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miércoles, 27 de octubre de 2021

Sentada en la escalera

. Era un julio caluroso, agobiante. Regresaba a casa después de un turno de noche especialmente incordiante. Me apetecía meterme en la cama aunque nadie me esperase dentro. Solo me cubría un short vaquero especialmente corto y una camiseta de tela ligera que marcaba mis pechos como si apenas llevase ropa encima. Y es que debajo de ella no llevaba nada. Bueno eran mas de las seis de la madrugada y no me vería nadie, así que no importaba. Al abrir la puerta del ascensor, en mi piso, me llevé un pequeño sobresalto, a esas horas no esperaba encontrar a nadie en el pasillo. Pero allí estaba ella sentada en la escalera. Sus larguísimos muslos saliendo de una casi inexistente minifalda. Era la hija de los vecinos de al lado. A la que había visto crecer desde que sus faldas eran de ese mismo tamaño, pero le cubrían las piernas casi por entero, o por lo menos hasta los calcetines largos y llevaba coletas recogiendo esa bella melena castaña. - ¿Pero qué haces ahí? criatura. ¿Y a estas horas? La pinta era que regresaba de juerga pero tuve que preguntarle que hacía en el pasillo sentada en un escalón y no en su cama. Sus padres estaban de viaje y ella se había dejado las llaves dentro del piso. - Me he dejado las llaves dentro y estoy sola. No sé que hacer. - Bueno no te vas a quedar ahí más rato. Anda, entra en casa. Casi me vi obligada a invitarla a pasar mientras esperábamos a un cerrajero o a sus familiares. Aunque solo por contemplar un rato mas aquellas piernas o su tremendo escote merecía la pena quedarme despierta toda la mañana. O todo el día si hiciera falta. La vista era realmente espectacular. - ¿Te apetece comer algo? ¿Un café?. - Si te vas a hacer algo para ti, lo mismo. Si no, no te molestes. - No es molestia, ponte cómoda. Me mostré amable como buena vecina mientras preparaba un ligero desayuno para las dos. Interesándome en su vida y en como había pasado la noche, a la vez que le echaba jugosos vistazos cada vez menos disimulados a su expuesta anatomía. No era la única, mis muslos completamente desnudos por el short parecían atraer sus bellos ojos castaños. También mis pezones duros y marcados en el algodón de la camiseta se llevaron buenos vistazos. - Antes, de niña, me contabas todo. Hace mucho que no hablamos, aunque con la uni estarás liada. ¿Te has divertido? ¿Has ligado?. - Si, apenas coincidimos. Con tus horarios y los míos, aunque se que mi madre te tiene al tanto de mis andanzas. Y me echó una enigmática sonrisa que no supe descifrar en ese momento. -Y esta noche al final nada. Un par de copas, unos bailes y a pasar el resto de la noche con el móvil en la escalera. Si no llega a ser por ti, un desastre de noche. Solo de imaginarla bailando con esa minifalda en medio de un montón de babosos me ponía cachonda. Ya me hubiera gustado estar en el mismo pub tomando una copa o trabajando de camarera. - Pasa al baño y quítate el maquillaje. Yo me pondré algo más cómodo. Le ofrecí mi baño para que se desmaquillara. Mientras, dejaba adrede la puerta de su aseo abierta. Ya en mi dormitorio, me desnudaba del todo y luego me cubría con un pequeño y corto kimono de fino satén. Me pareció ver por el rabillo del ojo como ella espiaba mi desnudez desde el espejo sobre el lavabo. Nos habíamos estado contemplando desde que la dejé pasar a mi casa. Nos sentamos a la mesa de la cocina, una enfrente de la otra. La prenda que me cubría, descubría mas bien, estaba mas abierta por el escote de lo que pretendía al principio y mis muslos permanecían desnudos aún mas arriba que los suyos. Sorprendí más de una mirada fugaz hacia mis pechos, así que decidí subir las apuestas. Había conseguido que dejara sus stilettos en el salón. Le ofrecí algo mas cómodo para ponerse mientras esperábamos. - Ya que tienes que quedarte un rato, te puedo dejar algo para que cambies. Podrás escoger, tenemos una talla parecida. Al terminar el desayuno volvimos a mi dormitorio a buscar en mis cajones. Se los señalé con un gesto, dando permiso para curiosear lo que quisiera. Incluido aquél en que guardaba mi lencería mas sugerente, aquél en el que ella curioseó bastante. Después de un rato, terminé ofreciéndole un breve camisón de tirantes de raso y con la falda justo al ras de mis nalgas. Era la prenda que hacía juego con el kimono que yo tenía puesto y que había decidido dejar en el cajón un rato antes. Como ella es más alta que yo debería quedarle aún mas corto. Era la prenda que hacia juego con lo que yo tenía puesto pero que no me había molestado en usar. Sentada en mi cama pude ver pude ver como se deshizo sin complejos del cinturón que ella llamaba falda y del top que comprimía sus preciosos, cónicos y duros pechos. Ante mí solo con el microscópico tanga de encaje lucia su bello cuerpo sin mas vergüenza que yo el mío. Moviéndose por mí dormitorio sensual y felina tardó un rato en cubrirlo con la prenda que le había ofrecido. Como imaginaba le quedaba completamente provocativa. Los pezones marcados en el fino satén. Al ser un poco más alta que yo, tenía más de medio culo desnudo. No nos movimos del dormitorio, ya no hacía falta disimular mucho más. - Estás preciosa. Te queda fantástico. - Creo que le gustaría a cualquiera con esto puesto. Es muy provocativo, no sabía que tuvieras esta lencería tan sensual. - Cielo, con cualquier cosa e incluso sin nada, tendrías encandilado a cualquiera que te propongas. Podríamos habernos echado en la cama y dormir pero esa no era la idea de ninguna de las dos. Estábamos cómodas allí. Yo terminé de recostarme en mi cama de matrimonio dejando que el kimono se abriera mas y ella pudiera ver sin estorbos mis pezones. Con los muslos juntos ella aún no podía ver mi vulva. Se tumbó a mi lado de costado mirándome y mordiendo su labio inferior mientras me contaba más detalles de su noche. Los reducidos y provocativos vestidos de sus amigas, sobre alguno de los chicos que le habían entrado y que no le gustaron. Casi solos, mis dedos acariciaron suavemente su largo muslo. Como no rechazó la caricia dejé descansar mi mano en su cadera justo sobre el prieto culo. Ella aún llevaba su microscópico tanguita que me ocultaba los labios de su vulva. Con algo de su largo cabello ocultando su bello rostro me pareció sorprender una sonrisa en sus rojos labios. Se inclinó sobre mi cara, rozándome con su melena me besó con suavidad en los labios. Y por fin una de sus manos se apoderó de mi teta desnuda acariciando entre sus dedos el pezón. La mano en su cadera se apoderó de su nalga firme agarrándola con fuerza atrayéndola sobre mi cuerpo. Comenzó a darme lengua, a compartir su saliva. Mientras nuestras manos se hacían mas atrevidas en la exploración de nuestras pieles. Poco tardó en librarme del kimono con lo que me dejó desnuda del todo. Tuve que incorporarme lo justo como para sacar la prenda por mis brazos. Quedé a su merced. Lo que aprovechó para situarse entre mis muslos. Encima de mi cuerpo notaba sus duras tetas aplastarse contra las mías más esponjosas y grandes que las suyas. Tuve que separar las piernas para que se acomodará entre ellas y yo ya no tenía las bragas puestas. Así que notaba perfectamente su piel rozando mi vulva. Seguía dejando caer saliva dentro de mi boca y volviendo a recogerla con la lengua. Cruzándose con la mía que se la chupaba. Mis manos recorrían su suave piel sin prisa. De las duras nalgas a su nuca, por toda la espalda. Con toda intención puso el muslo en mi coñito y apretó. Se me escapó un gemido al notarlo. No era su primer asalto. La chica sabia que teclas tocar y yo no tenía mi idea de con quien habría aprendido. Apreté su precioso culo para notarla. Al moverla arriba y abajo nuestras tetas, nuestros duros pezones se frotaban con más fuerza. No sé el tiempo que estuvimos besándonos, solo eso. Además de acariciarnos con suavidad. A mí se me había pasado el sueño y ella parecía no tenerlo. Al cabo de un rato ella empezó a moverse, sin prisa. Besando y lamiendo toda mi cara. Al meter la lengua en mi oreja me hizo cosquillas pero no le pedí que dejara de hacerlo. Bajaba despacio por mi piel, por el cuello y los hombros. Cuando empezó a mordisquear mis pechos y besar mis pezones casi me corrí. Pero ella no era la única que sabía jugar a ese juego. Conseguí deslizar una mano entre las dos, por el plano vientre hasta alcanzar su coñito. El gemido que soltó lo acalló en mis tetas. Suave separé los labios hasta alcanzar el clítoris. Ahora sus flujos caían en mi muslo y el dedo índice se introdujo casi solo en su conejito. - Déjame, quiero saborearte. Y la dejé. Notaba lengua por todas partes, por mi pancita y el ombligo. Por suerte llevo el pubis bien depilado y limpio. Cuando ella lo alcanzó con sus labios la que gemía y suspiraba con fuerza era yo. Mi primer orgasmo llegó cuando su lengua tocó el clítoris. Me tenía muy caliente la nena. Derramé mis jugos en su boca apretando su cabecita entre mis muslos. ¡Joder, como lo comía!. Y no se conformó con eso. Me hizo levantar las piernas hasta llegar con las rodillas a los pezones. Estaba claro lo que buscaba. Y desde luego que no se lo negué aunque pensaba que muy limpio no estaría después de toda la noche en el trabajo. Le dio igual, su lengua me llegaba de la rabadilla al pubis pasando una y otra vez por el ano y el xixi. Y yo me corría una y otra vez. No me dejó respirar, subió buscando mi boca de nuevo. Recorrí con mi lengua sus labios untados con mi sabor más íntimo. Aún no sé como conseguí salir de debajo de ella buscando devolver el placentero favor que me había dado. La dejé tumbada boca abajo en mi colchón. Y me puse sobre ella. Me tomé un momento para contemplar esa bella obra de arte, la torneada espalda, la curva de sus nalgas, los larguísimos muslos, hasta sus pies estirados eran preciosos en esa postura. Quería saborear cada centímetro de esa piel prefecta. Empecé por los bellos pies. Lamí las plantas, se retorcía por las cosquillas pero la tenía bien sujeta. Los finos tobillos y las pantorrillas eran deliciosos. Separé sus piernas con las manos para deslizar la lengua por la cara interna de los muslos. Un poco mas arriba veía como la humedad de su coñito resbalaba hasta mi colchón. Deseaba concentrarme allí pero no iba a ser tan fácil. Mordisqueé sus duras nalgas, que suave era su piel. ella tenía la cabeza enterrada en la almohada para ahogar sus gemidos y gritos. Subí besando la línea de la columna desvíandome hacia los riñones o los omóplatos. Tuve que apartar la melena para poder lamer su nuca con mi cuerpo completamente sobre el suyo. Mis pechos apoyados en su espalda y mi pubis frotándose con su culo, los muslos enredados. Por fin iba a saborear lo que tanto había deseado esa noche. Me levanté de ella para ponerla a cuatro patas. Su grupa era prefecta, la postura le hacia lucir su gracia felina. Volví a saborear sus nalgas, desplazándome despacio por la raja. Clavando la lengua en su ano, sudado pero limpio. Pasé por el perineo y por fin pude besar la delicada vulva. Los flujos pasaron directamente a mi legua. pude jugar con el duro clítoris con la punta de la sin hueso. Y cada uno de sus orgasmos lo sentía en mi boca cada vez que su cadera temblaba contra mi cara. No quería dejarla, pero en algún momento tuve que volver a subir hasta quedar las dos tumbadas boca abajo lado a lado. Respirando con fuerza y tranquilizándonos, nos sonreíamos satisfecha al menos en parte nuestra lujuria. - ¿Desde cuando te gustan las chicas? - Siempre, bueno no en exclusiva. Voy probando y me gusta como se siente. Pero podría preguntarte lo mismo. No tenía ni idea. - Siempre he sido discreta y si alguna amiga se queda a dormir, de puertas afuera solo es una amiga, como tú y yo para tus padres. Si quieres un sitio para traer a alguien puedes contar conmigo y desde luego repetir. Me dio un beso, un buen morreo hasta sacar de mi boca hasta el último resto del sabor de su chochito. - Desde luego que quiero repetir esto, no me vas a privar de saborearte de nuevo. Eres muy amable si me dejas traer alguien aquí. Pero ¿no vas a querer mirar o participar? - Solo si tu me dejas. Desde luego. Nos fuimos a la ducha sin dejar de acariciarnos. Al poco tuvo que volver a su casa cuándo oímos regresar a sus padres. .

