jueves, 6 de agosto de 2009
El primer trio lesbico
Por la calle levaban cada una la mano en la cadera de la otra. Todos en el barrio sabían que eran tortilleras y a ellas no les importaba gran cosa lo que la gente pensara de ellas. Pero en el piso de al lado se instaló una familia que desconocía las inclinaciones sexuales de sus vecinas. En dormitorio pared con pared instalaron a la hija, una deliciosa muchacha de diez y ocho años con un cuerpo de los que quitan el sueño.
En esas noches cálidas la chavala oía perfectamente los jadeos y gritos de placer de la pareja de lesbianas que hacía el amor al grosor de un ladrillo de su cabeza y no distinguía la voz de ningún varón con ellas. Eso la complacía extrañamente, nunca le había gustado salir con chicos, siempre lo mismo egoístas y atentos solo a su placer. Sus vecinas le gustaban, sus cuerpos bronceados que generosamente mostraban por las escotadas camisetas y minifaldas que habitualmente vestían le atraían misteriosamente cuando se cruzaba con ellas en el portal.
Alguien tenía que romper el hielo. Las tres se deseaban, a la pareja no le importaba convertirse en un trío con una criatura tan deliciosa como su bella vecinita. Espiaban sus movimientos a través de las ventanas del patio o su breve y sexi ropa interior tendida a secar por su madre. Ambas suspiraban y comentaban entre ellas los encantos de la dulce chica ya no tan adolescente.
Así que un día que coincidieron en el ascensor Paola la invitó a cenar a su casa. Dentro del piso Lola preparaba la cena cubierta tan solo con un delantal y sus braguitas minúsculas. Paola explicó a Linda que allí todas eran mujeres y que no debía haber timideces entre ellas y sin más se sacó los pantalones y el top que llevaba quedando tan solo con un mínimo tanga que apenas cubría nada de su espléndida anatomía. Pidieron a la invitada: -ponte cómoda por favor. Y la joven extrañamente complacida se quitó su falda (bien cortita por cierto) y su camiseta negra sin mangas, ante la golosa mirada de las dos lesbianas. Quedó con el sujetador y sus braguitas de encaje. Las dos espectadoras con la tentación de gritar: que siga que siga. Pero tiempo al tiempo.
Lo que no pudieron evitar fueron los elogios. -Eres guapísima- -Estas como un tren- la adolescente había avisado de su tardanza e incluso podría pasar la noche en la casa de las vecinas. Y a ninguna de ellas le importaría que eso llegase a pasar.
Las tres casi en pelotas, sudando en ropa interior y moviéndose por la estrecha cocina. Se producían abundantes roces entre ellas, roces que ninguna parecía tratar de evitar, la temperatura subía en la habitación. Hablaban de la próxima entrada en la universidad, de sus trabajos, de los chicos y el sexo. Linda confesó su poca atracción por los muchachos de su edad. Sus dos nuevas amigas recibieron esta información con una descarada sonrisa, pasaban a temas más personales, a hablar de ellas mismas.
El ambiente se iba caldeando y más cuando Paola pasándose sus manos por los grandísimos pechos y levantándolos un poco con las palmas dijo a la invitada: ¿No te parece que mis pechos son un poco demasiado grandes? Lola dirigiéndose también a la invitada y quitándose el delantal cuyo peto cubría las perfectas tetas cónicas: cada día he de convencerla de que sus senos son preciosos. La chica respondió: -ya me gustaría a mí tenerlas así de grandes, las mías son demasiado pequeñas. ¡Miradlas! Y uniendo la acción a la palabra se libró del sujetador que a estas alturas le quemaba sobre los pechos. Paola se acercó aún más a ella con la intención de comparar y tocar, desde luego a ella. - No, desde luego, así me gustaría tenerlos a mí. Y pasó las yemas de los dedos por los perfiles de uno de los senos de Linda y además son suavísimos.
La chica casi desnuda perdía a pasos agigantados la poca timidez con la que había entrado en la casa y lanzó su mano en busca de de una de las peras maduras de la lesbiana, sopesándola en su mano y retorció suavemente uno de sus pezones. Lola aprovechando que sus compañeras estaban ocupadas se quitó el slip y apareció una espesa mata de pelo negro que cubría su sexo. La chica captó el movimiento con el rabillo del ojo y desplazó la otra mano de la cintura y el seno generoso a las descubiertas nalgas de la otra mujer y tirando un poco de ella hasta juntarla a si se besaron. Se frotaban los senos mientras la otra se masturbaba ante el turbador espectáculo. Paola acabó de desnudar a la invitada mientras le sorbía el aliento, la lengua en un lascivo beso y sus tiernas manos recorrían los pezones y todo el contorno de los firmes pechitos.
Linda caliente, excitada terminó por abrazarla y juntar sus cuerpos desnudos que frotaban sus pieles sin descanso. Lola no quería perderse su parte de la diversión y de acercó a ellas con la intención de besar y acariciar. Situándose tras Linda besaba sus hombros y le clavaba los duros pechos en la espalda y frotaba su monte de Venus en las firmes nalgas de su invitada, mientras sus manos recorrían toda la piel desnuda que podían alcanzar. Situada entre las dos expertas lesbianas la chica se dejaba hacer sintiendo placeres que nunca había imaginado hasta ese momento. Pieles bellas desnudas frotándose con la suya, dulces caricias y besos tiernos. Paola comenzó a descender besando su cuello delicado, los hombros blancos y los dulces pechitos, le lamía el vientre deslizando sus labios por la suave epidermis y el ombligo e introducía por fin la lengua en coñito virgen de la chica haciéndola recostarse en el sofá de la sala.
Viendo que una de ellas quedaba desatendida reclamó las atenciones de la otra lesbiana que solícita acudió a besar la dulce boca y a acariciar las adolescentes tetitas. La bella con verdadera curiosidad deslizó sus manitas por las anatomías de sus nuevas amigas y tocó por primera vez un coño distinto al muy masturbado suyo.
En esas noches cálidas la chavala oía perfectamente los jadeos y gritos de placer de la pareja de lesbianas que hacía el amor al grosor de un ladrillo de su cabeza y no distinguía la voz de ningún varón con ellas. Eso la complacía extrañamente, nunca le había gustado salir con chicos, siempre lo mismo egoístas y atentos solo a su placer. Sus vecinas le gustaban, sus cuerpos bronceados que generosamente mostraban por las escotadas camisetas y minifaldas que habitualmente vestían le atraían misteriosamente cuando se cruzaba con ellas en el portal.
Alguien tenía que romper el hielo. Las tres se deseaban, a la pareja no le importaba convertirse en un trío con una criatura tan deliciosa como su bella vecinita. Espiaban sus movimientos a través de las ventanas del patio o su breve y sexi ropa interior tendida a secar por su madre. Ambas suspiraban y comentaban entre ellas los encantos de la dulce chica ya no tan adolescente.
Así que un día que coincidieron en el ascensor Paola la invitó a cenar a su casa. Dentro del piso Lola preparaba la cena cubierta tan solo con un delantal y sus braguitas minúsculas. Paola explicó a Linda que allí todas eran mujeres y que no debía haber timideces entre ellas y sin más se sacó los pantalones y el top que llevaba quedando tan solo con un mínimo tanga que apenas cubría nada de su espléndida anatomía. Pidieron a la invitada: -ponte cómoda por favor. Y la joven extrañamente complacida se quitó su falda (bien cortita por cierto) y su camiseta negra sin mangas, ante la golosa mirada de las dos lesbianas. Quedó con el sujetador y sus braguitas de encaje. Las dos espectadoras con la tentación de gritar: que siga que siga. Pero tiempo al tiempo.
Lo que no pudieron evitar fueron los elogios. -Eres guapísima- -Estas como un tren- la adolescente había avisado de su tardanza e incluso podría pasar la noche en la casa de las vecinas. Y a ninguna de ellas le importaría que eso llegase a pasar.
Las tres casi en pelotas, sudando en ropa interior y moviéndose por la estrecha cocina. Se producían abundantes roces entre ellas, roces que ninguna parecía tratar de evitar, la temperatura subía en la habitación. Hablaban de la próxima entrada en la universidad, de sus trabajos, de los chicos y el sexo. Linda confesó su poca atracción por los muchachos de su edad. Sus dos nuevas amigas recibieron esta información con una descarada sonrisa, pasaban a temas más personales, a hablar de ellas mismas.
El ambiente se iba caldeando y más cuando Paola pasándose sus manos por los grandísimos pechos y levantándolos un poco con las palmas dijo a la invitada: ¿No te parece que mis pechos son un poco demasiado grandes? Lola dirigiéndose también a la invitada y quitándose el delantal cuyo peto cubría las perfectas tetas cónicas: cada día he de convencerla de que sus senos son preciosos. La chica respondió: -ya me gustaría a mí tenerlas así de grandes, las mías son demasiado pequeñas. ¡Miradlas! Y uniendo la acción a la palabra se libró del sujetador que a estas alturas le quemaba sobre los pechos. Paola se acercó aún más a ella con la intención de comparar y tocar, desde luego a ella. - No, desde luego, así me gustaría tenerlos a mí. Y pasó las yemas de los dedos por los perfiles de uno de los senos de Linda y además son suavísimos.
La chica casi desnuda perdía a pasos agigantados la poca timidez con la que había entrado en la casa y lanzó su mano en busca de de una de las peras maduras de la lesbiana, sopesándola en su mano y retorció suavemente uno de sus pezones. Lola aprovechando que sus compañeras estaban ocupadas se quitó el slip y apareció una espesa mata de pelo negro que cubría su sexo. La chica captó el movimiento con el rabillo del ojo y desplazó la otra mano de la cintura y el seno generoso a las descubiertas nalgas de la otra mujer y tirando un poco de ella hasta juntarla a si se besaron. Se frotaban los senos mientras la otra se masturbaba ante el turbador espectáculo. Paola acabó de desnudar a la invitada mientras le sorbía el aliento, la lengua en un lascivo beso y sus tiernas manos recorrían los pezones y todo el contorno de los firmes pechitos.
