jueves, 18 de noviembre de 2021

El caserío de Cigales

¿Te suena el vino de Cigales? Pues nosotros vivimos en una finca cerca del pueblo, solos, trabajamos el campo y somos nudistas, en la finca no nos ve nadie ir hasta el granero desnudos o dar de comer a los animales o tomar el sol en nuestro patio. Solo nos ponemos ropa cuando vemos venir a alguien desconocido o un mono para los trabajos duros, solo ropa de protección cuando hace frío. Nos gustan las visitas que se desnudan, que les gusta vivir de forma natural y hacer el amor de forma natural. Incluso cuando salimos de la finca procuramos llevar la menor ropa posible. Ir de vacaciones a sitios nudistas o llevar un mono como única pieza de ropa y desde luego follar mucho. Y con toda la gente disponible y que nos guste. Tenemos un dormitorio enorme y con una cama gigantesca donde cabe mucha gente. Y calor mucho calor para poder estar desnudos o con prendas eróticas recibir a nuestros amigos en tangas o en ropa sexi y desnudarlos en cuanto se bajan del coche, esconderles la ropa y tumbarlos en el primer sitio acolchado disponible y comerles el sexo hasta que consiguen su primer orgasmo en nuestra casa y desde entonces hasta que se van disfrutar de sus cuerpos atendiéndolos como si fueran bacantes. Juan y Sara, la pareja que vive en la finca, en Cigales ha contratado un peón, un muchacho joven y guapo y cuando acaba el día bisexual. Va a ayudarlos una temporada en el campo, el primer día todos están vestidos, pero Juan ya se quita la camisa exponiendo al sol su bronceado y musculoso pecho y Sara luce su ligero vestido de tirantes sin ropa interior, cada vez que se agacha a recoger algo los ojos del peón se van detrás de los muslos torneados y la sombra de vello púbico. Pronto el calor, el sudor hace que se quite la camisa dejando ver un bonito y delgado aunque blanco torso, Juan está pensando en comerse a su peón y que Sara le ayude en tan placentero empeño. Tras la jornada de duro trabajo y el constante juego de miradas y roces entre los tres, Juan decide que la mejor forma de quitarse el sudor y el polvo que los cubre es la manguera del jardín que agarra. Y pronto la enchufa hacia su mujer, la ligera tela se pega a su piel transparentando sus preciosos pechos, grandes y algo colgantes. Sus enormes pezones duros y el vientre firme y sus jugosas caderas. Le le entrega el tubo goma al peón y se baja los pantalones quedando completamente desnudo y se reúne con su bella mujer. Le dice que los moje y ambos se frotan el cuerpo girándose y dejándole ver todos sus encantos. Sara de pronto le arranca la manguera de las manos y le enchufa con ella dejando al joven completamente calado. No quiere desnudarse para que ellos no vean su estado de excitación. Pero Juan sin misericordia le arranca los shorts, descubriendo la sensacional polla. Riéndose le coge de los hombros le gira hacia Sara y le dice ¿te gustaría follártela? ¿Verdad? Y dándole una palmada en el culo se ríe. Sara ya se ha sacado el trapo mojado y aparece en su espléndida desnudez. Juan lo empuja hacia ella que se arrodilla en el suave césped para mamarle la polla. Juan le acaricia el culo mientras los mira y lleva una mano del chico hacia su polla. Aunque el obrero no empieza siendo bisex durante esa tarde deja que Juan se lo folle y decide que le gustan las relaciones con chicos. Dos fines de semana mas tarde el chico invita a su novia a la finca y el teatro vuelve a comenzar  por la mañana todos están vestidos y en la calurosa noche todos desnudos y follando juntos en el césped y bajo la manguera. II. Juan y Sara han llegado a la ciudad para hacer unas compras. Y no solo buscan ropa de trabajo. En las tiendas de ropa no solo buscan algo sexi algo que les favorezca como de costumbre. Paseando por una zona comercial un escaparate les llama la atención dos solitarios maniquís uno de una chica y otro de un chico y colocados en una pose insinuante exhiben unos conjuntos muy sexis de lencería. Unas personas tan sexuales/sensuales como ellos no necesitan apenas nada para excitarse pero hay algo elegante y cuidado tras ese discreto cristal que les llama la atención. Mas para descifrar el misterio que se adivina que decididos a comprar nada entran. Tras un pequeño mostrador una sola dependienta les sonríe. Algo rellenita pero ella sola una elegante muestra de la mercancía de la tienda. Bajo la transparente blusa un sujetador de encaje de media copa que permite ver mas de lo que oculta, insinua la abundancia de los senos y su admirable forma. Los muslos y el culo grande, firme y respingón se adivinan perfectamente bajo las mallas de fina lycra negra y la melena rubia enmarcando el rostro angelical. La combinación del dulce rostro con el voluptuoso cuerpo la hacen inmensamente apetecible. III. A Juan el bisex pervertido que vive en el campo le encanta la ropa interior y en la tienda de Coronas se encuentra siempre lo mas sexi y divertido. Sara su esposa y aún mas pervertida y bisexual que él se ha fijado en la gordita dependienta y solo piensa en comerle los inmensos melones. En follarsela en los probadores para luego llevársela a su finca y hacerle el amor sobre la paja durante muchas horas y dejar que su marido las vea disfrutar o el espectáculo de Juan haciéndole el amor mientras ella se masturba. Sin preocuparse de inhibiciones, sin prisa lentamente y donde cada mirada excite mas para seguir amándose. IV. Cuando tenía diez y ocho años fui a pasar unas vacaciones a la granja de unos amigos de mis padres. Al bajar del autobús me recogió un chico de unos veintiocho años guapo y muy moreno. Vestía una camiseta sin mangas por la que podía ver perfectamente sus músculos en los brazos y hombros y unos pantalones muy cortos que me mostraban sus prietos y musculosos muslos. Se presentó como Juan con un fuerte apretón de manos. Yo no estoy mal del todo; soy rubio alto y delgado pero unos pocos partidos de baloncesto a lo largo del curso no habían hecho mucho por mejorar mi forma física. Aunque las duchas de después si habían despertado mi interés por los cuerpos bien formados y el de Juan era uno de ellos. Por cierto me llamo Daniel y Juan era mi anfitrión. Echó mi mochila en la parte de atrás de una pick-up e iniciamos el viaje de unos treinta km hasta su granja. Me fue contando algunas cosas y la impresión que me dio fue de simpático y agradable. Al llegar nos anunciamos tocando la bocina y de un granero cercano salió a recibirnos una chica preciosa. Dejó en el suelo la cesta que llevaba y se abrazó a Juan que sin ningún disimulo acariciaba el firme y gran culo que marcaba el ligero vestido de tirante. Le metía la lengua en la boca como una serpiente , aunque ella tampoco se quedó atrás, pues al separarse riéndose le sacó la camiseta. Juan nos presentó; ella se llama Sara, era pelirroja y me miraba fijamente de arriba abajo, yo me sentí como un trozo de carne bajo sus ojos azules y de mirada firme. Me dio los dos besos de rigor en las mejillas pero muy cerca de la comida de mis labios y mi mano fue casi sola a su cintura. Sin dejar de sonreír comentó lo pálido que se me veia y me dijo que me quitara la camisa para empezar a broncearme, viendo que Juan ya exhibia sin reparo sus marcados abdominales yo me saqué la prenda. Sus ojos terminaron de recorrer mi anatomia con lo que me pareció aprobación. Juan me condujo por los graneros, cuadras y naves enseñándome orgulloso la maquinaria y los animales y me señaló algunos de los campos que íbamos a trabajar. Yo había ido a ayudarles durante el verano, pero también me enseñó una pequeña piscina que se había construido y me contó que algunas noches iríamos a los pueblos, discotecas y fiestas de los alrededores. Luego cogiendo mi mochila del coche me condujo a mi habitación. Allí estaba Sara inclinada sobre el colchón haciendo la cama, la corta falda del vestido se había subido sobre las poderosas caderas y se podía ver todo el esplendor de su amplio culo a ambos lados de un pequeño tanga. Mis experiencias con chicas habían sido muy limitadas y creo que eso se notó cuando me quedé mirando el maravilloso espectáculo con la boca abierta como un buzón de correos. Juan que no se cortaba un pelo aprovechó para agarrar las nalgas y deslizar el dedo indice entre ellas por encima de la licra hasta alcanzar los labios vaginales de su mujer. Se dirigió a mi para decirme: ¿a que esta bien buena?. Y yo atónito no pude mas que asentir con la cabeza mudo. La otra mano la deslizó por los pechos retorciendo suavemente uno de los pezones que se escapaba del tirante que debía ocultarlo o amasaba el globo con toda la mano. Sara comenzó a suspirar fuerte, dejó la sábana y deslizó su mano por el muslo desnudo de Juan en busca de su bragueta. mi polla se estaba poniendo muy dura marcando un bulto en los pantalones del que Sara girando la cabeza para mirarme se dio cuenta inmediatamente. Me hizo un gesto para que me acercara a ellos. Saliendo de mi estupor conseguí que mis piernas se movieran y mirando a Juan que me animaba con su sonrisa conseguí aproximarme a ella que de inmediato comenzó a besarme el pecho y mordisquearme los pezones. Deslicé una de mis manos por la espalda de Sara y otra por sus grandes pechos. Él subió el vestido por la espalda y comenzó a bajarle las bragas, se inclinó sobre ella y comenzó a besarle las nalgas que separó con las manos para deslizar su lengua entre ellas hasta alcanzar el ano de su esposa. Esta había comenzado a bajar besando mi vientre lamiendo mi piel y quedando perpendicular a mi y desabrochándome los pantalones para descubrir mi durísima polla que sacó del slip para comenzar a besarla por todo el tronco, meterse los testículos en la boca o lamer el glande. Juan se separó de ella lo justo para quitarse los short debajo de los cuales no llevaba nada nada mas que una oscura dura y dulce polla y acercarse también a mí. Juntos a dúo comenzaron a comerme el pene y sentí como una mano, no se de quien, se deslizaba entre mis muslos hacia mis nalgas en busca del ano. Estaba en la gloria, dos bocas me besaban y lamian del vientre a los muslos. Juan la hizo parar y levantar diciendo que no querían que me corriera tan pronto y dirigiéndose a mi me preguntó: - ¿Te gusta Sara? - Es preciosa contesté. - ¿quieres probar su coñito? -Desde luego. Ella era la única que tenía algo de ropa, su vestido aunque ya sin bragas. Juan se puso detrás de ella y besándola en el cuello empezó a subir la prenda dejándome ver los fuertes muslos, las caderas generosas y el pelirrojo pubis el vestido seguía hacia arriba por el plano vientre hasta los pechos cónicos, duros y con sus oscuros pezones hasta salir por los hombros pecosos. Juan volvió a indicarme que me acercara pues la miraba admirado a no mucha distancia. Pude besarla en la boca mientras él, que nos abrazaba a los dos desde detrás de ella, me obligaba a apretar mi cuerpo desnudo contra el suyo, sus pezones contra los míos y mi polla apretada contra su vientre . Las manos del chico recorriendo mi espalda o amasando mis nalgas. Las mías tampoco estaba quietas recorriendo el cuerpo de ambos de arriba abajo e incluso las deslicé entre ellos para agarrarle la polla a Juan y asegurarla entre las poderosas nalgas de Sara. Él me cogió de los hombros y empujó hacia abajo y fui besando los hombros y el cuello, lamiendo los pechos y el vientre hasta el monte de venus acabando arrodillado a sus pies. Ahí se acostó en la cama con los muslos bien abiertos y yo pude acomodarme entre ellos para poder lamerle la cara interna y por fin disfrutar del hermoso coñito en mi lengua. Aunque era el primero del que disponía, conocía evidentemente la teoría del cunnilingus que me dispuse a aplicar con el debido interés. Lamiendo los labios separándolos con la lengua en busca del clítoris que pude besar y lamer a placer, penetrarla con dos dedos mientras tenia su sabor en mi boca. Juan mientras yo le comía la vulva a su mujer no se quedaba quieto besándola en los labios sorbiendo su lengua, mordisqueando y amasando sus pechos y pasando al vientre de allí levantó mi cabeza suavemente con la mano para mirándome a los ojos besarme suavemente. Sonriendo correspondí a su beso con pasión pasándole en la lengua el sabor del coño de Sara y jugando con la suya lamiendo sus dientes. Sabiendo que yo también le correspondía no quiso que la abandonara y me dejó volver a la deliciosa almeja mientras él lamía mi espalda hacia un delicioso beso negro. Así estuvo lamiéndome durante un rato el ano los testículos y el pene. Como si fueran una sola persona como si se entendieran telepáticamente ella me cogía de los hombros y tiraba de mí mientras él me empujaba del culo. Volví a besar su ombligo y a morder sus pezones hasta besarla en la boca mientras Juan dirigía mi glande con su mano hacia el coñito que mantenía abierto con dos dedos de la otra. Cuando empecé a moverme encima de ella, seguía acariciándonos a los ambos besándonos y lamiendo nuestra piel. Ella rodeaba mis piernas con las suyas manteniéndome pegado a su cuerpo. Mi excitación hizo que no pudiera aguantar mucho pero a ella no pareció importarle pues ya había tenido varios orgasmos con nuestras lenguas o con el tener a dos chicos pendientes de ella. Juan apretaba mi culo mientras me corría en su esposa, dentro de ella. Luego quiso que le comiéramos el coñito entre los dos mientras nos besábamos y compartíamos el sabor de mi semen que rezumaba y los jugos de ella en las lenguas. V. Mientras me besaba no dejaba de acariciarme y yo tenía una mano en su rabo duro pues él no se había corrido aún. Pasé a lamerle la oreja y el oído y deslicé en él estas palabras: - ¿quieres follarme? El me dijo que no se atrevía a pedírmelo y yo le contesté que no era virgen de ahí y que tenía que contarles mis experiencias en los vestuarios y duchas en las canchas de baloncesto. Esta vez Sara se tumbo de espaldas en la cama yo encima de ella en un sesenta y nueve con las rodillas cerca del borde de la cama y Juan de pie justo detrás de mí. Se me hacía el culo gaseosa esperando probar ese hermoso rabo. Juan volvió a lamer mi ano ensalivándolo bien y metiéndome uno y dos dedos lubricados para dilatarlo con suavidad y entonces sentí su glande comenzando a entrar en mí. Justo cuando penetraba a Sara todo lo que podía con mi lengua y esta se metia mis huevos en su boquita y acariciaba los de su marido con la mano. También se metía mi flácida polla en la boca, flácida por poco tiempo claro pues con el tratamiento que estaba recibiendo por delante y por detrás pronto volvió a adquirir consistencia. Sara contenta con la nueva dureza siguió chupando y metiéndosela en la boca hasta la garganta. Juan bombeaba fuerte algo que a mí me encantaba y se corrió dentro de mi. Y viendo que se me había puesto dura de nuevo me puso a mí de pie y a Sara sentada en la cama para que me comiera el ano y el semen que de él rezumaba Mientras Juan me comía la polla hasta que volvía correrme esta vez sobre su lengua inmediatamente se puso de pie para besarme en la boca y compartir mi semen conmigo y con ella que se nos unió en un maravilloso beso a tres. Cansados y contentos nos derrumbamos en la estrecha cama que parecía que no iba a usar mucho. Yo quedé en medio y mientras me besaban y acariciaban suavemente estuvimos charlando, me dijeron que no solo habría sexo, que tendría que trabajar tan duro como ellos pero que la recompensa sería muy placentera viendo lo satisfactorio de nuestra primera sesión. Me contaron que ambos eran bisexuales y que les gustaba mucho hacer el amor y que con cuanta mas gente mejor. Me preguntaron a mí por mis experiencias y les conté que con chicas nunca había pasado de besos y magreos, creo que Sara no acabó de creérselo. Aunque las deseaba mucho y me encantaban. Mis experiencias mas profundas habían sido con chicos en las duchas tras los partidos y los entrenamientos y de como con un buen amigo habíamos dejado la virginidad de nuestros culos en el olvido. Desnudos como estabamos bajamos a la piscina y estuvimos nadando y jugando un rato hasta la hora de la cena y tras esta me invitaron a compartir su inmensa cama en la que caímos rendidos. VI. A la mañana siguiente tras el fenomenal recibimiento pues esa noche apenas pudimos compartir algunas caricias y besos el despertador sonó temprano. Vestido solo con unos shorts que me prestó mi anfitrión y él con la misma indumentaria atendimos a los animales y recibí mi primera clase de conducción de maquinaria agrícola. A casi diez kilometros de de cualquier otro ser humano y con esos dos cuerpos tan calientes cerca mi felicidad era completa e iba a pasar casi tres meses con ellos. Cuando hacía las cosas bien Juan me premiaba con un beso y con un cariñosos azote cuando me equivocaba en algo ente bromas y risas y caricias el trabajo iba saliendo aunque Juan me decía que me tomara las cosas con calma o al día siguiente iba a tener agujetas. A media mañana y con el almuerzo fue Sara quien