Mostrando entradas con la etiqueta casa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta casa. Mostrar todas las entradas
miércoles, 21 de abril de 2021
Los del vestido y la artista
Proyectado en la pared, ahí estaba toda mi desnudez en cuatro metros de blanco muro. Cada cinco segundos la imagen cambiaba para mostrar una vista nueva de mi piel descubierta. Todo el que pasaba por la galería de arte contemplaría mis desnudos, en tela, en papel fotográfico, en barro, escayola o en manchas de luz en la pared, todos mis autorretratos, todos desnudos. De eso iba la performance.
Y yo, la artista, paseándome entre ellos apenas cubierta con una gasa trasparente. Tenia que demostrar que la exhibición de mis encantos no se limitaba a las piezas expuestas. Cada vez cuesta mas trabajo hacerse un nombre en el mundo del arte. O montas algo de escándalo o nadie te hace caso.
Que se fijaran en mi cuerpo ayudaría a vender las obras. Quien me deseara podría tenerme o por lo menos una de mis imágenes hecha y firmada por mí.
Me sabía lo suficientemente bella y con con un cuerpo bonito como para que esa maniobra comercial me brindara unas buenas ventas y puede que algo de placer si se terciaba.
Mi exhibición estaba dando buenos resultados económicos, ya tenía apalabradas algunas ventas. Pero aparte de las miradas lascivas a mis expuestos pezones y mi cadera casi descubierta nadie se había atrevido a insinuarse.
Casi todo estaba vendido. La hora de cerrar se acercaba, estaba a punto de rendirme y dejarlo para el día siguiente. Vestirme con algo más de ropa y marcharme a casa.
La puerta automática se abrió dejando pasar una ráfaga del agobiante aire de la tarde de julio y a una bonita pareja. Una joven sexi con un corto vestido veraniego atado detrás del cuello, lo que le dejaba un precioso escote. Alta delgada, pelirroja, sus preciosas piernas y su espalda bronceada.
El chico también pelirrojo pecoso, un poco mas alto que ella y puede que unos veinte años mayor, vestía vaqueros y camiseta bajo los que se adivinaba un físico bien cuidado.
Admiraban las obras despacio, relajados y con cierta mirada lasciva que me gustó. Él rodeó su cintura con un musculoso brazo y la beso en el cuello. Un lujurioso, largo y húmedo beso que yo admiraba desde el otro lado de la sala con mi copa de vino en la mano. Parece que lo que estaban contemplando no les resultaba del todo indiferente. Se estaban excitando.
Cogí otras dos copas y crucé la galería entre las imágenes de mi cuerpo desnudo y fui a ofrecérselas con una sonrisa y muy poco más encima. Los lascivos ojos de ambos recorrieron mi anatomía reconociendo de inmediato al vivo lo que había en las fotografías y el resto de las obras. Devolvieron mi sonrisa ampliada en sus sensuales labios.
Nos presentamos, me dieron sus nombres de pila pero no me dijeron la relación que hay entre ellos. Un puzzle que estaba dispuesta a resolver. De entre las piezas que no tenían la pegatina de vendido se habían interesado por una foto en blanco y negro en la que se me veía la cara, los pechos y los hombros y mi lengua rozando el pezón de la perfecta teta de una amiga.
- ¿Me enseñas el resto de la exposición?
Se colgó de mi brazo apoyando uno de sus pechos en mi piel desnuda interesándose por los desnudos, mis aficiones y mi vida sexual, tratando de conocerme mejor. Mientras él gestionaba la compra con el personal de la galería nosotras recorríamos el resto. Rozándonos le comentaba el resto de las obras a veces con los detalles mas escabrosos de su factura.
Me hacía inteligentes preguntas sobre el arte, mis técnicas. Ella mantenía mi excitación con roces que parecían inocentes y casuales pero constantes.
Mi poca ropa le facilitaba alcanzar mi piel y mi actitud tampoco se lo impedía.
Detrás de una de mis estatuas en escayola me atreví a besarla, un suave roce de nuestros labios. Pero ella aprovechó para cogerme el culo por debajo de la gasa. Viendo sus avances yo acaricié uno de sus pechos sobre el vestido, notando la dureza de su pezón en la yema de mis dedos. Nos sonreímos antes de separarnos.
Seguíamos viendo el resto de la exposición despacio cuando él se acercaba a nosotras. Fue directa al grano cuando le soltó:
-Papá ¿por qué no la invitamos a cenar?
El asintió sin poner pegas mientras yo aún me atragantaba con aquel papi. Para calmarme y pensar en el morbo que me había dado una sola palabra decidí ir a cambiarme y reflexionar un poco sobre ello. ¿De verdad serían padre e hija? o ¿Él sería un sugar dady?. Aquella extraña parejita estaba despertando mi lujuria.
Al ponerme mi ligera faldita de vuelo decidí prescindir del tanga y guardarlo en mi bolso. El suje ni me lo había traído.
El top con la espalda desnuda lo llevaría sin sujetador dejando que los duros pezones excitados se marcaran en la fina seda. Al salir del baño parece que volví a sorprenderlos agradablemente a juzgar por las sonrisas y el vistazo que le echaron a mi atuendo.
Casi sin dejarme despedirme de la encargada de ventas ella volvió a coger mi brazo y el de su padre y nos condujo a un discreto y caro restaurante no muy lejos de allí. Me dio la impresión de que ya lo conocían. Me cogió del brazo con firmeza, como para indicarme que ya no podría escapar de ella. ¡Como si yo lo pretendiera!
En cuanto giramos la primera esquina la niña me besó de nuevo pero esta vez lo puso todo, buscaba mi lengua con la suya y dándome a beber su saliva. Mordisqueaba mis labios juguetona agarrando mi culo para apretarme contra su delgado cuerpo. Yo tampoco me hice la manca y sujetaba su delgada cadera rodeandola con un brazo mientras la otra mano la dirigí de inmediato a sus durísimas tetas.
- Ya tenía ganas.
Al terminar de besarme, con mi lengua aún en su boca, giró la cabeza para repetirlo con su apetitoso padre que se había acercado a nosotras. Él nos rodeó con sus fuertes brazos, a la dos. Sujetó su cabeza echando un brazo levantado y hacia atrás, lo que dejó su suave axila a mi alcance. No me pude resistir y pasé la lengua por ella un momento, por su cuello de cisne y por el filo de su mandíbula.
