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miércoles, 27 de octubre de 2021

Sentada en la escalera

. Era un julio caluroso, agobiante. Regresaba a casa después de un turno de noche especialmente incordiante. Me apetecía meterme en la cama aunque nadie me esperase dentro. Solo me cubría un short vaquero especialmente corto y una camiseta de tela ligera que marcaba mis pechos como si apenas llevase ropa encima. Y es que debajo de ella no llevaba nada. Bueno eran mas de las seis de la madrugada y no me vería nadie, así que no importaba. Al abrir la puerta del ascensor, en mi piso, me llevé un pequeño sobresalto, a esas horas no esperaba encontrar a nadie en el pasillo. Pero allí estaba ella sentada en la escalera. Sus larguísimos muslos saliendo de una casi inexistente minifalda. Era la hija de los vecinos de al lado. A la que había visto crecer desde que sus faldas eran de ese mismo tamaño, pero le cubrían las piernas casi por entero, o por lo menos hasta los calcetines largos y llevaba coletas recogiendo esa bella melena castaña. - ¿Pero qué haces ahí? criatura. ¿Y a estas horas? La pinta era que regresaba de juerga pero tuve que preguntarle que hacía en el pasillo sentada en un escalón y no en su cama. Sus padres estaban de viaje y ella se había dejado las llaves dentro del piso. - Me he dejado las llaves dentro y estoy sola. No sé que hacer. - Bueno no te vas a quedar ahí más rato. Anda, entra en casa. Casi me vi obligada a invitarla a pasar mientras esperábamos a un cerrajero o a sus familiares. Aunque solo por contemplar un rato mas aquellas piernas o su tremendo escote merecía la pena quedarme despierta toda la mañana. O todo el día si hiciera falta. La vista era realmente espectacular. - ¿Te apetece comer algo? ¿Un café?. - Si te vas a hacer algo para ti, lo mismo. Si no, no te molestes. - No es molestia, ponte cómoda. Me mostré amable como buena vecina mientras preparaba un ligero desayuno para las dos. Interesándome en su vida y en como había pasado la noche, a la vez que le echaba jugosos vistazos cada vez menos disimulados a su expuesta anatomía. No era la única, mis muslos completamente desnudos por el short parecían atraer sus bellos ojos castaños. También mis pezones duros y marcados en el algodón de la camiseta se llevaron buenos vistazos. - Antes, de niña, me contabas todo. Hace mucho que no hablamos, aunque con la uni estarás liada. ¿Te has divertido? ¿Has ligado?. - Si, apenas coincidimos. Con tus horarios y los míos, aunque se que mi madre te tiene al tanto de mis andanzas. Y me echó una enigmática sonrisa que no supe descifrar en ese momento. -Y esta noche al final nada. Un par de copas, unos bailes y a pasar el resto de la noche con el móvil en la escalera. Si no llega a ser por ti, un desastre de noche. Solo de imaginarla bailando con esa minifalda en medio de un montón de babosos me ponía cachonda. Ya me hubiera gustado estar en el mismo pub tomando una copa o trabajando de camarera. - Pasa al baño y quítate el maquillaje. Yo me pondré algo más cómodo. Le ofrecí mi baño para que se desmaquillara. Mientras, dejaba adrede la puerta de su aseo abierta. Ya en mi dormitorio, me desnudaba del todo y luego me cubría con un pequeño y corto kimono de fino satén. Me pareció ver por el rabillo del ojo como ella espiaba mi desnudez desde el espejo sobre el lavabo. Nos habíamos estado contemplando desde que la dejé pasar a mi casa. Nos sentamos a la mesa de la cocina, una enfrente de la otra. La prenda que me cubría, descubría mas bien, estaba mas abierta por el escote de lo que pretendía al principio y mis muslos permanecían desnudos aún mas arriba que los suyos. Sorprendí más de una mirada fugaz hacia mis pechos, así que decidí subir las apuestas. Había conseguido que dejara sus stilettos en el salón. Le ofrecí algo mas cómodo para ponerse mientras esperábamos. - Ya que tienes que quedarte un rato, te puedo dejar algo para que cambies. Podrás escoger, tenemos una talla parecida. Al terminar el desayuno volvimos a mi dormitorio a buscar en mis cajones. Se los señalé con un gesto, dando permiso para curiosear lo que quisiera. Incluido aquél en que guardaba mi lencería mas sugerente, aquél en el que ella curioseó bastante. Después de un rato, terminé ofreciéndole un breve camisón de tirantes de raso y con la falda justo al ras de mis nalgas. Era la prenda que hacía juego con el kimono que yo tenía puesto y que había decidido dejar en el cajón un rato antes. Como ella es más alta que yo debería quedarle aún mas corto. Era la prenda que hacia juego con lo que yo tenía puesto pero que no me había molestado en usar. Sentada en mi cama pude ver pude ver como se deshizo sin complejos del cinturón que ella llamaba falda y del top que comprimía sus preciosos, cónicos y duros pechos. Ante mí solo con el microscópico tanga de encaje lucia su bello cuerpo sin mas vergüenza que yo el mío. Moviéndose por mí dormitorio sensual y felina tardó un rato en cubrirlo con la prenda que le había ofrecido. Como imaginaba le quedaba completamente provocativa. Los pezones marcados en el fino satén. Al ser un poco más alta que yo, tenía más de medio culo desnudo. No nos movimos del dormitorio, ya no hacía falta disimular mucho más. - Estás preciosa. Te queda fantástico. - Creo que le gustaría a cualquiera con esto puesto. Es muy provocativo, no sabía que tuvieras esta lencería tan sensual. - Cielo, con cualquier cosa e incluso sin nada, tendrías encandilado a cualquiera que te propongas. Podríamos habernos echado en la cama y dormir pero esa no era la idea de ninguna de las dos. Estábamos cómodas allí. Yo terminé de recostarme en mi cama de matrimonio dejando que el kimono se abriera mas y ella pudiera ver sin estorbos mis pezones. Con los muslos juntos ella aún no podía ver mi vulva. Se tumbó a mi lado de costado mirándome y mordiendo su labio inferior mientras me contaba más detalles de su noche. Los reducidos y provocativos vestidos de sus amigas, sobre alguno de los chicos que le habían entrado y que no le gustaron. Casi solos, mis dedos acariciaron suavemente su largo muslo. Como no rechazó la caricia dejé descansar mi mano en su cadera justo sobre el prieto culo. Ella aún llevaba su microscópico tanguita que me ocultaba los labios de su vulva. Con algo de su largo cabello ocultando su bello rostro me pareció sorprender una sonrisa en sus rojos labios. Se inclinó sobre mi cara, rozándome con su melena me besó con suavidad en los labios. Y por fin una de sus manos se apoderó de mi teta desnuda acariciando entre sus dedos el pezón. La mano en su cadera se apoderó de su nalga firme agarrándola con fuerza atrayéndola sobre mi cuerpo. Comenzó a darme lengua, a compartir su saliva. Mientras nuestras manos se hacían mas atrevidas en la exploración de nuestras pieles. Poco tardó en librarme del kimono con lo que me dejó desnuda del todo. Tuve que incorporarme lo justo como para sacar la prenda por mis brazos. Quedé a su merced. Lo que aprovechó para situarse entre mis muslos. Encima de mi cuerpo notaba sus duras tetas aplastarse contra las mías más esponjosas y grandes que las suyas. Tuve que separar las piernas para que se acomodará entre ellas y yo ya no tenía las bragas puestas. Así que notaba perfectamente su piel rozando mi vulva. Seguía dejando caer saliva dentro de mi boca y volviendo a recogerla con la lengua. Cruzándose con la mía que se la chupaba. Mis manos recorrían su suave piel sin prisa. De las duras nalgas a su nuca, por toda la espalda. Con toda intención puso el muslo en mi coñito y apretó. Se me escapó un gemido al notarlo. No era su primer asalto. La chica sabia que teclas tocar y yo no tenía mi idea de con quien habría aprendido. Apreté su precioso culo para notarla. Al moverla arriba y abajo nuestras tetas, nuestros duros pezones se frotaban con más fuerza. No sé el tiempo que estuvimos besándonos, solo eso. Además de acariciarnos con suavidad. A mí se me había pasado el sueño y ella parecía no tenerlo. Al cabo de un rato ella empezó a moverse, sin prisa. Besando y lamiendo toda mi cara. Al meter la lengua en mi oreja me hizo cosquillas pero no le pedí que dejara de hacerlo. Bajaba despacio por mi piel, por el cuello y los hombros. Cuando empezó a mordisquear mis pechos y besar mis pezones casi me corrí. Pero ella no era la única que sabía jugar a ese juego. Conseguí deslizar una mano entre las dos, por el plano vientre hasta alcanzar su coñito. El gemido que soltó lo acalló en mis tetas. Suave separé los labios hasta alcanzar el clítoris. Ahora sus flujos caían en mi muslo y el dedo índice se introdujo casi solo en su conejito. - Déjame, quiero saborearte. Y la dejé. Notaba lengua por todas partes, por mi pancita y el ombligo. Por suerte llevo el pubis bien depilado y limpio. Cuando ella lo alcanzó con sus labios la que gemía y suspiraba con fuerza era yo. Mi primer orgasmo llegó cuando su lengua tocó el clítoris. Me tenía muy caliente la nena. Derramé mis jugos en su boca apretando su cabecita entre mis muslos. ¡Joder, como lo comía!. Y no se conformó con eso. Me hizo levantar las piernas hasta llegar con las rodillas a los pezones. Estaba claro lo que buscaba. Y desde luego que no se lo negué aunque pensaba que muy limpio no estaría después de toda la noche en el trabajo. Le dio igual, su lengua me llegaba de la rabadilla al pubis pasando una y otra vez por el ano y el xixi. Y yo me corría una y otra vez. No me dejó respirar, subió buscando mi boca de nuevo. Recorrí con mi lengua sus labios untados con mi sabor más íntimo. Aún no sé como conseguí salir de debajo de ella buscando devolver el placentero favor que me había dado. La dejé tumbada boca abajo en mi colchón. Y me puse sobre ella. Me tomé un momento para contemplar esa bella obra de arte, la torneada espalda, la curva de sus nalgas, los larguísimos muslos, hasta sus pies estirados eran preciosos en esa postura. Quería saborear cada centímetro de esa piel prefecta. Empecé por los bellos pies. Lamí las plantas, se retorcía por las cosquillas pero la tenía bien sujeta. Los finos tobillos y las pantorrillas eran deliciosos. Separé sus piernas con las manos para deslizar la lengua por la cara interna de los muslos. Un poco mas arriba veía como la humedad de su coñito resbalaba hasta mi colchón. Deseaba concentrarme allí pero no iba a ser tan fácil. Mordisqueé sus duras nalgas, que suave era su piel. ella tenía la cabeza enterrada en la almohada para ahogar sus gemidos y gritos. Subí besando la línea de la columna desvíandome hacia los riñones o los omóplatos. Tuve que apartar la melena para poder lamer su nuca con mi cuerpo completamente sobre el suyo. Mis pechos apoyados en su espalda y mi pubis frotándose con su culo, los muslos enredados. Por fin iba a saborear lo que tanto había deseado esa noche. Me levanté de ella para ponerla a cuatro patas. Su grupa era prefecta, la postura le hacia lucir su gracia felina. Volví a saborear sus nalgas, desplazándome despacio por la raja. Clavando la lengua en su ano, sudado pero limpio. Pasé por el perineo y por fin pude besar la delicada vulva. Los flujos pasaron directamente a mi legua. pude jugar con el duro clítoris con la punta de la sin hueso. Y cada uno de sus orgasmos lo sentía en mi boca cada vez que su cadera temblaba contra mi cara. No quería dejarla, pero en algún momento tuve que volver a subir hasta quedar las dos tumbadas boca abajo lado a lado. Respirando con fuerza y tranquilizándonos, nos sonreíamos satisfecha al menos en parte nuestra lujuria. - ¿Desde cuando te gustan las chicas? - Siempre, bueno no en exclusiva. Voy probando y me gusta como se siente. Pero podría preguntarte lo mismo. No tenía ni idea. - Siempre he sido discreta y si alguna amiga se queda a dormir, de puertas afuera solo es una amiga, como tú y yo para tus padres. Si quieres un sitio para traer a alguien puedes contar conmigo y desde luego repetir. Me dio un beso, un buen morreo hasta sacar de mi boca hasta el último resto del sabor de su chochito. - Desde luego que quiero repetir esto, no me vas a privar de saborearte de nuevo. Eres muy amable si me dejas traer alguien aquí. Pero ¿no vas a querer mirar o participar? - Solo si tu me dejas. Desde luego. Nos fuimos a la ducha sin dejar de acariciarnos. Al poco tuvo que volver a su casa cuándo oímos regresar a sus padres. .

