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miércoles, 27 de octubre de 2021

Sentada en la escalera

. Era un julio caluroso, agobiante. Regresaba a casa después de un turno de noche especialmente incordiante. Me apetecía meterme en la cama aunque nadie me esperase dentro. Solo me cubría un short vaquero especialmente corto y una camiseta de tela ligera que marcaba mis pechos como si apenas llevase ropa encima. Y es que debajo de ella no llevaba nada. Bueno eran mas de las seis de la madrugada y no me vería nadie, así que no importaba. Al abrir la puerta del ascensor, en mi piso, me llevé un pequeño sobresalto, a esas horas no esperaba encontrar a nadie en el pasillo. Pero allí estaba ella sentada en la escalera. Sus larguísimos muslos saliendo de una casi inexistente minifalda. Era la hija de los vecinos de al lado. A la que había visto crecer desde que sus faldas eran de ese mismo tamaño, pero le cubrían las piernas casi por entero, o por lo menos hasta los calcetines largos y llevaba coletas recogiendo esa bella melena castaña. - ¿Pero qué haces ahí? criatura. ¿Y a estas horas? La pinta era que regresaba de juerga pero tuve que preguntarle que hacía en el pasillo sentada en un escalón y no en su cama. Sus padres estaban de viaje y ella se había dejado las llaves dentro del piso. - Me he dejado las llaves dentro y estoy sola. No sé que hacer. - Bueno no te vas a quedar ahí más rato. Anda, entra en casa. Casi me vi obligada a invitarla a pasar mientras esperábamos a un cerrajero o a sus familiares. Aunque solo por contemplar un rato mas aquellas piernas o su tremendo escote merecía la pena quedarme despierta toda la mañana. O todo el día si hiciera falta. La vista era realmente espectacular. - ¿Te apetece comer algo? ¿Un café?. - Si te vas a hacer algo para ti, lo mismo. Si no, no te molestes. - No es molestia, ponte cómoda. Me mostré amable como buena vecina mientras preparaba un ligero desayuno para las dos. Interesándome en su vida y en como había pasado la noche, a la vez que le echaba jugosos vistazos cada vez menos disimulados a su expuesta anatomía. No era la única, mis muslos completamente desnudos por el short parecían atraer sus bellos ojos castaños. También mis pezones duros y marcados en el algodón de la camiseta se llevaron buenos vistazos. - Antes, de niña, me contabas todo. Hace mucho que no hablamos, aunque con la uni estarás liada. ¿Te has divertido? ¿Has ligado?. - Si, apenas coincidimos. Con tus horarios y los míos, aunque se que mi madre te tiene al tanto de mis andanzas. Y me echó una enigmática sonrisa que no supe descifrar en ese momento. -Y esta noche al final nada. Un par de copas, unos bailes y a pasar el resto de la noche con el móvil en la escalera. Si no llega a ser por ti, un desastre de noche. Solo de imaginarla bailando con esa minifalda en medio de un montón de babosos me ponía cachonda. Ya me hubiera gustado estar en el mismo pub tomando una copa o trabajando de camarera. - Pasa al baño y quítate el maquillaje. Yo me pondré algo más cómodo. Le ofrecí mi baño para que se desmaquillara. Mientras, dejaba adrede la puerta de su aseo abierta. Ya en mi dormitorio, me desnudaba del todo y luego me cubría con un pequeño y corto kimono de fino satén. Me pareció ver por el rabillo del ojo como ella espiaba mi desnudez desde el espejo sobre el lavabo. Nos habíamos estado contemplando desde que la dejé pasar a mi casa. Nos sentamos a la mesa de la cocina, una enfrente de la otra. La prenda que me cubría, descubría mas bien, estaba mas abierta por el escote de lo que pretendía al principio y mis muslos permanecían desnudos aún mas arriba que los suyos. Sorprendí más de una mirada fugaz hacia mis pechos, así que decidí subir las apuestas. Había conseguido que dejara sus stilettos en el salón. Le ofrecí algo mas cómodo para ponerse mientras esperábamos. - Ya que tienes que quedarte un rato, te puedo dejar algo para que cambies. Podrás escoger, tenemos una talla parecida. Al terminar el desayuno volvimos a mi dormitorio a buscar en mis cajones. Se los señalé con un gesto, dando permiso para curiosear lo que quisiera. Incluido aquél en que guardaba mi lencería mas sugerente, aquél en el que ella curioseó bastante. Después de un rato, terminé ofreciéndole un breve camisón de tirantes de raso y con la falda justo al ras de mis nalgas. Era la prenda que hacía juego con el kimono que yo tenía puesto y que había decidido dejar en el cajón un rato antes. Como ella es más alta que yo debería quedarle aún mas corto. Era la prenda que hacia juego con lo que yo tenía puesto pero que no me había molestado en usar. Sentada en mi cama pude ver pude ver como se deshizo sin complejos del cinturón que ella llamaba falda y del top que comprimía sus preciosos, cónicos y duros pechos. Ante mí solo con el microscópico tanga de encaje lucia su bello cuerpo sin mas vergüenza que yo el mío. Moviéndose por mí dormitorio sensual y felina tardó un rato en cubrirlo con la prenda que le había ofrecido. Como imaginaba le quedaba completamente provocativa. Los pezones marcados en el fino satén. Al ser un poco más alta que yo, tenía más de medio culo desnudo. No nos movimos del dormitorio, ya no hacía falta disimular mucho más. - Estás preciosa. Te queda fantástico. - Creo que le gustaría a cualquiera con esto puesto. Es muy provocativo, no sabía que tuvieras esta lencería tan sensual. - Cielo, con cualquier cosa e incluso sin nada, tendrías encandilado a cualquiera que te propongas. Podríamos habernos echado en la cama y dormir pero esa no era la idea de ninguna de las dos. Estábamos cómodas allí. Yo terminé de recostarme en mi cama de matrimonio dejando que el kimono se abriera mas y ella pudiera ver sin estorbos mis pezones. Con los muslos juntos ella aún no podía ver mi vulva. Se tumbó a mi lado de costado mirándome y mordiendo su labio inferior mientras me contaba más detalles de su noche. Los reducidos y provocativos vestidos de sus amigas, sobre alguno de los chicos que le habían entrado y que no le gustaron. Casi solos, mis dedos acariciaron suavemente su largo muslo. Como no rechazó la caricia dejé descansar mi mano en su cadera justo sobre el prieto culo. Ella aún llevaba su microscópico tanguita que me ocultaba los labios de su vulva. Con algo de su largo cabello ocultando su bello rostro me pareció sorprender una sonrisa en sus rojos labios. Se inclinó sobre mi cara, rozándome con su melena me besó con suavidad en los labios. Y por fin una de sus manos se apoderó de mi teta desnuda acariciando entre sus dedos el pezón. La mano en su cadera se apoderó de su nalga firme agarrándola con fuerza atrayéndola sobre mi cuerpo. Comenzó a darme lengua, a compartir su saliva. Mientras nuestras manos se hacían mas atrevidas en la exploración de nuestras pieles. Poco tardó en librarme del kimono con lo que me dejó desnuda del todo. Tuve que incorporarme lo justo como para sacar la prenda por mis brazos. Quedé a su merced. Lo que aprovechó para situarse entre mis muslos. Encima de mi cuerpo notaba sus duras tetas aplastarse contra las mías más esponjosas y grandes que las suyas. Tuve que separar las piernas para que se acomodará entre ellas y yo ya no tenía las bragas puestas. Así que notaba perfectamente su piel rozando mi vulva. Seguía dejando caer saliva dentro de mi boca y volviendo a recogerla con la lengua. Cruzándose con la mía que se la chupaba. Mis manos recorrían su suave piel sin prisa. De las duras nalgas a su nuca, por toda la espalda. Con toda intención puso el muslo en mi coñito y apretó. Se me escapó un gemido al notarlo. No era su primer asalto. La chica sabia que teclas tocar y yo no tenía mi idea de con quien habría aprendido. Apreté su precioso culo para notarla. Al moverla arriba y abajo nuestras tetas, nuestros duros pezones se frotaban con más fuerza. No sé el tiempo que estuvimos besándonos, solo eso. Además de acariciarnos con suavidad. A mí se me había pasado el sueño y ella parecía no tenerlo. Al cabo de un rato ella empezó a moverse, sin prisa. Besando y lamiendo toda mi cara. Al meter la lengua en mi oreja me hizo cosquillas pero no le pedí que dejara de hacerlo. Bajaba despacio por mi piel, por el cuello y los hombros. Cuando empezó a mordisquear mis pechos y besar mis pezones casi me corrí. Pero ella no era la única que sabía jugar a ese juego. Conseguí deslizar una mano entre las dos, por el plano vientre hasta alcanzar su coñito. El gemido que soltó lo acalló en mis tetas. Suave separé los labios hasta alcanzar el clítoris. Ahora sus flujos caían en mi muslo y el dedo índice se introdujo casi solo en su conejito. - Déjame, quiero saborearte. Y la dejé. Notaba lengua por todas partes, por mi pancita y el ombligo. Por suerte llevo el pubis bien depilado y limpio. Cuando ella lo alcanzó con sus labios la que gemía y suspiraba con fuerza era yo. Mi primer orgasmo llegó cuando su lengua tocó el clítoris. Me tenía muy caliente la nena. Derramé mis jugos en su boca apretando su cabecita entre mis muslos. ¡Joder, como lo comía!. Y no se conformó con eso. Me hizo levantar las piernas hasta llegar con las rodillas a los pezones. Estaba claro lo que buscaba. Y desde luego que no se lo negué aunque pensaba que muy limpio no estaría después de toda la noche en el trabajo. Le dio igual, su lengua me llegaba de la rabadilla al pubis pasando una y otra vez por el ano y el xixi. Y yo me corría una y otra vez. No me dejó respirar, subió buscando mi boca de nuevo. Recorrí con mi lengua sus labios untados con mi sabor más íntimo. Aún no sé como conseguí salir de debajo de ella buscando devolver el placentero favor que me había dado. La dejé tumbada boca abajo en mi colchón. Y me puse sobre ella. Me tomé un momento para contemplar esa bella obra de arte, la torneada espalda, la curva de sus nalgas, los larguísimos muslos, hasta sus pies estirados eran preciosos en esa postura. Quería saborear cada centímetro de esa piel prefecta. Empecé por los bellos pies. Lamí las plantas, se retorcía por las cosquillas pero la tenía bien sujeta. Los finos tobillos y las pantorrillas eran deliciosos. Separé sus piernas con las manos para deslizar la lengua por la cara interna de los muslos. Un poco mas arriba veía como la humedad de su coñito resbalaba hasta mi colchón. Deseaba concentrarme allí pero no iba a ser tan fácil. Mordisqueé sus duras nalgas, que suave era su piel. ella tenía la cabeza enterrada en la almohada para ahogar sus gemidos y gritos. Subí besando la línea de la columna desvíandome hacia los riñones o los omóplatos. Tuve que apartar la melena para poder lamer su nuca con mi cuerpo completamente sobre el suyo. Mis pechos apoyados en su espalda y mi pubis frotándose con su culo, los muslos enredados. Por fin iba a saborear lo que tanto había deseado esa noche. Me levanté de ella para ponerla a cuatro patas. Su grupa era prefecta, la postura le hacia lucir su gracia felina. Volví a saborear sus nalgas, desplazándome despacio por la raja. Clavando la lengua en su ano, sudado pero limpio. Pasé por el perineo y por fin pude besar la delicada vulva. Los flujos pasaron directamente a mi legua. pude jugar con el duro clítoris con la punta de la sin hueso. Y cada uno de sus orgasmos lo sentía en mi boca cada vez que su cadera temblaba contra mi cara. No quería dejarla, pero en algún momento tuve que volver a subir hasta quedar las dos tumbadas boca abajo lado a lado. Respirando con fuerza y tranquilizándonos, nos sonreíamos satisfecha al menos en parte nuestra lujuria. - ¿Desde cuando te gustan las chicas? - Siempre, bueno no en exclusiva. Voy probando y me gusta como se siente. Pero podría preguntarte lo mismo. No tenía ni idea. - Siempre he sido discreta y si alguna amiga se queda a dormir, de puertas afuera solo es una amiga, como tú y yo para tus padres. Si quieres un sitio para traer a alguien puedes contar conmigo y desde luego repetir. Me dio un beso, un buen morreo hasta sacar de mi boca hasta el último resto del sabor de su chochito. - Desde luego que quiero repetir esto, no me vas a privar de saborearte de nuevo. Eres muy amable si me dejas traer alguien aquí. Pero ¿no vas a querer mirar o participar? - Solo si tu me dejas. Desde luego. Nos fuimos a la ducha sin dejar de acariciarnos. Al poco tuvo que volver a su casa cuándo oímos regresar a sus padres. .

