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miércoles, 1 de septiembre de 2021

Hada con su doctora

. La facultad de medicina y las prácticas de MIR habían abierto mi mente y mi actitud. Algo que mi educación en un colegio de monjas había iniciado, no por las hermanas, claro, sino por mis pervertidas compañeras. Pero estos años universitarios con médicos y enfermeras siempre dispuestos a pasar un buen rato consiguieron ampliar mucho más mis horizontes. Han pasado unos años desde entonces pero esa actitud liberal no la he perdido nunca, más bien he tratado de cultivarla cada vez que tenía oportunidad con algún buen ejemplar. A veces si era posible con dos o más a la vez. Ahora estoy de médico de familia en un centro de salud de barrio. No ofrece tantas posibilidades pero nunca he dejado de prestar atención a las opciones que se abrían ante mí. Así han caído compañeros y compañeras, más de un paciente o familiar de buen ver e incluso uno de los camareros del bar al que voy a tomar café en los descansos, un jovencito encantador y muy complaciente. Una calurosa tarde de verano una choni entra en mi consulta. Era la última paciente del día y un bonito espectáculo por si misma. Delgadita y provocativa, minifalda vaquera muy corta, top luciendo unas tetitas pequeñas pero bonitas y que desnudaba su torneada espalda. Unas inverosímiles sandalias de plataforma elevaban ese bonito cuerpo a casi diez centímetros del suelo. Al verlas lo primero que pensé es que venía por un esguince en el tobillo. Nunca la había visto por el consultorio, me habría fijado en ese ejemplar. Acababan de pasarmela de otro médico ciertamente con más escrúpulos que yo y que no quería atenderla. Deslicé la vista desde las pintadas uñas de los pies a la lisa y preciosa melena rubia teñida y muy cuidada, recreándome en su exótica y salvaje belleza. De inmediato me di cuenta de lo que ocurría, las palabras escaparon de mí boca con una incontinencia verbal que no suele caracterizarme. - pero ¡alma cándida! ¿a que edad empezaste a tomar hormonas?. La nena tuvo el detalle de ruborizarse y a punto estuvo de salir corriendo por la misma puerta que acababa de cruzar. Desde luego que se lo impedí y avergonzada por mí actitud le pedí de inmediato disculpas por mi torpeza. - Perdóname pero me has pillado de sorpresa. Nunca se me ocurriría tratarte así. Pasa y cierra. Así estaremos más tranquilas y me cuentas lo que te preocupa. Tenía que hacerle un chequeo completo para comprobar que la alteración hormonal no había causado algún problema. Ahora que aún estábamos a tiempo de tratarlo si existiera. - Desnúdate y tiendete en la camilla, tenemos que comprobar que estés bien y ajustar el tratamiento si lo necesitaras. Para tranquilizarla mientras se libraba de su escaso atuendo y sin que yo me perdiera ni un detalle de tan bonito striptease le fui preguntando por lo que había tomado y por cómo se encontraba. Aparte del problema puntual por el que había venido ese día, una tontería de adolescente. Parecía encontrarse bien, francamente bien a primera vista. Tenía, tiene, un cuerpo precioso, delgado bien moldeado, en el que empezaban a despuntar dos pechitos que prometían llegar a ser dos hermosas tetas. La cadera se le había redondeado que le había dejado un culito respingón y firme. Tenía pinta de hacer ejercicio además del tratamiento que había empezado por su cuenta. Y que había consultado en Internet. Admito que me estaba recreando viendo ese streptease improvisado y las partes de su anatomía que iba descubriendo. Sus largos y ahusados muslos en cuanto la falda cayó, el tanguita apenas podía contener su polla aún no demasiado afectada por las hormonas. Se dejó esa prenda supongo que por un resto de timidez pero no tuve ninguna misericordia. Con un gesto le hice desprenderse hasta el último trapito. Aunque parecía bastante acojonada por la situación el rabo no parecía pensar lo mismo. Morcillón colgaba entre las piernas amenazando con ponerse firme en cualquier momento. Le, la hice tumbar en mi camilla. Empecé de un forma muy profesional con un examen detallado pero sin recrearme palpando músculos y el vientre sin encontrar ningún problema. La bata abierta descubría mi escaso atuendo y tanto como por la temperatura como con tenerla allí a mi merced, estaba pasando mucho calor. Lo que su presencia sensual no ayudaba a aliviar. Mi talla ciento diez doble d en un top escasito, aunque algo más grande que el suyo, eso sí, luciendo los pechos sin sujetador en la cálida tarde de verano. Sus ojos estaban clavados en mis tetas creo que con algo de envidia. La falda de tubo no muy larga marcaba mi voluptuosa cadera ajustada a mis muslos. No se me iban a presentar muchas oportunidades de tener un ejemplar así de bonito a mi disposición. Así que un momento después estaba mandando mentalmente el juramento Hipocratico a la mierda y pensando en cómo pasar un rato agradable las dos juntas. Empecé a preguntarle por sus relaciones sexuales. Era lógico para comprobar si tenía alguna venerea. - ¿Te has acostado con muchos chicos? ¿Eres muy promiscua? ¿Lo haces con protección? - En realidad menos de lo que me gustaría. No hay mucha gente abierta de mente que me acepte tal y como soy. Pensaba que aunque fuera por morbo algo más podría ligar, pero no. Y sí, siempre con condón. - Bueno ellos se lo pierden. A mi me pareces muy bella. Pero, ¿no eres virgen? ¿verdad? - No, he tenido experiencias, aunque no demasiadas. -Y ¿con chicas? Fui llevándola al terreno que me interesaba. Entre los toqueteos y la conversación su polla apuntaba al techo. No era muy grande, pero si bonita cabezona, con las venas marcadas, sin un pelo y a un lado, en la cadera, un pequeño tatuaje de un hada. Aproveché el momento para empezar con ella y examinarla cogiendo los huevos y palpando comprobando que estaba perfectamente sana. - Con chicas aún menos que con chicos, a todas les parezco un bicho raro. -¿Pero te gustan? - Si, aunque yo quiera ser una mujer, también me atraen. Al oír eso yo flotaba. - Yo pensaba que la gente de tu edad estaba más liberada, con menos complejos. - Algunos demasiado para mis gustos y la mayoría demasiado poco. También hay mucho salvaje por ahí que ha visto demasiado porno. Lo difícil es encontrar el término medio que me guste y a quien yo guste. - No creo que te cueste mucho viendo a lo que vas a llegar, con esa carita dulce y ese cuerpo tan femenino. Echándole cara le decía todo eso sin dejar de acariciarla y sobarla. Incluso alguna vez que me inclinaba sobre ella rozando su cuerpo con mis tetas. -¿No me pasa nada? ¿Estoy bien? - Estás estupenda, nena. Preciosa, para mí gusto una belleza, y si vas a seguir por este camino te ajustaré la medicación y te puedo dar algún consejillo más. Sonriendo, pero tímida aún, se daba cuenta que estaba flirteando con ella. Tonta del todo no era. Había echado buenos vistazos a mi generoso escote y a mis pezones marcados en la fina tela. Parecía que mi cuerpo voluptuoso no le era indiferente del todo. Y a juzgar por la dureza que había alcanzado su polla le estaba gustando la situación. Cogí su pene y lo estuve acariciando un momento para provocarla aún más. Parecía que si seguía tocándolo no tardaría en correrse y eso no es lo que quería. Bueno si se daba la ocasión me la metería en la boca y me tragaría con gusto su corrida. - Gírate, ponte boca abajo. Aproveché un rato para manosear sus duras nalgas. Era evidente que por su edad un examen de próstata era innecesario pero no iba a privarme de ello. Y eso que estaba deseando hacérselo con la legua. Calzándome un guante de látex le pregunté. - ¿Has venido limpita? Sube el culito por favor. - Creo que sí doctora, pero no estoy segura del todo. - No importa, ¿Te fías de mí? - Por supuesto, estoy en sus manos. Contestó con una bonita sonrisa que me pareció bastante lasciva. Poniéndose a cuatro patas sobre la camilla me dejó completo acceso al ano. Usando con generosidad el lubricante tanto en su culo como en el guante procedí a hacer un examen completamente innecesario y que iba a aprovechar para follar ese culito con mis dedos. En cuanto empecé a acariciar la raja se le escapó un gemido que sonó dulce y femenino. Despacio repartiendo el lubricante empecé a meter un dedo, abriendo el ano con cuidado y cariño. -¿Te duele? -¡No! para nada, se siente ¡uf! genial. Nadie me ha hecho nunca algo así. Nadie me ha hecho sentir tan bien. Con el índice y el medio le estaba llegando a la próstata. Traviesa con la otra mano sin guante le volví a acariciar la polla y llenó toda la camilla bajo su cadera de semen. La cabeza apoyada en sus antebrazos, la melena ocultando la expresión de lujuria. Pero nada pudo acallar el gemido que escapó de su boca cuando se corrió. Hubiera preferido que lo hubiera hecho en mi boca. Menos mal que había mandado a la enfermera a su casa o habría pensado muy mal de mí. O tal y como nos conocíamos las dos se hubiera apuntado a darle gusto a la muchacha. -¿Ya estás más relajada? Puedes levantarte cielo. - Estoy en la gloria. Eres maravillosa. Nadie me había hecho correr así. Salió de ella, en ese momento no hice nada. Nada más que lo que ya había hecho claro. Se giró hacia mí y me besó. Nuestros labios se juntaron suaves al principio, pero sin despegarse el beso se fue haciendo más profundo, más lascivo. Juro que fue su lengua la primera que entró en mi boca. Pero si hubiera tardado un segundo más yo le hubiera metido la mía hasta la garganta. Que fue lo que hice en ese momento. Se agarró a mis tetas como si fueran el flotador de un náufrago. Y eso que aún llevaba la camiseta. Con un grácil movimiento se deshizo de mi bata que cayó a nuestros pies. Y eso aún encaramada a la camilla. Sin separar nuestros labios consiguió bajar y quedar frente a mí. Muy cerca. Mientras hacía esa maniobra yo aproveché para soltar el cierre de mi falda que cayó al suelo. Así que además de ponérselo más fácil conseguí que la prenda no se manchara con el semen que aún goteaba de su bonita polla. El miembro iba perdiendo su dureza después del orgasmo. Esperaba recuperarla pronto. Por la forma en que me la flotaba por el pequeño tanga estando abrazadas no iba a tardar. Yo seguía agarrando su pétreo culito que me tenía hipnotizada. Ella en cambio buscaba mis pechos apretando sus duras tetitas contra ellos. No tardó nada en ayudarme a librarme del top sacándolo por mi cabeza. De inmediato se agachó a besar y lamer mis domingas. - ¡Yo quiero unas como estas!. - Las que tienes son preciosas, cielo, date tiempo. Pronto podrás operarte y ponerte algo más. Espero que elijas bien y no exageres. - Tus tetas son hermosas, espero que me ayudes a elegir la talla adecuada para mí. Conseguía contestarme sin separar los labios de mi piel, sin dejar de mordisquear suave mis pezones y continuar lamiendo de mis axilas al ombligo sin dejar de babosear todo por donde pasaba. Joven y ansiosa ahora era yo la que estaba acorralada contra la camilla. Solo tuvo que palmear la colchoneta para conseguir que me subiera. Es hábil, mientras levantaba el culo para izarme aprovechó para tirar del tanga y dejarme tan desnuda como ella. Ya me tenía en buena postura, bien abierta de piernas. Solo tenía que agacharse un poco para hacerme un cunilingus de antología. Pero quería hacerse de rogar. Empezó por mis pies, Aunque me había duchado antes de ir al trabajo debían estar algo sudados. No le daba ningún escrúpulo y se dedicó a besarlos y lamerlos un buen rato. De los dedos, todos y uno por uno, a la planta. Tenía que animarla. - Vamos nena cómemelo todo. Yo estaba loca por que me llegara al coño. Pero no por esas subía con parsimonia por mis piernas para hacerme sufrir y disfrutar a la vez. Paseaba la sin hueso por los tobillos, subiendo por las pantorrillas, escalando la cara interna de mis muslos. Cuando por fin llegó a mi vulva, me moría de impaciencia. Los labios estaba abiertos, calientes y muy muy húmedos. Y yo creía que no podía estar más cachonda. Un gemido escapó de mi garganta que no sé como no llamó la atención en el centro de salud casi vacío cuando por fin sabores mis jugos directamente de la fuente. En segundos me había corrido por primera vez. pero no fue el único orgasmo de la tarde. Siguió chupando, lamiendo y besando sin descanso. Saboreándome y recibiendo en la lengua mis jugos cada vez que me corría. No estaba yo para averiguar lo que ocurría por sus bajos. Tal y como estaba tumbada no alcanzaba a verlo, pero su joven polla se estaba recuperando rápidamente. Mirándome a los ojos entre mis muslos con la expresión más lasciva que le había visto preguntó: - ¿Quieres que te folle? - Lo estoy deseando, cariño. Méteme ya esa polla. No se hizo más de rogar. La altura de la camilla era perfecta. Se incorporó y guiando el firme miembro con la mano, el glande se fue abriendo camino entre mis labios. Firme, pero a la vez suave y con ternura. Apoyó mis piernas en su pecho, notaba la dureza de sus pezones en la parte de atrás de mis pantorrillas. Sujetando mis muslos con las manos empezó a moverse. Sin prisa, haciéndome notar cada penetración, justo como a mí me gusta, no muy deprisa. Como hacía poco que se había corrido aguantó un buen rato. Y como yo estaba muy excitada no hacía más que encadenar orgasmos uno detrás de otro. Acababa de examinarla y yo tomaba precauciones así que... - Correte dentro cielo, dámelo todo. - Estoy a punto doctora. Me contestó con su más linda carita de vicio. Sé cuando tuvo su orgasmo, cuando sus ojos se pusieron en blanco y soltó un suspiro que salió de lo más profundo de sus pulmones. No se conformó, siguió bombeado hasta que su polla quedó flácida. Y entonces se inclinó para volver a lamer mi coñito encharcado. Mis jugos mezclados con su semen que me dio a probar en un nuevo beso lascivo donde nuestras lenguas se cruzaron sin tregua. Nos quedamos un rato frente a frente acariciándonos, recuperando la respiración y besándonos con ternura. - Bueno ¿que te ha parecido esta experiencia con tu doctora? - Ha sido algo sensacional. Y espero poder repetir alguna vez más. - Cuando quieras, reina. Tienes una amiga y una médica. Y volví a besarla. Respondió a mi beso de nuevo con su lengua juguetona. Contenta por haber encontrado alguien que la comprende y a quien le gusta tal y como es. Nos vemos de vez en cuando para disfrutar juntas. Me he hecho personalmente responsable de su salud y de los cambios que ella quiere llevar a cabo, haciendo sus recetas y aconsejándola. - - .

