domingo, 19 de febrero de 2023
Yo soy la ex
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Yo soy la ex.
Precuela de "Trio con la ex"
Iván un chico con el que había salido y con el que aún me llevaba bien ha empezado a vivir con su actual novia, Sandra. Él ya ha contado en el relato "trio con la ex" como salió el encuentro entre los tres. Que terminó en un bonito trio. Ahora tengo que contar como nos conocimos Sandra y yo y tramamos juntas llegar a ese punto.
Hace unos días decidí llamar a un ex novio. Estaba aburrida y nos habíamos separado en buenos términos. No es que fuéramos follamigos pero más de una vez después de dar por finalizada la relación y cuando ninguno de los dos tenía pareja, nos habíamos puesto cariñosos, mucho.
- Hola. ¿Iván?
- No puede ponerse. Está en la ducha.
Me respondió una bonita voz femenina.
- ¡Ah!, bueno, ya le llamaré otro día.
- ¿Y quién le digo que le ha llamado?
No es que quisiera hacerme la interesante, ni nada de eso, pero cuando él estaba con alguien yo no quería molestar. Dábamos por sentado la fidelidad cuando alguno de los dos tenía pareja.
- Da igual.
- Voy a quedar muy mal si le digo que le han llamado y no sé dar razón de quien.
Ella empezó a caerme simpática, no sé si por su curiosidad o porque parecía ser simpática de veras.
- Soy Laura una vieja amiga.
- ¡Ah! ¡No pareces nada vieja por tu voz!. Encantada. Yo soy Sandra su novia.
- Imaginaba. Si has cogido su teléfono estando él en remojo.
- Así que habéis hablado de mí.
- Me dijo que estaba con alguien. Me mandó un mensaje. Pero no me dijo que fuera tan simpática. ¿Y a tí? ¿Te ha contado algo de mí?.
- Bueno, suponía que había estado con otras chicas. E imaginaba que tiene buen gusto. Y veo que no estaba equivocada. Oye, saldrá de la ducha y nos cortará. Si te apetece podríamos quedar y comparar notas.
- No se me habría ocurrido hacer eso con ninguna de sus novias. Pero tú pareces algo especial. No creo que nos arranquemos los pelos cuando nos veamos.
- ¿Qué haces mañana por la tarde?.
- No tenía nada pensado.
- ¿Quedamos? y tomamos un café.
Me dio el nombre de una discreta y oscura cafetería donde solían quedar parejitas y donde se podía tener una conversación, relajadas y tranquilas. Ella parecía tener tanta curiosidad como yo y todo el mundo sabe lo que le pasó al gato.
No es que pensara ligármela aunque no hubiera sido mi primera chica. Para nada. Pero estaba claro que tenía que ir sexi. Dispuesta no a competir, sino, supongo que a demostrar algo. No soy celosa, pero quería que ella viera mi mejor lado.
No sabía lo que iba a encontrarme aunque Iván nunca había estado con ninguna chica fea ni mala persona, que yo supiera.
Esa noche estuve pensando en lo que iba a ponerme, desde luego tenía opciones en mi armario. Me pierde la ropa provocativa. Era pleno verano así que ir ligerita no sería problema.
Tras algunas dudas y probarme algunos conjuntos me decidí por un fino top que me dejaba la espalda desnuda. También llevaba la falda más corta que tengo, de tela vaquera así que es rígida.
Cada vez que me inclino o subo unas escaleras se me ve Sodoma y Gomorra. La melena atada en una cola de caballo para dejar mis hombros libres y unas sandalias.
Llegué pronto, no quería hacerla esperar, pero ella se me había adelantado. Estaba esperando en la barra. La reconocí de inmediato por su llameante melena roja, que ella me había descrito. Su atuendo no se diferenciaba mucho del mío. Aunque había elegido un short en vez de una falda, la prenda le sentaba de maravilla a sus largos muslos.
El top en vez de descubrir su espalda le dejaba un escote delicioso y el vientre al aire. Su nívea piel descubierta y su carita pecosa me pareció preciosa. Su contoneo sensual según caminaba entre las mesas hasta donde yo estaba no solo llamaba mi atención, parecía levantar pasiones en todos los presentes.
- ¿Sandra?
- Si, luego, tú eres Laura.
- Encantada, ya sabia yo que Iván tiene buen gusto.
- Eso puedo confirmarlo al verte.
Su sonrisa iluminaba la sala. Pero habíamos ido a comparar notas y si tenía suerte a algo más, no a alagarnos la una a la otra toda la tarde.
- ¿Vamos a piropearnos toda la tarde?. No me importaría, pero hay más cosas de las que hablar.
Pedimos las copas a una guapa camarera con unos leggins muy pegados a un culo precioso. Ya os habéis dado cuenta de que también me gustan mucho las chicas.
Durante la siguiente hora nos dedicamos a despellejar a Iván diseccionando cada aspecto de su físico y personalidad. Salió bastante bien parado, al fin y al cabo a las dos nos gustaba y ambas habíamos follado con él.
Incluso nos contamos las historias de nuestras relaciones. Los comienzos con Iván y con otros chicos y en mi caso otras chicas. Eso pareció levantar su curiosidad.
- Iván no me dijo que fueras bisexual.
- No creo que lo sepa, una chica siempre ha de guardar algo de misterio. ¿No crees?.
- Cierto. Todas debemos guardar algún secreto. Pero estoy convencida de que le hubiera encantado saberlo. Verte a tí con otra chica en acción debe ser un espectáculo delicioso.
- Bueno, Aunque puede que sospeche algo por algún comentario o mirada que se me escapaba estando con él. Si la otra chica fueras tú seguro que si.
Empezábamos a conocernos y a compartir datos sobre nosotras, no sólo sobre mi ex. La verdad es que me gustaba y yo no parecía disgustarle. Y a echarnos las primeras indirectas. Lo cierto es que la primera impresión que tenía de ella se confirmó. Esa chica me estaba gustando mucho.
- Me encanta tu cabello, creo que siempre tuve debilidad por las pelirrojas.
- Pues en el único sitio donde lo tengo es en la cabeza. Todo lo demás me lo he quitado, aunque también era rojo.
- ¿No te has dejado ni una tira por encima?. Te quedaría precioso.
- Nada de nada.
- Bueno, yo tampoco. Así me lo pueden comer mejor. Jejeje.
Estábamos sentadas en un sofá acolchado al fondo de la sala. Nuestras rodillas empezaron rozándose. Pero al poco rato me moví hasta hacer contacto con todo el lateral de su muslo. Me encantaba el calor de su piel y ella no rehuía el roce.
De hecho fue la primera que hizo un movimiento, algo muy típico, pero decidido. Pasó la mano por el respaldo del sofá y la deslizó por mi espalda desnuda. Enredó los dedos en los cordones que sujetaban el top, como jugando con ellos, pero en realidad acariciando mi piel.
- Tienes una piel muy suave.
Dejé la copa en la mesa que teníamos delante y aproveché para poner la mano en su muslo, como apoyándome. Su sonrisa lasciva y deslumbrante me animaba a seguir.
- ¿Y tú?. ¿Has tenido alguna experiencia con una mujer?.
- Algo ha pasado. Pero con nadie tan fascinante como tú.
- Vaya gracias. ¿Volvemos a los cumplidos?.
- No he parado en ningún momento en mi mente. Me has gustado mucho.
Deslicé despacio la mano por su muslo cada vez mas arriba. Mientras ella dejaba de jugar con mi ropa y se dedicaba a tocar mi piel ya sin más disimulo. Llegadas a ese punto besarnos fue algo completamente natural.
- Tú también me has dejado obnubilada.
Nuestros rostros se acercaron despacio, no teníamos prisa. Con sensualidad, mirándonos a los ojos, hasta que los labios se juntaron. Empezamos a mordisquear los labios de la otra, sin poner los dientes. Solo jugando.
La camarera llegó en ese momento a recoger los vasos vacíos. Nos miraba con una sonrisa lujuriosa.
- Si alguna vez queréis hacer un trío avisadme, nenas. Estaría encantada de participar con vosotras.
Y se retiró volviendo a enseñarnos su culito pétreo.
Entre tanto mi mano había trepado por el firme muslo e Sandra hasta llegar a la dura nalga. Como en los demás sofás las parejas estaba haciendo lo mismo que nosotras nadie se fijó en mis maniobras.
Ni en las suyas, pues dos de sus dedos habían alcanzado una de mis tetas y pellizcaban mi pezón con suavidad.
Era imposible no rendirse a sus encantos. Era lo que le había pasado a mi ex. Estaba segura. Si Sandra se lo hubiera propuesto ni Iván ni yo hubiéramos tenido ni una opción.
Los gemidos que soltábamos los ahogaba la boca de la otra y pronto lo hizo la lengua. Su minishort me cerraba el acceso a algunas partes de su bella anatomía pero aún así tenía piel de sobra para acariciar.
En cambio la minifalda que a esas alturas ya no tapaba nada de mis muslos le dejaba vía libre para alcanzar mi tanga, más que húmedo a esas alturas. No sé cortó un pelo y cuando me di cuenta ella había deslizado un dedo por debajo de ese minúsculo trozo de tela.
Con ese mínimo roce mis labios hambrientos de caricias se separaron dando acceso a mi interior. Ya que no podía tener la polla de Iván allí dentro sus dedos eran un sustituto maravilloso. Ahí si que se me escapó un jadeo que ni siquiera su lengua juguetona pudo ahogar.
Mirando por encima de su hombro me di cuenta de que la pareja que teníamos detrás se había dado cuenta. Ella se limitó a girar la cabeza y sonreírme. Supongo que estaba deseando que su novio llegara al mismo sitio en su anatomía que mi nueva amiga había alcanzado en la mía.
Sandra estaba lanzada. En el momento en que yo me había despistado ella había tirado de mi tanga y me lo había dejado por las rodillas. No había forma de volverlo a poner en su sitio sin llamar la atención incorporándome así que terminé de sacarlo por mis pies y lo guardé en su bolso.
- Es un regalo.
Estábamos empezando a llamar mucho la atención. Por entonces yo vivía sola e imaginaba que a Sandra le gustaría ir conmigo y pasar un rato más íntimo a solas.
- Podemos ir a mi piso, está cerca.
Con un suave beso en los labios me dijo:
- Mejor si, vámonos. En mi piso llegará Iván del trabajo en un rato.
Al ponerme de pie tuve que estirar la tela de mi falda sobre mis muslos o todo el mundo en la cafetería habría visto el estado de mis muslos por los que escurrían mis jugos. Pero ella tuvo que recolocar su top o habría enseñado sus preciosas tetas.
Fui a pagar las copas a la bonita camarera. Con una sonrisa me dijo:
- A estas invita la casa, preciosa, me habéis puesto muy cachonda. Aquí tienes mi número por si algún día quieres tomar algo conmigo. O las dos.
Deslizó un post it entre mis dedos que de inmediato guardé en mi bolso. Ya en la calle caminando del brazo con Sandra, muy juntas se lo conté.
- Tengo el número de la camarera si quieres quedar algún día con ella.
- Por ahora creo que Iván y tú me bastáis. Pero si quieres llamarla guárdalo.
Pocos metros más adelante estaba mi portal. No pude resistir la tentación y la acorralé contra los buzones para volver a hacerme con sus dulces labios y cruzar mi lengua con la suya.
- Sí que me tenías ganas.
- Eres la primera chica con la que sale Iván que tengo así y pretendo disfrutarte.
En el ascensor seguimos acariciándonos pues subíamos solas. Metió un muslo entre los míos alcanzando los desnudos labios de mi vulva. Sé que dejé algo de mi humedad en su suave piel por que ya en mi habitación me dediqué a lamerla entera.