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Hada con su doctora

. La facultad de medicina y las prácticas de MIR habían abierto mi mente y mi actitud. Algo que mi educación en un colegio de monjas había iniciado, no por las hermanas, claro, sino por mis pervertidas compañeras. Pero estos años universitarios con médicos y enfermeras siempre dispuestos a pasar un buen rato consiguieron ampliar mucho más mis horizontes. Han pasado unos años desde entonces pero esa actitud liberal no la he perdido nunca, más bien he tratado de cultivarla cada vez que tenía oportunidad con algún buen ejemplar. A veces si era posible con dos o más a la vez. Ahora estoy de médico de familia en un centro de salud de barrio. No ofrece tantas posibilidades pero nunca he dejado de prestar atención a las opciones que se abrían ante mí. Así han caído compañeros y compañeras, más de un paciente o familiar de buen ver e incluso uno de los camareros del bar al que voy a tomar café en los descansos, un jovencito encantador y muy complaciente. Una calurosa tarde de verano una choni entra en mi consulta. Era la última paciente del día y un bonito espectáculo por si misma. Delgadita y provocativa, minifalda vaquera muy corta, top luciendo unas tetitas pequeñas pero bonitas y que desnudaba su torneada espalda. Unas inverosímiles sandalias de plataforma elevaban ese bonito cuerpo a casi diez centímetros del suelo. Al verlas lo primero que pensé es que venía por un esguince en el tobillo. Nunca la había visto por el consultorio, me habría fijado en ese ejemplar. Acababan de pasarmela de otro médico ciertamente con más escrúpulos que yo y que no quería atenderla. Deslicé la vista desde las pintadas uñas de los pies a la lisa y preciosa melena rubia teñida y muy cuidada, recreándome en su exótica y salvaje belleza. De inmediato me di cuenta de lo que ocurría, las palabras escaparon de mí boca con una incontinencia verbal que no suele caracterizarme. - pero ¡alma cándida! ¿a que edad empezaste a tomar hormonas?. La nena tuvo el detalle de ruborizarse y a punto estuvo de salir corriendo por la misma puerta que acababa de cruzar. Desde luego que se lo impedí y avergonzada por mí actitud le pedí de inmediato disculpas por mi torpeza. - Perdóname pero me has pillado de sorpresa. Nunca se me ocurriría tratarte así. Pasa y cierra. Así estaremos más tranquilas y me cuentas lo que te preocupa. Tenía que hacerle un chequeo completo para comprobar que la alteración hormonal no había causado algún problema. Ahora que aún estábamos a tiempo de tratarlo si existiera. - Desnúdate y tiendete en la camilla, tenemos que comprobar que estés bien y ajustar el tratamiento si lo necesitaras. Para tranquilizarla mientras se libraba de su escaso atuendo y sin que yo me perdiera ni un detalle de tan bonito striptease le fui preguntando por lo que había tomado y por cómo se encontraba. Aparte del problema puntual por el que había venido ese día, una tontería de adolescente. Parecía encontrarse bien, francamente bien a primera vista. Tenía, tiene, un cuerpo precioso, delgado bien moldeado, en el que empezaban a despuntar dos pechitos que prometían llegar a ser dos hermosas tetas. La cadera se le había redondeado que le había dejado un culito respingón y firme. Tenía pinta de hacer ejercicio además del tratamiento que había empezado por su cuenta. Y que había consultado en Internet. Admito que me estaba recreando viendo ese streptease improvisado y las partes de su anatomía que iba descubriendo. Sus largos y ahusados muslos en cuanto la falda cayó, el tanguita apenas podía contener su polla aún no demasiado afectada por las hormonas. Se dejó esa prenda supongo que por un resto de timidez pero no tuve ninguna misericordia. Con un gesto le hice desprenderse hasta el último trapito. Aunque parecía bastante acojonada por la situación el rabo no parecía pensar lo mismo. Morcillón colgaba entre las piernas amenazando con ponerse firme en cualquier momento. Le, la hice tumbar en mi camilla. Empecé de un forma muy profesional con un examen detallado pero sin recrearme palpando músculos y el vientre sin encontrar ningún problema. La bata abierta descubría mi escaso atuendo y tanto como por la temperatura como con tenerla allí a mi merced, estaba pasando mucho calor. Lo que su presencia sensual no ayudaba a aliviar. Mi talla ciento diez doble d en un top escasito, aunque algo más grande que el suyo, eso sí, luciendo los pechos sin sujetador en la cálida tarde de verano. Sus ojos estaban clavados en mis tetas creo que con algo de envidia. La falda de tubo no muy larga marcaba mi voluptuosa cadera ajustada a mis muslos. No se me iban a presentar muchas oportunidades de tener un ejemplar así de bonito a mi disposición. Así que un momento después estaba mandando mentalmente el juramento Hipocratico a la mierda y pensando en cómo pasar un rato agradable las dos juntas. Empecé a preguntarle por sus relaciones sexuales. Era lógico para comprobar si tenía alguna venerea. - ¿Te has acostado con muchos chicos? ¿Eres muy promiscua? ¿Lo haces con protección? - En realidad menos de lo que me gustaría. No hay mucha gente abierta de mente que me acepte tal y como soy. Pensaba que aunque fuera por morbo algo más podría ligar, pero no. Y sí, siempre con condón. - Bueno ellos se lo pierden. A mi me pareces muy bella. Pero, ¿no eres virgen? ¿verdad? - No, he tenido experiencias, aunque no demasiadas. -Y ¿con chicas? Fui llevándola al terreno que me interesaba. Entre los toqueteos y la conversación su polla apuntaba al techo. No era muy grande, pero si bonita cabezona, con las venas marcadas, sin un pelo y a un lado, en la cadera, un pequeño tatuaje de un hada. Aproveché el momento para empezar con ella y examinarla cogiendo los huevos y palpando comprobando que estaba perfectamente sana. - Con chicas aún menos que con chicos, a todas les parezco un bicho raro. -¿Pero te gustan? - Si, aunque yo quiera ser una mujer, también me atraen. Al oír eso yo flotaba. - Yo pensaba que la gente de tu edad estaba más liberada, con menos complejos. - Algunos demasiado para mis gustos y la mayoría demasiado poco. También hay mucho salvaje por ahí que ha visto demasiado porno. Lo difícil es encontrar el término medio que me guste y a quien yo guste. - No creo que te cueste mucho viendo a lo que vas a llegar, con esa carita dulce y ese cuerpo tan femenino. Echándole cara le decía todo eso sin dejar de acariciarla y sobarla. Incluso alguna vez que me inclinaba sobre ella rozando su cuerpo con mis tetas. -¿No me pasa nada? ¿Estoy bien? - Estás estupenda, nena. Preciosa, para mí gusto una belleza, y si vas a seguir por este camino te ajustaré la medicación y te puedo dar algún consejillo más. Sonriendo, pero tímida aún, se daba cuenta que estaba flirteando con ella. Tonta del todo no era. Había echado buenos vistazos a mi generoso escote y a mis pezones marcados en la fina tela. Parecía que mi cuerpo voluptuoso no le era indiferente del todo. Y a juzgar por la dureza que había alcanzado su polla le estaba gustando la situación. Cogí su pene y lo estuve acariciando un momento para provocarla aún más. Parecía que si seguía tocándolo no tardaría en correrse y eso no es lo que quería. Bueno si se daba la ocasión me la metería en la boca y me tragaría con gusto su corrida. - Gírate, ponte boca abajo. Aproveché un rato para manosear sus duras nalgas. Era evidente que por su edad un examen de próstata era innecesario pero no iba a privarme de ello. Y eso que estaba deseando hacérselo con la legua. Calzándome un guante de látex le pregunté. - ¿Has venido limpita? Sube el culito por favor. - Creo que sí doctora, pero no estoy segura del todo. - No importa, ¿Te fías de mí? - Por supuesto, estoy en sus manos. Contestó con una bonita sonrisa que me pareció bastante lasciva. Poniéndose a cuatro patas sobre la camilla me dejó completo acceso al ano. Usando con generosidad el lubricante tanto en su culo como en el guante procedí a hacer un examen completamente innecesario y que iba a aprovechar para follar ese culito con mis dedos. En cuanto empecé a acariciar la raja se le escapó un gemido que sonó dulce y femenino. Despacio repartiendo el lubricante empecé a meter un dedo, abriendo el ano con cuidado y cariño. -¿Te duele? -¡No! para nada, se siente ¡uf! genial. Nadie me ha hecho nunca algo así. Nadie me ha hecho sentir tan bien. Con el índice y el medio le estaba llegando a la próstata. Traviesa con la otra mano sin guante le volví a acariciar la polla y llenó toda la camilla bajo su cadera de semen. La cabeza apoyada en sus antebrazos, la melena ocultando la expresión de lujuria. Pero nada pudo acallar el gemido que escapó de su boca cuando se corrió. Hubiera preferido que lo hubiera hecho en mi boca. Menos mal que había mandado a la enfermera a su casa o habría pensado muy mal de mí. O tal y como nos conocíamos las dos se hubiera apuntado a darle gusto a la muchacha. -¿Ya estás más relajada? Puedes levantarte cielo. - Estoy en la gloria. Eres maravillosa. Nadie me había hecho correr así. Salió de ella, en ese momento no hice nada. Nada más que lo que ya había hecho claro. Se giró hacia mí y me besó. Nuestros labios se juntaron suaves al principio, pero sin despegarse el beso se fue haciendo más profundo, más lascivo. Juro que fue su lengua la primera que entró en mi boca. Pero si hubiera tardado un segundo más yo le hubiera metido la mía hasta la garganta. Que fue lo que hice en ese momento. Se agarró a mis tetas como si fueran el flotador de un náufrago. Y eso que aún llevaba la camiseta. Con un grácil movimiento se deshizo de mi bata que cayó a nuestros pies. Y eso aún encaramada a la camilla. Sin separar nuestros labios consiguió bajar y quedar frente a mí. Muy cerca. Mientras hacía esa maniobra yo aproveché para soltar el cierre de mi falda que cayó al suelo. Así que además de ponérselo más fácil conseguí que la prenda no se manchara con el semen que aún goteaba de su bonita polla. El miembro iba perdiendo su dureza después del orgasmo. Esperaba recuperarla pronto. Por la forma en que me la flotaba por el pequeño tanga estando abrazadas no iba a tardar. Yo seguía agarrando su pétreo culito que me tenía hipnotizada. Ella en cambio buscaba mis pechos apretando sus duras tetitas contra ellos. No tardó nada en ayudarme a librarme del top sacándolo por mi cabeza. De inmediato se agachó a besar y lamer mis domingas. - ¡Yo quiero unas como estas!. - Las que tienes son preciosas, cielo, date tiempo. Pronto podrás operarte y ponerte algo más. Espero que elijas bien y no exageres. - Tus tetas son hermosas, espero que me ayudes a elegir la talla adecuada para mí. Conseguía contestarme sin separar los labios de mi piel, sin dejar de mordisquear suave mis pezones y continuar lamiendo de mis axilas al ombligo sin dejar de babosear todo por donde pasaba. Joven y ansiosa ahora era yo la que estaba acorralada contra la camilla. Solo tuvo que palmear la colchoneta para conseguir que me subiera. Es hábil, mientras levantaba el culo para izarme aprovechó para tirar del tanga y dejarme tan desnuda como ella. Ya me tenía en buena postura, bien abierta de piernas. Solo tenía que agacharse un poco para hacerme un cunilingus de antología. Pero quería hacerse de rogar. Empezó por mis pies, Aunque me había duchado antes de ir al trabajo debían estar algo sudados. No le daba ningún escrúpulo y se dedicó a besarlos y lamerlos un buen rato. De los dedos, todos y uno por uno, a la planta. Tenía que animarla. - Vamos nena cómemelo todo. Yo estaba loca por que me llegara al coño. Pero no por esas subía con parsimonia por mis piernas para hacerme sufrir y disfrutar a la vez. Paseaba la sin hueso por los tobillos, subiendo por las pantorrillas, escalando la cara interna de mis muslos. Cuando por fin llegó a mi vulva, me moría de impaciencia. Los labios estaba abiertos, calientes y muy muy húmedos. Y yo creía que no podía estar más cachonda. Un gemido escapó de mi garganta que no sé como no llamó la atención en el centro de salud casi vacío cuando por fin sabores mis jugos directamente de la fuente. En segundos me había corrido por primera vez. pero no fue el único orgasmo de la tarde. Siguió chupando, lamiendo y besando sin descanso. Saboreándome y recibiendo en la lengua mis jugos cada vez que me corría. No estaba yo para averiguar lo que ocurría por sus bajos. Tal y como estaba tumbada no alcanzaba a verlo, pero su joven polla se estaba recuperando rápidamente. Mirándome a los ojos entre mis muslos con la expresión más lasciva que le había visto preguntó: - ¿Quieres que te folle? - Lo estoy deseando, cariño. Méteme ya esa polla. No se hizo más de rogar. La altura de la camilla era perfecta. Se incorporó y guiando el firme miembro con la mano, el glande se fue abriendo camino entre mis labios. Firme, pero a la vez suave y con ternura. Apoyó mis piernas en su pecho, notaba la dureza de sus pezones en la parte de atrás de mis pantorrillas. Sujetando mis muslos con las manos empezó a moverse. Sin prisa, haciéndome notar cada penetración, justo como a mí me gusta, no muy deprisa. Como hacía poco que se había corrido aguantó un buen rato. Y como yo estaba muy excitada no hacía más que encadenar orgasmos uno detrás de otro. Acababa de examinarla y yo tomaba precauciones así que... - Correte dentro cielo, dámelo todo. - Estoy a punto doctora. Me contestó con su más linda carita de vicio. Sé cuando tuvo su orgasmo, cuando sus ojos se pusieron en blanco y soltó un suspiro que salió de lo más profundo de sus pulmones. No se conformó, siguió bombeado hasta que su polla quedó flácida. Y entonces se inclinó para volver a lamer mi coñito encharcado. Mis jugos mezclados con su semen que me dio a probar en un nuevo beso lascivo donde nuestras lenguas se cruzaron sin tregua. Nos quedamos un rato frente a frente acariciándonos, recuperando la respiración y besándonos con ternura. - Bueno ¿que te ha parecido esta experiencia con tu doctora? - Ha sido algo sensacional. Y espero poder repetir alguna vez más. - Cuando quieras, reina. Tienes una amiga y una médica. Y volví a besarla. Respondió a mi beso de nuevo con su lengua juguetona. Contenta por haber encontrado alguien que la comprende y a quien le gusta tal y como es. Nos vemos de vez en cuando para disfrutar juntas. Me he hecho personalmente responsable de su salud y de los cambios que ella quiere llevar a cabo, haciendo sus recetas y aconsejándola. - - .

