martes, 23 de mayo de 2023
Nunca me gustó estudiar
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Olga, Roberto.
Marta, Alex
Nunca me gustó estudiar así que al salir del instituto mi tío Roberto me propuso trabajar con él en el bar. No es que sea un local de categoría, más bien una cafetería de barrio, pero tenía su clientela y necesitaba algo de ayuda.
Es el hermano menor de mi madre, grande como un armario de tres cuerpos, a mí me parecía guapo y por ende divorciado. A su ex no le gustaba que pasara tantas horas en la cafetería y tan pocas con ella.
Así que un día al llegar a casa la pilló con otro en su cama. Aunque mi tío es un buenazo y no iba a liarse a navajazos con nadie, como pasaba en la canción. Se limitó a ponerla de patitas en la calle.
Por algo dicen lo de cerrar la puerta del establo después de que se escape la burra, digo, los caballos. Fue cuando me contrató. Yo había cumplido los diez y ocho así que podía trabajar. Todo eso me dió a mí un curro que me venia bien para no tener que soportar los sermones de mi madre sobre ser una ni ni.
Pronto mi tío se dio cuenta de que la concurrencia y con ello las ganancias aumentaban cuando yo estaba detrás de la barra. Con dieciocho recién cumplidos delgada y sexi y con una simpática sonrisa, ni siquiera me hacía falta poneme mis modelitos mas rompedores para aumentar la clientela.
Ademas de que algunos de mis amigos y amigas empezaron a venir rejuveneciendo en más de veinte años la media de edad de los asistentes. Llegaba cansada a casa, pero satisfecha de ganar mi dinero.
A veces los inevitables roces de dos personas trabajando en un lugar estrecho me tenían bastante caliente. ¿Ya dije que mi tío me ponía mucho?. Con su aspecto varonil, de tiarrón, hacia que salieran a flote mis más bajos instintos.
Además los piropos que me dedicaban algunos de los clientes y por que no, clientas de buen ver, también ayudaban a que me excitara. Casi nunca había pensado que echarle un vistazo a un generoso escote mientras ponía unas Coca-Colas en la mesa pudiera hacer que mojara el tanga.
Pero estaba descubriendo cosas de mi misma, además del orgullo del trabajo, que podía excitarme con cosas nuevas. Y nunca había hecho nada con ninguna de mis amigas, por muy borracha que estuviera.
Buenoooo puede que provocarnos un poquito o algún que otro pico en los morritos y quizá vernos desnudas al cambiarnos juntas también me pusiera un poco cachonda. Vale lo admito, alguna tendencia bisex si que había tenido.
Al principio evitaba, intentaba más bien, evitar los roces con mi familiar echándome contra la barra o la estantería cuando tenía que cruzarme con él. Pero pronto asumí que eso era una tontería y que tendría que estar mas pendiente de apartarme que del trabajo.
Así que no solo deje de evitarlo sino que además los buscaba poniéndome delante de él cada vez que nos cruzábamos. Dejando que mi duro culito enfundado en ajustados vaqueros o mínimos shorts se paseara por su paquete. Y él todavía me pedía perdón cuando eso pasaba. ¡Que dulce!.
Sabía que si Roberto no encontraba pronto novia me lo iba a acabar tirando y la verdad es que me apetecía. Auque había un par de cosillas que todavía me hacían dudar. El que fuera mi tío y el que trabajábamos juntos, al fin y al cabo él me pagaba mi sueldo.
Por lo demás habían pasado algunos meses, el verano iba llegando y no solo mi ropa se hacía más fresca sino también la de la gente que acudía y eso conseguía encenderme todavía más.
Una noche mi amiga Marta vino con su novio Alex casi a la hora de cerrar. Ella con su faldita más corta y yo lo sabia por que nos las habíamos comprado iguales y un top que no le conocía y que le dejaba un más que generoso escote que le llegaba al ombligo.
El chico con unos ajustados vaqueros que marcaban su culo prieto y su paquete y una ligera camisa. Se sentaron en la mesa más apartada tras saludarme con un amistoso par de besos y pedirme su consumición.
Como no había mucha gente me acerqué a llevárselo con la bandeja. Ya desde lejos pude ver como la mano del chico se deslizaba muslo arriba introduciéndose por debajo de la escasa tela de la mini.
Ese día yo me había puesto un short de los de media nalga al aire que había dejado a mi tío sin respiración y con la polla dura, cuando llegué a darle el relevo. Estuve alborotando a todos los clientes que esa tarde habían pasado por el bar, mi pantaloncito había levantado pasiones.
Mi escote no era tan vertiginoso como el de mi amiga pero aún así la camiseta de tirantes les permitió a ambos una buena vista de mis pechos cuando me incliné en su mesa.
Con mi mejor sonrisa lasciva que desmentía por completo mis palabras les dije:
- A ver parejita, cortaros un poco. Yo no tengo compañía y los demás clientes empiezan a miraros.
Mi amiga me respondió:
- Cielo, lo de la compañía tiene solución. Ese tío tuyo, tío bueno, que tienes tras la barra podría estar contigo. Bien que me he fijado en como te mira tu pariente. Y lo de los clientes, ya sabes, lo que se han de comer los gusanos....
Le propuse:
- Cambiámelo por tu novio. Así no tendría que follar con un familiar.
A lo que me respondió con una risa no del todo de broma.
- Podría ser ya sabes que también me pone. O incluso tú y yo solas podíamos hacernos compañía. ¿Para qué nos hacen falta los tíos?.
- ¡Pero bueno! Si os poneos en ese plan igual le invito yo a salir y a nosotros no nos harían falta chicas para pasar un buen rato.
- ¿Hablando de fútbol? Cariño.
- Oye que es verdad que su tío está muy bueno, no me pondría a hablar de deportes precisamente.
- Ya sabía yo que era de gustos amplios, pero no que te iban los maduritos.
Yo me volví tras la barra dándole vueltas, más vueltas mejor dicho, a la cabeza. Si mi tío hasta le gustaba a otro chico. Y empecé a recoger viendo la hora que era.
Ellos no se cortaron un pelo claro. Cuando los miraba ella tenía la mano en su paquete amansándolo con suavidad. Y él la suya entre los suaves muslos por debajo de la falda o por dentro de su escote.
Entre ellos y una pareja de gays que habían estado muy acaramelados en otra mesa durante media tarde a mi me tenían quemando y echando chispas por el potorro, disculpen la burrada.
Entre bromas y chascarrillos se pasó el último rato y cuando llegó mi tío a cerrar me propusieron ir a tomar algo con ellos. Iríamos a un pub cercano que cerraba bastante más tarde que nosotros.
A mi familiar lo dejamos mirándonos el culo a ambas, o incluso puede que a los tres, según salíamos por la puerta. Aunque no fui demasiado mala y me despedí con par de cariñosos besos pegando mis tetas a sus fornidos pectorales.
A esas horas solo quedaba abierto en el barrio el más oscuro pub en el que ponían música suave para animar la conversación y otras cosas que se podían hacer en los cómodos sofás del fondo del local.
Yo seguía pensando en mi tío. Algo me molestaba, y no era solo el haberle haberle dejado solo cerrando el bar. Tampoco me apetecía estar de sujetavelas el resto de la noche. Le pregunté a mi amiga:
- ¿Te importa si llamo a mi tío y le invito a venir?.
- Claro que no. Sabes que no me importa volver a echarle un vistazo. Está muy bueno. Y con esa camiseta tan ajustada que llevaba hoy aún más.
- Mira que eres zorra. Así que te vas a calentar con mi tío para follarte a tu novio.
Siempre nos cruzábamos esas bromas y nos reímos, aunque sabía que tenía razón y ella tampoco me lo iba a negar. Así que cogí el móvil y lo llamé.
- Hola tío. ¿Por dónde andas?.
- Todavía cerrando. ¿Por?
- Estamos en el pub. Pásate y tomamos algo todos.
- En un rato estoy allí.
- Te esperamos.
Estaba nerviosa. Me apetecía estar con mi tío fuera de nuestro bar, en un ambiente más relajado. Aunque fuera en compañía. Y esos dos salidos hasta podrían ayudar. Y ver lo qué podía pasar.
Ellos no habían dejado de sobarse y yo seguía caliente como un horno cuando lo vi aparecer por la puerta. La camiseta parecía todavía más pegada a sus pectorales y bíceps. Con razón movía barriles de cerveza con una sola mano.
Le saludé a que viniera a nuestra mesa pero pasó antes por la barra a pedir su copa y se quedó charlando un rato con la camarera de allí. Una chica bastante guapa por cierto.
Admito que eso me dio celos. Esa noche lo quería solo para mí. Aunque tuviera que sentarme en sus muslos como cuando era pequeña.
Por fin vino a reunirse con nosotros. Le dio dos besos a mi amiga y un firme apretón de manos a su novio. A mí en cambio me sujetó de la cintura con una de sus grandes manos. Y me pegó a su cuerpo.
Evidentemente yo colaboré haciéndole notar mis firmes tetas en su poderoso torso. En ese momento me pareció que su mano bajaba de mi espalda a donde esta pierde su casto nombre. Pero puede que solo fueran ilusiones mías tan concentrada estaba en sus preciosos ojos, su bonita sonrisa y el roce de sus labios en la mejilla, tan cerca de mi boca.
Desde luego que no hice ningún esfuerzo por separarme. Sino que me pegué más a él. Volvimos a sentarnos yo con Roberto en un sofá y en de enfrente Marta y Alex.
Mi amiga siguiendo en su línea de toda la tarde se dedicaba a separar sus torneados muslos. Nos dejaba ver su tanguita para provocarnos. Su novio colaboraba con ella acariciando con suavidad su fina piel. La mano cada vez estaba más arriba sobre una de sus piernas.
Yo no me iba a quedar atrás así que pegué el muslo a la pierna de mi tío y como él llevaba unas bermudas bastante cortas nuestras epidermis se rozaban.
La mano que antes tenía casi en mi culo había pasado a mis hombros. Pero yo estaba tan encajada bajo su axila y su brazo es tan largo que pude sujetar su mano para llevarla hasta una de mis tetas. Tenía los pezones duros como escarpias.
Conversábamos relajados pero había cierta tensión sexual entre ambos sofás. Marta cada vez mas descarada no se cortaba ni en méterle mano a su chico ni en proponer temas cada vez más subidos de tono. Hasta que llegó el colmo y le preguntó directamente a mi tío.
- Roberto, ¿Cuanto hace que no echas un buen polvo?.
Este siempre tan amable y dulce hasta tuvo la consideración de responderle sin escandalizarse.
- Una buena temporada, ya sabes que ahora estoy solo.
-¡Pues que desperdicio!. Con un cuerpo como el tuyo seguro que no te faltan candidatas, ni candidatos si quisieras.
- Algunas proposiciones he tenido, sobre todo en el bar. Pero me gustaría hacerlo con alguien a quien quiera, me quiera a mí o por lo menos aprecie.
- Pues no se si que esperas. Ahí mismo tienes a una persona que te quiere mucho. Y si no te vale nosotros también te queremos.
- Pues claro que te quiero un montón, tito. Y tú pedazo de golfa, no intentes quitármelo.
- Eso es por que te pago un sueldo.
- Nunca he dicho que quiera quedármelo, solo compartirlo.
- No sólo te adoro por eso. Hay más cosas. Siempre fuiste mi tío preferido.
Todos nos reíamos con esas bromas. Pero a la vez pensábamos en cómo llevarlas a la realidad.
Y para no dejarlo tranquilo me subí sobre sus muslos de lado y rodee su cuello de toro con mis brazos. Apoyé la cabeza en su pecho y noté como su corazón empezó a latir con mas fuerza. Admito que me estaba encantando ponerle nervioso.
Por fin noté un avance por su parte. Pasó un brazo por mi espalda y dejó la mano en mi cintura. Noté un escalofrío al sentirla y me pegué más a él. Mi teta y su pecho apenas separados por dos finas capas de algodón estaban muy calientes. El lateral de mi muslo se apoyaba en su polla cada vez más dura.
Puse mi cara en el hueco entre su hombro y cuello y empecé a darle besitos suaves. Mimosa y morbosa a la vez. Mis amigos nos miraban con cara de lascivia y sin dejar de meterse mano.
Sabía que lo estaba excitando. Notaba su rabo cada vez más duro contra la piel de mi pierna. Roberto también había tímidos avances acariciando mi espalda y bajando hasta donde esta pierde su casto nombre.
Cuando noté su mano rozando mis nalgas supe que ya era mío. Nunca había puesto las manos allí ni para darme un merecido azote cuando de niña lo incordiaba demasiado.
Pero ahora sí. Me acariciaba el culo cada vez con más confianza y firmeza. Buscando incluso la piel de la nalga bajo el pequeño short.
