viernes, 28 de julio de 2023

Túnel dimensional, Camelot

8 "Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia" Tercera ley de Clarke. El túnel al multiverso es una tecnología desconocida y aún incontrolada. Los científicos no se ponen de acuerdo en sus bases teóricas. Pero sus efectos son bien conocidos en la institución que lo estudia gracias a los informes de los conejillos de Indias, ups, perdón, las personas que lo cruzan con destinos inesperados: Otras épocas, lugares e incluso mundos de fantasía, de novela o de cine. Esta colección de extractos de esos informes hace hincapié en las vivencias más eróticas de la protagonista narradas por ella misma. CAMELOT "Una chica en la corte del rey Arturo" Es el puñetero túnel otra vez, pensé mientras cogía lo primero que tenía a mano para cubrirme, una sabana de la cama. Tras el habitual juego de luces, pirotecnia y efectos especiales miré alrededor para ver gruesos muros de piedra cubiertos por hermosos tapices de aspecto muy antiguo. Por suerte estaba sola, lo único que me faltaba era que algún patán barón medieval me condenara a la hoguera por brujería. El día que aparezca delante de alguien consciente le voy a dar un susto de muerte. Me envolví como pude en un lienzo de lino que había sobre una mesa. a modo de túnica o péplum, habilidad que había aprendido en la Grecia clásica en un viaje anterior. Me decidí a comenzar una cauta exploración de lo que a primera vista parecía una fortaleza medieval. Era eso o un parque temático muy bien construido. A punto estuve de darme de bruces con un par de guardias en cota de malla, armados con espadas cortas tipo gladius y dos pillum cada uno. Pero por suerte sus atuendos hacían tanto ruido a chatarra que pude resguardarme a tiempo en el nicho de una ventana sin que me vieran a pesar de mi blanco atuendo. Asomada al pretil del estrecho ventanuco, mas bien una saetera, pude descubrir algunas pistas más de mi paradero. En primer plano una robusta muralla con torres redondas en las esquinas y un lienzo que parecía o ojo de más de nueve metros de alto y tres de ancho. Por el pasillo de ronda almenado la guardia formada por mas de aquellos tipos cubiertos de chatarra estaba atenta al terreno del exterior del castillo. Como los de la muralla no estuvieran más atentos que los dos cegatos que yo había encontrado dentro estaríamos aviados. El tipo de fortificación no terminaba de encajar con las armas de los guerreros que la defendían. Era como si un productor de mal cine de época hubiera mezclado estilos diferentes. Parecía verano por la temperatura. La estrecha ranura a la que me asomaba no dejaba entrar nada de la brisa. Por la estrecha tronera alumbrados por una hermosa luna llena se distinguían suaves praderas verdes y frondosos bosques algo mas alejados. El aspecto de las armaduras y cotas de malla era bajo medieval pero no podía dármelas de experta. Por entonces todavía no había estudiado tanto como he hecho a posteriori, era uno de mis primeros viajes. Apenas había oído hablar a los dos guardias y no sabía a que tribu o noble o reyezuelo podían pertenecer: Germanos, francos, alanos, sajones o incluso tardoromanos. Con un poco de suerte podía hacerme entender en latín. Pero si hubo una palabra que comprendí: Camelot. Si eso era cierto en alguna parte de ese enorme castillo dormía tranquilamente confiado en la destreza de sus caballeros el mismísimo rey Arturo. Esperaba que todos los caballeros no fueran como aquellos dos. Cubierta con una sabana blanca y en plena oscuridad di gracias a su miopía y seguí explorando. Elegí las escaleras de una torre al azar sin saber donde podían llevarme mis pasos. En ese momento solo pensaba alejarme de la patrulla. Si lo hubiera pensado mejor habría sido más lógico ir hacia abajo e intentar llegar a las cocinas o a la habitación de la servidumbre donde habría llamado menos la atención. O incluso a la campiña, más difícil pues tendría que pasar el puesto de guardia. Pero el viaje en el túnel y esa situación me tenían un poco descolocada. Para escapar de otros dos guardias que me acorralaban en un pasillo abrí la puerta mas cercana y me refugié en la habitación que cerraba. Sin darme cuenta, al principio, de que sobre un lecho cubierto de suaves pieles dormía una pareja. Ambos completamente desnudos debido al calor reinante. Ella, una joven morena de impresionante belleza tumbada de costado con la larga melena negra como ala de cuervo extendida a su bien torneada espalda. Sus pechos grandes y voluptuosos de gran aureola oscura descansaban uno sobre el otro. Y su brazo sobre la cintura de abdominales mercados de un hombre. Era un estupendo ejemplar al que una barba y una larga melena blancas como la nieve daban una engañosa apariencia de anciano. Los pechos de la chica grandes, cónicos y duros clavados en el costado del pecho del hombre que roncaba con suavidad. Su rodilla doblada sobre los muslos de él. Morgana le Fay abrió los negrísimos ojos confiada en los poderes de su magia y en la seguridad de la corte de su hermanastro. Al descubrirme en su dormitorio precariamente cubierta por una sabana blanca y suponiendo acertadamente que algo raro ocurría se levantó. Todavía doy gracias que no se le ocurrió desenvainar la daga que podía ver colgada junto a su cabeza que aunque en una funda enjoyada tenia un aspecto letal. Sin despertar al mago se incorporó y se acercó a mí llevándose un dedo a los sensuales labios indicando con un gesto que parecía universal que no hiciera ruido. Su curiosidad, mas que la sospecha, hacía que no dejara de mirarme. Era evidente que no nos habíamos visto nunca y suponía que ella conocía al menos de vista a todas las mujeres de la corte. Sin cubrir ni sus bellos y duros pechos ni sus rotundas caderas me tomó de la mano y me condujo a una habitación mas allá. A lo que parecía el laboratorio limpio y ordenado de un alquimista. Una estantería repleta de manuscritos en pergamino, además de otras con frascos y recipientes misteriosos adornaban las paredes. Manojos de hierbas secas colgaban de las vigas del techo y a lo largo de las paredes robustos bancos de madera ofrecían sitio donde sentarse o trabajar. Las herramientas sobre una enorme mesa de trabajo de roble en el centro de la estancia me indicaban que allí realizaban algún tipo de oscura labor mágica. El olor a especias y raros perfumes inundaba la estancia. Sinceramente esperaba que el trabajo de aquellos dos no tuviera nada que ver con mi destino en ese viaje y que de alguna forma me hubieran invocado desde mi tiempo. Morgana parecía adivinar que yo, aunque desconocida para ella, no suponía ninguna amenaza. Como la hechicera no tenia prisa por cubrirse yo dejé de preocuparme tanto por esconder mi desnudez. Dejé caer en uno de aquellos bancos donde me había sentado parte del trozo de lino que apenas me cubría. Aún estaba anonadada por el viaje. Mi vista se veía atraída de vez en cuando por la poblada mata de vello púbico tan negro como el de la lisa cabellera o por los voluptuosos pechos sobre los que la fuerza de la gravedad no parecía tener ningún efecto. Mi túnica ya medio abandonada le mostraba los míos a ella, la prenda aún enredada entre mis piernas y en mi cadera. Aprovechó para echarle un jugoso vistazo a mi anatomía. Por fin se decidió a hablar, a interrogarme y preguntarme la razón de mi presencia en la fortaleza y en su dormitorio. Tras algunos intentos fallidos en lo que supuse eran versiones de la lengua común de la época, al que aún no se podía llamar inglés. Desde luego mi conocimiento actual de ese idioma no valía un pimiento en esa situación. Por fin ambas conseguimos hacermos entender en nuestras versiones del latín. El mío mucho mas clásico que la versión degenerada e influida por pueblos barbaros lengua suya. - ¿De dónde ha salido una belleza como tú?. ¿Cómo has terminado en mis aposentos a estas horas?. - Estaba en mi lecho durmiendo tranquila. Y de pronto me he visto en la torre de ahí al lado, seguida por los guardias. - Nosotros podremos averiguar lo que te ha pasado. Y mientras te puedes quedar conmigo. Soy Morgana aprendiz del poderoso Merlín. - ¿De verdad ese hombre con el que estabas es Emrys? Hasta mi tierra han llegado noticias de la gestas de Arturo, sus caballeros y el mago. Y por supuesto de tu belleza y poder. - No sabía que la fama hubiera llegado tan lejos. Suponiendo que si atribuía mi viaje a alguna forma de hechicería ella lo asumiría como algo natural me limité a dejar esa explicación en el aire. Mi túnica eligió ese momento para caer del todo a mis pies, ayudada por un leve movimiento de mi cadera y se deslizó al banco en el que estábamos sentadas. Descubriendo por fin toda mi desnudez a los ojos de la poderosa hechicera. - Eres muy hermosa, he tenido suerte de que llegaras a mí. Me abrazó para consolarme, no es que lo necesitara mucho, pero en ese momento por la tensión del viaje me vendrían bien unos mimitos. Y la gran maga estaba dispuesta a darme consuelo. Nuestros labios se unieron, juguetearon las lenguas, mientras su mano curiosa investigaba los labios depilados de mi vulva. Estaba claro que mi coñito pelón había llamado su atención tanto como a mí la melena morena que ocultaba el suyo. De inmediato pudo notar mi humedad mojando sus dedos entre los labios de mi vulva. Los labios se abrieron al primero de sus hábiles toques y tuve que ahogar con besos en el hueco entre su hombro y su cuello los gemidos que me provocaba. Luego siguió hacia mi coñito. Cuando alcanzó mi clítoris con sus besos yo ya me derretía y gemía. No los acallé bien del todo pues al poco rato despertamos a su amante con nuestros jadeos y fuimos interrumpidas. Besaba y lamía su cuello y sus torneados hombros. Mi mano le daba placer mientras buscaba entre su pelambrera la vulva que estaba deseando acariciar desde que la había entrevisto en su lecho. El mago nos sorprendió así, yo sentada a caballito sobre los muslos de la morena intercambiando saliva como si pretendiéramos saborearnos enteras. Se aproximó a mi espalda en un movimiento que parecía a la vez natural y ensayado. Lo podía ver de reojo sin cubrirse y poderoso, el gran Merlín. Se deslizaba sobre el piso de piedra como algo etéreo y sobrenatural y completamente desnudo. La energía de su presencia era poderosa sin necesidad de hacerse notar por otros medios. Mientras besaba mi nuca, el cuello y la parte trasera de mi oreja sentía como la poderosa polla de Emrys se abría paso entre mis nalgas buscando mi ano. Ya debía haberla lubricado pues solo sentía placer al ser penetrada o seria algún truco mágico, yo no estaba para pensarlo, solo para sentirlo. - Dejáte llevar. - No hace falta que me animes, lo estoy deseando. Morgana no me había abandonado y notaba dos de sus dedos entrando en el coño mientras hacia circulitos con mi clítoris con otro. Ahí estaba, en el laboratorio del hijo del