediar mi madre en la disputa que iba medio en serio, medio en broma.
- Tú, deja a la niña en paz. Y tú, intenta no levantar pasiones ¡hija!
El tono de mi madre tampoco iba muy en serio, y además me estaba mirando los pechos descarada. Así que me salí con la mía y me pasé toda la tarde con las tetas al aire. Solo tapada con el short de lycra. Un par de horas más tarde mi madre se animó a imitarme enseñándonos a los dos sus preciosos melones. Era la primera vez que se las veía al natural de frente y tan cerca.
Alguna vez había tenido un vistazo fugaz mientras se cambiaba y las había visto en las fotos de la web. Me di cuenta que ya tenia una aliada en mi propio campo. Acalló las propuestas de mi padre con un:
- Como si no me las hubieras visto y tocado nunca.
Al día siguiente cambié el orden de las prendas. Me puse camiseta, reducida y sin sujetador debajo, eso si. Pero de cintura para abajo lo único que llevaba era un reducido tanga rojo que dejaría ver el vello de mi pubis si me hubiera dejado alguno. Al verme así mi padre estuvo a punto de la apoplejía. Si el día antes ya le salía humo por las orejas, esa tarde al verme el culo desnudo la sangre se le fue directamente al sitio que yo pretendía.
Sara volvió a apoyarme aunque no le hizo falta insistir mucho. Cuando volvió de la cocina otra vez con las tetas al aire Mario se quedó sin argumentos. Yo me pegué al cuerpazo de mi madre y le di un largo, húmedo y cariñoso beso en la mejilla. Haciéndole notar la dureza de mis tetas en su brazo.
Para entonces ya tenía pensado lo que les iba a escribir por la página web. Me haría la despistada. Presentándome como una jovencita a la que había llamado la atención su anuncio y sus fotos. Al principio solo un mensaje de texto.
Por las fotos publicadas en mi perfil no me reconocerían. No las había hecho en casa sino en la playa y con un bikini prestado por una amiga muy muy pequeño que mi madre nunca había visto o lavado. Lógicamente mi amiga me había dejado el reducido bañador y no solo eso. Me había hecho las fotos en las que enseñaba las tetas y el coñito apartando la tela. Yo le hice a ella algunas fotos del mismo estilo Y luego lo habíamos pasado muy bien juntas.
- He visto tus fotos y me has parecido muy morbosa y guapa. Soy bisexual y me gustaría conocer a una pareja interesante.
Envíe el mensaje y ese mismo día ya tuve la notificación de que Sara, suponía, había visitado mi perfil. Pero no contestó hasta que mi padre volvió por la tarde del trabajo y pudieron hablar tranquilos un rato más tarde. Eso me confirmó que no era cosa solo de mi madre, que los dos estaban en el ajo. Su respuesta me animó aún más.
- Nos has parecido una chica muy sexi estaríamos encantados de conocerte mejor.
Bueno, ahora tenía que subir las apuestas. Al día siguiente cuando mis padres estaban desayunando en la cocina salí de la ducha con la única indumentaria de una toalla atada en la cabeza recogiendo mi melena. Meneando las tetas y la cadera, orgullosa de mi xoxito depilado fui a recoger mi taza de café.
Mi madre llevaba como única vestimenta un sencillo tanga de algodón que no le tapaba prácticamente más que los labios de la vulva. Mi padre un ajustado bóxer de lycra que empezó a abultar según yo me paseaba del frigorífico a la mesa.
Era sábado y ninguno de los dos trabajaba. Mi exhibición descarada les había dejado sin palabras aunque ellos no llevaban mucha ropa encima. Al final fue Sara la que saltó pero después de un buen rato recreándose en mi desnudez.
-¿No piensas ponerte nada encima?
- Hace mucho calor. Luego me pondré algo fresquito.
Esa semana le había vuelto a pedir prestado el bikini de las fotos a la amiga que me las había hecho. Mi amiga había pedido su precio por el préstamo que pagué encantada, nos montamos un sesenta y nueve sobre su cama.
Volviendo a la mañana con mis padres me divertí torturando un rato más a Mario paseando el culito delante de sus ojos y de vez en cuando arrimándolo a su polla o a su cuerpo. O inclinándome sin doblar las rodillas les dejaba ver los labios de mi vulva. Sabía que ambos me miraban y me exponía más separando los muslos sentada a un lado de la mesa de la cocina.
Cuando terminé el café pensé que era hora de terminar con la broma y ver si ellos eran capaces de reconocer el bikini. Solté la toalla y deje la melena suelta caer por mi torneada espalda. Meneando el culo me fui para la habitación a ponerme la diminuta prenda. Por el pasillo les oía.
- ¿No se ha vuelto muy descarada la nena?
- Déjala, es joven y tiene que disfrutar. Nosotros lo hacíamos a su edad o ya no te acuerdas.
- Claro que me acuerdo y por eso esta ella aquí. Por lo bien que lo pasábamos juntos.
- Creo que ella tiene más cabeza que nosotros. He visto los condones en su cajón.
- Eso espero por que con lo buena que está se la tienen que comer viva. Espero que nos haga abuelos a nuestra edad.
- ¡Así que tu también te has fijado!.
- Como para no fijarse si nos lo ha enseñado todo. Y suéltame la polla que como salga se va a dar cuenta que la tengo empinada.
- Pues claro que se va a dar cuenta si es ella quien te la ha puesto como un leño. ¿ No te gustaría que la que contestara al anuncio fuera como ella?.
- Por lo que hemos visto se le parece mucho pero creo que la nuestra es más guapa. Como para que no se me ponga dura si me ha pegado el culo al nabo varías veces. Y tú tienes el xoxito empapado cielo. Ese tanga está bien mojado.
Los oía desde mi cuarto pues había tenido la precaución de dejar la puerta abierta. Mientras me ponía el bikini y buscaba en el cajón el body de encaje para mi madre. Este lo llevaría en la mano pero oculto tras la espalda. Aunque hice ruido al caminar por el pasillo casi les pillo juntos metiéndose mano. Tan ocupados estaban. De un bote se separaron justo cuando yo atravesaba la puerta de la cocina. Me quedé en el quicio sacando pecho y con las manos juntas detrás de la espalda.
Solo tardaron un segundo en reconocerme. A Mario se le desencajó la mandíbula mientras su polla que era lo que yo estaba mirando daba un bote bajo su pegado bóxer. Sara me miraba con una increíble cara de vicio.
- Bueno parece que ya habéis caído. ¿Os gusta la chica que habéis conocido en la página web?
- Cielo ya sabrás que nos preces preciosa, pero ¿como vamos a hacer esa barbaridad?
Mario como siempre intentando poner un poco de cordura y cortando la diversión. Le lancé el body a Sara que lo recogió sobresaltada. Reconociendolo de inmediato con una lasciva sonrisa. Sin mediar más palabra por su parte se sacó el tanga que tenía puesto. Tan sensual como siempre empezó a ponerse la prenda que yo le había llevado. Al vivo le quedaba mejor que en las fotos.
Pero mimosa me senté sobre los muslos de mi papi. Rodeé su cuello con mis brazos y empecé a darle besitos en su carrillo subiendo despacio hacia su oreja. Mi culo desnudo desnudo por el mínimo tanga estaba muy cerca de su durísima polla.
Mi madre una vez que había admitido que no le disgustaba la idea poniéndose mi body me había dejado a mi suerte. Igual debía haber empezado con ella a solas y luego entre las dos intentar convencer a mi padre. Pero ya no podía echarme atrás. Al llegar a la oreja de Mario la besaba y lamía mientras le decía.
- ¿Para qué vas a buscar fuera lo que ya tienes en casa? ¿Quién te, os va a querer más que yo?
- pero si te doblamos la edad. ¿Como te vas a fijar en nosotros?
Poco a poco se rendía, ya no decía que era mi padre. Mientras le pasaba mi teta apenas cubierta por el pequeño sujetador por su torso poderoso. Frotándome descarada con su cuerpo.
- Vosotros estáis muy buenos, cualquiera de mis amigas o chicas o chicos de mi edad follaría con vosotros. ¿Y no era eso lo que pedíais por Internet?
- Bueno si, pero teníamos pensado alguien más mayor. De unos treinta o algo así.
-¿Y no es mejor lo que tienes encima? papi.
Por fin puso sus manos sobre mi piel. Echó mano a mi culito y se rindió a la evidencia. La otra mano acariciaba mi muslo con ternura y cariño.
-¿Seguro que tú lo quieres? cielo
- Nunca había estado tan convencida en mi vida.
Echó una mirada por encima de mi hombro a mi madre que le sonrió para darle ánimos. La mano del muslo subió a mis tetas que dejó al descubierto apartando las copas del sujetador. Pellizcó con suavidad mis pezones mientras su boca ya liberada de complejos buscaba la mía.
Le di mi boca, mi lengua y mi saliva. Y puse todo mi corazón en ese beso, y mucha lascivia. Acariciando su cabeza, revolviendo su cabello dejé que nuestras lenguas se cruzaran dejando caer saliva sobre nuestros pechos desnudos. Sus fuertes manos acariciaban con ternura la piel de su hija.
Sara mirándonos había apartado la tela del body de su coñito. Como en alguna de las fotos que había visto se estaba haciendo un dedo, excitada por lo que hacíamos.
-Ya que nos hemos decidido. ¿Por qué no volvemos a la cama?
Nos dijo mi madre. Mario me cogió en brazos como cuando de niña me llevaba dormída a mi cama. Pero esta vez con mis brazos rodeando su cuello me llevaba a la suya. Sara caminaba detrás esperando su momento para colaborar. Estaba deseando quitarle el boxer a su marido. Lo hizo en cuanto este me arrojó sobre el colchón.