Linda caliente, excitada terminó por abrazarla y juntar sus cuerpos desnudos que frotaban sus pieles sin descanso. Lola no quería perderse su parte de la diversión y de acercó a ellas con la intención de besar y acariciar. Situándose tras Linda besaba sus hombros y le clavaba los duros pechos en la espalda y frotaba su monte de Venus en las firmes nalgas de su invitada, mientras sus manos recorrían toda la piel desnuda que podían alcanzar. Situada entre las dos expertas lesbianas la chica se dejaba hacer sintiendo placeres que nunca había imaginado hasta ese momento. Pieles bellas desnudas frotándose con la suya, dulces caricias y besos tiernos. Paola comenzó a descender besando su cuello delicado, los hombros blancos y los dulces pechitos, le lamía el vientre deslizando sus labios por la suave epidermis y el ombligo e introducía por fin la lengua en coñito virgen de la chica haciéndola recostarse en el sofá de la sala.
Viendo que una de ellas quedaba desatendida reclamó las atenciones de la otra lesbiana que solícita acudió a besar la dulce boca y a acariciar las adolescentes tetitas. La bella con verdadera curiosidad deslizó sus manitas por las anatomías de sus nuevas amigas y tocó por primera vez un coño distinto al muy masturbado suyo.
domingo, 19 de abril de 2009
Ligar en el quiosco
Esta mañana bajé al kiosco a comprar algunas chuches para entretenerme mientras estudiaba. Mis padres se han marchado a la playa a pasar unos días fuera. Yo por haber suspendido algunas asignaturas por culpa de estar haciendo el amor con mis amigos en vez de estudiar he tenido que quedarme solo en casa este verano estudiando. Bajé sin vestirme, con un vaquero cortado, una camiseta de deporte de tirantes y unas sandalias. Al pedirle lo que quería no pude mas que fijarme en el chico guapo que había dentro sudando la gota gorda.
De vuelta a casa no pude concentrarme y mi mente volvía una y otra vez a la imagen de la gota de sudor deslizándose por la piel de su pecho lampiño que podía ver por la camisa entreabierta. Ni una ducha fría consiguió calmar mis ideas así que un rato mas tarde cuando apenas pasaba nadie por la calle y aun apretaba mas el calor volví a bajar al quiosco. Nervioso esperé que terminara de vender un periódico ojeando las revistas tras el cristal. Entonces se me ocurrió una idea. Escogí la que tenía en la portada el chico más guapo, una revista gay completamente pornográfica y cuando nos quedamos solos y por la calle no pasaba un alma, se la pedí.
Tuvo que salir del infierno y abrir una puerta de cristal y ahí pude ver por fin sus nalgas firmes y apretadas por un vaquero recortado aun más que el mío, sus fuertes muslos desnudos y casi sin vello. Abrió la cerradura y para sacar la publicación tuvo que inclinarse, así pude apreciar aun más la firmeza de sus bellas nalgas que me moría de ganas de tener en las manos. Al entregármela nuestros dedos se rozaron de una forma no del todo casual y una corriente eléctrica recorrió nuestros cuerpos. Nos miramos a los ojos y allí mismo me di cuenta de que entendía. Estábamos solos en la calle, en la ciudad en el mundo. En aquel momento no existía nadie mas que nosotros dos y el inmenso calor que recorría nuestra piel.
Me preguntó si me gustaban aquel tipo de revistas y mirándole a los profundos ojos azules le contesté que me gustaba él. Estaba lanzado, no podía detenerme ya. Espiando los alrededores por el rabillo del ojo para cerciorarnos de que nadie nos veía nos besamos. Sus dulces labios sobre los míos suaves como el toque de una mariposa.
Me cogió de la mano y me introdujo en el quiosco, aquello parecía un horno. Lo acorralé contra la puerta cerrada y volví a besarlo esta vez con ansia y pasión. Mi lengua comenzó explorando sus gruesos labios sensuales forzándolos a abrirse para acorralar su dulce lengua que me esperaba. Metí mi muslo desnudo entre los suyos sintiendo su suave piel sobre la mía.
La revista olvidada del todo cayó de mi mano al suelo y la cerré sobre su nalga por encima del algodón de la tela vaquera. Casi de inmediato el sudor brotó de nuestras pieles dándoles un sabor salado que de inmediato probé. Primero en su cuello lamiendo y besando la sal de su sudor. Abrí la empapada camisa para besar su pecho lampiño y seguí bajando por su vientre plano. Enseguida llegué a sus shorts que me ocultaban mi objeto de deseo y en el estrecho espacio me arrojé al suelo, donde de me senté para tener el mejor acceso posible. Oculto por la pequeña repisa desde la que despachaba y daba los cambios abrí la cremallera y saqué su pene ya duro del escaso tanga que me lo ocultaba. Lentamente pasé la lengua a lo largo de su tronco saboreándolo si prisa lamiendo el glande morado con mucho cuidado. Lo oía suspirar suavemente allá en las alturas.
De pronto casi me atraganto cuando le escucho saludar a un cliente. La situación era morbosa, intente dejarlo tranquilo por lo menos mientras le atendía pero él distrajo una mano con la que me volvió a acercar la cabeza a su polla durísima. Aceptando el reto me metí uno de sus testículos en la boca con la intención de que se delatara. Lamí su escroto, comiéndole los huevos. Y desde mi precaria posición lo veía mantener cara de póquer.
Se marchó la persona que nos había interrumpido y redoblé mis esfuerzos en darle placer. Apenas conseguía meterme tanta carne en la boca, nunca he sido un traga sables muy virtuoso, pero si conseguía apretar el glande contra mi paladar y acariciarlo todo con la lengua, mientras acariciaba el escroto, los testículos y el perineo con la mano. Deslicé un dedo entre sus nalgas hasta localizar el sensible ano, esfuerzo que me recompensó con un gemido. El sudor caía a mares desde mi cabello empapando la camiseta. Le acariciaba los suaves muslos, las nalgas poderosas sin abandonar ni por un segundo la polla dura. No paré hasta sentir su semen en la lengua, una abundante corrida con la que me recompensó tras un buen rato de placenteros esfuerzos que me hicieron sudar aún más.
De inmediato me levantó del suelo para besarme de una forma salvaje metiendo su lengua en mi boca lo más profundo que podía disfrutando del sabor de su propio semen entre mis dientes. Esta vez me acorraló él contra la puerta cerrada sin dejar de besarme y acariciar mi cuerpo. Yo tampoco perdía la ocasión de recorrer con mis avariciosas manos su piel desnuda, pues seguía con la camisa abierta y los pantalones cortos por los tobillos, Solo conservaba el tanga y aun así su rabo ya en posición de descanso salía por un lateral de la prenda.
Si se hubiera acercado alguien en ese momento hubiera huido atemorizado al ver sus nalgas desnudas por debajo de los faldones de la abierta camisa acorralarme sin tregua. Por suerte nadie nos sorprendió en medio del arrebato de pasión y aunque mi polla estaba a punto de explotar, conseguimos calmarnos lo suficiente para que recompusiera su ropa.
Sentados juntos nos contamos nuestras vidas mientras metía la mano por la pernera de mi pantalón y acariciaba sin dificultades y sin parar mi pene aun duro pues yo no me había puesto slip pensando en llegar justo donde estábamos. De vez en cuando se inclinaba sobre mí para besarme en los labios, o las orejas y entonces me decía muy quedo: -estoy deseando tener esto en mi culito, -te deseo -quiero desnudarte.
De vuelta a casa no pude concentrarme y mi mente volvía una y otra vez a la imagen de la gota de sudor deslizándose por la piel de su pecho lampiño que podía ver por la camisa entreabierta. Ni una ducha fría consiguió calmar mis ideas así que un rato mas tarde cuando apenas pasaba nadie por la calle y aun apretaba mas el calor volví a bajar al quiosco. Nervioso esperé que terminara de vender un periódico ojeando las revistas tras el cristal. Entonces se me ocurrió una idea. Escogí la que tenía en la portada el chico más guapo, una revista gay completamente pornográfica y cuando nos quedamos solos y por la calle no pasaba un alma, se la pedí.
Tuvo que salir del infierno y abrir una puerta de cristal y ahí pude ver por fin sus nalgas firmes y apretadas por un vaquero recortado aun más que el mío, sus fuertes muslos desnudos y casi sin vello. Abrió la cerradura y para sacar la publicación tuvo que inclinarse, así pude apreciar aun más la firmeza de sus bellas nalgas que me moría de ganas de tener en las manos. Al entregármela nuestros dedos se rozaron de una forma no del todo casual y una corriente eléctrica recorrió nuestros cuerpos. Nos miramos a los ojos y allí mismo me di cuenta de que entendía. Estábamos solos en la calle, en la ciudad en el mundo. En aquel momento no existía nadie mas que nosotros dos y el inmenso calor que recorría nuestra piel.
Me preguntó si me gustaban aquel tipo de revistas y mirándole a los profundos ojos azules le contesté que me gustaba él. Estaba lanzado, no podía detenerme ya. Espiando los alrededores por el rabillo del ojo para cerciorarnos de que nadie nos veía nos besamos. Sus dulces labios sobre los míos suaves como el toque de una mariposa.
Me cogió de la mano y me introdujo en el quiosco, aquello parecía un horno. Lo acorralé contra la puerta cerrada y volví a besarlo esta vez con ansia y pasión. Mi lengua comenzó explorando sus gruesos labios sensuales forzándolos a abrirse para acorralar su dulce lengua que me esperaba. Metí mi muslo desnudo entre los suyos sintiendo su suave piel sobre la mía.