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Hada con su doctora

. La facultad de medicina y las prácticas de MIR habían abierto mi mente y mi actitud. Algo que mi educación en un colegio de monjas había iniciado, no por las hermanas, claro, sino por mis pervertidas compañeras. Pero estos años universitarios con médicos y enfermeras siempre dispuestos a pasar un buen rato consiguieron ampliar mucho más mis horizontes. Han pasado unos años desde entonces pero esa actitud liberal no la he perdido nunca, más bien he tratado de cultivarla cada vez que tenía oportunidad con algún buen ejemplar. A veces si era posible con dos o más a la vez. Ahora estoy de médico de familia en un centro de salud de barrio. No ofrece tantas posibilidades pero nunca he dejado de prestar atención a las opciones que se abrían ante mí. Así han caído compañeros y compañeras, más de un paciente o familiar de buen ver e incluso uno de los camareros del bar al que voy a tomar café en los descansos, un jovencito encantador y muy complaciente. Una calurosa tarde de verano una choni entra en mi consulta. Era la última paciente del día y un bonito espectáculo por si misma. Delgadita y provocativa, minifalda vaquera muy corta, top luciendo unas tetitas pequeñas pero bonitas y que desnudaba su torneada espalda. Unas inverosímiles sandalias de plataforma elevaban ese bonito cuerpo a casi diez centímetros del suelo. Al verlas lo primero que pensé es que venía por un esguince en el tobillo. Nunca la había visto por el consultorio, me habría fijado en ese ejemplar. Acababan de pasarmela de otro médico ciertamente con más escrúpulos que yo y que no quería atenderla. Deslicé la vista desde las pintadas uñas de los pies a la lisa y preciosa melena rubia teñida y muy cuidada, recreándome en su exótica y salvaje belleza. De inmediato me di cuenta de lo que ocurría, las palabras escaparon de mí boca con una incontinencia verbal que no suele caracterizarme. - pero ¡alma cándida! ¿a que edad empezaste a tomar hormonas?. La nena tuvo el detalle de ruborizarse y a punto estuvo de salir corriendo por la misma puerta que acababa de cruzar. Desde luego que se lo impedí y avergonzada por mí actitud le pedí de inmediato disculpas por mi torpeza. - Perdóname pero me has pillado de sorpresa. Nunca se me ocurriría tratarte así. Pasa y cierra. Así estaremos más tranquilas y me cuentas lo que te preocupa. Tenía que hacerle un chequeo completo para comprobar que la alteración hormonal no había causado algún problema. Ahora que aún estábamos a tiempo de tratarlo si existiera. - Desnúdate y tiendete en la camilla, tenemos que comprobar que estés bien y ajustar el tratamiento si lo necesitaras. Para tranquilizarla mientras se libraba de su escaso atuendo y sin que yo me perdiera ni un detalle de tan bonito striptease le fui preguntando por lo que había tomado y por cómo se encontraba. Aparte del problema puntual por el que había venido ese día, una tontería de adolescente. Parecía encontrarse bien, francamente bien a primera vista. Tenía, tiene, un cuerpo precioso, delgado bien moldeado, en el que empezaban a despuntar dos pechitos que prometían llegar a ser dos hermosas tetas. La cadera se le había redondeado que le había dejado un culito respingón y firme. Tenía pinta de hacer ejercicio además del tratamiento que había empezado por su cuenta. Y que había consultado en Internet. Admito que me estaba recreando viendo ese streptease improvisado y las partes de su anatomía que iba descubriendo. Sus largos y ahusados muslos en cuanto la falda cayó, el tanguita apenas podía contener su polla aún no demasiado afectada por las hormonas. Se dejó esa prenda supongo que por un resto de timidez pero no tuve ninguna misericordia. Con un gesto le hice desprenderse hasta el último trapito. Aunque parecía bastante acojonada por la situación el rabo no parecía pensar lo mismo. Morcillón colgaba entre las piernas amenazando con ponerse firme en cualquier momento. Le, la hice tumbar en mi camilla. Empecé de un forma muy profesional con un examen detallado pero sin recrearme palpando músculos y el vientre sin encontrar ningún problema. La bata abierta descubría mi escaso atuendo y tanto como por la temperatura como con tenerla allí a mi merced, estaba pasando mucho calor. Lo que su presencia sensual no ayudaba a aliviar. Mi talla ciento diez doble d en un top escasito, aunque algo más grande que el suyo, eso sí, luciendo los pechos sin sujetador en la cálida tarde de verano. Sus ojos estaban clavados en mis tetas creo que con algo de envidia. La falda de tubo no muy larga marcaba mi voluptuosa cadera ajustada a mis muslos. No se me iban a presentar muchas oportunidades de tener un ejemplar así de bonito a mi disposición. Así que un momento después estaba mandando mentalmente el juramento Hipocratico a la mierda y pensando en cómo pasar un rato agradable las dos juntas. Empecé a preguntarle por sus relaciones sexuales. Era lógico para comprobar si tenía alguna venerea. - ¿Te has acostado con muchos chicos? ¿Eres muy promiscua? ¿Lo haces con protección? - En realidad menos de lo que me gustaría. No hay mucha gente abierta de mente que me acepte tal y como soy. Pensaba que aunque fuera por morbo algo más podría ligar, pero no. Y sí, siempre con condón. - Bueno ellos se lo pierden. A mi me pareces muy bella. Pero, ¿no eres virgen? ¿verdad? - No, he tenido experiencias, aunque no demasiadas. -Y ¿con chicas? Fui llevándola al terreno que me interesaba. Entre los toqueteos y la conversación su polla apuntaba al techo. No era muy grande, pero si bonita cabezona, con las venas marcadas, sin un pelo y a un lado, en la cadera, un pequeño tatuaje de un hada. Aproveché el momento para empezar con ella y examinarla cogiendo los huevos y palpando comprobando que estaba perfectamente sana. - Con chicas aún menos que con chicos, a todas les parezco un bicho raro. -¿Pero te gustan? - Si, aunque yo quiera ser una mujer, también me atraen. Al oír eso yo flotaba. - Yo pensaba que la gente de tu edad estaba más liberada, con menos complejos. - Algunos demasiado para mis gustos y la mayoría demasiado poco. También hay mucho salvaje por ahí que ha visto demasiado porno. Lo difícil es encontrar el término medio que me guste y a quien yo guste. - No creo que te cueste mucho viendo a lo que vas a llegar, con esa carita dulce y ese cuerpo tan femenino. Echándole cara le decía todo eso sin dejar de acariciarla y sobarla. Incluso alguna vez que me inclinaba sobre ella rozando su cuerpo con mis tetas. -¿No me pasa nada? ¿Estoy bien? - Estás estupenda, nena. Preciosa, para mí gusto una belleza, y si vas a seguir por este camino te ajustaré la medicación y te puedo dar algún consejillo más. Sonriendo, pero tímida aún, se daba cuenta que estaba flirteando con ella. Tonta del todo no era. Había echado buenos vistazos a mi generoso escote y a mis pezones marcados en la fina tela. Parecía que mi cuerpo voluptuoso no le era indiferente del todo. Y a juzgar por la dureza que había alcanzado su polla le estaba gustando la situación. Cogí su pene y lo estuve acariciando un momento para provocarla aún más. Parecía que si seguía tocándolo no tardaría en correrse y eso no es lo que quería. Bueno si se daba la ocasión me la metería en la boca y me tragaría con gusto su corrida. - Gírate, ponte boca abajo. Aproveché un rato para manosear sus duras nalgas. Era evidente que por su edad un examen de próstata era innecesario pero no iba a privarme de ello. Y eso que estaba deseando hacérselo con la legua. Calzándome un guante de látex le pregunté. - ¿Has venido limpita? Sube el culito por favor. - Creo que sí doctora, pero no estoy segura del todo. - No importa, ¿Te fías de mí? - Por supuesto, estoy en sus manos. Contestó con una bonita sonrisa que me pareció bastante lasciva. Poniéndose a cuatro patas sobre la camilla me dejó completo acceso al ano. Usando con generosidad el lubricante tanto en su culo como en el guante procedí a hacer un examen completamente innecesario y que iba a aprovechar para follar ese culito con mis dedos. En cuanto empecé a acariciar la raja se le escapó un gemido que sonó dulce y femenino. Despacio repartiendo el lubricante empecé a meter un dedo, abriendo el ano con cuidado y cariño. -¿Te duele? -¡No! para nada, se siente ¡uf! genial. Nadie me ha hecho nunca algo así. Nadie me ha hecho sentir tan bien. Con el índice y el medio le estaba llegando a la próstata. Traviesa con la otra mano sin guante le volví a acariciar la polla y llenó toda la camilla bajo su cadera de semen. La cabeza apoyada en sus antebrazos, la melena ocultando la expresión de lujuria. Pero nada pudo acallar el gemido que escapó de su boca cuando se corrió. Hubiera preferido que lo hubiera hecho en mi boca. Menos mal que había mandado a la enfermera a su casa o habría pensado muy mal de mí. O tal y como nos conocíamos las dos se hubiera apuntado a darle gusto a la muchacha. -¿Ya estás más relajada? Puedes levantarte cielo. - Estoy en la gloria. Eres maravillosa. Nadie me había hecho correr así. Salió de ella, en ese momento no hice nada. Nada más que lo que ya había hecho claro. Se giró hacia mí y me besó. Nuestros labios se juntaron suaves al principio, pero sin despegarse el beso se fue haciendo más profundo, más lascivo. Juro que fue su lengua la primera que entró en mi boca. Pero si hubiera tardado un segundo más yo le hubiera metido la mía hasta la garganta. Que fue lo que hice en ese momento. Se agarró a mis tetas como si fueran el flotador de un náufrago. Y eso que aún llevaba la camiseta. Con un grácil movimiento se deshizo de mi bata que cayó a nuestros pies. Y eso aún encaramada a la camilla. Sin separar nuestros labios consiguió bajar y quedar frente a mí. Muy cerca. Mientras hacía esa maniobra yo aproveché para soltar el cierre de mi falda que cayó al suelo. Así que además de ponérselo más fácil conseguí que la prenda no se manchara con el semen que aún goteaba de su bonita polla. El miembro iba perdiendo su dureza después del orgasmo. Esperaba recuperarla pronto. Por la forma en que me la flotaba por el pequeño tanga estando abrazadas no iba a tardar. Yo seguía agarrando su pétreo culito que me tenía hipnotizada. Ella en cambio buscaba mis pechos apretando sus duras tetitas contra ellos. No tardó nada en ayudarme a librarme del top sacándolo por mi cabeza. De inmediato se agachó a besar y lamer mis domingas. - ¡Yo quiero unas como estas!. - Las que tienes son preciosas, cielo, date tiempo. Pronto podrás operarte y ponerte algo más. Espero que elijas bien y no exageres. - Tus tetas son hermosas, espero que me ayudes a elegir la talla adecuada para mí. Conseguía contestarme sin separar los labios de mi piel, sin dejar de mordisquear suave mis pezones y continuar lamiendo de mis axilas al ombligo sin dejar de babosear todo por donde pasaba. Joven y ansiosa ahora era yo la que estaba acorralada contra la camilla. Solo tuvo que palmear la colchoneta para conseguir que me subiera. Es hábil, mientras levantaba el culo para izarme aprovechó para tirar del tanga y dejarme tan desnuda como ella. Ya me tenía en buena postura, bien abierta de piernas. Solo tenía que agacharse un poco para hacerme un cunilingus de antología. Pero quería hacerse de rogar. Empezó por mis pies, Aunque me había duchado antes de ir al trabajo debían estar algo sudados. No le daba ningún escrúpulo y se dedicó a besarlos y lamerlos un buen rato. De los dedos, todos y uno por uno, a la planta. Tenía que animarla. - Vamos nena cómemelo todo. Yo estaba loca por que me llegara al coño. Pero no por esas subía con parsimonia por mis piernas para hacerme sufrir y disfrutar a la vez. Paseaba la sin hueso por los tobillos, subiendo por las pantorrillas, escalando la cara interna de mis muslos. Cuando por fin llegó a mi vulva, me moría de impaciencia. Los labios estaba abiertos, calientes y muy muy húmedos. Y yo creía que no podía estar más cachonda. Un gemido escapó de mi garganta que no sé como no llamó la atención en el centro de salud casi vacío cuando por fin sabores mis jugos directamente de la fuente. En segundos me había corrido por primera vez. pero no fue el único orgasmo de la tarde. Siguió chupando, lamiendo y besando sin descanso. Saboreándome y recibiendo en la lengua mis jugos cada vez que me corría. No estaba yo para averiguar lo que ocurría por sus bajos. Tal y como estaba tumbada no alcanzaba a verlo, pero su joven polla se estaba recuperando rápidamente. Mirándome a los ojos entre mis muslos con la expresión más lasciva que le había visto preguntó: - ¿Quieres que te folle? - Lo estoy deseando, cariño. Méteme ya esa polla. No se hizo más de rogar. La altura de la camilla era perfecta. Se incorporó y guiando el firme miembro con la mano, el glande se fue abriendo camino entre mis labios. Firme, pero a la vez suave y con ternura. Apoyó mis piernas en su pecho, notaba la dureza de sus pezones en la parte de atrás de mis pantorrillas. Sujetando mis muslos con las manos empezó a moverse. Sin prisa, haciéndome notar cada penetración, justo como a mí me gusta, no muy deprisa. Como hacía poco que se había corrido aguantó un buen rato. Y como yo estaba muy excitada no hacía más que encadenar orgasmos uno detrás de otro. Acababa de examinarla y yo tomaba precauciones así que... - Correte dentro cielo, dámelo todo. - Estoy a punto doctora. Me contestó con su más linda carita de vicio. Sé cuando tuvo su orgasmo, cuando sus ojos se pusieron en blanco y soltó un suspiro que salió de lo más profundo de sus pulmones. No se conformó, siguió bombeado hasta que su polla quedó flácida. Y entonces se inclinó para volver a lamer mi coñito encharcado. Mis jugos mezclados con su semen que me dio a probar en un nuevo beso lascivo donde nuestras lenguas se cruzaron sin tregua. Nos quedamos un rato frente a frente acariciándonos, recuperando la respiración y besándonos con ternura. - Bueno ¿que te ha parecido esta experiencia con tu doctora? - Ha sido algo sensacional. Y espero poder repetir alguna vez más. - Cuando quieras, reina. Tienes una amiga y una médica. Y volví a besarla. Respondió a mi beso de nuevo con su lengua juguetona. Contenta por haber encontrado alguien que la comprende y a quien le gusta tal y como es. Nos vemos de vez en cuando para disfrutar juntas. Me he hecho personalmente responsable de su salud y de los cambios que ella quiere llevar a cabo, haciendo sus recetas y aconsejándola. - - .