Para entonces Marta ya había separado los muslos lo suficiente como para que nosotros que estábamos enfrente pudiéramos ver su tanguita de encaje rosa. La mini se le había subido casi hasta la cintura.
Su vez Alex pasaba sus dedos por allí como si la vulva de mi amiga le perteneciera. Y cada vez que lo hacía la reducida prenda dejaba ver un poco más del xoxito pelado. Ya contemplábamos asombrados uno de los labios y un momento después como con dos dedos acariciaba el clitoris.
Ella jadeaba en la boca de su novio y yo estaba mojando mi tanga. Así que me decidí y acerqué los labios a la boca de mi tío. Era el primer beso que le daba en los labios y lo recibió sin ningún gesto de rechazo.
Al principio fue suave. Jugábamos con los labios mordisqueando los del otro. Mientras dejaba que sus manos fueran más aventureras explorando mi piel. Poco a poco las lenguas entraron en acción y al rato ya nos estábamos dando saliva cantidad.
No sé en qué momento sus dedos llegaron a mi pezón bajo la camiseta. Pero recibí esa maniobra con un gemido que acalló con sus besos.
Marta se vino a nuestro lado con la sonrisa cómplice de Alex.
- Nena, ¿me dejas probar? Parece que besa bien.
- Tio, ¿le haces un cariño a mi amiga?.
Para inclinarse hacia los carnosos y sensuales labios de mi familiar mi amiga tuvo que apoyar sus voluptuosos pechos en mi nuca. Gracias a la poca tela de su top era piel con piel. Era una sensación muy agradable.
Justo al lado de mi rostro Marta le estaba metiendo la lengua hasta la garganta. Hasta el punto de dejar caer la saliva de ambos sobre mí hombro y brazo desnudos.
Roberto mirando a los ojos de Alex que le daba permiso con una sonrisa desplazó la mano que no tenía en mis tetas al rotundo culo de mi amiga. Sentí cuando le clavó un dedo en el ano apartando la gomita del tanga porque Marta pasó la lengua por mi oreja.
Mi querido tío parecía ambidextro con cada mano nos acariciaba a una de nosotras sin dejar de repartir profundos besos. El paquete de Alex parecía muy duro mientras no dejaba e contemplar el espectáculo que me estábamos dando.
- Aquí empezamos a llamar la atención. Deberíamos ir a un sitio más discreto.
- ¿Queréis venir a casa?.
- Nosotros estamos vacaciones y Olga seguro que puede poner desayunos con legañas en los ojos. ¿Nos vamos?.
Nos limitamos a levantarnos y buscar el vive de mi tío. Mientras él conducía nosotros mandábamos mensajes a nuestros padres para decirles que pasábamos la noche fuera y dónde y con quién.
El piso de Roberto es un ático en el edificio más alto de su barrio con una terraza enorme. El suelo cubierto con una alfombra de césped artificial muy suave.
Por supuesto yo había estado muchas veces. Les hice una gira por la casa a mis amigos mientras mi familiar preparaba las copas. Marta se quedó prendada de la terraza, las vistas y poder estar desnuda bajo las estrellas.
- ¿Donde estáis?.
Se escuchó el grito de mi Roberto desde la cocina.
- En la terraza, tío.
Pensando en que me iba a follar me daba morbo seguir tratándole por el parentesco y no por su nombre.
Mientras tanto Alex no había pedido el tiempo y había cogido a su novia entre los brazos. Le estaba metiendo la lengua hasta la garganta y le subía la faldita hasta la cintura para agarrarse a su generoso culo.
Marta tendió una mano hacia mí para unirme a ellos y el beso, en un segundo, en convirtió en uno a tres lenguas.
Cuando llegó Roberto se nos quedó mirando desde la puerta con los vasos en las manos y una sonrisa en los labios. Le gustaba lo que estaba viendo. Y además ya venía sin camiseta luciendo el poderoso torso.
- No me habéis esperado.
- Pero te puedes unir. Todos te queremos aquí.
Fue Alex el que dijo eso.
Se acercó despacio dejando las copas que a nadie le interesaban en la mesa. Nosotras le acariciamos cuando llegaba a nosotras tocando los marcados pectorales. Pero el que primero alcanzó su boca fue Alex.
Roberto no rechazó el beso en absoluto. Nosotras alucinadas y excitadas a ambos lados mirábamos como cruzaban las lenguas. No sabía que a mi tío le gustara la carne y el pescado pero eso me puso aún más cachonda. Si lo sospechaba de Alex en cambio.
Sin dejar de mirar la lascivia de aquellos dos dejé caer mi short al suelo. Y pronto noté una mano deslizándose por mis nalgas, no sabía de quién era ni importaba. Estábamos los cuatro en sintonía.
Eché mano a la cintura de mi tío y abrí sus pantalones. Cayeron al suelo con el peso de las cosas que llevaba en los bolsillos. Su slip pequeño y blanco marcaba esa polla que tantas veces había notado tras la barra del bar y deseado.
Acaricié ese paquete por encima de la tela deseándolo más todavía. Giró la cabeza hacia mí y me dio lengua y saliva. Le correspondí, vaya si le correspondí. Puse en ese beso toda la lascivia y saliva que pude. Mientes notaba como un dedo juguetón apartaba la gomita del tanga y acariciaba mi ano.
Yo empecé a hacer lo mismo con el tanguita de mi amiga. Y cuando puse una mano dentro del slip de Roberto, en su nalga, ya había una mano allí. Me dejó el sitio y cuando deslicé un dedo dentro de su ano se le escapó un gemido.
Conseguimos separarnos un poco tanto para recuperar la respiración como para ver cómo estaban reaccionando los demás. Al ver sus amplias sonrisas y expresiones lascivas me di cuenta de que todos lo deseábamos.
Aprovechamos también para terminar de desnudarnos y arrojar a un rincón las pocas prendas que nos quedaban. Las dos vergas apuntaban al frente duras como piedras tanto como los pezones.
Tenía muchísimas ganas de mi tío, lo empujé al suelo alfombrado. Me arrodillé junto a su cadera con mi mejor amiga enfrente. Juntas nos dedicamos a lamer el tronco venoso. Una bajaba a por los huevos y la otra subía hacia el glande.
Roberto gemía y suspiraba pero sólo hasta que agarró la bonita polla recta, larga y fina, bien depilada de Alex. La cogió con su mano y tirando del chico se la llevó a la boca. Entonces la tenía muy ocupada como para hacer otra cosa que lamerla.
- Joder tito, si llego a saber que tienes tanto vicio me hubiera tirado sobre ti hace meses.
Se sacó los huevos de Alex de la boca lo justo como para respirar y contestarme.
- Hemos perdido este tiempo pero así está siendo más morboso y con todas las cartas boca arriba.
- Nena, es tu tío. Tu debes ser la primera en montarlo.
Roberto tenía cuerda para rato. Mi amiga me ayudó a incorporarme y subir sobre su cadera. Me fui poniendo en cuclillas. Mientras los dedos de Roberto abrían los labios de mi vulva el glande poderoso se fue abriendo camino en mi interior.
Agradecida besaba los labios de Marta, teniendo clavado el rabo de mi tío en las entrañas. Ella dejaba caer su saliva en mi boca.
- Alex cariño, ¿qué tal maneja la lengua?
- De las mejores mamadas que he recibido.
- Pues déjame a ver si se le dan igual los coños.
Ellos cambiaron el sitio. Mi querida amiga se sentó sobre la cara de Roberto con las piernas bien abiertas ofreciéndole su culito y el chumino. Alex vino detrás de mí para acariciar mi ano y dilatarlo con dos dedos.
- ¿Nos las apañaremos?
Yo estaba viendo lo que pretendía.
- Inténtalo. Me encantaría una doble.
Para ello tuve que inclinarme más hasta besar la piel de mi amiga. Así dejaba mis nalgas bien separadas y ofrecidas al rabo del chico. Que sin prisa pero con firmeza se fue abriendo camino en mi culo. Solo tenía que moverme un poco adelante y atrás para que todos disfrutáramos.
Estaba entre los tres y las sensaciones recorrían todo mi cuerpo. Sus manos, sus caricias, sus pieles todo rozándome y acariciándome. Aunque los chicos habían aguantado como campeones y las dos habíamos tenido nuestros orgasmos era hora de que ellos llegaran.
Recibí el semen de ambos en mi interior. Jadeando y suspirando. Marta que ya se había corrido en la boca de mi tío quiso limpiarme con su lengua. Ellos le hicieron sitio y ella se puso a pasar la húmeda por toda mi cadera.
Pronto noté una segunda lengua hurgando en el agujero que la otra dejaba libre. Buscaban el semen que salía de allí. Eran los dos novios.
Mi tío me estaba besando, cruzando la sin hueso con la mía. Luego fueron los chicos los que intercambiaban saliva y los restos del semen. Y yo lo hacía con mi amiga. Pero todos muy pegados bajo las estrellas en la gran terraza.
Descansamos un rato, siguiendo con las copas y la conversación. Tumbados sobre los cojines que mi tío tenía repartidos generosamente por toda la terraza. Por fin pude sincerarme con él e interrogarlo a fondo.
- Tío, que ganas tenía de pillarte. Llevaba años deseándote pero desde que trabajamos juntos estoy caliente como una fundición.
- Pues no sabes lo que me ha costado a mí contenerme, arrancarte la ropa y tumbarte sobre la barra y lamer todo tu cuerpo.
- Que lentos hemos sido. Pero creo que tienes razón, así ha quedado todo claro y sabemos o morboso que somos los dos. Por cierto, siendo tu así ¿qué pasó con la tía?.
- No me enfadé por qué me pusiera los cuernos. De eso ya os habéis dado cuenta. Sino por que no me invitara, por que no tuviera la suficiente confianza, podía haber sido un buen trío o muchos.
= Si, ahora que te conozco mejor. Estoy segura que te habrías follado a su amante.
- Si, a los dos. Haberlo hecho morboso para nuestro matrimonio, ampliarlo. Pero ella no quería eso, iba por su lado y me cabreé.
- Pues conmigo, con nosotros, no hay problemas por eso. Jijiji.
- ¿Queréis repetir?.
- ¿Quién ha dicho que se haya acabado ya? Veo que tu polla vuelve a ponerse en condiciones.
- Quería decir después.
- Creo que todos lo queremos y siendo interesado, tienes todo un piso para ti.
Llegamos a un acuerdo muy beneficioso y placentero para todos. En resumen seguir follando cuando y con quién nos apeteciera.
No paramos en toda la noche. Vi como mi tío era penetrado por otro chico. Y al revés mientras nosotras podíamos comer la polla que quedaba libre o hacerles un beso negro para dilatar.
A partir de ahí, hemos repetido, por parejas, tríos o los cuatro. Además de que el almacén del bar, o todo el bar después de cerrar, ha sido el escenario de apasionados encuentros con mi cariñoso tío.
.....
lunes, 15 de mayo de 2023
Hotel
Trabajo en un hotel, arreglando las habitaciones haciendo las camas y limpiando. No es un gran trabajo pero me sirve y no es que de grandes oportunidades para ascender, ni para nada mas.
Aunque alguna vez si que depara sorpresas agradables. En ocasiones he encontrado alguna cosa de valor olvidada por algún cliente que se había marchado. Si no se reclama, ya sabéis quién se la queda.
O como esta mañana cuando al abrir la puerta de la última habitación que me tocaba hacer. Ya estaba sola en la planta, el resto de las compañeras habían terminado. O habían pasado a otra secciones del hotel.
Cuando me encuentro al huésped completamente desnudo dormido sobre la enorme cama. Es un hombre, joven, musculoso de piel clara y revuelto cabello castaño largo. Tumbado boca abajo solo veía su culo musculoso y duro y su enorme espalda, no sé qué estaría mirando yo. No podía ver el color de sus ojos cerrados.
Me quedé atontada. Ya había metido el carro dentro de la habitación y cerrado la puerta cuando me di cuenta de todo eso. Incluso había sacado el plumero. Y eso no va con segundas.
Se despertó con el ruido que hice y sin darse la vuelta giró la cabeza y me miró con unos bonitos ojos color miel. Me saludó y sonrió mostrando sus dientes blancos perfectos.
- Creo que olvidé colgar el cartel de no molestar, pero anoche llegué muy tarde del trabajo y muy cansado.
- ¿Quieres que vuelva luego?
Le pregunté.
-No, continua, no querría interrumpir tu labor.
Menos mal por que irme en ese momento me hubiera partido la mañana. Además de que la humedad que empezaba a notar en la entrepierna bajando por el interior de mis muslos casi me impedía moverme.
Se puso boca arriba sin cubrirse con la sabana y pude ver sus genitales completamente depilados. El hombre gastaba una buena polla. Otra cualidad más a añadir a todo lo que había visto. Mientras hacía mi trabajo pensé que me miraba con cierta lujuria, más o menos como lo estaba mirando yo.