La revista olvidada del todo cayó de mi mano al suelo y la cerré sobre su nalga por encima del algodón de la tela vaquera. Casi de inmediato el sudor brotó de nuestras pieles dándoles un sabor salado que de inmediato probé. Primero en su cuello lamiendo y besando la sal de su sudor. Abrí la empapada camisa para besar su pecho lampiño y seguí bajando por su vientre plano. Enseguida llegué a sus shorts que me ocultaban mi objeto de deseo y en el estrecho espacio me arrojé al suelo, donde de me senté para tener el mejor acceso posible. Oculto por la pequeña repisa desde la que despachaba y daba los cambios abrí la cremallera y saqué su pene ya duro del escaso tanga que me lo ocultaba. Lentamente pasé la lengua a lo largo de su tronco saboreándolo si prisa lamiendo el glande morado con mucho cuidado. Lo oía suspirar suavemente allá en las alturas.
De pronto casi me atraganto cuando le escucho saludar a un cliente. La situación era morbosa, intente dejarlo tranquilo por lo menos mientras le atendía pero él distrajo una mano con la que me volvió a acercar la cabeza a su polla durísima. Aceptando el reto me metí uno de sus testículos en la boca con la intención de que se delatara. Lamí su escroto, comiéndole los huevos. Y desde mi precaria posición lo veía mantener cara de póquer.
Se marchó la persona que nos había interrumpido y redoblé mis esfuerzos en darle placer. Apenas conseguía meterme tanta carne en la boca, nunca he sido un traga sables muy virtuoso, pero si conseguía apretar el glande contra mi paladar y acariciarlo todo con la lengua, mientras acariciaba el escroto, los testículos y el perineo con la mano. Deslicé un dedo entre sus nalgas hasta localizar el sensible ano, esfuerzo que me recompensó con un gemido. El sudor caía a mares desde mi cabello empapando la camiseta. Le acariciaba los suaves muslos, las nalgas poderosas sin abandonar ni por un segundo la polla dura. No paré hasta sentir su semen en la lengua, una abundante corrida con la que me recompensó tras un buen rato de placenteros esfuerzos que me hicieron sudar aún más.
De inmediato me levantó del suelo para besarme de una forma salvaje metiendo su lengua en mi boca lo más profundo que podía disfrutando del sabor de su propio semen entre mis dientes. Esta vez me acorraló él contra la puerta cerrada sin dejar de besarme y acariciar mi cuerpo. Yo tampoco perdía la ocasión de recorrer con mis avariciosas manos su piel desnuda, pues seguía con la camisa abierta y los pantalones cortos por los tobillos, Solo conservaba el tanga y aun así su rabo ya en posición de descanso salía por un lateral de la prenda.
Si se hubiera acercado alguien en ese momento hubiera huido atemorizado al ver sus nalgas desnudas por debajo de los faldones de la abierta camisa acorralarme sin tregua. Por suerte nadie nos sorprendió en medio del arrebato de pasión y aunque mi polla estaba a punto de explotar, conseguimos calmarnos lo suficiente para que recompusiera su ropa.
Sentados juntos nos contamos nuestras vidas mientras metía la mano por la pernera de mi pantalón y acariciaba sin dificultades y sin parar mi pene aun duro pues yo no me había puesto slip pensando en llegar justo donde estábamos. De vez en cuando se inclinaba sobre mí para besarme en los labios, o las orejas y entonces me decía muy quedo: -estoy deseando tener esto en mi culito, -te deseo -quiero desnudarte.
miércoles, 18 de marzo de 2009
¿SOLO UNA PUTA?
¿SOLO UNA PUTA?
Entré en el puti club bajando la interminable escalera; ella estaba apoyada en la barra, rubia, grande, cual nórdica amazona poderosa, enfundada en un ajustado vestido negro, corto, como cosido sobre su piel, del que sus tetas enormes parecían querer escapar por el amplio escote. Sus muslos duros y poderosos dirigían la vista como por el blanco cemento de una doble autopista hacia el negro tanga que asomando por debajo de la corta falda recortada ocultaba un dulce misterio.
Con voz ronca me indicó su deseo: dinero, con vil metal podría comprar su sublime carne rotunda. En un cubículo separado apenas de la escueta pista de baile por biombos y sobre un humilde colchón en el duro suelo podría tenerla. Ajenos al resto de las prostitutas, clientes y proxenetas del local como perdidos en nuestro propio mundo a medias negocio a medias deseo.
Lentamente se bajó los tirantes de su vestido negro y sus rotundos y puntiagudos pechos me apuntaban con sus orgullosos y erizados pezones, inclinándome sobre ellos los lamí con devoción. Bajando por su vientre chupé su ombligo, mi lengua dibujaba círculos sobre la nívea piel. Mis manos acabaron de bajar su vestido sobrepasando los obstáculos que los inmensos pechos operados y las redondeadas nalgas oponían y deslizándolo por los muslos y piernas hasta que ella misma levantando lo justo los negros zapatos de fino tacón lo apartó de una patada. Su tanga negro ante mi nariz, el olor del deseo surgía de allí. Así que impaciente por fin bajé su diminuta braguita con mis dedos liberando la ansiosa y dura polla que allí se escondía. Deposité un ferviente beso en el capullo que me apuntaba justo entre mis azules ojos.
Ella cogió mis manos y me levantó, suavemente depositó un húmedo beso en mis labios carnosos. Me abrazó deslizando sus manos por mi espalda hasta agarrar firmemente mi culo. Su lengua ya exploraba mis dientes y jugaba al escondite con la mía. Entonces ella empezó a desnudarme a mí, ahora sus diestras manos abrieron los botones de mi camisa, sus maquillados labios besaban primero mi largo cuello, luego mis hombros y por fin bajando los tirantes del blanco sujetador mis anhelantes pechos. Se metió mis pezones en la boca duros por la excitación. Revolvía su rubia melena entre mis dedos, apretándola contra mis senos. Una vez libre del sujetador me empujó al colchón; arrodillada a mis pies me sacó las sandalias de tacón y mi pantalón masculino de pinzas dejándome solo el tanga blanco. Subiendo sobre mis piernas, depositando en ellas dulces besos y parte del carmín que cubría sus labios, que a poco posó sobre la blanca licra y mi monte de venus. Aún guardo esa braguita con la roja marca de la barra de sus labios. Subió por mi vientre lamiendo mi ombligo, la curva de mis costillas, la parte baja de mis grandes senos y sorbía mis oscuros pezones, la gran aureola o los cogía entre sus blanquísimos dientes.
Mordisqueaba mi piel suave y volvió a besar mi boca ávidamente lamiendo cada rincón, el calor de nuestros pechos juntos, Nuestros vientres y su cada vez más duro pene entre mis piernas abiertas. Sin apartar su boca de la mía y sin sacarme el tanga, solo haciéndolo a un lado su elástico entró en mi, profundamente, mis piernas rodearon su cintura para facilitar la penetración. Le arañaba la espalda, intentaba alcanzar sus nalgas musculosas con las manos o sus muslos o toda su bronceada piel. La sentía en mí poderosa, en mis entrañas colmada por su fuerza, por su polla. Mirándonos a los ojos, oliendo solo el sudor de nuestra piel, sumergidas en la extraña música oyendo solo nuestros corazones, el momento duró siglos y solo entonces su cadera comenzó a moverse.
El éxtasis y la gloria, la apretaba cada vez mas fuerte entre mis muslos cruzándolos por detras de su musculoso culo, su polla fuerte y serena cada vez mas dentro de mi cuerpo a cada golpe de su cadera, sus pechos, toda ella se movía como queriendo entrar en mí, como si toda ella en mi interior tocara cada uno de los puntos sensibles. Ella con su sabiduría de mujer me arrancaba cada uno de esos orgasmos. Ella se corrió, su semen caliente ardía en mis entrañas. Mi sexo quemaba y ella aún dura por unos minutos seguía en mí y no oíamos nada mas que nuestra respiración, no veíamos mas que los ojos de la otra, no olíamos nada mas que nuestro sudor y dos gotas del perfume que me había puesto esa mañana, no tocábamos mas que nuestra piel. Y no saboreábamos nada mas que la sal de nuestros labios. Alcanzado el objetivo del orgasmo Por fin ella se retiró de entre mis muslos, se hizo a un lado y tomando mi cara entre sus manos depositó un dulce beso en la punta de mi nariz.
Entré en el puti club bajando la interminable escalera; ella estaba apoyada en la barra, rubia, grande, cual nórdica amazona poderosa, enfundada en un ajustado vestido negro, corto, como cosido sobre su piel, del que sus tetas enormes parecían querer escapar por el amplio escote. Sus muslos duros y poderosos dirigían la vista como por el blanco cemento de una doble autopista hacia el negro tanga que asomando por debajo de la corta falda recortada ocultaba un dulce misterio.
Con voz ronca me indicó su deseo: dinero, con vil metal podría comprar su sublime carne rotunda. En un cubículo separado apenas de la escueta pista de baile por biombos y sobre un humilde colchón en el duro suelo podría tenerla. Ajenos al resto de las prostitutas, clientes y proxenetas del local como perdidos en nuestro propio mundo a medias negocio a medias deseo.
Lentamente se bajó los tirantes de su vestido negro y sus rotundos y puntiagudos pechos me apuntaban con sus orgullosos y erizados pezones, inclinándome sobre ellos los lamí con devoción. Bajando por su vientre chupé su ombligo, mi lengua dibujaba círculos sobre la nívea piel. Mis manos acabaron de bajar su vestido sobrepasando los obstáculos que los inmensos pechos operados y las redondeadas nalgas oponían y deslizándolo por los muslos y piernas hasta que ella misma levantando lo justo los negros zapatos de fino tacón lo apartó de una patada. Su tanga negro ante mi nariz, el olor del deseo surgía de allí. Así que impaciente por fin bajé su diminuta braguita con mis dedos liberando la ansiosa y dura polla que allí se escondía. Deposité un ferviente beso en el capullo que me apuntaba justo entre mis azules ojos.
