sábado, 17 de abril de 2021

Trio con los vecinos

No la había perdido de vista desde dos manzanas atrás. Caminábamos una detrás de la otra, yo mirando fijamente el meneo de su cadera al andar. La pelirroja melena cruzando de lado a lado su espalda bien torneada. Desde que me había dado cuenta que era Sara la vecina del piso de arriba. De su ropa sexi y provocativa que me había llamado la atención aún antes de fijarme en que estaba siguiendo a una vecina. Yo volvía a casa de la universidad y ella de hacer alguna compra por que llevaba una bolsa y yo caminaba tras ella. No podía apartar la vista de su duro culo y su meneo. Era algo hipnótico. Siempre me había gustado su look. Ese día llevaba una blusa con los hombros desnudos, blanca y de estilo mexicano. Lo lógico habría sido llevar una falda larga de vuelo puede que plisada y también blanca semitrasparente o de flores muy colorida. Pero ella no es convencional, lleva lo que quiere. En este caso unas mallas blancas tan ajustadas como esmalte aplicado sobre madera. Solo el encaje de un sensual tanguita de encaje interrumpía el triángulito sobre las nalgas, la perfección de su culo. Todo ello resaltaba su perfecta piel bronceada. La rubia melena teñida y su cara expresiva, casi de rasgos duros. A mis diez y ocho años no podía presumir de demasiada experiencia real, ni con chicos ni con chicas. Apenas unos besos y caricias robados en la disco o en el portal. Más de un magreo, pero tampoco demasiados o acariciar alguna polla dura por encima de los vaqueros. Aunque un bonito cuerpo me atraiga por igual sea del sexo que sea. De frente venía su marido Juan justo a tiempo para cruzarnos en el portal. Estaba haciendo ejercicio y solo cubría su cuerpo bien trabajado con un ajustado pantalón de lycra, ni siquiera llevaba camiseta y lucia sus pectorales depilados cubiertos de gotas de sudor. No pude evitar deslizar la vista por su torso poderoso, la tableta de su vientre e incluso por el paquete bien marcado en el ajustado pantalón. Por un segundo creo que él se había dado cuenta de donde tenía clavados mis ojos, justo en el sitio en el que él puso su mano fuerte, agarrando la nalga con firmeza posesiva. Y lo hizo mirándome a los ojos, a mí, mientras la atraía hacia su cuerpo y la besaba profundamente y con lengua. Mientras Sara se colgaba de su cuello pegando sus tetas al poderoso pecho sin importarle su sudor. Un beso lascivo del que no me perdí detalle, viendo como sus lenguas se cruzaban dentro y fuera de sus bocas. Allí mismo justo detrás de la puerta del portal sin cortarse demostrándome la pasión que se tenían. Con todo eso yo ya me había excitado y mucho. Solo la tela de mis escasos shorts vaqueros contenía mi calentura. La humedad estaba calando mi tanguita de algodón sencillo. En un segundo mis pezones duros se empezaron a notar en la tela de la camiseta de tirantes a pesar del sujetador de una tela bastante fina. Pero mi timidez me impedía acercarme a ellos y buscar un acercamiento mas íntimo. Así que tuvieron que ser ellos, que me habían visto crecer en el mismo edificio, los que me invitaran a pasar el resto del día con ellos. Estaba tan acostumbrada a verla, a cruzarme con ella que me estaba perdiendo detalles. Por fin hicieron cómo que se daban cuenta de mi presencia y me saludaron con la misma simpatía de siempre. -¡Hola, preciosa! ¿qué tal? Marta. No sabía muy bien que contestar, estaba aún algo cortada por esa efusiva demostración de afecto. Salté por donde pude y al terminar de decirlo me di cuenta que habían sido palabras afortunadas. Sus amplias sonrisas me lo demostraron. - Vengo de ver mis últimas notas, ¡he aprobado todo!. -¡genial! eso hay que celebrarlo. ¿Por qué no vienes a casa y tomamos algo juntos?. Así que estás de vacaciones. Sabían perfectamente que mis padres tardarían en llegar. Conocían sus horarios. Y que podría pasar un rato con ellos sin molestias. Solo esperaban mi aceptación. Y sin pensar mucho haciendo caso más a mis hormonas que al cerebro se la di. - Si, claro, me encantaría celebrarlo con vosotros. Abrieron su puerta y me hicieron pasar delante. Ahora sé que aprovecharon para echarle un buen vistazo a mis muslos desnudos y mi culo respingón. Al entrar en su casa se descalzaron y me pidieron que hiciera lo mismo. No me costó mucho sacarme las sandalias. Sara también se libró del sujetador sin tirantes que llevaba bajo la blusa y sus pechos quedaron libres bajo la fina gasa de su blusa. El ambiente era de total confianza, al fin y al cabo nos conocíamos de siempre. Era media mañana pero aún así pusieron unas copas y algo de música suave. Mientras yo me sentaba con ella en el sofá para charlar amigablemente él fue a darse una ducha y a mí me hubiera gustado seguirlo y ver ese espectáculo. Pero el que yo tenía delante en ese momento tampoco era despreciable. Cada vez que ella se inclinaba hacia mí para rellenarme la copa o hablar en confianza, podía ver sus tetas, casi al completo, que cada vez tenía más claro que eran operadas. Duras como piedras y redondas. Dejó descansar una de sus manos sobre mi desnuda rodilla y a mi me gustó esa caricia. -Disculpa que andemos así por casa pero nos gusta estar cómodos y más con este calor. - Es vuestra casa y no voy a venir yo a imponernos nada. Si no viviera con mis padres también andaría por casa casi en bolas. Me reí con lo que me pareció una risa tonta en ese momento. - Si quieres quitarte algo más hay confianza. Yo no voy a decir nada. Tenía ganas de ver más de su cuerpo. Nunca la había visto en bikini o lencería y si eso podía pasar estaría encantada, me podría conformar solo con eso. -¿De verdad no te importa? Parecía estar pidiendo permiso a la vez que lo estaba deseando. Pero en ese momento volvió Alex de la ducha. Llevaba atada una toalla no muy grande a la cintura y un bóxer que no parecía tener mucha tela en la mano. Se puso el calzoncillo haciendo equilibrios delante de nosotras sin que se le cayera la toalla. Aunque por debajo me parco ver solo un segundo unos huevos depilados. Así lo único que tenía puesto era un bóxer aún más ajustado que su malla de deporte y mucho más pequeño. Debí quedarme con la boca abierta admirándolo por que ella soltó una pequeña carcajada subiendo a su vez la mano que tenía en mi rodilla por mi muslo. Llegando muy cerca de la tela del short, casi rozando mi xoxito Se me erizó la piel al notarlo y no dije nada. - Bueno chicas ¿dónde está mi copa? Se la alcancé mientras él rozaba mis dedos que no estaban muy firmes en ese momento para cogerla. Le dio un buen trago y casi junto a mí se inclinó sobre Sara y separando sensualmente los labios le pasó el alcohol a la boca de ella. Si antes estaba excitada ahora me estaban poniendo a mil sabiendo que allí no había más espectadora que yo. Y que me dedicaban ese excitante espectáculo. -Se nota que os queréis. - El amor y el sexo son muy importantes en una pareja. Contestó él. -Pues en vuestro caso parece que no tenéis ningún problema con eso. Con una mano de Sara en mi muslo fue ella la que habló en ese momento. - Nos gusta divertirnos. ¿Y tú?