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domingo, 11 de julio de 2021

El bosque

. I. Como podrán imaginar no se trata de un bosque normal sino de un viejo parque medio abandonado donde se ejerce la prostitución. Polígonos industriales, bordes de carreteras poco frecuentadas, todas las ciudades en un momento u otro han tenido un sitio así, a veces varios a la vez. Incluso va cambiando de sitio según los clientes, la policía o los urbanistas cambian gustos, oportunidades etc. Las chicas que no pueden o quieren alcanzar un sitio en un club terminan allí. No hay mucha calidad, son muy mayores, o son muy primerizas o... hay un montón de razones por las que una chica, o un chico o algo en medio terminaría trabajado allí. Era guapísima y no ocultaba para nada esas bellezas naturales. Las tetas, firmes conos puntiagudos, asomaban en buena parte por la camiseta ajustada y corta de tirantes. Bailarinas a cada paso que daba. Esa tela descubría el ombligo y la parte baja de los pechos y de la espalda. Le habían metido tijera a esa prenda y no llevaba sujetador. Su pantalón de deporte blanco era tan ajustado y pequeño que la negra cabellera, tan negra como la melena de su cabeza, que rodeaba su coño se veia casi tan clara como si no llevara nada sobre sus poderosas caderas. No se depilaba, entonces nadie lo hacía. Su culo de nalgas redondas y prietas era tan fácil de imaginar por donde iba y ¡discurría por unos sitios! Con ese monumento me tropecé una calurosa tarde verano paseando por el campo en los alrededores de mi ciudad. Como podrán imaginar no se trata de un bosque normal sino de un viejo parque medio abandonado donde se ejerce la prostitución. En este caso parecía que la chica había empezado pronto su jornada laboral, no se veía por allí a ninguna de sus compañeras en ropa de faena. En parte esa era la razón por la que yo daba mis paseos temprano, para no cruzarme con trabajadoras, chulos o clientes. Aunque en ocasiones ver el espectáculo de las chicas medio desnudas paseando entre los matojos merecía la pena, intentaba no cruzarme con ellas. Pero admito que verla a ella en ese momento me gustó. Yo llevaba unos shorts muy cortos y la camiseta alrededor de los hombros y al verla se me empinó la picha sin poder evitarlo. Ella que lo notó, la practica supongo, aunque era tan joven que no debía tener mucha. De inmediato se acercó a mí y como saludo me dio un profundo beso en la boca. Tímida no era, gajes del oficio. Su lengua casi me llegaba a la garganta y no me quedó mas remedio que ayudar dándole mi saliva. Sacrificado que es uno. Se ve que tenía ganas de trabajar, de cobrar o al menos de tener sexo, dar conversación no parecía lo suyo. Aunque claro tenía que darme un precio. - Por dos mil me haces lo que quieras o te lo hago yo a tí. (De las antiguas pesetas) Dejé descansar mis manos en su culo mientras la atraía hacia mí y seguíamos con las lenguas enredadas, frotando nuestros cuerpos sinuosos, lujuriosos. Llevándome de la mano me condujo a un rincón más discreto entre arbustos que nadie se había preocupado de podar en años. Era el único dinero que llevaba en el bolsillo, dos billetes de mil pesetas. Viendo como se desarrollaba la situación me decidí a actuar. Separándola un poco le saqué la camiseta. Agachándome sobre ella acaricié y besé sus bellas y blancas tetas, lo del top less solo se hacía en playas de la costa. Se quitó el pantalón de deporte y ya desnuda del todo sobre su propia ropa, arrodillándose ante mí, desabrochó el short, y sacando mi polla se la metió en la boca. Sin florituras, iba directa al grano. También chupó mis huevos peludos, quería ganarse su dinero. Dejando mi vista perdida mientras recibía tan placentero tratamiento fue cuando lo vi. Era casi un crio, andaría por los diez y ocho, trataba de esconderse tras un matorral a unos pocos pasos de nosotros. Mientras no perdía detalle de lo que pasaba entre los dos. Admito que tener un espectador me puso más burro, debo tener algo de exhibicionista. No sabía si era un pervertido o su chulo o puede que un primo cariñoso. Me la comía con sabiduría, me acariciaba los huevos, incluso los chupaba, nadie me había hecho eso. No le importaban los pelos. Con la mano no dejaba de tocarme mientras sus labios recorrían el tronco besando o se la metía en la boca, todo lo que su blanca garganta podía admitir. Me chupaba los testículos y llenaba toda la zona de saliva, del pubis al perineo. Un dedo ensalivado jugando con mi ano. Allí fue mi primera corrida pues no paró hasta que se tragó mi semen. No quiero presumir pero no suelo tardar mucho en recuperarme y menos aún con las expertas caricias de la meretriz. No paró, dispuesta a ganarse el sueldo. Hasta la última peseta, en sus caricias y lamidas. Incluso mientras me la comía acariciaba con un dedo ensalivado mi ano. Él rabo enseguida volvió a dar señales de vida con ese tratamiento, poniéndose duro sin ser interrumpidos. Rompió la envoltura de un condón con los dientes y habilidosame lo puso en un segundo. Si alguien más nos vio pasó de largo. Después nos tumbamos en la fina hierba en la clásica postura del misionero. Me gustó acostarme sobre ella, sentir su cuerpo delgado bajo el mío. No dejó de comerme la boca de darme su lengua para que jugará con ella. Rodeó mis corvas con sus piernas y sus manos se agarraban a mis nalgas para impedir que me separará de ella. Como si yo quisiera apartarme mi un milímetro. Mi polla fue entrado lentamente en su coño y ¡que coño!. La tenía tan dura que no siquiera hizo falta guiarla con los dedos. El chaval había quedado a mi espalda y lo perdí de vista un momento. Pero me lo imaginaba con los vaqueros por los tobillos y cascándosela con fuerza mientras disfrutaba de la vista de mi culo entre los femeninos muslos. Pero él se había adelantado a mi imaginación. Se había sacado los pantalones y terminó de desnudarse como si la camiseta y el blanco slip le picara sobre la piel. Cuando después de dos de sus orgasmos a día de hoy no sé si fingidos, me dijo que diéramos la vuelta para que ella quedara encima. Después de correrme una vez ahora estaba aguantando mucho. Esta vez si que podía verlo pelándosela como un mono. Aprecié su experiencia, saber hacer y ganas de hacer disfrutar y no solo de hacer dinero. Se movía como una posesa. Cabalgando sobre mi pelvis parecía toda una amazona. Frente a mi tenía sus tetitas que yo no paraba de sobar. Ella misma pasaba una mano hacia atrás acariciando mis huevos y la raja de su culo. Deduciendo que también se estaba acariciando el ano me pareció un buena forma de seguir. Volvía a ver entre la ramas al chico que se había acercado aún mas. Y para entonces ya iba desnudo del todo. Con su polla apuntando hacia adelante como el bauprés de un velero. Pero aún seguía intentado ocultarse tras una pocas ramas de un arbusto. Yo no me habia corrido y fui a por su culo, ella no protestó. Se puso a gatas sobre nuestras ropas. Se la metí entera despacio y comencé a moverme, con suavidad. Me decía: -sigue, sigue- No se si era cosa del oficio o le estaba gustando. Y se corrió antes que yo, o eso pareció. Aunque no se la saqué hasta que no eyaculé en su interior. Mientras la penetraba sujetándola de las caderas conseguí hacerle un gesto para que viniera mi lado pensando que si se terciaba no me importaria follármelo también o que el lo hiciera conmigo o con la chica mientras yo miraba. Venciendo una timidez casi imaginaria llegó a nuestra vera silencioso. A mi no me quedaba más dinero en los bolsillos. Si aquella orgia iba a continuar él tendría que poner su parte o la putita fiarnos. A no ser claro que ellos ya se conocieran de antes y toda situación estuviera perpetrada, preparada de antemano. Al verlo junto a ella no pareció sorprenderse mucho de lo que deduje que ella también se habia dado cuenta de que eramos observados. Cogí una de las manos del chico y la conduje a sus pechos para que la acariciara, no necesitó mas indicación para dedicarse a ella. Entonces quise chuparle el coñito largas lamidas cubriendo toda la vulva. O jugando con la punta de la lengua en su clítoris. Seguro de que entonces ella tuvo varios orgasmos no podía fingir eso mientras la estaba saboreando. Colocado entre sus muslos podía ver cómo el joven la besaba en la boca y la acariciaba. Mi propio semen me sabía a gloria mezclado con sus jugos. En algún momento el condón se había roto con tanto meneo. El chico ya habia dejado toda su ropa a un lado bajo un árbol. Estuvimos un rato descansando, besándonos mientras le acariciábamos las tetas o la masturbábamos lentamente entre los dos metiendo dos dedos en su vagina. Ella me acariciaba todo el cuerpo, al fin y al cabo era yo quien había pagado, prestando mucha atención a mi culito. No a mi pobre picha que habia dejado completamente agotada. Pasé a besarle y lamerle el culito a ella en un preciso beso negro y él hizo lo mismo con el mio. Así comprobé con sorpresa que al chico no le importaria hacerme el amor, léase follar, a mí solo. No pensaba negarme a sus caricias. Una vez metido en faena eran mejor dos que una sola. O besaba mi espalda y pecho mientras me paseaba la polla por la piel. O sentía el vello de su pubis y la dureza de glande cosquilleándome las nalgas sin dejar yo de lamer y besar a la chica. Me derretía de gusto entre los dos mientras él me lamía el culo y los huevos o la polla teniéndome a gatas. Mi pene habia vuelto a reaccionar con ese tratamiento. Jamás creí que podía levantar cabeza tres veces en la mismatarde. Terminamos con un bello sesenta y nueve. Yo volvía a chupar su coñito y a acariciar su culo que mantenia abierto. Para que el chico se lo follara al que yo podía lamer los huevos a la vez. Ella tenía en la boca mi polla dura mientras metía un dedo en mi ano y frotaba sus tetas en mi vientre. A mi aún me quedaba esperma para correrme entre sus labios, todavía no sé de donde lo saqué. Cuando él tuvo su orgasmo, su semen escurría entre las nalgas de ella llegando a mi golosa boca que se limitaba absorber los jugos de ambos. Para vestirnos, quisimos hacerlo nosotros a ella. Le pusimos la camiseta sin dejar de tocarle las tetas. El pantalón de deporte sin dejar de meter los dedos en su coñito y ano. Ella me colocó el short con un último meneo a mis cojones. Entonces saqué la cartera y pagué con largueza los servicios prestados en ese recóndito rincon de la zona campestre. Aún me quedaba algo escondido en un compartimento secreto. Y eso que no pensaba ir de putas. Me fui a casa feliz, contento y desahogado acompañado del muchacho mirón al que pensaba disfrutar a solas y sin tener que pagar por ello. II. Volví al bosquecillo de las prostitutas. Esta vez me llamó la atención una bella transexual. Botas hasta las rodillas de interminable tacón, una cortísima falda de plástico rojo, apenas un cinturón. En medio los muslos mas largos y bonitos que he visto en mi vida. El vientre plano y musculoso bronceado. Los enormes pechos operados apenas cubiertos con un sujetador rojo de encaje que no podía contener tal magnitud. Los sensualmente gruesos labios maquillados de un rojo sangre, una fina nariz respingona y los ojos negros fuertemente maquillados enmarcado todo por una melena teñida de rubia. Todo perfectamente maquinado para llamar la atención. Mi mirón particular volvió a aparecer salido de nadie sabe donde. Sin perder detalle de todo lo que iba a ocurrir y esta vez participando en ello desde el principio. Como la vez anterior, las palabras fueron las justas para negociar el precio y poco más. Desde la primera vez me pillaba con más billetes en la cartera, el porsi. Aceptó sin problema el que fuéramos dos. El mirón tenía ganas de polla, de una nueva y enseguida arrodillado entre sus botas, empezó a buscar bajo la mínima falda plástica. No tuvo que hurgar mucho. De un mínimo tanga empezó a salir un rabo impresionante. Con los manoseos se puso duro enseguida y bastó para levantar el material. El chico se dedicó a lamerla con ansia recorriéndola con la lengua mientras yo buscaba la de la transexual con mis labios. Quién de los dos se llevaría ese nabo en el culo primero. Yo magreaba sus enormes tetas operadas. Pellizcaba sus pezones y acallaba sus gemidos, no sé si falsos o verdaderos con mis besos. Al final nos decidimos por intentar un trenecito. No era fácil y menos en el duro suelo. Coordinar los movimientos mientras yo la follaba a ella y el chico recibía entre sus nalgas el pollón de la chica. Podía lamer su cuello y orejas mientras intentaba no salirme de su ano. Ese culo parecía tallado en piedra. III. La siguiente vez con quien primero me encontré fue con mi voyeur. Yo en mi uniforme de guerra y él vestido igual que yo, unos pantalones cortos muy muy pequeños. Ambos nos habíamos hecho visitantes asiduos del bosque. Esta vez me fui derecho a por él, era su joven cuerpo de diez y ocho años el que quería tener debajo de mí sobre la fina hierba. A pesar de nuestros encuentros anteriores y de habérmelo llevado a casa algunas veces para disfrutar sin prisas de su piel sudada aún no sabia nada de él. Misterioso, me ocultaba sus secretos dejando que solo la casualidad condicionara nuestros encuentros. Esta vez fue una mirona, una de las prostitutas, la que no se perdió detalle de nuestra actuación sobre la fina hierba de nuestro escondido rincón. No se unió mientras él y yo follábamos. El chico me cabalgaba apuntando contra mi cara con su polla. Mi rabo bien duro hundido en su estrecho ano. Nos corrimos a la vez, yo dentro de su recto y él sobre mi pecho. .

