sábado, 14 de enero de 2023
Topicazos, el bikini de chapa
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Para promocionar una nueva película de ciencia ficción la productora había organizado una convención en el recinto ferial de mi ciudad.
Exposiciones de diverso material, libros, muñecos, merchandising, charlas de autores y dibujantes, proyecciones de otras películas, series y documentales sobre el tema. Todo un despliegue que esperaban recuperar en el primer fin de semana desde el estreno.
Mi trabajo como azafata de congresos me llevó a participar en el evento. Me presenté en la agencia dispuesta a cualquier cosa que se me viniera encima. Lo que vino fue el bikini de chapa de la princesa Leia en el palacio de jabba el Hutt.
Cualquier aficionado lo conoce y cualquier salido también. Es sugerente y provocativo y me iba a dejar muy expuesta. Casi toda mi piel al aire. Pero también es la ropa de una mujer fuerte que se enfrenta a sus enemigos y les retuerce el cuello por muy grueso que fuera.
Cuando mi jefa me dio la caja sonreía burlona pensando que me negaría. No sé si buscaba una excusa para despedirme o sólo me tenia envidia. Lo que ella no sabia es que me encanta el personaje de chica dura.
- Tendrás que ponerte eso.
Solo podía pensar en la cara de los frikis al verme pasear entre ellos con tan poca ropa. Lo único que dejé en la caja cuando me lo puse en el vestuario de la convención fue el collar de esclava y la cadena, eso no va con mi personalidad.
Lógicamente, no era yo la única azafata con tan escasa vestimenta, habíamos acudido de varias agencias. Incluso de la mía el reparto de cosplays había sido generoso.
En el vestuario se veían monos de lycra plateados tan ajustados que no se podía llevar ropa interior debajo. Atuendos de tiras de cuero de esclavas verdes de Orión, pieles reducidas al mínimo de cavernícolas sexys.
Otras con vestidos de gasa de princesas de fantasía, falditas de colegiala cortísimas sacadas de animes e incluso algún tanga y sujetador de malla metálica de guerreras bárbaras.
También era lógico que las azafatas no fuéramos las únicas disfrazadas. Había klingons, federados, jedis, Han Solos, vulcanos, caballeros con armadura, guerreros barbaros. Algunos de los chicos más atrevidos también llevaban tangas de cuero y espadas o hachas de plástico.
También se pasaban por los stands chicas del publico. Algunas mas serias pero otras tan sexys e incluso mas atrevidas y enseñando mas piel que nosotras, las que estábamos trabajando por allí.
Estaba repartiendo unos folletos entre los stands cuando la vi. Venía derecha hacia mí con un bikini muy parecido al mío, incluida la faldita de gasa trasparente.
Como yo, la había abierto por los lados hasta la ingle dejando que colgara por la espalda, luciendo sus largos muslos. Eso la hacía aún más sugerente. Al caminar, sus preciosas piernas bronceadas asomaban sucesivamente entre la tela.
Pero ella no era una de mis compañeras. Me hubiera fijado en tal belleza si me hubiera cruzado con ella en la oficina o en los vestuarios habilitados en la feria.
Me hubiera dejado hipnotizada el movimiento de su largo cabello negro recogido en una gruesa trenza, me habría percatado de su preciosa cara e incluso de su cuerpo algo mas voluptuoso y pleno que el mío.
Le sonreí pero fue ella, muy decidida, la que se dirigió a mí, saludándome con un:
- ¡Bonito bikini!
- Gracias, el tuyo también.
No pude mas que contestar riendo. No eran del mismo modelo, diferían ligeramente en la tela, los detalles y el color. Aprovechando el grupo de admiradores que nos rodeaba babeando terminé de repartir los folletos que me quedaban en las manos.
Cogiéndola de la cintura desnuda con mi brazo le propuse que nos dejáramos fotografiar un rato. Al oído le dije:
- ¿Dejamos que estos chicos tan simpáticos nos hagan unas fotos?
Ella estaba encantada de exhibirse, de lucir su bello cuerpo. Flashes y un montón de cámaras y móviles nos apuntaban mientras nosotras posábamos con naturalidad. Incluso uno de los aficionados nos dejó un par de pistolas laser, para completar la coreografía.
Si aquellas fotos colgadas en mis redes sociales no me valían para progresar y conseguir mas contratos de azafata o modelo no me llamo Lorena.
Pero en ese momento toda mi atención la tenia la piel suave de la morena que tenía cogida de la cintura. Hablándole al oído, mis labios casi pegados a su pequeña orejita para que no me oyera nadie mas que ella, le pregunté por el motivo de su disfraz.
Me contó que por gusto, que era tan friki como cualquiera de los que babeaban a nuestro alrededor y que le gustaba todo aquello.
-¿Por qué Leia? y ¿por qué ese bikini? .
- Soy tan friki como todos estos. Me gusta la ciencia ficción y este es el más sexi que he encontrado. ¿No te gusta?
- Me encanta. Por eso te lo preguntaba. Y me gusta más como te queda a tí.
- Tengo algún disfraz más en casa pero este lo estreno hoy.
Sonriendo y salivando al rozar su fino cuello con mis labios le dije:
- Me encantaría que me lo contaras todo sobre el tema, yo soy primeriza. Pero me está gustando. Me gustaría que me enseñaras el resto de tus disfraces y cosplays.
Ella parecía estar a gusto con mi coqueteo y noté en mi oreja el suave y húmedo roce de la punta de su lengua.
- Cuando termine esto hoy podemos ir a tomar un refresco a mi casa. No está lejos. Y te lo enseño todo.
La promesa implícita en ese "todo" me puso los vellos que había depilado esa misma mañana de punta. Cuando me respondió que en su casa podríamos disfrazarnos juntas, estaríamos solas, me derretía.
Al rato la megafonía anunciaba el final de la jornada. Pasamos ese tiempo juntas, me acompañó a repartir los últimos folletos y provocamos al personal meneando las caderas y la tetas. Las dos juntas éramos algo espectacular y todos babeaban a nuestro paso.
- Ya estoy lists. ¿Nos vamos?.
Recogí la mochila de la vestuarios. Pero no me molesté en cambiarme y salí con el disfraz. Ella no había llevado ropa de recambio así que andábamos por la calle casi desnudas.
- Estamos llamando la atención.
- Mejor, que nos miren.
Aprovechando el calor de la tarde de verano nos dirigimos a su domicilio andando llamando la atención por la calle con nuestros escasos atuendos. La gente se nos quedaba mirando por lo sexis que íbamos, pero muchos reconocían el disfraz. Una razón más para quedarse pegados mirándonos.
- ¡Bésame!. Lorena.
Me acorraló en el ascensor buscando mi boca con sus labios. Abrí los míos recibiendo su lengua juguetona cruzándola con la mía. Chupando sus labios y cambiando la saliva de boca una y otra vez. Ya no podíamos esperar más. Demasiado habíamos aguantado.
Éramos pura lascivia. Mientras mis manos recorrían la descubierta piel de su espalda. Bajando hacia su culo.
Pasamos ante su boquiabierto y guapo hermano sin despegar las manos del cuerpo de la otra, camino a su dormitorio. Sólo pude echarle un vistazo pero me pareció muy atractivo, casi tanto como ella.
Ya en su cuarto, encerradas tras un pestillo y a salvo de más miradas indiscretas pudimos dar rienda suelta a nuestra lujuria. En ese momento nos olvidamos de los demás disfraces y lo dejamos para más tarde muy ocupadas la una con la otra.
- Aquí estamos tranquilas.
Levantó la gasa que colgaba del cinturón de imaginación a metal sobre mi tanga para admirar mis largas piernas mientras sus rotundos muslos dejaban la ligera falda de su disfraz entre ellos. Su mano subía por la cara interna de mi muslo acariciando mi piel. Su lenta caricia me quemaba.
Pronto noté sus dedos juguetones haciendo a un lado mi tanguita buscando los labios húmedos de mi coño. Cuando quise darme cuenta ya estaba desnuda de cintura la abajo.
Seguíamos besándonos mientras su maníta juguetona deshacía mi escaso atuendo. Ella fue a por mi cuello y orejita, sabía que era una de mis zonas erógenas.
- Sabes dulce.
Yo en cambio fui a por sus enormes y preciosos pechos librándolos de la rígida pero escasa prisión que los contenía. Arrojé el sujetador sobre su cama y me agaché a comer sus duros pezones.
- Son maravillosos.
Asomaban del resto de su teta como un par de garbanzos de color granate. Podría arañar cristal con ellos y jadeaba mientras yo los tenía entre mis labios y dientes y los acariciaba con la lengua.
Para entonces ella ya tenía dos dedos clavados en mi coño. Y mis suspiros hacían que gotas de mi saliva humedecieran su pecho. Me dejaba llevar aunque me pudiera oír su hermano al otro lado de la puerta.
- ¡Joder! ¡Si!. Eres buena, nena.
Levanté sus brazos para lamer sus axilas, quería saborear toda su piel. No tenía prisa. Bajé lamiendo el vientre con una ligera curvita. Me detuve un momento en su ombligo provocándole algunas cosquillas que la hicieron reír.
Ella llegaba con sus manos a acariciarme los pechos y los hombros. No las separaba de mi cuerpo. En ese momento aprovechó para sacarme el sujetador de chapa. Ella conservaba el cinturón, la falda de gasa y el tanga. Así que tenía que deshacerme de ellos antes de llegar a su tesoro, mi tessssoro.
- ¡Desnúdame!
Quitárselo no me costó mucho y ella colaboró levantando el culo generoso del colchón. En un momento hice todo eso a un lado y poco más tarde todo terminó en el suelo donde se mezclaron nuestros disfraces.
Su xoxito era delicioso, el monte de venus abultado bien depilado y suave. Los labios mayores gruesos se abrieron al primer roce de mi golosa lengua. A esas alturas ya chorreaba y pude degustar sus jugos sin perder un segundo más.
- ¡Qué rica estás!.
Estaba deliciosa y quería compartirlo con su lengua en un nuevo beso lascivo y profundo. Sus dedos empezaron a masturbarme con suavidad, pero yo hacía lo mismo, mientras cruzábamos las sin hueso fuera de nuestras bocas.
Me corrí ahogando mis jadeos con sus besos. Y se que a ella le pasó lo mismo.
- Levanta, quiero verte desnuda del todo.
Lo hice, me exhibí para ella, para sus profundos ojos azules. Giraba y modelaba ante su mirada como si aún llevara puesto el cosplay. Incluso me separé las nalgas para indicarle que por detrás también me gustaba mucho y abrí los labios de la vulva.
Se levantó y se acercó. Sujetó mi cintura para atraerme hacia sí. Me apretó contra su cuerpo.
- Baila conmigo.
Pasé la brazos por detrás de su cuello y acaricié su nuca. Sus manos habían pasado de mi cintura a mi culo y tiraban de mi cuerpo con más fuerza. Nuestros pechos se frotaban juntos. La música sólo la oíamos en nuestras cabezas pero la situación era muy sensual.
Nunca había bailado desnuda con otra persona. Mi muslo se introducía entre los suyos llegando a notar en mi piel el calor y la humedad de su vulva. Bajé una mano por su torneada espalda acariciando por el camino la línea de la columna.
Agarré una de sus poderosas nalgas y mis dedos se deslizaron por la raja buscado el ano. No me lo negó. Pronto empecé a introducir el índice por el agujerito de músculo que me lo apretaba.
Soltó un gemido que intentó disimular escondiendo la cara en el hueco entre mi hombro y cuello y dándome un ligero mordisco. Se había dado cuenta de lo que gustaba eso.
Al ver lo que hacía ella me imitó y pronto noté uno de sus dedos penetrándo mi ano. Seguíamos bien pegadas, en ese momento me hubieran tenido que separar de ella con una grúa. Y por cómo sujetaba mis posaderas a ella le pasaba lo mismo.
