Mostrando entradas con la etiqueta incesto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta incesto. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de julio de 2021

Salida

Me hubiera encantado afanar uno de esos carteles que en los edificios indican la "salida" y colgarlo sobre la cabecera de mi cama. Pero uno bien grande en verde fosforito y de los que brillan en la oscuridad. ¡De esta me gano el cartel! He tenido experiencias, tanto con chicos como con chicas y la verdad es que a mis diez y nueve años me encanta el sexo. Me llamo Sonia y adoro el placer de unas manos y una lengua recorriendo mi piel aunque a temporadas, por suerte no muy largas, tengan que ser mis propios dedos los que me den placer. Me gusta vestir sexi, faldas y pantalones muy cortos y ajustados, tops pegados y con grandes escotes. He hecho el amor con chicos y chicas, cuerpos y pieles calientes, gente con la que disfrutar sean como sean. No me considero ninfómana solo por que soy capaz de concentrarme en otras cosas cuando lo considero necesario. Estaba echándole un vistazo a algunas de mis webs de citas preferidas. Una tarde aburrida con el móvil, pasando fotos de desconocidos, desconocidas y algunas bellezas a medio camino, transexuales con poca o ninguna ropa. Mi mano ociosa se deslizó por debajo de mis shorts de lycra, muy ajustados, muy muy cortos y muy cómodos para estar en casa, en busca de mi pubis depilado. La caricia era suave, dulce sin prisa humedeciéndome a un ritmo lento. Mojando un tanga tan pequeño que apenas cubría los labios y el monte de Venus. Por mí estaría desnuda del todo, pero no sé por qué aún me daba algo de vergüenza estar completamente en bolas delante de mis padres, aunque nunca llevaba mucha ropa ante ellos. Pasé a la sección de parejas en mi ciudad. Un respingo sacudió mi cuerpo. Conocía esa habitación, la cama, el edredón, hasta el estucado de las paredes y ese cuadro al fondo. Era imposible pero ahí en la pantalla estaba la habitación de mis padres. Tuve que levantarme de la cama y encender el ordenador para comprobar los detalles en una pantalla más grande. Detalle por detalle, cada mueble reflejado en el enorme espejo que ocupaba las puertas del armario empotrado. Allí en el medio de pie sobre la cama una impresionante morena. El móvil con el que se había hecho la foto tapaba su rostro de forma estratégica. Su cuerpazo voluptuoso enfundado en un body de encaje muy escaso que desnudaba su cadera y le dejaba un impresionante escote entre sus pechos talla cien. Una milf perfecta. Y yo sabía su talla por que había curioseado en sus cajones sus sujetadores. En la siguiente foto la morena con la cara pixelada vuelta hacia la cámara aparecía a cuatro patas luciendo su culazo en el tanga que la prenda dejaba. Aumenté el tamaño de la imagen en pantalla hasta poder ver una marca de nacimiento que mi progenitora tenía en la parte alta del muslo. Eso lo había visto muchas veces cuando Sara llevaba bañadores y bikinis en la playa o la piscina. ¡Joder!, sabía que mi madre estaba buena con su tripita plana y su figura de reloj de arena pero en aquellas imágenes posaba completamente lasciva. Una foto más acostada boca abajo en la que su culazo se apreciaba de maravilla. Viendo todo eso no me quedó mas remedio que reanudar la paja que había interrumpido por el sobresalto. ¡Un momento! ¿De dónde demonios había sacado Sara ese body?, no recordaba haber visto prenda tan provocativa entre su lencería y mira que la había revisado veces. ¡Será cabrona! Como una exhalación me lancé a mi propio cajón y allí estaba bien doblado y recién lavado pues yo me lo había puesto el fin de semana anterior. ¡Si a esa zorra le quedaba mejor que a mí! su cuerpo mas voluptuoso lo llevaba mejor. Sus tetas dos tallas mayores que las mías quedaban preciosas, mas de la mitad asomaba por el escote. Y su culo se veía espectacular enmarcado en el encaje. Me lo iba a dar de sí. Una foto más donde se había sacado las tetas por el escote en uve y juntándolas las amasaba con sus manos mostrando el pezón grande y oscuro entre sus dedos, ni se había quitado la alianza. Y yo me sorprendí a mi misma terminando de hacerme el dedo ante las fotos de mi querida mami y llegando a un fantástico orgasmo. Sacándome el short para dejarlo colgado de una sola de mis rodillas. Chorreando ante la pantalla de mi ordenador, mojando mi escaso tanga. Acariciando mi clítoris, llevando el dedo a la lengua para saborearme. Frotando los labios de la vulva con dos dedos y luego penetrándome con ellos hasta correrme. Las imágenes iban acompañadas de un sencillo texto donde explicaba que buscaba una chica para ella y para su marido. Una chica bisex con la que follar y que ofrecerle a él como regalo de aniversario. Todo ello era un shock para mí, por una parte me sorprendía esa actitud en mis padres que nunca se habían mostrado demasiado liberales ante mí. Tampoco es que fueran muy retrógrados, solo parecía que el sexo no les importaba mucho, vaya eso solo eran apariencias. Ni pensaba que a mi madre le fuesen las chicas hasta ese momento. Nunca la había visto mirar a otra mujer de forma lasciva o soltar un comentario sobre el físico de alguna fémina. Quizá sólo querían experimentar, y nunca habían hecho nada así, no lo sabia. Por otro lado me ofendía que buscasen fuera lo que ya tenían en casa y no se habían dado cuenta, una jovencita morbosa encantada de cumplir con todas sus fantasías licenciosas. Quizá fuera por mi causa, por mi actitud desinhibida y por la escasez de mis atuendos con los que me paseaba por casa y para salir, provocativa, por lo que habían decidido ampliar horizontes. Puede que fuera yo la que les había empujado a tener esas fantasías. Visto que ellos ya estaban abiertos a esas posibilidades era yo la encargada de que las cumplieran conmigo. No me daría ningún reparo. Es más me ponía como una moto al pensar en compartir su cama. Solo de pensar en tener a mi padre follando mi coñito mientras yo lamía el de mi madre me excitaba a punto del orgasmo. Dudaba si contactar por la página o provocarles aún más en casa hasta que no pudieran aguantar más y se lanzaran sobre mi caliente cuerpo. Pensaba en algo así como ir en top less directamente o con un tanga que dejara el culo al aire para estar con ellos. Me decidí por una estrategia mixta y hacer las dos cosas. Después de marcar su anuncio como uno de mis favoritos para meditar un poco mas en la respuesta que le daría. Empecé a seleccionar entre mi ropa lo que dejaría de usar por casa para lucir más de mí piel. Mientras hacía eso podía pensar en una buena respuesta a su anuncio. Empezar con algo neutro cómo si no me hubiera dado cuenta de que eran ellos. No saltar a la yugular y asustarlos. Cómo hacía calor la parte de casa no fue difícil. La primera vez que salí de mi cuarto sin camiseta y me puse a ver la tele con ellos con las tetas al aire a mi padre casi se le desencaja la mandíbula. - Nena ¡ponte algo encima, por favor! -¡Pero si hace mucho calor! Tú no llevas camiseta y no te decimos nada. - Pero yo soy un hombre y no tengo tetas. - ¡Si que tienes y pezones y todo! Tuvo que mediar mi madre en la disputa que iba medio en serio, medio en broma. - Tú, deja a la niña en paz. Y tú, intenta no levantar pasiones ¡hija! El tono de mi madre tampoco iba muy en serio, y además me estaba mirando los pechos descarada. Así que me salí con la mía y me pasé toda la tarde con las tetas al aire. Solo tapada con el short de lycra. Un par de horas más tarde mi madre se animó a imitarme enseñándonos a los dos sus preciosos melones. Era la primera vez que se las veía al natural de frente y tan cerca. Alguna vez había tenido un vistazo fugaz mientras se cambiaba y las había visto en las fotos de la web. Me di cuenta que ya tenia una aliada en mi propio campo. Acalló las propuestas de mi padre con un: - Como si no me las hubieras visto y tocado nunca. Al día siguiente cambié el orden de las prendas. Me puse camiseta, reducida y sin sujetador debajo, eso si. Pero de cintura para abajo lo único que llevaba era un reducido tanga rojo que dejaría ver el vello de mi pubis si me hubiera dejado alguno. Al verme así mi padre estuvo a punto de la apoplejía. Si el día antes ya le salía humo por las orejas, esa tarde al verme el culo desnudo la sangre se le fue directamente al sitio que yo pretendía. Sara volvió a apoyarme aunque no le hizo falta insistir mucho. Cuando volvió de la cocina otra vez con las tetas al aire Mario se quedó sin