Ella cogió mis manos y me levantó, suavemente depositó un húmedo beso en mis labios carnosos. Me abrazó deslizando sus manos por mi espalda hasta agarrar firmemente mi culo. Su lengua ya exploraba mis dientes y jugaba al escondite con la mía. Entonces ella empezó a desnudarme a mí, ahora sus diestras manos abrieron los botones de mi camisa, sus maquillados labios besaban primero mi largo cuello, luego mis hombros y por fin bajando los tirantes del blanco sujetador mis anhelantes pechos. Se metió mis pezones en la boca duros por la excitación. Revolvía su rubia melena entre mis dedos, apretándola contra mis senos. Una vez libre del sujetador me empujó al colchón; arrodillada a mis pies me sacó las sandalias de tacón y mi pantalón masculino de pinzas dejándome solo el tanga blanco. Subiendo sobre mis piernas, depositando en ellas dulces besos y parte del carmín que cubría sus labios, que a poco posó sobre la blanca licra y mi monte de venus. Aún guardo esa braguita con la roja marca de la barra de sus labios. Subió por mi vientre lamiendo mi ombligo, la curva de mis costillas, la parte baja de mis grandes senos y sorbía mis oscuros pezones, la gran aureola o los cogía entre sus blanquísimos dientes.
Mordisqueaba mi piel suave y volvió a besar mi boca ávidamente lamiendo cada rincón, el calor de nuestros pechos juntos, Nuestros vientres y su cada vez más duro pene entre mis piernas abiertas. Sin apartar su boca de la mía y sin sacarme el tanga, solo haciéndolo a un lado su elástico entró en mi, profundamente, mis piernas rodearon su cintura para facilitar la penetración. Le arañaba la espalda, intentaba alcanzar sus nalgas musculosas con las manos o sus muslos o toda su bronceada piel. La sentía en mí poderosa, en mis entrañas colmada por su fuerza, por su polla. Mirándonos a los ojos, oliendo solo el sudor de nuestra piel, sumergidas en la extraña música oyendo solo nuestros corazones, el momento duró siglos y solo entonces su cadera comenzó a moverse.
El éxtasis y la gloria, la apretaba cada vez mas fuerte entre mis muslos cruzándolos por detras de su musculoso culo, su polla fuerte y serena cada vez mas dentro de mi cuerpo a cada golpe de su cadera, sus pechos, toda ella se movía como queriendo entrar en mí, como si toda ella en mi interior tocara cada uno de los puntos sensibles. Ella con su sabiduría de mujer me arrancaba cada uno de esos orgasmos. Ella se corrió, su semen caliente ardía en mis entrañas. Mi sexo quemaba y ella aún dura por unos minutos seguía en mí y no oíamos nada mas que nuestra respiración, no veíamos mas que los ojos de la otra, no olíamos nada mas que nuestro sudor y dos gotas del perfume que me había puesto esa mañana, no tocábamos mas que nuestra piel. Y no saboreábamos nada mas que la sal de nuestros labios. Alcanzado el objetivo del orgasmo Por fin ella se retiró de entre mis muslos, se hizo a un lado y tomando mi cara entre sus manos depositó un dulce beso en la punta de mi nariz.
lunes, 16 de marzo de 2009
El camionero
Manolo conducía su trailer de segunda mano por una autovía cualquiera devorando kilómetros en una calurosa madrugada de verano, acaba de pasar un puti club de los muchos que hay por las carreteras. Es un chico joven, guapo, musculoso y con cierto aire de inocencia. A unos dos kilómetros una figura en el arcén le hace señas para que se detenga pero cerca no hay nadie, ni nada ni edificios, ni unas luces de avería ni siquiera los faros de otro vehículo. La carretera libre de luces y apenas se ve, clava los frenos y detiene el dieciocho ruedas, tiene buen corazón y eso algún día le meterá en un lío.
Pero esta noche cuando la puerta del pasajero se abre sube a la ajada cabina una chica morena de cabello, de piel oscura y rasgos entre sudamericanos y algo de mulata, es muy guapa y su cuerpo por lo que se ve a la difusa luz del panel de instrumentos es algo impresionante. Los pechos firmes y duros parecen querer romper la tela de la camiseta estrecha y de profundo escote. Los muslos desnudos y torneados salen de un pantaloncito tan corto que medio culo firme y redondito queda fuera de él. El ombligo bronceado está adornado con un pircing, una media luna de plata. La chica con un acento insinuante que recuerda las palmeras y el profundo azul del mar caribe le cuenta con gran profusión de cariños, cielos y amores que se ha escapado del prostíbulo que él acaba de pasar donde la tenían retenida contra su voluntad. Manolo se ha dado cuenta que nadie sabe de la fuga y que los posibles matones de medio pelo nunca podrían seguirle la pista a su camión de entre todos los que pasan por esa carretera.
Se siente a salvo y tranquiliza a la chica que al poco rato se queda dormida en el asiento, Manolo la cubre con su chaqueta y sigue conduciendo.
Tras coger dos desvíos que su ruta exigía se detiene a desayunar e invita a la chica, Sandra agradecida ve cómo los demás camioneros lo miran con envidia, acompañado de esa belleza. Ella se arrima mucho a su brazo y su pecho casi desnudo se pega a su poderoso bíceps cuando ella le agarra del brazo y le besa en la boca sin reparos excitándole casi sin proponérselo. Manolo piensa en cómo se lo va a explicar a su joven novia Sonia con la que vive, cuando un rato mas tarde aparque el camión a la puerta de su casa. A la vez se siente responsable de la desvalida que ha recogido en el camino. Al fin se da cuenta de que solo la verdad es la única solución para salir del embrollo.
Sonia vestida solo con un leve vestido de tirantes, salió a recibirlo en cuanto oyó el ruido del poderoso motor, con un cariñoso beso con lengua apretándose a su cuerpo. De pronto oyó el sonido de la otra puerta de la cabina y vio los largos muslos morenos y el precioso y casi desnudo culo de Sandra bajar por la escalerilla. Un breve arrebato de celos le hizo arrugar el sensual morrito, pero un poderoso abrazo de los bíceps de oso de su novio y las fuertes manos recorriendo sus nalgas sin ningún disimulo le hizo pesar que si hubiera algo entre su chico y la sensual morena no la habría traído a su propia casa. Sentados en el sofá ante unas tazas de café ambos explicaron la aventura nocturna y la ya ex prostituta contó su triste historia, ampliándola con su vida en el pobre país de origen, el falso matrimonio con un español que en cuanto bajaron del avión le quitó el pasaporte y la dejó en manos de los proxenetas. Incluso soltó alguna lagrimita ante el joven y atractivo matrimonio.
Sonia tenia tan buen corazón como su marido y aunque un poco mas desconfiada le ofreció a la hermosa caribeña una habitación en su casa. Le ofreció una ducha y casi antes de poder ponerse uno de los vaporosos camisones de Sonia estaba dormida en la pequeña cama de la habitación de invitados. Manolo y ella pensaron en explicarle a los vecinos que ella era una compañera de estudios de la joven esposa mientras permaneciera en su casa.
E inmediatamente se fueron a su dormitorio para ampliar el cariñoso recibimiento que Manolo se merecía. Este no podía apartar las manos del cuerpo de su esposa y le iba subiendo la falda mientras se dirigían a la enorme cama de matrimonio. La atrapó por la cintura y besaba sus hombros y su cuello con verdadera pasión a la vez que amasaba los enormes pero bien formados pechos. Manolo recordando el firme culo de la invitada pegaba la dura polla a las nalgas poderosas de Sonia. Deslizando sus manos por debajo de la falda le acarició la parte delantera de los muslos acariciando el monte de venus suavemente por encima de la lycra, bajó el tanga hasta sacárselo por los pies, momento que aprovechó para agachándose deslizar la cara por su culo, mordisquear suavemente las nalgas y pasar la lengua por la rajita hasta el ano. En el otro dormitorio la joven invitada oía medio en sueños los ruidos de la pareja amándose. Sonia ya entregada se agachó arrodillándose sobre la cama para permitirle el acceso más cómodo posible, mientras disfrutaba de la húmeda caricia en su agujero más intimo.
Manolo empezó a besar la piel de las nalgas y la espalda subiendo lamiendo por la línea de la columna mientras le subía el vestido hasta sacárselo por la cabeza. Ella ya desnuda pero impaciente esperó a que él se arrancara la ropa y volviera a comerle las nalgas, a lamer su ano ensalivándolo bien como preparación a la lenta y delicada penetración. Le puso el glande en la entrada y fue empujando despacio casi sin necesidad de guiarla con su mano pues los días sin follar en la carretera y la imaginación pensando en los pechitos de Sandra conseguían una extraordinaria dureza en su polla. Lentamente la follaba despacio acariciando sus pechos o pasando una mano por debajo de sus anchas caderas con el dedo ensalivado para excitar su clítoris, Sonia jadeaba, suspiraba aunque intentaba controlarse para no despertar a Sandra, y Manolo bufaba sintiendo como el culito de su esposa apretaba su rabo como queriendo exprimirlo. Hasta que se corrió dentro de ella aún siguió entrando y saliendo durante un rato pues parecía que su polla no quería quedarse en reposo. Cuando por fin bajó la dureza se la sacó para inmediatamente pasar a comerle otra vez el culito, el semen que rezumaba de su ano y los jugos que la excitación hacían brotar de su coñito al que alcanzaba perfectamente teniéndola puesta a cuatro patas. Manolo agotado tras la noche de volante se quedó dormido al poco rato mientas su esposa le acariciaba el cabello y le besaba en la frente.
Entonces se puso el ligero vestido y fue a comprobar como su invitada seguía durmiendo algo inquieta, la sábana se le había recogido a los pies y los morenos muslos quedaban a la vista hasta las braguitas que le había prestado. Uno de sus pechos morenos y el oscuro pezón de pequeño tamaño asomaba por el tirante del leve camisón algunas tallas más grandes de lo que debería. Algo se removía en el fondo de su corazón la veía como alguien desvalido, a quien proteger y por otro lado la belleza de la muchacha la había conmovido y recordaba sus experiencias juveniles con amigas, la investigación sobre el sexo que le llevó a sus primeras experiencias lésbicas. Todo a su debido tiempo la joven se quedaría con ellos al menos unos días. El tiempo necesario para despistar por si alguien la perseguía y ayudarla a comenzar una nueva vida, no la iba a liberar de la esclavitud para lanzarla a la pobreza.