Ese día llevaba el cabello largo, rubio de bote suelto a la espalda, había perdido la goma que lo sujetaba en una cola de caballo en la habitación anterior. Y desde luego no me había maquillado. Hacía un calor terrible.
Solo cubría mi cuerpo con una bata de trabajo y un mínimo tanga que se trasparentaba a través de la suave tela. Ni siquiera un sujetador sostenía mis grandes pechos algo caídos, llevaba las chicas sueltas. El guarda polvo se apretaba marcando mi cadera. Los muslos se descubrían por la abertura de la bata. Él no dejaba de contemplarme. Me dijo:
- ¿No estas cansada? Puedes sentarte un rato aquí a mi lado.
Le contesté:
- No debo. No se me permite y ésta es la última habitación.
- Precisamente por que es la última, puedes.
Pero sobre todo por que no sabria si me contendría de agarrar esa bonita pieza que descansaba sobre el desnudo muslo. La tentación podría conmigo si me sentaba en la cama junto a él.
Se levantó y pasó a mi lado rozándome con su cuerpo felino, durante un segundo su mano descansó en mi cadera y me estremecí. Entró al baño justo detrás de mí sin cubrirse. La puerta es de cristal así que no le perdía de vista ni un segundo. Estirándose frente al espejo, luciendo su cuerpo perfilado.
Tenía que limpiar el baño también, así que vista la confianza que se había tomado hasta ese momento podía ser tan bueno como cualquier otro. Entré tras él, muy cerca, en el reducido espacio, rozaba su suave piel con mi cuerpo cada vez que me movía.
- ¿Te molesta que esté aquí contigo?
- No claro, es tu habitación. Le dije temblorosa.
Algunas veces al inclinarme tocaba su miembro con mi culo, o era al revés, aunque claro sin hacerlo adrede. Mi mente no sabría distinguirlo. Me puso las manos en la cintura. Yo le daba la espalda, si lo mirase me rendiría y empezaría a besarlo con ansia.
Cerré los ojos, si viese su mirada a través del espejo yo misma me arrancaría la ropa. Aún así fue él quien me apretó a su cuerpo y me besó en el cuello.
En un tono bajito y sensual me decía:
- Estas muy buena, como para saborearte sin prisa.
- Tu también estas muy rico y pienso comerte también.
Sonreí con lascivia. Sus labios ardían sobre mi piel. Frente al espejo del baño veía allí reflejados sus avances sobre mi cuerpo. Su mano en mi pecho abriendo despacio los botones de la bata y apoderándose de uno de mis pechos ya al descubierto.
A esas alturas yo gemía excitada, incontrolada. Mi pezón durísimo era apretado entre sus dedos con suavidad. Notaba en mi culo su dura polla y en mi cuello y hombros su lengua subiendo hacia mi oreja y nuca. Terminó de abrir mi bata mirando mi cuerpo en el espejo.
Se separó lo justo para retirar la prenda y dejarla caer al suelo entre ambos, despacio lamiendo mi espalda. Sus manos no cesaban de acariciar mi piel frente al espejo. Eso me excitaba aún más como si las dos personas que había frente a nosotros nos estuvieran dedicando el espectáculo. Ya solo con mi reducido tanga pegué mi espalda a su poderoso torso y el culo a la durísima polla, como una barra de acero templado.
Bajó por mi espalda besándome y bajando la bata, paseando su lengua por la columna mientras la iba destapando. Bajó lento el tanga con las manos, enrollándolo por los muslos, mientras clavaba la lengua entre mis nalgas. Yo mas inclinada, casi recostada sobre el lavabo y él agachado tras de mí. Lamiendo y besando mis nalgas, abriéndolas y clavando su lengua en mi sensible ano.
Me encanta que me coman el culo, me pone muy, muy burra, me excita. Lo tenía donde quería, justo detrás de mí y donde él parecía querer estar. Me tenía a su merced que era lo que yo deseaba desde que vi su cuerpo masculino desnudo en la cama. Me incliné aún mas y alcanzó mi vulva con la lengua. Sentía su nariz en el ano y su lengua removiendo mis humedades en mi coño.
Ya no podía abrir mas las piernas pues me daba con la pared. Por fin conseguí articular algo coherente y le dije:
- Llévame a la cama y ¡Clávamela!.
Conseguí separar mi culo de su cara lo suficiente para juntar la poca dignidad que me quedaba y salir de allí meneando las nalgas. Como una gata en celo subí a la cama que aún estaba deshecha. No creo que le importara un bledo que la hiciera, mientras yo estuviera desnuda encima de ella. Girando la cabeza le veía mirarme sonriendo con lujuria y seguirme despacio.
A cuatro patas pasó sin prisa la lengua por mi piel subiendo desde el culo por toda la espalda. Y por fin lo sentí en mi interior abriéndose camino por mis entrañas como una barra de acero al rojo. El glande separando mis labios encharcados y entrando en mí hasta que mi culo frenó su pubis.
Sus manos agarrando mi cadera. Mi cabeza clavada en la almohada mordiéndola para ahogar mis gritos. Un momento más tarde y me acaricié los senos, retorciendo mis pezones, seguí bajando la mano entre mis piernas para acariciar mi clítoris. Tocando también la base de su polla entrando y saliendo de mi coño y podía agarrar sus huevos depilados y suaves.
En mis nalgas notaba perfectamente la piel de sus muslos a cada golpe. A cada penetración y si me las abría con las manos notaba la piel de su vientre hasta en mi ano.
Se ensalivó un pulgar y empezó a masajear la entrada del ano rodeándola, excitándome suave pero insistente. Lo clavaba un poco en mi interior siguiendo el ritmo de la follada o lo sacaba para volverlo a mojar de saliva.
Lo sentía en todo mi cuerpo, en el interior y en el exterior. A veces se echaba sobre mí y sus manos se apoderaban de mis tetas. El peso de su pecho en mi espalda clavándome al colchón. Su lengua en mi nuca y mis hombros. Mi cabello rubio pajizo revuelto en la almohada.
No sé cuanto tiempo estuvo follándome. No podía contar los orgasmos que sentía. Después de disfrutarlo todo lo que quise la sacó sin haberse corrido aún, dura, granitica.
Ahora fui yo la que me metí aquella maravilla en mi boca exprimiéndola hasta que me dio su leche. Yo mientras le comía le clavaba un dedo bien ensalivado en su ano para excitarlo más. Que culo más duro, pero se abría fácilmente al roce de mi mano.
Con prisa recogí mis bártulos y salí de allí. He de confesarme a mí misma que bien bien follada. Al día siguiente tenía la duda de volver a esa habitación. Era de lo que más ganas tenía. Y por ello volví a dejarla la última.
La lencería que me puse al día siguiente era más sexi y con más transparencias. Un sujetador de media copa sostenía mis tetas pero los pezones salían por encima del encaje. La bata que me puse por encima era la más fina y lavada con lejía que tenía. Alguna compañera se fijó en eso.
Ni siquiera me había dicho su nombré ni yo lo había buscado en el registro. No era ese tipo de relación. Él estaba tumbado, esa mañana boca arriba y la fina sábana apenas le tapaba el vientre un poco por encima del pubis depilado.
Sus ojos entrecerrados me seguían por la habitación. Esta vez nos dedicábamos a darnos espectáculo el uno al otro, a provocarmos. De vez en cuando abría alguno de los botones de la bata.
Y yo lo miraba de reojo. Así me fui dando cuenta de que su polla tapada por la sábana se ponía dura al verme. La carpa que se formaba allí era un buen indicio. Me di cuenta de cuando se levantó pero yo seguí a lo mío, haciéndome la distraída.
Cuando me incliné para limpiar algo la sentí en mi culo y sus manos recogiendo mi ropa. Hasta ponérmela en la piel desnuda de mis nalgas sobre la goma del tanga.
- Creía que seguías dormido.
- Ya me he despertado y además con un bonito espectáculo.
Me acariciaba el culo amplio con las manos y yo me desabroché la bata del todo para sacármela. Pero no lo hice todavía. Solo pude apoyarme en la cama y dejar toda mi grupa a su alcance. Se agachó sin dejarme mover para lamer mis nalgas, mi culo, mi ano y cuando sentí allí su lengua una corriente eléctrica me recorrió entera. Despacio me bajó el tanga de encaje y siguió comiéndome el culo.
Me arranqué la bata, el sujetador aún contenía mis pechos pero él alcanzaba a acariciar mis pezones sin esforzarse demasiado. Yo me limité a apoyarme, dejarme hacer y gozar de su lengua en todos mis rincones. Recorriéndome del culo a los labios de la vulva.
El día antes solo había podido ver su expresión de pura lujuria a través del espejo pero entonces quería verla directamente. Hurté mi trasero a sus caricias para indicarle que se subiera a la cama.
- Túmbate, hoy te follo yo.
- Así que quieres mandar, me parece perfecto.
Levanté sus rodillas hasta el poderoso torso para saborearlo yo. Tenía ganas de probar ese duro culo y clavar mi lengua en el ano. El gemido con que regalo mis oídos fue suficiente recompensa. Deslicé un dedo en su interior y no protestó por ello. Chupé sus huevos como caramelos. Y subí lamiendo el tronco hasta el glande rocoso, firme y rojo como un rubí. Dejé descansar sus piernas en el colchón para trepar sobre ellas y dejar mi pubis sobre el suyo.
Hoy lo quería allí donde la espalda pierde su casto nombre. Aunque me lo había estado lamiendo y rociando con su saliva ese calibre no iba a entrar tan fácil. Había tomado la precaución de llevarme mi propio lubricante y me lo había puesto en un descuido mientras lo lamía. También lo había dejado bien limpio por dentro y por fuera.
Levantándome un momento sobre mis rodillas puse el nabo en mi entrada con mi propia mano. Despacio me dejé caer, dejando que entrara en mí. En ese momento se dio cuenta de por dónde iba su aparato.
- ¡Que traviesa! Esto no me lo esperaba.
- Tenía ganas de sentirte en todos mis agujeros.
- Por mí adelante.
Estiró la mano para masturbarme. Cuando llegué al final y mis nalgas se apoyaron en sus muslos, él todo un caballero, acarició mi clítoris para darme más placer. Me masturbaba con suavidad mientras yo subía y bajaba despacio. También se agarraba a mis tetas grandes cuasi maternales pellizcando mis pezones. Favor que yo devolvía en los suyos pequeñitos, oscuros y muy muy duros.
Ya no podía parar, no hasta que me llenase el intestino de semen. Y con sus caricias, mi culo lleno y toda la estimulación que estaba sintiendo yo me corrí varias veces antes de que eso pasase. Y no fue pronto, el chico aguantaba follando. Pero todo se acaba, incluso algo tan bueno. Él no quería que la cosa quedara así.
Me levanté despacio y me tendí boca abajo a su lado notando como la lefa rezumaba de mi ano. Me gustaba esa sensación. Pero él no paró ahí, se echo encima de mí volviendo a comerme la raja lamiendo el semen que de allí salía. Y volví a correrme con solo eso, con el morbo que me estaba dando.
Me avisó que abandonaba el hotel, así que esa era nuestra despedida. Y no podía dejarlo marchar sin volver a probar ese manjar que salía de su polla. Y a ello me dediqué con todas mis ganas. A exprimirlo sin piedad lamiendo toda la piel que podía excitarlo.
Primero para volver a ponerlo duro y después ya sin prisa pero sin pausa hasta conseguir que se corriera en mi boca. Chupar sus huevos, su ano y meterle un dedo de nuevo, incluso bajar hasta sus pies o subir hasta sus axilas, cualquier cosa valía para conseguir su leche.
Volví a recomponerme, como pude, pues aún me temblaban las piernas. Ponerme mi poca ropa y con mi carro y mis bártulos salir de allí sabiendo que había disfrutado, con ese chico lascivo, como pocas veces antes y que no se repetiría muchas veces en el futuro.
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domingo, 14 de mayo de 2023
La familia de la playa
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Marcos y Olga
Juan Sara y Mario
No es que nos haga mucha gracia el sol. Así que cuando vamos a la playa bajamos tarde por que ambos nos quemamos con facilidad. A Marcos le gusta bañarse y nadar algo en el mar.
A mí lo que me gusta es simplemente tumbarme en la arena con el bikini mas pequeño que tengo y quedarme adormilada o ver al resto de la gente y sus cuerpos casi sin nada que los cubra.
El sol iba bajando y alrededor casi todo el mundo empezaba a recoger y marcharse. Mientras que nosotros queríamos ver la puesta de sol y quizá disfrutar de un rato de caricias y de meternos mano en la arena y el agua a la luz de la luna.
No muy lejos solo quedaba una pareja de cuarentones como nosotros, con su hijo, un guapo chaval que no habría cumplido los veinte.