Ellos seguían en un lascivo morreo en que sus lenguas se cruzaban dentro y fuera de sus bocas. Yo solo podía mirarlos excitada, espectadora en primera persona, agarrándome aún más a la cintura de ella, mareada por mi propia lujuria.
Sentados a la mesa redonda, pequeña y en un rincón discreto. Cubiertos nuestros muslos con el mantel pronto sentí sus manos, las de los dos, deslizándose bajo mi falda. Estábamos muy juntos ya que la mesa era muy pequeña. Separé mis piernas para darles mejor acceso. Ambos se alegraron al llegar a mi vulva y descubrirla húmeda depilada y sin nada que les impidiera acariciarla cada vez que el camarero se alejaba. Yo también investigaba bajo el mantel, no pensaba quedarme quieta y descubrí que ella también había decidido prescindir de la lencería y que estaba tan húmeda como yo.
Ella sacó los dos dedos que tenía en mi xoxito y se los llevó a la boca con una increíble cara de vicio. Verla lamerse los dedos húmedos de mis jugos casi me provoca un orgasmo. Al otro lado, al deslizar la mano por el vaquero del padre encontré allí la mano de ella agarrando la dura y depilada polla que ya asomaba por la abierta bragueta.
La hija me cedió el tronco y ella se dedicó a acariciar los suaves huevos. Mientras volvía a besarme jugando con mi lengua y dejando hilos de saliva en nuestras barbillas sin soltar ambas la polla de su progenitor. A todo ello charlábamos como si por debajo del tablero no pasara nada.
Los tres estábamos muy excitados. La sensualidad del ambiente, la comida era sabrosa y las caricias más que morbosas. Hasta los camareros eran guapos y vestían sexis. La faldita negra de la chica que nos trajo el segundo plato apenas conseguía cubrir sus nalgas y se veía un poco de piel blanca entre las medias y el borde de la prenda. Las camisas blancas eran translúcidas casi trasparentes y los pezones oscuros de los chicos se marcaban en la tela. Además de sus paquetes en los ajustados pantalones negros.
Empezaba a necesitar ese rabo dentro de mi, a desear comerme esa vulva suave y caliente y tener en la lengua el sabor de sus orgasmos. Aquellos como los que sus hábiles dedos me estaban provocando en la discreta esquina del restaurante. Nuestras caricias y lascivos besos por fin consiguieron que él se corriera dejando su semen en nuestros dedos. Ya no me asombraba nada y vi cómo, morbosa, igual que había hecho antes con mis jugos se los llevó a la boca. Lamió la semilla de su padre mirándome a los ojos como desafiándome.
A esas alturas ya debía saber que yo no me iba a echar atrás. Chupé mis dedos recogiendo todo el semen que pude en mi lengua y volví a besarla compartiéndolo. Aún más dejé caer unas gotas de la abundante lefa mezcladas con nuestras salivas en mi postre y mirando a sus bellos ojos azules usé la cucharilla para comérmelo. Incluso de le di una cucharadita a ella.
Ella subiendo el nivel recogió las ultimas gotas directamente del glande, pero esta vez llevó los dedos a la boca de él que los chupó goloso.
Estaba claro que había dado con la horma de mi zapato con aquellos dos. Me ofrecieron llevarme a su chalet a tomar unas copas pero mi loft estaba mas cerca y ya no podíamos esperar. Queríamos arrancarnos la poca ropa y disfrutar de nuestros cuerpos desnudos.
En el asiento de atrás de un mini rojo ella me clavaba los dedos lo más que podía en la vulva mientras me sorbía el aliento y la saliva. Gracias a los cristales tintados nadie podía vernos excepto él por el retrovisor.
En el ascensor las dos nos lanzamos a por él en un lujurioso beso a tres lenguas mientras mi mano se deslizaba entre las nalgas de la hija bajo el ligero vestido clavando el índice en su ano. Estaba convencida que no iba a rechazar esa caricia. También aproveché para soltar el nudo que sostenía la prenda tras el fino cuello.
Sin cerrar la puerta tiré de su leve vestido sacándolo por la cabeza y dejándola desnuda en mi recibidor. Únicamente con sus sandalias me puse a contemplar su perfecto cuerpo con ojos de artista. Deseaba inmortalizar ese desnudo en mis obras y así se lo propuse. La quería como modelo. Mientras le pedía a su padre que nos preparara unas copas señalando mi bar. Me encantaba tener un camarero desnudo así.
Aunque ya conocía su sabor lamido de nuestros dedos, necesitaba saborearla directamente de la fuente y sin siquiera desnudarme yo, la tumbé en mi sofá para ponerme a cuatro patas entre sus muslos y lamer su jugoso coñito.
La hice gemir mientras se corría. El padre dejó las copas al alcance de nuestras manos y estaba claro que en mi postura se lo estaba poniendo muy fácil. Noté como levantaba mi falda, echándola sobre mis riñones y se agachaba tras de mí para mordisquear mis glúteos y deslizar la lengua húmeda y caliente por toda mi raja. Del clítoris al ano, la humedad de sus besos hacían contraste con el calor de la noche.
Era tanta la excitación que llevaba durante toda la jornada que me derramé en su boca a las pocas veces que su lengua pasó por mi clítoris. Al relajarme tras el orgasmo ella aprovechó para librarme del top. Mis tetas rozaban sus muslos mientras seguía saboreando su xoxito.
La dura polla de su padre buscaba entre los labios de mi vulva el camino a mi interior. Estaba tan mojada que no le costó penetrarme. Noté su glande llegando al fondo de mi vagina y moviéndose suavemente follándome tierno pero insistente. Mirando como yo hacia disfrutar a su bella hija con mi lengua seguía provocando mis orgasmos. Mis jugos seguían mojando sus huevos y bajando por sus fuertes muslos incansables.
Él ya se había corrido en el restaurante y ahora parecía eterno. Pero al fin con mi permiso se derramó en mi coño llenándome con su semen.
-me llega, ¿Donde lo quieres?
-¡donde estás!. No te salgas.