- ¿Quieres algo de beber?
- Solo de ti cielo.
Así que la llevé derecha al dormitorio. Las sandalias de ambas cayeron a un rincón según entramos en la habitación.
Me tumbé en la cama y me limité a abrirme de piernas. Con lo que la falda se subió del todo dejando ante sus ojos todo mi pubis. Como ella ya tenía mi tanga en su bolso se limitó a arrodillarse entre mis muslos y pasar la legua por toda mi rajita.
- Tú también tenías ganas.
- Muchas. Hacía tiempo que no estaba con una chica. Tenerte a ti así me parece que es estar con Iván.
A las pocas lamidas ya me había corrido y ella tenía entre sus carnosos labios mi clítoris y lo sorbía como si quisiera arrancarlo. Volví a correrme sin reprimir mis jadeos que llenaban la habitación.
Sandra trepó sobre mi cuerpo sin separar la lengua de mi piel. Separando la tela del top y dejando un reguero de babas. Hasta llegar a mis labios y meter la lengua en la boca hasta la garganta.
Devolví el beso con todo mi ser. Notando en su lengua restos de mi sabor más íntimo. Poniendo en él toda mi lengua y saliva. Deslizando una mano dentro de su short. Alcanzando su pubis suave y depilado. Y por fin separando los labios de su vulva con uno de mis dedos.
Me tocaba a mí hacerla gemir y darle gusto. Le quité el pantaloncito que me estorbaba mucho. Me llevé el tanga en la misma maniobra y ante mis ojos ansiosos quedó su precioso coñito. Ese xoxito que mí ex se follaba ahora.
En cuanto pasé la lengua por los labios descubrí lo deliciosa que es. Sus abundantes jugos llenaban mis papilas gustativas. Cuando chupé el clítoris con fuerza llenó mis oídos con sus jadeos.
Y tras su primer orgasmo tiró de mis brazos para pedirme un nuevo beso. Cruzamos las lenguas. Su sabor en la mía parece que le gustaba pues estuvo chupándola hasta que no me dejó ni una gota de saliva.
No conseguía separar las manos de sus tetas. No dejaba de pellizcar sus pezones. Notaba en las mías sus dedos que seguían con las caricias sin descanso.
Uno de sus muslos se deslizó entre los míos hasta alcanzar mi chochito. Mi humedad alcanzó su suave piel. Sin dejar de acariciarnos me fui moviendo despacio subiendo una de mis piernas hasta que conseguí que mi vulva se colocara bien pegada a la suya.
Notaba sus jugos mezclándose con los míos. Los labios frotándose hasta casi rozar los clítoris. Admito que la tierra no es una de mis posturas favoritas. Aunque el roce de los coños es casi total hay que mantenerla a base de brazos y no se puede acariciar nada más.
Pero con ella todo era morboso y placentero. Ambas nos corrimos con solo mezclar nuestras humedades llenando mi habitación con gemidos de gusto.
Teníamos que descansar un rato. Y la recibí entre mis brazos con su cabecita apoyada en mis tetas. Para seguir charlando.
- ¿Como a que dejaste a Iván? Ahora que te conozco he de admitir que estoy un poco celosa.
- Nunca hemos llegado a dejarlo del todo como te puedes imaginar. Pero nunca me he metido en las relaciones que ha tenido después de mi. Ni él en las mías, ya haya sido con chicos o con chicas de las que Iván no ha llegado a enterarse.
- Hablando de eso. ¿No estás con nadie ahora?.
- No, no hubiera dejado que las cosas entre nosotras llegaran a esto. Pero es difícil resistirte.
- ¡Oye!, que no soy la única que está desnuda en esta cama. Tú también eres bastante irresistible.
- Ahora que hemos dejado claro lo perfectas que somos tendremos que ver o que va a pasar ahora.
- Lo de compartir a Iván o a cualquier otro novio es algo que se me había ocurrido nunca. Lo admito. Pero tampoco he hecho nunca un trio y es una de mis fantasías.
- ¿Estas diciendo lo qué creo?
- Si crees que me gustaría follar con los dos a la vez acertaste.
- Nena eso es fuerte. Pero también a una de mis fantasías no realizadas. Y con poca gente lo haría. Dicho eso, vosotros sois algo especial.
- Pues solo queda ver como le ponemos el cebo. Y a esperar que pique.
- ¿Con estos cuerpos tienes alguna duda?
- Ninguna.
....
viernes, 10 de febrero de 2023
La residencia universitaria
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- Quiero acostarme contigo.
Me dijo esa noche, cuando nos quedamos solos en nuestra habitación de la residencia universitaria. Nadie me había hecho una proposición tan directa y menos aún otro chico, por que aunque no lo haya dicho los dos éramos chicos.
Él, guapo donde los haya: un mentón firme y unos labios hechos para ser besados, delgado. Con un torso firme y musculosos y un vientre plano que había visto muchas veces al salir de la ducha de nuestra habitación o en la piscina. Su culo prieto marcado en los bañadores tipo slip que usaba y sus muslos firmes y sin vello.
Y era Mario, mi amigo de toda la vida, quien me proponía hacerme el amor allí entre las paredes de nuestra habitación. Cuando él sabía que yo era heterosexual. Pero algo se movía en mi cerebro hacía poco que lo había dejado con una novia.
La idea empezó a atraerme cuando acarició el filo de mi barbilla suavemente con sus dedos y depositó un dulce beso en mis labios. Yo todavía confuso, no me atreví a responder. Pero como tampoco di evidentes muestras de rechazo lo animé con mi inmovilidad.
Me abrazó y empezó a besarme en el cuello. Yo por fin reaccioné y respondí tímidamente a su abrazo. Tampoco quería ofenderlo por nada del mundo, nos conocíamos desde hacía años.
Volvió a besarme en la boca y esta vez correspondí a su beso al principio, tímidamente y luego cuando me forzó a abrir los labios con su lengua con mas decisión.
Empezó a acariciarme la espalda deslizando sus manos hacia mi culo y entonces se separó un poco y comenzó a desvestirme. Me quitó la camisa y los zapatos.
Yo le dejé hacer. Empezó a besarme por el pecho a meter mis pezones en su boca a acariciarme el vientre con sus manos y lamer mi ombligo con su lengua.
Yo estaba muy excitado y cuando comenzó a bajarme los pantalones estaba paralizado, heladas mis manos. Me dejaba hacer como una marioneta. Mario se separó de mí un minuto para arrancarse la ropa con violencia, prisa y deseo. Nadie me había mirado nunca con ese ansia y deseo en los ojos.
Volvió abrazarme y la piel de nuestros pechos se juntó por primera vez sin tela que estorbara. Yo me iba poniendo en situación haciéndome a la idea de tener un chico guapo entre mis brazos.
Cada vez mas excitado simplemente por ese hecho. Nadie podía interrumpirnos. El cerrojo nos aislaba por completo del mundo. Nuestras pieles se rozaban por que lo único que teníamos puesto eran los slip.
Los besos se fueron haciendo cada vez más ardientes. Mi lengua pasó a explorar su boca perdiendo los últimos restos de timidez. Al flanquear la frágil barrera de sus dientes blancos y pequeños.
La suya salió al encuentro de la mía para jugar con ella. Mis manos comenzaron a explorar el cuerpo del primer chico que tenían a su alcance.
Podemos hacerlo o no. ¿Pero hasta cuando? Yo aún tenía mis dudas, incluso teniéndolo entre mis brazos. No se como controlar mis impulsos, mi propio cuerpo lucha por entregarse. Por sentir piel con piel.
El deseo me inunda, la polla dura. Los huevos buscando descargar su semen caliente y que Mario lo recoja en la lengua. Y yo poder lamer sus testículos y su pene. A esas alturas quería sexo y él también o puede que algo más.
Deseo en los dos cuerpos. Al final fue él quien se pasó a mi cama. Buscando mis labios con los suyos. Abrí la boca esperando recibir su lengua dentro de ella. No me hizo esperar mordió mis labios con los suyos jugueteando con la lengua.
La mano se me fue sola a la cintura, me costó un segundo soltar el cordón que sujetaba el pantalón de su pijama. Mis dedos rozaron con suavidad la polla dura, tersa y suave.
Él en cambio abrió la chaqueta de mi pijama acariciándome el pecho. Uno de sus dedos tocaba mi pezón con suavidad. Excitado, duro, esperando recibir un suave mordisco de sus dientes y su lengua remojando mi piel.
Mientras mi mano reposaba en su verga tierna pero firme atrayéndolo sobre mi cuerpo. Los besos se hicieron mas intensos mas lascivos.
Mi lengua buscaba la saliva de su boca. La suya se cruzaba con la mía jugando lamiendo mis dientes llegando hasta mi paladar.
Yo también investigaba lo mas profundo que podía acariciando el interior de su boca con mi lengua. Froté su pene con mas firmeza de arriba abajo deslizando harta sus testículos suaves.
Sus gemidos en mi cara me indicaban que le gustaban las caricias. Mis uñas pasaban con suavidad por su escroto buscaba aumentar su excitación. Sus manos tampoco estaban quietas, arañaba la piel de mi torso con suavidad. Pellizcaba mis pezones o pasaba la yema de uno de sus dedos por mi ombligo.
Siguió bajando por mi vientre, por mi suave piel hacia el vello que rodeaba la base de mi nabo. Enroscaba sus dedos en él dándome suaves tirones. Cuando se cansó de jugar con mi pelo fue a por mi polla durísima a esas alturas.
Cada caricia suya la notaba en mi columna recorriéndome del glande al cerebro. Su piel suave me llamaba, bajé más sus pantalones por los firmes muslos. Seguí acariciando mas de su cuerpo desplazándome hacia sus nalgas. Sentía bajo mi mano la dureza de los músculos de su culo.
La raja se me abría casi sola. Se me había subido encima y había metido uno de sus muslos entre mis piernas, los pijamas se enredaban y solo nos estorbaban. Así que nos tomamos un momento para librarnos de las ligeras telas. Aunque nos costó separar las lenguas el tiempo suficiente para hacerlo.
Aprovechó para bajar por mi cuerpo. Noté sus labios en mi cuello, su lengua en mis clavículas, los dientes en mis pezones. Humedeciendo mi piel con saliva. Bajando por el vientre clavándose en el ombligo.
Cuando la noté recorriendo el tronco de la polla sólo podía retorcerme. Nunca había sentido tanto placer. Cuando mojó mis huevos de saliva y se los metió en la boca tuve que ahogar mis gritos con la almohada para que nos oyeran en las habitaciones vecinas.
Y no se detenía, separó mis muslos y me lamió el perineo. Me hizo coger las rodillas con las manos y arquear la espalda para poder alcanzar con su lengua el ano. Pasar la húmeda por toda la raja y clavarse en el musculoso aro.
Estaba a punto de romper la almohada con los dientes cuando cubrí mi vientre de semen. Él se limito a recogerlo con la boca lamiendo mi piel guardándolo el tiempo suficiente para besarme con mi lefa. Esta vez la saliva y mi leche, espesas en nuestras lenguas las unían con hilos viscosos.
Cada vez que nos separábamos lo justo para mirarnos a los ojos con ese amor puro de la juventud. Mis manos nunca llegaron a abandonar su cuerpo allí donde alcanzaba, tenia que devolverle el placer que me había dado.
Tenía que saborear su semen aunque también lo deseaba en mi interior. Me decidí y le pedí que me penetrara, que me follara. Mi ano ya estaba bien dilatado por el tratamiento de su lengua.