Aún estaba deshecha, su olor, su sudor, el de ambos, todavía impregnaba la sábana. Me los quedé mirando mientras mi madre le bajaba el calzoncillo a mi padre y de allí saltaba dura como acero templado su polla. Le puso una mano en el pecho para que se quedara quieto mirándonos.
- Ahora me toca a mí.
Sara se vino encima de mí, con sus tetazas aún cubiertas por el encaje sobre las mías. Ahora era ella la que buscaba mis lascivos besos. Su lengua cruzándose con la mía y dejando caer saliva en mi boca. Nunca, ni en mis mas viciosos sueños hubiera pensado que mi madre pudiera ser tan guarra, hasta que vi la página web, claro.
Ansiaba volver a mamar de esos pechos. Así que bajé los tirantes de la prenda para desnudarlos. Haciendo que se incorporara lo justo para mordisquear esos pezones duros y que asomaban casi un centímetro. Ella aprovechó para librarme del sujetador que completamente descolocado ya no tapaba nada de mis tetas.
Mí padre sin perder detalle se acariciaba el nabo con parsimonia esperando por un agujero en el que meterlo. Ahora era la lengua de mi madre la que recorría mi piel bajando por mi anatomía. lamiendo mis axilas suaves, besando mis tetitas, metiendo la lengua en mi ombligo. Seguía despacio haciéndome desear más de su experiencia con chicas.
Separando bien los muslos dejé que se acomodara entre mis piernas. Las levanté para darle cómodo acceso a toda la zona. Enseguida ella agarró mis nalgas. Un segundo más tarde tenía su lengua entre los labios de mi vulva buscando el clítoris. Y yo gimiendo como una loca. Bajó por el perineo hasta clavarla en el ano. Y así me corrí, como no lo había hecho nunca. la carita de mi madre con mis jugos y soltando un grito que esperaba no hubieran oído los vecinos.
-Ven papi, arrima esa polla que quiero probarla.
Se arrodilló sobre el colchón junto a mi cabeza mientras mi madre seguía en busca de mi segundo orgasmo. Una larga lamida a sus testículos le hizo soltar un fuerte gemido. Me dediqué un buen rato a chuparlos como mis caramelitos. Antes de subir con las lengua por el tronco de la polla.
Aquello estaba duro, marmóreo. Era un gustazo recorrerla con mi lengua. Lamerla como si fuera un polo de helado. Hasta que pude meterme el glande en la boca. Apenas me cabía nada más, dado su tamaño y consistencia. Jugaba con la lengua acariciándolo y apretándolo contra mi paladar.
Pero lo quería en mi coñito, aunque deseaba probar el sabor de su semen. Lo necesitaba primero en mi chocho. Mi madre previsora había sacado condones de su cajón. A saber con quién los habían usado pues ella tenía hecha una ligadura de trompas hacía unos años. O puede que como el body fueran un préstamo de mis cajones. Si me descuido no llego a ver como se lo calzó con una inusitada pericia.
Tuvimos que reorientarnos. Para poder disfrutar las dos de las atenciones de mi padre. Sara me dejó la polla encantada. Lo hicimos tumbar boca arriba y yo despacito me fui clavando su rabo en el chichi. Dejándome caer sin prisa sobre su cadera. Disfrutando cada segundo de aquel momento inolvidable.
Mi madre más acostumbrada a que la acariciara fue a sentarse sobre su cara. Dejando que Mario la acariciara con la lengua. Su coñito y culo recibió sus atenciones. Nosotras de frente nos mirábamos a los ojos con cara de lobas. Un segundo antes de que yo lo hiciera Sara se lanzó a lamer mi lengua y meter la suya en mi boca hasta la campanilla. Aún pude saborear algo de mis jugos entre sus labios.
Sus manos no paraban de acariciar mis tetitas duras y las mías de amasar sus voluptuosos melones. Mientras iba de orgasmo en orgasmo con la polla de Mario clavada en mi interior. Mis nalgas apoyada en sus muslos, notando sus huevos casi en mi ano y moviendo mi cadera adelante y atrás.
Sé que mi madre se estaba corriendo tanto como yo pues a cada orgasmo corría el riesgo de perder la sin hueso entre sus dientes. Así perdía el control, cerrando la boca sobre mi lengua.
Al fin mi padre se corrió dentro del condón, dentro de mí y ambas nos derrumbamos a sus costados sin dejar de acariciarnos los tres.
- Ha sido maravilloso. Sois unos amantes excepcionales. ¿Como es que nunca me había dado cuenta de que os gusta tanto el sexo,
- Siempre hemos tenido cuidado de hacerlo cuando no estabas, o fuera de casa o bien dormida. Pero siempre nos ha gustado mucho y lo hemos disfrutado.
- Pero seguro que no es el primer trio que hacéis.
- Hacia tiempo ya. Pero si hemos estado con más gente en una cama. A veces más de uno a la vez.
Me estaba quedando ojiplática con esas confesiones y quería enterarme de todos los detalles. Además de esperar a que mi padre se le volviera a poner dura para disfrutarla de nuevo. También deseaba comerle el coñito a Sara. Lo que en realidad fue algo simultáneo. Mientras saboreaba a Sara, el aparato de Mario al vernos juntas recuperaba la verticalidad.
No he de decir que repetimos muchas veces cuando nos apetecía tener sexo en casa. Que yo he llegado a disfrutar de algunos de sus amigos y ellos de los míos. Ver a mi padre chupando otra polla o follando un culo de chico ha sido de lo más morboso que me pasado nunca. Aún más que los tríos con los dos y ya es decir.
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domingo, 11 de julio de 2021
El bosque
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I.
Como podrán imaginar no se trata de un bosque normal sino de un viejo parque medio abandonado donde se ejerce la prostitución. Polígonos industriales, bordes de carreteras poco frecuentadas, todas las ciudades en un momento u otro han tenido un sitio así, a veces varios a la vez. Incluso va cambiando de sitio según los clientes, la policía o los urbanistas cambian gustos, oportunidades etc.
Las chicas que no pueden o quieren alcanzar un sitio en un club terminan allí. No hay mucha calidad, son muy mayores, o son muy primerizas o... hay un montón de razones por las que una chica, o un chico o algo en medio terminaría trabajado allí.
Era guapísima y no ocultaba para nada esas bellezas naturales. Las tetas, firmes conos puntiagudos, asomaban en buena parte por la camiseta ajustada y corta de tirantes. Bailarinas a cada paso que daba. Esa tela descubría el ombligo y la parte baja de los pechos y de la espalda. Le habían metido tijera a esa prenda y no llevaba sujetador.
Su pantalón de deporte blanco era tan ajustado y pequeño que la negra cabellera, tan negra como la melena de su cabeza, que rodeaba su coño se veia casi tan clara como si no llevara nada sobre sus poderosas caderas. No se depilaba, entonces nadie lo hacía. Su culo de nalgas redondas y prietas era tan fácil de imaginar por donde iba y ¡discurría por unos sitios!
Con ese monumento me tropecé una calurosa tarde verano paseando por el campo en los alrededores de mi ciudad. Como podrán imaginar no se trata de un bosque normal sino de un viejo parque medio abandonado donde se ejerce la prostitución. En este caso parecía que la chica había empezado pronto su jornada laboral, no se veía por allí a ninguna de sus compañeras en ropa de faena.
En parte esa era la razón por la que yo daba mis paseos temprano, para no cruzarme con trabajadoras, chulos o clientes. Aunque en ocasiones ver el espectáculo de las chicas medio desnudas paseando entre los matojos merecía la pena, intentaba no cruzarme con ellas. Pero admito que verla a ella en ese momento me gustó.
Yo llevaba unos shorts muy cortos y la camiseta alrededor de los hombros y al verla se me empinó la picha sin poder evitarlo. Ella que lo notó, la practica supongo, aunque era tan joven que no debía tener mucha. De inmediato se acercó a mí y como saludo me dio un profundo beso en la boca.
Tímida no era, gajes del oficio. Su lengua casi me llegaba a la garganta y no me quedó mas remedio que ayudar dándole mi saliva. Sacrificado que es uno. Se ve que tenía ganas de trabajar, de cobrar o al menos de tener sexo, dar conversación no parecía lo suyo. Aunque claro tenía que darme un precio.
- Por dos mil me haces lo que quieras o te lo hago yo a tí. (De las antiguas pesetas)
Dejé descansar mis manos en su culo mientras la atraía hacia mí y seguíamos con las lenguas enredadas, frotando nuestros cuerpos sinuosos, lujuriosos. Llevándome de la mano me condujo a un rincón más discreto entre arbustos que nadie se había preocupado de podar en años. Era el único dinero que llevaba en el bolsillo, dos billetes de mil pesetas.
Viendo como se desarrollaba la situación me decidí a actuar. Separándola un poco le saqué la camiseta. Agachándome sobre ella acaricié y besé sus bellas y blancas tetas, lo del top less solo se hacía en playas de la costa. Se quitó el pantalón de deporte y ya desnuda del todo sobre su propia ropa, arrodillándose ante mí, desabrochó el short, y sacando mi polla se la metió en la boca. Sin florituras, iba directa al grano. También chupó mis huevos peludos, quería ganarse su dinero.
Dejando mi vista perdida mientras recibía tan placentero tratamiento fue cuando lo vi. Era casi un crio, andaría por los diez y ocho, trataba de esconderse tras un matorral a unos pocos pasos de nosotros. Mientras no perdía detalle de lo que pasaba entre los dos. Admito que tener un espectador me puso más burro, debo tener algo de exhibicionista. No sabía si era un pervertido o su chulo o puede que un primo cariñoso.
