domingo, 17 de septiembre de 2023
Topicazos, fiesta de pijamas
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Hermana que vuelve de marcha y al volver a casa pilla a su hermana bollera de fiesta de pijamas con sus amigas.
Mi hermana, Silvia, quería organizar una fiesta de pijamas con sus dos mejores amigas, Marta y Susana, como cuando era una niña. Al explicarme el plan toda entusiasmada parecía que volvía a tener doce años. Pero las tres tienen los diez y ocho y yo no creía que fuera un buena idea. Tampoco tenía argumentos para oponerme.
Ellas querían recordar viejos tiempos y no era yo quién en para llevarle la contraria en esa situación. Me bastaba con quitarme de en medio arreglarme y salir con mis propias amigas de copas y a ligar algún macizo. Al fin y al cabo nuestros padres no estaban ese fin de semana. Y para colmo me habían dejado a mí de responsable.
La única condición que les puse es que no se trajeran ningún chico a casa. Y todo terminara como el rosario de la aurora, con la casa destrozada por una fiesta descontrolada. Pero la última intención que podían tener era meter un chico en su diversión y yo en la inopia.
Las famosas amigas habían llegado a media tarde y me tocó a mi abrir la puerta y recibirlas. Hacía tiempo que no las veía. Y joder como se habían desarrollado las puñeteras. Me quedé con la boca abierta al dejarlas entrar en el piso meneando esos culitos.
Susana se había convertido en una rubia alta y espigada, con una larga melena y un cuerpo moldeado por alguna entidad sobrenatural, enfundado en una ajustada minifalda de lycra y un top que apenas era más grande que un sujetador.
Marta en cambio había optado por la voluptuosidad en sus formas y es una curvy con todo muy bien repartido, pero en abundancia. Llevaba un mono de tela ligera, no suelto por que con su cuerpo se le marcaba todo y con la espalda completamente desnuda.
Al pasar a mi lado las dos me echaron una buena ojeada. Una termina fijándose en esas cosas igual que en su evidente belleza aunque nunca había tenido ese tipo de inclinaciones. Tampoco es que fuera muy tapada, para estar por casa usaba una camisa vieja de mi padre muy lavada y fina, que apenas tapaba mi culo y un tanga sencillo.
Creo que ellas radiografíaron todo mi cuerpo en esos pocos segundos. Pero no me dí cuenta de que que lo hacían con deseo. Así que me limité a dejarlas pasar e indicarles el cuarto de mi hermana que no se había dejado ver desde que habíamos metido los platos de la comida en el lavavajillas. No les presté mucha más atención.
Durante un rato estuve viendo la tele y el móvil. Y ya más tarde me dediqué a arreglarme para salir esa noche. Había quedado con una de mis amigas, la última que quedaba en la ciudad en ese verano.
Oía como en segundo plano música que salía de la habitación de mi hermana. Supuse que estarían charlando y bailado. Pero no pensé mucho en ello.
Peiné mi larga melena, me maquillé y me enfundé en el vestido de lycra más corto y ajustado a mis curvas que tenía. Solo lo sujetaba el cuello halter, una tira que cruzaba por mi nuca y me dejaba un escote fantástico.
Llamé a la puerta de la habitación de Silvia para despedirme. Me dijeron que pasara. La escena que vi tuvo que darme alguna pista pero debía tener la cabeza en otra parte. Parecía que se estaban probando ropa, nada más. Yo también lo hacía con mis amigas, a veces usando solo un probador.
Susana estaba junto al armario de mi hermana únicamente con un tanga de encaje muy sexi, las tetas al aire y con un sujetador de mi hermana en las manos. Giró la cabeza y pude ver su preciosa sonrisa en sus finos labios.
Marta estaba sentada en el suelo. No le valdría ninguna de las prendas de las otras dos. Pero había soltado el peto del mono y lucia sus impresionantes tetazas al desnudo. A ojo tendría una talla ciento diez o ciento cinco. Admito que algo de envidia tenía de esas impresionantes mamas. A mi me cuesta rellenar una noventa y cinco.
Mi hermana tumbada en su cama, boca abajo tenía puesto el top de su amiga y unas bragas, nada más. Lucía así el canalillo de sus tetas contenidas y el precioso culito respingón. Los largos muslos sobre la cama y con las rodillas dobladas tenía las pantorrillas y los piecitos levantados.
Tenía el móvil en la mano. Pensé en que esperaba que si se estaban haciendo fotos no las publicaran en Internet. Al menos no vestidas así.
- Bueno chicas, yo me voy. Portaros bien.
- Pues claro.
Contestaron las tres casi a coro. Me quedé un momento más mirando la escena y esperando a que Susana se pusiera el sujetador y ver cómo le quedaba ese conjunto. Como imaginaba parecía una modelo. También eché un último vistazo a los cántaros de la otra amiga.
Mientras cerraba la puerta me pareció oír no sé en cuál de las dos voces:
- Nena, ¡que buena está tu hermana!.
Sacudí la cabeza y la melena y salí de la casa sin darle más vueltas. Fui al encuentro de mi amiga. Es guapa y sexy pero con ella jamás se me había ocurrido pensar en su belleza, de forma lasciva. Y eso que nos habíamos cambiado juntas y visto desnudas del todo un montón de veces. Al menos no como lo que había sentido con mi hermana y sus amigas un rato antes.
Esa salida no fue muy memorable, más bien todo un fracaso. Tomamos un par de copas. Nos entraron un par de chicos. Pero para entonces ellos ya estaban tan borrachos que cuando intentaron meternos mano lo único que consiguieron fue calentarnos en vano.
Al mío no pude ni besarlo por el olor a alcohol de su aliento. Pero durante un rato había conseguido alcanzar mi tanga con los dedos. Apoyados en una columna de la discoteca consiguió meter la mano entre mis muslos. Con sus caricias en mi vulva consiguió humedecerme, pero nada más que eso. Muy lejos del orgasmo se quedó dormido sobre mi hombro.
Todavía puedo agradecer que no vomitara sobre mí. Cabreada, lo aparté para despertarlo y salí a la calle a tomar el aire. Me dio por pensar que igual lo estaría pasando mejor con mi hermana y sus amigas bailando en pijama o lencería y contándonos chistes malos.
¿Qué estaba haciendo allí aguantando a borrachos?. Así que despidiéndome a la francesa me encaminé de vuelta hacia casa.
Al abrir la puerta respiré hondo, aliviada. No había en marcha ninguna fiesta salvaje con chicos. En la cocina estaban las cajas de pizza que habían cenado y las latas de refresco. ¡Qué suertudo el pizzero cuando le abrieron esas tres beldades!.
Fui hacia el dormitorio de Silvia de donde aún salía música a un volumen suficiente como para no molestar a los vecinos y un rayo de luz por debajo de la puerta cerrada. Aún seguían despiertas.
Le di unos golpes a la madera para hacerles saber que estaba allí. Pero no oía ninguna respuesta sino más bien gemidos y suspiros. Volví a pensar en que allí había uno o más chicos. Abrí la puerta con cuidado. Al menos podría comprobarlo. No, no había ningún representante del género masculino. Habían juntado las dos camas de la habitación.
Mi inocente hermanita y sus amigas se las apañaban solas. Ya habían terminado con los bailes y los chistes. Lo primero que vi fue el imponente culo de Marta que estaba arrodillada entre los muslos de mi hermana. Con las rodillas separadas podía ver el pubis y los labios gruesos y sensuales. Y hasta el ano oscuro entre las dos inmensas nalgas.
Silvia gemía suave solo cuando la rubia separaba los labios de su boca. Y lo hacía solo para lamer sus tetas y chupar sus pezones. Ya ha quedado claro que no soy de piedra. Aunque nunca había tenido inclinaciones sáficas aquella escena me estaba calentando mucho más y más deprisa que los dedos del borracho.
Susana, aunque tenía la manita de mi hermana entre sus muslos, fue la primera que se dio cuenta de mi presencia. Me sonrió.
- ¿Qué haces en la puerta?. Ven.
No dudé mucho y di un par de pasos dentro del cuarto. Allí hacía mucho calor pero no era del termómetro. Pude captar más detalles. En el culazo de Marta había un pequeño tatuaje, un triskel. Sus tetas colgaban acariciando y rozando los muslos de Silvia
Mi hermana tenía los pezones tan en punta que parecían a punto de salir disparados. Tenía una mano sobre la cabeza de la curvy para que no apartara la lengua de su coñito. La otra mano acariciaba el clítoris y los labios de Susana.
Marta, tan ocupada estaba, que no se había dado cuenta de mi presencia. Mi familiar me vio en ese momento y me dedicó una sonrisa. Para entonces mis pezones estaban tan duros que se marcaban de maravilla en la lycra de mi vestido. Casi me dolían así que solté la tira que sujetaba mi escote y bajé toda esa tela hasta mi cintura. Me acaricié los pechos y pellizqué mis pezones contemplando tan bello espectáculo. Sin participar todavía.
Admito que las poderosas posaderas me atraían en ese momento como un imán. Así que se las acaricié con suavidad. Me chupé un dedo para pasarlo por el ano oscuro y cerrado. Eso le arrancó un fuerte jadeo sobre el pubis de Silvia.
- Eso me ha gustado. ¿Quién es la qué...?
- Soy yo cielo. ¿Me dejas?.
- Pues claro. Siempre me has gustado mucho.
- Pero tu sigue con ese xoxito tan lindo.
Sin dejar de amasar tan poderoso pandero me levanté lo suficiente como para besar a mi hermana. Buscó mi lengua de inmediato aunque tuvo que compartirla con su amiga que también buscó mis labios.
- Creía que no te gustaban las chicas, tata.
- Y así era. Pero algo está cambiando, sobre todo al ver como os divertís vosotras.
- Besas bien.
- Tú también, hermanita.
- Pues sigue.
Nos estuvimos morreando un buen rato jugando con nuestras lenguas y nuestra saliva. Y ambas recibíamos las caricias y besos de Marta. Notaba sus manos subiendo mi falda y apartando a un lado mi tanguita. Cuando empezó a lamer mi coño mi hermana ahogó mis jadeos con su lengua.
También notaba las manos de Susana recorriendo el resto de mi cuerpo con suavidad. También su boca amorrada a uno de mis pezones. Por ser la novedad estaba recibiendo las atenciones de las tres.
- ¿Bailas?
Fue la diosa rubia la que me reclamó. Tiró de mi mano para ponerme de pie. Yo aún llevaba mi vestido recogido como una falda, pero ella estaba desnuda del todo. Me cogió de la cintura y me pegó a su cuerpo con ternura.
Nuestras tetas prácticamente iguales, firmes conos de prieta carne, se frotaban. Yo agarré con fuerza sus duras nalgas. Y empezó a lamer y besar mi cuello. Nos movíamos despacio, sensuales, al ritmo de la música, buscando el mayor contacto posible entre nuestros cuerpos.