domingo, 9 de mayo de 2021

La fragua

/". Había mas de treinta grados fuera. Por las estrechas calles de aquel pueblo, un sol de justicia no perdonaba ni la mas pequeña sombra. Al salir del aire acondicionado de mi vehiculo, el calor me golpeó como un hierro al rojo. La herrería estaba en un viejo cobertizo, apenas un techado de madera y tejas sobre tres paredes de adobe. Rodeado de viejos apeos de labranza y estructuras de metal poco reconocibles la construcción estaba cerca de la ruina. Si fuera hacia calor, dentro no le haría justicia el interior de un horno. Mas bien parecía una fundición. El olor penetrante de las cenizas de carbón que alfombraban el suelo y la escoria de hierro al que le faltaba poco para fundirse invadía mis fosas nasales. En un rincón la máquina de carbón que daba nombre a todo aquello echaba chispas alimentada por un compresor eléctrico y había bancos y 0000mesas con viejas herramientas apoyados contra las paredes. Y allí en medio, golpeando con un enorme martillo una barra de acero al rojo sobre un yunque tan viejo y golpeado que parecía salido de la mismísima fragua de Vulcano estaba el herrero. Vestía con un vaquero muy desgastado, y agujereado por quemaduras, unas botas de trabajo y nada mas que un viejo y agujereado delantal de cuero para protegerse de las chispas y la escoria que volaban por todo el lugar. Los hercúleos brazos parecían pistones de una antigua máquina de vapor, su pecho un enorme barril, no podía ver mucho mas de su cuerpo. Podría haber participado en un concurso de culturismo o una competición de halterofilia, no habría desentonado. Pero si podía ver su cara. Resulta que no era herrero, era una herrera, nadie me lo habías aclarado. Los pechos pequeños y duros estaban ahí escondidos tras el mandil y una cara dulce enmarcada en una mata de corto pelo rubio ceniza, que apenas correspondía al musculoso cuerpo. Ella ni siquiera llevaba una camiseta y por el vaquero todo roto se veían grandes porciones de sus poderosos muslos. Yo estaba allí para encargar unas verjas de forja para mi nuevo chalet. Un amigo me había recomendado hacerlas de artesanía y pedirlas en ese pueblo de la meseta. Pero el cabrón se había guardado ese pequeño detalle. Lógicamente debido al calor reinante mi ropa tampoco cubría gran parte de mi figura. Más voluptuosa que ella, el trabajo duro había quemado hasta el último grano de grasa en su caso, ninguna de las dos nos tapábamos con mucha ropa. Me había puesto una minifalda con algo de vuelo, de la que decir que me tapaba el culo era ser generosos con ese trozo de tela. El top anudado a la espalda dejaba ésta completamente desnuda y mis tetas, mucho más grandes que las suyas, asomaban con generosidad por el escote. Mis sandalias de cuña de esparto pisaban las cenizas que alfombraban la vieja fragua. Detuvo el martilleo por un instante y sus ojos de un intenso color azul, recorrieron mi cuerpo de abajo arriba lentamente como queriendo quedarse con todos los detalles hasta clavarse en la míos. Descubrí que los dos eran azules, fríos, todo lo contrario que el ambiente del lugar. Metió la pieza en la que estaba trabajando de nuevo en la forja antes de preguntar: - ¿Que deseabas? A punto estuve de decirle que a ella, pero me callé a tiempo. Y pasé a explicarle el asunto de las rejas. Llevaba incluso las medidas en un papel y algunas fotos para que se hiciera una idea. Pero en ese momento y pensando que desearía verla el mayor número de veces posible volví a guardar el móvil en el bolso. -Me he comprado un chalet nuevo y para personalizarlo un poco quería una verja para la valla del jardín. Tengo las medidas, pero podrías venir un día, y ver el lugar por ti misma para decidir qué es lo que mejor quedaría. Si no tienes mucho trabajo. Quería tenerla en mi terreno a pesar que todo lo que me calentaba estar en la fragua. Había descubierto que me excitaba ese ambiente, las máquinas, el sudor, el calor. Por supuesto verla allí medio desnuda entre todo ello. Aún así estaba claro que podía provocarla y coquetear con ella. Cómo en un descuido me rascaba el muslo, o me secaba el sudor del escote. Y por supuesto me fijaba en si ella miraba esos gestos. Cómo deseaba efectivamente Marta la herrera, me miraba con lo que yo creía que era una expresión de deseo. Con un solo gesto que hiciera yo me entregaría a ella, allí mismo. Me entregaría a sus caricias y yo le daría las mías. - Desde luego sería mejor ver el sitio, pero aún así ahora te puedo enseñar algunos diseños y pruebas que tengo para otros encargos. - Sería estupendo. Así me hago una idea de tu trabajo. Pero creo que ya me tienes muy convencida. Me condujo a través de la hierba agostada a otro almacén cruzando el patio. El sitio estaba en las mismas condiciones ruinosas de la primera construcción. Pero en su interior oscuro se estaba mucho más fresco. Era evidente que lo usaba como almacén. Por allí esparcidos y en estanterías metálicas había trabajos en diversos estados de construcción. Incluso en una pared colgaban espadas y cuchillos de todos los tipos, herraduras y apeos agrícolas, de los que yo no conseguía adivinar su misterioso uso. En otra pared colgaban trozos de reja de forja y verjas para ventanas. Trabajos en hierro en realidad muy bien hechos. Pero me había llamado la atención una espada de fantasía que colgaba justo enfrente. Parecía el centro de toda una panoplia de armas blancas. Intente descolgarla para verla más de cerca. - Ten cuidado está muy afilada. - Esto quedaría muy bien en mi salón. Se acercó por detrás de mí para ayudarme a sujetar la pesada arma. Pegó su poderoso pecho a mi espalda y solo el delantal de cuero separaba sus durísimas tetas de mi piel. Rodeó mi cuerpo con sus poderosos brazos y puso su manaza rodeando la mía sobre la empuñadura del arma. Efectivamente parecía que aquella cosa podría cortar piedra y hacerlo sin esfuerzo. Pero su cuerpo pegado a mi espalda aumentaba, no ya el calor que era mucho, sino mi excitación. Su otra mano se posó en mi muslo justo bajo la falda. No le costó mucho por que esta era muy corta. La caricia subía por mi piel despacio llevándose la tela con ella. Se me escapó un gemido al notarlo. Así le di a entender que me estaba gustando. Al oído rozando mi oreja con sus labios, me dijo: - Te la regalo si puedo ver ese salón, y el dormitorio. - Seguro que podemos arreglarlo. Me encantaría enseñarte toda la casa, hasta llegar a la cama. Su mano estaba llegando a mi nalga y no pretendía detenerla. Me pegué más a su cuerpo deseando que el maldito trozo de cuero que tapaba sus tetas no estuviera allí. Tuve que dejar la espada o se me habría caído y me hubiera cortado un pie. Por suerte eso me dio más margen de maniobra. Pude echar esa mano hacia atrás y agarrar su nalga por encima del vaquero. Pero la prenda estaba tan quemada que enseguida di con su carne dura como el hierro que ella trabajaba, pero a la vez muy suave. Empezó a besarme el cuello y la nuca erizando cada poro de mi piel. Asomada por encima del hombro estaba mirando mis tetas que mi escote casi le dejaba ver al completo. Solo tenía que tirar de un extremo del nudo que sujetaba la tela por detrás de mí cuello para que la prenda desnudara mis pechos. Habilidosa lo hizo con los dientes y la tela cayó hasta mi cintura sujeta solo por un cordón que cruzaba la espalda a la altura de los riñones. Mis tetas son grandes pero sus manos casi las tapaban. Me pellizcaba los pezones con suavidad. Sin soltar su nalga con una mano, con la otra pude soltar por fin su mandil. Separarme lo justo como para que el cuero cayera al suelo. Y girarme para contemplar por fin esas tetitas tan duras. Pegarme a ella para buscar sus labios. No esperó más para sacar la lengua en busca de la mía. Me colgué de su poderoso cuello. Nunca había estado con siguen tan musculoso. Ella en cambio se había apoderado de mis nalgas que empezaba a amasar bajo la falda. Al fondo del almacén tenía un viejo sofá y cuando me quise dar cuenta me estaba llevando hasta allí en brazos. Me vi levantada en el aire, entre risas y volando entre las estanterias. Me dejó en los cojines. Para lucirme me puse a cuatro patas levantado el culo, destapandolo de la minifalda que me eché sobre la cintura y con mis tetas colgando. Me miraba con lujuria, lo mismo que hacía yo, mientras se quitaba los vaqueros agujereados. Tras ellos fue su tanga, una prenda más delicada y diminuta de lo que me había imaginado. Pude ver su depilada y suave vulva bajo los marcados abdominales. Estaba deseando poner mi lengua allí. Pero ella me ganó por la mano. Se puso detrás de mí y solo tuvo que hacer a un lado la gomita de mi tanga sobre una nalga para meter la cabeza entre mis nalgas. Pasó la lengua por toda la raja, de mi coñito a la espalda sin dejar de jugar un momento en el ano. Esperaba que todo el mundo en aquel pueblo estuviera durmiendo la siesta o se habrían enterado por mis gritos de lo que estaba pasando. Que bien me estaba comiendo el coño y el culo, arrancándome gemidos de placer. No necesitaba sacar la falda por las piernas, bastaba con soltar un broche y se abría cayendo al sofá. El tanga no aguantó mucho más y se rompió. Tras mi primer orgasmo conseguí escaparme lo suficiente como para girarme y lamer mis propios jugos de su boca. Sus besos eran lascivos y lujuriosos. Exploraba mi boca con la lengua igual que hacía con su martillo sobre el yunque, con firmeza. Yo recorría cada músculo de su cuerpo con mis manos sin poder moverlos apenas pero notando la suavidad de su piel. Acariciaba su dulce carita con las manos mientras notaba su dureza y peso sobre mí. Ella no pensaba dejarme y pronto noté dos de sus dedos intentando penetrar mi vulva. Separé las piernas todo lo que pude para dejar que me masturbara y seguí corriendome. Quería darle placer a ella, quería sus orgasmos en mi boca pero tal y como eran sus caricias no podía resistirme a dejarle hacer. Pero algo podía hacer, bajar lamiendo el sudor en su cuello, en sus hombros. Seguir hacia sus tetas y chupar sus pezones. Levantar su brazo, el que no tenía acariciándome, para pasar mi lengua por su axila depiladas. Ella clavaba sus dedos lo más dentro de mi vulva que podía y yo seguía corriendome. Como vio mi intención de seguir bajando por su pecho y vientre, me dejó continuar. Ella arrodillada y yo con mi cabeza entre sus muslos pudiendo llegar con mi boca a su vulva y cuando ella se separaba las nalgas con las manos a su ano. Lógicamente olía, sabía a sudor pero no creo que yo oliese mejor y a ella no le hacia importado. Es más ese aroma a trabajo honrado, al calor del fuego y el carbón y al sol de Castilla me excitaba más. Todo le daba un algo más que una amante recién salida de la ducha no tenía. Estaba haciendo que esa diosa de la fragua se corriera con mi lengua, con mis caricias. Que el almacén se llenará con sus gemidos y suspiros como un momento antes lo hacía con los míos. Estirando un brazo podía alcanzar sus tetas que apenas podía mover. A lo más que podía aspirar era a pellizcar sus pezones oscuros y tan duros como el cuerno del yunque. La tarde pasaba, el sol bajaba y ella podía tener algún cliente más. Aunque el fuego desatendido de la forja hacia rato que se había apagado. Así que tuvimos que vestirnos y separarnos por el momento. Volvió a calzarse los rotos vaqueros y una camiseta qué tenía allí y que parecía tan castigada por el fuego como sus pantalones. Yo me volví a poner la minifalda esta vez sin nada debajo, el tanga estaba arruinado del todo por sus fuertes dedos. Me ayudó a atarme el top en la nuca. Segura que el fuego de la fragua volvería a surgir entre nosotras. Ella llevó la espada hasta mi coche y la puso en el maletero. Con un último beso y una caricia a mi coñito que sin él tanga roto que había dejado sobre el viejo sofá estaba al descubierto bajo la falda me puse al volante. Esperaba que pronto ella viniera a mi casa a tomar medidas de la valla del jardín y de la dueña del chalet. .

