lunes, 15 de agosto de 2022
Recojo a dos hermanos autoestopistas
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Normalmente no me atrevía a coger autoestopistas pero algo en ellos me parecía diferente. Me lo pidieron de una forma tan educada en una gasolinera. El calor apretaba, eran muy jóvenes, de unos diez y ocho diría yo. Estaban sentados en el bordillo con la espalda apoyada en sus mochilas junto a la caseta.
La minifalda vaquera que ella gastaba apenas tapaba un culito que parecía duro y firme y el short de él era tan corto como la falda. Ambos lucían unas piernas preciosas y unas camisetas blancas recortadas que enseñaban sus vientres. Los pies pequeñitos en unas finas sandalias.
Ella levantó su precioso culito del bordillo y se acercó a mí mientras repostaba. Supongo que pensaría que ella era menos amenazadora.
-¿Nos lleva?.
Ya me había fijado en ellos. Algo tan bonito merecía algo más que un vistazo.
- Claro, vamos.
Puse las mochilas en el maletero. Ella se subió atrás y él conmigo.
- Yo soy Mario y ella es Sonia.
- Encantada. Me llamo Sara. Como es que dos chicos tan jóvenes están haciendo autostop por aquí en medio de ninguna parte.
- Queremos llegar a la playa. Pasar unos días divirtiéndonos. Solo usar los bañadores y nada de ropa.
- Yo también voy a la playa, os llevaré hasta allí. Pues os sentarán de maravilla con vuestros cuerpos tan bonitos. ¿Llevarás bikini?.
- Pues claro, y si puedo haré top less.
- Yo suelo hacerlo, me encanta llevar las tetas al aire.
- Si pero las mías son más pequeñas que las tuyas. Tienes una talla estupenda.
Al verme frotar mis muslos uno contra otro, sabían que me habían puesto caliente. Toda esa conversión sobre tetas era francamente excitante. Además de tenerlos al lado con tan poca ropa. Bajo mi minifalda apenas mas larga que la de ella el tanguita se humedecía a pasos agigantados.
Conducía relajada. Por el espejo retrovisor podía ver sus bonitos muslos y muy poca falda. Había separado las piernas. Tras una mirada picara directa a mis ojos, abrió más los muslos y pude ver un muy pequeño tanguita blanco lo que hizo humedecer más el mío.
Él me pidió permiso para quitarse la camiseta. Por supuesto se lo di encantada pudiendo ver así su torso bien definido y sin vello.
- Hace mucho calor. ¿Le pasa algo al aire acondicionado?.
- No va muy bien.
En realidad no llegué a ponerlo a tope pensando que un poco de calor nos vendría bien a los tres. Para poner las cosas más interesantes.
- ¿Puedo quitarme la camiseta?.
- Y todo lo quieras. Con ese cuerpo podrías estar como te de la gana.
Me contaron que eran hermanos pero entre ellos había una complicidad que iba mas allá de lo fraternal. Al menos así lo juzgué al ver las miradas que echaban al cuerpo del otro. Ella se inclinó sobre los asientos de adelante y muy cerca de mi oído me dijo:
- Así que te parece que mi hermano está muy bueno.
- Los dos lo estáis. Sois muy guapos. Pero ahora me entero de que sois hermanos. Pensaba que erais novios.
- Mellizos para más datos. Yo soy mayor que ella diez minutos.
No pude más que darle la razón, aprovechando para decirle que ella también. Palabras que recibió con una bella sonrisa.
- Tenemos mucha confianza, es verdad. Siempre hemos estado muy juntos y casi solos. Me gustaría ponerme el suje del bikini. ¿Puedo?.
- Pues claro.
Se notaban sus pezones duros bajo el algodón de la ligera prenda demostrando que no llevaba nada debajo. Yo tampoco me había puesto sujetador así que estábamos en las mismas condiciones.
Sin más vergüenza que la que habían demostrado hasta ese momento se sacó la camiseta sin prisas. No llevaba nada más que sus tetitas bajo esa prenda.
Tenía la intención de ponerse el sujetador de un bikini que apenas merecía ese nombre, pues solo cubría sus pequeños pezones oscuros. Sus medias naranjas apenas despuntaban pero eran preciosas en su cuerpo delgado.
Traté de no perder detalle de la maniobra por el espejo retrovisor sin pegárnosla. Momento que él como en un descuido aprovechó para poner su mano en mi rodilla con suavidad y descaro.
Creo que era la conductora más lenta de la carretera. Menos mal que no había mucho tráfico. Él, como yo, había estado mirando con lascivia las tetas de su hermana girando el cuerpo en el asiento.
Les pregunté donde pensaban quedarse y al decirme que iban a la aventura les ofrecí quedarse conmigo en el hotel, propuesta que les alegró.
- ¿Tenéis un sitio donde dormir?.
- Pensábamos quedarnos en la playa. O donde nos pareciera.
- Eso no parece muy seguro. ¿No tenéis dinero?.
- No mucho. Lo justo para comer algo y las copas.
- Mi habitación del hotel es grande y hay dos camas. Podríais quedaros conmigo.
- Eso es muy amable por tu parte. No sé si nos lo merecemos.
Notaba las caricias del chico en mi muslo llegando ya bajo mi falda. Los suaves roces de la mano de ella inclinada entre los asientos, en mi hombro desnudo por mi ligero top, en mi oreja y cuello.
- Claro que sí. Estaréis mucho más cómodos conmigo.
Soplaba con suavidad sobre mi piel, erizando mi vello. Deseaba llegar al hotel. Necesitaba verlos desnudos del todo.
En recepción apenas me pusieron problemas al decir que llegaba con dos sobrinos. Nos quedaríamos en la misma habitación de la reserva. Se limitaron a cobrar un suplemento.
La cama era enorme y pensaba disfrutarla. Había una supletoria que no usaríamos para nada. Ni nos planteamos bajar a la playa. Todos teníamos ganas de disfrutarnos.
- Ponéos cómodos. Creo que estaremos bien aquí.
- ¿Bajamos a la playa?.
- Por mí nos quedamos.
El chico se lanzó a besarme en el momento de cerrar la puerta y yo misma le arranqué la camiseta que se había vuelto a poner para entrar en el hotel.
- Joder, ¡Que bueno estás!.
Ella detrás de mí dejó caer mi falda al suelo arrodillándose para mordisquear y lamer mis nalgas sin apenas el estorbo del mínimo tanga.
- Tú también estás buenísima.
Me dijo ella. Casi me corro al notar sus manos abriendo mis nalgas y pasear su lengua por toda mi raja. Apartó la gomita del tanga. Llegando a clavar la sin hueso en mi ano y removerla allí como si me follara con ella.
- Y tú eres una guarrilla. ¿Quién te ha enseñado eso?.
- ¿Qué importa? ¿No te gusta?.
- Me encanta.
Y lo decía entre gemidos.
Mi mano ya se perdía dentro del short del hermano para agarrar la durísima polla que comprobé estaba pelada y suave. Mientras entre los dos hacían volar mi top y sujetador.
Estaba claro que no gastaban mucho en lencería. A Mario solo le quedaba el short bajo el que no llevaba nada más que su bonita polla. Así que pude rodear el cilindro de dura carne con mis dedos sin otro estorbo.
Mario se deshizo de mi top sacándolo por mi cabeza. Se inclinó a lamer las sudadas axilas, comerme las tetas y pasar la lengua por mis pezones sorbiéndolos con sus gruesos y sensuales labios. Sus dedos finos se deslizaban por dentro de mi tanguita acariciando los depilados labios de mi vulva que hacía rato chorreaban.
- ¿Como son sus tetas? Hermanito.
- Deliciosas, espera a probarlas.
Entre tanto Sonia había bajado mi tanga hasta los pies. Yo no podía ni hablar recibiendo las caricias de los hermanos, solo gemir y jadear.
Ni siquiera nos habíamos movido de la puerta. El short cayó al suelo revelando que no gastaba mucho en ropa interior. Así descubrí a mi vista a la cálida luz del atardecer su bonita dura y depilada polla.
Y ella pegaba sus ya desnudas y firmes tetas a mi espalda. Lamía mi cuello y hombros y pasaba su juguetona lengua por mi oreja. Estaba encerrada entre sus calientes cuerpos. Me tenían bien apretada haciéndome notar sus suaves pieles por todas partes.
- Estamos sudados y sucios del viaje.
- Es verdad, podemos seguir jugando en la ducha.
De la mano los arrastré a la ducha. Un amplio suelo plano con un desagüe y chorros de hidromasaje. Allí entrabamos los tres cómodamente para librarnos del sudor del camino. Y poder saborear aquellos bellos cuerpos limpios en todos sus rincones.
Aprovechando el agua y el gel para que las manos se deslizaran con lascivia y sensualidad por las pieles de los demás. Jugando nos lamimos acariciamos, frotamos.
Nos juntábamos frotando nuestras pieles y cuerpos enjabonados sin saber que parte de ellos estaba rozándome en cada momento. Mis manos los acariciaban por todas partes procurando dejarlos bien limpios.
Hasta metí los dedos en sus anos asegurándome de dejarlos brillantes por dentro y por fuera. Pretendía lamer toda su piel, de los dedos de los pies a la nuca incluidos todos los orificios.
Las dos disfrutamos del bonito rabo depilado que él lucía. Con el agua cayendo sobre nuestras cabezas nos arrodillamos las dos chicas. Nos morreamos cambiando saliva de boca en boca y sacando las lenguas para excitarlo más. No podía separar las manos de sus tetitas.
Yo empecé metiéndome los huevos duros y no es una metáfora en ese caso, en la boca. Su hermana recorría el tronco de tan bonita polla hacia arriba buscando el glande. Como buenas amigas la compartíamos. Me dejaba el rabo para ocuparse de los huevos.
Pasé la mano entre sus muslos para meter un dedo en el ano de Mario. Me gustaba jugar con ese culito de durísimas nalgas. Toda la excitación hizo que se corriera. La mayor cantidad cayó en la boca y lengua de su hermana.
Pero como ya éramos buenas amigas lo compartió conmigo en un lascivo beso blanco con cruce de lenguas incluido.
- ¡Chicas! Déjame algo.
Mario se arrodilló junto a nosotras y metió su lengua en nuestras bocas buscando la parte de su semen que quedaba por allí.
Nos aclaramos el gel que nos quedaba encima. Y nos secamos los unos a los otros con los toallones que el hotel ponía a disposición de los huéspedes. Como no podía ser menos renovamos las caricias entre todos.
- Deberíamos bajar a cenar. He visto un burguer a la vuelta de la esquina.
- Si, tendremos que renovar fuerzas.
Nos vestimos, al menos yo. Una minifalda con algo de vuelo y una blusa blanca sin mangas sin suje me dejaba ir muy sexi.
A Sonia pude dejarla un vestido que le quedaba un poco amplio pero muy sexi. Como es algo más alta que yo la falda le quedaba más corta y enseñaba más pierna. El escote no lo rellenaba tanto así que cuando se inclinaba le veíamos los pezones.
Mario tuvo que conformarse con sus shorts y su camiseta. Estaba claro que les invitaría y la verdad es que comían como limas. Se metieron al buche dos hamburguesas cada uno. Sabía que la gente alrededor nos miraba. Éramos un trío muy sexi.
En un pub abarrotado donde se podían respirar las hormonas y las feromonas de la gente buscando sexo. A nuestro alrededor todo el mundo se acariciaba, se besaba y faltaba el pelo de un calvo para que se pusieran a follar en medio de la pista de baile.
Nosotros bailábamos muy juntos. Admito que en algún momento nos pasamos un poco. Yo acariciaba la polla de Mario por encima del vaquero recortado. O deslizaba la mano por debajo del vestido prestado para alcanzar el culito de Sonia.