demonio, de Emrys y follada por los dos poderosos magos de la corte de Camelot. Solo después de mi primer gran orgasmo me condujeron a su lecho de suaves pieles para seguir haciéndome el amor hasta la madrugada. Parecía que a aquellos dos no se les terminaba la energía y yo acababa de despertarme en mi siglo. Apenas llevaba media hora rondando por la fortaleza cuando entré en sus aposentos. Pocos minutos más tarde me estaba corriendo como una loca. A veces lo del Jet lag en esos viajes es una ventaja. Sobre el lecho de pieles de la pareja me vi acariciada, besada y lamida por todas partes. Además de penetrada por todos mis orificios por la poderosa polla del mago. Su herramienta permanecía dura durante horas y capaz de dar placer a dos chicas hambrientas de placer. Si que parecía algún truco mágico. Pasamos un par de días placenteros allí dentro. Por supuesto nadie molestaría al consejero del rey cuando estaba inmerso en alguna de sus investigaciones mágicas aunque esas fueran en lo más profundo de mi culo y coño. Se limitaban a traer bandejas con nutritiva comida repleta de grasas y dulces. En algún momento teníamos que salir de la habitación y el laboratorio. Aunque me mostraron algunos de sus trucos más sencillos. Yo también pude compartir con ellos algunoa técnicas tecnológicas de mi tiempo. Además de iniciar una investigación sobre el túnel que por supuesto no llegó a ninguna parte. Para presentarme ante la corte Morgana me prestó uno de sus mas bellos y elegantes vestidos en seda ribeteado con pieles y piedras preciosas, verde bosque y con un generoso escote. Hacía juego con el azul cielo que la bruja lucia a mi lado o el de purísimo blanco que la rubia Ginebra lucia en su trono al lado de Arturo. Creo que ese tipo de cosas ya las tenían coreografíadas. Ninguna de nosotras usaba ropa interior como parecía ser costumbre en la época. El rey cubierto con una resplandeciente armadura completamente fuera de su época lleva al cinto una hermosa espada con empuñadura de piedras preciosas. Era la espada de la piedra, la espada de Inglaterra, no el regalo de la dama del lago, la embrujada Excalibur. Cuando pude examinar tan bella arma descubrí el fino acero damasquino, las delicadas tallas de los gavilanes y el pesado pomo. Además de las piedras preciosas que adornaban la empuñadura que en mi tiempo valdrían una fortuna. A su espalda Lanzarote, el paladín del rey, montaba guardia apoyado en una enorme lanza. Sin su yelmo se podía apreciar a distancia su carisma y lo guapo que era. Recibí los alagos de caballeros y damas además de prodigar yo misma alabanzas a la gallardía y belleza de los miembros de la corte. Lógicamente esa fue una ocasión formal, una audiencia. Pero increíblemente Arturo no tenía un salón del trono como tal. Me recibieron en la sala de la mesa redonda. Por si no estuviera bastante deslumbrada por los personajes y el lugar en el que estaba esa impresionante pieza de marquetería terminó de dejarme anonadada. De labios de Morgana sabia que los tres compartían lecho. Cualquier cotilleo sobre la corte me vendría bien para hacerme una idea más competa de la situación. La maga me relató como de vez en cuando invitaban a quien les complacía ya fueran caballeros o damas o incluso cualquier belleza o jovencito del pueblo y evidentemente a los magos de la corte. Supongo que lejos de la corte y los amorosos brazos de la reina los dos aguerridos guerreros se consolaban muy juntos en sus campañas. Eso parecía una buena opción para pasar las largas noches de la guerra sobre un solo jergón. Incluso yo pude disfrutar sin complejos de los encantos de la reina y sus damas, y de las hermosas pollas del rey y sus caballeros. Allí no se cortaban mucho en disfrutar de sus cuerpos. Lógicamente eso fue en audiencias mucho más privadas. A la noche siguiente Lancelot me condujo a los aposentos de la reina. Ella estaba tumbada boca abajo completamente desnuda sobre las pieles de su lecho. La larguísima melena rubia de Ginebra se derramaba por sus pálidos hombros y torneada espalda. El culito respingón era precioso en esa postura. Tenía los muslos blancos estirados. Apoyada en sus antebrazos los pechos firmes y duros caían hasta rozar con sus pezones el pelo del lecho. Arturo sentado a sus pies y tan desnudo como ella se los acariciaba con ternura. Su magnífico cuerpo de guerrero, atlético, con músculos de acero estaba relajado disfrutando del descanso y del amor, de la admiración de sus seres queridos y del mío por supuesto. En un rincón descansaba la armadura del rey y la de Lanzarote. Y de la pared colgaban sus espadas. Esta vez si que pude admirar Excalibur, un enorme mandoble con mango a dos manos, aunque Lancelot solo me dejó unos segundos para ello. Si que parecía un arma mágica con extraños brillos recorriendo su filo. A mi espalda dejó caer la ligera túnica que lo cubría. Segundos más tarde me estaba ayudando a librarme de la mía, todo un caballero. Se pegó a mi espada haciéndome notar su polla dura en mis nalgas. Las poderosas manos de un guerrero rodearon mi torso y acariciaron mis pechos con suavidad. Ginebra admiraba mi pubis depilado. Seguro que Morgana le habría comentado algo al respecto. Me hizo un gesto para que me acercara a ella. Despacio, luciéndome di los diez pasos que me separaban de ella sobre ese piso de pulida piedra. Curiosa estiró el brazo hasta alcanzar los lados de mi vulva. La suave caricia me hizo estremecer y humedecer más de lo que ya estaba. Me incliné a besarla, sus labios eran dulces y tiernos. Mi lengua jugaba con la suya. Los dos soldados se limitaban a admirarnos y a acariciarnos con suavidad dejando que nosotras nos exploraramos. Aunque también se besaban de vez en cuando con abundante intercambio de saliva y juego de lenguas. Se giró boca arriba, yo empecé a deslizarme sobre su cuerpo empezando por la suave boca de la reina. Pasé a sus voluptuosos pechos y el vientre plano con besos ligeros en la suave piel. Mi lengua en su ombligo le hizo cosquillas y se rió, justo bajo mi propio vientre. Tenía ante mí el vello de su coñito, tan rubio que casi parecía blanco. Deslicé los dedos por allí. En busca de los labios de la vulva. Ya para entonces tenía ganas de probar su sabor. Sin más dilación clavé la lengua entre los dulces labios buscado el clítoris real. A la vez notaba la suya en mi xoxito. Creo que fueron segundos los que tardé en tener mi primer orgasmo. Fue el rey del primero en penetrarme, supongo que lo tomaría como una especie de derecho de pernada. Lo vi de reojo moverse hasta colocarse detrás de mí. Ginebra sujetó mis nalgas con sus delicadas manos para que no me moviera. Sin separar la lengua de mi clítoris le hizo espacio a su esposo para que la poderosa polla del rey fuera entrando en mi cuerpo. Supuse que la rubia estaría lamiendo los huevos de Arturo. Yo lo habría hecho. Lanzarote por su parte, bueno, cuando quise darme cuenta tenía su glande justo ante los ojos. Lo agarré con la mano y tras darle un par de lamidas para comprobar su consistencia la dirigí al coñito de la reina. Estábamos perfectamente acompasados. Arturo sujetaba mi cadera para que no le diera cabezazos en el vientre a Lancelot mientras él me follaba firme. Yo tenía ante mis ojos calenturientos la dura polla del caballero entrando en el xoxito de la rubia. Y desde luego que no me privé de acariciar su clítoris e incluso de vez en cuando podía lamerlo. Siempre había pensado que lo de las espadas era algún tipo de simbología fálica. Pero aquello superaba mis mayores espectativas. Como sabían manejar sus falos aquellos dos. La reina y yo no parábamos de corrernos. Por la forma en que las dos pollas se mantenían duras alguna influencia tendría Merlín en ello. Dos galantes caballeros preparados para dar placer a sus dos damas hambrientas de buen sexo. Hacía rato que había perdido la cuenta de mis orgasmos cuando ellos sacaron los rabos de nuestro interior. Ambas llevamos la que teníamos más cerca a nuestras bocas para saborear la mezcla de jugos de la otra con el del semen que ellos habían echado. Estaba claro que algo de las habilidades del mago había de por medio por que aquello no había perdido nada de su dureza ni aún después de haberse corrido. La reina me llamó a su lado para besarnos y compartir sabores en nuestras lenguas abrazadas y acariciándonos. Ella era tan pervertida como los demás que compartíamos su lecho. Me dijo: - Vamos a disfrutar del espectáculo. Chicos, vuestro turno. - A sus órdenes, majestad. Se limitaron a responder. Y se juntaron en un beso lascivo que nos puso los dientes largos a las dos. Lancelot agarró la dos pollas y las pajeó juntas frotando una contra otra. El rey en cambio echó las dos manos al durísimo culo de su caballero. Se le notaban las muchas horas cabalgando y no solo sobre un jaco. Arturo terminó sentado en el lecho a nuestro lado mientras Lanzarote se subía sobre su dura polla mirándolo de frente. Nosotras nos movimos para contemplar la escena con más detalle y poder acariciar a los dos guerreros. Se notaba que el ano del paladín estaba acostumbrado a recibir la regia verga. Además de tener el mismo truco de lubricación que el nabo de Merlín. Mientras contemplaba la erótica escena no podía descansar y mis manos recorrían las pieles de todos los participantes sin pausa. Tampoco ellos paraban de follarse. Creo que no salimos de aquella estancia en dos días. Es difícil calcular el tiempo cuando la única luz natural que nos llegaba era a través de una estrecha saetera. Periódicamente bellos jóvenes y chicas nos traían viandas que disfrutábamos juntos. Pero el rey tenía que volver a atender los asuntos de Camelot y me permitieron regresar a los tiernos y cariñosos brazos de la morena Morgana. Una de sus pociones me permitió recuperar fuerzas con rapidez tras la orgia con los reyes. No solo de sexo vive la mujer. Así que también pude disfrutar de cabalgar por la campiña inglesa. De conocer a sus gentes y costumbres. Nuca llegaré a saber si todo eso ocurrió en algún momento de la historia o fue una visita más a un mundo de fantasía o literario. El tema de inducir mejoras tecnológicas en épocas atrasadas nunca he llegado a tenerlo muy claro. Pero era evidente que hacían falta algunas mejoras. En las técnicas de lucha de los afamados caballeros de la tabla redonda aún combatían al modo romano, sin estribos. Controlaban sus monturas sólo con las rodillas. Y yo había visto esa misma técnica en los entrenamientos de las legiones de César en un viaje anterior a Roma. Así que les descubrí el uso del estribo que mejoraba el manejo del caballo. La lanza pesada de caballería no solo el pillum arrojadizo y el uso de estrategias para aprovechar el potencial de esas innovaciones. No solo participaba en las orgias, disfrutando de esos cuerpos de leyenda, sino también en mejoras tecnológicas durante los días que pase en Camelot. ......