martes, 27 de abril de 2021

Fantasía heroica

. Pudiera haber sido una fiesta de disfraces o una partida de rol, o una convención de ciencia ficción y fantasía, pero no lo era. Situado entre el desierto y el bosque. Dos enormes lunas alumbraban el ajado y enorme edificio de dos pisos de adobe reforzado con vigas de madera. Un tejado de placas de pizarra plagado de chimeneas de piedra cubría la edificación con aspecto de no querer mantenerse en pie mucho más tiempo. Una torre almenada de piedra que debía procurar cierta protección estaba adosada al frente de la posada. A un lado unos corrales mantenían confinados diversos tipos de ganado y animales de silla y arrastre, desde caballos, mulas y bueyes a ejemplares más exóticos de seis patas o lagartos cubiertos de escamas. Incluso se veía entre ellos un centauro que con pocas luces pastaba en el mismo pesebre que un hermoso ejemplar de caballo árabe. Los cuerpos de ambos muy parecidos. En el interior la sala era oscura, con madera por todas partes y la disposición típica de todas las tabernas del multiverso. Una larga barra a un lado con una tabernera detrás para servir a los parroquianos los mejunjes alcohólicos de su gusto. Mesas de diversos tipos, talladas en enormes troncos, no parecía haber un standard para eso en este caso. Una enorme chimenea en un rincón para las noches frías e incluso las cálidas, al fin y al cabo estamos en un mundo de fantasía. Algún tipo de animal enorme de seis patas y casi sin desollar se asaba en un espetón al que una jovencita cubierta con harapos y manchas de hollín en la cara se encargaba de dar vueltas. Una película, un casting, pero la situación seguía siendo erótica, interesante. Una hermosa y delicada rubia con el largo pelo lacio se movía entre las mesas con aire lánguido. Su única vestimenta era un vestido de gasa completamente transparente, sus pezones claros se veían a través de la tela tan fina. Incluso el vello rubio de su coñito se descubría cuando movía las piernas. A su lado un forzudo con un tanga de cuero como única vestimenta. Sobre el banco de madera cubierto con piel descansaba su culo desnudo mientras sus manos se perdían bajo las sedas qué no tapaban el cuerpo de la rubia. Ella suspiraba al lado de su oreja adornada con varios pendientes enjoyados, dispuesta a ganarse su propina dándole placer al mastuerzo aquel. Bellas mujeres morenas con corsés de cuero o sujetadores de cota de malla asomando sus plenos y turgentes pechos por los escotes de sus escasas prendas bebían cerveza de cuernos arrancados de caprinos de la zona. Peleaban entre ellas por los favores de otro par de mancebos elfos al servicio de la taberna, suponía que eran chicos pero en mi raza y con esa edad, con nuestra constitución tan delgada igual podían ser muchachas. Sólo las puntiagudas orejas los distinguían de los humanos. Musculosos macizos de reducidas armaduras para lucir sus músculos y enormes armas como si quisieran compensar algo distribuidos por las mesas del local. Todos ellos con tangas de cuero o metal para cubrir pubis a los que sin duda daban buen uso tras las batallas. Si eran enanos de baja estatura y completamente cubiertos de pelo. Elfos delgados como juncos e incluso un semitrol de rocosa piel entre ellos. Una fantasía de héroes de la antigüedad. El enorme pincho moruno del forzudo empezaba a tomar rigidez bajo el cuero del taparrabos. ¡Ah! Si y la espada de acero damasquino descansaba junto a ellos en el banco. En otro rincón una guerrera que oprimía sus duras tetas en un corset de cuero y sus pies en unas botas altas del mismo material y entre medias muy poca cosa mas, se dejaba agasajar por un delgado efebo de oscura y suave piel descubierta al completo, solo adornado con unos collares de oro. Sentado en sus poderosos muslos ejercitados en batalla y en innumerables campañas el fibrado muchacho se esforzaba por acariciar las voluptuosas formas de la soldado. Creí distinguir una de sus manos por debajo de la armadura agarrando sus pezones. Había otras mesas ocupadas por elfos, enanos y gentes de otras razas todos ellos apenas sin ropa. Algunos de ellos ocupados además de en beber y comer en juegos sexuales de algún tipo, desde besos y tocamientos varios a mamadas apenas disimuladas bajo los tableros de las mesas. Tampoco hacía falta mucha ropa, el calor reinaba en esas tierras de vegetación lujuriante y tupida. Donde a veces había que abrirse paso por el bosque a base de hacha y machete. Por todo un lateral del local una barra de robustos y gastados tablones de recia madera arañados por los innumerables roces con cuchillos y hachuelas. Tras ella una posadera de generosos senos apenas cubiertos por una blanca blusa de lino con un más que lascivo escote, seguía poniendo jarras de cerveza y cuernos de vino. Sacaba el líquido de los enormes barriles que tenía detrás de ella y vasos de aguardiente y de sospechosos licores de polvorientas botellas de grueso vidrio coloreado, con aspecto de llevar siglos en esos robustos estantes. Envuelta en mi larga capa que me ocultaba casi por completo, atravesé la cortina de trenzas de cuerda y cuentas de cristal que hacía de puerta en el oscuro antro. No me molesté en echar la gran capucha que cubría mis largos cabellos rojos y mis orejas terminada en punta, hacia atrás. Para evitar la curiosidad del resto de los parroquianos preferí seguir ocultando un rato más mi cuerpo extremadamente flexible y delgado. Me acerqué a la barra y le pedí a la voluptuosa camarera una jarra de esa cerveza casi masticable que se destilaba por entonces. Ella aprovechó para pasearme los dos enormes jarros, digo pechos ante la cara. Antes de deslizar en su escote la moneda de cobre que era el pago de mi bebida aproveché para darle un pellizco a su pezón. Que respondió de inmediato poniéndose duro, marcado en el lino, ya no tan blanco a esas alturas de las noche y asomó una sonrisa a su colorada cara. Pero no estaba allí por los abundantes encantos de la cantinera. Estaba allí por un hombre o monstruo o mitad de uno y mitad del otro. Tenia que cortarle la polla y llevarla como trofeo a una bella princesa que me esperaba entre sedas en su palacio de oro, mármol y marfil. Dispuesta a recibirme entre sus brazos como recompensa. Tenía colgada a mi espalda del tahalí que cruzaba mi pecho entre mis tetas mi espada Mata dragones, fiel hasta el final. No era mi única arma claro. Los filos de las dagas en las fundas dentro de las cañas de las botas. Estrellas ninja y cuchillos arrojadizos en el cinturón por encima del tanga de cuero y algunas sorpresas muy afiladas más disimuladas en el sujetador de cota de malla, la melena y la capa. Y había dejado el arco y la ballesta y sus proyectiles colgando de la silla de montar. Ya me chorreaba el coño pelado al pensar en tener la polla de aquel fulano en el ídem y luego en la mano una vez que no estuviera unida a su usuario. Decían que ese órgano tenía poderes curativos. Me lo habían descrito, pero hasta tenerlo delante no me haría un idea de como era. Aparte de su enorme tamaño. Hasta que atravesó la misma puerta de cuentas de cristal engarzadas en cordeles que yo había cruzado un momento antes. Era enorme, a la espalda llevaba dos hachas de doble filo cruzadas que rozaban las envejecidas vigas del techo cubiertas del hollín de las antorchas y de las lámparas de aceite. Pero eso no era lo que mas impresionaba, los arañazos del hierro forjado de sus armas solo repasaban los que un segundo antes habían hecho los dos afilados cuernos que coronaban su testa. Cabeza que tenia un asombroso parecido con la de un buey, su nariz ancha perforada con un pesado colgante en forma de aro de hierro. Su cabello grasiento y enmarañado caía sobre unos hombros aún mas anchos que la puerta, de forma que tuvo que ladearse para poder cruzarla. Sus pezones oscuros y de los que colgaban dos enormes aros de oro coronaban unos pechos aún mas amplios que los míos y cruzados por los tahalíes de las hachas. De su cinturón cruzado sobre un vientre que parecía una tabla de lavar, aunque por el profundo olor que desprendía el fulano no debía saber lo que era eso, colgaban varias hachas arrojadizas y una corta pero ancha espada de doble filo. El enorme bulto del tanga parecía ocultar una polla de muy respetable tamaño. Sus piernas como columnas jónicas en las que se marcaban los husos de sus músculos terminaban en dos gastadas botas de piel sin curtir, que desde luego habían recorrido muchas leguas. Por eso había podido adelantarlo por el bosque a lomos de mi caballo después de haberlo seguido durante un par de días, sin que el bovino se diera cuenta. Esa cosa era un minotauro, y las leyendas decían que estaban tan extintos como los dragones. Claro que yo había despachado ya un par de estos últimos. Así que como de costumbre en ese aspecto la leyenda se equivocaba. Mirando alrededor desestimó las mesas ocupadas por otras razas y a punto estuvo de disputarle el efebo a la guerrera, lo vi en sus ojos lascivos enormes y bovinos. Pero le disuadió de ello el emblema real que ella llevaba en el cuero de su hombrera y tatuado en diversas partes de su cuerpo, y que demostraba al servicio de quien estaba y su entrenamiento de combate. Como yo seguía oculta por la tupida capa de lana no podía saber de mi raza ni de mi sexo pero tampoco pareció gustarle el misterio y al final se sentó junto a la chimenea sobre la cabeza de un troll que hacia las veces de banco de piedra. Deduciendo por las miradas lascivas que lanzaba a los ejemplares masculinos menos vestidos que pululaban por la sala, que mis encantos no le atraerían. Decidí líbrame de la capa y pasearle mis glúteos por la cara a ver si con eso lograba sacarle de la presencia de tantos testigos. Igual esa parte de mi anatomía tan expuesta como cualquier otro culo en la sala sí sería capaz de atraer su atención. Dejé caer la capa en el banco en el que estaba sentada atrayendo así algunas miradas. Así que me levanté y me acerqué a la chimenea contoneando mi cadera en busca de fuego para mi pipa. Eso solo era una excusa, no perdía de vista al minotauro. Tuve que pasar justo por delante de él e inclinarme hacia las brasas sin doblar la rodillas. Al ver mi culo duro firme y mi ano que la fina tira de cuero no conseguía ocultar del todo, tan cerca de la chata nariz fue él quien me agarró de la cintura y me arrastró hacia el establo. No era de muchas palabras. Su acción apenas llamó la atención del resto de los parroquianos acostumbrados a ese tipo de acciones, de parejas que se retiraban buscando más intimidad. Parejas o tríos o grupos buscando un sitio para follar. Ya entre las cuadras y los caballos se arrancó el tanga y pude ver como su polla dura apuntaba al tejado de paja. Aunque le gustara el sexo masculino de cualquier raza no me había costado mucho excitarlo con mi culo respingón. Con el salvajismo que le caracterizaba pretendía follar mi ano a cuatro patas y sin mas preliminares que pasar su enorme lengua rasposa de vaca entre los cachetes de mi culo. Desde luego no era de muchas palabras. He de admitir que eso me puso lo suficientemente cachonda para lo que iba a venir. Pues se estaba recreando en comerme el ojete e incluso intentar follármelo con esa lengua enorme, áspera y dura. Me libré del sujetador para aumentar mi propio placer pellizcando mis pezones. Pero eso a mi no me convenía, lo necesitaba vulnerable, así que me giré boca arriba con la agilidad que me caracteriza. Desde luego con la fuerza no iba a ganarle. Apenas alcanzaba a rodear su enorme cuello con mis tobillos. Verme las tetas desnudas no pareció frenar su lascivia. Mientras apartaba la tira de cuero que me tapaba el ano. Cuando me la clavó bramaba como el animal que era en celo. Me follaba duro fuerte con largas embestidas que me hacían tener un orgasmo detrás de otro. Aguantaba su ritmo de macho que no ha follado en mucho tiempo hasta que se corrió. Con su lefa en mis intestinos. En ese momento una de mis dagas cayó desde mi bota a mi mano y de allí a hacerle un corte horizontal en su cuello para evitar que sus bramidos alertaran al resto de la posada y cercenar su polla aún clavada en mi culo para llevarla a mi princesa. Del minotauro no tenía que preocuparme, con la capacidad de regeneración de su raza se recuperaría en pocas horas. Pero durante semanas se comportaría como un manso y no como un toro bravo. Hasta la polla volvería a crecerle hasta que otro cazarecompensas volviera a cortarla por sus poderes curativos. Mientras tanto yo solo tuve que volver a colocar bien el tanga, recoger el sujetador y trepar a la silla de mi caballo. Sin molestarme en sacar el miembro, bueno en este caso no sería viril, sino bovino de mi ano. Allí se conservaría bien hasta llegar al lujoso palacio. Y además me daría un placer adicional con el movimiento del galope. Una vez preparada la poción con el ingrediente esencial mi princesa duende de tres pechos y hermosa piel verde, recuperaría la salud y su lujuria natural. Podríamos volver a compartir su lecho entre sedas y almohadones de plumas. .