Lo estaba deseando, notar como su carne dura me abría. Como su glande dilataba mi ano y se metía despacio mirándolo a los ojos con lascivia. Jamás hubiera pensado que me vería así.
Se movía despacio pero firme, con más experiencia de la que yo le hubiera adjudicado. El placer que me estaba dando era algo que nunca había esperado. Pero era mi amigo, mi compañero y ahora mi amante.
Se corrió en mi interior y no por esas se conformó. Teniéndome bien abierto y entregado según sacó la polla se inclinó a lamer mi culo. Y yo seguía gozando. Con dos caricias de su mano volví a correrme.
Esa noche fue la primera que dormimos juntos, abrazados, piel con piel. Eso ha vuelto a repetirse muchas veces. Nunca volvimos a usar pijamas.
......
sábado, 4 de febrero de 2023
Jugando pádel
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Ellos estaban jugando pádel en la pista de la urbanización. Yo tomaba el sol tumbada en la piscina justo al lado, con el bikini mas pequeño que tengo. No podía evitar mirar como se movían.
A cada saltito su cortísima falda me dejaba ver un culo perfecto por que se había puesto un tanguita blanco a juego con la minifalda, todavía mas pequeño que el de mi bañador. Natalia es una vecina en la que ya me había fijado antes, esta muy buena.
El culito respingón y moreno atraía mis miradas cada vez que un saltito levantaba la pequeña prenda descubriendo sus nalgas duras y perfectas. Parecía un video de tik tok en vivo, su faldita de lado a lado descubría el pubis apenas cubierto.
Anque su oponente también merecía algún vistazo. Sabia que vivía sola, podía ser un novio pero se parecían mucho, el mismo cabello rubio, los mismos ojos azules. ¿Seria su hermano? ¿Un primo?.
Alto, delgado, fibrado, nada mal la verdad. Y bajo ese pantalón corto de deporte se adivinaba un culito prieto y duro, como para clavar los dientes en esas nalgas.
Sabía que de vez en cuando sus ojos, los de ambos, reposaban en mi cuerpo. Sobre mi piel desnuda cuando le ponía bronceador, lasciva, acariciándola e hidratándola. Más de una bola se había perdido por esos despistes.
Acariciando mis pechos cubiertos únicamente por la lycra suficiente para tapar mis pezones. Al ser día de diario no esperaba que apareciera alguien más por allí.
- ¡Hola!, ¿no descansais un rato? Os vendría bien reponer electrolitos.
Me había bajado unos refrescos que les ofrecí amable para que hicieran un descanso. Antes de sentarse en el césped a mi lado él aprovechó para sacarse la camiseta y secarse el sudor del torso con ella.
- Eres muy amable, gracias. Hace mucho calor y ya llevamos un rato dándole a las pelotitas.
- Pues a mí me parece que le has dejado las pelotitas en paz.
Si ella se hubiera quitado el polo hubiéramos visto sus duros y cónicos pechos cuyos pezones se marcaban perfectamente desafiantes en el fino tejido. Estaba claro que no llevaba sujetador.
- No sabía que te hubieras echado novio, Natalia.
- Ja Ja, no es mi novio, Carlos es mi hermano. Y ella es Olga mi vecina. ¿Has visto, tato, la vecina tan buena que tengo?.
- ¡Si!. Ya veo, ya, esta buenísima.
Nos interrumpiamos al responder.
- Eso explica lo guapo que es. Se ve el parecido de familia. Encantada.
- ¿Me estás alagando? Igual por cierto.
- A los dos y descarada. ¿Os importa?
- Para nada.
- Que lastima no poder sacarnos los sujetadores ni las camisetas aquí. Estoy sudando.
Eso, el top less, no lo permitían las normas de la piscina. Lo que todas obviábamos usando los bañadores y bikinis mas pequeños que podíamos encontrar.
- Te puedo dejar uno de los míos, si quieres quitarte el top. Tengo otro bikini seco en la bolsa. Aunque así sudado, y trasparentandose te queda muy bien. Casi se adivinan los pezones.
- Déjame el suje. Al menos se podrá secar el sudor.
Yo pensaba que me encantaría lamer ese sudor directamente de su piel. Me puse a gatas dándoles la espalda para buscarlo en la bolsa que había bajado. Así ellos veían mi culo, mis nalgas separadas, la gomita del tanga que apenas tapaba el ano y los labios de la vulva marcados en la licra.
Me giré para darle la prenda y sorprendí con agrado las miradas lascivas que ambos me estaban dedicando. Sus ojos clavados en mis posaderas.
Rocé los dedos de Natalia para alcanzarle una prenda que apenas cubriría sus pezones. Su sonrisa al verla me indicó que le agradaba la idea de ponerse tan impúdico trozo de tela.
Sin más tardanza se sacó el polo sudado, dejándonos ver sus preciosos pechos. No pensábamos que nadie mirara así que no se tapó más. Unos segundos más tarde los tenía tapados, por decir algo, con mi sostén.
Tras ponerse el sujetador se sentó con las piernas cruzadas frente a nosotros, lo que levantaba la cortísima falda y nos mostraba la húmeda tela del tanguita. Por lo menos a mí que la miraba justo enfrente.
Tumbada boca abajo en mi toalla, me permitía ver su húmedo tanga introduciéndose entre los labios de su depilada vulva. Sabía que ambos me estaban mirando el culo perfectamente expuesto en esa posición. Sus lujuriosa miradas estaban clavadas en mi grupa. Les ofrecí ir a tomar algo a mi piso, un almuerzo ligero y seguir conversando.
- Si ya estáis cansados podemos subir a casa, os invito a almorzar.
- Tendríamos que ducharnos antes.
- Da igual, con el calor que hace volveríamos a sudar en minutos. Animáos. Y podéis hacerlo en mi piso.
Se miraron el uno al otro como pidiéndose permiso.
- Vale, genial.
Me cubrí la cadera con un pareo de gasa trasparente y no les di oportunidad ni para que se negaran ni para que fueran a buscar mas ropa. De hecho arrimando mis tetas al pecho de él impedí que volviera a ponerse la camiseta. Nadie nos vería en el breve trayecto en el ascensor.
- No hace falta que os tapeis más. Solo vamos a coger el ascensor.
Ya en mi piso les indiqué que se pusieran cómodos mientras dejaba caer las sandalias y el pareo y me dirigía a la cocina. Al volver con la bandeja, meneando el culo, me senté entre ellos dejando que mis muslos desnudos rozaran los suyos.
- Si queréis algo más solo tenéis que decirlo.
Eso sí que iba con doble intención.
- Podría pedirlo, pero creo que tu también quieres pedirlo y darlo.
Me apoyaba en uno o en otro para charlar según me convenía. Tocando su piel con toda confianza. Le dije a ella que podía sacarse la minifalda con toda confianza. Así estaríamos las dos iguales.
- Yo solo estoy con el bikini. Natalia igual te estorba la falda. Con este calor sobra todo.
- Tienes razón, total eso no tapa nada.
Uniendo la acción a la palabra se limitó a ponerse en pie y dejar caer la falda al suelo. La apartó de una parada y dió una vuelta sobre si misma. Estaba claro que a los dos nos gustaba lo que estábamos viendo.
El tanguita era algo mínimo, apenas un triángulo de tela sujeto en su sitio por finos cordones. Aunque había tenido vistazos fugaces de la prenda en la pista de tenis y la piscina por fin pude ver su precioso par de nalgas en todo su esplendor.
Volvió a sentarse junto a mí. Esta vez creo que con toda intención rozando con su duro culito todo mi brazo. Le sonreí y no me lancé sobre ella en ese momento por que su hermano estaba allí y los deseaba a los dos.
Se pegó más a mi muslo rozando nuestras piernas. Me giré hacia Carlos.
- Tira de la lazada. Me parece que te gustaría verme las tetas.
A su confirmado bello hermano le pedí que soltara el nudo de mi sujetador girándome. Con lo cual yo volvía a enseñar más piel que ella.
- Vaya Olga, menos mal que en la piscina no se pude hacer top less. O todos nos pondríamos malitos viendo esas dos preciosidades.
- No exageres, Natalia que las tuyas son impresionantes y más grandes que las mías. Mi suje apenas te cubre los pezones.
- Si que es un poco pequeño para mí. Pero eso lo hace más interesante. ¿Verdad?.
En ese momento contestó su hermano.
- A mí es a quién estáis poniendo duro, entre las dos.
Notaba sus manos en mi espalda mientras las mías acariciaban los pechos de ella según la ayudaba a subir la poca tela que los cubría. Notaba su polla dura rozando mi culo detrás de la fina tela de su pantaloncito de deporte.
- Eso me parece que lo estoy sintiendo yo.
Mientras lamía la sal del sudor del cuello de la hermana. La mano del chico pasó por encima de mis piernas para buscar entre sus torneados muslos su coñito.
- ¡Lo sabía!. Vosotros os queréis mucho.
- Pero mucho, mucho. No parece que te importe.
- Si me dais un poco de cariño a mi también, en absoluto. Me da curiosidad y morbo.
La sonrisas lascivas y las caras de morbo decían todavía más que las palabras. Y eso que lo estábamos dejando todo claro.
- Desde luego no te vamos a dejar sólita.
Y cerró mis labios con un lascivo beso. O más bien los abrió más para meter su lengua en mi boca hasta la campanilla. La mía respondió cruzándose y jugando.
Yo ya me besaba con ella. Nuestras lenguas cruzándose con ansia intercambiando saliva que resbalaba por las barbillas cayendo sobre nuestras tetas desnudas.
En mi nuca notaba la lengua del hermano excitándome aún más. Mientras sus habilidosas manos terminaban de quitarnos las pocas prendas que nos quedaban. Y él se libraba de su short de tenis.
Mi tanga desapareció misteriosamente, no he vuelto a encontrarlo, más que en la cadera de Natalia la siguiente vez que nos cruzamos en la piscina. Claro que Carlos me ha regalado un precioso body y unas medias como compensación.
Ella acariciaba mi vulva y buscando el clítoris con la yema de los dedos. Me recostó sobre el pecho del chico babeando mis tetas, el vientre, el ombligo. Por entones fue cuando me corrí jadeando y gimiendo como una vieja locomotora.
Mientras él me subía sobre sus muslos, ella abría los míos para acariciar los labios de mi vulva con la lengua, mi perineo y el ano. Me lo excitaba, abría. Y yo seguía corriéndome.
Siguió dándome dedos, lengua y saliva en el culo durante un rato. Mientras Carlos besaba mi cuello y hombros y cuando yo giraba la cabeza cruzábamos las lenguas. Al oído me dijo.
- Quiero follarte el culito. Me estaba calentando mucho desde que te lo veía abajo en la piscina.
- Pues adelante, tu hermana me lo ha preparado bien.
Conseguí decir entre suspiros. A fuerza de brazos levantó mi cadera lo suficiente para que Natalia guiara la imponente polla dentro de mi cuerpo. Y desde luego lo hizo por el ano. Una vez bien sentada sobre los muslos de Carlos esta llevó sus manos a mis pechos amasándolos y pellizcando mis pezones con suavidad.
Con sorprendente fuerza los brazos del chico me levantaron hasta clavarme la poderosa polla en mi culo. Ella, entre nuestras piernas separadas, seguía lamiendo todo lo que podía: el clítoris, los labios de mi coño separados por el rabo, los huevos de él, los muslos de ambos, toda nuestra piel.
La postura parecía ideal para grabar un video porno o para que ella se acomodará entre nuestros muslos y pudiera lamer todo mi xoxito y los huevos de su hermano. Como no era una pose cómoda por fuerza el ritmo había de ser lento, justo como a mí me gusta que me follen el culo.