¿No te diviertes con nadie? - Poca cosa por ahora. La mano subía despacio por mi pierna, acariciando con suavidad mi piel. Excitándome a la vez. Y desde luego no hice nada por pararla. Me estaba gustando demasiado. Se acercó más a mí y me habló al oído rozando mi oreja con sus voluptuosos labios. -¿Nos ponemos algo más cómodas? Le di un trago más a mi vaso para darme algo de valor. Y asentí con la cabeza por que sabría que la voz me fallaría. Cogió mi mano con firmeza y confianza y me arrastró a su vestidor. Es evidente que me dejé llevar sin oponer resistencia. Su ropa sexi y sus conjuntos de lencería perfectamente ordenados y colgados en perchas. Aunque me daba la impresión que no usaba con frecuencia esos tangas y sujetadores, al menos en casa. Sin cortarse un pelo ante mí se sacó la blusa, las tetas como obuses apuntaban directamente hacia mi cuerpo. Los pezones parecían bien duros oscuros en su piel bronceada sin marcas de bikini ni bañador. Meneando el culito prieto empezó a bajarse las mallas. El tanga de encaje era tan sugerente como había supuesto en la calle y fue lo único que se dejó puesto. Empecé a imitarla sin prisa esperando que ella me mirara como yo la estaba admirando a ella. Me saqué la camiseta cruzando los brazos por debajo de mi pecho. Al tirar de la tela hacia arriba mis tetas quedaron ante sus ojos sin nada que las tapara. El short siguió el mismo camino arrojado encima de su cama tamaño King size y como ella me quedé solo con el tanga. Nos mirábamos sonriendo y al menos por mi parte con ganas de seguir explorando. Pero estaba algo paralizada por mi timidez, así que dejé que fuera ella la que decidiera. Sin más problema se bajó el tanga dejándome ver su vulva depilada al completo. Se giró dando una vuelta sobre si misma y me preguntó: -¿Que te parece? - Eres preciosa. Vestida y desnuda. - Tu sí que estás buena. Vamos nena sacátelo todo. No seas tímida. El tanga siguió el camino de las demás prendas sobre su cama y yo también le enseñé mi xoxito pelón. - Elige lo que quieras, creo que todo te vendrá bien. Sara buscó en un cajón y sacó un par de pijamas de raso francamente sexis. El pantalón reducido a la mínima expresión seguro que se veía medio culo con eso puesto. La camiseta de finos tirantes y muy cortita solo nos taparía las tetas y en su caso es probable que ni siquiera toda la curva de su parte inferior. Sin pensarlo más me empecé a poner aquello que sabía me quedaría escandaloso. Y me daba cuenta que eso era lo que más me gustaba. Mirándonos en el espejo, que cubría toda una pared, me imaginaba lo que se vería en ese espejo de forma habitual. Estábamos sensacionales, muy sexis, por delante y por detrás, la mitad de nuestras nalgas al aire. Cuando salimos al salón Juan ya nos había preparado las copas y puesto música suave. Y desde luego seguía casi desnudo. Se me fueron los ojos de su mujer a su cuerpo casi sin querer. Se notaba todo ese footing y ejercicio. Sus músculos perfectamente cincelados. Nos alcanzó las copas rozando nuestros dedos de forma sensual. - Gracias. Parece muy buena. ¿No querrás emborracharme? - Lo es. Y solo si tu quieres. Desde luego él me estaba mirando. Viendo como me quedaba el pijama de su mujer. Decidí exhibirme para ellos girando sobre mi misma y subiendo un poco el bajo de la camiseta hasta que se me vio la parte baja de mis tetas. Justo como las de Sara. Hablando de ella, se me pegó a la espalda haciéndome notar sus tetas en los omóplatos y rodeando mi cintura con las manos. -¿A que es guapa? Le dijo a su chico. Hablando por encima de mi hombro y apoyando la barbilla en mi clavícula. Soplando en mi cuello se me erizaban hasta los pelos que me había depilado esa misma mañana. Cuando acarició mi ombligo casi me corro de pie entre ellos. Como me estaban temblando las piernas me dejé caer en el sofá y ni por esas me libré de ellos, ni lo pretendía claro. Se sentaron cada uno a un lado de mí, tan cerca que nuestros muslos desnudos se rozaban. Pronto noté una mano en mi espalda acariciando mi piel por debajo de la camisetita. No sabía de quien era ni me importaba. Pero me gustaba. Viendo por donde iban los tiros dejé caer la mano que tenía libre, en la que no tenía el vaso en el muslo más cercano e ese lado. El de Sara que de inmediato separó las piernas aceptando la caricia. Notaba el calor de su vulva en mis dedos a través de la poca tela que la cubría. Y a ella se le escapó un gemido. Al otro lado Alex había conseguido deslizar una caricia por debajo del pijama y rodear mi seno con sus dedos. Cuando pellizcó con suavidad el pezón lo sentí como un calambrazo en el coño. Y estaba deseando librarme de toda esa ropa que me quemaba en la piel. Seguro que la parejita estaba dispuesta a ayudarme con eso. -¡Bésala! Sara le dio un trago a su vaso y acercó la cara despacio a la mía. Sabía lo que esperaba de mí y la recibí con los labios entre abiertos esperando a que me pasara el líquido que tenía en su boca. Cuando teníamos los labios pegados como con cola el alcohol y las lenguas pasaron de una a otra. Me estaba volviendo loca y más cuando noté los labios calientes y húmedos de Alex en mi cuello. Su mano no había dejado mis tetas. Rodeando el contorno y teniendo mis pezones entre las yemas de sus dedos. - ¿También me vais a dar cariño a mi? - Todo el que quieras. Empezó a subir la camiseta después de quitarme el vaso de la mano y dejarlo lejos de un posible accidente. Ya tenía las tetas al aire cuando tuve que separar el beso con su esposa para levantar los brazos. y que pudieran quitármela. No hicieron lo que esperaba, se lanzaron a lamer mis axilas sudadas, una cada uno. Me hacían cosquillas pero me excitaba mucho más. Estaba gimiendo como loca. Empezaron en los sobacos pero sus lenguas no descansaban desplazándose despacio hacia mis pechos. Besaban el pezón y lo mordisqueaban sin hacerme daño, solo placer. Así animada desplace mis manos a sus cuerpos. con una me hice con una de las tetas de Sara un par de tallas más grandes que las mías. Me fue fácil pues levantaban la tela de la camiseta. Por debajo de veía la curva y por encima un escote escandaloso y precioso. En cuanto hice un gesto para tirar de la tela, Sara se separó y se la quitó del todo. Para que no estorbara siguió por el short y quedó desnuda del todo a mi lado. Volvió a pegarse a mí haciéndome notar el calor de su cuerpo. Besó a su marido justo ante mi rostro, me miraban de reojo con una expresión de picardía en sus ojos. Así que me uní al morreo dándoles mi lengua y saliva. Yo también quería tocar, Alex estaba a mi alcance, su cuerpo definido y musculoso. Rozaba su piel con el dorso de mis dedos, bajando por los pectorales, rozando sus pezones que se pusieron duros como piedras. Como estaban los míos. Fue su mujer la que le indicó que se pusiera de pie ante nosotras y empezó a bajarle los boxers. La polla dura saltó sola ante nuestros rostros. La sujetó por la base y le dió un besito en el glande antes de ofrecérmelo a mí. Tengo que admitir que en mis intentos anteriores de hacer una mamada había sido bastante torpe, influenciada por el porno que había visto siempre había intentado tragar más de lo que podía. Sara en cambio me animó a tomármelo con más calma. La imité suavemente besando la piel suave del rocoso miembro. Sacando la lengua y pasándola del tronco al glande y los huevos depilados y suaves. Lo teníamos delante a nuestra merced y él se dejaba lamer y besar. Sara le hizo subir un pie al sofá para tenerlo más expuesto. Mientras ella empezaba a tragarse la polla cada vez mas en la boca yo me dedicaba a los huevos entre sus piernas por el perineo. En ese momento dejé salir mi lado más morboso, mis fantasías más profundas y abrí con las manos esas durísimas nalgas. Pasé la lengua por toda la raja, por el ano cerrado, como estaba recién duchado sabía a limpio. - ¡Vaya sorpresa! no ha hecho falta que te animáramos mucho. -¡Déjala! que me está encantando. No la cortes ahora. Y no me cortó en absoluto, Seguí comiéndole el culo y los huevos mientras nuestras salivas se mezclaban en su piel y de vez en cuando cruzábamos las lenguas. Yo me había arrodillado detrás de Alex. Estaba juguetona, aprovechando algo de esa saliva que sobraba le metí hasta dos dedos en el culo a Alex y en vez de quejarse lo estaba disfrutando. Pero empecé a subir besando su musculosa espalda y pegándome a su cuerpo hacerle notar mis tetas en su piel. Hasta llegar a su cuello de toro, la nuca y las orejas. Sara no quería que se corriera y lo hacía con suavidad aunque no dejaba el rabo. Alex echó la mano hacia atráshasta agarrarme el culo aún tapado por el short y apretarme más contra él. - No nos estamos portando bien con la invitada cariño. Sara se levantó y dio la vuelta por detrás de su marido para buscarme y llevarme de la mano a su dormitorio. Junto a su cama donde habíamos dejado nuestra ropa se arrodilló a bajarme la poca tela que aún me cubría. Acercó la cara a mi pubis y aspiró mi aroma como si fuera lo mejor del mundo. Enseguida pasó la lengua por el monte de Venus. Suave y sin prisa con había hecho con la polla de Alex que nos contemplaba con cara de vicio desde el umbral. Estiró el brazo para tirar toda la ropa al suelo y dejar la cama libre. Separó mis piernas lo justo como para poder deslizar la lengua entre mis labios y buscar el clítoris con la punta. Sería obvio decir que a esas alturas estaba más que encharcada, que mis jugos resbalaban por el interior de los muslos y que ella los recogía