jueves, 22 de julio de 2021

Salida

Me hubiera encantado afanar uno de esos carteles que en los edificios indican la "salida" y colgarlo sobre la cabecera de mi cama. Pero uno bien grande en verde fosforito y de los que brillan en la oscuridad. ¡De esta me gano el cartel! He tenido experiencias, tanto con chicos como con chicas y la verdad es que a mis diez y nueve años me encanta el sexo. Me llamo Sonia y adoro el placer de unas manos y una lengua recorriendo mi piel aunque a temporadas, por suerte no muy largas, tengan que ser mis propios dedos los que me den placer. Me gusta vestir sexi, faldas y pantalones muy cortos y ajustados, tops pegados y con grandes escotes. He hecho el amor con chicos y chicas, cuerpos y pieles calientes, gente con la que disfrutar sean como sean. No me considero ninfómana solo por que soy capaz de concentrarme en otras cosas cuando lo considero necesario. Estaba echándole un vistazo a algunas de mis webs de citas preferidas. Una tarde aburrida con el móvil, pasando fotos de desconocidos, desconocidas y algunas bellezas a medio camino, transexuales con poca o ninguna ropa. Mi mano ociosa se deslizó por debajo de mis shorts de lycra, muy ajustados, muy muy cortos y muy cómodos para estar en casa, en busca de mi pubis depilado. La caricia era suave, dulce sin prisa humedeciéndome a un ritmo lento. Mojando un tanga tan pequeño que apenas cubría los labios y el monte de Venus. Por mí estaría desnuda del todo, pero no sé por qué aún me daba algo de vergüenza estar completamente en bolas delante de mis padres, aunque nunca llevaba mucha ropa ante ellos. Pasé a la sección de parejas en mi ciudad. Un respingo sacudió mi cuerpo. Conocía esa habitación, la cama, el edredón, hasta el estucado de las paredes y ese cuadro al fondo. Era imposible pero ahí en la pantalla estaba la habitación de mis padres. Tuve que levantarme de la cama y encender el ordenador para comprobar los detalles en una pantalla más grande. Detalle por detalle, cada mueble reflejado en el enorme espejo que ocupaba las puertas del armario empotrado. Allí en el medio de pie sobre la cama una impresionante morena. El móvil con el que se había hecho la foto tapaba su rostro de forma estratégica. Su cuerpazo voluptuoso enfundado en un body de encaje muy escaso que desnudaba su cadera y le dejaba un impresionante escote entre sus pechos talla cien. Una milf perfecta. Y yo sabía su talla por que había curioseado en sus cajones sus sujetadores. En la siguiente foto la morena con la cara pixelada vuelta hacia la cámara aparecía a cuatro patas luciendo su culazo en el tanga que la prenda dejaba. Aumenté el tamaño de la imagen en pantalla hasta poder ver una marca de nacimiento que mi progenitora tenía en la parte alta del muslo. Eso lo había visto muchas veces cuando Sara llevaba bañadores y bikinis en la playa o la piscina. ¡Joder!, sabía que mi madre estaba buena con su tripita plana y su figura de reloj de arena pero en aquellas imágenes posaba completamente lasciva. Una foto más acostada boca abajo en la que su culazo se apreciaba de maravilla. Viendo todo eso no me quedó mas remedio que reanudar la paja que había interrumpido por el sobresalto. ¡Un momento! ¿De dónde demonios había sacado Sara ese body?, no recordaba haber visto prenda tan provocativa entre su lencería y mira que la había revisado veces. ¡Será cabrona! Como una exhalación me lancé a mi propio cajón y allí estaba bien doblado y recién lavado pues yo me lo había puesto el fin de semana anterior. ¡Si a esa zorra le quedaba mejor que a mí! su cuerpo mas voluptuoso lo llevaba mejor. Sus tetas dos tallas mayores que las mías quedaban preciosas, mas de la mitad asomaba por el escote. Y su culo se veía espectacular enmarcado en el encaje. Me lo iba a dar de sí. Una foto más donde se había sacado las tetas por el escote en uve y juntándolas las amasaba con sus manos mostrando el pezón grande y oscuro entre sus dedos, ni se había quitado la alianza. Y yo me sorprendí a mi misma terminando de hacerme el dedo ante las fotos de mi querida mami y llegando a un fantástico orgasmo. Sacándome el short para dejarlo colgado de una sola de mis rodillas. Chorreando ante la pantalla de mi ordenador, mojando mi escaso tanga. Acariciando mi clítoris, llevando el dedo a la lengua para saborearme. Frotando los labios de la vulva con dos dedos y luego penetrándome con ellos hasta correrme. Las imágenes iban acompañadas de un sencillo texto donde explicaba que buscaba una chica para ella y para su marido. Una chica bisex con la que follar y que ofrecerle a él como regalo de aniversario. Todo ello era un shock para mí, por una parte me sorprendía esa actitud en mis padres que nunca se habían mostrado demasiado liberales ante mí. Tampoco es que fueran muy retrógrados, solo parecía que el sexo no les importaba mucho, vaya eso solo eran apariencias. Ni pensaba que a mi madre le fuesen las chicas hasta ese momento. Nunca la había visto mirar a otra mujer de forma lasciva o soltar un comentario sobre el físico de alguna fémina. Quizá sólo querían experimentar, y nunca habían hecho nada así, no lo sabia. Por otro lado me ofendía que buscasen fuera lo que ya tenían en casa y no se habían dado cuenta, una jovencita morbosa encantada de cumplir con todas sus fantasías licenciosas. Quizá fuera por mi causa, por mi actitud desinhibida y por la escasez de mis atuendos con los que me paseaba por casa y para salir, provocativa, por lo que habían decidido ampliar horizontes. Puede que fuera yo la que les había empujado a tener esas fantasías. Visto que ellos ya estaban abiertos a esas posibilidades era yo la encargada de que las cumplieran conmigo. No me daría ningún reparo. Es más me ponía como una moto al pensar en compartir su cama. Solo de pensar en tener a mi padre follando mi coñito mientras yo lamía el de mi madre me excitaba a punto del orgasmo. Dudaba si contactar por la página o provocarles aún más en casa hasta que no pudieran aguantar más y se lanzaran sobre mi caliente cuerpo. Pensaba en algo así como ir en top less directamente o con un tanga que dejara el culo al aire para estar con ellos. Me decidí por una estrategia mixta y hacer las dos cosas. Después de marcar su anuncio como uno de mis favoritos para meditar un poco mas en la respuesta que le daría. Empecé a seleccionar entre mi ropa lo que dejaría de usar por casa para lucir más de mí piel. Mientras hacía eso podía pensar en una buena respuesta a su anuncio. Empezar con algo neutro cómo si no me hubiera dado cuenta de que eran ellos. No saltar a la yugular y asustarlos. Cómo hacía calor la parte de casa no fue difícil. La primera vez que salí de mi cuarto sin camiseta y me puse a ver la tele con ellos con las tetas al aire a mi padre casi se le desencaja la mandíbula. - Nena ¡ponte algo encima, por favor! -¡Pero si hace mucho calor! Tú no llevas camiseta y no te decimos nada. - Pero yo soy un hombre y no tengo tetas. - ¡Si que tienes y pezones y todo! Tuvo que mediar mi madre en la disputa que iba medio en serio, medio en broma. - Tú, deja a la niña en paz. Y tú, intenta no levantar pasiones ¡hija! El tono de mi madre tampoco iba muy en serio, y además me estaba mirando los pechos descarada. Así que me salí con la mía y me pasé toda la tarde con las tetas al aire. Solo tapada con el short de lycra. Un par de horas más tarde mi madre se animó a imitarme enseñándonos a los dos sus preciosos melones. Era la primera vez que se las veía al natural de frente y tan cerca. Alguna vez había tenido un vistazo fugaz mientras se cambiaba y las había visto en las fotos de la web. Me di cuenta que ya tenia una aliada en mi propio campo. Acalló las propuestas de mi padre con un: - Como si no me las hubieras visto y tocado nunca. Al día siguiente cambié el orden de las prendas. Me puse camiseta, reducida y sin sujetador debajo, eso si. Pero de cintura para abajo lo único que llevaba era un reducido tanga rojo que dejaría ver el vello de mi pubis si me hubiera dejado alguno. Al verme así mi padre estuvo a punto de la apoplejía. Si el día antes ya le salía humo por las orejas, esa tarde al verme el culo desnudo la sangre se le fue directamente al sitio que yo pretendía. Sara volvió a apoyarme aunque no le hizo falta insistir mucho. Cuando volvió de la cocina otra vez con las tetas al aire Mario se quedó sin argumentos. Yo me pegué al cuerpazo de mi madre y le di un largo, húmedo y cariñoso beso en la mejilla. Haciéndole notar la dureza de mis tetas en su brazo. Para entonces ya tenía pensado lo que les iba a escribir por la página web. Me haría la despistada. Presentándome como una jovencita a la que había llamado la atención su anuncio y sus fotos. Al principio solo un mensaje de texto. Por las fotos publicadas en mi perfil no me reconocerían. No las había hecho en casa sino en la playa y con un bikini prestado por una amiga muy muy pequeño que mi madre nunca había visto o lavado. Lógicamente mi amiga me había dejado el reducido bañador y no solo eso. Me había hecho las fotos en las que enseñaba las tetas y el coñito apartando la tela. Yo le hice a ella algunas fotos del mismo estilo Y luego lo habíamos pasado muy bien juntas. - He visto tus fotos y me has parecido muy morbosa y guapa. Soy bisexual y me gustaría conocer a una pareja interesante. Envíe el mensaje y ese mismo día ya tuve la notificación de que Sara, suponía, había visitado mi perfil. Pero no contestó hasta que mi padre volvió por la tarde del trabajo y pudieron hablar tranquilos un rato más tarde. Eso me confirmó que no era cosa solo de mi madre, que los dos estaban en el ajo. Su respuesta me animó aún más. - Nos has parecido una chica muy sexi estaríamos encantados de conocerte mejor. Bueno, ahora tenía que subir las apuestas. Al día siguiente cuando mis padres estaban desayunando en la cocina salí de la ducha con la única indumentaria de una toalla atada en la cabeza recogiendo mi melena. Meneando las tetas y la cadera, orgullosa de mi xoxito depilado fui a recoger mi taza de café. Mi madre llevaba como única vestimenta un sencillo tanga de algodón que no le tapaba prácticamente más que los labios de la vulva. Mi padre un ajustado bóxer de lycra que empezó a abultar según yo me paseaba del frigorífico a la mesa. Era sábado y ninguno de los dos trabajaba. Mi exhibición descarada les había dejado sin palabras aunque ellos no llevaban mucha ropa encima. Al final fue Sara la que saltó pero después de un buen rato recreándose en mi desnudez. -¿No piensas ponerte nada encima? - Hace mucho calor. Luego me pondré algo fresquito. Esa semana le había vuelto a pedir prestado el bikini de las fotos a la amiga que me las