No dejó que abandonara mi placentera tarea y fue él quien limpió mi pubis con su lengua recogiendo en su boca la mezcla de sabores que rezumaban de mi interior provocándome un nuevo clímax.
Con ellos estaba siendo multiorgásmica.
Besó a la joven dejando su polla que empezaba a perder dureza al lado de mi cabeza. Me di cuenta que aún no la había tenido en la boca. Abandoné el manjar que estaba disfrutando para limpiar la bella herramienta que tanto me había hecho disfrutar con mi lengua.
No conseguí endurecerla de nuevo pero tampoco importaba. Los tres habíamos disfrutado de los cuerpos de los otros y de nuestros orgasmos. Ahora descansábamos revueltos en mi húmedo sofá. Mojados de sudor, flujos de ambas y semen.
No pude resistir la tentación de plasmar su belleza salvaje con el rojizo cabello revuelto desmadejada sobre los cojines. Y la del trabajado cuerpo del padre con la polla que tanto me había hecho disfrutar agotada sobre su muslo. Alcancé la cámara que siempre tengo a mano por si llega la inspiración o dos pervertidos como ellos.
-¿Me dejaríais haceros una fotos?.
Me dejaron fotografiarles sin complejos. Incluso posaron para mi objetivo mientras terminábamos las copas que no habíamos llegado a probar y bebíamos unas nuevas. Aún desnuda me movía a su alrededor con mi cámara plasmando en pixeles sus bellos cuerpos sudados. La sesión estaba siendo bastante mas pornográfica de lo que pretendía y no podría publicar casi ninguna de ellas. No importaba, las guardaría para mi disfrute y les regalaría unas copias a ellos.
Lo fue todavía más cuando se animaron de nuevo y empezaron a besarse y acariciarse como si el objetivo de la cámara no estuviera guardando para la posteridad sus lascivos movimientos.
Las fotos de ella sentada sobre la cara de su progenitor con las manos acariciando sus pechos y la expresión de pura lujuria en su bello rostro me darían muchos ratos de autocomplacencia. Hice una nueva serie con la polla depilada que aunque no estaba todavía bien dura ya morcillona. Era un bonito espectáculo con los sensuales labios y lengua de la hija recorriéndola con gula. O simplemente colgando entre los duros y torneados muslos.
No posaban claro. Sus movimientos eran naturales, sensuales en sí mismos. Cambiaban de postura cuando algo les decía que esa alteración le iba a dar mas placer a su pareja.
Aunque les propuse una nueva sesión de fotos mas seria que o poco me conocía o iba a terminar como esa noche desnudos y revueltos. Ellos me invitaron a su casa lo que desde luego acepté. Puede que su jardín fuera un buen fondo para volver a plasmar sus desnudos. Al aire libre y bajo la luz del sol.
Ya en su casa, unos días después, en lo que estaba siendo una agradable visita volvimos a renovar nuestros juegos. Llevé las ampliaciones en una carpeta para regalárselas y estuve mostrándoles las fotos que les había hecho. Y ellos me enseñaban el lugar de preferencia donde habían colgado mi autorretrato. Todo eso ya completamente desnudos por supuesto. De hecho les regalé la copia de esa misma foto que habían comprado y esta vez la teta que yo estaba chupando era la de la hija y que había hecho en esa noche memorable. Juntas las dos fotos en el mismo formato, con el mismo marco, y con las leves diferencias, serian un buen adorno en su salón.
lunes, 16 de marzo de 2009
El camionero
Manolo conducía su trailer de segunda mano por una autovía cualquiera devorando kilómetros en una calurosa madrugada de verano, acaba de pasar un puti club de los muchos que hay por las carreteras. Es un chico joven, guapo, musculoso y con cierto aire de inocencia. A unos dos kilómetros una figura en el arcén le hace señas para que se detenga pero cerca no hay nadie, ni nada ni edificios, ni unas luces de avería ni siquiera los faros de otro vehículo. La carretera libre de luces y apenas se ve, clava los frenos y detiene el dieciocho ruedas, tiene buen corazón y eso algún día le meterá en un lío.
Pero esta noche cuando la puerta del pasajero se abre sube a la ajada cabina una chica morena de cabello, de piel oscura y rasgos entre sudamericanos y algo de mulata, es muy guapa y su cuerpo por lo que se ve a la difusa luz del panel de instrumentos es algo impresionante. Los pechos firmes y duros parecen querer romper la tela de la camiseta estrecha y de profundo escote. Los muslos desnudos y torneados salen de un pantaloncito tan corto que medio culo firme y redondito queda fuera de él. El ombligo bronceado está adornado con un pircing, una media luna de plata. La chica con un acento insinuante que recuerda las palmeras y el profundo azul del mar caribe le cuenta con gran profusión de cariños, cielos y amores que se ha escapado del prostíbulo que él acaba de pasar donde la tenían retenida contra su voluntad. Manolo se ha dado cuenta que nadie sabe de la fuga y que los posibles matones de medio pelo nunca podrían seguirle la pista a su camión de entre todos los que pasan por esa carretera.
Se siente a salvo y tranquiliza a la chica que al poco rato se queda dormida en el asiento, Manolo la cubre con su chaqueta y sigue conduciendo.
Tras coger dos desvíos que su ruta exigía se detiene a desayunar e invita a la chica, Sandra agradecida ve cómo los demás camioneros lo miran con envidia, acompañado de esa belleza. Ella se arrima mucho a su brazo y su pecho casi desnudo se pega a su poderoso bíceps cuando ella le agarra del brazo y le besa en la boca sin reparos excitándole casi sin proponérselo. Manolo piensa en cómo se lo va a explicar a su joven novia Sonia con la que vive, cuando un rato mas tarde aparque el camión a la puerta de su casa. A la vez se siente responsable de la desvalida que ha recogido en el camino. Al fin se da cuenta de que solo la verdad es la única solución para salir del embrollo.