sábado, 5 de junio de 2021

Nyotamori rural, comiendo conejo

. Comiendo conejo Mi primo me invito a comer, un sábado, en pleno verano y con el calor que hacía el plato principal asombraba un poco. Guiso de conejo, un animal recién traído del pueblo de los abuelos. Criado en casa sin piensos artificiales. Aún no se si se trataba de una indirecta o simple casualidad. Y yo con una ensalada y su trabajado cuerpo me hubiera conformado. Siempre nos habíamos llevado bien pero nunca tuvimos nada juntos. De chicos por que no nos habían dejado solos el tiempo suficiente para que los juegos subieran de nivel. Y de mas mayores por que nunca coincidimos sin pareja. Cuando yo estaba disponible él tenia novia o novio, que tampoco le hacia ascos a una buena polla. En sus épocas de soltería era yo la que estaba liada con alguien, chico o chica. Yo también soy de gustos amplios. Y esas casualidades me jodian. Por que la verdad excepto en su etapa de niño pijo repelente en la que no había quien lo aguantara, el resto del tiempo estaba más que bien, con un cuerpo muy apetecible y un carácter dulce y cariñoso. Ese sábado estaba como para comérselo, con un vaquero todo roto enseñando unas pantorrillas y unos muslos que parecían esculpidos por un artista griego y una camiseta ajustada a su torso de nadador. Incluso su piso de soltero parecía limpio y ordenado para mi asombro. Al abrirme la puerta el olor de la cazuela ya abría el apetito. Yo vestía o más bien lucía mi cuerpo con una leve minifalda con el vuelo suficiente como para poder enseñar el culo si me giraba con la suficiente rapidez. Y un top con espalda desnuda que dejaba botar mis tetas libres de sujetador y marcaba mis pezones en la suave tela. No es que quisiera provocado adrede, es que iba a ponerlo cachondo. Al verme en su puerta con esa indumentaria se quedó ojiplático. Pero no estuvo mucho tiempo paralizado. Como esperaba me cogió de la cintura y me plantó dos besos en las mejillas, muy cerca de los labios. Aproveché para pegarme a su cuerpo. No me colgué en ese momento de su cuello y le di mi lengua por que quería disfrutar la espera. - Huele muy rico primo. - Tu también. Llevas un perfume estupendo. - No llevo, es solo la ducha y el olor de mi piel. - Pues huele que alimenta. Me dijo con su carita de no haber roto un plato en su vida. Y a la vez su sonrisa era lasciva e incitante. Entré por fin a su piso encaminando hacia la cocina meneando la cadera. Sabía donde estaba mirando y se lo permití. Levanté la tapa de la cazuela y el vapor que salió empañó mis gafas. Pero estaba deseando sentarme a la mesa, y luego pasar al postre, lo que tenía mi primo entre las piernas. Paciencia, por supuesto, antes de sentarnos me ofreció un aperitivo. El pacharán también venía de casa del abuelo hecho con bayas recogidas por ellos. Hasta las aceitunas venían de su olivo. -¡Menudo banquete! ¿Todo es del pueblo? - Hasta el anfitrión viene de allí, prima, y la invitada. Sentados en su sofá, sin prisa, saboreando las copas. Nos mirábamos a los ojos con sonrisas cómplices. Pero también mirábamos más abajo. Yo me deleitaba viendo sus músculos en la ajustada camiseta y su torso poderoso. Sus ojos azules recorrían mi cuerpo con una expresión lasciva. El mueble es tan bajo que mi faldita, aunque me había sentado sobre ella, había trepado por mis muslos descubriendo más carne. Incluso con las rodillas juntas sabía que él no se había perdido un detalle. Por fin pude sentarme a la mesa que hasta lucía un mantel blanco de tela. Si me lo dicen no me lo creo. Esta vez eché la tela hacia atrás sentándome directamente sobre la silla. Mi primito venía de la cocina con algo en las manos. Al ver mis piernas así dio un traspiés que casi me tira la fuente de la ensalada encima. El tablero de la mesa es de madera sólida sino hubiera podido ver como, nerviosa y excitada, no hacia más que frotar mis muslos uno contra otro. Apartaba y juntaba las rodillas como una colegiala ante su primer novio. El tinto de la tierra estaba estupendo. -¿Quieres emborracharme? - Espero que no haga falta. - ¿Falta para qué? - Para el resto de la tarde. Creo que me sirvió las tajadas con más huesos del plato. Así que no tuve más remedio que empezar a comer con los dedos. A los cinco minutos estaba con los dedos pringados de grasa. Como ya habéis deducido soy algo paleta. Pero me encanta, para limpiarme los dedos para qué usar la servilleta. Me los chupaba con la expresión más lasciva que podía poner. Haciendo morritos cada vez que me metía uno en la boca y no era yo la que pensaba en hacerlo como si fuera una polla. Bueno si era yo. Nos mirábamos a los ojos con las manos pringadas de salsa. En algún momento uno de los dos tenía que dejarse de tonterías e ir al grano. Aún esperaba que fuera él hasta que se me hincharon los ovarios. Mientras los huesecillos se amontonaban en el borde del plato. Fui yo la que cogí su mano y me puse a chupar sus dedos en vez de los míos. Como él me correspondió un segundo más tarde lamiendo mi pulgar e índice deduje que ambos lo deseábamos. Solo pensaba en que me arrancara el tanga y me comiera el chumino con los labios llenos de grasa. Pero empezar por los dedos había demostrado ser algo interesante. Me estaba poniendo muy cachonda. Y más cuando subió pasando la lengua por la muñeca. En ese momento me olvidé del conejo y pasé a pensar en el postre, él. Y eso que a un lado había dejado una enorme tarta de crema y chocolate. No hará falta decir que además soy muy golosa. Me aparté de la mesa para dejarle sitio para maniobrar. Lo que permitió que se acercara. Siguió lamiendo todo el brazo hasta levantarlo y pasar su lengua juguetona por la axila. Sólo tenía que soltar un nudo en mi nuca para que el top cayera hasta mi cintura y desnudara mis pechos. Así podía seguir usando su lengua por toda mi piel. - ¡Prima que tetas más bonitas! Sabía que estaban bien, pero al natural son preciosas. ¿Me dejas comerlas?. - Gracias primo, para echarte un piropo así tendría que ver más de ti. Puedes comer lo que quieras, ya que me has invitado tú. Le dije sonriendo. Y cogiendo su camiseta, tirando de ella para desnudar su torso. Desde luego que ya lo había visto antes sin camiseta pero seguía impresionandome. El trabajo le estaba dejando unos músculos con una pinta deliciosa, estaba deseando lamerlos. Probar y mordisquear esos pezones con pinta de durísimos. Creo que iba a necesitar ropa limpia para salir de allí. Tiré su camiseta y el top al sofá antes de besarlo. Su lengua se enroscaba con la mía. Aún teníamos el sabor de la comida en la boca. Y aún estábamos al lado de la mesa. Lo que él aprovechó para cogerme en sus fuertes brazos y tumbarme en el tablero con mis piernas colgando. Enseguida noté como sus manos se deslizaban por mis muslos arriba para librarme del tanga. A un lado tenía la tarta y al otro los restos del plato principal. Y justo entre mis muslos su cabeza bajaba despacio hacia mi xoxito. Con su sonrisa lasciva me dijo: - Este es el conejo que estaba deseando comer desde hace mucho tiempo. Voy a disfrutar este manjar. -Todo tuyo primo. Mi conejito está deseando que le den mimitos. ¿Como lo prefieres? ¿Dulce o salado? Con los dedos recogí parte de la cobertura de chocolate de la tarta y me la puse sobre los labios de la vulva. Si el tema iba a ser sexo gastronómico yo pensaba colaborar. La crema me la puse sobre los pezones y una guinda en el ombligo para que siguiera saboreando mi cuerpo. Además de todo un reguero de dulce por donde deseaba su lengua en mi piel. Su primer lengüetazo fue directo a por mi clítoris y me estremecí al notarlo. Separé aún más los muslos dejando sitio para que pusiera esa lengua que tanto había deseado donde él quisiera. El frío del chocolate, el calor de su lengua en mis labios y mis jugos fluyendo como de una fuente, todo hizo que me corriera en cuestión de segundos. Tiró de la falda para dejarme completamente desnuda sobre su mesa. De invitada había pasado a ser el postre o el plato principal. Su lengua, sus labios, sus dedos los notaba por todo mi cuerpo y lo estaba disfrutando. Solo paró un momento para quitarse los vaqueros y resultó que bajó ellos sólo tenía su polla bien dura. Sin ropa interior. Me la acercó a la cara desde el otro lado de la mesa. Ahora fui yo la que se la embadurné de tarta para no quedarme sin postre y que fuera más sabrosa de lo que ya se veía. Empecé a pasar la lengua desde los huevos que depilados, suaves y endulzar me metí en la boca para chuparlos. Lamí y besé el tronco subiendo sin prisa hacia el glande. Cuando lo tuve en la boca sujeté su cadera para que no me llegara al esófago. No por que el no fuera cariñoso y delicado, sino por que en el calor del momento la situación podía írsele de las manos... o más bien del rabo. Incluso subió una rodilla a la mesa al lado de mi cabeza para dejarme acceso libre a su prieto culo. Mientras le mamaba la polla pude deslizar un dedo en su ano. Mojado en la salsa del conejo como lubricante pude metérselo hasta la segunda falange. - ¿Primo te quieres correr en mi boquita? - Me quiero correr en todas partes prima, pero como no me falta nada empezaremos por tus dulces labios. Efectivamente un segundo después noté su leche en mi lengua y el paladar por la postura. Volví a pillar de la tarta para que me besara y darle en la boca la mezcla de todos los sabores. Por una de mis amigas que se lo había follado sabía que no se iba a negar. No me hizo falta llamarlo, él mismo se inclinó a meter su lengua en mi boca y jugando con la mía compartir. Creo que, al final, él se llevó la mayor parte sin una protesta al probar su semen. A pesar de todas las guarradas que llevábamos aún quedaba tarta y yo no me iba a perder la oportunidad de ponérsela encima. Con el calor que hacía y el que llevábamos nosotros ni el suelo de la cocina de gres estaba frío. - ¡Al suelo primo! - ¡que me vas a hacer? - Ya lo verás y sentirás. Tumbado boca arriba en las baldosas dejó que le pusiera lo que quedaba del postre por las zonas que yo quería lamer, en realidad todo su cuerpo. Aún quedaba para ponerme yo algo más por las tetas. Pero empecé por sus pies, chuparlos con lascivia dedo a dedo. Subir por el empeine por sus duras pantorrillas, por esas ejercitadas piernas que siempre me habían gustado. Con ese tratamiento su polla volvía a ponerse dura a pasos agigantados. Levantarlas hasta su pecho para dejarme el durísimo culo a mi merced. Lo pringué bien de crema para quitar el sabor de la salsa, pues ya sabía que él lo tenía escrupulosamente limpio. Cuando notó la punta de mi lengua en su ano gemía como una putita. Y yo tenía justo delante de los ojos su orgulloso nabo apuntando al techo. Tampoco me privé de untarlo de comida y volver a lamerlo, pero no mucho, pues lo quería en más sitios. Lo bajé al suelo para seguir lamiendo su vientre y pecho. Mordisquear sus pezones duros y oscuros mientras el seguía deleitando mis oídos con sus gemidos y suspiros. Con un nuevo beso lascivo y guarro me incorporé para sentarme sobre su cara y notar de nuevo su lengua en mi coño y además en mi culo. Yo también había tenido la precaución de ir bien limpita por dentro y por fuera. En cuanto noté la lengua en el ano la que gemía era yo. Una vez bien dilatada y con lo excitada que estaba no fue mucho tiempo ni muchos de sus dedos. Me fui moviendo hasta poner mi cadera sobre la suya y poner su glande en mi ano. Con los orgasmos que llevaba esa tarde quería su polla por detrás. Me la fui clavando, bajando el culo y sintiendo como él me acariciaba el clítoris con suavidad. Cuando apoyé las nalgas en sus duros muslos los dos soltamos a la vez un gemido de placer. Se incorporó lo suficiente como para besar mis pezones y yo empecé a moverme con suavidad arriba y abajo. Apoyada en su torso me movía despacio notando cada penetración. Ya no paré hasta que se corrió y me llenó el culo de lefa. Aún tenía fuerza suficiente para volver a ponérselo sobre la cara y recibir allí sus caricias con la lengua hasta lograr un último orgasmo. Conociéndolo no iba a ser el último. Sudados, y pringados de comida, semen y mis jugos por todas partes. Me levanté, metí las ropas de ambos en la lavadora que no tenía muy lejos. Tiré de su mano para llevarlo a la ducha donde nos enjabonamos el uno al otro hasta dejarnos brillantes de lo que nos frotamos el uno al otro. Luego a su cama a dormir una merecida siesta abrazados. Y mientras se secaba mi ropa tras sacarla de la lavadora, volvimos a follar antes de volverme a mi casa. .