había hecho. Mi amiga había pedido su precio por el préstamo que pagué encantada, nos montamos un sesenta y nueve sobre su cama. Volviendo a la mañana con mis padres me divertí torturando un rato más a Mario paseando el culito delante de sus ojos y de vez en cuando arrimándolo a su polla o a su cuerpo. O inclinándome sin doblar las rodillas les dejaba ver los labios de mi vulva. Sabía que ambos me miraban y me exponía más separando los muslos sentada a un lado de la mesa de la cocina. Cuando terminé el café pensé que era hora de terminar con la broma y ver si ellos eran capaces de reconocer el bikini. Solté la toalla y deje la melena suelta caer por mi torneada espalda. Meneando el culo me fui para la habitación a ponerme la diminuta prenda. Por el pasillo les oía. - ¿No se ha vuelto muy descarada la nena? - Déjala, es joven y tiene que disfrutar. Nosotros lo hacíamos a su edad o ya no te acuerdas. - Claro que me acuerdo y por eso esta ella aquí. Por lo bien que lo pasábamos juntos. - Creo que ella tiene más cabeza que nosotros. He visto los condones en su cajón. - Eso espero por que con lo buena que está se la tienen que comer viva. Espero que nos haga abuelos a nuestra edad. - ¡Así que tu también te has fijado!. - Como para no fijarse si nos lo ha enseñado todo. Y suéltame la polla que como salga se va a dar cuenta que la tengo empinada. - Pues claro que se va a dar cuenta si es ella quien te la ha puesto como un leño. ¿ No te gustaría que la que contestara al anuncio fuera como ella?. - Por lo que hemos visto se le parece mucho pero creo que la nuestra es más guapa. Como para que no se me ponga dura si me ha pegado el culo al nabo varías veces. Y tú tienes el xoxito empapado cielo. Ese tanga está bien mojado. Los oía desde mi cuarto pues había tenido la precaución de dejar la puerta abierta. Mientras me ponía el bikini y buscaba en el cajón el body de encaje para mi madre. Este lo llevaría en la mano pero oculto tras la espalda. Aunque hice ruido al caminar por el pasillo casi les pillo juntos metiéndose mano. Tan ocupados estaban. De un bote se separaron justo cuando yo atravesaba la puerta de la cocina. Me quedé en el quicio sacando pecho y con las manos juntas detrás de la espalda. Solo tardaron un segundo en reconocerme. A Mario se le desencajó la mandíbula mientras su polla que era lo que yo estaba mirando daba un bote bajo su pegado bóxer. Sara me miraba con una increíble cara de vicio. - Bueno parece que ya habéis caído. ¿Os gusta la chica que habéis conocido en la página web? - Cielo ya sabrás que nos preces preciosa, pero ¿como vamos a hacer esa barbaridad? Mario como siempre intentando poner un poco de cordura y cortando la diversión. Le lancé el body a Sara que lo recogió sobresaltada. Reconociendolo de inmediato con una lasciva sonrisa. Sin mediar más palabra por su parte se sacó el tanga que tenía puesto. Tan sensual como siempre empezó a ponerse la prenda que yo le había llevado. Al vivo le quedaba mejor que en las fotos. Pero mimosa me senté sobre los muslos de mi papi. Rodeé su cuello con mis brazos y empecé a darle besitos en su carrillo subiendo despacio hacia su oreja. Mi culo desnudo desnudo por el mínimo tanga estaba muy cerca de su durísima polla. Mi madre una vez que había admitido que no le disgustaba la idea poniéndose mi body me había dejado a mi suerte. Igual debía haber empezado con ella a solas y luego entre las dos intentar convencer a mi padre. Pero ya no podía echarme atrás. Al llegar a la oreja de Mario la besaba y lamía mientras le decía. - ¿Para qué vas a buscar fuera lo que ya tienes en casa? ¿Quién te, os va a querer más que yo? - pero si te doblamos la edad. ¿Como te vas a fijar en nosotros? Poco a poco se rendía, ya no decía que era mi padre. Mientras le pasaba mi teta apenas cubierta por el pequeño sujetador por su torso poderoso. Frotándome descarada con su cuerpo. - Vosotros estáis muy buenos, cualquiera de mis amigas o chicas o chicos de mi edad follaría con vosotros. ¿Y no era eso lo que pedíais por Internet? - Bueno si, pero teníamos pensado alguien más mayor. De unos treinta o algo así. -¿Y no es mejor lo que tienes encima? papi. Por fin puso sus manos sobre mi piel. Echó mano a mi culito y se rindió a la evidencia. La otra mano acariciaba mi muslo con ternura y cariño. -¿Seguro que tú lo quieres? cielo - Nunca había estado tan convencida en mi vida. Echó una mirada por encima de mi hombro a mi madre que le sonrió para darle ánimos. La mano del muslo subió a mis tetas que dejó al descubierto apartando las copas del sujetador. Pellizcó con suavidad mis pezones mientras su boca ya liberada de complejos buscaba la mía. Le di mi boca, mi lengua y mi saliva. Y puse todo mi corazón en ese beso, y mucha lascivia. Acariciando su cabeza, revolviendo su cabello dejé que nuestras lenguas se cruzaran dejando caer saliva sobre nuestros pechos desnudos. Sus fuertes manos acariciaban con ternura la piel de su hija. Sara mirándonos había apartado la tela del body de su coñito. Como en alguna de las fotos que había visto se estaba haciendo un dedo, excitada por lo que hacíamos. -Ya que nos hemos decidido. ¿Por qué no volvemos a la cama? Nos dijo mi madre. Mario me cogió en brazos como cuando de niña me llevaba dormída a mi cama. Pero esta vez con mis brazos rodeando su cuello me llevaba a la suya. Sara caminaba detrás esperando su momento para colaborar. Estaba deseando quitarle el boxer a su marido. Lo hizo en cuanto este me arrojó sobre el colchón. Aún estaba deshecha, su olor, su sudor, el de ambos, todavía impregnaba la sábana. Me los quedé mirando mientras mi madre le bajaba el calzoncillo a mi padre y de allí saltaba dura como acero templado su polla. Le puso una mano en el pecho para que se quedara quieto mirándonos. - Ahora me toca a mí. Sara se vino encima de mí, con sus tetazas aún cubiertas por el encaje sobre las mías. Ahora era ella la que buscaba mis lascivos besos. Su lengua cruzándose con la mía y dejando caer saliva en mi boca. Nunca, ni en mis mas viciosos sueños hubiera pensado que mi madre pudiera ser tan guarra, hasta que vi la página web, claro. Ansiaba volver a mamar de esos pechos. Así que bajé los tirantes de la prenda para desnudarlos. Haciendo que se incorporara lo justo para mordisquear esos pezones duros y que asomaban casi un centímetro. Ella aprovechó para librarme del sujetador que completamente descolocado ya no tapaba nada de mis tetas. Mí padre sin perder detalle se acariciaba el nabo con parsimonia esperando por un agujero en el que meterlo. Ahora era la lengua de mi madre la que recorría mi piel bajando por mi anatomía. lamiendo mis axilas suaves, besando mis tetitas, metiendo la lengua en mi ombligo. Seguía despacio haciéndome desear más de su experiencia con chicas. Separando bien los muslos dejé que se acomodara entre mis piernas. Las levanté para darle cómodo acceso a toda la zona. Enseguida ella agarró mis nalgas. Un segundo más tarde tenía su lengua entre los labios de mi vulva buscando el clítoris. Y yo gimiendo como una loca. Bajó por el perineo hasta clavarla en el ano. Y así me corrí, como no lo había hecho nunca. la carita de mi madre con mis jugos y soltando un grito que esperaba no hubieran oído los vecinos. -Ven papi, arrima esa polla que quiero probarla. Se arrodilló sobre el colchón junto a mi cabeza mientras mi madre seguía en busca de mi segundo orgasmo. Una larga lamida a sus testículos le hizo soltar un fuerte gemido. Me dediqué un buen rato a chuparlos como mis caramelitos. Antes de subir con las lengua por el tronco de la polla. Aquello estaba duro, marmóreo. Era un gustazo recorrerla con mi lengua. Lamerla como si fuera un polo de helado. Hasta que pude meterme el glande en la boca. Apenas me cabía nada más, dado su tamaño y consistencia. Jugaba con la lengua acariciándolo y apretándolo contra mi paladar. Pero lo quería en mi coñito, aunque deseaba probar el sabor de su semen. Lo necesitaba primero en mi chocho. Mi madre previsora había sacado condones de su cajón. A saber con quién los habían usado pues ella tenía hecha una ligadura de trompas hacía unos años. O puede que como el body fueran un préstamo de mis cajones. Si me descuido no llego a ver como se lo calzó con una inusitada pericia. Tuvimos que reorientarnos. Para poder disfrutar las dos de las atenciones de mi padre. Sara me dejó la polla encantada. Lo hicimos tumbar boca arriba y yo despacito me fui clavando su rabo en el chichi. Dejándome caer sin prisa sobre su cadera. Disfrutando cada segundo de aquel momento inolvidable. Mi madre más acostumbrada a que la acariciara fue a sentarse sobre su cara. Dejando que Mario la acariciara con la lengua. Su coñito y culo recibió sus atenciones. Nosotras de frente nos mirábamos a los ojos con cara de lobas. Un segundo antes de que yo lo hiciera Sara se lanzó a lamer mi lengua y meter la suya en mi boca hasta la campanilla. Aún pude saborear algo de mis jugos entre sus labios. Sus manos no paraban de acariciar mis tetitas duras y las mías de amasar sus voluptuosos melones. Mientras iba de orgasmo en orgasmo con la polla de Mario clavada en mi interior. Mis nalgas apoyada en sus muslos, notando sus huevos casi en mi ano y moviendo mi cadera adelante y atrás. Sé que mi madre se estaba corriendo tanto como yo pues a cada orgasmo corría el riesgo de perder la sin hueso entre sus dientes. Así perdía el control, cerrando la boca sobre mi lengua. Al fin mi padre se corrió dentro del condón, dentro de mí y ambas nos derrumbamos a sus costados sin dejar de acariciarnos los tres. - Ha sido maravilloso. Sois unos amantes excepcionales. ¿Como es que nunca me había dado cuenta de que os gusta tanto el sexo, - Siempre hemos tenido cuidado de hacerlo cuando no estabas, o fuera de casa o bien dormida. Pero siempre nos ha gustado mucho y lo hemos disfrutado. - Pero seguro que no es el primer trio que hacéis. - Hacia tiempo ya. Pero si hemos estado con más gente en una cama. A veces más de uno a la vez. Me estaba quedando ojiplática con esas confesiones y quería enterarme de todos los detalles. Además de esperar a que mi padre se le volviera a poner dura para disfrutarla de nuevo. También deseaba comerle el coñito a Sara. Lo que en realidad fue algo simultáneo. Mientras saboreaba a Sara, el aparato de Mario al vernos juntas recuperaba la verticalidad. No he de decir que repetimos muchas veces cuando nos apetecía tener sexo en casa. Que yo he llegado a disfrutar de algunos de sus amigos y ellos de los míos. Ver a mi padre chupando otra polla o follando un culo de chico ha sido de lo más morboso que me pasado nunca. Aún más que los tríos con los dos y ya es decir. .