Empezó a buscar mi boca, mi lengua de nuevo. Y yo se la dí. Las sin hueso parecían dos serpientes enredadas en una cópula salvaje. Ahora me empujó con suavidad al colchón.
Fui yo la que separé bien los muslos, todo lo que podía y soy muy flexible, para hacerle hueco entre ellos. Por supuesto que aprovechó. Incluso levantó mis piernas con la fuerza de sus brazos. Hasta separar mi espalda de la sábana.
Se metió uno de mis pies en la boca, lamiendo mis dedos. Joder, que bueno. Su lengua subía por mi pantorrilla, despacio llegando a la cara interna del muslo.
Estando así de ofrecida clavó la lengua en mi coñito. Absorbía mi clítoris entre sus labios. Empujó más mis piernas hasta que mis rodillas tocaron mis pezones. Y entonces empezó a lamer todo.
De mi espalda al pubis sin dejar un solo rincón. Dándome un montón de orgasmos, me corría una y otra vez con su habilidosa lengua. Cada vez que llegaba al ano me derretía. Y parecía que no quería parar.
- ¡Me corro!
Tenía muy claro lo que estaba haciendo y se esforzaba en ello. Y era yo la beneficiada, la que se corría como una loca sobre su colchón, jadeando y gimiendo.
Después de todo el día de pie, exhibiéndome y repartiendo folletos y la paliza que ella me estaba dando no necesitaba más que un abrazo para relajarme. Parecía que ella me leía el pensamiento. Se acostó a mi lado y me tomó en sus brazos tierna.
Me sentía bien allí. Con su cuerpo voluptuoso bien pegado al mío. Descansando, relajadas, sin preocuparnos de nada más. Anochecía cuando decidimos movernos.
- ¿No querías ver alguno de mis disfraces?.
- Pues claro, me interesa todo lo tuyo.
Le contesté apretando uno de sus pechos con cariño. Me incorporé en la cama expectante. Ella se dirigió a su armario y abrió dos puertas. Allí tenía bien colgada en perchas y ordenada su ropa y entre ella estaban los cosplays.
Empezó sacando el de colegiala japonesa, muy típico. A primera vista apostaría a que la faldita no llegaría a cubrir sus poderosas nalgas. Le quedaría fantástico.
A su lado había un mono de lycra que debía quedarle tan pegado que parecería pintura corporal. Sería el mono de vuelo e un piloto de mecha.
Sobre la cama, a mi lado, extendió un vestido de princesa confeccionado con una gasa tan trasparente y fina que se podría ver perfectamente la lencería que llevaba debajo. Si llevara alguna.
También había un body hecho con tiras de finísimo cuero. Sería para hacer de esclava de Orión o de guerra bárbara.
El uniforme de enfermera de Star Trek también tenía una falda cortísima. Pensaba que serían sólo uno o dos. Pero aquello parecía interminable.
- Se que algunos te quedarán bien, si algún día quieres acompañarme a otra convención, o podemos disfrutarlos a solas.
- Si tu quieres, por supuesto. Lo hacerlo juntas también me parece muy interesante.
Le sonreía lasciva mientras me enseñaba sus cosplays desnuda ante mí.
- Quédate a dormir y mañana vamos juntas al segundo día de la convención.
Aquél trabajo tuvo para mí muchas implicaciones, puede que relate algunas de ellas en otros cuentos.
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martes, 10 de enero de 2023
El gigoló se cruza con la travesti
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No soy un gigoló aunque me dedico a seducir mujeres por dinero. ¿Que soy? ¿Prostituto? Ni siquiera es el dinero de ellas, ni es mi única fuente de ingresos.
Me lo tomo como si hiciera buenas obras, una especie de trabajo social, un hobby placentero. El rumor corre de boca en boca y así es como hago nuevas "amistades".
La cosa empezó como una broma. Un, no puedo decir colega pues es más bien un impresentable, dejó caer que su hermana era tan horrorosa que no encontraba a un tío que follase por muy borracho que fuera. Yo acepté el desafío, supongo que ese día iba muy borracho.
Al final la chica no solo no era tan fea sino que es una bellísima persona, desde luego mucho mejor que su hermano. En resumen nos lo pasamos muy bien los dos. Ella fue la primera y a partir de ahí surgieron más oportunidades. El asunto es un complemento para mis ingresos aparte de mi sueldo normal.
Los clientes son los maridos, amigos y amigas e incluso padres o hermanos. Alguien que quiera hacerlas disfrutar o pasar un buen rato o como regalo. A veces me dan datos sobre la victima, perdón, objetivo. Otras solo una descripción o un numero de habitación de hotel.
Y normalmente no son ni jóvenes, ni guapas, eso no es importante. Tampoco es que yo sea un adonis, no tengo mal cuerpo ni rostro, pero tengo cierto encanto, labia o como queráis llamarlo.
Así que al entrar en esa cara suite me sorprendí al ver a aquella tímida joven. Tendría diez y ocho o diez y nueve años enfundada en una ropa no demasiado sexi.
Llevaba una falda larga de tela ligera por debajo de las rodillas, la blusa tapaba todo el torso excepto parte de sus brazos finos, blancos, suaves.
El negro cabello caía por debajo de sus hombros. Su cara bonita adornada con un suave maquillaje. Los ojos pardos eran profundos, podía perderme en ellos.
Parecía tímida cuando me abrió la puerta, me habían dicho que se llamaba Noelia. Nerviosa, jugaba con la punta de un mechón de su cabello retorciéndolo entre sus finos dedos.
Lógicamente no me lancé de inmediato sobre ella. No soy ningún depredador. Me presenté e intenté hacerla reír con algunas bromas tontas. Su voz apenas era un susurro, un dulce y suave susurro. Conseguí arrancarle el primer beso, un suave roce en los labios.
- Hola, soy Alex. Tu hermana nos reunió aquí.
- Yo soy Noelia. Sí, me ha dicho que eres dulce y cariñoso y que puedo dejarme llevar contigo.
- Espero que pronto confíes en mí, sí.
Me lo devolvió, tímida, pero un poco mas fuerte con sus manos entre las mías. Eran suaves, me gustaba acariciárselas, con las uñas perfectas pintadas de rojo brillante.
- Eres muy bonita, eso no debería impedirte tener relaciones. ¿Eres tímida?.
- Algo así. Sí.
Despacio fui incrementado la fuerza de mis besos buscando más y más. Sus labios, su lengua con la mía que entregó al primer roce. Empezamos a cambiar saliva y ella me daba la suya. Me di cuenta de que se lo estaba tomando cada vez con más ansia.
Solo separó los labios de los míos para decirme con una voz baja y suave y ronca por la excitación. Que fuera tierno con ella que era virgen.
- Nunca he estado con nadie. Ten cuidado por favor.
- Por supuesto, iremos a tu ritmo. Sólo relájate y déjate llevar por tus deseos, por tu imaginación.
Sonriendo le dije que por supuesto lo sería. Llevé una de sus manos a mi pecho para que me acariciara. Para que se soltara y empezara a conocer el cuerpo de un hombre.
Ni siquiera toqué el suyo hasta que ella me quitó la camisa. Dejé que sus manos siguieran las lineas de mis pectorales y abdominales para que cogiera confianza. Acariciaron mis pezones con suavidad, casi con respeto.
- Estás muy bueno. Has trabajado estos músculos.
- Me cuido. Y ahora te toca a tí, me gustaría ver más de ese cuerpo que escondes tanto.
Por fin la puse de pie y abrí su vestido al completo dejándolo caer al suelo. Su lencería carisma dejaba al descubierto su blanca piel, sus pechos menudos, apenas insinuados y una cadera fina, tan delgada era que se le marcaban los huesos, las costillas.
Se colgó de mi cuello para volver a besarme casi con desespero y yo por fin pude agarrar su prieto culo para pegarla a mi cuerpo. La suavidad de su piel me estaba volviendo loco. Volvió a darle otro ataque de timidez y solo dijo:
- Perdóname.
- ¿Por qué?. No has hecho nada malo.
Mientras cogía mi mano, la llevaba a su pubis. De entre sus muslos había empezado a salir una polla que sin ser grande no era precisamente pequeña. Fina y recta, bien depilada, me desafiaba a rechazarla. Y parecía que nuestros besos y caricias la estaban poniendo bien dura. Tuve que apartar el encaje de la braguita para que no le hiciera daño.
Tenía que estar ciego para no haberme dado cuenta antes, pero me había despistado su timidez. No es que me gustara el engaño en que había caído. Pero la dulzura de aquella virginal muchacha hizo que volviera a besarla sorbiendo su lengua.
- No pasa nada. Para mí eres toda una mujer. Y lo vamos a comprobar. Sin prisa.
Prometí que no me iría sin hacerla mujer. Deseaba arrancancar la braguita de encaje y el sujetador a juego para disfrutar de la vista de su hermoso cuerpo andrógino desnudo.
- ¿Te hormonas?.
- Desde hace poco, sí.
- Parece que te queda bien. Muy bien, por lo que estoy viendo. Vas a ser una mujer preciosa.
Creo que hasta se ruborizó con mis palabras. Pero ella se estaba excitándo a pasos agigantados y queria más. Con mis caricias su polla se había puesto bien dura.
A mi también la situación y tener esa bonita estaca en las manos me estaba poniendo muy cachondo. Seguí desnudándola, con una sola mano solté el broche del sujetador y me quedé con la leve prenda en la mano.
Al fin pude contemplar los pequeños y duros pechos. El pezón orgulloso, rojo oscuro, coronando dos conos de carne apenas apuntados. De besar sus dulces labios pasé a la oreja, el cuello, el hombro y esas tetitas que me llamaban.
No soltaba su cadera, pero aún no quería librarla del delicado tanga. Solo seguía lamiendo su piel. Pasé por sus axilas, las costillas marcadas en busca del vientre plano y el ombligo. Mi legua humedeciendo su epidermis suave. Sus gemidos de placer alagando mis oídos.
Cuando por fin llegué al pubis era el momento de bajar el tanga por sus largos muslos. Aún quedó unos segundos retenido por la dureza de su polla. Pero conseguí sacarla por sus cuidados pies sin más incidentes.
Aprovechando que tenía mis manos por allí los leve a mi boca y me puse a chupar los dedos. Quería que se diese cuenta de que ninguna parte de su cuerpo me producía rechazo antes de llevar su rabo a mis labios. Y que todas ellas podían darle placer.
Subí lamiendo la pantorrilla y la cara interna de los muslos hasta que sonriendo y mirando sus bonitos ojos castaños pasé la húmeda por sus suaves y depilados huevos. Me dediqué a chuparlos un rato.
De ahí pasé a deslizar la húmeda por el tronco, fino y recto, con las venas bien marcadas, hasta llegar al glande, tan morado como el interior de una granada y duro como una roca.
- ¡Para! Vas a hacer que me corra.
- Mejor, déjate llevar.
Recibí su semilla en la boca con gusto. Desde luego no era la primera que probaba y sí la persona con la que estaba me gusta lo hacía encantado. Pero con ella fue especial.
Paladeé ese manjar un segundo antes de incorporarme y dárselo a probar en un lascivo beso. Abrió la boca recibiendo mi lengua, mi saliva y su semen con ganas atrasadas de lascivia.
Agarré su pétreo culito pegando su cuerpo al mío. Temblaba de anticipación y deseo. Besé su cuello y orejita. Le dije:
- ¿Quieres probar la mía?.
- Estoy deseándolo. Es mi primera polla. ¿Sabes?.
- Lo imaginaba, haz lo que quieras y lo que deseo yo, tanto como tú.