Silvia nos miraba desde la cama, sonriendo, con Marta a su lado. Habían cogido un móvil y nos estaban haciendo fotos y un video.
- Espero que no lo publiques.
- No, tranki, esto es para consumo propio. Sólo para nosotras.
Pero poco tardaron en unirse a nosotras. Mi hermana se colocó detrás de mí para terminar de desnudarme. El vestido y el tanga salieron por los pies dejando que notara por delante el cuerpo de Susana y por detrás el de mi hermana.
Marta se había juntado a la espalda de la rubia. Frotando sus tetazas y cadera con ella. A la vez había manos por todas partes. Yo notaba dos lenguas en mi cuello una a cada lado. Estaba muy excitada. Y eso que nunca había pensado que me pondría así con otras chicas.
Sentí la mano juguetona de mi hermana acariciando mi culo. Deslizándose entre mis nalgas, acariciando el ano a su paso. Y por fin a través de mis muslos separados en los labios de mi vulva. Chorreaba. Si mano se mojó de inmediato con mis jugos. Pero no por ello dejó de masturbarme.
- Tata estás muy mojada.
- Vosotras me estáis poniendo así.
Mientras yo me agarraba con una mano a una nalga de Susana para juntarla todavía más a mí con la intención de seguír frotando nuestras tetas. Con la otra amasaba una de las poderosas mamas de Marta.
Las cuatro muy juntas, de pie, en medio de la habitación, moviéndonos sensualmente al ritmo de la música. Era algo sensacional que me hacía jadear de placer como nunca había sentido. Parecía estar en medio de un orgasmo continuo.
- Besa a tu hermana. Siempre te ha deseado. Nos lo ha confesado muchas veces.
Me giré para abrazar a mi hermanita y darle la ternura que ella me estaba proporcionando. Mirándola a los ojos besé sus labios. Pero a esas alturas también éramos pura lujuria. Las lenguas entraron en acción y uno de sus muslos se metió entre los míos.
Ninguna de ellas estaba dispuesta a darme tregua. Seguía rodeada por sus bellos cuerpos desnudos. Poco a poco volvieron a llevarme a la cama. Parecía que yo era la única receptora de todas sus atenciones.
- Túmbate.
Me tumbaron en la cama y de inmediato empecé a notar labios, lenguas y manos por todo mi cuerpo. Y digo todo al completo. Desde mis pies hasta la nuca. Incluso alguien levantó mis piernas hasta que alcanzó mi culo y clavó la lengua en él.
- ¡Joder!. Sois insaciables.
- Silvi, cariño, quiero comerte.
Yo también quería dar placer y la primera en sentarse sobre mí cara fue mi hermana. Su xoxito es precioso, delicado, caliente y muy suave y húmedo. Y de inmediato me puse a lamerlo, a jugar con su clítoris y clavar la lengua lo más que podía en su coñito. Agarrando y separando sus nalgas para llegar al ano.
La oía jadear por encima de mi cabeza mientras yo misma tenía que ahogar mis gemidos con mi boca en su potorro. Esas tres me iban a matar de placer. Y desde luego estaba dispuesta a devolverles el favor.
A mi hermanita ya la tenía parece que satisfecha pues se levantó al cabo de un rato para dejar su sitio a Marta. Su impresionante cadera fue descendiendo despacio sobre mí cara. Como Susana me estaba comiendo el culo Silvia se dedicó a mi xoxete.
- ¡Te toca!. ¡Qué lengua tiene!
Y todas acariciando cada trozo de piel que podíamos alcanzar. Llegó un momento en que no sabía quién, ni donde me estaba acariciando. Seguía en un orgasmo continuo.
- ¡Tregua!
Agotadas y casi satisfechas nos quedamos dormidas unas en brazos de las otras y muy juntas. Me habían descubierto un mundo nuevo de placeres. No iba a renunciar a los chicos pero estaba convencida de que tenía que explorar ese nuevo horizonte.
Y desde luego viendo que mi hermana era una experta en el tema, además de estar buenísima, le pediría ayuda, teórica y práctica. A ella y a sus amigas por supuesto.
Por la mañana seguimos desnudas. Nos duchamos juntas. Seguimos haciendo el amor allí donde nos pillaba y con la que deseábamos en ese momento. Seguimos así hasta media hora antes de volver nuestros padres.
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viernes, 15 de septiembre de 2023
Realizando fetiches. La zapatería
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Como se puede deducir del título mi trabajo es vender zapatos. Eso y botas, sandalias y cualquier producto relacionado, plantillas, cepillos y betunes que pueda colar. Eso es precisamente lo que el jefe pide. Luego cada una hace lo que puede.
Esa tarde de verano, calurosa y agobiante no había entrado nadie y me encontraba cruzada de brazos y aburrida con el local limpio como una patena.
Normalmente ando bastante liada, colocando, cobrando o haciendo cualquier tarea que necesite el establecimiento. Así que les doy los zapatos y dejo que se los prueben sin prestar mas atención. Pero aquella tarde de verano había tenido pocos clientes y la tienda estaba en orden.
En su caso no pude contenerme y tampoco tenía otra cosa que hacer. Pero es que ella estaba muy buena. La camiseta fina de tirantes que llevaba insinuaba una delantera de bellas proporciones y formas. La breve minifalda me permitía una vista espectacular de sus bien torneados muslos y sus reducidas sandalias unos pies muy bonitos y cuidados.
Estuvo dando una vuelta y mirando la mercancía. Le llamó la atención los zapatos y sandalias de fiesta con mucho tacón. Eligió dos pares para probarse y fui solícita a buscar los de su número.
Tengo que admitir que cierto fetiche por los pies también tengo. Como siempre me han gustado los cuerpos hermosos y no había nadie más en la tienda decidí darle una atención personalizada.
Yo misma me arrodillé a sus pies con los zapatos de tacón que ella había seleccionado a mi lado. Dejando caer el suelto escote barco de mi camiseta para que fuera ella la que le echara un buen vistazo a mis pechos libres de sujetador.
Con uno de sus pies desnudo entre mis manos levanté la vista hasta su rostro y nuestras miradas se cruzaron. Solo un segundo pero había una sonrisa de complicidad en sus brujos ojos azules. Tenía las uñas bien recortadas, limadas y pintadas de rojo.
Al calzarle una sandalia masajeé su pie un momento. Separé sus piernas sin que ella opusiera resistencia y allí donde sus muslos se unían pude apreciar la humedad de su excitación en un tanga de color claro. De igual forma ella podía apreciar en mis duros pezones lo que sus bellas formas provocaba en mí.
- Te van a quedar muy bien con un vestido de fiesta.
- Son para una ceremonia y el color va con el del vestido.
Mis dedos se deslizaban por su tobillo y pantorrilla acariciando una piel tan suave como la podría soñar. El suave masaje parecía que le gustaba. Al menos no protestó, ni retiró la pierna de mis manos.
Ella se inclinó aún más para ver algo de mi cuerpo, todo lo que mi ligera ropa le permitía. Pero no me tocó. Eran mis manos las que tocaban sus pies, deslizándose entre sus dedos, acariciando la planta y el empeine.
El que calla otorga. Como mis caricias eran bien recibidas y estábamos solas, me atreví a más. Me lo llevé a la boca. Chupé sus elegantes dedos y deslicé mi lengua entre ellos saboreando su sudor. Mis labios por la planta lamiendo y humedeciendo con mi saliva el bello pie.
Su sonrisa se hacía más amplia cuando las cosquillas casi la hacían reír. Pero lo disfrutaba, los gemidos y los suspiros que escapaban de su fina garganta así me lo indicaban. Apoyé el pie húmedo entre mis senos por encima del escote, sobre mi piel desnuda. Con el pie bajé la tela descubriendo mis tetas y más piel para acariciarme con él. Mientras subía con mi lengua lamiendo por la pantorrilla y el interior de sus muslos.
Levantó un poco el culito del sillón. Lo suficiente para que yo pudiera agarrar del levísimo tanga y sacarlo descubriendo su vulva a mis ansiosos ojos. Al llegar a medio muslo, impaciente, me limité a romper el encaje y meterlo dentro de uno de los zapatos para quitarlo de en medio.
Tiré de sus piernas hasta tener apoyado su culo en el filo del sillón. Me pasé sus rodillas por encima de los hombros. Acerqué la cara a su coño que besé con todo el deseo acumulado desde que la vi entrar en la zapatería.
El olor de sus jugos me embriagaba. Cuando mi lengua acarició sus labios un escalofrío recorrió su cuerpo y un leve grito se le escapó. Separó más las piernas dándome más acceso a su coño. Sin usar las manos, solo con la lengua, abrí los labios buscando el clítoris, clavándola lo mas que pude en el interior de su vulva.
Su humedad resbalaba por mi barbilla. Mientras ella disfrutaba con la minifalda enrollada en la cintura y sus muslos apretando mis orejas en cada orgasmo.
De pronto estiró una de sus preciosas piernas. Noté sus dedos acariciando mi vientre. Incluso en mi ombligo. Luego un poco más abajo, sobre mí monte de venus. Por suerte yo también me había puesto una minifalda. Un poco de ligera tela separaba los dedos de su pie de un tanga microscópico que apenas tapaba los labios de mi depilada vulva.
Apenas habíamos cruzado un par de frases sobre zapatos y ya le estaba comiendo el coño. Y ella buscando el mío con uno de sus pies. Aquello iba lanzado pero podían pillarnos en cualquier momento. Cualquiera podía entrar en la tienda y sorprendernos en tan grata tarea. Eso creo que nos excitaba más a las dos. Algo exhibicionistas además de fetichistas de los pies.
Y además quería más de ella, quería hacerle el amor con todo mi cuerpo y que ella respondiera a cada una de mis caricias con las suyas. Sin que nadie nos pillara. Bueno, en ese momento todo me daba ya igual. Quería la caricia en mi xoxito.
Todo ello pasó durante un segundo por mi mente. Puede que también por la suya pero para nada importaba. En ese mismo momento yo lo descarté y en ella no hubo ninguna muestra de que hubiera caído en ello. Así que seguí con mi dulce tarea. Podía la llegar al perineo pero no llegaba al ano.
Aparté mi falda para dejar paso a su pie. Era habilidosa. No hizo falta más, con un suave movimiento de su dedo gordo apartó mi tanga. Enseguida lo noté acariciando los labios de mi vulva. Buscaba el clitoris y no tardó en encontrarlo.
Incluso me penetraba todo lo que podía. Así fue como yo empecé a gemir y suspirar. Con la pierna estirada y la otra por encima del brazo del sillón yo apenas pude alcanzar el clítoris con la lengua. Además de jadear, claro.
- ¡Córrete, nena!.
- Ya me viene. ¡Sigue!
Pero ella ya se había corrido y varias veces, por lo que había podido deducir. Así que no le importaba más que buscar mi orgasmo. El primero me llegó con facilidad. Lo del pie en mi coñito me estabas volviendo loca.