domingo, 6 de junio de 2021

Sakura, la muñeca

. Las había visto en un documental en la tele y me quedé impresionado de la perfección que habían alcanzado. Ya no eran las muñecas hinchables cutres de sex Shop con la foto de una actriz porno en la caja de cartón, que había hace unos años. Ahora, por lo menos en la pantalla, casi parecían mujeres reales. Aunque las fabrican en varios países las japonesas son las que más me llamaron la atención. Por supuesto investigué un poco más en Internet viendo fotos y detalles que el documental no había exhibido. Al fin me decidí a hacer el pedido. Recibí la muñeca a principios del invierno en un enorme cajón de madera. La verdad es que me costó un pastón pero para un solitario como yo, lo pensaba ahorrar en putas. Y tampoco es que ande mal de dinero. El envío directo desde Japón incluía la muñeca y algunos accesorios, pelucas, lencería y un kit completo de limpieza y cuidado. Siempre he sido hetero pero demasiado tímido poder intentar ligar con mujeres. Hasta entonces mi salida habían sido los prostíbulos y alguna prostituta contratada por teléfono o internet. Y por supuesto muchas pajas. Aunque no se movía la muñeca realista era una mujer bellísima morena, de rasgos orientales, pechos generosos y amplia cadera, exactamente lo que había pedido. No podía esperar a tumbarla en mi cama y follarla en cualquier postura que se me ocurriera. En todas a ser posible y en esa primera tarde, para qué perder el tiempo. Ya me encargaría yo de moverla. De subirla sobre mi cadera y agarrado a su cadera voluptuosa hacer que ella me cabalgara. A pesar del material del que estaba hecha su sabor era agradable, no era lamer plástico. Quizá le habían puesto algún aditivo químico. Así podía lamer su piel sin molestias, comerle el chumino perfecto y hacerle besos negros. Es más debido a la flexibilidad de su lengua no sólo podía besarla sino que ella podía lamer mi piel y devolverme esos favores. Yo le follaba la boca y ella me comía el culo. Pero con ella sobre todo me gustaba el misionero poder besar esa boquita pequeña y jugar con su lengua que era tan flexible como una de verdad. Mientras follaba ese coñito de silicona tan suave y tierno como el de cualquier otra mujer que hubiera probado antes. Claro que para mí era tan mujer como una de carne y hueso y no de silicona. Las posibilidades que me ofrecía eran casi infinitas. Aunque claro antes de meter mi polla tenía que lubricarlo lo que se convertida en otro juego de preliminares y en realidad como cualquier otra mujer a la que hay que acariciar y excitar para que lubrique antes de follar. Me acostumbré a hablarle, a ponerle un kimono y levantarla para que me acompañara en el desayuno antes de ir a trabajar. Sentada frente a mí con una expresión lasciva en sus labios rojos. A verla cuando llegaba a casa esperándome con su eterna sonrisa sentada en el sofá con un vestido sexi. Al poco tiempo descubrí que la ropa que me habían enviado se hacia escasa. Quería darle más variedad, vestirla según mi humor, unas veces provocativa y lujuriosa y otras como una chica normal y recatada o incluso como una dama elegante. En la documentación y las instrucciones venían las tallas y medidas desde luego. Pero eso me suponía un nuevo problema, mi timidez me ponía difícil entrar a una tienda a comprar y encima ropa de mujer cuando incluso me costaba comprar calzoncillos para mí. Pero Sakura se lo merecía todo e hice un esfuerzo. La primera vez en una tienda de cadena donde pude escoger sin que me molestaran, la parte difícil fue ir a la caja a pagar. Intenté hacerme a la idea que era como cuando estaba con una prostituta, solo un intercambio comercial. La chica que me atendió se quedó mirando las prendas que había elegido, las mas sexys, las mas de putón que había en las perchas. Evidentemente comparando con mi cuerpo y mis tallas extrañada me preguntó: - ¿Seguro que son de "su" talla? Luego me confesó que había pensado que eran para mí, que yo era un travesti. Yo no sabia donde meterme. Tartamudeando le dije que estaba seguro, que las tenia apuntadas y que eran para un regalo, que me cobrara. Con mi cabeza gacha apenas pude ver de ella la cadera enfundada en un ajustado vaquero y unos generosos pechos en una camiseta aun mas apretada. Estaba deseando volver a casa y probárselo todo. Allí descubrí que una de las prendas, un body de encaje, lo mas caro, estaba mal cosido y no se lo podía poner, tuve que ir a devolverlo. Encontré a la misma chica, aunque me costó reconocerla, a la que le expliqué el problema. Pero las mujeres son curiosas o por lo menos esta lo era, no se tranquilizó hasta que no me preguntó para quien era la ropa. Pensando que ella tenía una medidas muy parecidas a las de mi chica le dije que eran para mi mujer y en cierto modo era verdad. Era la esposa que me esperaba en casa con su propio nombre Sakura, flor de cerezo, que era el que venia en la caja y no quise rebautizarla. Era a quien le hacia el amor, la mujer que me entregaba su cuerpo y todos sus orificios. La primera mujer que me había dado su culo sin tener que pedirlo y sin tener que pagarlo con largueza. No tenia que pedirle nada, claro, me lo daba todo. Así que cada vez que volvía a la tienda a comprarle ropa me sentía un poco culpable. Como si le pusiera los cuernos cuando hablaba con la dependienta. Siempre la misma chica que empezó a aconsejame, cosa no muy difícil para ella. Lo que le sentaba bien a Sakura le tenia que quedar bien a ella. Tenían un cuerpo muy parecido, voluptuoso y soberbio. No sabia lo que pensaba de mí pero me trataba muy bien y eso era lo que me importaba. Lo que me llevaba a pensar que le ponía los cuernos a la chica que me esperaba en casa. Para el comienzo del verano y del calor tenia con ella mas confianza que con ninguna otra mujer viva. Y ella seguía teniendo curiosidad por mí y por mi misteriosa mujer a lo que yo procuraba vestir como a la ramera de Babilonia. Intentaba escaquearme diciendo que solo eran prendas para jugar en la cama y para fortalecer nuestra relación. Pero llegó un momento en que me apetecía vérselas puestas a ella. Verlas sobre carne viva y que fuera ella quien se las pusiera y quitara frente a mí. Por fin tuve que confesarlo todo. Me di cuenta que lo peor que podía pasar si se escandalizaba es que tendría que ir a otro sitio a comprar la ropa. Al fin y al cabo Sakura seguiría en casa, ella no se escandaliza. Pero Susana se lo tomó bien, en realidad le entró mas curiosidad de la que ya tenia por mi misteriosa mujer. Una mujer completa de silicona y no como otras que solo tienen gran parte de sus cuerpos. Visto lo cual la invité a cenar ese sábado a casa, creo que fue mi amante oriental la que me dio el valor para pedirlo. Y desplegar mis mejores aptitudes culinarias. Decidí que un vaquero y una camisa estarían bien para mí pero Sakura tenia que estar deslumbrante. La mejor lencería que le había comprado incluido el ligero y las medias. Un ajustado vestido de seda negro estampado en dragones orientales rojos tan pegado al pecho que sus pezones amenazaban con rasgar la tela con una raja en la falda estrecha que permitía ver la liga de la media y la piel de mas arriba del muslo hasta casi el encaje del tanga. Sakura, paciente como siempre, esperaba sentada cómodamente en el sofá. Susana en cambio se presentó completamente occidental y muy sensual con una minifalda asustada que apenas tapaba su culo. Y de la salían sus torneados muslos. Un ancho cinturón y una suelta camiseta de tirantes que descubría su vientre y liberaba sus grandes pechos sin sujetador. Tras las presentaciones parecía fascinada por la muñeca. Me miró como pidiendo permiso para comprobar su realidad y asentí con la cabeza. Ni en mis mas locos sueños habría imaginado la escena lésbica que sensualmente empezó a desarrollarse ante mí. - Es maravillosa. Tan perfecta. Susana acariciaba a Sakura con lascivia comprobando la suavidad de la silicona, la firmeza de sus pechos, la textura de los cabellos. Haciéndose lamer dos dedos antes de llevarlos al coñito de la oriental separando el encaje del tanga. Comprobando la fidelidad anatómica de la réplica. Moviendo los brazos articulados para que Sakura le acariciara a ella sus grandes tetas con las manitas perfectas. Besando la boca y jugando con la lengua de silicona con la misma curiosidad que tuve yo el primer día. Yo pensando que la siguiente vez que besara a la muñeca allí estaría la saliva de la mujer. De vez en cuando me miraba a mi y a mi durísima polla encerrada en el vaquero. Pero yo no quería decir ni pio para no estropear el magnífico momento. Olvidamos la cena sobre la mesa. Luego ella me pidió que la ayudara a llevarla al dormitorio donde tantas noches solitarias Sakura me había acompañado y que las dejara solas un momento. Susana conocida mis gustos y al rato me llamó. Cuando entré ambas estaban tumbadas en la cama únicamente vestidas con dos bodys idénticos, de encaje muy trasparente. Sus cuerpos voluptuosos hacían que las prendas y sus escotes las hicieran maravillosas. Las medidas y las sandalias de tacón iguales una de blanco y otra de rojo. -¿Te gusta el regalo? Susana me dijo que eran regalos para Sakura y para mi y me invito con un gesto a acompañarlas en la gran cama mientras me recibía con un húmedo y lascivo beso en la boca y sus manos desnudaban mi cuerpo. Con la práctica de ayudar a sus clientas me dejó en pelota picada en menos tiempo del que se tarda en decirlo. Susana levantó y separó las piernas poniendo un muslo sobre las piernas de Sakura. El otro pie me lo acercó a la boca y yo lo besé. Chupé sus deditos como había hecho otras veces con los de la muñeca. Estos se movían contra mi lengua juguetones, suponía que sintiendo cosquillas. Empezaba a admitir que una amante que se moviera tenía sus ventajas. El olor de su coño me llegaba hasta la nariz mientras besaba su pie. Me excitaba más. - ¿Se le puede chupar? - Ya has probado sus labios y su lengua. Esta hecha para ello y todo tiene un sabor muy parecido. Me sacó el pie de la boca para girarse y apartar el body del coñito de Sakura. Colocada entre los muslos de silicona empezó a comerle el xoxito como lo habría hecho con una mujer de verdad. -¿Sabes? es mi primera mujer. Tenía ganas de probar con otra chica, pero nunca me había atrevido a intentarlo. Sakura y tú me estáis ofreciendo una oportunidad que deseaba hace tiempo. Susana en algún aspecto se parecía a mi, tímida en algunas ocasiones. Supongo que vender lencería y ropa sexi a mujeres durante todo el día había levantado estos deseos. Ver cómo les quedaba esa rosa sobre sus cuerpos. Pero con Sakura estaba perdiendo esa timidez rápidamente dejándose llevar y haciendo lo que deseaba hacerle a otra mujer. - ¡Vamos! fóllame!. Mientras lamía el coño de la muñeca se puso a cuatro patas ofreciéndome a mi su preciosa grupa. Cuando la penetré solo apartando el tanga de la prenda de su muy húmedo coñito Sakura nos miraba con su eterna sonrisa sobre nosotros. Incluso Susana puso las manos de la muñeca sobre su espalda donde yo las alcanzaba y las usaba para acariciar su piel. Susana puso una de las suyas en mi culo para que me animara mientras la follaba. Para que lo hiciera más deprisa. Los dos gemíamos, Sakura guardaba silencio. - ¡Me corro!. - ¡Y yo!. Tomo precauciones, dámelo. Me había acostumbrado a lamer el coñito de Sakura después de llenárselo con mi semen para empezar a limpiarlo. Así que por que se lo iba a hacer a Susana. No me importaba saborear mi lefa y descubrí que mezclada con los jugos del orgasmo de ella estaba aún mejor. Además volvió a correrse al notar mi lengua lamiendo su ano y su xoxito. Nos dejamos caer uno a cada lado de Sakura y mientras recuperábamos el resuello la acariciábamos a ella y lo hacíamos entre nosotros probando texturas y pieles. A veces nuestras manos coincidían sobre uno de sus pechos o en su coñito y entonces cruzábamos los dedos. Otras eran nuestras bocas las que se aproximaban mientras besábamos a la oriental y entonces lo que cruzábamos eran las lenguas cambiando saliva. Susana quería ver cómo follaba Sakura y gracias a sus caricias pronto estuve en condiciones de hacerlo. Como no quería dejarla de simple espectadora subí a la muñeca sobre mi cadera para que me cabalgara. Le clavé la polla en su coñito y yo podía moverla con mis manos. Susana subió sobre mi cara donde podía usar mi lengua para darle placer en su xoxito y su culo lamiéndola. Como yo tenía las manos ocupadas moviendo a Sakura era Susana la que tenía que abrir sus nalgas si quería mi lengua allí. Mover la cadera para poner su vulva sobre mi boca si deseaba eso. Acariciar los pechos de la réplica o besar su boquita de labios modelados perfectos. Apoyar la cabeza en su hombro y besar su cuello. Al rato me pidió cambiar y poner a la muñeca a cuatro patas para ver como le follaba el culo. Lo hicimos entre los dos y ella misma hizo de mamporrera llevando mi polla entre las nalgas de silicona. Acariciaba mis huevos mientras me movía. No perdía detalle mirando desde bien cerca y a veces pasando su lengua por mi vientre, o el culo de Sakura para provocarme. Todo tiene un final y terminé llenando ese culo con mi leche. Susana lo lamió recogiendo lo que rezumaba. Verlo estaba manteniendo mi excitación a niveles estratosféricos. Ver cómo la chica real le hacia un beso negro a la muñeca recogiendo mi semen de allí. Después de una sesión de sexo así hacia que limpiar bien a Sakura para que nada e estropeara sentí de ella. En realidad los tres necesitábamos una buena ducha. Sudados y con semen, saliva y jugos por todas partes. Susana y yo nos duchamos juntos renovando caricias y luego ella me ayudó con Sakura convirtiéndolo en un nuevo juego. Yo no sabia en que quedaría todo aquello, no si Susana no se arrepentiría de todo al día siguiente y no la volvería a ver. Bueno no se ha venido a vivir con nosotros pero cada vez que le apetece un trío con un hombre y una "mujer" me llama y repetimos. Además he conseguido una buena rebaja en toda la ropa que le compro a Sakura desde entonces. ,