Los dos también buscaban mi tanga bajo la minifalda hasta conseguir meter algún dedo en mi vulva, junto a la barra o en medio de la pista. Incluso más de una vez una de mis tetas quedaba al aire por completo cuando jugaban con la fina tela de mi blusa.
Rodeados por gente que estaba haciendo lo mismo que nosotros no nos importaba lo más mínimo. En un momento en que estaba bailando con Sonia a nuestro lado un chico le había sacado las tetas por el escote de su camiseta a su amiga y le estaba comiendo los pezones con verdadera ansia.
Claro que yo tenía un muslo entre los de mi amiga tan arriba que notaba en mi piel la humedad y el calor de su coñito. Mario se acercaba mirándonos con su bonita sonrisa y las nuevas copas en las manos. Estaba para comérselo.
- Volvamos al hotel. Quiero que tu hermano me folle.
Ni me respondió. Se limitó a meterme la lengua hasta la garganta al oír mi frase.
- Vas a ver lo bien que lo hace.
Me dijo después de un beso completamente lascivo. Creo que todo el mundo a nuestro alrededor pensaba que éramos lesbianas hasta que Mario se unió al beso.
- Nos vamos.
Le dijo su hermana. Por la calle camino del hotel no dejamos de meternos mano. Yo llegué a la habitación sin el tanga que Mario llevaba en su bolsillo desde dos esquinas atrás. Y el vestido de Sonia no estaba en mucha mejor condición.
Menos mal que en la recepción del hotel la encargada estaba distraída con su móvil y no nos prestó atención.
Nuestro chico perdió la camiseta en el ascensor y yo me la colgué de la cinturilla de la falda. Aprovechamos para lamer sus axilas y pezones, cada una el de su lado. Y lamer la suave piel de su cuello.
No esperé a cerrar la puerta de la habitación y ya tenía los shorts por los tobillos. Le di un suave azote en el culete para mandarlo a la cama. Tumbado boca arriba nos miraba a las dos que le dedicábamos un sensual y lento strip-tease.
Sonia empezó a levantar el vestido subiéndolo por la cadera, el vientre, los pechos hasta sacarlo por encima de la cabeza. Aproveché para lamer sus axilas y chupar sus pezones.
Yo dejé que ella abriera mi blusa y se hiciera con mis tetas mientras seguíamos bailando lento y sensual. Dejé caer la falda al suelo y la aparté de una patada.
Miré con mi mejor cara de lujuria a Mario que tumbado en la cama boca arriba y con la polla apuntando al techo no perdía detalle. Despacio moviéndome felina me dirigí hacia allí seguída por su hermana.
Estaba más que cachonda. Me subí sobre su cadera y su nabo se deslizó en mi húmedo interior sin la menor resistencia. Él no tenía que hacer nada ya me encargaba yo de subir y bajar. Una de sus manos me alcanzaba el clítoris y me volvía loca acariciándolo. Sonia en cambio se subió sobre su carita de no haber roto nunca un plato.
Apoyada en el pecho del chico pellizcando sus pezones con suavidad, podía ver como la lengua de este se desplazaba por la vulva de su hermana hasta acariciar el clítoris. O se perdía hacia atrás en busca del ano de la chica.
Ella y yo frente a frente no perdimos la ocasión de volver a besarnos o de que ella acariciara mis tetas. Pero ninguno de los tres estaba muy coherente en ese momento. Nos dejábamos llevar por el placer jadeando y suspirando al ritmo del movimiento de las caderas.
Se corrió dentro de mí por supuesto. Ya tomaba precauciones para esos momentos. Pero antes yo había tenido dos orgasmos Que ella se había ocupado de silenciar con su lengua en mi boca. Ella también había tenido lo suyo con la juguetona lengua de su hermano. El chico la movía muy bien.
Nos derrumbamos en el colchón todos mezclados sin saber que brazo o pierna teníamos clavados en las costillas pero muy satisfechos. Dormimos abrazados a los otros. Para ir al baño tuve que apartar el brazo de Sonia y pasar por encima de Mario.
A la mañana siguiente Bajamos a la playa donde renovamos nuestros juegos. En el mar nos abrazaban, besábamos y acariciabamos. En la arena con la excusa del bronceador nos metíamos mano.
Así pasaron las vacaciones. Playa por la mañana, siesta con sexo por la tarde, copas por la noche y al volver a la habitación más sexo. Y no parar de besarnos y acariciarnos todo el rato.
Cuando pasaron los días los dejé a la puerta de sus padres aunque no tenían ninguna gana de volver a casa. Por supuesto que mantenemos el contacto. Y los he vuelto a ver.
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sábado, 13 de agosto de 2022
Quería ser secretaria y así fue la entrevista
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Una nueva entrevista de trabajo. Algún día lo conseguiría. Pensando que me enfrentaría a un hombre decidí que una buena baza seria enseñar la mayor cantidad de carne posible, eso intentando no parecer una puta, claro.
Me decidí por una falda de tubo que comprimía mis caderas dibujándolas y muy corta, bastante por encima de las rodillas. Si alguien se fijara y no haría falta mucha concentración de notan las tiras del tanga en la tela. Medias cristal muy finas con las ligas de silicona apenas tapaban mis piernas.
Un top sin mangas muy muy ajustado y sin sujetador. Me encanta la sensación de mis pechos bamboleandose libres al caminar. Unna americana encima para poder mantener el control completaba el outfit. Poder quitármela o dejarla puesta según fuera necesario. Y los zapatos de tacón mas altos que tengo.
Con la confianza de sentirme admirada, de que los ojos de los hombres seguían mi contoneo por las calles me dirigí al lugar. Entré en la oficina en la que estaba citada y se me cayó el alma a los pies.
Detrás del escritorio, muy formal tras unas gafas de pasta una atractiva y curvy cuarentona me recibió con semblante serio. Recuperé un poco el ánimo al ver como sus ojos recorrían el nylon que cubría mis piernas. Igual no me había equivocado del todo.
¿Detecté un algo de deseo en su mirada? No estaba segura pero eso me hacía recobrar algo de esperanza. Me senté en la silla que me indicó y crucé las piernas para enseñar un poco más de mi muslo justo entre la liga y la falda.
Decidida a seguir jugando el mismo papel que había decidido interpretar desde que me vestí me exhibía. A poco que me movía mis tetas se meneaban libres bajo el top y ella las miraba.
La miré a los bonitos ojos azules con concentración atenta a sus palabras y preguntas. Rubia teñida, una impresionante delantera que asomaba por el escote de una blusa blanca. Me aventajaba por lo menos en dos tallas. La americana que debía cubrir todo eso colgaba de un perchero, hacia calor. Su parte de abajo me la ocultaba el escritorio pero en conjunto lo que veía era muy atractivo.
Aprovechando que la cosa se alargaba, que hacia calor y que ella no la llevaba me quité la chaqueta y la colgué en el respaldo de mi silla. Según lo hacía me incliné más de la cuenta, adrede dándole la espalda, para pudiera echarle un vistazo a mi grupa.
Mis pezones ya duros a esas alturas se marcaban en la tela del top y sus ojos fueron directos a ellos en cuanto me giré.
Otro cruce de piernas para asegurarme y siguiendo la dirección de su mirada me convencí de que ella había podido ver la piel de mis muslos y hasta el tanga. La falda se había recogido tanto en la banqueta al sentarme que asomaba buena parte de mis desnudas nalgas.
Ella se aturullaba en algunas de las preguntas o en lo que me contaba sobre la empresa. Parece que estaba consiguiendo ponerla nerviosa y que le gustaba lo que veía. Yo conseguía contestar con cierta coherencia pero poco más. Cosas del deseo.
En un descuido abrió uno de los botones de la blusa dejando asomar parte del encaje blanco del sujetador. Además del precioso canalillo de sus impresionantes mamas.
Con un gesto lánguido activó su comunicador y le indicó a su secretaria que despidiera al resto de los aspirantes. Ya no recibiría a nadie más esa tarde.
A mí me indicó el cómodo sofá de cuero que había en un lateral de la amplia oficina. Al levantarme estiré la falda sobre los muslos, un gesto sensual y acariciador que cubría mi piel pero insinuaba.
Al levantarse ella de detrás del escritorio por fin vi el pantalón del traje que también se ajustaba a su cadera. La tela fina y la amplitud de la carne que cubría marcaba perfectamente sus sensuales formas.
Empezaba a desear ver lo que me ocultaba ese tejido de lino. Ya era solo por morbo a esas alturas aunque prácticamente tenía el trabajo en las manos. Se sentó a mi lado en el sofá muy cerca, felina y sensual.
Supongo que todavía dudaba en aprovecharse de una nueva empleada aunque esta también estuviera deseándolo. Sus gestos aún eran tímidos y todavía no se rozaban nuestros muslos.
Forcé mi suerte y puse una mano en su rodilla a la vez que le sonreía con complicidad. Le echaba un ojo al interior de su escote espiando la blanca piel de sus senos que asomaba del sujetador. Nuestras piernas se acercaron más hasta rozarse y ninguna de las dos hizo nada por apartarlas.
Ella seguía contándome y preguntando pero yo miraba el carmín de sus labios deseando besarlos. Mi mano trepaba despacio y sensual sobre su muslo. No la apartó señal de que le gustaba notarla allí.
Ella pasó el brazo por el respaldo del sofá hasta que noté sus dedos jugando en mi espalda con los bordes de mi camiseta. Un momento por la tela pero enseguida buscando la piel de mis hombros y espalda.
Las cabezas se acercaron despacio y al fin nos besamos suave y sensual. Yo mordisqueé su morrito solo con los labios e insinué la lengua, dándole un lametón a su labio inferior. Un gesto lascivo que ella aún hubiera podido rechazar.
Se levantó a echar el cierre a la puerta meneando su culo que yo no perdía de vista. Me pareció ver el encaje de un tanga marcado en la fina tela del pantalón. Y para mi sorpresa a pesar del calor también parecía llevar un liguero y medias. El conjunto completo se insinuaba bajo el lino. El bamboleo de su pandero era hipnótico.
Al volver de la puerta se había abierto un par más de botones del escote y mi camiseta estaba para entonces por fuera de la falda. Ya no merecía la pena mostrarse tímida y había que darle facilidades.
En vez de volver a sentarse se inclinó sobre mí y esta vez su beso fue mas profundo, su lengua se abrió paso entre mis labios. Separé los labios para recibirla en mi boca. Cruzarla con la mía y buscar su saliva.
A la vez que eso pasaba yo posaba mis manos en sus generosos pechos. Las metí por dentro del sostén apoderándome de los pezones grandes, duros y sacando ambas tetas por el escote de la prenda. Liberándolas de las copas que las apretaban.
Sus manos tampoco estaban quietas y tiraba de mi top hacia arriba con la intención de desnudarme. Lo que desde luego permití. Tras librarme del top y dejar mis firmes tetas al aire yo empecé a bajar sus pantalones.
Conseguí sacárselos del todo sin sacarle ni el liguero ni sus tacones. Deliciosa delante de mí solo con el conjunto y la camisa abierta.
El tanga que llevaba hacía juego con el sujetador y el liguero, no me hubiera esperado otra cosa, pero estaba completamente encharcado. Estaba frente a mí de pie, terminando de quitarse la blusa para mostrarse así solo con con el sensual conjunto de lencería.
Me levanté frente a ella para dejar caer mi falda al suelo quedando sólo con el tanga y las medias, notando sus manos por toda mi piel. Agarré su culo desnudo entre las tiras del tanga y el liguero, con fuerza, para apretarla a mi cuerpo, mis tetas contra las suyas aún con el suje.
Las prendas de las dos se iban amontonado sobre el escritorio. Mi top colgaba del monitor de su ordenador.
Me empujó al sofá y levantó uno de mis pies hasta el respaldo se metió los dedos del otro en la boca, me pareció un gesto muy lascivo. Me encantó sentir su lengua jugando con los dedos de mis pies. mojando el nylon de las medias con su saliva. Empezó a bajarlas enrollándolas.