- Yo también quiero ver los tuyos cielo. Ponte de pie.
- No son tan bonitos como los tuyos.
Me hice la humilde aunque estaba muy orgullosa de mis pies. Bien cuidados con dos fuimos y uñas pintadas. Y si no tenía a nadie que me los acariciara lo hacía yo misma. Al ponerme de pie aproveché para quitarme el tanga. Estaba tan húmeda que solo era un trapo mojado entre mis muslos. Y ella tampoco lo tenía puesto.
Palmeó su rodilla para indicarme lo que quería que hiciera. Me libré de mi sandalia y puse el pie derecho sobre ella. Sus manos fueron de inmediato a acariciarlo con suavidad. Y yo seguía con las tetas al aire.
- Es precioso, reina.
Como había hecho yo antes pasó sus dedos entre los míos. Acarició el empeine y me hizo cosillas en la planta. Incluso subió por el tobillo y la pantorrilla. Yo misma amasaba mis prechos para darme aún más placer.
- ¿Me dejas que te lo coma?
- Lo estoy deseando.
Tuve que sentarme a su lado para estar más cómodas y poder alcanzar su carita con el pie. Solo con sentir su legua repasando la plante ya me corrí jadeando. Cuando me chupó los dedos casi me vuelvo loca. Y cuando pasó la lengua entre ellos me corrí mojando el sofá sobre el que otra gente se probaba zapatos. Y sin tocarme el coño.
Quedé completamente postrada y respirando con fuerza, jadeando, intentando encontrar el aire que faltaba a mis pulmones. Con las tetas al aire, un pie sin calzado con una sandalia en el suelo y el otro por encima del respaldo del sofá.
Tenía las piernas completamente abiertas, la falda levantada por encima de la cintura. Estaba expuesta del todo a sus lascivos ojos y por supuesto a su lengua juguetona. Se inclinó sobre mí cuerpo dispuesta a seguir dándome placer.
Yo creía estar saciada pero aún no había sentido su lengua en mi coño. Jamás pensé que se podía gozar tanto. Seguía encadenando orgasmos y más cuando levantó mis piernas y llegó con la lengua hasta mi ano.
Fue una locura total, pero mi excitación hizo que no me importará nada. Aunque estábamos en un rincón discreto lejos del escaparate y tapadas por una estantería era posible que alguien nos viera. Supongo que si eso pasó le gustó el espectáculo pues nadie dijo nada.
He vuelto a verla. Aunque no me atraían de forma especial las mujeres no es fácil encontrar alguien que comparta tu fetiche. Y menos capaz de dar y recibir placer así.
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jueves, 14 de septiembre de 2023
Me paso el día bailando
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SEXI ES LA PALABRA QUE LO DEFINIA
Sexi es la palabra que lo definía. Era guapo y él lo sabía.
Yo con mi vestido ajustado gran escote y falda corta podía presumir de mi cuerpo serrano.
Me acerqué a él como pude y coloqué mi culo en su bragueta. Insinuándome lo más descaradamente que pude en aquella pista de baile abarrotada.
Se me estaba derritiendo el sexo de pensar en la tranca que se ponía dura por momentos contra mis nalgas.
Él me agarró por la cintura y me besó en el cuello. Sus labios se deslizaban por la piel de mis hombros que el vestido dejaba desnudos. Su mano estaba muy baja sobre mi pubis y me apretaba contra él.
Me sacó de la pista y nos sentamos muy juntos. Nos besamos con mucha pasión, menuda y salva. Puso su mano en mi muslo y cada vez iba más dentro en busca de unas bragas que no me había puesto.
Llegó sin dificultad a mi coño que encontró abierto y dispuesto a ser acariciado y penetrado por sus dedos. Tuvo que callar mi gemido con su boca.
Mientras nos besábamos en la boca y nuestras lenguas se enroscaban la una en la otra recorriendo nuestras dentaduras. Su índice abrió mis labios vaginales donde quedó mojado.
Subió hasta mi clítoris que acarició incansable. La otra mano apretaba mis nalgas duras y respingonas.
Yo no podía corresponderle obnubilada por todo lo que estaba sintiendo. Pero no parecía que eso le molestara dedicado a darme placer.
Pocos minutos más tarde me estaba corriendo sobre sus dedos. Me derretía por el coño. Con un gesto lascivo se llevó los dedos a la boca y los lamió.
El bello desconocido se levantó del sofá y se perdió entre la multitud. Nunca ha vuelto a esa discoteca a pesar de las veces que le he buscado en la pista de baile.
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miércoles, 6 de septiembre de 2023
Entre la arena y el agua, Coronas
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La playa siempre se me hizo un lugar perfecto para ligar, pero nunca pensé que allí otra chica consiguiera ligar conmigo. Básicamente yo era heterosexual practicante, a ser posible muy practicante, vamos que me encanta el sexo. Pero entonces encontré más de lo que pretendía.
Tomaba el sol en top less para provocar a los chicos y esperar que alguno se me acerque. Mis braguitas de bikini se habían ido reduciendo a la mínima expresión. Procuraba ponerme el bronceador de la forma más sensual posible, acariciando mi propio cuerpo.
Cuando alguien a mi lado extendió una toalla y se tumbó en la arena. Miré hacia allí de reojo para no ser demasiado descarada. Vi una chica rubia y voluptuosa, de amplias caderas y muy generosos senos apenas cubiertos por su bikini. No me importó, podía ponerse donde quisiera.
Yo soy pequeña morena y como hago mucho ejercicio mis músculos se marcan en la piel muy bronceada. La verdad es que tengo un aspecto un poco masculino. Pero mis pechos pequeños y firmes están ahí para mostrar una feminidad desatada. Mi cadera es estrecha y el culito respingón, los muslos largos con los músculos definidos.
El minúsculo tanga blanco procedente de un sex shop hacia resaltar aún mas el moreno de mi piel o el negro azabache de los abundantes rizos del pubis que la poquedad de la licra no llegaba a contener.
Decidí mostrarme como buena vecina, la saludé y me presenté. Ella se llamaba Coronas y está verdaderamente buena, una chica maciza, una curvy sexy. Parecía que me miraba con deseo. Después de haber provocado esa mirada en muchos chicos sabía reconocerla.
- ¡Hola! Soy Olga, ¿te vas a poner aquí?
- Si no está reservado, si claro.
- No, para nada, adelante.
Y le dediqué una sonrisa. Pensaba que las dos juntas con nuestros cuerpos casi desnudos, atraeríamos más miradas, a más chicos.
Mirando mis pechos al descubierto. Mi oscura piel haría un bonito contraste con la suya más clara para los chicos que pasaran cerca de nosotras. Mientras ella estaba pensando en cómo acariciar la mía.
Había gente a nuestro alrededor y ella tenia que empezar con cierta prudencia. Pero en algún rincón de mi mente ya sabía que ella iba a entrarme. Me dijo que le vigilara sus cosas mientras iba al chiringuito cercano a por unos refrescos.
- Voy al chiringuito, ¿me vigilas mis cosas?.
- Pues claro.
- ¿Quieres algo?.
- No gracias, tengo de todo.
Al volver yo estaba sentada mirando hacia el mar despistada y pasó una de las latas heladas por mi espalda. Me rei de la broma pues la verdad es que necesitaba refrescarme un poco. No solo por el calor del sol. Y acercamos un poco mas las toallas hasta que quedaron pegadas.
- ¿Me pones bronceador?
- Pues claro, túmbate.
Luego me pidió que le diera bronceador por la espalda. Lo que cumplió su misión nos permitió un mas intimo conocimiento aparte de las primeras de inocentes caricias.
Solté el nudo de su sujetador para no mancharlo. Pude masajear sus dorsales con fuerza y parecía que le gustaba. Cada vez que me inclinaba hacia un lado veía sus preciosos y voluptuosos pechos sobresalían por sus costados aplastados sobre la toalla.
La braguitas de su bikini tampoco era muy grande. Apenas tapaba su culo poderoso. Así que también tuve que poner bronceador por allí. Y estaba claro que le gustaba.
- No te cortes, nena. El culo también se quema.
Al poco rato ya charlábamos como viejas amigas y allí comenzó nuestra relacion. Yo le contaba como me gustaban los chicos, como me encanta follar, en todas las posturas posibles y de donde había salido el tanga.
- Es un tanga muy bonito, parece casi trasparente.
- Es una travesura. ¿Te cuento la verdad?.
- Pues claro. Mientras voy a atarme el suje.
En estas era ella la que me estaba poniendo crema a mí. Desde luego se cortaba mucho menos que yo. Aprovechó para sobar mi cuerpo por todas partes. Y esas caricias me estaban gustando, mucho.
No sé si lo de volver a ponerse el suje lo hacía adrede para provocarme. Ocultar sus pezones a mi vista. Mantener el misterio unos momentos más.
- Compré el tanga en una tienda erótica. En realidad no sé si es un bañador. Pero a quien le importa y ¿a que me queda bien?.
- Te queda fantástico. Estoy pensando en buscar algo parecido para mí.
- Menos mal que me echas un piropo por fin.
Ella me contó una triste y no del todo verdadera historia sobre una prima suya lesbiana. Un cuento, vamos, sobre cómo a ella le habían empezado a gustar las chicas. A mi me picó la curiosidad.
- ¿Tú eres como tu prima ahora?.
- No del todo. He tenido experiencias con chicas y me han encantado. Pero también sigo haciendo cosas con chicos. No eres la única a la que le gusta el sexo. Desde luego.
- Sinceramente creo que eso nos pasa a muchas aunque no se atrevan a decirlo.
Aunque nunca había tenido esas inclinaciones mi filosofia es que hay que probarlo todo aunque solo sea una vez en la vida.
Eso y con la bien fundada sospecha de que Sara quería ligar conmigo me hizo decidirme. Podría probar y ella es muy atractiva. Le di un piquito en los labios con la intención de pasar a mayores en cuanto pudiera.
- ¿Nos bañamos?.
Nos metimos en el agua lo que nos permitió acariciarnos con disimulo y sin que nadie se fijara en nosotras. Pasamos un rato jugando y yo sentia sus manos por todo mi cuerpo. La sensación era muy agradable.
Tampoco se cortó nada durante el baño. En cuanto el agua nos cubrió por encima de la cintura noté sus manos en mi cintura sujetándome y sus labios buscando los míos. Yo había sido la primera que la había besado así que respondí abriéndolos y esperando su lengua.
El ser deseada y acariciada así por otra chica me hacia sentir caliente, aunque para eso no hace falta mucho. Deslizó una de sus manos bajo mi tanga para rozarme el coñito. Estaba muy mojada y no era por el agua del mar. Fue solo un segundo pero me encanté.
Yo le acaricié, por fin, los enormes pechos dejándola en top less como yo estaba. Mis manos se aferraron solas a aquellas dos preciosas masas de carne. Todo el tiempo que ella me dejó estuve amasándolas.