sábado, 1 de mayo de 2021

El tanga rojo, los hermanos y Hada

Trabajaba en una tienda de ropa. He tenido muchos trabajos. Incluso a temporadas y cuando escasea el dinero de scort y stripper. Sobre todo para pagarme las operaciones. Me gusta el sexo tanto o más que a cualquiera. Pero aquel verano me ofrecieron sustituir a una amiga en sus vacaciones en una tienda de ropa de putón, digo para adolescentes salidas. Aquella aburrida tarde de agosto se animó de repente cuando entraron aquellos dos dos jóvenes guapitos y muy parecidos. La primera impresión fue que eran novios ya que se trataban con mucho cariño y él tenia la cara de sufrimiento de todo chico que acompaña a su novia a comprar ropa. Él rellenaba su vaquero con un culo duro pero no muy grande y un respetable paquete. La camiseta ajustada marcaba un torso no demasiado musculoso, mas bien delgado y fibroso, rubio ojos azules y una preciosa sonrisa en los labios sensuales y gruesos. Ella ya venía sexi, también rubia y de ojos azules pero una larga melena enmarcaba su carita, su recta nariz y sus labios que invitaban al beso. Por debajo de ello sus pechos se marcaban duros y cónicos en un fino top sin espalda y el vientre plano que asomaba entre esa prenda y una falda cortísima vaquera de la que salían dos preciosas morenas y largas piernas. Al subir al piso de arriba buscando más prendas ambos pudimos espiar su duro y precioso culo desnudo al completo y el trozo de tela que decía llamarse tanga cubriendo su vulva. Casi me lesiono el cuello al mirar hacia arriba. Yo en cambio morena, también con el pelo largo los labios finos y la nariz mas ancha. Mis tetas operadas encerradas en un sujetador negro de encaje y una profesional blusa blanca. De la que abrí dos botones más del escote al verlos entrar. Mis piernas trabajadas en el gimnasio con mi culo prieto y el tanga de fina lencería negro que encerraba mi polla en una falda de tubo negra de imitación de cuero bien ajustada a mis muslos. Me dirigí a ellos con mi mejor sonrisa en mis labios con el carmín mas rojo que había podido encontrar en la perfumería de al lado. - ¡Hola! Me llamo Hada, ¿puedo ayudaros? Fijándome en que la mano de él descansaba en la cadera de ella justo donde la escasa falda dejaba paso a su bronceada piel. Pensé que ya venían cariñosos de la calle. - Yo soy Marta y él Juan. Me respondió, simpática, con una preciosa sonrisa. Ella, Marta, como se presentó venia dispuesta a quemar la visa de Juan y además pidiendo las prendas mas sexys que podíamos encontrar. Mi compañera tenía prisa así que le dije que cerrara la puerta cuando se marchara dejándonos encerrados a los tres dentro y sin prisas. - No te preocupes por nada, voy a hacer una buena venta. Busqué el mini short mas pequeño que había en la tienda, le dejaría casi la totalidad de los cachetes al aire. Cuando ambos se lo vimos puesto con la mitad de su culo respingón al aire ambos la admiramos boquiabiertos. Me fijé en que Juan también le echaba vistazos a mi jugoso escote, así que procuré lucirlo un poco mas. En un descuido me coloqué los pechos justo a punto de asomar los pezones por encima de la blonda negra. Con los botones que llevaba sueltos ya hacía rato que podía ver el encaje de la prenda. Y estaba pensando en como deshacerme de la falda. Charlando con él, mientras ella estaba en el probador, por fin descubrí que eran hermanos en realidad. Eso explicaba las miradas que él me echaba o como su mano se apoyaba en mi brazo cuando me acercaba. Pero no los gestos tan cariñosos cuasi lascivos con Sara o sus besos en los labios. Aunque desde luego con mi secreto escondido entre los muslos no era yo quién para juzgar a nadie. Le saqué un top aún mas pequeño que el que llevaba antes, apenas algo mas grande que un sujetador. No terminó de cerrar la cortina. Desde mi ángulo pude ver sus perfectas tetas desnudas. Eran cónicas bronceadas, como si nunca se hubiera puesto el sujetador de un bikini por encima de ellas. Con lo que las prendas que se probaba solo podían enseñar su piel perfecta. Les ofrecí sacar un par de camisetas de rejilla para él, trasparentes y muy pegadas. Se las puso delante de nosotras quitándose la que traía puesta en medio de los percheros. Estábamos en el piso de arriba y no se nos veía desde la calle. Así animada ella hizo lo mismo cuando se iba a poner una camiseta con la foto de un musculitos desnudo pegada que marcaba de maravilla sus erectos pezones. Era más grande y tapaba más, pero la tela era increíblemente fina y marcaba todo. Él me arrojó una igual y me dijo: -¡pruébatela ! Sin pensármelo dos veces, dejé junto a la caja registradora mi blusa blanca y el sujetador negro. Mis tetas operadas no desmerecían las suyas y cuando me lo puse, la cogí de la cintura y nos coloqué frente al espejo para que nos pudiéramos ver a gusto. Lado a lado estábamos impresionantes. Y el que nos miraba guapísimo. Se le escaparon unos piropos que fueron para ambas, halagos que habrían sonrojado a un camionero y que su hermana acepto con una sonrisa. Yo también evidentemente. Acercándose a él de frente y echándole los brazos al cuello le dio un morreo con lengua que en otras circunstancias me habría escandalizado. Veía sus lenguas jugando ya en la boca de uno o del otro o las dos fuera de los labios con hilos de saliva entre ellas. Sara tendió la mano reclamándome, la tomé con la mía y me juntó a ellos tirando de mí hasta que mi lengua se unió a las de ellos. Rodearon mi cintura apretándome contra sus cuerpos. Su saliva resbalaba por mi barbilla. Y mi lengua buscaba las suyas fuera de las bocas. Echó una mano al rotundo culo de Sara amasándolo a placer. Agarrando la piel de sus nalgas por debajo del borde del short. Yo hice lo mismo y le agarré la otra nalga. Nuestras manos se rozaban sobre la suave piel de Marta. El pantalón del hermano no me permitía tocar su piel pero si apreciar la dureza de sus glúteos. Mientras ambos intentaban subir con poco éxito mi falda, lo que se lo impedía era su estrechez y la amplitud de mi cadera. Lamiendo la orejita de la chica le dije que lo intentara con la cremallera. En cuanto soltó el botón y bajó la cremallera la falda cayó sola al suelo descubriendo el encaje de mi tanga y la durísima polla. Ninguno de los dos se escandalizó al mirar hacia abajo y ver como asomaba por el lateral de la prenda. Más bien pusieron cara de morbo. Las dos manos que no tenían rodeando mi cintura y culo las pusieron en mi rabo, él alcanzó primero el tronco y Marta echo mano a mis huevos. Me acariciaban con suavidad y ternura excitándome aún mas de lo que ya estaba. Acerqué mi boca a la oreja de Sara y lamiendo su oído le dije que allí sobraban pantalones si que primero fuimos a por los de él. El slip que apenas cubría una polla tan dura como la mía también cayó enseguida liberándola a nuestras caricias. Solo quedaba el de la hermanita del que se liberó sola arrastrando con el short el minúsculo tanga. Por fin pude ver el coñito depilado de mi nueva amiga. Todos nos libramos de las camisetas y mientras me empujaban al sofá del fondo de la tienda. El sitio más cómodo, donde los novios sufridores esperaban a que sus parejas terminaran las compras. Mi tanguita quedó roto entre los dedos de Juan dejándome desnuda del todo. Sus manos nos tenían agarradas por los culos mientras nos besaba alternativamente. Nosotras sujetábamos su pene que ya empezaba a necesitar en mi culito. Pero Marta no se iba a conformar con las cosas habituales. Sabiendo que se folla a su hermano podía haberme imaginado que la chica era una pervertida. Riendo empujó a Juan al sofá y le levantó las piernas. Yo pensaba que me estaba ofreciendo ese pétreo culito para que lo penetrase. Pero fue ella la que se agachó y se puso a comerlo. Su lengua pasaba por toda la raja, se clavaba en el ano. Sus babas resbalando por su culo, lubricándolo y empezó a follar a su hermano con un dedo y luego dos. Yo podía agarrar el pene y los huevos y acariciarlos despacio para que no se corriera pronto. Me hizo un hueco para que yo también usara la lengua y los dedos en carnes tan prietas. En ese momento ella agarró mi rabo. Estaba claro que ella era la que más morbo se gastaba. Y apostaría que la más flexible de los tres. Cuando quise darme cuenta me estaba haciendo una de las mejores mamadas que me han hecho, arrodillada a mis pies. No solo tenía mi rabo en su boca, con la saliva que le sobraba lubricaba mi ano. Se notaba su experiencia con ello. El dedo me entraba más de dos falanges haciéndome ver las estrellas. Mi experiencia también se notaba al no correrme con todo lo que notaba en ese momento. De vez en cuando tenía que separar la cara del culo de su hermano para gemir y suspirar. Haciendo de mamporrera llevó mi polla al culo del chico. Pero no me dejó terminar allí. sujetando mis huevos depilados y suaves solo me dejó bombear unas pocas veces. Era estrechito. Mi rabo se sentía ajustado, apretado allí dentro. Pero no me dejó correrme. Me separó de su chico. - Quiero ver como te folla. No te importa. ¿Verdad? Supongo que le daba morbo ver como mi polla me golpeaba el vientre mientras Juan me tenía bien cogída de la cadera y me bombeaba el culo. Así que me puso delante de él a cuatro patas apoyando los brazos en el sofá y sujetando esa polla entre mis nalgas. Al principio no me penetró, solo la movía por la raja poniéndome más cardíaca todavía. Suavemente se deslizó dentro de mí, lubricada con la saliva de Marta, abriendo mi ano, sujetando mi cintura con sus fuertes manos. Suave y tierno, dulce y todo un caballero. Su dureza abriéndose camino en mi interior me hizo abrir la boca en un gemido de placer. Momento en que ella aprovechó para colocarme el dulce coñito ante la cara. A cada empujón de la polla yo clavaba la lengua entre los labios de su vulva saboreando sus jugos. Buscando el clítoris y haciéndole suspirar cono su hermano a mí. Pero ella también quería un rabo dentro y el mío estaba libre en ese momento. Todavía no se como nos recolocamos. Tenía muy claro que ella era muy flexible. Cómo ella se abría tanto de piernas tumbada sobre el brazo del sillón. Y cómo sin sacarme la polla de Juan del culo conseguí ensartarla mientras ella me clavaba la lengua hasta la garganta. Era él quien nos movía a las dos. Su cadera me empujaba a mi y yo me clavaba en ella apretando sus pechos entre mis manos. No sé como no me corrí en ese instante con todo lo que sentía. Logré aguantar lo suficiente para que Sara tuviera su primer orgasmo pero en ese instante con ella apretando mis tetas me derramé en su interior con una de las mejores corridas de mi vida. El hermanito aún no se había corrido en mi culo pero ella estaba ya lamiendo mi polla untada de sus jugos y mi semen. El sacó su taco de mi interior y se lo limpiamos entre las dos con unas toallitas húmedas. Él también aguantaba como un campeón. Yo quería ver el incesto. Quería verle penetrar a su hermana. Verlo en primer plano y ayudar, guiando el hermoso falo entre los labios de una vulva que un instante antes habían rodeado el mío. Con dos de mis dedos los mantenía separados mientras con la otra mano sujetaba la polla y la iba guiando dentro de su hermana. Cuando llegó al fondo le acariciaba los huevos depilados y el clítoris de Marta. Los besaba a los dos clavándoles la lengua hasta el fondo de sus bocas, acariciando sus cuerpos incestuosos y deliciosos. Poniendo mis tetas en boca de ella que las lamía y acariciaba besaba y mordía. Dejé que el se corriera por fin dentro de Sara. Ahora tuve que demostrar yo mi flexibilidad. Para lamer los jugos de ambos, arrodillada entre sus muslos. Mientras el rabo se iba quedando flojo despacio aún dentro de su hermana. Volvimos a compartir los sabores y las salivas en un nuevo beso, las lenguas juguetonas y sus manos recorriendo mi cuerpo, mis tetas y mi culo. Mas relajados sentados en el sofá pero sin dejar de acariciarnos me contaron mas detalles de su relación. De como habían empezado a follar y como lo hacían sin celos con quien se cruzaban. Él se arrodilló entre mis muslos para comerme mi polla. Ver como ese chico tan guapo me hacía una mamada tan buena mientras su hermana me lamia las tetas fue algo maravilloso. Mientras ella me acariciaba y yo les contaba detalles de mi vida, de como empecé a hormonarme y me operé los pechos y de como follaba con quien me cruzaba sin prejuicios. Es evidente que la venta fue espectacular. Se llevaron todo lo que nos habíamos probado y algunas cosas más. Ellos volvieron más veces a la tienda mientras yo estuve de suplente. siempre por las piernas más sexis y lujuriosas. Pero no hemos dejado de vernos de vez en cuando para renovar todo lo que hicimos.