Quedé bien abierta y expuesta a su hambrienta boca. Se limitó a hacer a un lado el tanga que tapaba los depilados labios y buscar con su lengua mi clítoris. Mis finos labios se abrieron al primer toque de la sin hueso. Una vez desatada no paró de comerme el coñito.
Creía que estaba notando su juguetona lengua por todas partes, clavada bien dentro de mi coño, recorriendo los labios, jugando con el clítoris y si yo arqueaba la espalda incluso en el ano. Podía apreciar su maestría y experiencia comiendo coños.
Ya no pude más con la excitación y el morbo y me corrí en su lengua con un fuerte jadeo. El orgasmo cruzó mi columna a la velocidad de la luz llegando, inundando mi cerebro. Siguió lamiendo y chupando mi vulva absorbiendo cada gota de mis jugos. Le dio un tirón al tanga que quedó entre sus dedos roto.
Me incorporé, deseaba amasar sus prietas y abundantes carnes. Tenía que librarme de toda esa cara lencería que aún la tapaba. Empecé con el suje que saltó entre sus brazos solo con soltar los corchetes con una sola mano. Eso era un prueba de todo lo que tenía que contener aquella pieza de elegante y sensual ingeniería.
Besé, lamí y chupé esas dos impresionantes masas de carne. Sus duros pezones entre mis labios eran como caramelitos. Mientras chupaba de una de sus ubres amasaba la otra.
Ahora me tocaba a mí recostarla a ella en el sofá. El tanga se deslizó por sus muslazos mientras tiraba de la mínima prenda. Le dejé el liguero y las medias creo que esas prendas me daban tanto morbo como parecía que le daban a ella.
Podía contemplarla a placer su cuerpo voluptuoso. Era increíble lo plano que tenía el vientre solo con una ligera curvita donde destacaba el ombligo adornado con un pircing.
A mí también me daban morbo sus pies. Cogí uno y lamí su planta con una larga pasada de la sin hueso. Debió hacerle cosquillas por la risita que se le escapó. Pero no le disgustaba así que continué por los dedos.
Pero yo quería probar su piel directamente. Así que elegí ese momento para quitarle las medias que se fueron enrollando según las bajaba por sus piernas. Las arrojé sobre el escritorio junto al resto de nuestra ropa para que no estorbaran en el sofá.
Por fin pude meterme los dedos de sus pies en la boca sin la tela de las medias estorbando. Chupaba cada dedo y lamía la piel entre ellos metiendo la lengua. Es otro de mis fetiches. Empecé a subir por sus increíblemente finos tobillos. Sin separar la lengua de su piel. Ella gemía y suspiraba.
Las pantorrillas y la cara interna de los muslos tenía una piel magníficamente suave. Mi lengua y mis labios se deslizaban despacio, excitándola todo lo que podía camino del pubis grueso, marcado, lascivo por si solo. Lo llevaba perfectamente depilado y suave como yo.
Cuando llegué allí me recibió con un fuerte jadeo. Como había hecho ella anteriormente recorrí todo con la sin hueso. Pero empecé bajando desde el pircing del ombligo.
Separé los labios con dos dedos. En su caso era necesario. Pero los temblores y suspiros con los que recibía cada uno de mis lengüetazos compensaban cualquier esfuerzo extra por mi parte.
Quería buscar también su ano. me apetecía mucho comerme ese culazo.
- Girate, ponte a cuatro patas.
Con la agilidad que había demostrado hasta entonces un segundo más tarde estaba sobre el sofá ofreciéndome la grupa, las rodillas un poco separadas. Apoyé las dos manos en las nalgas casi con reverencia. Separé aquellas masas de carne descubriendo los tesoros que ocultaban.
Acerqué la cara al culazo y sin mas esperas clavé la lengua en el ano. El gemido que soltó me animó a seguir con la faena. Quería darle mucho placer a mi nueva jefa. Tenerla contenta además de devolver los orgasmos que ella ya me había dado.
Se notaba que era toda una dama cuidada y elegante. Se podría comer en ese culo con lo limpio que estaba. Era justo lo que iba a hacer, comerlo con hambre atrasada. Claro que yo también había llevado el mío bien preparado a la entrevista.
Del ano bajé al xixi, volví a separar sus labios con dos dedos y clavar bien dentro la lengua. Jugué con el clítoris duro como un guijarro de río. Podía pasar la mano entre sus muslos y amasar sus tetas que colgaban como campanas. Enormes campanas que colgaban y se movían al compás de su dueña.
Pellizcaba sus pezones. Quería que se excitara todo lo posible y así me dió dos o tres orgasmos. Una vez que estuvo satisfecha o casi se tumbó llamándome a su lado. Muy juntas en el sofá, teníamos que estarlo por que el mueble no daba más de sí. Nuestros cuerpos estaban completamente pegados.
Volvimos a besarnos mis labios aún tenían el sabor de su xoxito. No le importó y volvimos a cruzar las lenguas fuera y dentro de la boca. Cambiábamos saliva como si nos hubiéramos pasado un mes en el desierto y esa fuera el agua que iba a salvarnos la vida.
Nuestras manos recorrían con suavidad y mimo la piel de la otra en caricias que desearía su fueran interminables. Y yo aún conservaba las medias, tendría que irme a casa sin tanga, con el coño al aire bajo la falda.
- Tendremos que empezar a vestirnos. Pero mañana ven preparada para trabajar. Pero seguro que tendremos algún rato para disfrutar.
Así fue como empecé a trabajar de secretaria y me convertí en la amante de mi nueva jefa.
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miércoles, 10 de agosto de 2022
martes, 2 de agosto de 2022
Tanga en el patio, los chicos
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Estaba tendiendo la ropa recién lavada en el patio cuando una torpeza hizo que uno de mis tangas se me deslice entre los dedos. Me asomé y calculé en que piso había caído. Hacía mucho calor y no tendría ni que haberlo colgado. Podría haberse secado bien en casa en el respaldo de una silla.
Igual tendría que explicarme un poco mejor. Soy un chico y los tangas los uso en algunos espectáculos y despedidas de soltero. Bueno, también como ropa interior los días normales, lo admito. Son prendas para hombre, que sujetan la polla y los huevos.
Me cuido, claro, en mi línea de trabajo hay que tener un cuerpo fibrado, con los músculos marcados y bonitos. Y en cuanto a mi orientación sexual, bueno, me va un poco de todo y en cuanto es posible, mucho de todo.
Me puse unas chanclas, unas bermudas y una camiseta vieja de tirantes y bajé a recuperarlo. Me abrió la puerta un chico de unos diez y ocho años vestido con el pantalón de un pijama de muy fina tela bastante caído sobre su cadera. Casi se veía su pubis y la ingle. Apostaría que aquello que casi se trasparentaba era su polla.
Su cuerpo era espectacular, delgado, fibrado y bastante moreno. Se le marcaba una tableta perfecta y me hubiera encantado lamer esos pectorales. Era guapo de "cohones". Y lo tenía allí delante sonriendo, casi en bolas, y mostrando sus blancos dientes. Parecía recién levantado de la cama con el pelo despeinado.
- Lamento haberte despertado.
- No pasa nada, ya era hora de que me levantara.
- Estaba tendiendo ropa y se me caído algo a tus cuerdas. No sé si lo has visto.
Le expliqué la historia y me invitó a pasar diciéndome que no se había dado cuenta. Fue a buscarlo a la cocina y regresó al salón. Según se alejaba era imposible no fijarse en el hipnótico movimiento de sus duras nalgas bajo esa tela tan fina.
Volvía donde yo le esperaba con el tanga negro aún algo húmedo en la mano.
- ¿Así que te pones esto?. Es una prenda interesante.
Me preguntó.
- Desde luego, tengo varios.
Curioso me estuvo preguntando por los tangas. Mientras yo averiguaba que sus padres habían salido de viaje. Estaba solo y yo quería investigar un poco más sobre la ropa interior que él usaba: Boxers y slips, básicamente.
- ¿No te molesta tener el cordón pasando por el culo?.
- Para nada, te acostumbras enseguida.
- Me parecen curiosos. Yo nunca he tenido ninguno.
- No están mal, ni esto ni los suspensorios. Me gusta llevarlos y son sexis.
- Si que son sexis. Me gustaría más verlo puesto claro.
- ¿Por qué no te lo pruebas tú? y así decides.
Como parecía interesado le propuse que se lo probara. Aceptó sin importarle que yo le viera y que la tela aún estuviera algo mojada. Se bajó el pantalón del pijama bajo el que no llevaba nada y se calzó el tanga.
Tenía tan poca vergüenza como yo. Por supuesto no perdí detalle de todo ello viendo bien su polla depilada en reposo. Así sin estar excitado no era grande pero cuando aquello se llenara de sangre podía ser espectacular.
En aquel momento pensé que sería un compañero de trabajo fantástico. Con su cuerpo y desparpajo las chicas querrían comérselo vivo en cualquier striptease o despedida de soltera. Y ni pensar en lo que le desearían hacer con él algunos tíos.
Cuando lo tuvo puesto se giró para que pudiera ver todos sus ángulos y me preguntó que tal le sentaba.
- ¿Me sienta bien?.
- Como un guante. Supersexi. Mejor que cuando me lo pongo yo.
Sonriéndole no tuve mas remedio que decirle que mejor que a mí.
- Con tu cuerpo tan bonito lo llevas de maravilla.
Que en su precioso cuerpo lucía aún mas. Curioso y juguetón me dijo que si yo tenía puesto otro en ese momento.
- ¿Llevas uno ahora?.
Y así era, uno aún mas pequeño que el que tenía puesto él. Nada mas que un triangulo de tela sujetando mi polla y mis huevos con dos finos cordones. Hacía mucho calor y me puse el más pequeño que tengo.
- Ya me has visto a mí. Deberías corresponder y dejar que yo vea como lo luces.
No tuvo que insistir mucho para que me bajara las bermudas y se lo dejara ver. Lo hice sensual, despacio y moviéndome como si lo hiciera ante un montón de mujeres cachondas y borrachas en una despedida de soltera.
Pudo apreciar como yo iba tan bien depilado como él. Como no mi polla empezaba a ponerse dura y asomar por un lateral de la prenda. Le gustaba lo que estaba viendo. Me pidió que me sacara la camiseta.
- Se te vería mejor sin camiseta. Como lo tengo yo, únicamente el tanga.
Así que lo hice y me deshice de todo menos del tanga. Los dos estábamos en medio del salón mirándonos a los ojos calientes.
- Baila para mí.
Tenía puesta algo de música suave y eso parecía lo natural en ese momento. Se movía bien, tiene un buen sentido del ritmo. Si era capaz de hacerlo delante de más gente el chico seria un gran stripper.
Moviéndose sensual se acercó a mí y siguió con un dedo la goma que rodeaba mi cintura rozando mi piel llegando al culo. Yo hice lo mismo en su delantera acariciando con la yema de los dedos la polla que se estaba empezado a poner dura, muy dura, igual que la mía.
Acercamos nuestros rostros casi sin proponérnoslo, de forma natural, muy despacio hasta que nos besamos. Las lenguas se enredaron intercambiando salivas.
Acaricié su torso con suavidad, deleitándome. Pellizcando sus pezones para excitarlo al máximo. Rozando su vientre y pasando las manos por su definida espalda. Probando todo su cuerpo.
No le quité el tanga sólo lo hice a un lado antes de arrodillarme frente a el y comerle el rabo duro, bien depilado y orgulloso.
- Tienes una polla preciosa.
- Toda tuya, cómetela.
Lamiendo de los huevos al glande me la metí todo lo que pude en la boca. Cuando estuvo bien dura y ensalivada me subí a cuatro patas a su sofá. No teníamos lubricante a mano así que hizo un viaje rápido a por aceite de oliva a la cocina.