Me llevé su sujetador como trofeo en la mano. Ella me persiguió entre risas y cuando me dejé coger se dedicó a amasar mis tetas mucho más pequeñas que las suyas. Tenía los pezones duros como guijarros de río.
- ¡Que duras las tienes!
Volvimos a las toallas y una nueva ración de bronceador nos permitía seguir acariciándonos casi sin disimulo. Yo deslizaba una mano entre sus muslos cada vez mas arriba hasta el bikini. Lo que me permitían sus piernas abiertas.
- Como separes más los muslos se van a dar cuenta.
Visto que allí no hacíamos nada más "interesante" me decidí a invitarla al apartamento que tenía alquilado durante las vacaciones. Ella se puso un ligero vestido de falda corta y amplios escotes sin preocuparse del sujetador. Yo me puse unos vaqueros muy cortos y una camiseta que dejaba mi vientre al desnudo de los que me libré de inmediato al cruzar el umbral.
- Como si estuviera en tu casa.
La invite a ponerse cómoda, se sacó los zapatos y nos sentamos juntas en el sofá. Se lanzó a por mí casi de inmediato y yo solo con mi breve tanga se lo había apuesto muy fácil.
- ¡Bésame! Cielo.
Me cogió un pecho mientras se sinceraba conmigo y me contaba que era lesbiana desde hacía cinco años. Me dio un beso de amante en la boca poniendo en ello toda la pasión, lengua y saliva, de la que era capaz y era capaz de mucha.
- Adoro estas tetitas.
- Y yo estas tetazas. Coronas.
Yo no pude, ni quise, reaccionar en contra una vez decidida a hacer el amor con esa belleza no me iba a mostrar tímida. Y me encontré entre sus brazos. sintiendo sus caricias en mi piel, en toda ella. Me besaba en el cuello y hombros y comenzó a acariciame los muslos cada vez mas cerca de mi ya por entonces muy húmeda vulva.
- Voy a saborearte.
Yo casi sin darme cuenta le estaba devolviendo las caricias y besos deslizando mis manos por debajo de la ligera tela de la falda hacia su coñito. Se me hacia muy fácil seguir su ritmo o incluso adelantarme a ella. Muy suavemente como hacía con los chicos la besé en los hombros, deslizando los tirantes del vestido y bajé por los pechos amplios hacia los pezones sonrosaditos que me metí en la boca. La hice gemir.
- Pues para ser tu primera vez con una chica me estás llevando al cielo.
Con los chicos eso es automático, la mayoría de ellos no saben que eso podria excitarlos. Con ella fue algo sensacional sentir como se ponían duros bajo mi lengua mientras mis dientes recorrían sus areolas suavemente. Los chupé y mordí con deseo y alrededor de ellos los suaves montes de carne dulce que formaban sus tetas. Solo rozándolas con mis labios y alrededor de ellos por sus costillas, cosquilleándola con mis labios, dientes y lengua.
- Cómemelas, cielo.
Y bajando por su vientre siguiendo la tela de su vestido que bajaba por su cuerpo. Levantó el culito del sofá lo justo para que se los sacara por los muslos blancos y fuertes. y quedara solo con la escasa braguita del bikini. Besé su piel alrededor del breve triangulo de tela que me ocultaba su coño.
- ¿Es tu primer coñito?.
- Si, preciosa.
- No hay prisa, disfrútalo.
Ella misma se lo sacó para permitirme el libre acceso hasta la mas rica almeja que probaron mis labios. Abrí los que ella tiene allí con los dedos no sin antes lamerles de la sal del mar con mi hambrienta lengua que no tardó en introducirse lo más que pudo en la húmeda y caliente gruta de la que brotan todos los placeres. Jadeaba así que debía estar haciéndolo bien.
Encontrando su clítoris al que dediqué grandes atenciones y caricias. Para ser la primera vez que chupaba un coñito no debía estar haciéndolo mal pues ella me regalaba los oídos con los más ardientes suspiros y gritos de goce de los que había disfrutado en toda mi vida. Yo entre sus piernas todavía conservaba el tanga completamente húmedo por mis propios jugos.
- Me he corrido, cariño. Bésame.
Ella lo agarró y me lo saco por las piernas dejándome totalmente desnuda a su vista. Me cogió de los sobacos y me izó con suavidad hasta que mi cara volvió a quedar a la altura de la suya y volvimos a unir nuestros labios en un cálido y apasionado beso. Ella disfrutó su propio sabor en mis labios.
- Me gustan tus caricias.
Deslizaba las manos por todo mi cuerpo. Mi espalda, las piernas y pronto el triángulo de vello negro bien recortado que me dejó encima de mi pubis y el organo de placer que ese pelo apenas esconde. No me depilo del todo. Con sus dedos abrió un poco la entrada y comenzó una lenta penetración sin olvidarse de acariciar por el camino el clítoris.
- Dijiste que te gustan los chicos.
Dijo con una risita. Con uno de los dedos de la otra mano alcanzó el agujero de mi ano que también forzó para completar esa consentida iniciación lésbica, que cada vez me proporcionaba más placer. Desde luego no era virgen por el culito y me encanta sentir algo duro y caliente allí dentro. Incluso puso pasar la lengua durante un rato por mi ano. Pedí la cuenta de las corridas.
Sabia que la estaba mojando los dedos, una y otra vez, igual que ella se estaba corriendo en mi mano que no había dejado de masturbarla, y por las apariencias dándole tanto placer como ella a mi.
- Sigue preciosa.
Mi otra mano acariciaba sus pechos y retorcia sus pezones claros y grandes con el pezón duro y marcado. Se inclinó sobre mi pecho para besar mis tetas y se metió mis oscuros pezones en la boca que mordisqueó suavemente.
Me estiré para alcanzar el cajón de la mesilla. Allí guardaba uno de mis juguetes, un vibrador de silicona anatómicamente bastante correcto. Lo había llevado por si no conseguía ligar o como complemento si la otra persona lo admitía.
El motor es bastante silencioso así que cuando lo encendí Coronas no se enteró. Solo se dio cuenta cuando empecé a pasarlo con suavidad por la piel de su espalda bajando despacio hacia sus poderosas nalgas y a deslizarlo entre ellas.
- Pero si vienes con complementos. ¿Donde me lo vas a poner?.
- Donde quieras.
Me lo llevé a la boca para lubricarlo un poco con mi saliva y al momento tenía su lengua ayudándome. Si hubiera sido una polla de verdad el chico lo hubiera disfrutado.
- ¿Por dónde te lo meto?.
- Ibas bien. Fóllame el culo nena.
Ella misma boca arriba se agarró las rodillas pegadas a sus tetas para exponer bien su cadera. Sus abundantes jugos resbalaban de su xoxito al ano lo que unido a la saliva que le habíamos puesto hizo que el aparato entrara con facilidad en su recto.
Mientras movía el pene de silicona en su interior con suavidad me dediqué a lamer su coñito ya chupar su clítoris. Ahora si que los vecinos tuvieron que oír sus gritos y jadeos si no nos habían escuchado antes. Todavía más cuando lo puse s su máxima potencia. Sus corridas fueron sísmicas. Auténticos terremotos que acudían su voluptuoso cuerpo.
- ¡Joder nena! Ha sido genial. Ningún tío hubiera podido hacer esto sin la ayuda de una tercera persona.
- Pues agárralo que ahora te toca a ti.
Después de lavarlo. Ella me puso a cuadros patas y prefirió metérmelo en la vulva y comerme el culo. Con el vibrador a máxima velocidad el orgasmo parecía continuo. sólo podía disfrutar y ahogar mis gritos en la almohada.
Tras esas intensas corridas en las que demostramos las ganas que nos teníamos conseguimos relajarnos. Dormimos juntas.
Bueno para cerrar la historia, pasamos el resto de las vacaciones juntas. Incluso conseguimos montar algunos tríos. Un par de chicos se unieron y una chica de la localidad que nos pilló morreándonos y acariciándonos en una disco.
......
domingo, 13 de agosto de 2023
La madre de mi amigo
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Marta es la madre de Javi, mi mejor amigo divorciada y para mi gusto muy guapa. Él y yo hemos mos crecido juntos y así era como estábamos conociendo nuestros cuerpos, nuestra sexualidad. A conocer a chicas y a ligar, salir y explorar
Me encantaba cuando Javi estaba en casa de su madre entonces iba mas a menudo con él. He de admitir que verla a ella era un aliciente más para estar con mi amigo. Siempre dormíamos en la misma cama y con frecuencia desnudos del todo.
Nos arreglábamos en su habitación para salir y nos lucíamos delante de ella para que nos dijera lo guapos que estábamos. Y a veces volvíamos algo bebidos para derrumbarnos en la cama de Javi y dejar que ella nos mimara por la mañana cuando pasábamos la resaca.
Un sábado bebí menos que Javi y como resultado me levanté antes que él y menos afectado. Él había dormido profundamente rodeando mi cintura con uno de sus brazos. Separé sus brazos con dulzura, le di un suave beso en los labios para no despertarlo y como hacía calor me limité a ponerme unos bóxer y salir de la habitación.
Encontré a Marta en la cocina que encantador como siempre nos estaba preparando el desayuno, su voluptuoso cuerpo apenas cubierto. Llevaba los muslos bronceados desnudos hasta el mínimo tanga que apenas cubría su coñito. Y una larga camiseta amplia de tirantes dejaba ver buena parte de sus voluminosos pechos.
Desde la puerta me quedé unos segundos admirando su torneada espalda y el culo amplio. Cuando se dio cuenta de que estaba allí se volvió sintiéndome, sonriéndome y ofreciéndome una taza de café ya preparada y el resto del desayuno sobre la mesa ya puesta.
Nos sentamos muy juntos, nuestras rodillas desnudas tocándose. Me preguntaba como nos lo habíamos pasado esa noche y si habíamos conocido chicas guapos. Casi ruborizado le contesté que ninguna tan guapa como ella y ambos nos reímos de la broma.
- Bueno, ya os oí llegar.
- ¿Te despertamos?, lo siento.
- Lo esperaba y me quedé más tranquila sabiendo que habíais llegado. ¿No ligásteis? Seguro que habría chicas guapas.
- Ninguna tan linda como tú y además unas calientapollas. No llegamos a hacer nada asiste de bailar.
- ¿Y una vez aquí tampoco?.
Lógicamente no me atreví a confesar que Javi me había comido la polla hasta que me corrí en su boca y luego le saqué mi semen de ella con mi lengua. Y no seguimos por que íbamos muy borrachos. Tampoco le dije como su glorioso culo volvía a ponérmela dura.
- Sabes que nos portamos bien.
Por lo que pasó luego sospecho que ella lo sabía todo. Con confianza apoyaba su mano en mi antebrazo o pierna provocándome con sus pechos marcados en la fina camiseta, sus pezones duros apuntando hacia mí.