Contenta y sin las braguitas, olvidadas en el dormitorio se puso a hacer las faenas de la casa, al cabo de un par de horas Sandra despertó asustada por que no sabía dónde se encontraba. Sonia alarmada al oír el ruido acudió al dormitorio para verla acurrucada contra la pared. Despertada su ternura se sentó en la cama junto a ella la acogió entre sus brazos y besando su suave y negrísimo cabello le repetía estas a salvo, nadie va a hacerte daño.
Te vamos a cuidar. Poco a poco se fue tranquilizando y automáticamente empezó a responder a las caricias de la rubia. Deslizó sus brazos por su espalda abrazándola y masajeando suavemente su espalda o arañando suavemente la línea de la columna sus pechos apenas cubiertos por las livianas telas se rozaban consiguiendo poner duros los pezones de ambas y el primer beso suave en los labios fue algo completamente natural. Sonia acariciaba la negra melena y la cogió de la mandíbula mientras los besos se fueron haciendo mas apasionados y las lenguas empezaban a entrar en acción. Cuando Sandra deslizó una mano por sus muslos en una leve caricia. Avanzando cada vez mas descubrió que la rubia no llevaba bragas. Deslizo dos de sus dedos hasta su coñito y apartando el vello fino y rubio le acarició los labios de la vulva que se abrieron solos a la caricia, descubriendo como pétalos de una flor el anhelante clítoris. Un gemido de placer escapó de sus labios. Sonia casi desmayada de placer intentó apartarla y decirle que no era necesario que la recibían de buena gana y ella contestó que quería hacerlo, se inclinó y retirando los tirantes del camisón dejó al descubierto los pechos pequeños cónicos y bien firmes de su invitada y pasó a mamarlos y acariciarlos con sus labios, con la lengua tierna, haciéndola suspirar. Lo que temía se había producido antes de lo esperado así que rindiéndose a lo inevitable se separó solo un segundo para quitarse el vestido y sacarle la negligé a la invitada.
Recostadas en la cama se besaban sin prisa las lenguas cada vez mas atrevidas mientras las manos recorrían sin descanso el cuerpo de la otra. Sandra seguía investigando el coñito de la rubia mientras esta dedicaba sus atenciones a su firme y prieto culito, sus nalgas eran amasadas y acariciadas. De pronto la ex prostituta se colocó encima de ella y paso a besar sus hombros, lamer los pechos grandes claros poderosos y meterse los pezones de grandes areolas en la boca mientras su cuerpo sinuoso se frotaba contra el de la rubia, seguía bajando por el vientre hasta el ombligo donde metió la lengua mientras los pechos duros rozaban adrede el monte de venus de su amante. Los pezones en el clítoris fueron un descubrimiento nuevo pues Sandra era capaz de manejarlos como si de un dedo se tratara acariciándola con un fino control. Pero seguía bajando la lengua, ya lamía los vellos rubios y por fin llegó a la vulva que abierta la esperaba anhelante. Sonia se retorcía de placer con los muslos bien abiertos mientras la morena le proporcionaba todo el placer que podía como expresión de su agradecimiento. Sus sabias caricias apasionadas despertaban los rincones de su coñito haciéndola suspirar. Con los poderosos muslos bien abiertos y la morenita acurrucada entre ellos pensaba que solo la presencia de su marido haciendo gozar a la belleza invitada podía hacer completo el instante de placer.
Pero Manolo aun dormía el sueño de los justos por completo ajeno a los planes de las dos chicas que se estaban amando en el dormitorio de al lado. Con el sabor de varios de sus orgasmos en su lengua y labios Sandra besó a Sonia en la boca y se volvió a acurrucar entre sus brazos como buscando la protección que no ha tenido hasta ahora. Sonia también quería hacerla gozar pero ella dice:
-Espera quiero disfrutar de vosotros, quiero haceros sentir lo agradecida que os estoy, incluso quiero daros el dinero que he conseguido ahorrar de las propinas que me daban los clientes-. Se estiró para alcanzar su bolso olvidado en la mesilla y sobre el generoso pecho de Sonia dejó caer una pequeña fortuna en billetes.
-Pero criatura... ¿tú estas bien de la cabeza? Todo eso es tuyo, nosotros no te pedimos nada-.
-Sois tan buenos conmigo que quiero... haceros felices-.
-Bueno a mí me estas haciendo muy feliz así desnuda encima de mí, y seguro que a Manolo le pasaría lo mismo, te quiero junto a nosotros-.
Y volvió a besarla con toda su pasión.
-Ahora solo tenemos que buscar una forma de decírselo, cosa que no creo difícil. Ahora me toca a mí hacerte un poco más feliz a ti.
Con los muslos a ambos lados de la rubia cabeza Sandra hizo descender su coñito sobre la boca y la lengua y durante un buen rato su clítoris, los labios hasta donde alcanzaba la inquisitiva lengua dentro de la vagina y hasta el perineo y el ano recibieron las caricias húmedas de la mujer del camionero. Los ojos azules de deslizaban por el vientre plano y los pechitos morenos y sus manos no estaban quietas: de las nalgitas, por la espalda a los pechos y hombros por delante toda la piel que alcazaba tocaba y acariciaba. Varias veces se corrió la caribeña sobre la boca golosa pero esta no paraba. Aún así su cabeza no había dejado de darle vueltas al asunto de su marido y decidió que un ataque directo era lo mejor. Se aproximaba la hora de la comida cuando el chico despertaba solo y hambriento.
Decidiendo que un ataque frontal era la mejor estrategia agarró a Sandra de la mano y desnudas como vinieron al mundo se fueron al dormitorio donde Manolo dormía desnudo con la sábana recogida entre las piernas y la polla dura por los sueños apuntando al ombligo. Cada una se puso a un lado y entre las dos se pusieron a comerle el rabo que inmediatamente al sentir las lenguas dulces y cariñosas dio un salto como reacción. Un dulce despertar con las dos bellezas junto a su polla y los culitos desnudos casi junto a su cabeza. Así que aprovechó y deslizó sus manos por el culito blanco y por el culito moreno hasta que sus dedos índices investigando alcanzaron los dos coñitos cachondos que chorreaban jugos.
La sorpresa quedaba muy diluida por lo que sentía en su polla, la lengua de la morenita empezaba a investigar sus huevos peludos mientas su mujer se dedicaba al hermoso tronco, o cambiaban y la ex putilla se metía le glande en la boca para apretarlo mientras la rubia se dedicaba a los peludos testículos y en cuanto abrió las piernas al perineo. Sonia quería, con algo de cargo de conciencia por haber sido la primera en beneficiarse a la invitada, ver a su marido follarse a la caribeña, con una leve indicación la hizo darse la vuelta, subirse encima de él y sosteniendo ella misma las nalgas duras, las fue bajando despacio mientras contemplaba como el duro miembro de su chico penetraba en el coñito dulce y ella misma la guiaba en la penetración y así la hizo cabalgarlo mientras ella se sentaba sobre su cara para que el chico le comiera el clítoris con la maestría que le caracterizaba. Manolo con la lengua ocupada con los labios de la vulva, el perineo y hasta el ano de su esposa y las manos amasando las nalgas de esta sentía el sinuoso cuerpo de Sandra moviéndose sobre su vientre hasta clavarse la polla en lo más hondo del delicioso coñito. No lo veía, no podía tocarlo pero sentía el rabo apretado durante unos momentos, quieta, acomodándolo en su interior solo con los músculos de la vagina, luego sintió todo el movimiento como si quisiera exprimírselo. Las dos chicas se besaban con furia, la lengua de la caribeña recorría la boca ansiosa y le amasaba los desarrollados pechos con una atención especial a los rosaditos pezones duros.
Ninguno de los tres estaba quieto, ninguno podía parar dando todo el placer posible y recibiéndolo de los demás. Sonia fue la primera en correrse, sus abundantes jugos se deslizaban por la barbilla de su hábil marido. Al sentirlos en la lengua este descargó el semen en la vagina de la caribeña ardiente y ella inmediatamente recibiendo las caricias de la cariñosa pareja derramó la mejor corrida que había tenido en mucho tiempo sobre los testículos empapados por sus jugos del camionero. Agotados por las emociones del día se dejaron caer encima del chico besándolo ambas por el placer recibido. Las lenguas de ambas competían por entrar en su boca y jugar con la de Manolo.
Este no perdía la oportunidad de acariciar los deseables cuerpos desnudos mientras pensaba en todo lo que estaba pasando. Entre las dos le habían dejado la polla en carne viva y no tenía ninguna explicación para ello. Cómo su joven novia había llegado a tal grado de complicidad con la extranjera. Y lo que les esperaba a partir de ahora. Cosa que su esposa pasa a explicarle con detalle mientras le da de comer. Sandra se quedará a vivir con ellos y a la ayudará en su pequeño negocio haciéndole compañía mientras él esta fuera en sus rutas. Y cuando llegue le espera una cariñosa bienvenida por parte de las dos chicas. La hermosa caribeña abre los ojos negros ante el plan y tan cariñoso recibimiento que no esperaba.
Tras la comida y para ayudarle a reponer fuerzas lo sientan en un cómodo sillón mientras Sonia le enseña a su chico algunas habilidades que él no le conocía. Sobre el sofá del salón agarra a la caribeña y la coloca a cuatro patas, ella se sitúa detrás y con la habilidosa lengua le recorre las nalgas cada vez mas dentro de la rajita hasta alcanzar el ano rugoso, lamiendo los alrededores o intentando penetrar en él con la lengua. Baja por el perineo buscando el coñito moreno, los labios finos ofrecen el tesoro del clítoris solo con un roce mínimo y su dueña suspira y goza de la caricia de su amiga, de su amante. Manolo comienza a explicarse el grado complicidad entre las dos chicas por que hasta entonces desconocía las habilidades lésbicas de su novia.