Me llamó la atención su cuerpo bien formado y su diminuto bañador. Pensaba que un chico así haría lo posible por librarse de sus padres y largarse de juerga a la disco mas próxima.
Todo lo contrario, estaba de lo mas cariñoso tanto con ella como con él. Los tres aprovechaban cualquier descuido para acariciarse y tocarse tanto o mas que nosotros.
Me pareció incluso que el chico le había estado metiendo mano a su madre por las tetas mientras le ponía bronceador. Pero suponía que eran solo imaginaciones morbosas mías. Y eso que el sujetador de ella aun mas pequeño que el mío solo le cubría los pezones y poco mas.
A mí en cambio lo que se me había recogido era la braguita entre los cachetes del culo y hacia rato simulaba un tanga. Sabía que los dos o los tres, pues las chicas también nos fijamos en las demás, habían estado mirando en nuestra dirección.
Yo también sabia que Marcos se había fijado en la poderosa delantera de nuestra vecina. Y pude que también hubiera estado mirando el cuerpo fibrado y sexy del chico.
Como ni ellos ni nosotros hacíamos intención de marcharnos y eramos los únicos que quedábamos en la arena. Decidimos que era absurdo seguir fingiendo que nos ignorábamos por educación.
Así que nos levantamos y fuimos a presentarnos casi al mismo tiempo que ellos habían pensado hacer lo mismo. Nos fuimos acercando mientras ellos se ponían de pie para recibirnos.
Empezamos con naderías sobre lo bonita que estaba la Luna y lo buena del agua del mar. Para juntar las toallas y seguir charlando sobre nuestras vidas y de disfrutar de algún baño nocturno y de la playa solitaria.
- Hola. Somos Marcos y Olga.
- Buenas noches. Ha hecho un día estupendo. ¿Verdad?.
- Nosotros Juan, Sara y nuestro hijo Mario. Encantados de conoceros.
- Un día genial de playa, sí.
- Y gente muy guapa y sexy.
- Si sobre todo vosotros.
- Vosotros también estáis estupendos.
- Y esa maravilla de chico. ¡Qué guapo es!.
- Modestia aparte. Me salió bien. Y tan dulce y cariñoso.
- Ya me di cuenta que no se te despega.
Juan, Sara y Mario el chico eran simpáticos abiertos y yo sospechaba que entre Mario y su madre, ¿solo con su madre? la ternura superaba lo meramente filial. No tenía ni idea de lo que pasaba allí. Podían ser solo imaginaciones mías. Pero parecía que ese cariño ocurría con sus dos progenitores.
Marcos jugueteando me soltó el nudo del bikini desnudando mis pechos delante de nuestros nuevos amigos. Como he hecho top les otras veces no me importó gran cosa. A esas alturas ya tenía los pezones duros como escarpias.
Y menos me importó cuando Sara hizo lo mismo con el suyo mostrando sus pechos dos tallas mayores que los míos y también sin marcas de sol. Además esas maravillas aún siendo de buen tamaño se sostenían solos sin apenas caída.
- ¡Vaya tetas mas bonitas!
Eso empezó a caldear el ambiente todavía mas y las bromas fueron subiendo de tono. A esas alturas nos apetecía ver sus cuerpos desnudos del todo. Y creo que ellos los nuestros.
No se quien propuso lo del baño pero nos fuimos todos al agua entre bromas y risas siguiendo las chanzas entre fugaces roces entre todos. Jugábamos en el agua.
Mario se arrimaba a Marcos, yo suponía que por que no se atrevía a acercarse a mí. Pero me di cuenta que le había agarrado el paquete por encima del bañador mas de una vez. Estaba claro que le iba la carne y el pescado. Como a mi chico, que había aprovechado para acariciar las respingonas nalgas del muchacho.
- A ver chicos, nosotras estamos con las tetas al aire y vosotros seguís tan tapados como antes.
Fue Sara la que se quejó de que nosotras enseñábamos más que ellos y lo hizo mirando directamente a su hijo. Este aceptó el reto diciendo que a el no le importaba mostrar más y tiró el minúsculo speedo a la arena.
- Mami, ya sabes que a mí me gusta andar desnudo. Por todas partes.
A la luz de la luna llena todos vimos su bonita polla depilada y a esas alturas ya muy dura. Apuntando al frente. Visto que el dique se había roto, la siguiente fui yo. Aproveché y también mostré mi vulva depilada. Mi tanga terminó al lado de su slip en la arena.
Luego Sara se quitó la braguita. De inmediato su culo poderoso atajo la atención de los presentes. Y por fin nuestros dos maridos terminaron de desnudarse. También luciendo sus duros rabos y pubis depilados.
- Ala, todos en bolas. Menos mal que estamos solos. Y no nos ve nadie.
- Bueno solo nosotros.
Ya todos en pelota picada del todo los roces se hicieron mas intensos y provocativos. Yo amasaba con confianza los pechos de Sara a la que parecía que le agradaban mis manos. Me atraían mucho las dos grandes tetas.
- Nena, son magníficas.
- Las tuyas son preciosas, tan duras.
Marcos le agarró el culo a Mario que se lo entregó en bandeja y se lo restregó por la polla. El chico se arrimaba a mi pareja sin complejos y este correspondía agarrando todo lo que podía. Incluso durante unos momentos le estuvo masturbando suavemente.
- ¡Menudo culo tienes!, chaval. Duro como una piedra.
- Como mi polla que tienes bien agarrada. Jajaja.
Juan echó mano a mi culo a la vez que al de su mujer. Acercándonos más a las dos hasta que nos besamos con ternura y lascivia en los labios. Las dos seguíamos acariciándonos, provocándolos más. A esas alturas los tres chicos tenían la polla bien dura y las dos teníamos ganas de notarlas dentro.
- Se os ve cachondos.
Sara mirándome a los ojos fue a sujetar en su mano la de mi marido que encantado se lo permitió. Seguro que pensando en la estupenda cubana que aquel hermoso par de tetas podían proporcionarle. Así que se aferró a ellas.
- ¿Puedo ponerla en tus tetazas?.
- Luego, seguro.
Yo conseguí agarrar el rabo de Juan mientras Mario arrimaba la suya al poderoso culo de su madre. Juan y yo mirábamos sonriendo el trio mientras sus manos se deslizaban por mi húmeda piel. Me gustaban sus caricias, largas llenas y suaves por todo mi cuerpo sin ir directo a mi vulva como habría hecho cualquier otro hombre.
- Tienes una piel maravillosa.
Yo también los miraba y así pude ver como mi marido y su hijo se daban lengua por encima del hombro de Sara a la que tenían emparedada entre los dos. Ella debía estar caliente por todas las caricias de su marido e hijo durante el día.
- ¿No te importa que tu hijo sea tan cálido con ella?.
- También lo es conmigo y a ella le encanta vernos. Nos lo pasamos mucho mejor así, queriéndonos mucho.
- Se os notaba bisex, ya nos dimos cuenta.
- Vosotros también.
Me decía lascivo pasando la lengua por mi oreja, lamiendo mi piel caliente.
Para no perdernos el espectáculo Juan se coloco a mi espalda y echó mi larga melena sobre el hombro para mordisquearme el cuello y la nuca y deslizar en la raja de mi culo su polla bien depilada y durísima.
Yo lo pajeaba sin prisa, entre mis nalgas, moviendo el culo arriba y abajo despacio. Los dos jadeábamos y gemíamos por el placer que nos estábamos dando. Amasaba mis peras, pellizcando los pezones con ternura.
- ¡Que duras tienes las tetas!.
Cuando ya pensaba que buscaba con el glande mi ano que no le hubiera negado, dobló las rodillas y se abrió camino entre los labios de mi coño que chorreaban jugos. Con una mano masajeaba mi clítoris aumentando mis orgasmos y la otra pellizcando con suavidad mis pezones. Se me escapó un fuerte gemido.
Frente a nosotros Sara se había arrodillado dejando que las pequeñas olas acariciasen su pubis mientras se había colocado el rabo de Marcos entre las tetas. Le daba lamidas al glande de mi marido. Mientras de vez en cuando giraba la cabeza y se tragaba la polla de Mario. Que no había dejado de morrearse con mi marido y de pellizcar sus pezones.
- Cielo, ¿Me ayudas?
Le pidió Sara a su hijo. Que se arrodilló a su lado en el borde del agua. Le ofreció la polla de mi marido sujetándola por la base y los huevos. Ver a esos dos pibones compartir el rabo de mi chico mientras me follaban sin prisa fue una de las experiencias más morbosas que he tenido.
Estábamos muy cerca así que lo veía muy bien. Solo tenía que editar la mano y acariciarlos. A todos. No me iba a cortar, recorría sus pieles sensual, todo lo que podía alcanzar.
Aprovechando que estábamos tan cerca me agaché doblando la cintura. Consiguiendo que su marido me la clavara hasta los huevos mientras buscaba la boca de ella con mi lengua Con sabor a la polla de mi chico.
Como pensaba, ella respondió a mi beso con su saliva sin cortarse y estiró la mano con la que no sujetaba los huevos de Marcos para acariciarme las tetas. Casi no había palabras tan solo gemidos, jadeos y suspiros de placer que todos soltábamos.
- Sois tan pervertidos como nosotros.
- ¿Quieres probar mi culito?
Mario viendo que mi chico es bisexual y atendía a sus caricias le pidió que le follara, que quería probar su polla en el culo. Marcos siempre atento a las necesidades de los demás no se hizo de rogar.
- Tumbate boca arriba en una de las toallas.
Levantó sus piernas hasta el pecho lampiño enseñándonos a todos el estrecho ano. Me agaché un poco más, soy muy flexible. Me liberé por unos momentos del rabo que me taladraba. Y no pude evitar lamer y ensalivar ese culito Disfruté del sabor salado del agua de mar en su suave piel preparándolo para la polla durísima de mi chico.
Su padre se puso junto a la cabeza y le ofreció el nabo. El chico mientras recibía el de Marcos en el ano de puso a comer los huevos y la polla de su Juan que aún debía conservar el sabor de mi xoxo. La polla dura de Mario golpeaba su propio vientre al ritmo de la follada.
- Sara ven conmigo.
Aproveché el momento en que los chicos estaban tan ocupados para hacerme con los favores de la madre. A la que tenia ganas desde que me fijé en sus tetas, buscando los jugos de su coño con mi lengua. Nos tiramos en otra toalla al lado de ellos.
- ¡Comémelo todo! nena.
Metidas en nuestro sesenta y nueve. Pues ella también clavó su lengua y dedos en lo mas profundo de mi chorreante coño. De vez en cuando le echábamos miradas a nuestros chicos lo que nos ponía aún mas cachondas. Todo ese espectáculo porno gay, un bello trio de chicos.
Juan viendo que nosotras nos lo montábamos solas le puso el culo en la cara a su hijo que empezó a comérselo con ganas mientras era bien follado por Marcos. El culo y los huevos. Mis orgasmos se encadenaban uno tras otro según ellos me acariciaban, follaban y lamían.
- ¡Joder, que rico!
Con la postura que tenían mi marido se inclinó y se puso a comerle la polla al marido de mi nueva amante. La postura era un poco más forzada pero había más contacto entre sus pieles.
- Esta no es la primera polla que comes. Se ve que te gusta.
Una vez que disfrutamos nuestros jugos durante un rato y después de habernos corrido ambas en la boca de la otra vimos que nuestros chicos tardaban en correrse y fuimos a echarles una mano en tan placenteros menesteres. Como si necesitaran nuestra ayuda.
Yo deseaba la polla de Mario en mi culito que su madre se había encargado de poner a punto lamiéndomelo y follándolo con sus dedos. Ese rabo duro me había llamado la atención incluso antes, cuando todavía estaba tapado por su bañador.
- Cambiemos, quiero la polla nueva. No os vayáis muy lejos.
- No me separarían de ti ni con una grúa, cariño.
Sara quería la de mi chico en su coñito. Se dispuso a cabalgarlo tumbado de espaldas para para así permitir que Juan se la follara por detrás al mismo tiempo. Otro trio con Sara empalada en medio de los dos hombres.
Yo estaba a cuatro patas sin dejar de comerle la boca a la otra chica. Esperaba la polla de su hijo.
- Por el culo chico, fóllame.
Ella, cuya concentración no fallaba más que en la cima de sus intensos orgasmos todavía podía estirar un brazo con el que acariciaba los huevos de su hijo mientras este me enculaba o penetraba mi coño libre con dos dedos.
- Seguid, no paréis.
Esta vez no dejamos que ninguno de ellos se escapara sin dejar su semen dentro de nuestros cuerpos. Se corrieron los tres chicos con fuertes gemidos con pocos segundos de diferencia. Pero desde luego en ese momento no estaba yo para hacer comparaciones o tomar notas.
- Estás aún más rica con salsilla, nena.