Se levantó para rellenar su taza de café procurando lucir las nalgas desnudas al inclinarse sobre la encimera. Estaba claro que las iba a echar un buen vistazo. Incluso conseguí rozar mi brazo con sus nalgas mientras se movía por allí.
- ¿Quieres más café?.
Al abrir el grifo del agua la presión mojó todo su pecho trasparentando el algodón y mostrando las tetas de forma mas sensual que si estuvieran desnudas del todo.
Mis ojos casi salían de sus órbitas al apreciar la forma, tamaño y consistencia que habían adquirido con el paso de los años. Aunque los había visto en bikini y con algún buen escote aquello me impresionó. Dejó que los viera así húmedos y sensuales luciendo su voluptuoso cuerpo.
Sin pudor alguno se sacó la prenda y la usó para secarse un poco. Sin ocultarse a mis ojos que devoraban ese cuerpo con deseo. Nada mas que el triángulo del tanga tapaba el depilado monte de Venus.
- ¿Es la primera vez que las ves? ¿Verdad?.
- Si, son maravillosas.
Estábamos muy cerca y el silencio entre los dos rezumaba deseo. Apoyó la mano en mi pecho acariciando suavemente mi piel sudada. Incluso acarició mi pezón. Se acercó más a mí y me limité a apoyar la cabeza en su hombro dejando que mi barbilla sin afeitar rascara su cuello.
- Bésame.
Deposité algunos besos en su hombro y cuello. Los pezones duros acariciaban mi pecho desnudo. Por fin apoyé las manos en su cadera, acariciando suavemente su piel con ternura.
- Estaremos más cómodos en la cama.
Mis labios buscando los suyos y mi polla dura apretada contra su vientre plano. Me apoderé de sus nalgas amasándolas con firmeza. La cogí entre mis brazos. Ella me agarró la mano y me llevó a su propia habitación sobre sus sábanas. Todavía conservaban el calor, el olor de su cuerpo y la humedad y el aroma de su sudor. Puede que de sus jugos si de verdad se enteró de lo que su hijo y yo habíamos estado haciendo al llegar.
Todavía nos reíamos cuando nos dejamos caer sobre el colchón y se tumbó sobre mí entre mis muslos abiertos. Besándonos de forma salvaje, su lengua entrando en mi boca y jugando con la mía mientras conseguía acariciar sus pechos con las manos y retorcía sus pezones entre mis dedos.
Fui bajando para besarlos y lamerlos a la vez que comencé a sacarle el tanga que en realidad se limitó a desintegrarse al primer tirón. Bajé lamiendo su vientre y metí la lengua en su ombligo. Levanté un poco mas sus muslos con las manos y clavé mi lengua en los labios vaginales separándolos con ella en busca del sensible clítoris.
En ese rato Javi se había despertado y me había echado de menos. Como su madre y yo no nos habíamos molestado en cerrar la puerta no tardó en localizarnos por el sonido de nuestros gemidos. Apareció en el dintel con ojos de sueño y nada más que un reducido slip cubriendo su fibrado cuerpo.
Como más de una vez le había comentado medio en broma medio en serio mi gusto por las maduritas sexys y mi deseo por su madre. No pareció sorprenderse mucho cuando me vio comiéndole el conejo, al contrario, la escena parecía excitarlo.
Le guiñé un ojo con complicidad, tampoco era la primera vez que nos veíamos desnudos en plena faena con otra persona o solos. Vernos y algo más.
Estaba excitado y solo pudo llevar la mano a su bóxer y empezar a masturbarse en silencio o en todo el silencio que podía. Mientras nos miraba con cara de salido.
Marta extendió su mano para acariciar una de sus tetas. Pellizcaba su pezón con suavidad. Concentrada en su placer y en mis ojos todavía no se había dado cuenta de nada.
El boxer de Javi ya había caído al suelo pero la visión de su depilada polla me la tapaba su mano. La tenía bien agarrada. A un gesto mío comenzó a acercarse. Cuando Marta notó el peso de su rodilla sobre el colchón intentó separarse de mí. Hasta empujó mi cabeza para apartarme de su coñito.
Me apoderé de su pezón entre mis dedos para excitarla aún mas y que se estuviera quietecita. Sin soltar a su madre le atraje para que me besara y notar su lengua jugueteando con la mía. Tuvo que rozar el muslo de su madre para llegar hasta mi rostro.
Ella nos miraba asombrada. No es lo mismo saber algo de forma intelectual que verlo en directo. No se perdía nada del morboso espectáculo sin atreverse a tocar a su hijo pero sin separar los muslos, para que no me alejara mucho. Y desde luego los dos la mirábamos de arriba abajo devorando su voluptuosa anatomía con nuestros ojos.
Fue Javi el que por fin, decidido, besó a su madre en los labios, pasándole parte de mi saliva y jugueteando con su lengua. Estaba disparado. Ella se rindió a lo inevitable y dejó que la acariciáramos entre los dos. Tuvo que repartir sus manos entre nuestros cuerpos. Ambas manos buscaban polla. Lástima del abundante vello que cubría su pubis, aunque los labios estaban depilados.
Sonriéndonos entre nosotros pasábamos las lenguas por ella y cruzándolas de vez en cuando sobre su suave piel. Saboreando nuestras salivas sobre la piel tersa de su plano vientre. Yo estaba juguetón así que le dejé el xoxito a su hijo y me puse a su espalda. Como deseaba la dureza de esas nalgas que no era la primera vez que follaba. La noche antes de habían librado por poco.
Las separé con las manos aunque él apretaba el culo. Pronto se rindió a lo inevitable cuando le di un suave mordisco en la piel de su nalga derecha. Todavía olía a sueño, pero no me importaba. Mi lengua se deslizó por su raja mojándola de saliva.
Su madre nos miraba alucinada. Entre sus prietos muslos mi mano acariciaba sus huevos. Lamí su ano jugando con la lengua clavando todo lo que podía. Estaba limpio y sabia que lo que le gustaba por los gemidos que oía. Mi cara enterrada en su culo separándolo con las manos. Subía y bajaba la lengua por toda la raja o volvía a su ano.
Marta acariciaba la cabeza de Javi dejándose lamer por todas partes como si fuéramos dos gigolos a los que pagara para darle placer.
Me pedí ser el primero en probar su coño y conseguí apartarlo lo suficiente, olvidando durante un momento el duro culito de mi amigo. Entre los dos la tumbamos de espaldas en su cama. A horcajadas deslizando mi polla dura húmeda con la saliva de su hijo y por los jugos. La pasé por los labios de su vulva adelante y atrás haciéndole desear la penetración.
Pero como yo la deseaba tanto como ella a mí, no tardé mucho en levantarme lo justo para que mi rabo se deslizara dentro de ella como un cuchillo caliente por mantequilla.
Eché una mano hacia atrás por la zona de mi culo para poder jugar con sus huevos depilados de Javi. No se había separado mucho de nosotros, mientras empezaba a subir y bajar sin prisa sobre Marta.
Mi amigo en cambio se apartó de mí y se sentó sobre su cara para probar la materna lengua en su polla. Viendo lo que yo le había hecho y apostando a que a él no le importaría separó sus nalgas y deslizó la lengua por el perineo hasta el duro culo de su hijo devorando todo lo que Javi ponía a su alcance deslizando la cadera sobre su rostro.
Así podíamos besarnos darnos saliva entre nosotros y seguir magreándonos y acariciándonos todo el cuerpo. Mientras juntos nos follábamos a su madre. Mi lengua incansable exploraba la dulce boquita de mi amigo que aún con lo que habíamos bebido la noche anterior tenía un fresco sabor. La suya correspondía quedando un nivel por debajo de examen laringológico y sus manos parecían pegadas con cianocrilato a mis pezones tan duros como piedras.
Acoplados perfectamente sobraban las paginas entre nosotros solo buscábamos el placer, el nuestro y el de las personas que tanto queríamos. Me movía más deprisa buscando el orgasmo que no tardaría en llegar apoyando las manos en los suaves muslos de mi amigo para que algún movimiento mas fuerte no me descabalgara de tan placentera montura.
Menos mal que tomé esa precaución pues ella quiso separase al notar la llegada de mi eyaculación por los jadeos y suspiros. Tuve que tranquilizarme, sabía que ella tomaba la píldora. Aunque con otras chicas usáramos siempre protección adicional necesitaba correrme en su interior, llevaba años deseándolo. Notar mi semen abrasando su vagina.
Sus ahogados gemidos por la polla y huevos de su hijo sobre su cara me avisaron de que se corría segundos después de mi orgasmo. Mi lefa resbalado por el tronco de la polla aumentando más la lubricación en el interior de su coño.
Necesitaba saborear la mezcla de esos jugos y la saqué para poder chupar su vulva mientras mi polla perdía su dureza. Mi amigo también quería probar el semen y qué mejor fuente que el xoxito del que manaba lo que sobraba. Así que solo se inclinó y pude ver el sesenta y nueve más morboso que podía imaginar.
Me uní a ellos acariciando sus cuerpos, lamiendo sus pieles. E incluso chupando la polla de mi amigo.
Marta nos miraba atónita sin creerse aún como podía gustarnos el sexo de esa manera lasciva y tierna disfrutando de nuestros cuerpos y haciendo disfrutar.
Yo no esperaba aún una reacción en mi polla. Pero supongo que mis labios y lengua por ella y un dedo juguetón por mi perineo y el ano entraba a reaccionar. Ella podía ver a su hijo cariñoso devorando mi verga con ansia mientras le acariciaba una de sus tetas con una mano y eso no la dejaba indiferente. Pronto en su boca empecé a notar de nuevo la dureza de mi rabo lo que me alegró pues así Javi no se iba a quedar sin su ración de polla.
Pronto se erguía orgulloso ante sus caras pues para entonces no les cabía en las bocas. Se limitaban a deslizar las lenguas por toda su longitud. Mientras seguía sintiendo su lengua haciendo diabluras en mi polla y culo.
Con un enorme esfuerzo de voluntad conseguí quitarme de en medio pues no quería dejar de sentir todo eso. Pero lo conseguí para pedirle a Javi que se tumbara de espaldas. Un tierno misionero seria la postura ideal para la primera vez entre madre e hijo y así yo podía acariciar sus pieles aumentando su placer.
Marta miraba a los ojos de su retoño buscando el ellos algún signo de rechazo o miedo pero lo único que había en ellos era amor y deseo. Así se subió sobre ella, fue mi mano la que guió el duro nabo apoyándolo en los labios después de acariciar el clítoris con el glande durante unos segundos. Dejando que la cadera de Javi bajara despacio, desplacé la mano a sus testículos.
Durante un momento eterno se quedaron quietos mirándose a los ojos hasta que buscaron los labios del otro con los suyos. Abriendo las bocas para que detrás de los labios fueran las lenguas. Mientras ellos se besaban sin mover aun las caderas yo deslicé la lengua por la sudada piel de la espalda de Javi bajado por ella, por los omóplatos, la columna, los riñones. Volviendo a ese duro culo que me tenia hipnotizado desde la primera vez que lo probé.