extendió por mi espalda y pecho protección solar para que mi piel no se quemara y pudieran disfrutarme mejor. A medio día un baño en la piscina antes de comer para relajar los músculos doloridos y una pequeña siesta a la sombra a la hora de mas calor completamente desnudos. Todo era un festival de caricias y cariños hasta tal punto que los dos decidieron ponerse a follar mientras yo los contemplaba con Juan encima, yo me masturbaba lentamente contemplándolos. Casi sin dejar de besarla Juan me dijo: -acércanos esa maravillosa polla. Yo se la puse en la boca. Asi mientras sus caderas se movían suavemente los dos me lamían y comían el pene y los huevos o la raja del culo por donde Sara pasaba la lengua. Ella parecía que se corria de continuo. Juan lo hizo en su mujer y yo sobre la cara de esta para ver como él lamia los restos de mi semen que había caído fuera de la boca. Con energías renovadas volvíamos al trabajo cada mañana. Otra noche con mas caricias y besos y desnudos en su cama Juan se puso boca arriba, Sara sobre él follandoselo por el coñito y yo en equilibrio entre las bellas posaderas de ella. La doble pentració es difícil, hay que aguantar el equilibrio y no tener miedo de rozar la piel del otro chico. Evidentemente no era mi primer culito pero si el primero de una chica. Mis manos no paraban de amasarle los pechos y las de Juan lo hacía con mi culo de una forma fantástica, incluso deslizando en su interior uno de sus dedos. Desde luego por el culo estupendo de ella habían pasado algo mas que unos dedos y así como habíamos follado unos encima de los otros nos dormimos, ella entre ambos. VII. Así pasaban los días A veces Juan y yo hacíamos un descanso en el trabajo para disfrutarnos mutuamente como una vez en le pajar cuando comenzó a besarme y a sorberme el pecho que estaba empezando a coger músculo y un bonito bronceado. E imitando mi movimiento del primer día comenzó a besarme la oreja y me dijo follame, quiero tu rabo en mi culito. Animado de esta forma inmediatamente le bajé los pantalones y procedí a comérselo para abrirlo y relajarlo a la vez que lo ensalivaba bien para lubricarlo aunque se notaba que lo tenía bastante practicado introduje mi lengua todo lo posible, luego ayudé con el índice que movía de forma circular y él comenzó a gemir. Viendo que ya era el momento de usar la herramienta apropiada para el trabajo acerqué el glande a su ano que se lo tragó sin rechistar. Arrodillado tras él sobre la paja agarrándolo de las caderas me lo follaba suavemente y despacio. Uno de los mejores culos que he probado, duro y fuerte. De pronto un leve ruido me hizo girar la cabeza hacia la puerta y allí con los pantalones cortos que se había puesto ese día por los tobillos, una mano en su coñito y la otra acariciando sus pechos estaba Sara clavando su mirada en nuestros cuerpos con cara de salida. Cuando me vió mirándola se llevó un dedo a los labios para que guardara silencio pues Juan no se había enterado de nada y ella quería disfrutar del espectáculo que la estabamos dando. A mi la situación me excitaba aun mas el saber que ella me estaba mirando y excitándose conmigo. Quería esmerarme en darle espectáculo. Así comencé a darle fuerte o buscaba su pene con mi mano para masturbarlo un rato o me echaba sobre él para besarlo en los hombros, el cuello o la boca si giraba la cabeza lo suficiente. Eyaculé dentro de su ano y para permitirle a Sara una retirada discreta le obligué a permanecer a cuatro patas sobre la paja mientras yo le comía el culo y lamia mi propio semen que rezumaba de entre las nalgas. VIII. A solas con Sara mas tarde me comentó lo excitada que se había sentido mientras me veia joderme a su marido y que le hubiese gustado disfrutar del espectáculo completo con él follándome a mi. Y eso me lo decía mientras veia sus grandes pechos bambolearse trabajando en la cocina, pues ella seguía solo con los pantalones cortos. A mí se me hizo muy difícil no tumbarla sobre la mesa y hacerle el amor sobre la harina. En realidad fue ella la que cogió un poco de mermelada con sus dedos y me la pasó por los labios, besándome a continuación. Ya no pude resistirlo mas mi polla había reaccionado en los pantalones y la cogí las tetas para acariciar los oscuros y duros pezones, que me metí en la boca, no sin antes embadurnarlos bien con la mermelada casera con la que estaba trabajando. La besé el estómago y el vientre dulce por jugo de las manzanas y le saqué los pantaloncitos para comerle un rato el chorreante coñito. La cogí del culo y la subí a la encimera con las nalgas a ras del borde, ella me bajó los shorts que quedaron enrollados en mis tobillos y dirigió la polla dura hacia su vagina que me esperaba abierta. Ella se sujetaba en mis hombros y rodeaba mis caderas con sus muslos mientras yo la follaba fuerte sujetando sus nalgas y muslos con mis manos para no acabar los dos en el suelo y heridos. Nos besábamos con furia y las lenguas parecían dos serpientes enroscadas. Me corrí mientras escuchaba sus gritos y me mordía la oreja y oíamos el tractor entrar en el patio con Juan al volante. Por la noche Sara le contó a su marido con todo detalle lo que había disfrutado primero con el espectáculo del pajar y luego con el polvo conmigo en la cocina mientras estabamos los tres en la cama nosotros dos comiéndole el coñito antes de dormir. IX. Dos días después fuimos al pueblo cercano que estaba en fiestas. Una noche muy calurosa, bailamos en la berbena, bebimos en las peñas, nos besamos tras la tapias y teníamos los ojos bien abiertos a la caza de alguna presa a la que hacer el amor: chico o chica. La presa fue de Sara que descubrió a una rubita voluptuosa que había venido a pasar las fiestas al pueblo de sus ancestros aunque vivía en una capital. Juntas fueron cogiendo confianza pues la rubia aparte de su familia apenas conocía a nadie en la localidad. Juan y yo las sacábamos a bailar a ambas y le dábamos conversación. Llevaba unos vaqueros y un pañuelo anudado al pecho amplio que se apretaba al mio cuando bailábamos juntos. Mi mano podía recorrer su espalda casi desnuda con total libertad o posarse en el rotundo culito. El primer beso fue algo natural y esperado nuestros labios se acercaron y se posaron casi sin darnos cuenta, y poco a poco fuimos profundizando cada vez mas con mas lengua, era algo natural. Yo era el soltero con el que podía ligar. Según iba avanzando la noche ella nos permitía cada vez mas avances, al principio solo a mí, nos acariciábamos cada vez con mas pasión pero luego incluso mi parejita podía meterla mano. Hacia las tres ya nos besábamos con lengua nos acariciábamos sin reparos y nos abrazábamos. Juan y Sara hacían lo mismo casi en una amistosa competición y solo cuando les tocaba bailar con ella se permitían algún avance mas. Yo la calentaba pero hasta Sara cuando bailaba con ella aprovechaba para meterle mano e incluso besarla, ella no parecía tener muchos reparos ante esos avances lésbicos. Hacia las cuatro cuando la fiesta decaía y las parejas se perdían hacia las eras, las casas y los pajares le propusimos continuarla en nuestra casa. Buscamos a una prima suya que se estaba dando el lote con un chico en una peña, para decirle que pasaría la noche fuera y esta aprovechó para gastarle una broma sobre el chico guapo que se había ligado, yo aún me puse colorado ante esa alusión. Se montó conmigo en el asiento de atrás de la pik-up que era bastante estrecho. En cuanto dejamos atras las luces del pueblo me dediqué a ella con fervor, nos besábamos con pasión y mis manos primero levantaron el top para acariciar sus enormes pechos sobre los que me incliné para chupar y lamer los firmes pezones de grandes areolas rosadas, viendo que el asunto era un estorbo lo desanudé y se lo saque de la cinta que que le pasaba por detrás del cuello. Sara viendo que nuestra invitada perdía el pudor e iba camino de la desnudez procedió a quitarse la minifalda que traía para que Juan pudiera acariciar sus muslos sin problemas. Sonia apretaba mi cabeza contra sus pechos y la ponía entre ellos juntándolos a mi cara. Comenzó a tirar de mi camiseta para sacármela, en eso estábamos cuando llegamos a casa. Con las prendas en la mano nos dirigimos al salón donde nos pusimos unas copas y algo de música para seguir bailando. Sonia y yo seguíamos con nuestros apasionados besos nuestros torsos desnudos juntos. Sara le sacó los pantalones a su marido y ambos solo con los tangas y las camisetas puestas seguían bailando agarrándose al culo del otro como si fueran a perderlo. Sonia de vez en cuando los miraba y sonreía. Un cambio de parejas llevó a las chicas juntas y a mí con Juan. Mis manos se deslizaban por su culo desnudo bailando bien agarrados y besándonos suavemente en los labios. Ellas también se besaban en la boca y Sara acariciaba los pechos desnudos de la invitada. Solo paramos de bailar para sacarnos los pantalones, y el matrimonio las camisetas que era lo único que nos quedaba puesto a excepción de los tangas. Se imponía un baño nocturno en la piscina y fue Sara quien lo sugirió. Sonia aceptó encantada al descubrir la alberca cuando encendí las luces del jardín. Allí nos dirigimos los cuatro y comenzamos a jugar dentro del agua. Nuestros penes duros se salian de los tangas. Asi que las chicas optaron por quitárnoslos y luego despojarse de los suyos. Sonia pilló las tetas de Sara y comenzó a magrearlas mientras la besaba en la boca, la nuestra no se quedó atras atrapando de inmediato las impresionantes y enormes nalgas. Mientras nosotros las mirábamos y deseábamos puestos en remojo para bajar un punto la calentura. Fue nuestra nena la que bajó besando y lamiendo los hombros y los bien formados pechos de la invitada, la sentó en el borde de la piscina para lamer su vientre y ombligo y luego con los muslos bien abiertos comenzó a lamerle los labios de abajo arriba. Hasta que ellos solos se abrieron , introdujo la lengua y jugó con el clítoris mientras Sonia gemía suspiraba y acabó corriéndose en la lengua de Sara. Nosotros no perdíamos detalle, solo había podido soñar con un espectáculo semejante aunque para Juan parecía que no era ninguna primicia. Nuestra pelirroja salió de la piscina y con las piernas abiertas en el borde una a cada lado de la chica hizo descender lentamente su coñito sobre su boca que inmediatamente empezó a trabajar. En ese momento fuimos nosotros quienes nos abalanzamos sobre la vulva libre para lamerla a duo mientras nuestras lenguas jugaban entre ellas y con su clítoris. Volvimos los cuatro al agua después de que ellas se corrieran para besarnos y acariciarnos húmedos y calientes. Sonia se habia dado cuenta de que todos eramos bisexuales y estaba claro que a ella le gustabas las chicas también. Estuvimos hablándolo mientras nos acariciábamos con suavidad y ternura. Ella nos confirmó que quería hacer el amor con los tres y desde luego nosotros estabamos deseando hacerlo con ella. De allí sin apenas secarnos pasamos al dormitorio principal escenario de la mayoría de nuestros trios y ahora de esta pequeña orgía Sara nos conducía agarrándonos de las pollas. Sonia impresionada por la enorme cama se puso a cuatro patas enfrente de Sara a la que podía besar en la boca y nosotros nos pusimos tras ellas a besarlas del coñito al culo lentamente. Pasando las lenguas por las amplias posaderas o metiéndoselas en el agujerito del culo, mordiendo las nalgas saboreando los jugos que la enorme excitación femenina nos daba. Yo estaba detrás de nuestra pelirroja cuando llegó el turno de usar la polla y me pidió que se lo metiera por el ano. Sonia quiso probar el rabo de Juan en el coñito y este le dio el gusto aunque yo magreaba a Sara sus preciosas tetas. Sentía manos por allí que no eran las mias o podía alcanzar a besar a la invitada en la boca si me inclinaba sobre la espalda de Sara y ella se incorporaba un poco. Ellas no dejaron que nos corriéramos, querían hacernos durar y nos cambiaron de postura. El matrimonio volvió a estar juntos haciéndose un sesenta y nueve mientras Sonia y yo en la clásica postura del misionero los mirábamos, nos besábamos y disfrutábamos de una lenta pausada y sensual penetración. Ella cruzaba las piernas por detrás de mis rodillas y clavaba las manos en mis nalgas para que fuera mas profunda. Cuando Juan estaba a punto de correrse acercó su polla a nuestras caras juntas y Sara se nos unió besándonos a ambos suavemente. Su eyaculación alcanzó nuestras tres bocas que la recibieron relamiéndose y las caras juntas que el resto de las lenguas recorrieron, luego le lamimos la polla y los testículos para hacernos con el resto del semen y recoger las últimas gotas directamente de su glande. Por ahí mas o menos me corrí yo dentro de Sonia que parecía que no había parado de tener orgasmos en toda la noche. Y nuestra parejita pasó a lamer mi corrida directamente de los labios de su vulva. Cansados y satisfechos nos dormimos los unos en brazos de los otros entre caricias y besos. Sonia parecia muy complacida de habernos conocido pues se aburría mortalmente en el pueblo sola. X. Yo desperté primero y no era precisamente temprano, habíamos dejado preparados los animales para no tener que atenderlos hasta medio día. Así que imaginando que los demás despertarían con tanto hambre como yo bajé a preparar el desayuno. A los diez minutos de andar por la cocina llegó Sonia completamente desnuda, el matrimonio seguia durmiendo, y como saludo nos besamos en la boca y seguimos con el café y los bollos, cuando le llegó el turno a la mermelada cogí un poco en el dedo y se lo puse en los pezones, estos reaccionaron de inmediato al frio y la humedad poniéndose duros como piedras. y de inmediato se los lamí. Ella hizo lo mismo conmigo y los míos reaccionaron exactamente igual. Estaba preciosa con un poco de mermelada de mora en la comisura de los labios y otro poco en los pezones como una bella vampira que acabara de salir de una orgía. La inspiración gastronómica nos inundaba y seguimos saqueando la nevera; la miel resultó demasiado pegajosa pero el chocolate estaba mucho mas sabroso sobre su suave piel. Cuando llegamos a la mantequilla descubrimos que su único uso posible era como lubricante y resultó que Sonia era virgen en su precioso y delicado ano. Le hice probar un delicioso beso negro con chocolate caliente. Ella tenía curiosidad y me estuvo preguntando. Si lo hacíamos entre Juan y yo, ya me habia visto penetrar a Sara el culito. Yo intenté aclarar sus dudas contándole incluso mis experiencias anteriores a mi llegada a la finca. Sonia se decidió a que lo intentáramos en ese momento juntos. Para ayudar, se lo unté de chocolate y se lo estuve lamiendo eso la dilató bastante, desde luego el beso negro es lo ideal para relajarlo. Ella se retorcia y gemía mientras su ano se abría para mi lengua. Del chocolate pasamos a la mantequilla a la vez que que pasé de la lengua a los dedos, primero uno luego dos y por fin la polla. Con las tetas apoyadas en la encimera comencé  a meterle el pene suavemente, lento y dulce procurando que no le doliera y que disfrutara lo mas posible. Estando en esas aparecieron por la escalera Juan y Sara que por fin habían despertado y notado la ausencia de sus invitados, quejándose de que no les habiamos invitado a participar de la diversión se nos quedaron contemplando. Evidentemente querían participar pero con una primeriza no quise muchas distracciones pretendía que se concentrara en lo que estaba sintiendo por detrás y les obligué a que se estuvieran quietecitos. Aunque en cuanto nos corrimos pues ella tuvo  mas de un orgasmo sólo notando mi rabo en su rotundo culo, Juan se lanzó sobre sus nalgas y Sara sobre mi polla para disfrutar de los variados sabores que habiamos conseguido. Se quedaron encantados al descubrir la variante gastronómica que habiamos introducido en el asunto y decidimos continuar con ella en el jardín y mezclar el sexo con la comida cuya hora se aproximaba. Usando como platos los cuerpos de los demás y como aderezo los jugos que salian de nuestros genitales. El helado con semen servido sobre el pecho de chica dejando que se derritiera lentamente al sol y resbalando lentamente por las tetas mientras el frio del helado les mantenia duros los pezones, los demás podíamos lamerlo lentamente. Los trozos de melon, de plátano o de melocotón saliendo de los coñitos o las rodajas de piña ensartadas en los rabos duros y pidiendo guerra. Asi con los cuerpos untados de comida y sudorosos al sol Juan se folló a Sonia sobre el césped en la clásica y descansada postura del misionero mientras yo estaba tumbado de espaldas. Sara botaba sin descanso sobre mi rabo dándome la espalda, postura en la que yo podía penetrarla el culo con uno o dos dedos cosa que la volvía loca. Sara era completamente multiorgásmica y yo sentia sus corridas deslizarse con suavidad por mis testículos una y otra vez. y aunque Sonia no tenia la capacidad de Sara para correrse Juan consiguió