miércoles, 28 de abril de 2021

Halcón Millonario

. En el Halcón Millonario no hay mucha intimidad. Es una nave estrecha y vieja y se necesita casi todo el espacio disponible para la carga, claro. Así que llevar pasajeros es un incordio. Ya es bastante sacar pelos de Cookie del desagüe de la ducha. Como si el resto de los sistemas no se estuvieran cayendo a pedazos. Así que le vendrían bien el montón de créditos que el guapo chaval y el viejo le ofrecían por el viaje. Y es que Man no le hacia ascos a un culo bonito y a una cara guapa fueran de quien fueran. Pero con el viejo brujo siempre encima del chico y al asomarse alguna vez al camarote comprobó que esto era literal, no había forma de hacer una aproximación. Y encima los dos malditos robots siempre en el medio, estúpidos cotillas mecánicos. El contrabandista estaba deseando sentar al joven en sus rodillas para enseñarle a pilotar la vieja nave. Pero empezaba a pensar que tendría que seguir sentándose él sobre los poderosos muslos peludos de su copiloto. Las cosas se complicaron aún más después de escapar por los pelos de la horrorosa estación de batalla imperial. Por lo menos se habían librado del viejo y lo habían cambiado por la pizpireta morena. Una gran mejora estética a juzgar por los cánones de Man. La tensión del combate y la adrenalina se disipan despacio mientras la morenita se paseaba por el poco espacio disponible rozando sus tetitas puntiagudas apenas cubiertas por el vestido blanco de gasa semitransparente con todo el mundo. Man sabe que en algún cajón hay guardado un bikini de chapa, ganado en alguna timba a un alienígena que le quedaría de maravilla. El cookie la admiraba con la estolidez propia de su especie. Los dos hombres babeaban tras su estela y los robots perdían aceite. Mientras el piloto se ponía nervioso al ver la sensual y escasa lencería de encaje secándose en los conductos del hiperimpulsor. El tanga blanco y el sujetador cristalino apenas tapaban los duros pezones y el culito respingón bajo la gasa del vestido. Y esos días ni siquiera los llevaba. En el estrecho corredor que lleva a la cabina la princesa le pasa al muchacho las nalgas por la polla que al instante responde poniéndose muy dura a la vez que su cara toma un tono grana. Lo provoca descarada pero el muchacho tiene una experiencia limitada. Hasta ese momento solo había follado con su mentor y ese acoso lo agobia. El contrabandista se levanta en ese momento del sillón de piloto encontrándose con su ruborizado y casi virgen pasajero en el estrecho corredor. Menos mal que están en el hiperespacio y no hace falta manejar los controles, basta con computar la trayectoria. Bueno, casi virgen con mujeres, por que el viejo bien que le daba candela en cuanto hacían un descanso en los entrenamientos. Aprovechó el momento, la oportunidad la pintan calva, y echó mano a su bragueta agarrando por encima de la tela vestuario blanca el duro pene de su pasajero. Que se puso aun mas duro con un jadeo de sorpresa. A su alrededor la vieja nave crujía, vibraba, resoplaba y hacia extraños ruidos como el robot sexual de una ninfómana. Lesa miraba la escena con cara de morbo, mientras Kike agarraba a Man por el cuello y le clavaba la lengua hasta la garganta. Lo hacía con ansias de virgen cachondo buscando la saliva del piloto. La chica seguía contemplando a los dos chicos que se sobaban mientras levantaba despacio la parte de delante de su falda descubriendo sus torneados y bellos muslos y al fin su perfectamente depilado pubis. Una princesa siempre debe estar preparada para todo. Los dos androides también miraban la escena encajados bajo el afuste del cañón láser de babor. No podían hacer mucho ruido o se delatarían como mirones. Empezó a acariciar los labios de su vulva con suavidad. Man devolvió el beso jugando con la lengua del rubio. A la vez bajaba sus mallas blancas desnudando el rabo y el culito duro. Los dedos de la chica se introducían el su vulva o se deslizaban por sus labios. Estaba muy excitada por el bello espectáculo que contemplaba. La otra mano amasaba una de sus tetas por encima del trasparente vestido blanco pellizcando el duro pezón. Sin perder detalle del espectáculo que le daban los dos hombres. El piloto acariciaba con suavidad la polla de su pasajero cada vez mas dura mientras la saliva de ambos resbalaba por sus barbillas a la ropa que aún les cubría. El rubio echando un vistazo a la princesa dejó de perder el tiempo y le arrancó la ropa a Man. Empezó por el chaleco que siempre llevaba y que al muchacho le oscura horrible. Y todo eso en medio del pasillo que lleva al puente, entre el hipermotor y el replicador de comida, no se han molestado en buscar un camarote. Abrió la camisa blanca. Se inclinó a lamer y mordisquear sus pezones oscuros en el pecho depilado, agarrando con las dos manos el culo del dueño de la nave. Amasando sus nalgas, las abría suave pero firme buscando con el índice el agujero del ano. Kike tenía suficiente experiencia con hombres como para saber lo que les gustaba. Un gemido se le escapó al piloto cuando lo encontró. Ya tenia dos dedos dentro del culo prieto del piloto cuando se arrodilló ante él para pasar la lengua por sus huevos y tronco duro arriba hasta el glande. Apoyando la espalda en el hipermotor cuando se metió el tanga de la princesa en la boca para ahogar sus gemidos. Ya lleva días cachondo por la presencia de sus dos bellos pasajeros. Así que al poco notó como el semen subida por su polla hasta la ansiada lengua del rubito donde quedo depositada y notando aun dos de los dedos de este clavados en su culo. Kike se incorporó mirando a la princesa que se acercaba a ellos sinuosa y con mirada lasciva. Para juntar sus labios con los del chico y buscar con la lengua dentro de la boca de este los restos del semen del piloto. Se unen los tres en un lascivo beso cruzando las leguas y compartiendo la abundante corrida los dos chicos deslizaban sus manos por el duro culo de la princesa. Man por fin se decidió a abandonar el compartimento del hipermotor y llevarles a su camarote para seguir la fiesta en un sitio mas cómodo y donde el cookie pudiera verles y masturbarse. El único lugar así era su camarote con una cama enorme necesaria para acomodar la enorme masa de Chicuacua. Así podrá albergar la pequeña orgía. Ya han perdido la mitad de la ropa por los corredores de la nave. Y los dos hombres terminan de arrancársela al cruzar la escotilla de acceso. La princesa entra tras ellos ya sin el vestido, solo con sus tacones altísimos y se acerca a la cama. El enorme cuerpo del cookie ocupa la escotilla al completo así que los robots no tienen más remedio que conectarse al sistema de vigilancia para ver la escena. La princesa se tumba boca arriba y empieza a acariciarse ella misma provocando a los chicos. Sus manos recorren los durísimos pechos, el vientre plano bajando despacio hacia el pubis. Pero no pueden llegar allí. El sitio ya está ocupado por dos bocas que la comen cruzando las lenguas sobre el clítoris. Sus pollas vuelven a estar durísimas al fin y al cabo en una galaxia muy muy lejana a los hombres las erecciónes les duran horas. Chicuacua pajea despacio su enorme garrote mirando el espectáculo pero sin intervenir. Es capaz de controlarse y dejar a la demás los papeles protagonistas en la escena. Los chicos están haciendo correrse a la princesa una y otra vez y solo usando sus lenguas. Pero se deciden a cambiar de postura. Man se acuesta boca arriba en la cama. Lesa se le sube encima para meterse la polla del piloto en el coño. Kike con su experiencia con hombres es el ideal para perforar el culito de la realeza. Empieza lamiéndolo para lubricarlo. Con su lengua no sólo alcanza el ano de la chica también los huevos del capitán. Y se sube sobre los dos para penetrar despacio pero firme el ano que se le ofrece. No les cuesta sincronizarse y se mueven despacio para no perder ritmo. Pero el placer que sienten, el sexo que comparten hace que giman, que suspiren, hasta babean rociando a los demás de saliva. La princesa de corre incansable teniendo las dos pollas dentro. Dos bocas besándola con sus lenguas lamiendo su piel. Al final los dos hombres se corren en su interior llenándola de semen. Otra enorme ducha del mismo elixir les llega desde la escotilla donde el cookie se corre sin parar lanzando gigantescos chorros de lefa sobre los tres cuerpos de la cama. En el puesto de seguridad del puente los androides han dejado un enorme charco de aceite en el suelo. El viaje en busca de la rebelión sigue de forma igual de placentera, aunque se descubre que el rubito y la princesa no es que sean hermanos, es que son mellizos. Que su padre es uno de los malos malosos y que los persigue para follárselos. Casi nadie sabe qué la espada que el viejo le dio a Kike en realidad es una gran forma fálica para dar placer a todo el mundo. .