Volví a separar las nalgas y a clavar la lengua en él lo que hizo que por fin empezara a moverse despacio. Haciéndole notar a ella cada penetración y dejando que yo siguiera lamiendo. Le coloqué las pantorrillas por detrás de las rodillas de mi amigo para que él pudiera clavarse más en su interior.
Oía orgullosa los mil -te quiero- o -cariño- que se dedicaban o el millón de -mamis- que él suspiraba entre gemidos. Ya con el ano de Javi bien lubricado con mi saliva me chupé un dedo para irlo perforando con él. Levanté la cabeza para mirar a los bellos ojos de mi amigo. Ella agarró mi otra mano con fuerza, como buscando apoyo, mientras su hijo lamía su cuello y besaba su hombro. Una de sus manos agarraba uno de sus pechos suave. Ella subvocalizaba un gracias dirigido a mi.
Eso hizo que le clavara a él aún más el dedo en el ano y me inclinase a besar los tiernos labios de Marta. Javi apoyado en sus antebrazos con una cara de vicio infinito sin dejar de mover la cadera contemplaba ahora nuestro beso lascivo y se unió a él ofreciéndonos a las dos su lengua juguetona.
Aunque ellos lo hubieran querido nada dura para siempre y ambos llegaron al orgasmo con segundos de diferencia derramando su semen en el coño de Marta. Agotado Javi se desplazó a un lado dejándome a mi su lugar entre los muslos de su madre para que yo pudiera saborear de allí la lefa y los jugos de mi amigo. Mi lengua aún pudo dejarlo bien limpito y luego besarlos a los dos para que disfrutaran también de la mezcla de sabores.
Me dejé caer al otro lado dejándola en medio mientras nos acariciábamos con lasitud recuperando la respiración. Al rato bajábamos a la cocina, los tres desnudos y hambrientos a terminar el desayuno que habíamos dejado a medias.
Y la siguiente en caer queríamos que fuera mi madre. El fin de semana siguiente lo pasábamos en su casa. La de mi madre y como éramos sus chicos preferidos ahora que también estaba divorciada y en confianza nos paseábamos por su piso con poca ropa. Los mismos boxers ajustados y con el calor que hacía sin camiseta.
Javi y yo tocándonos y rozándonos constantemente demostrando a mi morena y bonita madre lo cariñosos que podíamos ser. Ambos buscábamos sus caricias, sus arrumacos incluso cuando ella estaba cubierta apenas con un tanga y un pequeño sujetador. Así podíamos frotar la mayor parte de nuestra piel con su voluptuoso cuerpo.
Aún no teníamos muy claro si ambas tenían alguna tendencia bisexual. Pero como en todo era cuestión de probar y quizá al vernos a nosotros se animaran a probar. Al fin y al cabo las dos están muy buenas.
En el cuerpo de los dos mi amigo y mi madre. Como en su casa dormíamos juntos abrazados en mi pequeña cama y ya desnudos del todo. Javi se fue a la ducha sin ponerse nada encima mientras yo ganduleaba un rato mas. Le tocaba provocarla a él.
Por el pasillo se cruzó con mi madre que llevaba el mismo camino ataviada solo con unas braguitas. Se invitaron a compartir la ducha y a enjabonarse la una al otro y para cuando pude unirme a ellas mi madre sentada en el fondo de la bañera ya le comía la polla y el culo a Javi sobre el que caía el agua.
Cuando entré con ellos mi propia madre saboreó mi rabo de inmediato. Y no paró hasta conseguir mi semen. No creí que mi madre fuera tan lanzada, lo mismo deberíamos haber empezado con ella.
Ahora solo nos quedaba que ambas madres tan morbosas y depravadas como sus hijos quedaran y se follaran. Todos pudiéramos disfrutar juntos de esos fines de semana de sexo, cariños, lascivia y ternura. De no volver a dormir solos nunca más y levantarnos en los brazos de un amante o dos o tres y junto a sus cuerpos desnudos.
Despertarnos desnudos con besos y caricias y comidas en nuestras pollas o lamiendo los coños de las mujeres que deseabamos y amábamos hace años. Que entre los dos les habíamos depilado del todo para así poder comerlas sin pelos que estorbaran.
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martes, 8 de agosto de 2023
Mis padres en el sofá
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Los sábados por la noche lo normal es salir con ¿los? ¿las? colegas, bailar, beber e intentar ligar. Esa velada me lo pasé bien, bailé, bebí y me estuve morreando con mi mejor amiga y un par de desconocidos. Pero ella tenía una excursión familiar al día siguiente y nos retiramos pronto.
Lo que no me esperaba al volver a casa era encontrarme a mis padres follando en el salón. Admito que eso sí que fue una sorpresa, además de un bonito espectáculo.
Como fui el resultado de un penalti los dos son muy jóvenes y están muy buenos. Yo paso poco de los diez y nueve.
El culo de mi madre se veía fantástico botando sobre la polla de su guapo marido. El liguero y la medias lo enmarcaban. Y no digo eso por que sea su hija es algo objetivo, mucha gente comparte mi opinión.
- ¿No tenéis habitación?
- No te esperábamos tan pronto. Cielo.
Pero es que no hacían nada por taparse, ni por parar en realidad. Mi madre conservaba parte de su lencería. Un sujetador de encaje muy sexy de media copa sobre el que salían los pezones y todo el volumen de la teta, un liguero y unas medias.
- Veo que habéis tenido una noche romántica.
- Pornográfica más bien.
Las bragas las había perdido en la entrada y yo las había encontrado al llegar. Aún las llevaba en la mano. El vestido, rojo putón y muy sexi, tirado en una silla junto al traje de mi padre.
En la mesa una botella abierta de champán y dos copas eran prueba de que habían decidido pasar una bonita velada.
- ¿Me puedo poner una copa?
- Claro cielo, no será la primera de esta noche. Eso seguro.
- Sabes que nunca bebo mucho.
Me puse una copita de champán tanto para relajarme un poco, como para seguir viendo el espectáculo con una tonta excusa.
Mi padre desnudo del todo lucía su cuerpazo, su torso trabajado. Sentado en el sofá con las manos aferradas a las tetas de su esposa. A ratos acercaba la cara a esos pechos tan bonitos y los besaba o comía sus pezones.
Ella seguía moviéndo la cadera despacio con la polla que yo nunca había llegado a ver bien clavada en su interior. Todavía no, al menos, el cuerpo de mi madre me la ocultaba. De vez en cuando se les escapaba un suave gemido.
No sé si me estaban ignorando a propósito o estaban provocándome adrede. Pero el bonito espectáculo me estaba gustando tanto y provocando un inmenso morbo que mis pies parecían clavados al suelo.
- Y tú, ¿qué?. Podrías irte a tu cuarto.
Saltó al fin mi padre.
- Podía, pero esto es lo más bonito que he visto en toda la noche.
A esas alturas ya había metido una mano dentro de mi short y me acariciaba los labios de la vulva por encima del tanga con suavidad.
Al fin mi madre giró la cabeza para mirarme. Su expresión era de una lujuria total. Supongo que parecida a la mía.
- Nena, ¿te estas haciendo un dedo?.
- Estoy en ello mami. Me gusta que os queráis así. Es bonito. Y muy excitante. Pero ya sé que no está bien que os vea así.
- Bueno creo que con el rato que ya has estado mirando no importará un poco más. ¿Qué te parece?.
- Lo más excitante que he visto en mi vida. Y más morboso todavía por que sois mis padres y estáis muy buenos. No lo digo yo sola, todos mis amigos están de acuerdo en eso.
- ¿En serio? nena.
- Desde luego.
- Acércate cielo.
Mientras tanto mi madre seguía moviéndose despacio, sensual. Cabalgando la polla de su marido sin prisa, solo disfrutándolo.
Me coloqué a un palmo del muslo de mi padre, al alcance de sus manos por si querían hacer algo. Fue mi madre la que actuó. Le dio un tirón al short hasta dejarlo a medio muslo. No le costó mucho, ya lo tenía bien abierto.
Así pudo ver mi mano acariciando mi xoxito sin prisa, casi al mismo ritmo al que ella se movía. Y desde luego muy, muy húmedo encharcado el delicado encaje del tanga.
Solo tuve que mover un poco las piernas para que el pantaloncito terminara a mis pies. Lo único que cubría el pubis era un diminuto tanguita y ya estaba desplazado.
Mi padre me miraba con una sonrisa pícara y lasciva a la vez. Una expresión que solo le había visto alguna vez mirando a su preciosa mujer cuando ella vestía sexi. Bueno alguna vez también me había mirado así a mí si llevaba un bikini o algo para salir de marcha.
Pero no decía nada dejando que mi madre llevara la batuta. Ella pasaba la mano con suavidad por mi piel. Empezó por la parte delantera del muslo y fue subiendo despacio. Acariciándome con el dorso de la mano. Sin dejar lo que estaba haciendo con él.
Pasó de largo mi pubis para acariciar con cariño mi vientre, se metió por debajo del top en busca de mis pechos. Y no es que la dejara, es que me estaban encantando sus caricias.
Ni llevaba sujetador así que le fue fácil alcanzar uno de mis pezones. Pellizcarlo con suavidad y ponerme todavía más cachonda de lo que estaba. Ya estaba jadeando al mismo ritmo que mi madre, parecíamos sincronizadas.
Tiré del top y me lo saqué por encima de la cabeza. En ese momento estaba más desnuda que mi madre. Yo solo con mi tanga y ella con más lencería. Aún así me las apañé para acariciar sus pechos. El sujetador de media copa me lo ponía fácil.
La prenda me permitía acariciar con toda comodidad sus voluptuosos pechos pues se limitaba a sostenerlos desde abajo sin cubrir su volumen. Hacerme con sus pezones y pellizcarlos con cuidado fue una delicia. Son más grandes que los de mis amigas y salen casi un centímetro de la areola.
Me acerqué aún más a ellos hasta rozar con mi muslo el de mi padre. No le veía del todo convencido de hacerme nada a mí. Lo que estaba claro es que iba tan cachondo y caliente que era posible que se soltara.
Mi madre seguía acariciandome, ella sí que estaba más suelta. Y yo nunca me había dado cuenta de que le gustaran las chicas, ni lo más mínimo. Su mano había empezado a bajar de mis peras, jugando con un dedo en el ombligo. Llegó al tanga y empezó a bajarlo desnudando mi pubis.
Ya era oficial estaba caliente y quería follar con mis padres. A esas alturas le estaba amasando las gemelas a mi madre pellizcando sus pezones. Empecé a buscar su boca y ella separó sus sensuales y gruesos labios esperando mi lengua.
Cruzábamos las húmedas compartiendo nuestra saliva. Dejando que las babas de ambas resbalaran por su pecho. Sus dedos por fin llegaron a mi coñito y sustituyeron a mis míos en la paja que me estaba haciendo.