Le dije sonriendo. Me tumbé a su lado en el colchón. Aún respiraba fuerte, excitada. Abrí las piernas para que se pusiera cómoda entre mis muslos, de rodillas.
Ver su carita de vicio orientada hacia mí, algo tapada por los mechones que escapaban de su melena, mirándome a los ojos me excitaba mucho. Podía distinguir los pechos apenas apuntados. Había escondido su polla ya flácida tras el orgasmo entre sus piernas, debía ser su costumbre. Lo hizo sin pensar.
Durante un rato estuvo contemplando mi rabo, tenía una cara de vicio impresionante. Moviéndolo con la mano de lado a lado para verla entera. Levantado los huevos. Su curiosidad me estaba poniendo cardíaco.
Por fin se decidió a pasar la lengua por mi piel. Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando lo hizo. A partir de ahí todo fue rodado, empezó a chuparme los huevos. Subir por el tronco con la sin hueso hasta el glande.
Intentó tragarla pero le dio una arcada.
- Tranquila cielo. Eso no hace falta en absoluto. Solo lamela. Chupa el glande y los testículos como caramelos. Piensa en lo que te gusta a tí. De todas formas vas a conseguir que me corra. Puedes hacer feliz a cualquier hombre con esos labios y lengua.
Le decía bajito, suave, acariciado su cabello y hombros con ternura.
- Pero yo quiero más, lo quiero todo.
- No seas ansiosa, no tenemos prisa y ya te lo he prometido. ¿Querrías follarme a mí?.
Intercalaba sus entrecortadas frases con lamidas a mi polla y gemidos de placer, pues de vez en cuando llevaba una mano a su polla y la acariciaba con suavidad. Se estaba volviendo a poner dura.
- ¿Me dejarías?.
- Todo lo que desees cariño.
- Y ¿Tú me vas a penetrar?. Quiero que me hagas mujer, pero tengo miedo de que me duela.
- Para eso está el lubricante. Vamos a hacerlo los dos. Solo disfrutar.
Con la húmeda repasando mis genitales y la conversación estaba más que excitado.
- Me voy a correr, cielo. ¿Donde quieres mi semen?
- No voy a perderla. En mi lengua.
Y así fue, siguió chupando hasta que me derramé en su boca. No se conformó y subió a besarme compartiendo mi lefa en un nuevo beso. Cruzamos las lenguas durante un rato sin dejar de explorar nuestros cuerpos en suaves caricias.
Los dos queríamos más. Ella buscaba mi polla que con sus caricias y nuevos besos volvía a ponerse dura. Yo acariciaba su culo, deslizaba un dedo por su ano, empezando a dilatarlo. Sin prisa con ternura.
Alcancé el lubricante y empecé a ponerlo con un dedo, luego dos abriendo su duro culito. Ella gemía.
- Montáme tú. Así tendrás más control.
Esparció más lubricante por mi rabo con su manita dulcemente. Haciendo que se pusiera más dura. Me tumbé boca arriba con la polla apuntando al techo.
Su cadera parecía pequeña entre mis manos mientras la subía encima de mí. Con las rodillas a los lados de mi cuerpo fue bajando poco a poco el culo. Mi polla entraba despacio pero firme. En ningún momento se echó atrás.
Los gemidos que salían de sus voluptuosos labios me indicaban que no le estaba doliendo y que le gustaba su primera vez.
- ¡Ufff! Que rico.
- Despacio, siéntela.
Aproveché para acariciar su dura polla que apuntaba hacia mi cara. Pellizcaba sus pezones con suavidad. Pero no quería que se corriera, la reservaba para mi culo.
Ella sí buscaba mi semen en su recto. No dejó de moverse arriba y abajo, sin prisa pero firme hasta que yo tuve mi orgasmo.
Se derrumbó, cansada, sobre mi pecho besándome el cuello, los labios y hasta los pezones. Yo la acariciaba con ternura, el cabello, la espalda y hasta sus duras nalguitas.
Su nabo duro estaba apretado entre nuestros vientres. Latía deseoso de descargar. Y yo quería que lo hiciera dentro de mí. Así que la levanté y me ofrecí. Quería ver si cara de vicio mientras me follaba.
Me tumbé de espaldas y abrí bien las piernas, levantadas hasta mi pecho.
- Te toca. Dilátame y lubrícame.
Clavó dos dedos con un buen pegote del pringue en mi ano. Yo notaba como hurgaba en mi interior. Me encantaba la sensación, estaba gozando.
- Venga póntelo en la polla y clávamela.
Con una sonrisita perversa empezó a acariciar su recto mástil con el lubricante. Los pezones parecía que querían escapar de su pecho.
-. ¿Estás listo?.
- Ansioso. Dale.
Apoyó el glande en mi ano y empezó a empujar despacio. No era mi primera vez, pero tampoco es que estuviera muy acostumbrado a tener un rabo en el culo. Ayudaba el que el suyo fuera finito y que se lo estuviera tomando con calma.
No me dolió gran cosa y empecé a gemir y jadear como había hecho ella un rato antes. Se inclinó y empezó a acariciar mis pezones mientras me follaba.
Me di cuenta que empezaba a soltarse a pasos agigantados. Iba a hacer feliz a sus siguientes amantes con su morbo y lascivia.
Recibí en mi culo su semen e hizo algo que nunca hubiera imaginado cuando la vi entrar en la habitación. Se inclinó y empezó a lamer mi ano recogiendo el semen que salía cuando yo apretaba los músculos del vientre. Casi me vuelvo yo a correr en ese momento. Y ni siquiera tenía el rabo completamente duro.
La atraje entre mis brazos para descansar y recuperarnos.
- Si que estás aprendiendo, más de lo que te he enseñado.
- Eso es por que eres un maestro estupendo.
Me sonreía mientras me abrazaba con fuerza. Y yo la sujetaba entre mis brazos.
- ¿Estás contenta?.
- Ha sido genial. Lo estoy disfrutando mucho. Creo que estoy cogiendo más confianza.
- Deberías vestir más sexy. Estos trapos no te hacen justicia. Tienes unas piernas muy bonitas, lúcelas.
- Hasta ahora no me atrevía. Quería ser invisible. Pero creo que poco a poco tendré más confianza para enseñar algo más.
Le iba arrancado confesiones mientras nos acariciábamos. Hacer un poco de psicólogo es parte de ese trabajo. Claro que es más fácil hacerlo desnudos, muy juntos en una cama que en un diván en una consulta.
Me contó que su hermana, que nos había reunido en esa habitación de hotel era quien más le estaba apoyando. Y que su determinación era firme.
Desde entonces ha seguido mejorando y ahora es una bellísima mujer con una polla fina y recta que me da placer de vez en cuando. Así como la mía le da gusto a ella, ya sin dinero de por medio.
Hemos quemado los trapos tras los que ocultaba su bello cuerpo. Viste mucho más sexi. Follamos juntos por que nos apetece y nos gusta.
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sábado, 24 de diciembre de 2022
Coxman
Este es mi particular homenaje a un libro erótico que leí hace años. La premisa era.... bueno juzguen, pero resultó divertido de leer.
"Sufro" de priapismo, para quien no lo sepa y diciéndolo para que todo el mundo lo entienda es que siempre tengo el rabo duro. La enfermedad fue nombrada en honor al dios romano de la virilidad Priapo. Como podrán imaginar eso supone algunos inconvenientes.
Lo más peliagudo es a la hora mear, lógicamente tengo que hacerlo sentado. En algunos casos la enfermedad es dolorosa, yo tengo suerte y no es así. No me duele y puedo tener incluso orgasmos múltiples, correrme varias veces en poco rato con la estimulación adecuada.
La estimulación puede venir de chicas, de chicos, de transexuales o de todos la vez. Me gusta hacer uso de ese don lo más que puedo. Y siempre hay personas que agradecen tenerlo en sus manos... o en cualquier otra parte de sus anatomías, bocas, coños, culos.
Pero no sólo de polla vive el hombre, me gustaba hacer uso de todo mi cuerpo para disfrutar. Y dar placer a todo el cuerpo de mis amantes, no solo a los genitales. Para aprender formas mejores de placer me dirigí a la India. El lugar donde escribieron el Kama Sutra sería un buen sitio donde investigar ese aspecto.
Tomo un avión en el J. F. K. y me planté en Calcutta en unas horas. Y eso que el súper constellation no es un avión rápido. Sé que durante el vuelo las azafatas se han fijado en mi prominente paquete y que no se me ha bajado en todo el tiempo.
Alguna se ha sentido halagada por ello pensando que era por su desde luego bonito cuerpo y sus reducidos uniformes. Y en algún caso algo ha influido, como en el de la rubia de muslos interminables cuya faldita apenas los cubría. Cada vez que se inclinaba podía ver sus braguitas trasparentes. Se llama Lola.
O incluso el chico que iba en la fila de delante, su vaquero marcaba un paquete muy respetable aunque no estuviera duro todo el tiempo y un culito duro y respingón.
Al bajar del avión lo primero que noté fue el calor, abrasador y húmedo. Tuve que librarme de la americana y la corbata lo más rápido posible. El sudor enseguida mojó la camisa en la zona de las axilas.
En la misma terminal me alcanzaba Lola con una pequeña maleta. Compartimos taxi hasta el hotel. Por suerte no me importan los gastos y es el mejor alojamiento de la ciudad. Esa noche Lola comparte mi cama.
Me ofrece todos sus orificios para que los disfrute con la lengua y con la polla. Y a la vez ella penetra alguno de los míos con su lengua y dedos. No es una chica que se conforme solo con recibir placer, también quiere darlo.
Al día siguiente decidimos explorar los templos y los festivales de placer, las orgias sagradas dedicadas a sus dioses ancestrales. Lola apenas cubre su cuerpo con una ligera y pequeña tela que ella dice que es un vestido. Ni lencería se ha puesto. ¿Para qué? Seguro que desaparece enseguida.
Yo tampoco llevo nada debajo del fino pantalón de lino así que también iba marcando mis dones naturales. Paseábamos sin prisa contemplando la belleza y el exotismo de sus gentes.
Vara es una sacerdotisa devadasi. Nos recibe a la entrada de su templo vestida con un fino sari. La sensual prenda la cubre casi por entero, pero también la desnuda debido a la delgadez del tejido.
Es un honor para dos occidentales ser saludados por tan alta personalidad. Es una belleza morena de profundos ojos castaños y curvas sensuales y voluptuosas. Su pecho destaca apuntando sus duros pezones hacia nosotros en la fina tela que los cubre.
Nos muestra el enorme recinto donde se están preparando los festejos del día siguiente. Unas cuantas bellas muchachas vestidas con saris, semejantes al de su jefa, que marcan la belleza de sus formas se dedican a limpiar el lugar y decorar las estatuas.
La invito a cenar con nosotros en el restaurante más caro de la ciudad. Con un vistazo a mi polla dura marcada en el pantalón acepta, supongo que pensando en lo que podía pasar después. Tras la cena la sacerdotisa acepta acompañarnos a la suite, besándonos en los labios tanto a mí como a la dulce azafata rubia.
Ellas empiezan solas mientras yo paso al baño a darme una ducha. Al volver únicamente cubierto por una pequeña toalla las puedo contemplar en acción sobre el enorme colchón, acariciándose e intercambiando saliva.
Al entrar en la cama me agarro a los pechos poderosos de Vara que en ese momento tiene sus manos en el coño de Lola y embisto al culo de esta con toda la fuerza de mi polla. Lo tiene bien dilatado y lubricado y me es relativamente fácil entrar. Lola se corre bien pronto por las caricias que mis manos le hacen a su coño y las que Vera le propina a sus tetas duras y contenidas.
Ellas continúan besándose y mis labios se deslizan sobre los hombros y nuca de Lola. Cuando esta separa su boca de la de la hindú y se dedica a sus hombros cuello y tetas. Vara se lanza sobre mi boca por encima del hombro de Lola.