sábado, 5 de junio de 2021

Nyotamori rural, comiendo conejo

. Comiendo conejo Mi primo me invito a comer, un sábado, en pleno verano y con el calor que hacía el plato principal asombraba un poco. Guiso de conejo, un animal recién traído del pueblo de los abuelos. Criado en casa sin piensos artificiales. Aún no se si se trataba de una indirecta o simple casualidad. Y yo con una ensalada y su trabajado cuerpo me hubiera conformado. Siempre nos habíamos llevado bien pero nunca tuvimos nada juntos. De chicos por que no nos habían dejado solos el tiempo suficiente para que los juegos subieran de nivel. Y de mas mayores por que nunca coincidimos sin pareja. Cuando yo estaba disponible él tenia novia o novio, que tampoco le hacia ascos a una buena polla. En sus épocas de soltería era yo la que estaba liada con alguien, chico o chica. Yo también soy de gustos amplios. Y esas casualidades me jodian. Por que la verdad excepto en su etapa de niño pijo repelente en la que no había quien lo aguantara, el resto del tiempo estaba más que bien, con un cuerpo muy apetecible y un carácter dulce y cariñoso. Ese sábado estaba como para comérselo, con un vaquero todo roto enseñando unas pantorrillas y unos muslos que parecían esculpidos por un artista griego y una camiseta ajustada a su torso de nadador. Incluso su piso de soltero parecía limpio y ordenado para mi asombro. Al abrirme la puerta el olor de la cazuela ya abría el apetito. Yo vestía o más bien lucía mi cuerpo con una leve minifalda con el vuelo suficiente como para poder enseñar el culo si me giraba con la suficiente rapidez. Y un top con espalda desnuda que dejaba botar mis tetas libres de sujetador y marcaba mis pezones en la suave tela. No es que quisiera provocado adrede, es que iba a ponerlo cachondo. Al verme en su puerta con esa indumentaria se quedó ojiplático. Pero no estuvo mucho tiempo paralizado. Como esperaba me cogió de la cintura y me plantó dos besos en las mejillas, muy cerca de los labios. Aproveché para pegarme a su cuerpo. No me colgué en ese momento de su cuello y le di mi lengua por que quería disfrutar la espera. - Huele muy rico primo. - Tu también. Llevas un perfume estupendo. - No llevo, es solo la ducha y el olor de mi piel. - Pues huele que alimenta. Me dijo con su carita de no haber roto un plato en su vida. Y a la vez su sonrisa era lasciva e incitante. Entré por fin a su piso encaminando hacia la cocina meneando la cadera. Sabía donde estaba mirando y se lo permití. Levanté la tapa de la cazuela y el vapor que salió empañó mis gafas. Pero estaba deseando sentarme a la mesa, y luego pasar al postre, lo que tenía mi primo entre las piernas. Paciencia, por supuesto, antes de sentarnos me ofreció un aperitivo. El pacharán también venía de casa del abuelo hecho con bayas recogidas por ellos. Hasta las aceitunas venían de su olivo. -¡Menudo banquete! ¿Todo es del pueblo? - Hasta el anfitrión viene de allí, prima, y la invitada. Sentados en su sofá, sin prisa, saboreando las copas. Nos mirábamos a los ojos con sonrisas cómplices. Pero también mirábamos más abajo. Yo me deleitaba viendo sus músculos en la ajustada camiseta y su torso poderoso. Sus ojos azules recorrían mi cuerpo con una expresión lasciva. El mueble es tan bajo que mi faldita, aunque me había sentado sobre ella, había trepado por mis muslos descubriendo más carne. Incluso con las rodillas juntas sabía que él no se había perdido un detalle. Por fin pude sentarme a la mesa que hasta lucía un mantel blanco de tela. Si me lo dicen no me lo creo. Esta vez eché la tela hacia atrás sentándome directamente sobre la silla. Mi primito venía de la cocina con algo en las manos. Al ver mis piernas así dio un traspiés que casi me tira la fuente de la ensalada encima. El tablero de la mesa es de madera sólida sino hubiera podido ver como, nerviosa y excitada, no hacia más que frotar mis muslos uno contra otro. Apartaba y juntaba las rodillas como una colegiala ante su primer novio. El tinto de la tierra estaba estupendo. -¿Quieres emborracharme? - Espero que no haga falta. - ¿Falta para qué? - Para el resto de la tarde. Creo que me sirvió las tajadas con más huesos del plato. Así que no tuve más remedio que empezar a comer con los dedos. A los cinco minutos estaba con los dedos pringados de grasa. Como ya habéis deducido soy algo paleta. Pero me encanta, para limpiarme los dedos para qué usar la servilleta. Me los chupaba con la expresión más lasciva que podía poner. Haciendo morritos cada vez que me metía uno en la boca y no era yo la que pensaba en hacerlo como si fuera una polla. Bueno si era yo. Nos mirábamos a los ojos con las manos pringadas de salsa. En algún momento uno de los dos tenía que dejarse de tonterías e ir al grano. Aún esperaba que fuera él hasta que se me hincharon los ovarios. Mientras los huesecillos se amontonaban en el borde del plato. Fui yo la que cogí su mano y me puse a chupar sus dedos en vez de los míos. Como él me correspondió un segundo más tarde lamiendo mi pulgar e índice deduje que ambos lo deseábamos. Solo pensaba en que me arrancara el tanga y me comiera el chumino con los labios llenos de grasa. Pero empezar por los dedos había demostrado ser algo interesante. Me estaba poniendo muy cachonda. Y más cuando subió pasando la lengua por la muñeca. En ese momento me olvidé del conejo y pasé a pensar en el postre, él. Y eso que a un lado había dejado una enorme tarta de crema y chocolate. No hará falta decir que además soy muy golosa. Me aparté de la mesa para dejarle sitio para maniobrar. Lo que permitió que se acercara. Siguió lamiendo todo el brazo hasta levantarlo y pasar su lengua juguetona por la axila. Sólo tenía que soltar un nudo en mi nuca para que el top cayera hasta mi cintura y desnudara mis pechos. Así podía seguir usando su lengua por toda mi piel. - ¡Prima que tetas más bonitas! Sabía que estaban bien, pero al natural son preciosas. ¿Me dejas comerlas?. - Gracias primo, para echarte un piropo así tendría que ver más de ti. Puedes comer lo que quieras, ya que me has invitado tú. Le dije sonriendo. Y cogiendo su camiseta, tirando de ella para desnudar su torso. Desde luego que ya lo había visto antes sin camiseta pero seguía impresionandome. El trabajo le estaba dejando unos músculos con una pinta deliciosa, estaba deseando lamerlos. Probar y mordisquear esos pezones con pinta de durísimos. Creo que iba a necesitar ropa limpia para salir de allí. Tiré su camiseta y el top al sofá antes de besarlo. Su lengua se enroscaba con la mía. Aún teníamos el sabor de la comida en la boca. Y aún estábamos al lado de la mesa. Lo que él aprovechó para cogerme en sus fuertes brazos y tumbarme en el tablero con mis piernas colgando. Enseguida noté como sus manos se deslizaban por mis muslos arriba para librarme del tanga. A un lado tenía la tarta y al otro los restos del plato principal. Y justo entre mis muslos su cabeza bajaba despacio hacia mi xoxito. Con su sonrisa lasciva me dijo: - Este es el conejo que estaba deseando comer desde hace mucho tiempo. Voy a disfrutar este manjar. -Todo tuyo primo. Mi conejito está deseando que le den mimitos. ¿Como lo prefieres? ¿Dulce o salado? Con los dedos recogí parte de la cobertura de chocolate de la tarta y me la puse sobre los labios de la vulva. Si el tema iba a ser sexo gastronómico yo pensaba colaborar. La crema me la puse sobre los pezones y una guinda en el ombligo para que siguiera saboreando mi cuerpo. Además de todo un reguero de dulce por donde deseaba su lengua en mi piel. Su primer lengüetazo fue directo a por mi clítoris y me estremecí al notarlo. Separé aún más los muslos dejando sitio para que pusiera esa lengua que tanto había deseado donde él quisiera. El frío del chocolate, el calor de su lengua en mis labios y mis jugos fluyendo como de una fuente, todo hizo que me corriera en cuestión de segundos. Tiró de la falda para dejarme completamente desnuda sobre su mesa. De invitada había pasado a ser el postre o el plato principal. Su lengua, sus labios, sus dedos los notaba por todo mi cuerpo y lo estaba disfrutando. Solo paró un momento para quitarse los vaqueros y resultó que bajó ellos sólo tenía su polla bien dura. Sin ropa interior. Me la acercó a la cara desde el otro lado de la mesa. Ahora fui yo la que se la embadurné de tarta para no quedarme sin postre y que fuera más sabrosa de lo que ya se veía. Empecé a pasar la lengua desde los huevos que depilados, suaves y endulzar me metí en la boca para chuparlos. Lamí y besé el tronco subiendo sin prisa hacia el glande. Cuando lo tuve en la boca sujeté su cadera para que no me llegara al esófago. No por que el no fuera cariñoso y delicado, sino por que en el calor del momento la situación podía írsele de las manos... o más bien del rabo. Incluso subió una rodilla a la mesa al lado de mi cabeza para dejarme acceso libre a su prieto culo. Mientras le mamaba la polla pude deslizar un dedo en su ano. Mojado en la salsa del conejo como lubricante pude metérselo hasta la segunda falange. - ¿Primo te quieres correr en mi boquita? - Me quiero correr en todas partes prima, pero como no me falta nada empezaremos por tus dulces labios. Efectivamente un segundo después noté su leche en mi lengua y el paladar por la postura. Volví a pillar de la tarta para que me besara y darle en la boca la mezcla de todos los sabores. Por una de mis amigas que se lo había follado sabía que no se iba a negar. No me hizo falta llamarlo, él mismo se inclinó a meter su lengua en mi boca y jugando con la mía compartir. Creo que, al final, él se llevó la mayor parte sin una protesta al probar su semen. A pesar de todas las guarradas que llevábamos aún quedaba tarta y yo no me iba a perder la oportunidad de ponérsela encima. Con el calor que hacía y el que llevábamos nosotros ni el suelo de la cocina de gres estaba frío. - ¡Al suelo primo! - ¡que me vas a hacer? - Ya lo verás y sentirás. Tumbado boca arriba en las baldosas dejó que le pusiera lo que quedaba del postre por las zonas que yo quería lamer, en realidad todo su cuerpo. Aún quedaba para ponerme yo algo más por las tetas. Pero empecé por sus pies, chuparlos con lascivia dedo a dedo. Subir por el empeine por sus duras pantorrillas, por esas ejercitadas piernas que siempre me habían gustado. Con ese tratamiento su polla volvía a ponerse dura a pasos agigantados. Levantarlas hasta su pecho para dejarme el durísimo culo a mi merced. Lo pringué bien de crema para quitar el sabor de la salsa, pues ya sabía que él lo tenía escrupulosamente limpio. Cuando notó la punta de mi lengua en su ano gemía como una putita. Y yo tenía justo delante de los ojos su orgulloso nabo apuntando al techo. Tampoco me privé de untarlo de comida y volver a lamerlo, pero no mucho, pues lo quería en más sitios. Lo bajé al suelo para seguir lamiendo su vientre y pecho. Mordisquear sus pezones duros y oscuros mientras el seguía deleitando mis oídos con sus gemidos y suspiros. Con un nuevo beso lascivo y guarro me incorporé para sentarme sobre su cara y notar de nuevo su lengua en mi coño y además en mi culo. Yo también había tenido la precaución de ir bien limpita por dentro y por fuera. En cuanto noté la lengua en el ano la que gemía era yo. Una vez bien dilatada y con lo excitada que estaba no fue mucho tiempo ni muchos de sus dedos. Me fui moviendo hasta poner mi cadera sobre la suya y poner su glande en mi ano. Con los orgasmos que llevaba esa tarde quería su polla por detrás. Me la fui clavando, bajando el culo y sintiendo como él me acariciaba el clítoris con suavidad. Cuando apoyé las nalgas en sus duros muslos los dos soltamos a la vez un gemido de placer. Se incorporó lo suficiente como para besar mis pezones y yo empecé a moverme con suavidad arriba y abajo. Apoyada en su torso me movía despacio notando cada penetración. Ya no paré hasta que se corrió y me llenó el culo de lefa. Aún tenía fuerza suficiente para volver a ponérselo sobre la cara y recibir allí sus caricias con la lengua hasta lograr un último orgasmo. Conociéndolo no iba a ser el último. Sudados, y pringados de comida, semen y mis jugos por todas partes. Me levanté, metí las ropas de ambos en la lavadora que no tenía muy lejos. Tiré de su mano para llevarlo a la ducha donde nos enjabonamos el uno al otro hasta dejarnos brillantes de lo que nos frotamos el uno al otro. Luego a su cama a dormir una merecida siesta abrazados. Y mientras se secaba mi ropa tras sacarla de la lavadora, volvimos a follar antes de volverme a mi casa. .