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Hada con su doctora

. La facultad de medicina y las prácticas de MIR habían abierto mi mente y mi actitud. Algo que mi educación en un colegio de monjas había iniciado, no por las hermanas, claro, sino por mis pervertidas compañeras. Pero estos años universitarios con médicos y enfermeras siempre dispuestos a pasar un buen rato consiguieron ampliar mucho más mis horizontes. Han pasado unos años desde entonces pero esa actitud liberal no la he perdido nunca, más bien he tratado de cultivarla cada vez que tenía oportunidad con algún buen ejemplar. A veces si era posible con dos o más a la vez. Ahora estoy de médico de familia en un centro de salud de barrio. No ofrece tantas posibilidades pero nunca he dejado de prestar atención a las opciones que se abrían ante mí. Así han caído compañeros y compañeras, más de un paciente o familiar de buen ver e incluso uno de los camareros del bar al que voy a tomar café en los descansos, un jovencito encantador y muy complaciente. Una calurosa tarde de verano una choni entra en mi consulta. Era la última paciente del día y un bonito espectáculo por si misma. Delgadita y provocativa, minifalda vaquera muy corta, top luciendo unas tetitas pequeñas pero bonitas y que desnudaba su torneada espalda. Unas inverosímiles sandalias de plataforma elevaban ese bonito cuerpo a casi diez centímetros del suelo. Al verlas lo primero que pensé es que venía por un esguince en el tobillo. Nunca la había visto por el consultorio, me habría fijado en ese ejemplar. Acababan de pasarmela de otro médico ciertamente con más escrúpulos que yo y que no quería atenderla. Deslicé la vista desde las pintadas uñas de los pies a la lisa y preciosa melena rubia teñida y muy cuidada, recreándome en su exótica y salvaje belleza. De inmediato me di cuenta de lo que ocurría, las palabras escaparon de mí boca con una incontinencia verbal que no suele caracterizarme. - pero ¡alma cándida! ¿a que edad empezaste a tomar hormonas?. La nena tuvo el detalle de ruborizarse y a punto estuvo de salir corriendo por la misma puerta que acababa de cruzar. Desde luego que se lo impedí y avergonzada por mí actitud le pedí de inmediato disculpas por mi torpeza. - Perdóname pero me has pillado de sorpresa. Nunca se me ocurriría tratarte así. Pasa y cierra. Así estaremos más tranquilas y me cuentas lo que te preocupa. Tenía que hacerle un chequeo completo para comprobar que la alteración hormonal no había causado algún problema. Ahora que aún estábamos a tiempo de tratarlo si existiera. - Desnúdate y tiendete en la camilla, tenemos que comprobar que estés bien y ajustar el tratamiento si lo necesitaras. Para tranquilizarla mientras se libraba de su escaso atuendo y sin que yo me perdiera ni un detalle de tan bonito striptease le fui preguntando por lo que había tomado y por cómo se encontraba. Aparte del problema puntual por el que había venido ese día, una tontería de adolescente. Parecía encontrarse bien, francamente bien a primera vista. Tenía, tiene, un cuerpo precioso, delgado bien moldeado, en el que empezaban a despuntar dos pechitos que prometían llegar a ser dos hermosas tetas. La cadera se le había redondeado que le había dejado un culito respingón y firme. Tenía pinta de hacer ejercicio además del tratamiento que había empezado por su cuenta. Y que había consultado en Internet. Admito que me estaba recreando viendo ese streptease improvisado y las partes de su anatomía que iba descubriendo. Sus largos y ahusados muslos en cuanto la falda cayó, el tanguita apenas podía contener su polla aún no demasiado afectada por las hormonas. Se dejó esa prenda supongo que por un resto de timidez pero no tuve ninguna misericordia. Con un gesto le hice desprenderse hasta el último trapito. Aunque parecía bastante acojonada por la situación el rabo no parecía pensar lo mismo. Morcillón colgaba entre las piernas amenazando con ponerse firme en cualquier momento. Le, la hice tumbar en mi camilla. Empecé de un forma muy profesional con un examen detallado pero sin recrearme palpando músculos y el vientre sin encontrar ningún problema. La bata abierta descubría mi escaso atuendo y tanto como por la temperatura como con tenerla allí a mi merced, estaba pasando mucho calor. Lo que su presencia sensual no ayudaba a aliviar. Mi talla ciento diez doble d en un top escasito, aunque algo más grande que el suyo, eso sí, luciendo los pechos sin sujetador en la cálida tarde de verano. Sus ojos estaban clavados en mis tetas creo que con algo de envidia. La falda de tubo no muy larga marcaba mi voluptuosa cadera ajustada a mis muslos. No se me iban a presentar muchas oportunidades de tener un ejemplar así de bonito a mi disposición. Así que un momento después estaba mandando mentalmente el juramento Hipocratico a la mierda y pensando en cómo pasar un rato agradable las dos juntas. Empecé a preguntarle por sus relaciones sexuales. Era lógico para comprobar si tenía alguna venerea. - ¿Te has acostado con muchos chicos? ¿Eres muy promiscua? ¿Lo haces con protección? - En realidad menos de lo que me gustaría. No hay mucha gente abierta de mente que me acepte tal y como soy. Pensaba que aunque fuera por morbo algo más podría ligar, pero no. Y sí, siempre con condón. - Bueno ellos se lo pierden. A mi me pareces muy bella. Pero, ¿no eres virgen? ¿verdad? - No, he tenido experiencias, aunque no demasiadas. -Y ¿con chicas? Fui llevándola al terreno que me interesaba. Entre los toqueteos y la conversación su polla apuntaba al techo. No era muy grande, pero si bonita cabezona, con las venas marcadas, sin un pelo y a un lado, en la cadera, un pequeño tatuaje de un hada. Aproveché el momento para empezar con ella y examinarla cogiendo los huevos y palpando comprobando que estaba perfectamente sana. - Con chicas aún menos que con chicos, a todas les parezco un bicho raro. -¿Pero te gustan? - Si, aunque yo quiera ser una mujer, también me atraen. Al oír eso yo flotaba. - Yo pensaba que la gente de tu edad estaba más liberada, con menos complejos. - Algunos demasiado para mis gustos y la mayoría demasiado poco. También hay mucho salvaje por ahí que ha visto demasiado porno. Lo difícil es encontrar el término medio que me guste y a quien yo guste. - No creo que te cueste mucho viendo a lo que vas a llegar, con esa carita dulce y ese cuerpo tan femenino. Echándole cara le decía todo eso sin dejar de acariciarla y sobarla. Incluso alguna vez que me inclinaba sobre ella rozando su cuerpo con mis tetas. -¿No me pasa nada? ¿Estoy bien? - Estás estupenda, nena. Preciosa, para mí gusto una belleza, y si vas a seguir por este camino te ajustaré la medicación y te puedo dar algún consejillo más. Sonriendo, pero tímida aún, se daba cuenta que estaba flirteando con ella. Tonta del todo no era. Había echado buenos vistazos a mi generoso escote y a mis pezones marcados en la fina tela. Parecía que mi cuerpo voluptuoso no le era indiferente del todo. Y a juzgar por la dureza que había alcanzado su polla le estaba gustando la situación. Cogí su pene y lo estuve acariciando un momento para provocarla aún más. Parecía que si seguía tocándolo no tardaría en correrse y eso no es lo que quería. Bueno si se daba la ocasión me la metería en la boca y me tragaría con gusto su corrida. - Gírate, ponte boca abajo. Aproveché un rato para manosear sus duras nalgas. Era evidente que por su edad un examen de próstata era innecesario pero no iba a privarme de ello. Y eso que estaba deseando hacérselo con la legua. Calzándome un guante de látex le pregunté. - ¿Has venido limpita? Sube el culito por favor. - Creo que sí doctora, pero no estoy segura del todo. - No importa, ¿Te fías de mí? - Por supuesto, estoy en sus manos. Contestó con una bonita sonrisa que me pareció bastante lasciva. Poniéndose a cuatro patas sobre la camilla me dejó completo acceso al ano. Usando con generosidad el lubricante tanto en su culo como en el guante procedí a hacer un examen completamente innecesario y que iba a aprovechar para follar ese culito con mis dedos. En cuanto empecé a acariciar la raja se le escapó un gemido que sonó dulce y femenino. Despacio repartiendo el lubricante empecé a meter un dedo, abriendo el ano con cuidado y cariño. -¿Te duele? -¡No! para nada, se siente ¡uf! genial. Nadie me ha hecho nunca algo así. Nadie me ha hecho sentir tan bien. Con el índice y el medio le estaba llegando a la próstata. Traviesa con la otra mano sin guante le volví a acariciar la polla y llenó toda la camilla bajo su cadera de semen. La cabeza apoyada en sus antebrazos, la melena ocultando la expresión de lujuria. Pero nada pudo acallar el gemido que escapó de su boca cuando se corrió. Hubiera preferido que lo hubiera hecho en mi boca. Menos mal que había mandado a la enfermera a su casa o habría pensado muy mal de mí. O tal y como nos conocíamos las dos se hubiera apuntado a darle gusto a la muchacha. -¿Ya estás más relajada? Puedes levantarte cielo. - Estoy en la gloria. Eres maravillosa. Nadie me había hecho correr así. Salió de ella, en ese momento no hice nada. Nada más que lo que ya había hecho claro. Se giró hacia mí y me besó. Nuestros labios se juntaron suaves al principio, pero sin despegarse el beso se fue haciendo más profundo, más lascivo. Juro que fue su lengua la primera que entró en mi boca. Pero si hubiera tardado un segundo más yo le hubiera metido la mía hasta la garganta. Que fue lo que hice en ese momento. Se agarró a mis tetas como si fueran el flotador de un náufrago. Y eso que aún llevaba la camiseta. Con un grácil movimiento se deshizo de mi bata que cayó a nuestros pies. Y eso aún encaramada a la camilla. Sin separar nuestros labios consiguió bajar y quedar frente a mí. Muy cerca. Mientras hacía esa maniobra yo aproveché para soltar el cierre de mi falda que cayó al suelo. Así que además de ponérselo más fácil conseguí que la prenda no se manchara con el semen que aún goteaba de su bonita polla. El miembro iba perdiendo su dureza después del orgasmo. Esperaba recuperarla pronto. Por la forma en que me la flotaba por el pequeño tanga estando abrazadas no iba a tardar. Yo seguía agarrando su pétreo culito que me tenía hipnotizada. Ella en cambio buscaba mis pechos apretando sus duras tetitas contra ellos. No tardó nada en ayudarme a librarme del top sacándolo por mi cabeza. De inmediato se agachó a besar y lamer mis domingas. - ¡Yo quiero unas como estas!. - Las que tienes son preciosas, cielo, date tiempo. Pronto podrás operarte y ponerte algo más. Espero que elijas bien y no exageres. - Tus tetas son hermosas, espero que me ayudes a elegir la talla adecuada para mí. Conseguía contestarme sin separar los labios de mi piel, sin dejar de mordisquear suave mis pezones y continuar lamiendo de mis axilas al ombligo sin dejar de babosear todo por donde pasaba. Joven y ansiosa ahora era yo la que estaba acorralada contra la camilla. Solo tuvo que palmear la colchoneta para conseguir que me subiera. Es hábil, mientras levantaba el culo para izarme aprovechó para tirar del tanga y dejarme tan desnuda como ella. Ya me tenía en buena postura, bien abierta de piernas. Solo tenía que agacharse un poco para hacerme un cunilingus de antología. Pero quería hacerse de rogar. Empezó por mis pies, Aunque me había duchado antes de ir al trabajo debían estar algo sudados. No le daba ningún escrúpulo y se dedicó a besarlos y lamerlos un buen rato. De los dedos, todos y uno por uno, a la planta. Tenía que animarla. - Vamos nena cómemelo todo. Yo estaba loca por que me llegara al coño. Pero no por esas subía con parsimonia por mis piernas para hacerme sufrir y disfrutar a la vez. Paseaba la sin hueso por los tobillos, subiendo por las pantorrillas, escalando la cara interna de mis muslos. Cuando por fin llegó a mi vulva, me moría de impaciencia. Los labios estaba abiertos, calientes y muy muy húmedos. Y yo creía que no podía estar más cachonda. Un gemido escapó de mi garganta que no sé como no llamó la atención en el centro de salud casi vacío cuando por fin sabores mis jugos directamente de la fuente. En segundos me había corrido por primera vez. pero no fue el único orgasmo de la tarde. Siguió chupando, lamiendo y besando sin descanso. Saboreándome y recibiendo en la lengua mis jugos cada vez que me corría. No estaba yo para averiguar lo que ocurría por sus bajos. Tal y como estaba tumbada no alcanzaba a verlo, pero su joven polla se estaba recuperando rápidamente. Mirándome a los ojos entre mis muslos con la expresión más lasciva que le había visto preguntó: - ¿Quieres que te folle? - Lo estoy deseando, cariño. Méteme ya esa polla. No se hizo más de rogar. La altura de la camilla era perfecta. Se incorporó y guiando el firme miembro con la mano, el glande se fue abriendo camino entre mis labios. Firme, pero a la vez suave y con ternura. Apoyó mis piernas en su pecho, notaba la dureza de sus pezones en la parte de atrás de mis pantorrillas. Sujetando mis muslos con las manos empezó a moverse. Sin prisa, haciéndome notar cada penetración, justo como a mí me gusta, no muy deprisa. Como hacía poco que se había corrido aguantó un buen rato. Y como yo estaba muy excitada no hacía más que encadenar orgasmos uno detrás de otro. Acababa de examinarla y yo tomaba precauciones así que... - Correte dentro cielo, dámelo todo. - Estoy a punto doctora. Me contestó con su más linda carita de vicio. Sé cuando tuvo su orgasmo, cuando sus ojos se pusieron en blanco y soltó un suspiro que salió de lo más profundo de sus pulmones. No se conformó, siguió bombeado hasta que su polla quedó flácida. Y entonces se inclinó para volver a lamer mi coñito encharcado. Mis jugos mezclados con su semen que me dio a probar en un nuevo beso lascivo donde nuestras lenguas se cruzaron sin tregua. Nos quedamos un rato frente a frente acariciándonos, recuperando la respiración y besándonos con ternura. - Bueno ¿que te ha parecido esta experiencia con tu doctora? - Ha sido algo sensacional. Y espero poder repetir alguna vez más. - Cuando quieras, reina. Tienes una amiga y una médica. Y volví a besarla. Respondió a mi beso de nuevo con su lengua juguetona. Contenta por haber encontrado alguien que la comprende y a quien le gusta tal y como es. Nos vemos de vez en cuando para disfrutar juntas. Me he hecho personalmente responsable de su salud y de los cambios que ella quiere llevar a cabo, haciendo sus recetas y aconsejándola. - - .