Para seguir unos momentos más mientras ellos perdían sus durezas. Nosotras volvíamos a lamernos entre nosotras. Nuestros orificios de donde rezumaba el semen, recogerlo con la lengua y compartirlo en un beso blanco.
Ni que decir tiene que pasamos el resto de las vacaciones juntos renovando nuestros juegos.
......
domingo, 7 de mayo de 2023
Mi profe preferido
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Desde luego él era mi profesor favorito. El más joven del instituto, el más guapo y con mejor cuerpo. Me pasé el último año suspirando por ese duro culito que se marcaba en sus vaqueros.
Por supuesto que él no se habría atrevido a intentar nada conmigo. Primero, yo era uno de sus alumnos y luego por entonces aún no había cumplido los diez y ocho. Pero estaba convencido de que él también miraba mi culo o mi torso cuando llevaba camisetas ajustadas.
Durante el verano y los primeros días de universidad he ligado con chicos e incluso he llegado a follar. También a caído alguna chica, por qué no. Pero no me he olvidado de mi profe preferido.
El otoño está siendo especialmente cálido. Todo el mundo sigue vistiendo ropa de verano. Ligera y luciendo el cuerpo. Así que yo, como todos, ando cachondo todo el día.
Aún recordaba los días de tutoría. Por que no iba a hacer una visita a mi viejo instituto. Sobre todo ahora que había cumplido los diez y ocho y ya no era alumno. Podía visitarlo a una hora en la que sabía que estaría solo. Casi nadie iba a esas tutorias.
Él estaba tan concentrado corrigiendo unos exámenes que ni siquiera levantó la cabeza de la superficie de la mesa. Estaba aún más guapo de como lo recordaba. Intenté bromear.
Di unos golpecitos en el marco de la puerta y le hablé desde allí.
- Profe, no estoy conforme con la última nota. Creo que merecía algo más.
Aún sin levantar la cabeza puso una expresión de fastidio. A nadie le gusta que le lleven la contraria en una decisión que ha tomado.
Por fin me miró. Y entonces al reconocerme su bella sonrisa iluminó el aula.
- Mario ¡eres tú!. Pensaba que no volvería a verte. Al terminar los cursos casi nadie vuelve por aquí.
- Bueno a mi me apetecía volver a verte. Digo volver a ver este sitio. Hubo buenos momentos y tenerte a ti delante eran de los mejores.
- Vamos, no soy tan bueno.
Le estaba coqueteando descaradamente a ver si entraba al trapo. Así que me lancé del todo.
- Pero sí que estas muy bueno y muchos nos dábamos cuenta. Y la tuya era mi asignatura favorita.
- ¿En serio pensabas así?.
- Pues claro. Y no era el único, muchas perdían las bragas por ti. Se te hubieran echado en los brazos solo con chascar los dos.
Le puse la mano en el antebrazo en un gesto de confianza. Y esperaba que de algo más sin tardar mucho.
- No exageres.
- No seas modesto. Has tenido que darte cuenta antes de como todos te miramos con ojos de cordero degollado.
- Bueno, tengo ojos en la cara. Claro que se nota pero nunca me atrevería a hacer nada con un alumno y menos aún menor de edad.
- Lógico. Pero yo ya no soy tú alumno, tampoco soy menor y me sigues gustando. Estás aún mejor que cuando en clase te miraba el culito en tus apretados vaqueros.
Podría darle la opción de rechazarme de una forma educada. Pero eso no es o que quería. Deseaba comérmelo a besos. Así que seguí con la presión sin soltar su brazo y alagándole.
-Tú también estás estupendo. Me gustaba cuando llevabas tus camisetas ajustadas marcando el torso.
- ¿Como esta que llevo ahora?.
- Justo como esa.
No hacia falta decir mucho más. Él seguía sentado en su mesa y yo a su lado apoyando el culo en el borde. Así que me incliné y lo besé. Todavía hubiera podido rechazarme pero me correspondió con sus labios cálidos, gruesos y sensuales.
Besaba mejor de lo que había imaginado. Mordisqueaba mis labios con los suyos y no se apresuró con la lengua. La deslizó en mi boca en el momento justo en busca de la mía.
Podían habernos pillado aunque sabía que en todo el edificio solo quedaría el personal de limpieza y estaría en la otra ala.
- Así que, señor Rodríguez, piensa usted que debería haberle puesto más nota.
Me dijo con una sonrisa pícara.
- Creo que esto lo compensa profe.
- Me parce que tuviste la nota más alta de tu clase, pero si llego a saber que besas tan bien te hubiera puesto matrícula.
- Entonces no hubiera tenido excusa para venir y volver a verte.
Mi mano había subido por el brazo acariciando el bíceps y llegando a su cuello. Hasta alcanzar su mandíbula y guiar su rostro en nuestro beso.
Él en cambio había puesto la suya en mi cintura y empezaba a tirar de mi cuerpo buscando más contacto entre nosotros.
- Deberíamos cerrar la puerta.
- ¿Te da miedo que te pillen follando con un chico?.
- No con uno tan guapo como tú.
Para entonces ya había empezado a subir mi camiseta desnudando mi vientre. Seguía sentado, solo se inclinó para pasar la lengua por mi vientre.
Terminé de sacarme la prenda y la arrojé a la misma silla en la que me sentaba el curso anterior. Cuando tenía el culo en esa tabla nunca pensé que conseguiría aquello que tanto deseaba. Y allí estábamos.
Me acerque a la puerta y eche el pestillo. Pero si alguien quería vernos eso no sería un gran problema. Tenía un cristal trasparente, vertical y estrecho junto al picaporte. Así que de todas formas nos verían.
Volví despacio hacia su mesa. Luciéndome. El no me pedía de vista mirando mi cuerpo y sonriendo con una mueca lasciva que me encantaba y que nunca le había visto.
- Quiero ver más de tí. Llevo dos cursos deseándolo. ¿Por qué no te quitas la camisa?.
- ¿Por qué no vienes aquí y me la quitas y tú?.
Así que lo hice. En vez de arrancar los botones de un tirón me o tome con calma. Le puse de pie y empecé a soltarlos uno a uno. Fui yo el que me senté en su silla, la del profesor en la que nunca había apoyado mi culo. Besé cada centímetro de la piel que iba descubriendo.
Separé la tela un poco más hasta dejar sus pezones pequeños, oscuros y muy duros al alcance de mi lengua lasciva. Le dediqué un buen rato a lamerlos y besarlos, oyendo sus jadeos.
- Tenía que haberte suspendido, para verte así mucho antes.
- No hubiéramos podido hacer esto. Por mucho que yo lo deseara.
Bajé por su vientre. Me entretuve un rato metiendo la sin hueso en su ombligo. Estaba jugando con él y me encantaba. Cuando terminé a abrir la camisa seguí con sus pantalones. Abrí el cinturón, el botón y la cremallera.
Deslicé la mano entre la tela hasta agarrar la polla por encima de la licra de sus boxers. Estaba ya bien duro, lo había excitado. Me mataba la anticipación y eso era aún mejor.
Por fin le di un tirón a su ropa, lo dejé a medio muslo y el bonito rabo dio un salto apuntando justo hacia mi cara. Ni siquiera me molesté en usar las manos.
- En mamadas tendré que ponerte un sobresaliente.
- Pues vamos a por la matrícula, profe.
Acerqué la cara a su pubis y empecé a lamer desde los huevos. Los chupé un momento y seguí lamiendo el tronco. Me interrumpía para darle besos y continuaba hacia el glande.
Me esmeré en esa mamada. Lamía el pubis bien depilado. Volvía a los testículos y luego al glande que me metía en la boca pasando por el tronco. Mojaba su piel con mucha saliva. Usaba la mano para seguir acariciando su piel. O la subía hasta su pezón y pellizcarlo.
Alguna vez tuve que apartar su mano de mi nuca. Me gusta hacerlo a mi ritmo, sé que se me da bien. No quiero que me obliguen a tragar más de la cuenta. Pero captó la indirecta enseguida. Se puso a acariciar mis hombros y cabello sin intentar forzar más la situación.
Lo miraba a los ojos y cuando separaba la cabeza ponía cara de vicio. Aunque no hacía falta excitarlo más. Notaba que estaba a punto de correrse. Tenía las dos manos en sus nalgas, prietas como talladas en mármol. Las amasaba y separaba. Deslizaba un dedo hasta el ano acariciándolo.
Yo tenía la polla como una estaca aún encerrada en mis vaqueros. Pero no importaba quería su lefa. Se inclinaba y llegaba a alcanzar mis pezones y pellizcarlos con suavidad.
Al fin se corrió en mi boca. No tenía por qué tragarlo. Dejé que su lengua lo buscara en mi boca. El beso fue lascivo, guarro, la saliva y el semen pasaban de una boca a otra removido por las sin hueso.
Sin dejar de acariciarnos, la manos e ambos recorrían la piel desnuda del otro. Él notaba mi polla dura y el tubo de lubricante en el bolsillo.
- ¿Esto es tu móvil o es que te alegras de verme?.
- Me alegro mucho de tenerte así desnudo. ¿Me quieres hacer el examen de follar?.
- Por supuesto. Tengo el culo deseándolo.
Terminó de sacarse la ropa. Y se apoyó en su mesa, se inclinó poniendo el culo en pompa. Volví a sentarme en su silla para poder comérselo a gusto.
Le dediqué un buen rato a lamerlo, besar sus nalgas. Era el culo que veía cubierto en las clases por sus pantalones y ahora estaba desnudo ante mí. Lo estaba disfrutando y haciendo que él gozara conmigo.
Clavé la lengua en su ano. Estaba claro que yo no iba a ser el primero en penetrarlo. Se dilataba solo al roce de la húmeda. Él mismo se separaba las nalgas para que yo pudiera lamer todo su culo.
- Se ve que usted ha aprobado este curso. Profe. Parece que ha estudiado mucho.
Se le escapó un gemido. Le puse gel con dos dedos dilatando un poco más. Sus jadeos me decían que lo estaba haciendo bien. Me puse una buena cantidad en mi mástil.
Me levanté con la polla como el acero y los pantalones por los tobillos. Apoyé el glande en el aro rugoso de musculo y apreté. Hice fuerza y empujé. Un poco más dentro hasta que mis huevos dieron con los suyos.
Me movía despacio. Sin prisa deslizándome en su recto, buscando el placer de ambos.
- Quiero verte la cara. Quiero mirarte a esos preciosos ojos azules mientras me follas.
- Déjame hacer sitio en la mesa y gírate.
Los exámenes no terminaron en el suelo por centímetros. Pero conseguimos sitio para que él se tumbara boca arriba con el culo justo en el borde de la tabla.
Volví a arrimar el instrumento a su agujero donde entré sin problemas. Volví a empujar dentro de su cuerpo. Esta vez podía agarrar su polla que empezaba a ponerse dura de nuevo, despacio pero cada vez más firme.
Acariciaba sus huevos y el vientre. Me puse sus piernas en el pecho. Agarrando sus muslos para poder hacer más fuerza. Justo al lado de mi cabeza tenía sus pies. Solo tuve que girarla un poco para pasar la lengua por la planta de uno de ellos.
Hasta eso me apetecía. Lamer todo su cuerpo. Él me miraba a los ojos con la expresión ida de quién está gozando sin complejos. En ese momento levanté la vista y me di cuenta de que alguien nos observaba por el cristal de la puerta.
- Estás para matrícula. Pocas veces me han follado así.
Yo no podía distinguirlo a la distancia de la puerta que estaba. Pero quien fuera debía tener una vista perfecta del espectáculo y tenía que estar gustándole mucho. Pues no había hecho ni un ruido y no parecía que fuera a montar un escándalo.
Eso me daba aún más morbo. Salió mi vena exhibicionista y me esmeré tanto en darle placer a mi profe preferido como un buen espectáculo al mirón o mirona.
- Folláme.
A ponerme lascivo y morboso. No tenía manos suficientes para acariciar toda su piel. Seguía lamiendo y besando sus pies. Ya no dejé de moverme hasta que me corrí dentro de su cuerpo.
- Eres un vicioso.
Empujé más las piernas hasta su pecho. Y me incliné a volver a comer su culo. Le clavaba la lengua hasta donde podía recogiendo mi propio semen. O subía por sus huevos y me volvía a meter la polla en la boca. Mi profe seguía gimiendo con el rabo bien duro.
- Quiero follarte yo, pero la de la limpieza estará a punto de llegar aquí. ¿Por qué no te vienes a casa el sábado?. Pasaremos un buen día.
- ¡Profe! Qué escándalo. Quieres seducir a un chico como yo.
Le contesté riendo. Me acerqué a sus labios y le volví a dar un jugoso morreo. Y luego pasé a lamer su oreja y decirle muy bajito.
- No me lo perdería por nada. Y supongo que la mirona que hemos tenido todo el rato también querría venir.
