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domingo, 8 de marzo de 2009

En el concierto (por el chico)

Me apetecía mucho ver a ese grupo. Últimamente lo llevaba siempre puesto en el CD del tractor. Así que cuando me enteré que tocaban en la capital de la provincia hice mis planes. Dejé el tractor en la nave y vestido solo con el short vaquero y las playeras me fui a dar una ducha. De camino encontré a mi primo con el que había perdido la virginidad hace algún tiempo. No quiso acompañarme pues había quedado con su ligue actual una chico del pueblo de al lado con el que se bañaba desnudo en la acequia por las noches. Tenía muy claro que era gay así que nos despedimos con un buen morreo y no sin que él metiera la mano por dentro de mis cortos pantalones para darle un buen achuchón a mi polla. Pero a mí también me gustan las chicas. Ya en casa no perdí mas el tiempo para quedarme desnudo del todo y darme una buena jabonada y repasar el depilado. Pensando en si conseguiría ligarme alguna chica me coloqué un tanga sexy y metí unos cuantos condones en el bolsillo y una camisa ajustada para marcar pecho y bíceps. Cogí el coche y aparqué lo mas cerca que pude de la plaza mayor. Las multitudes de encaminaban hacia el escenario y yo aprovechaba para no perder detalle de los escotes y minifaldas, piel femenina expuesta en la noche veraniega. Intenté colocarme lo mas cerca posible del escenario allí donde la multitud se cerraba mas para sentir el roce de los cuerpos calientes, chicos y chicas. Conseguí llegar casi hasta el altavoz donde me detuvo el culo fantástico de una morena. La presión de la gente me obligaba a pegarme a ella que parecía ajena a todo lo que ocurría a su alrededor concentrada solo en la música. Bailaba todo lo que podía entre la gente. En uno de sus saltos aterrizó sobre mis playeras. No hubo daño pero por fin se dio la vuelta y pude contemplar su magnífica delantera. Los pechos perfectos, no muy grandes cónicos y firmes, y los pezones duros por la excitación marcados en la tela de su camiseta de tirantes. No podía ver mas abajo por que me lo impedía la gente que me apretaba contra ella aunque ya había comprobado la dureza de sus nalgas. Ella si me dio un buen repaso de las playeras a la raíz del cabello. Tiene una bonita cara y una nariz respingona. Con los dos besos de rigor se presentó clavando sus durísimas tetas que se sostenían sin necesidad de sujetador en mi pecho. Pidiendo mil disculpas por el pisotón del que ya ni me acordaba. El resto del concierto lo pasamos juntos. Ella me arrimaba el culito prieto que tanto me había impresionado desde el principio a la bragueta. Cuando pasé los brazos alrededor de su cuerpo para cogerle de la cintura no protestó en absoluto. Viendo que mis avances no caían en saco roto incluso me atreví a dejar algún beso en sus hombros desnudos o en su cuello y cuando lo hacía ella se apretaba aún mas a mi cuerpo. Al terminar el concierto me arrastró de la mano hasta un discreto café donde conseguimos una mesa en un rincón solitario, ella me dijo que invitaba para disculparse del pisotón. Por fin pude contemplarla a gusto, es algo mayor que yo pero está buena de verdad. Unos largos y ahusados muslos marcados en el estrecho vaquero, una fina cintura que había podido apreciar cuando la rodeé con mis brazos. Y sus pechos orgullosos e insolentes que me apuntaban. No podía dejar de mirarle el generoso escote. Acercó su cara a la mía y por fin pude besar sus rojos labios que casi de inmediato se abrieron para recibir mi lengua en el interior de su boca. La suya reaccionó al instante cruzándose con la mía en un jugueteo muy placentero. Deslicé una mano lentamente de su cintura al pecho y apoderarme suavemente de su pezón, rozándolo con insistencia. Su boca dejó la mía para pasear la lengua por mi oreja y meterla en mi oído, lo que me excita mucho y de lo que ella se dio cuenta de