Pero esta noche cuando la puerta del pasajero se abre sube a la ajada cabina una chica morena de cabello, de piel oscura y rasgos entre sudamericanos y algo de mulata, es muy guapa y su cuerpo por lo que se ve a la difusa luz del panel de instrumentos es algo impresionante. Los pechos firmes y duros parecen querer romper la tela de la camiseta estrecha y de profundo escote. Los muslos desnudos y torneados salen de un pantaloncito tan corto que medio culo firme y redondito queda fuera de él. El ombligo bronceado está adornado con un pircing, una media luna de plata. La chica con un acento insinuante que recuerda las palmeras y el profundo azul del mar caribe le cuenta con gran profusión de cariños, cielos y amores que se ha escapado del prostíbulo que él acaba de pasar donde la tenían retenida contra su voluntad. Manolo se ha dado cuenta que nadie sabe de la fuga y que los posibles matones de medio pelo nunca podrían seguirle la pista a su camión de entre todos los que pasan por esa carretera.
Se siente a salvo y tranquiliza a la chica que al poco rato se queda dormida en el asiento, Manolo la cubre con su chaqueta y sigue conduciendo.
Tras coger dos desvíos que su ruta exigía se detiene a desayunar e invita a la chica, Sandra agradecida ve cómo los demás camioneros lo miran con envidia, acompañado de esa belleza. Ella se arrima mucho a su brazo y su pecho casi desnudo se pega a su poderoso bíceps cuando ella le agarra del brazo y le besa en la boca sin reparos excitándole casi sin proponérselo. Manolo piensa en cómo se lo va a explicar a su joven novia Sonia con la que vive, cuando un rato mas tarde aparque el camión a la puerta de su casa. A la vez se siente responsable de la desvalida que ha recogido en el camino. Al fin se da cuenta de que solo la verdad es la única solución para salir del embrollo.
Sonia vestida solo con un leve vestido de tirantes, salió a recibirlo en cuanto oyó el ruido del poderoso motor, con un cariñoso beso con lengua apretándose a su cuerpo. De pronto oyó el sonido de la otra puerta de la cabina y vio los largos muslos morenos y el precioso y casi desnudo culo de Sandra bajar por la escalerilla. Un breve arrebato de celos le hizo arrugar el sensual morrito, pero un poderoso abrazo de los bíceps de oso de su novio y las fuertes manos recorriendo sus nalgas sin ningún disimulo le hizo pesar que si hubiera algo entre su chico y la sensual morena no la habría traído a su propia casa. Sentados en el sofá ante unas tazas de café ambos explicaron la aventura nocturna y la ya ex prostituta contó su triste historia, ampliándola con su vida en el pobre país de origen, el falso matrimonio con un español que en cuanto bajaron del avión le quitó el pasaporte y la dejó en manos de los proxenetas. Incluso soltó alguna lagrimita ante el joven y atractivo matrimonio.
Sonia tenia tan buen corazón como su marido y aunque un poco mas desconfiada le ofreció a la hermosa caribeña una habitación en su casa. Le ofreció una ducha y casi antes de poder ponerse uno de los vaporosos camisones de Sonia estaba dormida en la pequeña cama de la habitación de invitados. Manolo y ella pensaron en explicarle a los vecinos que ella era una compañera de estudios de la joven esposa mientras permaneciera en su casa.
E inmediatamente se fueron a su dormitorio para ampliar el cariñoso recibimiento que Manolo se merecía. Este no podía apartar las manos del cuerpo de su esposa y le iba subiendo la falda mientras se dirigían a la enorme cama de matrimonio. La atrapó por la cintura y besaba sus hombros y su cuello con verdadera pasión a la vez que amasaba los enormes pero bien formados pechos. Manolo recordando el firme culo de la invitada pegaba la dura polla a las nalgas poderosas de Sonia. Deslizando sus manos por debajo de la falda le acarició la parte delantera de los muslos acariciando el monte de venus suavemente por encima de la lycra, bajó el tanga hasta sacárselo por los pies, momento que aprovechó para agachándose deslizar la cara por su culo, mordisquear suavemente las nalgas y pasar la lengua por la rajita hasta el ano. En el otro dormitorio la joven invitada oía medio en sueños los ruidos de la pareja amándose. Sonia ya entregada se agachó arrodillándose sobre la cama para permitirle el acceso más cómodo posible, mientras disfrutaba de la húmeda caricia en su agujero más intimo.
Manolo empezó a besar la piel de las nalgas y la espalda subiendo lamiendo por la línea de la columna mientras le subía el vestido hasta sacárselo por la cabeza. Ella ya desnuda pero impaciente esperó a que él se arrancara la ropa y volviera a comerle las nalgas, a lamer su ano ensalivándolo bien como preparación a la lenta y delicada penetración. Le puso el glande en la entrada y fue empujando despacio casi sin necesidad de guiarla con su mano pues los días sin follar en la carretera y la imaginación pensando en los pechitos de Sandra conseguían una extraordinaria dureza en su polla. Lentamente la follaba despacio acariciando sus pechos o pasando una mano por debajo de sus anchas caderas con el dedo ensalivado para excitar su clítoris, Sonia jadeaba, suspiraba aunque intentaba controlarse para no despertar a Sandra, y Manolo bufaba sintiendo como el culito de su esposa apretaba su rabo como queriendo exprimirlo. Hasta que se corrió dentro de ella aún siguió entrando y saliendo durante un rato pues parecía que su polla no quería quedarse en reposo. Cuando por fin bajó la dureza se la sacó para inmediatamente pasar a comerle otra vez el culito, el semen que rezumaba de su ano y los jugos que la excitación hacían brotar de su coñito al que alcanzaba perfectamente teniéndola puesta a cuatro patas. Manolo agotado tras la noche de volante se quedó dormido al poco rato mientas su esposa le acariciaba el cabello y le besaba en la frente.
Entonces se puso el ligero vestido y fue a comprobar como su invitada seguía durmiendo algo inquieta, la sábana se le había recogido a los pies y los morenos muslos quedaban a la vista hasta las braguitas que le había prestado. Uno de sus pechos morenos y el oscuro pezón de pequeño tamaño asomaba por el tirante del leve camisón algunas tallas más grandes de lo que debería. Algo se removía en el fondo de su corazón la veía como alguien desvalido, a quien proteger y por otro lado la belleza de la muchacha la había conmovido y recordaba sus experiencias juveniles con amigas, la investigación sobre el sexo que le llevó a sus primeras experiencias lésbicas. Todo a su debido tiempo la joven se quedaría con ellos al menos unos días. El tiempo necesario para despistar por si alguien la perseguía y ayudarla a comenzar una nueva vida, no la iba a liberar de la esclavitud para lanzarla a la pobreza.
Contenta y sin las braguitas, olvidadas en el dormitorio se puso a hacer las faenas de la casa, al cabo de un par de horas Sandra despertó asustada por que no sabía dónde se encontraba. Sonia alarmada al oír el ruido acudió al dormitorio para verla acurrucada contra la pared. Despertada su ternura se sentó en la cama junto a ella la acogió entre sus brazos y besando su suave y negrísimo cabello le repetía estas a salvo, nadie va a hacerte daño.
Te vamos a cuidar. Poco a poco se fue tranquilizando y automáticamente empezó a responder a las caricias de la rubia. Deslizó sus brazos por su espalda abrazándola y masajeando suavemente su espalda o arañando suavemente la línea de la columna sus pechos apenas cubiertos por las livianas telas se rozaban consiguiendo poner duros los pezones de ambas y el primer beso suave en los labios fue algo completamente natural. Sonia acariciaba la negra melena y la cogió de la mandíbula mientras los besos se fueron haciendo mas apasionados y las lenguas empezaban a entrar en acción. Cuando Sandra deslizó una mano por sus muslos en una leve caricia. Avanzando cada vez mas descubrió que la rubia no llevaba bragas. Deslizo dos de sus dedos hasta su coñito y apartando el vello fino y rubio le acarició los labios de la vulva que se abrieron solos a la caricia, descubriendo como pétalos de una flor el anhelante clítoris. Un gemido de placer escapó de sus labios. Sonia casi desmayada de placer intentó apartarla y decirle que no era necesario que la recibían de buena gana y ella contestó que quería hacerlo, se inclinó y retirando los tirantes del camisón dejó al descubierto los pechos pequeños cónicos y bien firmes de su invitada y pasó a mamarlos y acariciarlos con sus labios, con la lengua tierna, haciéndola suspirar. Lo que temía se había producido antes de lo esperado así que rindiéndose a lo inevitable se separó solo un segundo para quitarse el vestido y sacarle la negligé a la invitada.
Recostadas en la cama se besaban sin prisa las lenguas cada vez mas atrevidas mientras las manos recorrían sin descanso el cuerpo de la otra. Sandra seguía investigando el coñito de la rubia mientras esta dedicaba sus atenciones a su firme y prieto culito, sus nalgas eran amasadas y acariciadas. De pronto la ex prostituta se colocó encima de ella y paso a besar sus hombros, lamer los pechos grandes claros poderosos y meterse los pezones de grandes areolas en la boca mientras su cuerpo sinuoso se frotaba contra el de la rubia, seguía bajando por el vientre hasta el ombligo donde metió la lengua mientras los pechos duros rozaban adrede el monte de venus de su amante. Los pezones en el clítoris fueron un descubrimiento nuevo pues Sandra era capaz de manejarlos como si de un dedo se tratara acariciándola con un fino control. Pero seguía bajando la lengua, ya lamía los vellos rubios y por fin llegó a la vulva que abierta la esperaba anhelante. Sonia se retorcía de placer con los muslos bien abiertos mientras la morena le proporcionaba todo el placer que podía como expresión de su agradecimiento. Sus sabias caricias apasionadas despertaban los rincones de su coñito haciéndola suspirar. Con los poderosos muslos bien abiertos y la morenita acurrucada entre ellos pensaba que solo la presencia de su marido haciendo gozar a la belleza invitada podía hacer completo el instante de placer.