jueves, 1 de junio de 2023

Túnel dimensional, conozco a mi familia.

"Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia" Tercera ley de Clarke. El túnel al multiverso es una tecnología desconocida y aún incontrolada. Los científicos no se ponen de acuerdo en sus bases teóricas. Pero sus efectos son bien conocidos en la institución que lo estudia gracias a los informes de los conejillos de Indias, ups, perdón, las personas que lo cruzan con destinos inesperados: Otras épocas, lugares e incluso mundos de fantasía, de novela o de cine. Esta colección de extractos de esos informes hace hincapié en las vivencias más eróticas de la protagonista narradas por ella misma. ............ El problema de tratar con el viaje en el tiempo es que se jode la causalidad. Evidentemente desde mi primera incursión en el túnel había hecho mis investigaciones sobre la paradoja del abuelo. Pero como mis viajes siempre habían sido lejanos en el tiempo, el espacio o a reinos de fantasía no creía que hubiera influido en mi presente o lo hubiera alterado e alguna forma. De cualquiera de las siete pelis de regreso al futuro, "La máquina del tiempo" de Wells o a la infinidad de libros de física y novelas de ciencia ficción que usaban el tema pasando por las tesis de física mas o menos esotérica en ninguna de esas se proponía una solución definitiva al problema. Y ahora me tocaba a mí interpretar mi propia versión de ello. Pero a esas alturas ya tenía suficiente confianza en mis viajes. El túnel me arrancó de una playa de una bonita isla griega. La misma que había visitado en uno de mis anteriores viajes. No quedaba nada de la pequeña granja, ni del hoplita ni de su bella esposa. Sólo muchos olivos eran testigos del pasado agrícola de ese trozo de tierra. Estaba cubierta apenas con un pequeño vestido veraniego ligero sobre un mínimo bikini. Dos minutos mas tarde y me habría pillado solo con el tanga y en top less. Y menos mal por que me dejó en una concurrida calle de una ciudad populosa. Vi coches haciendo ruido por la calzada y gente vestida en las aceras. Los modelos de los coches me llevaban a mi niñez paseando por una calle muy parecida a esa. Vehículos de combustión interna ruidosos y malolientes. ¡Un momento!, demasiado parecida, reconocía aquella panadería y la tienda de ropa de enfrente. A la vuelta de la esquina tenia que estar el portal de mis abuelos. Completamente anonadada caminaba sin ver la gente solo reconociendo el paisaje tan familiar. Hacía calor y la gente no llevaba mucha ropa encima pero yo era la mas desnuda de por allí, mi falda la más corta y mi escote el más profundo. Y empezaba a llamar la atención. Me estaban empezando a mirar. Cuando de pronto un apuesto joven chocó conmigo. Y terminé en un segundo con el culo en la acera. - ¡Ah, disculpa! Iba despistada. Fue todo lo que se me ocurrió decir antes de mirarlo a la cara y descubrir la de mi padre inclinado hacía mí. Mirándome preocupado por si me había hecho daño. - Perdóname tú. Yo tampoco iba concentrado. ¿Te has hecho daño?. Lo cierto era que aparte de mi orgullo herido lo único que me dolía era ese lugar donde la espalda pierde su casto nombre. Es curioso que esa misma expresión que tantas veces había visto en su rostro de niña cuando tropezaba y me arañaba una rodilla o me caía de la bici, ahora me parecía erótica y provocativa. Lo del complejo de Elektra empezaba a parecerme extrañamente real y a sentirlo entre mis muslos. Había visto fotos de él en esa época y aparte de parecerme realmente guapo de una forma intelectual no había sentido nada. Pero aquel chico allí plantado firme frente a mí me había atontado como si me hubieran golpeado la cabeza con un mazo. Y no era solo por que hubiera chocado contra su poderoso pecho. Si hubiera tenido tiempo de racionalizar hubiera evitado ese encuentro a toda costa pero todo se había hecho real de repente. Aún preocupado por mi salud se presentó y me invitó a tomar un café en el bar mas cercano. - Soy Alex. Vivo aquí a la vuelta de la esquina. Déjame que te invite a algo para que me perdones. - Vale, podemos entrar ahí. Señalaba el bar al que íbamos desde siempre. Yo tenía que morderme la lengua para no saludar a la gente que recordaba del barrio y para los que debía ser una desconocida, como el dueño del bar. O mi propia tía Mercedes que tomaba un café en nuestra mesa de siempre, la del rincón mas discreto. La cosa se complicaba todavía mas. Cuanta mas gente conociera de mi vida de niña mas posibilidades de cambiar algo de mi presente. O eso suponía. - Ella es Mercedes, mi hermana. - Encantada. Tenía que andarme con pies de plomo. Saludé a mi tía con un par de besos en las mejillas mientras ellos se daban uno más cariñoso en los morros. Enfundado en unos ajustados vaqueros el culo de mi tía lucía espectacular. De hecho esas duras nalgas habían perdido muy poco con los años. Su camisa anudada bajo las tetas y ni un sólo botón abrochado descubría su vientre y le dejaba un escote precioso. Mercedes también le echó un detenido vistazo al escote que los tirantes de mi vestido exhibían y la parte de mis muslos que lo corto de la falda les permitía ver a los dos hermanos. - Tu nueva amiga es muy guapa. Hermanito. - Acabo de conocerla. Pero es muy simpática y casi la desmonto al chocar con ella. - Eso te pasa por ser tan grande. Pero eso hoy nos viene bien. Y me dirigió una deslumbrante sonrisa. - Sois los dos muy amables. Estoy abrumada. Y vosotros si que sois impresionantes, menuda genética tenéis. Apenas recordaba que en verano mis abuelos pasaban temporadas en el pueblo. Al decirles que no tenía un sitio donde quedarme me ofrecieron generosamente que me fuera con ellos. Yo no fui en único animalitos callejero abandonado al que mi familia dio refugio. Allí donde mi padre, mi tía y mi abuelos podían echar una mano siempre lo hacían. Y no lo digo con segundas por que sí, también se folllaban todo lo que se movía si les daban su permiso. - He perdido el bolso, el dinero. No tengo un sitio. - No te preocupes, te quedas con nosotros. Del bar subimos directamente al piso que estaba exactamente igual a como lo recordaba de niña. Donde Mercedes ya tenia preparada la comida y ya se notaba lo buena cocinera que llegaría a ser. La escena era completamente hogareña. Estuve un rato curioseando el piso de mi niñez. Las fotos de los abuelos que en esa época apenas tenían poco más de cuarenta años y se les veía estupendos. Los muebles familiares donde me había sentado y subido un millón de veces. Las habitaciones e las que entraba y salía sin pedir permiso a veces viendo cosas que no debería haber visto. Mi padre se quitó la camiseta luciendo un torso impresionante y bien trabajado. Mi tía con toda confianza se desató el nudo de la camisa dejándola abierta y confirmando que no llevaba sujetador. Sus pechos duros y cónicos se mantenían erguidos sin ayuda. Le tuve que confesar que bajo el vestido llevaba un bikini y que empezaba a sentirme incómoda. Ella se ofreció a prestarme algo de ropa con la misma generosidad que ambos habían mostrado todo el día. - Ven a mi habitación. Seguro que tengo algo que te sirva. Parece que hemos un cuerpo y una talla parecida. Mientras charlábamos en su habitación intenté sonsacarle algo sobre mi madre. Pero todavía no la habían conocido por lo que me dediqué a conocer mejor a mi familia paterna. - ¿Tu hermano, ese mocetón de ahí fuera tiene novia?. - No, ¿por qué?. ¿Te interesa?. No lo preguntó como si le molestara o tuviera celos. Solo era una conversación casual. Es verdad que aunque llegara a conocer a esa mujer en el futuro - Si no fuera tu hermano, ¿No te interesaría a ti?. - Quién dice que no me guste aunque sea mi familiar. Y se echó una sonora carcajada. En ese momento no supe si hablaba en serio o en broma. Merche se libró de sus vaqueros mientras yo me sacaba el vestido. Se quedó mirando el bikini mas pequeño que cualquier cosa a la que ella estuviera acostumbrada. Y para colmo la braguita era un tanga. Le pregunté su le gustaba y me dijo que quería probárselo. - No habrás visto muchos como este. ¿Que te parece?. - Raro, ¿no es incómodo? - Para nada. Cuando te acostumbras más cómodo que unas bragas. Lo compré por correo de un catálogo. Pruébalo. Me di cuenta a tiempo de que si le hablaba de Internet o de compras en la web le sonaría a chino. Mientras ella sacaba unas braguitas y una camiseta a la que habían metido tijera me di cuenta de que en su precioso cuerpo mi bikini quedaría sexi de verdad. Mientras ella miraba alucinada mi pubis depilado. Me preguntó por ello y le dije que ahora lo notaba mas... mas suave. Sonriendo me preguntó: -¿Puedo? Tomó mi sonrisa de respuesta como un asentimiento y pasó la mano con suavidad por mi pubis. Su caricia me excitó y se me escapó un gemido. Tuvo que parecerle buena señal pues puso dos dedos por los labios de mi vulva humedeciéndolos con mi jugo y llevándolos a su boca de una forma completamente lasciva. Algo que nunca había imaginado en mi tía. - Joder Merche, ¡que rico!. No pensaba que te gustaran las chicas. - Creo que como a tí. Me gusta pasarlo bien con gente buena. Aproveché para librarla de su camisa e inclinarme y besarla en los labios con suavidad. Ella siempre me había parecido enorme y ahora yo le sacaba casi veinte centímetros. Pronto nos estábamos dando lengua y saliva. Tenía sus tetas en mis manos cuando mi padre nos llamó a gritos desde el salón. En ese momento no pude alcanzar su conejito. Mercedes se calzó a toda prisa mi tanga y el suje a juego que a duras penas le tapaba los pezones y yo una de sus bragas y la camiseta que descubría mi vientre y el lateral de mis pechos. - Ya estamos aquí. Tranquilo que no nos escapamos. Salimos escopetadas las dos meneando la cadera solo para echarnos a reír por la cara de bobo que puso al vernos así ataviadas. Merche se lanzó a sus brazos con un morreo de infarto. Él aprovechó para agarrar una de sus desnudas nalgas. La otra mano la usó para coger mi cintura y pegarme a ellos. Ahora me explicaba la críptica respuesta que me había dado mi tía cuando le pregunté por la novia de mi padre. Mi posible madre. Ahora tenía la duda de si no sería ella quién me había parido. Pero en ese momento decidí no investigar más para no enfadarlos. - Merche, ¿que narices llevas puesto? - Lo que me ha dejado tu amiga. ¿Te gusta? - Me ha dejado alucinado. Estas buenísima. Volví a besar a mi tía ante la atenta mirada de mi padre que aprovechó en momento para magrearme el culo sin contemplaciones. Metió la mano por dentro de la braguita, agarrando mi nalga como si le perteneciera. - Ya veo que os habéis caído bien. - Tu hermana es una persona maravillosa. Me cae muy bien. Sé que debía haberlo parado en ese momento pero me encontraba muy a gusto con mi familia. Sentadas cada una en una de sus poderosas piernas él pudo agachar la cabeza y lamer nuestras tetas alternándolas. Sin pensar en nada más que en disfrutar y echando cualquier prejuicio por la borda me decidí. Una de mis manos buscó la cremallera de sus vaqueros donde se encontró con una de las de mi tía. Entre las dos conseguimos sacar a respirar una polla que a esas alturas parecía de piedra. - ¡Menudo rabo! Era la primera vez que veía el instrumento de mi padre en esas condiciones. Como si nos leyéramos la mente las dos nos deslizamos al suelo para comenzar a lamerla a dos lenguas. Mientras ella chupaba sus huevos peludos yo lamía el tronco o me metía el glande en la boca. - Nena, no seas egoísta. Pásamela. Nunca pensé que esos dos fueran un par de pervertidos de ese calibre. Aunque siempre se trataban con cariño ante mí, nunca habían tenido esas demostraciones de sexo donde yo pudiera verlos. No podía imaginar que en cuanto se quedaban solos se dedicaran a follar como conejos. Merche por ser yo la invitada me cedió el sitio mientras tiraba de los pantalones y de los clásicos gayumbos abanderado que usaba en esa época. Yo conseguí montarme sobre él y clavarme su rabo mirando a sus ojos con un tierno beso. Casi se me escapa un: - Te quiero papá. Conseguí contenerme a duras penas. Aunque en esos momentos era lo que sentía. Me movía despacio sensual moviendo el culo en círculos, clavando mis tetas en su pecho y rozando mis pezones con los suyos. Tanta suavidad no podía durar y menos con la pervertida de mi tía Mercedes por allí. Se arrodilló entre los muslos de él y se puso a lamer sus huevos, la base de la polla. Cuando yo subía chupaba mi perineo y hasta mi ano. Sabía que él no podía durar mucho mas con dos guarrillas como nosotras pegadas a su piel. Noté las contracciones de su rabo en mi interior, su semen caliente llenando mi vulva y aunque hizo un intento de salirse de mí antes de correrse. Se lo impedí con un fuerte movimiento de cadera y callando sus objeciones con mi lengua en su boca. - No puedo quedar embarazada, no te preocupes. Eso y Merche lamiendo mi culo disparó mi orgasmo, uno que pocos antes habían superado aún en todos mis viajes. Agotada por lo intenso del polvo y los nervios del día me derrumbé sobre su fuerte pecho y mientras su pene perdía consistencia y se salía solo de mi coño. - Estoy derrotada. Sois intensos. Mi tía nos limpiaba a ambos con su lengua. Solo pude darle las gracias. Nos pasamos el día desnudos y follando. Bueno nos pasamos el resto del verano desnudos los tres durmiendo juntos y haciendo el amor cada vez que nos cruzábamos por la casa. No pensaba en que el túnel podría venir por mi en cualquier momento. Estando con mi padre y mi tía me había olvidado de todo. Era feliz. No me preocupaba la anticoncepción pues años antes o después (esto del tiempo es un lío) un ginecólogo que me trató por problemas con la regla me había dicho que no podría concebir lo que era una ventaja en mis viajes. Pues algo falló en ese diagnóstico, antes de que mis abuelos volvieran del pueblo yo ya sabia que estaba embarazada y aterrada. No sabia como las atenciones de aquella época podrían llevar adelante ese embarazo incestuoso. Pero mi cuerpo parecía predispuesto para recibir aquel bebé atendida de forma cariñosa por mis abuelos, mi padre y mi tía. Dos días después de dar a luz el túnel me reclamó de nuevo devolviéndome a mi tiempo y arrancando a mi niña de mis brazos. A posteriori esta claro que es niña era yo misma. Que tuve una familia maravillosa que me cuidó y me quiso. Ahora comprendía por que me perseguía en túnel. Por qué mi madre se fue cuando yo era un bebé. No tuve mas remedio. El túnel no me da opciones y no es que yo hubiera podido criarme a mí misma. Pensar en todo ello me da todavía dolor de cabeza. Habrá quien diga que en imposible que yo tenga parte de adn de mi padre y parte mío propio. Pero el túnel tiene sus misterios y puede que ni siquiera provenga de mi propio universo sino de uno paralelo. Sólo se que a la vuelta cuando fui a ver a Merche y a mi padre que todavía vivían juntos ella me devolvió mi vestido, mi tanga y mi suje. Los había conservado cuidadosamente esperando que yo volviese de este viaje en concreto. Durante un tiempo estuvieron cabreados por mi desaparición y eso que habían visto la pirotecnia habitual del túnel rodearme en nuestro propio dormitorio. Aunque ellos nunca llegaron a entenderlo del todo al verme crecer y convertirme en la mujer que ellos habían conocido años antes .........