Por fin nos corremos todos y yo paso por encima de Lola para quedar entre las dos mujeres de cara a la bella hindú. A la que meto mi polla por la vulva y comienzo a moverme suave.
A la vez ella se restriega contra mi cuerpo, pasando sus brazos hacia atrás para acariciar los senos y el coño de Lola a la que masturba mientras Lola me hace cosquillas en los testículos, en la raíz de mi polla y en los labios del coño de Vara con una mano y con la otra le acaricia el culo a la morena y le mete los dedos en el ano.
Pronto tenemos un orgasmo y el siguiente no se hace esperar. Entonces Lola se hace con mi pene deseosa de beberse todo el semen que pueda a la vez que me metía dos dedos en el culo.
Vara no se conforma y metiéndose entre las piernas de Lola le chupa el coño como si se le fuera a acabar el jugo, cosa imposible. También logro ver como mete dos de sus dedos en su propio coño o como se pellizca el clítoris hasta correrse varias veces.
Yo podía acariciar la cabeza, hombros pechos y parte de la espalda de Lola, que jugando con su lengua o mordiéndome suavemente el glande o apretando este contra su paladar. Mientras acariciaba el tronco con la lengua, dientes y labios me proporcionaba las más deliciosas sensaciones, continuamos haciendo el amor por algunas horas.
No hemos dormido mucho ninguno de los tres. Pero eso no nos importa. A mí por mi especial condición física siempre estoy dispuesto a nuevos placeres.
Lola está a un paso de un diagnóstico de ninfomanía y le encanta el placer venga de donde venga. Y Vara por su condición de prostituta sagrada tiene un entrenamiento tántrico que le permite dar y recibir gusto durante horas sin cansarse.
Por la mañana después de un sustancioso desayuno volvemos al templo. Ahora estamos en una de las orgias rituales en el templo en una de las festividades en honor a los dioses del sexo. Al poco tiempo pierdo de vista a la dos mujeres entre la multitud desnuda y deseosa de gozar.
Cerca de mí veo como un hombre y una mujer se abrazan y cómo la polla le entra lentamente en el coño a la mujer, entonces yo me hago con su culo y empiezo a acariciar sus nalgas. Poco después comienzo a introducir mi pene en su ano y acariciándola por todo el cuerpo.
Llevo mis manos a sus tetas pero también acaricio su coño, la polla y los huevos y el culo del otro hombre. Cuando ya he eyaculado un par de veces en su culo siento cómo una cabeza se mete entre mis piernas para chuparme y mordisquearme los huevos.
Para facilitar esa labor saco la polla del ano y la meto en la boca de la mujer que tenía entre mis piernas y siento una boca y una nariz que buscan mi culo lo acarician y besan. Mi culo y espalda. Es el tío que folla el coño de la mujer que tengo debajo. Ellos ya llevaban un rato disfrutando y cuando tuve el orgasmo en la boca de la mujer él me ofreció su vulva donde me introduje acariciando sus pechos grandes y su espalda.
Entonces fue él quien cogió mis nalgas, las abrió y metió su polla en mi culo. Sus manos me tocaban los testículos a la vez que follaba a la chica y me follaban por el culo. Que orgasmos tuve sintiendo todo eso. Luego el hombre se marchó buscando otra mujer cuando se corrió en mi culo.
Y yo busqué el ano de esta de la que ya conocía el coño. Se nos acercó otra chica admirando mi potencia, la besó a ella primero, luego a mí, y acarició y lamió todos nuestros cuerpos mientras le follaba su poderos culo hindú.
La atendí de inmediato por delante mientras nos besábamos en la boca, dándonos saliva en cantidad, en el cuello y los hombros. Ella había pillado a otro hombre con sus manos y le acariciaba y le obligó a follarla por el culo.
Me entretengo algo con estas furias eróticas que tengo encima. Siento como unas manos me arrancan el pantalón y la camisa. Una de ellas se apodera de mi polla con la boca y le da furiosas lamidas. Otro hombre me besa en la boca y acaricio su pecho y pellizco sus pezones. Con la otra mano me apodero de la vagina de una joven y la hago gozar.
Otras y otros me acarician todo el cuerpo y cuando eyaculé unas cuantas apartaron a la primera de mi polla. Una de ellas logra encajarla en su coño que es muy estrecho y me hace disfrutar lo indecible, cabalga como loca y cada vez que entra mi rabo en su coño lanza un grito de placer.
Otra de ellas se sienta sobre mi cara dejando al alcance de mi lengua un hermoso culo que chupo y acaricio con labios, lengua y nariz. Hasta que también es apartada y su lugar lo ocupa otra que prefiere darme a chupar su coño. Pronto mis besos y lengua hacen que sus labios se relajen y permiten entrar la lengua en la hermosa y caliente cueva.
También me hago con su clítoris que acaricio con la punta de la lengua humedeciéndolo aún más o besándolo con los labios. La chica pronto se corre y recojo todos sus jugos. Mis manos recorren el cuerpo de dos mujeres a mis costados.
Sus morenas pieles bien podían competir en suavidad con las de cualquiera. La chica que tenía en mi polla cede el puesto a un chico que se clava mi rabo en el culo disfrutando ambos como locos.
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martes, 6 de diciembre de 2022
El piso de estudiantes de enfrente
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Han alquilado el apartamento de enfrente como piso de estudiantes. No es que la anciana pareja que vivía antes y se ha mudado a la Costa del Sol fuera una bicoca pero desde luego no molestaban mucho.
Con dos puertas por planta suponía que a partir de ahora los nuevos vecinos podían convertirse en un suplicio.
A mis cuarenta y tantos me había acomodado en mi estilo de vida de solterón, tras el divorcio. Buey suelto bien se lame, que decía mi abuela. Diciéndolo como algo más práctico, yo me lo guiso, yo me lo como.
Aunque no me comía un colín, llevaba un mes en dique seco. No había conseguido echar un polvo en bastante tiempo y no es que sea muy escogido. Había probado de todo y me gustaba variar, al menos en el pasado.
Estaba relativamente equivocado en lo referente al piso. Universitarios jóvenes, guapos y por lo que fuimos viendo con el tiempo, mas o menos formales. Durante la semana se dedicaban básicamente a estudiar sin montar jaleo.
Los fines de semana o se volvían a las casas de sus padres o salían y aunque volvían de madrugada lo hacían lo suficientemente serenos o al menos con cuidado de no despertar a nadie. No habían organizado ni una fiesta los primeros meses así que la desconfianza fue bajando a pasos agigantados.
Siempre he sido simpático y con ellos no me costaba mantener la sonrisa cuando nos cruzábamos en el rellano. La sonrisa y la mirada por sus cuerpos jóvenes, delgados y bellos. Aunque durante el invierno no podía disfrutar mucho de esas vistas. Iban muy tapados, como todos.
Llegó la primavera y el tiempo mejoraba y todos nos íbamos librando de ropa según hacía más calor. Con lo que el espectáculo mejoraba, podía verlos en camisetas finas y de manga corta y en vaqueros ajustados.
Hacía muchos años que no disfrutaba de un cuerpo masculino. Mis ultimas amantes habían sido todas mujeres. Supongo que simplemente por la vagancia de aceptar una cierta normalidad o mi ex-mujer me había acostumbrado al sexo heterosexual.
Así que mi bisexualidad se había refugiado en ver de vez en cuando vídeos gays por internet y las pajas que caían con ellos.
Pero tener aquellos cuerpos así al otro lado del tabique había despertado algo en mí. Y esa sensación la había ido desahogando en el gimnasio y la piscina. Donde además disfrutaba de la vista de otros cuerpos femeninos y masculinos en buena forma física. A veces incluso desnudos del todo en las duchas, los de los chicos.
La sensación y la energía que me sobraba de no follar la gastaba haciendo ejercicio. Así que yo también podía salir en camiseta ajustada sin que me avergonzase una barriguita cervecera.
Una mañana de un sábado de mayo especialmente caluroso llamaron al timbre. Me pilló en calzoncillos, un bóxer de lycra, ajustado y bastante normal. A punto estuve de ponerme algo más encima. Pero lo pensé mejor y me dije que si llamaban a esas horas quien fuera no se molestaría por verme así.
Era uno de los vecinos de enfrente que iba algo más tapado que yo, pero no mucho más. Un pantaloncito de deporte de lycra muy reducido, corto y tan ajustado como mi bóxer.
Su camiseta de deporte, por llamarla de alguna forma, apenas eran dos tirantes que se unían en la parte baja del vientre dejándome ver todo su pecho y los costados de su torso.
Ya le conocía de vista e incluso sabía que se llama Manuel. Es guapo, alto, delgado, el cabello castaño claro, casi rubio y la piel blanca, marfileña.
- Hola, nos hemos quedado sin café. Me podrías prestar algo. Luego salgo a la compra y te lo devuelvo.
- Sin problema, pasa a la cocina y vemos que necesitáis.
- Necesito, yo solo, este finde me han abandonado. Anoche me quedé estudiando y necesito algo para despejarme. Así que lo que tengas a mano me vendrá bien.
- Tienes suerte, normalmente lo tomo soluble pero desde hace unos días tengo café de verdad. Pero necesitas cafetera y no sé si tenéis.
- Tenemos de todo. Nuestras madres nos han provisto bien.
- De todas formas lo estaba preparando. Te puedes tomar una taza conmigo y así ya lo llevas dentro. Si no tienes mucho que estudiar claro.
Sonreí mirando sus formas perfectas y dejando que se diera cuenta de cómo admiraba su cuerpo. Él también recorría el mío con sus ojos azul claro.
- Sería estupendo. Y llevo chapando semanas, lo llevo todo al día. Puedo tomarme un rato de relax. O dos si es en buena compañía.
Me devolvió la sonrisa con sus dientes perfectos. He de admitir que eso del relax me sonó a gloria. Lo llevé hasta la cocina donde estaba preparando mi desayuno. Como no parecía estar molesto por lo breve de mi atuendo no me puse nada más encima.
- Siéntate, eres mi invitado. ¿Como lo tomas?
- Con leche y azúcar, por favor.
A punto estuve de ofrecerle mi leche en ese mismo momento. Pero me pareció muy pronto para eso. Así que le puse una taza, la leche y azúcar delante para que se lo pusiera a su gusto y un pastel de crema. Como buen goloso siempre tenía algo de bollería a mano.
- Así que también te gusta el dulce. Ya somos dos. En esta casa nunca falta.
- Cierto, me encantan las cosas dulces.
Él resultó ser tan goloso como yo. Verle disfrutar del bollito ya fue una satisfacción. Su sonrisa y los mofletes masticando lo decían todo.
- Veo que estás muy cómodo en tu casa. Solo con ese bóxer tan bonito.
- Y no me has pillado en bolas de milagro. Me puedo poner algo más si te incómoda o te puedes quitar la camiseta tú para estar más parejos. Lo que prefieras.
Se limitó a tirar la camiseta sobre el respaldo de una silla.
- ¡Joder!. ¡estás buenísimo!.
Me salió de golpe, sin pensar. Al verlo, así con el torso al aire, no me pude callar.
- Tú no estás nada mal y lo estoy viendo casi todo. Eso que llevas no tapa y marca.
- Si quieres puedo enseñarlo todo. Ya no sería nada a estas alturas. Y ese pantalón que llevas parece pintado sobre tu cadera por cierto.
- Pues por mí no te cortes, con este calor a mi también me gustaría estar desnudo.
Empecé a bajar el bóxer despacio descubriendo mi pubis depilado y la raíz de la polla despacio. Como en un espejo él me imitaba. La lycra de su pantalón de deporte me iba dejando ver más de su piel según se lo quitaba.