Me la comía con sabiduría, me acariciaba los huevos, incluso los chupaba, nadie me había hecho eso. No le importaban los pelos. Con la mano no dejaba de tocarme mientras sus labios recorrían el tronco besando o se la metía en la boca, todo lo que su blanca garganta podía admitir. Me chupaba los testículos y llenaba toda la zona de saliva, del pubis al perineo. Un dedo ensalivado jugando con mi ano. Allí fue mi primera corrida pues no paró hasta que se tragó mi semen.
No quiero presumir pero no suelo tardar mucho en recuperarme y menos aún con las expertas caricias de la meretriz. No paró, dispuesta a ganarse el sueldo. Hasta la última peseta, en sus caricias y lamidas. Incluso mientras me la comía acariciaba con un dedo ensalivado mi ano. Él rabo enseguida volvió a dar señales de vida con ese tratamiento, poniéndose duro sin ser interrumpidos. Rompió la envoltura de un condón con los dientes y habilidosame lo puso en un segundo. Si alguien más nos vio pasó de largo.
Después nos tumbamos en la fina hierba en la clásica postura del misionero. Me gustó acostarme sobre ella, sentir su cuerpo delgado bajo el mío. No dejó de comerme la boca de darme su lengua para que jugará con ella. Rodeó mis corvas con sus piernas y sus manos se agarraban a mis nalgas para impedir que me separará de ella. Como si yo quisiera apartarme mi un milímetro. Mi polla fue entrado lentamente en su coño y ¡que coño!. La tenía tan dura que no siquiera hizo falta guiarla con los dedos.
El chaval había quedado a mi espalda y lo perdí de vista un momento. Pero me lo imaginaba con los vaqueros por los tobillos y cascándosela con fuerza mientras disfrutaba de la vista de mi culo entre los femeninos muslos. Pero él se había adelantado a mi imaginación. Se había sacado los pantalones y terminó de desnudarse como si la camiseta y el blanco slip le picara sobre la piel.
Cuando después de dos de sus orgasmos a día de hoy no sé si fingidos, me dijo que diéramos la vuelta para que ella quedara encima. Después de correrme una vez ahora estaba aguantando mucho. Esta vez si que podía verlo pelándosela como un mono.
Aprecié su experiencia, saber hacer y ganas de hacer disfrutar y no solo de hacer dinero. Se movía como una posesa. Cabalgando sobre mi pelvis parecía toda una amazona. Frente a mi tenía sus tetitas que yo no paraba de sobar. Ella misma pasaba una mano hacia atrás acariciando mis huevos y la raja de su culo. Deduciendo que también se estaba acariciando el ano me pareció un buena forma de seguir.
Volvía a ver entre la ramas al chico que se había acercado aún mas. Y para entonces ya iba desnudo del todo. Con su polla apuntando hacia adelante como el bauprés de un velero. Pero aún seguía intentado ocultarse tras una pocas ramas de un arbusto.
Yo no me habia corrido y fui a por su culo, ella no protestó. Se puso a gatas sobre nuestras ropas. Se la metí entera despacio y comencé a moverme, con suavidad. Me decía:
-sigue, sigue-
No se si era cosa del oficio o le estaba gustando. Y se corrió antes que yo, o eso pareció. Aunque no se la saqué hasta que no eyaculé en su interior. Mientras la penetraba sujetándola de las caderas conseguí hacerle un gesto para que viniera mi lado pensando que si se terciaba no me importaria follármelo también o que el lo hiciera conmigo o con la chica mientras yo miraba. Venciendo una timidez casi imaginaria llegó a nuestra vera silencioso.
A mi no me quedaba más dinero en los bolsillos. Si aquella orgia iba a continuar él tendría que poner su parte o la putita fiarnos. A no ser claro que ellos ya se conocieran de antes y toda situación estuviera perpetrada, preparada de antemano.
Al verlo junto a ella no pareció sorprenderse mucho de lo que deduje que ella también se habia dado cuenta de que eramos observados. Cogí una de las manos del chico y la conduje a sus pechos para que la acariciara, no necesitó mas indicación para dedicarse a ella.
Entonces quise chuparle el coñito largas lamidas cubriendo toda la vulva. O jugando con la punta de la lengua en su clítoris. Seguro de que entonces ella tuvo varios orgasmos no podía fingir eso mientras la estaba saboreando.
Colocado entre sus muslos podía ver cómo el joven la besaba en la boca y la acariciaba. Mi propio semen me sabía a gloria mezclado con sus jugos. En algún momento el condón se había roto con tanto meneo. El chico ya habia dejado toda su ropa a un lado bajo un árbol.
Estuvimos un rato descansando, besándonos mientras le acariciábamos las tetas o la masturbábamos lentamente entre los dos metiendo dos dedos en su vagina. Ella me acariciaba todo el cuerpo, al fin y al cabo era yo quien había pagado, prestando mucha atención a mi culito. No a mi pobre picha que habia dejado completamente agotada.
Pasé a besarle y lamerle el culito a ella en un preciso beso negro y él hizo lo mismo con el mio. Así comprobé con sorpresa que al chico no le importaria hacerme el amor, léase follar, a mí solo. No pensaba negarme a sus caricias. Una vez metido en faena eran mejor dos que una sola.
O besaba mi espalda y pecho mientras me paseaba la polla por la piel. O sentía el vello de su pubis y la dureza de glande cosquilleándome las nalgas sin dejar yo de lamer y besar a la chica. Me derretía de gusto entre los dos mientras él me lamía el culo y los huevos o la polla teniéndome a gatas.
Mi pene habia vuelto a reaccionar con ese tratamiento. Jamás creí que podía levantar cabeza tres veces en la mismatarde. Terminamos con un bello sesenta y nueve. Yo volvía a chupar su coñito y a acariciar su culo que mantenia abierto. Para que el chico se lo follara al que yo podía lamer los huevos a la vez. Ella tenía en la boca mi polla dura mientras metía un dedo en mi ano y frotaba sus tetas en mi vientre.
A mi aún me quedaba esperma para correrme entre sus labios, todavía no sé de donde lo saqué. Cuando él tuvo su orgasmo, su semen escurría entre las nalgas de ella llegando a mi golosa boca que se limitaba absorber los jugos de ambos.
Para vestirnos, quisimos hacerlo nosotros a ella. Le pusimos la camiseta sin dejar de tocarle las tetas. El pantalón de deporte sin dejar de meter los dedos en su coñito y ano. Ella me colocó el short con un último meneo a mis cojones.
Entonces saqué la cartera y pagué con largueza los servicios prestados en ese recóndito rincon de la zona campestre. Aún me quedaba algo escondido en un compartimento secreto. Y eso que no pensaba ir de putas. Me fui a casa feliz, contento y desahogado acompañado del muchacho mirón al que pensaba disfrutar a solas y sin tener que pagar por ello.
II.
Volví al bosquecillo de las prostitutas. Esta vez me llamó la atención una bella transexual.
Botas hasta las rodillas de interminable tacón, una cortísima falda de plástico rojo, apenas un cinturón. En medio los muslos mas largos y bonitos que he visto en mi vida. El vientre plano y musculoso bronceado. Los enormes pechos operados apenas cubiertos con un sujetador rojo de encaje que no podía contener tal magnitud.
Los sensualmente gruesos labios maquillados de un rojo sangre, una fina nariz respingona y los ojos negros fuertemente maquillados enmarcado todo por una melena teñida de rubia. Todo perfectamente maquinado para llamar la atención.
Mi mirón particular volvió a aparecer salido de nadie sabe donde. Sin perder detalle de todo lo que iba a ocurrir y esta vez participando en ello desde el principio.
Como la vez anterior, las palabras fueron las justas para negociar el precio y poco más. Desde la primera vez me pillaba con más billetes en la cartera, el porsi. Aceptó sin problema el que fuéramos dos.
El mirón tenía ganas de polla, de una nueva y enseguida arrodillado entre sus botas, empezó a buscar bajo la mínima falda plástica. No tuvo que hurgar mucho. De un mínimo tanga empezó a salir un rabo impresionante. Con los manoseos se puso duro enseguida y bastó para levantar el material.
El chico se dedicó a lamerla con ansia recorriéndola con la lengua mientras yo buscaba la de la transexual con mis labios. Quién de los dos se llevaría ese nabo en el culo primero. Yo magreaba sus enormes tetas operadas. Pellizcaba sus pezones y acallaba sus gemidos, no sé si falsos o verdaderos con mis besos.
Al final nos decidimos por intentar un trenecito. No era fácil y menos en el duro suelo. Coordinar los movimientos mientras yo la follaba a ella y el chico recibía entre sus nalgas el pollón de la chica. Podía lamer su cuello y orejas mientras intentaba no salirme de su ano. Ese culo parecía tallado en piedra.
III.
La siguiente vez con quien primero me encontré fue con mi voyeur. Yo en mi uniforme de guerra y él vestido igual que yo, unos pantalones cortos muy muy pequeños. Ambos nos habíamos hecho visitantes asiduos del bosque.
Esta vez me fui derecho a por él, era su joven cuerpo de diez y ocho años el que quería tener debajo de mí sobre la fina hierba. A pesar de nuestros encuentros anteriores y de habérmelo llevado a casa algunas veces para disfrutar sin prisas de su piel sudada aún no sabia nada de él.
Misterioso, me ocultaba sus secretos dejando que solo la casualidad condicionara nuestros encuentros. Esta vez fue una mirona, una de las prostitutas, la que no se perdió detalle de nuestra actuación sobre la fina hierba de nuestro escondido rincón.
No se unió mientras él y yo follábamos. El chico me cabalgaba apuntando contra mi cara con su polla. Mi rabo bien duro hundido en su estrecho ano. Nos corrimos a la vez, yo dentro de su recto y él sobre mi pecho.