martes, 23 de mayo de 2023

Nunca me gustó estudiar

. Olga, Roberto. Marta, Alex Nunca me gustó estudiar así que al salir del instituto mi tío Roberto me propuso trabajar con él en el bar. No es que sea un local de categoría, más bien una cafetería de barrio, pero tenía su clientela y necesitaba algo de ayuda. Es el hermano menor de mi madre, grande como un armario de tres cuerpos, a mí me parecía guapo y por ende divorciado. A su ex no le gustaba que pasara tantas horas en la cafetería y tan pocas con ella. Así que un día al llegar a casa la pilló con otro en su cama. Aunque mi tío es un buenazo y no iba a liarse a navajazos con nadie, como pasaba en la canción. Se limitó a ponerla de patitas en la calle. Por algo dicen lo de cerrar la puerta del establo después de que se escape la burra, digo, los caballos. Fue cuando me contrató. Yo había cumplido los diez y ocho así que podía trabajar. Todo eso me dió a mí un curro que me venia bien para no tener que soportar los sermones de mi madre sobre ser una ni ni. Pronto mi tío se dio cuenta de que la concurrencia y con ello las ganancias aumentaban cuando yo estaba detrás de la barra. Con dieciocho recién cumplidos delgada y sexi y con una simpática sonrisa, ni siquiera me hacía falta poneme mis modelitos mas rompedores para aumentar la clientela. Ademas de que algunos de mis amigos y amigas empezaron a venir rejuveneciendo en más de veinte años la media de edad de los asistentes. Llegaba cansada a casa, pero satisfecha de ganar mi dinero. A veces los inevitables roces de dos personas trabajando en un lugar estrecho me tenían bastante caliente. ¿Ya dije que mi tío me ponía mucho?. Con su aspecto varonil, de tiarrón, hacia que salieran a flote mis más bajos instintos. Además los piropos que me dedicaban algunos de los clientes y por que no, clientas de buen ver, también ayudaban a que me excitara. Casi nunca había pensado que echarle un vistazo a un generoso escote mientras ponía unas Coca-Colas en la mesa pudiera hacer que mojara el tanga. Pero estaba descubriendo cosas de mi misma, además del orgullo del trabajo, que podía excitarme con cosas nuevas. Y nunca había hecho nada con ninguna de mis amigas, por muy borracha que estuviera. Buenoooo puede que provocarnos un poquito o algún que otro pico en los morritos y quizá vernos desnudas al cambiarnos juntas también me pusiera un poco cachonda. Vale lo admito, alguna tendencia bisex si que había tenido. Al principio evitaba, intentaba más bien, evitar los roces con mi familiar echándome contra la barra o la estantería cuando tenía que cruzarme con él. Pero pronto asumí que eso era una tontería y que tendría que estar mas pendiente de apartarme que del trabajo. Así que no solo deje de evitarlo sino que además los buscaba poniéndome delante de él cada vez que nos cruzábamos. Dejando que mi duro culito enfundado en ajustados vaqueros o mínimos shorts se paseara por su paquete. Y él todavía me pedía perdón cuando eso pasaba. ¡Que dulce!. Sabía que si Roberto no encontraba pronto novia me lo iba a acabar tirando y la verdad es que me apetecía. Auque había un par de cosillas que todavía me hacían dudar. El que fuera mi tío y el que trabajábamos juntos, al fin y al cabo él me pagaba mi sueldo. Por lo demás habían pasado algunos meses, el verano iba llegando y no solo mi ropa se hacía más fresca sino también la de la gente que acudía y eso conseguía encenderme todavía más. Una noche mi amiga Marta vino con su novio Alex casi a la hora de cerrar. Ella con su faldita más corta y yo lo sabia por que nos las habíamos comprado iguales y un top que no le conocía y que le dejaba un más que generoso escote que le llegaba al ombligo. El chico con unos ajustados vaqueros que marcaban su culo prieto y su paquete y una ligera camisa. Se sentaron en la mesa más apartada tras saludarme con un amistoso par de besos y pedirme su consumición. Como no había mucha gente me acerqué a llevárselo con la bandeja. Ya desde lejos pude ver como la mano del chico se deslizaba muslo arriba introduciéndose por debajo de la escasa tela de la mini. Ese día yo me había puesto un short de los de media nalga al aire que había dejado a mi tío sin respiración y con la polla dura, cuando llegué a darle el relevo. Estuve alborotando a todos los clientes que esa tarde habían pasado por el bar, mi pantaloncito había levantado pasiones. Mi escote no era tan vertiginoso como el de mi amiga pero aún así la camiseta de tirantes les permitió a ambos una buena vista de mis pechos cuando me incliné en su mesa. Con mi mejor sonrisa lasciva que desmentía por completo mis palabras les dije: - A ver parejita, cortaros un poco. Yo no tengo compañía y los demás clientes empiezan a miraros. Mi amiga me respondió: - Cielo, lo de la compañía tiene solución. Ese tío tuyo, tío bueno, que tienes tras la barra podría estar contigo. Bien que me he fijado en como te mira tu pariente. Y lo de los clientes, ya sabes, lo que se han de comer los gusanos.... Le propuse: - Cambiámelo por tu novio. Así no tendría que follar con un familiar. A lo que me respondió con una risa no del todo de broma. - Podría ser ya sabes que también me pone. O incluso tú y yo solas podíamos hacernos compañía. ¿Para qué nos hacen falta los tíos?. - ¡Pero bueno! Si os poneos en ese plan igual le invito yo a salir y a nosotros no nos harían falta chicas para pasar un buen rato. - ¿Hablando de fútbol? Cariño. - Oye que es verdad que su tío está muy bueno, no me pondría a hablar de deportes precisamente. - Ya sabía yo que era de gustos amplios, pero no que te iban los maduritos. Yo me volví tras la barra dándole vueltas, más vueltas mejor dicho, a la cabeza. Si mi tío hasta le gustaba a otro chico. Y empecé a recoger viendo la hora que era. Ellos no se cortaron un pelo claro. Cuando los miraba ella tenía la mano en su paquete amansándolo con suavidad. Y él la suya entre los suaves muslos por debajo de la falda o por dentro de su escote. Entre ellos y una pareja de gays que habían estado muy acaramelados en otra mesa durante media tarde a mi me tenían quemando y echando chispas por el potorro, disculpen la burrada. Entre bromas y chascarrillos se pasó el último rato y cuando llegó mi tío a cerrar me propusieron ir a tomar algo con ellos. Iríamos a un pub cercano que cerraba bastante más tarde que nosotros. A mi familiar lo dejamos mirándonos el culo a ambas, o incluso puede que a los tres, según salíamos por la puerta. Aunque no fui demasiado mala y me despedí con par de cariñosos besos pegando mis tetas a sus fornidos pectorales. A esas horas solo quedaba abierto en el barrio el más oscuro pub en el que ponían música suave para animar la conversación y otras cosas que se podían hacer en los cómodos sofás del fondo del local. Yo seguía pensando en mi tío. Algo me molestaba, y no era solo el haberle haberle dejado solo cerrando el bar. Tampoco me apetecía estar de sujetavelas el resto de la noche. Le pregunté a mi amiga: - ¿Te importa si llamo a mi tío y le invito a venir?. - Claro que no. Sabes que no me importa volver a echarle un vistazo. Está muy bueno. Y con esa camiseta tan ajustada que llevaba hoy aún más. - Mira que eres zorra. Así que te vas a calentar con mi tío para follarte a tu novio. Siempre nos cruzábamos esas bromas y nos reímos, aunque sabía que tenía razón y ella tampoco me lo iba a negar. Así que cogí el móvil y lo llamé. - Hola tío. ¿Por dónde andas?. - Todavía cerrando. ¿Por? - Estamos en el pub. Pásate y tomamos algo todos. - En un rato estoy allí. - Te esperamos. Estaba nerviosa. Me apetecía estar con mi tío fuera de nuestro bar, en un ambiente más relajado. Aunque fuera en compañía. Y esos dos salidos hasta podrían ayudar. Y ver lo qué podía pasar. Ellos no habían dejado de sobarse y yo seguía caliente como un horno cuando lo vi aparecer por la puerta. La camiseta parecía todavía más pegada a sus pectorales y bíceps. Con razón movía barriles de cerveza con una sola mano. Le saludé a que viniera a nuestra mesa pero pasó antes por la barra a pedir su copa y se quedó charlando un rato con la camarera de allí. Una chica bastante guapa por cierto. Admito que eso me dio celos. Esa noche lo quería solo para mí. Aunque tuviera que sentarme en sus muslos como cuando era pequeña. Por fin vino a reunirse con nosotros. Le dio dos besos a mi amiga y un firme apretón de manos a su novio. A mí en cambio me sujetó de la cintura con una de sus grandes manos. Y me pegó a su cuerpo. Evidentemente yo colaboré haciéndole notar mis firmes tetas en su poderoso torso. En ese momento me pareció que su mano bajaba de mi espalda a donde esta pierde su casto nombre. Pero puede que solo fueran ilusiones mías tan concentrada estaba en sus preciosos ojos, su bonita sonrisa y el roce de sus labios en la mejilla, tan cerca de mi boca. Desde luego que no hice ningún esfuerzo por separarme. Sino que me pegué más a él. Volvimos a sentarnos yo con Roberto en un sofá y en de enfrente Marta y Alex. Mi amiga siguiendo en su línea de toda la tarde se dedicaba a separar sus torneados muslos. Nos dejaba ver su tanguita para provocarnos. Su novio colaboraba con ella acariciando con suavidad su fina piel. La mano cada vez estaba más arriba sobre una de sus piernas. Yo no me iba a quedar atrás así que pegué el muslo a la pierna de mi tío y como él llevaba unas bermudas bastante cortas nuestras epidermis se rozaban. La mano que antes tenía casi en mi culo había pasado a mis hombros. Pero yo estaba tan encajada bajo su axila y su brazo es tan largo que pude sujetar su mano para llevarla hasta una de mis tetas. Tenía los pezones duros como escarpias. Conversábamos relajados pero había cierta tensión sexual entre ambos sofás. Marta cada vez mas descarada no se cortaba ni en méterle mano a su chico ni en proponer temas cada vez más subidos de tono. Hasta que llegó el colmo y le preguntó directamente a mi tío. - Roberto, ¿Cuanto hace que no echas un buen polvo?. Este siempre tan amable y dulce hasta tuvo la consideración de responderle sin escandalizarse. - Una buena temporada, ya sabes que ahora estoy solo. -¡Pues que desperdicio!. Con un cuerpo como el tuyo seguro que no te faltan candidatas, ni candidatos si quisieras. - Algunas proposiciones he tenido, sobre todo en el bar. Pero me gustaría hacerlo con alguien a quien quiera, me quiera a mí o por lo menos aprecie. - Pues no se si que esperas. Ahí mismo tienes a una persona que te quiere mucho. Y si no te vale nosotros también te queremos. - Pues claro que te quiero un montón, tito. Y tú pedazo de golfa, no intentes quitármelo. - Eso es por que te pago un sueldo. - Nunca he dicho que quiera quedármelo, solo compartirlo. - No sólo te adoro por eso. Hay más cosas. Siempre fuiste mi tío preferido. Todos nos reíamos con esas bromas. Pero a la vez pensábamos en cómo llevarlas a la realidad. Y para no dejarlo tranquilo me subí sobre sus muslos de lado y rodee su cuello de toro con mis brazos. Apoyé la cabeza en su pecho y noté como su corazón empezó a latir con mas fuerza. Admito que me estaba encantando ponerle nervioso. Por