inmediato, mirando directamente mi bragueta. Al oído me dijo que si quería acompañarla a su piso y yo que en ese momento tenía una mano en su culo no pude, no quise negarme, tenía unas ganas locas. La llevé en mi coche y allí mismo en el parking la besé de pie juntando nuestros cuerpos calientes. Recorrí su espalda con mis manos amasando sus nalgas, ella no se quedó atrás en absoluto me acariciaba el pecho y devoraba mi boca con ansia rodeando mi cuello con sus brazos. Conduje hasta su casa para así poder coger el coche en cuanto nos despidiéramos. Subimos en el ascensor sin separar nuestros cuerpos ni un centímetro. Ya en el sofá me propuse desnudarla de la forma más tierna que supe. Lentamente bajé los tirantes de la camiseta y repasé con lengua y labios la suave piel de sus hombros, de su escote buscando lentamente los pechos cónicos y duros. Levantó los brazos y pude liberarla de la incomoda prenda mientras lamía sus perfectas axilas depiladas. Acaricié la suave piel lamiéndola mientras ella me arrancaba la camisa. Me miraba y me empujó a un sofá donde siguió sentada sobre mis muslos para seguir besándonos y sus pechos acariciaban el mío. Se movía sinuosa encima de mi cuerpo acariciándome con todo el suyo. Y eso que aun no nos habíamos quitado los pantalones. Quería ser ella la que trabajaba y sujetaba mis manos para que no la tocara. Mientras sentía en la polla dura el calor de su coño a través de las dos telas vaqueras. Solo se bajó de mí para descalzarme y sacarse las botas y los calcetines. De ahí continuar con mis vaqueros para lo que tuve que levantar un poco el culo del asiento. Su cara fue todo un poema al ver mi tanga mientras me acariciaba el pubis suavemente con su melena. Luego lo hizo con los pechos deslizando los pezones por mi piel, manejándolos con tanta seguridad como si fueran sus dedos. Mi pene reaccionaba a cada toque con un leve salto. Se separó de mí para terminar de desnudarse y me pidió que desfilara para ella y le enseñara como me quedaba la prenda de la que se escapaba la punta del glande. Marché hasta el fondo de su salón y le mostré mi cuerpo sin pudor. Volviendo a acercarme a ella que sentada en el sofá me recibió con un beso sobre la poca tela que cubría mi polla. Con sus manos comenzó a bajarme la prenda sin dejar de tocarme. Incluso metiendo una mano entre mis piernas para tocarme el culo y deslizar un dedo en la entrada de mi ano, algo que me encanta. Comenzó a besarme suave la polla para que no perdiera su dureza pero enseguida me dijo que era mi turno de usar la lengua lo que estaba deseando hacer sobre su cuerpo. Me hizo volver a tumbar en el sofá para sin timidez de ninguna clase sentarse sobre mi cara con sus suaves muslos a cada lado de mi cabeza. Su coñito chorreaba sus jugos de excitación de los que no perdí ni gota. Abrí las nalgas con las manos dedicándome también a su culito sudado, besaba la cara interna de sus muslos o volvía por el perineo a su vulva en la que penetraba todo lo que podía con la lengua e incluso la nariz. O me dedicaba al clítoris hinchado oyendo sus gemidos de placer. Creo que conseguí que se corriera varias veces mientras mi pene se calmaba un tanto pues hasta ahí ella me había puesto a punto del orgasmo. De pronto comenzó a deslizarse sobre mi cuerpo diciéndome que parara que me quedara quieto, pero sin separar su coñito de mi piel donde dejaba su rastro de humedad. Así hasta que consiguió empalarse en mi pene sin que ninguno de los dos guiara el instrumento. La sujetaba de las caderas. Inclinada sobre mi pecho me besaba y lamía mi cara húmeda todavía de sus jugos, de su propio sabor. Permaneció quieta unos segundos. Mientras me besaba y yo sentía como sus muslos apretaban mi polla. Luego empezó a moverse despacio. Dejando que yo me acompasara con ella subiendo mi cadera cada vez que ella bajaba la suya consiguiendo así penetrarla mas profundo. Mientras follábamos seguí