viernes, 23 de abril de 2021

Reencuentro

Llegamos los tres bastante borrachos a casa JUAN Llegamos los tres bastante borrachos a casa. Nos habíamos encontrado con Sonia una amiga de mi mujer en un bar y habíamos seguido la juerga con ella. No fue difícil convencerla de que se viniera con nosotros. Algunos bailes, mas copas. Esa noche hacía calor y el alcohol parecía que desinhibía bastante a Sara, mi chica. Sonia se nos había sumado por que estaba aburrida con sus amigas y hacia las tres de la mañana decidimos irnos a casa a tomar la última juntos. Al día siguiente no teníamos que madrugar. Al llegar y sin mas ceremonias nos descalzamos e invitamos a Sonia a hacer lo mismo para que relajara sus bonitos y doloridos pies enfundados en unos zapatos de altísimo tacón. Decidí sacar una botella de un licor fuerte que reservaba para esas ocasiones, y qué mejor que aquella con esas dos bellezas sentadas en el mismo sofá. Esas últimas copas ayudarían a liberar tensiones. Sonia es morena, de cabello y de piel, muy delgada y el aspecto que su cuerpo tiene es de finos cables recorriendo sus piernas que salían de una breve minifalda de vuelo. Un ligero top anudado al cuello dejaba toda la espalda bronceada con sus músculos marcados al aire. Sus pezones duros como piedras se marcaban en la fina tela coronando unos pechos no muy abundantes pero por su apariencia muy firmes. Sara había salido un poco mas discreta pero no mucho más. Clarísima de piel y casi rubia de cabello y una muy larga melena, los pechos abundantes los lucía en un top con un generoso escote. El firme y no escaso culo en unos pantalones verdaderamente cortos ajustados, que desnudaban casi del todo sus muslos y el resto de sus bonitas piernas. Yo con unos simples vaqueros y una camiseta tapaba mi cuerpo cuidado gracias a la natación como el general de los tíos con los que nos cruzábamos. Soy más alto que ellas y podía rodear sus cinturas con mis brazos largos al caminar por la calle. No pocos tíos y algunas chicas me habían mirado con envidia durante la noche al ir acompañado de tan buen material. Ya en casa y a solas, con unas copas en la mano, con buena música, cenando algo ligero y rápido. La conversación se fue haciendo algo caliente y cachonda y el alcohol destruyendo la timidez de ambas que ya de entrada no era mucha. Me senté enfrente de ellas y cogí los pies de Sara para descalzarla y masajearlos. Sonia, sentada con las piernas dobladas y recogidas casi bajo su cuerpo, había recogido poca la tela que las cubría casi en la cintura. Mientras deslizaba la vista por los muslos morenos que la recogida falda de la invitada me permitía atisbar hasta casi su arranque. Sonia envidiosa me puso los pies sobre los muslos, rozando los de mi mujer, diciendo: -Yo también quiero. Mirando a los ojos a mi mujer, ella asintió con la cabeza y procedí a darle un masaje a la invitada en los bellos y cuidados pies. Momento que aprovechó Sara para ir por el aceite de masaje y descargar un abundante chorro en los tobillos pies y pantorrillas de su amiga manchándome los vaqueros. Seguí acariciándolos y ella comenzó a suspirar e incluso me atreví a subir por las pantorrillas por donde Sara había echado el aceite. Me daba la impresión que esa era una pista que me daba mi mujer. Derramó una generosa cantidad en mis manos y en sus pies y procedió a ponerlos sobre mis pantalones al lado de los de Sonia. Junté los cuatro pies y seguí acariciándolos mientras ellas los deslizaban juntos unos sobre otros acariciándoselos entre ellas. Suspiraban y ronroneaban debido a mis caricias y las suyas. Hasta que Sonia que siempre fue algo mas atrevida dijo: - Esto no es justo Juan debería disfrutar como nosotras. Y haciéndome sentar en la butaca se arrodillo a mis pies para, poniéndolos encimas de sus bellas y desnudas piernas, masajearlos. De pronto Sara se fijó en lo arruinados que estaban mis pantalones y sin mas contemplaciones me dijo que me los sacara. Pensando que esa noche podía haber guerra debajo solo me había puesto un minúsculo tanga que no cubría mas que mis genitales, sujetándolos de forma escasa. Y tan burro como me estaba poniendo apenas podía con mis huevos. La polla ya salía por arriba. Yo les dije que por que no me los quitaban ellas y sin mas problemas mi chica procedió a desabrocharlos y tirando cada una de una pernera me los sacaron derribándome casi en el proceso de la butaca. Les dije no es justo, yo tan desnudo y vosotras con tanta ropa. A lo que Sonia se sentó en mis rodillas mirándome de frente y me dijo sonriendo: -sácamelo tu. -Ordenes son ordenes. Así que le saqué la camiseta dejando su torso y sus grandes pechos descubiertos. No se había puesto sujetador. Sobre los que me lancé de inmediato para comérselos y lamer los amplios pezones. Sonia parecía excitada al verme lamer las tetas de su amiga y un momento que esta levantó la cabeza, la vio con la falda levantada y la mano en el interior del tanga. Una delicada prenda de encaje rojo. Con los muslos bien abiertos le dijo: - sin la falda estarías mas cómoda. En un arranque que yo no esperaba en absoluto y que hizo saltar mi polla de alegría. Sin pensarlo más Sonia se la quitó arrojándola al suelo quedando únicamente con el tanga y el top. Incluso se giró mostrándonos el culito perfecto, prieto y duro bronceado. No pudimos hacer mas que aplaudir el arranque de espontaneidad y pedirle que se acercara a nosotros. Le hacia el gesto con la mano para viniera. - Ya que estás ahí ¿por que no te vienes aquí? Sonia besó a Sara en la boca, al principio un besito en los labios pero al ver que mi mujer le correspondía pronto ambas sacaron las lenguas dándose saliva cantidad jugando con ellas. Y yo viéndolo en primer plano como las lenguas entraban en la boca de la otra. Mi polla dura como una piedra pedía atención y el tanga no podía contenerla. Como pude le hice un hueco para que asomara rozando directamente en el coño aun cubierto de Sara. - Te toca nena, yo la tengo todos los días y me la puedo comer cuando quiero. Diciendo que ella podía disfrutarla todos los días se levantó de mis muslos y ayudando a la invitada a sacarse el tanga le cedió su lugar. Esta aprovechó y tomó el sitio mirándome de frente. Ella misma se sacó el top, desnudando sus pechos y quedando la mas desnuda de los tres. Me ayudó a sacarme la camiseta aún antes de clavarse ella misma mi rabo que la esperaba con impaciencia. Una vez terminados los preparativos con su manita sujetó mi pene y despacito fue sentándose sobre él abriendo paso por los finos labios entrando suave y despacio en su apretado coñito. Sara terminó de desnudarse y haciéndome abrir las piernas lo mas posible se sentó en el suelo entre mis muslos. Desde allí, donde podía alcanzar a lamer mis huevos y el culito bien abierto de su amiga que suspiraba fuerte diciendo que nunca nadie le había hecho algo así. Intentaba sujetarla para que no botara muy deprisa y disfrutara del beso negro a la vez que no hiciera que yo me corriera tan pronto. Le acariciaba los morenos pechitos, tan duros, o deslizaba un dedo entre nuestros vientres para acariciarle el clítoris. Con el doble tratamiento de lengua y rabo Sonia se corría una vez y otra. Abrazada a mi besándome en la boca de forma salvaje mientras sacaba aun mas el culito para que Sara se lo comiera. Se bajó de mis piernas, tras su primer orgasmo, yo por el alcohol aún aguantaba. Lo que mi mujer aprovechó de inmediato para comerme la polla húmeda de los jugos de su amiga que gustosa colaboraba en la tarea. Verlas cruzar la lenguas sobre mi miembro cada una a un lado y ser acariciado a cuatro manos me llevó al borde del orgasmo. No sé como no me corrí en ese instante. Una vez duro y limpio el instrumento decidimos cambiar de escenario e ir al dormitorio donde estaríamos mas cómodos. Sara oficiaba de maestra de ceremonias y tumbó a la invitada junto al cabecero de de nuestra cama para poder comerle el coñito a placer puesta ella a cuatro patas. A mí me dejó su grupa y a mi elección por cual de los dos agujeros prefería penetrarla. Tras lamer durante un rato coño y culo de mi esposa pasear la lengua por el perineo y las nalgazas o metérsela en el ano como si quisiera penetrarla con la lengua. Busqué el aceite de almendras para lubricar su ano y mi polla y tras dilatarla con el pulgar. Luego con dos dedos suavemente le introduje el glande. Mientas apreciaba las largas lamidas que le daba a la vulva de Sonia. Esta podía ver perfectamente como mi pene entraba despacio en el culo de su amiga. Al sentir la polla en su ano arreció sus maniobras con la lengua arrancándole orgasmo a su amiga tras orgasmo hasta el momento en que me corrí en su culito. Me fui a lavar que es lo propio tras el sexo anal por muy limpio que esté el agujero en el que has metido la polla. Al volver me las encuentro en un fantástico sesenta y nueve que aunque ya no consiguió reanimar mi herramienta sí que me brindó un espectáculo maravilloso. Sonia se quedó a dormir y repetimos juegos por la mañana. SONIA Los encontré en un bonito pub, me aburría soberanamente con las amigas con las que estaba, un verdadero peñazo. Hacía tiempo que no veía a Sara y agarré la oportunidad por los pelos. Nos pusimos a charlar poniéndonos al día y así aproveché para dar esquinazo a las chicas con las que estaba. Poder contemplar a Juan su marido, tan guapo y apuesto como siempre , con esos vaqueros que le marcan su culo firme y jugoso, aunque Sara con el escotazo que llevaba no se quedaba muy atrás. Sus tetas grandes y bonitas siempre fueron objeto de mi envidia ya que la naturaleza no me ha dotado ahí con gran cosa. Mis tetas son pequeñas y muy duras. Nos fuimos a otro bar y de allí a otro y el alcohol en sangre subía con cierta rapidez. Estábamos cerca de sus casa y me propusieron tomar la última allí aunque mejor nos vendría a los tres un café. Sentados en el sofá, relajadas y disfrutando de una copa y de música suave veo asombrada cómo como Juan sin cortarse por mi presencia le daba a su mujer un masaje en los doloridos píes. Los míos necesitaban de un tratamiento parecido después de pasar la noche bailando, sin ningún pudor los puse sobre sus muslos reclamando sus caricias. Sara nos puso aceite de masaje en las piernas a las dos pringado sus vaqueros. Juan no se cortó en absoluto y mientras su vista se deslizaba por mis muslos arriba. Mi falda recogida al sentarme los descubría, junto mis pies a los de sus esposa y los masajeaba juntos. Nuestros muslos desnudos se frotaban de una forma muy agradable y me sentía francamente bien y relajada junto a mis amigos. Ella se levantó por un frasco de aceite de masaje y nos embadurnó a ambas subiendo por mis pantorrillas. Los cuatro pies se frotaban de forma muy sensual y las manos de Juan los recorrían de forma sabia arrancándome verdaderos suspiros de placer. No me parecía justo que nosotras recibiéramos tran grato tratamiento y propuse que se lo diéramos a él entre las dos. El pantalón nos estorbaba y ella dijo que se lo sacará. El contestó: -¿ por que no me los quitáis vosotras? Cada una tiramos de una pernera hasta sacárselos del todo. Ahí pude ver, asombrada, durante un segundo ese culo que admiraba pues el chico solo llevaba un minúsculo tanga azul que marcaba lo qu parecía ser un respetable paquete. Sara se sentó sobre sus muslos de frente para besarlo como desesperada y yo a su lado los veía darse lengua y saliva. Con el alcohol y la escenita que me estaban montando mis amigos yo estaba excitada y casi sola. Una de mis manos se deslizó bajo mi falda para acariciarme la vulva por encima del encaje rojo de mi tanga. Al poco Juan le sacaba el top a su mujer mostrándome así el precioso par de enormes pechos. Colgaban un poco y tenían unos pezones durísimos con unas areolas enormes. El chico con gran aplicación procedió a meterselos en la boca y lamerlos con evidente deleite de mi querida amiga. Mis dedos ya entraban por el lateral de mi prenda íntima abriendo los labios de mi coño e introduciéndose suavemente. Así me sorprendió Sara con las piernas bien abiertas, haciéndome un dedo y llamó la atención de su marido sobre ello. Pocas cosas me podía sorprender ya pero me dijeron que sin la falda estaría más cómoda. Visto que la timidez no iba con ellos me saqué la prenda dejándola caer al suelo y girándome les mostré los muslos y el culito que el breve encaje no cubría. Aplaudieron mi actuación y tendieron sus manos para que fuera con ellos. Besé a mi amiga en los carnosos y sensuales labios, suave al principio hasta que sentí en ellos la punta de su lengua juguetona. Complacida la recibí dentro de mi boca cruzándola en un amistoso duelo con la mía. La saliva iba de una a otra mezclándose como en un matraz de alquimista. Apoyé una de mis manos en su hermosos pechos acariciándoselos ya sin disimulo pellizcando su pezón duro sosteniendo la teta entera en mi mano. Ella me correspondió cogiéndome del culo para acercarme a ellos acariciando mis nalgas e incluso deslizando un dedo entre ellas buscando la goma del tanga y el ano. De pronto Sara notó en la entrada de su coñito la punta de la polla. Diciendo que ella ya la tenía todos los días se levantó de los muslos de su chico dejándome el sitio para que disfrutara yo de tan hermoso instrumento. Ocupé su lugar sobre las musculosas piernas y me saqué el top, desnudando mi pecho de una sola vez pues no llevaba sujetador. Le saqué la camiseta, desde luego también quería disfrutar de su torso poderoso. Juan me besó suavemente los pezones y noté cómo Sara apartaba la tela de mi tanga. Agarrando el pene lo colocó en la entrada de mi coñito. De un golpe de cadera me lo introduje lo antes posible y yo misma comencé a moverme. Sara a mis espaldas se había sacado lo que le quedaba de ropa y se había sentado entre los muslos de su esposo. Ahí fue una locura cuando sentí su lengua en mi ano. Tenía la polla de Juan en el coño clavada hasta el fondo y Sara me hacia el primer beso negro de mi vida. Me corría una vez y otra disfrutando como nunca lo había hecho en mi vida. Nunca tantas sensaciones se habían combinado para hacerme gozar. Le besaba profundo, mi lengua recorria su boca, llegando a los mas lejanos rincones. Extenuada me bajé de sus rodillas para ver como Sara se lanzaba sobre la polla de su marido para comérsela. Gustosa la ayudé en la tarea, lamiendo sus huevos por los que habían escurrido mis propios jugos. Besándola juntando nuestros labios y lenguas alrededor del pene que de milagro seguía duro y sin correrse. Sara me llevó a su dormitorio donde me tumbó para acomodarse entre mis muslos. Ella a cuatro patas comerme el coño como nadie lo había hecho antes. Juan se colocó detrás de ella y podía ver cómo le comía el culo. A cada lamida de él ella me clavaba su lengua en lo mas profundo de mi vagina. Al poco por fin se decidió a clavársela lo que repercutía en mi coño cada vez que se la clavaba. Como si Sara quisiera introducirse en mi interior. Yo veia asombrada como su culazo de impresión se tragaba aquella polla sin protesta alguna haciendo que yo siguiera con los orgasmos mas geniales que me ha hecho disfrutar una lengua. Así hasta que la sacó ya relajadita y embadurnada de su semen, era evidente que Sara lo había disfrutado. Juan se fue a lavar y yo quise probar el coñito de mi amiga, asi que cuando volvió nos encontró en un sesenta y nueve ardiente. Lamiendo los labios buscando el clítoris y dándole feroces lamidas. Desde luego me quedé a dormir con ellos para seguir disfrutando al despertar. SARA Juan y Sonia han contado cada uno desde su punto de vista lo que pasó esa noche de reencuentro. No voy a repetirlo, baste decir que me lo pasé de miedo. El trio fue genial y ambos se portaron de maravilla, morbosos, y viciosos. Pensaron más en darnos placer unos a otros que en lo que ellos sentían en cada momento. Ahora voy a repasar algo de lo que nos llevó hasta eso. Los tres fuimos compañeros de universidad, allí nos conocimos. Fuimos buenos amigos, salíamos de marcha y otras actividades, al cine, deportes. Hasta que Juan y yo empezamos a ir más en serio. No es que dejase a Sonia de lado, seguíamos compartiendo muchos ratos. Por entonces yo me consideraba bisexual. Había tenido escarceos y líos con chicas y mujeres. Me encantaba comerme un xoxito, pero Juan me encantaba y estaba decidida a que funcionara. Así que había dejado de lado cualquier otro intento. Nos gustaba nadar e ir a la piscina juntas. Ver su cuerpo fibrado con aquel bañador deportivo que parecía aplicado con spray sobre su cuerpo me excitaba. Nos dirigíamos a los vestuarios y encima la tenía que ver desnuda. Aún oliendo a cloro ella me ponía muy cachonda. Al pasar a las duchas la cosa se complicaba más. A veces nos duchaba juntas y era ella la que me pedía que entrara en su cabina. Al final terminábamos haciéndonos un dedos una a la otra mientras nos besábamos y lamíamos la piel de nuestros cuellos. Con el agua cayendo sobre nuestros cuerpos. Después de eso admito que yo tenía cierto caso de conciencia, aunque lo de Juan todavía no se había concretado me parecía estar engañando a los dos con el otro. Así que esa noche al verla tan sexime padeció la ocasión perfecta para disfrutar los tres juntos y zanjar por fin mi pequeño problema de conciencia. Literalmente metí la polla de mi marido en el coño de mi amiga que hacía años había acariciado. Hice todo lo posible para que ambos disfrutaran juntos y de mí.