Con cada centímetro de epidermis que quedaba al aire me parecía más bello. Por fin las dos pollas algo más que morcillonas salieron al descubierto. Tiramos las dos prendas encima de su camiseta en el respaldo de una silla.
- ¿Nos terminamos el desayuno?.
- Si, claro, yo tengo hambre.
A pesar de la calentura y sensualidad que había en la habitación no teníamos prisa. Volvimos a sentarnos a la mesa, lado a lado, pero mirándonos a los ojos con concentración. Por no mirar a las pollas desde luego.
Su expresión era de pura lascivia, creo que igual que la mía. Cuando sacó la lengua para lamer la crema de un pastelillo ya no pude esperar más. Dejé caer una mano con suavidad sobre su muslo.
Los dedos por la cara interna subiendo despacio hacia su polla. Viendo que habíamos dejado de disimular se inclinó hacia mí buscando mis labios. Su beso empezó siendo suave. Cogiendo mi labio inferior entre los suyos.
Yo le di mi lengua y mi saliva. El beso se fue haciendo cada vez más lascivo. En ese momento noté su mano acariciando mi pecho y pellizcando mis pezones con suavidad, con lo que eso me excita.
Debió notarlo por el jadeo que solté. Así que para ponerme aún más cachondo se inclinó a lamerlos. Para entonces yo ya tenía en la mano su rabo que se había puesto bien duro. Y acariciaba sus suaves y pelados huevos.
- Mejor vamos a la cama. Será más cómodo.
Me levanté y durante el segundo que le dí la espalda para dirigirme a mi dormitorio aprovechó para besar una de mis nalgas. Como aún estaba sentado le fue fácil.
- ¿Tantas ganas tienes?. Estas muy cachondo.
- Creo que como tú. Llevas un buen rato con la polla apuntando al techo. ¿Hacia mucho que no follabas?
- Seguro que más que tú. Tienes muy buena compañía en el piso.
- No están mal, y nos divertimos pero hoy quería probar algo diferente.
Se pegó a mi espalda poniendo su polla entre mis nalgas y me abrazó por la cintura rodeando cuerpo.
- ¿El café?.
- Mejor la leche. La que guardas aquí.
Rodeó el tronco de mi rabo con sus dedos finos y largos. La acarició un par de veces antes de levantarse y venir detrás de mí. No perdía de vista mi culo, seguro que pensaba en follármelo.
Junto al lecho nos abrazamos buscando la boca del otro. Cruzábamos las lenguas fuera de las bocas. Besaba de miedo, como queriendo saborear toda mi boca, chupando la sin hueso. Dejando caer nuestras salivas hasta los pechos de ambos.
Aprovechando esto se inclinó de pronto a lamer la piel de mi torso. Buscaba mis pezones que se metió entre los labios. Es algo que me encanta, los tengo muy sensibles y jadeaba, ya sin control.
- ¡Sigue! Lame toda mi piel.
Yo alcanzaba a acariciar su espalda torneada, el cuello y los hombros. Levantó mis brazos solo con un gesto y pasó la lengua por mis depiladas, suaves y muy sensibles axilas. Ese chico sabía como excitarme.
Le dejé hacer por supuesto Me estaba poniendo a mil. Siguió lamiendo mi vientre, metió la húmeda en el ombligo y un rato más tarde estaba besando el pubis y la raíz de la polla. Ésta
durísima apuntaba directamente al frente.
Pasó de largo y se metió mis huevos en la boca. Antes de seguir me empujó a la cama para estar más cómodos y que yo pudiera también acariciarlo. Mejor todavía él pensaba en un sesenta y nueve. Así que dejó su bonito y depilado rabo al alcance de mis labios y lengua.
Además agarré con fuerza sus nalgas. Las separé para poder acariciar el ano. No podía gemir pues para entonces ya tenía mi verga en la boca y viceversa evidentemente.
Ya no paramos hasta corrernos en la boca del otro. En vez de tragar su lefa la guardé en la boca para dársela en un nuevo beso. A él se le había ocurrido la misma idea. Y un segundo más tarde nos vimos cruzando las lenguas con nuestro semen en ellas.
Ese chico es tan guarro y morboso como yo.
- Como todos en tu piso sean como tú os lo pasasteis de miedo.
- Más o menos sí.
Mientras habíamos estado comiéndonos los rabos no habíamos dejado de jugar con el culo del otro. Para cuando me corrí ya tenía dos dedos abriendo su ano. No me fue muy difícil. Ya lo tenía bien trabajado.
El mío a esas alturas también se abría bien y él lo aprovechaba para hurgar en mi interior. Con todo ese tratamiento mientras nos besábamos las pollas se estaban volviendo a poner duras.
- ¡Fóllame!
Me dijo. Y no pensaba llevarle la contraria aunque también deseaba su rabo en mi interior. Quería ver su cara de vicio mientras le penetraba. Así que le puse en el borde de la cama. Y yo de pie frente a él.
Apoyó las piernas en mi pecho, bien abiertas. Él sabía lo que yo estaba buscando. Mantuvo las nalgas separadas con sus manos mientras mi glande se iba abriendo paso en su interior.
Tenía sus pies a los lados de la cabeza y aproveché para besarlos y lamerlos. Mientras me movía despacio pero firme, sujetando sus muslos con las manos. Hasta meterla entera en el caliente horno que era su duro culito.
Le miraba a los ojos disfrutando de su cara de morbo a la vez que él estaba viendo la mía. Tardé un rato en correrme pero no quería sacar la polla de allí por nada en el mundo.
Al final la cosa se fue final y terminó por door sola de tan caliente agujero. Después de una limpieza rápida volvimos a la cama aún con ganas. Su rabo seguía duro como el hierro.
- ¡Cabálgame!
Era una opción que me gusta bastante así que no puse objeciones. Me subí sobre su cadera. Dejé caer un buen chorro del lubricante que siempre tengo a mano sobre su glande. Fue resbalando por el tronco hasta llegar a sus huevos.
- Suave, por favor.
- Desde luego.
Él mismo sujetaba su polla en posición vertical para acertar con mi ano a la primera. Bajando despacio hasta que mis nalgas se asentaron en sus muslos. Me apoyaba en su pecho y aprovechaba para pellizcar sus pezones con suavidad.
Ver su cara de vicio y por sus gemidos me evitaban todavía más de lo que ya estaba. Empecé a moverme despacio. Subir y bajar sin prisa. Quería disfrutar de la sensación de tenerlo dentro.
Ya no paré hasta que se corrió en mi interior. Aprovechando que habíamos pasado por el baño y que estábamos limpios por dentro y por fuera, tiró de mi cuerpo hasta ponerme encina de su cabeza.
Se puso a lamer la lefa que salía de mi ano en un fantástico beso negro. Yo era el que suspiraba al notar su lengua recorriéndome desde el ano a los huevos sin descanso.
Al fin caí rendido a su lado en mi colchón. Sonriendo como bobos nos mirábamos a los ojos y vivimos a besarnos.
- Tío ha sido genial.
- Fantástico. Follas cómo los ángeles. Tierno y morboso.
- Tendría que volver a estudiar un rato. Se me ha pasado la mañana.
- Si quieres quedarte a comer, puedes.
- Mejor que no o volveríamos a engancharnos. Pero puedes estar seguro que quiero repetir.
- Pues cuando tengas ganas solo tienes que cruzar el pasillo. Y si quieres invitar a alguno de tus compañeros estaría bien.
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martes, 22 de noviembre de 2022
Topicazos, cheerleader
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Después de clase de penal tenía que ir a los ensayos para el partido del sábado. La verdad es que con el calor que hacía lo último que me apetecía era ponerme a dar saltitos y brincos al ritmo de la música.
Si no queda claro soy animadora, cheerleader, porrista, bastonera, etc. Menos mal que el uniforme se había reducido mucho desde que mi madre hacía lo mismo en la misma universidad a principios de los sesenta.
Ella me había enseñado su uniforme tanto en fotos, como las prendas que aún conservaba en el desván. Llevaba una falda por debajo de las rodillas y un jersey que aunque ajustado marcando la forma que sus bonitas tetas tenían en esa época, le cubría hasta el cuello y las muñecas.
Estoy segura de que aún podría ponérselo y le quedaría estupendo, es más se pondría el mío y lo luciria tan bien como yo. Se conserva de maravilla.
En el mío en cambio la falda se había acortado hasta muy poco por debajo de las nalgas. Y al llegar la primavera calurosa de Florida nos poníamos la fina camiseta de tirantes con un buen escote para lucir la pechuga.
Además de ser corta por debajo, por donde se nos vería el vientre y el ombligo. En realidad se parecía más a un sujetador deportivo que a una camiseta, eso sí con el emblema del equipo bien visible entre las tetas.
Así animabamos a los muchachos a jugar mejor luciendo nuestros bonitos cuerpos como una promesa de goce sexual si alcanzaban el triunfo. E incluso parecía funcionar. Aquellos calentorros nos miraban babeando por poder tocarnos y daban lo mejor de sí en cada jugada.
A veces ganaban y otras perdían, pero creo que eso era lo de menos mientras la cerveza fresca corriera abundante por las gradas.
Bueno, a lo que iba. A mí personalmente me interesaban más mis compañeras que los chulitos forzudos que corrían por el campo.
Pero aunque en los ochenta del siglo pasado la homosexualidad se veía más normal que en tiempos de mi madre, que también se había cómido más de un xoxito en su época, yo aún no había salido del armario.
Llegaba tarde al entrenamiento, me había quedado charlando con una guapa profesora de derecho mercantil después de clase. Toda una milf ataviada con una falda de tubo ajustada a su cadera y una blusa blanca que trasparentaba parte de su lencería.
Pero a pesar de que el tonteo era evidente no me quedó más remedio que dejarla al ver la hora y echar a correr. El caso es que tuve que darme prisa, meterme en los vestuarios sin entretenerme más y cambiarme. Ya estaba a solas pues mis compañeras habían salido al césped practicando las cabriolas.
Me quité el short y la camiseta, el tanga y el sujetador. Por entonces los tangas aún no eran una prenda de uso muy común. En realidad era algo bastante nuevo en la moda, pero yo me encontraba en una etapa de experimentación.
Lo había visto en una película erótica en vhs y no paré hasta encontrarlo en una tienda de mercería. Había comprado media docena.
También me había fijado en como la protagonista llevaba el vello del xoxito recortado y me había afeitado los lados de los labios y dejado solo un triangulito de pelo por encima. Lo suficiente para que no saliera nada por los bordes de la prenda que pensaba usar.
Saqué de la bolsa la minifalda y la camiseta del uniforme y ahí me di cuenta de que había olvidado la lencería que usaba habitualmente bajo el puti-forme. Había olvidado meterla en la bolsa de deporte después de hacer la colada. Un sujetador deportivo y unas bragas grandes o un cullotte para que no se nos viera nada en las piruetas.
A la mierda, pensé, no es más que un ensayo y ni siquiera están los chicos para babear y decirnos burradas. Así que volví a ponerme el reducido tanguita que era lo único que tenía a mano. Pasé del sujetador que en realidad no necesito, pues mi figura es más bien delgada y fibrada y mis tetas pequeñas y duras.
Salí corriendo al campo bajo la mirada reprobadora de la capitana que sinceramente me importaba una mierda. La habían elegido más por su carácter rígido y desagradable, por su figura voluptuosa y su buen par de tetas, que por sus cualidades atléticas.
Por llegar tarde me pusieron a bailar con la más... nueva. Pensabais que iba a decir la más fea ¡Eh!. Pero ninguna es fea. Una hermosa colección de chicas sexis que llevábamos esos pequeños uniformes.
Shannon, la nueva es una dulce y bella pelirroja pecosa que ha sido animadora durante todo el instituto. Así que ya tenía mucha experiencia y lo hacía tan bien como cualquiera de nosotras.