sábado, 15 de mayo de 2021

Coronas y la ladyboy

Oculta detrás de una estantería acariciaba con sensualidad las sedas y encajes de la lencería expuesta al público. Ella se sentía tan lasciva como la lencería que estaba mirando, tan excitada, tan caliente como una hembra en celo. Pero esa no era su realidad sólo su deseo, entre sus piernas su polla negaba la feminidad de su mente. Pero todo eso no le impedía disfrutar del tacto de esas prendas. En ese momento de intimidad con sus deseos. La chica que atendía estaba con otra clienta pero observaba de reojo al jovencito andrógino pensando que iba a robar algo. Y era guapo el condenado, con el pelo largo negro, lacio, una linda carita delgada, un tipo fibroso casi delicado, con esas ropas demasiado grandes que no le hacían justicia a su cuerpo follable. Cuando largó a la última clienta se dirigió al muchacho que seguía medio escondido manoseando las prendas mas finas y provocativas. Ella se llevó un buen susto cuando aquella voluptuosa rubia de larga melena lisa y ojos azules la descubrió. Agachó la cabeza avergonzada de haber sido descubierta así. Pero cuando le dijo: - ¿Es que pretendes robarme? Ella solo pudo negar moviendo la cabeza con vehemencia, asustada. Su melena negra se movía como las crines de una bonita yegua árabe. -¿Entonces que haces con mi mercancía? Preguntó la dependienta. Acorralada no pudo mas que admitir la verdad. Tímida y dulce le dijo agachando la cabeza: - Solo miro, admiro la lencería que me gustaría ponerme. Son cosas preciosas, muy sensuales. Tengo dinero, puedo comprarlo. Había entrado a comprarse algo pero no lograba decidirse entre prendas tan bonitas. Incluso tenía el dinero. Eso había conseguido despertar la curiosidad de la rubia. Le preguntó: -¿Que te gustaría?. Ella se había fijado en un body de encaje trasparente con el escote hasta el ombligo y terminado en tanga, en color violeta. No tiene mal gusto la nena pensaba la voluptuosa rubia. Aún dudando pero empezando a excitarse cogió el de color rojo de la talla del cuerpo que tenia delante pensando en que no le quedaría nada mal. Puede que algo escaso en el pecho pero sensacional en ese culito duro. Mirándolo a los ojos con más de media sonrisa en los labios le preguntó. -¿Quieres probártelo? Dime para quien ibas a lucirlo. - No me atrevo a ponérmelo para nadie. No tengo novio ni nada parecido. Tuvo que confesar que únicamente para ella misma y su espejo. Qué sentir el roce de esas prendas era el único placer que iba a sacar de ellas. Lo que parecía un auténtico desperdicio, tanto para la lencería como para el bonito cuerpo que se la iba a probar. -vamos a hacer una cosa. ¿Por qué no vuelves a la hora de cerrar? Así solas y juntas vemos lo que podemos hacer por ti. Normalmente no habría propuesto algo así, normalmente no. Pero de forma extraordinaria, ya había surgido alguna ocasión en la que tontear con una clienta hacia llevado a pasar un buen rato juntas. En la timidez, dulzura y belleza del muchacho se veían nuevos placeres posibles. Si volvía trataría con la situación y si no, se olvidaría de todo. Nerviosa, la jovencita volvió a entrar en la tienda cinco minutos antes de cerrar. La dependienta ya había preparado algunas cosas para su nueva clienta especial. Incluido el body que le gustaba a ella. La recibió con un tierno abrazo y las llaves de la tienda para cerrar la puerta tras ella. - Así no nos molestará nadie. Aún no sé como te llamas. - Alex pero llámame Alexia por favor. - Yo soy Coronas, como comprenderás es un apodo pero a mí me gusta. Vamos a ponernos cómodas. Te he elegido algunas prendas. Ve desnudándote aquí no puede vernos nadie. Una vez a solas y como para darle confianza la rubia se abrió la blusa lo suficiente como para enseñar el negro sujetador de encaje casi trasparente. Claro que en ella con su talla cien era algo portentoso. Con esas muestras de confianza la joven se relajó y empezó a desnudarse enseñando su blanca piel y su cuerpo delgado, su cuello fino elegante sobre los hombros níveos. Al bajarse los vaqueros demasiado anchos las nalgas duras y respingonas los retuvieron un segundo para luego caer al suelo y enseñar unas bonitas piernas finamente torneadas y bien depiladas, a las que unas medias sentarían de maravilla. Lo único que le quedaba puesto eran unas pequeñas braguitas de una marca blanca de una gran superficie. Apenas podían contener la excitación del pene de Alexia. Al final con la cabeza gacha también se las saco descubriendo una polla pequeña y depilada. La rubia ya se había sacado la blusa luciendo el sujetador negro de encaje casi trasparente, que apenas podía contener la abundancia de sus senos y por el que se veían los pezones con claridad. Para darle confianza le dio un abrazo aplastando esa impresionante delantera en el pecho lampiño. Le tendió la sensual prenda en la que se habían fijado con anterioridad. La ayudo a subirla por los suaves muslos, rozándolos con cierto descaro, se la subió hasta los hombros y dejó que la morenita se colocara como pudo la polla y los huevos. Alexia se giró ante el espejo admirando su propio culito duro, y como la prenda moldeaba su figura haciéndola más femenina. Pero faltaban algunos detalles, unas medias suaves con ligas de silicona, unos altos zapatos de tacón, un cepillado a su lacio cabello para darle un toque mas femenino, un toque de maquillaje. En ese ambiente sensual fue la dependienta quien la ayudó con todo ello. La jovencita de sentía tan femenina como bella y en ese momento desfilando por la tienda admirada por otra mujer. Tan sexual espectáculo había excitado a la rubia que dejó caer al suelo la falda de tubo y solo sacando un pie y luego el otro de la prenda. Coronas se lucia así en su sensual conjunto negro, muy pequeño y trasparente ante su nueva amiga y alumna. La jovencita miraba a la dependienta con envidia admirando su cuerpo voluptuoso y su lencería. Y vio como la rubia llevaba la mano a su pubis mirándola a los ojos. Apartaba el tanga a un lado y se acariciaba despacio sin penetrarse solo humedeciendo el clítoris y los labios con sus propios jugos. La jovencita correspondiendo a la confianza volvió a desnudarse del todo para probarse un conjunto con liguero que le sentaba fenomenal usando las mismas medias. El sujetador de copa más pequeña que había en la tienda no necesitaba ni prótesis para que le quedara bien. El tanguita era tan leve que apenas lo notaba. Todo lo sentía sin tocar su polla que apuntaba dura al techo. Se miraba al espejo desde todos los ángulos sintiéndose toda una mujer por primera vez en su vida. Sin esconderse y delante de alguien que parecía comprenderla. Luego un corsé negro con un tanga tan leve y suave que parecía que no llevaba nada y la excitaba solo ponérselo. Desde luego no podía ocultar su erección que salía por un lado de la prenda, pero eso solo era una muestra de lo a gusto que Alexia se sentía en ese momento. Motivada por la jovencita que ya había perdido la vergüenza con la que había entrado en la tienda, la dependienta se probó lo mismo pero en violeta se pusieron juntas ante el espejo, para contemplar su belleza. Una voluptuosa, de cadera amplia y grandes senos y la otra delgada con su alto respingón y aunque más plana, plana del todo, muy sensual. La morenita no podía apartar los ojos de su nueva amiga y ver cómo se libraba de las dos reducidas prendas que le quedaban de una forma tan sensual la excitaba un tanto. Para ponerse un corsé y un tanguita como los que ella tenía puestos. La tetas de Coronas rebosaban por encima de las cosas del corsé. El tanga tan trasparente dejaba ver los labios de la vulva de la voluptuosa mujer. Con confianza se cogieron dé la cintura para posar ante la enorme luna de cristal. Rozaban sus muslos sin cortarse y los enormes pechos de la rubia se frotaban con los costados de la jovencita. Esta estaba mucho más excitada de lo que quería admitir. Siendo tan tímida nunca se había atrevido a ligar con nadie. Como ejercicio intelectual y estando segura de que le gustaría llegar a ser lo más mujer que pudiera siempre había supuesto que le gustarían los hombres. Coronas estaba volviendo del revés sus esquemas. Por supuesto la dependienta no estaba dispuesta a dejar marchar ese bomboncito sin catarlo. Sus caricias se hacían más insinuantes, más íntimas. Se puso a su espalda clavando en ella sus melones que el corsé ya abierto no contenía. La besó en el cuello y el hombro apartando su melena. - Eres preciosa vas a conseguir a cualquier persona que te propongas. Nadie podría resistir tus encantos. - ¿Ni siquiera tú? Le dijo sonriendo. -A mí me tienes hechizada desde que te vi con el primer tanga. Los besos se fueron haciendo más húmedos, más intensos. Alexia los aceptaba de buen grado. Caliente empezaba a darse cuenta de que la rubia podría enseñarle un montón de cosas y hacerla disfrutar mucho. Pronto sintió una mano acariciando sus huevos y un escalofrío de placer recorrió su columna. Eso hizo que se moviera echándose hacia atrás y su culo quedó pegado al pubis de Coronas. Echo la cabeza atrás apoyándola en el hombro de la rubia. Así su cuello quedó a disposición de esta que lo aprovechó de inmediato lamiendo la piel suave. Sintió la mano cogiendo su pene y moviéndolo despacio y suave. La paja que le estaba haciendo iba a llevarla al orgasmo en pocos momentos. - Si me haces eso me correré enseguida. Coronas le hablaba al oído, suave, lamiendo la oreja de la morenita. - Sería una lástima que se perdiera. ¿Me dejas que te la chupe? - Me has abierto todo una constelación de experiencias y sensaciones. Va a ser mi mundo y te lo agradezco pero además quiero que lo hagas. Deseo disfrutar contigo. Coronas le quitó el corsé pero le dejo el tanga. Las dos con la misma ropa. La arrastró hasta la moqueta para que fuera más cómodo para las dos. Y se subió sobre ella en un sesenta y nueve. Coronas tenía experiencia, sabía como hacerla disfrutar. Empezó lamiendo sus testículos sin dejar de acariciar la polla con una mano. La otra la puso en su prieto culo, amasando su dura carne y separando las nalgas. Iba a demostrarle a esa nena que podría disfrutar con cualquier persona siendo ella queen quisiera ser. Pronto un dedo estaba investigando el ano. Ensalivado hacia círculos para empezar a dilatarla. Pronto dejó los huevos y de dedicó al tronco con su lengua juguetona. Lamiendo y chupando el glande. Alexia al principio no supo qué hacer con el xoxito que tenía justo encima de su boca. Pero no en vano había visto mucho porno como para estar quieta mucho rato. Curiosa al ser la primera vulva que tenía a su disposición empezó a explorarla suave con los dedos mirando desde muy cerca cada detalle. Cada pliegue de los labios y el jugoso clítoris. Unos segundos más tarde era su lengua la que empezaba a investigar. Coronas se dio cuenta de que su protegida empezaba a espabilar. Separó más los muslos y dejó que ella fuera a su aire. Si conseguía que se corriera estaría bien pero se conformaría con lograr que Alexia se soltara. Así que fue una grata sorpresa lo que la jovencita le empezaba a hacer sentir. Notó su lengua entrando todo lo que podía en su vulva penetrándola. Luego jugando con el clítoris acariciándolo. Corona es de orgasmo fácil y no tardó mucho en dejar sus jugos en la lengua de Alexia. Tampoco tardó nada ya en recibir en la suya la lefa de la chica. En vez de tragarla como hubiera hecho otras veces se giró y se la ofreció a la joven travesti mezclada con su saliva. Dejándola caer de su lengua a la boquita abierta. No quería presionarla mucho más, esa tarde. Así que ni planteó que la follara aunque estaba deseando cabalgar esa polla teniendo a la chica vestida con la lencería más fina de la tienda. Tras correrse ambas decidieron que tenían que seguir conociéndose mejor pero que ese no era ni el momento ni el lugar. Alexia se llevó toda la rosa que se había probado pero solo pagó la mitad. El resto fue un regalo de Coronas. Siguieron en contacto y aunque la joven seguía comprando su ropa allí, donde follaban era en el piso de la rubia. .