Además de sorber mi clítoris como si quisiera arrancarlo me penetraba con dos dedos. Yo estaba en la gloria siendo el centro de las atenciones de los dos hermanos. Me corría una y otra vez.
Carlos ya no paró hasta que con un fuerte gemido dejó su semilla en mi interior. A mí me temblaban las piernas y Natalia tuvo que ayudarme para poder ponerme de pie.
Tras una rápida visita al baño para asearmos descansamos un rato en el mismo sofá que nos había visto disfrutar tanto. Estuvimos charlando y me contaron como llevaban una buena temporada siendo amantes cuando ninguno de los dos tenía pareja.
- Pero es la primera vez que hacemos un trío juntos y además con alguien que sabe de nuestro secreto.
- Y a quien le da tanto morbo, puedes decirlo. Pero al final yo apenas os he visto juntos. Aunque casi me matáis de gusto a mí.
- Eso podemos arreglarlo.
Y uniendo acción a la palabra cogió a Carlos de la mano y tiró de él mientras ella se recostaba en el sofá. El chico no se limitó a tumbarse sobre ella para penetrarla. Se le había ocurrido otra cosa.
Se giró y buscó un sesenta y nueve con su hermana. Sus rodillas a cada lado de la cabeza de ella dejaban su duro culito en una posición levantada. Como tenía la lengua muy ocupada con la vulva de Natalia no podía protestar por lo que yo le hiciera.
Decidí ver como se tomaba el que yo probara si duro culo. Le di un suave muerdo a una de sus pétreas nalgas antes de pasar la lengua por toda la raja. Tuvo que separar la cara del pubis de su hermana para gemir. Parece que le estaba gustando. No siquiera protestó cuandole clavé un dedo bien ensalivado.
Mientras Natalia le chupaba los huevos a su hermano podía ver perfectamente lo que yo le estaba haciendo. Y parecía aprobarlo por completo. De hecho con las manos sujetaba las nalgas manteniéndolas bien abiertas para mí.
Por fin tenía a los dos hermanos comiéndose ante mí. Sin complejos, demostrando un amor mucho más allá de lo filial y manteniendo mí excitación al máximo.
Cuando Natalia se dedicaba a chupar la polla me dejaba a mí los huevos. A la vez que podía meter la mano entre los dos cuerpos y acariciar los preciosos pechos de mi vecina.
- Bien, pero me gustaría más.
- ¿Quieres que me lo folle?
- Desde luego, quiero ver ese coñito bien abierto con su polla.
- Pues a ello. Túmbate.
Me puse de espaldas en mi propio sofá. Esta vez ella se colocó sobre mí en un sesenta y nueve, dejando al alcance de mi ávida legua su deliciosa vulva. Su hermano se colocó entre mis muslos y fue acercando el glande a nosotras. Para entonces mi vecina ya había clavado la lengua en mi
No resistí la tentación y lo agarré llevándolo primero a mi boca para darle unas lamidas. Luego yo misma lo coloqué entre los labios de Natalia y dejé que él se lo clavara. De un solo empujón se lo metió hasta la empuñadura. Así quedaron sus testículos colgando sobre mi boca.
Podía ver como la polla entraba y salía, sin prisa pero a un ritmo constante. No iba a dejarlo, me puse a lamer todo lo que tenía a mi alcance. Al menos mientras no suspiraba de placer. Notaba cómo Natalia me comía el coño al ritmo de la penetración de Carlos.
Para entonces había perdido la cuenta de mis orgasmos. El cuerpo nos pedía descansar y el tiempo había pasado. Decidimos dejarlo por esa tarde, pero teníamos que continuarlo otro día. Ya fuera los tres juntos o con cada uno de ellos por separado.
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sábado, 14 de enero de 2023
Topicazos, el bikini de chapa
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Para promocionar una nueva película de ciencia ficción la productora había organizado una convención en el recinto ferial de mi ciudad.
Exposiciones de diverso material, libros, muñecos, merchandising, charlas de autores y dibujantes, proyecciones de otras películas, series y documentales sobre el tema. Todo un despliegue que esperaban recuperar en el primer fin de semana desde el estreno.
Mi trabajo como azafata de congresos me llevó a participar en el evento. Me presenté en la agencia dispuesta a cualquier cosa que se me viniera encima. Lo que vino fue el bikini de chapa de la princesa Leia en el palacio de jabba el Hutt.
Cualquier aficionado lo conoce y cualquier salido también. Es sugerente y provocativo y me iba a dejar muy expuesta. Casi toda mi piel al aire. Pero también es la ropa de una mujer fuerte que se enfrenta a sus enemigos y les retuerce el cuello por muy grueso que fuera.
Cuando mi jefa me dio la caja sonreía burlona pensando que me negaría. No sé si buscaba una excusa para despedirme o sólo me tenia envidia. Lo que ella no sabia es que me encanta el personaje de chica dura.
- Tendrás que ponerte eso.
Solo podía pensar en la cara de los frikis al verme pasear entre ellos con tan poca ropa. Lo único que dejé en la caja cuando me lo puse en el vestuario de la convención fue el collar de esclava y la cadena, eso no va con mi personalidad.
Lógicamente, no era yo la única azafata con tan escasa vestimenta, habíamos acudido de varias agencias. Incluso de la mía el reparto de cosplays había sido generoso.
En el vestuario se veían monos de lycra plateados tan ajustados que no se podía llevar ropa interior debajo. Atuendos de tiras de cuero de esclavas verdes de Orión, pieles reducidas al mínimo de cavernícolas sexys.
Otras con vestidos de gasa de princesas de fantasía, falditas de colegiala cortísimas sacadas de animes e incluso algún tanga y sujetador de malla metálica de guerreras bárbaras.
También era lógico que las azafatas no fuéramos las únicas disfrazadas. Había klingons, federados, jedis, Han Solos, vulcanos, caballeros con armadura, guerreros barbaros. Algunos de los chicos más atrevidos también llevaban tangas de cuero y espadas o hachas de plástico.
También se pasaban por los stands chicas del publico. Algunas mas serias pero otras tan sexys e incluso mas atrevidas y enseñando mas piel que nosotras, las que estábamos trabajando por allí.
Estaba repartiendo unos folletos entre los stands cuando la vi. Venía derecha hacia mí con un bikini muy parecido al mío, incluida la faldita de gasa trasparente.
Como yo, la había abierto por los lados hasta la ingle dejando que colgara por la espalda, luciendo sus largos muslos. Eso la hacía aún más sugerente. Al caminar, sus preciosas piernas bronceadas asomaban sucesivamente entre la tela.
Pero ella no era una de mis compañeras. Me hubiera fijado en tal belleza si me hubiera cruzado con ella en la oficina o en los vestuarios habilitados en la feria.
Me hubiera dejado hipnotizada el movimiento de su largo cabello negro recogido en una gruesa trenza, me habría percatado de su preciosa cara e incluso de su cuerpo algo mas voluptuoso y pleno que el mío.
Le sonreí pero fue ella, muy decidida, la que se dirigió a mí, saludándome con un:
- ¡Bonito bikini!
- Gracias, el tuyo también.
No pude mas que contestar riendo. No eran del mismo modelo, diferían ligeramente en la tela, los detalles y el color. Aprovechando el grupo de admiradores que nos rodeaba babeando terminé de repartir los folletos que me quedaban en las manos.
Cogiéndola de la cintura desnuda con mi brazo le propuse que nos dejáramos fotografiar un rato. Al oído le dije:
- ¿Dejamos que estos chicos tan simpáticos nos hagan unas fotos?
Ella estaba encantada de exhibirse, de lucir su bello cuerpo. Flashes y un montón de cámaras y móviles nos apuntaban mientras nosotras posábamos con naturalidad. Incluso uno de los aficionados nos dejó un par de pistolas laser, para completar la coreografía.
Si aquellas fotos colgadas en mis redes sociales no me valían para progresar y conseguir mas contratos de azafata o modelo no me llamo Lorena.
Pero en ese momento toda mi atención la tenia la piel suave de la morena que tenía cogida de la cintura. Hablándole al oído, mis labios casi pegados a su pequeña orejita para que no me oyera nadie mas que ella, le pregunté por el motivo de su disfraz.
Me contó que por gusto, que era tan friki como cualquiera de los que babeaban a nuestro alrededor y que le gustaba todo aquello.
-¿Por qué Leia? y ¿por qué ese bikini? .
- Soy tan friki como todos estos. Me gusta la ciencia ficción y este es el más sexi que he encontrado. ¿No te gusta?
- Me encanta. Por eso te lo preguntaba. Y me gusta más como te queda a tí.
- Tengo algún disfraz más en casa pero este lo estreno hoy.
Sonriendo y salivando al rozar su fino cuello con mis labios le dije:
- Me encantaría que me lo contaras todo sobre el tema, yo soy primeriza. Pero me está gustando. Me gustaría que me enseñaras el resto de tus disfraces y cosplays.
Ella parecía estar a gusto con mi coqueteo y noté en mi oreja el suave y húmedo roce de la punta de su lengua.
- Cuando termine esto hoy podemos ir a tomar un refresco a mi casa. No está lejos. Y te lo enseño todo.
La promesa implícita en ese "todo" me puso los vellos que había depilado esa misma mañana de punta. Cuando me respondió que en su casa podríamos disfrazarnos juntas, estaríamos solas, me derretía.
Al rato la megafonía anunciaba el final de la jornada. Pasamos ese tiempo juntas, me acompañó a repartir los últimos folletos y provocamos al personal meneando las caderas y la tetas. Las dos juntas éramos algo espectacular y todos babeaban a nuestro paso.
- Ya estoy lists. ¿Nos vamos?.
Recogí la mochila de la vestuarios. Pero no me molesté en cambiarme y salí con el disfraz. Ella no había llevado ropa de recambio así que andábamos por la calle casi desnudas.
- Estamos llamando la atención.
- Mejor, que nos miren.
Aprovechando el calor de la tarde de verano nos dirigimos a su domicilio andando llamando la atención por la calle con nuestros escasos atuendos. La gente se nos quedaba mirando por lo sexis que íbamos, pero muchos reconocían el disfraz. Una razón más para quedarse pegados mirándonos.
- ¡Bésame!. Lorena.
Me acorraló en el ascensor buscando mi boca con sus labios. Abrí los míos recibiendo su lengua juguetona cruzándola con la mía. Chupando sus labios y cambiando la saliva de boca una y otra vez. Ya no podíamos esperar más. Demasiado habíamos aguantado.
Éramos pura lascivia. Mientras mis manos recorrían la descubierta piel de su espalda. Bajando hacia su culo.
Pasamos ante su boquiabierto y guapo hermano sin despegar las manos del cuerpo de la otra, camino a su dormitorio. Sólo pude echarle un vistazo pero me pareció muy atractivo, casi tanto como ella.
Ya en su cuarto, encerradas tras un pestillo y a salvo de más miradas indiscretas pudimos dar rienda suelta a nuestra lujuria. En ese momento nos olvidamos de los demás disfraces y lo dejamos para más tarde muy ocupadas la una con la otra.
- Aquí estamos tranquilas.
Levantó la gasa que colgaba del cinturón de imaginación a metal sobre mi tanga para admirar mis largas piernas mientras sus rotundos muslos dejaban la ligera falda de su disfraz entre ellos. Su mano subía por la cara interna de mi muslo acariciando mi piel. Su lenta caricia me quemaba.
Pronto noté sus dedos juguetones haciendo a un lado mi tanguita buscando los labios húmedos de mi coño. Cuando quise darme cuenta ya estaba desnuda de cintura la abajo.