argumentos. Yo me pegué al cuerpazo de mi madre y le di un largo, húmedo y cariñoso beso en la mejilla. Haciéndole notar la dureza de mis tetas en su brazo. Para entonces ya tenía pensado lo que les iba a escribir por la página web. Me haría la despistada. Presentándome como una jovencita a la que había llamado la atención su anuncio y sus fotos. Al principio solo un mensaje de texto. Por las fotos publicadas en mi perfil no me reconocerían. No las había hecho en casa sino en la playa y con un bikini prestado por una amiga muy muy pequeño que mi madre nunca había visto o lavado. Lógicamente mi amiga me había dejado el reducido bañador y no solo eso. Me había hecho las fotos en las que enseñaba las tetas y el coñito apartando la tela. Yo le hice a ella algunas fotos del mismo estilo Y luego lo habíamos pasado muy bien juntas. - He visto tus fotos y me has parecido muy morbosa y guapa. Soy bisexual y me gustaría conocer a una pareja interesante. Envíe el mensaje y ese mismo día ya tuve la notificación de que Sara, suponía, había visitado mi perfil. Pero no contestó hasta que mi padre volvió por la tarde del trabajo y pudieron hablar tranquilos un rato más tarde. Eso me confirmó que no era cosa solo de mi madre, que los dos estaban en el ajo. Su respuesta me animó aún más. - Nos has parecido una chica muy sexi estaríamos encantados de conocerte mejor. Bueno, ahora tenía que subir las apuestas. Al día siguiente cuando mis padres estaban desayunando en la cocina salí de la ducha con la única indumentaria de una toalla atada en la cabeza recogiendo mi melena. Meneando las tetas y la cadera, orgullosa de mi xoxito depilado fui a recoger mi taza de café. Mi madre llevaba como única vestimenta un sencillo tanga de algodón que no le tapaba prácticamente más que los labios de la vulva. Mi padre un ajustado bóxer de lycra que empezó a abultar según yo me paseaba del frigorífico a la mesa. Era sábado y ninguno de los dos trabajaba. Mi exhibición descarada les había dejado sin palabras aunque ellos no llevaban mucha ropa encima. Al final fue Sara la que saltó pero después de un buen rato recreándose en mi desnudez. -¿No piensas ponerte nada encima? - Hace mucho calor. Luego me pondré algo fresquito. Esa semana le había vuelto a pedir prestado el bikini de las fotos a la amiga que me las había hecho. Mi amiga había pedido su precio por el préstamo que pagué encantada, nos montamos un sesenta y nueve sobre su cama. Volviendo a la mañana con mis padres me divertí torturando un rato más a Mario paseando el culito delante de sus ojos y de vez en cuando arrimándolo a su polla o a su cuerpo. O inclinándome sin doblar las rodillas les dejaba ver los labios de mi vulva. Sabía que ambos me miraban y me exponía más separando los muslos sentada a un lado de la mesa de la cocina. Cuando terminé el café pensé que era hora de terminar con la broma y ver si ellos eran capaces de reconocer el bikini. Solté la toalla y deje la melena suelta caer por mi torneada espalda. Meneando el culo me fui para la habitación a ponerme la diminuta prenda. Por el pasillo les oía. - ¿No se ha vuelto muy descarada la nena? - Déjala, es joven y tiene que disfrutar. Nosotros lo hacíamos a su edad o ya no te acuerdas. - Claro que me acuerdo y por eso esta ella aquí. Por lo bien que lo pasábamos juntos. - Creo que ella tiene más cabeza que nosotros. He visto los condones en su cajón. - Eso espero por que con lo buena que está se la tienen que comer viva. Espero que nos haga abuelos a nuestra edad. - ¡Así que tu también te has fijado!. - Como para no fijarse si nos lo ha enseñado todo. Y suéltame la polla que como salga se va a dar cuenta que la tengo empinada. - Pues claro que se va a dar cuenta si es ella quien te la ha puesto como un leño. ¿ No te gustaría que la que contestara al anuncio fuera como ella?. - Por lo que hemos visto se le parece mucho pero creo que la nuestra es más guapa. Como para que no se me ponga dura si me ha pegado el culo al nabo varías veces. Y tú tienes el xoxito empapado cielo. Ese tanga está bien mojado. Los oía desde mi cuarto pues había tenido la precaución de dejar la puerta abierta. Mientras me ponía el bikini y buscaba en el cajón el body de encaje para mi madre. Este lo llevaría en la mano pero oculto tras la espalda. Aunque hice ruido al caminar por el pasillo casi les pillo juntos metiéndose mano. Tan ocupados estaban. De un bote se separaron justo cuando yo atravesaba la puerta de la cocina. Me quedé en el quicio sacando pecho y con las manos juntas detrás de la espalda. Solo tardaron un segundo en reconocerme. A Mario se le desencajó la mandíbula mientras su polla que era lo que yo estaba mirando daba un bote bajo su pegado bóxer. Sara me miraba con una increíble cara de vicio. - Bueno parece que ya habéis caído. ¿Os gusta la chica que habéis conocido en la página web? - Cielo ya sabrás que nos preces preciosa, pero ¿como vamos a hacer esa barbaridad? Mario como siempre intentando poner un poco de cordura y cortando la diversión. Le lancé el body a Sara que lo recogió sobresaltada. Reconociendolo de inmediato con una lasciva sonrisa. Sin mediar más palabra por su parte se sacó el tanga que tenía puesto. Tan sensual como siempre empezó a ponerse la prenda que yo le había llevado. Al vivo le quedaba mejor que en las fotos. Pero mimosa me senté sobre los muslos de mi papi. Rodeé su cuello con mis brazos y empecé a darle besitos en su carrillo subiendo despacio hacia su oreja. Mi culo desnudo desnudo por el mínimo tanga estaba muy cerca de su durísima polla. Mi madre una vez que había admitido que no le disgustaba la idea poniéndose mi body me había dejado a mi suerte. Igual debía haber empezado con ella a solas y luego entre las dos intentar convencer a mi padre. Pero ya no podía echarme atrás. Al llegar a la oreja de Mario la besaba y lamía mientras le decía. - ¿Para qué vas a buscar fuera lo que ya tienes en casa? ¿Quién te, os va a querer más que yo? - pero si te doblamos la edad. ¿Como te vas a fijar en nosotros? Poco a poco se rendía, ya no decía que era mi padre. Mientras le pasaba mi teta apenas cubierta por el pequeño sujetador por su torso poderoso. Frotándome descarada con su cuerpo. - Vosotros estáis muy buenos, cualquiera de mis amigas o chicas o chicos de mi edad follaría con vosotros. ¿Y no era eso lo que pedíais por Internet? - Bueno si, pero teníamos pensado alguien más mayor. De unos treinta o algo así. -¿Y no es mejor lo que tienes encima? papi. Por fin puso sus manos sobre mi piel. Echó mano a mi culito y se rindió a la evidencia. La otra mano acariciaba mi muslo con ternura y cariño. -¿Seguro que tú lo quieres? cielo - Nunca había estado tan convencida en mi vida. Echó una mirada por encima de mi hombro a mi madre que le sonrió para darle ánimos. La mano del muslo subió a mis tetas que dejó al descubierto apartando las copas del sujetador. Pellizcó con suavidad mis pezones mientras su boca ya liberada de complejos buscaba la mía. Le di mi boca, mi lengua y mi saliva. Y puse todo mi corazón en ese beso, y mucha lascivia. Acariciando su cabeza, revolviendo su cabello dejé que nuestras lenguas se cruzaran dejando caer saliva sobre nuestros pechos desnudos. Sus fuertes manos acariciaban con ternura la piel de su hija. Sara mirándonos había apartado la tela del body de su coñito. Como en alguna de las fotos que había visto se estaba haciendo un dedo, excitada por lo que hacíamos. -Ya que nos hemos decidido. ¿Por qué no volvemos a la cama? Nos dijo mi madre. Mario me cogió en brazos como cuando de niña me llevaba dormída a mi cama. Pero esta vez con mis brazos rodeando su cuello me llevaba a la suya. Sara caminaba detrás esperando su momento para colaborar. Estaba deseando quitarle el boxer a su marido. Lo hizo en cuanto este me arrojó sobre el colchón. Aún estaba deshecha, su olor, su sudor, el de ambos, todavía impregnaba la sábana. Me los quedé mirando mientras mi madre le bajaba el calzoncillo a mi padre y de allí saltaba dura como acero templado su polla. Le puso una mano en el pecho para que se quedara quieto mirándonos. - Ahora me toca a mí. Sara se vino encima de mí, con sus tetazas aún cubiertas por el encaje sobre las mías. Ahora era ella la que buscaba mis lascivos besos. Su lengua cruzándose con la mía y dejando caer saliva en mi boca. Nunca, ni en mis mas viciosos sueños hubiera pensado que mi madre pudiera ser tan guarra, hasta que vi la página web, claro. Ansiaba volver a mamar de esos pechos. Así que bajé los