con devoción. Se fue echando en la cama pero tirando de mi cuerpo para que trepara sobre ella hasta dejar mi cadera encima de su carita. Y ella siguió comiéndome pero ahora alcanzaba todo de mí culo y coño sin ningún esfuerzo, ninguno más que separar mis nalgas a lo que yo misma colaboraba. Por fin Alex se acercó a nosotras y despacio entre los muslos de Sara le clavó la polla. Yo no lo vi pues le daba la espalda, lo que el aprovechó para pegarme a su torso, lamer mi cuello y nuca y amasar mis tetitas. Al oído y muy suave me dijo: -¿Quieres que te folle? - Lo estoy deseando, pero ponte un condón. Reptando, Sara salió de debajo de mí para buscar en la mesilla lo que les había pedido. Rompió el envoltorio y ante mi atenta mirada se lo calzó al chico. Quería saber como se ponía bien una gomita. Estaba tan dura que no le costó trabajo desenrollarlo alrededor del nabo. Me dejé caer panza arriba en la cama con el culo en el borde del colchón. Sara aprovechó para ponerse sobre mi cara y ahora me tocaría a mi comer conejo mientras Alex me follaba. Como todo en esa tarde fue tierno y dulce y el glande separaba mis labios despacio abriéndose paso en mi interior. A la vez yo separaba los de Sara con mi lengua al mismo ritmo buscando una penetración más profunda. No podía gemir ni suspirar porque tenía la boca demasiado ocupada en dar placer. No sangre porque el himen ya me faltaba de una experiencia anterior para nada placentera y para nada comprable a todo lo que estaba sintiendo entre ellos. Lo mismo con el cunnilingus, había practicado alguno pero había sido tan ansiosa que no lo llegamos a disfrutar del todo ni mi amiga ni yo. Pero con Sara me esforcé, fui dulce, tierna, sin prisa, clavando la lengua en su vulva o buscando el clítoris y jugando con él. Mientras Alex entraba y salía de mi llevándome al cielo a cada penetración. Además me acariciaba el clítoris con el pulgar y el pubis con el resto de los dedos. Mientras con la otra mano sujetaba uno de mis muslos. - Eres estrechita y muy dulce. -Y no veas como me come, cariño. Estiré la otra pierna acercando el pie a su cara y aceptó la invitación. Empezó a lamer los dedos de mi pie sin dejar de moverse dentro de mí, chupando el pulgar, lamiendo la planta y hasta el talón y yo no me había duchado desde la mañana. Mi orgasmo fue apoteosico, nunca había tenido uno así. pero estaba muy dispuesta a tenerlos mucho más a menudo a partir de entonces. Alex se corrió segundos después dentro del condón, dentro de mi xoxito. No puedo decir que sea multiorgásmica pues me dejó tan agotada que no pude seguir. Aunque Sara si lo es, se había corrido varias veces en mi boca. Se bajó de encima para dejarme descansar y se volvieron a poner a mis costados acariciándome con ternura para que recuperara. Y besándome y dándome cariño. -¿Te lo has pasado bien? - Como nunca, sois maravillosos. No sé cómo he podido pasar sin un sexo tan bueno. - Tu también has estado fantástica. Pues cuenta con nosotros de vez en cuando para repetir. - No soy la primera que metéis en esta cama ¿verdad? - No, no el primer chico tampoco, pero eso podemos contártelo otro día. Efectivamente se había hecho tarde y tenía que volver a mi casa a contarle lo de las notas a mis padres. Aunque lo celebraran, el resto del día me iba a saber a poco. #

jueves, 1 de abril de 2021

Suegra voyeur

Follando con mi novio nos descubre su madre. Mi suegra es joven y esta muy buena. Nos hemos visto unas cuantas veces y nos... No voy a decir que nos llevemos bien pues no tenemos tanta relación, pero Sara siempre se ha mostrado simpática conmigo las veces que nos hemos visto. Divorciada y elegante hace su vida sin prestar oídos a lo que piense la gente de ella. Mi novio ha salido a ella, guapo, lo suficiente, no muy musculoso pero pero con un bonito cuerpo delgado y fibrado. Y de mí él dice que soy preciosa pero sin halagos de novio, aunque unas tetas y un culo prietos firmes y duros y una cara resultona no me los discute nadie. Follamos claro, donde y cuando podemos como todos los novios, su coche o el mío o nuestras habitaciones, cuando no estaban nuestros padres. Y como extra cuando disponíamos de dinero en un hotel o de vacaciones en un camping. Como un montón de chicas yo hacia tenido mis pinitos con alguna amiga, morreos y magreos a las de un momento raro y bello experimentando sobre todo. Así que no me consideraba lesbiana, ni siquiera bisexual aunque me gustaba el bello espectáculo de la madre de mi chico con sus atuendos a veces mas provocativos y sexys que los míos luciendo su bien bronceada piel y sus carnes duras y bien colocadas. Su cuerpo era una bonita imagen y yo apreciaba su belleza. Un sábado noche después de unas copas fuimos a su casa cachondos y con ganas de revolcarnos sudorosos en su cama. Su madre había quedado con su ligue del momento y no esperábamos que volviera hasta la mañana siguiente. Así que podíamos follar tranquilos. Ya en el coche y subiendo en el ascensor sus manos no se separaban de mi cuerpo apenas cubierto por un escaso vestido de lycra muy pegado y un tanga minúsculo. Y mi boca seguía a la suya buscando la humedad de su lengua con la mía. Mi pulso estaba acelerado por la excitación y en cuanto cruzamos la puerta tiré de su camiseta acariciando su suave piel pálida y sudorosa, afiebrada como la mía. Mario intentaba con toda su maña bajarme el tanga aunque yo juguetona le hurtaba mi cadera. Me giré y hui hacia su dormitorio enseñando mis nalgas bajo el recogido vestido. Allí fue donde le permití que me lo quitara, el tanga, pero sin desprenderme de las sandalias de tacón. Me tumbé boca arriba en su cama tras bajarle el pantalón de un tirón justo por debajo de su blanco y duro culo que a mi me encantaba amasar. Tendida le alcancé uno de mis pies para que lo besara y lamiera, empezando por los dedos. Lo que sabia que a mi me pondría aun mas caliente. Se deshizo de una de mis sandalias lamiendo con habilidad entre mis dedos chupándolos uno a uno metiéndolos en su boca. Lamiendo la planta sin importarle que yo me retorciera por las cosquillas y consiguiendo así que mi vestido escalara aun mas por mi anatomía descubriendo mi vientre. Yo misma me amasaba los pechos que rebosaban por el escote, pellizcando los pezones y haciendo que se marcaran bien en la fina tela pues no me había puesto sujetador. Mario subió despacio por mi depilada pantorrilla y el interior de mis muslos sin separar la lengua de mi piel. Cuando por fin la clavó entre los labios de mi vulva apoderándose de mi clítoris gemí y aullé de placer derramándome en el primer orgasmo de la noche. Sabia como lamerme levantando a veces las piernas hasta mi pecho para deslizar la lengua por el culo hasta clavarla en mi ano sin parar ni un segundo. Tan concentrado estaba en su tarea arrancándome orgasmo tras orgasmo y yo disfrutándolos que no oímos el ruido de la puerta de la calle abriéndose y sin darnos cuenta que habíamos dejado la del dormitorio sin cerrar. Así hubo un momento en que abrí los ojos y vi a su madre apoyada en el marco de la puerta vestida con un pequeño top y un mini short que mas parecía micro disfrutando del espectáculo de las bonitas nalgas de su hijo desnudas por el pantalón a medio quitar, la cara enterrada entre mis muslos, mis manos sobando mis tetas asomando por el escote y mi cara de gozo, disfrutando. Me llevé el susto de mi vida pero verla ahí enfrente con un oscuro pezón asomando a un costado de la pequeña prenda y una mano dentro del short sin ninguna duda masturbándose. Hizo que mi calentura se disparara aun mas si eso era posible y sonriéndole a ella me callé como puta. Enganché el tacón que me quedaba puesto en el pantalón de mi novio y estiré la pierna para bajarlo mas. Él captó la indirecta y sin separar la cara de mi coño terminó de desnudarse arrastrando con el pantalón su pequeño slip. Sara vio al fin el badajo que su hijo se gastaba, duro, colgando entre sus muslos. Y los huevos bien depilados como a mi me gustaban para poder lamerlos sin pelos en la lengua. Ella dejó caer su short al suelo dejándome ver a mí el mínimo tanga echado a un lado y su pubis perfectamente depilado con dos dedos entre los labios de su vulva. Le hice un gesto para que se acercara y al principio se hizo la reticente supongo que pensaba