Sonia vestida solo con un leve vestido de tirantes, salió a recibirlo en cuanto oyó el ruido del poderoso motor, con un cariñoso beso con lengua apretándose a su cuerpo. De pronto oyó el sonido de la otra puerta de la cabina y vio los largos muslos morenos y el precioso y casi desnudo culo de Sandra bajar por la escalerilla. Un breve arrebato de celos le hizo arrugar el sensual morrito, pero un poderoso abrazo de los bíceps de oso de su novio y las fuertes manos recorriendo sus nalgas sin ningún disimulo le hizo pesar que si hubiera algo entre su chico y la sensual morena no la habría traído a su propia casa. Sentados en el sofá ante unas tazas de café ambos explicaron la aventura nocturna y la ya ex prostituta contó su triste historia, ampliándola con su vida en el pobre país de origen, el falso matrimonio con un español que en cuanto bajaron del avión le quitó el pasaporte y la dejó en manos de los proxenetas. Incluso soltó alguna lagrimita ante el joven y atractivo matrimonio.
Sonia tenia tan buen corazón como su marido y aunque un poco mas desconfiada le ofreció a la hermosa caribeña una habitación en su casa. Le ofreció una ducha y casi antes de poder ponerse uno de los vaporosos camisones de Sonia estaba dormida en la pequeña cama de la habitación de invitados. Manolo y ella pensaron en explicarle a los vecinos que ella era una compañera de estudios de la joven esposa mientras permaneciera en su casa.
E inmediatamente se fueron a su dormitorio para ampliar el cariñoso recibimiento que Manolo se merecía. Este no podía apartar las manos del cuerpo de su esposa y le iba subiendo la falda mientras se dirigían a la enorme cama de matrimonio. La atrapó por la cintura y besaba sus hombros y su cuello con verdadera pasión a la vez que amasaba los enormes pero bien formados pechos. Manolo recordando el firme culo de la invitada pegaba la dura polla a las nalgas poderosas de Sonia. Deslizando sus manos por debajo de la falda le acarició la parte delantera de los muslos acariciando el monte de venus suavemente por encima de la lycra, bajó el tanga hasta sacárselo por los pies, momento que aprovechó para agachándose deslizar la cara por su culo, mordisquear suavemente las nalgas y pasar la lengua por la rajita hasta el ano. En el otro dormitorio la joven invitada oía medio en sueños los ruidos de la pareja amándose. Sonia ya entregada se agachó arrodillándose sobre la cama para permitirle el acceso más cómodo posible, mientras disfrutaba de la húmeda caricia en su agujero más intimo.
Manolo empezó a besar la piel de las nalgas y la espalda subiendo lamiendo por la línea de la columna mientras le subía el vestido hasta sacárselo por la cabeza. Ella ya desnuda pero impaciente esperó a que él se arrancara la ropa y volviera a comerle las nalgas, a lamer su ano ensalivándolo bien como preparación a la lenta y delicada penetración. Le puso el glande en la entrada y fue empujando despacio casi sin necesidad de guiarla con su mano pues los días sin follar en la carretera y la imaginación pensando en los pechitos de Sandra conseguían una extraordinaria dureza en su polla. Lentamente la follaba despacio acariciando sus pechos o pasando una mano por debajo de sus anchas caderas con el dedo ensalivado para excitar su clítoris, Sonia jadeaba, suspiraba aunque intentaba controlarse para no despertar a Sandra, y Manolo bufaba sintiendo como el culito de su esposa apretaba su rabo como queriendo exprimirlo. Hasta que se corrió dentro de ella aún siguió entrando y saliendo durante un rato pues parecía que su polla no quería quedarse en reposo. Cuando por fin bajó la dureza se la sacó para inmediatamente pasar a comerle otra vez el culito, el semen que rezumaba de su ano y los jugos que la excitación hacían brotar de su coñito al que alcanzaba perfectamente teniéndola puesta a cuatro patas. Manolo agotado tras la noche de volante se quedó dormido al poco rato mientas su esposa le acariciaba el cabello y le besaba en la frente.
Entonces se puso el ligero vestido y fue a comprobar como su invitada seguía durmiendo algo inquieta, la sábana se le había recogido a los pies y los morenos muslos quedaban a la vista hasta las braguitas que le había prestado. Uno de sus pechos morenos y el oscuro pezón de pequeño tamaño asomaba por el tirante del leve camisón algunas tallas más grandes de lo que debería. Algo se removía en el fondo de su corazón la veía como alguien desvalido, a quien proteger y por otro lado la belleza de la muchacha la había conmovido y recordaba sus experiencias juveniles con amigas, la investigación sobre el sexo que le llevó a sus primeras experiencias lésbicas. Todo a su debido tiempo la joven se quedaría con ellos al menos unos días. El tiempo necesario para despistar por si alguien la perseguía y ayudarla a comenzar una nueva vida, no la iba a liberar de la esclavitud para lanzarla a la pobreza.
Contenta y sin las braguitas, olvidadas en el dormitorio se puso a hacer las faenas de la casa, al cabo de un par de horas Sandra despertó asustada por que no sabía dónde se encontraba. Sonia alarmada al oír el ruido acudió al dormitorio para verla acurrucada contra la pared. Despertada su ternura se sentó en la cama junto a ella la acogió entre sus brazos y besando su suave y negrísimo cabello le repetía estas a salvo, nadie va a hacerte daño.
Te vamos a cuidar. Poco a poco se fue tranquilizando y automáticamente empezó a responder a las caricias de la rubia. Deslizó sus brazos por su espalda abrazándola y masajeando suavemente su espalda o arañando suavemente la línea de la columna sus pechos apenas cubiertos por las livianas telas se rozaban consiguiendo poner duros los pezones de ambas y el primer beso suave en los labios fue algo completamente natural. Sonia acariciaba la negra melena y la cogió de la mandíbula mientras los besos se fueron haciendo mas apasionados y las lenguas empezaban a entrar en acción. Cuando Sandra deslizó una mano por sus muslos en una leve caricia. Avanzando cada vez mas descubrió que la rubia no llevaba bragas. Deslizo dos de sus dedos hasta su coñito y apartando el vello fino y rubio le acarició los labios de la vulva que se abrieron solos a la caricia, descubriendo como pétalos de una flor el anhelante clítoris. Un gemido de placer escapó de sus labios. Sonia casi desmayada de placer intentó apartarla y decirle que no era necesario que la recibían de buena gana y ella contestó que quería hacerlo, se inclinó y retirando los tirantes del camisón dejó al descubierto los pechos pequeños cónicos y bien firmes de su invitada y pasó a mamarlos y acariciarlos con sus labios, con la lengua tierna, haciéndola suspirar. Lo que temía se había producido antes de lo esperado así que rindiéndose a lo inevitable se separó solo un segundo para quitarse el vestido y sacarle la negligé a la invitada.