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miércoles, 23 de junio de 2021
En bóxer
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Follando por la mañana.
Has seguido el culo desde la puerta, con los cables y la caja de herramientas colgados del hombro. Lleva un bóxer ajustado de lycra y nada mas. Al principio te ha sorprendido, no es normal que alguien te abra la puerta así. Es su casa y puede ir como quiera, piensas. Pero hace calor, mucho calor, así que es normal, bueno eso puede que no, pero lógico hasta cierto punto.
De hecho tú estas sudando la ropa que llevas. Te estorba, deseas quitártela y quedar como él. Aún más, desnudarte del todo. Dejar que vea tu piel descubierta, que la toque, bese y pase la lengua por tu cuerpo. Ya te estas poniendo cachondo y aún no has empezado a trabajar.
Tocar tú la suya, todo su cuerpo, bajar la poca tela que lo cubre. Descubrir su polla e introducirla en tu boca. Tu lengua paseando por los huevos. La piel tersa suave, depilada que se adivina bajo la ajustada prenda. No dejas de mirarlo de reojo.
No sabes cómo dejárselo claro, cómo pedirle que te arranque la ropa sudada. Al poco de empezar los trabajos le pides permiso para ir al baño, a refrescarte, a enfriar tus ideas revueltas. Puede que a curiosear un poco. No hay por allí productos femeninos, solo los suyos o por lo menos solo de hombre. Que se cuida, hombre atractivo y sexi.
Recordando su culo prieto te estas poniendo aún mas caliente. Te echas agua por el cuello, mojando la camiseta de trabajo, qué mas da. Aflojas un poco el cinturón que te agobia la cintura, casi sin darte cuenta. Se ha fijado en tu camiseta húmeda. Su vista resbala por tu pecho mojado. Te haces ilusiones de que esa mirada ha sido larga, detallada, muy detenida.
Sigues con el trabajo pero no te concentras. Él no tiene prisa por vestirse. De vez en cuando echas un vistazo de reojo a su cuerpo que sentado en un sillón, espatarrado, con un muslo por encima del brazo, marcando paquete. Él está a medias al televisor y a tu ocupación, puede que a tí si tienes suerte.
Ahora tienes que arrastrarte por el suelo a cuatro patas, un cable rebelde que no se deja colocar en su canaleta. El pantalón se te esta bajando pero te da igual que medio culo quede al aire, no te esfuerzas por taparlo, por subirlo. Tu ropa interior ha sido arrastrada por el pantalón y las nalgas están desnudas, la raja sudada, el otro canalillo se ve y eres consciente de ello. Esperas que esté mirándolo. Otra mirada de reojo y lo descubres espiando tu culo.
Le deseas y quieres sus manos sobre tu cuerpo. Te ofrece un refresco. Al ir hacia el frigorífico sus nalgas duras tienen un magnífico balanceo que te hipnotiza. Al volver no puedes evitar mirar su paquete. Te levantas y coges la lata de sus manos, rozándolas y él no rechaza el contacto. Tu camiseta esta tan sudada, mojada y arrugada que le pides permiso para quitártela. Con una sonrisa él te responde que te quites todo lo que quieras.
Tú te habrías desnudado del todo pero solo te quitas eso. Tiras de ella y te secas las axilas con el trapo arrugado en que se ha convertido. También te las has depilado como el pecho y el resto del cuerpo. Te parece que sin vello tu piel se lame mejor. La cintura baja de tus pantalones descubrían tu pubis sin un pelo.
Dejas que él te mire y haces intención de volver al trabajo, para eso debes pasar a su lado, rozándolo y aspirando su aroma. Por fin, te coge de la cintura y te besa en el cuello, ambos os habéis estando señales y él las ha aprovechado primero. Dejas que sus labios recorran tu piel que sus manos te acaricien y lo haces suspirando.
Te aprietas a su cuerpo sintiendo su calor. Tus labios buscan los suyos y su lengua se mete en tu boca jugando con la tuya. Cambias su saliva por la tuya. Intentas recorrer toda su boca, lo más dentro que puedes. Dejas que él acaricié el interior de la tuya. Sacas la lengua cruzándola con la suya fuera de las bocas y dejando que la saliva moje vuestros pechos.
Acaricias su espalda apretándolo contra tu cuerpo febril. Él lame tu cuello y tu mordisqueas el lóbulo de su oreja, lascivo. Mete la lengua en tu oído. Como acabas de beber no piensas que se te vaya a secar la boca y terminar la saliva. Y quieres lamer cada centímetro de su piel, saborear cada poro.
Ha conseguido meter la mano entre vuestros cuerpos pegados y aflojar tus pantalones que caen a tus pies por su propio peso. Tu slip es pequeño y apenas puede tapar la dureza de tu rabo. La dos pollas juntas pétreas, rocosas rozándose separadas apenas por las finas telas de los calzoncillos.
Por fin tus manos pueden tocar su piel bajo el bóxer que tanto te ocultaba, pero ahora su polla dura descubierta está junto a tu vientre. Despacio bajas por su pecho y vientre. Sin separar la lengua de su piel, chupando sus pezones, lamiendo las axilas y el ombligo. Huele a limpio, a recién duchado, no parece que le moleste tu aroma a sudor.
Y por fin te arrodillas a lamerla pasando la lengua húmeda por sus huevos. Mojas su falo de abajo arriba desde los huevos hacia el glande. Te lo metes en la boca intentando no arañarlo con tus dientes. Apretándolo contra el paladar y acariciándolo con la sin hueso.
Con tus manos acaricias la piel de sus fuertes muslos, la cara interna deslizándolas despacio por el perineo entre sus nalgas. Separa sus piernas para dejarte el camino libre hacia el ano. Aprovechas y juegas con su ano, un dedo abriendo el agujerito.
Le oyes gemir por encima de tu cabeza. Sabes que lo estás haciendo bien, que le estás dando placer. No va a tardar en correrse en tu boca. No te lo piensas, sigues hasta que se derrama en tu lengua. Se te ocurre que quieres compartir su sabor. Lo aceptará bien.
Así que te levantas y vuelves a besarlo. No lo has tragado. El semen compartido entre vuestras lenguas, mezclado con vuestras salivas. Se derrama por vuestros pechos. Pero no lo desperdiciais, os agachais a recogerlo con las lenguas aprovechando para lamer más piel y mordisquear pezones.
No os habéis movido del despacho y has conseguido que se corra. Pero deseas más, quieres ese culito, solo has conseguido amasarlo con tus manos y juguetear un momento con tu dedo en su ano. Ahora quieres comerlo, saborearlo.
En el mismo sofá desde donde antes te miraba ahora le pides que se ponga a cuatro patas. El mueble es cómodo, viejo, de un cuero caro agrietado por el tiempo pero a la vez muy sensual donde poner vuestras pieles.
La grupa ofrecída es toda una tentación para ti. Bajando con la lengua pegada a su piel por la línea de la columna. Dejas un suave mordisco en una de sus nalgas antes de separarlas con tus manos. Lo contemplas un momento. Ese oscuro y cerradito oscuro objeto de deseo. Decidido pasas la lengua de arriba abajo por todo el canal. Al principio sin detenerte, pero a la tercera o cuarta vez empieza a parar en el ano. Cada vez mas tiempo clavando la lengua e intentando abrirlo.
Él gime, suspira, te hace saber con sus ruidos guturales que le gusta lo que le haces. No piensas parar. El tiempo se dilata como lo hace su ano. Dejando que un poco más de lengua se deslicé en su interior. Tu polla rocosa desea buscar refugio en esa oscura y caliente cueva que tienes ante la boca. Pero lo haces esperar, quieres que él lo desee tanto como tú.
Te permitirá meter un dedo para seguir dilatando. Para abrirlo más. Tu saliva basta como lubricante y el índice de la otra mano fuerza la entrada. Ya puedes escupir dentro. Lo que antes estaba clausurado ahora ya no se resiste. Tienes que saberlo. Le preguntas si quiere más, si desea tú polla en su interior.
Con todo ese trajín su rabo está volviendo a tomar consistencia. No te privas de acariciarlo. Tocas sus huevos y agachándote un poco más llegas a ordeñar su rabo.
La necesita, ya te dice que lo folles, te lo pide. Se gira lo justo para echar sus babas en tu glande. Ayudando así a la penetración. Y no te haces de rogar más. Te incorporas y diriges tu pétrea herramienta hacia la pequeña diana. Como mantienes el culo bien abierto, bien sujeto con tus manos. Va entrando despacio pero firme solo lubricada con las salivas de ambos.
Ya la tiene toda dentro. Tus huevos han sido frenados por los suyos y tu pubis de apoya en sus nalgas. Es apenas un segundo, para que ambos os acostumbreis. Tú a su estrechez y él a tu grosor. Luego te mueves, despacio para notarlo bien. Tu cadera empieza ese va y viene tan placentero para ambos. La excitación es mucha, no sabes lo que vas a aguantar.
Te agarras a sus caderas para no perder el ritmo. La excitación de ambos os hace acelerar. Vais cambiando la cadencia según lo dicta el deseo. Sabes que él va a manchar el cuero en el que apoya las rodillas. Puede que incluso antes de que tú le llenes el recto con tu lefa.
Ya no queda nada. Entre gemidos ambos os corréis. Tu semen rezuma de su culo y te agachas de nuevo a lamerlo. A recogerlo con la lengua y volver a compartirlo con él. Sabes que van a ser vuestros últimos besos. Quieres que sean especiales. No vas a volver a verlo, a tocar su suave piel. Pero lo habéis disfrutado. Ahora sí que puedes terminar el trabajo más relajado sin pensar en el sexo.