Pero por ser la más reciente incorporación y a mí por haber llegado tarde y por no aguantar el genio de la capitana era poco probable que nos dejaran actuar ese sábado.
Tampoco es que fuera un gran desengaño. Me hacía más ilusión prácticar esa tarde con la pelirroja. Nos apartamos un poco de las demás que estaban realizando una coreografía de grupo. Nosotras estábamos con una de parejas. La cogí de la mano y la llevé un poco más lejos todavía. Quería mantener algo de intimidad.
Sinceramente me había olvidado de que bajo la falda solo llevaba un tanga muy pequeñito. Así que la primera vez que apoyé las manos en el suelo e hice una pirueta levantando los pies hizo efecto la ley de la gravedad. La falda cayó alrededor de mi vientre.
En resumen puse el culo desnudo justo ante la bonita cara de mi compañera, mientras ella sujetaba mis tobillos. Las piernas estaban algo abiertas y el pubis situado bajo su barbilla.
Podía habérselo tomado a mal, pero cuando me levanté y quedé frente a ella lo único que ví fueron las pequitas que cubrían su pecho casi hasta el nacimiento de las tetas y su precioso rostro en el que sólo había una sonrisa pícara.
- Es bonito lo que he visto. ¿Qué es?.
- Mi culo.
- Eso es precioso. Pero me refería a lo que llevas puesto.
- ¿Te ha gustado?.
Le pregunté con doble sentido.
- Las dos cosas. Pero sigues sin responder.
- Se llama tanga y lo vi en una peli.
- ¿Pero qué tipo de películas ves tú?.
- Las más picantes que pillo y puedo. Pero me da que a tí también te han llamado la atención.
- No soy de piedra.
- En absoluto. De preciosa carne, nena. ¿Quieres probarte uno?.
- ¿Tienes más?. Creo que sí. Me gustaría ver como me queda.
- Con tu cuerpo y esas nalgas, fantástico. Y a mí también me gustaría verlo. Tengo más en mi cuarto de la fraternidad.
Seguíamos practicando los bailes y las posturas. Y yo no perdía la ocasión de enseñarle todo lo que tenía bajo la minifalda. O de pegar mis tetas sin sujetador a su firme cuerpo.
Shannon también empezó a animarse y a ponerme el culo y el pubis frente a la cara en cuanto el baile lo permitía. Aunque sus bragas eran mucho más grandes y solo me dejaban vislumbrar la preciosa forma de los labios y de las nalgas. Bueno y ver que ya las tenía mojadas.
Al poco tiempo empezaba a dejar mis manos en sus pechos o en su culo más tiempo sin que eso la molestara. Ella también aprovechaba para sobarme, tímidamente al principio, lo que me encendía.
En un momento dado siguiendo el ritmo de la música puso las manos en mis tetas. Yo tenía los pezones como pulidos guijarros de río y desde luego lo notó.
- Tampoco llevas suje.
- No, se me olvidó toda la lencería en la secadora. Así que llevo todo lo que tenía en la bolsa.
Las faldas eran tan cortas que en cierto momento apoyé mis desnudas nalgas en sus muslos que tampoco tapaba nada en ese momento. Tenía la falda recogida en su cadera. Aproveché para frotarme desde luego. Y ella no lo rechazó en absoluto.
Recibía mis avances con placer e iniciaba los suyos al poco rato. Cogió una de mis manos y la llevó directamente a una de sus duras y perfectas, pétreas peras. Teníamos que ser discretas pues las compañeras aún estaban por allí. Pero eso le añadía algo más de morbo al juego.
Un momento más tarde pude incluso sujetar los dos pezones entre el índice y el pulgar durante unos segundos. En ese momento Shannon tenía apoyada la espalda en mi pecho y mirábamos hacia el lado contrario al resto del grupo.
Ya le tenía cogidas las tetas así que el húmedo beso que le di en cuello no le sorprendió. Y no lo rechazó en absoluto. Apoyé la cadera en su duro culo y apreté mi cuerpo contra el suyo. Ella cogió mis manos y cerró aún más el abrazo, con más fuerza.
En la siguiente vuelta era Shannon la que estaba a mi espalda. Como hacía un rato ya me había sobado las tetas ahora aprovechó para levantar mi falda y deslizar un dedo por el suave tejido del tanga.
- ¡Estas mojada!
- Por supuesto, me has puesto muy cachonda.
Pasó la lengua por mi cuello, humedeciendo mi piel y provocándome un escalofrío. Me clavó las duras tetas en la espalda, pegada a mí como con cola.
- Tú también me has calentado a tope. ¿Me invitas tu habitación?.
- No te voy a dejar escapar. Pero mañana tenemos clase.
Entre tanto el resto de las compañeras estaban terminando su entrenamiento y recogían sus toallas y el equipo de música. Tuvimos que separarnos para no escandalizar, aunque pensaba que la única que podría tener esa reacción sería la capitana. Las demás lo asumirían o incluso lo compartían.
Así que pusimos unas pulgadas entre las dos mientras las compañeras se encaminaban hacia los vestuarios. Entre tanto me dediqué a pensar donde podía tener un rato de intimidad y de promesas con ella.
Un sitio más discreto que en medio del césped del estadio donde podían vernos desde las gradas. Eso fue lo que me dio la idea. Ya había oído a los jugadores que si conseguían alguna chica la llevaban debajo de los asientos del estadio. Más de una había quedado preñada en una de esas excursiones.
Por fin las perdimos de vista aunque alguna giró la cabeza con algo de entre curiosidad, morbo y envidia en su mirada. De inmediato apagué la música, la cogí de la mano y la llevé hacia el andamio que sostenía los bancos de los espectadores.
Nunca había acompañado a ninguno de los jugadores, así que no conocía las condiciones del sitio. Enseguida me di cuenta de mi error. Aquello estaba lleno de condones usados y otras inmundicias. No sabía que tipo de chica con tan baja autoestima se dejaría follar en un lugar así.
Desde luego no lo haría allí con Shannon, mi pelirroja, ni borracha. From lost to the river. A la mierda el madrugón. Sin soltar su manita la conduje al aparcamiento previa visita muy rápida y discreta a los vestuarios a recoger las mochilas con nuestra ropa.
Esquivando el interés de las rezagadas, que probablemente lo hacían adrede para dedicarse a los mismos juegos que yo estaba buscando, conseguimos salir del estadio. Aunque si pudimos echarles un vistazo rápido a ellas y a sus diferentes estados de desnudez.
No quería ni que se duchara, ni se cambiara. Me daba cierto morbo hacerle el amor con el uniforme y quitárselo yo. Sería una de mis fantasías, ¿por eso yo misma me hice animadora?. No estudio psicología y no podía responder a eso.
Sin más incidentes alcanzamos mi VW Rabbit de última mano. Era regalo de mi hermano que pocos años antes había sido uno de esos cachas que correteaban por ese mismo césped. Pero que esa tarde-noche me iba a prestar un servicio heroico.
- ¿Donde me llevas?
- Podemos buscar un sitio tranquilo para aparcar o nos vamos a la fraternidad. Tú eliges.
- Quiero que sea algo especial. Mejor en una cama.
Impaciente ya por tanta dilación arranqué el coche y creo que batí mi propio récord en ese trayecto que conocía bien. Aún así ninguna de las dos podíamos estarnos quietas y deslizabamos las manos muslos arriba de la otra.
Shannon, metió la mano bajo mi corta falda e hizo a un lado la escasa tela de mi tanga. Por fin pudo apreciar la suavidad de mi pubis bien depilado. Cuando yo intentaba llegar al suyo la amplitud de su braga me impedía alcanzar el ansiado tesoro con comodidad.
- Estoy deseando comérterlo, así suave y sin vello, tiene que ser delicioso. Espera un segundo.
Y sin decir más, se limitó a bajar la prenda por sus largos y blancos muslos hasta sacarla por los pies aún calzados con las deportivas del ensayo. Se la dejó olvidada bajo el asiento y yo tuve que recuperarla antes del fin de semana. Me encantaba esa mezcla de inocencia y perversión que demostraba por momentos.
Sentada a mi lado separó las piernas y levantó la falda casi hasta la cadera, provocándome. Deslicé la mano por la cara interna de su muslo subiendo hacia su coñito.
Tuve que buscar los labios de entre la mata de pelo rojo que lo adornaba. Ella solo se afeitaba la línea del bikini, detalle que había podido apreciar duarte las cabriolas del ensayo.
La única forma de que alguien pudiera ver a lo que nos estábamos dedicando sería parar en algún semáforo al lado de una pick up. Pero ya tenía yo buen cuidado de evitarlas y a sus conductores paletos.
En el momento en que alcancé su clítoris ella empezó a gemir y suspirar con una locomotora de vapor del viejo oeste. Con el calor reinante y un viejo Rabbiit sin aire acondicionado llevábamos las ventanillas bajadas y empecé a temer que alguien la oyera, o que me oyeran a mí.
- Sigue, no pares.
Sus dedos juguetones consiguieron que me corriera antes de llegar a la casa de la fraternidad y el trayecto no era muy largo. Si era capaz de eso en el asiento viejo de un coche y sin quitarme el tanga, estaba deseando comprobar lo que podía hacer en una cama.
Las de primero venían fuerte este año. Al menos cuando yo estaba en ese curso me había dejado seducir.
Por fin aparqué en mi plaza. La veteranía y haber sido amante de la anterior presidenta me había dado ciertos privilegios, como un cuarto para mi sola y un sitio donde aparcar. Claro que en ese momento me importaba una mierda si todas las chicas de la casa se hubieran puesto a mirarnos, tan cachonda iba.
La conduje a mi habitación sin cruzarnos más que con una de las chicas, que ataviada únicamente con un reducido camisón bajaba a la cocina. No tenía muy claro por qué se había puesto el camisón pues habitualmente andaba por la casa sólo con las bragas.
Una vez cerrada la puerta me lancé a por su boca que estaba deseando devorar a gusto. Durante el ensayo los besos habían sido, fugaces, suaves y sobre todo, muy discretos. Ella también debía desearlo pues enseguida noté su lengua, dentro de mi boca, buscando mi campanilla.
Mientras jugábamos con las sin hueso ya en una boca ya en la otra mis manos recorrían la piel suave de su cintura entre la falda y el top. Una subiendo en busca de sus pechos una o dos tallas más grandes que las mías. Pronto me hice con uno de sus pezones retorciéndolo con suavidad entre dos dedos. Solo me limité a subir su ropa.
Acariciaba la cara interna de su muslo subiendo despacio la falda. La humedad corría por su piel y pronto la yema de mis dedos se mojaron con sus jugos. Como sus bragas se habían quedado en mi coche enseguida llegué a rozar los labios de su vulva.
Ella también investigaba por debajo de mis prendas. Pellizcó con suavidad uno de mis pezones mientras la otra mano ya estaba apartando el tanga. No dejábamos de comernos la boca con ansia, con verdadera hambre.
Un segundo más tarde me estaba sacando el top por encima de la cabeza. Con mis brazos levantados se inclinó a lamer mi torso, las axilas y al fin las tetas y chupar mis pezones. Su lengua me provocaba escalofríos que recorrían mi columna haciéndome jadear.
- Déjate el tanga.
La falda cayó al suelo un momento después. Se apartó un poco de mí para verme ataviada solo con el tanga y las zapatillas. Parecía que le gustaba el espectáculo, su cara tenía una expresión de lujuria que nunca le había visto.
Me empujó a la cama para descalzarme y empezar a lamer mis pies y chupar los dedos. Había dado con uno de mis puntos débiles y allí me tenía espatarrada en mi cama y jadeando. Empezó a subir lamiendo la piel de mis piernas, la cara interna de la muslos.
- Eres preciosa.