jueves, 19 de agosto de 2021

Desfile del orgullo gay

. En la calle solo con un mini short de lycra y una banda elástica alrededor de mis pechos, un sujetador bandeau. El resto de la gente iba con tan poca ropa como yo y muchos aún menos o disfrazados o con cualquier indumentaria exótica que se les hubiera ocurrido. Era un desfile del orgullo gay, el primero para mí. Y hacia un calor terrible que invitaba al desmadre. Por eso iba con mucha ilusión, ver cuerpos hermosos casi sin ropa. Supongo que en realidad todavía no tenía muy clara mi sexualidad por aquel entonces. Había tenido relaciones con chicos y chicas, pero lo cierto es que el sexo de mis parejas no importaba lo más mínimo. Y sigue sin importarme, para qué limitarme. Quería divertirme, bailar y pasarlo bien y quizá si surgía la ocasión algo de sexo. La caravana parecía inmensa, muchos camiones, infinitas banderas arco iris ondeando en la suave brisa, gente por todas partes, muchos disfraces, la mayoría de fantasía. La música a todo volumen atronaba las calles de la ciudad. Mirando hacia uno de los camiones con equipo de sonido un grupo de culturistas vestidos solo con tanga lucían sus músculos impresionantes. Una carroza cargada de drag-queens, sus vestidos y disfraces cargados de pedrería y plumas pero luciendo también sus pieles. Por allí un grupo de travestis, chicos muy bien maquillados y vestidos con minifaldas y tops, tacones altísimos. Las chicas también iban disparadas, muy sexys y arregladas y repartiendo besos, caricias. Sus mínimos atuendos apenas tapaban tanto de sus cuerpos como el mío. A veces menos. Yo me dejaba querer, si la persona me gustaba devolvía el beso. A veces con lengua y yo acariciaba culos o pechos, incluso tocaba alguna polla o coñito que se me puso al alcance la mano. Tanto como recibía caricias en mis pechos, mi culito, por todas partes. Un poco mas allá chicas ataviadas con unas pocas tiras de cuero y anillas de metal que era lo único que las cubría. Un montón de cuerpos deseables y sudorosos o untados de aceite, la piel brillante. Bailaban, bebían disfrutaban. Veía el espectáculo, me movía entre los grupos, saludando, dejando un beso aquí, un abrazo allí. Alguien me tocaba el culo sin disimulo. Se lo puse fácil. Lo saqué un poco para que la atrevida mano pudiera recorrerlo sin problemas. Al ritmo de la música me movía sin preocupaciones. Al girarme para comprobar quien me estaba magreando clavados en mí pude ver dos preciosos ojos azules y una bonita cara enmarcada en el pelo corto y moreno con mechas teñidas de azul eléctrico. Por debajo de eso el cuerpo bronceado al completo, delgado y fibrado, solo estaba cubierto por unas tiras de cuero y unas anillas de metal colocadas estratégicamente. La morenita era la mas bonita del grupo de las esclavas que iba por el mismo camino que yo. Agarrándome a su cuello me puse a bailar muy pegada a ella. Mis tetas duras apartaban el cuero que apenas cubría sus pezones. Le hurtaba mi boca a sus intentos de besarme y me lanzaba a por su fino cuello, pero lo hacia por el juego. Yo lo deseaba tanto como ella. Estaba deseando probar sus sensuales labios rojos. En ningún momento su mano firme se había separado de mi culo, magreando mis nalgas. Al principio por encima de la lycra de mi short pero en un momento se coló dentro agarrando carne. Me sentía deseada. Uno de sus muslos se introdujo entre los míos desnudos, notaba perfectamente su piel caliente acercándose sin pausa a los labios de mi vulva. En un acorde de la música fui yo quien dobló las rodillas apoyando la pelvis en su muslo y mi cabeza en su cuello desnudo. Movía mi cadera adelante y atrás frotando mi vulva, solo tapada por un poco de fina lycra, contra su muslo. Masturbándome con su pierna como un animal en celo. Pasaba la lengua por su piel salada, lamiendo del hombro a su oreja y buena parte de la barbilla. Lamí el sudor de su cuello y ella por fin consiguió mis labios, abrí la boca recibiendo en ella su lengua juguetona. Respondí lasciva a su beso, me hacía sitio en su boca para que mi lengua buscara en ella su saliva. Para que muestras lenguas se acariciaran la una a la otra, a veces con las caras tan separadas que la gente cercana podía verlo. A nuestro alrededor la juerga continuaba, la música atronaba, pero nosotras estábamos aisladas de todo. Nos mirábamos a los ojos y recorriendo despacio y con cariño la piel de la otra con las manos, con la yema de los dedos. Ella ya exploraba con la otra mano por debajo de mi escaso top de lycra apresando entre los dedos mi pezón duro por la excitación. Eso me hizo jadear pero no quedarme quieta y apresé los labios de su vulva entre mis dedos por debajo de un tanga de cuero un poco demasiado flojo y desde luego ya muy húmedo. La venganza es un plato que se toma frio y nosotras íbamos muy calientes. Sin dejarme un respiro me agarró de la mano y me arrastró hasta el portal mas cercano que milagrosamente estaba abierto y vacío. Sin dudar me bajó el short. Se puso detrás de mí con sus pechos clavados en mi espalda, una mano se deslizaba entre mis nalgas buscando mi rajita. La otra sujetaba mi vientre o mis pechos apretándome mas a ella como si a estas alturas yo pensara en escapar. Notaba su muñeca o antebrazo abriéndome el culo y dos de sus dedos en mi interior. Me besaba el cuello, la nuca, bajaba por mi prácticamente desnuda espalda. Cuando tuvo la lengua lamiéndome el culo yo jadeaba como una burra. Inclinándome más y más. Así me corrí por primera vez esa tarde, ya venía muy cachonda. Sin pensar en que los desconocidos vecinos podían sorprenderme desnuda en su escalera. Los vecinos no, pero dos chicos extraviados del desfile que como nosotras buscaban un sitio discreto nos distrajeron durante unos segundos. Estaban muy buenos aunque no eran de los culturistas. Un poco mas abajo que nosotras, en la escalera, se besaban con furia tan lascivos como nosotras. Al poco uno de ellos ya tenia la polla del otro en la mano y poco mas tarde en la boca. Aún más excitada por el espectáculo gemía sin importar quien pudiera oírme. Giraba mi cabeza todo lo que podía para contemplarlos mejor. Caliente por los hermosos cuerpos masculinos y la lengua que sin descanso me hurgaba en la vulva, el perineo y el ano. Me corría una y otra vez. Pero yo también quería dar placer, no solo recibirlo. Quería lamer piel y sexos, morder pezones. Lamí mis jugos de su lengua cuando la besé, cuando volvimos a cruzar las lenguas. Eso sin separar los dedos de su vulva. Conseguí aflojar del todo la prenda de cuero que cubría su depilado pubis, no es que me lo pusiera muy difícil. Me lancé como una loca a chupar los pelados labios de su coñito. Con la ventaja de la altura de la escalera que me permitía ponerme tumbada debajo en una postura cómoda pero con los escalones clavándose en mi espalda. El ano rosado que en cuclillas descendía desde dos escalones mas arriba despacio hacia mi boca. Agarré las nalgas morenas con fuerza para que no se me escapara. Aunque no corría ningún peligro de ello. Mi amiga gemía y jadeaba cada vez que la tocaba el sensible y duro clítoris con la lengua pero no tapaba del todo los gritos de placer de los dos chicos. Ella se corrió en mi lengua. No les perdía de vista, de reojo. Me gustaban sus rabos duros y sus culos prietos pero me encantaba comerme el xoxito dulce que tenía delante. No podía dejar de lamerlo, la recorría una y otra vez del ano sudado pero limpio al clítoris. Por sorpresa noté en el mío unos dedos que lo investigaban lo que me hizo clavar la lengua en su culo. Ella soltó un grito cuando noto una mano desconocida acariciando su suave piel. Ellos se habían acercado y sentíamos sus manos en nuestros cuerpos. Uno de ellos me acariciaba el coño, ya iba por mi segundo o tercer orgasmo, mientras el otro lo tenía clavado por su firme culo en su rabo. Todos gemíamos de placer, todos teníamos las manos o las pieles de los otros en nuestros cuerpos. Los cuatro sentíamos y dábamos placer según nuestros gustos. Ni nuestros nombres sabíamos. No me había preocupado de preguntarle el suyo a mi amiga, ni de darle el mío. A esas alturas ya tenía claro que todos eramos de gustos amplios, más o menos, y que solo queríamos disfrutar de la buena compañía. Y allí corríamos mucho riesgo de que algún vecino nos pillara en bolas. Tampoco nos hubiera importado mucho. Hasta que el chico que me acariciaba nos llevó a su casa. No llegué a probar su lefa en ese momento aunque lo estaba deseando, se contuvo para correrse después. - Aquí nos van a acabar pillando. En mi casa estaremos solos. Recompusimos nuestras ropas como pudimos. Eran tan escasas que no fue difícil en ningún caso. Ellos lo único que llevaban puesto eran unos cortísimos pantalones de deporte, ni camisetas habían traído. De todas formas hacia tanto calor y siendo el día que era nuestro grupo no llamaba mucho la atención por la calle. Montamos nuestra pequeña orgia en la cama de sus padres Sólo pasamos por la cocina para buscar algo de beber y refrescarnos. Ninguno pensaba en el alcohol, solo en los cuerpos de los demás. Yo dejé colgado mi bandeau en el respaldo de una silla al lado del frigorífico. Los shorts de los chicos y el mío se quedaron en el suelo del pasillo. Y entre los tres fuimos sacando el body de cuero de mi amiga junto a la enorme cama tamaño King size. Besando su cuerpo a tres bocas y lamiendo su suave piel. Yo aproveché para acariciar las suaves pollas depiladas. sin separar mis labios de la piel de alguno de los otros. Los gemidos llenaban la habitación mientras nos íbamos deslizando sobre el colchón. Ahora me tocaba a mí, manos y lenguas por toda mi piel. Incluso una polla que se deslizaba entre mis labios con suavidad, y puse todo mi empeño en darle una buena mamada. Alguien me estaba haciendo un beso negro y esa legua juguetona me estaba llevando al cielo. Yo tampoco tenía las manos ociosas tocando todo lo que alcanzaba. Íbamos moviéndonos según nos apetecía, según buscábamos los cuerpos de los demás. Allí uno de ellos me folló mientras su amigo le follaba a él y yo me comía el coñito de la de los cueros que con los muslos bien abiertos estaba sentada delante de mí apoyada en el cabecero de la cama. A cuatro patas dando y recibiendo placer no me di cuenta de los nuevos participantes hasta que carraspearon en la puerta. Hasta sus padres, unos maduros atractivos, se unieron a nosotros. Habían ido recogiendo nuestras prendas por el camino hasta el dormitorio. Nos miraban con unas sonrisas lascivas en sus bellos rostros. Las dos nos comimos el coño de su madre en cuanto nos deshicimos de su ligero vestido de tirantes. El tanga ya había desaparecido en algún momento anterior. Los chicos estaban desnudando a su padre y lamiendo su torso atlético. Y él se dejaba, no sabía si ya eran bisexuales o era el espíritu del día del orgullo. La orgia estaba en marcha y cada vez éramos más los que participabamos. Más gente, más diversión. Tres pollas para rellenar agujeros que las estaban deseando pero sin olvidar las lenguas y los dedos. Ninguno salió de allí hasta el día siguiente. Sus padres tuvieron que prestarnos algo de ropa para volver algo más decentes a nuestras casas. Yo me llevé el vestido que le habíamos quitado a su madre la tarde anterior y uno de sus preciosos tanguitas de encaje. .