tirantes de la prenda para desnudarlos. Haciendo que se incorporara lo justo para mordisquear esos pezones duros y que asomaban casi un centímetro. Ella aprovechó para librarme del sujetador que completamente descolocado ya no tapaba nada de mis tetas. Mí padre sin perder detalle se acariciaba el nabo con parsimonia esperando por un agujero en el que meterlo. Ahora era la lengua de mi madre la que recorría mi piel bajando por mi anatomía. lamiendo mis axilas suaves, besando mis tetitas, metiendo la lengua en mi ombligo. Seguía despacio haciéndome desear más de su experiencia con chicas. Separando bien los muslos dejé que se acomodara entre mis piernas. Las levanté para darle cómodo acceso a toda la zona. Enseguida ella agarró mis nalgas. Un segundo más tarde tenía su lengua entre los labios de mi vulva buscando el clítoris. Y yo gimiendo como una loca. Bajó por el perineo hasta clavarla en el ano. Y así me corrí, como no lo había hecho nunca. la carita de mi madre con mis jugos y soltando un grito que esperaba no hubieran oído los vecinos. -Ven papi, arrima esa polla que quiero probarla. Se arrodilló sobre el colchón junto a mi cabeza mientras mi madre seguía en busca de mi segundo orgasmo. Una larga lamida a sus testículos le hizo soltar un fuerte gemido. Me dediqué un buen rato a chuparlos como mis caramelitos. Antes de subir con las lengua por el tronco de la polla. Aquello estaba duro, marmóreo. Era un gustazo recorrerla con mi lengua. Lamerla como si fuera un polo de helado. Hasta que pude meterme el glande en la boca. Apenas me cabía nada más, dado su tamaño y consistencia. Jugaba con la lengua acariciándolo y apretándolo contra mi paladar. Pero lo quería en mi coñito, aunque deseaba probar el sabor de su semen. Lo necesitaba primero en mi chocho. Mi madre previsora había sacado condones de su cajón. A saber con quién los habían usado pues ella tenía hecha una ligadura de trompas hacía unos años. O puede que como el body fueran un préstamo de mis cajones. Si me descuido no llego a ver como se lo calzó con una inusitada pericia. Tuvimos que reorientarnos. Para poder disfrutar las dos de las atenciones de mi padre. Sara me dejó la polla encantada. Lo hicimos tumbar boca arriba y yo despacito me fui clavando su rabo en el chichi. Dejándome caer sin prisa sobre su cadera. Disfrutando cada segundo de aquel momento inolvidable. Mi madre más acostumbrada a que la acariciara fue a sentarse sobre su cara. Dejando que Mario la acariciara con la lengua. Su coñito y culo recibió sus atenciones. Nosotras de frente nos mirábamos a los ojos con cara de lobas. Un segundo antes de que yo lo hiciera Sara se lanzó a lamer mi lengua y meter la suya en mi boca hasta la campanilla. Aún pude saborear algo de mis jugos entre sus labios. Sus manos no paraban de acariciar mis tetitas duras y las mías de amasar sus voluptuosos melones. Mientras iba de orgasmo en orgasmo con la polla de Mario clavada en mi interior. Mis nalgas apoyada en sus muslos, notando sus huevos casi en mi ano y moviendo mi cadera adelante y atrás. Sé que mi madre se estaba corriendo tanto como yo pues a cada orgasmo corría el riesgo de perder la sin hueso entre sus dientes. Así perdía el control, cerrando la boca sobre mi lengua. Al fin mi padre se corrió dentro del condón, dentro de mí y ambas nos derrumbamos a sus costados sin dejar de acariciarnos los tres. - Ha sido maravilloso. Sois unos amantes excepcionales. ¿Como es que nunca me había dado cuenta de que os gusta tanto el sexo, - Siempre hemos tenido cuidado de hacerlo cuando no estabas, o fuera de casa o bien dormida. Pero siempre nos ha gustado mucho y lo hemos disfrutado. - Pero seguro que no es el primer trio que hacéis. - Hacia tiempo ya. Pero si hemos estado con más gente en una cama. A veces más de uno a la vez. Me estaba quedando ojiplática con esas confesiones y quería enterarme de todos los detalles. Además de esperar a que mi padre se le volviera a poner dura para disfrutarla de nuevo. También deseaba comerle el coñito a Sara. Lo que en realidad fue algo simultáneo. Mientras saboreaba a Sara, el aparato de Mario al vernos juntas recuperaba la verticalidad. No he de decir que repetimos muchas veces cuando nos apetecía tener sexo en casa. Que yo he llegado a disfrutar de algunos de sus amigos y ellos de los míos. Ver a mi padre chupando otra polla o follando un culo de chico ha sido de lo más morboso que me pasado nunca. Aún más que los tríos con los dos y ya es decir. .

sábado, 5 de junio de 2021

Nyotamori rural, comiendo conejo

. Comiendo conejo Mi primo me invito a comer, un sábado, en pleno verano y con el calor que hacía el plato principal asombraba un poco. Guiso de conejo, un animal recién traído del pueblo de los abuelos. Criado en casa sin piensos artificiales. Aún no se si se trataba de una indirecta o simple casualidad. Y yo con una ensalada y su trabajado cuerpo me hubiera conformado. Siempre nos habíamos llevado bien pero nunca tuvimos nada juntos. De chicos por que no nos habían dejado solos el tiempo suficiente para que los juegos subieran de nivel. Y de mas mayores por que nunca coincidimos sin pareja. Cuando yo estaba disponible él tenia novia o novio, que tampoco le hacia ascos a una buena polla. En sus épocas de soltería era yo la que estaba liada con alguien, chico o chica. Yo también soy de gustos amplios. Y esas casualidades me jodian. Por que la verdad excepto en su etapa de niño pijo repelente en la que no había quien lo aguantara, el resto del tiempo estaba más que bien, con un cuerpo muy apetecible y un carácter dulce y cariñoso. Ese sábado estaba como para comérselo, con un vaquero todo roto enseñando unas pantorrillas y unos muslos que parecían esculpidos por un artista griego y una camiseta ajustada a su torso de nadador. Incluso su piso de soltero parecía limpio y ordenado para mi asombro. Al abrirme la puerta el olor de la cazuela ya abría el apetito. Yo vestía o más bien lucía mi cuerpo con una leve minifalda con el vuelo suficiente como para poder enseñar el culo si me giraba con la suficiente rapidez. Y un top con espalda desnuda que dejaba botar mis tetas libres de sujetador y marcaba mis pezones en la suave tela. No es que quisiera provocado adrede, es que iba a ponerlo cachondo. Al verme en su puerta con esa indumentaria se quedó ojiplático. Pero no estuvo mucho tiempo paralizado. Como esperaba me cogió de la cintura y me plantó dos besos en las mejillas, muy cerca de los labios. Aproveché para pegarme a su cuerpo. No me colgué en ese momento de su cuello y le di mi lengua por que quería disfrutar la espera. - Huele muy rico primo. - Tu también. Llevas un perfume estupendo. - No llevo, es solo la ducha y el olor de mi piel. - Pues huele que alimenta. Me dijo con su carita de no haber roto un plato en su vida. Y a la vez su sonrisa era lasciva e incitante. Entré por fin a su piso encaminando hacia la cocina meneando la cadera. Sabía donde estaba mirando y se lo permití. Levanté la tapa de la cazuela y el vapor que salió empañó mis gafas. Pero estaba deseando sentarme a la mesa, y luego pasar al postre, lo que tenía mi primo entre las piernas. Paciencia, por supuesto, antes de sentarnos me ofreció un aperitivo. El pacharán también venía de casa del abuelo hecho con bayas recogidas por ellos. Hasta las aceitunas venían de su olivo. -¡Menudo banquete! ¿Todo es del pueblo? - Hasta el anfitrión viene de allí, prima, y la invitada. Sentados en su sofá, sin prisa, saboreando las copas. Nos mirábamos a los ojos con sonrisas cómplices. Pero también mirábamos más abajo. Yo me deleitaba viendo sus músculos en la ajustada camiseta y su torso poderoso. Sus ojos azules recorrían mi cuerpo con una expresión lasciva. El mueble es tan bajo que mi faldita, aunque me había sentado sobre ella, había trepado por mis muslos descubriendo más carne. Incluso con las rodillas juntas sabía que él no se había perdido un detalle. Por fin pude sentarme a la mesa que hasta lucía un mantel blanco de tela. Si me lo dicen no me lo creo. Esta vez eché la tela hacia atrás sentándome directamente sobre la silla. Mi primito venía de la cocina con algo en las manos. Al ver mis piernas así dio un traspiés que casi me tira la fuente de la ensalada encima. El tablero de la mesa es de madera sólida sino hubiera podido ver como, nerviosa y excitada, no hacia más que frotar mis muslos uno contra otro. Apartaba y juntaba las rodillas como una colegiala ante su primer novio. El tinto de la tierra estaba