que no estaba bien participar en esa diversión con su propio hijo. Pero tenia que estar muy cachonda y terminó por acercarse. Despacio como un animalillo asustadizo se fue aproximando. Cuando llegó a mi lado sustituí sus dedos por los míos masturbando a mi suegra lo mas profundo que alcanzaba. Su lengua se enredó con la mía y ahí fue cuando Mario se dio cuenta la compañía que teníamos. No se si por el pedo que teníamos o lo cachondos que estábamos los tres pero la delirante situación no nos parecía extraña y continuamos los tres con la faena iniciada. Mi otra mano se separó sola de los caballos de mi novio para apoderarse de una de las duras tetas de su madre, algo mas grandes que las mías. Apartando la pequeñez de su top para acariciar su piel desnuda y suave. Estorbándola cuando se lo quitó. Así estábamos mi suegra con el tanga mojado y apartado a un lado ayudándome a sacarme el arrugado vestido por encima de la cabeza mientras su hijo seguía comiéndome el culo desnudo del todo y a cuatro patas entre mis muslos. Me moría por tener su polla dentro y tirando de él lo subí para que me la clavara. Sosteniendo su pecho con mis brazos y así dejarle espacio de maniobra a Sara que se estaba comiendo mis pezones a mordisquitos. Me la metió despacio como a mi me gusta haciéndome notar el glande abriéndose paso en mi encharcado coño. A su madre le dije que se arrodillara sobre mí y cuando lo hizo a la altura de mi cabeza le demostré a Mario que no era el único allí que sabia comer coños. Enseguida noté el jugoso sabor de sus corridas en mi lengua, que pasaba por sus labios, buscaba su clítoris o se clavaba lo mas posible en su vulva. Mario a su vez había empezado a prestarle parecidas atenciones al precioso culo de su madre mordisqueando sus nalgas que me pidió que abriera con las manos para poder lamer la raja y el ano a su gusto. Por los gemidos que escuchaba no debíamos hacerlo del todo mal. Que te coman a dos lenguas, dos bocas dándote placer es de lo mejor que una puede sentir. Mario no había perdido el agarre en mi agujero y me follaba suave para no perder el resto de los placeres. Apenas habíamos intercambiado palabra temerosos de romper la magia del momento pero los cuerpos hablaban por si mismos el lenguaje del placer. No podía imaginar el morbo que ellos debían sentir en ese momento de incesto. Yo me había corrido ya no se cuantas veces y aun notaba la polla dura de mi novio dentro. Y a la que le quedaba todavía un buen rato seguía sin separar la lengua de la piel de mi suegra, fui bajando a mi suegra a base de brazos sobre mi cuerpo. Conseguí apoderarme de sus hermosos pechos con mis dientes mientras su cadera estaba encajada entre nuestros vientres. Mario captó mi indirecta y sacó su pene de mi vulva para abrir con él los labios de la de Sara. Abrió la boca y soltó un jadeo notando como esa polla fraternal entraba en ella dulce y despacio. Su jadeo lo acallé con mi lengua aun con el sabor del coño de ella. No le importo compartirlo conmigo. Me escurrí por debajo de ellos para que mi suegra pudiera lamer mi chochito y lo hizo con una maestría que me hizo sospechar que yo no era la primera chica que se comía y a la que se follaba. Esa lengua de madura juguetona escarbaba entre mis labios penetrando lo mas que podía y chupando mi clítoris al ritmo que le marcaba la polla de su hijo. Este la sujetaba con fuerza por la cadera y se la follaba como si quisiera volver a entrar por el sitio por el que había salido. Dándole en el proceso a su querida y hermosa madre los orgasmos que parecía necesitar. Pero yo sabia lo que le gustaba a Mario y para darle el gran final que se merecía me coloqué a su espalda y con una mano le agarré los huevos y con un dedo de esa misma mano acariciaba el clítoris de Sara dejándome llevar por sus movimientos. Mientras clavé la cara entre sus blancas nalgas y lamí su ano hasta que se derramó, llenando el coño de su madre. En ese momento en el que se separaron yo me puse a lamer su vulva rezumando el semen recogiendo todo lo que pude de ese manjar con la lengua. Los dos buscaron mi boca con las suyas para compartir entre los tres esos sabores de sexo en un beso a tres leguas. No solté el culo de mi suegra pues no quería que ella nos dejara y necesitaba algo mas de explicación. Al contrario en vez de abandonarnos nos propuso trasladar la juerga a su cama que era mas grande y cómoda que la de Mario. Nos contó que había discutido con el fulano con el que había salido y que a su vuelta a casa cachonda y necesitada nos encontró follando y no pudo resistir el pajearse mirando el espectáculo que dábamos sin querer. Ademas que hacía tiempo que no podía admirar la polla de su hijo. También tuvo que admitir que yo no era la primera chica con la que hacía el amor. Este también confesó que que le encantaba el voluptuoso cuerpo de su madre. Que se había hecho un montón de pajas pensado en ella y que la deseaba como mujer sin dejar de quererme a mi por supuesto. Yo tuve que confesar mis deseos y mis experiencias bisexuales y el por qué tenía tantas ganas de probar ese coñito. Mientras conversábamos desnudos tomando unas copas nuestras manos no dejaban de acariciar el cuerpo de los otros. Sara me acaricia el clítoris con suaves dedos mientras con la otra mano no había soltado la polla de Mario. Yo seguía mimando sus perfectas tetas por que le había dejado a mi novio el depilado coño de su madre. Nos calentábamos despacio preparándonos para un segundo asalto. No hemos dejado de compartir su cama además de que ahora no tenemos que escondernos para follar.

lunes, 29 de marzo de 2021

miércoles, 24 de marzo de 2021

Sueños lésbicos

¡Estúpido sueño!, todas las noches lo mismo. No es una pesadilla en realidad es bastante sugerente, erótico, casi pornográfico. Sin prendas de ropa y la piel desnuda. Los sexos al descubierto. Así con eso me despertaba en un estado de gran excitación. Y al despertar lo primero que tenía que hacer era masturbarme con furia. Y si debido a mis obligaciones no podía hacerlo pasaba el resto del día en un estado de intranquilidad. El sexo con otras personas no es imprescindible, si me masturbo, pero es importante y como he pasado una temporada en dique seco estoy cachonda de narices. Esta claro que los sueños son una vía de escape, una válvula de presión, pero ya eso no me parecía suficiente. La noche que me ponía bragas, las menos, me levantaba con ellas empapadas. Y cuando no, la mayoría, mis jugos humedecen las sabanas revueltas. El olor a sexo inunda la habitación, incluso ventilando cierto aroma persiste en las sabanas, el aroma de mi excitación. Hasta ahora había hecho el amor con chicos. Tenía amplia experiencia con sus pollas, con sus cuerpos duros y su carácter egoísta atento solo a su propio placer. Pero el sueño incluye algo nuevo, algo que nunca había probado, lo prohibido, lo desconocido por lo menos hasta entonces. En el sueño no había un rabo penetrándome sino el cuerpo dulce de una mujer de manos tiernas recorriendo mi piel febril. Así el deseo tenia que hacerse realidad, tenía que hacerse carne, piel y manos femeninas. Nunca me había planteado entrar en uno de los bares de ambiente que hay en mi ciudad pero ahora si. Es el sitio lógico para buscar el objeto de mi oscuro deseo. Después de una temporadita de sueños húmedos me decido a buscar una salida a mi nueva inquietud. Me preparé a conciencia, una hora de maquillaje y la ropa mas sexi que pude encontrar en mi armario. La lencería minúscula casi microscópica reducida a un tanga rojo de encaje tan trasparente que la piel depilada de mi pubis se veía perfectamente, el resto dos finos cordones. Por encima de eso un mini short vaquero de cintura tan baja que si no me hubiera depilado se vería el vello de mi pubis por encima. Llevaba unos stiletos de fino tacón que realizaban mis muslos y levantaban mi culo. El top que me puse no admitía sujetador era un simple pañuelo de seda anudado al cuello y a la espalda por finos cordones. Mis duros pezones marcados en la tela como esculpidos en piedra. Elegí un pub ruidoso y que sabia que se llenaba de gente chicos, chicas, gays y bisexuales buscando ligue. Me había informado de ello. La música disco, el calor, el sudor, el humo de cigarrillos y los vapores alcohólicos lo inundaba