recorriendo su suave piel con las manos, su delicioso cuerpo delgado y fibroso, sus cónicas tetas y su preciosa cara, el culo respingón y duro o la curva de su espalda. O arqueaba la espalda para besar sus labios, lamer su lengua o comerme sus pezones. De pronto se levantó de mí, y se colocó de rodillas en el sofá mirando a la pared. No hacía falta ninguna indicación y el glande volvió a buscar el solo la húmeda entrada de su coñito. Ahora podía tocar a gusto sus nalgas prietas y ensalivando uno de mis dedos acariciar a gusto la entrada de su ano e incluso deslizar la punta en su interior. Todo eso sin dejar de bombear en su vulva apretada. Parece que lo del culo le estaba gustando. Los dos gemíamos y bufábamos como locomotoras sudando en el calor de la noche. Me pidió que me corriera dentro pues tomaba sus precauciones, mis condones seguían olvidados en el fondo de mi bolsillo. Y con cada chorro de semen ella apretaba el coño como si quisiera exprimirme. Dispuesto a hacerle pasar la mejor noche de su vida le dije al oído que no se moviera y comencé a besar y lamer su piel empezando por la de la nuca para bajar por la espalda, siguiendo la línea de su columna buscando sus nalgas, el ano abierto y entregado a esas alturas, y el coño que rezumaba de mi semen y el sabor de su orgasmo. Sentado en la mesa de centro seguía usando la lengua siguiendo el beso negro y bajando a su clítoris y volviendo a penetrar su vulva con mi lengua lamiendo sus labios y recogiendo mi lefa de allí. Parece que lo disfrutó hasta que deshaciendo la postura se tumbó en el sofá llamándome para un sesenta y nueve y así como a mi no me había importado comerle el coño con mi semen en él. Ella se metió mi polla que había perdido su dureza en la boca tal y como estaba con mi semen y sus humedades. Volví a atacar su dulce coñito, buscándole nuevos orgasmos. Mientras ella seguía lamiendo mi polla, tragándola flácida al completo metiendose mis huevos en la boca y lamiendo mi escroto. Ahora era ella la que ensalivaba uno de sus dedos y lo metía en mi ano acariciándolo suave y ello sin indicarle nada por su propia iniciativa. Me giré para volver mi cabeza con la suya. Y volvió a besarme sin importarle tener su sabor en mis labios y lengua. Nos acariciábamos tiernamente toda la piel que alcanzábamos, durante un rato más. Desnuda como estaba se dirigió a la cocina a preparar café y algo de cenar lo que nos permitiría reponer fuerzas y no dormirme de camino a casa. La seguí hasta allí y volví a besar sus pechos mientras apoyaba el culo en el frío canto de la encimera. No podía dejar que una bomba tan caliente como esa se me enfriara. Desnudos sobre su alfombra cenamos o desayunamos. Sin necesidad de tostadas extendí la mermelada sobre su piel para luego recogerla directamente con la lengua. Ella hizo lo mismo con mi pecho y mis pezones. Le pedí si podía ducharme y evidentemente ella se vino al baño conmigo deslizándose en la bañera a mi lado. Para entonces mi polla se había recuperado dispuesta a un segundo asalto. Me confesó que nadie le había prestado tanta atención a su hermoso culo y que el mío había sido su primer beso negro. Me pidió que se lo estrenara. Usando su aceite de baño como lubricante y otra previa comida de su adorable ano para excitarla. Me senté en el fondo de la bañera y sosteniéndola de las nalgas dejé que ella misma se la fuera introduciendo. Como yo había tenido experiencias de ese tipo e incluso mi culo hacía años que había perdido la virginidad, creo que logré que ella lo disfrutara. Con paciencia, lubricando frecuentemente ella se movía despacio apretándome el pene con su cerrado ano. No lo dejó hasta que volví a correrme dentro de ella esta vez en un conducto diferente. Terminamos de ducharnos y antes de marchar cambiamos los teléfonos. Me pidió que volviera cuando quisiera. Desde luego su piso es parada obligatoria cada vez que bajo a la ciudad.