estupendo. -¿Quieres emborracharme? - Espero que no haga falta. - ¿Falta para qué? - Para el resto de la tarde. Creo que me sirvió las tajadas con más huesos del plato. Así que no tuve más remedio que empezar a comer con los dedos. A los cinco minutos estaba con los dedos pringados de grasa. Como ya habéis deducido soy algo paleta. Pero me encanta, para limpiarme los dedos para qué usar la servilleta. Me los chupaba con la expresión más lasciva que podía poner. Haciendo morritos cada vez que me metía uno en la boca y no era yo la que pensaba en hacerlo como si fuera una polla. Bueno si era yo. Nos mirábamos a los ojos con las manos pringadas de salsa. En algún momento uno de los dos tenía que dejarse de tonterías e ir al grano. Aún esperaba que fuera él hasta que se me hincharon los ovarios. Mientras los huesecillos se amontonaban en el borde del plato. Fui yo la que cogí su mano y me puse a chupar sus dedos en vez de los míos. Como él me correspondió un segundo más tarde lamiendo mi pulgar e índice deduje que ambos lo deseábamos. Solo pensaba en que me arrancara el tanga y me comiera el chumino con los labios llenos de grasa. Pero empezar por los dedos había demostrado ser algo interesante. Me estaba poniendo muy cachonda. Y más cuando subió pasando la lengua por la muñeca. En ese momento me olvidé del conejo y pasé a pensar en el postre, él. Y eso que a un lado había dejado una enorme tarta de crema y chocolate. No hará falta decir que además soy muy golosa. Me aparté de la mesa para dejarle sitio para maniobrar. Lo que permitió que se acercara. Siguió lamiendo todo el brazo hasta levantarlo y pasar su lengua juguetona por la axila. Sólo tenía que soltar un nudo en mi nuca para que el top cayera hasta mi cintura y desnudara mis pechos. Así podía seguir usando su lengua por toda mi piel. - ¡Prima que tetas más bonitas! Sabía que estaban bien, pero al natural son preciosas. ¿Me dejas comerlas?. - Gracias primo, para echarte un piropo así tendría que ver más de ti. Puedes comer lo que quieras, ya que me has invitado tú. Le dije sonriendo. Y cogiendo su camiseta, tirando de ella para desnudar su torso. Desde luego que ya lo había visto antes sin camiseta pero seguía impresionandome. El trabajo le estaba dejando unos músculos con una pinta deliciosa, estaba deseando lamerlos. Probar y mordisquear esos pezones con pinta de durísimos. Creo que iba a necesitar ropa limpia para salir de allí. Tiré su camiseta y el top al sofá antes de besarlo. Su lengua se enroscaba con la mía. Aún teníamos el sabor de la comida en la boca. Y aún estábamos al lado de la mesa. Lo que él aprovechó para cogerme en sus fuertes brazos y tumbarme en el tablero con mis piernas colgando. Enseguida noté como sus manos se deslizaban por mis muslos arriba para librarme del tanga. A un lado tenía la tarta y al otro los restos del plato principal. Y justo entre mis muslos su cabeza bajaba despacio hacia mi xoxito. Con su sonrisa lasciva me dijo: - Este es el conejo que estaba deseando comer desde hace mucho tiempo. Voy a disfrutar este manjar. -Todo tuyo primo. Mi conejito está deseando que le den mimitos. ¿Como lo prefieres? ¿Dulce o salado? Con los dedos recogí parte de la cobertura de chocolate de la tarta y me la puse sobre los labios de la vulva. Si el tema iba a ser sexo gastronómico yo pensaba colaborar. La crema me la puse sobre los pezones y una guinda en el ombligo para que siguiera saboreando mi cuerpo. Además de todo un reguero de dulce por donde deseaba su lengua en mi piel. Su primer lengüetazo fue directo a por mi clítoris y me estremecí al notarlo. Separé aún más los muslos dejando sitio para que pusiera esa lengua que tanto había deseado donde él quisiera. El frío del chocolate, el calor de su lengua en mis labios y mis jugos fluyendo como de una fuente, todo hizo que me corriera en cuestión de segundos. Tiró de la falda para dejarme completamente desnuda sobre su mesa. De invitada había pasado a ser el postre o el plato principal. Su lengua, sus labios, sus dedos los notaba por todo mi cuerpo y lo estaba disfrutando. Solo paró un momento para quitarse los vaqueros y resultó que bajó ellos sólo tenía su polla bien dura. Sin ropa interior. Me la acercó a la cara desde el otro lado de la mesa. Ahora fui yo la que se la embadurné de tarta para no quedarme sin postre y que fuera más sabrosa de lo que ya se veía. Empecé a pasar la lengua desde los huevos que depilados, suaves y endulzar me metí en la boca para chuparlos. Lamí y besé el tronco subiendo sin prisa hacia el glande. Cuando lo tuve en la boca sujeté su cadera para que no me llegara al esófago. No por que el no fuera cariñoso y delicado, sino por que en el calor del momento la situación podía írsele de las manos... o más bien del rabo. Incluso subió una rodilla a la mesa al lado de mi cabeza para dejarme acceso libre a su prieto culo. Mientras le mamaba la polla pude deslizar un dedo en su ano. Mojado en la salsa del conejo como lubricante pude metérselo hasta la segunda falange. - ¿Primo te quieres correr en mi boquita? - Me quiero correr en todas partes prima, pero como no me falta nada empezaremos por tus dulces labios. Efectivamente un segundo después noté su leche en mi lengua y el paladar por la postura. Volví a pillar de la tarta para que me besara y darle en la boca la mezcla de todos los sabores. Por una de mis amigas que se lo había follado sabía que no se iba a negar. No me hizo falta llamarlo, él mismo se inclinó a meter su lengua en mi boca y jugando con la mía compartir. Creo que, al final, él se llevó la mayor parte sin una protesta al probar su semen. A pesar de todas las guarradas que llevábamos aún quedaba tarta y yo no me iba a perder la oportunidad de ponérsela encima. Con el calor que hacía y el que llevábamos nosotros ni el suelo de la cocina de gres estaba frío. - ¡Al suelo primo! - ¡que me vas a hacer? - Ya lo verás y sentirás. Tumbado boca arriba en las baldosas dejó que le pusiera lo que quedaba del postre por las zonas que yo quería lamer, en realidad todo su cuerpo. Aún quedaba para ponerme yo algo más por las tetas. Pero empecé por sus pies, chuparlos con lascivia dedo a dedo. Subir por el empeine por sus duras pantorrillas, por esas ejercitadas piernas que siempre me habían gustado. Con ese tratamiento su polla volvía a ponerse dura a pasos agigantados. Levantarlas hasta su pecho para dejarme el durísimo culo a mi merced. Lo pringué bien de crema para quitar el sabor de la salsa, pues ya sabía que él lo tenía escrupulosamente limpio. Cuando notó la punta de mi lengua en su ano gemía como una putita. Y yo tenía justo delante de los ojos su orgulloso nabo apuntando al techo. Tampoco me privé de untarlo de comida y volver a lamerlo, pero no mucho, pues lo quería en más sitios. Lo bajé al suelo para seguir lamiendo su vientre y pecho. Mordisquear sus pezones duros y oscuros mientras el seguía deleitando mis oídos con sus gemidos y suspiros. Con un nuevo beso lascivo y guarro me incorporé para sentarme sobre su cara y notar de nuevo su lengua en mi coño y además en mi culo. Yo también había tenido la precaución de ir bien limpita por dentro y por fuera. En cuanto noté la lengua en el ano la que gemía era yo. Una vez bien dilatada y con lo excitada que estaba no fue mucho tiempo ni muchos de sus dedos. Me fui moviendo hasta poner mi cadera sobre la suya y poner su glande en mi ano. Con los orgasmos que llevaba esa tarde quería su polla por detrás. Me la fui clavando, bajando el culo y sintiendo como él me acariciaba el clítoris con suavidad. Cuando apoyé las nalgas en sus duros muslos los dos soltamos a la vez un gemido de placer. Se incorporó lo suficiente como para besar mis pezones y yo empecé a moverme con suavidad arriba y abajo. Apoyada en su torso me movía despacio notando cada penetración. Ya no paré hasta que se corrió y me llenó el culo de lefa. Aún tenía fuerza suficiente para volver a ponérselo sobre la cara y recibir allí sus caricias con la lengua hasta lograr un último orgasmo. Conociéndolo no iba a ser el último. Sudados, y pringados de comida, semen y mis jugos por todas partes. Me levanté, metí las ropas de ambos en la lavadora que no tenía muy lejos. Tiré de su mano para llevarlo a la ducha donde nos enjabonamos el uno al otro hasta dejarnos brillantes de lo que nos frotamos el uno al otro. Luego a su cama a dormir una merecida siesta abrazados. Y mientras se secaba mi ropa tras sacarla de la lavadora, volvimos a follar antes de volverme a mi casa. .