fin noté un avance por su parte. Pasó un brazo por mi espalda y dejó la mano en mi cintura. Noté un escalofrío al sentirla y me pegué más a él. Mi teta y su pecho apenas separados por dos finas capas de algodón estaban muy calientes. El lateral de mi muslo se apoyaba en su polla cada vez más dura. Puse mi cara en el hueco entre su hombro y cuello y empecé a darle besitos suaves. Mimosa y morbosa a la vez. Mis amigos nos miraban con cara de lascivia y sin dejar de meterse mano. Sabía que lo estaba excitando. Notaba su rabo cada vez más duro contra la piel de mi pierna. Roberto también había tímidos avances acariciando mi espalda y bajando hasta donde esta pierde su casto nombre. Cuando noté su mano rozando mis nalgas supe que ya era mío. Nunca había puesto las manos allí ni para darme un merecido azote cuando de niña lo incordiaba demasiado. Pero ahora sí. Me acariciaba el culo cada vez con más confianza y firmeza. Buscando incluso la piel de la nalga bajo el pequeño short. Para entonces Marta ya había separado los muslos lo suficiente como para que nosotros que estábamos enfrente pudiéramos ver su tanguita de encaje rosa. La mini se le había subido casi hasta la cintura. Su vez Alex pasaba sus dedos por allí como si la vulva de mi amiga le perteneciera. Y cada vez que lo hacía la reducida prenda dejaba ver un poco más del xoxito pelado. Ya contemplábamos asombrados uno de los labios y un momento después como con dos dedos acariciaba el clitoris. Ella jadeaba en la boca de su novio y yo estaba mojando mi tanga. Así que me decidí y acerqué los labios a la boca de mi tío. Era el primer beso que le daba en los labios y lo recibió sin ningún gesto de rechazo. Al principio fue suave. Jugábamos con los labios mordisqueando los del otro. Mientras dejaba que sus manos fueran más aventureras explorando mi piel. Poco a poco las lenguas entraron en acción y al rato ya nos estábamos dando saliva cantidad. No sé en qué momento sus dedos llegaron a mi pezón bajo la camiseta. Pero recibí esa maniobra con un gemido que acalló con sus besos. Marta se vino a nuestro lado con la sonrisa cómplice de Alex. - Nena, ¿me dejas probar? Parece que besa bien. - Tio, ¿le haces un cariño a mi amiga?. Para inclinarse hacia los carnosos y sensuales labios de mi familiar mi amiga tuvo que apoyar sus voluptuosos pechos en mi nuca. Gracias a la poca tela de su top era piel con piel. Era una sensación muy agradable. Justo al lado de mi rostro Marta le estaba metiendo la lengua hasta la garganta. Hasta el punto de dejar caer la saliva de ambos sobre mí hombro y brazo desnudos. Roberto mirando a los ojos de Alex que le daba permiso con una sonrisa desplazó la mano que no tenía en mis tetas al rotundo culo de mi amiga. Sentí cuando le clavó un dedo en el ano apartando la gomita del tanga porque Marta pasó la lengua por mi oreja. Mi querido tío parecía ambidextro con cada mano nos acariciaba a una de nosotras sin dejar de repartir profundos besos. El paquete de Alex parecía muy duro mientras no dejaba e contemplar el espectáculo que me estábamos dando. - Aquí empezamos a llamar la atención. Deberíamos ir a un sitio más discreto. - ¿Queréis venir a casa?. - Nosotros estamos vacaciones y Olga seguro que puede poner desayunos con legañas en los ojos. ¿Nos vamos?. Nos limitamos a levantarnos y buscar el vive de mi tío. Mientras él conducía nosotros mandábamos mensajes a nuestros padres para decirles que pasábamos la noche fuera y dónde y con quién. El piso de Roberto es un ático en el edificio más alto de su barrio con una terraza enorme. El suelo cubierto con una alfombra de césped artificial muy suave. Por supuesto yo había estado muchas veces. Les hice una gira por la casa a mis amigos mientras mi familiar preparaba las copas. Marta se quedó prendada de la terraza, las vistas y poder estar desnuda bajo las estrellas. - ¿Donde estáis?. Se escuchó el grito de mi Roberto desde la cocina. - En la terraza, tío. Pensando en que me iba a follar me daba morbo seguir tratándole por el parentesco y no por su nombre. Mientras tanto Alex no había pedido el tiempo y había cogido a su novia entre los brazos. Le estaba metiendo la lengua hasta la garganta y le subía la faldita hasta la cintura para agarrarse a su generoso culo. Marta tendió una mano hacia mí para unirme a ellos y el beso, en un segundo, en convirtió en uno a tres lenguas. Cuando llegó Roberto se nos quedó mirando desde la puerta con los vasos en las manos y una sonrisa en los labios. Le gustaba lo que estaba viendo. Y además ya venía sin camiseta luciendo el poderoso torso. - No me habéis esperado. - Pero te puedes unir. Todos te queremos aquí. Fue Alex el que dijo eso. Se acercó despacio dejando las copas que a nadie le interesaban en la mesa. Nosotras le acariciamos cuando llegaba a nosotras tocando los marcados pectorales. Pero el que primero alcanzó su boca fue Alex. Roberto no rechazó el beso en absoluto. Nosotras alucinadas y excitadas a ambos lados mirábamos como cruzaban las lenguas. No sabía que a mi tío le gustara la carne y el pescado pero eso me puso aún más cachonda. Si lo sospechaba de Alex en cambio. Sin dejar de mirar la lascivia de aquellos dos dejé caer mi short al suelo. Y pronto noté una mano deslizándose por mis nalgas, no sabía de quién era ni importaba. Estábamos los cuatro en sintonía. Eché mano a la cintura de mi tío y abrí sus pantalones. Cayeron al suelo con el peso de las cosas que llevaba en los bolsillos. Su slip pequeño y blanco marcaba esa polla que tantas veces había notado tras la barra del bar y deseado. Acaricié ese paquete por encima de la tela deseándolo más todavía. Giró la cabeza hacia mí y me dio lengua y saliva. Le correspondí, vaya si le correspondí. Puse en ese beso toda la lascivia y saliva que pude. Mientes notaba como un dedo juguetón apartaba la gomita del tanga y acariciaba mi ano. Yo empecé a hacer lo mismo con el tanguita de mi amiga. Y cuando puse una mano dentro del slip de Roberto, en su nalga, ya había una mano allí. Me dejó el sitio y cuando deslicé un dedo dentro de su ano se le escapó un gemido. Conseguimos separarnos un poco tanto para recuperar la respiración como para ver cómo estaban reaccionando los demás. Al ver sus amplias sonrisas y expresiones lascivas me di cuenta de que todos lo deseábamos. Aprovechamos también para terminar de desnudarnos y arrojar a un rincón las pocas prendas que nos quedaban. Las dos vergas apuntaban al frente duras como piedras tanto como los pezones. Tenía muchísimas ganas de mi tío, lo empujé al suelo alfombrado. Me arrodillé junto a su cadera con mi mejor amiga enfrente. Juntas nos dedicamos a lamer el tronco venoso. Una bajaba a por los huevos y la otra subía hacia el glande. Roberto gemía y suspiraba pero sólo hasta que agarró la bonita polla recta, larga y fina, bien depilada de Alex. La cogió con su mano y tirando del chico se la llevó a la boca. Entonces la tenía muy ocupada como para hacer otra cosa que lamerla. - Joder tito, si llego a saber que tienes tanto vicio me hubiera tirado sobre ti hace meses. Se sacó los huevos de Alex de la boca lo justo como para respirar y contestarme. - Hemos perdido este tiempo pero así está siendo más morboso y con todas las cartas boca arriba. - Nena, es tu tío. Tu debes ser la primera en montarlo. Roberto tenía cuerda para rato. Mi amiga me ayudó a incorporarme y subir sobre su cadera. Me fui poniendo en cuclillas. Mientras los dedos de Roberto abrían los labios de mi vulva el glande poderoso se fue abriendo camino en mi interior. Agradecida besaba los labios de Marta, teniendo clavado el rabo de mi tío en las entrañas. Ella dejaba caer su saliva en mi boca. - Alex cariño, ¿qué tal maneja la lengua? - De las mejores mamadas que he recibido. - Pues déjame a ver si se le dan igual los coños. Ellos cambiaron el sitio. Mi querida amiga se sentó sobre la cara de Roberto con las piernas bien abiertas ofreciéndole su culito y el chumino. Alex vino detrás de mí para acariciar mi ano y dilatarlo con dos dedos. - ¿Nos las apañaremos? Yo estaba viendo lo que pretendía. - Inténtalo. Me encantaría una doble. Para ello tuve que inclinarme más hasta besar la piel de mi amiga. Así dejaba mis nalgas bien separadas y ofrecidas al rabo del chico. Que sin prisa pero con firmeza se fue abriendo camino en mi culo. Solo tenía que moverme un poco adelante y atrás para que todos disfrutáramos. Estaba entre los tres y las sensaciones recorrían todo mi cuerpo. Sus manos, sus caricias, sus pieles todo rozándome y acariciándome. Aunque los chicos habían aguantado como campeones y las dos habíamos tenido nuestros orgasmos era hora de que ellos llegaran. Recibí el semen de ambos en mi interior. Jadeando y suspirando. Marta que ya se había corrido en la boca de mi tío quiso limpiarme con su lengua. Ellos le hicieron sitio y ella se puso a pasar la húmeda por toda mi cadera. Pronto noté una segunda lengua hurgando en el agujero que la otra dejaba libre. Buscaban el semen que salía de allí. Eran los dos novios. Mi tío me estaba besando, cruzando la sin hueso con la mía. Luego fueron los chicos los que intercambiaban saliva y los restos del semen. Y yo lo hacía con mi amiga. Pero todos muy pegados bajo las estrellas en la gran terraza. Descansamos un rato, siguiendo con las copas y la conversación. Tumbados sobre los cojines que mi tío tenía repartidos generosamente por toda la terraza. Por fin pude sincerarme con él e interrogarlo a fondo. - Tío, que ganas tenía de pillarte. Llevaba años deseándote pero desde que trabajamos juntos estoy caliente como una fundición. - Pues no sabes lo que me ha costado a mí contenerme, arrancarte la ropa y tumbarte sobre la barra y lamer todo tu cuerpo. - Que lentos hemos sido. Pero creo que tienes razón, así ha quedado todo claro y sabemos o morboso que somos los dos. Por cierto, siendo tu así ¿qué pasó con la tía?. - No me enfadé por qué me pusiera los cuernos. De eso ya os habéis dado cuenta. Sino por que no me invitara, por que no tuviera la suficiente confianza, podía haber sido un buen trío o muchos. = Si, ahora que te conozco mejor. Estoy segura que te habrías follado a su amante. - Si, a los dos. Haberlo hecho morboso para nuestro matrimonio, ampliarlo. Pero ella no quería eso, iba por su lado y me cabreé. - Pues conmigo, con nosotros, no hay problemas por eso. Jijiji. - ¿Queréis repetir?. - ¿Quién ha dicho que se haya acabado ya? Veo que tu polla vuelve a ponerse en condiciones. - Quería decir después. - Creo que todos lo queremos y siendo interesado, tienes todo un piso para ti. Llegamos a un acuerdo muy beneficioso y placentero para todos. En resumen seguir follando cuando y con quién nos apeteciera. No paramos en toda la noche. Vi como mi tío era penetrado por otro chico. Y al revés mientras nosotras podíamos comer la polla que quedaba libre o hacerles un beso negro para dilatar. A partir de ahí, hemos repetido, por parejas, tríos o los cuatro. Además de que el almacén del bar, o todo el bar después de cerrar, ha sido el escenario de apasionados encuentros con mi cariñoso tío. .....