un par de sus orgasmos antes de separarse de ella, tumbados sobre la suave y cuidada hierba en un circulo de placer yo volvía a lamer el coñito de Sonia mientras ella le comía el coñito a Sara que a su vez tenia en la boca el rabo de su marido y este me lamia las corridas de su mujer de la polla. Tras eso nos pusimos unos pantalones cortos y realizamos los trabajos mas urgentes de la granja y fue muy erótico ver las ubres generosas de Sonia mientras intentaba ordeñar una vaca hubiera sido zoofilico si ella no hubiera estado tan buena y quien se iba a fijar en la vaca teniendo una chica tan guapa casi desnuda. Tras una lenta ducha donde cada uno quiso demostrar a los demás la excitación que sentía acariciándose nos vestimos. Fuimos al pueblo a por los últimos bailes en compañía de Sonia. Bailes muy pegados y cariñosos para demostrarle lo que la íbamos a echar de menos. Desde luego cambiamos los teléfonos y nos estuvimos llamando un par de veces a la semana hasta que volvió al pueblo como un mes mas tarde esta vez solo para pasar un fin de semana con nosotros y nunca hemos llegado a perder el contacto. XI. Aunque después de la orgía de casi un día que nos habiamos marcado con ella, al bajarnos de la pick-up Juan todavía propuso un baño nocturno en el que aprovechó para arrimarme el musculoso culo a mi dispuesta polla pidiendo guerra. Así lo empalé junto a la piscina mientras Sara con los muslos bien abiertos sentía la lengua de su esposo comerle el coñito lento y suave como a ella le gustaba ademas de disfrutar del espectáculo de verme follármelo que también la excitaba mucho. XII. A veces íbamos de compras o a hacer reparaciones que no podíamos hacer en la finca a otro de los pueblos de los alrededores. Allí conocí a David un chico de mi edad, del pueblo, guapo y delgado,  pronto nos hicimos amigos pues en ese pueblo no habia mas chicos de nuestra edad y él tenía un ciclomotor con el que venía a buscarme algunas tardes que ambos estábamos libres de tareas para explorar los alrededores. Juan me animó a ligármelo y Sara dijo que le encantaria tenerlo entre los muslos. La chica es un poco bruta. Naturalmente hablábamos de chicas y de sexo. Él era completamente virgen e inexperto pues en el pueblo no tenia ninguna posibilidad, se excitaba solo con mencionar el tema, yo veia el bulto de polla dura marcándose en los shorts o pantalones de deporte que usábamos y desde luego estaba deseando probarlo y de probarle a él al completo. Cuando íbamos en su moto procuraba pegarme mucho. Le cogía de la cintura y me apretaba fuerte. Normalmente mi mano bajaba un poco por la tela de sus pantalones o subía por su vientre desnudo, siempre solíamos llevar las camisetas atadas al manillar de la moto y procuraba frotar mi pecho a su espalda desnuda. El no se molestaba por tales familiaridades y cuando conducía yo se pegaba a mi como una lapa, tanto que empecé a notar su rabo duro pegado a mi culo solo separados por la tela de los pantalones cortos. Pronto descubrimos nuestro lugar secreto, una pequeña y escondida pradera de fina hierba en medio de un bosquecillo. Allí solíamos tumbarnos a descansar, merendar y tomar el sol. Nadie podía molestarnos pues quedaba dentro de la finca de Juan. El segundo día de parar allí me quité los shorts y quedándome desnudo del todo pues debajo no llevaba nada le dije: -si vamos a tomar el sol que sea del todo. A mi no se me notaban marcas de bañador pues en la finca casi siempre iba desnudo del todo con lo que mi piel se estaba bronceado de una manera uniforme. Él siguió mi ejemplo se bajó los pantalones vaqueros cortados y luego un bañador tipo slip que tenia puesto dándome la espalda. Lo primero que vi fue su culito prieto y blanco con las nalgas duras y musculosas por el ejercicio duro del trabajo. Eran preciosas y estaba deseando follármelo ya mismo, veía su rabo fino y largo que estaba deseando tener en mi culo bronceado. Estaba claro que él tenía que tomar el sol con el bañador puesto aunque la piel blanca hacia un bello contraste con el oscuro bronceado del resto de su cuerpo. Me pasé las manos por los genitales como para acomodármelos y mi polla comenzó a adquirir consistencia. Picándolo saqué el tema de las chicas y le pregunté que le parecía Sara él se deshizo en alabanzas sobre su cuerpo precioso mientras la polla se le ponía dura sin remedio. Me preguntó si la había visto desnuda y para excitarlo mas le describí con detalle el pelirrojo pubis y los senos firmes y le conté que todos tomábamos el sol desnudos del todo junto a la piscina. Para no asustarlo no le dije el resto de cosas que hacíamos juntos. Nuestros penes estaban duros y comencé a masturbarme suavemente y le animé a hacer lo mismo. Fue él quien sugirió que nos masturbáramos el uno al otro. Yo ni siquiera tuve que insinuar nada mas. Estaba tan caliente que hubiera accedido a cualquier cosa. su mano tímidamente se deslizó por mi rabo y lo cogió con un poco mas de dureza de la que a mi me gusta, pero daba igual. Yo con mas confianza comencé a acariciarle los testículos suavemente como me gusta que me lo hagan a mi. luego pasé a su polla y con la maestría que me caracteriza le masturbaba con suavidad, recorriendo el tronco de arriba abajo o acariciando el glande solo con la uña del pulgar y el indice. Le estaba haciendo suspirar mientras él acostado a mi lado sobre la hierba le propinaba un tratamiento algo mas salvaje a mi polla. Le tuve que coger la mano para que aflojara el ritmo y le dije: - mas suave o me la vas a arrancar. Apoyándome en un codo para mirarle casi de frente a los ojos subí con suavidad la mano que le acariciaba por el vientre entre los rizos morenos de su pubis jugando con el vello o metiendo un dedo suavemente en el ombligo. Jugueteando un momento con sus pezones subí acariciándole el cuello hasta que sujetando el borde de la mandíbula con la mano me incliné hacia él y lo besé en los labios suavemente. Un segundo exactamente tardó en corresponder a mi beso con ansia, con verdaderas ganas de virgen. Sujetándolo del hombro lo separé un momento de mí para indicarle: -sin prisas, tenemos mucho tiempo, y te voy a enseñar a hacer el amor. A horcajadas me subí sobre él, dejando deslizar su polla entre mis nalgas pero sin penetrarme. Volvía a inclinarme sobre su dulce boca le cogía la cara entre mis manos y le acariciaba con mis dedos mientras mi lengua juguetona seguía la linea de sus labios o se enroscaba con la suya. Movia lo justo el culito para volverle loco de la excitación, con su fina polla encajada entre mis nalgas y sus manos incansables recorrían mi cuerpo desnudo sobre el suyo. Frotaba mi pecho contra el suyo y sin separar mi piel de la suya comencé a bajar sobre su cuerpo. Me frotaba como una serpiente mi pecho en su vientre o sobre sus muslos para hacerme con su polla en mi boca, se la estuve comiendo durante un rato, no mucho, metiéndomela en la boca solo un segundo, para después ensalivarla de la cabeza a los huevos. Echaba frecuentes tragos de la cantimplora para que no se me secara la boca y usaba mi propia saliva para lubricarme el ano, con suavidad usando un dedo. Mi pericia en las relaciones con chicos me permitía jugar con él. Obligarle a que hiciera lo que yo quería casi sin moverlo. Incorporándome lo justo y siempre mirándolo a los ojos me clavé su rabo en el culo sentado sobre su cadera. Le cogí las manos y las llevé a mi pecho para que me acariciara los pezones pues quería conservar la dureza de mi rabo intacta para desflorar su virginal culito blanco y no quería que me lo arrancara. Comencé a moverme lento empalandome en su rabo. Suspiraba diciéndole dulzuras a las que el me correspondía en ese momento de pasión. Tan excitado como estaba no tardó apenas en correrse en mi interior y sentí su semen caliente deslizándose en mi culo. El pobre estaba agotado y confuso, abrazado a él me confesaba que lo había excitado mucho pero que no quería ser gay y menos en un pueblo tan pequeño y lleno de prejuicios como el suyo. Sin mas rodeos le dije: -¿y por qué no ?. Le pregunté si pensaba que a mi no me gustaban las chicas y por fin le conté sin mas rodeos que me follaba a Juan y a Sara y que ambos lo hacían con todo el que se les cruzara. Y por fin le pregunté si quería participar. En lo último en que podía pensar entonces era en negarme nada y menos todavía follar con la chica mas hermosa que conocía, aprovechándome de ello le puse a cuatro patas para comerle el culito, paso previo a beneficiármelo. Era como arcilla en mis algo mas experimentadas manos en aquel momento y con lo que sentia en su virginal culito se hubiera dejado hacer cualquier cosa. Así que busqué el tubito de lubricante en mis bolsillos y se lo estendí por el ano penetrándolo con un dedo. Se estaba poniendo a mil y ya me decía: -follame. XIII. Una o dos veces al mes bajábamos a la ciudad a hacer una compra grande en un centro comercial y algunas tiendas: comestibles, productos de limpieza para la casa y ropa. Una de las primeras veces en las que fui solo con Sara en la pick-up me llevo a un centro comercial para comprarme algunos shorts y camisetas sin mangas que eran la ropa preferida de trabajo. Me hizo escoger algunas prendas y se metió conmigo en el probador. Allí sin mas preámbulos procedió a bajarme los pantalones y meterse mi rabo en la boca hasta dejarlo bien duro. Yo tenía que morderme los labios para no gemir y que todo el mundo se enterara de lo que estábamos haciendo. Cuando consiguió la dureza y tamaño adecuados se la sacó de la boca para decirme que me fuera probando los pantalones cortos. Tenían que ser cómodos aún con la polla dura. Si notaba que la erección había descendido algo entre prenda y prenda me lamía los huevos lo que conseguía la inmediata recuperación. De allí sin permitirme el normal desahogo me llevó a una tienda de ropa interior donde me presentó a su amiga Coronas una impresionante voluptuosa chica por cuyo escote se veían dos enormes y maravillosos pechos. Se saludaron con un beso en la boca y Coronas aprovechó para magrearle el culo a Sara sin ningún disimulo. Con la misma impresión que tuve mi primer día en la finca, de sentirme un trozo de carne expuesto en una vitrina bajo los azules ojos de Coronas, me sentí arrastrado hasta el fondo del almacén. Allí acorralado contra una pared y con las enormes masas de sus tetas clavándose en mi pecho sentí los húmedos y juguetones labios de la sensual rubia. Sara convertida en el colmo de la discreción se había quedado en la tienda donde estaba seguro aprovecharía para ligarse a la próxima clienta de buen ver. Mis manos entraron en acción por propia voluntad siguiendo las voluptuosas curvas de su cuerpo comenzando a desnudarlo con su total participación.  Bajo el top no llevaba nada lo que me permitió acariciar los bronceados pechos sin mas problemas con las manos y con la boca. La minifalda que apenas ocultaba los firmes muslos cayó al suelo de cemento dejándola solo con un tanga de encaje que nada me ocultaba. Sus manos no permanecían ociosas haciendo desaparecer mis pantalones y camiseta liberando sin mas trabas la polla dura. Lamiendo mi oreja me dijo que un pajarito le había contado que era un buen enculador y quería probarme así. Recostada sobre unos embalajes dejó el firme y gran culo a mi alcance, arrodillado a sus espaldas aparté el cordón del tanga y procedí a ensalivar y lamer la hermosa raja y el apretado agujero. La oía suspirar sintiendo mi juguetona lengua acariciar tan íntimos rincones. Abría mas las piernas para permitirme bajar cómodamente hasta la para entonces ya chorreante vagina. Su sabor maravilloso inundó mi lengua y nariz y sabia que la estaba haciendo disfrutar. -metela ya, dijo. Y sin mas esperas conseguí deslizarla en su coñito donde le di unos pocos envites. Con mi propia saliva me mojaba el pulgar y se lo metía en el ano tanto para excitarla mas como para lubricarla. Girando la cabeza para ofrecerme la lengua me dijo: -por el culo. Así la saqué de un agujero para deslizarla en el otro mas estrecho. Lubricada como estaba tanto mi polla como su culito no costó apenas la penetración y pude desplazar una mano hacia sus pechos que amasaba o donde pellizcaba suavemente los pezones. Con la otra mano sostenia su cadera y el cordón del tanga apartado de mi camino. Suave o duro la penetraba según el ritmo que ella me marcaba. Creo que se corrió antes de que derramara mi semen en su interior pues sujetándome de las nalgas no me dejó salir de ella. Nos limpiamos como pudimos con unos pañuelos de papel y no dejaba de besarme mientras nos vestíamos. Besos a los que correspondía con toda mi pasión. Al salir del almacén nos encontramos a Sara poniéndole ojitos tiernos a una joven clienta a la que parecía haber vendido media tienda. Orgullosa nos mostró como trofeo su numero de telefono. Nos fuimos a comer los tres juntos y sin disimulo ellas pasaron la comida acariciando mis muslos desnudos lo mas arriba posible. Y de vez en cuando ambas me besaban despertando algunas miradas envidiosas a nuestro alrededor. XIV. David y yo fuimos en mi moto de excursión a otro pueblo, incluso me llevé la cámara. Con la intención de quedarnos un rato en la disco antes de volver. Hicimos unas fotos al castillo, algunos rincones pintorescos, comimos por allí y al dar la vuelta a una cerca nos encontramos de frente con un rebaño de ovejas que ocupaba toda la calle con lo que no quedó mas remedio que arrimarnos a un lado y esperar que terminaran de pasar. Lo venia conduciendo una chica mas o menos de nuestra edad guapa morena que vestía un cortísimo y ajustado pantalón de deporte y una fina camiseta de tirantes. Con evidente deleite la saludamos y como si lo hubiéramos pensado a la vez intentamos pegar la hebra con ella. Ella se lamentó por los inconvenientes, Aunque había intentado abrirnos paso. Como los bichos no tenían ninguna prisa en la calurosa tarde conseguimos hablar con ella con tiempo y seguimos su camino. Nos contó que sus padres se habían ido de boda y que esa tarde tenía que ocuparse ella sola del rebaño. Calculamos que para cuando terminara de darles de comer y ordeñar no le quedarían ganas de salir con nosotros. Así que nos ofrecimos amablemente a ayudarla con ello. Al llegar a su corral condujimos a los animales a su sitio y mientras yo les ponía la paja y el forraje David y Sheila mano a mano empezaban a ordeñarlas. Ambos nos sacamos las camisetas con el doble propósito de no sudarlas y de exhibirnos ante ella. No pareció disgustarle el detalle y mientras trabajábamos seguimos charlando y cogiendo confianza. Estando con ella no teníamos ningún interés en irnos de copas y entre bromas aprovechamos para acariciarla sin disimulo mientras terminábamos con los animales. No rechazaba nuestros avances aunque parecía un poco confundida en cuanto a quien de los dos era el que se interesaba por ella. Hasta que David consiguió abrazarla y arrancarla un beso, yo aproveché para acercarme por detrás y abrazarlos a los dos deslizando mis labios por su cuello y hombros desnudos. mordisqueándole la bonita oreja le dije al oído: -Nos gustaria hacerte el amor. Ella le estaba dando lengua a mi amigo acariciando su pecho desnudo y no podía ni contestar y yo metí las manos entre ellos por su vientre subiendo su camiseta metiéndolas por debajo de la tela para hacerme con sus pechos pequeños pero firmes y retorcer suavemente los pezones que bien duros y marcados nos tenían locos durante toda la tarde. Las ovejas se arremolinaban a nuestro alrededor sin que eso nos impidiera estrechar aun más el abrazo. Mi lengua recorría su nuca saboreando su sudor y sentía en mi polla las manos de David que estaban dentro de su pantaloncito magreando su culo duro. Por fin se dio cuenta y nos dijo: -nunca lo he hecho con dos chicos a la vez pero con vosotros me apetece mucho, me gustáis los dos. Sobresaliente en tacto aunque nos hubiera dado igual que hubiera sido menos delicada estabamos muy calientes con ella. En el corral había instalada una ducha nos cogió a cada uno de una mano y nos condujo hasta allí. Era amplio y estaba limpio. Yo tenia su camiseta en la mano sin saber muy bien cuando había conseguido sacársela. Me indicó donde arrojarla, un cesto con más ropa sucia. Ella misma terminó de sacarse el short y las braguitas de una sola vez y nosotros la admirábamos descubriendo el pubis de rizos negros como el azabache. Arrodillado a sus pies me dedique a darle el tratamiento que merecía para lo que abrió las piernas todo lo que podía. Mi lengua acarició el poblado monte de venus buscando el tesoro de los labios de su vagina para abrirlos sin necesidad de usar los dedos. David colaboraba sosteniéndola por sus firmes y bonitos pechos mientras seguía besándola en el cuello y la boca cuando giraba la cabeza. David del concierto es el mismo chico y falta la hermana de Sara y sus vacaciones en el caserío. Prometo seguir la historia en cuanto pueda. . Enviado desde mi Galaxy