miércoles, 28 de abril de 2021

Halcón Millonario

. En el Halcón Millonario no hay mucha intimidad. Es una nave estrecha y vieja y se necesita casi todo el espacio disponible para la carga, claro. Así que llevar pasajeros es un incordio. Ya es bastante sacar pelos de Cookie del desagüe de la ducha. Como si el resto de los sistemas no se estuvieran cayendo a pedazos. Así que le vendrían bien el montón de créditos que el guapo chaval y el viejo le ofrecían por el viaje. Y es que Man no le hacia ascos a un culo bonito y a una cara guapa fueran de quien fueran. Pero con el viejo brujo siempre encima del chico y al asomarse alguna vez al camarote comprobó que esto era literal, no había forma de hacer una aproximación. Y encima los dos malditos robots siempre en el medio, estúpidos cotillas mecánicos. El contrabandista estaba deseando sentar al joven en sus rodillas para enseñarle a pilotar la vieja nave. Pero empezaba a pensar que tendría que seguir sentándose él sobre los poderosos muslos peludos de su copiloto. Las cosas se complicaron aún más después de escapar por los pelos de la horrorosa estación de batalla imperial. Por lo menos se habían librado del viejo y lo habían cambiado por la pizpireta morena. Una gran mejora estética a juzgar por los cánones de Man. La tensión del combate y la adrenalina se disipan despacio mientras la morenita se paseaba por el poco espacio disponible rozando sus tetitas puntiagudas apenas cubiertas por el vestido blanco de gasa semitransparente con todo el mundo. Man sabe que en algún cajón hay guardado un bikini de chapa, ganado en alguna timba a un alienígena que le quedaría de maravilla. El cookie la admiraba con la estolidez propia de su especie. Los dos hombres babeaban tras su estela y los robots perdían aceite. Mientras el piloto se ponía nervioso al ver la sensual y escasa lencería de encaje secándose en los conductos del hiperimpulsor. El tanga blanco y el sujetador cristalino apenas tapaban los duros pezones y el culito respingón bajo la gasa del vestido. Y esos días ni siquiera los llevaba. En el estrecho corredor que lleva a la cabina la princesa le pasa al muchacho las nalgas por la polla que al instante responde poniéndose muy dura a la vez que su cara toma un tono grana. Lo provoca descarada pero el muchacho tiene una experiencia limitada. Hasta ese momento solo había follado con su mentor y ese acoso lo agobia. El contrabandista se levanta en ese momento del sillón de piloto encontrándose con su ruborizado y casi virgen pasajero en el estrecho corredor. Menos mal que están en el hiperespacio y no hace falta manejar los controles, basta con computar la trayectoria. Bueno, casi virgen con mujeres, por que el viejo bien que le daba candela en cuanto hacían un descanso en los entrenamientos. Aprovechó el momento, la oportunidad la pintan calva, y echó mano a su bragueta agarrando por encima de la tela vestuario blanca el duro pene de su pasajero. Que se puso aun mas duro con un jadeo de sorpresa. A su alrededor la vieja nave crujía, vibraba, resoplaba y hacia extraños ruidos como el robot sexual de una ninfómana. Lesa miraba la escena con cara de morbo, mientras Kike agarraba a Man por el cuello y le clavaba la lengua hasta la garganta. Lo hacía con ansias de virgen cachondo buscando la saliva del piloto. La chica seguía contemplando a los dos chicos que se sobaban mientras levantaba despacio la parte de delante de su falda descubriendo sus torneados y bellos muslos y al fin su perfectamente depilado pubis. Una princesa siempre debe estar preparada para todo. Los dos androides también miraban la escena encajados bajo el afuste del cañón láser de babor. No podían hacer mucho ruido o se delatarían como mirones. Empezó a acariciar los labios de su vulva con suavidad. Man devolvió el beso jugando con la lengua del rubio. A la vez bajaba sus mallas blancas desnudando el rabo y el culito duro. Los dedos de la chica se introducían el su vulva o se deslizaban por sus labios. Estaba muy excitada por el bello espectáculo que contemplaba. La otra mano amasaba una de sus tetas por encima del trasparente vestido blanco pellizcando el duro pezón. Sin perder detalle del espectáculo que le daban los dos hombres. El piloto acariciaba con suavidad la polla de su pasajero cada vez mas dura mientras la saliva de ambos resbalaba por sus barbillas a la ropa que aún les cubría. El rubio echando un vistazo a la princesa dejó de perder el tiempo y le arrancó la ropa a Man. Empezó por el chaleco que siempre llevaba y que al muchacho le oscura horrible. Y todo eso en medio del pasillo que lleva al puente, entre el hipermotor y el replicador de comida, no se han molestado en buscar un camarote. Abrió la camisa blanca. Se inclinó a lamer y mordisquear sus pezones oscuros en el pecho depilado, agarrando con las dos manos el culo del dueño de la nave. Amasando sus nalgas, las abría suave pero firme buscando con el índice el agujero del ano. Kike tenía suficiente experiencia con hombres como para saber lo que les gustaba. Un gemido se le escapó al piloto cuando lo encontró. Ya tenia dos dedos dentro del culo prieto del piloto cuando se arrodilló ante él para pasar la lengua por sus huevos y tronco duro arriba hasta el glande. Apoyando la espalda en el hipermotor cuando se metió el tanga de la princesa en la boca para ahogar sus gemidos. Ya lleva días cachondo por la presencia de sus dos bellos pasajeros. Así que al poco notó como el semen subida por su polla hasta la ansiada lengua del rubito donde quedo depositada y notando aun dos de los dedos de este clavados en su culo. Kike se incorporó mirando a la princesa que se acercaba a ellos sinuosa y con mirada lasciva. Para juntar sus labios con los del chico y buscar con la lengua dentro de la boca de este los restos del semen del piloto. Se unen los tres en un lascivo beso cruzando las leguas y compartiendo la abundante corrida los dos chicos deslizaban sus manos por el duro culo de la princesa. Man por fin se decidió a abandonar el compartimento del hipermotor y llevarles a su camarote para seguir la fiesta en un sitio mas cómodo y donde el cookie pudiera verles y masturbarse. El único lugar así era su camarote con una cama enorme necesaria para acomodar la enorme masa de Chicuacua. Así podrá albergar la pequeña orgía. Ya han perdido la mitad de la ropa por los corredores de la nave. Y los dos hombres terminan de arrancársela al cruzar la escotilla de acceso. La princesa entra tras ellos ya sin el vestido, solo con sus tacones altísimos y se acerca a la cama. El enorme cuerpo del cookie ocupa la escotilla al completo así que los robots no tienen más remedio que conectarse al sistema de vigilancia para ver la escena. La princesa se tumba boca arriba y empieza a acariciarse ella misma provocando a los chicos. Sus manos recorren los durísimos pechos, el vientre plano bajando despacio hacia el pubis. Pero no pueden llegar allí. El sitio ya está ocupado por dos bocas que la comen cruzando las lenguas sobre el clítoris. Sus pollas vuelven a estar durísimas al fin y al cabo en una galaxia muy muy lejana a los hombres las erecciónes les duran horas. Chicuacua pajea despacio su enorme garrote mirando el espectáculo pero sin intervenir. Es capaz de controlarse y dejar a la demás los papeles protagonistas en la escena. Los chicos están haciendo correrse a la princesa una y otra vez y solo usando sus lenguas. Pero se deciden a cambiar de postura. Man se acuesta boca arriba en la cama. Lesa se le sube encima para meterse la polla del piloto en el coño. Kike con su experiencia con hombres es el ideal para perforar el culito de la realeza. Empieza lamiéndolo para lubricarlo. Con su lengua no sólo alcanza el ano de la chica también los huevos del capitán. Y se sube sobre los dos para penetrar despacio pero firme el ano que se le ofrece. No les cuesta sincronizarse y se mueven despacio para no perder ritmo. Pero el placer que sienten, el sexo que comparten hace que giman, que suspiren, hasta babean rociando a los demás de saliva. La princesa de corre incansable teniendo las dos pollas dentro. Dos bocas besándola con sus lenguas lamiendo su piel. Al final los dos hombres se corren en su interior llenándola de semen. Otra enorme ducha del mismo elixir les llega desde la escotilla donde el cookie se corre sin parar lanzando gigantescos chorros de lefa sobre los tres cuerpos de la cama. En el puesto de seguridad del puente los androides han dejado un enorme charco de aceite en el suelo. El viaje en busca de la rebelión sigue de forma igual de placentera, aunque se descubre que el rubito y la princesa no es que sean hermanos, es que son mellizos. Que su padre es uno de los malos malosos y que los persigue para follárselos. Casi nadie sabe qué la espada que el viejo le dio a Kike en realidad es una gran forma fálica para dar placer a todo el mundo. .