Seguíamos besándonos mientras su maníta juguetona deshacía mi escaso atuendo. Ella fue a por mi cuello y orejita, sabía que era una de mis zonas erógenas.
- Sabes dulce.
Yo en cambio fui a por sus enormes y preciosos pechos librándolos de la rígida pero escasa prisión que los contenía. Arrojé el sujetador sobre su cama y me agaché a comer sus duros pezones.
- Son maravillosos.
Asomaban del resto de su teta como un par de garbanzos de color granate. Podría arañar cristal con ellos y jadeaba mientras yo los tenía entre mis labios y dientes y los acariciaba con la lengua.
Para entonces ella ya tenía dos dedos clavados en mi coño. Y mis suspiros hacían que gotas de mi saliva humedecieran su pecho. Me dejaba llevar aunque me pudiera oír su hermano al otro lado de la puerta.
- ¡Joder! ¡Si!. Eres buena, nena.
Levanté sus brazos para lamer sus axilas, quería saborear toda su piel. No tenía prisa. Bajé lamiendo el vientre con una ligera curvita. Me detuve un momento en su ombligo provocándole algunas cosquillas que la hicieron reír.
Ella llegaba con sus manos a acariciarme los pechos y los hombros. No las separaba de mi cuerpo. En ese momento aprovechó para sacarme el sujetador de chapa. Ella conservaba el cinturón, la falda de gasa y el tanga. Así que tenía que deshacerme de ellos antes de llegar a su tesoro, mi tessssoro.
- ¡Desnúdame!
Quitárselo no me costó mucho y ella colaboró levantando el culo generoso del colchón. En un momento hice todo eso a un lado y poco más tarde todo terminó en el suelo donde se mezclaron nuestros disfraces.
Su xoxito era delicioso, el monte de venus abultado bien depilado y suave. Los labios mayores gruesos se abrieron al primer roce de mi golosa lengua. A esas alturas ya chorreaba y pude degustar sus jugos sin perder un segundo más.
- ¡Qué rica estás!.
Estaba deliciosa y quería compartirlo con su lengua en un nuevo beso lascivo y profundo. Sus dedos empezaron a masturbarme con suavidad, pero yo hacía lo mismo, mientras cruzábamos las sin hueso fuera de nuestras bocas.
Me corrí ahogando mis jadeos con sus besos. Y se que a ella le pasó lo mismo.
- Levanta, quiero verte desnuda del todo.
Lo hice, me exhibí para ella, para sus profundos ojos azules. Giraba y modelaba ante su mirada como si aún llevara puesto el cosplay. Incluso me separé las nalgas para indicarle que por detrás también me gustaba mucho y abrí los labios de la vulva.
Se levantó y se acercó. Sujetó mi cintura para atraerme hacia sí. Me apretó contra su cuerpo.
- Baila conmigo.
Pasé la brazos por detrás de su cuello y acaricié su nuca. Sus manos habían pasado de mi cintura a mi culo y tiraban de mi cuerpo con más fuerza. Nuestros pechos se frotaban juntos. La música sólo la oíamos en nuestras cabezas pero la situación era muy sensual.
Nunca había bailado desnuda con otra persona. Mi muslo se introducía entre los suyos llegando a notar en mi piel el calor y la humedad de su vulva. Bajé una mano por su torneada espalda acariciando por el camino la línea de la columna.
Agarré una de sus poderosas nalgas y mis dedos se deslizaron por la raja buscado el ano. No me lo negó. Pronto empecé a introducir el índice por el agujerito de músculo que me lo apretaba.
Soltó un gemido que intentó disimular escondiendo la cara en el hueco entre mi hombro y cuello y dándome un ligero mordisco. Se había dado cuenta de lo que gustaba eso.
Al ver lo que hacía ella me imitó y pronto noté uno de sus dedos penetrándo mi ano. Seguíamos bien pegadas, en ese momento me hubieran tenido que separar de ella con una grúa. Y por cómo sujetaba mis posaderas a ella le pasaba lo mismo.
Empezó a buscar mi boca, mi lengua de nuevo. Y yo se la dí. Las sin hueso parecían dos serpientes enredadas en una cópula salvaje. Ahora me empujó con suavidad al colchón.
Fui yo la que separé bien los muslos, todo lo que podía y soy muy flexible, para hacerle hueco entre ellos. Por supuesto que aprovechó. Incluso levantó mis piernas con la fuerza de sus brazos. Hasta separar mi espalda de la sábana.
Se metió uno de mis pies en la boca, lamiendo mis dedos. Joder, que bueno. Su lengua subía por mi pantorrilla, despacio llegando a la cara interna del muslo.
Estando así de ofrecida clavó la lengua en mi coñito. Absorbía mi clítoris entre sus labios. Empujó más mis piernas hasta que mis rodillas tocaron mis pezones. Y entonces empezó a lamer todo.
De mi espalda al pubis sin dejar un solo rincón. Dándome un montón de orgasmos, me corría una y otra vez con su habilidosa lengua. Cada vez que llegaba al ano me derretía. Y parecía que no quería parar.
- ¡Me corro!
Tenía muy claro lo que estaba haciendo y se esforzaba en ello. Y era yo la beneficiada, la que se corría como una loca sobre su colchón, jadeando y gimiendo.
Después de todo el día de pie, exhibiéndome y repartiendo folletos y la paliza que ella me estaba dando no necesitaba más que un abrazo para relajarme. Parecía que ella me leía el pensamiento. Se acostó a mi lado y me tomó en sus brazos tierna.
Me sentía bien allí. Con su cuerpo voluptuoso bien pegado al mío. Descansando, relajadas, sin preocuparnos de nada más. Anochecía cuando decidimos movernos.
- ¿No querías ver alguno de mis disfraces?.
- Pues claro, me interesa todo lo tuyo.
Le contesté apretando uno de sus pechos con cariño. Me incorporé en la cama expectante. Ella se dirigió a su armario y abrió dos puertas. Allí tenía bien colgada en perchas y ordenada su ropa y entre ella estaban los cosplays.
Empezó sacando el de colegiala japonesa, muy típico. A primera vista apostaría a que la faldita no llegaría a cubrir sus poderosas nalgas. Le quedaría fantástico.
A su lado había un mono de lycra que debía quedarle tan pegado que parecería pintura corporal. Sería el mono de vuelo e un piloto de mecha.
Sobre la cama, a mi lado, extendió un vestido de princesa confeccionado con una gasa tan trasparente y fina que se podría ver perfectamente la lencería que llevaba debajo. Si llevara alguna.
También había un body hecho con tiras de finísimo cuero. Sería para hacer de esclava de Orión o de guerra bárbara.
El uniforme de enfermera de Star Trek también tenía una falda cortísima. Pensaba que serían sólo uno o dos. Pero aquello parecía interminable.
- Se que algunos te quedarán bien, si algún día quieres acompañarme a otra convención, o podemos disfrutarlos a solas.
- Si tu quieres, por supuesto. Lo hacerlo juntas también me parece muy interesante.
Le sonreía lasciva mientras me enseñaba sus cosplays desnuda ante mí.
- Quédate a dormir y mañana vamos juntas al segundo día de la convención.
Aquél trabajo tuvo para mí muchas implicaciones, puede que relate algunas de ellas en otros cuentos.
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martes, 10 de enero de 2023
El gigoló se cruza con la travesti
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No soy un gigoló aunque me dedico a seducir mujeres por dinero. ¿Que soy? ¿Prostituto? Ni siquiera es el dinero de ellas, ni es mi única fuente de ingresos.
Me lo tomo como si hiciera buenas obras, una especie de trabajo social, un hobby placentero. El rumor corre de boca en boca y así es como hago nuevas "amistades".
La cosa empezó como una broma. Un, no puedo decir colega pues es más bien un impresentable, dejó caer que su hermana era tan horrorosa que no encontraba a un tío que follase por muy borracho que fuera. Yo acepté el desafío, supongo que ese día iba muy borracho.
Al final la chica no solo no era tan fea sino que es una bellísima persona, desde luego mucho mejor que su hermano. En resumen nos lo pasamos muy bien los dos. Ella fue la primera y a partir de ahí surgieron más oportunidades. El asunto es un complemento para mis ingresos aparte de mi sueldo normal.
Los clientes son los maridos, amigos y amigas e incluso padres o hermanos. Alguien que quiera hacerlas disfrutar o pasar un buen rato o como regalo. A veces me dan datos sobre la victima, perdón, objetivo. Otras solo una descripción o un numero de habitación de hotel.
Y normalmente no son ni jóvenes, ni guapas, eso no es importante. Tampoco es que yo sea un adonis, no tengo mal cuerpo ni rostro, pero tengo cierto encanto, labia o como queráis llamarlo.
Así que al entrar en esa cara suite me sorprendí al ver a aquella tímida joven. Tendría diez y ocho o diez y nueve años enfundada en una ropa no demasiado sexi.
Llevaba una falda larga de tela ligera por debajo de las rodillas, la blusa tapaba todo el torso excepto parte de sus brazos finos, blancos, suaves.
El negro cabello caía por debajo de sus hombros. Su cara bonita adornada con un suave maquillaje. Los ojos pardos eran profundos, podía perderme en ellos.
Parecía tímida cuando me abrió la puerta, me habían dicho que se llamaba Noelia. Nerviosa, jugaba con la punta de un mechón de su cabello retorciéndolo entre sus finos dedos.
Lógicamente no me lancé de inmediato sobre ella. No soy ningún depredador. Me presenté e intenté hacerla reír con algunas bromas tontas. Su voz apenas era un susurro, un dulce y suave susurro. Conseguí arrancarle el primer beso, un suave roce en los labios.
- Hola, soy Alex. Tu hermana nos reunió aquí.
- Yo soy Noelia. Sí, me ha dicho que eres dulce y cariñoso y que puedo dejarme llevar contigo.
- Espero que pronto confíes en mí, sí.
Me lo devolvió, tímida, pero un poco mas fuerte con sus manos entre las mías. Eran suaves, me gustaba acariciárselas, con las uñas perfectas pintadas de rojo brillante.
- Eres muy bonita, eso no debería impedirte tener relaciones. ¿Eres tímida?.
- Algo así. Sí.
Despacio fui incrementado la fuerza de mis besos buscando más y más. Sus labios, su lengua con la mía que entregó al primer roce. Empezamos a cambiar saliva y ella me daba la suya. Me di cuenta de que se lo estaba tomando cada vez con más ansia.
Solo separó los labios de los míos para decirme con una voz baja y suave y ronca por la excitación. Que fuera tierno con ella que era virgen.
- Nunca he estado con nadie. Ten cuidado por favor.
- Por supuesto, iremos a tu ritmo. Sólo relájate y déjate llevar por tus deseos, por tu imaginación.
Sonriendo le dije que por supuesto lo sería. Llevé una de sus manos a mi pecho para que me acariciara. Para que se soltara y empezara a conocer el cuerpo de un hombre.
Ni siquiera toqué el suyo hasta que ella me quitó la camisa. Dejé que sus manos siguieran las lineas de mis pectorales y abdominales para que cogiera confianza. Acariciaron mis pezones con suavidad, casi con respeto.
- Estás muy bueno. Has trabajado estos músculos.
- Me cuido. Y ahora te toca a tí, me gustaría ver más de ese cuerpo que escondes tanto.
Por fin la puse de pie y abrí su vestido al completo dejándolo caer al suelo. Su lencería carisma dejaba al descubierto su blanca piel, sus pechos menudos, apenas insinuados y una cadera fina, tan delgada era que se le marcaban los huesos, las costillas.