Pero Manolo aun dormía el sueño de los justos por completo ajeno a los planes de las dos chicas que se estaban amando en el dormitorio de al lado. Con el sabor de varios de sus orgasmos en su lengua y labios Sandra besó a Sonia en la boca y se volvió a acurrucar entre sus brazos como buscando la protección que no ha tenido hasta ahora. Sonia también quería hacerla gozar pero ella dice:
-Espera quiero disfrutar de vosotros, quiero haceros sentir lo agradecida que os estoy, incluso quiero daros el dinero que he conseguido ahorrar de las propinas que me daban los clientes-. Se estiró para alcanzar su bolso olvidado en la mesilla y sobre el generoso pecho de Sonia dejó caer una pequeña fortuna en billetes.
-Pero criatura... ¿tú estas bien de la cabeza? Todo eso es tuyo, nosotros no te pedimos nada-.
-Sois tan buenos conmigo que quiero... haceros felices-.
-Bueno a mí me estas haciendo muy feliz así desnuda encima de mí, y seguro que a Manolo le pasaría lo mismo, te quiero junto a nosotros-.
Y volvió a besarla con toda su pasión.
-Ahora solo tenemos que buscar una forma de decírselo, cosa que no creo difícil. Ahora me toca a mí hacerte un poco más feliz a ti.
Con los muslos a ambos lados de la rubia cabeza Sandra hizo descender su coñito sobre la boca y la lengua y durante un buen rato su clítoris, los labios hasta donde alcanzaba la inquisitiva lengua dentro de la vagina y hasta el perineo y el ano recibieron las caricias húmedas de la mujer del camionero. Los ojos azules de deslizaban por el vientre plano y los pechitos morenos y sus manos no estaban quietas: de las nalgitas, por la espalda a los pechos y hombros por delante toda la piel que alcazaba tocaba y acariciaba. Varias veces se corrió la caribeña sobre la boca golosa pero esta no paraba. Aún así su cabeza no había dejado de darle vueltas al asunto de su marido y decidió que un ataque directo era lo mejor. Se aproximaba la hora de la comida cuando el chico despertaba solo y hambriento.
Decidiendo que un ataque frontal era la mejor estrategia agarró a Sandra de la mano y desnudas como vinieron al mundo se fueron al dormitorio donde Manolo dormía desnudo con la sábana recogida entre las piernas y la polla dura por los sueños apuntando al ombligo. Cada una se puso a un lado y entre las dos se pusieron a comerle el rabo que inmediatamente al sentir las lenguas dulces y cariñosas dio un salto como reacción. Un dulce despertar con las dos bellezas junto a su polla y los culitos desnudos casi junto a su cabeza. Así que aprovechó y deslizó sus manos por el culito blanco y por el culito moreno hasta que sus dedos índices investigando alcanzaron los dos coñitos cachondos que chorreaban jugos.
La sorpresa quedaba muy diluida por lo que sentía en su polla, la lengua de la morenita empezaba a investigar sus huevos peludos mientas su mujer se dedicaba al hermoso tronco, o cambiaban y la ex putilla se metía le glande en la boca para apretarlo mientras la rubia se dedicaba a los peludos testículos y en cuanto abrió las piernas al perineo. Sonia quería, con algo de cargo de conciencia por haber sido la primera en beneficiarse a la invitada, ver a su marido follarse a la caribeña, con una leve indicación la hizo darse la vuelta, subirse encima de él y sosteniendo ella misma las nalgas duras, las fue bajando despacio mientras contemplaba como el duro miembro de su chico penetraba en el coñito dulce y ella misma la guiaba en la penetración y así la hizo cabalgarlo mientras ella se sentaba sobre su cara para que el chico le comiera el clítoris con la maestría que le caracterizaba. Manolo con la lengua ocupada con los labios de la vulva, el perineo y hasta el ano de su esposa y las manos amasando las nalgas de esta sentía el sinuoso cuerpo de Sandra moviéndose sobre su vientre hasta clavarse la polla en lo más hondo del delicioso coñito. No lo veía, no podía tocarlo pero sentía el rabo apretado durante unos momentos, quieta, acomodándolo en su interior solo con los músculos de la vagina, luego sintió todo el movimiento como si quisiera exprimírselo. Las dos chicas se besaban con furia, la lengua de la caribeña recorría la boca ansiosa y le amasaba los desarrollados pechos con una atención especial a los rosaditos pezones duros.
Ninguno de los tres estaba quieto, ninguno podía parar dando todo el placer posible y recibiéndolo de los demás. Sonia fue la primera en correrse, sus abundantes jugos se deslizaban por la barbilla de su hábil marido. Al sentirlos en la lengua este descargó el semen en la vagina de la caribeña ardiente y ella inmediatamente recibiendo las caricias de la cariñosa pareja derramó la mejor corrida que había tenido en mucho tiempo sobre los testículos empapados por sus jugos del camionero. Agotados por las emociones del día se dejaron caer encima del chico besándolo ambas por el placer recibido. Las lenguas de ambas competían por entrar en su boca y jugar con la de Manolo.
Este no perdía la oportunidad de acariciar los deseables cuerpos desnudos mientras pensaba en todo lo que estaba pasando. Entre las dos le habían dejado la polla en carne viva y no tenía ninguna explicación para ello. Cómo su joven novia había llegado a tal grado de complicidad con la extranjera. Y lo que les esperaba a partir de ahora. Cosa que su esposa pasa a explicarle con detalle mientras le da de comer. Sandra se quedará a vivir con ellos y a la ayudará en su pequeño negocio haciéndole compañía mientras él esta fuera en sus rutas. Y cuando llegue le espera una cariñosa bienvenida por parte de las dos chicas. La hermosa caribeña abre los ojos negros ante el plan y tan cariñoso recibimiento que no esperaba.
Tras la comida y para ayudarle a reponer fuerzas lo sientan en un cómodo sillón mientras Sonia le enseña a su chico algunas habilidades que él no le conocía. Sobre el sofá del salón agarra a la caribeña y la coloca a cuatro patas, ella se sitúa detrás y con la habilidosa lengua le recorre las nalgas cada vez mas dentro de la rajita hasta alcanzar el ano rugoso, lamiendo los alrededores o intentando penetrar en él con la lengua. Baja por el perineo buscando el coñito moreno, los labios finos ofrecen el tesoro del clítoris solo con un roce mínimo y su dueña suspira y goza de la caricia de su amiga, de su amante. Manolo comienza a explicarse el grado complicidad entre las dos chicas por que hasta entonces desconocía las habilidades lésbicas de su novia.
sábado, 14 de marzo de 2009
En el bar (por la rubia)
Estaba cachonda, caliente y aquel imbecil me había dado plantón, probablemente estaba casado y no se había atrevido a decírmelo. Bueno él se lo perdía. Pero yo tenia ganas de un cuerpo firme y masculino sobre mí. Manteniéndome apretada contra el colchón mientras se introducía con lentitud dentro de mí. Desde luego que tenía ganas de que alguien me follara o quizá de fallármelo yo. Mi mente y mi pensamiento volvían sobre ello una y otra vez haciendo que mis jugos mojaran las bragas que llevaba y me había quedado sin plan. Me sentía húmeda. El bar se iba vaciando y ninguno de los clientes parecía prestarme atención o ser digno de que yo se la prestara él. Pero el camarero sí. Es muy joven, me dije, y qué mas da, me dije después. Es muy guapo, y los músculos aunque no excesivos se marcaban por la fina tela blanca de su camisa. Hacía mucho calor allí dentro aunque fuera parecía a punto de nevar. Me fui al baño y me saqué las bragas para guardarlas en el bolso no sin antes haberlas olido. El perfume a sexo inundó mis fosas nasales. Iba a excitarlo a volverle loco y a comérmelo allí mismo. Lo deseaba de una forma animal e instintiva. Me abrí el escote un poco mas y me subí los pechos hasta dejar el borde de la areola justo sobre la línea del encaje de las copas del sujetador. Cuando volvió a mi mesa le pedí otra consumición dejándole que observara a placer la curva de mis senos comprimidos y el profundo canal entre ellos. Cuando se marchó la última parejita que había estado haciéndose arrumacos cerca de mí y poniéndome aun más nerviosa abrí las piernas al máximo para que pudiera ver lo que le esperaba. Había esta guiñándole el ojo durante un buen rato, si no eran suficientes pistas solo me faltaba ponerme a dar botes desnuda sobre el mostrador, lo que era exactamente mi intención. Bueno todo llegaría. Pero el chico no era tonto, cuando de la forma mas insinuante que pude le pregunté lo que le debía me contestó que un beso, y por fin pude sentir su carne. El beso que empezó siendo suave terminó largo, jugoso, con un montón de lengua y saliva por ambas partes, mi mano en su nuca le impedía retirarse ni para respirar. Aproveché para catar la firmeza de su culo, de sus nalgas fuertes y musculosas. Solo le dejé marchar para que pudiera echar la cortina metálica a la entrada y nadie pudiera molestarnos. Y cuando volvió, de inmediato volví a cogerle para deshacerme de su camisa que tanto me molestaba. Mas de un botón rodó por el suelo. Lo besé en el cuello mordiéndolo como una vampira. Bajé por su pecho dejando adrede mi carmín en su piel como un efímero recuerdo del rato de pasión. Le comí los pezones pequeños y duros, oscuros sin vello. Lamí su vientre hasta que metí la lengua en el ombligo. Pensé que se había quedado manco pero sentía sus manos fuertes en mis nalgas desnudas aprovechando que había recogido mi corta falda, amasándolas, sujetándolas, aprentándolas o acariciándolas más suave, deslizando un dedo incluso en el canal de las nalgas hasta introducirse en el ano. La falda ya recogida del todo en la cintura no era ningún impedimento para sus caricias cada vez más atrevidas. Subió las manos por mis costados para levantarme y llevándolas a mi vientre soltó los pocos botones que le quedaban abrochados a la blusa, para bajarla de los hombros