viernes, 23 de abril de 2021

Reencuentro

Llegamos los tres bastante borrachos a casa JUAN Llegamos los tres bastante borrachos a casa. Nos habíamos encontrado con Sonia una amiga de mi mujer en un bar y habíamos seguido la juerga con ella. No fue difícil convencerla de que se viniera con nosotros. Algunos bailes, mas copas. Esa noche hacía calor y el alcohol parecía que desinhibía bastante a Sara, mi chica. Sonia se nos había sumado por que estaba aburrida con sus amigas y hacia las tres de la mañana decidimos irnos a casa a tomar la última juntos. Al día siguiente no teníamos que madrugar. Al llegar y sin mas ceremonias nos descalzamos e invitamos a Sonia a hacer lo mismo para que relajara sus bonitos y doloridos pies enfundados en unos zapatos de altísimo tacón. Decidí sacar una botella de un licor fuerte que reservaba para esas ocasiones, y qué mejor que aquella con esas dos bellezas sentadas en el mismo sofá. Esas últimas copas ayudarían a liberar tensiones. Sonia es morena, de cabello y de piel, muy delgada y el aspecto que su cuerpo tiene es de finos cables recorriendo sus piernas que salían de una breve minifalda de vuelo. Un ligero top anudado al cuello dejaba toda la espalda bronceada con sus músculos marcados al aire. Sus pezones duros como piedras se marcaban en la fina tela coronando unos pechos no muy abundantes pero por su apariencia muy firmes. Sara había salido un poco mas discreta pero no mucho más. Clarísima de piel y casi rubia de cabello y una muy larga melena, los pechos abundantes los lucía en un top con un generoso escote. El firme y no escaso culo en unos pantalones verdaderamente cortos ajustados, que desnudaban casi del todo sus muslos y el resto de sus bonitas piernas. Yo con unos simples vaqueros y una camiseta tapaba mi cuerpo cuidado gracias a la natación como el general de los tíos con los que nos cruzábamos. Soy más alto que ellas y podía rodear sus cinturas con mis brazos largos al caminar por la calle. No pocos tíos y algunas chicas me habían mirado con envidia durante la noche al ir acompañado de tan buen material. Ya en casa y a solas, con unas copas en la mano, con buena música, cenando algo ligero y rápido. La conversación se fue haciendo algo caliente y cachonda y el alcohol destruyendo la timidez de ambas que ya de entrada no era mucha. Me senté enfrente de ellas y cogí los pies de Sara para descalzarla y masajearlos. Sonia, sentada con las piernas dobladas y recogidas casi bajo su cuerpo, había recogido poca la tela que las cubría casi en la cintura. Mientras deslizaba la vista por los muslos morenos que la recogida falda de la invitada me permitía atisbar hasta casi su arranque. Sonia envidiosa me puso los pies sobre los muslos, rozando los de mi mujer, diciendo: -Yo también quiero. Mirando a los ojos a mi mujer, ella asintió con la cabeza y procedí a darle un masaje a la invitada en los bellos y cuidados pies. Momento que aprovechó Sara para ir por el aceite de masaje y descargar un abundante chorro en los tobillos pies y pantorrillas de su amiga manchándome los vaqueros. Seguí acariciándolos y ella comenzó a suspirar e incluso me atreví a subir por las pantorrillas por donde Sara había echado el aceite. Me daba la impresión que esa era una pista que me daba mi mujer. Derramó una generosa cantidad en mis manos y en sus pies y procedió a ponerlos sobre mis pantalones al lado de los de Sonia. Junté los cuatro pies y seguí acariciándolos mientras ellas los deslizaban juntos unos sobre otros acariciándoselos entre ellas. Suspiraban y ronroneaban debido a mis caricias y las suyas. Hasta que Sonia que siempre fue algo mas atrevida dijo: - Esto no es justo Juan debería disfrutar como nosotras. Y haciéndome sentar en la butaca se arrodillo a mis pies para, poniéndolos encimas de sus bellas y desnudas piernas, masajearlos. De pronto Sara se fijó en lo arruinados que estaban mis pantalones y sin mas contemplaciones me dijo que me los sacara. Pensando que esa noche podía haber guerra debajo solo me había puesto un minúsculo tanga que no cubría mas que mis genitales, sujetándolos de forma escasa. Y tan burro como me estaba poniendo apenas podía con mis huevos. La polla ya salía por arriba. Yo les dije que por que no me los quitaban ellas y sin mas problemas mi chica procedió a desabrocharlos y tirando cada una de una pernera me los sacaron derribándome casi en el proceso de la butaca. Les dije no es justo, yo tan desnudo y vosotras con tanta ropa. A lo que Sonia se sentó en mis rodillas mirándome de frente y me dijo sonriendo: -sácamelo tu. -Ordenes son ordenes. Así que le saqué la camiseta dejando su torso y sus grandes pechos descubiertos. No se había puesto sujetador. Sobre los que me lancé de inmediato para comérselos y lamer los amplios pezones. Sonia parecía excitada al verme lamer las tetas de su amiga y un momento que esta levantó la cabeza, la vio con la falda levantada y la mano en el interior del tanga. Una delicada prenda de encaje rojo. Con los muslos bien abiertos le dijo: - sin la falda estarías mas cómoda. En un arranque que yo no esperaba en absoluto y que hizo saltar mi polla de alegría. Sin pensarlo más Sonia se la quitó arrojándola al suelo quedando únicamente con el tanga y el top. Incluso se giró mostrándonos el culito perfecto, prieto y duro bronceado. No pudimos hacer mas que aplaudir el arranque de espontaneidad y pedirle que se acercara a nosotros. Le hacia el gesto con la mano para viniera. - Ya que estás ahí ¿por que no te vienes aquí? Sonia besó a Sara en la boca, al principio un besito en los labios pero al ver que mi mujer le correspondía pronto ambas sacaron las lenguas dándose saliva cantidad jugando con ellas. Y yo viéndolo en primer plano como las lenguas entraban en la boca de la otra. Mi polla dura como una piedra pedía atención y el tanga no podía contenerla. Como pude le hice un hueco para que asomara rozando directamente en el coño aun cubierto de Sara. - Te toca nena, yo la tengo todos los días y me la puedo comer cuando quiero. Diciendo que ella podía disfrutarla todos los días se levantó de mis muslos y ayudando a la invitada a sacarse el tanga le cedió su lugar. Esta aprovechó y tomó el sitio mirándome de frente. Ella misma se sacó el top, desnudando sus pechos y quedando la mas desnuda de los tres. Me ayudó a sacarme la camiseta aún antes de clavarse ella misma mi rabo que la esperaba con impaciencia. Una vez terminados los preparativos con su manita sujetó mi pene y despacito fue sentándose sobre él abriendo paso por los finos labios entrando suave y despacio en su apretado coñito. Sara terminó de desnudarse y haciéndome abrir las piernas lo mas posible se sentó en el suelo entre mis muslos. Desde allí, donde podía alcanzar a lamer mis huevos y el culito bien abierto de su amiga que suspiraba fuerte diciendo que nunca nadie le había hecho algo así. Intentaba sujetarla para que no botara muy deprisa y disfrutara del beso negro a la vez que no hiciera que yo me corriera tan pronto. Le acariciaba los morenos pechitos, tan duros, o deslizaba un dedo entre nuestros vientres para acariciarle el clítoris. Con el doble tratamiento de lengua y rabo Sonia se corría una vez y otra. Abrazada a mi besándome en la boca de forma salvaje mientras sacaba aun mas el culito para que Sara se lo comiera. Se bajó de mis piernas, tras su primer orgasmo, yo por el alcohol aún aguantaba. Lo que mi mujer aprovechó de inmediato para comerme la polla húmeda de los jugos de su amiga que gustosa colaboraba en la tarea. Verlas cruzar la lenguas sobre mi miembro cada una a un lado y ser acariciado a cuatro manos me llevó al borde del orgasmo. No sé como no me corrí en ese instante. Una vez duro y limpio el instrumento decidimos cambiar de escenario e ir al dormitorio donde estaríamos mas cómodos. Sara oficiaba de maestra de ceremonias y tumbó a la invitada junto al cabecero de de nuestra cama para poder comerle el coñito a placer puesta ella a cuatro patas. A mí me dejó su grupa y a mi elección por cual de los dos agujeros prefería penetrarla. Tras lamer durante un rato coño y culo de mi esposa pasear la lengua por el perineo y las nalgazas o metérsela en el ano como si quisiera penetrarla con la lengua. Busqué el aceite de almendras para lubricar su ano y mi polla y tras dilatarla con el pulgar. Luego con dos dedos suavemente le introduje el glande. Mientas apreciaba las largas lamidas que le daba a la vulva de Sonia. Esta podía ver perfectamente como mi pene entraba despacio en el culo de su amiga. Al sentir la polla en su ano arreció sus maniobras con la lengua arrancándole orgasmo a su amiga tras orgasmo hasta el momento en que me corrí en su culito. Me fui a lavar que es lo propio tras el sexo anal por muy limpio que esté el agujero en el que has metido la polla. Al volver me las encuentro en un fantástico sesenta y nueve que aunque ya no consiguió reanimar mi herramienta sí que me brindó un espectáculo maravilloso. Sonia se quedó a dormir y repetimos juegos por la mañana. SONIA Los encontré en un bonito pub, me aburría soberanamente con las amigas con las que estaba, un verdadero peñazo. Hacía tiempo que no veía a Sara y agarré la oportunidad por los pelos. Nos pusimos a charlar poniéndonos al día y así aproveché para dar esquinazo a las chicas con las que estaba. Poder contemplar a Juan su marido, tan guapo y apuesto como siempre , con esos vaqueros que le marcan su culo firme y jugoso, aunque Sara con el escotazo que llevaba no se quedaba muy atrás. Sus tetas grandes y bonitas siempre fueron objeto de mi envidia ya que la naturaleza no me ha dotado ahí con gran cosa. Mis tetas son pequeñas y muy duras. Nos fuimos a otro bar y de allí a otro y el alcohol en sangre subía con cierta rapidez. Estábamos cerca de sus casa y me propusieron tomar la última allí aunque mejor nos vendría a los tres un café. Sentados en el sofá, relajadas y disfrutando de una copa y de música suave veo asombrada cómo como Juan sin cortarse por mi presencia le daba a su mujer un masaje en los doloridos píes. Los míos necesitaban de un tratamiento parecido después de pasar la noche bailando, sin ningún pudor los puse sobre sus muslos reclamando sus caricias. Sara nos puso aceite de masaje en las piernas a las dos pringado sus vaqueros. Juan no se cortó en absoluto y mientras su vista se deslizaba por mis muslos arriba. Mi falda recogida al sentarme los descubría, junto mis pies a los de sus esposa y los masajeaba juntos. Nuestros muslos desnudos se frotaban de una forma muy agradable y me sentía francamente bien y relajada junto a mis amigos. Ella se levantó por un frasco de aceite de masaje y nos embadurnó a ambas subiendo por mis pantorrillas. Los cuatro pies se frotaban de forma muy sensual y las manos de Juan los recorrían de forma sabia arrancándome verdaderos suspiros de placer. No me parecía justo que nosotras recibiéramos tran grato tratamiento y propuse que se lo diéramos a él entre las dos. El pantalón nos estorbaba y ella dijo que se lo sacará. El contestó: -¿ por que no me los quitáis vosotras? Cada una tiramos de una pernera hasta sacárselos del todo. Ahí pude ver, asombrada, durante un segundo ese culo que admiraba pues el chico solo llevaba un minúsculo tanga azul que marcaba lo qu parecía ser un respetable paquete. Sara se sentó sobre sus muslos de frente para besarlo como desesperada y yo a su lado los veía darse lengua y saliva. Con el alcohol y la escenita que me estaban montando mis amigos yo estaba excitada y casi sola. Una de mis manos se deslizó bajo mi falda para acariciarme la vulva por encima del encaje rojo de mi tanga. Al poco Juan le sacaba el top a su mujer mostrándome así el precioso par de enormes pechos. Colgaban un poco y tenían unos pezones durísimos con unas areolas enormes. El chico con gran aplicación procedió a meterselos en la boca y lamerlos con evidente deleite de mi querida amiga. Mis dedos ya entraban por el lateral de mi prenda íntima abriendo los labios de mi coño e introduciéndose suavemente. Así me sorprendió Sara con las piernas bien abiertas, haciéndome un dedo y llamó la atención de su marido sobre ello. Pocas cosas me podía sorprender ya pero me dijeron que sin la falda estaría más cómoda. Visto que la timidez no iba con ellos me saqué la prenda dejándola caer al suelo y girándome les mostré los muslos y el culito que el breve encaje no cubría. Aplaudieron mi actuación y tendieron sus manos para que fuera con ellos. Besé a mi amiga en los carnosos y sensuales labios, suave al principio hasta que sentí en ellos la punta de su lengua juguetona. Complacida la recibí dentro de mi boca cruzándola en un amistoso duelo con la mía. La saliva iba de una a otra mezclándose como en un matraz de alquimista. Apoyé una de mis manos en su hermosos pechos acariciándoselos ya sin disimulo pellizcando su pezón duro sosteniendo la teta entera en mi mano. Ella me correspondió cogiéndome del culo para acercarme a ellos acariciando mis nalgas e incluso deslizando un dedo entre ellas buscando la goma del tanga y el ano. De pronto Sara notó en la entrada de su coñito la punta de la polla. Diciendo que ella ya la tenía todos los días se levantó de los muslos de su chico dejándome el sitio para que disfrutara yo de tan hermoso instrumento. Ocupé su lugar sobre las musculosas piernas y me saqué el top, desnudando mi pecho de una sola vez pues no llevaba sujetador. Le saqué la camiseta, desde luego también quería disfrutar de su torso poderoso. Juan me besó suavemente los pezones y noté cómo Sara apartaba la tela de mi tanga. Agarrando el pene lo colocó en la entrada de mi coñito. De un golpe de cadera me lo introduje lo antes posible y yo misma comencé a moverme. Sara a mis espaldas se había sacado lo que le quedaba de ropa y se había sentado entre los muslos de su esposo. Ahí fue una locura cuando sentí su lengua en mi ano. Tenía la polla de Juan en el coño clavada hasta el fondo y Sara me hacia el primer beso negro de mi vida. Me corría una vez y otra disfrutando como nunca lo había hecho en mi vida. Nunca tantas sensaciones se habían combinado para hacerme gozar. Le besaba profundo, mi lengua recorria su boca, llegando a los mas lejanos rincones. Extenuada me bajé de sus rodillas para ver como Sara se lanzaba sobre la polla de su marido para comérsela. Gustosa la ayudé en la tarea, lamiendo sus huevos por los que habían escurrido mis propios jugos. Besándola juntando nuestros labios y lenguas alrededor del pene que de milagro seguía duro y sin correrse. Sara me llevó a su dormitorio donde me tumbó para acomodarse entre mis muslos. Ella a cuatro patas comerme el coño como nadie lo había hecho antes. Juan se colocó detrás de ella y podía ver cómo le comía el culo. A cada lamida de él ella me clavaba su lengua en lo mas profundo de mi vagina. Al poco por fin se decidió a clavársela lo que repercutía en mi coño cada vez que se la clavaba. Como si Sara quisiera introducirse en mi interior. Yo veia asombrada como su culazo de impresión se tragaba aquella polla sin protesta alguna haciendo que yo siguiera con los orgasmos mas geniales que me ha hecho disfrutar una lengua. Así hasta que la sacó ya relajadita y embadurnada de su semen, era evidente que Sara lo había disfrutado. Juan se fue a lavar y yo quise probar el coñito de mi amiga, asi que cuando volvió nos encontró en un sesenta y nueve ardiente. Lamiendo los labios buscando el clítoris y dándole feroces lamidas. Desde luego me quedé a dormir con ellos para seguir disfrutando al despertar. SARA Juan y Sonia han contado cada uno desde su punto de vista lo que pasó esa noche de reencuentro. No voy a repetirlo, baste decir que me lo pasé de miedo. El trio fue genial y ambos se portaron de maravilla, morbosos, y viciosos. Pensaron más en darnos placer unos a otros que en lo que ellos sentían en cada momento. Ahora voy a repasar algo de lo que nos llevó hasta eso. Los tres fuimos compañeros de universidad, allí nos conocimos. Fuimos buenos amigos, salíamos de marcha y otras actividades, al cine, deportes. Hasta que Juan y yo empezamos a ir más en serio. No es que dejase a Sonia de lado, seguíamos compartiendo muchos ratos. Por entonces yo me consideraba bisexual. Había tenido escarceos y líos con chicas y mujeres. Me encantaba comerme un xoxito, pero Juan me encantaba y estaba decidida a que funcionara. Así que había dejado de lado cualquier otro intento. Nos gustaba nadar e ir a la piscina juntas. Ver su cuerpo fibrado con aquel bañador deportivo que parecía aplicado con spray sobre su cuerpo me excitaba. Nos dirigíamos a los vestuarios y encima la tenía que ver desnuda. Aún oliendo a cloro ella me ponía muy cachonda. Al pasar a las duchas la cosa se complicaba más. A veces nos duchaba juntas y era ella la que me pedía que entrara en su cabina. Al final terminábamos haciéndonos un dedos una a la otra mientras nos besábamos y lamíamos la piel de nuestros cuellos. Con el agua cayendo sobre nuestros cuerpos. Después de eso admito que yo tenía cierto caso de conciencia, aunque lo de Juan todavía no se había concretado me parecía estar engañando a los dos con el otro. Así que esa noche al verla tan sexime padeció la ocasión perfecta para disfrutar los tres juntos y zanjar por fin mi pequeño problema de conciencia. Literalmente metí la polla de mi marido en el coño de mi amiga que hacía años había acariciado. Hice todo lo posible para que ambos disfrutaran juntos y de mí.