domingo, 16 de mayo de 2021

El ascensor

. Por fin sucedió, subía en el ascensor con la mujer mas bonita de la casa. Hoy en día sería una milf, exceptuando que no tenía hijos. Sin poder apartar la vista de su poderosa delantera, descubierta por un escote enorme, pensaba: -"¡Cómo está!" lo que daría por follármela, me encantaría que me invitara a su casa. Cualquiera se atreve a insinuar algo.- Ella parece que leia mis pensamientos, supongo que por la cara que estaba poniendo, por su amplia experiencia o por el sitio a donde yo dirigía la mirada. -Cierra la boca o se te va caer la baba. Y acercándose un poco me besó suave en los labios y me sujetó el culo como si fuera a perderlo. Cuando llegamos a su planta me dijo que la siguiera y lo hice como un perrito. Es muy bonita, morena, de ojos azules, sus tetas grandes redondas resaltaban en su jersey fino con escote en uve y apretado, solo las tiras del sujetador disimulaban un poco la perfección de su cuerpo. Las caderas anchas marcadas en los ajustados vaqueros y un par de botas altas. Realmente no aparentaba los mas de cuarenta años que tenía. Yo tenía unos vaqueros y una camisa abierta mostrando algo de mi pecho musculoso. No estaba mal del todo, en vez de estudiar me dedicaba a jugar a cualquier deporte que se me ocurriera. La moqueta de su salón era muy mullida y había un sofá sin respaldo allí en medio, una chaise long. Se descalzó y me indicó que hiciera lo mismo. Lo hice y me senté a su lado en el diván que era muy ancho. -¿Sabes que soy prostituta? ¿verdad? y tú ¿eres virgen? ¿verdad?. Lo sabía, ella era la comidilla del edificio. Y la cotilla de mi madre no se privaba de criticarla. Yo con cara de tonto me limité a asentir. -Me hace ilusión ayudarte un poco con este tema. y creo que a ti, por la cara que estás poniendo, te gustaría que fuera yo tu primera chica. ¿verdad? Espero enseñarte algunas cosas, como tratar a una chica con dulzura. Volví a asentir con la cabeza, y mi expresión debía ser la de un palurdo salido, ella debía pensar que yo era tonto integral. - Sácate la camiseta. Me la arranqué como si me quemará sobre mi pecho. Se inclinó sobre mí y empezó a lamer mis pezones que estaban como guijarros de río. Yo gemía dejándola hacer. Estaba como paralizado pero era por el placer que sentía. Ella, como sin querer, puso una mano sobre mi rodilla y la otra en mi espalda. Después me beso en la boca y metió la lengua en la mía. Paseándola por mis dientes y cruzándola con mi lengua acariciándose entre ellas. Al principio me dejaba hacer sin saber muy bien cómo actuar, pero enseguida reaccioné y empecé a jugar con la sin hueso por toda su boca. Impaciente, puse la mano en su pubis desabrochando sus vaqueros. La inexperiencia se me notaba a la legua. Me agarró la mano para que la acariciara suave, solo con un dedo en los labios de la vulva por encima de sus bragas humedecidas. Me decía: -Suave cariño, no tengas prisa. Subió la mano de la rodilla a la cintura y desabrochó mis pantalones. Yo también subí mis manos por debajo y por dentro de su jersey para sacárselo. Cuando llegué a sus pechos no pude mas que acariciarlos y amasarlos por encima del fino sujetador. Conseguí deslizar la mano dentro de la tela y cogerle un pezón. Acariciarla suavemente alrededor. Separamos el beso lo suficiente como para sacarla el jersey. Me agaché y apartando la tela del sujetador le mamé, le lamí los enormes pezones. Siempre quise mamar de una teta, así que lo hice sorbiendo y clavando suave los dientes. Ella se reia y decía: -Que bien mama mi niño. Manoseado a su espalda intentando abrir el sujetador. Se me notaba la inexperiencia. tras un rato de intentarlo ella se cansó. Se sacó los tirantes de los hombros e hizo girar la prenda alrededor de su pecho. Así era mucho más fácil. Al soltar el broche sus impresionantes tetas quedaron a mi vista y al alcance de mis manos. Y volví a posar mis labios y lengua en ellas. Me dejó todo lo que quise hasta hartarme, bueno no, nunca me hartaría de unos pechos así. Me sacó la camiseta y nos levantamos. Le bajé los vaqueros, me arrodillé y se los saqué del todo adorándola a sus pies. Separó los muslos y por fin pude contemplar la maravilla de su vulva. Aún cubierta por una mínimas braguitas mojadas y trasparentes en esa zona. Ella misma se las quitó y dejó que la contemplara a gusto. Pude acariciarla y descubrir lo que para mí eran un montón de secretos. Toda la anatomía femenina que para mí era un misterio hasta entonces. Empezar a usar la lengua sobre esa maravilla. También le chupé, lamí los labios y se la metí lo mas posible hasta que tuvo un orgasmo, noté sus jugos, su sabor intenso bajando por mi lengua. A pesar de no saber lo que estaba haciendo, mi curiosidad me hacía métela por todas partes dándole gusto. Me levanté y volvió a besarme sin importarle su sabor en mi boca. Cambiando lengua y saliva. Ella me bajó los pantalones y el slip y me hizo sentar al borde del diván, apoyando solo las nalgas. Fue ella la que se arrodilló. Empezó lamiendo mis huevos, chupándolos como golosinas. Subiendo la lengua por el tronco y se metió mi polla en la boca. Me hizo tumbar del todo en el diván y levantar las piernas. Cuando empezó a pasar la lengua y un dedo ensalivado por el ano ya fue la locura. Haciéndome sentir lo que mis diez y ocho años de pajas nunca había sentido. Continuó lamiendo a lo largo del pene, introduciéndose mis testículos en la boca o masticando mi glande. Siguió hasta que se tragó mi semen y volvió a besarme. Fui yo el que sentí mi sabor de sus labios y lengua. Me tumbé en el sofá y a la edad que tenía entonces me recuperaba pronto. Por supuesto ayudaron sus caricias y sus besos. No me dejó de sobar por todo el cuerpo de los pies a la cara sin parar. Cuando que darme cuenta tenía puesto un condón que me había calzado con la boca. Nunca he llegado a saber como lo hizo, pero quería protegerme. Era evidente que ella no tenía miedo de que yo le pegara algo sino al revés. Sin pensárselo dos veces se subió a horcajadas sobre mí y se fue clavando mi rabo despacio. Allí estaba bien apretado. Se irguió y comenzó a moverse. Todavía era mucho mejor que cuando me la comió. Solo pude poner mis manos en sus melones y acariciarlos. Su vagina apretaba mi pene como una prensa hidráulica, concentradas todas las sensaciones allí. Yo le acariciaba de la cara a los hombros, los pechos, el vientre y el clítoris cuando podía alcanzarlo o sujetaba sus nalgas duras y grandes. Tenía una piel suave, esta vez medio tiempo a acariciarla todo lo que quise pues aguanté bastante mas. Se bajó de encima y me impidió moverme. Empezó a tocarme y besarme, a lamer todo el cuerpo, la cara el pecho, bajando por el estómago y la polla húmeda de nuestras corridas y los muslos hasta los pies y el dedo gordo que se lo metió en la boca. Me hizo dar la vuelta y continuó chupando y acariciando mi piel. Prestando especial atención al culo, lo abrió con las manos para lamerlo clavando la lengua en el ano. Hasta metió un dedo y lo movió sin dejar de lamer. Descubrí que me encanta el beso negro, y que jueguen con mi culo a su gusto. Me pidió que se lo hiciera yo y con mi curiosidad hizo que me entretuviera en todo su cuerpo usando dedos, y lengua. Lamí cada uno de los deditos de sus pies y me gustó. Subí por la piel suave de sus pantorrillas hasta los torneados muslos, por la cara interna pero no sin lamer sus rodillas y las corvas. Paré poco en su chochito pero aún así le di una cuantas lamidas. Su vientre plano y el ombligo me parecieron deliciosos y volver a disponer de sus tetazas me tenía alucinado. Incluso su cuello y la nuca cuando se giró para que pudiera besar su espalda. Y comerme su culo, hacerle a ella el beso negro y clavar la lengua en su ano. Nunca pensé que una mujer me dejara disfrutar así de su trasero. Volví a su pubis. Arrodillado en el suelo y con sus muslos apretándome la cabeza lamí su coño con todas las ganas, estirando los brazos hasta sus tetas. Luego levantó las piernas hasta su pecho. Tras lamerle bien el culo, el ano, durante un rato. Nunca pensé que se me pusiera dura para un tercer asalto. Pero supongo que ese rato recorriendo su cuerpo me dio la excitación y fuerza para que se levantase otra vez. Mi juventud y su experiencia estaban consiguiendo que la tarde empezara a quedarse corta. Eran horas y seguíamos teniendo ganas el uno del otro. Yo estaba recuperado y ella que lo vió, me dijo: -¿A que esperas? Follame el culo. Muy despacio explorando esa nueva posibilidad, haciéndolo, como mejor supe, la fui penetrando. Sujetando su cadera, su hombro. Ella me guiaba y aconsejaba como toda la tarde. Me indicaba cómo le gustaba y que acariciara su clítoris a la vez. Eyaculé dentro de ella. Se la saqué de entre las nalgas y me fui al baño a lavarme. Como ella me indicó. Me esperó descansando, me tumbe a su lado. Creí que no se me levantaría ni con una grua, aunque eso no importaba en ese momento, nos acariciábamos con ternura. Me preguntó si quería seguir y me propuso un masaje con todo el cuerpo. Embadurnados los dos bien de aceite de almendras nuestras pieles resbalaban la una sobre la otra. Ella encima o yo sobre el cuero de diván. Sus pechos grandes por todo mi cuerpo. Su culo sobre mi piel. Ella me ponía a mil ya antes de esa tarde así que después de todo lo que estábamos haciendo mi excitación estaba por la nubes. La polla al principio flácida se fue poniendo morcillona, dura poco a poco, bien remojada en el aceite terminé con la espalda en el cuero y ella encima mirando hacia mis pies. Viendo que me había recuperado empezó a comérmela con furia. Yo evidente hice lo mismo con su coño y su culo todos los fluidos de esa tarde. Nuestro sudor, mi semen los jugos de su coño el aceite, nada me importaba. Me sabía a gloria hasta el ano. Ella tampoco dejaba de comerme los huevos y de meter un dedo en mi ano. Supongo que tardé en correrme una barbaridad y apenas saldría nada. Pero no importaba nada, era solo la sensación lo relevante. Cuando me di cuenta de la hora, el sol bajando en la ventana. Me tuve que vestir a toda prisa y ponerle una excusa a mis padres. Pero estaba deseando volver a ver a la vecina. .