y sacármela por los brazos. Ni me acordaba de la pulsera donde se quedó enganchada un segundo. Consiguió liberar mis pechos usando una sola mano para soltarme el sujetador. Una hábil maniobra que me gustaría saber con quien había aprendido, quizá me gustaría jugar con ella también. Estirando mis brazos dejé que me lo bajara hasta las manos y los aros de la prenda rozaron su vientre. De ahí cayó al suelo donde quedó olvidada. Bambolee un poco los pechos en su honor manteniéndolo cercado en la barra. Él de inmediato se inclinó para besarlos, su lengua juguetona me los excitaba con sabiduría acariciando suave las areolas, mordisqueando suavemente o sorbiendo los pezones entre sus labios. Besaba todo el volumen del pecho, con sus dulces labios, excitándome aún más. Teniéndolo inclinado sobre mis tetas solo alcancé a bajarle los pantalones estirando al máximo los brazos. Entonces muy a mi pesar se separó lo justo como para sacarse las playeras y los pantalones tan deprisa que apenas pudo mantener el equilibrio. Se dejó un ajustado slip de licra que me permitía adivinar el contorno de su perfecta polla. Inmediatamente me cogió del culo y levantándome con una fuerza que yo no sospechaba me depositó sobre el mostrador donde se puso a lamer mi coñito. Que maestría en su forma de manejar la lengua, sin usar los dedos que no dejaban de acariciarme los muslos o los pechos y el vientre, la vulva se abrió sola a sus caricias, los labios ofreciendo ellos solos y actuando casi como una parte separada de mí, sin control consciente entregando el tesoro de mi clítoris hinchado a la legua juguetona. Abrí los muslos a todo lo que daban de sí las caderas para permitirle cada vez más fácil acceso a mi tesoro. Ni se las veces que me corrí mientras él se esforzaba por recorrerme hasta el perineo buscando mi culito con su lengua. Decidida a darle acceso a todas las partes de mi cuerpo, giré sobre el granito del mostrador quedando a cuatro patas y dejando a su alcance toda mi grupa. De forma inmediata abrió mis poderosas nalgas con las manos para alcanzar con la lengua el agujerito de mi culo. Allí de una forma deliciosa se entretuvo durante mucho rato recorriéndolo completo del coñito al ano. Mordisqueando las nalgas o lamiéndolas y besándolas con toda la ternura de que era capaz. Estaba en un orgasmo casi continuo, quería averiguar donde había aprendido a complacer de esa forma a una mujer siendo tan joven, y sentía cierta envidia de la mala pécora que le había enseñado todos esos trucos. Era imposible que yo le pudiera coger el rabo y devolverle el placer que me estaba dando y ya había tenido no sé cuantos orgasmos. Suspirando, por fin pude decirle: bájame de aquí, quiero sentir tu rabo en mi interior, quiero devolver todo el placer que me estas dando. Cogida de su mano me dejé conducir al fondo de un pequeño almacén. Allí sobre una estrecha litera conseguí hacerme con su rabo e inclinada sobre él lo besé con adoración.
jueves, 12 de marzo de 2009
En el concierto (continuacion en el pueblo)
Aunque la siguiente vez que la vi fue en el pueblo que le enseñé encantado. Sus rincones y los sitios en los que jugaba de niño. El calor y el breve vestido que lucía hizo que renováramos nuestros juegos allí donde la fantasía nos dictaba. Cuando le enseñé las máquinas de trabajo aparcadas en la era empezamos a besarnos y acariciarnos. Mi mano se deslizaba bajo la falda para acariciar los muslos bronceados subiendo por detrás agarrando las desnudas nalgas y bajar su tanga para metermelo en el bolsillo de mis shorts por los que su mano ya se había metido buscando mi culo. Separé mi lengua de la suya para metérsela en el oído y decirle: ¡quiero saborearte! Me tumbé en la hierba y ella se arrodilló junto a mi cabeza bajando lentamente la cadera sobre mi cara entre una máquina de sembrar y un arado. Orientada hacia mis pies en cuanto deposité un suave beso en los labios depilados de su vulva sentí como sus manos me abrían los pantalones cortos liberando el duro prisionero que allí se refugiaba. Lo masturbaba suavemente solo para mantener su dureza y permitirme a mi seguir con la tarea sin muchas distracciones. En eso estaba deslizando la lengua del clítoris firme pasando por sus labios finos introduciéndose todo lo posible dentro de su coñito; paseándolo por el perineo y penetrando el ano todo lo que podía. Yo estaba a oscuras cubierta la cabeza por la tela de su falda. Se inclinó hasta meterse mi polla en la boca clavándome aun más si era posible el coño en la boca. Comenzó a tragarse mi pene apretando el glande contra su paladar mientras le daba un buen repaso con la lengua juguetona besándome el tronco y se estiraba un poco mas hasta meterse los testículos en la boca. Me hizo doblar las piernas y separarlas para poder levantar el culo que también quería lamer para entonces tenia el short enrollado en un tobillo. Yo tenía un dedo alojado en su ano. Pero ella no paraba con su lengua. No quería ni hablar de follar, quería mi semen en su boca y no paró hasta que mi corrida le llegó a la lengua. De inmediato se giró sobre mi cuerpo y me besó con mi propia leche que pude saborear de sus labios cuando mi lengua los traspasó para jugar con la suya. Volví a ponerme los pantalones pero no le devolví el tanga. La llevé al regato donde nos bañábamos en verano y nos metimos desnudos en el agua donde volvimos a acariciarnos. Aunque el agua estaba fría ante su magnífico cuerpo y sus jugueteos mi polla volvió a ponerse en condiciones y dentro del agua me hizo follarle el culito lubricándolo solo con el agua. Yo sentado en una piedra y ella sobre mí clavándosela con suavidad. Menos mal que aun era temprano y no fue nadie por allí. Una vez limpitos la llevé a la nave de una amiga pastora que tenia el aprisco cerca de allí. Nos fuimos a charlar tumbados en su pajar. Los presenté y de inmediato parecieron caerse bien compartiendo una botella de refresco le contamos nuestra historia; primero lo mío con la pastora y mi primo con los que compartíamos baños desnudos en el regato. Luego con Sonia cuyos muslos largos desnudos salían del vestido recogido casi hasta enseñar el tanga que ya se había puesto. Mi amiga también lucia sus largas y morenas piernas saliendo de un pantalón de deporte ajustado y aun más corto que mi short que era lo único que tenia puesto. Una camiseta recortada de la pastora que nos mostraba la parte inferior de sus pechos estando recostada en esa postura. Todo eso era nuestro atuendo pues todos estábamos ya descalzos. Sonia riendo le dijo a la pastora que puesto que yo me había acostado con las dos lo justo era que ellas hicieran el amor. La sonrisa de mi amiga denunció que la idea no le desagradaba y fue ella la que se aproximó a la chica de la capital para tumbarse sobre ella. Comenzaron a besarse suavemente Yo agradecí el descanso que me ofrecían además de disfrutar del espectáculo. Sonia metió la mano por debajo de la camiseta de mi amiga buscando sus pechos. En cuanto se hizo con sus pezones estiró el cuello y soltó un gemido profundo. Sonia aprovecho que habían separado el beso para sacarle la camiseta y apoderarse de sus tetitas con la boca. La lengua recorriendo sus pezones. Mi pastorcilla disfrutaba de esas caricias hasta que se decidió a actuar bajando los tirantes del vestido para besar y lamer los pechos de la visita. Siguió bajando para levantar su falda y atacarla justo entre sus preciosos muslos. Levantándolos y abriéndolos y besando primero por encima del tanga apartándolo justo para lamer sus labios. Entonces se lo quitó y se dedicó a comerle sin mas estorbos el completamente depilado coñito. Ahora le tocaba el turno a Sonia de suspirar y gemir mientras ella misma se acariciaba los pechos y retorcía los pezones. Mi amiga en una pausa para tomar aire le dijo: ¡espera, termina de desnudarte! Mientras se incorporaba y se sacaba el vestido. Directamente fue a por el coño de la pastora que esta vez quedó debajo tumbada de espaldas en la paja. Tirando de los muslos de su nueva amante se la colocó encima en un sesenta y nueve del que salían un montón de suspiros y gemidos de placer. Estaba claro que mis amigas se lo estaban pasando bien juntas y con el espectáculo y el descanso yo estaba empezando a reaccionar. Fue la pastora la que me hizo señas para que me acercara y le ayudara. Me puse a comerle el culo a Sonia mientras ella seguía lamiéndole el coño. Me saqué el short y me puse para follarla. La pastora cogió mi rabo con la mano y lo guió hasta la vulva de su nueva amiga y cuando la tuve ensartada del todo siguió usando la lengua sobre mis testículos y el clítoris, los muslos de ambos y toda la piel que pudo alcanzar. Yo, de rodillas no podía mas que dedicarme a lo que tenia entre manos, o más bien ensartado. Hasta que a mitad de faena nos obligó a separarnos y me hicieron tumbar a mí de espaldas en la paja. Se pusieron ambas a comerme la polla a dos bocas, cruzaban las lenguas con su sabor sobre ella. Me dejaron sus preciosos culitos al alcance de las manos para que siguiera acariciándolas y masturbándolas hasta que mi pastorcilla se decidió a subirse encima de mi polla y cabalgarme Sonia durante un rato mas le estuvo lamiendo los pechos hasta que se volvió a sentar sobre mi cara mirando a nuestra amiga a la que se puso a besar con pasión y acariciar. Como conocía el gusto de mis amigas por el semen las avisé de cuando iba a correrme y volvieron a lamerme la polla para recoger mi semen que luego compartimos en un beso a tres. Por supuesto Sonia invitó a la pastora a su casa cuando fuera a la ciudad. Y a su vez fue invitada a juguetear entre la paja cuando quisiera. La monté en el tractor y volvimos a mi casa donde volvimos a follar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)