sábado, 14 de marzo de 2009

En el bar (por la rubia)

Estaba cachonda, caliente y aquel imbecil me había dado plantón, probablemente estaba casado y no se había atrevido a decírmelo. Bueno él se lo perdía. Pero yo tenia ganas de un cuerpo firme y masculino sobre mí. Manteniéndome apretada contra el colchón mientras se introducía con lentitud dentro de mí. Desde luego que tenía ganas de que alguien me follara o quizá de fallármelo yo. Mi mente y mi pensamiento volvían sobre ello una y otra vez haciendo que mis jugos mojaran las bragas que llevaba y me había quedado sin plan. Me sentía húmeda. El bar se iba vaciando y ninguno de los clientes parecía prestarme atención o ser digno de que yo se la prestara él. Pero el camarero sí. Es muy joven, me dije, y qué mas da, me dije después. Es muy guapo, y los músculos aunque no excesivos se marcaban por la fina tela blanca de su camisa. Hacía mucho calor allí dentro aunque fuera parecía a punto de nevar. Me fui al baño y me saqué las bragas para guardarlas en el bolso no sin antes haberlas olido. El perfume a sexo inundó mis fosas nasales. Iba a excitarlo a volverle loco y a comérmelo allí mismo. Lo deseaba de una forma animal e instintiva. Me abrí el escote un poco mas y me subí los pechos hasta dejar el borde de la areola justo sobre la línea del encaje de las copas del sujetador. Cuando volvió a mi mesa le pedí otra consumición dejándole que observara a placer la curva de mis senos comprimidos y el profundo canal entre ellos. Cuando se marchó la última parejita que había estado haciéndose arrumacos cerca de mí y poniéndome aun más nerviosa abrí las piernas al máximo para que pudiera ver lo que le esperaba. Había esta guiñándole el ojo durante un buen rato, si no eran suficientes pistas solo me faltaba ponerme a dar botes desnuda sobre el mostrador, lo que era exactamente mi intención. Bueno todo llegaría. Pero el chico no era tonto, cuando de la forma mas insinuante que pude le pregunté lo que le debía me contestó que un beso, y por fin pude sentir su carne. El beso que empezó siendo suave terminó largo, jugoso, con un montón de lengua y saliva por ambas partes, mi mano en su nuca le impedía retirarse ni para respirar. Aproveché para catar la firmeza de su culo, de sus nalgas fuertes y musculosas. Solo le dejé marchar para que pudiera echar la cortina metálica a la entrada y nadie pudiera molestarnos. Y cuando volvió, de inmediato volví a cogerle para deshacerme de su camisa que tanto me molestaba. Mas de un botón rodó por el suelo. Lo besé en el cuello mordiéndolo como una vampira. Bajé por su pecho dejando adrede mi carmín en su piel como un efímero recuerdo del rato de pasión. Le comí los pezones pequeños y duros, oscuros sin vello. Lamí su vientre hasta que metí la lengua en el ombligo. Pensé que se había quedado manco pero sentía sus manos fuertes en mis nalgas desnudas aprovechando que había recogido mi corta falda, amasándolas, sujetándolas, aprentándolas o acariciándolas más suave, deslizando un dedo incluso en el canal de las nalgas hasta introducirse en el ano. La falda ya recogida del todo en la cintura no era ningún impedimento para sus caricias cada vez más atrevidas. Subió las manos por mis costados para levantarme y llevándolas a mi vientre soltó los pocos botones que le quedaban abrochados a la blusa, para bajarla de los hombros y sacármela por los brazos. Ni me acordaba de la pulsera donde se quedó enganchada un segundo. Consiguió liberar mis pechos usando una sola mano para soltarme el sujetador. Una hábil maniobra que me gustaría saber con quien había aprendido, quizá me gustaría jugar con ella también. Estirando mis brazos dejé que me lo bajara hasta las manos y los aros de la prenda rozaron su vientre. De ahí cayó al suelo donde quedó olvidada. Bambolee un poco los pechos en su honor manteniéndolo cercado en la barra. Él de inmediato se inclinó para besarlos, su lengua juguetona me los excitaba con sabiduría acariciando suave las areolas, mordisqueando suavemente o sorbiendo los pezones entre sus labios. Besaba todo el volumen del pecho, con sus dulces labios, excitándome aún más. Teniéndolo inclinado sobre mis tetas solo alcancé a bajarle los pantalones estirando al máximo los brazos. Entonces muy a mi pesar se separó lo justo como para sacarse las playeras y los pantalones tan deprisa que apenas pudo mantener el equilibrio. Se dejó un ajustado slip de licra que me permitía adivinar el contorno de su perfecta polla. Inmediatamente me cogió del culo y levantándome con una fuerza que yo no sospechaba me depositó sobre el mostrador donde se puso a lamer mi coñito. Que maestría en su forma de manejar la lengua, sin usar los dedos que no dejaban de acariciarme los muslos o los pechos y el vientre, la vulva se abrió sola a sus caricias, los labios ofreciendo ellos solos y actuando casi como una parte separada de mí, sin control consciente entregando el tesoro de mi clítoris hinchado a la legua juguetona. Abrí los muslos a todo lo que daban de sí las caderas para permitirle cada vez más fácil acceso a mi tesoro. Ni se las veces que me corrí mientras él se esforzaba por recorrerme hasta el perineo buscando mi culito con su lengua. Decidida a darle acceso a todas las partes de mi cuerpo, giré sobre el granito del mostrador quedando a cuatro patas y dejando a su alcance toda mi grupa. De forma inmediata abrió mis poderosas nalgas con las manos para alcanzar con la lengua el agujerito de mi culo. Allí de una forma deliciosa se entretuvo durante mucho rato recorriéndolo completo del coñito al ano. Mordisqueando las nalgas o lamiéndolas y besándolas con toda la ternura de que era capaz. Estaba en un orgasmo casi continuo, quería averiguar donde había aprendido a complacer de esa forma a una mujer siendo tan joven, y sentía cierta envidia de la mala pécora que le había enseñado todos esos trucos. Era imposible que yo le pudiera coger el rabo y devolverle el placer que me estaba dando y ya había tenido no sé cuantos orgasmos. Suspirando, por fin pude decirle: bájame de aquí, quiero sentir tu rabo en mi interior, quiero devolver todo el placer que me estas dando. Cogida de su mano me dejé conducir al fondo de un pequeño almacén. Allí sobre una estrecha litera conseguí hacerme con su rabo e inclinada sobre él lo besé con adoración.