Fue incluso más dulce y tierna acariciando el clítoris y los labios. Por fin mi padre se animó. Empezó agarrando una de mis tetas. Yo recibí esa caricia con un gemido para agradecérselo y animarlo.
Como tenía una mano libre acaricié a mi padre. Su rostro, con suavidad notando la piel un poco rasposa por la barba que le estaba creciendo. Pero lo hice con todo el cariño del mundo. Pasaba la mano por toda su cara hasta el bigote, justo bajo su nariz.
Él podía notar el olor de mis jugos en la yema de mis dedos. Así que los llevó a su boca empezó a lamerlos. Los chupaba como yo hacía con las pollas. Y yo lo estaba gozando.
- Mami, ¿puedo darle un besito a papi?.
- Claro nena. Dale esa lengüita juguetona a mi chico. Ya verás que bien besa.
Lógicamente nunca había besado a mi padre con lengua. Y en ese momento aproveché para meterla hasta la campanilla. Como teníamos permiso nos estuvimos dando saliva un buen rato.
Con todo lo que estaba notando y el morbo de la situación y las dos personas con las que estaba ya me había corrido un par de veces. Creo que todo eso también les influía a mis padres. Se que mi madre también se había corrido dos o tres veces y le llegó el turno a él.
Le estaba llenando el xoxito de lefa.
- Me ha dejado sin su corrida, mami.
- No te preocupes, cielo. Teniéndonos a las dos así se le volverá a poner dura enseguida. Seguro que lo conseguimos.
Yo no sabía con cuál de los dos quedarme. Ponerme a hacerle una mamada a mi padre con los jugos de mi progenitora o al revés y comerle el xoxito a ella rezumando semen.
Dejé descansar el pene para que se recuperara y me dediqué a los pechos voluptuosos y el chumino. La mezcla de sabores, los jugos y el semen eran lo mejor que había probado teniendo sexo.
- Nunca había comido un xoxito con el semen recién ordeñado.
- Pero no es el primero. ¡Eh! Guarrilla.
- No mami, he tenido sexo con algunas amigas.
- Te lo había dicho. Ha salido a mí, le gusta todo.
Dijo, dirigiéndose a mi padre.
- Y a mí, cariño. En eso.
Pensaba que bromeaban. Pero de entonces aquí me ha quedado muy claro que mis queridos padres son todavía más pervertidos y bisexuales que yo.
Mientras ellos cambiaban impresiones sobre mi sexualidad yo le había conseguido un par de orgasmos a mi madre. Pregonados por sus gemidos y palabras entrecortadas a mi padre.
Me tumbé ente ellos para relajarme y dejar que dieran unos mimitos. Claro que yo tampoco me quedé quieta. Nos acariciábamos con suavidad y ternura.
Por encima del morbo de lo que había descubierto sobre mis padres también estaba confusa y tendría que aclararme sobre mis sentimientos. O seamos sinceros mandarlo todo a la mierda y disfrutar de la nueva situación con mi familia.
Para entonces la erección de mi padre no solo se había recuperado sino que parecía más fuerte y orgullosa que la anterior. Mi madre la vio y rozando mi vientre con su antebrazo llegó a tocarla con un dedo.
- ¿Vamos a por el segundo asalto?.
- Vale, pero ahora me toca a mí.
Pedí yo.
- ¿Y yo no opino?.
- Ya lo hace esa cosa que tienes entre las piernas por ti. Cielo.
Sin pensarlo más me subí sobre su cadera. Separé mis propios labios con dedos y me dejé caer sobre el duro miembro de mi progenitor. Los huevos pelados rozaron mi perineo y recibí la profunda penetración con un fuerte gemido.
Mi madre por supuesto también quería su parte de la diversión. Así que ella se puso encima de la cara del vicioso de su marido que de inmediato se puso a comerle el coñito y el culo. Y de inmediato me agarró las tetas empezando a amasarlas. Yo me dirigí a sus labios buscando su lengua y saliva con la mía. Y todo ello mientras le pellizcaba los pezones a mi padre.
Empecé a subir y bajar despacio para acompasarme con las caricias de mi madre. Parecía que lo hubiéramos hecho toda la vida. No era difícil, son las dos personas que más quiero. Y en ese momento ellos me querían "follar" a mí.
Jadeábamos y suspirábamos. No sólo sentíamos placer durante ese polvo, amor y cariño también. Y ya no paré hasta que se corrió dentro de mí. Mezclado con mis jugos notaba como esa humedad se escurría por mis muslos. Pero fue poco tiempo, entre los dos me tumbaron en la cama y se pusieron a comerme el conejo.
Con las piernas lo más abiertas que podía notaba como dos lenguas me limpiaban los bajos y me daban todavía más orgasmos. Estaba siendo una noche de récord. Cuando se dieron por satisfechos con la comida de coño se tumbaron a mi lado.
- ¿Querrás dormir con nosotros?.
- Seguro que podemos repetirlo, nena.
- Pues claro papi, no me voy a conformar con esto. Viendo como sois.
Esa noche me dormí con la cabeza apoyada en las tetas de mi madre y con la polla de mi padre encajada entre mis nalgas. Desperté relajada como nunca abrazada a mi querida mami y con el aroma del café que nos preparaba su chico.
.......
lunes, 7 de agosto de 2023
La pantera y su hijo
... .
Había conseguido ligar, una pantera cachonda, una milf, divorciada, que iba provocando a todo el mundo aunque ella estaba de copas con un grupo de amigas.
Unos zapatos de tacón altísimo que le dejaban unas bonitas, torneadas piernas apenas cubiertas por unas medias de ligas y una falda de tubo corta y muy ajustada a sus anchas caderas. Un top cuello halter que revelaba más que un generoso escote. Se veían sus hombros desnudos del todo. Mostraba parte de un sujetador sin tirantes de encaje. Más que sujetador, obra de ingeniería por todo el trabajo que tenía que hacer.
Labios gruesos, sensuales y profundamente rojos, nariz chata y ojos azules, todo ello enmarcado en una melena lisa teñida de rubio. Todo en conjunto le hacía una cara bonita.
En realidad yo no tuve que hacer nada, con diez y nueve años nunca me habría atrevido a entrarle a una mujer así. Fue ella la que me localizó en la pista del pub. En segundos me tenía arrinconado contra a una columna en el rincón mas oscuro del local.
- Hola, guapo. Bailas muy bien. ¿Quieres hacerlo conmigo?
A día de hoy todavía no se si eso era ya una proposición. Aunque a mí me parecía demasiado pronto para insinuar que el baile podía ser horizontal.
- Pues claro, encantado de bailar con una diosa como tú.
Alagarla no me vendría mal. Seguro que me haría ganar puntos, y eso que no parecía necesitarlos ya en esa fase tan temprana del cortejo.
- Veo que tienes labia, chaval. Eso me gusta.
Bailamos durante un rato, cada vez mas cerca el uno del otro hasta entrar en contacto. Fue cuestión de minutos, por no decir segundos. Pegó sus tetas a mi torso apenas cubierto con una fina camiseta. Su cadera rozaba mi pubis donde mi polla ya había tomado consistencia.
- Puedes pegarte más. No me pienso quejar.
Cuando me di cuenta tenía su lengua dentro de mi boca buscando la campanilla y dándome saliva cantidad. Mis manos estaban rodeando su cintura y amasando su culo. Ella había conseguido poner una de las suyas en mis pectorales y estaba pellizcando uno de mis pezones. Yo encantado.
- ¡Que buena estás!.
Yo soltando una frase que era todo poesía. Menudo panoli estaba hecho por entonces. Pero como ella tenía muy claro lo que buscaba no le importó e incluso recibió mis palabras con una suave carcajada.
- ¿Nos ponemos más cómodos?.
Como allí era imposible quitarse la ropa supuse que se refería a que nos sentáramos a tomar una copa.
Nos retiramos a un rincón aún más oscuro con sofás para estar más cómodos y tranquilos. Y darle esquinazo a mis amigos que ya me habían visto bien acompañado. Todo sin apartar mis manos de su voluptuosa anatomía, ni las suyas de mi cuerpo.
Ella pegaba su culo a mi pubis al caminar juntos notando lo dura que me había puesto la polla. Ya sentados se me pegaba como con cianocrilato haciéndome notar sus tetas poderosas en mi brazo y pecho.
Notaba su mano acariciando mi piel, que no me quedaba más remedio que corresponder. Con mucho gusto por supuesto. Ella había metido la mano por debajo de mi camiseta. Notaba suaves las yemas de sus dedos acariciando mi vientre y subiendo hasta el pecho para pellizcar mis pezones.
Yo había conseguido meter la mano por debajo de su falda. Las medias terminaron pronto y mis dedos rozaron la piel de la cara interna de sus muslos. Segundos más tarde estaba acariciando el húmedo encaje de su tanga.
Ella gemía en mi oído a la vez que lamía mi oreja y besaba mi cuello. Así que no debía de hacerlo mal del todo. Aparté ese escaso trozo de tela para poder deslizar los dos por la seda de los labios de su vulva. Sus jadeos incrementaron el volumen. A punto estuve de sacar la mano de ese horno para que no nos pillaran, pero mirando alrededor resulta que todo el mundo estaba haciendo lo mismo.
Así que que continué con mi labor. Metí la lengua en su boca para ahogar sus gemidos. Cruzaba la suya con la mía lo más lascivo que había sentido nunca. Mientras dos de mis dedos entraban más en su xoxito. Parece que llegó a correrse por la forma en que me chupaba la sin hueso.
Por supuesto ella no estaba quieta. También acariciaba mi cuerpo. Pasaba la mano por encima de mi dura polla. Pero claro no quería que eyaculara en mis calzoncillos. Así que solo lo manoseaba sin prisa. O deslizaba la mano bajo mi camiseta para pellizcar mis pezones con suavidad.
Al cabo de un rato, tras su orgasmo, casi sin terminar las copas, lamiendo mi oreja, me propuso irnos a su piso. Yo, con las ganas de follar que tenía, no lo dudé ni un segundo.
- ¿Nos vamos?. Podemos ir a mi casa.
- Desde luego, estaré encantado de acompañarte.
Nos despedimos de nuestros respectivos grupos. Algunos también habían encontrado compañía y se habían perdido ya. Nos fuimos a su casa comiéndonos la boca por el camino. No estaba lejos. Metiéndonos mano en cada portal y cada esquina, en la calurosa noche de agosto.
En el ascensor ella agarró mi polla por encima del vaquero con la intención de no soltarla en el resto de la noche.
- Tienes un bonito rabo. Pero quiero todo de ti.
Y agarrando su poderoso culo le contesté.
- Ya lo tienes.
Por fin cruzamos la puerta de su piso. Mi camiseta y su falda desaparecieron nada mas cruzar la puerta. Su tanga de encaje negro que por fin pude ver y no solo tocar, era tan pequeño que apenas tapaba los labios de su coño depilado. De inmediato lo volví a acariciar, buscando el clítoris con el índice y metiendo dos dedos en el muy húmedo y caliente agujero.