Llegó a mi xoxito que empezó a besar sin siquiera apartar el tanga. Si que le había dado morbo la prenda. Yo tiré de su top y su sujetador deportivo, me parecía lasciva solo con la minifalda plisada.
- Me voy a correr solo con mirarte. q
Estaba haciendo un trabajo genial en mi coñito proporcionándome un orgasmo tras otro y haciéndome gemir y jadear. Y eso solo con apartar el pequeño trozo de tela que lo cubría a un lado.
Empezó a empujar mis muslos hacia arriba. Veía a donde quería llegar y estaba deseando dárselo. Así la húmeda pasó por el perineo camino del ano. En esa postura mis nalgas se separaban solas y le ofrecían el cerrado agujerito a su ávida lengua.
- Tienes un culo espectacular. Ya sé por que te queda tan bien esta cosa.
La pelirroja me estaba haciendo disfrutar como pocas chicas lo habían conseguido antes que ella, y ningún hombre. Era una máquina de follar. Estaba deseando devolverle todos esos favores.
Yo la puse a cuatro patas y tiré la tela de su falda por encima del culo a su espalda. Le hice separar las rodillas todo lo que pude. Toda su preciosa grupa ofrecida a mi lengua y mis caricias.
- No te voy a quitar la mini.
Empecé besando las plantas de sus pies, pensabais que iba a ir directa a por su xixi, pero favor con favor se paga. Tenía cosquillas pero lo estaba disfrutando. Creo que nunca he besado una piel tan suave como la de la parte trasera de sus muslos, camino de su blanco y duro culo.
Estaba deliciosa. Sus jugos me sabían a gloria cuando por fin los probé de su fuente. Sus jadeos llenaron la habitación cuando clavé la lengua en su ano. Se estaba corriendo como una fuente y lo estaba consiguiendo yo. Sin dejar de lamer su culo la fui penetrándo con dos dedos.
Sin sacarlos de su vulva y follarla con el índice y el medio subí lamiendo su torneada espalda, la nuca y buscaba sus labios con su sabor en los míos. Ahogaba sus gemidos con mis besos. Mi lengua recorría sus dientes y hasta el paladar, cruzándose con su lengua en el camino y jugando con ella.
Terminamos derrumbadas en el colchón, jadeando y contentas de habernos encontrado.
- ¿Te quedas a dormir?.
- Si me invitas, claro.
Las dos teníamos clase al día siguiente así que ya no podíamos entretenernos mucho más. Pero estaba impaciente por que llegara el fin de semana y encerrarnos en ese mismo cuarto de la fraternidad.
Allí nadie se sorprendería por mí invitada. La mayoría por que también participaba en mayor o menor grado de nuestros gustos.
.....
lunes, 21 de noviembre de 2022
Intercambio para aprender lenguas
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Intercambio
Una joven viaja a Inglaterra en viaje de estudios. Se va a hospedar en una casa familiar. Tras cumplir los diez y ocho años sus padres le permiten viajar sola al extrajero.
La reciben cuatro incestuosos miembros de una familia de nudistas que empiezan disimulando pero que terminan todos juntos follando.
Me vinieron a recoger al aeropuerto con un enorme cartel y cuatro deliciosas sonrisas, ademas de un enorme abrigo por si yo no había tenido esa precaución. Sus detalles me alagaron y me hicieron sentir cómoda y bien acogida.
Nevaba fuera de la terminal pero en el trayecto en coche hasta su casa me hicieron sentir como si estuviera en mi propia casa. Una familia algo lejana pero al fin y al cabo gente que me apreciaba.
Loren era mi amiga de intercambio habíamos hablado por mail, Skype y wassup. En verano estaba previsto que ella viniera a mi casa a pasar unos días.
Nos habíamos intercambiado fotos, visto por la cámara y ya conocía su aspecto y el de su familia así como ellos ya me habían visto a mí y a mi gente. Todos vestidos por supuesto.
Loren, rubia con una carita dulce, de no haber roto un plato en su vida, y un cuerpo precioso y delgado que hasta ese día casi solo conocía por un par de fotos en bikini que me había mandado.
Vale, seré sincera. Más de una vez cuando chateábamos a solas nos habíamos puesto cachondas. Habíamos tenido algo de cibersexo y nos habíamos confiado que ambas somos bisexuales. Nunca me confió lo que iba a encontrar al llegar a su casa, pero sabía que yo me lo iba a tomar bien.
Sus padres Karen y Mark son un par de atractivos cuarentones. Por lo que había visto por lar fotos y cuando estaban sin los abrigos en el aeropuerto y en las fotos. parecía que se cuidaban. Tenían buenos cuerpos.
El que me impresionó en vivo fue el hermano mayor, Josh que en las fotos que había recibido parecía un tirillas. Desde que Loren se las habían hecho había empezado con el rugby y se había puesto mazas. Un tiarrón con buenos músculos. La cabrona me lo había ocultado como una bonita sorpresa.
Durante el trayecto realizaron un verdadero interrogatorio al que yo respondida como buenamente podía en mi mal inglés de instituto terminado. Y sin dejar de hablar me contaban cosas de ellos y de su pequeño pueblo de Essex.
La vivienda era un unifamiliar de los que se estilan en toda Inglaterra pero el suyo parecía reformado. Con mis escasos conocimientos de arquitectura me di cuenta de que estaba muy reforzado el aislamiento y las ventanas.
De tal forma que sin que se derritiera la nieve en el tejado en el interior la temperatura rondaba unos cómodos treinta grados. Y algo increíble, para ser Inglaterra, tenían duchas, planas, en las que habrían cabido media docena de personas cómodamente.
Ellos se despojaron sin complejos de buena parte de su ropa y a mi no me quedó mas remedio que quedarme con mi camiseta interior y el sujetador despojándome del jersey y con los vaqueros si no quería morir asfixiada.
Mi amiga se fue a su habitación y volvió con lo que parecía un ligero pijama de verano, un short y una camiseta de tirantes de raso que le sentaba de maravilla. Parecía hecho arde para ella y su cuerpo delgado.
El de su madre era un camisón, pero muy parecido en la tela y el corte y desde luego no demasiado largo. Le sentaba estupendamente, sus largos muslos saliendo de esa corta prenda eran todo un espectáculo.
Y los pijamas de ambas parecían recién estrenados en mi honor. Como si los hubieran sacado de la caja esa misma mañana. Hasta conservaban algún doblez de haber estado guardados.
Ellos volvieron con cortos pantalones de deporte y ligeras camisetas. Todavía no sé como conseguí cerrar la boca al ver la musculatura que se gastaba el hermanito y ni un gramo de grasa por ninguna parte. Para mi asombro el cuerpo del padre era muy parecido. Fibrado y con músculos bien definidos. Y hasta algún discreto tattoo.
Aquella gente me parecía que no tenia demasiados complejos. Pero donde fueres haz lo que vieres. Toda la ropa que había traído era de invierno, de abrigo. Mis pijamas, bueno si intentara estar un rato con ellos puestos allí me asfixiaría.
Cuando Loren me acompañó al cuarto que íbamos a compartir, según subíamos por la escalera, para llevar mi maleta, le conté mi problema.
- Nena. (baby) Tengo un problema. Todo lo que he traído es de abrigo. Me voy a asar.
- Tranqui. Ya te prestaré algo, o puedes quitarte más cosas. A nadie le va a extrañar.
Bueno, quería quedarme a solas con ella para poder comentar algunas de esas cosas más relajadas. Pero lo primero que salió de mi boca y en castellano fue:
- ¡Tía! ¡Que buenorro se ha puesto tu hermano!
Ella se echo a reír y me confirmó que no era la única de sus amigas que mojaba las bragas por el.
- Pues ponte a la cola por que todas mis amigas están deseando pasarlo por la piedra.
- Alguna ventaja tendré estando en tu casa.
Me miró con una expresión misteriosa y lasciva a la vez.
- Tienes todas las ventajas, cariño.
Para solucionar mis problemas de vestuario me ofreció sus cajones que comparándolos con los míos me parecieron extrañamente desprovistos de lencería y ropa de andar por casa. De hecho algunas de las prendas aún conservaban las etiquetas.
Pero como además yo le sacaba más de diez centímetros lo que me probé me quedaba literalmente como el culo que quedaba casi por entero al aire. A mi lado ella parecía una muñequita, sexi y adorable eso si.
En principio iba a dormir con ella. Su cama daba para dos plazas y mi idea desde que la había visto desnuda por la cámara era no dormir mucho precisamente.
Para empezar y estando a solas con ella en su cuarto me libré de los vaqueros que empezaban a picarme en los muslos. Ella se quedó admirando mi tanga el mejor y mas caro de los míos, de encaje trasparente y muy sexi. Ella en perfecto ingles me lo alabó con lo que me pareció cierta mirada de deseo.
- Es una prenda preciosa. Te habrá costado una pasta.
Se lo ofrecí cuando lo laváramos.
- Puedes usar mi lencería cuando quieras. Creo que he traído como para un ejército.
Me dijo también:
- Al jugador de rugby le va a encantar verte solo con eso.
Lo dijo como si fuera algo que iba a pasar seguro. Pero mientras tanto yo seguía en tanga y una camiseta mínima de tirantes, térmica eso si. Para solucionarlo le pidió a su hermano alguna de las camisetas de entrenamiento.
Como él me sacaba una cabeza, a mí me llegaría a medio muslo. Podría usarla de ropa de casa y camisón a la vez hasta que pudiéramos ir de compras. La diferencia de altura entre los hermanos era algo increíble.
Me dejé el sujetador puesto, lo que ni Loren ni su madre habían hecho. Sus pezones se marcaban en el fino raso como si no llevaran nada. Todas las camisetas de su hermano que me había traído eran de tirantes aduciendo que en invierno eran las que él no usaba.
No me haría falta nada más abrigado. Como Josh era mucho más grande, de alto y de ancho, que yo por la sisa y el escote se me habrían visto las tetas al completo. Cosa que les habría encantado a todos, pero no adelantemos acontecimientos.
También me cambié las bragas sustituyendo el tanga por un culote algo mas amplio. Puede que el hermano me hiciera humedecerlo mientras cenábamos. Y al paso que iban las cosas no solo Josh.
Los roces y la confianza entre ellos eran constantes. Tanto así que cuando su padre abrazó a Karen levantó su camisón dejándonos ver a todos que sus bragas habían quedado olvidadas en alguna parte. Lucía un firme y bien formado culo desnudo del todo.
No me había fijado cuando se las había quitado supongo que estando juntas con Loren en su cuarto buscando ropa. Ahora que lo pensaba en realidad nunca supe si las había tenido puestas en algún momento.
Lo que sí me llamó la atención del cuarto de los padres era la enorme cama en la que habría podido dormir un regimiento. Cuanto menos que la familia al completo mas alguna invitada despistada. O invitado viendo la familiaridad con que se trataban padre e hijo. Pero parece que insisto en adelantarme, retomaré el hilo.
Como todo el rato hasta ese momento, la cena, contundente por cierto, discurrió entre risas, y bromas. En un ambiente de sensualidad que no me había esperado. Las bromas y chascarrillos de orden sexual fueron de lo que más abundó.
Admito que entré al trapo en mas de una ocasión con lo que conseguí no quedar como una mojigata. Pero eran de los que les das la mano y te cogen el brazo hasta el hombro. Así que consiguieron sacarme los colores con bastante frecuencia.
A mitad de cena ya tenía una mano de Josh en un muslo y otra de Loren en el otro acariciándome sin demasiado disimulo. Sabía que sus dedos se rozaban mientras las manos subían y bajaban por mi piel y a ellos no les importaba. Los hermanos sentados a mis lados se trataban con mucho cariño y a mí también.