miércoles, 21 de abril de 2021

Los del vestido y la artista

Proyectado en la pared, ahí estaba toda mi desnudez en cuatro metros de blanco muro. Cada cinco segundos la imagen cambiaba para mostrar una vista nueva de mi piel descubierta. Todo el que pasaba por la galería de arte contemplaría mis desnudos, en tela, en papel fotográfico, en barro, escayola o en manchas de luz en la pared, todos mis autorretratos, todos desnudos. De eso iba la performance. Y yo, la artista, paseándome entre ellos apenas cubierta con una gasa trasparente. Tenia que demostrar que la exhibición de mis encantos no se limitaba a las piezas expuestas. Cada vez cuesta mas trabajo hacerse un nombre en el mundo del arte. O montas algo de escándalo o nadie te hace caso. Que se fijaran en mi cuerpo ayudaría a vender las obras. Quien me deseara podría tenerme o por lo menos una de mis imágenes hecha y firmada por mí. Me sabía lo suficientemente bella y con con un cuerpo bonito como para que esa maniobra comercial me brindara unas buenas ventas y puede que algo de placer si se terciaba. Mi exhibición estaba dando buenos resultados económicos, ya tenía apalabradas algunas ventas. Pero aparte de las miradas lascivas a mis expuestos pezones y mi cadera casi descubierta nadie se había atrevido a insinuarse. Casi todo estaba vendido. La hora de cerrar se acercaba, estaba a punto de rendirme y dejarlo para el día siguiente. Vestirme con algo más de ropa y marcharme a casa. La puerta automática se abrió dejando pasar una ráfaga del agobiante aire de la tarde de julio y a una bonita pareja. Una joven sexi con un corto vestido veraniego atado detrás del cuello, lo que le dejaba un precioso escote. Alta delgada, pelirroja, sus preciosas piernas y su espalda bronceada. El chico también pelirrojo pecoso, un poco mas alto que ella y puede que unos veinte años mayor, vestía vaqueros y camiseta bajo los que se adivinaba un físico bien cuidado. Admiraban las obras despacio, relajados y con cierta mirada lasciva que me gustó. Él rodeó su cintura con un musculoso brazo y la beso en el cuello. Un lujurioso, largo y húmedo beso que yo admiraba desde el otro lado de la sala con mi copa de vino en la mano. Parece que lo que estaban contemplando no les resultaba del todo indiferente. Se estaban excitando. Cogí otras dos copas y crucé la galería entre las imágenes de mi cuerpo desnudo y fui a ofrecérselas con una sonrisa y muy poco más encima. Los lascivos ojos de ambos recorrieron mi anatomía reconociendo de inmediato al vivo lo que había en las fotografías y el resto de las obras. Devolvieron mi sonrisa ampliada en sus sensuales labios. Nos presentamos, me dieron sus nombres de pila pero no me dijeron la relación que hay entre ellos. Un puzzle que estaba dispuesta a resolver. De entre las piezas que no tenían la pegatina de vendido se habían interesado por una foto en blanco y negro en la que se me veía la cara, los pechos y los hombros y mi lengua rozando el pezón de la perfecta teta de una amiga. - ¿Me enseñas el resto de la exposición? Se colgó de mi brazo apoyando uno de sus pechos en mi piel desnuda interesándose por los desnudos, mis aficiones y mi vida sexual, tratando de conocerme mejor. Mientras él gestionaba la compra con el personal de la galería nosotras recorríamos el resto. Rozándonos le comentaba el resto de las obras a veces con los detalles mas escabrosos de su factura. Me hacía inteligentes preguntas sobre el arte, mis técnicas. Ella mantenía mi excitación con roces que parecían inocentes y casuales pero constantes. Mi poca ropa le facilitaba alcanzar mi piel y mi actitud tampoco se lo impedía. Detrás de una de mis estatuas en escayola me atreví a besarla, un suave roce de nuestros labios. Pero ella aprovechó para cogerme el culo por debajo de la gasa. Viendo sus avances yo acaricié uno de sus pechos sobre el vestido, notando la dureza de su pezón en la yema de mis dedos. Nos sonreímos antes de separarnos. Seguíamos viendo el resto de la exposición despacio cuando él se acercaba a nosotras. Fue directa al grano cuando le soltó: -Papá ¿por qué no la invitamos a cenar? El asintió sin poner pegas mientras yo aún me atragantaba con aquel papi. Para calmarme y pensar en el morbo que me había dado una sola palabra decidí ir a cambiarme y reflexionar un poco sobre ello. ¿De verdad serían padre e hija? o ¿Él sería un sugar dady?. Aquella extraña parejita estaba despertando mi lujuria. Al ponerme mi ligera faldita de vuelo decidí prescindir del tanga y guardarlo en mi bolso. El suje ni me lo había traído. El top con la espalda desnuda lo llevaría sin sujetador dejando que los duros pezones excitados se marcaran en la fina seda. Al salir del baño parece que volví a sorprenderlos agradablemente a juzgar por las sonrisas y el vistazo que le echaron a mi atuendo. Casi sin dejarme despedirme de la encargada de ventas ella volvió a coger mi brazo y el de su padre y nos condujo a un discreto y caro restaurante no muy lejos de allí. Me dio la impresión de que ya lo conocían. Me cogió del brazo con firmeza, como para indicarme que ya no podría escapar de ella. ¡Como si yo lo pretendiera! En cuanto giramos la primera esquina la niña me besó de nuevo pero esta vez lo puso todo, buscaba mi lengua con la suya y dándome a beber su saliva. Mordisqueaba mis labios juguetona agarrando mi culo para apretarme contra su delgado cuerpo. Yo tampoco me hice la manca y sujetaba su delgada cadera rodeandola con un brazo mientras la otra mano la dirigí de inmediato a sus durísimas tetas. - Ya tenía ganas. Al terminar de besarme, con mi lengua aún en su boca, giró la cabeza para repetirlo con su apetitoso padre que se había acercado a nosotras. Él nos rodeó con sus fuertes brazos, a la dos. Sujetó su cabeza echando un brazo levantado y hacia atrás, lo que dejó su suave axila a mi alcance. No me pude resistir y pasé la lengua por ella un momento, por su cuello de cisne y por el filo de su mandíbula. Ellos seguían en un lascivo morreo en que sus lenguas se cruzaban dentro y fuera de sus bocas. Yo solo podía mirarlos excitada, espectadora en primera persona, agarrándome aún más a la cintura de ella, mareada por mi propia lujuria. Sentados a la mesa redonda, pequeña y en un rincón discreto. Cubiertos nuestros muslos con el mantel pronto sentí sus manos, las de los dos, deslizándose bajo mi falda. Estábamos muy juntos ya que la mesa era muy pequeña. Separé mis piernas para darles mejor acceso. Ambos se alegraron al llegar a mi vulva y descubrirla húmeda depilada y sin nada que les impidiera acariciarla cada vez que el camarero se alejaba. Yo también investigaba bajo el mantel, no pensaba quedarme quieta y descubrí que ella también había decidido prescindir de la lencería y que estaba tan húmeda como yo. Ella sacó los dos dedos que tenía en mi xoxito y se los llevó a la boca con una increíble cara de vicio. Verla lamerse los dedos húmedos de mis jugos casi me provoca un orgasmo. Al otro lado, al deslizar la mano por el vaquero del padre encontré allí la mano de ella agarrando la dura y depilada polla que ya asomaba por la abierta bragueta. La hija me cedió el tronco y ella se dedicó a acariciar los suaves huevos. Mientras volvía a besarme jugando con mi lengua y dejando hilos de saliva en nuestras barbillas sin soltar ambas la polla de su progenitor. A todo ello charlábamos como si por debajo del tablero no pasara nada. Los tres estábamos muy excitados. La sensualidad del ambiente, la comida era sabrosa y las