- No se te da mal hacerle un dedo a una chica. Veamos que tal se te da el resto.
No sé como conseguimos llegar a su enorme cama. Me hubiera perdido por su casa si no me hubiera indicado el camino. Allí donde terminamos de arrancarnos la poca ropa que nos quedaba el uno al otro. Donde pude ponerle a cuatro patas para lamerle el coñito que chorreaba y su culo que me moría de ganas de follar.
Estábamos tan calientes que no hacían falta muchos más preliminares, aunque claro que desde la disco ya llebábamos un buen rato con ellos. Me mantuve lo suficientemente concentrado como para calzarme un condón. Lo que no sirvió de nada por que eran tantas las ganas que se rasgó y terminó en el suelo.
- Follame ya. Sin condón. No me vas a dejar preñada.
Tenía claro que yo, mucho, no había mojado el churro y que no corría mucho riesgo. Además de que tenía tantas ganas como yo. Y de inmediato me puse en situación para meterla en la vulva cuando me incorporé.
Y solo entonces, eso sí, follarla con todas las ganas que llevaba acumuladas. Procuraba no hacerlo con prisa, sino firme y profundo, tanto como para no correrme pronto como para que ella lo sintiera. Y no debía hacerlo mal a jugar por sus gemidos y suspiros. Ya no paré hasta que me corrí dentro de ella.
- Déjame probarlo.
Lo que no esperaba es que ella se girara para lamer mi nabo húmedo con el semen y sus jugos. También deslizó una mano entre mis muslos para acariciar mi ano con un dedo.
- Yo también quiero saborearte.
Sin dudarlo le devolví el favor en un sesenta y nueve en el que disfruté con mi propia leche rebosando de su coño mientras le lamía los labios y el clítoris.
- Sí que eres morboso. Me encanta.
Al poco rato dormíamos los dos plácidamente debido al cansancio, las copas y el habernos corrido a gusto. Cuando desperté amanecía, no era la primera vez que pasaba la noche fuera de casa, pero sí la primera que lo hacia en una buena cama y así de bien acompañado.
Ella tenia el sueño profundo y me levanté a mear y lavarme un poco. Como suponía que éramos los únicos allí fui completamente desnudo. El baño estaba junto al dormitorio. Tras descargar y lavarme, polla incluida, me dirigí a la cocina a por un vaso de agua.
Allí me llevé el susto de mi vida. Sentado a la mesa y solo con un diminuto y apretado slip puesto estaba un chico como de mi edad más o menos con una sonrisa burlona en los bonitos labios. Guapo, alto, delgado, depilado y con algún tattoo.
- Pasa, pasa, no te quedes ahí plantado.
Me dijo.
- Creía que estaba solo.
- Te has follado a mi madre, hay confianza, pero si vas a estar mas tranquilo... Puedo quedarme como tú.
Y se quitó el slip quedando tan desnudo como yo. Yo seguía enmudecido y pasmado. Todavía más por su descaro. Apenas pude balbucear un saludo.
- Ho... , hola.
- ¿Lo ves? Ahora estamos iguales. Soy Mario.
- Ya veo. Y estás muy bien. Yo David. Encantado.
Depilado del todo, delgado y con un cuerpo estupendo. Él me miraba el cuerpo desnudo mientras yo cogía un vaso, lo llevaba al grifo y bebía apoyando el culo en la fresca encimera. Haciendo tiempo para tranquilizarme. Todo eso para poder recuperar el habla. Cuando de pronto me preguntó:
- ¿Que tal follasteis?
Había esperado a que me llevara el vaso a los labios para hacer la pregunta. Me dio la tos y me tiré el agua por el pecho y el vientre. Él, riéndose se mí, se levantó, agarró un paño de cocina limpio y se acercó para secarme con delicadeza. Su cara estaba muy cerca de la mía.
- Mario. Es una diosa follando.
Contraataqué. A ver como se quedaba.
- Soy muy consciente de ello. Está muy buena.
Volví a atragantarme pensando en esa madre e hijo follando juntos. Y dándome mucho más morbo.
Y entones cuando su mano casi empezaba a rozar mi polla y notaba el glande de la suya rozando mi muslo me besó suave y tierno en los labios. Los separé para que las lenguas pudieran jugar sin estorbos ni descanso. Mi mano se fue derecha a su culo duro para pegarle a mi cuerpo. Solo separé el beso para preguntarle:
- ¿Que diría tu madre si nos pilla así?.
- Disfrutaría del espectáculo.
Ahora fue él quien bebió agua de mi vaso y me la pasó de boca a boca directamente. El beso fue tan lascivo como los de su madre. Sospechaba que era con quien él había aprendido a jugar así con la lengua.
Y las dos pollas, ya duras para entonces, estaban juntas apretadas entre nuestros vientres desnudos. Los dos jugábamos con el culo del otro manoseándolo con fuerza.
Se arrodilló entre mis pies y empezó a lamerme los depilados huevos. Lo hacia tan bien como su madre. Así que suponía que ella no sólo le había enseñado a besar.
Levanté la vista. Entonces la vi en la puerta sonriéndonos, tan desnuda como nosotros. Una mano en su coño, dos dedos dentro de él. Volvía a estar excitada mientras miraba como su hijo le hacia una maravillosa mamada al chico con el que había follado esa noche. Mi rabo aún tendría el sabor de su almeja aunque lo había lavado un poco.
Entonces noté uno de los dedos del chico abriéndose camino hacia mi ano, un sitio que su madre había explorado delicadamente con anterioridad, con su lengua y su mano entre mis piernas. Dejándole hacer con el dedo mientras apretaba mi glande contra el paladar con su lengua. Ni se había dado cuenta de que ella nos miraba hasta que dijo:
- Chicos. ¿Por que no volvemos a la cama?. Estaremos más cómodos.
Estaba claro que la invitación era para los dos. Pensar que ella nos quería a los dos en su lecho, desnudos y follando hizo volar mi imaginación.
Le miré a los ojos a ver como reaccionaba pero no hizo mas que incorporarse con naturalidad. Agarró mi polla con la mano para conducirme de vuelta al lecho de su madre. Y lo necesitaba por que me habría perdido en ese piso enorme.
Ella nos seguía rozando mi espalda con sus pezones y agarrando mi culo. Nos hizo tumbar boca arriba lado a lado. Se colocó entre nosotros y agarró nuestras pollas cada una con una mano. Nosotros empezamos a besarnos y a compartir babas mientras ella nos las chupaba alternativamente.
- Bueno chicos, parece que os habéis hecho amigos enseguida. A ver que sabéis hacer.
- ¿Me quieres follar?.
Me preguntó Mario. Lo estaba deseando desde luego.
- Por supuesto. Me parece que no voy a ser el primero en disfrutar de ese culito tan duro. Pero seguro que tu madre también quiere estar con nosotros.
- Hay opciones. Sobre todo si tu también quieres que te follen. Puedo hacerlo yo o... ella. ¿Aún no te ha enseñado sus juguetes?.
- Es muy pronto para eso. No sabía si podíamos repetir y no quería asustarlo.
Estaba dándome cuenta de donde me había metido. Aquellos dos son un par de pervertidos.
- Creo que nunca he visto esas cosas más que en el porno.
Y cerré sus labios con otro beso mientras su madre nos comía las pollas poniéndolas duras como vigas de puente con su lengua juguetona. Una vez conseguida una misión tan compleja dudó un segundo sobre cuál de ellas subir.
Me hice una idea el que pretendía cuando se subió sobre la cadera de su hijo. No hizo falta que me dijera nada. Cuando Mario me hizo sitio abriendo las piernas alcánzandome un frasco de lubricante ya sabía lo que esperaban de mí.
Arrodillado entre los muslos de Mario lubriqué el ano de su madre y mi propia polla. No me costó mucho penetrarla, por allí ya había pasado suponía que el otro nabo y esos mencionados juguetes, pero muchas veces.
A pesar de que la postura no era la más cómoda conseguimos acompasarnos. Yo conseguía además lamer y besar su cuello y hombros. Por sus jadeos y suspiros parecía que se corría o al menos lo disfrutaba. Fue ella la que no quiso que nosotros tuviéramos nuestro orgasmo.
Quería ver más acción entre los chicos. Moviendo un poco la cadera consiguió descabalgarme. Giro la cabeza y me sonrió.
- ¿No quieres follártelo?.
Me estaba ofreciendo el duro culo de su hijo. Y he de admitir que me apetecía. Es más, ella misma se desplazó sobre la cabeza de Mario dejando al alcance de su lengua el coño y el culo. Sujetó los tobillos del chico levantándolos lo suficiente como para que se le abrieran las nalgas y el ano quedara a la altura perfecta de mi polla.
Le puse más lubricante a mi polla y al nuevo culo que se me ofrecía. También entró fácil. Luego me ha confesado que no eran solo los juguetes de su madre los que lo follaban. Ella empezó a lamer uno de los pies del chico mientras recibía sexo oral.
No se donde tendría Mario la lengua pero de vez en cuando ella tenía que separar la lengua de los dedos para gemir. Yo me hice con el otro pie y empecé a chuparlo mientras le follaba. Tampoco me privé de acariciar sus tetas y pellizcar con suavidad sus pezones. Incluso de vez en cuando dejábamos tranquilos los pies para besarnos, intercambiar saliva y jugar con las leguas.
No sé lo que duramos pero antes de que yo pudiera dejar el semen en su recto él se corrió sobre sus propios abdominales. Segundos más tarde lo hacía yo en su culo. Sujeté los tobillos para bajar los pies a la cama. Su madre y yo nos inclinamos a lamerlo.
Cruzábamos las lenguas sobre la suave piel del chico recogiendo su lefa y compartiéndola en nuevos y lascivos besos.
- Que buenos sois, chicos. He perdido la cuenta de las veces que me he corrido.
Nos dejamos caer sobre el colchón y ella quedó entre nuestros cuerpos pero con los pies junto a nuestras cabezas. Me había gustado jugar con los pies de Mario y mientas nos relajábamos le daba besos o lamía uno de los de ella. Aún fue más sensual cuando noté su lengua en los míos. Algo que nunca había sentido.
- Esto ya lo habéis hecho más veces. ¿Verdad?.
- ¿El qué?.
- Un trio con otra persona.
- No, eso es la primera vez. Es verdad que de vez en cuando nos lo montamos juntos pero hasta ahora éramos nosotros solos.
- No sé cómo hemos llegado a esto, pero ha sido genial. Nunca habíamos invitado a nadie a estar junto a los dos.
- Pues sois geniales, me puede el morbo que tenéis.
Pasamos la mañana follando. Haciendo cosas que yo solo había visto en el porno o ni siquiera eso. Cosas que yo nunca había ni imaginado. Pero todo fue maravilloso, con ellos era y sigue siendo fácil hacer el amor.
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