todo. Sentía las miradas de todos clavándose en mi cuerpo mientras me abría camino hacia la barra. A la vez yo miraba alrededor buscando a la mujer de mi sueño, la piel con la que me rozaba en mis delirios oníricos o dejar que ella me encontrara a mí. Había varias jugosas posibilidades repartidas por la penumbra, incluso chicos en los que cualquier otro día me hubiera fijado. Pero tenía muy claro mi objetivo. Mis ojos se deslizaban por los cuerpos femeninos presentes en la sala. La mayoría de ellas tan sexys y ligeros de ropa cono el mío. De vez en cuando la mirada se cruzaba con otros ojos y una sonrisa cruzaba por nuestros labios sabiendo lo que buscábamos todas. Un ajustado y pequeño vestido de lycra con escote palabra de honor llamó mi atención. Lo llevaba una pequeña morena muy bien formada, delgada y fibrosa con los senos pequeños y muy duros. Pero no pude centrarme en ella, estaba acompañada por una rubia regordeta y voluptuosa. En cuanto se acercaron la una a la otra nada pudo detener sus manos y sus bocas. Parecían pegadas con cianocrilato. Como mucha gente alrededor de ellas me las quedé contemplando sabiendo que ellas estaban dando adrede ese espectáculo incluso cuando casi todo el culo de la morena quedó al descubierto. Su amiga levantó la pequeña falda, descubriendo sus nalgas prietas apenas separadas por un tanga tan ligero como el mío. Me olvidé de ellas en cuanto se perdieron entre la gente y volví la vista a la atractiva camarera que me puso la copa. Pero evidentemente ella tenía mucho trabajo aunque sus preferencias fueran las que yo buscaba. De todas formas era un bonito espectáculo con sus vaqueros tan ajustados que parecían pintados sobre sus caderas y la camiseta recortada que dejaba su vientre descubierto hasta casi el nacimiento de sus pechos y estos parecían botar libres de cualquier sujeción. Mas allá había un grupo de chicas bailando, parecían buenas amigas, algunas de ellas muy muy amigas. Recogí mi copa y me deslicé por la pista de baile repartiendo sonrisas y miradas a mi paso. Por aquí la minifalda de un escueto vestido descubría unos increíblemente largos y ahusados muslos. Un poco mas allá un precioso escote casi desnudaba unos senos. Me lo estaba pasando bien aunque no consiguiera mi objetivo primario. Por fin fue ella la que me descubrió a mi. Ni siquiera la había visto entre toda la gente. Cuando se acercó por mi espalda y deslizó en mi oído una pregunta que había esperado toda la noche: -¿estas sola? Me giré por la sorpresa encantada al ver la cara preciosa que me estaba mirando enmarcada en una rojiza y larga melena. Con esa luz no podía distinguir el color de sus ojos grandes y almendrados. La nariz respingona, los labios gruesos y sensuales la barbilla fina. Ni siquiera miré entonces lo que había por debajo de toda esa belleza concentrada solo en su cara. En ese momento supe que ella era la chica de mis sueños a la que había estado esperando. Le contesté que la había estado esperando a ella toda mi vida. Su sonrisa iluminó todo el pub que hasta ese momento había estado a oscuras. -mi nombre es Nuria. - el mío Mónica, encantada. Al aproximarnos para darnos un beso en la mejilla una leve confusión consiguió que el beso fuera muy cerca de los labios. Sentí su mano en mi desnuda cintura y por fin me atreví a bajar la vista para contemplar el resto de su cuerpo. Como solo en mis mas locos sueños podía haber imaginado, era perfecta. Voluptuosa, sus pechos casi impedían ver el vientre plano pero no las anchas caderas ni sus torneados muslos. Mis pezones reaccionaron duros excitados marcados en la seda casi rozaban sus pechos deliciosos de los que podía ver mas de la mitad por el hermoso y profundo escote de un top que pasaba por detrás de su fino cuello. Deseaba la piel blanca y suave que espiaba entre la poca tela que los cubría. Por fin pude apoyar mi mano en su cintura desnuda. La prenda que cubría su pubis una cortísima minifalda, la llevaba baja sobre la cadera. Un rápido vistazo a los largos y ahusados muslos. Y solo quería acariciar entre ellos cada vez mas arriba y descubrir la delicia pelirroja que había allí. Sin pensar comenzamos a bailar juntas, nuestros pezones se rozaban levemente. Uno de sus muslos se introdujo entre los míos rozándolos. La suave piel caliente sudada quemaba sobre la mía. Apoyaba su cabeza en mi hombro con ternura y yo hundí la nariz en la fragancia de su cabello. Sus manos ardían en mi cintura y notaba la tersura de su piel en las palmas de las mías. Animada por el ejemplo de la rubia y la morena que había visto antes juguetona moví una mano bajo la faldita de tablas que se rindió sin esfuerzo dejándome agarrar la firmeza una de sus nalgas desnudas. Un suspiro de placer llegó a mi oído ante el avance realizado y la punta del índice alcanzó en la raja del perfecto culo, la gomita de su tanga. Jugaba con esa parte de la prenda que tan poco cubría. No necesitábamos hablar. Nos entendíamos sin palabras y casi cuando iba a pedírselo metió las dos manos por la cintura de mi short para agarrarme el culo y pegarme mas a ella. Apoyó el coño en mi muslo desnudo donde noté la humedad y en el cuello, el leve roce de sus labios besándome, además del frescor de su saliva extendida con su lengua. No podía contener mi deseo por ella y exploré un poco mas bajo su tanga. El sudor que lo lubricaba me dejó tocar su ano sin dañarla explorarlo con suavidad e incluso introducir la yema de un dedo forzando el aro de músculo. Todo ello sin dejar de movernos al ritmo de la música frotándonos la una contra la otra pegadas con suavidad. El acolchado de nuestros pechos frotándose me excitaba mas. No podía separar mis manos de su suave piel pero deseaba amasar con ellas la turgencia de sus tetas. La mano que no tenía ocupada en el ano la deslicé bajo el top. Como no llevaba suje conseguí agarrarle una teta y acariciar el pezón. En medio de la pista entre las demás parejas que también se estaban metiendo mano mi avance pasaba desapercibido. Tal y como me agarraba las nalgas sentía que tampoco quería perderme y su caricia me estaba llevando poco a poco al orgasmo aun sin tocarme el coño. Su lengua recorría mi oreja llegando a humedecer mi oído. Y la mía absorbía el sudor de su cuello. Cuando me corrí ella tuvo que sostenerme de pie y ni siquiera me había tocado la vulva aún. Para entonces deseábamos mas la una de la otra. Yo quería experimentar todo lo que había soñado y quería hacerlo con ella. En ese momento mirándonos a los ojos nos besamos. Luces música y nuestros labios acercándose despacio. Sujetó mi labio inferior entre los suyos y pasó la lengua por él. Conseguí deslizar la lengua entre sus dientes y la recibió la suya cruzándolas y jugando en un lascivo beso que pareció eterno y que hubiera querido que lo fuera. Sellando el pacto con ese beso y visto que las dos necesitábamos más cogí su mano para no perderla entre la gente, la arrastré hasta la salida con total cooperación por su parte. Ante la puerta del local ya en la calurosa noche un tirón en mi mano y una nueva parada para otro tórrido beso junto a dos chicos que estaban en los mismos menesteres. Habría jurado que durante un segundo vi la mano de uno de ellos cogiendo la dura polla del otro sobre el vaquero. Hasta que Mónica buscó mis labios con los suyos. Lo que terminó de descentrarme. Sobre su hombro y pasando su adorable oreja la vista de uno de los chicos se clavaba en nosotras. Saqué mi lengua dispuesta a darles el espectáculo mas lascivo posible jugando con la lengua de mi amante fuera de las bocas chupándola o lamiendo su nariz respingona o besando sus dulces ojos. Noté por fin una de sus manos apoderándose de uno de mis pechos y excitando entre dos dedos aún mas uno de mis pezones. Mi muslo desnudo se deslizó entre los suyos y noté la humedad de su tanga en mi piel. Volvía a levantar su faldita para agarrar con fuerza sus duras nalgas desnudas. Cada vez me costaba mas trabajo separarme de ella pero cuando lo hice los dos chicos seguían enzarzados y una polla durísima había salido a tomar el aire. Disfruté del breve espectáculo pro eso no era lo que necesitaba esa calurosa noche. Le di al taxista mi dirección mientras me subía a caballito sobre sus bellas piernas mirándola de frente. Echó la cabeza atrás sobre el