miércoles, 21 de abril de 2021

Los del vestido y la artista

Proyectado en la pared, ahí estaba toda mi desnudez en cuatro metros de blanco muro. Cada cinco segundos la imagen cambiaba para mostrar una vista nueva de mi piel descubierta. Todo el que pasaba por la galería de arte contemplaría mis desnudos, en tela, en papel fotográfico, en barro, escayola o en manchas de luz en la pared, todos mis autorretratos, todos desnudos. De eso iba la performance. Y yo, la artista, paseándome entre ellos apenas cubierta con una gasa trasparente. Tenia que demostrar que la exhibición de mis encantos no se limitaba a las piezas expuestas. Cada vez cuesta mas trabajo hacerse un nombre en el mundo del arte. O montas algo de escándalo o nadie te hace caso. Que se fijaran en mi cuerpo ayudaría a vender las obras. Quien me deseara podría tenerme o por lo menos una de mis imágenes hecha y firmada por mí. Me sabía lo suficientemente bella y con con un cuerpo bonito como para que esa maniobra comercial me brindara unas buenas ventas y puede que algo de placer si se terciaba. Mi exhibición estaba dando buenos resultados económicos, ya tenía apalabradas algunas ventas. Pero aparte de las miradas lascivas a mis expuestos pezones y mi cadera casi descubierta nadie se había atrevido a insinuarse. Casi todo estaba vendido. La hora de cerrar se acercaba, estaba a punto de rendirme y dejarlo para el día siguiente. Vestirme con algo más de ropa y marcharme a casa. La puerta automática se abrió dejando pasar una ráfaga del agobiante aire de la tarde de julio y a una bonita pareja. Una joven sexi con un corto vestido veraniego atado detrás del cuello, lo que le dejaba un precioso escote. Alta delgada, pelirroja, sus preciosas piernas y su espalda bronceada. El chico también pelirrojo pecoso, un poco mas alto que ella y puede que unos veinte años mayor, vestía vaqueros y camiseta bajo los que se adivinaba un físico bien cuidado. Admiraban las obras despacio, relajados y con cierta mirada lasciva que me gustó. Él rodeó su cintura con un musculoso brazo y la beso en el cuello. Un lujurioso, largo y húmedo beso que yo admiraba desde el otro lado de la sala con mi copa de vino en la mano. Parece que lo que estaban contemplando no les resultaba del todo indiferente. Se estaban excitando. Cogí otras dos copas y crucé la galería entre las imágenes de mi cuerpo desnudo y fui a ofrecérselas con una sonrisa y muy poco más encima. Los lascivos ojos de ambos recorrieron mi anatomía reconociendo de inmediato al vivo lo que había en las fotografías y el resto de las obras. Devolvieron mi sonrisa ampliada en sus sensuales labios. Nos presentamos, me dieron sus nombres de pila pero no me dijeron la relación que hay entre ellos. Un puzzle que estaba dispuesta a resolver. De entre las piezas que no tenían la pegatina de vendido se habían interesado por una foto en blanco y negro en la que se me veía la cara, los pechos y los hombros y mi lengua rozando el pezón de la perfecta teta de una amiga. - ¿Me enseñas el resto de la exposición? Se colgó de mi brazo apoyando uno de sus pechos en mi piel desnuda interesándose por los desnudos, mis aficiones y mi vida sexual, tratando de conocerme mejor. Mientras él gestionaba la compra con el personal de la galería nosotras recorríamos el resto. Rozándonos le comentaba el resto de las obras a veces con los detalles mas escabrosos de su factura. Me hacía inteligentes preguntas sobre el arte, mis técnicas. Ella mantenía mi excitación con roces que parecían inocentes y casuales pero constantes. Mi poca ropa le facilitaba alcanzar mi piel y mi actitud tampoco se lo impedía. Detrás de una de mis estatuas en escayola me atreví a besarla, un suave roce de nuestros labios. Pero ella aprovechó para cogerme el culo por debajo de la gasa. Viendo sus avances yo acaricié uno de sus pechos sobre el vestido, notando la dureza de su pezón en la yema de mis dedos. Nos sonreímos antes de separarnos. Seguíamos viendo el resto de la exposición despacio cuando él se acercaba a nosotras. Fue directa al grano cuando le soltó: -Papá ¿por qué no la invitamos a cenar? El asintió sin poner pegas mientras yo aún me atragantaba con aquel papi. Para calmarme y pensar en el morbo que me había dado una sola palabra decidí ir a cambiarme y reflexionar un poco sobre ello. ¿De verdad serían padre e hija? o ¿Él sería un sugar dady?. Aquella extraña parejita estaba despertando mi lujuria. Al ponerme mi ligera faldita de vuelo decidí prescindir del tanga y guardarlo en mi bolso. El suje ni me lo había traído. El top con la espalda desnuda lo llevaría sin sujetador dejando que los duros pezones excitados se marcaran en la fina seda. Al salir del baño parece que volví a sorprenderlos agradablemente a juzgar por las sonrisas y el vistazo que le echaron a mi atuendo. Casi sin dejarme despedirme de la encargada de ventas ella volvió a coger mi brazo y el de su padre y nos condujo a un discreto y caro restaurante no muy lejos de allí. Me dio la impresión de que ya lo conocían. Me cogió del brazo con firmeza, como para indicarme que ya no podría escapar de ella. ¡Como si yo lo pretendiera! En cuanto giramos la primera esquina la niña me besó de nuevo pero esta vez lo puso todo, buscaba mi lengua con la suya y dándome a beber su saliva. Mordisqueaba mis labios juguetona agarrando mi culo para apretarme contra su delgado cuerpo. Yo tampoco me hice la manca y sujetaba su delgada cadera rodeandola con un brazo mientras la otra mano la dirigí de inmediato a sus durísimas tetas. - Ya tenía ganas. Al terminar de besarme, con mi lengua aún en su boca, giró la cabeza para repetirlo con su apetitoso padre que se había acercado a nosotras. Él nos rodeó con sus fuertes brazos, a la dos. Sujetó su cabeza echando un brazo levantado y hacia atrás, lo que dejó su suave axila a mi alcance. No me pude resistir y pasé la lengua por ella un momento, por su cuello de cisne y por el filo de su mandíbula. Ellos seguían en un lascivo morreo en que sus lenguas se cruzaban dentro y fuera de sus bocas. Yo solo podía mirarlos excitada, espectadora en primera persona, agarrándome aún más a la cintura de ella, mareada por mi propia lujuria. Sentados a la mesa redonda, pequeña y en un rincón discreto. Cubiertos nuestros muslos con el mantel pronto sentí sus manos, las de los dos, deslizándose bajo mi falda. Estábamos muy juntos ya que la mesa era muy pequeña. Separé mis piernas para darles mejor acceso. Ambos se alegraron al llegar a mi vulva y descubrirla húmeda depilada y sin nada que les impidiera acariciarla cada vez que el camarero se alejaba. Yo también investigaba bajo el mantel, no pensaba quedarme quieta y descubrí que ella también había decidido prescindir de la lencería y que estaba tan húmeda como yo. Ella sacó los dos dedos que tenía en mi xoxito y se los llevó a la boca con una increíble cara de vicio. Verla lamerse los dedos húmedos de mis jugos casi me provoca un orgasmo. Al otro lado, al deslizar la mano por el vaquero del padre encontré allí la mano de ella agarrando la dura y depilada polla que ya asomaba por la abierta bragueta. La hija me cedió el tronco y ella se dedicó a acariciar los suaves huevos. Mientras volvía a besarme jugando con mi lengua y dejando hilos de saliva en nuestras barbillas sin soltar ambas la polla de su progenitor. A todo ello charlábamos como si por debajo del tablero no pasara nada. Los tres estábamos muy excitados. La sensualidad del ambiente, la comida era sabrosa y las caricias más que morbosas. Hasta los camareros eran guapos y vestían sexis. La faldita negra de la chica que nos trajo el segundo plato apenas conseguía cubrir sus nalgas y se veía un poco de piel blanca entre las medias y el borde de la prenda. Las camisas blancas eran translúcidas casi trasparentes y los pezones oscuros de los chicos se marcaban en la tela. Además de sus paquetes en los ajustados pantalones negros. Empezaba a necesitar ese rabo dentro de mi, a desear comerme esa vulva suave y caliente y tener en la lengua el sabor de sus orgasmos. Aquellos como los que sus hábiles dedos me estaban provocando en la discreta esquina del restaurante. Nuestras caricias y lascivos besos por fin consiguieron que él se corriera dejando su semen en nuestros dedos. Ya no me asombraba nada y vi cómo, morbosa, igual que había hecho antes con mis jugos se los llevó a la boca. Lamió la semilla de su padre mirándome a los ojos como desafiándome. A esas alturas ya debía saber que yo no me iba a echar atrás. Chupé mis dedos recogiendo todo el semen que pude en mi lengua y volví a besarla compartiéndolo. Aún más dejé caer unas gotas de la abundante lefa mezcladas con nuestras salivas en mi postre y mirando a sus bellos ojos azules usé la cucharilla para comérmelo. Incluso de le di una cucharadita a ella. Ella subiendo el nivel recogió las ultimas gotas directamente del glande, pero esta vez llevó los dedos a la boca de él que los chupó goloso. Estaba claro que había dado con la horma de mi zapato con aquellos dos. Me ofrecieron llevarme a su chalet a tomar unas copas pero mi loft estaba mas cerca y ya no podíamos esperar. Queríamos arrancarnos la poca ropa y disfrutar de nuestros cuerpos desnudos. En el asiento de atrás de un mini rojo ella me clavaba los dedos lo más que podía en la vulva mientras me sorbía el aliento y la saliva. Gracias a los cristales tintados nadie podía vernos excepto él por el retrovisor. En el ascensor las dos nos lanzamos a por él en un lujurioso beso a tres lenguas mientras mi mano se deslizaba entre las nalgas de la hija bajo el ligero vestido clavando el índice en su ano. Estaba convencida que no iba a rechazar esa caricia. También aproveché para soltar el nudo que sostenía la prenda tras el fino cuello. Sin cerrar la puerta tiré de su leve vestido sacándolo por la cabeza y dejándola desnuda en mi recibidor. Únicamente con sus sandalias me puse a contemplar su perfecto cuerpo con ojos de artista. Deseaba inmortalizar ese desnudo en mis obras y así se lo propuse. La quería como modelo. Mientras le pedía a su padre que nos preparara unas copas señalando mi bar. Me encantaba tener un camarero desnudo así. Aunque ya conocía su sabor lamido de nuestros dedos, necesitaba saborearla directamente de la fuente y sin siquiera desnudarme yo, la tumbé en mi sofá para ponerme a cuatro patas entre sus muslos y lamer su jugoso coñito. La hice gemir mientras se corría. El padre dejó las copas al alcance de nuestras manos y estaba claro que en mi postura se lo estaba poniendo muy fácil. Noté como levantaba mi falda, echándola sobre mis riñones y se agachaba tras de mí para mordisquear mis glúteos y deslizar la lengua húmeda y caliente por toda mi raja. Del clítoris al ano, la humedad de sus besos hacían contraste con el calor de la noche. Era tanta la excitación que llevaba durante toda la jornada que me derramé en su boca a las pocas veces que su lengua pasó por mi clítoris. Al relajarme tras el orgasmo ella aprovechó para librarme del top. Mis tetas rozaban sus muslos mientras seguía saboreando su xoxito. La dura polla de su padre buscaba entre los labios de mi vulva el camino a mi interior. Estaba tan mojada que no le costó penetrarme. Noté su glande llegando al fondo de mi vagina y moviéndose suavemente follándome tierno pero insistente. Mirando como yo hacia disfrutar a su bella hija con mi lengua seguía provocando mis orgasmos. Mis jugos seguían mojando sus huevos y bajando por sus fuertes muslos incansables. Él ya se había corrido en el restaurante y ahora parecía eterno. Pero al fin con mi permiso se derramó en mi coño llenándome con su semen. -me llega, ¿Donde lo quieres? -¡donde estás!. No te salgas. No dejó que abandonara mi placentera tarea y fue él quien limpió mi pubis con su lengua recogiendo en su boca la mezcla de sabores que rezumaban de mi interior provocándome un nuevo clímax. Con ellos estaba siendo multiorgásmica. Besó a la joven dejando su polla que empezaba a perder dureza al lado de mi cabeza. Me di cuenta que aún no la había tenido en la boca. Abandoné el manjar que estaba disfrutando para limpiar la bella herramienta que tanto me había hecho disfrutar con mi lengua. No conseguí endurecerla de nuevo pero tampoco importaba. Los tres habíamos disfrutado de los cuerpos de los otros y de nuestros orgasmos. Ahora descansábamos revueltos en mi húmedo sofá. Mojados de sudor, flujos de ambas y semen. No pude resistir la tentación de plasmar su belleza salvaje con el rojizo cabello revuelto desmadejada sobre los cojines. Y la del trabajado cuerpo del padre con la polla que tanto me había hecho disfrutar agotada sobre su muslo. Alcancé la cámara que siempre tengo a mano por si llega la inspiración o dos pervertidos como ellos. -¿Me dejaríais haceros una fotos?. Me dejaron fotografiarles sin complejos. Incluso posaron para mi objetivo mientras terminábamos las copas que no habíamos llegado a probar y bebíamos unas nuevas. Aún desnuda me movía a su alrededor con mi cámara plasmando en pixeles sus bellos cuerpos sudados. La sesión estaba siendo bastante mas pornográfica de lo que pretendía y no podría publicar casi ninguna de ellas. No importaba, las guardaría para mi disfrute y les regalaría unas copias a ellos. Lo fue todavía más cuando se animaron de nuevo y empezaron a besarse y acariciarse como si el objetivo de la cámara no estuviera guardando para la posteridad sus lascivos movimientos. Las fotos de ella sentada sobre la cara de su progenitor con las manos acariciando sus pechos y la expresión de pura lujuria en su bello rostro me darían muchos ratos de autocomplacencia. Hice una nueva serie con la polla depilada que aunque no estaba todavía bien dura ya morcillona. Era un bonito espectáculo con los sensuales labios y lengua de la hija recorriéndola con gula. O simplemente colgando entre los duros y torneados muslos. No posaban claro. Sus movimientos eran naturales, sensuales en sí mismos. Cambiaban de postura cuando algo les decía que esa alteración le iba a dar mas placer a su pareja. Aunque les propuse una nueva sesión de fotos mas seria que o poco me conocía o iba a terminar como esa noche desnudos y revueltos. Ellos me invitaron a su casa lo que desde luego acepté. Puede que su jardín fuera un buen fondo para volver a plasmar sus desnudos. Al aire libre y bajo la luz del sol. Ya en su casa, unos días después, en lo que estaba siendo una agradable visita volvimos a renovar nuestros juegos. Llevé las ampliaciones en una carpeta para regalárselas y estuve mostrándoles las fotos que les había hecho. Y ellos me enseñaban el lugar de preferencia donde habían colgado mi autorretrato. Todo eso ya completamente desnudos por supuesto. De hecho les regalé la copia de esa misma foto que habían comprado y esta vez la teta que yo estaba chupando era la de la hija y que había hecho en esa noche memorable. Juntas las dos fotos en el mismo formato, con el mismo marco, y con las leves diferencias, serian un buen adorno en su salón.