A punto estuvo de tener un esguince en el cuello de lo rápido que giró la cabeza hacia puerta. Pero la sombra ya no estaba allí.
- Tranquilo, creo que le ha gustado el espectáculo. No dirá nada pero igual le gustaría participar.
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sábado, 29 de abril de 2023
El gay, su novio y su prima.
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Pareja gay liberal que invita a la prima a una tarde de piscina.
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- Oye cariño, tengo que ir a ver a mi prima uno de esos días.
- ¿Quien? ¿La buenorra?.
- Si, Natalia. Pero... ¿Crees que está buena?.
- Con esas tetas como obuses y esa cadera. No tendría ojos en la cara si no me hubiera dado cuenta. ¿Te extrañaría que no me quedase embobado con su culazo?.
- No está nada mal, tendríamos que invitarla a cenar.
- A la piscina mejor. Pasamos la tarde con ella y disfrutamos del espectáculo de verla en bikini. Y luego la llevamos a cenar o a donde surja.
- Ya veo por donde vas. Y por cierto ella dice que tú también estas muy bueno. Que tengo suerte de tener un novio tan guapo.
- Se lo agradeceré en cuanto la vea. Habla con ella y quedamos en pasar a recogerla por su portal.
¿Me explico mejor?
Desde joven se me notaba cierta pluma y que me gustaban los chicos así que entre mis amigos y en mi familia que se lo tomó bastante bien me encasillaron como gay.
Pero no todo es tan simple, el que me atrajera comerme una polla dura y hacer de todo con el cuerpo de un chico guapo no quitaba para que me gustara hacer lo mismo con una mujer. Tengo cierta vena bisexual.
Es absurdo, cuando en el pasado otros habían tenido que esconder sus relaciones con hombres, yo casi tenía que mirar sobre mi hombro cada vez que estaba con una chica.
Pero estoy divagando, ya llevaba de pareja y conviviendo con un chico, Alex, más de un año. A mi me parece muy atractivo, simpático, dulce y cariñoso. Y sobre todo es muy lascivo. Por todo eso estoy con él.
Nos "com-penetramos" muy bien, en absolutamente todos los sentidos. Ambos somos lo suficientemente liberales, libres de celos y con la confianza como para haber invitado alguna vez a una tercera, o cuarta persona a compartir nuestro lecho.
Además los dos tenemos el buen gusto de admirar y desear un cuerpo femenino de vez en cuando. Así que en ocasiones en nuestros tríos también participaban chicas.
Ese diálogo sobre mi prima habría sucedido mucho antes si ella viviera en nuestra ciudad, pero solo estaba de vacaciones en casa de sus padres. Aunque mi novio si había visto fotos de ella.
Es vox populi aquello de que a la prima se le arrima, pero con mi fama en la familia esa ocasión no se había llegado a dar nunca. De todas forma siempre me había llevado muy bien con ella.
Ni que decir tiene que cada vez que nos veíamos yo me perdía en su canalillo o en la firmeza de sus nalgas apretadas en sus vaqueros ajustados. Por no hablar de las veces que la había visto en alguna boda o bautizo con esos vestidos sexis que las chicas se ponen en esas ocasiones. Luciendo escote, su espalda torneada, las nalgas poderosas o sus preciosos muslos.
Pero como todos mis parientes ella pensaba que mi gusto era otro muy diferente. ¡Ah! si ella hubiera sabido. Supongo que de alguna de mis miradas si que se habría percatado, pero nunca llegué a saber que pensaba de ellas.
Como mi novio estaba de acuerdo le mandé un wassup a Natalia que se entusiasmó con la idea de pasar en remojo el día de calor. Como todos estábamos de vacaciones fue fácil quedar en día de diario cuando la piscina a la que solíamos ir estaría muy tranquila.
A una hora razonable, no le íbamos a hacer madrugar, nos planteamos ante el portal de mi tia. Cinco minutos más tarde su impresionante figura salía por la puerta. Creo que ambos nos quedamos con la boca abierta y las pollas duras al verla.
Venía con un reducido minishort vaquero luciendo los bronceados muslos. Y una camisa solo anudada bajo los pechos, sin ningún botón. Y parecía que debajo de ella no traía nada.
- ¡Hola! . Primo. ¿Cuanto tiempo?
- Hola preciosa. Demasiado, pero como te has ido a trabajar fuera.
- Ya que este impresentable no dice nada. Yo soy Alex su novio.
- Eres aún más guapo de lo que me habían contado. Como has podido deducir yo soy Natalia.
- ¿Qué lenguas viperinas te habrán hablado de mí? y ¿qué maldades te habrán dicho?.
- Todo bueno puedes creerme. Parece que en la familia te aprecian mucho por hacerle feliz. ¿Me dejáis subir?.
Alex como todo un caballero salió del vehículo para abrir la puerta.
- Por supuesto, cielo.
Se sentó en el medio del asiento de atrás. Yo podía ver por el retrovisor, sus piernas y su pubis apenas cubierto por una estrecha tira de tela vaquera. Si andaba así por la calle estaba deseando ver su bikini.
Aunque me, perdón, nos moríamos por ir con ella al vestuario nosotros pasamos al de chicos. Aprovechando que estábamos solos de inmediato nos lanzamos el uno contra el otro para comernos los morros. Estábamos calientes por la situación con Natalia.
Dispuestos a mantener la excitación nos desnudamos el uno al otro antes de sacar los bañadores de natación pequeñitos y ajustados de la mochila. Para cuando llego el momento de ponernoslos ambos teníamos las pollas duras como piedras.
Habíamos echado un vistazo al césped según entrábamos y no había apenas nadie. Y las mujeres que estaban la mayoría hacían top less. Así que para no gastar más tiempo nos las colocamos, las toallas no seáis mal pensados, hacia un lado y salimos marcando paquete. Pensábamos que a mi prima no le importaría.
No por esas fuimos los primeros en salir. Natalia aún tardó unos momentos más y no es que fuera por que tuviera que ponerse mucho encima. Apenas un tanga muy reducido y desde luego nada de sujetador.
Los dos nos quedamos con la boca abierta al verla así. Los rabos se pusieron aún más duros si eso era posible. Al menos el mío. Y desde luego a ella le encantó nuestra reacción.
- Vaya chicos parece que os gusta lo que veis.
-¿A quien no le gustaría?, prima, se la podrías levantar a una momia.
- Pero según decían las marujas de la familia a vosotros no os interesaban estas cosas.
Y según decida eso de llevo las manos a las tetas para amasarlas y pellizcarse los pezones. Nos estaba provocando completamente a propósito. Y nosotros bailábamos al son que ella tocaba. Mientras charlábamos estábamos buscando un sitio donde poner las toallas.
- Natalia, no te creas todo lo que dicen. Ya conoces el refrán: cría fama y échate a dormir. Eso nos ha pasó a nosotros.
-¿Así que no sois tan gays como me han contado?.
- Somos de mente abierta, aunque estemos juntos nos gusta disfrutar. Eso sí o lo hacemos todo juntos o nos contamos todo lo que pasa con pelos y señales.
- Bueno los menos pelos posibles, como vas vamos siempre bien depilados, del todo.
Bromeé. Para entonces ya habíamos levantado el campamento a la sombra de un árbol y algo apartados del resto de la gente. Para estar más tranquilos.
- Pues que suerte he tenido. Entonces.
- ¿Por qué lo dices?.
- Chicos, sois lo que llevo buscando una buena temporada y no había encontrado. Y al ver como reaccionasteis al verme en tetas me hice ilusiones.
- Y ¿Qué buscabas?.
- Dos hombres con los que pasar buenos ratos que no tengan miedo de tocarse. Más bien que les guste. Quiero veros juntos.
- Prima, y nosotros te deseamos a tí. Si llegamos a saberlo antes nos saltamos el día de piscina.
- Bueno, jugar aquí también puede ser instante. Alex, ¿me pones bronceador?.
- Pues claro, nena. Entonces también te pone que te vean jugar.
Yo veía como mi novio le sobaba todo su precioso cuerpo a mi prima cada vez mas cachondo y con la polla más dura. En ese momento tenía sus nalgas bien agarradas y les daba un fuerte masaje.
- No es exactamente que me vean, sino más bien provocar en un sitio público y con el riesgo de que me, nos, pillen.
- Yo creo que me voy a nadar un rato para refrescar las.... ideas. O me voy a correr aquí mismo solo viendo como os estáis metiendo mano.
- Vamos primo, ¿no quieres ponerme crema en las tetas?.
- Desde luego. No me perdería esa oportunidad por nada del mundo. Pero también quiero echar un vistazo por ahí a ver lo que hay. ¡Guárdame algo!.
- No lo sé. Alex tiene unas manos mágicas.
- Lo sé.
Me levanté de la toalla como buenamente pude y me fui hacia la piscina. Pasé ante la socorrista y la saludé amablemente. Es un chica delgada, fibrada, muy fuerte, a la que ya conocíamos.
Se fijó en la dureza de mi instrumento y me salido con una pícara sonrisa.
- Hoy habéis venido bien acompañados.
- Es mi prima. Conociéndote no se si será buena idea presentártela.
- Queréis aprovecharos vosotros solos de ella. ¿No?.
- Más bien, ella de nosotros. Pero ya veremos como sale la tarde.
Sin más palabras me lancé de cabeza al agua para relajar cierta parte de mi anatomía que llevaba muy tensa toda la tarde. Era eso o pillar un dolor de huevos del tamaño de un portaaviones.
Hice unos largos esperando a perder algo de la consistencia acumulada. Al menos dentro del agua no había gran cosa que mirar.
Cuando regresé al césped era mi novio quien, tumbado boca abajo, recibía las atenciones de mi bella familiar. Natalia sentada sobre sus nalgas le estaba dando un masaje en la espalda. Mi chico ronroneaba como un gatito.
- Veo que lo estás disfrutando.
- Tiene unas manos mágicas. Te toca.
Mi prima se levantó para dejarle salir de debajo. Y yo ocupé esa posición, más relajado y con el culo apuntando al cielo. Que fue donde ella se sentó. Notaba la caliente y suave piel de la cara interna de sus muslos rozando mis costados.
Un segundo más tarde sentía sus manos extendiendo el bronceador por mis hombros, omóplatos, la línea de la columna y mis riñones. Casi me derrito cuando se inclinó y lo lo que noté fue el roce leve de sus pezones en la piel de mi espalda.
Rozando mi oreja con sus labios, juguetona saco la legua para deslizarla por mi oído. Me dijo bajito.
- Primo, esto teníais que hacerlo vosotros, y yo esta viéndolo.
- No te preocupes tenemos toda la tarde y la noche. Y espero que muchas más. Mientras fijate en aquella parejita del rincón, como se están metiendo mano.
- Ya veo por qué venía a esta piscina. Hay buen espectáculo. Detrás de nosotros hay un par de chicas que se están dando mucho cariño.
- Ya las vi. ¿Sabes que has llamado la atención de la socorrista?
- Es muy mona. ¿Os la habéis follado?
- Algo así. Yo he conseguido hacerle un cunnilingus en el botiquín y Alex y ella se estuvieron dando el lote en las duchas mientras yo vigilaba. Aunque queremos invitarla a cenar un día en casa.
- No perdéis comba, por lo que veo.
- Ya te dijimos que nos gusta pasarlo bien.
Alex se había sentado a nuestro lado con las piernas cruzadas. Así que con la cabeza apoyada en los antebrazos y girada en su dirección veía perfectamente su durísima y preciosa polla con el glande asomando por una pernera del escueto bañador.
Nos sonreía descarado mientras de vez en cuando le echaba buenos vistazos a las dos jóvenes que se hacían cariños a nuestra espalda.
- Vamos al agua.
Nos dijo. Y aunque a con el masaje a mi me había entrado la flojera conseguí levantarme y seguir las duras y desnudas nalgas de mi prima hasta la piscina.
Se lanzó con una clavada perfecta y empezó a cruzarla s buena velocidad. Nosotros nos tiramos tras ella y la seguimos hasta apresarla entre nuestros cuerpos en la zona donde no cubre.
Situada entre nosotros, aprovechamos para pegarnos a ella. Alex enfrente y yo a su espalda pegando mi dura polla a sus, por no repetirme, diría que pétreas nalgas.
Pasé las manos por delante y me agarré a sus tetas. Mi novio se nos juntó más y eso presionó más mis manos contra esa dura y suave carne. Seguro que su pene apoyado en el pubis de Natalia estaba tan rígido como el mío.
Empecé a besar su cuello y su nuca a la vez que escuchaba sus primeros gemidos. Alex los acallaba metiendo la lengua en su boca y cruzándola con la de Natalia.
Menos o mal que no había mucha gente en el agua. Y los que había estaban nadando o entretenidos en sus propios juegos. Así que nadie, excepto nuestra amiga la socorrista, nos prestaba mucha atención. Pero no nos importaba que ella nos viera.