Lo esperé ansioso. Ambos lo deseábamos, podíamos dejar más juegos y la sensualidad para más tarde. Después de que me hubiera llenado el culo de lefa. Aunque admito que tenía ganas de lamer hasta el último centímetro de su suave piel.
Él tampoco quería sacarme la prenda. Apartó la goma que recorría mi raja para lamer mi ano y juguetear con sus dedos penetrándome. Dilatando mi culo suavemente sin dejar de besar mi hombro y nuca. No era su primer rodeo, tenía claro lo que estaba haciendo.
- Vamos a mancharlo todo.
- No te preocupes, esta cosa es impermeable y no es la primera vez que me toca limpiarla antes de que lleguen mis padres.
Dejó caer un buen chorro en mi espalda para lubricarme el culo, lo extendió por toda mi piel con las manos en un suave masaje. Luego con los dedos clavándolos aún mas en mi ano para dilatarlo.
Me dio morbo ver como se lo extendía por su polla con la mano. Un gesto que yo había hecho cientos de veces me excita al verlo en otros.
Por fin sujetando el tanga con una mano me clavó su bien aceitada polla. Acercó el glande a mi ano y haciendo fuerza entró en mi cuerpo. Despacio pero firme. Y yo lo admití con un fuerte gemido de placer.
De rodillas en el sofá, apoyado en el respaldo, mi polla rozaba los cojines del mueble. Aunque de vez en cuando él la rodeaba con su mano para pajearme con suavidad.
Como aún tenía aceite en la palma la sensación al pajearme era deliciosa. Se notaba como resbalaban sus dedos por mi nabo.
Soy versátil pero no me han follado muchas veces. Aún así empecé a disfrutar en cuanto me clavó el glande abriéndome el culo. Gemía y suspiraba como una vieja locomotora de vapor.
- Ahora tienes que follarme tú. Ni siquiera te has corrido. La tienes durísima.
Cuando se corrió dentro de mí me tocó el turno a mi.
Fue él quien aceitó mi rabo después de darle una cuantas lamidas por todo el tronco y hasta llegar a los huevos y meterlos en la boca. Su mano recorría mi polla arriba y abajo deslizándose sobre mi piel de los huevos al glande, llegando incluso al ano de nuevo.
Yo engrasé su culito después de lamerlo todo. Clavé la lengua en su ano como si quisiera follarlo con ella. Y chupé sus testículos hasta meterlos en mi boca. Seguíamos sin quitarnos las prendas, manchadas con el aceite tendría que volver a lavarlas.
Después de la lengua fue mi polla a su interior. La recibió con un fuerte gemido. Mientras me movía en su culo aprovechaba para besar su cuello, nuca y hombros. Pegando mi pecho a su espalda. Con tanto aceite entre los dos el roce de nuestras pieles era sensual y delicioso.
Ya no paré hasta correrme en su ano. Acompañaba mi orgasmo y mis gemidos con los suyos. Bajé lamiendo su espalda degustando la mezcla de su sudor con el óleo. Hasta volver a clavar la lengua en su ano y recoger el semen que de allí rezumaba.
La situación parecía mas morbosa así con los tangas puestos.
- Te regalaré la mas pequeña, la que tengo puesta ahora, con una condición.
- ¿Si? ¿Cuál?.
- Tienes que hacer una prueba conmigo. ¿No te gustaría actuar en público?.
- ¿Follando?. ¿Con hombres?.
- No sólo follar. La mayoría de las veces es solo bailar o desnudarte ante un grupo de hombres o mujeres y dejarlo así. Otras si que hay que poner toda la carne en el asador. Ya sabes de que carne hablo. Y se gana una pasta.
Desde entonces cada vez que se compra uno nuevo sube a enseñármelo para ver si podemos usarlo en nuestro espectáculo. Y follar además, por supuesto.
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sábado, 30 de julio de 2022
La protectora, la transexual y el novio
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Vanesa pasea su dulce cuerpo por la ciudad levemente enfundado en un mono de lycra negro con un ancho cinturón de cuero. Marca su cadera y sus poderosos pechos operados y unas botas altas hasta la rodilla y de fino tacón.
A su alrededor va levantando miradas de admiración. Su culo prieto se marca como si no llevara nada puesto. Se paseaba así llamando la atención y atrayendo miradas de deseo.
Pero casi ninguno de los que las admiran sabe lo que esconde entre sus piernas. Su polla, un recuerdo de una antigua vida, de otra persona apresada entre sus muslos hacia sus nalgas prietas y duras.
Vanesa es una nueva persona en una nueva ciudad. Quiere dejar todo atrás y empezar de nuevo. Nuevo trabajo y nuevos amores.
Es consciente que de entre todos los que la admiran muy pocos de ellos admitirían sus diferencias. No sabía como conocer alguien dispuesto a aceptarla tal y como es.
Solo se está dejando llevar. Solo alguien valiente se le insinuaría. Un auténtico hombre muy seguro de si mismo, casi un héroe, o en más de un caso un despistado. Pero no por eso ella dejar de provocarlos, de ser la mas sexi y bella. La más femenina.
La cremallera de la prenda abierta descubriendo el canal entre sus pechos. Solo un poco de significativa piel. Pero pensaba en exhibir mucho mas esa noche en la discoteca, una noche de liberación.
Cambia el mono ajustado por la minifalda mas corta de su armario y el top mas escotado. Su cuerpo ha de llamar la atención. Su larga melena morena y lisa ha de moverse suelta. La acompaña un grupo de amigos gays.
Sin pudor baila en medio de la pista. Moviendo su melena de lado a lado al ritmo de la música.
Entre los hombres que la rodean y que la desean ninguno parece llamar su atención.
Pero entre el gentío cree reconocer a alguien, un fantasma del antiguo pasado. Una protectora, una amiga, pero no esta sola, la acompaña un chico.
Ambos son bellos, son sexys y si la personalidad del chico se parece a la que ella recordaba de sus tiernos de instituto los dos son buenos, dulces y cariñosos.
Debía asegurarse, en la penumbra de la discoteca es fácil confundir los rostros. No podía estar segura de nada. Así que tenía que acercarse un poco mas. La oportunidad se dio junto a la barra cuando la bella transexual podía una copa.
- No esta mal la putita.
Pensaba Olga mientras la admiraba bailar medio desnuda entre un grupo de babosos medio borrachos que intentaban manosearla y la coreaban.
En la penumbra de la discoteca no distinguía muchos detalles, solo se veía su cuerpo, su cara quedaba en las sombras de su larga melena oscura. Y Olga no podía ver su rostro claramente. Alta destacaba bailando entre la gente que no la perdía de vista e intentaba acercarse para rozarla.
A su lado Vanesa veía el culito perfecto de Olga amasado por las fuertes manos de su compañero, su muslo desnudo acomodado firme entre las piernas de él. Por fin compartieron una sonrisa de reconocimiento.
Entre los los muslos de la bella transexual un cosquilleo recorrió su polla y testículos, anticipación y deseo a partes iguales.
Vanesa quería estar con ellos, sentir sus pieles, al igual que ellos estaban sintiendo la piel del otro. Dulces y morbosos deseaba estar con ellos, todos desnudos en la misma cama. Hablaba con ella como si nunca se hubiera perdido el contacto.
Pero el hermoso cuerpo de Vanesa, las piernas largas saliendo de una falda mínima, el vientre desnudo, un top pequeño por no decir escaso casi descubría unos pechos llenos y voluminosos llamaba la atención.
Había otras chicas mas hermosas, había otras mas desnudas, que destapaban mas de su piel, pero la sensualidad que ella desprendía por todo su cuerpo hacía que la mayoría la admirara, incluidas algunas de las demás chicas.... incluida Olga.
Claro que Olga no estaba mucho mas vestida que la guapa transexual, con una corta falda de tablas y otro top anudado por detrás del cuello, que le permitía a su chico acariciar suavemente la completamente desnuda espalda.
Olga no estaba sola, estaba con su novio, Mario un chico guapo, buena persona, morboso, atento y todo un atleta, enviciado con la natación y la bicicleta en su hermoso cuerpo destacaban sus músculos en su asustada camisa.
Un capricho de las luces justo cuando un movimiento de la cabeza apartaba el cabello de la cara de Vanesa. Durante un segundo un foco de la pista la iluminó y a Olga le pareció reconocer a un antiguo compañero del instituto en esa belleza morena.
Era un chico dulce y tímido, apocado en aquella época y sospechaba que gay. Pero si esta impresionante mujer era él entonces el cambio había sido algo espectacular.
Desechó la idea como una jugada del alcohol y la poca luz. Y se prendió del cuello de su chico metiéndole la lengua en la boca. Mientras notaba las dos manos de Mario sujetando su culo como si fuera a perderlo entre la gente.
Durante un rato se acariciaron junto a la barra, reconociendo el cuerpo del otro con las manos frotándose al ritmo de la música. Los roces se hacían más intensos.
Olga estaba caliente y pellizcó los pezones de Mario sobre la camisa y él consiguió acariciar el culo de la joven, desnudo por debajo de la falda, incluso consiguió apartar un poco la tira del tanga para deslizar un dedo por el ano sudado. Luego, morboso, se llevó el dedo a la boca y lo chupó ante la lasciva mirada de su novia.
- Te quiero.
Le dijo ella rozando su oído con los labios y juguetona con la punta de la lengua.
- Y yo a tí.
Respondió. Era casi seguro que alguien podía ver las duras posaderas aunque Olga estaba acorralada contra la barra. Le frotaba los marmoreos pechos por el torso del chico y notaba en el pubis la dureza de su polla.
No llamaban mucho la atención, como ellos otras cien parejas en el oscuro local estaban estaban dedicadas a las mismas maniobras o deseaban estarlo.
A su lado entre las peste de sudor, alcohol y sexo que reinaba allí el aroma de un perfume caro sobre una piel suave llegó a la respingona nariz de la pelirroja. Notó como su novio separaba los labios de su cuello que en ese momento besaba y su vista se posaba en el escote de la chica que olía tan bien.
No es que Olga fuera celosa, estaba muy segura de los sentimientos de su novio, pero por curiosidad también miró y era la morena sensual de la pista. Al fin fue Vanesa la que la reconoció, ya estaba segura de la identidad de su antigua amiga, en ese mismo momento.
Lo que un rato antes le había parecido una mala jugarreta del alcohol y las luces cambiantes resultó que era cierto. La Vanesa lanzada y valiente que ahora iba a conocer fue en algún tiempo en su pasado Juan, un chico dulce y tímido con el que todo el mundo se metía.
- ¡Olga!, ¿en serio eres tú?.
- Yo si, sigo siendo la misma. Tú eres la que ha cambiado mucho y para mejor. Estás preciosa.
Vanesa la recordaba por que Olga no le incordiaba y en alguna ocasión puede que hasta lo ayudase con algún abusón de su pasado común. Se le hacía raro hablar con esa bella mujer como si se conocieran de toda la vida, mientras que la persona que recordaba era completamente diferente.
Pero pronto la frescura y cordialidad de Vanesa le hicieron pensar que merecía la pena volver a conocer a esa persona completamente nueva.
Eso sin contar con la nerviosa mano de Mario acariciándole la espalda desnuda siguiendo una enigmática conversación a voces de la que evidentemente se perdía mas de la mitad.
En ningún momento Olga le contó a su novio el panorama completo de Vanesa. Prefería que lo descubriera solo. Los dobles sentidos de la conversación eran misterios para él que solamente sonreía. Que se limitaba a sonreír embobado por la belleza de su espectacular novia y la de su vieja amiga.
En un aparte Vanesa tuvo que decirle su nuevo nombre al oído para que Mario no se diera cuenta de ese pequeño detalle.