lunes, 15 de mayo de 2023

Hotel

Trabajo en un hotel, arreglando las habitaciones haciendo las camas y limpiando. No es un gran trabajo pero me sirve y no es que de grandes oportunidades para ascender, ni para nada mas. Aunque alguna vez si que depara sorpresas agradables. En ocasiones he encontrado alguna cosa de valor olvidada por algún cliente que se había marchado. Si no se reclama, ya sabéis quién se la queda. O como esta mañana cuando al abrir la puerta de la última habitación que me tocaba hacer. Ya estaba sola en la planta, el resto de las compañeras habían terminado. O habían pasado a otra secciones del hotel. Cuando me encuentro al huésped completamente desnudo dormido sobre la enorme cama. Es un hombre, joven, musculoso de piel clara y revuelto cabello castaño largo. Tumbado boca abajo solo veía su culo musculoso y duro y su enorme espalda, no sé qué estaría mirando yo. No podía ver el color de sus ojos cerrados. Me quedé atontada. Ya había metido el carro dentro de la habitación y cerrado la puerta cuando me di cuenta de todo eso. Incluso había sacado el plumero. Y eso no va con segundas. Se despertó con el ruido que hice y sin darse la vuelta giró la cabeza y me miró con unos bonitos ojos color miel. Me saludó y sonrió mostrando sus dientes blancos perfectos. - Creo que olvidé colgar el cartel de no molestar, pero anoche llegué muy tarde del trabajo y muy cansado. - ¿Quieres que vuelva luego? Le pregunté. -No, continua, no querría interrumpir tu labor. Menos mal por que irme en ese momento me hubiera partido la mañana. Además de que la humedad que empezaba a notar en la entrepierna bajando por el interior de mis muslos casi me impedía moverme. Se puso boca arriba sin cubrirse con la sabana y pude ver sus genitales completamente depilados. El hombre gastaba una buena polla. Otra cualidad más a añadir a todo lo que había visto. Mientras hacía mi trabajo pensé que me miraba con cierta lujuria, más o menos como lo estaba mirando yo. Ese día llevaba el cabello largo, rubio de bote suelto a la espalda, había perdido la goma que lo sujetaba en una cola de caballo en la habitación anterior. Y desde luego no me había maquillado. Hacía un calor terrible. Solo cubría mi cuerpo con una bata de trabajo y un mínimo tanga que se trasparentaba a través de la suave tela. Ni siquiera un sujetador sostenía mis grandes pechos algo caídos, llevaba las chicas sueltas. El guarda polvo se apretaba marcando mi cadera. Los muslos se descubrían por la abertura de la bata. Él no dejaba de contemplarme. Me dijo: - ¿No estas cansada? Puedes sentarte un rato aquí a mi lado. Le contesté: - No debo. No se me permite y ésta es la última habitación. - Precisamente por que es la última, puedes. Pero sobre todo por que no sabria si me contendría de agarrar esa bonita pieza que descansaba sobre el desnudo muslo. La tentación podría conmigo si me sentaba en la cama junto a él. Se levantó y pasó a mi lado rozándome con su cuerpo felino, durante un segundo su mano descansó en mi cadera y me estremecí. Entró al baño justo detrás de mí sin cubrirse. La puerta es de cristal así que no le perdía de vista ni un segundo. Estirándose frente al espejo, luciendo su cuerpo perfilado. Tenía que limpiar el baño también, así que vista la confianza que se había tomado hasta ese momento podía ser tan bueno como cualquier otro. Entré tras él, muy cerca, en el reducido espacio, rozaba su suave piel con mi cuerpo cada vez que me movía. - ¿Te molesta que esté aquí contigo? - No claro, es tu habitación. Le dije temblorosa. Algunas veces al inclinarme tocaba su miembro con mi culo, o era al revés, aunque claro sin hacerlo adrede. Mi mente no sabría distinguirlo. Me puso las manos en la cintura. Yo le daba la espalda, si lo mirase me rendiría y empezaría a besarlo con ansia. Cerré los ojos, si viese su mirada a través del espejo yo misma me arrancaría la ropa. Aún así fue él quien me apretó a su cuerpo y me besó en el cuello. En un tono bajito y sensual me decía: - Estas muy buena, como para saborearte sin prisa. - Tu también estas muy rico y pienso comerte también. Sonreí con lascivia. Sus labios ardían sobre mi piel. Frente al espejo del baño veía allí reflejados sus avances sobre mi cuerpo. Su mano en mi pecho abriendo despacio los botones de la bata y apoderándose de uno de mis pechos ya al descubierto. A esas alturas yo gemía excitada, incontrolada. Mi pezón durísimo era apretado entre sus dedos con suavidad. Notaba en mi culo su dura polla y en mi cuello y hombros su lengua subiendo hacia mi oreja y nuca. Terminó de abrir mi bata mirando mi cuerpo en el espejo. Se separó lo justo para retirar la prenda y dejarla caer al suelo entre ambos, despacio lamiendo mi espalda. Sus manos no cesaban de acariciar mi piel frente al espejo. Eso me excitaba aún más como si las dos personas que había frente a nosotros nos estuvieran dedicando el espectáculo. Ya solo con mi reducido tanga pegué mi espalda a su poderoso torso y el culo a la durísima polla, como una barra de acero templado. Bajó por mi espalda besándome y bajando la bata, paseando su lengua por la columna mientras la iba destapando. Bajó lento el tanga con las manos, enrollándolo por los muslos, mientras clavaba la lengua entre mis nalgas. Yo mas inclinada, casi recostada sobre el lavabo y él agachado tras de mí. Lamiendo y besando mis nalgas, abriéndolas y clavando su lengua en mi sensible ano. Me encanta que me coman el culo, me pone muy, muy burra, me excita. Lo tenía donde quería, justo detrás de mí y donde él parecía querer estar. Me tenía a su merced que era lo que yo deseaba desde que vi su cuerpo masculino desnudo en la cama. Me incliné aún mas y alcanzó mi vulva con la lengua. Sentía su nariz en el ano y su lengua removiendo mis humedades en mi coño. Ya no podía abrir mas las piernas pues me daba con la pared. Por fin conseguí articular algo coherente y le dije: - Llévame a la cama y ¡Clávamela!. Conseguí separar mi culo de su cara lo suficiente para juntar la poca dignidad que me quedaba y salir de allí meneando las nalgas. Como una gata en celo subí a la cama que aún estaba deshecha. No creo que le importara un bledo que la hiciera, mientras yo estuviera desnuda encima de ella. Girando la cabeza le veía mirarme sonriendo con lujuria y seguirme despacio. A cuatro patas pasó sin prisa la lengua por mi piel subiendo desde el culo por toda la espalda. Y por fin lo sentí en mi interior abriéndose camino por mis entrañas como una barra de acero al rojo. El glande separando mis labios encharcados y entrando en mí hasta que mi culo frenó su pubis. Sus manos agarrando mi cadera. Mi cabeza clavada en la almohada mordiéndola para ahogar mis gritos. Un momento más tarde y me acaricié los senos, retorciendo mis pezones, seguí bajando la mano entre mis piernas para acariciar mi clítoris. Tocando también la base de su polla entrando y saliendo de mi coño y podía agarrar sus huevos depilados y suaves. En mis nalgas notaba perfectamente la piel de sus muslos a cada golpe. A cada penetración y si me las abría con las manos notaba la piel de su vientre hasta en mi ano. Se ensalivó un pulgar y empezó a masajear la entrada del ano rodeándola, excitándome suave pero insistente. Lo clavaba un poco en mi interior siguiendo el ritmo de la follada o lo sacaba para volverlo a mojar de saliva. Lo sentía en todo mi cuerpo, en el interior y en el exterior. A veces se echaba sobre mí y sus manos se apoderaban de mis tetas. El peso de su pecho en mi espalda clavándome al colchón. Su lengua en mi nuca y mis hombros. Mi cabello rubio pajizo revuelto en la almohada. No sé cuanto tiempo estuvo follándome. No podía contar los orgasmos que sentía. Después de disfrutarlo todo lo que quise la sacó sin haberse corrido aún, dura, granitica. Ahora fui yo la que me metí aquella maravilla en mi boca exprimiéndola hasta que me dio su leche. Yo mientras le comía le clavaba un dedo bien ensalivado en su ano para excitarlo más. Que culo más duro, pero se abría fácilmente al roce de mi mano. Con prisa recogí mis bártulos y salí de allí. He de confesarme a mí misma que bien bien follada. Al día siguiente tenía la duda de volver a esa habitación. Era de lo que más ganas tenía. Y por ello volví a dejarla la última. La lencería que me puse al día siguiente era más sexi y con más transparencias. Un sujetador de media copa sostenía mis tetas pero los pezones salían por encima del encaje. La bata que me puse por encima era la más fina y lavada con lejía que tenía. Alguna compañera se fijó en eso. Ni siquiera me había dicho su nombré ni yo lo había buscado en el registro. No era ese tipo de relación. Él estaba tumbado, esa mañana boca arriba y la fina sábana apenas le tapaba el vientre un poco por encima del pubis depilado. Sus ojos entrecerrados me seguían por la habitación. Esta vez nos dedicábamos a darnos espectáculo el uno al otro, a provocarmos. De vez en cuando abría alguno de los botones de la bata. Y yo lo miraba de reojo. Así me fui dando cuenta de que su polla tapada por la sábana se ponía dura al verme. La carpa que se formaba allí era un buen indicio. Me di cuenta de cuando se levantó pero yo seguí a lo mío, haciéndome la distraída. Cuando me incliné para limpiar algo la sentí en mi culo y sus manos recogiendo mi ropa. Hasta ponérmela en la piel desnuda de mis nalgas sobre la goma del tanga. - Creía que seguías dormido. - Ya me he despertado y además con un bonito espectáculo. Me acariciaba el culo amplio con las manos y yo me desabroché la bata del todo para sacármela. Pero no lo hice todavía. Solo pude apoyarme en la cama y dejar toda mi grupa a su alcance. Se agachó sin dejarme mover para lamer mis nalgas, mi culo, mi ano y cuando sentí allí su lengua una corriente eléctrica me recorrió entera. Despacio me bajó el tanga de encaje y siguió comiéndome el culo. Me arranqué la bata, el sujetador aún contenía mis pechos pero él alcanzaba a acariciar mis pezones sin esforzarse demasiado. Yo me limité a apoyarme, dejarme hacer y gozar de su lengua en todos mis rincones. Recorriéndome del culo a los labios de la vulva. El día antes solo había podido ver su expresión de pura lujuria a través del espejo pero entonces quería verla directamente. Hurté mi trasero a sus caricias para indicarle que se subiera a la cama. - Túmbate, hoy te follo yo. - Así que quieres mandar, me parece perfecto. Levanté sus rodillas hasta el poderoso torso para saborearlo yo. Tenía ganas de probar ese duro culo y clavar mi lengua en el ano. El gemido con que regalo mis oídos fue suficiente recompensa. Deslicé un dedo en su interior y no protestó por ello. Chupé sus huevos como caramelos. Y subí lamiendo el tronco hasta el glande rocoso, firme y rojo como un rubí. Dejé descansar sus piernas en el colchón para trepar sobre ellas y dejar mi pubis sobre el suyo. Hoy lo quería allí donde la espalda pierde su casto nombre. Aunque me lo había estado lamiendo y rociando con su saliva ese calibre no iba a entrar tan fácil. Había tomado la precaución de llevarme mi propio lubricante y me lo había puesto en un descuido mientras lo lamía. También lo había dejado bien limpio por dentro y por fuera. Levantándome un momento sobre mis rodillas puse el nabo en mi entrada con mi propia mano. Despacio me dejé caer, dejando que entrara en mí. En ese momento se dio cuenta de por dónde iba su aparato. - ¡Que traviesa! Esto no me lo esperaba. - Tenía ganas de sentirte en todos mis agujeros. - Por mí adelante. Estiró la mano para masturbarme. Cuando llegué al final y mis nalgas se apoyaron en sus muslos, él todo un caballero, acarició mi clítoris para darme más placer. Me masturbaba con suavidad mientras yo subía y bajaba despacio. También se agarraba a mis tetas grandes cuasi maternales pellizcando mis pezones. Favor que yo devolvía en los suyos pequeñitos, oscuros y muy muy duros. Ya no podía parar, no hasta que me llenase el intestino de semen. Y con sus caricias, mi culo lleno y toda la estimulación que estaba sintiendo yo me corrí varias veces antes de que eso pasase. Y no fue pronto, el chico aguantaba follando. Pero todo se acaba, incluso algo tan bueno. Él no quería que la cosa quedara así. Me levanté despacio y me tendí boca abajo a su lado notando como la lefa rezumaba de mi ano. Me gustaba esa sensación. Pero él no paró ahí, se echo encima de mí volviendo a comerme la raja lamiendo el semen que de allí salía. Y volví a correrme con solo eso, con el morbo que me estaba dando. Me avisó que abandonaba el hotel, así que esa era nuestra despedida. Y no podía dejarlo marchar sin volver a probar ese manjar que salía de su polla. Y a ello me dediqué con todas mis ganas. A exprimirlo sin piedad lamiendo toda la piel que podía excitarlo. Primero para volver a ponerlo duro y después ya sin prisa pero sin pausa hasta conseguir que se corriera en mi boca. Chupar sus huevos, su ano y meterle un dedo de nuevo, incluso bajar hasta sus pies o subir hasta sus axilas, cualquier cosa valía para conseguir su leche. Volví a recomponerme, como pude, pues aún me temblaban las piernas. Ponerme mi poca ropa y con mi carro y mis bártulos salir de allí sabiendo que había disfrutado, con ese chico lascivo, como pocas veces antes y que no se repetiría muchas veces en el futuro. .........