Recostadas en la cama se besaban sin prisa las lenguas cada vez mas atrevidas mientras las manos recorrían sin descanso el cuerpo de la otra. Sandra seguía investigando el coñito de la rubia mientras esta dedicaba sus atenciones a su firme y prieto culito, sus nalgas eran amasadas y acariciadas. De pronto la ex prostituta se colocó encima de ella y paso a besar sus hombros, lamer los pechos grandes claros poderosos y meterse los pezones de grandes areolas en la boca mientras su cuerpo sinuoso se frotaba contra el de la rubia, seguía bajando por el vientre hasta el ombligo donde metió la lengua mientras los pechos duros rozaban adrede el monte de venus de su amante. Los pezones en el clítoris fueron un descubrimiento nuevo pues Sandra era capaz de manejarlos como si de un dedo se tratara acariciándola con un fino control. Pero seguía bajando la lengua, ya lamía los vellos rubios y por fin llegó a la vulva que abierta la esperaba anhelante. Sonia se retorcía de placer con los muslos bien abiertos mientras la morena le proporcionaba todo el placer que podía como expresión de su agradecimiento. Sus sabias caricias apasionadas despertaban los rincones de su coñito haciéndola suspirar. Con los poderosos muslos bien abiertos y la morenita acurrucada entre ellos pensaba que solo la presencia de su marido haciendo gozar a la belleza invitada podía hacer completo el instante de placer.
Pero Manolo aun dormía el sueño de los justos por completo ajeno a los planes de las dos chicas que se estaban amando en el dormitorio de al lado. Con el sabor de varios de sus orgasmos en su lengua y labios Sandra besó a Sonia en la boca y se volvió a acurrucar entre sus brazos como buscando la protección que no ha tenido hasta ahora. Sonia también quería hacerla gozar pero ella dice:
-Espera quiero disfrutar de vosotros, quiero haceros sentir lo agradecida que os estoy, incluso quiero daros el dinero que he conseguido ahorrar de las propinas que me daban los clientes-. Se estiró para alcanzar su bolso olvidado en la mesilla y sobre el generoso pecho de Sonia dejó caer una pequeña fortuna en billetes.
-Pero criatura... ¿tú estas bien de la cabeza? Todo eso es tuyo, nosotros no te pedimos nada-.
-Sois tan buenos conmigo que quiero... haceros felices-.
-Bueno a mí me estas haciendo muy feliz así desnuda encima de mí, y seguro que a Manolo le pasaría lo mismo, te quiero junto a nosotros-.
Y volvió a besarla con toda su pasión.
-Ahora solo tenemos que buscar una forma de decírselo, cosa que no creo difícil. Ahora me toca a mí hacerte un poco más feliz a ti.
Con los muslos a ambos lados de la rubia cabeza Sandra hizo descender su coñito sobre la boca y la lengua y durante un buen rato su clítoris, los labios hasta donde alcanzaba la inquisitiva lengua dentro de la vagina y hasta el perineo y el ano recibieron las caricias húmedas de la mujer del camionero. Los ojos azules de deslizaban por el vientre plano y los pechitos morenos y sus manos no estaban quietas: de las nalgitas, por la espalda a los pechos y hombros por delante toda la piel que alcazaba tocaba y acariciaba. Varias veces se corrió la caribeña sobre la boca golosa pero esta no paraba. Aún así su cabeza no había dejado de darle vueltas al asunto de su marido y decidió que un ataque directo era lo mejor. Se aproximaba la hora de la comida cuando el chico despertaba solo y hambriento.
Decidiendo que un ataque frontal era la mejor estrategia agarró a Sandra de la mano y desnudas como vinieron al mundo se fueron al dormitorio donde Manolo dormía desnudo con la sábana recogida entre las piernas y la polla dura por los sueños apuntando al ombligo. Cada una se puso a un lado y entre las dos se pusieron a comerle el rabo que inmediatamente al sentir las lenguas dulces y cariñosas dio un salto como reacción. Un dulce despertar con las dos bellezas junto a su polla y los culitos desnudos casi junto a su cabeza. Así que aprovechó y deslizó sus manos por el culito blanco y por el culito moreno hasta que sus dedos índices investigando alcanzaron los dos coñitos cachondos que chorreaban jugos.
La sorpresa quedaba muy diluida por lo que sentía en su polla, la lengua de la morenita empezaba a investigar sus huevos peludos mientas su mujer se dedicaba al hermoso tronco, o cambiaban y la ex putilla se metía le glande en la boca para apretarlo mientras la rubia se dedicaba a los peludos testículos y en cuanto abrió las piernas al perineo. Sonia quería, con algo de cargo de conciencia por haber sido la primera en beneficiarse a la invitada, ver a su marido follarse a la caribeña, con una leve indicación la hizo darse la vuelta, subirse encima de él y sosteniendo ella misma las nalgas duras, las fue bajando despacio mientras contemplaba como el duro miembro de su chico penetraba en el coñito dulce y ella misma la guiaba en la penetración y así la hizo cabalgarlo mientras ella se sentaba sobre su cara para que el chico le comiera el clítoris con la maestría que le caracterizaba. Manolo con la lengua ocupada con los labios de la vulva, el perineo y hasta el ano de su esposa y las manos amasando las nalgas de esta sentía el sinuoso cuerpo de Sandra moviéndose sobre su vientre hasta clavarse la polla en lo más hondo del delicioso coñito. No lo veía, no podía tocarlo pero sentía el rabo apretado durante unos momentos, quieta, acomodándolo en su interior solo con los músculos de la vagina, luego sintió todo el movimiento como si quisiera exprimírselo. Las dos chicas se besaban con furia, la lengua de la caribeña recorría la boca ansiosa y le amasaba los desarrollados pechos con una atención especial a los rosaditos pezones duros.