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domingo, 6 de junio de 2021
Sakura, la muñeca
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Las había visto en un documental en la tele y me quedé impresionado de la perfección que habían alcanzado. Ya no eran las muñecas hinchables cutres de sex Shop con la foto de una actriz porno en la caja de cartón, que había hace unos años. Ahora, por lo menos en la pantalla, casi parecían mujeres reales.
Aunque las fabrican en varios países las japonesas son las que más me llamaron la atención. Por supuesto investigué un poco más en Internet viendo fotos y detalles que el documental no había exhibido. Al fin me decidí a hacer el pedido.
Recibí la muñeca a principios del invierno en un enorme cajón de madera. La verdad es que me costó un pastón pero para un solitario como yo, lo pensaba ahorrar en putas. Y tampoco es que ande mal de dinero.
El envío directo desde Japón incluía la muñeca y algunos accesorios, pelucas, lencería y un kit completo de limpieza y cuidado. Siempre he sido hetero pero demasiado tímido poder intentar ligar con mujeres. Hasta entonces mi salida habían sido los prostíbulos y alguna prostituta contratada por teléfono o internet. Y por supuesto muchas pajas.
Aunque no se movía la muñeca realista era una mujer bellísima morena, de rasgos orientales, pechos generosos y amplia cadera, exactamente lo que había pedido. No podía esperar a tumbarla en mi cama y follarla en cualquier postura que se me ocurriera. En todas a ser posible y en esa primera tarde, para qué perder el tiempo.
Ya me encargaría yo de moverla. De subirla sobre mi cadera y agarrado a su cadera voluptuosa hacer que ella me cabalgara. A pesar del material del que estaba hecha su sabor era agradable, no era lamer plástico. Quizá le habían puesto algún aditivo químico. Así podía lamer su piel sin molestias, comerle el chumino perfecto y hacerle besos negros. Es más debido a la flexibilidad de su lengua no sólo podía besarla sino que ella podía lamer mi piel y devolverme esos favores. Yo le follaba la boca y ella me comía el culo.
Pero con ella sobre todo me gustaba el misionero poder besar esa boquita pequeña y jugar con su lengua que era tan flexible como una de verdad. Mientras follaba ese coñito de silicona tan suave y tierno como el de cualquier otra mujer que hubiera probado antes. Claro que para mí era tan mujer como una de carne y hueso y no de silicona. Las posibilidades que me ofrecía eran casi infinitas.
Aunque claro antes de meter mi polla tenía que lubricarlo lo que se convertida en otro juego de preliminares y en realidad como cualquier otra mujer a la que hay que acariciar y excitar para que lubrique antes de follar. Me acostumbré a hablarle, a ponerle un kimono y levantarla para que me acompañara en el desayuno antes de ir a trabajar. Sentada frente a mí con una expresión lasciva en sus labios rojos.
A verla cuando llegaba a casa esperándome con su eterna sonrisa sentada en el sofá con un vestido sexi. Al poco tiempo descubrí que la ropa que me habían enviado se hacia escasa. Quería darle más variedad, vestirla según mi humor, unas veces provocativa y lujuriosa y otras como una chica normal y recatada o incluso como una dama elegante. En la documentación y las instrucciones venían las tallas y medidas desde luego.
Pero eso me suponía un nuevo problema, mi timidez me ponía difícil entrar a una tienda a comprar y encima ropa de mujer cuando incluso me costaba comprar calzoncillos para mí. Pero Sakura se lo merecía todo e hice un esfuerzo. La primera vez en una tienda de cadena donde pude escoger sin que me molestaran, la parte difícil fue ir a la caja a pagar. Intenté hacerme a la idea que era como cuando estaba con una prostituta, solo un intercambio comercial.
La chica que me atendió se quedó mirando las prendas que había elegido, las mas sexys, las mas de putón que había en las perchas. Evidentemente comparando con mi cuerpo y mis tallas extrañada me preguntó:
- ¿Seguro que son de "su" talla?
Luego me confesó que había pensado que eran para mí, que yo era un travesti. Yo no sabia donde meterme. Tartamudeando le dije que estaba seguro, que las tenia apuntadas y que eran para un regalo, que me cobrara. Con mi cabeza gacha apenas pude ver de ella la cadera enfundada en un ajustado vaquero y unos generosos pechos en una camiseta aun mas apretada.
Estaba deseando volver a casa y probárselo todo. Allí descubrí que una de las prendas, un body de encaje, lo mas caro, estaba mal cosido y no se lo podía poner, tuve que ir a devolverlo. Encontré a la misma chica, aunque me costó reconocerla, a la que le expliqué el problema. Pero las mujeres son curiosas o por lo menos esta lo era, no se tranquilizó hasta que no me preguntó para quien era la ropa. Pensando que ella tenía una medidas muy parecidas a las de mi chica le dije que eran para mi mujer y en cierto modo era verdad.
Era la esposa que me esperaba en casa con su propio nombre Sakura, flor de cerezo, que era el que venia en la caja y no quise rebautizarla. Era a quien le hacia el amor, la mujer que me entregaba su cuerpo y todos sus orificios. La primera mujer que me había dado su culo sin tener que pedirlo y sin tener que pagarlo con largueza. No tenia que pedirle nada, claro, me lo daba todo.
Así que cada vez que volvía a la tienda a comprarle ropa me sentía un poco culpable. Como si le pusiera los cuernos cuando hablaba con la dependienta. Siempre la misma chica que empezó a aconsejame, cosa no muy difícil para ella. Lo que le sentaba bien a Sakura le tenia que quedar bien a ella. Tenían un cuerpo muy parecido, voluptuoso y soberbio.
No sabia lo que pensaba de mí pero me trataba muy bien y eso era lo que me importaba. Lo que me llevaba a pensar que le ponía los cuernos a la chica que me esperaba en casa. Para el comienzo del verano y del calor tenia con ella mas confianza que con ninguna otra mujer viva. Y ella seguía teniendo curiosidad por mí y por mi misteriosa mujer a lo que yo procuraba vestir como a la ramera de Babilonia.
Intentaba escaquearme diciendo que solo eran prendas para jugar en la cama y para fortalecer nuestra relación. Pero llegó un momento en que me apetecía vérselas puestas a ella. Verlas sobre carne viva y que fuera ella quien se las pusiera y quitara frente a mí. Por fin tuve que confesarlo todo. Me di cuenta que lo peor que podía pasar si se escandalizaba es que tendría que ir a otro sitio a comprar la ropa. Al fin y al cabo Sakura seguiría en casa, ella no se escandaliza.
Pero Susana se lo tomó bien, en realidad le entró mas curiosidad de la que ya tenia por mi misteriosa mujer. Una mujer completa de silicona y no como otras que solo tienen gran parte de sus cuerpos. Visto lo cual la invité a cenar ese sábado a casa, creo que fue mi amante oriental la que me dio el valor para pedirlo. Y desplegar mis mejores aptitudes culinarias.
Decidí que un vaquero y una camisa estarían bien para mí pero Sakura tenia que estar deslumbrante. La mejor lencería que le había comprado incluido el ligero y las medias. Un ajustado vestido de seda negro estampado en dragones orientales rojos tan pegado al pecho que sus pezones amenazaban con rasgar la tela con una raja en la falda estrecha que permitía ver la liga de la media y la piel de mas arriba del muslo hasta casi el encaje del tanga.
Sakura, paciente como siempre, esperaba sentada cómodamente en el sofá. Susana en cambio se presentó completamente occidental y muy sensual con una minifalda asustada que apenas tapaba su culo. Y de la salían sus torneados muslos. Un ancho cinturón y una suelta camiseta de tirantes que descubría su vientre y liberaba sus grandes pechos sin sujetador.
Tras las presentaciones parecía fascinada por la muñeca. Me miró como pidiendo permiso para comprobar su realidad y asentí con la cabeza. Ni en mis mas locos sueños habría imaginado la escena lésbica que sensualmente empezó a desarrollarse ante mí.
- Es maravillosa. Tan perfecta.
Susana acariciaba a Sakura con lascivia comprobando la suavidad de la silicona, la firmeza de sus pechos, la textura de los cabellos. Haciéndose lamer dos dedos antes de llevarlos al coñito de la oriental separando el encaje del tanga.
Comprobando la fidelidad anatómica de la réplica. Moviendo los brazos articulados para que Sakura le acariciara a ella sus grandes tetas con las manitas perfectas. Besando la boca y jugando con la lengua de silicona con la misma curiosidad que tuve yo el primer día. Yo pensando que la siguiente vez que besara a la muñeca allí estaría la saliva de la mujer.
De vez en cuando me miraba a mi y a mi durísima polla encerrada en el vaquero. Pero yo no quería decir ni pio para no estropear el magnífico momento. Olvidamos la cena sobre la mesa.
Luego ella me pidió que la ayudara a llevarla al dormitorio donde tantas noches solitarias Sakura me había acompañado y que las dejara solas un momento. Susana conocida mis gustos y al rato me llamó.
Cuando entré ambas estaban tumbadas en la cama únicamente vestidas con dos bodys idénticos, de encaje muy trasparente. Sus cuerpos voluptuosos hacían que las prendas y sus escotes las hicieran maravillosas. Las medidas y las sandalias de tacón iguales una de blanco y otra de rojo.
-¿Te gusta el regalo?
Susana me dijo que eran regalos para Sakura y para mi y me invito con un gesto a acompañarlas en la gran cama mientras me recibía con un húmedo y lascivo beso en la boca y sus manos desnudaban mi cuerpo. Con la práctica de ayudar a sus clientas me dejó en pelota picada en menos tiempo del que se tarda en decirlo.