domingo, 14 de mayo de 2023

La familia de la playa

. .... Marcos y Olga Juan Sara y Mario No es que nos haga mucha gracia el sol. Así que cuando vamos a la playa bajamos tarde por que ambos nos quemamos con facilidad. A Marcos le gusta bañarse y nadar algo en el mar. A mí lo que me gusta es simplemente tumbarme en la arena con el bikini mas pequeño que tengo y quedarme adormilada o ver al resto de la gente y sus cuerpos casi sin nada que los cubra. El sol iba bajando y alrededor casi todo el mundo empezaba a recoger y marcharse. Mientras que nosotros queríamos ver la puesta de sol y quizá disfrutar de un rato de caricias y de meternos mano en la arena y el agua a la luz de la luna. No muy lejos solo quedaba una pareja de cuarentones como nosotros, con su hijo, un guapo chaval que no habría cumplido los veinte. Me llamó la atención su cuerpo bien formado y su diminuto bañador. Pensaba que un chico así haría lo posible por librarse de sus padres y largarse de juerga a la disco mas próxima. Todo lo contrario, estaba de lo mas cariñoso tanto con ella como con él. Los tres aprovechaban cualquier descuido para acariciarse y tocarse tanto o mas que nosotros. Me pareció incluso que el chico le había estado metiendo mano a su madre por las tetas mientras le ponía bronceador. Pero suponía que eran solo imaginaciones morbosas mías. Y eso que el sujetador de ella aun mas pequeño que el mío solo le cubría los pezones y poco mas. A mí en cambio lo que se me había recogido era la braguita entre los cachetes del culo y hacia rato simulaba un tanga. Sabía que los dos o los tres, pues las chicas también nos fijamos en las demás, habían estado mirando en nuestra dirección. Yo también sabia que Marcos se había fijado en la poderosa delantera de nuestra vecina. Y pude que también hubiera estado mirando el cuerpo fibrado y sexy del chico. Como ni ellos ni nosotros hacíamos intención de marcharnos y eramos los únicos que quedábamos en la arena. Decidimos que era absurdo seguir fingiendo que nos ignorábamos por educación. Así que nos levantamos y fuimos a presentarnos casi al mismo tiempo que ellos habían pensado hacer lo mismo. Nos fuimos acercando mientras ellos se ponían de pie para recibirnos. Empezamos con naderías sobre lo bonita que estaba la Luna y lo buena del agua del mar. Para juntar las toallas y seguir charlando sobre nuestras vidas y de disfrutar de algún baño nocturno y de la playa solitaria. - Hola. Somos Marcos y Olga. - Buenas noches. Ha hecho un día estupendo. ¿Verdad?. - Nosotros Juan, Sara y nuestro hijo Mario. Encantados de conoceros. - Un día genial de playa, sí. - Y gente muy guapa y sexy. - Si sobre todo vosotros. - Vosotros también estáis estupendos. - Y esa maravilla de chico. ¡Qué guapo es!. - Modestia aparte. Me salió bien. Y tan dulce y cariñoso. - Ya me di cuenta que no se te despega. Juan, Sara y Mario el chico eran simpáticos abiertos y yo sospechaba que entre Mario y su madre, ¿solo con su madre? la ternura superaba lo meramente filial. No tenía ni idea de lo que pasaba allí. Podían ser solo imaginaciones mías. Pero parecía que ese cariño ocurría con sus dos progenitores. Marcos jugueteando me soltó el nudo del bikini desnudando mis pechos delante de nuestros nuevos amigos. Como he hecho top les otras veces no me importó gran cosa. A esas alturas ya tenía los pezones duros como escarpias. Y menos me importó cuando Sara hizo lo mismo con el suyo mostrando sus pechos dos tallas mayores que los míos y también sin marcas de sol. Además esas maravillas aún siendo de buen tamaño se sostenían solos sin apenas caída. - ¡Vaya tetas mas bonitas! Eso empezó a caldear el ambiente todavía mas y las bromas fueron subiendo de tono. A esas alturas nos apetecía ver sus cuerpos desnudos del todo. Y creo que ellos los nuestros. No se quien propuso lo del baño pero nos fuimos todos al agua entre bromas y risas siguiendo las chanzas entre fugaces roces entre todos. Jugábamos en el agua. Mario se arrimaba a Marcos, yo suponía que por que no se atrevía a acercarse a mí. Pero me di cuenta que le había agarrado el paquete por encima del bañador mas de una vez. Estaba claro que le iba la carne y el pescado. Como a mi chico, que había aprovechado para acariciar las respingonas nalgas del muchacho. - A ver chicos, nosotras estamos con las tetas al aire y vosotros seguís tan tapados como antes. Fue Sara la que se quejó de que nosotras enseñábamos más que ellos y lo hizo mirando directamente a su hijo. Este aceptó el reto diciendo que a el no le importaba mostrar más y tiró el minúsculo speedo a la arena. - Mami, ya sabes que a mí me gusta andar desnudo. Por todas partes. A la luz de la luna llena todos vimos su bonita polla depilada y a esas alturas ya muy dura. Apuntando al frente. Visto que el dique se había roto, la siguiente fui yo. Aproveché y también mostré mi vulva depilada. Mi tanga terminó al lado de su slip en la arena. Luego Sara se quitó la braguita. De inmediato su culo poderoso atajo la atención de los presentes. Y por fin nuestros dos maridos terminaron de desnudarse. También luciendo sus duros rabos y pubis depilados. - Ala, todos en bolas. Menos mal que estamos solos. Y no nos ve nadie. - Bueno solo nosotros. Ya todos en pelota picada del todo los roces se hicieron mas intensos y provocativos. Yo amasaba con confianza los pechos de Sara a la que parecía que le agradaban mis manos. Me atraían mucho las dos grandes tetas. - Nena, son magníficas. - Las tuyas son preciosas, tan duras. Marcos le agarró el culo a Mario que se lo entregó en bandeja y se lo restregó por la polla. El chico se arrimaba a mi pareja sin complejos y este correspondía agarrando todo lo que podía. Incluso durante unos momentos le estuvo masturbando suavemente. - ¡Menudo culo tienes!, chaval. Duro como una piedra. - Como mi polla que tienes bien agarrada. Jajaja. Juan echó mano a mi culo a la vez que al de su mujer. Acercándonos más a las dos hasta que nos besamos con ternura y lascivia en los labios. Las dos seguíamos acariciándonos, provocándolos más. A esas alturas los tres chicos tenían la polla bien dura y las dos teníamos ganas de notarlas dentro. - Se os ve cachondos. Sara mirándome a los ojos fue a sujetar en su mano la de mi marido que encantado se lo permitió. Seguro que pensando en la estupenda cubana que aquel hermoso par de tetas podían proporcionarle. Así que se aferró a ellas. - ¿Puedo ponerla en tus tetazas?. - Luego, seguro. Yo conseguí agarrar el rabo de Juan mientras Mario arrimaba la suya al poderoso culo de su madre. Juan y yo mirábamos sonriendo el trio mientras sus manos se deslizaban por mi húmeda piel. Me gustaban sus caricias, largas llenas y suaves por todo mi cuerpo sin ir directo a mi vulva como habría hecho cualquier otro hombre. - Tienes una piel maravillosa. Yo también los miraba y así pude ver como mi marido y su hijo se daban lengua por encima del hombro de Sara a la que tenían emparedada entre los dos. Ella debía estar caliente por todas las caricias de su marido e hijo durante el día. - ¿No te importa que tu hijo sea tan cálido con ella?. - También lo es conmigo y a ella le encanta vernos. Nos lo pasamos mucho mejor así, queriéndonos mucho. - Se os notaba bisex, ya nos dimos cuenta. - Vosotros también. Me decía lascivo pasando la lengua por mi oreja, lamiendo mi piel caliente. Para no perdernos el espectáculo Juan se coloco a mi espalda y echó mi larga melena sobre el hombro para mordisquearme el cuello y la nuca y deslizar en la raja de mi culo su polla bien depilada y durísima. Yo lo pajeaba sin prisa, entre mis nalgas, moviendo el culo arriba y abajo despacio. Los dos jadeábamos y gemíamos por el placer que nos estábamos dando. Amasaba mis peras, pellizcando los pezones con ternura. - ¡Que duras tienes las tetas!. Cuando ya pensaba que buscaba con el glande mi ano que no le hubiera negado, dobló las rodillas y se abrió camino entre los labios de mi coño que chorreaban jugos. Con una mano masajeaba mi clítoris aumentando mis orgasmos y la otra pellizcando con suavidad mis pezones. Se me escapó un fuerte gemido. Frente a nosotros Sara se había arrodillado dejando que las pequeñas olas acariciasen su pubis mientras se había colocado el rabo de Marcos entre las tetas. Le daba lamidas al glande de mi marido. Mientras de vez en cuando giraba la cabeza y se tragaba la polla de Mario. Que no había dejado de morrearse con mi marido y de pellizcar sus pezones. - Cielo, ¿Me ayudas? Le pidió Sara a su hijo. Que se arrodilló a su lado en el borde del agua. Le ofreció la polla de mi marido sujetándola por la base y los huevos. Ver a esos dos pibones compartir el rabo de mi chico mientras me follaban sin prisa fue una de las experiencias más morbosas que he tenido. Estábamos muy cerca así que lo veía muy bien. Solo tenía que editar la mano y acariciarlos. A todos. No me iba a cortar, recorría sus pieles sensual, todo lo que podía alcanzar. Aprovechando que estábamos tan cerca me agaché doblando la cintura. Consiguiendo que su marido me la clavara hasta los huevos mientras buscaba la boca de ella con mi lengua Con sabor a la polla de mi chico. Como pensaba, ella respondió a mi beso con su saliva sin cortarse y estiró la mano con la que no sujetaba los huevos de Marcos para acariciarme las tetas. Casi no había palabras tan solo gemidos, jadeos y suspiros de placer que todos soltábamos. - Sois tan pervertidos como nosotros. - ¿Quieres probar mi culito? Mario viendo que mi chico es bisexual y atendía a sus caricias le pidió que le follara, que quería probar su polla en el culo. Marcos siempre atento a las necesidades de los demás no se hizo de rogar. - Tumbate boca arriba en una de las toallas. Levantó sus piernas hasta el pecho lampiño enseñándonos a todos el estrecho ano. Me agaché un poco más, soy muy flexible. Me liberé por unos momentos del rabo que me taladraba. Y no pude evitar lamer y ensalivar ese culito Disfruté del sabor salado del agua de mar en su suave piel preparándolo para la polla durísima de mi chico. Su padre se puso junto a la cabeza y le ofreció el nabo. El chico mientras recibía el de Marcos en el ano de puso a comer los huevos y la polla de su Juan que aún debía conservar el sabor de mi xoxo. La polla dura de Mario golpeaba su propio vientre al ritmo de la follada. - Sara ven conmigo. Aproveché el momento en que los chicos estaban tan ocupados para hacerme con los favores de la madre. A la que tenia ganas desde que me fijé en sus tetas, buscando los jugos de su coño con mi lengua. Nos tiramos en otra toalla al lado de ellos. - ¡Comémelo todo! nena. Metidas en nuestro sesenta y nueve. Pues ella también clavó su lengua y dedos en lo mas profundo de mi chorreante coño. De vez en cuando le echábamos miradas a nuestros chicos lo que nos ponía aún mas cachondas. Todo ese espectáculo porno gay, un bello trio de chicos. Juan viendo que nosotras nos lo montábamos solas le puso el culo en la cara a su hijo que empezó a comérselo con ganas mientras era bien follado por Marcos. El culo y los huevos. Mis orgasmos se encadenaban uno tras otro según ellos me acariciaban, follaban y lamían. - ¡Joder, que rico! Con la postura que tenían mi marido se inclinó y se puso a comerle la polla al marido de mi nueva amante. La postura era un poco más forzada pero había más contacto entre sus pieles. - Esta no es la primera polla que comes. Se ve que te gusta. Una vez que disfrutamos nuestros jugos durante un rato y después de habernos corrido ambas en la boca de la otra vimos que nuestros chicos tardaban en correrse y fuimos a echarles una mano en tan placenteros menesteres. Como si necesitaran nuestra ayuda. Yo deseaba la polla de Mario en mi culito que su madre se había encargado de poner a punto lamiéndomelo y follándolo con sus dedos. Ese rabo duro me había llamado la atención incluso antes, cuando todavía estaba tapado por su bañador. - Cambiemos, quiero la polla nueva. No os vayáis muy lejos. - No me separarían de ti ni con una grúa, cariño. Sara quería la de mi chico en su coñito. Se dispuso a cabalgarlo tumbado de espaldas para para así permitir que Juan se la follara por detrás al mismo tiempo. Otro trio con Sara empalada en medio de los dos hombres. Yo estaba a cuatro patas sin dejar de comerle la boca a la otra chica. Esperaba la polla de su hijo. - Por el culo chico, fóllame. Ella, cuya concentración no fallaba más que en la cima de sus intensos orgasmos todavía podía estirar un brazo con el que acariciaba los huevos de su hijo mientras este me enculaba o penetraba mi coño libre con dos dedos. - Seguid, no paréis. Esta vez no dejamos que ninguno de ellos se escapara sin dejar su semen dentro de nuestros cuerpos. Se corrieron los tres chicos con fuertes gemidos con pocos segundos de diferencia. Pero desde luego en ese momento no estaba yo para hacer comparaciones o tomar notas. - Estás aún más rica con salsilla, nena. Para seguir unos momentos más mientras ellos perdían sus durezas. Nosotras volvíamos a lamernos entre nosotras. Nuestros orificios de donde rezumaba el semen, recogerlo con la lengua y compartirlo en un beso blanco. Ni que decir tiene que pasamos el resto de las vacaciones juntos renovando nuestros juegos. ......