Se colgó de mi cuello para volver a besarme casi con desespero y yo por fin pude agarrar su prieto culo para pegarla a mi cuerpo. La suavidad de su piel me estaba volviendo loco. Volvió a darle otro ataque de timidez y solo dijo:
- Perdóname.
- ¿Por qué?. No has hecho nada malo.
Mientras cogía mi mano, la llevaba a su pubis. De entre sus muslos había empezado a salir una polla que sin ser grande no era precisamente pequeña. Fina y recta, bien depilada, me desafiaba a rechazarla. Y parecía que nuestros besos y caricias la estaban poniendo bien dura. Tuve que apartar el encaje de la braguita para que no le hiciera daño.
Tenía que estar ciego para no haberme dado cuenta antes, pero me había despistado su timidez. No es que me gustara el engaño en que había caído. Pero la dulzura de aquella virginal muchacha hizo que volviera a besarla sorbiendo su lengua.
- No pasa nada. Para mí eres toda una mujer. Y lo vamos a comprobar. Sin prisa.
Prometí que no me iría sin hacerla mujer. Deseaba arrancancar la braguita de encaje y el sujetador a juego para disfrutar de la vista de su hermoso cuerpo andrógino desnudo.
- ¿Te hormonas?.
- Desde hace poco, sí.
- Parece que te queda bien. Muy bien, por lo que estoy viendo. Vas a ser una mujer preciosa.
Creo que hasta se ruborizó con mis palabras. Pero ella se estaba excitándo a pasos agigantados y queria más. Con mis caricias su polla se había puesto bien dura.
A mi también la situación y tener esa bonita estaca en las manos me estaba poniendo muy cachondo. Seguí desnudándola, con una sola mano solté el broche del sujetador y me quedé con la leve prenda en la mano.
Al fin pude contemplar los pequeños y duros pechos. El pezón orgulloso, rojo oscuro, coronando dos conos de carne apenas apuntados. De besar sus dulces labios pasé a la oreja, el cuello, el hombro y esas tetitas que me llamaban.
No soltaba su cadera, pero aún no quería librarla del delicado tanga. Solo seguía lamiendo su piel. Pasé por sus axilas, las costillas marcadas en busca del vientre plano y el ombligo. Mi legua humedeciendo su epidermis suave. Sus gemidos de placer alagando mis oídos.
Cuando por fin llegué al pubis era el momento de bajar el tanga por sus largos muslos. Aún quedó unos segundos retenido por la dureza de su polla. Pero conseguí sacarla por sus cuidados pies sin más incidentes.
Aprovechando que tenía mis manos por allí los leve a mi boca y me puse a chupar los dedos. Quería que se diese cuenta de que ninguna parte de su cuerpo me producía rechazo antes de llevar su rabo a mis labios. Y que todas ellas podían darle placer.
Subí lamiendo la pantorrilla y la cara interna de los muslos hasta que sonriendo y mirando sus bonitos ojos castaños pasé la húmeda por sus suaves y depilados huevos. Me dediqué a chuparlos un rato.
De ahí pasé a deslizar la húmeda por el tronco, fino y recto, con las venas bien marcadas, hasta llegar al glande, tan morado como el interior de una granada y duro como una roca.
- ¡Para! Vas a hacer que me corra.
- Mejor, déjate llevar.
Recibí su semilla en la boca con gusto. Desde luego no era la primera que probaba y sí la persona con la que estaba me gusta lo hacía encantado. Pero con ella fue especial.
Paladeé ese manjar un segundo antes de incorporarme y dárselo a probar en un lascivo beso. Abrió la boca recibiendo mi lengua, mi saliva y su semen con ganas atrasadas de lascivia.
Agarré su pétreo culito pegando su cuerpo al mío. Temblaba de anticipación y deseo. Besé su cuello y orejita. Le dije:
- ¿Quieres probar la mía?.
- Estoy deseándolo. Es mi primera polla. ¿Sabes?.
- Lo imaginaba, haz lo que quieras y lo que deseo yo, tanto como tú.
Le dije sonriendo. Me tumbé a su lado en el colchón. Aún respiraba fuerte, excitada. Abrí las piernas para que se pusiera cómoda entre mis muslos, de rodillas.
Ver su carita de vicio orientada hacia mí, algo tapada por los mechones que escapaban de su melena, mirándome a los ojos me excitaba mucho. Podía distinguir los pechos apenas apuntados. Había escondido su polla ya flácida tras el orgasmo entre sus piernas, debía ser su costumbre. Lo hizo sin pensar.
Durante un rato estuvo contemplando mi rabo, tenía una cara de vicio impresionante. Moviéndolo con la mano de lado a lado para verla entera. Levantado los huevos. Su curiosidad me estaba poniendo cardíaco.
Por fin se decidió a pasar la lengua por mi piel. Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando lo hizo. A partir de ahí todo fue rodado, empezó a chuparme los huevos. Subir por el tronco con la sin hueso hasta el glande.
Intentó tragarla pero le dio una arcada.
- Tranquila cielo. Eso no hace falta en absoluto. Solo lamela. Chupa el glande y los testículos como caramelos. Piensa en lo que te gusta a tí. De todas formas vas a conseguir que me corra. Puedes hacer feliz a cualquier hombre con esos labios y lengua.
Le decía bajito, suave, acariciado su cabello y hombros con ternura.
- Pero yo quiero más, lo quiero todo.
- No seas ansiosa, no tenemos prisa y ya te lo he prometido. ¿Querrías follarme a mí?.
Intercalaba sus entrecortadas frases con lamidas a mi polla y gemidos de placer, pues de vez en cuando llevaba una mano a su polla y la acariciaba con suavidad. Se estaba volviendo a poner dura.
- ¿Me dejarías?.
- Todo lo que desees cariño.
- Y ¿Tú me vas a penetrar?. Quiero que me hagas mujer, pero tengo miedo de que me duela.
- Para eso está el lubricante. Vamos a hacerlo los dos. Solo disfrutar.
Con la húmeda repasando mis genitales y la conversación estaba más que excitado.
- Me voy a correr, cielo. ¿Donde quieres mi semen?
- No voy a perderla. En mi lengua.
Y así fue, siguió chupando hasta que me derramé en su boca. No se conformó y subió a besarme compartiendo mi lefa en un nuevo beso. Cruzamos las lenguas durante un rato sin dejar de explorar nuestros cuerpos en suaves caricias.
Los dos queríamos más. Ella buscaba mi polla que con sus caricias y nuevos besos volvía a ponerse dura. Yo acariciaba su culo, deslizaba un dedo por su ano, empezando a dilatarlo. Sin prisa con ternura.
Alcancé el lubricante y empecé a ponerlo con un dedo, luego dos abriendo su duro culito. Ella gemía.
- Montáme tú. Así tendrás más control.
Esparció más lubricante por mi rabo con su manita dulcemente. Haciendo que se pusiera más dura. Me tumbé boca arriba con la polla apuntando al techo.
Su cadera parecía pequeña entre mis manos mientras la subía encima de mí. Con las rodillas a los lados de mi cuerpo fue bajando poco a poco el culo. Mi polla entraba despacio pero firme. En ningún momento se echó atrás.
Los gemidos que salían de sus voluptuosos labios me indicaban que no le estaba doliendo y que le gustaba su primera vez.
- ¡Ufff! Que rico.
- Despacio, siéntela.
Aproveché para acariciar su dura polla que apuntaba hacia mi cara. Pellizcaba sus pezones con suavidad. Pero no quería que se corriera, la reservaba para mi culo.
Ella sí buscaba mi semen en su recto. No dejó de moverse arriba y abajo, sin prisa pero firme hasta que yo tuve mi orgasmo.
Se derrumbó, cansada, sobre mi pecho besándome el cuello, los labios y hasta los pezones. Yo la acariciaba con ternura, el cabello, la espalda y hasta sus duras nalguitas.
Su nabo duro estaba apretado entre nuestros vientres. Latía deseoso de descargar. Y yo quería que lo hiciera dentro de mí. Así que la levanté y me ofrecí. Quería ver si cara de vicio mientras me follaba.
Me tumbé de espaldas y abrí bien las piernas, levantadas hasta mi pecho.
- Te toca. Dilátame y lubrícame.
Clavó dos dedos con un buen pegote del pringue en mi ano. Yo notaba como hurgaba en mi interior. Me encantaba la sensación, estaba gozando.
- Venga póntelo en la polla y clávamela.
Con una sonrisita perversa empezó a acariciar su recto mástil con el lubricante. Los pezones parecía que querían escapar de su pecho.
-. ¿Estás listo?.
- Ansioso. Dale.
Apoyó el glande en mi ano y empezó a empujar despacio. No era mi primera vez, pero tampoco es que estuviera muy acostumbrado a tener un rabo en el culo. Ayudaba el que el suyo fuera finito y que se lo estuviera tomando con calma.
No me dolió gran cosa y empecé a gemir y jadear como había hecho ella un rato antes. Se inclinó y empezó a acariciar mis pezones mientras me follaba.
Me di cuenta que empezaba a soltarse a pasos agigantados. Iba a hacer feliz a sus siguientes amantes con su morbo y lascivia.
Recibí en mi culo su semen e hizo algo que nunca hubiera imaginado cuando la vi entrar en la habitación. Se inclinó y empezó a lamer mi ano recogiendo el semen que salía cuando yo apretaba los músculos del vientre. Casi me vuelvo yo a correr en ese momento. Y ni siquiera tenía el rabo completamente duro.
La atraje entre mis brazos para descansar y recuperarnos.
- Si que estás aprendiendo, más de lo que te he enseñado.
- Eso es por que eres un maestro estupendo.
Me sonreía mientras me abrazaba con fuerza. Y yo la sujetaba entre mis brazos.
- ¿Estás contenta?.
- Ha sido genial. Lo estoy disfrutando mucho. Creo que estoy cogiendo más confianza.
- Deberías vestir más sexy. Estos trapos no te hacen justicia. Tienes unas piernas muy bonitas, lúcelas.
- Hasta ahora no me atrevía. Quería ser invisible. Pero creo que poco a poco tendré más confianza para enseñar algo más.
Le iba arrancado confesiones mientras nos acariciábamos. Hacer un poco de psicólogo es parte de ese trabajo. Claro que es más fácil hacerlo desnudos, muy juntos en una cama que en un diván en una consulta.
Me contó que su hermana, que nos había reunido en esa habitación de hotel era quien más le estaba apoyando. Y que su determinación era firme.
Desde entonces ha seguido mejorando y ahora es una bellísima mujer con una polla fina y recta que me da placer de vez en cuando. Así como la mía le da gusto a ella, ya sin dinero de por medio.
Hemos quemado los trapos tras los que ocultaba su bello cuerpo. Viste mucho más sexi. Follamos juntos por que nos apetece y nos gusta.
...
sábado, 24 de diciembre de 2022
Coxman
Este es mi particular homenaje a un libro erótico que leí hace años. La premisa era.... bueno juzguen, pero resultó divertido de leer.
"Sufro" de priapismo, para quien no lo sepa y diciéndolo para que todo el mundo lo entienda es que siempre tengo el rabo duro. La enfermedad fue nombrada en honor al dios romano de la virilidad Priapo. Como podrán imaginar eso supone algunos inconvenientes.
Lo más peliagudo es a la hora mear, lógicamente tengo que hacerlo sentado. En algunos casos la enfermedad es dolorosa, yo tengo suerte y no es así. No me duele y puedo tener incluso orgasmos múltiples, correrme varias veces en poco rato con la estimulación adecuada.
