martes, 15 de noviembre de 2022
jueves, 10 de noviembre de 2022
Extremo Oriente
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Es europea o americana, con dinero, una joven heredera. Lesbiana pero eso aún no lo tiene muy claro todavía, solo se da cuenta de que no le gustan mucho los hombres. Therese.
Seducida por el erotismo del oriente colonial, el exotismo de las bellas mujeres de ojos almendrados y suave piel tostada, ligeras de ropa en el cálido clima de Bangkok.
Al bajar del buque de vapor perdida entre el gentío del puerto, las mercancías descargadas de los mercantes o esperando para embarcar se fijaba en la hermosura de las mujeres. Distraída por el espectáculo no tenía prisa, caminaba despacio.
Encontró un extraño vehiculo mezcla de bicicleta y calesa, un rickshaw, que la llevaría a su lujoso hotel. Un fornido marinero la ayudó a cargar el equipaje.
El joven que pedaleaba vestido sólo con un trapo atado a la cintura, delgado, musculoso y guapo se llevó una generosa propina. Aunque reconocía la belleza y sensualidad de su cuerpo no le atraía en absoluto.
Therese llegó al lujoso hotel con la blanca blusa empapada de sudor y su cara lencería de seda mojada con sus jugos. Se dio un largo baño antes de bajar a cenar. El agua fresca solo le permitió recordar los cuerpos semidesnudos en las abarrotadas calles.
Lo que llevó a su delicada mano a recorrer su piel, y un leve roce en los pezones aún la excitó mas. Bajó por su vientre rozando el ombligo hasta llegar al fino vello rubio sobre su vulva. Un suspiro escapó de los gruesos labios cuando las yemas de los dedos abrieron los otros labios descubriendo el clítoris y acariciándolo.
El agua jabonosa daba lubricación a la otra mano que recorría el cuerpo. Haciendo mas sensible cada trozo de piel que tocaba, su cuello, sus axilas, vientre, pechos y pezones.
La excitación subía de nivel poco a poco, conduciéndola inexorablemente al orgasmo. Gemidos y suspiros que subían de volumen mientras recordaba la musculosa espalda desnuda del joven del vehículo.
Volvía a ver en su imaginación los pechos pequeños duros y cónicos de las mujeres que lavaban la ropa en el río desnudas de cintura para arriba. Sus caderas estrechas en las prendas casi trasparentes.
Las bronceadas y doradas pieles de las nativas con las que se había cruzado la habían excitado. A cada nuevo recuerdo un toque en el clítoris hasta provocarse el orgasmo liberador de la tensión acumulada.
Al secarse con las suaves y lujosas toallas, la sensualidad del ambiente volvió a sus pensamientos. La seda de las bragas, las medias y la combinación limpias sobre su cuerpo no hizo más que acelerar su corazón. El vestido ligero y sensual no hacia más que acentuar la voluptuosidad de su figura.
Al entrar en el restaurante todos los ojos presentes siguieron el avance de su lascivo cuerpo entre las mesas. Los ojos tanto de hombres como de mujeres la desnudaban con lujuria.
Tenía una cita con con un exportador local, un digno anciano local, ataviado con una túnica, que no era amenaza para su virtud. Como representante de su acaudalado padre estaba autorizada a establecer nuevos contactos comerciales en ese viaje.
A quién no esperaba sentada a la misma mesa era a la preciosa joven de ojos rasgados y cabellos negrísimos. Nieta del exportador, al levantarse para saludarla la rubia recorrió la figura delicada con sus ojos azules.
Apenas cubierta con un vestido de corte chino completamente pegado a su cuerpo. La bellísima joven era la intérprete del comerciante.
Los dragones bordados parecían reptar sobre su anatomía a cada movimiento, cobraban vida sobre el ondulante cuerpo de la joven. Su pierna izquierda aparecía desnuda hasta la cadera por el corte de la falda. El torneado muslo de la joven con la morena piel había llamado la atención de la rubia.
Se la presentaron como Mei, que en chino significa hermosa. La occidental no podía estar más de acuerdo con ello. Se había quedado obnubilada con el aspecto de la joven traductora.