domingo, 7 de noviembre de 2021

Sentado en la escalera, los chicos

. Llegaba a casa después de un agobiante turno de noche. Hacia mucho calor ese julio y en la madrugada solo llevaba unas cortas bermudas y una camiseta amplia de tirantes. Ropa cómoda para volver a casa a unas horas en las que nadie me vería. Al abrir la puerta del ascensor en mi piso me llevé un pequeño sobresalto. No esperaba a nadie, pero sentado en la escalera frente a mí piso estaba el hijo de los vecinos. Un joven guapo y dulce, delgado y no muy musculoso, fibrado, de formas suaves. Perece que volvía de fiesta y así me lo confirmó diciendo que había olvidado las llaves dentro del piso y que sus padres no estaban. - ¡Hola! -¿Qué haces ahí a estas horas? - Esperar. -¿A qué? -A que se levanten mis padres. Me he dejado las llaves dentro y he estado de copas. - Pues se te va a quedar el culo plano ahí sentado. Vente y esperas en mi sofá. Lo invité a pasar al mío y esperar conmigo. Por verlo mas detenidamente merecía la pena aguantar un rato más despierto. Al entrar en mi casa me quité las camiseta como suelo hacer siempre sin esperar mas y le invité a ponerse cómodo. En ese momento se descalzó pero lo hizo del todo librándose de las zapatillas y también de los calcetines. Su vaquero ajustado marcaba un culo prieto y un apetecible paquete y a través de su trasparente camiseta de rejilla se veían perfectamente sus oscuros pezones. No podíamos dejar de mirarnos el uno al otro. Mientras trasteaba en la cocina sentía sus ojos sobre mi cuerpo que solo tapaban las bermudas. Incluso se fijaba en el rastro de sudor que corría por mi espalda. Cuando yo me giraba no podía dejar de mirar su pecho descubierto por la trasparente tela. Le ofrecí un zumo y vi como el líquido bajaba por su garganta y una gota resbalaba por su barbilla. La recogí de la comisura de sus labios con un dedo y me lo llevé a mi boca. Nos sentamos juntos en la pequeña cocina con ese desayuno temprano. Algo de café y unas tostadas, con un poco de mantequilla y mermelada. Nuestras rodillas rozándose en el estrecho espacio bajo la mesa. Le comenté que estaría mas cómodo sin los vaqueros que parecían demasiado estrechos. Accedió a sacárselos pues a esa temprana hora ya hacia calor. Los dejó sobre una silla. Debajo de ellos lucia un ajustado bóxer de un tejido idéntico al de su camiseta. Debía ser un conjunto, que trasparentaba parte de su pubis bien depilado. Él sabía que yo lo miraba a ver si podía ver algo más de su polla o de su culo bien definido que él no se preocupaba de ocultar mucho. En un momento que le di la espalda para dejar mi taza en el fregadero se acercó a mí pegando su rabo a mi culo y besándome suave en el hombro. Pasó el brazo por mi cintura y apoyó la cabeza en mi espalda. -No sabía que yo te gustaba. - A nadie le amarga un dulce. Y parece que tú debes saber a gloria. Yo ya sabía que le gustaban los chicos. Alguna noche le había visto en el rincón de la buzones besándose y acariciándose con un amigo. Así que lo tenía fácil aunque no sabía si le iría uno como yo. También le iban las chicas, le había pillado en el mismo sitio con la mano bajo la minifalda de alguna. - Si que te deseo, siempre lo he hecho. Me atraia mi vecino. Me dijo cariñoso mientras se frotaba contra mi espalda. Dejé que lo hiciera mientras mi polla se ponía bien dura por el deseo. Dejé que abriese mis bermudas y las dejara caer al suelo. Sentía su polla dura insinuandose justo en el canal de mis nalgas por encima del boxer ajustado. Sus manos recorrian mi vientre desnudo subiendo hacia mi pecho para acariciar los pezones duros de excitación, morenos y negros. Los labios se posaban con dulzura en mi hombro derecho y su lengua comenzó a recorrer la piel ansiosa de caricias. Su gloriosa semidesnudez muy apretada a mi espalda. Mientras yo deslizaba mis manos por sus caderas echando los brazos hacia atrás, en busca del ansiado culo y ofrecido a mi caricia. Casi sin despegarme de él, piel con piel, me fui girando lentamente hasta quedar frente a frente. Muy juntos, besando la boca lujuriosa y sintiendo la lengua juguetona dentro de la mia. la dureza de los miembros apretados entre nuestros vientres aumentando el grado de excitación al máximo. Como ya no llevaba nada encima enseguida noté sus dedos cerrándose alrededor del tronco caliente, sus manos eran suaves, tibias, dulces. Sus besos cariñosos húmedos sobre mi piel sudada, me giré para recibir en mi boca su lengua y terminar de desnudarlo. Levanté su camiseta por encima de la cabeza manteniendo sus brazos allí mientras mordisqueaba sus pezones y lamía sus axilas perfectamente suaves y depiladas. No pude evitar parar unos momentos para contemplar su cuerpo perfecto delgado, fibroso, apenas oculto por el bóxer trasparente, su polla dura depilada y suave como si nunca hubiera tenido vello en el pubis. Le apoyé el culo en la mesa de mi cocina mientras mi lengua bajaba dejando un reguero húmedo en su plano vientre. Lo empujé un poco más hasta tumbarlo encima del tablero. Para ponerme yo cómodo me senté en una e las sillas entre sus duros muslos. Agarré con los dientes el elástico de la prenda y tiré de ella hacia abajo dejando que el pene saltara fuera de ella rozando mi cara. Ahí usé las manos para bajarla por sus marmóreos muslos mientras pasaba la lengua por el pubis, por los huevos saboreando la sal de su piel. Sin tocarla con la mano la notaba bien dura apoyada en mi frente mientras pasaba la lengua por la cara interna de los muslos y sus testículos. Me metí toda esa golosina en la boca hasta donde pude. Apreté el glande entre mi lengua y el paladar. Al levantarme e inclinarme sobre él para volver a besarlo en la boca y dejar que las lenguas se crucen. Le agarré del rabo para llevarlo a al baño, a la ducha donde nos refrescaríamos y podríamos lamer nuestras pieles. Limpiar los rincones mas profundos de nuestros cuerpos. Apoyado en los azulejos dejó que le enjabonara el culo respingón y arrodillado tras él morderle las nalgas, lamer la raja del culo. Abrirlo con las manos y pasar la lengua por él clavándola en su ano mientras el agua caía sobre los dos. Allá arriba oía sus gemidos de placer justo antes de follarlo. Volví a lamer su cuello, su nuca apoyando el glande en su estrecho ano. Lubriqué un poco tanto su ano como mi glande para no hacernos daño con aceite de baño. Empujé despacio notando la penetración, haciéndola lo mas placentera posible para los dos dejando que su culito se acostumbrara a mi polla antes de empezar a moverme. - Vamos, fóllame. Hace mucho que lo deseaba. Empecé despacio, por nada del mundo quería hacerle daño. Pero estaba claro que mi polla no era la primera que entraba por allí. Tenía el ano bien dilatado. Echaba la cadera hacia atrás cuando yo empujaba haciendo la penetración aún más profunda. Gemíamos y suspirábamos como locomotoras de vapor. Esperaba que mis vecinos tuvieran el sueño pesado, cuando me dí cuenta que tras esa pared estaba su piso y sus padres debían estar durmiendo. Y yo me estaba follando a su hijo. Mordisqueaba su nunca y sus hombros mientras deslizaba una mano por el vientre en busca de su rabo para pajearlo con suavidad. Él apoyaba una mano en los azulejos mientras la otra hacia atrás y sujetando mi espalda tiraba de mí. - ¡Me corro! -¡Si! ¡Lléname! Con un último grito mi semen terminó en su intestino y empezó a rezumar de su ano en cuanto mi polla quedó flácida y se salió. Me arrodillé en el plato de ducha para seguir con un beso negro. Lamiendo ese culito que me tenía loco. Su polla seguía dura con el hierro. No había dejado de acariciarla pero no quería que se corriera pronto. ¿Quires follarme? -Desde luego, pero hoy podías comérmela estoy a punto. Me senté en el suelo, dejando que el agua cayera sobre nuestros cuerpos. Lo mantuve de espaldas a mí. Para él la posición no sería cómoda pero yo podría comerle el culo, bajar hacia sus huevos y seguir hasta comerme su bonito rabo. Ya no paré hasta tener su lefa en la boca. Los chorros caían directamente del glande a la lengua. Los mantuve allí. Por fin cuando lo solté se giró para inclinarse y besarme. Su lengua jugando y cruzándose con la mía, mezclando salivas y su semen. El agua seguía cayendo, así que cerré el grifo. Nos secamos el uno al otro con mis toallas más suaves. Sin dejar de hacernos caricias y de besarnos con mucha lengua volvimos al dormitorio. - ¿Crees que tus padres se han levantado? o ¿Les habremos despertado con nuestros gritos?. - Espero que no. No es que les importe mucho con quien follo pero quiero mantener lo nuestro en secreto. -¿Es que hay algo nuestro?. - Pues yo espero que al menos quieras repetir. - Eso es evidente. Si sigues así desnudo delante de mí no te voy a dejar volver a casa. - Entonces tendré que vestirme, por hoy. Aunque les avisé que dormiría fuera mi madre seguro que me espera. Nos despedimos con un buen beso con mucha lengua junto a la entrada de mi piso. Y le vi cruzar el pasillo meneando ese culito durísimo que esperaba volver a follar muy pronto. .