domingo, 11 de julio de 2021

El bosque

. I. Como podrán imaginar no se trata de un bosque normal sino de un viejo parque medio abandonado donde se ejerce la prostitución. Polígonos industriales, bordes de carreteras poco frecuentadas, todas las ciudades en un momento u otro han tenido un sitio así, a veces varios a la vez. Incluso va cambiando de sitio según los clientes, la policía o los urbanistas cambian gustos, oportunidades etc. Las chicas que no pueden o quieren alcanzar un sitio en un club terminan allí. No hay mucha calidad, son muy mayores, o son muy primerizas o... hay un montón de razones por las que una chica, o un chico o algo en medio terminaría trabajado allí. Era guapísima y no ocultaba para nada esas bellezas naturales. Las tetas, firmes conos puntiagudos, asomaban en buena parte por la camiseta ajustada y corta de tirantes. Bailarinas a cada paso que daba. Esa tela descubría el ombligo y la parte baja de los pechos y de la espalda. Le habían metido tijera a esa prenda y no llevaba sujetador. Su pantalón de deporte blanco era tan ajustado y pequeño que la negra cabellera, tan negra como la melena de su cabeza, que rodeaba su coño se veia casi tan clara como si no llevara nada sobre sus poderosas caderas. No se depilaba, entonces nadie lo hacía. Su culo de nalgas redondas y prietas era tan fácil de imaginar por donde iba y ¡discurría por unos sitios! Con ese monumento me tropecé una calurosa tarde verano paseando por el campo en los alrededores de mi ciudad. Como podrán imaginar no se trata de un bosque normal sino de un viejo parque medio abandonado donde se ejerce la prostitución. En este caso parecía que la chica había empezado pronto su jornada laboral, no se veía por allí a ninguna de sus compañeras en ropa de faena. En parte esa era la razón por la que yo daba mis paseos temprano, para no cruzarme con trabajadoras, chulos o clientes. Aunque en ocasiones ver el espectáculo de las chicas medio desnudas paseando entre los matojos merecía la pena, intentaba no cruzarme con ellas. Pero admito que verla a ella en ese momento me gustó. Yo llevaba unos shorts muy cortos y la camiseta alrededor de los hombros y al verla se me empinó la picha sin poder evitarlo. Ella que lo notó, la practica supongo, aunque era tan joven que no debía tener mucha. De inmediato se acercó a mí y como saludo me dio un profundo beso en la boca. Tímida no era, gajes del oficio. Su lengua casi me llegaba a la garganta y no me quedó mas remedio que ayudar dándole mi saliva. Sacrificado que es uno. Se ve que tenía ganas de trabajar, de cobrar o al menos de tener sexo, dar conversación no parecía lo suyo. Aunque claro tenía que darme un precio. - Por dos mil me haces lo que quieras o te lo hago yo a tí. (De las antiguas pesetas) Dejé descansar mis manos en su culo mientras la atraía hacia mí y seguíamos con las lenguas enredadas, frotando nuestros cuerpos sinuosos, lujuriosos. Llevándome de la mano me condujo a un rincón más discreto entre arbustos que nadie se había preocupado de podar en años. Era el único dinero que llevaba en el bolsillo, dos billetes de mil pesetas. Viendo como se desarrollaba la situación me decidí a actuar. Separándola un poco le saqué la camiseta. Agachándome sobre ella acaricié y besé sus bellas y blancas tetas, lo del top less solo se hacía en playas de la costa. Se quitó el pantalón de deporte y ya desnuda del todo sobre su propia ropa, arrodillándose ante mí, desabrochó el short, y sacando mi polla se la metió en la boca. Sin florituras, iba directa al grano. También chupó mis huevos peludos, quería ganarse su dinero. Dejando mi vista perdida mientras recibía tan placentero tratamiento fue cuando lo vi. Era casi un crio, andaría por los diez y ocho, trataba de esconderse tras un matorral a unos pocos pasos de nosotros. Mientras no perdía detalle de lo que pasaba entre los dos. Admito que tener un espectador me puso más burro, debo tener algo de exhibicionista. No sabía si era un pervertido o su chulo o puede que un primo cariñoso. Me la comía con sabiduría, me acariciaba los huevos, incluso los chupaba, nadie me había hecho eso. No le importaban los pelos. Con la mano no dejaba de tocarme mientras sus labios recorrían el tronco besando o se la metía en la boca, todo lo que su blanca garganta podía admitir. Me chupaba los testículos y llenaba toda la zona de saliva, del pubis al perineo. Un dedo ensalivado jugando con mi ano. Allí fue mi primera corrida pues no paró hasta que se tragó mi semen. No quiero presumir pero no suelo tardar mucho en recuperarme y menos aún con las expertas caricias de la meretriz. No paró, dispuesta a ganarse el sueldo. Hasta la última peseta, en sus caricias y lamidas. Incluso mientras me la comía acariciaba con un dedo ensalivado mi ano. Él rabo enseguida volvió a dar señales de vida con ese tratamiento, poniéndose duro sin ser interrumpidos. Rompió la envoltura de un condón con los dientes y habilidosame lo puso en un segundo. Si alguien más nos vio pasó de largo. Después nos tumbamos en la fina hierba en la clásica postura del misionero. Me gustó acostarme sobre ella, sentir su cuerpo delgado bajo el mío. No dejó de comerme la boca de darme su lengua para que jugará con ella. Rodeó mis corvas con sus piernas y sus manos se agarraban a mis nalgas para impedir que me separará de ella. Como si yo quisiera apartarme mi un milímetro. Mi polla fue entrado lentamente en su coño y ¡que coño!. La tenía tan dura que no siquiera hizo falta guiarla con los dedos. El chaval había quedado a mi espalda y lo perdí de vista un momento. Pero me lo imaginaba con los vaqueros por los tobillos y cascándosela con fuerza mientras disfrutaba de la vista de mi culo entre los femeninos muslos. Pero él se había adelantado a mi imaginación. Se había sacado los pantalones y terminó de desnudarse como si la camiseta y el blanco slip le picara sobre la piel. Cuando después de dos de sus orgasmos a día de hoy no sé si fingidos, me dijo que diéramos la vuelta para que ella quedara encima. Después de correrme una vez ahora estaba aguantando mucho. Esta vez si que podía verlo pelándosela como un mono. Aprecié su experiencia, saber hacer y ganas de hacer disfrutar y no solo de hacer dinero. Se movía como una posesa. Cabalgando sobre mi pelvis parecía toda una amazona. Frente a mi tenía sus tetitas que yo no paraba de sobar. Ella misma pasaba una mano hacia atrás acariciando mis huevos y la raja de su culo. Deduciendo que también se estaba acariciando el ano me pareció un buena forma de seguir. Volvía a ver entre la ramas al chico que se había acercado aún mas. Y para entonces ya iba desnudo del todo. Con su polla apuntando hacia adelante como el bauprés de un velero. Pero aún seguía intentado ocultarse tras una pocas ramas de un arbusto. Yo no me habia corrido y fui a por su culo, ella no protestó. Se puso a gatas sobre nuestras ropas. Se la metí entera despacio y comencé a moverme, con suavidad. Me decía: -sigue, sigue- No se si era cosa del oficio o le estaba gustando. Y se corrió antes que yo, o eso pareció. Aunque no se la saqué hasta que no eyaculé en su interior. Mientras la penetraba sujetándola de las caderas conseguí hacerle un gesto para que viniera mi lado pensando que si se terciaba no me importaria follármelo también o que el lo hiciera conmigo o con la chica mientras yo miraba. Venciendo una timidez casi imaginaria llegó a nuestra vera silencioso. A mi no me quedaba más dinero en los bolsillos. Si aquella orgia iba a continuar él tendría que poner su parte o la putita fiarnos. A no ser claro que ellos ya se conocieran de antes y toda situación estuviera perpetrada, preparada de antemano. Al verlo junto a ella no pareció sorprenderse mucho de lo que deduje que ella también se habia dado cuenta de que eramos observados. Cogí una de las manos del chico y la conduje a sus pechos para que la acariciara, no necesitó mas indicación para dedicarse a ella. Entonces quise chuparle el coñito largas lamidas cubriendo toda la vulva. O jugando con la punta de la lengua en su clítoris. Seguro de que entonces ella tuvo varios orgasmos no podía fingir eso mientras la estaba saboreando. Colocado entre sus muslos podía ver cómo el joven la besaba en la boca y la acariciaba. Mi propio semen me sabía a gloria mezclado con sus jugos. En algún momento el condón se había roto con tanto meneo. El chico ya habia dejado toda su ropa a un lado bajo un árbol. Estuvimos un rato descansando, besándonos mientras le acariciábamos las tetas o la masturbábamos lentamente entre los dos metiendo dos dedos en su vagina. Ella me acariciaba todo el cuerpo, al fin y al cabo era yo quien había pagado, prestando mucha atención a mi culito. No a mi pobre picha que habia dejado completamente agotada. Pasé a besarle y lamerle el culito a ella en un preciso beso negro y él hizo lo mismo con el mio. Así comprobé con sorpresa que al chico no le importaria hacerme el amor, léase follar, a mí solo. No pensaba negarme a sus caricias. Una vez metido en faena eran mejor dos que una sola. O besaba mi espalda y pecho mientras me paseaba la polla por la piel. O sentía el vello de su pubis y la dureza de glande cosquilleándome las nalgas sin dejar yo de lamer y besar a la chica. Me derretía de gusto entre los dos mientras él me lamía el culo y los huevos o la polla teniéndome a gatas. Mi pene habia vuelto a reaccionar con ese tratamiento. Jamás creí que podía levantar cabeza tres veces en la mismatarde. Terminamos con un bello sesenta y nueve. Yo volvía a chupar su coñito y a acariciar su culo que mantenia abierto. Para que el chico se lo follara al que yo podía lamer los huevos a la vez. Ella tenía en la boca mi polla dura mientras metía un dedo en mi ano y frotaba sus tetas en mi vientre. A mi aún me quedaba esperma para correrme entre sus labios, todavía no sé de donde lo saqué. Cuando él tuvo su orgasmo, su semen escurría entre las nalgas de ella llegando a mi golosa boca que se limitaba absorber los jugos de ambos. Para vestirnos, quisimos hacerlo nosotros a ella. Le pusimos la camiseta sin dejar de tocarle las tetas. El pantalón de deporte sin dejar de meter los dedos en su coñito y ano. Ella me colocó el short con un último meneo a mis cojones. Entonces saqué la cartera y pagué con largueza los servicios prestados en ese recóndito rincon de la zona campestre. Aún me quedaba algo escondido en un compartimento secreto. Y eso que no pensaba ir de putas. Me fui a casa feliz, contento y desahogado acompañado del muchacho mirón al que pensaba disfrutar a solas y sin tener que pagar por ello. II. Volví al bosquecillo de las prostitutas. Esta vez me llamó la atención una bella transexual. Botas hasta las rodillas de interminable tacón, una cortísima falda de plástico rojo, apenas un cinturón. En medio los muslos mas largos y bonitos que he visto en mi vida. El vientre plano y musculoso bronceado. Los enormes pechos operados apenas cubiertos con un sujetador rojo de encaje que no podía contener tal magnitud. Los sensualmente gruesos labios maquillados de un rojo sangre, una fina nariz respingona y los ojos negros fuertemente maquillados enmarcado todo por una melena teñida de rubia. Todo perfectamente maquinado para llamar la atención. Mi mirón particular volvió a aparecer salido de nadie sabe donde. Sin perder detalle de todo lo que iba a ocurrir y esta vez participando en ello desde el principio. Como la vez anterior, las palabras fueron las justas para negociar el precio y poco más. Desde la primera vez me pillaba con más billetes en la cartera, el porsi. Aceptó sin problema el que fuéramos dos. El mirón tenía ganas de polla, de una nueva y enseguida arrodillado entre sus botas, empezó a buscar bajo la mínima falda plástica. No tuvo que hurgar mucho. De un mínimo tanga empezó a salir un rabo impresionante. Con los manoseos se puso duro enseguida y bastó para levantar el material. El chico se dedicó a lamerla con ansia recorriéndola con la lengua mientras yo buscaba la de la transexual con mis labios. Quién de los dos se llevaría ese nabo en el culo primero. Yo magreaba sus enormes tetas operadas. Pellizcaba sus pezones y acallaba sus gemidos, no sé si falsos o verdaderos con mis besos. Al final nos decidimos por intentar un trenecito. No era fácil y menos en el duro suelo. Coordinar los movimientos mientras yo la follaba a ella y el chico recibía entre sus nalgas el pollón de la chica. Podía lamer su cuello y orejas mientras intentaba no salirme de su ano. Ese culo parecía tallado en piedra. III. La siguiente vez con quien primero me encontré fue con mi voyeur. Yo en mi uniforme de guerra y él vestido igual que yo, unos pantalones cortos muy muy pequeños. Ambos nos habíamos hecho visitantes asiduos del bosque. Esta vez me fui derecho a por él, era su joven cuerpo de diez y ocho años el que quería tener debajo de mí sobre la fina hierba. A pesar de nuestros encuentros anteriores y de habérmelo llevado a casa algunas veces para disfrutar sin prisas de su piel sudada aún no sabia nada de él. Misterioso, me ocultaba sus secretos dejando que solo la casualidad condicionara nuestros encuentros. Esta vez fue una mirona, una de las prostitutas, la que no se perdió detalle de nuestra actuación sobre la fina hierba de nuestro escondido rincón. No se unió mientras él y yo follábamos. El chico me cabalgaba apuntando contra mi cara con su polla. Mi rabo bien duro hundido en su estrecho ano. Nos corrimos a la vez, yo dentro de su recto y él sobre mi pecho. .