sábado, 15 de mayo de 2021

Coronas y la ladyboy

Oculta detrás de una estantería acariciaba con sensualidad las sedas y encajes de la lencería expuesta al público. Ella se sentía tan lasciva como la lencería que estaba mirando, tan excitada, tan caliente como una hembra en celo. Pero esa no era su realidad sólo su deseo, entre sus piernas su polla negaba la feminidad de su mente. Pero todo eso no le impedía disfrutar del tacto de esas prendas. En ese momento de intimidad con sus deseos. La chica que atendía estaba con otra clienta pero observaba de reojo al jovencito andrógino pensando que iba a robar algo. Y era guapo el condenado, con el pelo largo negro, lacio, una linda carita delgada, un tipo fibroso casi delicado, con esas ropas demasiado grandes que no le hacían justicia a su cuerpo follable. Cuando largó a la última clienta se dirigió al muchacho que seguía medio escondido manoseando las prendas mas finas y provocativas. Ella se llevó un buen susto cuando aquella voluptuosa rubia de larga melena lisa y ojos azules la descubrió. Agachó la cabeza avergonzada de haber sido descubierta así. Pero cuando le dijo: - ¿Es que pretendes robarme? Ella solo pudo negar moviendo la cabeza con vehemencia, asustada. Su melena negra se movía como las crines de una bonita yegua árabe. -¿Entonces que haces con mi mercancía? Preguntó la dependienta. Acorralada no pudo mas que admitir la verdad. Tímida y dulce le dijo agachando la cabeza: - Solo miro, admiro la lencería que me gustaría ponerme. Son cosas preciosas, muy sensuales. Tengo dinero, puedo comprarlo. Había entrado a comprarse algo pero no lograba decidirse entre prendas tan bonitas. Incluso tenía el dinero. Eso había conseguido despertar la curiosidad de la rubia. Le preguntó: -¿Que te gustaría?. Ella se había fijado en un body de encaje trasparente con el escote hasta el ombligo y terminado en tanga, en color violeta. No tiene mal gusto la nena pensaba la voluptuosa rubia. Aún dudando pero empezando a excitarse cogió el de color rojo de la talla del cuerpo que tenia delante pensando en que no le quedaría nada mal. Puede que algo escaso en el pecho pero sensacional en ese culito duro. Mirándolo a los ojos con más de media sonrisa en los labios le preguntó. -¿Quieres probártelo? Dime para quien ibas a lucirlo. - No me atrevo a ponérmelo para nadie. No tengo novio ni nada parecido. Tuvo que confesar que únicamente para ella misma y su espejo. Qué sentir el roce de esas prendas era el único placer que iba a sacar de ellas. Lo que parecía un auténtico desperdicio, tanto para la lencería como para el bonito cuerpo que se la iba a probar. -vamos a hacer una cosa. ¿Por qué no vuelves a la hora de cerrar? Así solas y juntas vemos lo que podemos hacer por ti. Normalmente no habría propuesto algo así, normalmente no. Pero de forma extraordinaria, ya había surgido alguna ocasión en la que tontear con una clienta hacia llevado a pasar un buen rato juntas. En la timidez, dulzura y belleza del muchacho se veían nuevos placeres posibles. Si volvía trataría con la situación y si no, se olvidaría de todo. Nerviosa, la jovencita volvió a entrar en la tienda cinco minutos antes de cerrar. La dependienta ya había preparado algunas cosas para su nueva clienta especial. Incluido el body que le gustaba a ella. La recibió con un tierno abrazo y las llaves de la tienda para cerrar la puerta tras ella. - Así no nos molestará nadie. Aún no sé como te llamas. - Alex pero llámame Alexia por favor. - Yo soy Coronas, como comprenderás es un apodo pero a mí me gusta. Vamos a ponernos cómodas. Te he elegido algunas prendas. Ve desnudándote aquí no puede vernos nadie. Una vez a solas y como para darle confianza la rubia se abrió la blusa lo suficiente como para enseñar el negro sujetador de encaje casi trasparente. Claro que en ella con su talla cien era algo portentoso. Con esas muestras de confianza la joven se relajó y empezó a desnudarse enseñando su blanca piel y su cuerpo delgado, su cuello fino elegante sobre los hombros níveos. Al bajarse los vaqueros demasiado anchos las nalgas duras y respingonas los retuvieron un segundo para luego caer al suelo y enseñar unas bonitas piernas finamente torneadas y bien depiladas, a las que unas medias sentarían de maravilla. Lo único que le quedaba puesto eran unas pequeñas braguitas de una marca blanca de una gran superficie. Apenas podían contener la excitación del pene de Alexia. Al final con la cabeza gacha también se las saco descubriendo una polla pequeña y depilada. La rubia ya se había sacado la blusa luciendo el sujetador negro de encaje casi trasparente, que apenas podía contener la abundancia de sus senos y por el que se veían los pezones con claridad. Para darle confianza le dio un abrazo aplastando esa impresionante delantera en el pecho lampiño. Le tendió la sensual prenda en la que se habían fijado con anterioridad. La ayudo a subirla por los suaves muslos, rozándolos con cierto descaro, se la subió hasta los hombros y dejó que la morenita se colocara como pudo la polla y los huevos. Alexia se giró ante el espejo admirando su propio culito duro, y como la prenda moldeaba su figura haciéndola más femenina. Pero faltaban algunos detalles, unas medias suaves con ligas de silicona, unos altos zapatos de tacón, un cepillado a su lacio cabello para darle un toque mas femenino, un toque de maquillaje. En ese ambiente sensual fue la dependienta quien la ayudó con todo ello. La jovencita de sentía tan femenina como bella y en ese momento desfilando por la tienda admirada por otra mujer. Tan sexual espectáculo había excitado a la rubia que dejó caer al suelo la falda de tubo y solo sacando un pie y luego el otro de la prenda. Coronas se lucia así en su sensual conjunto negro, muy pequeño y trasparente ante su nueva amiga y alumna. La jovencita miraba a la dependienta con envidia admirando su cuerpo voluptuoso y su lencería. Y vio como la rubia llevaba la mano a su pubis mirándola a los ojos. Apartaba el tanga a un lado y se acariciaba despacio sin penetrarse solo humedeciendo el clítoris y los labios con sus propios jugos. La jovencita correspondiendo a la confianza volvió a desnudarse del todo para probarse un conjunto con liguero que le sentaba fenomenal usando las mismas medias. El sujetador de copa más pequeña que había en la tienda no necesitaba ni prótesis para que le quedara bien. El tanguita era tan leve que apenas lo notaba. Todo lo sentía sin tocar su polla que apuntaba dura al techo. Se miraba al espejo desde todos los ángulos sintiéndose toda una mujer por primera vez en su vida. Sin esconderse y delante de alguien que parecía comprenderla. Luego un corsé negro con un tanga tan leve y suave que parecía que no llevaba nada y la excitaba solo ponérselo. Desde luego no podía ocultar su erección que salía por un lado de la prenda, pero eso solo era una muestra de lo a gusto que Alexia se sentía en ese momento. Motivada por la jovencita que ya había perdido la vergüenza con la que había entrado en la tienda, la dependienta se probó lo mismo pero en violeta se pusieron juntas ante el espejo, para contemplar su belleza. Una voluptuosa, de cadera amplia y grandes senos y la otra delgada con su alto respingón y aunque más plana, plana del todo, muy sensual. La morenita no podía apartar los ojos de su nueva amiga y ver cómo se libraba de las dos reducidas prendas que le quedaban de una forma tan sensual la excitaba un tanto. Para ponerse un corsé y un tanguita como los que ella tenía puestos. La tetas de Coronas rebosaban por encima de las cosas del corsé. El tanga tan trasparente dejaba ver los labios de la vulva de la voluptuosa mujer. Con confianza se cogieron dé la cintura para posar ante la enorme luna de cristal. Rozaban sus muslos sin cortarse y los enormes pechos de la rubia se frotaban con los costados de la jovencita. Esta estaba mucho más excitada de lo que quería admitir. Siendo tan tímida nunca se había atrevido a ligar con nadie. Como ejercicio intelectual y estando segura de que le gustaría llegar a ser lo más mujer que pudiera siempre había supuesto que le gustarían los hombres. Coronas estaba volviendo del revés sus esquemas. Por supuesto la dependienta no estaba dispuesta a dejar marchar ese bomboncito sin catarlo. Sus caricias se hacían más insinuantes, más íntimas. Se puso a su espalda clavando en ella sus melones que el corsé ya abierto no contenía. La besó en el cuello y el hombro apartando su melena. - Eres preciosa vas a conseguir a cualquier persona que te propongas. Nadie podría resistir tus encantos. - ¿Ni siquiera tú? Le dijo sonriendo. -A mí me tienes hechizada desde que te vi con el primer tanga. Los besos se fueron haciendo más húmedos, más intensos. Alexia los aceptaba de buen grado. Caliente empezaba a darse cuenta de que la rubia podría enseñarle un montón de cosas y hacerla disfrutar mucho. Pronto sintió una mano acariciando sus huevos y un escalofrío de placer recorrió su columna. Eso hizo que se moviera echándose hacia atrás y su culo quedó pegado al pubis de Coronas. Echo la cabeza atrás apoyándola en el hombro de la rubia. Así su cuello quedó a disposición de esta que lo aprovechó de inmediato lamiendo la piel suave. Sintió la mano cogiendo su pene y moviéndolo despacio y suave. La paja que le estaba haciendo iba a llevarla al orgasmo en pocos momentos. - Si me haces eso me correré enseguida. Coronas le hablaba al oído, suave, lamiendo la oreja de la morenita. - Sería una lástima que se perdiera. ¿Me dejas que te la chupe? - Me has abierto todo una constelación de experiencias y sensaciones. Va a ser mi mundo y te lo agradezco pero además quiero que lo hagas. Deseo disfrutar contigo. Coronas le quitó el corsé pero le dejo el tanga. Las dos con la misma ropa. La arrastró hasta la moqueta para que fuera más cómodo para las dos. Y se subió sobre ella en un sesenta y nueve. Coronas tenía experiencia, sabía como hacerla disfrutar. Empezó lamiendo sus testículos sin dejar de acariciar la polla con una mano. La otra la puso en su prieto culo, amasando su dura carne y separando las nalgas. Iba a demostrarle a esa nena que podría disfrutar con cualquier persona siendo ella queen quisiera ser. Pronto un dedo estaba investigando el ano. Ensalivado hacia círculos para empezar a dilatarla. Pronto dejó los huevos y de dedicó al tronco con su lengua juguetona. Lamiendo y chupando el glande. Alexia al principio no supo qué hacer con el xoxito que tenía justo encima de su boca. Pero no en vano había visto mucho porno como para estar quieta mucho rato. Curiosa al ser la primera vulva que tenía a su disposición empezó a explorarla suave con los dedos mirando desde muy cerca cada detalle. Cada pliegue de los labios y el jugoso clítoris. Unos segundos más tarde era su lengua la que empezaba a investigar. Coronas se dio cuenta de que su protegida empezaba a espabilar. Separó más los muslos y dejó que ella fuera a su aire. Si conseguía que se corriera estaría bien pero se conformaría con lograr que Alexia se soltara. Así que fue una grata sorpresa lo que la jovencita le empezaba a hacer sentir. Notó su lengua entrando todo lo que podía en su vulva penetrándola. Luego jugando con el clítoris acariciándolo. Corona es de orgasmo fácil y no tardó mucho en dejar sus jugos en la lengua de Alexia. Tampoco tardó nada ya en recibir en la suya la lefa de la chica. En vez de tragarla como hubiera hecho otras veces se giró y se la ofreció a la joven travesti mezclada con su saliva. Dejándola caer de su lengua a la boquita abierta. No quería presionarla mucho más, esa tarde. Así que ni planteó que la follara aunque estaba deseando cabalgar esa polla teniendo a la chica vestida con la lencería más fina de la tienda. Tras correrse ambas decidieron que tenían que seguir conociéndose mejor pero que ese no era ni el momento ni el lugar. Alexia se llevó toda la rosa que se había probado pero solo pagó la mitad. El resto fue un regalo de Coronas. Siguieron en contacto y aunque la joven seguía comprando su ropa allí, donde follaban era en el piso de la rubia. .