viernes, 6 de marzo de 2009

En el concierto

Me fui sola al concierto, me apetecía ver a ese grupo y no encontré a nadie a quien engañar para que me acompañara. Por otra parte podían aburrirse y querer marcharse a mitad de la actuación si yo hubiera insistido mucho. Así que me puse unos vaqueros y una camiseta de tirantes, iba sin sujetador pues mis pechos no lo necesitan, son firmes y duros, no muy grandes. Era en una de las plazas de la ciudad y gratis, patrocinado por un banco y una cadena de radio. Intenté meterme entre la gente hasta cerca del escenario o por lo menos algún lugar donde pudiera ver bien. Para abrirme paso tuve que utilizar los codos y puede que algún pisotón.

Hablando de estos últimos y hacia la mitad del concierto en uno de los saltos de una animada canción aterricé con el tacón de una de mis botas sobre la playera de un chico que se encontraba detrás de mí. Inmediatamente me giré y pedí disculpas mirado el daño que le había causado a sus pies que parecían ilesos. Fui subiendo la vista lentamente por sus pantalones que enfundaban lo que parecían unos duros muslos mientras escuchaba sus confusas explicaciones, me detuve un momento en su paquete, que parecía que se alegraba de verme, seguí subiendo la vista lentamente deleitándome para encontrarme un vientre plano y un pecho que parecía querer salirse de la camisa entreabierta y la carita de ángel de un chico como de unos dieciocho o diecinueve años. Parecía que estaba solo, como yo, pues cuando miré alrededor después de apartar con trabajo la vista de su hermosa carita nadie parecía prestarnos atención. Todos a nuestro alrededor concentrados en la música. Me presente de inmediato: Sonia y el se llama David. A pesar del estruendo de la música parecíamos entendernos perfectamente y yo me perdía en las palabras que salían de sus labios finamente tallados, gruesos y sensuales que me moría de ganas de besar. Me confirmó que había ido solo al concierto y como desagravio lo invité a algo al terminar la actuación. Intentaba que no se separara de mí y seguí brincando y divirtiéndome durante le resto del concierto. Mientras procuraba arrimar el culo a su bragueta o apoyarme en él disimuladamente cuando tocaban alguna balada o algún tema mas dulce. El chico tampoco era manco y viendo que yo me mostraba accesible me cogió de la cintura y apoyó la cabeza suavemente en mi hombro desnudo e incluso a depositar allí algún tierno beso. No sé si se había dado cuenta de que yo le sacaba mas de diez años o eso parecía no importarle.

Cuando se acercaba el final del concierto lo agarré de la mano para no perderlo entre la multitud que se disgregaba y que me lo quitase alguna otra loba quinceañera. Me siguió como un cordero. Conseguí llevarle a una cafetería tranquila que había pasado desapercibida a las hordas que huían de la finalizada actuación. Para así poder charlar tranquilos y quizá iniciar una aproximación más íntima. Sentados en un pequeño sofá junto a una esquina del local y en un oscuro rincón me contó que vivía en un pueblo y que trabajaba en el campo y que se había bajado del tractor para darse una ducha y coger el coche para venir a la ciudad. Yo le conté algo de mi vida aunque estaba mojando las bragas de la excitación y la impaciencia. Mi actitud traicionada por mis pezones duros como piedras. Él los notaba a través del algodón de la camiseta y les echaba algunas miradas. Yo procuraba acariciar sus manos o poner las mías en su muslo en un gesto de confianza al que esperaba él correspondiera bien pronto. ¡Por fin! Como si no le hubiera estado dando suficientes pistas durante la noche se lanzó y besó mis labios. Evidentemente respondí y puse toda mi alma en ello. Le di la lengua para que la saboreara. Casi tuve que abrir sus labios con ella, forzándolos. Pero una vez rota la timidez me abrazó y comenzamos a besarnos con entusiasmo. Yo acariciaba sus pectorales sin acabar de creerme que pudiera haber tanto músculo junto en un solo sitio y eso