miércoles, 23 de junio de 2021

En bóxer

. Follando por la mañana. Has seguido el culo desde la puerta, con los cables y la caja de herramientas colgados del hombro. Lleva un bóxer ajustado de lycra y nada mas. Al principio te ha sorprendido, no es normal que alguien te abra la puerta así. Es su casa y puede ir como quiera, piensas. Pero hace calor, mucho calor, así que es normal, bueno eso puede que no, pero lógico hasta cierto punto. De hecho tú estas sudando la ropa que llevas. Te estorba, deseas quitártela y quedar como él. Aún más, desnudarte del todo. Dejar que vea tu piel descubierta, que la toque, bese y pase la lengua por tu cuerpo. Ya te estas poniendo cachondo y aún no has empezado a trabajar. Tocar tú la suya, todo su cuerpo, bajar la poca tela que lo cubre. Descubrir su polla e introducirla en tu boca. Tu lengua paseando por los huevos. La piel tersa suave, depilada que se adivina bajo la ajustada prenda. No dejas de mirarlo de reojo. No sabes cómo dejárselo claro, cómo pedirle que te arranque la ropa sudada. Al poco de empezar los trabajos le pides permiso para ir al baño, a refrescarte, a enfriar tus ideas revueltas. Puede que a curiosear un poco. No hay por allí productos femeninos, solo los suyos o por lo menos solo de hombre. Que se cuida, hombre atractivo y sexi. Recordando su culo prieto te estas poniendo aún mas caliente. Te echas agua por el cuello, mojando la camiseta de trabajo, qué mas da. Aflojas un poco el cinturón que te agobia la cintura, casi sin darte cuenta. Se ha fijado en tu camiseta húmeda. Su vista resbala por tu pecho mojado. Te haces ilusiones de que esa mirada ha sido larga, detallada, muy detenida. Sigues con el trabajo pero no te concentras. Él no tiene prisa por vestirse. De vez en cuando echas un vistazo de reojo a su cuerpo que sentado en un sillón, espatarrado, con un muslo por encima del brazo, marcando paquete. Él está a medias al televisor y a tu ocupación, puede que a tí si tienes suerte. Ahora tienes que arrastrarte por el suelo a cuatro patas, un cable rebelde que no se deja colocar en su canaleta. El pantalón se te esta bajando pero te da igual que medio culo quede al aire, no te esfuerzas por taparlo, por subirlo. Tu ropa interior ha sido arrastrada por el pantalón y las nalgas están desnudas, la raja sudada, el otro canalillo se ve y eres consciente de ello. Esperas que esté mirándolo. Otra mirada de reojo y lo descubres espiando tu culo. Le deseas y quieres sus manos sobre tu cuerpo. Te ofrece un refresco. Al ir hacia el frigorífico sus nalgas duras tienen un magnífico balanceo que te hipnotiza. Al volver no puedes evitar mirar su paquete. Te levantas y coges la lata de sus manos, rozándolas y él no rechaza el contacto. Tu camiseta esta tan sudada, mojada y arrugada que le pides permiso para quitártela. Con una sonrisa él te responde que te quites todo lo que quieras. Tú te habrías desnudado del todo pero solo te quitas eso. Tiras de ella y te secas las axilas con el trapo arrugado en que se ha convertido. También te las has depilado como el pecho y el resto del cuerpo. Te parece que sin vello tu piel se lame mejor. La cintura baja de tus pantalones descubrían tu pubis sin un pelo. Dejas que él te mire y haces intención de volver al trabajo, para eso debes pasar a su lado, rozándolo y aspirando su aroma. Por fin, te coge de la cintura y te besa en el cuello, ambos os habéis estando señales y él las ha aprovechado primero. Dejas que sus labios recorran tu piel que sus manos te acaricien y lo haces suspirando. Te aprietas a su cuerpo sintiendo su calor. Tus labios buscan los suyos y su lengua se mete en tu boca jugando con la tuya. Cambias su saliva por la tuya. Intentas recorrer toda su boca, lo más dentro que puedes. Dejas que él acaricié el interior de la tuya. Sacas la lengua cruzándola con la suya fuera de las bocas y dejando que la saliva moje vuestros pechos. Acaricias su espalda apretándolo contra tu cuerpo febril. Él lame tu cuello y tu mordisqueas el lóbulo de su oreja, lascivo. Mete la lengua en tu oído. Como acabas de beber no piensas que se te vaya a secar la boca y terminar la saliva. Y quieres lamer cada centímetro de su piel, saborear cada poro. Ha conseguido meter la mano entre vuestros cuerpos pegados y aflojar tus pantalones que caen a tus pies por su propio peso. Tu slip es pequeño y apenas puede tapar la dureza de tu rabo. La dos pollas juntas pétreas, rocosas rozándose separadas apenas por las finas telas de los calzoncillos. Por fin tus manos pueden tocar su piel bajo el bóxer que tanto te ocultaba, pero ahora su polla dura descubierta está junto a tu vientre. Despacio bajas por su pecho y vientre. Sin separar la lengua de su piel, chupando sus pezones, lamiendo las axilas y el ombligo. Huele a limpio, a recién duchado, no parece que le moleste tu aroma a sudor. Y por fin te arrodillas a lamerla pasando la lengua húmeda por sus huevos. Mojas su falo de abajo arriba desde los huevos hacia el glande. Te lo metes en la boca intentando no arañarlo con tus dientes. Apretándolo contra el paladar y acariciándolo con la sin hueso. Con tus manos acaricias la piel de sus fuertes muslos, la cara interna deslizándolas despacio por el perineo entre sus nalgas. Separa sus piernas para dejarte el camino libre hacia el ano. Aprovechas y juegas con su ano, un dedo abriendo el agujerito. Le oyes gemir por encima de tu cabeza. Sabes que lo estás haciendo bien, que le estás dando placer. No va a tardar en correrse en tu boca. No te lo piensas, sigues hasta que se derrama en tu lengua. Se te ocurre que quieres compartir su sabor. Lo aceptará bien. Así que te levantas y vuelves a besarlo. No lo has tragado. El semen compartido entre vuestras lenguas, mezclado con vuestras salivas. Se derrama por vuestros pechos. Pero no lo desperdiciais, os agachais a recogerlo con las lenguas aprovechando para lamer más piel y mordisquear pezones. No os habéis movido del despacho y has conseguido que se corra. Pero deseas más, quieres ese culito, solo has conseguido amasarlo con tus manos y juguetear un momento con tu dedo en su ano. Ahora quieres comerlo, saborearlo. En el mismo sofá desde donde antes te miraba ahora le pides que se ponga a cuatro patas. El mueble es cómodo, viejo, de un cuero caro agrietado por el tiempo pero a la vez muy sensual donde poner vuestras pieles. La grupa ofrecída es toda una tentación para ti. Bajando con la lengua pegada a su piel por la línea de la columna. Dejas un suave mordisco en una de sus nalgas antes de separarlas con tus manos. Lo contemplas un momento. Ese oscuro y cerradito oscuro objeto de deseo. Decidido pasas la lengua de arriba abajo por todo el canal. Al principio sin detenerte, pero a la tercera o cuarta vez empieza a parar en el ano. Cada vez mas tiempo clavando la lengua e intentando abrirlo. Él gime, suspira, te hace saber con sus ruidos guturales que le gusta lo que le haces. No piensas parar. El tiempo se dilata como lo hace su ano. Dejando que un poco más de lengua se deslicé en su interior. Tu polla rocosa desea buscar refugio en esa oscura y caliente cueva que tienes ante la boca. Pero lo haces esperar, quieres que él lo desee tanto como tú. Te permitirá meter un dedo para seguir dilatando. Para abrirlo más. Tu saliva basta como lubricante y el índice de la otra mano fuerza la entrada. Ya puedes escupir dentro. Lo que antes estaba clausurado ahora ya no se resiste. Tienes que saberlo. Le preguntas si quiere más, si desea tú polla en su interior. Con todo ese trajín su rabo está volviendo a tomar consistencia. No te privas de acariciarlo. Tocas sus huevos y agachándote un poco más llegas a ordeñar su rabo. La necesita, ya te dice que lo folles, te lo pide. Se gira lo justo para echar sus babas en tu glande. Ayudando así a la penetración. Y no te haces de rogar más. Te incorporas y diriges tu pétrea herramienta hacia la pequeña diana. Como mantienes el culo bien abierto, bien sujeto con tus manos. Va entrando despacio pero firme solo lubricada con las salivas de ambos. Ya la tiene toda dentro. Tus huevos han sido frenados por los suyos y tu pubis de apoya en sus nalgas. Es apenas un segundo, para que ambos os acostumbreis. Tú a su estrechez y él a tu grosor. Luego te mueves, despacio para notarlo bien. Tu cadera empieza ese va y viene tan placentero para ambos. La excitación es mucha, no sabes lo que vas a aguantar. Te agarras a sus caderas para no perder el ritmo. La excitación de ambos os hace acelerar. Vais cambiando la cadencia según lo dicta el deseo. Sabes que él va a manchar el cuero en el que apoya las rodillas. Puede que incluso antes de que tú le llenes el recto con tu lefa. Ya no queda nada. Entre gemidos ambos os corréis. Tu semen rezuma de su culo y te agachas de nuevo a lamerlo. A recogerlo con la lengua y volver a compartirlo con él. Sabes que van a ser vuestros últimos besos. Quieres que sean especiales. No vas a volver a verlo, a tocar su suave piel. Pero lo habéis disfrutado. Ahora sí que puedes terminar el trabajo más relajado sin pensar en el sexo. .