jueves, 13 de mayo de 2021

El padre de mi amigo, el cumpleaños

. De vez en cuando quedaba con el padre de mi mejor amigo. No es que fuéramos novios, solo follamigos. Una veces solo nos tomábamos unas copas en un bar y otras directamente en su piso de divorciado nos lo comíamos todo y nos follábamos el uno al otro. Los dos seguimos siendo bisex, versátiles y muy morbosos. Una tarde entre semana recibí un wassup suyo. -¿Quedamos el viernes? Como no tenía nada planeado le contesté que si. - Perfecto, vente lo más putita que puedas, he pensado en algo. Vente por mi piso. Fue la críptica respuesta. No sabía lo que tendría pensado pero seguro que sería algo divertido. Siempre me lo pasaba bien con él. Al abrirme la puerta pareció algo decepcionado con mi atuendo, un vaquero y un jersey. Había decidido castigarlo por su misterio y yo también quise darle una sorpresa. Ya en el salón me quité el jersey que tapaba una camiseta de rejilla negra totalmente trasparente. No la usaba mucho pero aquella era una ocasión ideal para lucirla. Sus ojos hacían chiribitas al descubrir los secretos de mi atuendo. Aflojé el cinturón ancho y con adornos metálicos del vaquero y cayó a media nalga descubriendo el bañador slip rojo que él me había regalado la primera vez que follamos. Llevaba también unas botas militares y una cadena entre los bolsillos del pantalón. -¿Que tenías pensado? Julio. - Me han invitado al cumpleaños de un amigo. -¿Y quieres que yo sea el regalo? - No, no solemos hacernos regalos. Tu serás el animador de la fiesta. No vamos a ser muchos, es algo íntimo. -¿Y tú pretendes que la cosa se convierta en una orgía? Por lo que parece. Ya estaba viendo por donde iban los tiros. Pero me estaba costando un triunfo que me diera detalles. - Tanto como eso.... bueno ya veremos a ver como sale. Pero si animarlos un poco. Son todo tíos de mi edad, gay o bisex, así que no creo que sea difícil. - Bueno dame unos minutos para terminar de prepararme. Entré al baño y me eché algo de mi pelo lacio hacia la frente. Me puse algo de rimmel negro en los ojos y me añadí pintura o esmalte fácil de quitar en las uñas, negra también. Incluso algo de pintalabios negro y una gargantilla de cuero en el cuello. Con unos guantes de rejilla del mismo material que la camiseta quedaba terminado mi look de emo gay. No suelo ir así, la ciudad es pequeña y llamaría mucho la atención. Pero ante su petición me apetecía llevar ese tipo de imagen. Salí al salón y me di una vuelta sobre mi mismo para lucirme. Se le veían las ganas de terminar de bajarme los pantalones y ponerme mirando a Cuenca allí mismo. Casi tuve que escapar de sus brazos, pero aún así nos dimos un buen morreo como preludio al resto de la noche. Saliva va, saliva viene y con cruce de lengua nos fuimos calentando. - Vámonos o no terminamos de salir de aquí. Cogimos el ascensor y un piso más abajo se subió una señora con nosotros. Se me quedó mirando. Por su expresión nunca llegué a saber si quería llamarme maricón, le estaba dando un infarto o quería bajarme los pantalones y comerme la polla. Se bajó en el portal y nosotros seguimos hasta el garaje riéndonos. Llegamos en su coche al piso de la fiesta, en otro barrio al otro lado de la ciudad, sin más incidentes aunque si me fijé en que la gente me miraba en cada semáforo. No es una ciudad muy grande y ese look aún llamaba la atención. Al llamar a la puerta del piso nos abrió un hombre bastante guapo, moreno, algo canoso, con un buen cuerpo fibroso, delgado, vestido con una camiseta de tirantes y unos vaqueros desgastados y una gran sonrisa que se ensanchó más al fijarse en mí. Julio me presentó. - Este es Alex viene conmigo. Alex te presento a Nacho. Un buen amigo que me ayudó mucho después del divorcio, ya te haces una idea. Seguro que se habían animado el uno al otro en una cama, o en el sofá o en la encimera de la cocina. Imaginaba y no estabas muy desencaminado. - Pasad y serviros unas copas. Pablo ya está aquí. Cuando entré sabía que sus ojos perseguían mi culo con una mirada de lujuria. Pero me hice el despistado continuando hasta el salón. Una música suave llenaba la estancia al suficiente volumen para que se notara sin molestar a los vecinos. Allí sentado en el sofá estaba el tal Pablo, digno del mismísimo Picapiedra. Un tío enorme que casi ocupaba dos plazas de un sofá de tres. Aunque no estaba gordo, parecía un cuerpo normal en talla extragrande. Se levantó de inmediato a saludarnos. En vez de darnos la mano como hubiera sido habitual entre hombres se inclinó a darnos dos besos. Detalle que me encantó. Era evidente que tenía que inclinarse para ponerse al nivel de cualquiera de los que estábamos allí. A ojo debían ser más de dos metros. Llevaba unas bermudas que descubrían sus piernas bien depiladas y suaves. Además de una camiseta abierta que poco tapaba su torso de barril también sin un pelo. Me cogió de la cintura para besarme las mejillas en cuanto Nacho nos presentó. Y yo en mi papel me colgué de su cuello para devolverle esos besos muy cerca de sus carnosos labios. Aproveché para pasar la mano por su cabello cortado al uno y que empezaba a escasear. Me imaginaba esa boca enorme comiendo mi polla. Julio que también lo besó, suave y rápido en los labios preguntó: -¿Falta alguien? - Solo Marcos, pero no tardará. Me ha mandado un wassup diciendo que estaba aparcando. - Estupendo. ¿Dónde están las copas? Fue decir esa frase y Nacho ya nos estaba poniendo los vasos en las manos. Mientras el anfitrión y yo charlábamos por detrás oía cómo Pablo le comentaba al padre de mi amigo: - ¡Que ricura!, ¿de donde has sacado ese bomboncito? - Es un amigo de mi hijo, un chico muy majo. Aunque algo estrafalario. Lo comento siguiendo el plan que habíamos trazado en el viaje. En ese momento llegó el invitado que faltaba. Nacho lo dejó pasar y le puso su copa. Sin contarme a mí, Marcos era el más joven, no pasaría mucho de la treintena. Era un rubito, guapo, delgado y de ojos azules por lo que daba la impresión de ser aún más joven. Me sonaba de haberlo visto alguna vez en una discoteca, pero nunca me había acercado a él. Ni él a mí. Llevaba unos vaqueros y una camisa blanca muy fina y con algunos botones abiertos. También le pusieron una copa en la mano y me presentaron como es debido. Sí que me dio un apretón de manos firme y que duró bastante tiempo mientras nos mirábamos a los ojos. - Creo que te he visto alguna vez por la Cómic. - Eso me pareció cuando te he visto. Pero siempre ibas muy bien acompañado y nunca pude acercarme a tí. Me dijo con una bella sonrisa. - Igual hubiera tenido que acercarme yo. - Pues te lo hubiera agradecido. Pero nunca te vi vestido así. - Me apetecía darme un capricho. ¿No estoy bien así? Les provoqué a ver por donde salían. Las protestas no tardaron nada en llegar alagando mis oídos. - ¡Para nada! ¡Estas guapísimo! ¡Fantástico! Terminadas las presentaciones y cada uno con su bebida dejé de ser el centro de atención. Estuvieron un rato poniéndose al tanto de sus vidas como amigos normales. Julio ocupó un sillón y yo me senté en el brazo del mueble dejando que rodeara mi cintura en un gesto posesivo. Acariciaba mi vientre y muslo dejando que los demás lo vieran perfectamente. Incluso mientras charlábamos pues de vez en cuando yo también metía baza, deslizó su mano por debajo de la camiseta. Al ser esta trasparente del todo los demás veían su mano acariciar mi piel directamente. Eso empezaba a caldear el ambiente. - Buscáos una habitación. -¿Por qué? ¿no es mejor aquí? sin escondernos. - Pues claro pero nos está dando envidia a los demás. Ese fue Pablo. -¿Quieres un poco? - No me importaría. - Alex ¿le quieres dar un poco de cariño?. Me dijo Julio La cosa iba más rápida de lo que yo había pensado. No sé si por mi atuendo o por que ellos ya eran unos calentones de por sí y aquella no era su primera orgía. Sin contestar me levanté y fui a sentarme en las rodillas desnudas del gigante, de lado. Apoyé la cabeza en su pecho y rodeé aquel cuello de toro con mis brazos. - ¿Así estas más contento? - Todavía no, pero falta poco. Y me besó. Esa lengua gigantesca hacia maravillas en mi boca pues de inmediato la abrí para dejarle pasar. Yo la lamía y chupaba apretándola entre mis labios. Me dediqué a acariciar uno de sus pezones por dentro de la camisa. Mientras una de sus manazas me agarraba el culo amasando las dos nalgas a la vez, por encima de la lycra del bañador. Daba para ello. Con la otra, suave, me acariciaba la pierna. Junto a mi muslo notaba como su polla empezaba a coger dureza y tamaño. Como fuera a juego con el resto de su cuerpo aquello debía ser algo portentoso. - ¡Mira ahora quien es el abusón!. - Pura envidia. - ¡Desde luego! Todos nos reíamos con el intercambio de bromas. Marcos se acercó a nosotros. Me tendió la mano. - ¿Bailas? - Pues claro. Sonriendo a Pablo para insinuarle que no me olvidaría de él, me levanté sin soltar la mano tendida. La música era suave, invitaba a bailar lento y agarrado. Lo que era perfecto. Marcos sujetó mi cintura y me pegó a su cuerpo delgado pero fibrado. Apoyó la cabeza en mi hombro en un gesto tierno que me encantó y al que correspondí haciendo lo mismo. Debía notar perfectamente en su pubis la dureza de mi rabo pues Pablo ya me había excitado mucho. Y yo empezaba a notar como el suyo cogía consistencia bajo sus vaqueros. Ya no me iba a cortar así que un segundo después mis manos estaban agarrando su trasero que por su dureza parecía forjado en hierro. Él en cambio se decidió por mi pecho pellizcando uno de mis pezones que la camiseta le dejaba ver. Por el rabillo del ojo pude ver como Nacho se había acercado a Julio que le estaba agarrando el culo con toda su fuerza. - ¿No es hora de ver más carne? -¿Te parece poco como voy? a mí se me ve todo. - Tú estás genial. Decía los demás. Empieza a sobrar ropa -¿Por qué no te quitas tu algo? Así nosotros podríamos ver mucha carne. Decía alguien a mis espaldas, suponía que Julio. Pero no estaba para prestar mecha atención. Aún así en uno de los giros que hacíamos al bailar lo vimos quitarse la camisa. Lo único que cubría esa enormidad eran sus bermudas y no eran muy grandes. Si me concentré lo suficiente como para separarme lo justo como para empezar a abrir los botones de la camisa de Marcos. Por fin pude besarlo. Y como somos más o menos de la misma altura ninguno tuvo que inclinarse para hacerlo. Bastó con sacar las lenguas y empezar a jugar con ellas. Al poco tenía su camisa colgando del cinturón y el torso fibrado y sexi, con las costillas marcadas a sus costados, desnudo. Me encantaba acariciar la piel suave de ese pecho. Marcos había metido las dos manos por dentro del bañador rojo. Y uno de sus dedos ya estaba deslizándose por la raja buscando mi ano para acariciarlo. Julio y Nacho por su parte ya habían empezado por su lado. El anfitrión se había subido a caballito encima de mi amigo y se estaban comiendo las bocas como si no hubiera un mañana. Las manos de ambos recorrían sus cuerpos y sus ropas ya no estaban tan colocadas como cuando habíamos llegado. Se levantaron y ya sin cortarse se quitaron los vaqueros y las camisetas. Solo con los ajustados slips se fueron a sentar junto a Pablo uno a cada lado. Y se pusieron a acariciar esa mole mientras él giraba la cabeza y los besaba por turnos. Cuando morreaba a uno el otro le comía los pezones y chupaba su pecho o levantaba el brazo de su lado para lamer la axila sin vello. En medio del salón despejado Marcos y yo seguíamos bailando lentos y sacándonos algunas prendas despacio. No había prisa. Nos descalzamos para rozar nuestros pies y bailar más sensual. Además mis botas habrían machacado cualquier pie descalzo que hubiera pillado debajo. Terminé de tirar su camisa a un rincón mientras él soltaba el cinturón y mis pantalones caían hasta los tobillos. Me ayudó a liberarme de ellos. Agachado aprovechó para pasar la cara y los labios por encima de mi paquete y notar su dureza. Pero sin quitarme el bañador. Volvimos a abrazarnos y besarnos en medio del salón dando espectáculo a los otros tres que seguirían acariciándose. Marcos se decidió por fin a quitarme la camiseta que tanto juego había dado hasta entonces. Pero que a mi ya me molestaba puesta. Aprovechó para lamer mis pezones y cuando tuve los brazos por encima de la cabeza las axilas. El cinturón de sus vaqueros me arañaba el vientre así que empecé a quitarle los pantalones. Si slip era tan pequeño y ajustado como el mío. No me resistí a sujetar un momento su polla entre mis dientes con suavidad y por encima de la tela. Piel con piel, pecho con pecho seguimos bailando bien pegados. Nuestras pollas duras sólo separadas por los gayumbos. Para entonces en el sofá Pablo tenía agarradas con cada una de sus manazas los nabos de sus amigos y los pajeaba con suavidad. Mientras los tres nos miraban a nosotros. Julio y Nacho habían conseguido sacar el mástil, pues aquello merecía ese nombre, de las bermudas del gigante y lo meneaban a dos manos y aún así sobraba polla. Marcos y yo nos bajamos los slips a la vez dejando que los otros nos vieran las nalgas y frotando por fin los rabos desnudos uno contra otro. Yo agarré las dos y las pajeaba suave mientras seguíamos dándonos saliva. Me lamió la oreja para decirme lo suficientemente alto como para su lo oyeran todos: -¿Y si vamos a la cama? Todos estuvimos de acuerdo. Por el camino fueron desapareciendo las últimas prendas que quedaban enredadas en las ingles. Lo único que quedó fueron mis guantes de gasa trasparentes. Pablo me levantó con sus fuertes brazos y yo rodeé su cintura con mis piernas mientras le comía la boca y me llevaba sin esfuerzo aparente hasta el dormitorio. Su polla dura rozaba mi ano provocándome escalofríos de placer. Sin soltarme se dejó caer en la cama conmigo encima. Tenía que lubricarme bien o aquello me iba a provocar un destrozo. Julio atento a que no me pasara nada se puso entre los muslos de Pablo. Allí noté su lengua en el ano para dilatarme aunque de vez en cuando le daba buenas lamidas al tronco de Pablo. Alguien le alcanzaría el lubricante pues al poco empezó a ponerlo en ambos sitios. Se gastó mucho de eso esa tarde noche. Nacho se vino entre nuestras cabezas. En cuclillas consiguió meter su cara entre nosotros. Pablo le alcanzaba a comer el culo y yo tenía su polla justo frente a mi boca. Evidentemente no me resistí y empezando desde los huevos empecé a lamerla y chuparla. Estaba claro que no era la primera vez que se lo montaban así y que tenían las posturas ensayadas. Y yo me había tragado como un pardillo que iba de animador. Marcos quedaba por allí, tocando, besando, lamiendo toda la carne que había expuesta. Toda la piel a su disposición. De vez en cuando yo sentía sus caricias y besos en mi piel. Pero se dedicaba a los cuatro. Una vez bien lubricado fui echando la cadera hacia atrás para irme clavando en el pene de Pablo. Julio lo sujetaba y guiaba para que no nos hiciéramos daño, sin dejar de lamer todo lo que alcanzaba. De los testículos del gigante a mi espalda. Estaba en la gloria con todo aquello entrando en mí. Manos y lenguas por todas partes y no podía ni gritar ni suspirar de placer por que tenía la boca ocupada comiendo otro rabo. Soy bueno haciéndolo y no es falsa modestia pues Nacho fue el primero que se corrió en mi boca. No lo tragué pues Marcos vino enseguida a compartirlo en un beso tan lascivo como el resto que nos habíamos dado mientras bailábamos. De hecho nuestras babas y el semen caían o más bien lo dejábamos caer en la boca de Pablo justo debajo de nuestras caras juntas. Yo no dejaba de moverme, quería sentir la lefa del gran hombre dentro de mí y quien estuviera cerca que se tomará el sobrante que saldría de mí ano. Era evidente que fue Julio quien consiguió comerme el culo mientras el enorme aparato se aflojaba y salía solo de mí. Con una expresión de lujuria en su enorme rostro me dijo: - ¡Fóllame tú! Si que me bajé el tiempo suficiente como para darse la vuelta y ponerse a cuatro patas. Y yo detrás, teníamos a los demás alrededor esperando su turno y con las pollas duras. Pero yo fui el primero en follar a Pablo. Marcos a nuestro lado tenía a Nacho boca arriba con las piernas levantadas hasta el pecho y empezaba a follarlo. El gigante justo sobre su cara le daba lengua al anfitrión mientras yo empezaba a abrirme paso en su culo. Separaba las grandes nalgas con las manos mientras empezaba a penetrarlo. Solo quedaba Julio, besándome, que a mi lado esperaba que me corriera para que le dejara el sitio. Y sus manos no dejaban de acariciarnos. Debido a la excitación de toda la tarde ya no tardé mucho más y le lleve el culo con mi lefa a Pablo. Me hice a un lado y le dejé el sitio a mi amigo que no tuvo ningún problema en meter su rabo que yo tanto conocía en el ano lleno de semen del gigante. Mientras Julio terminaba yo fui a echarle una lengua a Marcos allí donde podía. De su cuello y hombros a todo el pecho y la axila. Pero tenía otro objetivo incluso más apetecible un poco más abajo. La polla de Nacho se meneaba al ritmo de la follada poniéndose dura poco a poco. Volví a chuparla, y el vientre plano de ambos. Los que no teníamos la boca ocupada suspiraban y gemían, proclamando lo que estaban disfrutando. Ninguno aguantó mucho más la caña que llevábamos y uno ya otro se fueron corriendo en los agujeros correspondientes. Quedando todos mezclados y revueltos sobre la cama. Recuperando el resuello y relajándonos, pero sin dejar de acariciarnos y besarnos. Yo estiraba la mano y allí donde la ponía había carne, piel y un cuerpo que tocar. Lógicamente también había manos y labios que se posaban en mi cuerpo procurando darme placer y no me molesté mucho en averiguar de quien eran. Me limitaba a disfrutar de las caricias. Al rato estábamos listos para un segundo ronda con las pollas apuntando al techo. A Julio lo tenía muy visto y de Pablo ya había disfrutado. A Marcos le tenía ganas desde que había estado bailando con él pero empecé por Nacho, que me había quedado muy cerca. Nos besábamos con lascivia y mucha saliva mientras cada uno tenía en la mano la polla y los huevos del otro. Me giré y le dejé la mía sobre la boca mientras yo me dedicaba a darle lamidas a la suya y a sus testículos. Así que mi culo quedaba en pompa listo para quien pasara por allí. Marcos aprovechó la ocasión, calva como mi culo, sin un pelo. Y allí fue donde noté su lengua. Volviendo a dilatarme para follarme. Ya estaba otra vez enganchado con aquellos viciosos. Pablo y Julio a nuestro lado también de lo estaban montando, mi amigo cabalgando al gigante. Marcos se echaba sobre mí para hablarme al oído y lamer mi oreja. - Resérvate, quiero que me folles. - Cuando quieras, la sacas y cambiamos. - Nacho, ¿Te importa? Este tenía la boca muy ocupada con mi nabo como para responder, pero no pareció importarle. Fui yo el que me tumbé boca arriba y ellos los que se me subieron encima. Mi culo había quedado vacío pero no me importó demasiado. Pues Marcos empezó a sentarse sobre mi polla que le fue entrando despacio pero firme, bien ensalivada por el anfitrión que se sentó sobre mi cara para que le comiera todo lo que alcanzaba. Del duro culo al morado glande. Ya no volvimos a cambiar de postura. Yo me corrí en el recto de Marcos que lo hizo sobre mi vientre llenando mis abdominales de su lefa. Nacho no tardó en correrse en mi boca y entre los dos lamieron todo lo que había quedado sobre mi piel. Para entonces llevábamos horas en aquella orgía. marcos se quedaría a firme con el anfitrión. Julio y yo fuimos por finalizada la diversión por esa noche y nos llevó a casa a Pablo y a mí. Dejamos al gigante en su chalet con un buen morreo para ambos y la promesa de volver a vernos y disfrutarnos. Yo me quedé a dormir en casa del padre de mi amigo. Solo dormir hasta por la mañana. Cuando volviendo a follar comentamos la jugada de la noche anterior. Tuvo que confesarme que no era la primera orgía que montaban. -¿Querrás participar más veces, no? -Por supuesto, lo disfruté mucho. ¿Tu hijo no sabe de esos amigos tan viciosos que tienes? - Claro que no, conocí a Nacho después del divorcio y él me presentó a los otros. Y ya vez que no nos cortamos mucho. #