que me dijo que no iba a ningún gimnasio. Le lamía el cuello un poco áspero por la sombra de la barba y la oreja metiéndole la punta de la lengua en el oído. Me daba cuenta de lo excitado que lo tenía por el bulto en sus pantalones que parecía coger cada vez mas dureza pues el tamaño ya lo tenía de serie. Por fin se decidió a cogerme un pecho que acarició con delicadeza rodeado el pezón con sus dedos y pasando una uña suavemente por la areola por encima de la tela haciéndome suspirar. Le susurré al oído: -vamonos a mi casa y no se hizo de rogar. Bajamos al parking donde había dejado su coche contra el que me acorraló para sorberme la lengua a la vez que me cogía las tetas con sus manos para acariciarlas. Aparcamos bajo mi piso y ya en el ascensor me subió la camiseta sacándola del vaquero para contemplar y comerse mis pechos durante unos pocos segundos mientras yo le acariciaba la cabeza revolviendo el rubio cabello. -¡Que buena estas!- me decía -Me vuelves loco- Yo solo conseguía pensar en bajarle los pantalones. Al cerrar la puerta a nuestras espaldas yo ya había perdido la camiseta y faltaban casi todos los botones de su camisa que arrojé al suelo en cuanto terminé de arrancársela. Contemplé a gusto su pecho poderoso, los hombros musculosos y los enormes bíceps. Lo empujé al sofá donde cayó de espaldas y me arrojé encima para seguir besándolo sentada a horcajadas sobre sus muslos. Me dije a mi misma -Ten paciencia, un bombón así hay que disfrutarlo despacio.- Así mientras mi lengua recorría su boca, mis pezones duros como piedras le rozaban el pecho lampiño con suavidad. Me movía encima de él como una sierpe a veces dejando mis pechos al alcance de su boca que él besaba con suavidad y adoración, mientras mantenía sus manos por detrás de su cabeza sujetándolas con las mías. -Déjame hacer, relájate y disfruta- A horcajadas sobre su ingle sentía la dureza de su polla en mi coño separados solo por las telas vaqueras, mientras mi vientre y tetas subían y bajaban o iban de lado a lado rozando los suyos con suavidad. Me bajé para quitarme las botas y sacarle las playeras y los calcetines y enseguida desabroché los pantalones y se los fui bajando por los muslos. ¡OH sorpresa!, Debajo llevaba un tanga negro de los de chico. No conocía ningún hombre que se atreviese a llevarlo, pero en su cuerpo de culturista quedaba de maravilla. Las piernas como dos columnas corintias donde los husos de sus músculos se marcaban perfectamente. Y la punta morada del glande asomando por la cinturilla de la prenda. Me incliné y le pasé el cabello por la ingle y cuando le tocó el turno a mis tetas de acariciar su duro pene sentí en los pezones el salto que dio el órgano. -Quieto-, le dije. Y me volví a incorporar para desnudarme del todo, sacarme los vaqueros y las bragas con prisa y volverme a arrojar encima de él para sentir su cuerpo en mi piel. No quería sacarle el tanga, quería hacerlo durar. Le pedí - Quiero verte, ponte de pie- David, como el de Miguel ángel pero en carne y hueso en vez de mármol, lo hizo sin timidez, se giró despacio para mostrarme un par de gloriosas nalgas sobre las que hubiera podido partir nueces y entre las que se perdía la goma de la prenda, fue hasta el fondo del salón y volvió hacia mí asombrada cara el hermoso paquete aun cubierto. Lo besé por encima de la lycra y volvía notar el sobresalto del miembro, me encantaba producir esa reacción en el chico. Pasé mi lengua por sus muslos mientras metía la mano entre ellos en busca de la tira del tanga, deslicé un dedo por el perineo e incluso insinuarlo hacia el ano entre las nalgas relajadas. Pero su polla me tenía impresionada, la notaba temblar junto a mi mejilla impaciente. Acabé de sacar la prenda que aún lo cubría para dejar libre el magnífico tronco largo (lo suficiente) y grueso quizá un poco mas de lo necesario. Lo besé sintiendo su dureza con mi lengua. Pero no quería que se corriera demasiado pronto. Así que le dije -ahora te toca a ti- ¡Que chico