sábado, 5 de junio de 2021

Nyotamori rural, comiendo conejo

. Comiendo conejo Mi primo me invito a comer, un sábado, en pleno verano y con el calor que hacía el plato principal asombraba un poco. Guiso de conejo, un animal recién traído del pueblo de los abuelos. Criado en casa sin piensos artificiales. Aún no se si se trataba de una indirecta o simple casualidad. Y yo con una ensalada y su trabajado cuerpo me hubiera conformado. Siempre nos habíamos llevado bien pero nunca tuvimos nada juntos. De chicos por que no nos habían dejado solos el tiempo suficiente para que los juegos subieran de nivel. Y de mas mayores por que nunca coincidimos sin pareja. Cuando yo estaba disponible él tenia novia o novio, que tampoco le hacia ascos a una buena polla. En sus épocas de soltería era yo la que estaba liada con alguien, chico o chica. Yo también soy de gustos amplios. Y esas casualidades me jodian. Por que la verdad excepto en su etapa de niño pijo repelente en la que no había quien lo aguantara, el resto del tiempo estaba más que bien, con un cuerpo muy apetecible y un carácter dulce y cariñoso. Ese sábado estaba como para comérselo, con un vaquero todo roto enseñando unas pantorrillas y unos muslos que parecían esculpidos por un artista griego y una camiseta ajustada a su torso de nadador. Incluso su piso de soltero parecía limpio y ordenado para mi asombro. Al abrirme la puerta el olor de la cazuela ya abría el apetito. Yo vestía o más bien lucía mi cuerpo con una leve minifalda con el vuelo suficiente como para poder enseñar el culo si me giraba con la suficiente rapidez. Y un top con espalda desnuda que dejaba botar mis tetas libres de sujetador y marcaba mis pezones en la suave tela. No es que quisiera provocado adrede, es que iba a ponerlo cachondo. Al verme en su puerta con esa indumentaria se quedó ojiplático. Pero no estuvo mucho tiempo paralizado. Como esperaba me cogió de la cintura y me plantó dos besos en las mejillas, muy cerca de los labios. Aproveché para pegarme a su cuerpo. No me colgué en ese momento de su cuello y le di mi lengua por que quería disfrutar la espera. - Huele muy rico primo. - Tu también. Llevas un perfume estupendo. - No llevo, es solo la ducha y el olor de mi piel. - Pues huele que alimenta. Me dijo con su carita de no haber roto un plato en su vida. Y a la vez su sonrisa era lasciva e incitante. Entré por fin a su piso encaminando hacia la cocina meneando la cadera. Sabía donde estaba mirando y se lo permití. Levanté la tapa de la cazuela y el vapor que salió empañó mis gafas. Pero estaba deseando sentarme a la mesa, y luego pasar al postre, lo que tenía mi primo entre las piernas. Paciencia, por supuesto, antes de sentarnos me ofreció un aperitivo. El pacharán también venía de casa del abuelo hecho con bayas recogidas por ellos. Hasta las aceitunas venían de su olivo. -¡Menudo banquete! ¿Todo es del pueblo? - Hasta el anfitrión viene de allí, prima, y la invitada. Sentados en su sofá, sin prisa, saboreando las copas. Nos mirábamos a los ojos con sonrisas cómplices. Pero también mirábamos más abajo. Yo me deleitaba viendo sus músculos en la ajustada camiseta y su torso poderoso. Sus ojos azules recorrían mi cuerpo con una expresión lasciva. El mueble es tan bajo que mi faldita, aunque me había sentado sobre ella, había trepado por mis muslos descubriendo más carne. Incluso con las rodillas juntas sabía que él no se había perdido un detalle. Por fin pude sentarme a la mesa que hasta lucía un mantel blanco de tela. Si me lo dicen no me lo creo. Esta vez eché la tela hacia atrás sentándome directamente sobre la silla. Mi primito venía de la cocina con algo en las manos. Al ver mis piernas así dio un traspiés que casi me tira la fuente de la ensalada encima. El tablero de la mesa es de madera sólida sino hubiera podido ver como, nerviosa y excitada, no hacia más que frotar mis muslos uno contra otro. Apartaba y juntaba las rodillas como una colegiala ante su primer novio. El tinto de la tierra estaba estupendo. -¿Quieres emborracharme? - Espero que no haga falta. - ¿Falta para qué? - Para el resto de la tarde. Creo que me sirvió las tajadas con más huesos del plato. Así que no tuve más remedio que empezar a comer con los dedos. A los cinco minutos estaba con los dedos pringados de grasa. Como ya habéis deducido soy algo paleta. Pero me encanta, para limpiarme los dedos para qué usar la servilleta. Me los chupaba con la expresión más lasciva que podía poner. Haciendo morritos cada vez que me metía uno en la boca y no era yo la que pensaba en hacerlo como si fuera una polla. Bueno si era yo. Nos mirábamos a los ojos con las manos pringadas de salsa. En algún momento uno de los dos tenía que dejarse de tonterías e ir al grano. Aún esperaba que fuera él hasta que se me hincharon los ovarios. Mientras los huesecillos se amontonaban en el borde del plato. Fui yo la que cogí su mano y me puse a chupar sus dedos en vez de los míos. Como él me correspondió un segundo más tarde lamiendo mi pulgar e índice deduje que ambos lo deseábamos. Solo pensaba en que me arrancara el tanga y me comiera el chumino con los labios llenos de grasa. Pero empezar por los dedos había demostrado ser algo interesante. Me estaba poniendo muy cachonda. Y más cuando subió pasando la lengua por la muñeca. En ese momento me olvidé del conejo y pasé a pensar en el postre, él. Y eso que a un lado había dejado una enorme tarta de crema y chocolate. No hará falta decir que además soy muy golosa. Me aparté de la mesa para dejarle sitio para maniobrar. Lo que permitió que se acercara. Siguió lamiendo todo el brazo hasta levantarlo y pasar su lengua juguetona por la axila. Sólo tenía que soltar un nudo en mi nuca para que el top cayera hasta mi cintura y desnudara mis pechos. Así podía seguir usando su lengua por toda mi piel. - ¡Prima que tetas más bonitas! Sabía que estaban bien, pero al natural son preciosas. ¿Me dejas comerlas?. - Gracias primo, para echarte un piropo así tendría que ver más de ti. Puedes comer lo que quieras, ya que me has invitado tú. Le dije sonriendo. Y cogiendo su camiseta, tirando de ella para desnudar su torso. Desde luego que ya lo había visto antes sin camiseta pero seguía impresionandome. El trabajo le estaba dejando unos músculos con una pinta deliciosa, estaba deseando lamerlos. Probar y mordisquear esos pezones con pinta de durísimos. Creo que iba a necesitar ropa limpia para salir de allí. Tiré su camiseta y el top al sofá antes de besarlo. Su lengua se enroscaba con la mía. Aún teníamos el sabor de la comida en la boca. Y aún estábamos al lado de la mesa. Lo que él aprovechó para cogerme en sus fuertes brazos y tumbarme en el tablero con mis piernas colgando. Enseguida noté como sus manos se deslizaban por mis muslos arriba para librarme del tanga. A un lado tenía la tarta y al otro los restos del plato principal. Y justo entre mis muslos su cabeza bajaba despacio hacia mi xoxito. Con su sonrisa lasciva me dijo: - Este es el conejo que estaba deseando comer desde hace mucho tiempo. Voy a disfrutar este manjar. -Todo tuyo primo. Mi conejito está deseando que le den mimitos. ¿Como lo prefieres? ¿Dulce o salado? Con los dedos recogí parte de la cobertura de chocolate de la tarta y me la puse sobre los labios de la vulva. Si el tema iba a ser sexo gastronómico yo pensaba colaborar. La crema me la puse sobre los pezones y una guinda en el ombligo para que siguiera saboreando mi cuerpo. Además de todo un reguero de dulce por donde deseaba su lengua en mi piel. Su primer lengüetazo fue directo a por mi clítoris y me estremecí al notarlo. Separé aún más los muslos dejando sitio para que pusiera esa lengua que tanto había deseado donde él quisiera. El frío del chocolate, el calor de su lengua en mis labios y mis jugos fluyendo como de una fuente, todo hizo que me corriera en cuestión de segundos. Tiró de la falda para dejarme completamente desnuda sobre su mesa. De invitada había pasado a ser el postre o el plato principal. Su lengua, sus labios, sus dedos los notaba por todo mi cuerpo y lo estaba disfrutando. Solo paró un momento para quitarse los vaqueros y resultó que bajó ellos sólo tenía su polla bien dura. Sin ropa interior. Me la acercó a la cara desde el otro lado de la mesa. Ahora fui yo la que se la embadurné de tarta para no quedarme sin postre y que fuera más sabrosa de lo que ya se veía. Empecé a pasar la lengua desde los huevos que depilados, suaves y endulzar me metí en la boca para chuparlos. Lamí y besé el tronco subiendo sin prisa hacia el glande. Cuando lo tuve en la boca sujeté su cadera para que no me llegara al esófago. No por que el no fuera cariñoso y delicado, sino por que en el calor del momento la situación podía írsele de las manos... o más bien del rabo. Incluso subió una rodilla a la mesa al lado de mi cabeza para dejarme acceso libre a su prieto culo. Mientras le mamaba la polla pude deslizar un dedo en su ano. Mojado en la salsa del conejo como lubricante pude metérselo hasta la segunda falange. - ¿Primo te quieres correr en mi boquita? - Me quiero correr en todas partes prima, pero como no me falta nada empezaremos por tus dulces labios. Efectivamente un segundo después noté su leche en mi lengua y el paladar por la postura. Volví a pillar de la tarta para que me besara y darle en la boca la mezcla de todos los sabores. Por una de mis amigas que se lo había follado sabía que no se iba a negar. No me hizo falta llamarlo, él mismo se inclinó a meter su lengua en mi boca y jugando con la mía compartir. Creo que, al final, él se llevó la mayor parte sin una protesta al probar su semen. A pesar de todas las guarradas que llevábamos aún quedaba tarta y yo no me iba a perder la oportunidad de ponérsela encima. Con el calor que hacía y el que llevábamos nosotros ni el suelo de la cocina de gres estaba frío. - ¡Al suelo primo! - ¡que me vas a hacer? - Ya lo verás y sentirás. Tumbado boca arriba en las baldosas dejó que le pusiera lo que quedaba del postre por las zonas que yo quería lamer, en realidad todo su cuerpo. Aún quedaba para ponerme yo algo más por las tetas. Pero empecé por sus pies, chuparlos con lascivia dedo a dedo. Subir por el empeine por sus duras pantorrillas, por esas ejercitadas piernas que siempre me habían gustado. Con ese tratamiento su polla volvía a ponerse dura a pasos agigantados. Levantarlas hasta su pecho para dejarme el durísimo culo a mi merced. Lo pringué bien de crema para quitar el sabor de la salsa, pues ya sabía que él lo tenía escrupulosamente limpio. Cuando notó la punta de mi lengua en su ano gemía como una putita. Y yo tenía justo delante de los ojos su orgulloso nabo apuntando al techo. Tampoco me privé de untarlo de comida y volver a lamerlo, pero no mucho, pues lo quería en más sitios. Lo bajé al suelo para seguir lamiendo su vientre y pecho. Mordisquear sus pezones duros y oscuros mientras el seguía deleitando mis oídos con sus gemidos y suspiros. Con un nuevo beso lascivo y guarro me incorporé para sentarme sobre su cara y notar de nuevo su lengua en mi coño y además en mi culo. Yo también había tenido la precaución de ir bien limpita por dentro y por fuera. En cuanto noté la lengua en el ano la que gemía era yo. Una vez bien dilatada y con lo excitada que estaba no fue mucho tiempo ni muchos de sus dedos. Me fui moviendo hasta poner mi cadera sobre la suya y poner su glande en mi ano. Con los orgasmos que llevaba esa tarde quería su polla por detrás. Me la fui clavando, bajando el culo y sintiendo como él me acariciaba el clítoris con suavidad. Cuando apoyé las nalgas en sus duros muslos los dos soltamos a la vez un gemido de placer. Se incorporó lo suficiente como para besar mis pezones y yo empecé a moverme con suavidad arriba y abajo. Apoyada en su torso me movía despacio notando cada penetración. Ya no paré hasta que se corrió y me llenó el culo de lefa. Aún tenía fuerza suficiente para volver a ponérselo sobre la cara y recibir allí sus caricias con la lengua hasta lograr un último orgasmo. Conociéndolo no iba a ser el último. Sudados, y pringados de comida, semen y mis jugos por todas partes. Me levanté, metí las ropas de ambos en la lavadora que no tenía muy lejos. Tiré de su mano para llevarlo a la ducha donde nos enjabonamos el uno al otro hasta dejarnos brillantes de lo que nos frotamos el uno al otro. Luego a su cama a dormir una merecida siesta abrazados. Y mientras se secaba mi ropa tras sacarla de la lavadora, volvimos a follar antes de volverme a mi casa. .