La estimulación puede venir de chicas, de chicos, de transexuales o de todos la vez. Me gusta hacer uso de ese don lo más que puedo. Y siempre hay personas que agradecen tenerlo en sus manos... o en cualquier otra parte de sus anatomías, bocas, coños, culos.
Pero no sólo de polla vive el hombre, me gustaba hacer uso de todo mi cuerpo para disfrutar. Y dar placer a todo el cuerpo de mis amantes, no solo a los genitales. Para aprender formas mejores de placer me dirigí a la India. El lugar donde escribieron el Kama Sutra sería un buen sitio donde investigar ese aspecto.
Tomo un avión en el J. F. K. y me planté en Calcutta en unas horas. Y eso que el súper constellation no es un avión rápido. Sé que durante el vuelo las azafatas se han fijado en mi prominente paquete y que no se me ha bajado en todo el tiempo.
Alguna se ha sentido halagada por ello pensando que era por su desde luego bonito cuerpo y sus reducidos uniformes. Y en algún caso algo ha influido, como en el de la rubia de muslos interminables cuya faldita apenas los cubría. Cada vez que se inclinaba podía ver sus braguitas trasparentes. Se llama Lola.
O incluso el chico que iba en la fila de delante, su vaquero marcaba un paquete muy respetable aunque no estuviera duro todo el tiempo y un culito duro y respingón.
Al bajar del avión lo primero que noté fue el calor, abrasador y húmedo. Tuve que librarme de la americana y la corbata lo más rápido posible. El sudor enseguida mojó la camisa en la zona de las axilas.
En la misma terminal me alcanzaba Lola con una pequeña maleta. Compartimos taxi hasta el hotel. Por suerte no me importan los gastos y es el mejor alojamiento de la ciudad. Esa noche Lola comparte mi cama.
Me ofrece todos sus orificios para que los disfrute con la lengua y con la polla. Y a la vez ella penetra alguno de los míos con su lengua y dedos. No es una chica que se conforme solo con recibir placer, también quiere darlo.
Al día siguiente decidimos explorar los templos y los festivales de placer, las orgias sagradas dedicadas a sus dioses ancestrales. Lola apenas cubre su cuerpo con una ligera y pequeña tela que ella dice que es un vestido. Ni lencería se ha puesto. ¿Para qué? Seguro que desaparece enseguida.
Yo tampoco llevo nada debajo del fino pantalón de lino así que también iba marcando mis dones naturales. Paseábamos sin prisa contemplando la belleza y el exotismo de sus gentes.
Vara es una sacerdotisa devadasi. Nos recibe a la entrada de su templo vestida con un fino sari. La sensual prenda la cubre casi por entero, pero también la desnuda debido a la delgadez del tejido.
Es un honor para dos occidentales ser saludados por tan alta personalidad. Es una belleza morena de profundos ojos castaños y curvas sensuales y voluptuosas. Su pecho destaca apuntando sus duros pezones hacia nosotros en la fina tela que los cubre.
Nos muestra el enorme recinto donde se están preparando los festejos del día siguiente. Unas cuantas bellas muchachas vestidas con saris, semejantes al de su jefa, que marcan la belleza de sus formas se dedican a limpiar el lugar y decorar las estatuas.
La invito a cenar con nosotros en el restaurante más caro de la ciudad. Con un vistazo a mi polla dura marcada en el pantalón acepta, supongo que pensando en lo que podía pasar después. Tras la cena la sacerdotisa acepta acompañarnos a la suite, besándonos en los labios tanto a mí como a la dulce azafata rubia.
Ellas empiezan solas mientras yo paso al baño a darme una ducha. Al volver únicamente cubierto por una pequeña toalla las puedo contemplar en acción sobre el enorme colchón, acariciándose e intercambiando saliva.
Al entrar en la cama me agarro a los pechos poderosos de Vara que en ese momento tiene sus manos en el coño de Lola y embisto al culo de esta con toda la fuerza de mi polla. Lo tiene bien dilatado y lubricado y me es relativamente fácil entrar. Lola se corre bien pronto por las caricias que mis manos le hacen a su coño y las que Vera le propina a sus tetas duras y contenidas.
Ellas continúan besándose y mis labios se deslizan sobre los hombros y nuca de Lola. Cuando esta separa su boca de la de la hindú y se dedica a sus hombros cuello y tetas. Vara se lanza sobre mi boca por encima del hombro de Lola.
Por fin nos corremos todos y yo paso por encima de Lola para quedar entre las dos mujeres de cara a la bella hindú. A la que meto mi polla por la vulva y comienzo a moverme suave.
A la vez ella se restriega contra mi cuerpo, pasando sus brazos hacia atrás para acariciar los senos y el coño de Lola a la que masturba mientras Lola me hace cosquillas en los testículos, en la raíz de mi polla y en los labios del coño de Vara con una mano y con la otra le acaricia el culo a la morena y le mete los dedos en el ano.
Pronto tenemos un orgasmo y el siguiente no se hace esperar. Entonces Lola se hace con mi pene deseosa de beberse todo el semen que pueda a la vez que me metía dos dedos en el culo.
Vara no se conforma y metiéndose entre las piernas de Lola le chupa el coño como si se le fuera a acabar el jugo, cosa imposible. También logro ver como mete dos de sus dedos en su propio coño o como se pellizca el clítoris hasta correrse varias veces.
Yo podía acariciar la cabeza, hombros pechos y parte de la espalda de Lola, que jugando con su lengua o mordiéndome suavemente el glande o apretando este contra su paladar. Mientras acariciaba el tronco con la lengua, dientes y labios me proporcionaba las más deliciosas sensaciones, continuamos haciendo el amor por algunas horas.
No hemos dormido mucho ninguno de los tres. Pero eso no nos importa. A mí por mi especial condición física siempre estoy dispuesto a nuevos placeres.
Lola está a un paso de un diagnóstico de ninfomanía y le encanta el placer venga de donde venga. Y Vara por su condición de prostituta sagrada tiene un entrenamiento tántrico que le permite dar y recibir gusto durante horas sin cansarse.
Por la mañana después de un sustancioso desayuno volvemos al templo. Ahora estamos en una de las orgias rituales en el templo en una de las festividades en honor a los dioses del sexo. Al poco tiempo pierdo de vista a la dos mujeres entre la multitud desnuda y deseosa de gozar.
Cerca de mí veo como un hombre y una mujer se abrazan y cómo la polla le entra lentamente en el coño a la mujer, entonces yo me hago con su culo y empiezo a acariciar sus nalgas. Poco después comienzo a introducir mi pene en su ano y acariciándola por todo el cuerpo.
Llevo mis manos a sus tetas pero también acaricio su coño, la polla y los huevos y el culo del otro hombre. Cuando ya he eyaculado un par de veces en su culo siento cómo una cabeza se mete entre mis piernas para chuparme y mordisquearme los huevos.
Para facilitar esa labor saco la polla del ano y la meto en la boca de la mujer que tenía entre mis piernas y siento una boca y una nariz que buscan mi culo lo acarician y besan. Mi culo y espalda. Es el tío que folla el coño de la mujer que tengo debajo. Ellos ya llevaban un rato disfrutando y cuando tuve el orgasmo en la boca de la mujer él me ofreció su vulva donde me introduje acariciando sus pechos grandes y su espalda.
Entonces fue él quien cogió mis nalgas, las abrió y metió su polla en mi culo. Sus manos me tocaban los testículos a la vez que follaba a la chica y me follaban por el culo. Que orgasmos tuve sintiendo todo eso. Luego el hombre se marchó buscando otra mujer cuando se corrió en mi culo.
Y yo busqué el ano de esta de la que ya conocía el coño. Se nos acercó otra chica admirando mi potencia, la besó a ella primero, luego a mí, y acarició y lamió todos nuestros cuerpos mientras le follaba su poderos culo hindú.
La atendí de inmediato por delante mientras nos besábamos en la boca, dándonos saliva en cantidad, en el cuello y los hombros. Ella había pillado a otro hombre con sus manos y le acariciaba y le obligó a follarla por el culo.
Me entretengo algo con estas furias eróticas que tengo encima. Siento como unas manos me arrancan el pantalón y la camisa. Una de ellas se apodera de mi polla con la boca y le da furiosas lamidas. Otro hombre me besa en la boca y acaricio su pecho y pellizco sus pezones. Con la otra mano me apodero de la vagina de una joven y la hago gozar.
Otras y otros me acarician todo el cuerpo y cuando eyaculé unas cuantas apartaron a la primera de mi polla. Una de ellas logra encajarla en su coño que es muy estrecho y me hace disfrutar lo indecible, cabalga como loca y cada vez que entra mi rabo en su coño lanza un grito de placer.
Otra de ellas se sienta sobre mi cara dejando al alcance de mi lengua un hermoso culo que chupo y acaricio con labios, lengua y nariz. Hasta que también es apartada y su lugar lo ocupa otra que prefiere darme a chupar su coño. Pronto mis besos y lengua hacen que sus labios se relajen y permiten entrar la lengua en la hermosa y caliente cueva.
También me hago con su clítoris que acaricio con la punta de la lengua humedeciéndolo aún más o besándolo con los labios. La chica pronto se corre y recojo todos sus jugos. Mis manos recorren el cuerpo de dos mujeres a mis costados.
Sus morenas pieles bien podían competir en suavidad con las de cualquiera. La chica que tenía en mi polla cede el puesto a un chico que se clava mi rabo en el culo disfrutando ambos como locos.
......
martes, 6 de diciembre de 2022
El piso de estudiantes de enfrente
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Han alquilado el apartamento de enfrente como piso de estudiantes. No es que la anciana pareja que vivía antes y se ha mudado a la Costa del Sol fuera una bicoca pero desde luego no molestaban mucho.
Con dos puertas por planta suponía que a partir de ahora los nuevos vecinos podían convertirse en un suplicio.
A mis cuarenta y tantos me había acomodado en mi estilo de vida de solterón, tras el divorcio. Buey suelto bien se lame, que decía mi abuela. Diciéndolo como algo más práctico, yo me lo guiso, yo me lo como.
Aunque no me comía un colín, llevaba un mes en dique seco. No había conseguido echar un polvo en bastante tiempo y no es que sea muy escogido. Había probado de todo y me gustaba variar, al menos en el pasado.
Estaba relativamente equivocado en lo referente al piso. Universitarios jóvenes, guapos y por lo que fuimos viendo con el tiempo, mas o menos formales. Durante la semana se dedicaban básicamente a estudiar sin montar jaleo.
Los fines de semana o se volvían a las casas de sus padres o salían y aunque volvían de madrugada lo hacían lo suficientemente serenos o al menos con cuidado de no despertar a nadie. No habían organizado ni una fiesta los primeros meses así que la desconfianza fue bajando a pasos agigantados.
Siempre he sido simpático y con ellos no me costaba mantener la sonrisa cuando nos cruzábamos en el rellano. La sonrisa y la mirada por sus cuerpos jóvenes, delgados y bellos. Aunque durante el invierno no podía disfrutar mucho de esas vistas. Iban muy tapados, como todos.
Llegó la primavera y el tiempo mejoraba y todos nos íbamos librando de ropa según hacía más calor. Con lo que el espectáculo mejoraba, podía verlos en camisetas finas y de manga corta y en vaqueros ajustados.
Hacía muchos años que no disfrutaba de un cuerpo masculino. Mis ultimas amantes habían sido todas mujeres. Supongo que simplemente por la vagancia de aceptar una cierta normalidad o mi ex-mujer me había acostumbrado al sexo heterosexual.
Así que mi bisexualidad se había refugiado en ver de vez en cuando vídeos gays por internet y las pajas que caían con ellos.