caricias más que morbosas. Hasta los camareros eran guapos y vestían sexis. La faldita negra de la chica que nos trajo el segundo plato apenas conseguía cubrir sus nalgas y se veía un poco de piel blanca entre las medias y el borde de la prenda. Las camisas blancas eran translúcidas casi trasparentes y los pezones oscuros de los chicos se marcaban en la tela. Además de sus paquetes en los ajustados pantalones negros. Empezaba a necesitar ese rabo dentro de mi, a desear comerme esa vulva suave y caliente y tener en la lengua el sabor de sus orgasmos. Aquellos como los que sus hábiles dedos me estaban provocando en la discreta esquina del restaurante. Nuestras caricias y lascivos besos por fin consiguieron que él se corriera dejando su semen en nuestros dedos. Ya no me asombraba nada y vi cómo, morbosa, igual que había hecho antes con mis jugos se los llevó a la boca. Lamió la semilla de su padre mirándome a los ojos como desafiándome. A esas alturas ya debía saber que yo no me iba a echar atrás. Chupé mis dedos recogiendo todo el semen que pude en mi lengua y volví a besarla compartiéndolo. Aún más dejé caer unas gotas de la abundante lefa mezcladas con nuestras salivas en mi postre y mirando a sus bellos ojos azules usé la cucharilla para comérmelo. Incluso de le di una cucharadita a ella. Ella subiendo el nivel recogió las ultimas gotas directamente del glande, pero esta vez llevó los dedos a la boca de él que los chupó goloso. Estaba claro que había dado con la horma de mi zapato con aquellos dos. Me ofrecieron llevarme a su chalet a tomar unas copas pero mi loft estaba mas cerca y ya no podíamos esperar. Queríamos arrancarnos la poca ropa y disfrutar de nuestros cuerpos desnudos. En el asiento de atrás de un mini rojo ella me clavaba los dedos lo más que podía en la vulva mientras me sorbía el aliento y la saliva. Gracias a los cristales tintados nadie podía vernos excepto él por el retrovisor. En el ascensor las dos nos lanzamos a por él en un lujurioso beso a tres lenguas mientras mi mano se deslizaba entre las nalgas de la hija bajo el ligero vestido clavando el índice en su ano. Estaba convencida que no iba a rechazar esa caricia. También aproveché para soltar el nudo que sostenía la prenda tras el fino cuello. Sin cerrar la puerta tiré de su leve vestido sacándolo por la cabeza y dejándola desnuda en mi recibidor. Únicamente con sus sandalias me puse a contemplar su perfecto cuerpo con ojos de artista. Deseaba inmortalizar ese desnudo en mis obras y así se lo propuse. La quería como modelo. Mientras le pedía a su padre que nos preparara unas copas señalando mi bar. Me encantaba tener un camarero desnudo así. Aunque ya conocía su sabor lamido de nuestros dedos, necesitaba saborearla directamente de la fuente y sin siquiera desnudarme yo, la tumbé en mi sofá para ponerme a cuatro patas entre sus muslos y lamer su jugoso coñito. La hice gemir mientras se corría. El padre dejó las copas al alcance de nuestras manos y estaba claro que en mi postura se lo estaba poniendo muy fácil. Noté como levantaba mi falda, echándola sobre mis riñones y se agachaba tras de mí para mordisquear mis glúteos y deslizar la lengua húmeda y caliente por toda mi raja. Del clítoris al ano, la humedad de sus besos hacían contraste con el calor de la noche. Era tanta la excitación que llevaba durante toda la jornada que me derramé en su boca a las pocas veces que su lengua pasó por mi clítoris. Al relajarme tras el orgasmo ella aprovechó para librarme del top. Mis tetas rozaban sus muslos mientras seguía saboreando su xoxito. La dura polla de su padre buscaba entre los labios de mi vulva el camino a mi interior. Estaba tan mojada que no le costó penetrarme. Noté su glande llegando al fondo de mi vagina y moviéndose suavemente follándome tierno pero insistente. Mirando como yo hacia disfrutar a su bella hija con mi lengua seguía provocando mis orgasmos. Mis jugos seguían mojando sus huevos y bajando por sus fuertes muslos incansables. Él ya se había corrido en el restaurante y ahora parecía eterno. Pero al fin con mi permiso se derramó en mi coño llenándome con su semen. -me llega, ¿Donde lo quieres? -¡donde estás!. No te salgas. No dejó que abandonara mi placentera tarea y fue él quien limpió mi pubis con su lengua recogiendo en su boca la mezcla de sabores que rezumaban de mi interior provocándome un nuevo clímax. Con ellos estaba siendo multiorgásmica. Besó a la joven dejando su polla que empezaba a perder dureza al lado de mi cabeza. Me di cuenta que aún no la había tenido en la boca. Abandoné el manjar que estaba disfrutando para limpiar la bella herramienta que tanto me había hecho disfrutar con mi lengua. No conseguí endurecerla de nuevo pero tampoco importaba. Los tres habíamos disfrutado de los cuerpos de los otros y de nuestros orgasmos. Ahora descansábamos revueltos en mi húmedo sofá. Mojados de sudor, flujos de ambas y semen. No pude resistir la tentación de plasmar su belleza salvaje con el rojizo cabello revuelto desmadejada sobre los cojines. Y la del trabajado cuerpo del padre con la polla que tanto me había hecho disfrutar agotada sobre su muslo. Alcancé la cámara que siempre tengo a mano por si llega la inspiración o dos pervertidos como ellos. -¿Me dejaríais haceros una fotos?. Me dejaron fotografiarles sin complejos. Incluso posaron para mi objetivo mientras terminábamos las copas que no habíamos llegado a probar y bebíamos unas nuevas. Aún desnuda me movía a su alrededor con mi cámara plasmando en pixeles sus bellos cuerpos sudados. La sesión estaba siendo bastante mas pornográfica de lo que pretendía y no podría publicar casi ninguna de ellas. No importaba, las guardaría para mi disfrute y les regalaría unas copias a ellos. Lo fue todavía más cuando se animaron de nuevo y empezaron a besarse y acariciarse como si el objetivo de la cámara no estuviera guardando para la posteridad sus lascivos movimientos. Las fotos de ella sentada sobre la cara de su progenitor con las manos acariciando sus pechos y la expresión de pura lujuria en su bello rostro me darían muchos ratos de autocomplacencia. Hice una nueva serie con la polla depilada que aunque no estaba todavía bien dura ya morcillona. Era un bonito espectáculo con los sensuales labios y lengua de la hija recorriéndola con gula. O simplemente colgando entre los duros y torneados muslos. No posaban claro. Sus movimientos eran naturales, sensuales en sí mismos. Cambiaban de postura cuando algo les decía que esa alteración le iba a dar mas placer a su pareja. Aunque les propuse una nueva sesión de fotos mas seria que o poco me conocía o iba a terminar como esa noche desnudos y revueltos. Ellos me invitaron a su casa lo que desde luego acepté. Puede que su jardín fuera un buen fondo para volver a plasmar sus desnudos. Al aire libre y bajo la luz del sol. Ya en su casa, unos días después, en lo que estaba siendo una agradable visita volvimos a renovar nuestros juegos. Llevé las ampliaciones en una carpeta para regalárselas y estuve mostrándoles las fotos que les había hecho. Y ellos me enseñaban el lugar de preferencia donde habían colgado mi autorretrato. Todo eso ya completamente desnudos por supuesto. De hecho les regalé la copia de esa misma foto que habían comprado y esta vez la teta que yo estaba chupando era la de la hija y que había hecho en esa noche memorable. Juntas las dos fotos en el mismo formato, con el mismo marco, y con las leves diferencias, serian un buen adorno en su salón.