sábado, 17 de abril de 2021

Trio con los vecinos

No la había perdido de vista desde dos manzanas atrás. Caminábamos una detrás de la otra, yo mirando fijamente el meneo de su cadera al andar. La pelirroja melena cruzando de lado a lado su espalda bien torneada. Desde que me había dado cuenta que era Sara la vecina del piso de arriba. De su ropa sexi y provocativa que me había llamado la atención aún antes de fijarme en que estaba siguiendo a una vecina. Yo volvía a casa de la universidad y ella de hacer alguna compra por que llevaba una bolsa y yo caminaba tras ella. No podía apartar la vista de su duro culo y su meneo. Era algo hipnótico. Siempre me había gustado su look. Ese día llevaba una blusa con los hombros desnudos, blanca y de estilo mexicano. Lo lógico habría sido llevar una falda larga de vuelo puede que plisada y también blanca semitrasparente o de flores muy colorida. Pero ella no es convencional, lleva lo que quiere. En este caso unas mallas blancas tan ajustadas como esmalte aplicado sobre madera. Solo el encaje de un sensual tanguita de encaje interrumpía el triángulito sobre las nalgas, la perfección de su culo. Todo ello resaltaba su perfecta piel bronceada. La rubia melena teñida y su cara expresiva, casi de rasgos duros. A mis diez y ocho años no podía presumir de demasiada experiencia real, ni con chicos ni con chicas. Apenas unos besos y caricias robados en la disco o en el portal. Más de un magreo, pero tampoco demasiados o acariciar alguna polla dura por encima de los vaqueros. Aunque un bonito cuerpo me atraiga por igual sea del sexo que sea. De frente venía su marido Juan justo a tiempo para cruzarnos en el portal. Estaba haciendo ejercicio y solo cubría su cuerpo bien trabajado con un ajustado pantalón de lycra, ni siquiera llevaba camiseta y lucia sus pectorales depilados cubiertos de gotas de sudor. No pude evitar deslizar la vista por su torso poderoso, la tableta de su vientre e incluso por el paquete bien marcado en el ajustado pantalón. Por un segundo creo que él se había dado cuenta de donde tenía clavados mis ojos, justo en el sitio en el que él puso su mano fuerte, agarrando la nalga con firmeza posesiva. Y lo hizo mirándome a los ojos, a mí, mientras la atraía hacia su cuerpo y la besaba profundamente y con lengua. Mientras Sara se colgaba de su cuello pegando sus tetas al poderoso pecho sin importarle su sudor. Un beso lascivo del que no me perdí detalle, viendo como sus lenguas se cruzaban dentro y fuera de sus bocas. Allí mismo justo detrás de la puerta del portal sin cortarse demostrándome la pasión que se tenían. Con todo eso yo ya me había excitado y mucho. Solo la tela de mis escasos shorts vaqueros contenía mi calentura. La humedad estaba calando mi tanguita de algodón sencillo. En un segundo mis pezones duros se empezaron a notar en la tela de la camiseta de tirantes a pesar del sujetador de una tela bastante fina. Pero mi timidez me impedía acercarme a ellos y buscar un acercamiento mas íntimo. Así que tuvieron que ser ellos, que me habían visto crecer en el mismo edificio, los que me invitaran a pasar el resto del día con ellos. Estaba tan acostumbrada a verla, a cruzarme con ella que me estaba perdiendo detalles. Por fin hicieron cómo que se daban cuenta de mi presencia y me saludaron con la misma simpatía de siempre. -¡Hola, preciosa! ¿qué tal? Marta. No sabía muy bien que contestar, estaba aún algo cortada por esa efusiva demostración de afecto. Salté por donde pude y al terminar de decirlo me di cuenta que habían sido palabras afortunadas. Sus amplias sonrisas me lo demostraron. - Vengo de ver mis últimas notas, ¡he aprobado todo!. -¡genial! eso hay que celebrarlo. ¿Por qué no vienes a casa y tomamos algo juntos?. Así que estás de vacaciones. Sabían perfectamente que mis padres tardarían en llegar. Conocían sus horarios. Y que podría pasar un rato con ellos sin molestias. Solo esperaban mi aceptación. Y sin pensar mucho haciendo caso más a mis hormonas que al cerebro se la di. - Si, claro, me encantaría celebrarlo con vosotros. Abrieron su puerta y me hicieron pasar delante. Ahora sé que aprovecharon para echarle un buen vistazo a mis muslos desnudos y mi culo respingón. Al entrar en su casa se descalzaron y me pidieron que hiciera lo mismo. No me costó mucho sacarme las sandalias. Sara también se libró del sujetador sin tirantes que llevaba bajo la blusa y sus pechos quedaron libres bajo la fina gasa de su blusa. El ambiente era de total confianza, al fin y al cabo nos conocíamos de siempre. Era media mañana pero aún así pusieron unas copas y algo de música suave. Mientras yo me sentaba con ella en el sofá para charlar amigablemente él fue a darse una ducha y a mí me hubiera gustado seguirlo y ver ese espectáculo. Pero el que yo tenía delante en ese momento tampoco era despreciable. Cada vez que ella se inclinaba hacia mí para rellenarme la copa o hablar en confianza, podía ver sus tetas, casi al completo, que cada vez tenía más claro que eran operadas. Duras como piedras y redondas. Dejó descansar una de sus manos sobre mi desnuda rodilla y a mi me gustó esa caricia. -Disculpa que andemos así por casa pero nos gusta estar cómodos y más con este calor. - Es vuestra casa y no voy a venir yo a imponernos nada. Si no viviera con mis padres también andaría por casa casi en bolas. Me reí con lo que me pareció una risa tonta en ese momento. - Si quieres quitarte algo más hay confianza. Yo no voy a decir nada. Tenía ganas de ver más de su cuerpo. Nunca la había visto en bikini o lencería y si eso podía pasar estaría encantada, me podría conformar solo con eso. -¿De verdad no te importa? Parecía estar pidiendo permiso a la vez que lo estaba deseando. Pero en ese momento volvió Alex de la ducha. Llevaba atada una toalla no muy grande a la cintura y un bóxer que no parecía tener mucha tela en la mano. Se puso el calzoncillo haciendo equilibrios delante de nosotras sin que se le cayera la toalla. Aunque por debajo me parco ver solo un segundo unos huevos depilados. Así lo único que tenía puesto era un bóxer aún más ajustado que su malla de deporte y mucho más pequeño. Debí quedarme con la boca abierta admirándolo por que ella soltó una pequeña carcajada subiendo a su vez la mano que tenía en mi rodilla por mi muslo. Llegando muy cerca de la tela del short, casi rozando mi xoxito Se me erizó la piel al notarlo y no dije nada. - Bueno chicas ¿dónde está mi copa? Se la alcancé mientras él rozaba mis dedos que no estaban muy firmes en ese momento para cogerla. Le dio un buen trago y casi junto a mí se inclinó sobre Sara y separando sensualmente los labios le pasó el alcohol a la boca de ella. Si antes estaba excitada ahora me estaban poniendo a mil sabiendo que allí no había más espectadora que yo. Y que me dedicaban ese excitante espectáculo. -Se nota que os queréis. - El amor y el sexo son muy importantes en una pareja. Contestó él. -Pues en vuestro caso parece que no tenéis ningún problema con eso. Con una mano de Sara en mi muslo fue ella la que habló en ese momento. - Nos gusta divertirnos. ¿Y tú?¿No te diviertes con nadie? - Poca cosa por ahora. La mano subía despacio por mi pierna, acariciando con suavidad mi piel. Excitándome a la vez. Y desde luego no hice nada por pararla. Me estaba gustando demasiado. Se acercó más a mí y me habló al oído rozando mi oreja con sus voluptuosos labios. -¿Nos ponemos algo más cómodas? Le di un trago más a mi vaso para darme algo de valor. Y asentí con la cabeza por que sabría que la voz me fallaría. Cogió mi mano con firmeza y confianza y me arrastró a su vestidor. Es evidente que me dejé llevar sin oponer resistencia. Su ropa sexi y sus conjuntos de lencería perfectamente ordenados y colgados en perchas. Aunque me daba la impresión que no usaba con frecuencia esos tangas y sujetadores, al menos en casa. Sin cortarse un pelo ante mí se sacó la blusa, las tetas como obuses apuntaban directamente hacia mi cuerpo. Los pezones parecían bien duros oscuros en su piel bronceada sin marcas de bikini ni bañador. Meneando el culito prieto empezó a bajarse las mallas. El tanga de encaje era tan sugerente como había supuesto en la calle y fue lo único que se dejó puesto. Empecé a imitarla sin prisa esperando que ella me mirara como yo la estaba admirando a ella. Me saqué la camiseta cruzando los brazos por debajo de mi pecho. Al tirar de la tela hacia arriba mis tetas quedaron ante sus ojos sin nada que las tapara. El short siguió el mismo camino arrojado encima de su cama tamaño King size y como ella me quedé solo con el tanga. Nos mirábamos sonriendo y al menos por mi parte con ganas de seguir explorando. Pero estaba algo paralizada por mi timidez, así que dejé que fuera ella la que decidiera. Sin más problema se bajó el tanga dejándome ver su vulva depilada al completo. Se giró dando una vuelta sobre si misma y me preguntó: -¿Que te parece? - Eres preciosa. Vestida y desnuda. - Tu sí que estás buena. Vamos nena sacátelo todo. No seas tímida. El tanga siguió el camino de las demás prendas sobre su cama y yo también le enseñé mi xoxito pelón. - Elige lo que quieras, creo que todo te vendrá bien. Sara buscó en un cajón y sacó un par de pijamas de raso francamente sexis. El pantalón reducido a la mínima expresión seguro que se veía medio culo con eso puesto. La camiseta de finos tirantes y muy cortita solo nos taparía las tetas y en su caso es probable que ni siquiera toda la curva de su parte inferior. Sin pensarlo más me empecé a poner aquello que sabía me quedaría escandaloso. Y me daba cuenta que eso era lo que más me gustaba. Mirándonos en el espejo, que cubría toda una pared, me imaginaba lo que se vería en ese espejo de forma habitual. Estábamos sensacionales, muy sexis, por delante y por detrás, la mitad de nuestras nalgas al aire. Cuando salimos al salón Juan ya nos había preparado las copas y puesto música suave. Y desde luego seguía casi desnudo. Se me fueron