Ninguno de los tres estaba quieto, ninguno podía parar dando todo el placer posible y recibiéndolo de los demás. Sonia fue la primera en correrse, sus abundantes jugos se deslizaban por la barbilla de su hábil marido. Al sentirlos en la lengua este descargó el semen en la vagina de la caribeña ardiente y ella inmediatamente recibiendo las caricias de la cariñosa pareja derramó la mejor corrida que había tenido en mucho tiempo sobre los testículos empapados por sus jugos del camionero. Agotados por las emociones del día se dejaron caer encima del chico besándolo ambas por el placer recibido. Las lenguas de ambas competían por entrar en su boca y jugar con la de Manolo.
Este no perdía la oportunidad de acariciar los deseables cuerpos desnudos mientras pensaba en todo lo que estaba pasando. Entre las dos le habían dejado la polla en carne viva y no tenía ninguna explicación para ello. Cómo su joven novia había llegado a tal grado de complicidad con la extranjera. Y lo que les esperaba a partir de ahora. Cosa que su esposa pasa a explicarle con detalle mientras le da de comer. Sandra se quedará a vivir con ellos y a la ayudará en su pequeño negocio haciéndole compañía mientras él esta fuera en sus rutas. Y cuando llegue le espera una cariñosa bienvenida por parte de las dos chicas. La hermosa caribeña abre los ojos negros ante el plan y tan cariñoso recibimiento que no esperaba.
Tras la comida y para ayudarle a reponer fuerzas lo sientan en un cómodo sillón mientras Sonia le enseña a su chico algunas habilidades que él no le conocía. Sobre el sofá del salón agarra a la caribeña y la coloca a cuatro patas, ella se sitúa detrás y con la habilidosa lengua le recorre las nalgas cada vez mas dentro de la rajita hasta alcanzar el ano rugoso, lamiendo los alrededores o intentando penetrar en él con la lengua. Baja por el perineo buscando el coñito moreno, los labios finos ofrecen el tesoro del clítoris solo con un roce mínimo y su dueña suspira y goza de la caricia de su amiga, de su amante. Manolo comienza a explicarse el grado complicidad entre las dos chicas por que hasta entonces desconocía las habilidades lésbicas de su novia.
Pero esta noche cuando la puerta del pasajero se abre sube a la ajada cabina una chica morena de cabello, de piel oscura y rasgos entre sudamericanos y algo de mulata, es muy guapa y su cuerpo por lo que se ve a la difusa luz del panel de instrumentos es algo impresionante. Los pechos firmes y duros parecen querer romper la tela de la camiseta estrecha y de profundo escote. Los muslos desnudos y torneados salen de un pantaloncito tan corto que medio culo firme y redondito queda fuera de él. El ombligo bronceado está adornado con un pircing, una media luna de plata. La chica con un acento insinuante que recuerda las palmeras y el profundo azul del mar caribe le cuenta con gran profusión de cariños, cielos y amores que se ha escapado del prostíbulo que él acaba de pasar donde la tenían retenida contra su voluntad. Manolo se ha dado cuenta que nadie sabe de la fuga y que los posibles matones de medio pelo nunca podrían seguirle la pista a su camión de entre todos los que pasan por esa carretera.
Se siente a salvo y tranquiliza a la chica que al poco rato se queda dormida en el asiento, Manolo la cubre con su chaqueta y sigue conduciendo.
Tras coger dos desvíos que su ruta exigía se detiene a desayunar e invita a la chica, Sandra agradecida ve cómo los demás camioneros lo miran con envidia, acompañado de esa belleza. Ella se arrima mucho a su brazo y su pecho casi desnudo se pega a su poderoso bíceps cuando ella le agarra del brazo y le besa en la boca sin reparos excitándole casi sin proponérselo. Manolo piensa en cómo se lo va a explicar a su joven novia Sonia con la que vive, cuando un rato mas tarde aparque el camión a la puerta de su casa. A la vez se siente responsable de la desvalida que ha recogido en el camino. Al fin se da cuenta de que solo la verdad es la única solución para salir del embrollo.
Sonia vestida solo con un leve vestido de tirantes, salió a recibirlo en cuanto oyó el ruido del poderoso motor, con un cariñoso beso con lengua apretándose a su cuerpo. De pronto oyó el sonido de la otra puerta de la cabina y vio los largos muslos morenos y el precioso y casi desnudo culo de Sandra bajar por la escalerilla. Un breve arrebato de celos le hizo arrugar el sensual morrito, pero un poderoso abrazo de los bíceps de oso de su novio y las fuertes manos recorriendo sus nalgas sin ningún disimulo le hizo pesar que si hubiera algo entre su chico y la sensual morena no la habría traído a su propia casa. Sentados en el sofá ante unas tazas de café ambos explicaron la aventura nocturna y la ya ex prostituta contó su triste historia, ampliándola con su vida en el pobre país de origen, el falso matrimonio con un español que en cuanto bajaron del avión le quitó el pasaporte y la dejó en manos de los proxenetas. Incluso soltó alguna lagrimita ante el joven y atractivo matrimonio.
Sonia tenia tan buen corazón como su marido y aunque un poco mas desconfiada le ofreció a la hermosa caribeña una habitación en su casa. Le ofreció una ducha y casi antes de poder ponerse uno de los vaporosos camisones de Sonia estaba dormida en la pequeña cama de la habitación de invitados. Manolo y ella pensaron en explicarle a los vecinos que ella era una compañera de estudios de la joven esposa mientras permaneciera en su casa.
E inmediatamente se fueron a su dormitorio para ampliar el cariñoso recibimiento que Manolo se merecía. Este no podía apartar las manos del cuerpo de su esposa y le iba subiendo la falda mientras se dirigían a la enorme cama de matrimonio. La atrapó por la cintura y besaba sus hombros y su cuello con verdadera pasión a la vez que amasaba los enormes pero bien formados pechos. Manolo recordando el firme culo de la invitada pegaba la dura polla a las nalgas poderosas de Sonia. Deslizando sus manos por debajo de la falda le acarició la parte delantera de los muslos acariciando el monte de venus suavemente por encima de la lycra, bajó el tanga hasta sacárselo por los pies, momento que aprovechó para agachándose deslizar la cara por su culo, mordisquear suavemente las nalgas y pasar la lengua por la rajita hasta el ano. En el otro dormitorio la joven invitada oía medio en sueños los ruidos de la pareja amándose. Sonia ya entregada se agachó arrodillándose sobre la cama para permitirle el acceso más cómodo posible, mientras disfrutaba de la húmeda caricia en su agujero más intimo.