Como me estaba gustando me limite a separar las piernas y dejar que siguieran. No sé cual de los dos alcanzó primero mi xoxito, a esas alturas empapado pero aún cubierto. Solté un gemido sin poder contenerme y aunque Karen y su marido se hicieron los despistados seguro que se dieron cuenta.
Enfrente de mí los padres se dedicaban el uno al otro parecidas atenciones. Antes del postre me padeció ver asomar más de una vez el glande duro de Mark por encima del borde de la mesa. Mientras se daban un morreo que habría cambiado de boca toda su saliva.
Karen meneando su impresionante pandero se levantó a por el pudding adornado con nata. Así que me esperaba nuevos avances viendo el ritmo que llevaba la noche.
Loren cogió algo de nata con un dedo y juguetona lo puso en mi boca. Mirando a sus preciosos ojos azules abrí la boca y chupé su dedo con lascivia. Como hubiera hecho con la polla de Josh, algo que ya estaba deseando.
Spoiler: Como se darán cuenta yo ya llevaba los deberes bien hechos. Tanto con chicas como con chicos. Lo que no me esperaba y nunca había hecho en realidad era un orgía nada más llegar. ¡Y con toda la familia! ¡además!.
Pero bueno: from lost to the river. Suponía que serían Loren o Josh los que intentaran ligarme por su cuenta antes de introducirme en todo el jaleo. Pero de uno en uno y desde luego no delante de sus padres.
Por supuesto siguieron adelante viendo que yo me tomaba bien sus avances. Si en algún momento yo me hubiera mostrado ofendida o enfadada ellos hubieran parado y me hubieran dejado tranquila. Pero a esas alturas estaba claro que yo estaba tan caliente como ellos.
Loren era ambidextra, pues mientras tenía un dedo en mi boca dándome bocaditos de nata otro de la otra mano ya había entrado bajo mi cullotte. Me estaba acariciando los labios de la vulva. Ante la excitada mirada de su hermanito.
Como no quería que este se sintiera desplazado fui yo la que lo atendí. dejé caer mi mano con suavidad sobre su pubis y efectivamente su polla bien dura ya estaba al aire esperando una caricia.
- ¿Por qué no te quita la camiseta?
Le di un tirón a sus pantalones para que se los quitara. Ya no creía que a nadie le importara verle con el culo al aire, culo pétreo y bien formado por cierto. Fue el primero en quedar desnudo del todo. En cuanto lo hizo volvió a sentarse aún más cerca de mí. Para entonces Loren y yo ya habíamos compartido nuestro primer beso y la primera saliva.
Bajé una mano a coger sus huevos bien depilados y suaves y acariciarlos con ternura. De vez en cuando miraba a Mark y Karen que se dedicaban a coger cucharaditas del pudding y pasarlas de una boca a la otra en sus besos.
Y mi abuela decía que con la comida no se juega. Probablemente si hubiera visto esto le hubiera dado un patatús. Pero a mí me gustó la idea. Cogí una cuchara y porciones pequeñitas del postre para compartirlas.
Primero a Josh que buscó el pudding en mi boca con su lengua dándome bien de saliva. Echó mano a mis pechos que su hermana ya había tenido la precaución de liberar abriendo el broche de mi sujetador con una mano.
Como era incómodo meter la mano entre el escote de la camiseta y el sujetador mal colocado. me saqué esos prenda por la sisa de la camiseta. Como ya pensaba los escotes dejaban ver mis pechos casi al completo. De lo que Josh y su linda hermana se aprovecharon de inmediato.
Pellizcaba mis pezones a la vez que Loren y yo compartíamos el postre de una boca a otra. Yo tampoco soy manca, una de mis manos en el rabo de Josh subiendo y bajando con suavidad y la otra entre los muslos de Loren.
Karen y Mark miraban nuestros juegos con grandes sonrisas y sin dejar de besarse y acariciarse.
El short suelto de su pijama no me ofrecía una gran barrera. Un segundo después ya estaba tocando su encharcado coño.
Lamiendo su orejita le pedí:
- Quítame el cullotte.
Se arrodilló a mi lado hasta que me sacó las bragas. Besando con suavidad mi costado y muslo mientras lo hacía. Giré la cabeza hacia Josh. Le lamí la oreja y le pedí:
- Quítale la camisola a Loren.
Estaba deseando ver a los dos actuar juntos. Con una sonrisa tiró de la poca tela por delante de mí. Ambos se inclinaron para besarse. Justo ante mi cara. Me uní al beso convirtiéndolo en uno a tres lenguas, mientras nuestras manos no dejaban de acariciar nuestras pieles.
El chico hubiera podido cogernos a la dos a la vez en brazos para llevarnos a la cama. Pero se contuvo mm sonrió que por que sabía que sus padres querían disfrutar del espectáculo. Y a mí no me importaba exhibirme.
Yo misma tiré de mi camiseta arrojándola a un rincón. Ya me había dado cuenta de que en esa casa la ropa sobraba. Un segundo que me había despistado y Mark le había sácado el camisón a su bella esposa y está le había librado de su camiseta.
Ellos aún sentados en sus sillas nos miraban complacidos y sonrientes y con enormes expresiones de lujuria. Pude confirmar lo bien que se conservaban, tenían unos cuerpos espectaculares.
Loren me dejó un momento con su hermano para acercarse a ellos y darles un buen morreo. Primero a su madre, luego al padre y cuando estaba en ello se unió Karen en un cruce de lenguas a tres bandas. Eso ya terminó de calentarme, si todo lo anterior no me tuviera ya como un horno.
Me colgué del cuello de toro de Josh para subirme sobre sus poderosos muslos. La durísima polla apretada entre nuestros vientres. Empezó a amasar con sus manazas mis pechos, sin olvidar pellizcar mis pezones con suavidad.
Admito que el chico me tenía atontada, aunque no por ello iba a dejar de probar el rabo de su padre o el coñito de de su bella madre. Hablando de ellos fue Mark el que se acercó a nosotros. Lo primero que hizo fue meterme la lengua hasta la garganta, para lo que abrí mi boca al máximo gustosa.
Sacó de mi boca toda la saliva que si hijo me había estado pasando en nuestros besos. Pero lo que me impactó fue que de inmediato hizo lo mismo con Josh, mientras este le agarraba la polla y se la masajeaba suave.
- ¿Quieres?
Me la ofreció. Como no quería ser mala invitada y estaba viendo por primera vez en mi vida a dos chicos actuando juntos estiré la mano y le acaricié los huevos.
Mientras mi amiga y su madre se entretenían solas me habían cedido a los dos hombres. Ahí fue cuando Josh me levantó sujetando mi culo y solo con la fuerza de sus muslos se puso de pie.
Rodeé su cintura con mis piernas mientras su padre se ponía a mi espalda. Noté unos dos poniendo lubricante en mi culito, creo que los de mi amiga pero con la húmeda de Josh en mi boca no estaba para investigar.
Me levantó un poco más, lo justo como para poner su glande entre los labios de mi vulva. Empezó a bajarme despacio penetrándome. A la vez notaba la polla de Mark empezando a abrirse camino en mi entrada posterior.
Colgada del cuello del jugador de rugby yo no podía moverme. Ellos me manejaban como una masajeaba de silicona. Me subían y bajaban a fuerza de brazos haciéndome notar mi primera doble penetración.
Solo jadeaba y gemía, disfrutando cada vez que Josh dejaba mi boca para darle lengua a su padre por encima de mi hombro. La saliva de ambos resbalando hasta mi piel.
Loren y Karen se pusieron a nuestro lado para prodigarnos caricias y besos. Cuando ambos se corrieron en mi interior yo ya había perdido la cuenta de mis propios orgasmos.
- ¿Te ha gustado el recibimiento?. Guarrilla.
- Uffff. Me ha encantado, pero prométeme que no vamos a parar.
- Solo cuando salgamos de casa para enseñarte la ciudad.
- Con todo esto el único inglés que voy a aprender aquí solo me va a valer para rodar porno.
Los cuatro recibieron mi salida con una carcajada general. Su madre intentando poner un poco de orden me cogió de la mano y me llevó a la ducha.
- Dejad descansar a la chica que la vais a desmontar.
En la ducha se dedicó a lavarme y mimarme. Desde luego sin dejar de besarme ni de acariciar todo mi cuerpo. Me dejó bien limpia por fuera y por dentro, lamió mis pies y las axilas. Me comió el culito como nadie había hecho antes, de bien digo, algún beso negro si que me habían hecho en mi ciudad.
Estaba segura de que mientras la bella madre me daba mimitos en una ducha en la otra los otros tres pervertidos no permitían que nadie se enfriase. Y seguían dedicados a sus juegos. Porque al llegar a la cama todos olíamos a limpio y a gel de ducha.
A la enorme cama del dormitorio principal, seguro que dormían todos juntos la mayoría de las noches. Pero yo tenía un capricho, al ver a los dos hombres besándose y cogiéndose las pollas sin complejos quería ver más de eso.
- ¿Podríais seguir vosotros solos? y nosotras mirar.
- Hay que hacerle caso a la invitada. Así que ya podéis poneros cariñosos.
Sentadas en la cama les hicimos corro. Ellos en medio empezaron muy suave, de rodillas, frente a frente, besándose con cariño. Poco a poco fueron sacando las lenguas y dejando caer saliva por sus barbillas.
Yo estaba a un extremo del corro, al lado de Loren. Muy excitada, pronto me di cuenta de que los dedos de Karen acariciaban el dulce xoxito de mi amiga. De vez en cuando giraba la cabeza y besaba sus húmedos labios con ternura.
Enfrente Josh había juntado su polla con la de su padre y cogido las dos con una mano pajeándolas juntas. Frotando una contra otra. Mark se fue agachando lamiendo el pecho de su hijo, mordisqueando sus pezones.
Bajaba besando el marcado vientre con una impresionante tableta de músculos hasta llegar al durísimo rabo. Chupó los huevos como caramelos, incluso se los metía en la boca. Lamía el tronco arriba y abajo hasta el glande.
Al poco lo tragaba hasta donde podía que con aquel garrote no era mucho. Ninguna pudimos hacerlo más que él, como pude comprobar más tarde. Loren se decidió a ayudarlos, trajo el lubricante que un rato antes le había aplicado a mi propio culito. Empezó a ponérselo al ano de su hermano.
Empezaba a estar claro quien iba a recibir y quien a dar. Josh poco a poco se fue tumbando de espaldas y levantando las piernas. Mark entre sus muslos acercó la polla al culito y lo fue penetrándo. Nosotras, calientes, los mirábamos sin querer perdernos nada del sensual espectáculo pero sin dejar de acariciarnos tampoco.
Me acerqué más para no perder detalle. Verlo todo en primer plano. Lo que me permitía además arrimar la boca al glande de mi musculoso objeto de deseo. Empecé a darle besos al glande de Josh mientras tenía la mirada en su culo bien abierto por la polla de su padre.
Estaba a cuatro patas para no perder detalle si que enseguida empecé a notar una lengua en mi propio ano y besos en mis nalgas. Madre e hija se habían lanzado de inmediato sobre mi grupa al verme así de ofrecida.
Era la primera noche allí y ya había disfrutado de más orgasmos que en los dos últimos meses juntos. Era evidente que lo iba a pasar de miedo en Inglaterra.
Tuvo que ser Karen, como siempre la voz de la razón, la que indicara que yo debía estar cansada del viaje y de la caña que me estaban dando. Todos debíamos recuperar fuerzas para el día siguiente.
Así que mezclados en la enorme cama, unos en brazos de los otros nos fuimos durmiendo. El resto de los días que pasé allí fueron en la misma tónica. Conocí íntimamente a los amigos de los dos hermanos tan pervertidos y bisexuales como ellos y yo misma. También me presentaron a otros miembros de la familia y colegas de los padres.
......
martes, 15 de noviembre de 2022
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