Susana levantó y separó las piernas poniendo un muslo sobre las piernas de Sakura. El otro pie me lo acercó a la boca y yo lo besé. Chupé sus deditos como había hecho otras veces con los de la muñeca. Estos se movían contra mi lengua juguetones, suponía que sintiendo cosquillas. Empezaba a admitir que una amante que se moviera tenía sus ventajas. El olor de su coño me llegaba hasta la nariz mientras besaba su pie. Me excitaba más.
- ¿Se le puede chupar?
- Ya has probado sus labios y su lengua. Esta hecha para ello y todo tiene un sabor muy parecido.
Me sacó el pie de la boca para girarse y apartar el body del coñito de Sakura. Colocada entre los muslos de silicona empezó a comerle el xoxito como lo habría hecho con una mujer de verdad.
-¿Sabes? es mi primera mujer. Tenía ganas de probar con otra chica, pero nunca me había atrevido a intentarlo. Sakura y tú me estáis ofreciendo una oportunidad que deseaba hace tiempo.
Susana en algún aspecto se parecía a mi, tímida en algunas ocasiones. Supongo que vender lencería y ropa sexi a mujeres durante todo el día había levantado estos deseos. Ver cómo les quedaba esa rosa sobre sus cuerpos. Pero con Sakura estaba perdiendo esa timidez rápidamente dejándose llevar y haciendo lo que deseaba hacerle a otra mujer.
- ¡Vamos! fóllame!.
Mientras lamía el coño de la muñeca se puso a cuatro patas ofreciéndome a mi su preciosa grupa. Cuando la penetré solo apartando el tanga de la prenda de su muy húmedo coñito Sakura nos miraba con su eterna sonrisa sobre nosotros. Incluso Susana puso las manos de la muñeca sobre su espalda donde yo las alcanzaba y las usaba para acariciar su piel. Susana puso una de las suyas en mi culo para que me animara mientras la follaba. Para que lo hiciera más deprisa.
Los dos gemíamos, Sakura guardaba silencio.
- ¡Me corro!.
- ¡Y yo!. Tomo precauciones, dámelo.
Me había acostumbrado a lamer el coñito de Sakura después de llenárselo con mi semen para empezar a limpiarlo. Así que por que se lo iba a hacer a Susana. No me importaba saborear mi lefa y descubrí que mezclada con los jugos del orgasmo de ella estaba aún mejor. Además volvió a correrse al notar mi lengua lamiendo su ano y su xoxito.
Nos dejamos caer uno a cada lado de Sakura y mientras recuperábamos el resuello la acariciábamos a ella y lo hacíamos entre nosotros probando texturas y pieles. A veces nuestras manos coincidían sobre uno de sus pechos o en su coñito y entonces cruzábamos los dedos. Otras eran nuestras bocas las que se aproximaban mientras besábamos a la oriental y entonces lo que cruzábamos eran las lenguas cambiando saliva.
Susana quería ver cómo follaba Sakura y gracias a sus caricias pronto estuve en condiciones de hacerlo. Como no quería dejarla de simple espectadora subí a la muñeca sobre mi cadera para que me cabalgara. Le clavé la polla en su coñito y yo podía moverla con mis manos. Susana subió sobre mi cara donde podía usar mi lengua para darle placer en su xoxito y su culo lamiéndola.
Como yo tenía las manos ocupadas moviendo a Sakura era Susana la que tenía que abrir sus nalgas si quería mi lengua allí. Mover la cadera para poner su vulva sobre mi boca si deseaba eso. Acariciar los pechos de la réplica o besar su boquita de labios modelados perfectos. Apoyar la cabeza en su hombro y besar su cuello.
Al rato me pidió cambiar y poner a la muñeca a cuatro patas para ver como le follaba el culo. Lo hicimos entre los dos y ella misma hizo de mamporrera llevando mi polla entre las nalgas de silicona. Acariciaba mis huevos mientras me movía. No perdía detalle mirando desde bien cerca y a veces pasando su lengua por mi vientre, o el culo de Sakura para provocarme.
Todo tiene un final y terminé llenando ese culo con mi leche. Susana lo lamió recogiendo lo que rezumaba. Verlo estaba manteniendo mi excitación a niveles estratosféricos. Ver cómo la chica real le hacia un beso negro a la muñeca recogiendo mi semen de allí.
Después de una sesión de sexo así hacia que limpiar bien a Sakura para que nada e estropeara sentí de ella. En realidad los tres necesitábamos una buena ducha. Sudados y con semen, saliva y jugos por todas partes.
Susana y yo nos duchamos juntos renovando caricias y luego ella me ayudó con Sakura convirtiéndolo en un nuevo juego.
Yo no sabia en que quedaría todo aquello, no si Susana no se arrepentiría de todo al día siguiente y no la volvería a ver. Bueno no se ha venido a vivir con nosotros pero cada vez que le apetece un trío con un hombre y una "mujer" me llama y repetimos. Además he conseguido una buena rebaja en toda la ropa que le compro a Sakura desde entonces.
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sábado, 5 de junio de 2021
Nyotamori rural, comiendo conejo
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Comiendo conejo
Mi primo me invito a comer, un sábado, en pleno verano y con el calor que hacía el plato principal asombraba un poco. Guiso de conejo, un animal recién traído del pueblo de los abuelos. Criado en casa sin piensos artificiales. Aún no se si se trataba de una indirecta o simple casualidad. Y yo con una ensalada y su trabajado cuerpo me hubiera conformado.
Siempre nos habíamos llevado bien pero nunca tuvimos nada juntos. De chicos por que no nos habían dejado solos el tiempo suficiente para que los juegos subieran de nivel. Y de mas mayores por que nunca coincidimos sin pareja.
Cuando yo estaba disponible él tenia novia o novio, que tampoco le hacia ascos a una buena polla. En sus épocas de soltería era yo la que estaba liada con alguien, chico o chica. Yo también soy de gustos amplios. Y esas casualidades me jodian. Por que la verdad excepto en su etapa de niño pijo repelente en la que no había quien lo aguantara, el resto del tiempo estaba más que bien, con un cuerpo muy apetecible y un carácter dulce y cariñoso.
Ese sábado estaba como para comérselo, con un vaquero todo roto enseñando unas pantorrillas y unos muslos que parecían esculpidos por un artista griego y una camiseta ajustada a su torso de nadador. Incluso su piso de soltero parecía limpio y ordenado para mi asombro. Al abrirme la puerta el olor de la cazuela ya abría el apetito.
Yo vestía o más bien lucía mi cuerpo con una leve minifalda con el vuelo suficiente como para poder enseñar el culo si me giraba con la suficiente rapidez. Y un top con espalda desnuda que dejaba botar mis tetas libres de sujetador y marcaba mis pezones en la suave tela. No es que quisiera provocado adrede, es que iba a ponerlo cachondo.
Al verme en su puerta con esa indumentaria se quedó ojiplático. Pero no estuvo mucho tiempo paralizado. Como esperaba me cogió de la cintura y me plantó dos besos en las mejillas, muy cerca de los labios. Aproveché para pegarme a su cuerpo. No me colgué en ese momento de su cuello y le di mi lengua por que quería disfrutar la espera.
- Huele muy rico primo.
- Tu también. Llevas un perfume estupendo.
- No llevo, es solo la ducha y el olor de mi piel.
- Pues huele que alimenta.
Me dijo con su carita de no haber roto un plato en su vida. Y a la vez su sonrisa era lasciva e incitante. Entré por fin a su piso encaminando hacia la cocina meneando la cadera. Sabía donde estaba mirando y se lo permití. Levanté la tapa de la cazuela y el vapor que salió empañó mis gafas. Pero estaba deseando sentarme a la mesa, y luego pasar al postre, lo que tenía mi primo entre las piernas.
Paciencia, por supuesto, antes de sentarnos me ofreció un aperitivo. El pacharán también venía de casa del abuelo hecho con bayas recogidas por ellos. Hasta las aceitunas venían de su olivo.
-¡Menudo banquete! ¿Todo es del pueblo?
- Hasta el anfitrión viene de allí, prima, y la invitada.
Sentados en su sofá, sin prisa, saboreando las copas. Nos mirábamos a los ojos con sonrisas cómplices. Pero también mirábamos más abajo. Yo me deleitaba viendo sus músculos en la ajustada camiseta y su torso poderoso. Sus ojos azules recorrían mi cuerpo con una expresión lasciva.
El mueble es tan bajo que mi faldita, aunque me había sentado sobre ella, había trepado por mis muslos descubriendo más carne. Incluso con las rodillas juntas sabía que él no se había perdido un detalle.
Por fin pude sentarme a la mesa que hasta lucía un mantel blanco de tela. Si me lo dicen no me lo creo. Esta vez eché la tela hacia atrás sentándome directamente sobre la silla. Mi primito venía de la cocina con algo en las manos. Al ver mis piernas así dio un traspiés que casi me tira la fuente de la ensalada encima.
El tablero de la mesa es de madera sólida sino hubiera podido ver como, nerviosa y excitada, no hacia más que frotar mis muslos uno contra otro. Apartaba y juntaba las rodillas como una colegiala ante su primer novio.
El tinto de la tierra estaba estupendo.
-¿Quieres emborracharme?
- Espero que no haga falta.
- ¿Falta para qué?
- Para el resto de la tarde.
Creo que me sirvió las tajadas con más huesos del plato. Así que no tuve más remedio que empezar a comer con los dedos. A los cinco minutos estaba con los dedos pringados de grasa. Como ya habéis deducido soy algo paleta. Pero me encanta, para limpiarme los dedos para qué usar la servilleta. Me los chupaba con la expresión más lasciva que podía poner. Haciendo morritos cada vez que me metía uno en la boca y no era yo la que pensaba en hacerlo como si fuera una polla. Bueno si era yo.