lunes, 1 de noviembre de 2021

El amigo travesti de mi hermano

. Cuando lo conocí él tenía puesto uno de mis mejores tangas y un sujetador trasparente y sexi y le estaba comiendo la polla a mi hermano. Y me quedé prendada de ese culo duro partido por la gomita de mi prenda. Por su figura delgada y andrógina. Además de impactada por la amplitud de gustos de mi hermano. Sabía que lo había visto antes pero a primera vista no le reconocí. Esa preciosa melena castaña me sonaba de algo. Hasta que no se giró hacia mí con cara de susto no me di cuenta de que es compañero mío en la facultad. Pero nunca habíamos hablado, solo nos habíamos cruzado por los pasillos. Mi hermano sujetó su cabeza con suavidad para que no abandonara tan placentera faena. Normalmente es un chico dulce y cariñoso. Me sonrió con cara de morbo. Hasta ese momento no sabia que mi querido familiar tuviera tan licenciosas inclinaciones. Hasta entonces pensaba que solo le iban las chicas. Así que Rubén volvió a su trabajo lamiendo los depilados huevos de mi hermano. Me limité a decirle: - Cuando termines pasas por mi cuarto para devolverme mi ropa. Y yo misma me fui a mi cama a masturbarme con furia con la imagen de esos dos bonitos cuerpos masculinos clavada en mi mente. No me atreví a quedarme aunque era lo que deseaba en realidad. Un momento sí que me quedé tras la puerta para echarles un último vistazo. Un recuerdo en mi retina para el dedo que me iba a hacer. Al cabo de un rato pasó por mi habitación solo con sus vaqueros puestos y mis prendas colgadas de un dedo. Seguro que aún tenía el sabor de la lefa de mi hermano en la boca. Su torso sexi, delgado con las costillas marcadas y los pezones pequeños me llamó la atención. - Siento haber cogido tu lencería, pero él me dijo que no te importaría. Recorrió mi cuerpo completamente desnudo con la mirada. Estaba estirada en la cama con los muslos bien abiertos sin saber cual de los dos vendría a verme. Nos mirábamos a los ojos con deseo. Se veía a la legua que era bisexual, yo también le ponía. Su polla empezaba a coger a coger dureza y marcarse en los vaqueros solo con mirarme. Le propuse: - Si te las pones para mí y no para mi hermano te las regalo. Me pareció que te quedaban bastante bien. Desde hacía tiempo tenia curiosidad por el travestismo. Para unos carnavales me había disfrazado de chico. Solo pensar en ello me calentó como un horno. Mientras me vestía con la ropa de mi hermano tuve que masturbarme. Preparándome para la fiesta. Aunque lo pasé bien, no ligue, ni tuve sexo esa noche. Creo que ese puede ser uno de mis fetiches. Tener a un chico dispuesto a hacerlo para mí era un sueño y no pensaba desperdiciar la oportunidad. Era una de mis fantasías y no se que hubiera dado en ese momento por que fuera aún más femenino. Disponer de una transexual hormonada y operada solo para gozar con ella, aún así aquello me estaba dando un morbo terrible. Despacio se bajó los vaqueros, estaba depilado del todo y no se había puesto los calzoncillos. Una preciosa polla saltó de entre la prenda apuntando ya rígida hacia mí atónita cara. Antes de hacer nada más se desnudó del todo y se dio una vuelta para que lo viera por todas partes. No me atrevía ni a moverme ni a decir nada no fuera a ser que se asustara y se estropeara el momento. Solo seguía acariciando con suavidad los labios de mi vulva. Se fue subiendo el tanga por sus torneados muslos. Despacio, luciéndose, desenrrollándolo pues aún estaba tal y como se lo había quitado un momento antes. Luego el sujetador como yo me lo habría puesto, abrochándolo por delante y girándolo alrededor del pecho, para luego pasar los brazos por los tirantes. Me pareció un detalle muy femenino en vez de intentar hacer malabares por la espalda. Delgado y con su cuerpo estilizado la lencería no le quedaba nada mal. Con pocos retoques podría ser aún mas femenino. Le dije: - Me encanta tu melena, pero hay que peinarla en otro estilo. Mientras mi tanga subía por sus torneados muslos y se abría las nalgas para acomodarlo del todo. A la vez yo seguía acariciando con suavidad los labios de mi vulva con los muslos lo mas separados posible. Quería hacerlo durar, que me viera, ese dedo con tan bonito espectáculo delante, me estaba dando mucho morbo. Pero quería hacerlo durar. Me levanté para dar una vuelta a su alrededor. Pretendía examinarlo más de cerca. Acaricié sus prietas nalgas, tenía culo de chica, duro y respingón. Un roce suave con las yemas de mis dedos en el glande lo hizo estremecer. -¿Que hace mi hermano? -Se ha quedado dormido después de correrse. -¡Que desconsiderado!. Podría haberte devuelto el favor. De uno de mis cajones saqué un par de rellenos de silicona que usaba algunas veces. De lo que se deduce que no tengo unas peras enorme precisamente. Se los puse en mi mejor sujetador sin tirantes. Un toque de brillo de labios. Mis tacones no le cabrían claro, pero un par de medias con ligas de silicona le quedarían de maravilla en sus piernas suaves y torneadas. No tenía un liguero que dejarle, yo no usaba esa prenda, pero en ese momento me hubiera gustado tener uno. Se dejaba hacer cada vez mas excitado. Su rabo, debería haber terminado exprimido tras su sesión de sexo. Pero con mi exigente y egoísta hermano no fue así. Su polla, que había bajado un poco por el susto de la pillada, volvía a la vida. Ahora sabia que ese desconocido que había vivido siempre en la habitación de al lado era bisexual. El nabo que asomaba por un lateral de mi tanga volvía a tomar consistencia y asomar por la cinturilla de la prenda. La tela apenas podía contener ya sus suaves huevos. Decidí sustituir el tanga por una bragas brasileñas que sujetarian mejor su bonita polla y perfilarian sus prietas nalgas. Seguía girando a su alrededor y viendo que podía mejorar de su apariencia, no para convertirlo en mí, sino para transformarlo en la bella chica que iba asomando poco a poco. Algo más de maquillaje o algo de bisutería, gomina y laca para cambiar su peinado a algo más femenino. El último detalle, uno de mis vestidos de lycra, solo un tubo de tela en ese fino cuerpo. Casi tan delgado como yo y un poco mas alto, la minifalda le quedaba justo a ras del culo. Perfecto. La polla se le marcaba en la ajustada tela pero para un pase privado e improvisado la verdad es que estaba consiguiendo unos resultados espectaculares. Una chica francamente sensual. Mi hermano dormía a pierna suelta desnudo sobre sus sábanas, lo desperté para enseñarle el resultado de mis esfuerzos. Yo seguía desnuda dejando que Javi nos mirara a las dos. Sin duda admiró el resultado de mi trabajo, su polla empezó a levantar la cabeza de nuevo. Aunque no perdía de vista ni cuerpo desnudo. Como había hecho yo, lo rodeó para examinarlo por todos los ángulos Rubén aguantaba el escrutinio a pie firme y sin decir nada. Claro que de vez en cuando también me echaba miradas furtivas a mí. Era evidente que se veía atraído por el ejemplar de sexualidad ambigua que yo solo había perfeccionado. Rubén tan femenino que le gustaba jugar con mis bragas de vez en cuando. Era mi hermano el que no me había dejado jugar con él y con mi ropa. Se habían escondido ambos durante semanas. No sabía cómo se habían conocido. Volví a llevar a mi nuevo amigo ¿amiga? a mi habitación con la intención de follármela. Pero no antes de recoger algunas prendas de ese cuarto. Las ropas más masculinas que encontré de mi hermano. Me calcé uno de los boxes ajustados y fue Rubén quien enrolló un calcetín para simular el paquete. Los vaqueros un par de tallas mayores disimulaban mi cadera aunque con el cinturón se mantenían en su sitio. Mis no muy grandes tetas pero duras se mantenían en su sitio ocultas bajo una camisa también mas grande de lo necesario. Mi hermano aún desnudo se apoyaba en el quicio de mi puerta contemplando la nueva trasformación con curiosidad y desde luego excitado. Se acariciaba su durísima polla con suavidad sin perder detalle. - Tu te quedas ahí quietecito. Ahora solo puedes mirar y si querías algo más tenías que habérmelo contado mucho antes. En ese momento mandaba yo. Me acerqué despacio a mi chica mirando sus bonitos ojos castaños. Besé sus carnosos labios adornados con mi gloss. Suave al principio, cogiendo entre los míos el suyo inferior. Jugueteando y unos segundos después deslizando mi lengua entre sus blancos dientes. Sujeté su cintura, y la acerqué más a mí, mis tetas se apretaban contra mi sujetador y los rellenos. Pero no me importaba. Le empecé a dar saliva a base de bien y ella me estaba respondiendo. Estaba claro que Rubén es bisexual. En mi pubis notaba su polla bien dura. Cuando se la puse sabía que no le iba a durar puesta mucho rato mi ropa. Empecé a lamer su oreja, su cara, el cuello y mientras lo hacía empecé a desnudarla. El vestido apenas es un tubo de tela elástica. Ni siquiera tiene tirantes, es un palabra de honor, así que podía besar y lamer sus hombros y fino cuello sin impedimentos. Le estaba haciendo el amor como me gusta que me lo hagan a mí, suave, dulce, cariñoso y muy largo. Mí lengua recorría su piel lasciva, humedeciendola. Al escote de mi sujetador sin soltarlo todavía. Sus marcadas costillas y las axilas bien depiladas. Lamer ese vientre plano y su ombligo. Encerrada en mis braguitas su polla bien dura deseaba salir a tomar el aire, pero no le iba a dar ese gusto tan pronto. Seguí por sus bien torneados muslos, besando la cara interna y las corvas tras las rodillas. Pretendía tenerla tan caliente como me gusta estar yo. Hasta llegar a sus sorprendentemente bien cuidados pies y lamer la planta, chupar sus deditos. Apoyaba uno entre mis tetas mientras besaba el otro. Me excitaba tenerla ante mí solo con mi sujetador y mis bragas. Tuve que parar un par de veces a mi hermano que hacía intentos para unirse a nosotros. Nos miraba excitado desde la puerta. La dejé tumbada en mi cama mientras yo me sacaba algo de la ropa de chico, la camiseta y los vaqueros. Ante ella solo con el ajustado calzoncillo que no me quedaba nada mal la miraba con ojos lascivos. Metí una mano dentro de la prenda para acariciarme a mí misma. Regalarme otro orgasmo. Por fin me acerqué a ella despacio liberando el mástil del encierro de tela. Solo bajé la prenda, aún no quería quitársela. Duro y firme saltó a mis labios. Lo besé con suavidad, con mimo. Lamí los depilados huevos y me los metí en la boca chupándolos como caramelos. Aún no tenía claro dónde quería su corrida. Si se la chuparía hasta recibir su lefa en mi lengua o lo montaría hasta dejarlo seco. Por el momento me dediqué a saborearlo. Apretar el glande entre mi lengua y el paladar. Recorrer el tronco y el pubis sin vello con la sin hueso. Estaba claro que no le quedaba mucho, que estaba muy excitado. Así que volví a meter su polla en la boca y escuchando cada uno de sus gemidos lograr que me llenara la boca con su semen. No lo tragué. Me levanté y con una vena algo perversa que me sale de vez en cuando me fui hacia la puerta. Sujeté a mi hermanito por la cadera, apoyé mis pechitos en el suyo y pegué mis labios a los suyos. No le costó mucho separarlos ante el acoso de mi lengua. Jugué con el semen pasándolo a su boca. Nuestras lenguas se cruzaban ya fuera de las bocas. El beso se hizo más y más lascivo. Mientras mi hermano me apretaba contra su cuerpo firme y musculado. Me agarraba el culo con sus fuertes manos. Sobre mi vientre notaba la dureza de su polla, lo habíamos excitado mucho con nuestro espectáculo. - Hermanito, quiero ver cómo te lo follas. -Pero yo quiero dártela a tí. - Me follarás, pero hoy esto es lo que quiero. Veros juntos a los dos. ¿Has visto que culito le dejan mis braguitas?. - La has dejado preciosa, si que es verdad. Si me la cruzara por la calle igual ni la reconocería. - Vamos tato. Estás deseando clavársela. Meneando el culito volví hacia la cama. Yo también necesitaba algo de ayuda con mi coñito. Así que me senté sobre su cara. He de admitir que reconoce mis deseos casi antes de pronunciarlos. De inmediato sacó la lengua y la clavó entre los labios de mi vulva. No se conformó con eso, claro. Pasó por el perineo buscando el ano y subía hasta llegar a mi clítoris. Yo empecé a gemir sin cortarme ante mis chicos. Mis jugos chorreaban directamente a su boca. Mi hermano venía detrás de mí sin perder de vista el bamboleo de mi cadera. Sujeté los tobillos de su amigo y levanté sus piernas para ofrecer ese perfecto culito a la erección con la que venía. - Mira que pandero más bonito. Yo misma deje caer saliva en el ano para lubricarlo. Mi hermano me puso el glande en los labios y también lo lubriqué con mis babas. Sujeté sus huevos para que no se dispersara y lo guié hasta el orificio correcto. Inclinándome sobre el vientre de mi amante tenía en primer plano el glande abriendo el cerrado aro de músculo. Mi braguita recogida justo bajo el culito tapaba su polla y huevos. La dejaba preciosa así. Por cómo cedía el ano era evidente que no era la primera vez de ninguno de los dos. Entre la lengua y lo que estaba viendo, yo no hacía más que correrme una y otra vez. Mi hermano empezó a bombear y yo me levanté lo suficiente como para volver a besarlo. Nos cambiábamos saliva mientras el seguía moviendo su cadera. Siguió hasta correrse. - Vamos hermanito, te lo has follado, ahora te lo tienes que comer. -¿Crees que no seré capaz? o ¿que será la primera vez? Me lo decía socarrón. Pero lo hizo, se agachó entre sus muslos y clavó la lengua en el culito que acaba de penetrar. Su propio semen rezumaba de allí. Lo recogía para compartirlo conmigo en rápidos besos, antes de volver a lamerlo. - Sois insaciables. Vaya dos hermanos que he ido a encontrar. Nos derrumbamos los tres juntos sobre mi colchón riendo satisfechos. Seguíamos acariciándonos con suavidad sin que importara el cuerpo de quién lo hacíamos, hermanos, chicos. - No sabía de tus gustos. Cuando nos cruzados por la uni no se te nota nada. Me refería a que no tenía ni pizca de pluma. Pero vestida de chica era tan femenina como yo o puede que más. -A tí tampoco se te nota lo morbosa que eres, tan pijita, con tus vaqueros ajustados y la melena lisa. Solté una carcajada al oir eso. - ¿En serio me veías así? Mientras te follaba mi hermano. Espero haber cambiado esa opinión. - Del todo. Esto ha sido una maravilla. - Genial porque espero que quieras repetir y mejorarlo. - No me lo perdería por nada del mundo. ¿Vas a seguir dejándome tu ropa? - Seguro, incluso habrá que comparte tu propia lencería y vestidos. Estoy segura que puedo hacer de tí toda una damita cada vez que quieras. - No siempre, pero con vosotros eso me hace ilusión. Por supuesto también me folla a mí. Aún no he conseguido que penetre a mi hermano pero soy muy cabezona y sé que algún día lograré ver a mi querido familiar entregando el ano. Por lo pronto yo consigo meter más de un dedo juguetón por allí. A los dos nos gusta travestirnos. Yo también le he cogido el gusto a vestirme chico de vez en cuando. Incluso a liarme con alguna chica vestida con la ropa de mi hermano o con mis propias prendas. Así a veces vamos los dos de chico, las dos de chica o con los papeles cambiados. Desde luego mi hermano nos sigue follando a las dos. Y yo me he comprado un arnés para poder penetrarla cada vez que la visto con mi ropa. Ligamos y follamos con mas gente, recorremos sitios de ambiente o nos follamos nosotros con los roles cambiados, o no, calentándonos y excitados. Pensaba en que me llevaran los dos a un club de putas, los dos o los tres vestidos de chico. Y contratar alguna para montárnosla juntos.