Ellos ya estaban calientes, las caricias que se dedicaban lo demostraban. Y no costó nada que ella se uniera a ellos, al principio para un rato. Intentar hacerles sentir que su deseo era tan fuerte como el de la pareja, que su intención era darles placer a ambos.
Sin contar con la curiosidad que le producía el complicado proceso por el que Vanesa había pasado. Sus deliciosos pechos medio tapados, ¿destapados?, con los duros pezones marcados en la fina tela, decían más de lo que decía su boca.
Sus ojos recorrían el cuerpo del novio y parece que también el de la pelirroja con deseo evidente. Su cara de morbo así se lo declaraba.
- Esto está muy agobiante. ¿Buscamos un sitio más relajado?
Se imponía un cambio de escenario y le preguntaron si se iría con ellos a tomar algo a un sitio mas tranquilo. No estaba sola pero se despidió de sus amigos sin pensarlo dos veces y se internaron los tres juntos en el calor de la noche.
Olga se puso a un lado de ella y Mario al otro. Enlazados por la cintura recorrían el camino hasta el coche de la parejita. Con una mirada de entendimiento al chico todo quedó decidido.
Se sentó en el asiento trasero al lado de Vanesa y cuando arrancaron puso la mano en el muslo desnudo. La transexual le sonrió con su dulce boquita dándole así todo el permiso que necesitaba para iniciar más avances.
No tardó mucho en besarla suavemente y ella correspondió a sus besos mientras el novio echaba rápidos vistazos por el retrovisor. Se dejaron de mas tonterías y fueron directos a su piso.
Las manos de Vanesa habían empezado a recorrer las partes de la piel que su escasa ropa desnudaba mientras subían en el ascensor y una vez en el sofá siguió con las mismas maniobras.
Ya en casa la acorralaron entre los dos, Mario pegando su dura polla a su prieto culito y Olga sus tetas contra las suyas. Respondió a los besos con pasión, lengua con lengua notando cierta dureza contra el pubis.
Mario las dejaba solas sentado en un sillón enfrente del sofá, contemplando el bonito espectáculo todavía sin intervenir. La pelirroja estaba deseando ver lo que la bella transexual guardaba bajo la minifalda, así que soltó el cierre y dejó que cayera al suelo.
El chico quiso participar ya. Pudieron acariciar la suave piel alrededor del tanga. Mario centrado en su prieto culo y Olga en el suave vientre. Y por fin la pelirroja consiguió sentir la dureza de su polla saliendo despacio de entre los muslos donde estaba recluida.
Chocó contra las piernas y el vientre donde Olga la notaba cálida y dulce y quería saborearla. Mario todavía no se había dado cuenta de la no tan pequeña sorpresa de su invitada y le estaba besando el cuello y la nuca bajo la larga melena. Amasaba los duros y cónicos pechos acariciando los de su novia pegados a los de Vanesa a la vez.
Olga tiró de su top hacia arriba y desnudó sus tetas sin suje para que Vanesa inclinándose pudiera lamerlas. Con ese movimiento clavó su duro culo en el pubis de Mario y la invitada tuvo que notar la preciosa y dura polla en sus nalgas.
Aprovechó para quitarle la escueta camiseta y dejarla por fin solo con el tanga rojo de encaje que ya no tapaba ni el rabo que asomaba por un lateral. Además de las altas sandalias de tacón que estilizaban sus pantorrillas. Ella también trasteaba con la falda de Olga que pronto quedó como un trapo viejo a sus pies.
Calientes como diosas del amor y el sexo se volvieron hacia el chico que todavía estaba vestido, Olga le cogió de la mano y la llevó despacio hacia la polla de su amiga. Aún más que chuparla la pelirroja deseaba ver como la mamaba su novio.
Su cara al descubrir la dura herramienta de Vanesa fue todo un poema, sorpresa y calentura se mezclaban a partes iguales y desde luego que no defraudó mostrando rechazo. Así su novia le clavó la lengua en la boca casi hasta la garganta que lasciva lamía y besaba.
Entre las dos consiguieron arrancarle los vaqueros y el tanga de chico desnudando por fin su durísimo rabo. Mario se agachó un poco, es de algo más de su altura, un poco mas baja que él, para besarla. No sin antes mirarle a los ojos de Olga para pedirle permiso.
Sonriendo le mostró su aceptación. Sus labios se juntaron y enseguida las lenguas entraron en acción cruzándose fuera de las bocas así Olga podía verlo. Vanesa siguió agachándose hasta que se metió sus depilados huevos en la boca y su novia veía que le encantaba.
Sin dejar de tocarse, besarse y acariciarse se desplazaron hasta el dormitorio. Se habían olvidado de las copas, de la música y de cualquier cosa que no fueran sus cuerpos y el sexo.
Le pidió a él que le comiera la polla a la invitada. Quería verlo con detalle y con ella tumbada boca arriba a su lado contempló, como había estado Olga un montón de veces antes, a su chico a cuatro patas.
Pasando la lengua por el tronco duro arriba y abajo o por los huevos duros y perfectamente depilados, metiéndolos en la boca e incluso tragando buena parte de la polla. Ambos lo estaban disfrutando. De hecho le parecía que Mario la comía mejor que Olga.
- Estoy deseando probar tu coñito cielo.
Vanesa dijo que se quería comer a su vieja amiga y está se arrodilló sobre su cabeza. Estaba claro que la transexual es bisexual y maneja la lengua de forma magistral abriendo los labios con ella. Introduciéndola lo mas profundo que podía, jugando con su clítoris y con su ano, lo que excita y enloquece a Olga.
Olga quería, necesitaba un rabo dentro y pensaba que tenía dos para elegir. Se quedó con el de Vanesa pues además de probarlo quería ver como el chico le follaba el culo a la morena. Acariciando sus pechos suaves se desplazó sobre su cuerpo hasta su pelvis.
Apartando la cabeza de su novio a un lado pero sin ahuyentarlo. Él podía ver en primerísimo primer plano como la polla de esa belleza morena le abría el coño a su novia e iba entrando despacio. Incluso ayudó sujetando el pene derecho o abriendo los labios de la vulva para que la humedad la hiciera deslizarse hasta el fondo.
Una vez que estuvo clavada, él metió la cabeza entre los muslos de las chicas lamiendo los huevos y el clítoris. A su espalda la oía gemir y suspirar y Olga se unió a ella según comenzó a moverse arriba y abajo.
Vanesa le agarraba las nalgas amasándolas y deslizando algún dedo hacia el ano de su amiga.
Mario las veía gozar y colaboraba a su placer sin dejar de acariciarlas y lamerlas. A medio polvo Vanesa giró todo el cuerpo para mirar a su amiga a los ojos y poder acariciar sus tetas y que ella cogiera las suyas.
En ese momento el chico le clavó la lengua en el ano. Olga see sentía acariciada y tocada por todas partes. Las manos de ella en sus muslos, los dedos en su clítoris y la boca comiendo la otra. Las tetas frotándose.
Quería el semen en el interior de su cuerpo y quería ver la cara de Vanesa cuando se corriera. Aunque antes de eso Olga ya se había corrido varias veces, varios orgasmos, hasta que notó las descargas calientes en el coño y se desmadejó sobre Vanesa en el mayor orgasmo de la noche.
Descansó unos segundos besándola con cariño, beso al que se unió Mario con su sabor aún en sus labios pues él había seguido chupando aún después de que Vanesa la llenara de semen.
Tan excitado como ellas no había perdido su dureza y al oído y suavemente le dijo a su amiga que quería verla follada por el novio. Quería ver su duro culo precioso abierto y penetrado. Ella como antes Olga se limitó a sonreírle a modo de aceptación. Giró su cuerpo con sus propias manos y lamiendo su espalda siguió su columna hasta llegar a las nalgas que abrió con las manos.
Mario seguía el camino de saliva que su novia había dejado hacia las nalgas en la suave piel con su lengua. Haciendo que Vanesa notara en su cuerpo los besos y lamidas de los dos. Se las mordisqueó, pasó la lengua por todo el canal del duro culo removiéndola en el ano abriéndoselo y excitándola hasta llegar a sus huevos.
La pelirroja se estaba dedicando a mantener la erección del chico con la lengua pero sin que se corriera. Al fin casi le gritó:
- ¡Follame!.
Le dejó a él su lugar y Olga guió con la mano el glande duro como la piedra hasta el estrecho agujero. Sujetó la dos pollas. Una con cada mano mientras la del novio se abría paso por el musculoso aro.
Lo estaba viendo en primer plano. No quería perderse ningún detalle, dejó suelta la bonita polla de ella para abrir bien sus nalgas con las manos. El glande ya estaba dentro lubricado solo con saliva y empujando fuerte.
El pubis depilado de Mario se juntó a las duras nalgas de la transexual, golpeándolas una y otra vez. El tronco duro dilatando el ano rosadito hasta extremos que Olga nunca hubieran pensado que se podía dilatar aún habiéndolo probado en su propio culo. Viendo como espectadora, asi desde fuera casi le daba lastima el suyo cuando Mario le follaba el culito vicioso.
En esa pose el culo del novio quedaba muy ofrecido y Olga no pensaba desperdiciarlo. Como había hecho antes con Vanesa le pasó la lengua entre sus duras nalgas abriéndose paso hasta el ano donde la clavó haciendo círculos para excitarlo más. Puso una de sus manos en las nalgas del chico y empezó a buscar con un dedo su agujerito.
Estaba dispuesta a hacer probar a sus dos amantes todos los placeres, despacio y humedeciendo el índice ya con la saliva o con sus propios jugos. Fue violando el agujero secreto del chico. Cada vez mas dentro, como hacía con su propio coñito en sus masturbaciones. No parecía disgustarle, le encantaba cuando en las tardes mas morbosas le comía y lamía su culo prieto.
Así que en esa noche de vicio y morbo Mario aceptaba cada nueva sorpresa. Olga empezaba a sospechar que no eran cosas tan nuevas para él. Que ya se había estrenado con alguna que otra polla.
En ese momento Mario se follaba un culito que no era el de su novia con la roja melena de esta esparcida por la espalda de la hermosa transexual y sin perderse detalle de tan bello espectáculo. Acariciando el pubis de ella, asombrada de como su polla volvía a adquirir dureza poco a poco, suponía que por la excitación de sentirse follada.
Olga se tumbó boca arriba y reptando consiguió ayudarla a ponerse dura del todo con su boquita juguetona. Volvió a meterse aquel trozo de carne entre los labios y acariciarlo con la boca, con cariño. Mientras en primer plano los huevos de ambos chocaban rítmicamente.
No sé como consíguió acomodar su cadera entre los codos de Vanesa y su cabeza volvió a buscar entre los muslos deseando darle el mismo placer que la pelirroja le daba a ella. Excitada a tope por todo lo que estaba viendo en cuanto la lengua de su vieja amiga hizo contacto con el clítoris se derretió en un nuevo orgasmo que ella no dejó de saborear y lamer de entre mis labios.
Aún en el interior de su xoxito estaba el semen que Vanesa buscaba entre los labios menores con la lengua. Juguetona no quería que ella se corriera en la boca. Dudaba que culo prefería que ella se follara si el suyo de nuevo o el de sospechosamente
- ¡Hola hola! , acepto todo lo que caiga- de su novio.
No habría celos por parte de ninguno de los tres y Olga empezaba a imaginarme más trios con ellos. Volver a reunirse y a renovar todos esos juegos
Al final decidió que quería la polla de su viejo amigo y nueva amiga en su propio culo mientras Mario le follaba el coño. ¡Que mejor doble penetración que esta!.
El que los acompañara a su piso esa noche y todas las demás fue la consecuencia lógica de esa velada provocándose entre los tres. El que los llevara a que ellos la desnudaran. El que el novio se arrodillara a los pies de la bella Vanesa y descubriera su polla bajando el tanga y con una cara de lascivia y sorpresa la chupara.