- Me tenéis muy cachonda par de cabrones. Pero lo que yo quiero es veros juntos a los dos.
Para obedecerla o por lo menos hacer algo de lo que nos pedía nos dimos un jugoso beso por encima de su hombro. Incluso cruzamos las lenguas fuera de las bocas y dejamos caer saliva sobre su suave piel.
- Esto está mejor.
Para animarnos un poco más ella le agarró la polla por encima del bañador a Alex. Acallé sus jadeos con mi lengua mientras se corría con la caricias de mi viciosa prima.
Alex para compensarme fue el que apretó mi rabo contra las duras nalgas de Natalia hasta que me derramé en el agua. Los dos dejamos nuestro semen flotando por allí.
Seguimos jugando un rato más sin dejar de rozarnos y tocarnos. Pero al rato salíamos de la piscina para volver al césped. Aún estábamos más calientes que cuando nos metimos en el agua.
Volvimos a aprovechar el bronceador como excusa para acariciarnos. Pero Natalia se empeñó en que nos lo pusiéramos el uno al otro mientras ella solo miraba y se acariciaba así misma. Podíamos ver como ella pasaba sus manos por el escote, los pechos y el vientre.
Al cabo de un rato más calientes que las fraguas de Vulcano decidimos ir a casa y seguir con esos juegos esta vez en nuestra enorme cama. Y ya sin los bañadores.
En el trayecto Natalia volvió a sentarse sola detrás mientras nos animaba a darnos cariño. Conducía despacio para no pegármela. Pero en cada semáforo acariciaba el muslo y el paquete de mi novio. Alex en cambio deslizaba suave sus dedos por mi pecho.
Ya en casa fuimos perdiendo por el pasillo la poca ropa que nos habíamos puesto encima para volver de la piscina. Nos la arrancábamos los unos a los otros sin preocuparnos de colocar ninguna prenda.
Mi camiseta y bermudas quedaron en la entrada cuando los dos tiraron de ellas y las arrojaron al suelo. Como debajo no me había puesto nada en los vestuarios mi polla dura apuntaba al frente.
La camisa de mi prima salió casi sola en cuanto le di un tirón al nudo que la sujetaba bajo sus tetas. Y Alex le fue bajando el minishort por sus muslos interminables dejándola únicamente con un microscópico tanga de encaje muy sexi.
Alex apenas tardó unos segundos en estar tan desnudo como yo pues Natalia quería ver al completo su depilada polla. La acarició con suavidad como queriendo comprobar su dureza.
En realidad todos nos acariciábamos suavemente recorriendo la piel de los demás con las yemas de los dedos. Manteníamos la excitación al máximo.
Natalia dio un paso atrás dejándonos a los dos juntos mirándonos de frente. Tan cerca que los glandes se rozaban. Continuamos el acercamiento hasta pegar nuestros labios en un nuevo beso lascivo. Y todo ante los atentos ojos de mi prima que no pedía detalle.
Ya puestos teníamos que darle un buen espectáculo. Aunque dudaba que ella se resistiera a no participar. Seguimos cambiando saliva de una boca a otra. Nuestras manos recorrían despacio con cariño y mimo la piel del otro.
Despacio nos fuimos desplazando hacia el lecho. Cuando mis corvas dieron con el colchón me limité a tumbarme de espaldas y dejar que mi chico me diera placer con su lengua y dedos.
Suspirando y gimiendo no dejaba de sentir. Mi polla dura como el acero apuntaba al techo de nuestro dormitorio. Alex había pillado el lubricante, previsor que es el chico.
Lo extendía por mi pila a la vez que me ponía el culo al alcance de mi boca girando su cuerpo. De inmediato clavé la lengua en su ano para dilatardo. Aunque desde luego no le hacía ninguna falta. A mí chico le encanta que lo folle.
Después de darle a la sin hueso durante un rato Alex se subió sobre mi cadera para cabalgarme. Natalia acercó su dulce carita para ver en primer plano como mi rabo abría despacio el ano y se iba introduciendo en el interior de mi novio.
Se inclinó tanto que sus tetazas rozaron mi torso. Los pezones duros como guijarros de río me arañaban la piel. No pudo contenerse más y siguió acercando la carita a la polla y huevos de mi novio y la raíz de mi pene.
Hasta que fue su lengua la que empezó a acariciar y humedecer aún más nuestros sexos. Yo le acariciaba la espalda y llegaba hasta sus gloriosas nalgas. Vista la curiosidad que tenía por el sexo anal decidí empezar a trabajar el suyo para que los dos pudiéramos disfrutar de él.
Uno y hasta dos dos entraron con facilidad ayudados por un poco de lubricante. Incluso con la polla de Alex en la boca se le escapaba algún gemido provocado por mis caricias.
Mi novio es capaz de aguantar sus erecciones mucho tiempo y yo la recupero enseguida. Así que podríamos darle placer a ella también. Sin más dilación me corrí dentro del duro culito de Alex.
Se levantó y estaba tan limpio que Natalia pudo hacerle un beso negro y lamer el semen que rezumaba del agujerito. Y yo tenía una entrada privilegiada para el espectáculo. Aunque Alex se había incorporado la postura era difícil.
Sobre todo por que yo no había separado la mano del culazo de mi prima. Era una atracción magnética. Pero cada vez estaba más dilatada y gimiendo de placer.
Era el momento de empezar con ella y darle carne. Busqué su boca para besarla y no era un ósculo fraternal precisamente. Nos dábamos lengua y saliva como si hubiéramos pasado días en el desierto.
Poco a poco ella se venía encima de mí cuerpo. Pero yo acababa de correrme y mi rabo todavía no estaba repuesto. Así que entre los dos empezaron a usar la lengua sobre mi polla para revivirla.
Una de las mejores experiencias de la vida, una buena mamada a dos bocas. Sus lenguas repasaban una vez y otra mis genitales de la punta del nabo a la raja del culo. Se turnaban sobre mis huevos, mojándolo todo con su saliva.
Con ese tratamiento en pocos segundo volvía a estar duro. Era delicioso ver sus cuerpos desnudos a mi lado. Y acariciar todo lo que alcanzaba de ellos mientras sentía todo aquello.
- Ahora me vais a follar los dos, par de cabrones. Primito quiero tu rabo en mi culito que ya lo has trabajado.
Se fue montando sobre la polla de Alex al que había tumbado boca arriba en el colchón. Ahora ambos tenían que hacerme un hueco entre sus muslos para que yo pudiera hacer mi parte.
Pero primero quería lamerlo. Sabía que mi prima se lo había limpiado bien. Venía preparada. Mis dedos seguían sin ningún rastro. Así que pasar la lengua por su ano mientras ella ya se había clavado la polla de mi novio fue un placer tanto para ella como para mí.
Acercar el glande a ese agujerito y empezar a abrirlo fue algo que había deseado durante años. Nos acompasamos como si no hubiéramos hecho otra cosa en la vida. Tenía debajo a la prima que siempre había deseado y al chico que quería.
Empalada entre los dos Natalia gemía y jadeaba y nosotros no nos quedábamos atrás. Todo eran manos acariciando piel, bocas buscándose, lenguas dejando caer saliva. Y nuestras dos pollas entrando y saliendo de sus agujeros como los pistones de una máquina de vapor.
Parecía que lo habíamos hecho siempre, estábamos perfectamente acompasados. Aunque la postura no era cómoda del todo lo estábamos disfrutando. Hasta llegar a corrernos, bueno nosotros. Natalia parecía estar en un orgasmo continuo por como gemía.
Nos derrumbamos en la cama. Ellos me hicieron sitio en medio como para agradecerme que mi relación con ellos nos hubiera llevado a esa tarde de placer. Así que no dejaron de acariciarme. Sentía sus manos y labios por toda mi piel.
- ¡Joder! Primo, ha sido fantástico. Sois unas máquinas follando.
- Así que te ha gustado.
- Llevaba años deseando esto. Desde que me enteré que estabas liado con un chico. Pude que antes, desde que supe que te iban los hombres. Estoy deseando repetir. Claro.
- Yo también te he deseado desde siempre. Como puedes comprobar el que me gusten los tíos no quiere decir que no me guste follar con un bombón como tú. Y tú eres la más sexi de nuestras primas. ¿Y quién dice que se haya acabado?. Queda mucha noche por delante.
- ¿Podréis seguir?.
- Vamos a cenar y lo comprobarás. Por cierto ¿Tu has jugado alguna vez con una chica,
Le contestó mi chico y ella solo replicó con una enigmática sonrisa. Cenamos desnudos por supuesto.
Las bromas, las caricias, los besos y el buen ambiente continuaron no dio durante la cena, también durante toda la noche y en realidad hasta el día de hoy. De vez en cuándo mi primita se nos une en la cama, una ecuestres por el campo, una salida nocturna... o donde sea.
....
El trío con mi amigo y su hijo transexual.
.
Mi amigo, Juan, vive con su hijo diez y nueve años, Mario, alto delgado y muy, muy guapo. La madre tras el divorcio se largó y se la dio por desaparecida. Se había ido con su monitor de tenis, Todo un tópico.
El y yo quedábamos de vez en cuando para ponernos al día. Lo normal era vernos en alguna cafetería y a veces seguir con unas copas
Una tarde calurosa tomábamos café con hielo en su casa y estábamos solos en el salón. El chico estaba en su habitación.
Cómo siempre comentábamos las cosas de la vida cuando el hijo pasó por allí camino de la cocina.
Llevaba un pantalón de lycra muy ajustado y corto, marcando su culito prieto y respingón y una camiseta amplia con grandes escotes que apenas disimulaba su torso. Sólo lo justo.
Tenía la melena suelta cubriendo sus hombros.
No pude hacer otra cosa que quedarme mirándolo asombrado. Lo cierto es que era un espectáculo precioso.
- ¡Que guapo se ha puesto tu chico!. ¿Ya tiene los diez y ocho?. Juan.
- Diez y nueve recién cumplidos.
El padre se dio cuenta de cómo lo miraba, ¿con deseo?, creo que era algo evidente. No es que los hombres me atrajeran de forma especial aunque algunas experiencias había tenido de joven.
- Sí, ha crecido de maravilla. ¿Verdad?.
Ahora, más maduro, no me consideraba con una sexualidad definida simplemente me exitaba lo que me excitaba.
Tanto siguiendo porno en Internet como con lo que veía en la realidad. Esa temporada andaba bastante cachondo.
El chico tenía algo especial, algo que me atraía y excitaba. Solo lo veía algunos minutos cada vez que nos encontramos pero esta vez había en él algo distinto. Más suave, más femenino.
Cuando volvía de la cocina su padre le dijo:
- Cariño por qué no le muestras a nuestro invitado lo que puedes hacer, en lo que puedes convertirte, lo que eres.
Me sonreía socarrón sabiendo la sorpresa que me iba a llevar en unos momentos.
- ¿Estás seguro?.
- Pues claro. Nos divertiremos. ¿No has quedado hoy?
- No. Soy toda vuestra.
Supongo que todavía obnubilado por su duro culito no me fije en que había usado el femenino para dirigirse a ell@ mism@. Ni en los duros pechitos que asomaban de vez en cuando por los recortes de la camiseta.
Así que en ese momento de distracción ella se giró y volvió a su habitación. Juan me sirvió otro chupito de pacharán que era a lo que habíamos pasado tras el café. Siguió la conversación como si nada hubiera pasado aumentando así mi despiste.
Esa tarde hacía mucho calor en esa casa. Me puso como excusa que el aire acondicionado se había estropeado. Pero aún no sé si todo estaba preparado.
Se quitó la camisa como si nada. Y no es que antes de esa tarde no nos hubiéramos visto desnudos en algunas ocasiones.
- No te importa que me ponga más cómodo. ¿Verdad?.
- No. Para nada, como si estuvieras en tu casa.
Sonreí, sin saber muy bien de qué iba todo aquello. Y un poco asombrado por ver su torso depilado.
- No sabía que ahora te quitabas el pelo.
- Mario me ha dicho que me queda mejor así. ¿A ti que te parece?.
- Que tiene razón. Yo también voy así desde hace un tiempo.
- ¡A ver!.
En ese momento solo me subí la camiseta para mostrarle mi torso y barriguita depilados.
Con una copa más y la conversación fluida había pasado el tiempo suficiente para que una sublime aparición hiciera acto de presencia en el salón.
Se había vestido como una perfecta colegiala. Había recogido su larga melena en dos coletas a ambos lados de su cabecita. Un buen maquillaje disimulaba cualquier rasgo masculino que le quedara y no eran muchos.
La blusa blanca casi trasparente dejaba ver un sujetador de encaje muy sexy. No había mucho que sujetar pero la presencia de la prenda ya era un bonito detalle.