domingo, 9 de mayo de 2021

La fragua

/". Había mas de treinta grados fuera. Por las estrechas calles de aquel pueblo, un sol de justicia no perdonaba ni la mas pequeña sombra. Al salir del aire acondicionado de mi vehiculo, el calor me golpeó como un hierro al rojo. La herrería estaba en un viejo cobertizo, apenas un techado de madera y tejas sobre tres paredes de adobe. Rodeado de viejos apeos de labranza y estructuras de metal poco reconocibles la construcción estaba cerca de la ruina. Si fuera hacia calor, dentro no le haría justicia el interior de un horno. Mas bien parecía una fundición. El olor penetrante de las cenizas de carbón que alfombraban el suelo y la escoria de hierro al que le faltaba poco para fundirse invadía mis fosas nasales. En un rincón la máquina de carbón que daba nombre a todo aquello echaba chispas alimentada por un compresor eléctrico y había bancos y 0000mesas con viejas herramientas apoyados contra las paredes. Y allí en medio, golpeando con un enorme martillo una barra de acero al rojo sobre un yunque tan viejo y golpeado que parecía salido de la mismísima fragua de Vulcano estaba el herrero. Vestía con un vaquero muy desgastado, y agujereado por quemaduras, unas botas de trabajo y nada mas que un viejo y agujereado delantal de cuero para protegerse de las chispas y la escoria que volaban por todo el lugar. Los hercúleos brazos parecían pistones de una antigua máquina de vapor, su pecho un enorme barril, no podía ver mucho mas de su cuerpo. Podría haber participado en un concurso de culturismo o una competición de halterofilia, no habría desentonado. Pero si podía ver su cara. Resulta que no era herrero, era una herrera, nadie me lo habías aclarado. Los pechos pequeños y duros estaban ahí escondidos tras el mandil y una cara dulce enmarcada en una mata de corto pelo rubio ceniza, que apenas correspondía al musculoso cuerpo. Ella ni siquiera llevaba una camiseta y por el vaquero todo roto se veían grandes porciones de sus poderosos muslos. Yo estaba allí para encargar unas verjas de forja para mi nuevo chalet. Un amigo me había recomendado hacerlas de artesanía y pedirlas en ese pueblo de la meseta. Pero el cabrón se había guardado ese pequeño detalle. Lógicamente debido al calor reinante mi ropa tampoco cubría gran parte de mi figura. Más voluptuosa que ella, el trabajo duro había quemado hasta el último grano de grasa en su caso, ninguna de las dos nos tapábamos con mucha ropa. Me había puesto una minifalda con algo de vuelo, de la que decir que me tapaba el culo era ser generosos con ese trozo de tela. El top anudado a la espalda dejaba ésta completamente desnuda y mis tetas, mucho más grandes que las suyas, asomaban con generosidad por el escote. Mis sandalias de cuña de esparto pisaban las cenizas que alfombraban la vieja fragua. Detuvo el martilleo por un instante y sus ojos de un intenso color azul, recorrieron mi cuerpo de abajo arriba lentamente como queriendo quedarse con todos los detalles hasta clavarse en la míos. Descubrí que los dos eran azules, fríos, todo lo contrario que el ambiente del lugar. Metió la pieza en la que estaba trabajando de nuevo en la forja antes de preguntar: - ¿Que deseabas? A punto estuve de decirle que a ella, pero me callé a tiempo. Y pasé a explicarle el asunto de las rejas. Llevaba incluso las medidas en un papel y algunas fotos para que se hiciera una idea. Pero en ese momento y pensando que desearía verla el mayor número de veces posible volví a guardar el móvil en el bolso. -Me he comprado un chalet nuevo y para personalizarlo un poco quería una verja para la valla del jardín. Tengo las medidas, pero podrías venir un día, y ver el lugar por ti misma para decidir qué es lo que mejor quedaría. Si no tienes mucho trabajo. Quería tenerla en mi terreno a pesar que todo lo que me calentaba estar en la fragua. Había descubierto que me excitaba ese ambiente, las máquinas, el sudor, el calor. Por supuesto verla allí medio desnuda entre todo ello. Aún así estaba claro que podía provocarla y coquetear con ella. Cómo en un descuido me rascaba el muslo, o me secaba el sudor del escote. Y por supuesto me fijaba en si ella miraba esos gestos. Cómo deseaba efectivamente Marta la herrera, me miraba con lo que yo creía que era una expresión de deseo. Con un solo gesto que hiciera yo me entregaría a ella, allí mismo. Me entregaría a sus caricias y yo le daría las mías. - Desde luego sería mejor ver el sitio, pero aún así ahora te puedo enseñar algunos diseños y pruebas que tengo para otros encargos. - Sería estupendo. Así me hago una idea de tu trabajo. Pero creo que ya me tienes muy convencida. Me condujo a través de la hierba agostada a otro almacén cruzando el patio. El sitio estaba en las mismas condiciones ruinosas de la primera construcción. Pero en su interior oscuro se estaba mucho más fresco. Era evidente que lo usaba como almacén. Por allí esparcidos y en estanterías metálicas había trabajos en diversos estados de construcción. Incluso en una pared colgaban espadas y cuchillos de todos los tipos, herraduras y apeos agrícolas, de los que yo no conseguía adivinar su misterioso uso. En otra pared colgaban trozos de reja de forja y verjas para ventanas. Trabajos en hierro en realidad muy bien hechos. Pero me había llamado la atención una espada de fantasía que colgaba justo enfrente. Parecía el centro de toda una panoplia de armas blancas. Intente descolgarla para verla más de cerca. - Ten cuidado está muy afilada. - Esto quedaría muy bien en mi salón. Se acercó por detrás de mí para ayudarme a sujetar la pesada arma. Pegó su poderoso pecho a mi espalda y solo el delantal de cuero separaba sus durísimas tetas de mi piel. Rodeó mi cuerpo con sus poderosos brazos y puso su manaza rodeando la mía sobre la empuñadura del arma. Efectivamente parecía que aquella cosa podría cortar piedra y hacerlo sin esfuerzo. Pero su cuerpo pegado a mi espalda aumentaba, no ya el calor que era mucho, sino mi excitación. Su otra mano se posó en mi muslo justo bajo la falda. No le costó mucho por que esta era muy corta. La caricia subía por mi piel despacio llevándose la tela con ella. Se me escapó un gemido al notarlo. Así le di a entender que me estaba gustando. Al oído rozando mi oreja con sus labios, me dijo: - Te la regalo si puedo ver ese salón, y el dormitorio. - Seguro que podemos arreglarlo. Me encantaría enseñarte toda la casa, hasta llegar a la cama. Su mano estaba llegando a mi nalga y no pretendía detenerla. Me pegué más a su cuerpo deseando que el maldito trozo de cuero que tapaba sus tetas no estuviera allí. Tuve que dejar la espada o se me habría caído y me hubiera cortado un pie. Por suerte eso me dio más margen de maniobra. Pude echar esa mano hacia atrás y agarrar su nalga por encima del vaquero. Pero la prenda estaba tan quemada que enseguida di con su carne dura como el hierro que ella trabajaba, pero a la vez muy suave. Empezó a besarme el cuello y la nuca erizando cada poro de mi piel. Asomada por encima del hombro estaba mirando mis tetas que mi escote casi le dejaba ver al completo. Solo tenía que tirar de un extremo del nudo que sujetaba la tela por detrás de mí cuello para que la prenda desnudara mis pechos. Habilidosa lo hizo con los dientes y la tela cayó hasta mi cintura sujeta solo por un cordón que cruzaba la espalda a la altura de los riñones. Mis tetas son grandes pero sus manos casi las tapaban. Me pellizcaba los pezones con suavidad. Sin soltar su nalga con una mano, con la otra pude soltar por fin su mandil. Separarme lo justo como para que el cuero cayera al suelo. Y girarme para contemplar por fin esas tetitas tan duras. Pegarme a ella para buscar sus labios. No esperó más para sacar la lengua en busca de la mía. Me colgué de su poderoso cuello. Nunca había estado con siguen tan musculoso. Ella en cambio se había apoderado de mis nalgas que empezaba a amasar bajo la falda. Al fondo del almacén tenía un viejo sofá y cuando me quise dar cuenta me estaba llevando hasta allí en brazos. Me vi levantada en el aire, entre risas y volando entre las estanterias. Me dejó en los cojines. Para lucirme me puse a cuatro patas levantado el culo, destapandolo de la minifalda que me eché sobre la cintura y con mis tetas colgando. Me miraba con lujuria, lo mismo que hacía yo, mientras se quitaba los vaqueros agujereados. Tras ellos fue su tanga, una prenda más delicada y diminuta de lo que me había imaginado. Pude ver su depilada y suave vulva bajo los marcados abdominales. Estaba deseando poner mi lengua allí. Pero ella me ganó por la mano. Se puso detrás de mí y solo tuvo que hacer a un lado la gomita de mi tanga sobre una nalga para meter la cabeza entre mis nalgas. Pasó la lengua por toda la raja, de mi coñito a la espalda sin dejar de jugar un momento en el ano. Esperaba que todo el mundo en aquel pueblo estuviera durmiendo la siesta o se habrían enterado por mis gritos de lo que estaba pasando. Que bien me estaba comiendo el coño y el culo, arrancándome gemidos de placer. No necesitaba sacar la falda por las piernas, bastaba con soltar un broche y se abría cayendo al sofá. El tanga no aguantó mucho más y se rompió. Tras mi primer orgasmo conseguí escaparme lo suficiente como para girarme y lamer mis propios jugos de su boca. Sus besos eran lascivos y lujuriosos. Exploraba mi boca con la lengua igual que hacía con su martillo sobre el yunque, con firmeza. Yo recorría cada músculo de su cuerpo con mis manos sin poder moverlos apenas pero notando la suavidad de su piel. Acariciaba su dulce carita con las manos mientras notaba su dureza y peso sobre mí. Ella no pensaba dejarme y pronto noté dos de sus dedos intentando penetrar mi vulva. Separé las piernas todo lo que pude para dejar que me masturbara y seguí corriendome. Quería darle placer a ella, quería sus orgasmos en mi boca pero tal y como eran sus caricias no podía resistirme a dejarle hacer. Pero algo podía hacer, bajar lamiendo el sudor en su cuello, en sus hombros. Seguir hacia sus tetas y chupar sus pezones. Levantar su brazo, el que no tenía acariciándome, para pasar mi lengua por su axila depiladas. Ella clavaba sus dedos lo más dentro de mi vulva que podía y yo seguía corriendome. Como vio mi intención de seguir bajando por su pecho y vientre, me dejó continuar. Ella arrodillada y yo con mi cabeza entre sus muslos pudiendo llegar con mi boca a su vulva y cuando ella se separaba las nalgas con las manos a su ano. Lógicamente olía, sabía a sudor pero no creo que yo oliese mejor y a ella no le hacia importado. Es más ese aroma a trabajo honrado, al calor del fuego y el carbón y al sol de Castilla me excitaba más. Todo le daba un algo más que una amante recién salida de la ducha no tenía. Estaba haciendo que esa diosa de la fragua se corriera con mi lengua, con mis caricias. Que el almacén se llenará con sus gemidos y suspiros como un momento antes lo hacía con los míos. Estirando un brazo podía alcanzar sus tetas que apenas podía mover. A lo más que podía aspirar era a pellizcar sus pezones oscuros y tan duros como el cuerno del yunque. La tarde pasaba, el sol bajaba y ella podía tener algún cliente más. Aunque el fuego desatendido de la forja hacia rato que se había apagado. Así que tuvimos que vestirnos y separarnos por el momento. Volvió a calzarse los rotos vaqueros y una camiseta qué tenía allí y que parecía tan castigada por el fuego como sus pantalones. Yo me volví a poner la minifalda esta vez sin nada debajo, el tanga estaba arruinado del todo por sus fuertes dedos. Me ayudó a atarme el top en la nuca. Segura que el fuego de la fragua volvería a surgir entre nosotras. Ella llevó la espada hasta mi coche y la puso en el maletero. Con un último beso y una caricia a mi coñito que sin él tanga roto que había dejado sobre el viejo sofá estaba al descubierto bajo la falda me puse al volante. Esperaba que pronto ella viniera a mi casa a tomar medidas de la valla del jardín y de la dueña del chalet. .