los ojos de su mujer a su cuerpo casi sin querer. Se notaba todo ese footing y ejercicio. Sus músculos perfectamente cincelados. Nos alcanzó las copas rozando nuestros dedos de forma sensual. - Gracias. Parece muy buena. ¿No querrás emborracharme? - Lo es. Y solo si tu quieres. Desde luego él me estaba mirando. Viendo como me quedaba el pijama de su mujer. Decidí exhibirme para ellos girando sobre mi misma y subiendo un poco el bajo de la camiseta hasta que se me vio la parte baja de mis tetas. Justo como las de Sara. Hablando de ella, se me pegó a la espalda haciéndome notar sus tetas en los omóplatos y rodeando mi cintura con las manos. -¿A que es guapa? Le dijo a su chico. Hablando por encima de mi hombro y apoyando la barbilla en mi clavícula. Soplando en mi cuello se me erizaban hasta los pelos que me había depilado esa misma mañana. Cuando acarició mi ombligo casi me corro de pie entre ellos. Como me estaban temblando las piernas me dejé caer en el sofá y ni por esas me libré de ellos, ni lo pretendía claro. Se sentaron cada uno a un lado de mí, tan cerca que nuestros muslos desnudos se rozaban. Pronto noté una mano en mi espalda acariciando mi piel por debajo de la camisetita. No sabía de quien era ni me importaba. Pero me gustaba. Viendo por donde iban los tiros dejé caer la mano que tenía libre, en la que no tenía el vaso en el muslo más cercano e ese lado. El de Sara que de inmediato separó las piernas aceptando la caricia. Notaba el calor de su vulva en mis dedos a través de la poca tela que la cubría. Y a ella se le escapó un gemido. Al otro lado Alex había conseguido deslizar una caricia por debajo del pijama y rodear mi seno con sus dedos. Cuando pellizcó con suavidad el pezón lo sentí como un calambrazo en el coño. Y estaba deseando librarme de toda esa ropa que me quemaba en la piel. Seguro que la parejita estaba dispuesta a ayudarme con eso. -¡Bésala! Sara le dio un trago a su vaso y acercó la cara despacio a la mía. Sabía lo que esperaba de mí y la recibí con los labios entre abiertos esperando a que me pasara el líquido que tenía en su boca. Cuando teníamos los labios pegados como con cola el alcohol y las lenguas pasaron de una a otra. Me estaba volviendo loca y más cuando noté los labios calientes y húmedos de Alex en mi cuello. Su mano no había dejado mis tetas. Rodeando el contorno y teniendo mis pezones entre las yemas de sus dedos. - ¿También me vais a dar cariño a mi? - Todo el que quieras. Empezó a subir la camiseta después de quitarme el vaso de la mano y dejarlo lejos de un posible accidente. Ya tenía las tetas al aire cuando tuve que separar el beso con su esposa para levantar los brazos. y que pudieran quitármela. No hicieron lo que esperaba, se lanzaron a lamer mis axilas sudadas, una cada uno. Me hacían cosquillas pero me excitaba mucho más. Estaba gimiendo como loca. Empezaron en los sobacos pero sus lenguas no descansaban desplazándose despacio hacia mis pechos. Besaban el pezón y lo mordisqueaban sin hacerme daño, solo placer. Así animada desplace mis manos a sus cuerpos. con una me hice con una de las tetas de Sara un par de tallas más grandes que las mías. Me fue fácil pues levantaban la tela de la camiseta. Por debajo de veía la curva y por encima un escote escandaloso y precioso. En cuanto hice un gesto para tirar de la tela, Sara se separó y se la quitó del todo. Para que no estorbara siguió por el short y quedó desnuda del todo a mi lado. Volvió a pegarse a mí haciéndome notar el calor de su cuerpo. Besó a su marido justo ante mi rostro, me miraban de reojo con una expresión de picardía en sus ojos. Así que me uní al morreo dándoles mi lengua y saliva. Yo también quería tocar, Alex estaba a mi alcance, su cuerpo definido y musculoso. Rozaba su piel con el dorso de mis dedos, bajando por los pectorales, rozando sus pezones que se pusieron duros como piedras. Como estaban los míos. Fue su mujer la que le indicó que se pusiera de pie ante nosotras y empezó a bajarle los boxers. La polla dura saltó sola ante nuestros rostros. La sujetó por la base y le dió un besito en el glande antes de ofrecérmelo a mí. Tengo que admitir que en mis intentos anteriores de hacer una mamada había sido bastante torpe, influenciada por el porno que había visto siempre había intentado tragar más de lo que podía. Sara en cambio me animó a tomármelo con más calma. La imité suavemente besando la piel suave del rocoso miembro. Sacando la lengua y pasándola del tronco al glande y los huevos depilados y suaves. Lo teníamos delante a nuestra merced y él se dejaba lamer y besar. Sara le hizo subir un pie al sofá para tenerlo más expuesto. Mientras ella empezaba a tragarse la polla cada vez mas en la boca yo me dedicaba a los huevos entre sus piernas por el perineo. En ese momento dejé salir mi lado más morboso, mis fantasías más profundas y abrí con las manos esas durísimas nalgas. Pasé la lengua por toda la raja, por el ano cerrado, como estaba recién duchado sabía a limpio. - ¡Vaya sorpresa! no ha hecho falta que te animáramos mucho. -¡Déjala! que me está encantando. No la cortes ahora. Y no me cortó en absoluto, Seguí comiéndole el culo y los huevos mientras nuestras salivas se mezclaban en su piel y de vez en cuando cruzábamos las lenguas. Yo me había arrodillado detrás de Alex. Estaba juguetona, aprovechando algo de esa saliva que sobraba le metí hasta dos dedos en el culo a Alex y en vez de quejarse lo estaba disfrutando. Pero empecé a subir besando su musculosa espalda y pegándome a su cuerpo hacerle notar mis tetas en su piel. Hasta llegar a su cuello de toro, la nuca y las orejas. Sara no quería que se corriera y lo hacía con suavidad aunque no dejaba el rabo. Alex echó la mano hacia atráshasta agarrarme el culo aún tapado por el short y apretarme más contra él. - No nos estamos portando bien con la invitada cariño. Sara se levantó y dio la vuelta por detrás de su marido para buscarme y llevarme de la mano a su dormitorio. Junto a su cama donde habíamos dejado nuestra ropa se arrodilló a bajarme la poca tela que aún me cubría. Acercó la cara a mi pubis y aspiró mi aroma como si fuera lo mejor del mundo. Enseguida pasó la lengua por el monte de Venus. Suave y sin prisa con había hecho con la polla de Alex que nos contemplaba con cara de vicio desde el umbral. Estiró el brazo para tirar toda la ropa al suelo y dejar la cama libre. Separó mis piernas lo justo como para poder deslizar la lengua entre mis labios y buscar el clítoris con la punta. Sería obvio decir que a esas alturas estaba más que encharcada, que mis jugos resbalaban por el interior de los muslos y que ella los recogía con devoción. Se fue echando en la cama pero tirando de mi cuerpo para que trepara sobre ella hasta dejar mi cadera encima de su carita. Y ella siguió comiéndome pero ahora alcanzaba todo de mí culo y coño sin ningún esfuerzo, ninguno más que separar mis nalgas a lo que yo misma colaboraba. Por fin Alex se acercó a nosotras y despacio entre los muslos de Sara le clavó la polla. Yo no lo vi pues le daba la espalda, lo que el aprovechó para pegarme a su torso, lamer mi cuello y nuca y amasar mis tetitas. Al oído y muy suave me dijo: -¿Quieres que te folle? - Lo estoy deseando, pero ponte un condón. Reptando, Sara salió de debajo de mí para buscar en la mesilla lo que les había pedido. Rompió el envoltorio y ante mi atenta mirada se lo calzó al chico. Quería saber como se ponía bien una gomita. Estaba tan dura que no le costó trabajo desenrollarlo alrededor del nabo. Me dejé caer panza arriba en la cama con el culo en el borde del colchón. Sara aprovechó para ponerse sobre mi cara y ahora me tocaría a mi comer conejo mientras Alex me follaba. Como todo en esa tarde fue tierno y dulce y el glande separaba mis labios despacio abriéndose paso en mi interior. A la vez yo separaba los de Sara con mi lengua al mismo ritmo buscando una penetración más profunda. No podía gemir ni suspirar porque tenía la boca demasiado ocupada en dar placer. No sangre porque el himen ya me faltaba de una experiencia anterior para nada placentera y para nada comprable a todo lo que estaba sintiendo entre ellos. Lo mismo con el cunnilingus, había practicado alguno pero había sido tan ansiosa que no lo llegamos a disfrutar del todo ni mi amiga ni yo. Pero con Sara me esforcé, fui dulce, tierna, sin prisa, clavando la lengua en su vulva o buscando el clítoris y jugando con él. Mientras Alex entraba y salía de mi llevándome al cielo a cada penetración. Además me acariciaba el clítoris con el pulgar y el pubis con el resto de los dedos. Mientras con la otra mano sujetaba uno de mis muslos. - Eres estrechita y muy dulce. -Y no veas como me come, cariño. Estiré la otra pierna acercando el pie a su cara y aceptó la invitación. Empezó a lamer los dedos de mi pie sin dejar de moverse dentro de mí, chupando el pulgar, lamiendo la planta y hasta el talón y yo no me había duchado desde la mañana. Mi orgasmo fue apoteosico, nunca había tenido uno así. pero estaba muy dispuesta a tenerlos mucho más a menudo a partir de entonces. Alex se corrió segundos después dentro del condón, dentro de mi xoxito. No puedo decir que sea multiorgásmica pues me dejó tan agotada que no pude seguir. Aunque Sara si lo es, se había corrido varias veces en mi boca. Se bajó de encima para dejarme descansar y se volvieron a poner a mis costados acariciándome con ternura para que recuperara. Y besándome y dándome cariño. -¿Te lo has pasado bien? - Como nunca, sois maravillosos. No sé cómo he podido pasar sin un sexo tan bueno. - Tu también has estado fantástica. Pues cuenta con nosotros de vez en cuando para repetir. - No soy la primera que metéis en esta cama ¿verdad? - No, no el primer chico tampoco, pero eso podemos contártelo otro día. Efectivamente se había hecho tarde y tenía que volver a mi casa a contarle lo de las notas a mis padres. Aunque lo celebraran, el resto del día me iba a saber a poco. #