miércoles, 27 de octubre de 2021

Sentada en la escalera

. Era un julio caluroso, agobiante. Regresaba a casa después de un turno de noche especialmente incordiante. Me apetecía meterme en la cama aunque nadie me esperase dentro. Solo me cubría un short vaquero especialmente corto y una camiseta de tela ligera que marcaba mis pechos como si apenas llevase ropa encima. Y es que debajo de ella no llevaba nada. Bueno eran mas de las seis de la madrugada y no me vería nadie, así que no importaba. Al abrir la puerta del ascensor, en mi piso, me llevé un pequeño sobresalto, a esas horas no esperaba encontrar a nadie en el pasillo. Pero allí estaba ella sentada en la escalera. Sus larguísimos muslos saliendo de una casi inexistente minifalda. Era la hija de los vecinos de al lado. A la que había visto crecer desde que sus faldas eran de ese mismo tamaño, pero le cubrían las piernas casi por entero, o por lo menos hasta los calcetines largos y llevaba coletas recogiendo esa bella melena castaña. - ¿Pero qué haces ahí? criatura. ¿Y a estas horas? La pinta era que regresaba de juerga pero tuve que preguntarle que hacía en el pasillo sentada en un escalón y no en su cama. Sus padres estaban de viaje y ella se había dejado las llaves dentro del piso. - Me he dejado las llaves dentro y estoy sola. No sé que hacer. - Bueno no te vas a quedar ahí más rato. Anda, entra en casa. Casi me vi obligada a invitarla a pasar mientras esperábamos a un cerrajero o a sus familiares. Aunque solo por contemplar un rato mas aquellas piernas o su tremendo escote merecía la pena quedarme despierta toda la mañana. O todo el día si hiciera falta. La vista era realmente espectacular. - ¿Te apetece comer algo? ¿Un café?. - Si te vas a hacer algo para ti, lo mismo. Si no, no te molestes. - No es molestia, ponte cómoda. Me mostré amable como buena vecina mientras preparaba un ligero desayuno para las dos. Interesándome en su vida y en como había pasado la noche, a la vez que le echaba jugosos vistazos cada vez menos disimulados a su expuesta anatomía. No era la única, mis muslos completamente desnudos por el short parecían atraer sus bellos ojos castaños. También mis pezones duros y marcados en el algodón de la camiseta se llevaron buenos vistazos. - Antes, de niña, me contabas todo. Hace mucho que no hablamos, aunque con la uni estarás liada. ¿Te has divertido? ¿Has ligado?. - Si, apenas coincidimos. Con tus horarios y los míos, aunque se que mi madre te tiene al tanto de mis andanzas. Y me echó una enigmática sonrisa que no supe descifrar en ese momento. -Y esta noche al final nada. Un par de copas, unos bailes y a pasar el resto de la noche con el móvil en la escalera. Si no llega a ser por ti, un desastre de noche. Solo de imaginarla bailando con esa minifalda en medio de un montón de babosos me ponía cachonda. Ya me hubiera gustado estar en el mismo pub tomando una copa o trabajando de camarera. - Pasa al baño y quítate el maquillaje. Yo me pondré algo más cómodo. Le ofrecí mi baño para que se desmaquillara. Mientras, dejaba adrede la puerta de su aseo abierta. Ya en mi dormitorio, me desnudaba del todo y luego me cubría con un pequeño y corto kimono de fino satén. Me pareció ver por el rabillo del ojo como ella espiaba mi desnudez desde el espejo sobre el lavabo. Nos habíamos estado contemplando desde que la dejé pasar a mi casa. Nos sentamos a la mesa de la cocina, una enfrente de la otra. La prenda que me cubría, descubría mas bien, estaba mas abierta por el escote de lo que pretendía al principio y mis muslos permanecían desnudos aún mas arriba que los suyos. Sorprendí más de una mirada fugaz hacia mis pechos, así que decidí subir las apuestas. Había conseguido que dejara sus stilettos en el salón. Le ofrecí algo mas cómodo para ponerse mientras esperábamos. - Ya que tienes que quedarte un rato, te puedo dejar algo para que cambies. Podrás escoger, tenemos una talla parecida. Al terminar el desayuno volvimos a mi dormitorio a buscar en mis cajones. Se los señalé con un gesto, dando permiso para curiosear lo que quisiera. Incluido aquél en que guardaba mi lencería mas sugerente, aquél en el que ella curioseó bastante. Después de un rato, terminé ofreciéndole un breve camisón de tirantes de raso y con la falda justo al ras de mis nalgas. Era la prenda que hacía juego con el kimono que yo tenía puesto y que había decidido dejar en el cajón un rato antes. Como ella es más alta que yo debería quedarle aún mas corto. Era la prenda que hacia juego con lo que yo tenía puesto pero que no me había molestado en usar. Sentada en mi cama pude ver pude ver como se deshizo sin complejos del cinturón que ella llamaba falda y del top que comprimía sus preciosos, cónicos y duros pechos. Ante mí solo con el microscópico tanga de encaje lucia su bello cuerpo sin mas vergüenza que yo el mío. Moviéndose por mí dormitorio sensual y felina tardó un rato en cubrirlo con la prenda que le había ofrecido. Como imaginaba le quedaba completamente provocativa. Los pezones marcados en el fino satén. Al ser un poco más alta que yo, tenía más de medio culo desnudo. No nos movimos del dormitorio, ya no hacía falta disimular mucho más. - Estás preciosa. Te queda fantástico. - Creo que le gustaría a cualquiera con esto puesto. Es muy provocativo, no sabía que tuvieras esta lencería tan sensual. - Cielo, con cualquier cosa e incluso sin nada, tendrías encandilado a cualquiera que te propongas. Podríamos habernos echado en la cama y dormir pero esa no era la idea de ninguna de las dos. Estábamos cómodas allí. Yo terminé de recostarme en mi cama de matrimonio dejando que el kimono se abriera mas y ella pudiera ver sin estorbos mis pezones. Con los muslos juntos ella aún no podía ver mi vulva. Se tumbó a mi lado de costado mirándome y mordiendo su labio inferior mientras me contaba más detalles de su noche. Los reducidos y provocativos vestidos de sus amigas, sobre alguno de los chicos que le habían entrado y que no le gustaron. Casi solos, mis dedos acariciaron suavemente su largo muslo. Como no rechazó la caricia dejé descansar mi mano en su cadera justo sobre el prieto culo. Ella aún llevaba su microscópico tanguita que me ocultaba los labios de su vulva. Con algo de su largo cabello ocultando su bello rostro me pareció sorprender una sonrisa en sus rojos labios. Se inclinó sobre mi cara, rozándome con su melena me besó con suavidad en los labios. Y por fin una de sus manos se apoderó de mi teta desnuda acariciando entre sus dedos el pezón. La mano en su cadera se apoderó de su nalga firme agarrándola con fuerza atrayéndola sobre mi cuerpo. Comenzó a darme lengua, a compartir su saliva. Mientras nuestras manos se hacían mas atrevidas en la exploración de nuestras pieles. Poco tardó en librarme del kimono con lo que me dejó desnuda del todo. Tuve que incorporarme lo justo como para sacar la prenda por mis brazos. Quedé a su merced. Lo que aprovechó para situarse entre mis muslos. Encima de mi cuerpo notaba sus duras tetas aplastarse contra las mías más esponjosas y grandes que las suyas. Tuve que separar las piernas para que se acomodará entre ellas y yo ya no tenía las bragas puestas. Así que notaba perfectamente su piel rozando mi vulva. Seguía dejando caer saliva dentro de mi boca y volviendo a recogerla con la lengua. Cruzándose con la mía que se la chupaba. Mis manos recorrían su suave piel sin prisa. De las duras nalgas a su nuca, por toda la espalda. Con toda intención puso el muslo en mi coñito y apretó. Se me escapó un gemido al notarlo. No era su primer asalto. La chica sabia que teclas tocar y yo no tenía mi idea de con quien habría aprendido. Apreté su precioso culo para notarla. Al moverla arriba y abajo nuestras tetas, nuestros duros pezones se frotaban con más fuerza. No sé el tiempo que estuvimos besándonos, solo eso. Además de acariciarnos con suavidad. A mí se me había pasado el sueño y ella parecía no tenerlo. Al cabo de un rato ella empezó a moverse, sin prisa. Besando y lamiendo toda mi cara. Al meter la lengua en mi oreja me hizo cosquillas pero no le pedí que dejara de hacerlo. Bajaba despacio por mi piel, por el cuello y los hombros. Cuando empezó a mordisquear mis pechos y besar mis pezones casi me corrí. Pero ella no era la única que sabía jugar a ese juego. Conseguí deslizar una mano entre las dos, por el plano vientre hasta alcanzar su coñito. El gemido que soltó lo acalló en mis tetas. Suave separé los labios hasta alcanzar el clítoris. Ahora sus flujos caían en mi muslo y el dedo índice se introdujo casi solo en su conejito. - Déjame, quiero saborearte. Y la dejé. Notaba lengua por todas partes, por mi pancita y el ombligo. Por suerte llevo el pubis bien depilado y limpio. Cuando ella lo alcanzó con sus labios la que gemía y suspiraba con fuerza era yo. Mi primer orgasmo llegó cuando su lengua tocó el clítoris. Me tenía muy caliente la nena. Derramé mis jugos en su boca apretando su cabecita entre mis muslos. ¡Joder, como lo comía!. Y no se conformó con eso. Me hizo levantar las piernas hasta llegar con las rodillas a los pezones. Estaba claro lo que buscaba. Y desde luego que no se lo negué aunque pensaba que muy limpio no estaría después de toda la noche en el trabajo. Le dio igual, su lengua me llegaba de la rabadilla al pubis pasando una y otra vez por el ano y el xixi. Y yo me corría una y otra vez. No me dejó respirar, subió buscando mi boca de nuevo. Recorrí con mi lengua sus labios untados con mi sabor más íntimo. Aún no sé como conseguí salir de debajo de ella buscando devolver el placentero favor que me había dado. La dejé tumbada boca abajo en mi colchón. Y me puse sobre ella. Me tomé un momento para contemplar esa bella obra de arte, la torneada espalda, la curva de sus nalgas, los larguísimos muslos, hasta sus pies estirados eran preciosos en esa postura. Quería saborear cada centímetro de esa piel prefecta. Empecé por los bellos pies. Lamí las plantas, se retorcía por las cosquillas pero la tenía bien sujeta. Los finos tobillos y las pantorrillas eran deliciosos. Separé sus piernas con las manos para deslizar la lengua por la cara interna de los muslos. Un poco mas arriba veía como la humedad de su coñito resbalaba hasta mi colchón. Deseaba concentrarme allí pero no iba a ser tan fácil. Mordisqueé sus duras nalgas, que suave era su piel. ella tenía la cabeza enterrada en la almohada para ahogar sus gemidos y gritos. Subí besando la línea de la columna desvíandome hacia los riñones o los omóplatos. Tuve que apartar la melena para poder lamer su nuca con mi cuerpo completamente sobre el suyo. Mis pechos apoyados en su espalda y mi pubis frotándose con su culo, los muslos enredados. Por fin iba a saborear lo que tanto había deseado esa noche. Me levanté de ella para ponerla a cuatro patas. Su grupa era prefecta, la postura le hacia lucir su gracia felina. Volví a saborear sus nalgas, desplazándome despacio por la raja. Clavando la lengua en su ano, sudado pero limpio. Pasé por el perineo y por fin pude besar la delicada vulva. Los flujos pasaron directamente a mi legua. pude jugar con el duro clítoris con la punta de la sin hueso. Y cada uno de sus orgasmos lo sentía en mi boca cada vez que su cadera temblaba contra mi cara. No quería dejarla, pero en algún momento tuve que volver a subir hasta quedar las dos tumbadas boca abajo lado a lado. Respirando con fuerza y tranquilizándonos, nos sonreíamos satisfecha al menos en parte nuestra lujuria. - ¿Desde cuando te gustan las chicas? - Siempre, bueno no en exclusiva. Voy probando y me gusta como se siente. Pero podría preguntarte lo mismo. No tenía ni idea. - Siempre he sido discreta y si alguna amiga se queda a dormir, de puertas afuera solo es una amiga, como tú y yo para tus padres. Si quieres un sitio para traer a alguien puedes contar conmigo y desde luego repetir. Me dio un beso, un buen morreo hasta sacar de mi boca hasta el último resto del sabor de su chochito. - Desde luego que quiero repetir esto, no me vas a privar de saborearte de nuevo. Eres muy amable si me dejas traer alguien aquí. Pero ¿no vas a querer mirar o participar? - Solo si tu me dejas. Desde luego. Nos fuimos a la ducha sin dejar de acariciarnos. Al poco tuvo que volver a su casa cuándo oímos regresar a sus padres. .