Fue algo tan natural como cuando la folló el culo o la transexual penetrara el de la chica mientras él las acariciaba a las dos con ternura. El mismo amor y cariño que Vanesa les demostraba a los dos novios.
Esa noche compartieron los tres algo mas que sus cuerpos calientes, sentimientos y algo de sus corazones y desde luego todo el sexo que fueron capaces de darse que era mucho.
La polla de Vanesa en la boca de sus amigos. Sus manos recorriendo la piel de la transexual, el pene del chico en su culo, placer, mucho placer repartido entre todos los que han compartido esa cama. Les gusta disfrutar del morbo y de cuerpos calientes.
Mientras el chico follaba el culo de Vanesa con su durísimo rabo mientras le come el coño a ella. La guapa transexual lame todos los orificios del cuerpo de su vieja amiga, dándoles a ambos todo el placer que pudo.
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viernes, 15 de julio de 2022
Mi hermana nos pilla y se nos une.
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Era otra época, hace ya algunos años de esto. Por entonces internet no se había inventado. Los videos, bueno teníamos, por la gracia de mis padres, un vhs en casa, pero no era fácil para un chico tímido y pajillero alquilar una porno.
Lo mejor de lo que disponía eran algunas revistas pilladas vaya usted a saber donde. A veces un Clima, que por cierto aún se edita, comprado en un kiosco de otro barrio por si me reconocían.
La prehistoria, vamos, y seguro que hay muchos que se reconocen en ese personaje. Aunque haya cambiado el siglo no hace tantos años de esto.
La época está clara, los personajes van ahora, empiezo por mí y mi amigo Mario. Dos chicos jóvenes no mal parecidos delgados y con algún grano de vez en cuando, no hace falta entrar en grandes detalles. Os los podéis imaginar o buscarlos como twinks en cualquier web gay.
Falta otro personaje, mi hermana Marta. Largos muslos, culo prieto y respingón, tetas duras y bien puestas, una larga melena morena lisa y una carita que haría botar mil barcos.
En resumen un pibón que tenía detrás a todos los chulitos del barrio. Pero tenía novio, un gilipollas que me caía como una patada en los mismísimos.
Mario y yo habíamos crecido juntos. Teníamos mas confianza con el otro que con cualquier persona en el mundo incluidos nuestros padres. Eso de ser amigo de los hijos no se llevaba por entonces. Ese año yo entraba en la universidad y Mario empezaba a trabajar en la tienda de unos tíos. Pero teníamos el verano libre.
No nos comíamos un colín evidentemente y nos matábamos a pajas. Pronto descubrimos que hacerlo juntos nos daba mas morbo. No nos conformábamos con intercambiar las revistas que conseguíamos. En algún descampado o en el garaje ocultos tras un coche nos sacábamos las pollas y nos poníamos a darle a la zambomba.
A veces teníamos algo mas de suerte y nos quedábamos solos en casa, la mía o la suya, que lujo, poder masturbarnos juntos sobre una cama con comodidad y sin prisas.
Nos la machacábamos pero sin mariconadas, ¡que frase! Han pasado años y aún me avergüenzo de haberla dicho alguna vez. Por que ni siquiera era cierta, estaba tan caliente que rabiaba por que Mario me la cogiera con la mano y la acariciara.
Y lo que habría dado para que me la chupara, si sé lo que hubiera dado, hacerle una mamada de campeonato con toda la aplicación de la que fuera capaz.
Pero durante mucho tiempo fuimos tan idiotas como para ni planteárnoslo. Cuanto tiempo pedido.
Las ganas aumentan poco a poco y al final perdimos la vergüenza. Una tarde de domingo mis padres habían cogido el coche, un venerable ciento veintisiete, para ir a ver a mis abuelos al pueblo. No se les esperaba.
Mi hermana Marta estaba con su novio, tampoco. Al terminar de comer Mario se vino a mi casa de inmediato. Teníamos toda la tarde para hacer lo que quisiéramos y mi cuarto para hacerlo.
El plan era paja, merienda y futbol en la tele, puede que con alguna variación del orden según nuestros apetitos, pasar del futbol y seguir con las pajas. Por entonces se nos volvía a poner dura momentos después de habernos corrido. Juventud divino tesoro.
Hacia calor, habíamos terminado los exámenes pero teníamos que esperar a las vacaciones del progenitor para salir de la ciudad. En mi caso al pueblo a aburrirme soberanamente.
Pero aquel domingo nos fuimos derechos a mi cuarto. En vez de arrimar una silla al armario le dije:
-¡Ayúdame!.
Con su espalda pegada a las puertas del armario, me cogió de la cintura, y me izó hasta el altillo donde tenía escondidas las revistas. Cogí las dos primeras sintiendo su cara pegada a mi pecho y sus manos deslizándose por mis muslos hasta sujetar mi culo.
- Las tengo.
Algo se empezaba a revolver en mi actitud para el sexo. O puede que fueran las hormonas, nada mas. Casi sin separarme de él me saqué la camiseta. Mi cara muy cerca de la suya y mirándonos a los ojos. Me imitó sin perder un segundo casi con los torsos pegados.
- Mejor desnudos. ¿No?
Pero aún con miedo a tocarnos. Estaba ya muy excitado y nervioso. Dejé caer mis vaqueros hasta los tobillos y me tiré a la cama atravesado.
Mario se lo tomó con mas calma pero igualmente se bajó los pantalones y él se los quitó del todo.
Su slip abanderado blanco con abertura era tan pequeño que el duro glande asomaba por encima de la cinturilla. El mío era igual de grande y mi polla echada al lado izquierdo se marcaba durísima en el algodón.
- Ya la tienes dura. Cabrán.
Ese día era un punto de inflexión en nuestra relación y en nuestra sexualidad. Acercándose a mí terminó de sacarme el pantalón tirando de la prenda. Me miraba a los ojos y al rabo alternativamente.
- Sin nada de nada.
Y se apoyó en la parte alta de mi muslo para subirse a la cama a mi lado. Me dio un escalofrío cuando lo hizo. El roce que parecía casual me gustó más de lo que me atrevería a admitir.
-Pásame una de esas revistas.
Lo hice, rozando sus dedos. En un gesto de confianza cogió mi mano y me la apretó. Justo antes de coger su gayumbo y bajarlo justo por debajo de su prieto culo dejando la polla al aire. Era bonita, recta, el morado glande escondido en su pliegue de piel, con su mata de pelo oscuro en la base, cargaba un poco hacia la izquierda como la mía.
Con un diestro movimiento, practicado miles de veces, bajó el pellejo descubriendo el pulido glande. Yo no podía dejar de mirarla olvidando mi revista a un lado sobre mi cama. Me tenía hipnotizado, en ese momento mandé a la mierda todos mis reparos y acerqué la mano a sus peludos huevos.
- Me miras mucho.
Pero no lo decía como reproche, sino con una sonrisa lasciva.
A mí me gustaba acariciar los testículos cuando me pajeaba y sabía que Mario también lo hacía. Lo había visto muchas veces. Rocé su escroto con suavidad.
Mis dedos se deslizaron por su piel, haciendo caracolillos con su vello. No se enfadó, al contrario, soltó un gemido que me indicó que le gustaba.
Tanto, que extendió el brazo hacia mí rabo. Con prisa, antes de que algo lo hiciera cambiar de opinión y arrepentirse. Terminé de quitarme lo que me quedaba de ropa antes de que su mano llegara a tocarme.
Él empezó cogiendo mi polla mientras yo seguía acariciando sus huevos cada vez con más confianza. La apretaba con suavidad moviéndola de arriba abajo sin prisa. Yo también me animé más y acariciaba todo su pubis peludo, huevos y polla.
Nos miramos a los ojos y nos sonreímos. Si alguien tenía que tocarnos el nabo quién mejor que un amigo de toda la vida. Pero estábamos tan cachondos que los dos queríamos más.
Nuestros rostros se fueron acercando lentamente y nos dimos un beso, en la boca, suave y dulce. Nos íbamos animando y segundos después estaba dando el primer beso con lengua de mi vida y no era a una chica y eso no me importaba.
Como no esperábamos a nadie no me había preocupado de cerrar y dejar la llave puesta en la cerradura por dentro. Si volvían mis padres eso les hubiera parecido raro.
En ocasiones anteriores como solo nos pajeábamos con las pollas fuera de la ropa nos daba tiempo a recomponernos. Aunque pringáramos los calzoncillos de semen. Esta vez desnudos del todo y mucho más concentrados nos olvidamos de la puerta.
Entró mi hermana casi sin hacer ruido. No sabía si estábamos en casa y llegó al pasillo sin decir nada antes de oír el ruido de los muelles del colchón en mi habitación.
Y nos encontró a ambos con la mano en la polla del otro y las lenguas fuera de las bocas cruzándose lascivas. Nuestras salivas caían por las barbillas hasta nuestros torsos lampiños por aquel entonces.
Venía caliente y cabreada, su novio le había metido mano en el asiento de atrás del coche. En su caso un simca mil de segunda mano, sí, como el de la canción. Después se había ido con sus amigotes a ver el fútbol. La había dejado a medias.
Así que la sorpresa hizo que casi se le cayeran las bragas. Y eso era difícil por que el lois que llevaba puesto parecía pintado sobre su culo y muslos perfectos, de rodillas para abajo la tela era más ancha. De pata de elefante como se llevaban entonces.
El concepto de bisexual no lo teníamos muy claro en esa época. Pero era evidente que aunque lo que estábamos haciendo juntos en ese momento nos gustaba y al menos por mi parte estaba dispuesto a seguir explorándolo, no nos habíamos olvidado de las chicas.
Creo que ver a mí guapa hermana allí delante mirándonos con una expresión desencajada, excitada y cachonda en vez de cortarnos nos excitó aún más. No sabíamos como reaccionaria.
Bueno, pues en vez de poner el grito en el cielo y llamarnos pervertidos solo se quedó allí en el umbral, mirándonos. Su cara de salida nos decía que le gustaba lo que veía.
Así que seguimos. Yo tenía una mano en la polla de mi amigo y la otra en sus huevos pero lo acariciaba suave. Él en cambio movía la mía como si quisiera arrancármela y llevársela a casa como recuerdo.
Al verlo mi hermana se acercó y puso su mano sobre la de Mario para que aflojara el ritmo. A la vez sus dedos rozaban mi glande.
- Si os corréis demasiado pronto a las chicas no nos hace gracia. Tómatelo con calma, no tenemos prisa.
Ahora los asombrados éramos nosotros. ¿Que le pasaba?. ¿De verdad esa era mi hermana o me la habían cambiado?.
- Dime como hacerlo. ¿Como os gusta a vosotras?.
- A las chicas nos gusta que seáis atentos con nosotras. Que os interese lo que sentimos y que nos deis placer.
Increíblemente no había soltado mi polla y seguía acariciándola con ternura junto con la mano de Mario. El roce de sus dedos me parecía lo más morboso que me había pasado y eso que esa tarde iba para récord.
Mario retiró su mano y dejó la de Marta pajeándome con suavidad. Ella se inclinó despacio y empezó a besar a mi amigo dándole lengua. Nos había arrebatado la iniciativa y era ella la que mandaba.
Ya tenía los dos rabos uno en cada mano y empezó a besarnos alternativamente dándonos cada vez más lengua y más saliva.
- Ahora os las voy a comer. Tomad buena nota por que después quiero ver como lo hacéis vosotros. Eso me pondrá muy caliente.
- ¿Has cerrado?
- Si, he echado la llave.
Uniendo la acción a la palabra se arrodilló entre los dos. No soltaba las pollas. Inclinó la cabecita. La melena le cubría la cara cuando sentí su lengua recorriendo mi escroto. Una corriente eléctrica recorrió mi columna desde el nabo hasta la base de mi cerebro.