respaldo del asiento del taxi y yo me incliné para besar de nuevo su fino cuello mientras ella ponía sus dos manos en mi culo deslizando un dedo por dentro de la tela alcanzando mi ano con relativa facilidad. Gemí en su boca al notarlo. Mientras el taxista le echaba miradas lascivas a esas mismas nalgas que ella amasaba, a través de su retrovisor. Salió a la luz mi vena exhibicionista y me levanté el top de seda por encima de mis tetas para ponerle mis pezones al alcance de su golosa lengua. Mordisqueó mis pechos, lamió mi piel sin dejar de jugar con mi ano. Desde otros coches en los semáforos podían verme casi desnuda ademas de la privilegiada visión que le ofrecía al taxista pero el camino no era tan largo como para correr mucho riesgo. Mónica me siguió ansiosa hasta mi piso apenas podía separar sus manos de mí. Yo lo conseguí a duras penas lo suficiente para abrir la puerta y dejarla pasar. Se abrió la faldita y la dejó caer en la misma entrada mientras recorría el corto pasillo. Quedé maravillada de nuevo ante sus larguísimas piernas y su perfecto culo. Le indiqué el camino a mi dormitorio, sin perder de vista el meneo de su cadera la seguí hasta allí. Mientras ella se recostaba sobre mi colcha yo dejé caer mi short y sin sacarnos los tacones nos buscamos sobre el colchón. Dejé que Mónica liberara mis tetas esta vez del todo. La seda salió sobre mi cabeza llevada por sus manos. Enterró su cabeza entre mis pechos ansiosa por lamerlos mientras sus dedos recorrían mi piel bajando por mi espalda y mis costados para librarme también de mi tanga. De un tirón se limitó a romperlo. Las yemas de sus dedos quemaban mi piel con sus roces y mi vulva chorreaba manchando mi cama. Su lengua seguía caminos que me enloquecían. Humedeciendo mi cuerpo ya mojado con mi sudor. Lo que no le importaba en absoluto. Por fin lamió mi pubis depilado, allí la notaba ardiente todavía mas a un centímetro de los labios de mi vulva. Cuando los recorrió de arriba abajo una corriente eléctrica recorrió mi espina dorsal y disparó un nuevo orgasmo por lo cachondas que iba. Mis piernas lo mas abiertas que podía. Cuando lamió los jugos de mi orgasmo aprovechó padres librarse de su top y arrojarlo a un rincón. Me quedé obnubilada por sus pechos cónicos y duros. Subió a besarme de nuevo y pude notar mi sabor en sus labios. Solo unos segundos y pasó a colocarse como yo en el taxi poniendo sus tetas al alcance de mi boca. Aproveché para comérselos con ganas. Mis dedos por fin podían recorrer con libertad su anatomía. Conseguí deslizar dos de ellos por debajo de su escaso tanga. Sabía que estaba húmeda pero aquello chorreaba. Entraron solos en su coño, encontré el hinchado clítoris y sus suspiros y gemidos sonaban en mi oído derecho. Allí su boca mordía mi cuello y besaba mi hombro. Los introduje mas dentro de su vulva. La penetré mas profundo y sus gemidos donaron mas altos. Con pocas veces que se los introduje ella se corrió también demostrando que estaba tan caliente como yo. Llevé mis dedos a la boca u ante su atenta mirada los mami de forma lasciva. No se controló y volvió a juntar sus labios a los míos con el dedo índice y el medio jugando con nuestras lenguas. Mónica era tan lasciva como yo. Riendo me puso boca abajo. Notaba el presi de su cuerpo sobre mi. Sus pechos en mi espalda, sus dientes en mi nuca, en mi oreja, en mi cuello, bajando por mi espalda cubriéndome de sensaciones. Sus dedos separaron mis nalgas mis piernas hasta deslizarse en mi coñito. Cuando quise darme cuenta me tenía a cigarro patas y clavando la lengua en mi ano sin sacar dos dedos de mi coño. Mis orgasmos ya eran continuos. Mis tetas colgaban rozando con los pezones la sabana que yo misma me pellizcaba. Me fui recostando en ella atrayéndola sobre mi cuerpo. Ella seguía recorriéndolo con sus manos y labios en un sinfín de caricias. La notaba en mis axilas, su lengua lamiendo mi sudor, bajo mis pechos, los mordisquitos en mis pezones o como bajaba por mi vientre jugando en mi ombligo. Pasó de largo mi coño que deseaba las caricias de su lengua para acariciar mis muslos y pantorrillas. Creí que se detendría ahí pero no fue así sonriendo picara cogió uno de mis pies y se lo llevó a la boca. El gemido que escapó de mis labios debió oírse dos pisos mas arriba cuando su lengua recorrió la planta y entre mis dedos. Se los metió en la boca chupándolos uno a uno golosa deslizando la lengua entre ellos. Luego subir a los tobillos y otra vez hacia arriba este vez si se clavó en los depilados labios de mi vulva y todo ello sin dejar que yo la tocara. Me iba a tomar cumplida venganza en cuanto pudiera agarrarla. Pero ese no era el momento cuando mi vagina destilaba sus jugos en su lengua manchando su barbilla fina y deliciosa. Mirándome lujuriosa directamente a los ojos con sus manos aferradas a mis tetas. Yo no podía abrir mas las piernas pero a ella parecía no bastarle cuando agarró mis muslos para subirlos hasta que mis rodillas tocaron mis pezones y ella siguió comiéndome el culo clavando la lengua en el ano como si quisiera follármelo con ella. Y yo seguía corriéndome como una burra, no había parado de hacerlo desde que me desnudó. Y Mónica seguía vestida bueno apenas pues la ropa que tenía apenas podía llamarse atuendo. Cuando estaba entre mis piernas conseguí sacarle el top. La faldita estaba recogida en la cintura y el tanga a un lado dejando al aire su coñito permitiendo que de vez en cuando ella se llevara los dedos para acariciarse mientras me lamía a mi. Por fin me dejó bajar las piernas lo que aproveché para abrazarla y besarla notando mi sabor en sus labios. Terminé de desnudarla admirando su cuerpo delgado y hermoso pálido pecoso. No iba depilada del todo se había dejado un triangulito de vello en el monte de Venus demostrando que es pelirroja natural. Sin separar los labios mis dedos fueron solos a por su vulva, sus húmedos labios y su hinchado clítoris. Gemía en mi boca al notar mis caricias. Su cuerpo sinuoso se frotaba contra el mío. Y ahora me tocaba jugar a mí. Pasé a lamer su barbilla y su cuello besar sus hombros. Bajando por su piel despacio por debajo de sus brazos, las suaves axilas y suya duros pechos cónicos, las pecas de su escote y entre sus tetas. Mi lengua humedecía su vientre jugaba con el pircing de su ombligo. Le di la vuelta boca abajo en mi colchón para empezar con su nuca y bajar por su espalda hasta el durísimo culo. Deseaba lamer ese ano, le tenia tantas ganas, al abrir por fin sus nalgas y descubrirlo mis ganas aumentaron. Clavé mi cara entre las nalgas y la lengua en el cerrado aro musculoso. Era el primer beso negro que hacia y además a otra chica pero parecía que no se me daba mal del todo a juzgar por sus gemidos. Creí que su sabor seria peor pero olía a sudor limpio y me encantó jugar con su ano haciéndola disfrutar. Tiré de su cadera hasta ponerla a cuatro patas y por fin tuve a mi alcance el primer coño que iba a lamer en mi vida. No quería que se diera cuenta de que era primeriza, ya se lo contaria después, puse en la tarea el mayor empeño que pude. Solo hice lo que me gusta me hagan a mí clavé mi legua entre sus labios follándola con la lengua y chupando su clítoris como un caramelito delicioso. Su sabor me embriagaba aunque no era desconocido del todo, infinidad de veces me había lamido mis dedos cuando me masturbaba. No me cansaba de saborearla, su vulva era una fuente que manaba directamente a mi boca y me estaba encantado, era aun mejor que en esos sueños húmedos. Follándose Sus suspiros ahogados en mi almohada y sus tetas clavadas en mi colchón. Me estaba gustando provocar esos orgasmos en una mujer y no me cansaba de lamerla. Fue ella la que me pidió una treguad desplomándose sobre las revueltas sábanas. Cogió mi cara entre sus manos para besarme con ternura. Seguro que notaba su propio sabor en mi lengua y tumbadas lado a lado nos acariciamos contándonos por fin algo mas que nuestros nombres. Pude contarle al fin que ella era mi primera chica y ella me tranquilizó diciendo que lo había hecho muy bien. Ella por supuesto no era nueva en esas lides aunque como yo estaba sin pareja en ese momento. No es que pensara en liarme con ella pero desde luego estaba dispuesta a repetir si ella quería incluido lo de los pies que me había encantado.