viernes, 22 de octubre de 2021

Picadero de caballos

. Mi trabajo en un picadero de caballos no era muy complicado, es duro, se trabajan los músculos pero no es un gran desafío intelectual, por lo menos en cuanto a los animales se refiere. Era un curro de verano mientras volvía a empezar los cursos en la universidad. La cosa cambia cuando llegan los clientes, nunca sabes como van a reaccionar. Supongo que cualquier oficio en que que haya que tratar con público es así, hay que estar atento a cualquier reacción de la persona a la que tratas. Empiezo a pensar que los animales son más fáciles. Aquel día apretaba el calor así que me quité la camisa y me quedé solo con las botas y los vaqueros. Estaba colocando balas de paja recién llegadas en un camión, así que aunque sudado no estaba sucio ni olía mal del todo. El suv de lujo que aparcó no dejaba dudas, a la dueña le salía el dinero por las orejas. Pagaba el mantenimiento de dos caballos y un pony de su propiedad. Montaban ella, su hija y el pequeño animal era para su nieta, una pizpireta niña de unos diez años. Ya las había visto más veces por allí a las tres. Pero esa tarde solo venía ella. Se presentó con un pantalón de montar tan ajustado que parecía pintado sobre su piel marcando un mínimo tanga. Y una blusa blanca bajo la que no parecía llevar nada mas que sus dos enormes y preciosas tetas. Maquillada como si fuera a una fiesta de postín, verla mover el pandero mientras iba caminando hacia las cuadras era todo un espectáculo. Eran evidentes las muchas horas de gimnasio que la señora se dedicaba. Probablemente también ayudaba a mantenerla así un buen cirujano plástico y por supuesto esteticistas, peluqueros y vendedores de ropa que se ajustaba a su cuerpo como un guante de látex. Así que la impresión que daban las tres cuando venían juntas eran de una niña, su hermana mayor y su madre. En vez de la abuela, la hija y la nieta. Eso que la buena mujer, por lo buenorra que está, discúlpenme la grosería, los cincuenta ya no los cumplía y puede que ni los sesenta. El jefe siempre pendiente de los deseos de sus adinerados clientes me hizo una seña para que fuera a atenderla de inmediato. A estas alturas creo que sabía perfectamente los deseos de la señora y lo que buscaba en concreto. Creo, estoy seguro, que la boca se me quedó abierta al verla así y más al ver lo que el jefe me pedía. Pensaba que la atendería él. Y la polla se me puso dura al pensar en esas tetas botando al ritmo del trote del caballo. Mientras iba detrás de ella bien atento al movimiento de sus nalgas. Me sonrió como siempre, simpática y me acompañó al interior de la cuadra a buscar la yegua que solía montar. En el tiempo que ensillé al animal un botón mas de su escote apareció abierto. Tan cerca estaba ella que su caro perfume casi podía con el olor de sudor del caballo. Pude echarle un buen vistazo a las dos preciosas tetas que peleaban por escapar del escote de la blanca camisa. Su melena rubia teñida me rozaba los hombros y brazos desnudos cada vez que movía la cabeza, casi como las crines de la jaca que iba a montar. Al ayudarla a subir a la silla ella hizo un movimiento como de pedida del equilibrio. La sujeté para que no cayera. Apoyé las dos manos en su rotundo culo, disfruté unos segundos mas de lo necesario de sus duras nalgas. Y una vez encima del animal me sonrió descubriendo sus blancos dientes. Un sonrisa de depredadora. Busqué mi caballo en cuanto la vi salir por la puerta. Era evidente que el jefe no me iba a detener y mandarme continuar mi trabajo anterior. Sin la camisa, montando a pelo, la seguí entre los árboles. Mi garañón volaba sobre la hierba hasta ponerme a su lado. Hablamos de los caballos, de montar. De pronto, sin que yo supiera como habíamos llegado a ese punto, nos vimos charlando de lo erótico que es sentir el poderoso animal entre las piernas. De la sensación del movimiento de la cabalgada en la pelvis, en la cadera y en el sexo. Supongo que ella se refería al suyo. A los labios de la vulva casi directamente sobre el cuero repujado de una silla que casi merecería estar en un museo por su antigüedad, belleza y precio. Vaya usted a saber que honorables culos habrían cabalgado en esa albarda. Por que si yo no tenía buen cuidado de colocar la polla en el slip podía machacarme los huevos en un bote del caballo. Notaba el rabo, el que tengo delante, duro en los vaqueros. Siguiendo el bamboleo de sus duras tetas dentro de la blusa casi abierta del todo a esas alturas. Se habían abierto más botones de su camisa, no se si adrede o por el movimiento de la abundancia que tenía que contener. Pero a ella parecía no importarle que de vez en cuando pudiera contemplar uno de sus grandes y oscuros pezones. Paramos junto a un arroyo para que pudieran beber los animales. Me arrodillé al lado del agua. Yo me lavé un poco el sudor. Ella no perdía de vista mis manos recorriendo la nuca, mi pecho lampiño y las depiladas axilas. Igual que mis ojos espiaban sus pechos por el escote abierto de la blusa. Ella no se molestaba en ocultármelos. Nos acercamos el uno al otro despacio notando el deseo como una corriente de aire aún más caliente entre los dos. Una de sus manos descansó suave sobre mi pecho acariciando mi pezón con suavidad con uno de sus dedos de perfecta manicura. Por fin besé suya labios rojos y clavé mi lengua entre ellos lamiendo los dientes perfectos, buscando su lengua. Ella no me la negó. Sacó la suya de la boca, lasciva, dejando que las dos lenguas se juntarán a medio camino unidas por los hilos de saliva que segregaban nuestras bocas. El juego de las sin hueso nos fue calentando aún más. Sujeté su cintura aproximándola a mi cuerpo hasta que sus poderosos pechos se apretaron contra el mío. Arranqué la blusa de su cuerpo para poder ver y amasar por fin las tetas que llevaba todo el día siguiendo. Grandes, suaves, un poco caídas, solo lo justo, así era como bailaban con el trote del caballo. Morenas de hacer top less o rayos uva, el pezón inmenso, oscuro saliendo. Se frotaban con mi torso mientras nos abrazábamos disfrutando del beso. Me agaché a lamerlos, comerlos mientras separaba su ajustado pantalón de montar de su portentoso culo y bajarlo por sus muslos llevándome de paso el diminuto tanga. Apenas pude pasar de sus rodillas pues los dos conservabamos aún las botas. Tenía claro que ella mandaba, sabía lo que quería y cómo conseguirlo de mí. Aún así no me dominaba, solo tenía que hacer leves indicaciones para hacerme saber sus deseos. Yo no soy tonto del todo, sabía que si colaboraba lo iba a pasar muy bien. No importaba, ante mí tenía la depilada vulva humedecida por los abundantes jugos. Aproveché un momento para darle los primeros lametones y eso que ella no podía separar mucho los muslos. Gemía sin cortarse aunque por allí no había nadie que pudiera oirnos. Me apoderé de sus nalgas, amasándolas con mis manos, mientras lamía su vientre plano y musculado, jugando con el ombligo. Subiendo por su cuerpo, pasaba la legua por sus axilas, su cuello, el sudor de su piel mientras ella abría mis vaqueros y sacaba mi pollavenía dura. Riéndonos caímos al suelo para sacarnos las botas el uno al otro y con ellas lo que quedaba de nuestra ropa. Sobre la fresca hierba, al lado del arroyo dimos rienda suelta a nuestra lujuria. Había desensillado su yegua para que el animal estuviera más cómodo. Y el bien aceitado cuero nos sirvió para apoyarnos y hacer más cómoda la postura. Ella fue la que terminó encima, su coño depilado encima de mi cara, su culo sobre mi lengua. La comí entera, lamí sus labios saboreando sus jugos y oyendo sus suspiros allá arriba. Excitando el clítoris mientras ella jugaba con mi polla. Sus gemidos eran más fuertes todavía cuando clavaba la lengua en su ano y su xoxito destilaba más jugos. Ella misma se amasaba las tetas pellizcando sus pezones con suavidad. Yo solo podía agarrar y separar sus nalgas. Mi polla bien dura casi desde que montábamos juntos, los caballos, no necesitaba mas atenciones para cumplir con sus necesidades. Aún así ella se inclinaba de vez en cuando y le daba suaves pasadas con la lengua al glande o los huevos. Una vez bien excitada ella misma se desplazó sobre mi cuerpo hasta clavársela en el coño y botar. Toda ella experiencia y sabiduría en ese tema. Cabalgarme a mí como cabalgaba a su yegua. Hacer saltar sus pechos grandes y llenos. Los jugos resbalando por el tronco de mi pene y los huevos depilados. En ese momento yo era su semental ella me follaba a mi controlando su placer y el mío. Por cómo gemía, apretaba mi tronco y suspiraba suponía que se estaba corriendo. Pero tampoco se molestó en aclarar mis dudas en ese aspecto, mal del todo no debía estar haciéndolo. Con su edad no sabía si aún podía quedar embarazada o tomaba precauciones, el caso es que no le importó seguir botando sobre mi cadera hasta que llené su vulva con mi semen. Mi rabo empezó a aflojar pero estaba claro que no se iba a conformar con un solo polvo. Me hizo girar y apoyar los antebrazos en la silla de montar. A cuatro patas levantando bien el culo fue ella la que empezó a hacerme un lascivo y bien guarro beso negro, me puso un dedo en la boca para que se lo lamiera y penetrarme con él. También bajaba un poco y me chupaba los testículos llegando a meterlos en la boca. Admito que me encantó la novedad. Nadie me había hecho eso. Con tan tiernas atenciones mi polla volvió a ponerse dura el cuestión de segundos. No le importó. Siguió durante un rato degustando mis cuartos traseros, incluso mordisqueando mis duras nalgas. A poco más que hubiera seguido con la faena me hubiese corrido en la fresca hierba que llegaba a hacerme cosquillas en el glande. Por supuesto no estaba dispuesta a desperdiciar así mi semen. Sabía perfectamente cuando parar y tomar mi postura. Así pude ponerme detrás y volver a penetrarla. Ganas me dieron de follar su ano que parecía bien limpio y dispuesto, toda una tentación. Pero aunque pasé el glande por allí acariciando y tentando no era el momento. Ni estaba dilatado, ni excitado. Me indicó que siguiera más abajo donde los labios chorreantes de su vulva esperaban mi nabo. Entró sin esfuerzo ni resistencia, de un solo empujón me vi clavado hasta que mis huevos rozaron su clítoris. Apretó el músculo pubococigeo exprimiendo mi polla mientras la tenía bien enfundada en su interior. Así me indicó que empezará a moverme despacio al principio. Aumentando en ritmo poco a poco hasta llegar a un orgasmo casi simultáneo entre gemidos y suspiros de ambos. No la dejé moverse y mientras las últimas gotas de mi lefa se perdían en la tierra, cuando el rabo se me fue aflojando, me incliné a su espalda. Buscaba darle el mismo placer que ella me había proporcionado un rato antes. Empecé a besar sus nalgas, pasar la lengua por la raja, clavar la sin hueso en su ano y bajar un poco más. Lamí su coñito del que rezumaba mi semen, recogiendo lo que iba saliendo. Esa mezcla de los sabores de los dos que pensaba compartir con ella en los últimos besos junto al arroyo. Así fue ella volvió a darme de lasciva lengua desnuda tumbada sobre mi cuerpo. Era hora de volver a ensillar, vestirnos y regresar a las cuadras después de tan placentero paréntesis. .