domingo, 7 de mayo de 2023

Mi profe preferido

. Desde luego él era mi profesor favorito. El más joven del instituto, el más guapo y con mejor cuerpo. Me pasé el último año suspirando por ese duro culito que se marcaba en sus vaqueros. Por supuesto que él no se habría atrevido a intentar nada conmigo. Primero, yo era uno de sus alumnos y luego por entonces aún no había cumplido los diez y ocho. Pero estaba convencido de que él también miraba mi culo o mi torso cuando llevaba camisetas ajustadas. Durante el verano y los primeros días de universidad he ligado con chicos e incluso he llegado a follar. También a caído alguna chica, por qué no. Pero no me he olvidado de mi profe preferido. El otoño está siendo especialmente cálido. Todo el mundo sigue vistiendo ropa de verano. Ligera y luciendo el cuerpo. Así que yo, como todos, ando cachondo todo el día. Aún recordaba los días de tutoría. Por que no iba a hacer una visita a mi viejo instituto. Sobre todo ahora que había cumplido los diez y ocho y ya no era alumno. Podía visitarlo a una hora en la que sabía que estaría solo. Casi nadie iba a esas tutorias. Él estaba tan concentrado corrigiendo unos exámenes que ni siquiera levantó la cabeza de la superficie de la mesa. Estaba aún más guapo de como lo recordaba. Intenté bromear. Di unos golpecitos en el marco de la puerta y le hablé desde allí. - Profe, no estoy conforme con la última nota. Creo que merecía algo más. Aún sin levantar la cabeza puso una expresión de fastidio. A nadie le gusta que le lleven la contraria en una decisión que ha tomado. Por fin me miró. Y entonces al reconocerme su bella sonrisa iluminó el aula. - Mario ¡eres tú!. Pensaba que no volvería a verte. Al terminar los cursos casi nadie vuelve por aquí. - Bueno a mi me apetecía volver a verte. Digo volver a ver este sitio. Hubo buenos momentos y tenerte a ti delante eran de los mejores. - Vamos, no soy tan bueno. Le estaba coqueteando descaradamente a ver si entraba al trapo. Así que me lancé del todo. - Pero sí que estas muy bueno y muchos nos dábamos cuenta. Y la tuya era mi asignatura favorita. - ¿En serio pensabas así?. - Pues claro. Y no era el único, muchas perdían las bragas por ti. Se te hubieran echado en los brazos solo con chascar los dos. Le puse la mano en el antebrazo en un gesto de confianza. Y esperaba que de algo más sin tardar mucho. - No exageres. - No seas modesto. Has tenido que darte cuenta antes de como todos te miramos con ojos de cordero degollado. - Bueno, tengo ojos en la cara. Claro que se nota pero nunca me atrevería a hacer nada con un alumno y menos aún menor de edad. - Lógico. Pero yo ya no soy tú alumno, tampoco soy menor y me sigues gustando. Estás aún mejor que cuando en clase te miraba el culito en tus apretados vaqueros. Podría darle la opción de rechazarme de una forma educada. Pero eso no es o que quería. Deseaba comérmelo a besos. Así que seguí con la presión sin soltar su brazo y alagándole. -Tú también estás estupendo. Me gustaba cuando llevabas tus camisetas ajustadas marcando el torso. - ¿Como esta que llevo ahora?. - Justo como esa. No hacia falta decir mucho más. Él seguía sentado en su mesa y yo a su lado apoyando el culo en el borde. Así que me incliné y lo besé. Todavía hubiera podido rechazarme pero me correspondió con sus labios cálidos, gruesos y sensuales. Besaba mejor de lo que había imaginado. Mordisqueaba mis labios con los suyos y no se apresuró con la lengua. La deslizó en mi boca en el momento justo en busca de la mía. Podían habernos pillado aunque sabía que en todo el edificio solo quedaría el personal de limpieza y estaría en la otra ala. - Así que, señor Rodríguez, piensa usted que debería haberle puesto más nota. Me dijo con una sonrisa pícara. - Creo que esto lo compensa profe. - Me parce que tuviste la nota más alta de tu clase, pero si llego a saber que besas tan bien te hubiera puesto matrícula. - Entonces no hubiera tenido excusa para venir y volver a verte. Mi mano había subido por el brazo acariciando el bíceps y llegando a su cuello. Hasta alcanzar su mandíbula y guiar su rostro en nuestro beso. Él en cambio había puesto la suya en mi cintura y empezaba a tirar de mi cuerpo buscando más contacto entre nosotros. - Deberíamos cerrar la puerta. - ¿Te da miedo que te pillen follando con un chico?. - No con uno tan guapo como tú. Para entonces ya había empezado a subir mi camiseta desnudando mi vientre. Seguía sentado, solo se inclinó para pasar la lengua por mi vientre. Terminé de sacarme la prenda y la arrojé a la misma silla en la que me sentaba el curso anterior. Cuando tenía el culo en esa tabla nunca pensé que conseguiría aquello que tanto deseaba. Y allí estábamos. Me acerque a la puerta y eche el pestillo. Pero si alguien quería vernos eso no sería un gran problema. Tenía un cristal trasparente, vertical y estrecho junto al picaporte. Así que de todas formas nos verían. Volví despacio hacia su mesa. Luciéndome. El no me pedía de vista mirando mi cuerpo y sonriendo con una mueca lasciva que me encantaba y que nunca le había visto. - Quiero ver más de tí. Llevo dos cursos deseándolo. ¿Por qué no te quitas la camisa?. - ¿Por qué no vienes aquí y me la quitas y tú?. Así que lo hice. En vez de arrancar los botones de un tirón me o tome con calma. Le puse de pie y empecé a soltarlos uno a uno. Fui yo el que me senté en su silla, la del profesor en la que nunca había apoyado mi culo. Besé cada centímetro de la piel que iba descubriendo. Separé la tela un poco más hasta dejar sus pezones pequeños, oscuros y muy duros al alcance de mi lengua lasciva. Le dediqué un buen rato a lamerlos y besarlos, oyendo sus jadeos. - Tenía que haberte suspendido, para verte así mucho antes. - No hubiéramos podido hacer esto. Por mucho que yo lo deseara. Bajé por su vientre. Me entretuve un rato metiendo la sin hueso en su ombligo. Estaba jugando con él y me encantaba. Cuando terminé a abrir la camisa seguí con sus pantalones. Abrí el cinturón, el botón y la cremallera. Deslicé la mano entre la tela hasta agarrar la polla por encima de la licra de sus boxers. Estaba ya bien duro, lo había excitado. Me mataba la anticipación y eso era aún mejor. Por fin le di un tirón a su ropa, lo dejé a medio muslo y el bonito rabo dio un salto apuntando justo hacia mi cara. Ni siquiera me molesté en usar las manos. - En mamadas tendré que ponerte un sobresaliente. - Pues vamos a por la matrícula, profe. Acerqué la cara a su pubis y empecé a lamer desde los huevos. Los chupé un momento y seguí lamiendo el tronco. Me interrumpía para darle besos y continuaba hacia el glande. Me esmeré en esa mamada. Lamía el pubis bien depilado. Volvía a los testículos y luego al glande que me metía en la boca pasando por el tronco. Mojaba su piel con mucha saliva. Usaba la mano para seguir acariciando su piel. O la subía hasta su pezón y pellizcarlo. Alguna vez tuve que apartar su mano de mi nuca. Me gusta hacerlo a mi ritmo, sé que se me da bien. No quiero que me obliguen a tragar más de la cuenta. Pero captó la indirecta enseguida. Se puso a acariciar mis hombros y cabello sin intentar forzar más la situación. Lo miraba a los ojos y cuando separaba la cabeza ponía cara de vicio. Aunque no hacía falta excitarlo más. Notaba que estaba a punto de correrse. Tenía las dos manos en sus nalgas, prietas como talladas en mármol. Las amasaba y separaba. Deslizaba un dedo hasta el ano acariciándolo. Yo tenía la polla como una estaca aún encerrada en mis vaqueros. Pero no importaba quería su lefa. Se inclinaba y llegaba a alcanzar mis pezones y pellizcarlos con suavidad. Al fin se corrió en mi boca. No tenía por qué tragarlo. Dejé que su lengua lo buscara en mi boca. El beso fue lascivo, guarro, la saliva y el semen pasaban de una boca a otra removido por las sin hueso. Sin dejar de acariciarnos, la manos e ambos recorrían la piel desnuda del otro. Él notaba mi polla dura y el tubo de lubricante en el bolsillo. - ¿Esto es tu móvil o es que te alegras de verme?. - Me alegro mucho de tenerte así desnudo. ¿Me quieres hacer el examen de follar?. - Por supuesto. Tengo el culo deseándolo. Terminó de sacarse la ropa. Y se apoyó en su mesa, se inclinó poniendo el culo en pompa. Volví a sentarme en su silla para poder comérselo a gusto. Le dediqué un buen rato a lamerlo, besar sus nalgas. Era el culo que veía cubierto en las clases por sus pantalones y ahora estaba desnudo ante mí. Lo estaba disfrutando y haciendo que él gozara conmigo. Clavé la lengua en su ano. Estaba claro que yo no iba a ser el primero en penetrarlo. Se dilataba solo al roce de la húmeda. Él mismo se separaba las nalgas para que yo pudiera lamer todo su culo. - Se ve que usted ha aprobado este curso. Profe. Parece que ha estudiado mucho. Se le escapó un gemido. Le puse gel con dos dedos dilatando un poco más. Sus jadeos me decían que lo estaba haciendo bien. Me puse una buena cantidad en mi mástil. Me levanté con la polla como el acero y los pantalones por los tobillos. Apoyé el glande en el aro rugoso de musculo y apreté. Hice fuerza y empujé. Un poco más dentro hasta que mis huevos dieron con los suyos. Me movía despacio. Sin prisa deslizándome en su recto, buscando el placer de ambos. - Quiero verte la cara. Quiero mirarte a esos preciosos ojos azules mientras me follas. - Déjame hacer sitio en la mesa y gírate. Los exámenes no terminaron en el suelo por centímetros. Pero conseguimos sitio para que él se tumbara boca arriba con el culo justo en el borde de la tabla. Volví a arrimar el instrumento a su agujero donde entré sin problemas. Volví a empujar dentro de su cuerpo. Esta vez podía agarrar su polla que empezaba a ponerse dura de nuevo, despacio pero cada vez más firme. Acariciaba sus huevos y el vientre. Me puse sus piernas en el pecho. Agarrando sus muslos para poder hacer más fuerza. Justo al lado de mi cabeza tenía sus pies. Solo tuve que girarla un poco para pasar la lengua por la planta de uno de ellos. Hasta eso me apetecía. Lamer todo su cuerpo. Él me miraba a los ojos con la expresión ida de quién está gozando sin complejos. En ese momento levanté la vista y me di cuenta de que alguien nos observaba por el cristal de la puerta. - Estás para matrícula. Pocas veces me han follado así. Yo no podía distinguirlo a la distancia de la puerta que estaba. Pero quien fuera debía tener una vista perfecta del espectáculo y tenía que estar gustándole mucho. Pues no había hecho ni un ruido y no parecía que fuera a montar un escándalo. Eso me daba aún más morbo. Salió mi vena exhibicionista y me esmeré tanto en darle placer a mi profe preferido como un buen espectáculo al mirón o mirona. - Folláme. A ponerme lascivo y morboso. No tenía manos suficientes para acariciar toda su piel. Seguía lamiendo y besando sus pies. Ya no dejé de moverme hasta que me corrí dentro de su cuerpo. - Eres un vicioso. Empujé más las piernas hasta su pecho. Y me incliné a volver a comer su culo. Le clavaba la lengua hasta donde podía recogiendo mi propio semen. O subía por sus huevos y me volvía a meter la polla en la boca. Mi profe seguía gimiendo con el rabo bien duro. - Quiero follarte yo, pero la de la limpieza estará a punto de llegar aquí. ¿Por qué no te vienes a casa el sábado?. Pasaremos un buen día. - ¡Profe! Qué escándalo. Quieres seducir a un chico como yo. Le contesté riendo. Me acerqué a sus labios y le volví a dar un jugoso morreo. Y luego pasé a lamer su oreja y decirle muy bajito. - No me lo perdería por nada. Y supongo que la mirona que hemos tenido todo el rato también querría venir. A punto estuvo de tener un esguince en el cuello de lo rápido que giró la cabeza hacia puerta. Pero la sombra ya no estaba allí. - Tranquilo, creo que le ha gustado el espectáculo. No dirá nada pero igual le gustaría participar. ........