La falda tableada a cuadros era tan corta que a poco que se inclinara se le vería el prieto culito. Unas calzas por encima de la rodilla y unos zapatos con un inverosímil tacón completaban su atuendo.
Dio una vuelta sobre sí misma para que pudiera verla al completo. Se me escapó un silbido de admiración. Era eso o quedarme con la boca abierta. Y tenía que demostrar que lo qué estaba viendo me estaba encantando.
- ¡Vaya sorpresa!
Se sentó sobre los muslos de su padre de lado y empezó a darle cariñosos y húmedos besos por todo el rostro. He de admitir que yo me moría de envidia. Deseaba que esos besos fueran para mí.
- ¿Qué te parece mi hija?.
- Es una preciosidad. Nunca pensaría que de un tipo tan feo como tú pudiera salir esa belleza. Y además tan cariñosa con lo cardo que has sido tú siempre.
Bromeaba, pero la verdad es que estaba deseando unirme a ellos.
- Por cierto. ¿Cómo se llama?.
- Ha decidido llamarse Mónica.
- Y tú cómo siempre le has dado todos los caprichos.
- Este merecía la pena, viendo los resultados.
- Desde luego que sí. Mónica, eres un monumento.
- Gracias. Eres muy amable con una chica como yo. Papi, ¿le puedo agradecer a tu amigo sus dulces palabras?.
- Pues claro cielo. Ya sé que siempre te ha gustado.
Ahora si que se levantó y vino conmigo. Su caminar meneando la cadera era hipnótico. Hasta las coletas se movían sobre sus torneados hombros.
Se sentó sobre mis muslos pero conmigo mirándome de frente, con sus rodillas a los lados de mis muslos. Me besó, pero fue un beso muy en serio, con abundante intercambio de saliva. Al que evidentemente correspondí con todas las ganas.
Dejaba caer saliva en mi boca como una fuente. Yo jugaba con la lengua con ella y se la devolvía. Era algo completamente lascivo. A la vez me acariciaba la cabeza y el cabello intentando meter más de la sin hueso entre mis labios.
Tiró de mi camiseta haciéndome levantar los brazos para sacármela. Para ello tuvo que separarse un poco de mi cuerpo. Pude alcanzar sus tetitas con mi lengua. Mordisqueaba sus pezones por encima de la ropa. Y lamía su escote.
Deslicé las manos con suavidad por la tersa piel de sus muslos, hasta conseguir aferrarme a sus prietas nalgas con las dos. Aquello parecía mármol tallado por un escultor griego de hace siglos.
Sólo llevaba un tanga para sujetar aquello que ya parecía bastante duro. Aún lo escondía la faldita pero se apoyaba en mi vientre. Así que estaba tocando la piel de su culo. Amasando las nalgas mientras acallaba sus gemidos con mis besos.
Monica empezó a bajar por mi cuerpo. Lamia mi oreja y de ahí pasaba a mi cuello. Notaba el suave roce de su piel en la mía. Se puso a mordisquear mis pezones justo como me gusta a mí hacerlo con las chicas. Y a lamer mi torso.
Me hizo levantar los brazos para pasar la húmeda por mis depiladas axilas. Lo estaba gozando pero yo también quería disfrutar de su cuerpo y hacerla gozar.
La levanté al peso y la tumbé en el sofá donde estaba yo sentado. Empecé a librarla de parte de su ropa. Abrí la blusa para disfrutar de la vista de un torso suave y cada vez más femenino.
Los pechos empezaban a apuntar y el sujetador de encaje trasparente apenas los ocultaba. Con la habilidad de la experiencia abrí el broche con una sola mano. Como la prenda no tenía tirantes eso bastó para deshacerme e ella.
Me lancé a comerme esas preciosas tetitas. Lamiendo y chupando de sus pezones como si pudiera sacar leche de ellos. Desde luego pensaba sacar leche de otro sitio. Sus gemidos suaves pronunciados con voz ronca y sensual me indicaban que le gustaba.
En ese momento se nos unió su padre y le dejé una teta para que me ayudara a hacer disfrutar a la muchacha. Nos miramos a los ojos un segundo y sobre el cuerpo semi desnudo de su hija nos besamos por primera vez.
Fue un beso suave apenas juntamos los labios. Pero de completa complicidad. Promesa de cosas más profundas y completas. Ella nos acariciaba las cabezas revolviendo nuestro cabello o la espalda de ambos.
Así que no me contuve y como lo tenía tan cerca mientras seguía mandando de la tetita deslicé una mano suavemente por su espalda hasta agarrar una nalga aún cubierta por las bermudas.
Dejé el pecho a mi amigo para seguir explorando tan deseable cuerpo. Lamí el plano vientre adornado con un pequeño pircing. Por como lo contraía al recibir mis caricias le gustaba.
Mientras mi mano subía despacio por la calza, pasando la rodilla, hasta alcanzar la suave piel de su muslo. La cara interna con largas, suaves y lentas pasadas de mis dedos.
Sus gemidos en voz gutural y en bajito nos llenaban los oídos. De pronto la mano de mi viejo amigo se posó en mi muslo subiendo hacia mi polla. Que estaba ya muy dura por cierto.
Yo ya había llegado al tanga bajo la corta faldita. Tiré de la diminuta prenda para liberarla de ella. La dura polla hacia un gracioso bulto el falda. Pero no durante mucho tiempo pues enseguida levanté ese trozo de tela.
Es un aparato fino, recto, orgulloso con el glande morado. Incluso tenía hecha la fimosis. Durísimo. Perfecto para follar cualquier culo que se le pusiera delante.
- ¡Qué lindo!.
Hacia años que no veía un pene tan bonito, depilado y con olor a limpio. Y tan duro que parecía a punto de explotar. Empecé pasando la lengua por los huevos pelados con lo que conseguí un estremecimiento de su cuerpo y un profundo gemido gutural.
- Cabrón, qué bien la comes.
Me estaba esmerando con ella. Dando largas lamidas al tronco. acariciando el frenillo con la lengua y metiéndome el glande en la boca. Y salivando bien todo el aparato.
- Me gusta hacer disfrutar. Y tú te o mereces.
Para entonces mi amigo había sacando mi rabo al aire, pétreo, rocoso, forjado. Yo también lo tengo depilado y su mano me acariciaba en una lenta y placentera masturbación mientras se dedicaba a lamer las tetitas de su hija.
Ya no quería parar, deseaba su semen en la lengua y luego compartirlo con ellos en un beso lascivo. Cuando se corrió subí hasta su dulce rostro y deje caer la lefa mezclada con mi saliva en su boquita que abrió al máximo para recibirla.
De inmediato metí la sin hueso en la boca para jugar con la suya. Al cruce de lenguas se unió su padre en un beso a tres. Era la primera vez que me morreaba con mi amigo. Y lo estábamos haciendo con la lefa de su hija de por medio.
- ¿Nos vamos a la cama?.
No me molesté ni en responder. Me incorporé y la cogí en mis brazos. A pesar de su altura pesa poco, es muy delgada. Ella rodeó mi cuello con sus manos acariciando mi nuca y el cabello mientras la llevaba por el pasillo.
- Ya sé el camino. Ábreme la puerta.
Iba delante de mí y creo que fue la primera vez que me fijé en el culo de mi amigo. Y parecía algo bastante apetecible. Me di cuenta de que podría... de que me iba a follar al padre y la hija esa misma tarde. Y que lo íbamos a disfrutar los tres.
La dejé caer en la cama. Tenían las sábanas revueltas y se veían ocupados los dos lados del colchón. Así que aquellos dos ya dormían juntos. Ahora fue ella la que a cuatro patas se puso a abrir mis bermudas para dejarlas caer a mis pies junto al pequeño slip que arrastró con ellas.
- Joder, sabía que estabas bueno. Pero es aún mejor de lo que pensaba.
- ¿En serio habías pensado en mí?.
- Desde que me gustan los hombres y hace ya mucho de eso.
Ya me tenía desnudo del todo. Se incorporó lo suficiente como para lamer mi pecho y chupar mis pezones. La condenada sabía lo que hacía. Me estaba poniendo a mil. Mientras sujetaba mi polla con suavidad.
Fue bajando despacio, sin prisa, pasando la lengua por los abdominales y el ombligo. Iba a por mi rabo y estaba claro lo que quería hacer con él. Se metió mis huevos en la boca. Su lengua en mi escroto me provocó una corriente eléctrica que me llegó del glande por la columna al cerebro.
Sujetaba mis nalgas separándolas y deslizando un dedo por mi ano, juguetona. Yo jadeaba por todo lo que ella me hacía. Juan entre tanto se había puesto detrás de ella y le lamía y le mordisqueaba las nalgas.
Cuando Mónica tenía mi glande entre sus labios me corrí. Era imposible aguantar con todo lo que estaba sintiendo. Pero la situación era tan morbosa y ella tan bonita que mi polla quería aguantar.
Desde luego que perdió dureza. Ella siguió chupando. Pasando la lengua por mis huevos y toda la polla. Acariciando mi vientre y llegando a pellizcar mis pezones. Con ese tratamiento me recuperé enseguida.
Su padre le había abierto bien el ano con la lengua y la dedos. Le había puesto bien de lubricante y Mónica no me dejó ni moverme. Fue ella la que subió sobre mi cadera y se clavó mi resucitado rabo en ese precioso culito que siempre había admirado.
Sujetando sus marmoreas nalgas fui bajándola dejando que su cuerpo rodeara mi tronco. Un gemido se nos escapó a los dos a la vez cuando llego a apoyarse en mis muslos clavada hasta mis huevos.
- La noto en el estómago, cariño.
Juan dividía sus besos entre Mónica y yo, repartiendo saliva y lengua con generosidad. Además de sus caricias, claro.
- Acércame la polla.
Le dije. También la tenía bien depilada, más gruesa y algo más corta que la de Mónica. Y estaba genial chupar sus huevos mientras su hija me cabalgaba despacio pero profundo sintiendo mi polla en su culito. Mi mano fue sola al rabo de la nena que también se había puesto duro de nuevo. La masturbé suave al ritmo de sus movimientos.
Mi otro brazo rodeó la cintura de mi amigo para jugar con su culo, amasar sus nalgas y deslizar un dedo hasta el ano. La última vez que lo había visto en un vestuario de un gimnasio era muy peludo, ahora estaba suave y sin un pelo. Sus jadeos decían que le gustaba así que le dije:
- Súbete quiero comerte el culo.
Lo hizo me puso el trasero sobre la boca, también alcanzaba sus huevos. Mientras ellos se morreaban con lascivia dejando caer saliva sobre mi vientre, momentos después la lefa de ambos se unía a las babas sobre mi piel.
Viciosos y lascivos desmontaron para recoger esa mezcla con las lenguas. Juntando sus cabezas sobre mi estómago. Pero el que no se había corrido era yo. Aguardaba más después de mi primer orgasmo.
- Vamos papi. Prueba su polla, quiero ver como te folla.
Ella misma me ayudó a incorporarme muestras su padre se tumbaba boca arriba. Natalia se puso detrás de la cabeza de Juan para tirar de sus tobillos y arquearq la espalda dejarme en culo en la posición perfecta.
No sé cuando se había puesto lubricante pero mi polla entraba bien, fácil y suave. La cara de vicio de Natalia mientras me follaba a su padre era de antología.
No sé cuánto duramos así pero todos estábamos muy excitados. No sería mucho tiempo y le llené el culo con mi semen a uno de mis mejores amigos. Y eso que hasta ese día nunca nos habíamos tocado con lascivia.
- Ha sido genial. Que vicio tenéis. Mira que nos conocemos hace años y nunca había sospechado esto.
- Esto es bastante reciente. Tú también has estado genial. Imaginaba que eras morboso pero esto...
- ¡Vamos chicos! ¿Y yo no he hecho nada?.
Eso lo dijo acariciandose sus pechitos y poniendo cara de vicio. Provocándome aún más. Los dos nos echamos a reír.
- Si cariño, tu eres perfecta. La putita más morbosa y lasciva que he conocido nunca. Eres quién ha conseguido sacar de mí todo lo que he reprimido estos años.
- Espero que me volváis a invitar. Me gustaría seguir explorando con vosotros.
Natalia se me acerco mimosa y volvió a colgarse de mi cuello.
- ¿Y conmigo a solas? ¿No me quieres llevar a cenar ya bailar algún día?.
- Desde luego cielo. Si quieres salir con un viejo como yo.
- No eres nada viejo y me encantaría estar más veces juntos. Mi papi no es nada celoso. ¿Verdad?.
- No claro. Mi nena puede tener todos los novios y novias que quiera. Pero no hay que parar todavía.
Ni que decir tiene que continuamos esa pequeña orgia durante toda la noche y buena parte del día siguiente. Sin vestirnos y sin dejar de acariciarnos, lamernos, besarnos más que para comer, ducharnos y dormir algún rato.
.....
miércoles, 15 de marzo de 2023
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