Manolo empezó a besar la piel de las nalgas y la espalda subiendo lamiendo por la línea de la columna mientras le subía el vestido hasta sacárselo por la cabeza. Ella ya desnuda pero impaciente esperó a que él se arrancara la ropa y volviera a comerle las nalgas, a lamer su ano ensalivándolo bien como preparación a la lenta y delicada penetración. Le puso el glande en la entrada y fue empujando despacio casi sin necesidad de guiarla con su mano pues los días sin follar en la carretera y la imaginación pensando en los pechitos de Sandra conseguían una extraordinaria dureza en su polla. Lentamente la follaba despacio acariciando sus pechos o pasando una mano por debajo de sus anchas caderas con el dedo ensalivado para excitar su clítoris, Sonia jadeaba, suspiraba aunque intentaba controlarse para no despertar a Sandra, y Manolo bufaba sintiendo como el culito de su esposa apretaba su rabo como queriendo exprimirlo. Hasta que se corrió dentro de ella aún siguió entrando y saliendo durante un rato pues parecía que su polla no quería quedarse en reposo. Cuando por fin bajó la dureza se la sacó para inmediatamente pasar a comerle otra vez el culito, el semen que rezumaba de su ano y los jugos que la excitación hacían brotar de su coñito al que alcanzaba perfectamente teniéndola puesta a cuatro patas. Manolo agotado tras la noche de volante se quedó dormido al poco rato mientas su esposa le acariciaba el cabello y le besaba en la frente.
Entonces se puso el ligero vestido y fue a comprobar como su invitada seguía durmiendo algo inquieta, la sábana se le había recogido a los pies y los morenos muslos quedaban a la vista hasta las braguitas que le había prestado. Uno de sus pechos morenos y el oscuro pezón de pequeño tamaño asomaba por el tirante del leve camisón algunas tallas más grandes de lo que debería. Algo se removía en el fondo de su corazón la veía como alguien desvalido, a quien proteger y por otro lado la belleza de la muchacha la había conmovido y recordaba sus experiencias juveniles con amigas, la investigación sobre el sexo que le llevó a sus primeras experiencias lésbicas. Todo a su debido tiempo la joven se quedaría con ellos al menos unos días. El tiempo necesario para despistar por si alguien la perseguía y ayudarla a comenzar una nueva vida, no la iba a liberar de la esclavitud para lanzarla a la pobreza.
Contenta y sin las braguitas, olvidadas en el dormitorio se puso a hacer las faenas de la casa, al cabo de un par de horas Sandra despertó asustada por que no sabía dónde se encontraba. Sonia alarmada al oír el ruido acudió al dormitorio para verla acurrucada contra la pared. Despertada su ternura se sentó en la cama junto a ella la acogió entre sus brazos y besando su suave y negrísimo cabello le repetía estas a salvo, nadie va a hacerte daño.
Te vamos a cuidar. Poco a poco se fue tranquilizando y automáticamente empezó a responder a las caricias de la rubia. Deslizó sus brazos por su espalda abrazándola y masajeando suavemente su espalda o arañando suavemente la línea de la columna sus pechos apenas cubiertos por las livianas telas se rozaban consiguiendo poner duros los pezones de ambas y el primer beso suave en los labios fue algo completamente natural. Sonia acariciaba la negra melena y la cogió de la mandíbula mientras los besos se fueron haciendo mas apasionados y las lenguas empezaban a entrar en acción. Cuando Sandra deslizó una mano por sus muslos en una leve caricia. Avanzando cada vez mas descubrió que la rubia no llevaba bragas. Deslizo dos de sus dedos hasta su coñito y apartando el vello fino y rubio le acarició los labios de la vulva que se abrieron solos a la caricia, descubriendo como pétalos de una flor el anhelante clítoris. Un gemido de placer escapó de sus labios. Sonia casi desmayada de placer intentó apartarla y decirle que no era necesario que la recibían de buena gana y ella contestó que quería hacerlo, se inclinó y retirando los tirantes del camisón dejó al descubierto los pechos pequeños cónicos y bien firmes de su invitada y pasó a mamarlos y acariciarlos con sus labios, con la lengua tierna, haciéndola suspirar. Lo que temía se había producido antes de lo esperado así que rindiéndose a lo inevitable se separó solo un segundo para quitarse el vestido y sacarle la negligé a la invitada.
Recostadas en la cama se besaban sin prisa las lenguas cada vez mas atrevidas mientras las manos recorrían sin descanso el cuerpo de la otra. Sandra seguía investigando el coñito de la rubia mientras esta dedicaba sus atenciones a su firme y prieto culito, sus nalgas eran amasadas y acariciadas. De pronto la ex prostituta se colocó encima de ella y paso a besar sus hombros, lamer los pechos grandes claros poderosos y meterse los pezones de grandes areolas en la boca mientras su cuerpo sinuoso se frotaba contra el de la rubia, seguía bajando por el vientre hasta el ombligo donde metió la lengua mientras los pechos duros rozaban adrede el monte de venus de su amante. Los pezones en el clítoris fueron un descubrimiento nuevo pues Sandra era capaz de manejarlos como si de un dedo se tratara acariciándola con un fino control. Pero seguía bajando la lengua, ya lamía los vellos rubios y por fin llegó a la vulva que abierta la esperaba anhelante. Sonia se retorcía de placer con los muslos bien abiertos mientras la morena le proporcionaba todo el placer que podía como expresión de su agradecimiento. Sus sabias caricias apasionadas despertaban los rincones de su coñito haciéndola suspirar. Con los poderosos muslos bien abiertos y la morenita acurrucada entre ellos pensaba que solo la presencia de su marido haciendo gozar a la belleza invitada podía hacer completo el instante de placer.