sábado, 8 de mayo de 2021

De vacaciones con un amigo de mi padre

. Mario era amigo de mi padre, de los de toda la vida. Soltero, bastante guapo y muy cuidado iba al gym, se depilaba, bronceado integral. Mi padre iba con él al gym, asi que también estaba bastante bien. Yo despistado, todavía no me había dado cuenta de la corriente de energía que había entre ellos. Los dos apenas pasaban de los cuarenta y yo muy poco de los diez y ocho. Se veía de lejos la amistad y los gestos de confianza que se tenían. Muy íntima para ser solo dos amigos. Yo era un panoli, no me enteraba de la misa la media y mi madre menos. A pesar de mi calentura permanente, de llamarme la atención cualquier trozo de piel expuesto ya fuera de chica o de un tipo decentemente construido jamás habría esperado lo que se me vino encima. A Mario le surgió un viaje de empresa al extranjero, podía llevar un acompañante. Como no se le conocían novias, ni parejas, pensó en quien podía invitar a acompañarle. En otras ocasiones mi padre se hubiera ofrecido encantado. Pero ahora que pasaba una extraña época con mi madre no podía permitírselo. Lo que hizo fue proponerme a mí como su sustituto. Imaginando lo que era casi seguro que iba a ocurrir, que terminaríamos follando los dos. -¿Por qué no va Alex contigo? Le vendrá bien un viaje, subir a un avión y conocer otro país. Yo estaba encantado de visitar un país cálido en medio del frio invierno. Librarme durante unos días de las clases. Pensaba que como mínimo podría disfrutar de la vista de los cuerpos poco cubiertos al sol del trópico. Disfrutar de esos días como unas vacaciones. Desde luego si surgía la ocasión de ligar no la desaprovecharía. Me llevé mi ropa mas fina y mis bañadores mas pequeños. Estaba dispuesto a pasármelo bien. A lucir mi cuerpo cuidado por las tardes de natación y bien depilado. A aprovechar ese cuerpo ofreciéndolo a quien lo quisiera. Los pasajeros del avión y la gente en el aeropuerto parecía prever el calor del destino y lucían mas de sus cuerpos. Ya llevaban ropa más fina y ligera. Algún escote o pierna se empezaba a ver, lo que no contribuía a mi tranquilidad. Antes de despegar aproveché una escapada al baño para cambiar mis vaqueros por unas reducidas bermudas que al sentarme descubrían mis muslos casi hasta la ingle. Dejar el jersey en la mochila que llevaba como equipaje de mano. Había visto en mi móvil la temperatura que hacía en nuestro destino. Además me puse una camiseta de tirantes con un buen escote en el pecho y las axilas, con lo que lucía casi todo mi cuerpo. En esos estrechos asientos ya estábamos muy pegados y eso que íbamos en primera. Ya en el avión se puso tierno y cariñoso lo que en realidad no me disgustaba en absoluto. Ya que había admirado su cuerpo en mas de una ocasión, al volver con mi padre del gym, de nadar o de hacer joggin. Notar su mano con confianza rozándome el brazo o apoyada en mi hombro o espalda no me enfadaba. Más bien al contrario, me ponía caliente. Iniciamos la ascensión y dejó descansar su mano en mi rodilla desnuda. Podría ser para darme confianza, era mi primer vuelo. Pero sus dedos calientes acariciaban mi piel con suavidad. Y yo me dejaba y le sonreía como si no me diera cuenta de ello. Tan excitado por estar por fin a bordo de un avión como por su compañía. Él en cambio se había subido al avión con su traje. Lo que no me dejaba muchas opciones para acariciarlo. Aún así siempre me las apañaba para apoyar la mano sobre su muslo o su brazo. Así podía notar la firmeza de sus músculos. Al terminar el ascenso y soltar los cinturones de seguridad, le dije: - ¿Por qué no te pones algo más cómodo?. Todo el viaje así vas a ir incómodo. Y a arrugar el traje. - De acuerdo, pero creo que no me he traído nada tan sexy como lo que llevas tú. -Esto no es nada sexy, es solamente algo cómodo para el avión. Cogió su bolso de mano y se fue al baño. Al salir llevaba unos vaqueros raídos que le sentaban de fábula y una camiseta qué marcaba su torso de maravilla. En ese momento pensé que no me hacía falta ligar con nadie, que ya llevaba el ligue desde aquí. Pasé una mano por su pecho rozando los pezones y le dije: - Así estás mucho mejor. Más relajado. Por cierto tendrás que aclararme el rollito que os traéis mi padre y tú. Ahora que estamos solos podrás contarme los detalles. -¿Tu padre no te ha dicho nada? - Claro que no, y menos estando mi madre al loro. - Si nos guardas el secreto te lo contaré todo. Me sonrío y seguimos el resto del viaje con caricias disimuladas. Ya en nuestro destino, al salir del aeropuerto se veía el cambio de ambiente de nuestro país natal a allí. Las parejas, la gente, se trataba de una forma completamente distinta. La muestras de cariño que se brindaban eran completamente naturales y no solo entre parejas heterosexuales. A veces eran dos chicos, o chicas o incluso grupos. Besos y caricias, calurosos abrazos, no era raro. Gente que llegaba o se iba a veces por meses así que los reencuentros y las despedidas eran muy calurosos. Pero justo a nuestro lado dos chicas con muy poca ropa encima que acababan de encontrarse empezaron a comerse la boca. Lo hacían de forma completamente sensual excitando a todo el que estaba alrededor. Nada más cruzar la puerta giratoria de la terminal Mario me cogió de la cintura de forma natural. Como si no quisiera perder mente la multitud. Yo no solamente me dejé sino que además me acerque mucho más a él. Recogimos las maletas y un taxi nos llevó hasta el hotel. Mario había tenido la precaución de coger una sola habitación, eso sí enorme. Con una cama aún más grande que las que hubiera visto yo en toda mi vida, creo que era más grande que mi habitación en casa. Todavía no sé si lo hizo adrede. Pero admito que me gusto el descaro. - No te importará que durmamos juntos. - Para nada. Ahí hay sitio de sobra. -¿ Qué hacemos ahora? - Podemos bajar a la piscina o descansar un rato. Lo que prefieras. - Me gustaría bajar a la piscina y ver el ambiente. Mario, ¿Te habrás traído el bañador speedo que usas para nadar con mi padre en la piscina?. Yo también tengo uno de esos. - Por supuesto, creo que por aquí solo usan de ese tipo. Salí a contemplar el panorama desde la enorme terraza y sin mas problemas empecé a desnudarme allí. Me daba igual que alguien me viera desde alguno de los otros edificios. Al fin y al cabo allí no me conocía nadie. Tiré las pocas prendas a una tumbona y completamente desnudo empecé a buscar en la maleta uno de mis pequeños bañadores. Sabía que él me fue miraba, me devoraba, pero me hice el despistado. Y lo hacía adrede. Me agaché buscando en la mochila con lo que mi culo quedaba perfectamente ante sus ojos. Deseaba que él lo mirara, que lo viera y deseara. Entonces sin perder mi trasero de vista él empezó a desnudarse. Lo miraba de reojo apreciando lo cuidado que estaba sus músculos marcados y su vientre plano. Cuando se bajó el boxer ajustado no pude hacer otra cosa más que quedarme mirando su polla. Era la primera que veía al vivo, no en una pantalla de ordenador, léase porno y me gustó. Sin un solo pelo colgaba entre sus muslos como desafiándome a acariciarla. Según me miraba la polla empezaba a coger algo de horizontalidad. Se notaba la exitacion corriendo entre los dos, como una corriente de energía. Pero no se lo iba a poner tan fácil. No me iba a ponerme a follar con él nada más llegar a la habitación del hotel. Solo con los bañadores y las toallas al hombro bajamos a la piscina. Los cuerpos casi desnudos y perfectos se exhibían alrededor del charco. Chicos y chicas exhibiéndose sin complejos. Mario tenía algunas reuniones el día siguiente y yo necesitaba algo para entretenerme durante ese tiempo. La piscina parecía un buen lugar o dar una vuelta alrededor del hotel y empezar a reconocer la ciudad. También podía ir a la playa que no estaba demasiado lejos y seguro que los cuerpos estarían aún más desnudos que en la piscina del hotel. Todas eran buenas opciones que dejaría para para el día siguiente. Nadé un rato, tomamos el sol y contemplamos a los a los demás. Que tampoco llevaban mucha ropa. Los bikinis las chicas solo tapaban sus pezones y apenas el pubis. La mayoría de los hombres solo llevaba speedos aún más pequeños que los nuestros. Y todos miraban alrededor, se deseaban e intentaban buscar oportunidades para ligar. Un par de chicas estuvieron tonteando con nosotros mientras Mario les pagaba algunas copas. De vez en cuando Mario pasaba la mano con disimulo por mi espalda, lo qué me hacía recordar con quién estaba en realidad allí. Y lo que pensaba hacer esa noche con él. Todo ello contribuía a mantener mi polla si no dura al menos morcillona. Y el rabo de Mario se mantenía más o menos igual. En elrestaurante del hotel se permitía estar en bañador y la cena fue agradable y excitante a la vez. Nuestras rodillas desnudas se tocaban por debajo de la mesa. Y como en todas partes en aquel país la gente se miraba, se deseaba y en muchos casos se conseguía. Entre bocado y bocado notaba la mano de Mario acariciando mi muslo, mi espalda o mi vientre. Y entonces es cuando yo empecé a corresponder y tocar su piel suave y depilada. Mi mano trepaba cada vez más por su pierna acercándose al bulto del bañador. O la posaba en su brazo acariciando su bíceps con confianza. A cada gesto mío el correspondía con la sonrisa e incluso un gemido muy quedo alguna vez. Nos tomamos alguna copa en el bar. La anticipación aumentaba la excitación y el calor que sentía. Por fin subimos a la habitación. Parecía que por allí nadie se molestaba en vestirse y nosotros seguíamos en bañador. En el ascensor nos mirábamos a los ojos y casi podía sentir su deseo. Estaba muy alagado. Casi sin cerrar la puerta me cogió de la cintura y me besó. Abrí los labios de inmediato. Mi lengua buscó la suya, estaba ansioso por probar su saliva. Mis manos duros directas a por su culo. Me agarré a sus nalgas por debajo del bañador. Cuando separamos los labios completamente desatado pasé la lengua por su cuello, barbilla y oreja. Para entonces sus manos ya me estaban librando de lo poco que tapaba mi cuerpo. Mi polla durísima saltó atrapada entre nuestros vientres. Y yo notaba la suya contra mis muslos. Mario había empezado a lamer mi hombro y bajar por mi pecho para mordisquear mis pezones. Su saliva en mi piel me quemaba tanto como mi propio deseo. Aún no habíamos llegado a la cama y estaba lamiendo mis axilas. Mis gemidos llenaban la habitación y mira que era grande. Sin dejar de lamernos, besarnos y acariciarnos nos fuimos acercando a la cama. Los bañadores en el suelo, en medio de la habitación. Caí en la cama boca abajo y él encima. Lamía mi cuello, la nuca y yo tenía todo el vello de esa zona erizado. Su polla dura en vertical entre mis nalgas. Se movía despacio pajeándose en mi culo. Sin separar los labios y lengua de mi piel empezó a bajar por mi espalda. Estaba caliente como un horno y a cada segundo que pasaba aún más. Le dejaba hacer disfrutando, ya llegaría mi momento de explorar el cuerpo de Mario. Notaba su saliva resbalando por mi columna, la lengua en mis omóplatos o por encima de mis riñones. Se acercaba al culo. Me daba mordisquitos en las nalgas dándome tanto placer como haciéndome cosquillas. Las separó con sus fuertes manos dejando por fin mi oscuro objeto del deseo ante sus ojos. Un fuerte gemido de escapó de mis labios cuando pasó la lengua de abajo arriba por toda la raja. Se puso a jugar con el ano clavando la lengua. Pero no estuvo mucho tiempo ahí. Igual que la tarde que habíamos pasado tocándonos furtivamente hacia aumentado la excitación. Decidió hacerme esperar, lamió mis huevos y empezó a bajar por la parte de atrás de los muslos. Hasta llegar a mis pies, más cosquillas cuando paso la lengua por toda la planta. Cuando me chupó los dedos uno a uno pensaba que nunca volvería a sentir nada igual. Pasó la lengua entre ellos haciéndome suspirar. Me giré boca arriba para que pudiera seguir dándome placer con sus manos y caricias, besos y lamidas. Mirándonos a los ojos con lascivas miradas esta vez, empezó a subir por mis piernas sin separar la lengua de mi piel. Llegó a mi rabo que apuntaba al techo duro como el palo mayor un velero e igual de vertical. Se metió los huevos en la boca, subió con la lengua pegada al tronco. Hasta que se metió el glande en la boca sin dejar de mirarme. Tener a ese hombre entre mis muslos comiéndome la polla, con toda la suma de sensaciones anteriores fue algo superior a mis fuerzas y me corrí. No me dio tiempo a avisarle pero eso no fue importante. Se incorporó con la boca llena de mi lefa para besarme y jugar con ese jugo y las salivas entre nuestras lenguas. Me estaba encantando saborear mi semen mezclado con sus babas. Mi rabo empezó a perder consistencia mientras el suyo seguía bien duro apresado contra mi vientre. Me preguntó: - ¿Quieres comerla? o ¿prefieres que te folle? No me lo pensé ni un segundo. - Tenemos toda la noche y todas las vacaciones para follar. ¿podré hacerlo yo?. - Desde luego. Quiero es bonita polla en mi culo. - Entonces quiero saborear la tuya. Aprender a hacer una buena mamada. Se tumbó a mi lado boca arriba. - Toda tuya. Aparte de la mía propia era la primera que tocaba y sosteniendola con la mano empecé admirándola. La acariciaba con suavidad descubriendo todos sus detalles. Forma, la suavidad de su piel, su dureza, el color morado del glande. Por fin me decidí a usar la lengua y chuparla como su fuera un polo helado, empezando por los huevos que me atreví a meterme en la boca. Besar el glande antes de metérmelo en la boca. Intentaba tener cuidado con los dientes y al no ver muecas de dolor pensaba que lo estaba consiguiendo. No tuvo que darme muchos consejos, al fin y al cabo había visto mucho porno y me había fijado en como me lo había hecho él a mí. Para cuando se corrió en mi boca, no pensaba perderme ese momento por nada del mundo, mi polla ya se había recuperado. Me había gustado saborear mi semen de su lengua, así que hice lo mismo. Lo retuve en la boca y lo besé con toda la lascivia de que fui capaz. Lo dejé caer desde unos centímetros de altura a su boca abierta y estuvimos jugando un rato con las lenguas. En ese momento Mario echo mano a mis nalgas abriéndolas y dejando al alcance de sus dedos el ano. Jugando, metió el índice en mi boca para ensalívarlo y empezar a dilatarme. -¿Quieres que te folle? - Desde luego, no voy a perdérmelo. Pero ten cuidado soy virgen. Me hubiera gustado saborear más de su cuerpo. Lamerlo enterito. Pero también tenía ganas de probar ese rabo por mi culo. -Siéntate sobre mi cara, quiero volver a cometerlo. Hice como me indicaba, con cuidado de no aplastarlo aunque él me sujetaba de las nalgas con sus fuertes manos. De la huevos a la espalda parecía que notaba su lengua y la saliva por todas partes. Poca más dilatación necesitaría pero Mario empezó a añadir dedos en el ano. Más cachondo no podría estar. Él había tenido la precaución de buscar el lubricante en la maleta. Me dio la impresión de que había traído de sobra, pero yo pensaba hartado todo esos días. -Ahora ponte tú a caballito y así lo controlas sin que te duela. Ve penetrandote despacio y paras cuando te moleste. Podía seguir esas indicaciones. Me puse sobre su cadera y fui guiando su durísimo rabo hasta colocar el glande a la entrada e mi culo. Luego no tuve más que ir bajando despacio. Lo notaba abrirme pero no me dolió demasiado. Tardé un poco en llegar abajo hasta dejar descansar mis huevos sobre su pubis. Ahí paré a descansar un minuto mientras él me acariciaba el pene y los testículos y yo le pellizcaba los pezones. Empecé a moverme, despacio, sin prisa. Notando cada penetración, cada subía y bajada con un escalofrío que me recorría la espalda hasta la nuca. Con nuestros gemidos que debían oírse en las habitaciones vecinas. Ya no paré hasta que se corrió dentro de mi, llenando el recto de lefa. Mario también gritó con su orgasmo. Caí rendido entre sus brazos que me recibieron encantados. Nuestras sonrisas y miradas lascivas lo decían todo en ese momento. Su polla fue saliendo despacio y sola de mi culo del que rezumaba el semen. Lo acariciaba con un dedo recogiendo parte de lo que salía y poniéndolo entre nuestras bocas para que lo chupáramos en nuestros besos. Nos fuimos tranquilizando, calmando las respiraciones alteradas. Relajados y abrazados nos fuimos quedando dormidos. Esperando renovar esos placeres por la mañana antes de sus reuniones. Las vacaciones habían empezado muy bien. Esperaba continuarla en esa línea y follar todo lo posible. Después de esa noche tenía mucho más clara su relación con mi padre. sin necesidad de que él me diera más detalles. .