jueves, 7 de octubre de 2021

Hacia frío

. En la calle hacía mucho frio, neviscaba. Busqué refugio en el piso de mi primo que pillaba cerca de mi trabajo. El viento sacaba el calor de debajo de la ropa y llegué aterida a su casa. - Hola primito, ¿puedo refugiarme aquí?. - Pues claro, mi prima más guapa siempre. Pasa. Él tenía la calefacción puesta al máximo así que después de dejar tirado el abrigo en una silla me tuve que sacar mas prendas para no morirme de calor. - ¿No te asas aquí? - Me gusta estar caliente. Y me sonrió lascivo. - Eso lo has sido siempre. Conversábamos amigablemente tras una copa como habíamos hecho miles de veces en reuniones de familia, pero en el ambiente se notaba cierta tensión sexual. Las frases tenían más dobles sentidos que de costumbre. Jamás nos habíamos tocado mas que como primos jugando pero esta vez las manos se rozaban sin descanso. -Te veo muy cómodo. El vestía solo un culote de lycra y una amplia camiseta de tirantes, como de basket, que no me ocultaba su pecho. Con la temperatura que tenía en su casa me extrañaba que no estuviera desnudo del todo. - Ponte tu igual. Ya me había quitado el jersey que quedó olvidado junto al abrigo y la camisa de franela lo siguió pronto pues era de una tela fuerte. Me quedé solo con una camiseta de tirantes muy ajustada, ni siquiera llevaba sujetador. Llevaba unos pantalones pitillo y los calcetines pues las botas ya descansaban al lado del radiador a petición suya. Era agradable andar descalza sobre la gruesa alfombra que cubría el centro del salón de mi primo sin ningún estorbo de por medio. Aún menos ropa cuando imitándolo me saqué los calcetines sudados y mojados y estiré las piernas cómodamente. Los pezones se marcaban duros en el algodón de mi camiseta pues no me había puesto sujetador. Los cónicos, duros pechos necesitan poca ayuda para mantenerse erguidos. Ademas me había puesto el pantalón mas ajustado que tengo, marcando mi cadera como si fuera desnuda. No lo estaba excitando de una forma consciente pero bajo el ajustado short de lycra que él tenía puesto algo parecía reaccionar ante mi lenta exhibición anatómica. Mas excitada estaba yo con su cadera y paquete completamente delineados por la ajustada prenda. Incluso su amplia camiseta sin mangas me permitía una visión de su pecho depilado y muy masculino con los marcados pectorales que siempre habían llamado mi atención. Y sus oscuros y pequeños pezones asomando entre los tirantes cada vez que se movía. Ninguno de los dos nos atrevíamos a dar un primer paso, un acercamiento mas físico que los imaginados en las fantasías que hasta ahora sin duda habíamos tenido ambos. Por mi parte desde luego que sí, un montón de veces me había imaginado arrancándole la ropa y lamiendo su piel sudada. No tenia excusa para sacarme mas ropa y él, bueno, a pesar de que me encantaría ver su cuerpo desnudo no parecía estar dispuesto a librarse de mas prendas. Hasta que el vaso que sostenía entre mis manos me hizo recordar el viejo y mas que de sobra conocido truco de tirarme la bebida encima. No quería ser tan obvia, pero de perdidos al rio. Mi camiseta quedó arruinada de inmediato e incluso una buena mancha salpicó el pantalón. Maldiciendo y sacudiéndome me levanté de repente intentando por todos los medios reprimir la sonrisa que luchaba por salir de mis labios. Encantada con lo bien que había salido tan burda maniobra. - ¡Vaya! ¡Que mierda! Y ahora toda la ropa manchada. Por las miradas que siempre les echaba sabia que deseaba ver mis tetas. Así que enganché la camiseta y tiré de ella para sacarla por mi cabeza luciendo mi torso sin complejos. - Tranquila, se puede lavar. Era evidente que sus ojos se clavaron en mis pezones como dos espadas. Lo comprobé con gusto, me estaba mirando. Me hice la despistada comprobando el estado de mis ajustados vaqueros. Viendo que con la excusa de la mancha se me permitía sacármelos y quedarme en tanga. Así lo hice y puse las dos prendas en el radiador para secarlas meneando el culo en el viaje. - Aquí estarán bien y me las podré poner luego. Me giré y ya sin excusas lo miré directo a los ojos y con la interrogación en mi mirada. Me preguntaba si estaría petrificado y no se atrevería a moverse. No era eso. Solo me estaba mirando. Pero sí, consiguió incorporarse y acercarse a mí. - Prima, eres preciosa. Atrapando dulcemente mi cadera entre sus manos depositó un suave beso en mis labios. Abrí la boca pues lo deseaba y recibí en la mía su lengua habilidosa, libidinosa. No paré quieta y en cuanto pude tiré de su camiseta y dejé su poderoso torso a mi vista. - Parece que ha estado nadando mucho esta temporada. ¡Qué torso! Se le ponían los ojos en blanco, se mordía el labio de abajo y yo no sabía si era mérito mío o suyo, iba tan caliente. Hilos de saliva unían nuestros labios cuando separábamos el beso. Solo podía gemir. Acerqué mi cadera a su pubis y noté la dureza de su rabo. Aún la tela lo separaba de mi piel pero ya deseaba tenerlo dentro. Como había tomado la iniciativa seguí con ello y me agaché a mordisquear sus duros pezones. Mi lengua recorría la piel suave de su pecho. Lamí sus axilas y besé sus pezones. -¿Te gusta? - Me derrites. Metí la mano dentro del short haciendo mía por fin la pieza de artillería y las dos balas de cañón que allí estaban camufladas. Bajé la prenda hasta los tobillos. A la vez que me agachaba, pasando la lengua por el ombligo, en un solo movimiento metí su glande en la boca. Me hice con sus duros huevos en la mano. Si polla estaba rica y limpia. - No los aprietes que duele. - Tranquilo, soy una chica muy tierna. Bajé la lengua por el tronco lamiéndolo jugueteando con ella hasta meterme los testículos en la boca. Saqué toda mi vena mas guarra, me chupé un dedo y le acaricié el ano. Clavándoselo un poco hasta la primera falange dilatando, acariciando entero de la punta del glande a las duras y poderosas nalgas. Se le escapó un gemido cuando notó mi dedo en su ano. No quería que me penetrara aún. Solo pensaba en hacer disfrutar a mi primo, en demostrarle mi amistad y amor con la mejor mamada que podía hacer. Y no pecaré de modesta si digo que puedo hacerlas muy bien. - ¡Qué boquita! Masturbaba el tronco con la mano despacio mientras metía el glande en la boca y con saliva humedecía mis dedos. No necesitaba mas lubricante estaba echando saliva por los dos. Sustituía un dedo en su ano con otro humedecido metiéndoselo cada vez mas dentro hasta la misma próstata. A la vez metía la otra mano dentro de mi tanga para acariciarme a mí misma. Pasando los dedos por los labios o jugando con el clítoris. Volví a lamer sus huevos jugando con ellos. Mordisqueé el tronco suave con los labios. Volví a metérmela en la boca todo lo que pude que no era mucho pero no dejé de sobar y acariciar el tronco con la mano. - Correte primo, dame tu lefa. Mis palabras debían ser confusas pues no separé mucho los labios de su rabo, pero la idea general estaba clara. No le dejé que hiciera nada. No quería perder concentración. Quería su semen en mi boca, quería su sabor y no dejé de lamer hasta conseguirlo. Soltó dos chorros de semen directamente en mi boca. Exprimí el resto sacándolo yo misma de su polla. Me puse de pie para besarlo en la boca aún con su leche en mi lengua. Se la pasé a la suya y la aceptó como había aceptado el resto de mis caricias. Con cara de vicio. Una vez que se diluyó el sabor entre nuestra saliva y como favor con favor se paga... - Que guarrilla eres prima. - Le dijo la satén al cazo. Me hizo arrodillar sobre el sofá sacando el culo bien en pompa y agachando la cabeza en el respaldo del mueble. Noté sus dientes en mis nalgas, pero suavemente y cuando clavó la lengua en mi ano me sentí la mas guarra del mundo. Como antes yo, paso la lengua por todo mi pubis y clavó sus dedos húmedos en los dos agujeros masturbándome con cuidado pero sin pausa, acariciando mi clítoris con la lengua. No sé cuanto tiempo estuvo lamiendo y masturbándome, me parecieron horas por las veces que me corrí. No solo se dedicó a lamer mi coñito y culo. Bajó por mis piernas hasta los pies o subió pasando la lengua por toda mi espalda hasta la nuca y las orejas. - ¡Prima que buena estás!. No sabía si su polla se estaba recuperando no me importaba. En ese momento su lengua y dedos me estaban dando todos los orgasmos que necesitaba. Se me había olvidado todo el frio que hacía fuera, nosotros estábamos calientes como hornos. Se puso lo suficientemente duro como para clavarle en el coño, Pero a las pocas embestidas se corrió dentro de mí dándome un orgasmo más. Volvió a agacharse detrás de mí para lamer de mi vulva su propio semen y mis jugos y hacer que siguiera corriéndome. No importó mi ropa manchada con la copa, dormimos abrazados en su cama. Y no salí de allí hasta el día siguiente. .

domingo, 3 de octubre de 2021

Amnesia

. Me levanté de la cama del hospital después del accidente de coche. No recordaba nada de mi vida anterior. En mi armario de la habitación ni siquiera estaba mi ropa destrozada en el accidente, ni documentos, nada. Lo llaman amnesia. Al poco rato acompañando al médico que me había atendido entró en la habitación una hermosa mujer. Al verla sexi y elegante en un ajustado vestido deseé que ella fuera mi esposa o novia. En cambio se presentó como mi hermana, Sonia. Y cuanto más la miraba más bonita me parecía. Después de los remiendos en el hospital yo no parecía estar mal del todo y unos días de ejercicio y fisioterapia me devolverían la forma perdida. Lo que no volvía era la memoria. Mi hermana me llevó a su casa para poder cuidar de mí y devolverme mi vida anterior. Mi pijo cuñado al que no reconocería ni aunque me diera de bruces con él en el salón de su casa se pasaba los días de viaje dejándonos solos en la enorme y bonita casa. Me habían preparado un elegante dormitorio junto al de ellos, el de ella, pues él no parecía aprovecharlo mucho. Supongo que tenía sus apaños por ahí. Pero esa habitación tenía algo raro, parecía que tenía mucho uso y las ropas del armario eran todas de mi talla. Hasta los reducidos bañadores tipo slip que no recordaba haber usado nunca. Mientras mi bonita hermana se paseaba por la casa con las mínimas prendas posibles. Cosas muy sugerentes: camisones semitransparentes realmente cortos, ajustados shorts que dejaban buena parte de su firme culo al aire. Llevaba sujetadores de bikini tan pequeños que tapaban poco mas que los pezones de esos pechos que parecían la excelente obra de un carísimo cirujano plástico. Me mantenía así en un estado de constante excitación que apenas podía aplacar en cuanto ella se daba media vuelta pajeándome como un mono. Era incapaz de recordar si ese nivel de confianza era previo a mi situación o en realidad ella me estaba provocando por algún motivo propio. Así que mi confusión crecía a cada vistazo a su descubierta piel. Incluso me dejaban conducir el range rover completamente equipado. Recordaba como se conducía. Una tarde tras dejar a mi cuñado en el aeropuerto para uno de sus viajes de negocios nos fuimos juntos de copas. Nadie nos conocía en los bares a los que fuimos. Yo vestía camisa y pantalón que debían ser míos por que me sentaban estupendamente. Y ella estaba arrebatadora con un ajustadísimo vestido verde de tirantes con la falda cortísima por la que lucía sus bronceados muslos. Ante el mundo debíamos parecer novios demostrándonos un cariño que por mi parte era equivalente al deseo. Mis manos se deslizaban por su cintura con la confianza que había ido surgiendo desde el accidente. Ella se apoyaba al completo en mi cuerpo como si estuviera acostumbrada a hacerlo desde que éramos niños. Bailando muy apretados en un oscuro pub mis manos en su, bueno, justo encima de donde la espalda pierde su casto nombre. Su cara apoyada en mi hombro, notaba su caliente respiración en mi cuello. Casi sola la mano bajó a su precioso culo amasando la nalga con confianza y sin que ella pareciera sorprenderse de ello. Al contrario, cuanto más sobaba su culito más se apretaba a mi cuerpo. Llamándome hermanito y suspirando en mi oído. Me revolvía el cabello con las mano y los labios entreabiertos. La lengua asomando entre sus sensuales labios parecía que pedía la mía. Así que la besé y nuestras salivas se mezclaron en medio de la pista de baile donde nadie nos conocía. En realidad ni yo mismo me conocía. Le acaricié un pecho y sus suspiros subieron de nivel. Siguiendo el tirante del vestido desde el hombro hacia el pezón marcado en la fina tela. Sentí su cadera fuerte voluptuosa apoyándose en la mía donde mi rabo estaba cada vez mas duro. Su pubis apoyado en mi polla. Ella acariciaba mi espalda bajando hacia mi culo y cuando apoyó las manos allí me atrajo más hacia ella. Tenía que notar mi deseo, la firmeza de mi pene latiendo por ella y parecía que lo quería exactamente así. Ya las lenguas exploraban la boca del otro y las manos el cuerpo y la piel. A duras penas conseguimos separarnos para llegar al rover todoterreno y luego a casa hasta la enorme cama de matrimonio que mi cuñado apenas usaba. Ella parecía conocer mi cuerpo casi mejor que yo, sabía dónde tocarme. Como sacarme la camisa lamiendo mi pecho y mordiendo mis pezones. Mis prendas iban quedando por el camino al dormitorio, los zapatos junto a la entrada, la camisa en la escalera. Pasando la lengua por mis axilas haciendo que me excitara mas. Intenté arrancarle el vestido pero ella me pidió que fuera despacio. De hecho se lo sacó ella sola sensual, sinuosa, felina. El cuerpo de mi hermana bellísimo solo cubierto por un fino y caro tanga de encaje allí ante mí, entregada a nuestro placer. Por fin pude acariciar sus tetas sin nada por medio, lamer sus pezones pequeños y oscuros, tan duros, sentada sobre mis muslos mirándonos cara a cara. En ese momento no pensaba en que ella fuera mi hermana solo deseaba lamer todo ese cuerpo perfecto. Y no me privé. Recorrí cada centímetro de su piel con mis labios, besandola suavemente, con mi lengua humedeciendola. Sus gemidos sinceros me decían que ella lo deseaba tanto como yo. Esa temporada en el hospital y la convalecencia habían hecho que estuviera aún más caliente. Besé su cuello, sus níveos hombros. Mordisqueé sus pezones solo con los labios. Levanté sus brazos para lamer sus axilas suaves y se seguí por la cara interna de sus brazos y antebrazos hasta las muñecas y las palmas de sus manos agradecido. Ella revolvía mi cabello y acariciaba mi espalda con la mano que yo no tenía cogida. Volví a su cuerpo, me gustaban y excitaban los preliminares con ella. Mil besos en su plano vientre le dí. Jugaba Con la lengua en su ombligo haciéndole cosquillas. Sus risas se mezclaban con sus gemidos y suspiros. No quería que ella me tocara. Si en ese momento sus finos dedos hubieran rozado mi rabo me hubiera corrido. Así de caliente me tenía con sus coqueteos, sus insinuaciones y su ropa provocativa. Poco a poco estaba llegando a su pubis. Tan suave, bien depilado, empecé dando suaves besitos alrededor de su xoxito. Bajé por la cara interna de sus muslos, por la enorme longitud de sus piernas hasta sus cuidados pies. Besarlos, lamerlos chupar sus deditos y la planta. Volví a su coño. Agarraba su culito con fuerza, sus nalgas jugando con un dedo en su ano apartando la goma del tanga. Durante un buen rato me dediqué a saborearla. Sabía que se estaba corriendo. Algún rastro de memoria me lo decía, puede que fuera igual que conducir, solo lo sabía. Sus jugos me sabían a gloria, como nada que recordara haber probado antes. Incluso cuando clavé la lengua en el ano e intentaba penetrar ese agujerito con la sin hueso algo me decía que acertaba Subí hasta su boca. Nuestros besos la hacian gemir y suspirar y clavarme la lengua hasta la garganta. La saliva cambiaba de boca. No parábamos de tocarnos y acariciarnos en ningún momento. Ella misma me sacó los pantalones llevándose el pequeño slip con ellos y volviendo a subir sobre mi cuerpo. A trepar encima de mi y ponerse donde más se excitaba. Pero en ningún momento me aclaró nada de esa nueva "situación". Se callaba como puta. Y aunque en ese momento se estuviera comportando como la más experimentada meretriz en ningún momento se me ocurriría compararla con una señorita de vida alegre. Cuando ella sola se clavó la polla en su coño sin sacarse el tanga sensual, incestuosa, estiró el cuello echando la cabeza hacia atrás. La cascada de su pelo cayendo por la espalda en un gesto que yo debía haber visto mil veces con anterioridad y que no recordaba. Por que fue en ese momento cuando en un flash volvió mi memoria. Mirando su cara de vicio y de pura lascivia y con las manos pegadas a sus perfectas tetas, con su cadera sobre la mía y mi polla en su interior. Todos mis recuerdos volvieron de repente, las veces que ella me había cabalgado en esa misma postura. Como su matrimonio había sido pactado entre los tres para que mi cuñado pudiera irse a follar con chicos que era lo que le gustaba y nosotros pudiéramos seguir nuestra incestuosa relación que manteníamos desde adolescentes. Sin darse cuenta de mi momentánea confusión intentando ordenar mis recuerdos siguió moviéndose sobre mí. Follándome hasta que mi semen la inundó corriéndonos a la vez. No hicieron falta mas explicaciones cuando ella vio la mirada de amor y comprensión completa en mis ojos. Lo que si hubo fue mucho sexo entre nosotros. A veces con su marido, mi mejor amigo y millonario mirando mi polla con deseo. Bueno si quería tener un sobrino de alguna forma habría que excitar al marido, ya que entre hermanos sería peligroso engendrar. .