Un jadeo escapó de los labios de mi amigo cuando Marta se dedicó a su rabo. Cada poco rato cambiaba de polla, lamiendo el tronco hasta llegar al glande o chupando los huevos.
No se si yo sabría hacerlo pero en ese momento ya estaba dispuesto a todo. Y creo que Mario estaba igual de preparado.
- Vuestro turno. Seguid mientras me desnudo.
Me empujó para que me tumbara mientras Mario se subía encima de mí. Su nabo quedó justo encima de mi cara. Ya no había vuelta atrás y empecé besando el glande. Para luego deslizar la lengua por todo el duro aparato.
Él en cambio empezó por mis huevos, mojándolos con su saliva antes de meterlos entre sus labios. De reojo no perdía de vista a Marta que se desnudaba despacio sin dejar de mirarnos.
Cuando se quitó la camiseta sus tetas contenidas por el cruzado mágico serían las primeras que veríamos en vivo. Echó las manos a la espalda para soltar el broche lo que hizo que parecieran más cónicas y duras de lo que ya eran.
La prenda se abrió y resbaló por sus torneados brazos, me quedé con la boca abierta lo que mi amigo aprovechó para meter en ella la polla. Los pechos que veía eran aún más maravillosos que cualquier cosa que me hubiera imaginado. Más bonitos incluso que los que salían en las revistas.
Mario tuvo la misma reacción que yo al ver la tetas de mi hermana pues paró de lamer mis huevos. Todo fue a mayores cuando empezó a bajar el lois. La pequeña braga blanca de algodón apenas tapaba su encharcado coño. La tela se trasparentaba allí y casi se veía la pelambrera negra de su conejito.
Fueron segundos pues en cuanto el pantalón salió por los pies, fue detrás la braguita. Durante un momento deslizó los dedos por los labios de su vulva separándolos. Se acarició el clítoris, aunque no supe hasta un rato después como se llamaba ese botón. Y eso que si lo había visto en las fotos de las revistas.
Nunca supe si se llegó a correr en ese momento pero cuando apartó la cadera de Mario de encima de mí cabeza y puso la suya encima de mi boca lo que probé en ese momento me supo a gloria. Saqué la lengua y me puse a pasarla por los labios y a intentar penetrarla con ella como un loco.
- Despacio nene, no hay prisa. Como te dije antes. Pasa la lengua y disfrútalo. Haz que la note.
Mario no había dejado de lamer mi polla y huevos. Pero se había girado y puesto entre mis piernas para no perderse nada de lo que me hacía Marta. Para entonces estaba tan excitado que no pude contenerme más. Me corrí en la boca de mi mejor amigo sin poder avisarle.
También es verdad que tenía la boca muy ocupada con el coño de mi hermana. No le importó, se lo tragó sin protestar.
-A ver chicos, que no tenga que repetirlo, se trata de disfrutar los tres. Cuando haya lefa la compartimos, no seáis egoístas.
Marta buscó en la boca de mi amigo los restos de mi semen metiendo la lengua hasta la garganta. Como Mario y yo habíamos estado practicando le respondió al beso lascivo. Creo que bastante de su saliva resbaló haya mi vientre.
Yo seguía dando lengua y recibiendo en la boca los orgasmos de mi hermana. Pero ella quería una polla dentro y la mía había quedado fuera de juego por el momento.
Hizo que Mario se pusiera en el borde del colchón. Se le subió encima y despacio, con las rodillas a los lados de su cadera, dejó caer la pelvis sobre su rabo.
- Vamos, hermanito sigue usando la lengua como ya me has demostrado que sabes.
Me puse entre los muslos de Mario, separé sus rodillas y me puse a comerle el culito a Marta, lamer sus nalgas prietas y llegar hasta el ano con la sin hueso. Alcanzaba hasta los huevos peludos de mi colega y el interior de sus muslos.
Les oía gemir a los dos disfrutando del polvo y de mis atenciones con la lengua. Precisamente por eso mi polla volvía a ponerse dura.
- Marta, ¿ahora que hago?
- Aún me queda otro agujero. ¿No quieres utilizarlo?.
Ni en mis más locas fantasías me habría imaginado que mi estreno sería sodomizar a mi hermana, comerle el coño y la polla a mi amigo. Y parecía que ella ya había estrenado esa vía con un éxito notable.
- Ponle bien de saliva y a tu polla también. Para que no nos duela.
Como había hecho toda la tarde seguí sus instrucciones al pie de la letra. Guiando el glande con la mano lo acerqué al ano e hice fuerza. Es evidente que debido a mi inexperiencia no entró a la primera, pero insistiendo conseguí deslizarme en el interior de su recto.
Coordinar los movimientos también nos llevó unos momentos lo que consiguió además retrasar la corrida de Mario. Pero no mucho más tiempo, estaba muy excitado, un momento más tarde noté como su nabo se salía solo del xixi y rozaba mis huevos mojándolos con los jugos mezclados de ambos.
Inmovilizado por el peso de mi hermana no podía moverse así que siguió besándola y comiendo sus duras tetas mientras yo le follaba el culo. Ella lo apretaba exprimiendo mi rabo. Hubo un momento que pensé si no querría arrancarlo y quedarse con él dentro.
Yo aproveché para inclinarme un poco más, besar sus hombros y lamer su orejita. Movía el culo saliendo a mi encuentro cada vez que yo empujaba. Y jadeaba recibiendo las caricias de los dos.
- Tata, ¿y esto?.
Le pregunté extrañado. Entre suspiros y gemidos consiguió soltar alguna frase coherente.
- Antes de tomar la píldora era la mejor opción para no quedar preñada y le cogí cierto gusto. Te defiendes, sigue follando, no pares.
Seguí su orden con sumo placer. Hasta terminar llenando el culo de Marta con mi leche. Nos estaba demostrando lo morbosa y guerrilla que es. Y continuó en esa línea.
Se giró y le puso el culo en la cara a Mario. Este se había quedado sin lamerla hasta ese momento. Ansioso sacó la lengua y sin problema, ni asco, se puso a comérla entera. Mi semen rezumando del ano de mi hermana y su coñito del que aún salía algo de su propia lefa.
Mientras yo conseguí besar a Marta y jugar con su lengua.
- Hermanito. Tendremos que dejar lo de que me folles para otro día. Pero no pienso desaprovechar dos pollas como las vuestras.
- Y nosotros encantados.
- Habrá que aprovechar estas tardes de fútbol. Pero mientras quiero que vayáis practicando entre vosotros.
Yo pensaba en que tendría algún rato a solas con ella en casa sin padres. Y más ratos con mi amigo en los que explorar esa nueva forma de relación que habíamos descubierto. Viendo que a mí hermana le gustaba el anal llegamos a explorar esa opción.
Para entonces ya teníamos algo de prisa para lavarnos y ventilar la habitación. Aunque no nos privamos de contemplar a Marta sentada en el bidé lavándose el chumino y el culito completamente desnuda. Ni de lavarnos el uno al otro nuestros rabos.
Por entonces le llegué a coger el gusto a tener una polla o un vibrador metido en el ano. Un placer del que no me he privado con posterioridad cada vez que se me presentaba la oportunidad. Desde luego los tríos se repitieron todo lo que pudimos, todo lo morbosos y lascivos que nos dictaba nuestra imaginación.
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lunes, 11 de julio de 2022
Túnel dimensional, Grecia clásica
"Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia"
Tercera ley de Clarke.
El túnel al multiverso es una tecnología desconocida y aún incontrolada. Los científicos no se ponen de acuerdo en sus bases teóricas. Pero sus efectos son bien conocidos en la institución que lo estudia gracias a los informes de los conejillos de Indias, ups, perdón, las personas que lo cruzan con destinos inesperados: Otras épocas, lugares e incluso mundos de fantasía, de novela o de cine.
Esta colección de extractos de esos informes hace hincapié en las vivencias más eróticas de la protagonista narradas por ella misma.
Ya no estamos en Kansas.
Debe ser una frase muy repetida últimamente, especialmente por mí. El túnel dimensional me dejó en una playa virgen de fina arena blanca, preciosa. El mar azul parecía infinito. A primera vista no se veía rastro de civilización alguna a mi alrededor. ¿Que tiene que hacer una chica del s. XXI cuando se ve en una situación así?.
Solo lo que parecían unos olivos tras la linea de la costa podrían indicar la presencia de agricultura y puede que de humanos cerca. Sabia que donde quiera que hubiera llegado no estaba preparada para ello.
Una camiseta de tirantes, un mini short vaquero y unas puñeteras sandalias eran todo mi atuendo. Ni siquiera me había pillado con una navaja multiusos, por no decir la nueve milímetros.
Mi duda era seguir la linea de playa o buscar una senda entre los olivos. Me decidí por la plantación por que quizá una choza de labradores o de pastores me permitiría pasar mas desapercibida que un jodido puerto populoso y un montón de marineros borrachos y salidos.
Por lo menos hasta poder cambiar mi atuendo por algo que no llamara la atención en esa época, fuera cual fuere.
Un poco mas adelante en el camino había vides y algunas parcelas de cereales. Lo que me confirmó por el tipo de cultivos que estaba en alguna parte de la cuenca del Mediterráneo.
Al fin divisé una columna de humo trepando al cielo sobre los cultivos y me acerqué con cuidado. Un pequeño huerto bien cuidado, algunos animales de granja alrededor de la choza, gallinas y ovejas encerrados en un corral hecho con estacas de madera.
Podía pertenecer prácticamente a cualquier lugar y época de un amplio espectro de siglos en esa zona geográfica.
Suponía que podría apañármelas con alguna versión del latín o del griego clásico. Menos mal que se me dan bien los idiomas. Estaba pensándolo cuando vi salir de la choza a una joven mujer para echarle unos desperdicios a las gallinas.
Su indumentaria tampoco me daba muchas pistas, una toga corta sujeta solo al hombro izquierdo que descubría sus fuertes muslos podía proceder de cualquier tiempo de la era clásica entre los campesinos pobres.
Sus bonitos pechos llenos y voluptuosos se meneaban libres de cualquier sostén bajo la fina tela de lino marcando la dureza de unos pezones muy deseables. A veces la teta derecha se escapaba de la tela.
Durante un rato me quedé como petrificada contemplando tan bonito espectáculo. Algo que nadie había visto en cientos de años. Por fin me decidí a presentarme.
Probé primero con el latín sin que hubiera ningún resultado. Pero en griego conseguí hacerme entender. Tuve que escribir algunas palabras en la arena con una ramita. ¡Ella sabía leer!. Bueno y mejor funcionó cuando ella corrigió bastante de mi pronunciación. Bueno, estaba claro que había ido a caer en Grecia.
Nadie excepto otro viajero del túnel había oído ese idioma, bien pronunciado al menos en siglos. Por suerte había cambiado impresiones con él días antes, en mi cama. El chico había aterrizado en Esparta y lo había pasado fatal y yo me dediqué a consolarlo.
Para no asustarla y explicar mi extraña apariencia le endiñé el cuento de que era una viajera de tierras lejanas. No parecía que ella se fuera asustar por casi nada pero la historia de la viajera me permitía darle una razón a mis errores, en el vestir, hablar y comportarme.
Y así por fin conseguí averiguar donde demonios había ido a caer. Era una chica culta para ser campesina y por los reyes y hechos que ella consiguió nombrarme conseguí situarme. Estaba en Lesbos hacia el s. IV antes de Cristo en pleno Egeo.
Ademas de belleza que poseía mucha, tenia inteligencia y conocimientos sobre los hechos de su tiempo. Me contó que estábamos cerca de un puerto donde atracaban galeras y mercantes de toda Grecia, Egipto y Fenicia. Así que el mar que se veia desde su puerta era el Egeo. Esto puede ser que me diera la opción de conocer a Safo.
Era la única personalidad importante que se me ocurría que pudiera estar por la zona. Durante la conversación admiraba su perfil griego, el escote insinuado en los pliegues de la túnica, los brazos desnudos, bronceados y fuertes.