domingo, 16 de mayo de 2021

El ascensor

. Por fin sucedió, subía en el ascensor con la mujer mas bonita de la casa. Hoy en día sería una milf, exceptuando que no tenía hijos. Sin poder apartar la vista de su poderosa delantera, descubierta por un escote enorme, pensaba: -"¡Cómo está!" lo que daría por follármela, me encantaría que me invitara a su casa. Cualquiera se atreve a insinuar algo.- Ella parece que leia mis pensamientos, supongo que por la cara que estaba poniendo, por su amplia experiencia o por el sitio a donde yo dirigía la mirada. -Cierra la boca o se te va caer la baba. Y acercándose un poco me besó suave en los labios y me sujetó el culo como si fuera a perderlo. Cuando llegamos a su planta me dijo que la siguiera y lo hice como un perrito. Es muy bonita, morena, de ojos azules, sus tetas grandes redondas resaltaban en su jersey fino con escote en uve y apretado, solo las tiras del sujetador disimulaban un poco la perfección de su cuerpo. Las caderas anchas marcadas en los ajustados vaqueros y un par de botas altas. Realmente no aparentaba los mas de cuarenta años que tenía. Yo tenía unos vaqueros y una camisa abierta mostrando algo de mi pecho musculoso. No estaba mal del todo, en vez de estudiar me dedicaba a jugar a cualquier deporte que se me ocurriera. La moqueta de su salón era muy mullida y había un sofá sin respaldo allí en medio, una chaise long. Se descalzó y me indicó que hiciera lo mismo. Lo hice y me senté a su lado en el diván que era muy ancho. -¿Sabes que soy prostituta? ¿verdad? y tú ¿eres virgen? ¿verdad?. Lo sabía, ella era la comidilla del edificio. Y la cotilla de mi madre no se privaba de criticarla. Yo con cara de tonto me limité a asentir. -Me hace ilusión ayudarte un poco con este tema. y creo que a ti, por la cara que estás poniendo, te gustaría que fuera yo tu primera chica. ¿verdad? Espero enseñarte algunas cosas, como tratar a una chica con dulzura. Volví a asentir con la cabeza, y mi expresión debía ser la de un palurdo salido, ella debía pensar que yo era tonto integral. - Sácate la camiseta. Me la arranqué como si me quemará sobre mi pecho. Se inclinó sobre mí y empezó a lamer mis pezones que estaban como guijarros de río. Yo gemía dejándola hacer. Estaba como paralizado pero era por el placer que sentía. Ella, como sin querer, puso una mano sobre mi rodilla y la otra en mi espalda. Después me beso en la boca y metió la lengua en la mía. Paseándola por mis dientes y cruzándola con mi lengua acariciándose entre ellas. Al principio me dejaba hacer sin saber muy bien cómo actuar, pero enseguida reaccioné y empecé a jugar con la sin hueso por toda su boca. Impaciente, puse la mano en su pubis desabrochando sus vaqueros. La inexperiencia se me notaba a la legua. Me agarró la mano para que la acariciara suave, solo con un dedo en los labios de la vulva por encima de sus bragas humedecidas. Me decía: -Suave cariño, no tengas prisa. Subió la mano de la rodilla a la cintura y desabrochó mis pantalones. Yo también subí mis manos por debajo y por dentro de su jersey para sacárselo. Cuando llegué a sus pechos no pude mas que acariciarlos y amasarlos por encima del fino sujetador. Conseguí deslizar la mano dentro de la tela y cogerle un pezón. Acariciarla suavemente alrededor. Separamos el beso lo suficiente como para sacarla el jersey. Me agaché y apartando la tela del sujetador le mamé, le lamí los enormes pezones. Siempre quise mamar de una teta, así que lo hice sorbiendo y clavando suave los dientes. Ella se reia y decía: -Que bien mama mi niño. Manoseado a su espalda intentando abrir el sujetador. Se me notaba la inexperiencia. tras un rato de intentarlo ella se cansó. Se sacó los tirantes de los hombros e hizo girar la prenda alrededor de su pecho. Así era mucho más fácil. Al soltar el broche sus impresionantes tetas quedaron a mi vista y al alcance de mis manos. Y volví a posar mis labios y lengua en ellas. Me dejó todo lo que quise hasta hartarme, bueno no, nunca me hartaría de unos pechos así. Me sacó la camiseta y nos levantamos. Le bajé los vaqueros, me arrodillé y se los saqué del todo adorándola a sus pies. Separó los muslos y por fin pude contemplar la maravilla de su vulva. Aún cubierta por una mínimas braguitas mojadas y trasparentes en esa zona. Ella misma se las quitó y dejó que la contemplara a gusto. Pude acariciarla y descubrir lo que para mí eran un montón de secretos. Toda la anatomía femenina que para mí era un misterio hasta entonces. Empezar a usar la lengua sobre esa maravilla. También le chupé, lamí los labios y se la metí lo mas posible hasta que tuvo un orgasmo, noté sus jugos, su sabor intenso bajando por mi lengua. A pesar de no saber lo que estaba haciendo, mi curiosidad me hacía métela por todas partes dándole gusto. Me levanté y volvió a besarme sin importarle su sabor en mi boca. Cambiando lengua y saliva. Ella me bajó los pantalones y el slip y me hizo sentar al borde del diván, apoyando solo las nalgas. Fue ella la que se arrodilló. Empezó lamiendo mis huevos, chupándolos como golosinas. Subiendo la lengua por el tronco y se metió mi polla en la boca. Me hizo tumbar del todo en el diván y levantar las piernas. Cuando empezó a pasar la lengua y un dedo ensalivado por el ano ya fue la locura. Haciéndome sentir lo que mis diez y ocho años de pajas nunca había sentido. Continuó lamiendo a lo largo del pene, introduciéndose mis testículos en la boca o masticando mi glande. Siguió hasta que se tragó mi semen y volvió a besarme. Fui yo el que sentí mi sabor de sus labios y lengua. Me tumbé en el sofá y a la edad que tenía entonces me recuperaba pronto. Por supuesto ayudaron sus caricias y sus besos. No me dejó de sobar por todo el cuerpo de los pies a la cara sin parar. Cuando que darme cuenta tenía puesto un condón que me había calzado con la boca. Nunca he llegado a saber como lo hizo, pero quería protegerme. Era evidente que ella no tenía miedo de que yo le pegara algo sino al revés. Sin pensárselo dos veces se subió a horcajadas sobre mí y se fue clavando mi rabo despacio. Allí estaba bien apretado. Se irguió y comenzó a moverse. Todavía era mucho mejor que cuando me la comió. Solo pude poner mis manos en sus melones y acariciarlos. Su vagina apretaba mi pene como una prensa hidráulica, concentradas todas las sensaciones allí. Yo le acariciaba de la cara a los hombros, los pechos, el vientre y el clítoris cuando podía alcanzarlo o sujetaba sus nalgas duras y grandes. Tenía una piel suave, esta vez medio tiempo a acariciarla todo lo que quise pues aguanté bastante mas. Se bajó de encima y me impidió moverme. Empezó a tocarme y besarme, a lamer todo el cuerpo, la cara el pecho, bajando por el estómago y la polla húmeda de nuestras corridas y los muslos hasta los pies y el dedo gordo que se lo metió en la boca. Me hizo dar la vuelta y continuó chupando y acariciando mi piel. Prestando especial atención al culo, lo abrió con las manos para lamerlo clavando la lengua en el ano. Hasta metió un dedo y lo movió sin dejar de lamer. Descubrí que me encanta el beso negro, y que jueguen con mi culo a su gusto. Me pidió que se lo hiciera yo y con mi curiosidad hizo que me entretuviera en todo su cuerpo usando dedos, y lengua. Lamí cada uno de los deditos de sus pies y me gustó. Subí por la piel suave de sus pantorrillas hasta los torneados muslos, por la cara interna pero no sin lamer sus rodillas y las corvas. Paré poco en su chochito pero aún así le di una cuantas lamidas. Su vientre plano y el ombligo me parecieron deliciosos y volver a disponer de sus tetazas me tenía alucinado. Incluso su cuello y la nuca cuando se giró para que pudiera besar su espalda. Y comerme su culo, hacerle a ella el beso negro y clavar la lengua en su ano. Nunca pensé que una mujer me dejara disfrutar así de su trasero. Volví a su pubis. Arrodillado en el suelo y con sus muslos apretándome la cabeza lamí su coño con todas las ganas, estirando los brazos hasta sus tetas. Luego levantó las piernas hasta su pecho. Tras lamerle bien el culo, el ano, durante un rato. Nunca pensé que se me pusiera dura para un tercer asalto. Pero supongo que ese rato recorriendo su cuerpo me dio la excitación y fuerza para que se levantase otra vez. Mi juventud y su experiencia estaban consiguiendo que la tarde empezara a quedarse corta. Eran horas y seguíamos teniendo ganas el uno del otro. Yo estaba recuperado y ella que lo vió, me dijo: -¿A que esperas? Follame el culo. Muy despacio explorando esa nueva posibilidad, haciéndolo, como mejor supe, la fui penetrando. Sujetando su cadera, su hombro. Ella me guiaba y aconsejaba como toda la tarde. Me indicaba cómo le gustaba y que acariciara su clítoris a la vez. Eyaculé dentro de ella. Se la saqué de entre las nalgas y me fui al baño a lavarme. Como ella me indicó. Me esperó descansando, me tumbe a su lado. Creí que no se me levantaría ni con una grua, aunque eso no importaba en ese momento, nos acariciábamos con ternura. Me preguntó si quería seguir y me propuso un masaje con todo el cuerpo. Embadurnados los dos bien de aceite de almendras nuestras pieles resbalaban la una sobre la otra. Ella encima o yo sobre el cuero de diván. Sus pechos grandes por todo mi cuerpo. Su culo sobre mi piel. Ella me ponía a mil ya antes de esa tarde así que después de todo lo que estábamos haciendo mi excitación estaba por la nubes. La polla al principio flácida se fue poniendo morcillona, dura poco a poco, bien remojada en el aceite terminé con la espalda en el cuero y ella encima mirando hacia mis pies. Viendo que me había recuperado empezó a comérmela con furia. Yo evidente hice lo mismo con su coño y su culo todos los fluidos de esa tarde. Nuestro sudor, mi semen los jugos de su coño el aceite, nada me importaba. Me sabía a gloria hasta el ano. Ella tampoco dejaba de comerme los huevos y de meter un dedo en mi ano. Supongo que tardé en correrme una barbaridad y apenas saldría nada. Pero no importaba nada, era solo la sensación lo relevante. Cuando me di cuenta de la hora, el sol bajando en la ventana. Me tuve que vestir a toda prisa y ponerle una excusa a mis padres. Pero estaba deseando volver a ver a la vecina. .