Nos mirábamos a los ojos con las manos pringadas de salsa. En algún momento uno de los dos tenía que dejarse de tonterías e ir al grano. Aún esperaba que fuera él hasta que se me hincharon los ovarios. Mientras los huesecillos se amontonaban en el borde del plato. Fui yo la que cogí su mano y me puse a chupar sus dedos en vez de los míos. Como él me correspondió un segundo más tarde lamiendo mi pulgar e índice deduje que ambos lo deseábamos.
Solo pensaba en que me arrancara el tanga y me comiera el chumino con los labios llenos de grasa. Pero empezar por los dedos había demostrado ser algo interesante. Me estaba poniendo muy cachonda. Y más cuando subió pasando la lengua por la muñeca. En ese momento me olvidé del conejo y pasé a pensar en el postre, él. Y eso que a un lado había dejado una enorme tarta de crema y chocolate. No hará falta decir que además soy muy golosa.
Me aparté de la mesa para dejarle sitio para maniobrar. Lo que permitió que se acercara. Siguió lamiendo todo el brazo hasta levantarlo y pasar su lengua juguetona por la axila. Sólo tenía que soltar un nudo en mi nuca para que el top cayera hasta mi cintura y desnudara mis pechos. Así podía seguir usando su lengua por toda mi piel.
- ¡Prima que tetas más bonitas! Sabía que estaban bien, pero al natural son preciosas. ¿Me dejas comerlas?.
- Gracias primo, para echarte un piropo así tendría que ver más de ti. Puedes comer lo que quieras, ya que me has invitado tú.
Le dije sonriendo. Y cogiendo su camiseta, tirando de ella para desnudar su torso. Desde luego que ya lo había visto antes sin camiseta pero seguía impresionandome. El trabajo le estaba dejando unos músculos con una pinta deliciosa, estaba deseando lamerlos. Probar y mordisquear esos pezones con pinta de durísimos.
Creo que iba a necesitar ropa limpia para salir de allí. Tiré su camiseta y el top al sofá antes de besarlo. Su lengua se enroscaba con la mía. Aún teníamos el sabor de la comida en la boca. Y aún estábamos al lado de la mesa. Lo que él aprovechó para cogerme en sus fuertes brazos y tumbarme en el tablero con mis piernas colgando.
Enseguida noté como sus manos se deslizaban por mis muslos arriba para librarme del tanga. A un lado tenía la tarta y al otro los restos del plato principal. Y justo entre mis muslos su cabeza bajaba despacio hacia mi xoxito. Con su sonrisa lasciva me dijo:
- Este es el conejo que estaba deseando comer desde hace mucho tiempo. Voy a disfrutar este manjar.
-Todo tuyo primo. Mi conejito está deseando que le den mimitos. ¿Como lo prefieres? ¿Dulce o salado?
Con los dedos recogí parte de la cobertura de chocolate de la tarta y me la puse sobre los labios de la vulva. Si el tema iba a ser sexo gastronómico yo pensaba colaborar. La crema me la puse sobre los pezones y una guinda en el ombligo para que siguiera saboreando mi cuerpo. Además de todo un reguero de dulce por donde deseaba su lengua en mi piel.
Su primer lengüetazo fue directo a por mi clítoris y me estremecí al notarlo. Separé aún más los muslos dejando sitio para que pusiera esa lengua que tanto había deseado donde él quisiera. El frío del chocolate, el calor de su lengua en mis labios y mis jugos fluyendo como de una fuente, todo hizo que me corriera en cuestión de segundos.
Tiró de la falda para dejarme completamente desnuda sobre su mesa. De invitada había pasado a ser el postre o el plato principal. Su lengua, sus labios, sus dedos los notaba por todo mi cuerpo y lo estaba disfrutando. Solo paró un momento para quitarse los vaqueros y resultó que bajó ellos sólo tenía su polla bien dura. Sin ropa interior. Me la acercó a la cara desde el otro lado de la mesa. Ahora fui yo la que se la embadurné de tarta para no quedarme sin postre y que fuera más sabrosa de lo que ya se veía.
Empecé a pasar la lengua desde los huevos que depilados, suaves y endulzar me metí en la boca para chuparlos. Lamí y besé el tronco subiendo sin prisa hacia el glande. Cuando lo tuve en la boca sujeté su cadera para que no me llegara al esófago. No por que el no fuera cariñoso y delicado, sino por que en el calor del momento la situación podía írsele de las manos... o más bien del rabo.
Incluso subió una rodilla a la mesa al lado de mi cabeza para dejarme acceso libre a su prieto culo. Mientras le mamaba la polla pude deslizar un dedo en su ano. Mojado en la salsa del conejo como lubricante pude metérselo hasta la segunda falange.
- ¿Primo te quieres correr en mi boquita?
- Me quiero correr en todas partes prima, pero como no me falta nada empezaremos por tus dulces labios.
Efectivamente un segundo después noté su leche en mi lengua y el paladar por la postura. Volví a pillar de la tarta para que me besara y darle en la boca la mezcla de todos los sabores. Por una de mis amigas que se lo había follado sabía que no se iba a negar. No me hizo falta llamarlo, él mismo se inclinó a meter su lengua en mi boca y jugando con la mía compartir. Creo que, al final, él se llevó la mayor parte sin una protesta al probar su semen.
A pesar de todas las guarradas que llevábamos aún quedaba tarta y yo no me iba a perder la oportunidad de ponérsela encima. Con el calor que hacía y el que llevábamos nosotros ni el suelo de la cocina de gres estaba frío.
- ¡Al suelo primo!
- ¡que me vas a hacer?
- Ya lo verás y sentirás.
Tumbado boca arriba en las baldosas dejó que le pusiera lo que quedaba del postre por las zonas que yo quería lamer, en realidad todo su cuerpo. Aún quedaba para ponerme yo algo más por las tetas. Pero empecé por sus pies, chuparlos con lascivia dedo a dedo. Subir por el empeine por sus duras pantorrillas, por esas ejercitadas piernas que siempre me habían gustado. Con ese tratamiento su polla volvía a ponerse dura a pasos agigantados.
Levantarlas hasta su pecho para dejarme el durísimo culo a mi merced. Lo pringué bien de crema para quitar el sabor de la salsa, pues ya sabía que él lo tenía escrupulosamente limpio. Cuando notó la punta de mi lengua en su ano gemía como una putita. Y yo tenía justo delante de los ojos su orgulloso nabo apuntando al techo.
Tampoco me privé de untarlo de comida y volver a lamerlo, pero no mucho, pues lo quería en más sitios. Lo bajé al suelo para seguir lamiendo su vientre y pecho. Mordisquear sus pezones duros y oscuros mientras el seguía deleitando mis oídos con sus gemidos y suspiros. Con un nuevo beso lascivo y guarro me incorporé para sentarme sobre su cara y notar de nuevo su lengua en mi coño y además en mi culo.
Yo también había tenido la precaución de ir bien limpita por dentro y por fuera. En cuanto noté la lengua en el ano la que gemía era yo. Una vez bien dilatada y con lo excitada que estaba no fue mucho tiempo ni muchos de sus dedos. Me fui moviendo hasta poner mi cadera sobre la suya y poner su glande en mi ano. Con los orgasmos que llevaba esa tarde quería su polla por detrás.
Me la fui clavando, bajando el culo y sintiendo como él me acariciaba el clítoris con suavidad. Cuando apoyé las nalgas en sus duros muslos los dos soltamos a la vez un gemido de placer. Se incorporó lo suficiente como para besar mis pezones y yo empecé a moverme con suavidad arriba y abajo. Apoyada en su torso me movía despacio notando cada penetración.
Ya no paré hasta que se corrió y me llenó el culo de lefa. Aún tenía fuerza suficiente para volver a ponérselo sobre la cara y recibir allí sus caricias con la lengua hasta lograr un último orgasmo. Conociéndolo no iba a ser el último.
Sudados, y pringados de comida, semen y mis jugos por todas partes. Me levanté, metí las ropas de ambos en la lavadora que no tenía muy lejos. Tiré de su mano para llevarlo a la ducha donde nos enjabonamos el uno al otro hasta dejarnos brillantes de lo que nos frotamos el uno al otro. Luego a su cama a dormir una merecida siesta abrazados. Y mientras se secaba mi ropa tras sacarla de la lavadora, volvimos a follar antes de volverme a mi casa.
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domingo, 16 de mayo de 2021
El ascensor
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Por fin sucedió, subía en el ascensor con la mujer mas bonita de la casa. Hoy en día sería una milf, exceptuando que no tenía hijos. Sin poder apartar la vista de su poderosa delantera, descubierta por un escote enorme, pensaba:
-"¡Cómo está!" lo que daría por follármela, me encantaría que me invitara a su casa. Cualquiera se atreve a insinuar algo.-
Ella parece que leia mis pensamientos, supongo que por la cara que estaba poniendo, por su amplia experiencia o por el sitio a donde yo dirigía la mirada.
-Cierra la boca o se te va caer la baba.
Y acercándose un poco me besó suave en los labios y me sujetó el culo como si fuera a perderlo. Cuando llegamos a su planta me dijo que la siguiera y lo hice como un perrito.
Es muy bonita, morena, de ojos azules, sus tetas grandes redondas resaltaban en su jersey fino con escote en uve y apretado, solo las tiras del sujetador disimulaban un poco la perfección de su cuerpo. Las caderas anchas marcadas en los ajustados vaqueros y un par de botas altas. Realmente no aparentaba los mas de cuarenta años que tenía.