martes, 10 de marzo de 2009

En el bar

Era un día laborable, y por ello me extrañaba más. Se había sentado en una mesa y había pasado horas allí. Al cruzar delante de ella le echaba jugosas miradas a sus larguísimos y bien torneados muslos enfundados en unas medias de rejilla de las de putón de toda la vida y que salían de una minifalda de cuero muy, muy corta. Unas sandalias con un tacón de aguja fino y largo los ahusaban aún más. Los pechos abundantes, generosos asomaban entre los botones desabrochados de su blusa blanca, casi transparente. Los pezones apenas los disimulaba el encaje del sujetador que los cubría lo justo Pues al agacharme para dejar en su mesa las consumiciones que me pedía mis ojos se deslizaban por el canal de su escote y mi otro yo reaccionaba a la forma perfecta al modo como eran sostenidas aquellas dos enormes masas. El carmín rojo fuego de sus labios los perfilaba como una herida sangrante y la lengua asomaba burlona de vez en cuando para remojarlos. La nariz un poco ancha y plana para mi gusto pero le daba personalidad a su rostro. Los ojos muy maquillados, los párpados en un tono carne daban resalte a las pupilas azules. De vez en cuando me guiñaba uno de ellos dejando caer las largas pestañas. La media melena rubia y lisa como si acabara de salir de la peluquería. Tendría como unos cuarenta y tantos años y estaba jugando conmigo. Yo me había quedado solo atendiendo el bar de mi tío, eso no era nuevo para mi. A mis todavía no cumplidos veinte años no me gustaba estudiar y para ganarme unas perrillas atendía el bar por las noches. Alguna vez mas de una chica había me dejado caer su número de teléfono o si era mas descarada me había pedido el mío. Había salido con esas chicas e incluso a veces había conseguido llevármelas a la cama, pero nunca había tenido un coqueteo tan descarado. El bar se fue vaciando pero ella no parecía querer marcharse. Hacía frío fuera pero dentro tenía la calefacción al máximo, de hecho yo solo estaba con unos vaqueros y una camisa blanca y su abrigo de pieles descansaba en una silla a su lado. Pensaba quedarme a dormir en la litera del almacén pues me tocaba abrir por la mañana. Me distraje un minuto cobrando a la última pareja que se marchaba y cuando volví a mirarla otro botón mas de su escote había caído. El sujetador blanco podía verlo perfectamente y sabiendo que la miraba descruzó las piernas lentamente abriéndolas de forma insinuante. En la confluencia de sus muslos blancos que sus medias, no pantis, descubrían pude ver el negro encaje del tanga cubriendo su pubis. Sus movimientos como los de gato lentos y deliberados, insinuantes y sinuosos, hechos para excitar para provocar. Cada músculo calculado trabajado para resaltar alguna parte de su bello cuerpo. Despacio se levantó y se acercó a mí bamboleando las caderas, sin molestarse en estirar el cuero sobre sus muslos, las medias ajustadas a ellos dejaban al descubierto parte de su piel hasta llegar a la falda. Con una voz ronca y sensual me preguntó qué me daba y yo le contesté que un beso, y o ella estaba caliente o yo había perdido la razón. Deslizó una mano sobre mi hombro, acariciadora, recorriendo mi piel hacia mi cuello y tirando de mi, me acercó a ella hasta que sus labios se posaron sobre los míos, solo un segundo después sentí su lengua abriendo mi boca para explorarla con lentitud y el resto de nuestros cuerpos hicieron contacto. Sentí los dos poderosos pechos sobre la fina tela de mi camisa y el cuero de su falda frotándose contra mis caderas donde algo que ya llevaba un rato recordándome que existía estaba reaccionando a toda máquina. Mis manos se deslizaron por su cintura sintiendo el tacto suave de la seda de su blusa, sus dedos revolviendo el corto cabello de mi nuca, un escalofrío recorrió mi cuerpo de allí hasta los pies y su otra mano en mis nalgas empezaba a apretarme fuerte contra ella. Mi lengua jugaba con la suya en un baile de saliva y deseo mientras sus carnes duras se apoyaban en mi cuerpo. No sé lo que duró aquel primer beso pero me pareció eterno. Ninguno quería separar el abrazo, solo para pasar a mayores. Mis manos se posaron en las firmes nalgas amasándolas de una forma salvaje y su falda se recogió un poco más. Déjame echar el cierre le dije entre suspiros, solo así pude lograr que me soltara. Muerto de frío volví a su lado pensando que no me iba a faltar su calor. Y así fue, entre sus brazos volvió a recibirme y sus uñas perfectas y largas trazaron surcos suaves en mi espalda. Recogí la falda un poco mas y por fin llegué a acariciar la piel suave de su culo desnudo, así fue como descubrí que no era rubia natural y lo oscuro que se me había insinuado antes entre sus muslos no eran sus bragas sino el negro vello de su pubis. Con violencia me abrió la camisa saltando algún botón y el carmín de su boca parecía un reguero de sangre recorriendo mi pecho de arriba a abajo. Me comía las tetillas, lamiendo y mordisqueando los pezones manteniéndome acorralado contra la barra. Ella llevaba la iniciativa y yo no podía ni quería hacer nada para pararla. Se agachó un poco mas para lamer mi vientre hasta llegar al ombligo y desabrocharme el cinturón. Yo también quería ver y acariciar su piel. Así que la sujeté para que volviera a besarme en la boca y pude quitarle la blusa, solo dos botones quedaban y saltaron deprisa, solo una pulsera de oro detuvo la liviana tela arremolinándola un segundo cuando terminaba de salir de sus brazos. Parecía que sus pechos firmes, grandes, generosos me miraban implorando que los liberase de la prisión de encaje en la que estaban constreñidos. Y mientras acariciaba uno de ellos por encima de la tela notando el pezón duro en mis dedos con la otra mano hice saltar el broche de su espalda. Tirando de la prenda salió sola por sus brazos estirados a los que les costaba abandonar mi cintura. Las tetas colgaban un poco, eran grandes y bronceadas como de top less o de cabina de rayos uva, las areolas oscuras y el pezón duro casi un centímetro de carne que se dejaba chupar y sorber, pasar mi lengua alrededor o los dientes suavemente. O besaba toda la piel del pecho, metiendo mi cara entre ellos apretándolos en mis mejillas sin dejar mis dedos quietos, sin dejar de recorrer la piel de su espalda o vientre. Sus manos ansiosas no paraban quietas desabrochando los vaqueros y bajándolos por mis muslos dejándome en ajustado slip con mi polla dura marcándose a través de la fina licra. Me separé de ella lo justo para sacarme los playeros los calcetines y el pantalón y de inmediato la cogí de las nalgas y la subí a la barra. Allí con la falda de cuero recogida en la cintura y recostada sobre sus codos con las piernas bien abiertas me incliné sobre el tesoro de entre sus muslos y comencé a besarlo con adoración, el bien recortado y moreno vello, los carnosos, desarrollados labios de su vulva que se abrieron al primer roce leve de mi lengua juguetona. Así pude deslizarla entre ellos en busca del preciado tesoro de su prominente clítoris o intentaba introducirla lo más posible en el pozo de su vagina y todo ello sin dejar de mover mis manos arriba y abajo por los muslos o subirlas por su vientre en busca de los globos de sus pechos pero sin acercarlas al coño húmedo reservándolo solo para mi golosa lengua y juguetones labios. Ella cual gimnasta abría cada vez mas los muslos y yo podía deslizar mi lengua un poco mas abajo hacia el canal de sus poderosas nalgas, por el perineo. Gozando y gimiendo se dio la vuelta para quedar a cuatro patas sobre la superficie de granito pulido y permitirme un cómodo acceso al ano, abriendo las grandes nalgas con mis manos me dediqué al beso negro lamiendo su raja con toda la intención y jugando con mi lengua en el agujerito estrecho, intentando introducirla lo mas posible. Parecía disfrutarlo cuando la mordisqueaba las nalgas con dulzura o bajaba lamiendo de nuevo hacia su coñito, su profundo aroma a hembra excitada inundaba las fosas de mi nariz que también rozaba su piel, su culo o se introducia todo lo posible en la vulva. Estaba consiguiendo hacerla disfrutar, parecía correrse al ritmo de mi lengua y mi polla estaba tan dura que casi me dolía. Me pidió que la bajara, que me quería en su interior. Así lo hice y acogiéndola de la mano la conduje al humilde catre del cálido almacén. Sin soltar mi mano se sentó y de inmediato cogió otra parte muy apreciada de mi persona. Sosteniendo mis huevos con una mano depositó un suave beso en el duro glande. Sacó la lengua para dedicarla al frenillo, sus ojos clavados en los míos como los de un torero mirando al tendido durante una gran faena.

domingo, 8 de marzo de 2009

En el concierto (por el chico)