domingo, 18 de abril de 2021

Fontanero

Me abrió un chico como de unos veinte años. Apenas vestido con un pantalón de deporte blanco tan fino, corto, y ajustado que marcaba una polla preciosa. Además del resto de su cuerpo delgado con músculos finos, bronceado y guapo a rabiar. Moreno con el otro corto y unos preciosos ojos azules. No pude dejar de admirarlo de abajo arriba aunque él me sometía al mismo escrutinio. Mis piernas musculosas saliendo de un vaquero recortado y mis brazos fuertes de una camiseta de tirantes. El vientre plano como una tabla de lavar, mi pecho de barril y mi cara, hasta mis ojos azules clavados en los suyos pardos y en su cuerpo fibrado. -¡hola!. Creo que tenían un aviso. Un desagüe. -¡Ah! Si, ven por aquí. Con la caja de herramientas en la mano lo seguí sin perder de vista sus prietas nalgas moviéndose armoniosamente mientras caminaba. Me condujo hasta un enorme y sibarítico baño con jacuzzi incluido. Un desagüe atascado no planteaba mayores dificultades pero me gustaba la compañía y me lo tomé con calma. Parecía que estábamos solos en la casa y el chico se quedó conmigo sentado en un inodoro y charlando. Se presentó como Marcos y yo le di mi nombre estrechándonos la mano un momento mas largo del necesario, pero placentero para ambos. Conseguí sonsacarle que efectivamente estamos solos. En un descuido al aflojar una junta conseguí empaparme la camiseta evidentemente adrede. Tengo el suficiente dominio de mi oficio como para que esas cosas no me pasen por accidente. -¡ups! Aunque con la temperatura reinante no había ningún problema por estar calado él me dijo que me sacara la camiseta para no resfriarme. Así de todas formas simplemente quedaríamos vestidos iguales. Así que la agarré, me la saqué por la cabeza y la dejé sobre el lavabo. Pasando cerca de él en el proceso y secándome con ella el pecho y la cara. Luciéndome todo lo que podía. -¿Vas al gym? Me preguntó. -no, solo trabajo duro, tu si que parece que te machacas bastante. -bueno hago lo posible, normalmente prefiero nadar, pero para no hacer ejercicio tu tienes un buen cuerpo. Diciendo esto mientras doblaba un brazo para probar el bíceps. -¿Puedo tocar? -pues claro. Así que pasé una mano por su brazo medio acariciando, medio apretando. El puso su mano en mis abdominales siguiendo sus formas marcadas. -estos los tienes bien. -gracias, pero debería volver al trabajo, el placer para después. - Eso espero. Sonriéndole. En una difícil postura bajo el lavabo, le pedí que me alcanzará una herramienta. A lo que accedió de inmediato rozando mis dedos con los suyos al entregármela. El tacto fue suave, casi sedoso. Al poco rato me ofreció un refresco y casi de inmediato regresó con dos latas en la mano. Al tenderme una volvimos a rozarnos. La suya debía estar agitada pues al abrirla la presión hizo saltar el líquido sobre los dos volviendo a empaparnos. Nos reímos al volver a estar empapados. El pasó la mano por su pecho extendiendo el dulce refresco por su piel bronceada y luego se llevó un dedo a los labios para lamerlo. La situación era morbosa a tope. Le pregunté: -¿Puedo? Y yo también pasé un dedo por su pecho, muy cerca del pezón y luego me lo llevé a los labios, una vez rota la barrera, él cogió mi mano entre las suyas y se llevó ese mismo dedo a su boca lamiéndolo y jugando con él. Me acerqué mas a él, puse una mano en su cintura sobre su piel y quitando mi otra mano de su cara busqué su lengua con la mía. Durante unos segundos largos juguetearon amistosas para meterse en la boca del otro. Noté su lengua recorriendo mis dientes y yo clavé la mía lo mas dentro que alcanzaba. Yo estaba sudado, él pringoso de refresco y el jacuzzi parecía que nos llamaba. Así que bajé su pantalón de deporte hasta los tobillos y con un leve azotito en su duro culo, le dije: -¡Ala!, a la ducha. Se giró mostrándome el culo bronceado del todo. Le solté un segundo suave azote a la vez que lo seguía hasta allí. Mientras se llenaba de agua con él sentado en el borde se puso a terminar de desnudarme. Yo de pie frente a él. Abrió mi vaquero y lo bajó despacio acariciando mis muslos en el proceso. Lo dejó caer y me libré de él de una patada a la vez que de mis sandalias. En el ajustado bóxer que llevaba se marcaba mi polla bien dura colocada hacia mi derecha. Lo contempló un momento y por fin sin que usara las manos, con los dientes agarró la goma de la prenda y la libero de su prisión. El gayumbo quedó justo bajo mi culo duro. Acercó la cara y aspiró fuerte por la nariz. -huele a macho, a sudor. -tu hueles de maravilla y me incliné a besarlo. Levantó la cabeza y según me inclinaba veía entre sus muslos su polla apuntándome directamente a la cara. No pude resistirlo y mientras nuestros labios volvían a juntarse, estiré la mano y me hice con ella. Acariciándola con mucha suavidad, los huevos suaves todo bien depilado. En realidad estaba depilado del todo y su piel era tan suave como si lo hubiera hecho un rato antes. Poco más tardó en desnudarme del todo, sacando mi calzoncillo por los pies y dedicarse a acariciarme a mí como yo lo estaba haciendo con él. Descubrió que yo también me depilo pero me había dejado una tira justo encima del rabo. Por fin pudimos meternos en el agua. Seguimos acariciándonos esta vez recorriendo nuestras pieles húmedas con gel de baño. Dándonos lengua y cruzando las pollas duras. No podía dejar de acariciar su culo y meter un dedo con el gel y el agua en el ano. Primero uno, luego dos, cada vez que lo metía él casi me mordía los labios o la lengua. Se me giró dándome la espalda y dejándome el culo bien cerca. Lamía su nuca mientras seguía dilatando su ano con mis dedos. Bien limpito me alcanzó el aceite de baño y eché un buen chorro en su espalda dejando que resbalara por su columna y metiéndose sólo entre sus nalgas donde mis dedos lo repasaban por el ano. Él lubricó mi polla con sus manos tiernamente casi sin girarse, solo echando aceite. Y pasando una mano entre sus muslos tiraba de mi rabo conduciéndolo, guiando y apoyando el glande en la entrada que había estado dilatando con cuidado. Empujé suave, no quería dañarlo y suavemente y sin parar se fue clavando hasta los huevos hasta que sentí la suave piel de sus nalgas apoyada en la zona depilada de mis muslos. Los dos lanzamos a la vez un grito de placer. En ese inoportuno momento se abrió la puerta de repente. El grito debió haberla alertado. Entra una chica en tanga y una corta camiseta. Muy bonita, y muy parecida al chico que yo tenía entre mis brazos. Su negra melena le llega justo a la pezones, marcados en la fina tela de la prenda, y sus preciosos ojos azules nos miran con deseo y vicio. diciendo: -Hola hermanito. Me parece muy mal que diviertas solo. - No me habías dicho que teníamos una compañía tan agradable. -¿Me vais a reñir los dos? Silvia, Únete y deja de decir bobadas. Según se acercaba al jacuzzi se fue sacando la camiseta con lo que pude ver sus durísimas pero no muy grandes tetas. Al llegar a nuestro lado agarró la polla de Marcos apartando la mano que yo tenía allí y me dio un morreo de campeonato. Un beso guarro con mucha lengua que igualó a los que me había dado su hermano. Con la mano que había apartado del duro nabo tiré del tanguita de la belleza para intentar sacárselo. Pero la prenda era tan endeble que me quedé con ella entre los dedos. Me limité a arrojarlo al suelo y poner esos dedos en su vulva que parecía un horno. Suave, húmeda y muy muy caliente. Nuestra saliva resbalaba hasta la espalda de Marcos al que seguía teniendo empalado. Pero ya no podía parar, tenía que correrme, tenía que dejar mi lefa en ese culito tan duro. Silvia demostró se tan morbosa como cualquiera de los dos. Según la sacaba de tan acogedora gruta se arrodilló entre los dos y separando las nalgas de su hermano con las manos empezó a comerle el ano y lamer mi semen que rezumaba. Acariciaba a la vez los huevos del chico para no dejar que perdiera la importante erección que llevaba. Nunca me hubiera imaginado tan incestuo proceder, pro ahí estaba ante mis ojos. Marcos fue el que se hizo cargo de mi polla, aprovechando que estábamos en el agua le dió un lavado rápido y se la metió en la boca para terminar de exprimirla. Como él aún la tenía dura Sonia quería su ración. - Vamos hermanito ahora me tendrás que follar tú. Es toda una organizadora, hizo sentar a su hermano en el escalón de la bañera y ella se le subió encima. ¿Adivináis donde me puso a mí? pues entre los dos de pie. Mientras ella me daba una de lar mejores mamadas de mi vida chupando mis huevos y toda la polla Marcos de dedicaba a lamer mi culo y follármelo con dos de sus deditos lubricados con el mismo aceite de baño que antes había pasado por mi rabo. Como se movían despacio y con ternura coordinando sus movimientos con la sabiduría de la costumbre ninguno de los dos perdía ritmo en mi cuerpo. Hasta conseguían besarse y rozar sus lenguas bajo mi perinneo. Entre los dos consiguieron no sólo que se me volviera a poner dura sino que terminé corriendome en la boquita tragona de Sonia. Como su hermano era el que estaba más cerca fue el primero con el que compartió mi leche. Pero yo llegué a tiempo de mezclar mi lengua con las suyas en un lascivo beso donde las salivas y los restos de mi semen pasaban de boca en boca. Para entonces ellos también se habían corrido, Marcos dentro del coño de Sonia. Y también para entonces yo tenía que continuar mi faena atendiendo el siguiente aviso que no sería ni de lejos tan placentero como el rato compartido con los dos hermanitos. Me quedé con las ganas de probar el xoxito de Sonia o su culito, ese día. Lo dejamos para una futura ocasión pues desde luego que pensaba repetir con ellos. Hacerlo con más tranquilidad y puede que hasta en una cama y su pudiera meter a mi novia ya sería una locura.