viernes, 14 de mayo de 2021

El padre de mi amigo, la moto

. Otros relatos de la misma serie: El padre de mi amigo. https://www.todorelatos.com/relato/154511/ El padre de mi mejor amigo, el cumpleaños. www.todorelatos.com/relato/175246 Este es el comienzo, la precuela. Así es como se desarrolló la historia con mi mejor amigo Mario y como empezamos a follar. Y como empecé a provocar a su padre Julio que empezó a gustarme mucho en esas vacaciones. Luego una vez divorciado nos reencontramos. Tuvimos nuestros encuentros como follamigos y en un cumpleaños que terminó en orgía me presentó a algunos de sus amigos. Pero todo ello no habría pasado sin esas vacaciones, su cámara de fotos y los bañadores speedo rojos que usábamos todos. Mi mejor amigo, Mario, había recibido un buen regalo, una moto nueva. A nuestros diez y seis años y con las hormonas revolucionadas era una maravilla tener libertad de movimientos. Me gustaba ir de paquete cojido de su cintura apretado contra su espalda. O cuando me dejaba conducir y era su pecho el que notaba detras de mí y no solo su pecho, sino su polla dura clavada en mi culo. Somos inseparables desde que tengo memoria siempre hemos jugado juntos. Hemos hablado de todo sin secretos entre nosotros. Bueno casi, hay cosas que nunca nos habíamos atrevido a confesarnos. Hablamos de sexo sin cortarnos, de chicas, de sus cuerpos, pero no de los nuestros. A pesar de habernos visto desnudos infinidad de veces de rozarnos y tocarnos y tener estrecho contacto físico en nuestros juegos. La moto nos permite alejarnos más, explorar más lejos y buscar nuestros refugios secretos y soledad compartida sin miedo a que nos encuentren. Dando esquinazo a nuestros padres y familia. Teníamos kilómetros de playas a nuestro alcance y aún mas de bosques y prados. Explorábamos todo aquello y cuando encontrábamos sitios tranquilos descansamos allí, charlando medio desnudos sobre la arena caliente o la hierba fresca. Almorzando lo que hubiéramos llevado en una mochila. Llegábamos hasta la playa nudista de la que siempre habíamos oído hablar pero que nunca habíamos llegado a ver. Los cuerpos desnudos nos llamaban la atención. Los primeros días no nos atrevíamos a desnudarnos pero por supuesto a las pocas visitas nos mostrábamos sin pudor. Al principio nos tomaban por mirones pero al ver nuestra juventud lo tomaban por curiosidad natural y nadie nos decía nada. Si volvíamos tarde o temprano nos desnudaríamos. Ese día yo conducía sin camiseta y con un pantalón tan corto y fino que se me notaba todo. Mario llevaba un pantalón parecido al mío. Los muslos desnudos se rozaban. Sentado detrás de mí apretaba mi cintura con sus manos cruzadas justo sobre mi ombligo. Si las hubiera puesto por debajo yo estaría muy nervioso. Su pecho pegado a mi espalda nuestras pieles desnudas en estrecho contacto frotándose en cada bache. A los lados de la carretera por la que íbamos chicas en bikini y chicos en bañador buscaban un lugar en las playas para quedarse y para pasar el día. Nosotros pensábamos ir un poco mas lejos pero con el espectáculo y los roces la verdad es que me estaba poniendo caliente. La polla dura colocada hacia la izquierda me empezaba a apretar dentro de los pantalones. En mi culo empezaba a notar como a mi amigo le pasaba lo mismo que a mí. Empecé a notar en mis nalgas como su rabo se iba poniendo duro. No era la primera vez que nos pasaba y no le di mas importancia. Apoyó la barbilla en mi hombro desnudo en un gesto de cariño que era habitual entre nosotros. La gente empezaba a escasear pero Mario no se separaba de mí y la sensación me gustaba así que solo acomodé mejor el culo en el sillín sintiendo aún mas la dureza de su polla. Un poco mas lejos estaba la cala a la que íbamos. Mario se bajó primero y yo apoyé la moto en el caballete. Descolgamos la mochila y bajamos por la escalera del acantilado. Como esperábamos había poca gente y la mayoría desnudos. Íbamos mirando el panorama buscando un sitio donde poner nuestras toallas. Debajo de nuestros pantaloncitos cortos no llevábamos nada. Al bajármelo mi polla saltó como un resorte y la de Mario hizo lo mismo. Los dos nos echamos a reír ante lo absurdo de la situación lo que atrajo algunas miradas. Así que corrimos al mar un poco para escondernos, otro para relajarnos y otro para estar juntos y solos. Muy juntos que era como mejor estábamos. Yo entré primero y Mario tras de mí se me subió a caballito a la espalda. Era un juego pero su polla estaba cuatro dedos por encima de mi culo y mis manos sujetando sus muslos muy cerca de sus nalgas. Me adentré en el agua para ocultarnos de miradas indiscretas. Al soltarse su polla quedó atrapada justo en mi culo. Apreté las nalgas para mantenerlo ahí y eché las manos mas atrás para agarrar las suyas. No hizo nada por separarse, mas bien sus manos acariciaron mi pecho despacio alcanzando mis pezones que estaban duros como piedras. Al darse cuenta de ello en vez de dejarme en paz empezó a pellizcármelos y a jugar con ellos lo que me excitó aún mas. Apreté el culo para no dejarle escapar y él me dio un muerdo en la nuca. Uno de mis dedos se deslizó por la raja de su culo hasta encontrar su ano y era la primera vez que lo tocaba. Al menos si el agujerito por que el culo nos lo teníamos bien sobado jugando. No se amilanó para nada y me dejó penetrarlo hasta la primera falange antes de bajarse de mi espalda pero sin separar su cuerpo del mío. Notaba perfectamente la dureza de su polla rozando mis nalgas, mi muslo y mi propio rabo cuando se puso frente a mí. Lo tenía cogido de la cintura mientras el agua que nos llegaba a los hombros nos ocultaba de la visión desde la playa nos mirábamos a los ojos. Nos acercamos más hasta que nuestros labios se tocaron, se abrieron y dejaron pasar las lenguas con hambre de la saliva que recogían juguetonas de la boca del otro. Nuestro primer beso. Le magreaba el culo a placer y él hacía lo mismo con el mío llegando a pasar un dedo por el ano. Nuestros penes apretados entre nuestros vientres los sentíamos duros y calientes. Una de sus manos agarró los dos pajeándolos despacio. Una de las mías acariciaba sus huevos sin dejar de sobar su cuerpo con la otra. Tan calientes estábamos que nos corrimos enseguida dejando que el agua se llevara el semen. Jugamos un rato mas entre las olas sin atrevernos a comentar lo que había pasado. Y pensando que todo el mundo se había dado cuenta de lo que habíamos hecho. Salimos a la arena a tomar el sol y descansar fijándonos en los demás cuerpos desnudos, hombres y mujeres por igual. A pesar de estar todo el mundo en bolas era un sitio demasiado público como para hacer nada más. Aunque cada vez que volvíamos a meternos en el mar, ocultos hasta el cuello, volvíamos a acariciarnos. Esa noche me masturbé dos veces recordando la mano de mi amigo apretando mi polla contra la suya. Mezclándo imágenes de coños, tetas y de otras pollas sobre la arena caliente, de cuerpos desnudos. A la mañana siguiente me recogió temprano, lo único que me puse encima de mi cuerpo desnudo fue un short vaquero tan recortado que parecía un slip y Mario venía con su pantalón de deporte mas fino y pequeño. Algo había surgido el día anterior entre los dos y parecíamos dispuestos a explorarlo. No me dejó coger el manillar así que acomodé mi pecho bien pegado a su espalda y mi pene morcillón a sus nalgas duras. Rodee su cintura con mis brazos apretándolo fuerte justo donde la tela dejaba paso a su piel bajo el ombligo y apoyé la barbilla en el hombro. Si eso no le dejaba claro que me encantaría repetir los juegos de la playa tendría que decírselo. Por que no me iba a quedar sin ello. Pero si que lo tenía claro o al menos cierta parte de su anatomía. Al rato empecé a notar en mis dedos su polla dura queriendo salir del pantalón hacia arriba. No sabía si podría o sabría reconocer con palabras mi bisexualidad. En vez de hacia el mar se encaminó al bosque a un rincón cubierto de de hierba fresca oculto entre arbustos. Nuestro rincón secreto en medio del monte. Sin bajarme del sillín agarré su polla por encima del pantalón descubriendo con agrado que ya estaba dura. Sin soltarla metí la otra mano por dentro de la tela y se la acaricié sin mas estorbos. Mientras le besaba lamía y mordía suavemente el hombro y el cuello. Se giró como pudo para darme su lengua que de inmediato se cruzó con la mía. El pacto se había sellado. Nos bajamos de la moto sin dejar de sobarnos y en cuanto estuvimos frente a frente dejé caer sus pantalones al suelo. Hacía un momento los tenía bajados por debajo de la testículos y de ellos su polla asomaba. El abrió los míos dejando que la mía saltara dura. Metió la mano por dentro y saco los huevos. Se dejó caer de rodillas en la hierba. En vez de coger mi rabo con la mano lo cogió entre los labios, las manos las metió por las perneras agarrando con fuerza mis nalgas. Su mirada mientras clavaba sus ojos en los míos era pura lujuria. Y allá abajo veía de vez en cuando su rabo duro rozándome los tobillos al ritmo de los movimientos de lamer mi polla y huevos. Con todo eso y el calentón que llevaba de antes me corrí en su boca en muy poco tiempo. No se separó y recogió toda mi lefa en su boca. La mezclé con mi saliva cuando me incliné a besarlo y clavé mi lengua en la suya. Un beso largo morboso con el sabor del semen y sus manos librándome por fin del vaquero. Sin levantarse se echó hacia atrás y se tumbó en la hierba con la perpendicular de su rabo tieso apuntando al cielo. No sabia donde lo quería pero tenia muy claro que lo necesitaba dentro de mí. Como hacía mucho que habíamos pasado el punto de no retorno me ensalivé bien dos dedos y me dediqué a abrirme el culo dispuesto a sentarme encima de su polla. Le veía en la cara lo que le gustaba el espectáculo. Más cuando dejé caer mas saliva en su brillante glande y despacio doblé las rodillas hasta apoyar el ano en él. Con mas esfuerzo y dolor del que pensaba fue abriéndose camino en mi interior. Pero por nada del mundo iba a parar aquello hasta que no se corriera en mis tripas. El ayudaba poniendo más saliva en mi polla cuando levantaba el culo. Y más lubricado volvía a bajar. También me cogía la polla acariciándola. Tenía que conseguir que se corriera follándome. Y si fue, al rato su lefa llenaba mi ano. Yo no me corrí pero para entonces mi nabo volvía a estar duro. Mario no quería quedarse sin su parte y se puso a cuatro patas para mí. No pude resistirme y cuando lo vi así de expuesto me puse a comerle ese prieto culito. A pesar la lengua por toda la raja y clavarla en el ano que aprecia abrirse pidiendo más. Y no era el su agujero el que pedía. - ¡Vamos fóllame! Lo necesito. Desde luego le di el gusto y segundos más tarde lo estaba penetrando a lo perrito en medio del bosque. Pronto me di cuenta de que su padre me atraía. Mientras mi relación con Mario se afianzaba por un camino que ninguno de los dos había supuesto antes de esas vacaciones. Julio, todo un hombretón atractivo y masculino que usaba los mismos bañadores tipo slip que nosotros. El suyo rojo y minúsculo parecía que tapaba un buen rabo. Ese cuerpo me gustaba. Se dedicaba a hacernos fotos en cuanto podía. Sus preferidas eran cuando estábamos en bañador en la playa o en el jardín del chalet alquilado y nosotros posábamos haciendo el payaso. Estoy seguro que me de una vez le enseñamos el culo bajándonos lo que lleváramos puesto en ese momento. Y si fue lo bastante rápido en alguna foto los dos estamos haciéndole un calvo a la cámara. Quiero una copia de esa foto. Más de una vez quedaría plasmado en esas fotos más carne de la que pretendíamos. Pero aparte de provocarlo exhibiendo más piel de la necesaria o con roces y apretones nunca se me pasó por la cabeza pasar de ahí con Julio. Y joder como me gustaba. Si él hubiera pasado alguna vez de abrazarme y cogerme el culo en algún gesto cariñoso yo mismo me habría bajado los pantalones. Los míos para que me follara o los suyos para comerle ese rabo que se marcaba en el bañador tipo slip. Ambos nos contuvimos por entonces. Esperando un momento más propicio para dar rienda suelta a nuestro deseo. También estaba mi relación con Mario por supuesto que siempre me tenía cachondo. La continuación en: El padre de mi amigo.