mas dulce! Seguía mis instrucciones al pie de la letra. Volví a tumbarlo en el sofá para esta vez colocarme sobre su cara, de inmediato saco la lengua y al menor roce de ella mis labios se abrieron para permitirle el libre acceso. Estaba muy húmeda pues hacia horas que estaba excitada, pero eso pareció gustarle aun más. Me agarró las nalgas con las manos llenas de callos fuertes y recias y las empujaba o tiraba de ellas suavemente según la zona que pretendía lamer. Las abría para tener al alcance de la lengua golosa el aro musculoso de mi cerrado ano. Era la primera vez que me hacían un beso negro y cuando me rozó el agujerito creí morir de gusto, ahí tuve un delicioso orgasmo. El ano y todos sus alrededores hasta la parte musculosa de la nalga, el perineo y volvía a la vulva. Me corrí varias veces sobre su boca y su lengua no perdía ni una gota de mis jugos. Era un gran explorador y tocó todos los puntos que alcanzaba con la punta de la lengua. Yo con las manos apoyadas en la pared no podía mas que gemir mientras me decía a mi misma -tu te lo has buscado, este chico te va a matar a polvos- No sé de donde saqué las fuerzas para pedirle que parara y despacio me fui moviendo sobre su cuerpo mis muslos flexibles sobre su pecho y mi coñito chorreante dejó un reguero de humedad entre sus pechos y sobre su vientre siempre en busca del anhelado rabo que no había perdido ni un ápice de su dureza. Sin manos, los labios abiertos solo por el instinto y la firmeza del instrumento se abrieron para dejar paso al glande morado y descubierto por una fimosis. Él me sujetaba las caderas y yo con los codos apoyados en su pecho le rodeaba con las manos la cara de ángel que escondía un diablillo travieso. Besaba sus labios que guardaban mi propio sabor como un tesoro, la legua incansable recorriendo su dulce boca. Entró en mí despacio, suave, los labios rodeando su dureza como queriendo absorberle por el rabo. Yo estaba encima, mandando y después de unos segundos quieta en los que solo me dediqué a sentirle en mi interior comencé a moverme golosa, despacio, quería hacerlo largo, sentirle mucho tiempo dentro. Pero aunque hubiese eyaculado en ese momento yo me habría sentido satisfecha pues estaba siendo un amante exquisito y considerado. Mas no ocurrió tal cosa pronto él se acompasó conmigo y cada vez que yo bajaba él daba un golpe de cadera para clavarse mas profundamente, con los talones apoyados en el brazo del sofá haciendo palanca. En veinticinco minutos por el reloj del video no se había corrido ni la dureza había bajado en lo mas mínimo. -Este chico es una mina- pensaba arrobada mientras lo disfrutaba a tope, mis líquidos vaginales chorreando por sus testículos depilados. Durante todo ese tiempo él no dejó de acariciar mi piel de los muslos a mi cara que acariciaba con delicadeza. Pasando por las nalgas a las que alcanzaba con sus largos brazos. Y dedicando un especial cuidado a mis pechos que siempre han sido una de mis zonas erógenas preferidas. Me acariciaba la espalda rascando suavemente la línea de la columna cuando yo me inclinaba lo suficiente sobre él para besarlo. O era él quien se incorporaba para lamer mis labios, sorber mi lengua o comerme los pechos pasando la lengua por los pezones mordisqueándolos con mucha suavidad o besándolos. Yo había perdido la cuenta de las veces que me había corrido y aquello no bajaba. Me la saqué y le indiqué un cambio. Apoyé las rodillas en el sofá y los brazos y los pechos en el respaldo y él de pie detrás de mí volvió a penetrarme. Con qué cariño me acariciaba las nalgas mientras seguía follandome. Se ensalivó un dedo y lo deslizó por la raja de mi culo en busca de mi ano incluso haciéndolo entrar un poquito. Nadie me lo había hecho antes, las dos sensaciones combinadas me subían al paraíso, estaba gozando como una perra, orgasmo tras orgasmo. Ya no podía controlarle el tiempo pues estaba mirando a la pared pero se me hizo placenteramente interminable. Le pedí hazlo dentro no te