viernes, 7 de octubre de 2016

martes, 9 de febrero de 2016

la cabina del trailer

Manolo conducía su trailer de segunda mano por una autovía cualquiera devorando kilometros en una calurosa madrugada de verano, acaba de pasar un puticlub de los muchos que hay por las carreteras. Es un chico joven, guapo, musculoso y con cierto aire de inocencia. A unos dos kilómetros una figura en el arcén le hace señas para que se detenga pero cerca no hay nadie, ni nada ni edificios, ni unas luces de avería ni siquiera los faros de otro vehículo. La carretera libre de luces y apenas se ve, clava los frenos y detiene el diez y ocho ruedas, tiene buen corazón y eso algún día le meterá en un lio. Pero esta noche cuando la puerta del pasajero se abre sube a la ajada cabina una chica morena de cabello, de piel oscura y rasgos entre sudamericanos y algo de mulata, es muy guapa y su cuerpo por lo que se ve a la difusa luz del panel de instrumentos es algo impresionante. Los pechos firmes y duros parecen querer romper la tela de la camiseta estrecha y de profundo escote. Los muslos desnudos y torneados salen de un pantaloncito tan corto que medio culo firme y redondito queda fuera de él. El ombligo bronceado está adornado con un pircing, una media luna de plata. La chica con un acento insinuante que recuerda las palmeras y el profundo azul del mar caribe le cuenta con gran profusión de cariños, cielos y amores que se ha escapado del prostíbulo que él acaba de pasar donde la tenían retenida contra su voluntad. Manolo se ha dado cuenta que nadie sabe de la fuga y que los posibles matones de medio pelo nunca podrían seguirle la pista a su camión de entre todos los que pasan por esa carretera. Se siente a salvo y tranquiliza a la chica que al poco rato se queda dormida en el asiento, Manolo la cubre con su chaqueta y sigue conduciendo. Tras coger dos desvíos que su ruta exigia se detiene a desayunar e invita a la chica, Sandra agradecida ve cómo los demás camioneros lo miran con envidia, acopañado de esa belleza. Ella se arrima mucho a su brazo y su pecho casi desnudo se pega a su poderoso biceps cuando ella le agarra del brazo y le besa en la boca sin reparos excitandole casi sin proponerselo. Manolo piensa en cómo se lo va a explicar a su jóven novia Sonia con la que vive, cuando un rato mas tarde aparque el camión a la puerta de su casa. A la vez se siente responsable de la desvalida que ha recogido en el camino. Al fín se da cuenta de que solo la verdad es la única solución para salir del embrollo. Sonia vestida solo con un leve vestido de tirantes, salió a recibirlo en cuanto oyó el ruido del poderoso motor, con un cariñoso beso con lengua apretandose a su cuerpo. De prontó oyó el sonido de la otra puerta de la cabina y vió los largos muslos morenos y el precioso y casi desnudo culo de Sandra bajar por la escalerilla. Un breve arrebato de celos le hizo arrugar el sensual morrito, pero un poderoso abrazo de los biceps de oso de su novio y las fuertes manos recorriendo sus nalgas sin ningun disimulo le hizo pesar que si hubiera algo entre su chico y la sensual morena no la habria tríado a su propia casa. Sentados en el sofá ante unas tazas de café ambos explicaron la aventura nocturna y la ya exprostituta contó su triste historia, ampliándola con su vida en el pobre país de origen, el falso matrimonio con un español que en cuanto bajaron del avión le quitó el pasaporte y la dejó en manos de los proxenetas. Incluso soltó alguna lagrimita ante el jóven y atractivo matrimonio. Sonia tenia tan buen corazón como su marido y aunque un poco mas desconconfiada le ofreció a la hermosa caribeña una habitación en su casa. Le ofreció una ducha y casi antes de poder ponerse uno de los vaporosos camisones de Sonia estaba dormida en la pequeña cama de la habitación de invitados. Manolo y ella pensaron en explicarle a los vecinos que ella era una compañera de estudios de la jóven esposa mientras permaneciera en su casa. E inmediatamente se fueron a su dormitorio para ampliar el cariñoso recibimiento que Manolo se merecia. Este no podía apartar las manos del cuerpo de su esposa y le iba subiendo la falda mientras se dirigian a la enorme cama de matrimonio. La atrapó por la cintura y besaba sus hombros y su cuello con verdadera pasión a la vez que amasaba los enormes pero bien formados pechos. Manolo recordando el firme culo de la invitada pegaba la dura polla a las nalgas poderosas de Sonia. Deslizando sus manos por debajo de la falda le acarició la parte delantera de los muslos acariciando el monte de venus suavemente por encima de la lycra, bajó el tanga hasta sacarselo por los pies, momento que apovechó para agrachandose deslizar la cara por su culo, mordisquear suvemente las nalgas y pasar la lengua por la rajita hasta el ano. En el otro dormitorio la joven invitada oia medio en sueños los ruidos de la pareja amandose. Sonia ya entregada se agachó arrodillandose sobre la cama para permitirle el acceso más comodo posible, mientras disfrutaba de la húmeda caricia en su agujero más intimo. Manolo empezó a besar la piel de las nalgas y la espalda subiendo lamiendo por la línea de la columna mientras le subía el vestido hasta sacarselo por la cabeza. Ella ya desnuda pero impaciente espero a que él se arrancara la ropa y volviera a comerle las nalgas, a lamer su ano ensalivandolo bien como preparación a la lenta y delicada penetración. Le puso el glande en la entrada y fue empujando despacio casi sin necesidad de guiarla con su mano pues los días sin follar en la carretera y la imaginación pensando en los pechitos de Sandra conseguián una extraordinaria dureza en su polla. Lentamente la follaba despacio acariciando sus pechos o pasando una mano por debajo de sus anchas caderas con el dedo ensalivado para excitar su clitoris, Sonia jadeaba, suspiraba aunque intentaba controlarse para no despertar a Sandra, y Manolo bufaba sintiendo como el culito de su esposa apretaba su rabo como queriendo exprimirlo. Hasta que se corrió dentro de ella aún siguió entrando y saliendo durante un rato pues parecía que su polla no quería quedarse en reposo. Cuando por fín bajó la dureza se la sacó para inmediatamente pasar a comerle otra vez el culito, el semen que rezumaba de su ano y los jugos que la excitación hacian brotar de su coñito al que alcanzaba perfectamente teniendola puesta a cuatro patas. Manolo agotado tras la noche de volante se quedó dormido al poco rato mientas su esposa le acariciaba el cabello y le besaba en la frente. Entonces se puso el ligero vestido y fue a comprobar como su invitada seguía durmiendo algo inquieta, la sábana se le había recogido a los pies y los morenos muslos quedaban a la vista hasta las braguitas que le había prestado. Uno de sus pechos morenos y el oscuro pezón de pequeño tamaño asomaba por el tirante del leve camisón algunas tallas mas grandes de lo que debería. Algo se removía en el fondo de su corazón la veia como alguien desvalido, a quien proteger y por otro lado la belleza de la muchacha la habia conmovido y recordaba sus experiencias jueveniles con amigas, la investigación sobre el sexo que le llevó a sus primeras experiencias lésbicas. Todo a su debido tiempo la jóven se quedaria con ellos al menos unos días. El tiempo necesario para despistar por si alguien la perseguía y ayudarla a comenzar una nueva vida, no la iba a liberar de la esclavitud para lanzarla a la pobreza. Contenta y sin las braguitas, olvidadas en el dormitorio se puso a hacer las faenas de la casa, al cabo de un par de horas Sandra despertó asustada por que no sabía donde se encontraba. Sonia alarmada al oir el ruido acudió al dormitorio para verla acurrucada contra la pared. Despertada su ternura se sentó en la cama junto a ella la acogió entre sus brazos y besando su suave y negrisimo cabello le repetía estas a salvo, nadie va a hacerte daño. Te vamos a cuidar. Poco a poco se fue tranquilizando y automaticamente empezó a responder a las caricias de la rubia. deslizó sus brazos por su espalda abrazandola y masajeando suavemente su espalda o arañando suavemente la linea de la columna sus pechos apenas cubiertos por las livianas telas se rozaban consiguiendo poner duros los pezones de ambas y el primer beso suave en los labios fue algo completamente natural. Sonia acariciaba la negra melena y la cogio de la mandibula mientras los besos se fueron haciendo mas apasionados y las lenguas empezaban a entrar en acción. Cuando Sandra deslizó una mano por sus muslos en una leve caricia. Avanzando cada vez mas descubrió que la rubia no llevaba bragas. Deslizo