Yo tenía unos vaqueros y una camisa abierta mostrando algo de mi pecho musculoso. No estaba mal del todo, en vez de estudiar me dedicaba a jugar a cualquier deporte que se me ocurriera. La moqueta de su salón era muy mullida y había un sofá sin respaldo allí en medio, una chaise long. Se descalzó y me indicó que hiciera lo mismo. Lo hice y me senté a su lado en el diván que era muy ancho.
-¿Sabes que soy prostituta? ¿verdad? y tú ¿eres virgen? ¿verdad?.
Lo sabía, ella era la comidilla del edificio. Y la cotilla de mi madre no se privaba de criticarla. Yo con cara de tonto me limité a asentir.
-Me hace ilusión ayudarte un poco con este tema. y creo que a ti, por la cara que estás poniendo, te gustaría que fuera yo tu primera chica. ¿verdad? Espero enseñarte algunas cosas, como tratar a una chica con dulzura.
Volví a asentir con la cabeza, y mi expresión debía ser la de un palurdo salido, ella debía pensar que yo era tonto integral.
- Sácate la camiseta.
Me la arranqué como si me quemará sobre mi pecho. Se inclinó sobre mí y empezó a lamer mis pezones que estaban como guijarros de río. Yo gemía dejándola hacer. Estaba como paralizado pero era por el placer que sentía.
Ella, como sin querer, puso una mano sobre mi rodilla y la otra en mi espalda. Después me beso en la boca y metió la lengua en la mía. Paseándola por mis dientes y cruzándola con mi lengua acariciándose entre ellas. Al principio me dejaba hacer sin saber muy bien cómo actuar, pero enseguida reaccioné y empecé a jugar con la sin hueso por toda su boca.
Impaciente, puse la mano en su pubis desabrochando sus vaqueros. La inexperiencia se me notaba a la legua. Me agarró la mano para que la acariciara suave, solo con un dedo en los labios de la vulva por encima de sus bragas humedecidas. Me decía:
-Suave cariño, no tengas prisa.
Subió la mano de la rodilla a la cintura y desabrochó mis pantalones. Yo también subí mis manos por debajo y por dentro de su jersey para sacárselo. Cuando llegué a sus pechos no pude mas que acariciarlos y amasarlos por encima del fino sujetador. Conseguí deslizar la mano dentro de la tela y cogerle un pezón. Acariciarla suavemente alrededor.
Separamos el beso lo suficiente como para sacarla el jersey. Me agaché y apartando la tela del sujetador le mamé, le lamí los enormes pezones. Siempre quise mamar de una teta, así que lo hice sorbiendo y clavando suave los dientes. Ella se reia y decía:
-Que bien mama mi niño.
Manoseado a su espalda intentando abrir el sujetador. Se me notaba la inexperiencia. tras un rato de intentarlo ella se cansó. Se sacó los tirantes de los hombros e hizo girar la prenda alrededor de su pecho. Así era mucho más fácil. Al soltar el broche sus impresionantes tetas quedaron a mi vista y al alcance de mis manos. Y volví a posar mis labios y lengua en ellas. Me dejó todo lo que quise hasta hartarme, bueno no, nunca me hartaría de unos pechos así.
Me sacó la camiseta y nos levantamos. Le bajé los vaqueros, me arrodillé y se los saqué del todo adorándola a sus pies. Separó los muslos y por fin pude contemplar la maravilla de su vulva. Aún cubierta por una mínimas braguitas mojadas y trasparentes en esa zona. Ella misma se las quitó y dejó que la contemplara a gusto.
Pude acariciarla y descubrir lo que para mí eran un montón de secretos. Toda la anatomía femenina que para mí era un misterio hasta entonces. Empezar a usar la lengua sobre esa maravilla. También le chupé, lamí los labios y se la metí lo mas posible hasta que tuvo un orgasmo, noté sus jugos, su sabor intenso bajando por mi lengua. A pesar de no saber lo que estaba haciendo, mi curiosidad me hacía métela por todas partes dándole gusto.
Me levanté y volvió a besarme sin importarle su sabor en mi boca. Cambiando lengua y saliva. Ella me bajó los pantalones y el slip y me hizo sentar al borde del diván, apoyando solo las nalgas. Fue ella la que se arrodilló. Empezó lamiendo mis huevos, chupándolos como golosinas.
Subiendo la lengua por el tronco y se metió mi polla en la boca. Me hizo tumbar del todo en el diván y levantar las piernas. Cuando empezó a pasar la lengua y un dedo ensalivado por el ano ya fue la locura. Haciéndome sentir lo que mis diez y ocho años de pajas nunca había sentido.
Continuó lamiendo a lo largo del pene, introduciéndose mis testículos en la boca o masticando mi glande. Siguió hasta que se tragó mi semen y volvió a besarme. Fui yo el que sentí mi sabor de sus labios y lengua. Me tumbé en el sofá y a la edad que tenía entonces me recuperaba pronto. Por supuesto ayudaron sus caricias y sus besos.
No me dejó de sobar por todo el cuerpo de los pies a la cara sin parar. Cuando que darme cuenta tenía puesto un condón que me había calzado con la boca. Nunca he llegado a saber como lo hizo, pero quería protegerme. Era evidente que ella no tenía miedo de que yo le pegara algo sino al revés.
Sin pensárselo dos veces se subió a horcajadas sobre mí y se fue clavando mi rabo despacio. Allí estaba bien apretado. Se irguió y comenzó a moverse. Todavía era mucho mejor que cuando me la comió. Solo pude poner mis manos en sus melones y acariciarlos. Su vagina apretaba mi pene como una prensa hidráulica, concentradas todas las sensaciones allí.
Yo le acariciaba de la cara a los hombros, los pechos, el vientre y el clítoris cuando podía alcanzarlo o sujetaba sus nalgas duras y grandes. Tenía una piel suave, esta vez medio tiempo a acariciarla todo lo que quise pues aguanté bastante mas.
Se bajó de encima y me impidió moverme. Empezó a tocarme y besarme, a lamer todo el cuerpo, la cara el pecho, bajando por el estómago y la polla húmeda de nuestras corridas y los muslos hasta los pies y el dedo gordo que se lo metió en la boca.
Me hizo dar la vuelta y continuó chupando y acariciando mi piel. Prestando especial atención al culo, lo abrió con las manos para lamerlo clavando la lengua en el ano. Hasta metió un dedo y lo movió sin dejar de lamer. Descubrí que me encanta el beso negro, y que jueguen con mi culo a su gusto.
Me pidió que se lo hiciera yo y con mi curiosidad hizo que me entretuviera en todo su cuerpo usando dedos, y lengua. Lamí cada uno de los deditos de sus pies y me gustó. Subí por la piel suave de sus pantorrillas hasta los torneados muslos, por la cara interna pero no sin lamer sus rodillas y las corvas.
Paré poco en su chochito pero aún así le di una cuantas lamidas. Su vientre plano y el ombligo me parecieron deliciosos y volver a disponer de sus tetazas me tenía alucinado. Incluso su cuello y la nuca cuando se giró para que pudiera besar su espalda. Y comerme su culo, hacerle a ella el beso negro y clavar la lengua en su ano. Nunca pensé que una mujer me dejara disfrutar así de su trasero.
Volví a su pubis. Arrodillado en el suelo y con sus muslos apretándome la cabeza lamí su coño con todas las ganas, estirando los brazos hasta sus tetas. Luego levantó las piernas hasta su pecho. Tras lamerle bien el culo, el ano, durante un rato. Nunca pensé que se me pusiera dura para un tercer asalto. Pero supongo que ese rato recorriendo su cuerpo me dio la excitación y fuerza para que se levantase otra vez.
Mi juventud y su experiencia estaban consiguiendo que la tarde empezara a quedarse corta. Eran horas y seguíamos teniendo ganas el uno del otro. Yo estaba recuperado y ella que lo vió, me dijo:
-¿A que esperas? Follame el culo.
Muy despacio explorando esa nueva posibilidad, haciéndolo, como mejor supe, la fui penetrando. Sujetando su cadera, su hombro. Ella me guiaba y aconsejaba como toda la tarde. Me indicaba cómo le gustaba y que acariciara su clítoris a la vez. Eyaculé dentro de ella.
Se la saqué de entre las nalgas y me fui al baño a lavarme. Como ella me indicó. Me esperó descansando, me tumbe a su lado. Creí que no se me levantaría ni con una grua, aunque eso no importaba en ese momento, nos acariciábamos con ternura.
Me preguntó si quería seguir y me propuso un masaje con todo el cuerpo. Embadurnados los dos bien de aceite de almendras nuestras pieles resbalaban la una sobre la otra. Ella encima o yo sobre el cuero de diván. Sus pechos grandes por todo mi cuerpo. Su culo sobre mi piel.
Ella me ponía a mil ya antes de esa tarde así que después de todo lo que estábamos haciendo mi excitación estaba por la nubes. La polla al principio flácida se fue poniendo morcillona, dura poco a poco, bien remojada en el aceite terminé con la espalda en el cuero y ella encima mirando hacia mis pies.
Viendo que me había recuperado empezó a comérmela con furia. Yo evidente hice lo mismo con su coño y su culo todos los fluidos de esa tarde. Nuestro sudor, mi semen los jugos de su coño el aceite, nada me importaba. Me sabía a gloria hasta el ano. Ella tampoco dejaba de comerme los huevos y de meter un dedo en mi ano.
Supongo que tardé en correrme una barbaridad y apenas saldría nada. Pero no importaba nada, era solo la sensación lo relevante.
Cuando me di cuenta de la hora, el sol bajando en la ventana. Me tuve que vestir a toda prisa y ponerle una excusa a mis padres. Pero estaba deseando volver a ver a la vecina.
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