preocupes pues en la época tomaba la píldora y sentí en mi interior cada golpe de su eyaculación caliente. Su pene saltaba y se contraía en mi interior como si no quisiera dejar de echar semen. Entonces me dijo -quieta, no te muevas- al oído deslizando la punta de la lengua por mi oreja de ahí pasó a los hombros sin dejar de acariciarme los pechos con una mano y el clítoris con la otra, Pasó su lengua por mi columna de arriba abajo húmeda y caliente. Llegando hacia las nalgas y se metió entre ellas. En esa postura yo estaba totalmente abierta y expuesta con las piernas bien abiertas. Arrodillado tras de mí estuvo un buen rato comiéndome el culito, lamiendo mi ano o bajando un poco mas metiendo la lengua en mi coñito y lamiendo su propio semen mezclado con mis jugos sin que eso pareciera importarle, sin olvidarse de prestar atención a mi clítoris. Yo me retorcía sin saber como no me había desmayado de placer. Quise prestarle el mismo servicio y me deslicé hacia el sofá hasta quedar tumbada de espaldas. Él se colocó encima de mí en un perfecto sesenta y nueve. De inmediato me hice con su polla que olía a mi propio sexo y por la que quedaban restos de su corrida abundante y que perdía despacio su perfecta dureza. Eso no importaba, recibía las caricias de mi lengua con gusto y esa era la única forma de poder metérmela en la boca entera, dado el tamaño que adquiría cuando estaba en erección era imposible. Mi propio sexo seguía chorreando en su lengua juguetona y logró que me corriera alguna vez mas mientras yo le lamía los testículos y le devolvía los favores en su ano con uno de mis dedos. Aunque seguimos acariciándonos un rato mas no conseguí que volviera a endurecerse, pero tampoco me importó, otro polvo mas en aquellas condiciones hubiera acabado conmigo. El se giró y se tumbó sobre mi con el sabor de mi coño en sus labios, nos besábamos sin dejar de tocar la piel del otro y sin dejar de decirnos ternuras. A la luz de mi salón era todavía más guapo que en la oscuridad del concierto. Desnuda y meneando las caderas me fui a la cocina a preparar café para reponer fuerzas, él iba a necesitarlas para coger el coche y no dormirse al volante al regreso a su pueblo. Él me siguió tal y como su madre lo trajo al mundo y me acorraló contra la encimera para volver a besarme los pechos, era incansable y tenía muchas ganas de mi cuerpo. Volvimos al salón con el café y la mermelada y desnudos sobre la alfombra hicimos un desayuno temprano. Para la mermelada usamos como plato el cuerpo del otro y como cubiertos solo la lengua con la que lo lamíamos. De allí a la ducha y ya recuperado en la bañera si que se le volvió a poner dura y con mucho cuidado y delicadeza como se había comportado toda la noche y usando el aceite de baño como lubricante me desvirgó el culito. Se sentó en el fondo de la bañera y sin dejar de recorrer mi húmeda piel con sus poderosas manos o sosteniéndome el culo con ellas me fue bajando hasta quedar sentada sobre su polla donde descubrí que con la adecuada ternura y cariño y mucho lubricante se pueden tener orgasmos en todo el cuerpo. Aunque pensaba que después del tratamiento que había recibido durante las horas anteriores no iba a volver a corredme en meses. Evidentemente le arranqué la promesa de venir a visitarme cada vez que volviera por la ciudad cosa que cumple como el caballero que es y yo me quedé con su teléfono para poder llamarle si iba por su pueblo. Aun pude deleitarme contemplando sus bellas nalgas cuando se ponía el tanga y como se tenía que acomodar los huevos y el rabo para hacerlos caber en tal estrechez, los músculos marcados de sus piernas al ponerse los pantalones y los pectorales y bíceps al intentar encerrar el pecho en la estrecha camisa. Hasta despedirlo con un profundo y cariñoso beso en la puerta de mi apartamento. Desnuda y feliz pude acostarme.

La siguiente vez lo visité en el pueblo donde pudimos follar en el pajar, en la era, y rememorar un montón de mitos eróticos rurales.