Me apetecía mucho ver a ese grupo. Últimamente lo llevaba siempre puesto en el CD del tractor. Así que cuando me enteré que tocaban en la capital de la provincia hice mis planes. Dejé el tractor en la nave y vestido solo con el short vaquero y las playeras me fui a dar una ducha. De camino encontré a mi primo con el que había perdido la virginidad hace algún tiempo. No quiso acompañarme pues había quedado con su ligue actual una chico del pueblo de al lado con el que se bañaba desnudo en la acequia por las noches. Tenía muy claro que era gay así que nos despedimos con un buen morreo y no sin que él metiera la mano por dentro de mis cortos pantalones para darle un buen achuchón a mi polla. Pero a mí también me gustan las chicas. Ya en casa no perdí mas el tiempo para quedarme desnudo del todo y darme una buena jabonada y repasar el depilado. Pensando en si conseguiría ligarme alguna chica me coloqué un tanga sexy y metí unos cuantos condones en el bolsillo y una camisa ajustada para marcar pecho y bíceps. Cogí el coche y aparqué lo mas cerca que pude de la plaza mayor. Las multitudes de encaminaban hacia el escenario y yo aprovechaba para no perder detalle de los escotes y minifaldas, piel femenina expuesta en la noche veraniega. Intenté colocarme lo mas cerca posible del escenario allí donde la multitud se cerraba mas para sentir el roce de los cuerpos calientes, chicos y chicas. Conseguí llegar casi hasta el altavoz donde me detuvo el culo fantástico de una morena. La presión de la gente me obligaba a pegarme a ella que parecía ajena a todo lo que ocurría a su alrededor concentrada solo en la música. Bailaba todo lo que podía entre la gente. En uno de sus saltos aterrizó sobre mis playeras. No hubo daño pero por fin se dio la vuelta y pude contemplar su magnífica delantera. Los pechos perfectos, no muy grandes cónicos y firmes, y los pezones duros por la excitación marcados en la tela de su camiseta de tirantes. No podía ver mas abajo por que me lo impedía la gente que me apretaba contra ella aunque ya había comprobado la dureza de sus nalgas. Ella si me dio un buen repaso de las playeras a la raíz del cabello. Tiene una bonita cara y una nariz respingona. Con los dos besos de rigor se presentó clavando sus durísimas tetas que se sostenían sin necesidad de sujetador en mi pecho. Pidiendo mil disculpas por el pisotón del que ya ni me acordaba. El resto del concierto lo pasamos juntos. Ella me arrimaba el culito prieto que tanto me había impresionado desde el principio a la bragueta. Cuando pasé los brazos alrededor de su cuerpo para cogerle de la cintura no protestó en absoluto. Viendo que mis avances no caían en saco roto incluso me atreví a dejar algún beso en sus hombros desnudos o en su cuello y cuando lo hacía ella se apretaba aún mas a mi cuerpo. Al terminar el concierto me arrastró de la mano hasta un discreto café donde conseguimos una mesa en un rincón solitario, ella me dijo que invitaba para disculparse del pisotón. Por fin pude contemplarla a gusto, es algo mayor que yo pero está buena de verdad. Unos largos y ahusados muslos marcados en el estrecho vaquero, una fina cintura que había podido apreciar cuando la rodeé con mis brazos. Y sus pechos orgullosos e insolentes que me apuntaban. No podía dejar de mirarle el generoso escote. Acercó su cara a la mía y por fin pude besar sus rojos labios que casi de inmediato se abrieron para recibir mi lengua en el interior de su boca. La suya reaccionó al instante cruzándose con la mía en un jugueteo muy placentero. Deslicé una mano lentamente de su cintura al pecho y apoderarme suavemente de su pezón, rozándolo con insistencia. Su boca dejó la mía para pasear la lengua por mi oreja y meterla en mi oído, lo que me excita mucho y de lo que ella se dio cuenta de inmediato, mirando directamente mi bragueta. Al oído me dijo que si quería acompañarla a su piso y yo que en ese momento tenía una mano en su culo no pude, no quise negarme, tenía unas ganas locas. La llevé en mi coche y allí mismo en el parking la besé de pie juntando nuestros cuerpos calientes. Recorrí su espalda con mis manos amasando sus nalgas, ella no se quedó atrás en absoluto me acariciaba el pecho y devoraba mi boca con ansia rodeando mi cuello con sus brazos. Conduje hasta su casa para así poder coger el coche en cuanto nos despidiéramos. Subimos en el ascensor sin separar nuestros cuerpos ni un centímetro. Ya en el sofá me propuse desnudarla de la forma más tierna que supe. Lentamente bajé los tirantes de la camiseta y repasé con lengua y labios la suave piel de sus hombros, de su escote buscando lentamente los pechos cónicos y duros. Levantó los brazos y pude liberarla de la incomoda prenda mientras lamía sus perfectas axilas depiladas. Acaricié la suave piel lamiéndola mientras ella me arrancaba la camisa. Me miraba y me empujó a un sofá donde siguió sentada sobre mis muslos para seguir besándonos y sus pechos acariciaban el mío. Se movía sinuosa encima de mi cuerpo acariciándome con todo el suyo. Y eso que aun no nos habíamos quitado los pantalones. Quería ser ella la que trabajaba y sujetaba mis manos para que no la tocara. Mientras sentía en la polla dura el calor de su coño a través de las dos telas vaqueras. Solo se bajó de mí para descalzarme y sacarse las botas y los calcetines. De ahí continuar con mis vaqueros para lo que tuve que levantar un poco el culo del asiento. Su cara fue todo un poema al ver mi tanga mientras me acariciaba el pubis suavemente con su melena. Luego lo hizo con los pechos deslizando los pezones por mi piel, manejándolos con tanta seguridad como si fueran sus dedos. Mi pene reaccionaba a cada toque con un leve salto. Se separó de mí para terminar de desnudarse y me pidió que desfilara para ella y le enseñara como me quedaba la prenda de la que se escapaba la punta del glande. Marché hasta el fondo de su salón y le mostré mi cuerpo sin pudor. Volviendo a acercarme a ella que sentada en el sofá me recibió con un beso sobre la poca tela que cubría mi polla. Con sus manos comenzó a bajarme la prenda sin dejar de tocarme. Incluso metiendo una mano entre mis piernas para tocarme el culo y deslizar un dedo en la entrada de mi ano, algo que me encanta. Comenzó a besarme suave la polla para que no perdiera su dureza pero enseguida me dijo que era mi turno de usar la lengua lo que estaba deseando hacer sobre su cuerpo. Me hizo volver a tumbar en el sofá para sin timidez de ninguna clase sentarse sobre mi cara con sus suaves muslos a cada lado de mi cabeza. Su coñito chorreaba sus jugos de excitación de los que no perdí ni gota. Abrí las nalgas con las manos dedicándome también a su culito sudado, besaba la cara interna de sus muslos o volvía por el perineo a su vulva en la que penetraba todo lo que podía con la lengua e incluso la nariz. O me dedicaba al clítoris hinchado oyendo sus gemidos de placer. Creo que conseguí que se corriera varias veces mientras mi pene se calmaba un tanto pues hasta ahí ella me había puesto a punto del orgasmo. De pronto comenzó a deslizarse sobre mi cuerpo diciéndome que parara que me quedara quieto, pero sin separar su coñito de mi piel donde dejaba su rastro de humedad. Así hasta que consiguió empalarse en mi pene sin que ninguno de los dos guiara el instrumento. La sujetaba de las caderas. Inclinada sobre mi pecho me besaba y lamía mi cara húmeda todavía de sus jugos, de su propio sabor. Permaneció quieta unos segundos. Mientras me besaba y yo sentía como sus muslos apretaban mi polla. Luego empezó a moverse despacio. Dejando que yo me acompasara con ella subiendo mi cadera cada vez que ella bajaba la suya consiguiendo así penetrarla mas profundo. Mientras follábamos seguí recorriendo su suave piel con las manos, su delicioso cuerpo delgado y fibroso, sus cónicas tetas y su preciosa cara, el culo respingón y duro o la curva de su espalda. O arqueaba la espalda para besar sus labios, lamer su lengua o comerme sus pezones. De pronto se levantó de mí, y se colocó de rodillas en el sofá mirando a la pared. No hacía falta ninguna indicación y el glande volvió a buscar el solo la húmeda entrada de su coñito. Ahora podía tocar a gusto sus nalgas prietas y ensalivando uno de mis dedos acariciar a gusto la entrada de su ano e incluso deslizar la punta en su interior. Todo eso sin dejar de bombear en su vulva apretada. Parece que lo del culo le estaba gustando. Los dos gemíamos y bufábamos como locomotoras sudando en el calor de la noche. Me pidió que me corriera dentro pues tomaba sus precauciones, mis condones seguían olvidados en el fondo de mi bolsillo. Y con cada chorro de semen ella apretaba el coño como si quisiera exprimirme. Dispuesto a hacerle pasar la mejor noche de su vida le dije al oído que no se moviera y comencé a besar y lamer su piel empezando por la de la nuca para bajar por la espalda, siguiendo la línea de su columna buscando sus nalgas, el ano abierto y entregado a esas alturas, y el coño que rezumaba de mi semen y el sabor de su orgasmo. Sentado en la mesa de centro seguía usando la lengua siguiendo el beso negro y bajando a su clítoris y volviendo a penetrar su vulva con mi lengua lamiendo sus labios y recogiendo mi lefa de allí. Parece que lo disfrutó hasta que deshaciendo la postura se tumbó en el sofá llamándome para un sesenta y nueve y así como a mi no me había importado comerle el coño con mi semen en él. Ella se metió mi polla que había perdido su dureza en la boca tal y como estaba con mi semen y sus humedades. Volví a atacar su dulce coñito, buscándole nuevos orgasmos. Mientras ella seguía lamiendo mi polla, tragándola flácida al completo metiendose mis huevos en la boca y lamiendo mi escroto. Ahora era ella la que ensalivaba uno de sus dedos y lo metía en mi ano acariciándolo suave y ello sin indicarle nada por su propia iniciativa. Me giré para volver mi cabeza con la suya. Y volvió a besarme sin importarle tener su sabor en mis labios y lengua. Nos acariciábamos tiernamente toda la piel que alcanzábamos, durante un rato más. Desnuda como estaba se dirigió a la cocina a preparar café y algo de cenar lo que nos permitiría reponer fuerzas y no dormirme de camino a casa. La seguí hasta allí y volví a besar sus pechos mientras apoyaba el culo en el frío canto de la encimera. No podía dejar que una bomba tan caliente como esa se me enfriara. Desnudos sobre su alfombra cenamos o desayunamos. Sin necesidad de tostadas extendí la mermelada sobre su piel para luego recogerla directamente con la lengua. Ella hizo lo mismo con mi pecho y mis pezones. Le pedí si podía ducharme y evidentemente ella se vino al baño conmigo deslizándose en la bañera a mi lado. Para entonces mi polla se había recuperado dispuesta a un segundo asalto. Me confesó que nadie le había prestado tanta atención a su hermoso culo y que el mío había sido su primer beso negro. Me pidió que se lo estrenara. Usando su aceite de baño como lubricante y otra previa comida de su adorable ano para excitarla. Me senté en el fondo de la bañera y sosteniéndola de las nalgas dejé que ella misma se la fuera introduciendo. Como yo había tenido experiencias de ese tipo e incluso mi culo hacía años que había perdido la virginidad, creo que logré que ella lo disfrutara. Con paciencia, lubricando frecuentemente ella se movía despacio apretándome el pene con su cerrado ano. No lo dejó hasta que volví a correrme dentro de ella esta vez en un conducto diferente. Terminamos de ducharnos y antes de marchar cambiamos los teléfonos. Me pidió que volviera cuando quisiera. Desde luego su piso es parada obligatoria cada vez que bajo a la ciudad.

viernes, 6 de marzo de 2009

En el concierto

Me fui sola al concierto, me apetecía ver a ese grupo y no encontré a nadie a quien engañar para que me acompañara. Por otra parte podían aburrirse y querer marcharse a mitad de la actuación si yo hubiera insistido mucho. Así que me puse unos vaqueros y una camiseta de tirantes, iba sin sujetador pues mis pechos no lo necesitan, son firmes y duros, no muy grandes. Era en una de las plazas de la ciudad y gratis, patrocinado por un banco y una cadena de radio. Intenté meterme entre la gente hasta cerca del escenario o por lo menos algún lugar donde pudiera ver bien. Para abrirme paso tuve que utilizar los codos y puede que algún pisotón.

Hablando de estos últimos y hacia la mitad del concierto en uno de los saltos de una animada canción aterricé con el tacón de una de mis botas sobre la playera de un chico que se encontraba detrás de mí. Inmediatamente me giré y pedí disculpas mirado el daño que le había causado a sus pies que parecían ilesos. Fui subiendo la vista lentamente por sus pantalones que enfundaban lo que parecían unos duros muslos mientras escuchaba sus confusas explicaciones, me detuve un momento en su paquete, que parecía que se alegraba de verme, seguí subiendo la vista lentamente deleitándome para encontrarme un vientre plano y un pecho que parecía querer salirse de la camisa entreabierta y la carita de ángel de un chico como de unos dieciocho o diecinueve años. Parecía que estaba solo, como yo, pues cuando miré alrededor después de apartar con trabajo la vista de su hermosa carita nadie parecía prestarnos atención. Todos a nuestro alrededor concentrados en la música. Me presente de inmediato: Sonia y el se llama David. A pesar del estruendo de la música parecíamos entendernos perfectamente y yo me perdía en las palabras que salían de sus labios finamente tallados, gruesos y sensuales que me moría de ganas de besar. Me confirmó que había ido solo al concierto y como desagravio lo invité a algo al terminar la actuación. Intentaba que no se separara de mí y seguí brincando y divirtiéndome durante le resto del concierto. Mientras procuraba arrimar el culo a su bragueta o apoyarme en él disimuladamente cuando tocaban alguna balada o algún tema mas dulce. El chico tampoco era manco y viendo que yo me mostraba accesible me cogió de la cintura y apoyó la cabeza suavemente en mi hombro desnudo e incluso a depositar allí algún tierno beso. No sé si se había dado cuenta de que yo le sacaba mas de diez años o eso parecía no importarle.