Pero Manolo aun dormía el sueño de los justos por completo ajeno a los planes de las dos chicas que se estaban amando en el dormitorio de al lado. Con el sabor de varios de sus orgasmos en su lengua y labios Sandra besó a Sonia en la boca y se volvió a acurrucar entre sus brazos como buscando la protección que no ha tenido hasta ahora. Sonia también quería hacerla gozar pero ella dice:
-Espera quiero disfrutar de vosotros, quiero haceros sentir lo agradecida que os estoy, incluso quiero daros el dinero que he conseguido ahorrar de las propinas que me daban los clientes-. Se estiró para alcanzar su bolso olvidado en la mesilla y sobre el generoso pecho de Sonia dejó caer una pequeña fortuna en billetes.
-Pero criatura... ¿tú estas bien de la cabeza? Todo eso es tuyo, nosotros no te pedimos nada-.
-Sois tan buenos conmigo que quiero... haceros felices-.
-Bueno a mí me estas haciendo muy feliz así desnuda encima de mí, y seguro que a Manolo le pasaría lo mismo, te quiero junto a nosotros-.
Y volvió a besarla con toda su pasión.
-Ahora solo tenemos que buscar una forma de decírselo, cosa que no creo difícil. Ahora me toca a mí hacerte un poco más feliz a ti.
Con los muslos a ambos lados de la rubia cabeza Sandra hizo descender su coñito sobre la boca y la lengua y durante un buen rato su clítoris, los labios hasta donde alcanzaba la inquisitiva lengua dentro de la vagina y hasta el perineo y el ano recibieron las caricias húmedas de la mujer del camionero. Los ojos azules de deslizaban por el vientre plano y los pechitos morenos y sus manos no estaban quietas: de las nalgitas, por la espalda a los pechos y hombros por delante toda la piel que alcazaba tocaba y acariciaba. Varias veces se corrió la caribeña sobre la boca golosa pero esta no paraba. Aún así su cabeza no había dejado de darle vueltas al asunto de su marido y decidió que un ataque directo era lo mejor. Se aproximaba la hora de la comida cuando el chico despertaba solo y hambriento.
Decidiendo que un ataque frontal era la mejor estrategia agarró a Sandra de la mano y desnudas como vinieron al mundo se fueron al dormitorio donde Manolo dormía desnudo con la sábana recogida entre las piernas y la polla dura por los sueños apuntando al ombligo. Cada una se puso a un lado y entre las dos se pusieron a comerle el rabo que inmediatamente al sentir las lenguas dulces y cariñosas dio un salto como reacción. Un dulce despertar con las dos bellezas junto a su polla y los culitos desnudos casi junto a su cabeza. Así que aprovechó y deslizó sus manos por el culito blanco y por el culito moreno hasta que sus dedos índices investigando alcanzaron los dos coñitos cachondos que chorreaban jugos.
La sorpresa quedaba muy diluida por lo que sentía en su polla, la lengua de la morenita empezaba a investigar sus huevos peludos mientas su mujer se dedicaba al hermoso tronco, o cambiaban y la ex putilla se metía le glande en la boca para apretarlo mientras la rubia se dedicaba a los peludos testículos y en cuanto abrió las piernas al perineo. Sonia quería, con algo de cargo de conciencia por haber sido la primera en beneficiarse a la invitada, ver a su marido follarse a la caribeña, con una leve indicación la hizo darse la vuelta, subirse encima de él y sosteniendo ella misma las nalgas duras, las fue bajando despacio mientras contemplaba como el duro miembro de su chico penetraba en el coñito dulce y ella misma la guiaba en la penetración y así la hizo cabalgarlo mientras ella se sentaba sobre su cara para que el chico le comiera el clítoris con la maestría que le caracterizaba. Manolo con la lengua ocupada con los labios de la vulva, el perineo y hasta el ano de su esposa y las manos amasando las nalgas de esta sentía el sinuoso cuerpo de Sandra moviéndose sobre su vientre hasta clavarse la polla en lo más hondo del delicioso coñito. No lo veía, no podía tocarlo pero sentía el rabo apretado durante unos momentos, quieta, acomodándolo en su interior solo con los músculos de la vagina, luego sintió todo el movimiento como si quisiera exprimírselo. Las dos chicas se besaban con furia, la lengua de la caribeña recorría la boca ansiosa y le amasaba los desarrollados pechos con una atención especial a los rosaditos pezones duros.
Ninguno de los tres estaba quieto, ninguno podía parar dando todo el placer posible y recibiéndolo de los demás. Sonia fue la primera en correrse, sus abundantes jugos se deslizaban por la barbilla de su hábil marido. Al sentirlos en la lengua este descargó el semen en la vagina de la caribeña ardiente y ella inmediatamente recibiendo las caricias de la cariñosa pareja derramó la mejor corrida que había tenido en mucho tiempo sobre los testículos empapados por sus jugos del camionero. Agotados por las emociones del día se dejaron caer encima del chico besándolo ambas por el placer recibido. Las lenguas de ambas competían por entrar en su boca y jugar con la de Manolo.
Este no perdía la oportunidad de acariciar los deseables cuerpos desnudos mientras pensaba en todo lo que estaba pasando. Entre las dos le habían dejado la polla en carne viva y no tenía ninguna explicación para ello. Cómo su joven novia había llegado a tal grado de complicidad con la extranjera. Y lo que les esperaba a partir de ahora. Cosa que su esposa pasa a explicarle con detalle mientras le da de comer. Sandra se quedará a vivir con ellos y a la ayudará en su pequeño negocio haciéndole compañía mientras él esta fuera en sus rutas. Y cuando llegue le espera una cariñosa bienvenida por parte de las dos chicas. La hermosa caribeña abre los ojos negros ante el plan y tan cariñoso recibimiento que no esperaba.
Tras la comida y para ayudarle a reponer fuerzas lo sientan en un cómodo sillón mientras Sonia le enseña a su chico algunas habilidades que él no le conocía. Sobre el sofá del salón agarra a la caribeña y la coloca a cuatro patas, ella se sitúa detrás y con la habilidosa lengua le recorre las nalgas cada vez mas dentro de la rajita hasta alcanzar el ano rugoso, lamiendo los alrededores o intentando penetrar en él con la lengua. Baja por el perineo buscando el coñito moreno, los labios finos ofrecen el tesoro del clítoris solo con un roce mínimo y su dueña suspira y goza de la caricia de su amiga, de su amante. Manolo comienza a explicarse el grado complicidad entre las dos chicas por que hasta entonces desconocía las habilidades lésbicas de su novia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)