Pero tener aquellos cuerpos así al otro lado del tabique había despertado algo en mí. Y esa sensación la había ido desahogando en el gimnasio y la piscina. Donde además disfrutaba de la vista de otros cuerpos femeninos y masculinos en buena forma física. A veces incluso desnudos del todo en las duchas, los de los chicos.
La sensación y la energía que me sobraba de no follar la gastaba haciendo ejercicio. Así que yo también podía salir en camiseta ajustada sin que me avergonzase una barriguita cervecera.
Una mañana de un sábado de mayo especialmente caluroso llamaron al timbre. Me pilló en calzoncillos, un bóxer de lycra, ajustado y bastante normal. A punto estuve de ponerme algo más encima. Pero lo pensé mejor y me dije que si llamaban a esas horas quien fuera no se molestaría por verme así.
Era uno de los vecinos de enfrente que iba algo más tapado que yo, pero no mucho más. Un pantaloncito de deporte de lycra muy reducido, corto y tan ajustado como mi bóxer.
Su camiseta de deporte, por llamarla de alguna forma, apenas eran dos tirantes que se unían en la parte baja del vientre dejándome ver todo su pecho y los costados de su torso.
Ya le conocía de vista e incluso sabía que se llama Manuel. Es guapo, alto, delgado, el cabello castaño claro, casi rubio y la piel blanca, marfileña.
- Hola, nos hemos quedado sin café. Me podrías prestar algo. Luego salgo a la compra y te lo devuelvo.
- Sin problema, pasa a la cocina y vemos que necesitáis.
- Necesito, yo solo, este finde me han abandonado. Anoche me quedé estudiando y necesito algo para despejarme. Así que lo que tengas a mano me vendrá bien.
- Tienes suerte, normalmente lo tomo soluble pero desde hace unos días tengo café de verdad. Pero necesitas cafetera y no sé si tenéis.
- Tenemos de todo. Nuestras madres nos han provisto bien.
- De todas formas lo estaba preparando. Te puedes tomar una taza conmigo y así ya lo llevas dentro. Si no tienes mucho que estudiar claro.
Sonreí mirando sus formas perfectas y dejando que se diera cuenta de cómo admiraba su cuerpo. Él también recorría el mío con sus ojos azul claro.
- Sería estupendo. Y llevo chapando semanas, lo llevo todo al día. Puedo tomarme un rato de relax. O dos si es en buena compañía.
Me devolvió la sonrisa con sus dientes perfectos. He de admitir que eso del relax me sonó a gloria. Lo llevé hasta la cocina donde estaba preparando mi desayuno. Como no parecía estar molesto por lo breve de mi atuendo no me puse nada más encima.
- Siéntate, eres mi invitado. ¿Como lo tomas?
- Con leche y azúcar, por favor.
A punto estuve de ofrecerle mi leche en ese mismo momento. Pero me pareció muy pronto para eso. Así que le puse una taza, la leche y azúcar delante para que se lo pusiera a su gusto y un pastel de crema. Como buen goloso siempre tenía algo de bollería a mano.
- Así que también te gusta el dulce. Ya somos dos. En esta casa nunca falta.
- Cierto, me encantan las cosas dulces.
Él resultó ser tan goloso como yo. Verle disfrutar del bollito ya fue una satisfacción. Su sonrisa y los mofletes masticando lo decían todo.
- Veo que estás muy cómodo en tu casa. Solo con ese bóxer tan bonito.
- Y no me has pillado en bolas de milagro. Me puedo poner algo más si te incómoda o te puedes quitar la camiseta tú para estar más parejos. Lo que prefieras.
Se limitó a tirar la camiseta sobre el respaldo de una silla.
- ¡Joder!. ¡estás buenísimo!.
Me salió de golpe, sin pensar. Al verlo, así con el torso al aire, no me pude callar.
- Tú no estás nada mal y lo estoy viendo casi todo. Eso que llevas no tapa y marca.
- Si quieres puedo enseñarlo todo. Ya no sería nada a estas alturas. Y ese pantalón que llevas parece pintado sobre tu cadera por cierto.
- Pues por mí no te cortes, con este calor a mi también me gustaría estar desnudo.
Empecé a bajar el bóxer despacio descubriendo mi pubis depilado y la raíz de la polla despacio. Como en un espejo él me imitaba. La lycra de su pantalón de deporte me iba dejando ver más de su piel según se lo quitaba.
Con cada centímetro de epidermis que quedaba al aire me parecía más bello. Por fin las dos pollas algo más que morcillonas salieron al descubierto. Tiramos las dos prendas encima de su camiseta en el respaldo de una silla.
- ¿Nos terminamos el desayuno?.
- Si, claro, yo tengo hambre.
A pesar de la calentura y sensualidad que había en la habitación no teníamos prisa. Volvimos a sentarnos a la mesa, lado a lado, pero mirándonos a los ojos con concentración. Por no mirar a las pollas desde luego.
Su expresión era de pura lascivia, creo que igual que la mía. Cuando sacó la lengua para lamer la crema de un pastelillo ya no pude esperar más. Dejé caer una mano con suavidad sobre su muslo.
Los dedos por la cara interna subiendo despacio hacia su polla. Viendo que habíamos dejado de disimular se inclinó hacia mí buscando mis labios. Su beso empezó siendo suave. Cogiendo mi labio inferior entre los suyos.
Yo le di mi lengua y mi saliva. El beso se fue haciendo cada vez más lascivo. En ese momento noté su mano acariciando mi pecho y pellizcando mis pezones con suavidad, con lo que eso me excita.
Debió notarlo por el jadeo que solté. Así que para ponerme aún más cachondo se inclinó a lamerlos. Para entonces yo ya tenía en la mano su rabo que se había puesto bien duro. Y acariciaba sus suaves y pelados huevos.
- Mejor vamos a la cama. Será más cómodo.
Me levanté y durante el segundo que le dí la espalda para dirigirme a mi dormitorio aprovechó para besar una de mis nalgas. Como aún estaba sentado le fue fácil.
- ¿Tantas ganas tienes?. Estas muy cachondo.
- Creo que como tú. Llevas un buen rato con la polla apuntando al techo. ¿Hacia mucho que no follabas?
- Seguro que más que tú. Tienes muy buena compañía en el piso.
- No están mal, y nos divertimos pero hoy quería probar algo diferente.
Se pegó a mi espalda poniendo su polla entre mis nalgas y me abrazó por la cintura rodeando cuerpo.
- ¿El café?.
- Mejor la leche. La que guardas aquí.
Rodeó el tronco de mi rabo con sus dedos finos y largos. La acarició un par de veces antes de levantarse y venir detrás de mí. No perdía de vista mi culo, seguro que pensaba en follármelo.
Junto al lecho nos abrazamos buscando la boca del otro. Cruzábamos las lenguas fuera de las bocas. Besaba de miedo, como queriendo saborear toda mi boca, chupando la sin hueso. Dejando caer nuestras salivas hasta los pechos de ambos.
Aprovechando esto se inclinó de pronto a lamer la piel de mi torso. Buscaba mis pezones que se metió entre los labios. Es algo que me encanta, los tengo muy sensibles y jadeaba, ya sin control.
- ¡Sigue! Lame toda mi piel.
Yo alcanzaba a acariciar su espalda torneada, el cuello y los hombros. Levantó mis brazos solo con un gesto y pasó la lengua por mis depiladas, suaves y muy sensibles axilas. Ese chico sabía como excitarme.
Le dejé hacer por supuesto Me estaba poniendo a mil. Siguió lamiendo mi vientre, metió la húmeda en el ombligo y un rato más tarde estaba besando el pubis y la raíz de la polla. Ésta
durísima apuntaba directamente al frente.
Pasó de largo y se metió mis huevos en la boca. Antes de seguir me empujó a la cama para estar más cómodos y que yo pudiera también acariciarlo. Mejor todavía él pensaba en un sesenta y nueve. Así que dejó su bonito y depilado rabo al alcance de mis labios y lengua.
Además agarré con fuerza sus nalgas. Las separé para poder acariciar el ano. No podía gemir pues para entonces ya tenía mi verga en la boca y viceversa evidentemente.
Ya no paramos hasta corrernos en la boca del otro. En vez de tragar su lefa la guardé en la boca para dársela en un nuevo beso. A él se le había ocurrido la misma idea. Y un segundo más tarde nos vimos cruzando las lenguas con nuestro semen en ellas.
Ese chico es tan guarro y morboso como yo.
- Como todos en tu piso sean como tú os lo pasasteis de miedo.
- Más o menos sí.
Mientras habíamos estado comiéndonos los rabos no habíamos dejado de jugar con el culo del otro. Para cuando me corrí ya tenía dos dedos abriendo su ano. No me fue muy difícil. Ya lo tenía bien trabajado.
El mío a esas alturas también se abría bien y él lo aprovechaba para hurgar en mi interior. Con todo ese tratamiento mientras nos besábamos las pollas se estaban volviendo a poner duras.
- ¡Fóllame!
Me dijo. Y no pensaba llevarle la contraria aunque también deseaba su rabo en mi interior. Quería ver su cara de vicio mientras le penetraba. Así que le puse en el borde de la cama. Y yo de pie frente a él.
Apoyó las piernas en mi pecho, bien abiertas. Él sabía lo que yo estaba buscando. Mantuvo las nalgas separadas con sus manos mientras mi glande se iba abriendo paso en su interior.
Tenía sus pies a los lados de la cabeza y aproveché para besarlos y lamerlos. Mientras me movía despacio pero firme, sujetando sus muslos con las manos. Hasta meterla entera en el caliente horno que era su duro culito.
Le miraba a los ojos disfrutando de su cara de morbo a la vez que él estaba viendo la mía. Tardé un rato en correrme pero no quería sacar la polla de allí por nada en el mundo.
Al final la cosa se fue final y terminó por door sola de tan caliente agujero. Después de una limpieza rápida volvimos a la cama aún con ganas. Su rabo seguía duro como el hierro.
- ¡Cabálgame!
Era una opción que me gusta bastante así que no puse objeciones. Me subí sobre su cadera. Dejé caer un buen chorro del lubricante que siempre tengo a mano sobre su glande. Fue resbalando por el tronco hasta llegar a sus huevos.
- Suave, por favor.
- Desde luego.
Él mismo sujetaba su polla en posición vertical para acertar con mi ano a la primera. Bajando despacio hasta que mis nalgas se asentaron en sus muslos. Me apoyaba en su pecho y aprovechaba para pellizcar sus pezones con suavidad.
Ver su cara de vicio y por sus gemidos me evitaban todavía más de lo que ya estaba. Empecé a moverme despacio. Subir y bajar sin prisa. Quería disfrutar de la sensación de tenerlo dentro.
Ya no paré hasta que se corrió en mi interior. Aprovechando que habíamos pasado por el baño y que estábamos limpios por dentro y por fuera, tiró de mi cuerpo hasta ponerme encina de su cabeza.
Se puso a lamer la lefa que salía de mi ano en un fantástico beso negro. Yo era el que suspiraba al notar su lengua recorriéndome desde el ano a los huevos sin descanso.
Al fin caí rendido a su lado en mi colchón. Sonriendo como bobos nos mirábamos a los ojos y vivimos a besarnos.
- Tío ha sido genial.
- Fantástico. Follas cómo los ángeles. Tierno y morboso.
- Tendría que volver a estudiar un rato. Se me ha pasado la mañana.
- Si quieres quedarte a comer, puedes.
- Mejor que no o volveríamos a engancharnos. Pero puedes estar seguro que quiero repetir.
- Pues cuando tengas ganas solo tienes que cruzar el pasillo. Y si quieres invitar a alguno de tus compañeros estaría bien.
.....
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