jueves, 13 de mayo de 2021

El padre de mi amigo, el cumpleaños

. De vez en cuando quedaba con el padre de mi mejor amigo. No es que fuéramos novios, solo follamigos. Una veces solo nos tomábamos unas copas en un bar y otras directamente en su piso de divorciado nos lo comíamos todo y nos follábamos el uno al otro. Los dos seguimos siendo bisex, versátiles y muy morbosos. Una tarde entre semana recibí un wassup suyo. -¿Quedamos el viernes? Como no tenía nada planeado le contesté que si. - Perfecto, vente lo más putita que puedas, he pensado en algo. Vente por mi piso. Fue la críptica respuesta. No sabía lo que tendría pensado pero seguro que sería algo divertido. Siempre me lo pasaba bien con él. Al abrirme la puerta pareció algo decepcionado con mi atuendo, un vaquero y un jersey. Había decidido castigarlo por su misterio y yo también quise darle una sorpresa. Ya en el salón me quité el jersey que tapaba una camiseta de rejilla negra totalmente trasparente. No la usaba mucho pero aquella era una ocasión ideal para lucirla. Sus ojos hacían chiribitas al descubrir los secretos de mi atuendo. Aflojé el cinturón ancho y con adornos metálicos del vaquero y cayó a media nalga descubriendo el bañador slip rojo que él me había regalado la primera vez que follamos. Llevaba también unas botas militares y una cadena entre los bolsillos del pantalón. -¿Que tenías pensado? Julio. - Me han invitado al cumpleaños de un amigo. -¿Y quieres que yo sea el regalo? - No, no solemos hacernos regalos. Tu serás el animador de la fiesta. No vamos a ser muchos, es algo íntimo. -¿Y tú pretendes que la cosa se convierta en una orgía? Por lo que parece. Ya estaba viendo por donde iban los tiros. Pero me estaba costando un triunfo que me diera detalles. - Tanto como eso.... bueno ya veremos a ver como sale. Pero si animarlos un poco. Son todo tíos de mi edad, gay o bisex, así que no creo que sea difícil. - Bueno dame unos minutos para terminar de prepararme. Entré al baño y me eché algo de mi pelo lacio hacia la frente. Me puse algo de rimmel negro en los ojos y me añadí pintura o esmalte fácil de quitar en las uñas, negra también. Incluso algo de pintalabios negro y una gargantilla de cuero en el cuello. Con unos guantes de rejilla del mismo material que la camiseta quedaba terminado mi look de emo gay. No suelo ir así, la ciudad es pequeña y llamaría mucho la atención. Pero ante su petición me apetecía llevar ese tipo de imagen. Salí al salón y me di una vuelta sobre mi mismo para lucirme. Se le veían las ganas de terminar de bajarme los pantalones y ponerme mirando a Cuenca allí mismo. Casi tuve que escapar de sus brazos, pero aún así nos dimos un buen morreo como preludio al resto de la noche. Saliva va, saliva viene y con cruce de lengua nos fuimos calentando. - Vámonos o no terminamos de salir de aquí. Cogimos el ascensor y un piso más abajo se subió una señora con nosotros. Se me quedó mirando. Por su expresión nunca llegué a saber si quería llamarme maricón, le estaba dando un infarto o quería bajarme los pantalones y comerme la polla. Se bajó en el portal y nosotros seguimos hasta el garaje riéndonos. Llegamos en su coche al piso de la fiesta, en otro barrio al otro lado de la ciudad, sin más incidentes aunque si me fijé en que la gente me miraba en cada semáforo. No es una ciudad muy grande y ese look aún llamaba la atención. Al llamar a la puerta del piso nos abrió un hombre bastante guapo, moreno, algo canoso, con un buen cuerpo fibroso, delgado, vestido con una camiseta de tirantes y unos vaqueros desgastados y una gran sonrisa que se ensanchó más al fijarse en mí. Julio me presentó. - Este es Alex viene conmigo. Alex te presento a Nacho. Un buen amigo que me ayudó mucho después del divorcio, ya te haces una idea. Seguro que se habían animado el uno al otro en una cama, o en el sofá o en la encimera de la cocina. Imaginaba y no estabas muy desencaminado. - Pasad y serviros unas copas. Pablo ya está aquí. Cuando entré sabía que sus ojos perseguían mi culo con una mirada de lujuria. Pero me hice el despistado continuando hasta el salón. Una música suave llenaba la estancia al suficiente volumen para que se notara sin molestar a los vecinos. Allí sentado en el sofá estaba el tal Pablo, digno del mismísimo Picapiedra. Un tío enorme que casi ocupaba dos plazas de un sofá de tres. Aunque no estaba gordo, parecía un cuerpo normal en talla extragrande. Se levantó de inmediato a saludarnos. En vez de darnos la mano como hubiera sido habitual entre hombres se inclinó a darnos dos besos. Detalle que me encantó. Era evidente que tenía que inclinarse para ponerse al nivel de cualquiera de los que estábamos allí. A ojo debían ser más de dos metros. Llevaba unas bermudas que descubrían sus piernas bien depiladas y suaves. Además de una camiseta abierta que poco tapaba su torso de barril también sin un pelo. Me cogió de la cintura para besarme las mejillas en cuanto Nacho nos presentó. Y yo en mi papel me colgué de su cuello para devolverle esos besos muy cerca de sus carnosos labios. Aproveché para pasar la mano por su cabello cortado al uno y que empezaba a escasear. Me imaginaba esa boca enorme comiendo mi polla. Julio que también lo besó, suave y rápido en los labios preguntó: -¿Falta alguien? - Solo Marcos, pero no tardará. Me ha mandado un wassup diciendo que estaba aparcando. - Estupendo. ¿Dónde están las copas? Fue decir esa frase y Nacho ya nos estaba poniendo los vasos en las manos. Mientras el anfitrión y yo charlábamos por detrás oía cómo Pablo le comentaba al padre de mi amigo: - ¡Que ricura!, ¿de donde has sacado ese bomboncito? - Es un amigo de mi hijo, un chico muy majo. Aunque algo estrafalario. Lo comento siguiendo el plan que habíamos trazado en el viaje. En ese momento llegó el invitado que faltaba. Nacho lo dejó pasar y le puso su copa. Sin contarme a mí, Marcos era el más joven, no pasaría mucho de la treintena. Era un rubito, guapo, delgado y de ojos azules por lo que daba la impresión de ser aún más joven. Me sonaba de haberlo visto alguna vez en una discoteca, pero nunca me había acercado a él. Ni él a mí. Llevaba unos vaqueros y una camisa blanca muy fina y con algunos botones abiertos. También le pusieron una copa en la mano y me presentaron como es debido. Sí que me dio un apretón de manos firme y que duró bastante tiempo mientras nos mirábamos a los ojos. - Creo que te he visto alguna vez por la Cómic. - Eso me pareció cuando te he visto. Pero siempre ibas muy bien acompañado y nunca pude acercarme a tí. Me dijo con una bella sonrisa. - Igual hubiera tenido que acercarme yo. - Pues te lo hubiera agradecido. Pero nunca te vi vestido así. - Me apetecía darme un capricho. ¿No estoy bien así? Les provoqué a ver por donde salían. Las protestas no tardaron nada en llegar alagando mis oídos. - ¡Para nada! ¡Estas guapísimo! ¡Fantástico! Terminadas las presentaciones y cada uno con su bebida dejé de ser el centro de atención. Estuvieron un rato poniéndose al tanto de sus vidas como amigos normales. Julio ocupó un sillón y yo me senté en el brazo del mueble dejando que rodeara mi cintura en un gesto posesivo. Acariciaba mi vientre y muslo dejando que los demás lo vieran perfectamente. Incluso mientras charlábamos pues de vez en cuando yo también metía baza, deslizó su mano por debajo de la camiseta. Al ser esta trasparente del todo los demás veían su mano acariciar mi piel directamente. Eso empezaba a caldear el ambiente. - Buscáos una habitación. -¿Por qué? ¿no es mejor aquí? sin escondernos. - Pues claro pero nos está dando envidia a los demás. Ese fue Pablo. -¿Quieres un poco? - No me importaría. - Alex ¿le quieres dar un poco de cariño?. Me dijo Julio La cosa iba más rápida de lo que yo había pensado. No sé si por mi atuendo o por que ellos ya eran unos calentones de por sí y aquella no era su primera orgía. Sin contestar me levanté y fui a sentarme en las rodillas desnudas del gigante, de lado. Apoyé la cabeza en su pecho y rodeé aquel cuello de toro con mis brazos. - ¿Así estas más contento? - Todavía no, pero falta poco. Y me besó. Esa lengua gigantesca hacia maravillas en mi boca pues de inmediato la abrí para dejarle pasar. Yo la lamía y chupaba apretándola entre mis labios. Me dediqué a acariciar uno de sus pezones por dentro de la camisa. Mientras una de sus manazas me agarraba el culo amasando las dos nalgas a la vez, por encima de la lycra del bañador. Daba para ello. Con la otra, suave, me acariciaba la pierna. Junto a mi muslo notaba como su polla empezaba a coger dureza y tamaño. Como fuera a juego con el resto de su cuerpo aquello debía ser algo portentoso. - ¡Mira ahora quien es el abusón!. - Pura envidia. - ¡Desde luego! Todos nos reíamos con el intercambio de bromas. Marcos se acercó a nosotros. Me tendió la mano. - ¿Bailas? - Pues claro. Sonriendo a Pablo para insinuarle que no me olvidaría de él, me levanté sin soltar la mano tendida. La música era suave, invitaba a bailar lento y agarrado. Lo que era perfecto. Marcos sujetó mi cintura y me pegó a su cuerpo delgado pero fibrado. Apoyó la cabeza en mi hombro en un gesto tierno que me encantó y al que correspondí haciendo lo mismo. Debía notar perfectamente en su pubis la dureza de mi rabo pues Pablo ya me había excitado mucho. Y yo empezaba a notar como el suyo cogía consistencia bajo sus vaqueros. Ya no me iba a cortar así que un segundo después mis manos estaban agarrando su trasero que por su dureza parecía forjado en hierro. Él en cambio se decidió por mi pecho pellizcando uno de mis pezones que la camiseta le dejaba ver. Por el rabillo del ojo pude ver como Nacho se había acercado a Julio que le estaba agarrando el culo con toda su fuerza. - ¿No es hora de ver más carne? -¿Te parece poco como voy? a mí se me ve todo. - Tú estás genial. Decía los demás. Empieza a sobrar ropa -¿Por qué no te quitas tu algo? Así nosotros podríamos ver mucha carne. Decía alguien a mis espaldas, suponía que Julio. Pero no estaba para prestar mecha atención. Aún así en uno de los giros que hacíamos al bailar lo vimos quitarse la camisa. Lo único que cubría esa enormidad eran sus bermudas y no eran muy grandes. Si me concentré lo suficiente como para separarme lo justo como para empezar a abrir los botones de la camisa de Marcos. Por fin pude besarlo. Y como somos más o menos de la misma altura ninguno tuvo que inclinarse para hacerlo. Bastó con sacar las lenguas y empezar a jugar con ellas. Al poco tenía su camisa colgando del cinturón y el torso fibrado y sexi, con las costillas marcadas a sus costados, desnudo. Me encantaba acariciar la piel suave de ese pecho. Marcos había metido las dos manos por dentro del bañador rojo. Y uno de sus dedos ya estaba deslizándose por la raja buscando mi ano para acariciarlo. Julio y Nacho por su parte ya habían empezado por su lado. El anfitrión se había subido a caballito encima de mi amigo y se estaban comiendo las bocas como si no hubiera un mañana. Las manos de ambos recorrían sus cuerpos y sus ropas ya no estaban tan colocadas como cuando habíamos llegado. Se levantaron y ya sin cortarse se quitaron los vaqueros y las camisetas. Solo con los ajustados slips se fueron a sentar junto a Pablo uno a cada lado. Y se pusieron a acariciar esa mole mientras él giraba la cabeza y los besaba por turnos. Cuando morreaba a uno el otro le comía los pezones y chupaba su pecho o levantaba el brazo de su lado para lamer la axila sin vello. En medio del salón despejado Marcos y yo seguíamos bailando lentos y sacándonos algunas prendas despacio. No había prisa. Nos descalzamos para rozar nuestros pies y bailar más sensual. Además mis botas habrían machacado cualquier pie descalzo que hubiera pillado debajo. Terminé de tirar su camisa a un rincón mientras él soltaba el cinturón y mis pantalones caían hasta los tobillos. Me ayudó a liberarme de ellos. Agachado aprovechó para pasar la cara y los labios por encima de mi paquete y notar su dureza. Pero sin quitarme el bañador. Volvimos a abrazarnos y besarnos en medio del salón dando espectáculo a los otros tres que seguirían acariciándose. Marcos se decidió por fin a quitarme la camiseta que tanto juego había dado hasta entonces. Pero que a mi ya me molestaba puesta. Aprovechó para lamer mis pezones y cuando tuve los brazos por encima de la cabeza las axilas. El cinturón de sus vaqueros me arañaba el vientre así que empecé a quitarle los pantalones. Si slip era tan pequeño y ajustado como el mío. No me resistí a sujetar un momento su polla entre mis dientes con suavidad y por encima de la tela. Piel con piel, pecho con pecho seguimos bailando bien pegados. Nuestras pollas duras sólo separadas por los gayumbos. Para entonces en el sofá Pablo tenía agarradas con cada una de sus manazas los nabos de sus amigos y los pajeaba con suavidad. Mientras los tres nos miraban a nosotros. Julio y Nacho habían conseguido sacar el mástil, pues aquello merecía ese nombre, de las bermudas del gigante y lo meneaban a dos manos y aún así sobraba polla. Marcos y yo nos bajamos los slips a la vez dejando que los otros nos vieran las nalgas y frotando por fin los rabos desnudos uno contra otro. Yo agarré las dos y las pajeaba suave mientras seguíamos dándonos saliva. Me lamió la oreja para decirme lo suficientemente alto como para su lo oyeran todos: -¿Y si vamos a la cama? Todos estuvimos de acuerdo. Por el camino fueron desapareciendo las últimas prendas que quedaban enredadas en las ingles. Lo único que quedó fueron mis guantes de gasa trasparentes. Pablo me levantó con sus fuertes brazos y yo rodeé su cintura con mis piernas mientras le comía la boca y me llevaba sin esfuerzo aparente hasta el dormitorio. Su polla dura rozaba mi ano provocándome escalofríos de placer. Sin soltarme se dejó caer en la cama conmigo encima. Tenía que lubricarme bien o aquello me iba a provocar un destrozo. Julio atento a que no me pasara nada se puso entre los muslos de Pablo. Allí noté su lengua en el ano para dilatarme aunque de vez en cuando le daba buenas lamidas al tronco de Pablo. Alguien le alcanzaría el lubricante pues al poco empezó a ponerlo en ambos sitios. Se gastó mucho de eso esa tarde noche. Nacho se vino entre nuestras cabezas. En cuclillas consiguió meter su cara entre nosotros. Pablo le alcanzaba a comer el culo y yo tenía su polla justo frente a mi boca. Evidentemente no me resistí y empezando desde los huevos empecé a lamerla y chuparla. Estaba claro que no era la primera vez que se lo montaban así y que tenían las posturas ensayadas. Y yo me había tragado como un pardillo que iba de animador. Marcos quedaba por allí, tocando, besando, lamiendo toda la carne que había expuesta. Toda la piel a su disposición. De vez en cuando yo sentía sus caricias y besos en mi piel. Pero se dedicaba a los cuatro. Una vez bien lubricado fui echando la cadera hacia atrás para irme clavando en el pene de Pablo. Julio lo sujetaba y guiaba para que no nos hiciéramos daño, sin dejar de lamer todo lo que alcanzaba. De los testículos del gigante a mi espalda. Estaba en la gloria con todo aquello entrando en mí. Manos y lenguas por todas partes y no podía ni gritar ni suspirar de placer por que tenía la boca ocupada comiendo otro rabo. Soy bueno haciéndolo y no es falsa modestia pues Nacho fue el primero que se corrió en mi boca. No lo tragué pues Marcos vino enseguida a compartirlo en un beso tan lascivo como el resto que nos habíamos dado mientras bailábamos. De hecho nuestras babas y el semen caían o más bien lo dejábamos caer en la boca de Pablo justo debajo de nuestras caras juntas. Yo no dejaba de moverme, quería sentir la lefa del gran hombre dentro de mí y quien estuviera cerca que se tomará el sobrante que saldría de mí ano. Era evidente que fue Julio quien consiguió comerme el culo mientras el enorme aparato se aflojaba y salía solo de mí. Con una expresión de lujuria en su enorme rostro me dijo: - ¡Fóllame tú! Si que me bajé el tiempo suficiente como para darse la vuelta y ponerse a cuatro patas. Y yo detrás, teníamos a los demás alrededor esperando su turno y con las pollas duras. Pero yo fui el primero en follar a Pablo. Marcos a nuestro lado tenía a Nacho boca arriba con las piernas levantadas hasta el pecho y empezaba a follarlo. El gigante justo sobre su cara le daba lengua al anfitrión mientras yo empezaba a abrirme paso en su culo. Separaba las grandes nalgas con las manos mientras empezaba a penetrarlo. Solo quedaba Julio, besándome, que a mi lado esperaba que me corriera para que le dejara el sitio. Y sus manos no dejaban de acariciarnos. Debido a la excitación de toda la tarde ya no tardé mucho más y le lleve el culo con mi lefa a Pablo. Me hice a un lado y le dejé el sitio a mi amigo que no tuvo ningún problema en meter su rabo que yo tanto conocía en el ano lleno de semen del gigante. Mientras Julio terminaba yo fui a echarle una lengua a Marcos allí donde podía. De su cuello y hombros a todo el pecho y la axila. Pero tenía otro objetivo incluso más apetecible un poco más abajo. La polla de Nacho se meneaba al ritmo de la follada poniéndose dura poco a poco. Volví a chuparla, y el vientre plano de ambos. Los que no teníamos la boca ocupada suspiraban y gemían, proclamando lo que estaban disfrutando. Ninguno aguantó mucho más la caña que llevábamos y uno ya otro se fueron corriendo en los agujeros correspondientes. Quedando todos mezclados y revueltos sobre la cama. Recuperando el resuello y relajándonos, pero sin dejar de acariciarnos y besarnos. Yo estiraba la mano y allí donde la ponía había carne, piel y un cuerpo que tocar. Lógicamente también había manos y labios que se posaban en mi cuerpo procurando darme placer y no me molesté mucho en averiguar de quien eran. Me limitaba a disfrutar de las caricias. Al rato estábamos listos para un segundo ronda con las pollas apuntando al techo. A Julio lo tenía muy visto y de Pablo ya había disfrutado. A Marcos le tenía ganas desde que había estado bailando con él pero empecé por Nacho, que me había quedado muy cerca. Nos besábamos con lascivia y mucha saliva mientras cada uno tenía en la mano la polla y los huevos del otro. Me giré y le dejé la mía sobre la boca mientras yo me dedicaba a darle lamidas a la suya y a sus testículos. Así que mi culo quedaba en pompa listo para quien pasara por allí. Marcos aprovechó la ocasión, calva como mi culo, sin un pelo. Y allí fue donde noté su lengua. Volviendo a dilatarme para follarme. Ya estaba otra vez enganchado con aquellos viciosos. Pablo y Julio a nuestro lado también de lo estaban montando, mi amigo cabalgando al gigante. Marcos se echaba sobre mí para hablarme al oído y lamer mi oreja. - Resérvate, quiero que me folles. - Cuando quieras, la sacas y cambiamos. - Nacho, ¿Te importa? Este tenía la boca muy ocupada con mi nabo como para responder, pero no pareció importarle. Fui yo el que me tumbé boca arriba y ellos los que se me subieron encima. Mi culo había quedado vacío pero no me importó demasiado. Pues Marcos empezó a sentarse sobre mi polla que le fue entrando despacio pero firme, bien ensalivada por el anfitrión que se sentó sobre mi cara para que le comiera todo lo que alcanzaba. Del duro culo al morado glande. Ya no volvimos a cambiar de postura. Yo me corrí en el recto de Marcos que lo hizo sobre mi vientre llenando mis abdominales de su lefa. Nacho no tardó en correrse en mi boca y entre los dos lamieron todo lo que había quedado sobre mi piel. Para entonces llevábamos horas en aquella orgía. marcos se quedaría a firme con el anfitrión. Julio y yo fuimos por finalizada la diversión por esa noche y nos llevó a casa a Pablo y a mí. Dejamos al gigante en su chalet con un buen morreo para ambos y la promesa de volver a vernos y disfrutarnos. Yo me quedé a dormir en casa del padre de mi amigo. Solo dormir hasta por la mañana. Cuando volviendo a follar comentamos la jugada de la noche anterior. Tuvo que confesarme que no era la primera orgía que montaban. -¿Querrás participar más veces, no? -Por supuesto, lo disfruté mucho. ¿Tu hijo no sabe de esos amigos tan viciosos que tienes? - Claro que no, conocí a Nacho después del divorcio y él me presentó a los otros. Y ya vez que no nos cortamos mucho. #