La verdad, la Helena que tenía delante hubiera podido hacerle de modelo a Praxiteles. Quizá no botar mil barcos pero un par de galeras si que se hubieran movido por ella.
Por una de las sendas nos llegó el sonido de un silbido. Era su marido, Jason, que conducía por el ronzal un par de mulas con las que había estado trabajando un campo de cereal.
Su granja parecía bien cuidada y próspera. Se acercó al pozo, dejó caer la corta túnica que lo cubría quedando completamente desnudo. Sacó agua con un cubo de madera. No parece que hubiera ningún tabú sobre desnudez en esa cultura.
Se lavó el polvo y el sudor de la musculatura impresionante. Si habéis visto trescientos os haríais una idea, pero sus músculos se debían al duro trabajo del campo y no de un gimnasio pijo de Holliwood.
Un magnífico ejemplar de hombre, todo un macho griego, un verdadero hoplita. Pues cuando me invitaron a entrar en su casa vi sobre la chimenea colgados el escudo, el casco y la espada, todo en bronce bruñido lo confirmé. Pude admirar esas armas, no tras la vitrina de un museo, sino recién forjadas en una isla del Egeo.
Se ató a la cintura una simple tela de lino y por fin bien limpio se acercó a nosotras que habíamos mirado todo el proceso con cierta admiración. Al menos por mi parte, ella debía estar acostumbrada.
Aún estabamos en la puerta charlando y sin perdernos nada del espectáculo. Cogió a su mujer de la cintura y la besó profundamente dándole una buena ración de lengua a lo que ella respondió con entusiasmo.
Por debajo de la corta túnica pude espiar la mitad de las respingonas nalgas de la bella morena cuando el péplum se levantó en el abrazo. Detalle que aprecié aunque había pasado media tarde mirando sus torneados muslos.
Las miradas de ambos no habían dejado de espiar mi cuerpo. El vientre desnudo por la cintura baja de mis pantalones. El escote de la camiseta y lo pegado de la tela tan ajustada a mi piel que mis tetas se notaban perfectamente, los muslos desnudos.
Parecían extrañarse por mi indumentaria, desconocida en ese tiempo, lógico. Pero como me tenían por una viajera de lejanas tierras ese detalle se pasó por alto, como una cortesía más debida a un huésped. Su sentido de la hospitalidad consiguió que me invitaran a cenar e incluso a pasar la noche con ellos.
No es que me apeteciera dormir en un montón de paja lleno de pulgas pero mientras la entrada al túnel cuántico no volviera a alcanzarme no podria volver al s. XXI.
Tras lavarnos juntas ella y yo, lo que me permitió ver al natural sus tetas perfectas, y a ella admirar mi cuerpo desnudo, según dijo, pasamos al interior de la vivienda. Me prestó un paño de lino para cambiarme y dejar mis sudadas ropas a un lado. Me ayudó a colocarlo aprovechando para acariciar mi cuerpo en el proceso.
La cena, aunque sencilla a base de embutidos, queso y verduras frescas con aceite y vino elaborado en su propia casa fue muy sabrosa. Ayudé en lo que pude pero aparte de cortar y lavar los vegetales no pude hacer mucho más.
Ademas fue animada, eran agradables, buenos conversadores, inteligentes, simpáticos y pude practicar mi oxidado griego clásico. Me contaron chismes y cotilleos de la zona y las noticias que les llegaban de las ciudades estado.
Tras servir la mesa a lo que la ayudé, Helena se ató la túnica a la cintura dejándonos ver sus dos preciosas tetas. Me indicó que podía deshacerme de algo de ropa y aflojé el péplum imitándola desnudando mis peras sin problema, ya había confianza de sobra.
Ambos parecieron admirar el gesto y la belleza de mis formas que alabaron en voz alta. Yo ya había admirado el trabajo de la granja y de la bien cuidada casa pero ellos empezaron con mi cuerpo. Yo también les halagaba a ellos, lo que me resultaba fácil y sincero.
Solo son verdades, la musculatura de luchador y los rasgos finos que él tenía. Y ella, bueno, sus pechos perfectos que aún no habían amamantado, su cadera generosa, los afinados muslos musculosos por el trabajo, y su carita, bueno, a esas alturas estaba deseando besarla.
A los postres, algo con mucha miel y almendras, ellos comenzaron a besarse y acariciarse demostrando su amor ante la invitada. A la que estaban poniendo los dientes largos. La suave tela de lino que cubría la polla se empezaba a levantar y en cuanto Helena se dio cuenta de ello le agarró el rabo ya duro a su marido.
Esta vez dejándomela ver a mí. El nudo se soltó y quedó completamente desnudo ante nosotras. Sin pudor, como algo natural. Mirándome a los ojos con un gesto me pidieron que me reuniera con ellos.
Con la misma naturalidad que hasta entonces habían mostrado en todo acariciaron mi piel, besaron mis labios. Yo pude disfrutar de sus cuerpos no sobre el tan temido montón de paja sino en un lecho del vellón de sus ovejas, cubierto de suaves pieles.
Helena fue la primera que se acercó a mí. Supongo que pensaron que me daría más confianza. Sus tiernos besos al principio fueron leves y dulces. Pero viendo que le correspondía y que mi lengua buscaba la suya se hicieron mucho más lascivos.
Sus tetas atraían mis manos con poderoso magnetismo y por fin pude acariciar los duros pezones. Pronto noté en las mías unas manos fuertes. Jason por fin se había decidido y desde mi espalda había puesto sus manazas en mis tetas. Su poderoso torso pegado a mi espalda y empezaba a notar su polla griega buscando el griego.
Acorralada entre los dos no tenía escapatoria ni la quería. Sus pieles frotándose con la mía me estaban calentando. Menos mal que los únicos seres vivos de las cercanias eran sus gallinas y corderos, eran los únicos que podían oír nuestros gemidos y suspiros.
Helena ya buscaba con los dedos el clítoris, para entonces tenía el coño encharcado y estaba mojando su mano. Con la palma de la mano en los labios de mi vulva alcanzaba a acariciar el glande de Jason.
Con ternura lo fue guiando a mi interior. Estaba tan excitada que se abrió paso en mi xoxito de una sola vez. Helena se recostó sobre las suaves pieles abriendo los poderosos muslos. Lamí sus axilas, besé sus pechos y el vientre bajando por su cuerpo.
La postura hacía que yo quedara a cuatro patas. Por fin tenía ante mí la delicada vagina. A cada empujón del hoplita en mi cadera mi lengua posaba por los labios de su chica, los del dulce coñito, e intentaba penetrarlo con ella. Sus gritos llenaban la choza, y los míos no solo por que tenía la boca muy ocupada. Jason me estaba follando con fuerza, ternura y firmeza pero no muy deprisa justo como me gusta.
Entre el diu y las vacunas no tenía que tomar ninguna precaución extra así que le animé a seguir hasta que me llenó con su semen y eso que ya me había corrido un par de veces. Helena también había disfrutado lo suyo, pero estaba dispuesta a un poco más.
Obligó a su marido a no sacarla de mi coño y reptando de colocó debajo de mi cuerpo. Con su linda cabecita bajo nuestros sexos ensamblados. De inmediato noté su lengua juguetona en mi clítoris y según la polla iba perdiendo su dureza lamía el semen y los jugos que escurrían de mi interior y del glande de su esposo. Yo aproveché para darle las últimas lamidas a su xoxito.
Al final me dormí entre los brazos de los dos cariñosos griegos. El suave vellocino sobre el que dormíamos me acariciaba tanto como sus manos.
A la mañana siguiente, tras cumplir con los trabajos de la granja, Helena me llevó al mercado del puerto. Aunque me había dejado uno de sus péplum para que pasara más desapercibida. Nunca habría imaginado lo sensual de aquella sencilla prenda.
La verdad es que era más trasparente de lo que solía vestir habitualmente. Mis pezones se marcaban en la fina tela y los pliegues de la falda mostraban mis muslos a cada paso. Pero como todas las mujeres vestían así no llamábamos la atención.
Paseábamos entre los puestos del mercado, viendo las mercancías procedentes de todo el mediterráneo y más allá. Telas, especias, artesanía, herramientas, incluso armas y joyería, pero yo no tenía dinero ni nada para intercambiar por que hasta el trueque estaba permitido.
En una colina cerca del pueblo se levantaba un templo. No era ni muy grande, ni muy impresionante pero allí estaba con sus columnas dóricas y los frisos policromados. No era el Partenon pero me valía. Nos dio tiempo hasta hacer una pequeña ofrenda a Afrodita, la diosa patrona de la ciudad. Al teatro ya no pudimos entrar pero pude verlo cuando pasamos a su lado.
La actitud de la gente era desinhibida. Se acariciaban y metían mano sin recato. Aprovechando el calor reinante las ropas iban sueltas mostrando más partes del cuerpo de las que en nuestro siglo XXI sería normal ver por la calle. Los pechos de las mujeres, los torsos de los hombres y hasta los culos de los jovencitos que los hombres acariciaban sin problema.
Mi escasa ropa se la había regalado a Helena y Jason. El minishort le quedaba de miedo a la portentosa cadera de la griega. Como la tela no duraría muchos años no le daría un susto de muerte a un arqueólogo contemporáneo. En previsión de algo así me había acostumbrado a no llevar nada de plástico. Por una parte, una lástima, me hubiera gustado comprar alguna chuchería como recuerdo y por otra a mi regreso todo se lo quedaría la "institución".
Al acercarnos a la orilla pude contemplar los trirremes de guerra atenienses, los panzudos mercantes fenicios, las galeras egipcias. Siempre me da rabia no poder llevarme el móvil o al menos una cámara. Tener que guardar esos detalles en la memoria y tener que dibujarlos después es un coñazo.
Viendo lo bien que me había defendido con ella en su lecho Helena me guardaba una sorpresa. Me condujo a una bonita casa en el pueblo. Allí conocí a Safo en su cama hicimos el amor mientras Helena nos contemplaba y no tardó en unirse.
Tras una breve introducción que me hizo la granjera Safo me recibió entre sus brazos. Las túnicas tardaron segundos en caer y poco más en llevarme a la cama.
Bajo los atentos ojos de Helena la poetisa se tumbó sobre mí en un sesenta y nueve para demostrar a la chica extranjera sus habilidades buco linguales. Desde luego le correspondí saboreando su dulce coñito.
Un momento más tarde teníamos a Helena sobre nosotras lamiendo y acariciando toda la piel que pudiera alcanzar. Justo sobre mis ojos veía su lengua lamiendo el ano de Safo.
La dos griegas me dieron un montón de orgasmos esa tarde calurosa junto al Egeo. Las chicas sabían lo que hacían acariciaron, besaron y lamieron todo mi cuerpo. Y yo me dediqué a darles placer a las dos.
Caminando de vuelta entre los olivos solo me dio tiempo a un rápido beso a Helena antes de que el túnel me devolviera a casa. Las luces debieron impresionarla pero en una cultura donde los dioses interactuaban con los hombres constantemente no creo que causara un gran revuelo. Fue uno de los viajes más cortos, apenas un par de días, pero de los que más disfruté.
Todavía sostenía un manuscrito de Safo en la mano, poemas inéditos, cuando llegué ataviada con el péplum y las sandalias. Menos mal que el túnel me dejó cerca de mi casa y aún así la gente me miraba por la calle. ¿He dicho ya que las tetas se notaban mucho en esa tela tan fina? No hay dinero para pagar esos poemas o el manuscrito, claro que tampoco me los iban a pagar.
La organización que estudia esos viajes, la "institución", se queda con cualquier cosa de valor histórico o arqueológico que los viajeros podamos traer. Desde luego las prendas me las quedo. Serán un bonito recuerdo de la chicas griegas.
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