dos de sus dedos hasta su coñito y apartando el vello fino y rubio le acarció los labios de la vulva que se abrieron solos a la caricia, descubriendo como pétalos de una flor el ahelante clítoris. Un gemido de placer escapó de sus labios. Sonia casi desmayada de placer intentó apartarla y decirle que no era necesario que la recibian de buena gana y ella contestó que quería hacerlo, se inclinó y retirando los tirantes del camisón dejó al descubierto los pechos pequeños conicos y bien firmes de su invitada y pasó a mamarlos y acariciarlos con sus labios, con la lengua tierna, haciendola suspirar. Lo que temía se había producido antes de lo esperado así que rindiendose a lo inevitable se separó solo un segundo para quitarse el vestido y sacarle la negligee a la invitada. Recostadas en la cama se besaban sin prisa las lenguas cada vez mas atrevidas mientras las manos recorrian sin descanso el cuerpo de la otra. Sandra seguia investigando el coñito de la rubia mientras esta dedicaba sus atenciones a su firme y prieto culito, sus nalgas eran amasadas y acarciadas. De pronto la exprostituta se colocó encima de ella y paso a besar sus hombros, lamer los pechos grandes claros poderosos y meterse los pezones de grandes areolas en la boca mientras su cuerpo sinuoso se frotaba contra el de la rubia, seguía bajando por el vientre hasta el ombligo donde metió la lengua mientras los pechos duros rozaban adrede el monte de venus de su amante. Los pezones en el clítoris fueron un descubrimiento nuevo pues Sandra era capaz de manejarlos como si de un dedo se tratara acariciadola con un fino control. Pero seguía bajando la lengua, ya lamía los vellos rubios y por fin llegó a la vulva que abierta la esperaba anhelante. Sonia se retorcia de placer con los muslos bien abiertos mientras la morena le proporcionaba todo el placer que podía como expresión de su agradecimiento. Sus sabias caricias apasionadas despertaban los rincones de su coñito haciendola suspirar. Con los poderosos muslos bien abiertos y la morenita acurrucada entre ellos pensaba que solo la presencia de su marido haciendo gozar a la belleza invitada podía hacer completo el instante de placer. Pero Manolo aun dormía el sueño de los justos por completo ajeno a los planes de las dos chicas que se estaban amando en el dormitorio de al lado. Con el sabor de varios de sus orgasmos en su lengua y labios Sandra besó a Sonia en la boca y se volvió a acurrucar entre sus brazos como buscando la protección que no ha tenido hasta ahora. Sonia tambien queria hacerla gozar pero ella dice: -Espera quiero disfrutar de vosostros, quiero haceros sentir lo agradecida que os estoy, incluso quiero daros el dinero que he conseguido ahorrar de la propinas que me daban los clientes-. Se estiró para alcanzar su bolso olvidado en la mesilla y sobre el generoso pecho de Sonia dejó caer una pequeña fortuna en billetes. -Pero criatura... tu estas bien de la cabeza? todo eso es tuyo, nosotros no te pedimos nada-. -Sois tan buenos conmigo que quiero... haceros felices-. -Bueno a mi me estas haciendo muy feliz asi desnuda encima de mi, y seguro que a Manolo le pasaria lo mismo, te quiero junto a nosotros-. Y volvió a besarla con toda su pasión. -Ahora solo tenemos que buscar un forma de decírselo, cosa que no creo dificil. Ahora me toca a mi hacerte un poco mas felíz a tí. Con los muslos a ambos lados de la rubia cabeza Sandra hizo descender su coñito sobre la boca y la lengua y durante un buen rato su clítoris, los labios hasta donde alcanzaba la inquisitiva lengua dentro de la vagina y hasta el perineo y el ano recibieron las caricias húmedas de la mujer del camionero. Los ojos azules de deslizaban por el vientre plano y los pechitos morenos y sus manos no estaban quietas: de las nalgitas, por la espalda a los pechos y hombros por delante toda la piel que alcazaba tocaba y acariciaba. Varias veces se corrió la caribeña sobre la boca golosa pero esta no paraba. Aún así su cabeza no había dejado de darle vueltas al asunto de su marido y decidió que un ataque directo era lo mejor. Se aproximaba la hora de la comida cuando el chico despertaba solo y hambriento. Decididiendo que un ataque frontal era la mejor estrategia agarró a Sandra de la mano y desnudas como vinieron al mundo se fueron al dormitorio donde Manolo dormia desnudo con la sábana recogida entre las piernas y la polla dura por los sueños apuntando al ombligo. Cada una se puso a un lado y entre las dos se pusieron a comerle el rabo que inmediatamente al sentir las lenguas dulces y cariñosas dio un salto como reacción. Un dulce despertar con las dos bellezas junto a su polla y los culitos desnudos casi junto a su cabeza. Así que aprovechó y deslizó sus manos por el culito blanco y por el culito moreno hasta que sus dedos indices investigando alcanzaron los dos coñitos cachondos que chorreaban jugos. La sorpresa quedaba muy diluida por lo que sentía en su polla, la lengua de la morenita empezaba a investigar sus huevos peludos mientas su mujer se dedicaba al hermoso tronco, o cambiaban y la exputilla se metia le glande en la boca para apretarlo mientras la rubia se dedicaba a los peludos testículos y en cuanto abrio las piernas al perinneo. Sonia quería, con algo de cargo de conciencia por haber sido la primera en beneficiarse a la invitada, ver a su marido follarse a la caribeña, con una leve indicación la hizo darse la vuelta, subirse encima de el y sosteniendo ella misma las nalgas duras, las fue bajando despacio mientras contemplaba como el duro miembro de su chico penetraba en el coñito dulce y ella misma la guiaba en la penetración y así la hizo cabalgarlo mientras ella se sentaba sobre su cara para que el chico le comiera el clítoris con la maestría que le caracterizaba. Manolo con la lengua ocupada con los labios de la vulva, el perinneo y hasta el ano de su esposa y las manos amasando las nalgas de esta sentía el sinuoso cuerpo de Sandra moviendose sobre su vientre hasta clavarse la polla en lo mas hondo del delicioso coñito. No lo veia, no podia tocarlo pero sentía el rabo apretado durante unos momentos, quieta, acomodandolo en su interior solo con los músculos de la vagina, luego sintió todo el movimiento como si quisiera exprimirselo. Las dos chicas se besaban con furia, la lengua de la caribeña recorria la boca ansiosa y le amasaba los desarollados pechos con una atención especial a los rosaditos pezones duros. Ninguno de los tres estaba quieto, ninguno podia parar dando todo el placer posible y recibiendolo de los demas. Sonia fue la primera en correrse, sus abundantes jugos se deslizaban por la barbilla de su hábil marido. Al sentirlos en la lengua este descargó el semen en la vagina de la caribeña ardiente y ella inmediatamente recibiendo las caricias de la cariñosa pareja derramó la mejor corrida que habia tenido en mucho tiempo sobre los testiculos empapados por sus jugos del camionero. Agotados por las emociones del día se dejaron caer encima del chico besandolo ambas por el placer recibido. Las lenguas de ambas competían por entrar en su boca y jugar con la de Manolo. Este no perdía la oportunidad de acaricar los deseables cuerpos desnudos mientras pensaba en todo lo que estaba pasando. Entre las dos le habían dejado la polla en carne viva y no tenía ninguna explicación para ello. Cómo su joven novia había llegado a tal grado de complicidad con la extranjera. y lo que les esperaba a partir de ahora. Cosa que su esposa pasa a explicarle con detalle mientras le da de comer. Sandra se quedará a vivir con ellos y a la ayudará en su pequeño negocio haciendole compañíá mientras él esta fuera en sus rutas. Y cuando llegue le espera una cariñosa bienvenida por parte de las dos chicas. La hermosa caribeña abre los ojos negros ante el plan y tan cariñoso recibimiento que no esperaba. Tras la comida y para ayudarle a reponer fuerzas Los sientan en un cómodo sillón mientras Sonia le enseña a su chico algunas habilidades que él no le conocía. Sobre el sofá del salón agarra a la caribeña y la coloca a cuatro patas, ella se situa detrás y con la habilidosa lengua le recorre las nalgas cada vez mas dentro de la rajita hast alcanzar el ano rugoso, lamiendo los alredores o intentando penetrar en él con la lengua. Baja por el perinneo buscando el coñito moreno, los labios finos ofrecen el tesoro del clítoris solo con un roce mínimo y su dueña suspira y goza de la caricia de su amiga, de su amante. Manolo comienza a explicarse el grado complicidad entre las dos chicas por que hasta entonces deconocia las habilidades lesbicas de su novia.