Cuando se acercaba el final del concierto lo agarré de la mano para no perderlo entre la multitud que se disgregaba y que me lo quitase alguna otra loba quinceañera. Me siguió como un cordero. Conseguí llevarle a una cafetería tranquila que había pasado desapercibida a las hordas que huían de la finalizada actuación. Para así poder charlar tranquilos y quizá iniciar una aproximación más íntima. Sentados en un pequeño sofá junto a una esquina del local y en un oscuro rincón me contó que vivía en un pueblo y que trabajaba en el campo y que se había bajado del tractor para darse una ducha y coger el coche para venir a la ciudad. Yo le conté algo de mi vida aunque estaba mojando las bragas de la excitación y la impaciencia. Mi actitud traicionada por mis pezones duros como piedras. Él los notaba a través del algodón de la camiseta y les echaba algunas miradas. Yo procuraba acariciar sus manos o poner las mías en su muslo en un gesto de confianza al que esperaba él correspondiera bien pronto. ¡Por fin! Como si no le hubiera estado dando suficientes pistas durante la noche se lanzó y besó mis labios. Evidentemente respondí y puse toda mi alma en ello. Le di la lengua para que la saboreara. Casi tuve que abrir sus labios con ella, forzándolos. Pero una vez rota la timidez me abrazó y comenzamos a besarnos con entusiasmo. Yo acariciaba sus pectorales sin acabar de creerme que pudiera haber tanto músculo junto en un solo sitio y eso que me dijo que no iba a ningún gimnasio. Le lamía el cuello un poco áspero por la sombra de la barba y la oreja metiéndole la punta de la lengua en el oído. Me daba cuenta de lo excitado que lo tenía por el bulto en sus pantalones que parecía coger cada vez mas dureza pues el tamaño ya lo tenía de serie. Por fin se decidió a cogerme un pecho que acarició con delicadeza rodeado el pezón con sus dedos y pasando una uña suavemente por la areola por encima de la tela haciéndome suspirar. Le susurré al oído: -vamonos a mi casa y no se hizo de rogar. Bajamos al parking donde había dejado su coche contra el que me acorraló para sorberme la lengua a la vez que me cogía las tetas con sus manos para acariciarlas. Aparcamos bajo mi piso y ya en el ascensor me subió la camiseta sacándola del vaquero para contemplar y comerse mis pechos durante unos pocos segundos mientras yo le acariciaba la cabeza revolviendo el rubio cabello. -¡Que buena estas!- me decía -Me vuelves loco- Yo solo conseguía pensar en bajarle los pantalones. Al cerrar la puerta a nuestras espaldas yo ya había perdido la camiseta y faltaban casi todos los botones de su camisa que arrojé al suelo en cuanto terminé de arrancársela. Contemplé a gusto su pecho poderoso, los hombros musculosos y los enormes bíceps. Lo empujé al sofá donde cayó de espaldas y me arrojé encima para seguir besándolo sentada a horcajadas sobre sus muslos. Me dije a mi misma -Ten paciencia, un bombón así hay que disfrutarlo despacio.- Así mientras mi lengua recorría su boca, mis pezones duros como piedras le rozaban el pecho lampiño con suavidad. Me movía encima de él como una sierpe a veces dejando mis pechos al alcance de su boca que él besaba con suavidad y adoración, mientras mantenía sus manos por detrás de su cabeza sujetándolas con las mías. -Déjame hacer, relájate y disfruta- A horcajadas sobre su ingle sentía la dureza de su polla en mi coño separados solo por las telas vaqueras, mientras mi vientre y tetas subían y bajaban o iban de lado a lado rozando los suyos con suavidad. Me bajé para quitarme las botas y sacarle las playeras y los calcetines y enseguida desabroché los pantalones y se los fui bajando por los muslos. ¡OH sorpresa!, Debajo llevaba un tanga negro de los de chico. No conocía ningún hombre que se atreviese a llevarlo, pero en su cuerpo de culturista quedaba de maravilla. Las piernas como dos columnas corintias donde los husos de sus músculos se marcaban perfectamente. Y la punta morada del glande asomando por la cinturilla de la prenda. Me incliné y le pasé el cabello por la ingle y cuando le tocó el turno a mis tetas de acariciar su duro pene sentí en los pezones el salto que dio el órgano. -Quieto-, le dije. Y me volví a incorporar para desnudarme del todo, sacarme los vaqueros y las bragas con prisa y volverme a arrojar encima de él para sentir su cuerpo en mi piel. No quería sacarle el tanga, quería hacerlo durar. Le pedí - Quiero verte, ponte de pie- David, como el de Miguel ángel pero en carne y hueso en vez de mármol, lo hizo sin timidez, se giró despacio para mostrarme un par de gloriosas nalgas sobre las que hubiera podido partir nueces y entre las que se perdía la goma de la prenda, fue hasta el fondo del salón y volvió hacia mí asombrada cara el hermoso paquete aun cubierto. Lo besé por encima de la lycra y volvía notar el sobresalto del miembro, me encantaba producir esa reacción en el chico. Pasé mi lengua por sus muslos mientras metía la mano entre ellos en busca de la tira del tanga, deslicé un dedo por el perineo e incluso insinuarlo hacia el ano entre las nalgas relajadas. Pero su polla me tenía impresionada, la notaba temblar junto a mi mejilla impaciente. Acabé de sacar la prenda que aún lo cubría para dejar libre el magnífico tronco largo (lo suficiente) y grueso quizá un poco mas de lo necesario. Lo besé sintiendo su dureza con mi lengua. Pero no quería que se corriera demasiado pronto. Así que le dije -ahora te toca a ti- ¡Que chico mas dulce! Seguía mis instrucciones al pie de la letra. Volví a tumbarlo en el sofá para esta vez colocarme sobre su cara, de inmediato saco la lengua y al menor roce de ella mis labios se abrieron para permitirle el libre acceso. Estaba muy húmeda pues hacia horas que estaba excitada, pero eso pareció gustarle aun más. Me agarró las nalgas con las manos llenas de callos fuertes y recias y las empujaba o tiraba de ellas suavemente según la zona que pretendía lamer. Las abría para tener al alcance de la lengua golosa el aro musculoso de mi cerrado ano. Era la primera vez que me hacían un beso negro y cuando me rozó el agujerito creí morir de gusto, ahí tuve un delicioso orgasmo. El ano y todos sus alrededores hasta la parte musculosa de la nalga, el perineo y volvía a la vulva. Me corrí varias veces sobre su boca y su lengua no perdía ni una gota de mis jugos. Era un gran explorador y tocó todos los puntos que alcanzaba con la punta de la lengua. Yo con las manos apoyadas en la pared no podía mas que gemir mientras me decía a mi misma -tu te lo has buscado, este chico te va a matar a polvos- No sé de donde saqué las fuerzas para pedirle que parara y despacio me fui moviendo sobre su cuerpo mis muslos flexibles sobre su pecho y mi coñito chorreante dejó un reguero de humedad entre sus pechos y sobre su vientre siempre en busca del anhelado rabo que no había perdido ni un ápice de su dureza. Sin manos, los labios abiertos solo por el instinto y la firmeza del instrumento se abrieron para dejar paso al glande morado y descubierto por una fimosis. Él me sujetaba las caderas y yo con los codos apoyados en su pecho le rodeaba con las manos la cara de ángel que escondía un diablillo travieso. Besaba sus labios que guardaban mi propio sabor como un tesoro, la legua incansable recorriendo su dulce boca. Entró en mí despacio, suave, los labios rodeando su dureza como queriendo absorberle por el rabo. Yo estaba encima, mandando y después de unos segundos quieta en los que solo me dediqué a sentirle en mi interior comencé a moverme golosa, despacio, quería hacerlo largo, sentirle mucho tiempo dentro. Pero aunque hubiese eyaculado en ese momento yo me habría sentido satisfecha pues estaba siendo un amante exquisito y considerado. Mas no ocurrió tal cosa pronto él se acompasó conmigo y cada vez que yo bajaba él daba un golpe de cadera para clavarse mas profundamente, con los talones apoyados en el brazo del sofá haciendo palanca. En veinticinco minutos por el reloj del video no se había corrido ni la dureza había bajado en lo mas mínimo. -Este chico es una mina- pensaba arrobada mientras lo disfrutaba a tope, mis líquidos vaginales chorreando por sus testículos depilados. Durante todo ese tiempo él no dejó de acariciar mi piel de los muslos a mi cara que acariciaba con delicadeza. Pasando por las nalgas a las que alcanzaba con sus largos brazos. Y dedicando un especial cuidado a mis pechos que siempre han sido una de mis zonas erógenas preferidas. Me acariciaba la espalda rascando suavemente la línea de la columna cuando yo me inclinaba lo suficiente sobre él para besarlo. O era él quien se incorporaba para lamer mis labios, sorber mi lengua o comerme los pechos pasando la lengua por los pezones mordisqueándolos con mucha suavidad o besándolos. Yo había perdido la cuenta de las veces que me había corrido y aquello no bajaba. Me la saqué y le indiqué un cambio. Apoyé las rodillas en el sofá y los brazos y los pechos en el respaldo y él de pie detrás de mí volvió a penetrarme. Con qué cariño me acariciaba las nalgas mientras seguía follandome. Se ensalivó un dedo y lo deslizó por la raja de mi culo en busca de mi ano incluso haciéndolo entrar un poquito. Nadie me lo había hecho antes, las dos sensaciones combinadas me subían al paraíso, estaba gozando como una perra, orgasmo tras orgasmo. Ya no podía controlarle el tiempo pues estaba mirando a la pared pero se me hizo placenteramente interminable. Le pedí hazlo dentro no te preocupes pues en la época tomaba la píldora y sentí en mi interior cada golpe de su eyaculación caliente. Su pene saltaba y se contraía en mi interior como si no quisiera dejar de echar semen. Entonces me dijo -quieta, no te muevas- al oído deslizando la punta de la lengua por mi oreja de ahí pasó a los hombros sin dejar de acariciarme los pechos con una mano y el clítoris con la otra, Pasó su lengua por mi columna de arriba abajo húmeda y caliente. Llegando hacia las nalgas y se metió entre ellas. En esa postura yo estaba totalmente abierta y expuesta con las piernas bien abiertas. Arrodillado tras de mí estuvo un buen rato comiéndome el culito, lamiendo mi ano o bajando un poco mas metiendo la lengua en mi coñito y lamiendo su propio semen mezclado con mis jugos sin que eso pareciera importarle, sin olvidarse de prestar atención a mi clítoris. Yo me retorcía sin saber como no me había desmayado de placer. Quise prestarle el mismo servicio y me deslicé hacia el sofá hasta quedar tumbada de espaldas. Él se colocó encima de mí en un perfecto sesenta y nueve. De inmediato me hice con su polla que olía a mi propio sexo y por la que quedaban restos de su corrida abundante y que perdía despacio su perfecta dureza. Eso no importaba, recibía las caricias de mi lengua con gusto y esa era la única forma de poder metérmela en la boca entera, dado el tamaño que adquiría cuando estaba en erección era imposible. Mi propio sexo seguía chorreando en su lengua juguetona y logró que me corriera alguna vez mas mientras yo le lamía los testículos y le devolvía los favores en su ano con uno de mis dedos. Aunque seguimos acariciándonos un rato mas no conseguí que volviera a endurecerse, pero tampoco me importó, otro polvo mas en aquellas condiciones hubiera acabado conmigo. El se giró y se tumbó sobre mi con el sabor de mi coño en sus labios, nos besábamos sin dejar de tocar la piel del otro y sin dejar de decirnos ternuras. A la luz de mi salón era todavía más guapo que en la oscuridad del concierto. Desnuda y meneando las caderas me fui a la cocina a preparar café para reponer fuerzas, él iba a necesitarlas para coger el coche y no dormirse al volante al regreso a su pueblo. Él me siguió tal y como su madre lo trajo al mundo y me acorraló contra la encimera para volver a besarme los pechos, era incansable y tenía muchas ganas de mi cuerpo. Volvimos al salón con el café y la mermelada y desnudos sobre la alfombra hicimos un desayuno temprano. Para la mermelada usamos como plato el cuerpo del otro y como cubiertos solo la lengua con la que lo lamíamos. De allí a la ducha y ya recuperado en la bañera si que se le volvió a poner dura y con mucho cuidado y delicadeza como se había comportado toda la noche y usando el aceite de baño como lubricante me desvirgó el culito. Se sentó en el fondo de la bañera y sin dejar de recorrer mi húmeda piel con sus poderosas manos o sosteniéndome el culo con ellas me fue bajando hasta quedar sentada sobre su polla donde descubrí que con la adecuada ternura y cariño y mucho lubricante se pueden tener orgasmos en todo el cuerpo. Aunque pensaba que después del tratamiento que había recibido durante las horas anteriores no iba a volver a corredme en meses. Evidentemente le arranqué la promesa de venir a visitarme cada vez que volviera por la ciudad cosa que cumple como el caballero que es y yo me quedé con su teléfono para poder llamarle si iba por su pueblo. Aun pude deleitarme contemplando sus bellas nalgas cuando se ponía el tanga y como se tenía que acomodar los huevos y el rabo para hacerlos caber en tal estrechez, los músculos marcados de sus piernas al ponerse los pantalones y los pectorales y bíceps al intentar encerrar el pecho en la estrecha camisa. Hasta despedirlo con un profundo y cariñoso beso en la puerta de mi apartamento. Desnuda y feliz pude acostarme.

La siguiente vez lo visité en el pueblo donde pudimos follar en el pajar, en la era, y rememorar un montón de mitos eróticos rurales.