jueves, 13 de mayo de 2021

El padre de mi amigo, el cumpleaños

. De vez en cuando quedaba con el padre de mi mejor amigo. No es que fuéramos novios, solo follamigos. Una veces solo nos tomábamos unas copas en un bar y otras directamente en su piso de divorciado nos lo comíamos todo y nos follábamos el uno al otro. Los dos seguimos siendo bisex, versátiles y muy morbosos. Una tarde entre semana recibí un wassup suyo. -¿Quedamos el viernes? Como no tenía nada planeado le contesté que si. - Perfecto, vente lo más putita que puedas, he pensado en algo. Vente por mi piso. Fue la críptica respuesta. No sabía lo que tendría pensado pero seguro que sería algo divertido. Siempre me lo pasaba bien con él. Al abrirme la puerta pareció algo decepcionado con mi atuendo, un vaquero y un jersey. Había decidido castigarlo por su misterio y yo también quise darle una sorpresa. Ya en el salón me quité el jersey que tapaba una camiseta de rejilla negra totalmente trasparente. No la usaba mucho pero aquella era una ocasión ideal para lucirla. Sus ojos hacían chiribitas al descubrir los secretos de mi atuendo. Aflojé el cinturón ancho y con adornos metálicos del vaquero y cayó a media nalga descubriendo el bañador slip rojo que él me había regalado la primera vez que follamos. Llevaba también unas botas militares y una cadena entre los bolsillos del pantalón. -¿Que tenías pensado? Julio. - Me han invitado al cumpleaños de un amigo. -¿Y quieres que yo sea el regalo? - No, no solemos hacernos regalos. Tu serás el animador de la fiesta. No vamos a ser muchos, es algo íntimo. -¿Y tú pretendes que la cosa se convierta en una orgía? Por lo que parece. Ya estaba viendo por donde iban los tiros. Pero me estaba costando un triunfo que me diera detalles. - Tanto como eso.... bueno ya veremos a ver como sale. Pero si animarlos un poco. Son todo tíos de mi edad, gay o bisex, así que no creo que sea difícil. - Bueno dame unos minutos para terminar de prepararme. Entré al baño y me eché algo de mi pelo lacio hacia la frente. Me puse algo de rimmel negro en los ojos y me añadí pintura o esmalte fácil de quitar en las uñas, negra también. Incluso algo de pintalabios negro y una gargantilla de cuero en el cuello. Con unos guantes de rejilla del mismo material que la camiseta quedaba terminado mi look de emo gay. No suelo ir así, la ciudad es pequeña y llamaría mucho la atención. Pero ante su petición me apetecía llevar ese tipo de imagen. Salí al salón y me di una vuelta sobre mi mismo para lucirme. Se le veían las ganas de terminar de bajarme los pantalones y ponerme mirando a Cuenca allí mismo. Casi tuve que escapar de sus brazos, pero aún así nos dimos un buen morreo como preludio al resto de la noche. Saliva va, saliva viene y con cruce de lengua nos fuimos calentando. - Vámonos o no terminamos de salir de aquí. Cogimos el ascensor y un piso más abajo se subió una señora con nosotros. Se me quedó mirando. Por su expresión nunca llegué a saber si quería llamarme maricón, le estaba dando un infarto o quería bajarme los pantalones y comerme la polla. Se bajó en el portal y nosotros seguimos hasta el garaje riéndonos. Llegamos en su coche al piso de la fiesta, en otro barrio al otro lado de la ciudad, sin más incidentes aunque si me fijé en que la gente me miraba en cada semáforo. No es una ciudad muy grande y ese look aún llamaba la atención. Al llamar a la puerta del piso nos abrió un hombre bastante guapo, moreno, algo canoso, con un buen cuerpo fibroso, delgado, vestido con una camiseta de tirantes y unos vaqueros desgastados y una gran sonrisa que se ensanchó más al fijarse en mí. Julio me presentó. - Este es Alex viene conmigo. Alex te presento a Nacho. Un buen amigo que me ayudó mucho después del divorcio, ya te haces una idea. Seguro que se habían animado el uno al otro en una cama, o en el sofá o en la encimera de la cocina. Imaginaba y no estabas muy desencaminado. - Pasad y serviros unas copas. Pablo ya está aquí. Cuando entré sabía que sus ojos perseguían mi culo con una mirada de lujuria. Pero me hice el despistado continuando hasta el salón. Una música suave llenaba la estancia al suficiente volumen para que se notara sin molestar a los vecinos. Allí sentado en el sofá estaba el tal Pablo, digno del mismísimo Picapiedra. Un tío enorme que casi ocupaba dos plazas de un sofá de tres. Aunque no estaba gordo, parecía un cuerpo normal en talla extragrande. Se levantó de inmediato a saludarnos. En vez de darnos la mano como hubiera sido habitual entre hombres se inclinó a darnos dos besos. Detalle que me encantó. Era evidente que tenía que inclinarse para ponerse al nivel de cualquiera de los que estábamos allí. A ojo debían ser más de dos metros. Llevaba unas bermudas que descubrían sus piernas bien depiladas y suaves. Además de una camiseta abierta que poco tapaba su torso de barril también sin un pelo. Me cogió de la cintura para besarme las mejillas en cuanto Nacho nos presentó. Y yo en mi papel me colgué de su cuello para devolverle esos besos muy cerca de sus carnosos labios. Aproveché para pasar la mano por su cabello cortado al uno y que empezaba a escasear. Me imaginaba esa boca enorme comiendo mi polla. Julio que también lo besó, suave y rápido en los labios preguntó: -¿Falta alguien? - Solo Marcos, pero no tardará. Me ha mandado un wassup diciendo que estaba aparcando. - Estupendo. ¿Dónde están las copas? Fue decir esa frase y Nacho ya nos estaba poniendo los vasos en las manos. Mientras el anfitrión y yo charlábamos por detrás oía cómo Pablo le comentaba al padre de mi amigo: - ¡Que ricura!, ¿de donde has sacado ese bomboncito? - Es un amigo de mi hijo, un chico muy majo. Aunque algo estrafalario. Lo comento siguiendo el plan que habíamos trazado en el viaje. En ese momento llegó el invitado que faltaba. Nacho lo dejó pasar y le puso su copa. Sin contarme a mí, Marcos era el más joven, no pasaría mucho de la treintena. Era un rubito, guapo, delgado y de ojos azules por lo que daba la impresión de ser aún más joven. Me sonaba de haberlo visto alguna vez en una discoteca, pero nunca me había acercado a él. Ni él a mí. Llevaba unos vaqueros y una camisa blanca muy fina y con algunos botones abiertos. También le pusieron una copa en la mano y me presentaron como es debido. Sí que me dio un apretón de manos firme y que duró bastante tiempo mientras nos mirábamos a los ojos. - Creo que te he visto alguna vez por la Cómic. - Eso me pareció cuando te he visto. Pero siempre ibas muy bien acompañado y nunca pude acercarme a tí. Me dijo con una bella sonrisa. - Igual hubiera tenido que acercarme yo. - Pues te lo hubiera agradecido. Pero nunca te vi vestido así. - Me apetecía darme un capricho. ¿No estoy bien así? Les provoqué a ver por donde salían. Las protestas no tardaron nada en llegar alagando mis oídos. - ¡Para nada! ¡Estas guapísimo! ¡Fantástico! Terminadas las presentaciones y cada uno con su bebida dejé de ser el centro de atención. Estuvieron un rato poniéndose al tanto de sus vidas como amigos normales. Julio ocupó un sillón y yo me senté en el brazo del mueble dejando que rodeara mi cintura en un gesto posesivo. Acariciaba mi vientre y muslo dejando que los demás lo vieran perfectamente. Incluso mientras charlábamos pues de vez en cuando yo también metía baza, deslizó su mano por debajo de la camiseta. Al ser esta trasparente del todo los demás veían su mano acariciar mi piel directamente. Eso empezaba a caldear el ambiente. - Buscáos una habitación. -¿Por qué? ¿no es mejor aquí? sin escondernos. - Pues claro pero nos está dando envidia a los demás. Ese fue Pablo. -¿Quieres un poco? - No me importaría. - Alex ¿le quieres dar un poco de cariño?. Me dijo Julio La cosa iba más rápida de lo que yo había pensado. No sé si por mi atuendo o por que ellos ya eran unos calentones de por sí y aquella no era su primera orgía. Sin contestar me levanté y fui a sentarme en las rodillas desnudas del gigante, de lado. Apoyé la cabeza en su pecho y rodeé aquel cuello de toro con mis brazos. - ¿Así estas más contento? - Todavía no, pero falta poco. Y me besó. Esa lengua gigantesca hacia maravillas en mi boca pues de inmediato la abrí para dejarle pasar. Yo la lamía y chupaba apretándola entre mis labios. Me dediqué a acariciar uno de sus pezones por dentro de la camisa. Mientras una de sus manazas me agarraba el culo amasando las dos nalgas a la vez, por encima de la lycra del bañador. Daba para ello. Con la otra, suave, me acariciaba la pierna. Junto a mi muslo notaba como su polla empezaba a coger dureza y tamaño. Como fuera a juego con el resto de su cuerpo aquello debía ser algo portentoso. - ¡Mira ahora quien es el abusón!. - Pura envidia. - ¡Desde luego! Todos nos reíamos con el intercambio de bromas. Marcos se acercó a nosotros. Me tendió la mano. - ¿Bailas? - Pues claro. Sonriendo a Pablo para insinuarle que no me olvidaría de él, me levanté sin soltar la mano tendida. La música era suave, invitaba a bailar lento y agarrado. Lo que era perfecto. Marcos sujetó mi cintura y me pegó a su cuerpo delgado pero fibrado. Apoyó la cabeza en mi hombro en un gesto tierno que me encantó y al que correspondí haciendo lo mismo. Debía notar perfectamente en su pubis la dureza de mi rabo pues Pablo ya me había excitado mucho. Y yo empezaba a notar como el suyo cogía consistencia bajo sus vaqueros. Ya no me iba a cortar así que un segundo después mis manos estaban agarrando su trasero que por su dureza parecía forjado en hierro. Él en cambio se decidió por mi pecho pellizcando uno de mis pezones que la camiseta le dejaba ver. Por el rabillo del ojo pude ver como Nacho se había acercado a Julio que le estaba agarrando el culo con toda su fuerza. - ¿No es hora de ver más carne? -¿Te parece poco como voy? a mí se me ve todo. - Tú estás genial. Decía los demás. Empieza a sobrar ropa -¿Por qué no te quitas tu algo? Así nosotros podríamos ver mucha carne. Decía alguien a mis espaldas, suponía que Julio. Pero no estaba para prestar mecha atención. Aún así en uno de los giros que hacíamos al bailar lo vimos quitarse la camisa. Lo único que cubría esa enormidad eran sus bermudas y no eran muy grandes. Si me concentré lo suficiente como para separarme lo justo como para empezar a abrir los botones de la camisa de Marcos. Por fin pude besarlo. Y como somos más o menos de la misma altura ninguno tuvo que inclinarse para hacerlo. Bastó con sacar las lenguas y empezar a jugar con ellas. Al poco tenía su camisa colgando del cinturón y el torso fibrado y sexi, con las costillas marcadas a sus costados, desnudo. Me encantaba acariciar la piel suave de ese pecho. Marcos había metido las dos manos por dentro del bañador rojo. Y uno de sus dedos ya estaba deslizándose por la raja buscando mi ano para acariciarlo. Julio y Nacho por su parte ya habían empezado por su lado. El anfitrión se había subido a caballito encima de mi amigo y se estaban comiendo las bocas como si no hubiera un mañana. Las manos de ambos recorrían sus cuerpos y sus ropas ya no estaban tan colocadas como cuando habíamos llegado. Se levantaron y ya sin cortarse se quitaron los vaqueros y las camisetas. Solo con los ajustados slips se fueron a sentar junto a Pablo uno a cada lado. Y se pusieron a acariciar esa mole mientras él giraba la cabeza y los besaba por turnos. Cuando morreaba a uno el otro le comía los pezones y chupaba su pecho o levantaba el brazo de su lado para lamer la axila sin vello. En medio del salón despejado Marcos y yo seguíamos bailando lentos y sacándonos algunas prendas despacio. No había prisa. Nos descalzamos para rozar nuestros pies y bailar más sensual. Además mis botas habrían machacado cualquier pie descalzo que hubiera pillado debajo. Terminé de tirar su camisa a un rincón mientras él soltaba el cinturón y mis pantalones caían hasta los tobillos. Me ayudó a liberarme de ellos. Agachado aprovechó para pasar la cara y los labios por encima de mi paquete y notar su dureza. Pero sin quitarme el bañador. Volvimos a abrazarnos y besarnos en medio del salón dando espectáculo a los otros tres que seguirían acariciándose. Marcos se decidió por fin a quitarme la camiseta que tanto juego había dado hasta entonces. Pero que a mi ya me molestaba puesta. Aprovechó para lamer mis pezones y cuando tuve los brazos por encima de la cabeza las axilas. El cinturón de sus vaqueros me arañaba el vientre así que empecé a quitarle los pantalones. Si slip era tan pequeño y ajustado como el mío. No me resistí a sujetar un momento su polla entre mis dientes con suavidad y por encima de la tela. Piel con piel, pecho con pecho seguimos bailando bien pegados. Nuestras pollas duras sólo separadas por los gayumbos. Para entonces en el sofá Pablo tenía agarradas con cada una de sus manazas los nabos de sus amigos y los pajeaba con suavidad. Mientras los tres nos miraban a nosotros. Julio y Nacho habían conseguido sacar el mástil, pues aquello merecía ese nombre, de las bermudas del gigante y lo meneaban a dos manos y aún así sobraba polla. Marcos y yo nos bajamos los slips a la vez dejando que los otros nos vieran las nalgas y frotando por fin los rabos desnudos uno contra otro. Yo agarré las dos y las pajeaba suave mientras seguíamos dándonos saliva. Me lamió la oreja para decirme lo suficientemente alto como para su lo oyeran todos: -¿Y si vamos a la cama? Todos estuvimos de acuerdo. Por el camino fueron desapareciendo las últimas prendas que quedaban enredadas en las ingles. Lo único que quedó fueron mis guantes de gasa trasparentes. Pablo me levantó con sus fuertes brazos y yo rodeé su cintura con mis piernas mientras le comía la boca y me llevaba sin esfuerzo aparente hasta el dormitorio. Su polla dura rozaba mi ano provocándome escalofríos de placer. Sin soltarme se dejó caer en la cama conmigo encima. Tenía que lubricarme bien o aquello me iba a provocar un destrozo. Julio atento a que no me pasara nada se puso entre los muslos de Pablo. Allí noté su lengua en el ano para dilatarme aunque de vez en cuando le daba buenas lamidas al tronco de Pablo. Alguien le alcanzaría el lubricante pues al poco empezó a ponerlo en ambos sitios. Se gastó mucho de eso esa tarde noche. Nacho se vino entre nuestras cabezas. En cuclillas consiguió meter su cara entre nosotros. Pablo le alcanzaba a comer el culo y yo tenía su polla justo frente a mi boca. Evidentemente no me resistí y empezando desde los huevos empecé a lamerla y chuparla. Estaba claro que no era la primera vez que se lo montaban así y que tenían las posturas ensayadas. Y yo me había tragado como un pardillo que iba de animador. Marcos quedaba por allí, tocando, besando, lamiendo toda la carne que había expuesta. Toda la piel a su disposición. De vez en cuando yo sentía sus caricias y besos en mi piel. Pero se dedicaba a los cuatro. Una vez bien lubricado fui echando la cadera hacia atrás para irme clavando en el pene de Pablo. Julio lo sujetaba y guiaba para que no nos hiciéramos daño, sin dejar de lamer todo lo que alcanzaba. De los testículos del gigante a mi espalda. Estaba en la gloria con todo aquello entrando en mí. Manos y lenguas por todas partes y no podía ni gritar ni suspirar de placer por que tenía la boca ocupada comiendo otro rabo. Soy bueno haciéndolo y no es falsa modestia pues Nacho fue el primero que se corrió en mi boca. No lo tragué pues Marcos vino enseguida a compartirlo en un beso tan lascivo como el resto que nos habíamos dado mientras bailábamos. De hecho nuestras babas y el semen caían o más bien lo dejábamos caer en la boca de Pablo justo debajo de nuestras caras juntas. Yo no dejaba de moverme, quería sentir la lefa del gran hombre dentro de mí y quien estuviera cerca que se tomará el sobrante que saldría de mí ano. Era evidente que fue Julio quien consiguió comerme el culo mientras el enorme aparato se aflojaba y salía solo de mí. Con una expresión de lujuria en su enorme rostro me dijo: - ¡Fóllame tú! Si que me bajé el tiempo suficiente como para darse la vuelta y ponerse a cuatro patas. Y yo detrás, teníamos a los demás alrededor esperando su turno y con las pollas duras. Pero yo fui el primero en follar a Pablo. Marcos a nuestro lado tenía a Nacho boca arriba con las piernas levantadas hasta el pecho y empezaba a follarlo. El gigante justo sobre su cara le daba lengua al anfitrión mientras yo empezaba a abrirme paso en su culo. Separaba las grandes nalgas con las manos mientras empezaba a penetrarlo. Solo quedaba Julio, besándome, que a mi lado esperaba que me corriera para que le dejara el sitio. Y sus manos no dejaban de acariciarnos. Debido a la excitación de toda la tarde ya no tardé mucho más y le lleve el culo con mi lefa a Pablo. Me hice a un lado y le dejé el sitio a mi amigo que no tuvo ningún problema en meter su rabo que yo tanto conocía en el ano lleno de semen del gigante. Mientras Julio terminaba yo fui a echarle una lengua a Marcos allí donde podía. De su cuello y hombros a todo el pecho y la axila. Pero tenía otro objetivo incluso más apetecible un poco más abajo. La polla de Nacho se meneaba al ritmo de la follada poniéndose dura poco a poco. Volví a chuparla, y el vientre plano de ambos. Los que no teníamos la boca ocupada suspiraban y gemían, proclamando lo que estaban disfrutando. Ninguno aguantó mucho más la caña que llevábamos y uno ya otro se fueron corriendo en los agujeros correspondientes. Quedando todos mezclados y revueltos sobre la cama. Recuperando el resuello y relajándonos, pero sin dejar de acariciarnos y besarnos. Yo estiraba la mano y allí donde la ponía había carne, piel y un cuerpo que tocar. Lógicamente también había manos y labios que se posaban en mi cuerpo procurando darme placer y no me molesté mucho en averiguar de quien eran. Me limitaba a disfrutar de las caricias. Al rato estábamos listos para un segundo ronda con las pollas apuntando al techo. A Julio lo tenía muy visto y de Pablo ya había disfrutado. A Marcos le tenía ganas desde que había estado bailando con él pero empecé por Nacho, que me había quedado muy cerca. Nos besábamos con lascivia y mucha saliva mientras cada uno tenía en la mano la polla y los huevos del otro. Me giré y le dejé la mía sobre la boca mientras yo me dedicaba a darle lamidas a la suya y a sus testículos. Así que mi culo quedaba en pompa listo para quien pasara por allí. Marcos aprovechó la ocasión, calva como mi culo, sin un pelo. Y allí fue donde noté su lengua. Volviendo a dilatarme para follarme. Ya estaba otra vez enganchado con aquellos viciosos. Pablo y Julio a nuestro lado también de lo estaban montando, mi amigo cabalgando al gigante. Marcos se echaba sobre mí para hablarme al oído y lamer mi oreja. - Resérvate, quiero que me folles. - Cuando quieras, la sacas y cambiamos. - Nacho, ¿Te importa? Este tenía la boca muy ocupada con mi nabo como para responder, pero no pareció importarle. Fui yo el que me tumbé boca arriba y ellos los que se me subieron encima. Mi culo había quedado vacío pero no me importó demasiado. Pues Marcos empezó a sentarse sobre mi polla que le fue entrando despacio pero firme, bien ensalivada por el anfitrión que se sentó sobre mi cara para que le comiera todo lo que alcanzaba. Del duro culo al morado glande. Ya no volvimos a cambiar de postura. Yo me corrí en el recto de Marcos que lo hizo sobre mi vientre llenando mis abdominales de su lefa. Nacho no tardó en correrse en mi boca y entre los dos lamieron todo lo que había quedado sobre mi piel. Para entonces llevábamos horas en aquella orgía. marcos se quedaría a firme con el anfitrión. Julio y yo fuimos por finalizada la diversión por esa noche y nos llevó a casa a Pablo y a mí. Dejamos al gigante en su chalet con un buen morreo para ambos y la promesa de volver a vernos y disfrutarnos. Yo me quedé a dormir en casa del padre de mi amigo. Solo dormir hasta por la mañana. Cuando volviendo a follar comentamos la jugada de la noche anterior. Tuvo que confesarme que no era la primera orgía que montaban. -¿Querrás participar más veces, no? -Por supuesto, lo disfruté mucho. ¿Tu hijo no sabe de esos amigos tan viciosos que tienes? - Claro que no, conocí a Nacho después del divorcio y él me presentó a los otros. Y ya vez que no nos cortamos mucho. #