Los rasgados ojos de la oriental desnudaban el cuerpo voluptuoso de la rubia observando sus pezones duros marcándose en las finísimas telas. La amplia cadera de la joven occidental y sus blancas piernas cubiertas de seda asomando de la quizá un poco corta y ajustada falda para lo que se estila en esa época.
La atracción entre las dos fue inmediata. Antes de terminar la cena la morenita ya se había ofrecido como guía. Además de una situación para propiciar un conocimiento mas íntimo entre ambas mujeres.
El abuelo cansado por sus obligaciones diarias decidió retirarse mientras su nieta ya acariciaba con confianza el brazo desnudado por la manga corta de su blusa de su nueva amiga.
Con algún intencionado roce a sus muslos y a sus pechos cuando el acercamiento se hacía más cercano mientras compartían una copde champán en el bar del hotel. El ambiente sensual de los salones del lujoso hotel, la mezcla racial y cosmopolita, la orquesta inundándolo de música enardecía sus sentidos.
Para entonces las dos se habían dado cuenta de que se gustaban. Buscando más intimidad las dos chicas se perdieron en la oscuridad del jardín aspirando el perfumado aire de la noche tropical.
Ocultas detrás de las frondas de un magnolio se dieron el primer beso dulce, suave, apenas un leve roce de sus labios ardientes. Pero cogidas de la cintura juntaron sus pechos, sus caderas.
La rubia ansiaba acariciar la suave piel tostada de una de las indígenas desde que bajó del barco. Y allí tenía a la más bonita de todas a punto de caer en sus brazos, aunque no fuera una chica local sus bellos ojos hacían que eso no le importase. Fue derecha a por el muslo izquierdo de la oriental, el que su vestido descubría.
Deslizando su mano despacio por la raja de la falda del vestido ascendiendo por su pierna buscando mas y mas piel hasta descubrir que su amante no llevaba ropa interior. Sus dedos tropezaron sin estorbos con el rizado vello negro y su ya muy húmedo coño haciéndola gemir contra los labios apretados en su boca.
La occidental no tenía mucha práctica con vulvas ajenas. Pero sí con la suya, así que poniendo en ejecución lo aprendido en sus muchas masturbaciones fue acariciando los labios finos, suaves y muy mojados.
Con ternura, con suavidad, mojando sus dedos con los jugos de la oriental. Ahogando sus gemidos con sus besos. Apoyadas contra el tronco del magnolio y escondidas por sus ramas.
Aunque no parecían ser las únicas que disfrutaban en esa noche tropical. Se oían más suspiros de placer en la foresta. Otras parejas estaban haciendo lo mismo que ellas.
En segundos Therese se había corrido soltando un gemido más fuerte. Ahogado en la boca y con la lengua de la occidental, que en ese momento tenía clavada hasta la garganta. Pero ella también quería hacer disfrutar a la rubia.
Separó sus rojos labios de la boca de su amante solo para ponerlos en la oreja, el cuello, los hombros y empezar a bajar por su escote. Los botones de la blusa saltaron solo con tocarlos, quedó abierta hasta la cintura. Solo con empujarlos un poco con sus manitas los generosos pechos salieron de la tela del sujetador que apenas los ocultaba.
Así pudo poner los dientes en los claros pezones y mordisquearlos con ternura. No buscaba el rubio pubis con las manos, pretendía saborearlo. Las usaba para levantar la corta falda de tubo y descubrirlo. Aunque ajustada a la generosa cadera no fue fácil, tuvo que pelear con ella.
Mei no se molestó en quitarle la breve prenda de seda que tapaba el objeto de su deseo. Se limitó a apartarla lo suficiente como para descubrirlo. En la oscuridad no podía distinguir los detalles pero no le hizo falta para encontrar el clítoris con la lengua.
Los jadeos de la occidental amenazaban con llamar más atención de la debida y tuvo que morderse el labio para acallarlos. Parecía que la muñequita oriental sabía lo que se hacía. No debía ser el primer coñito que lamía.
La tensión erótica que la rubia llevaba acumulando desde que se había bajado del vapor estalló en un fenomenal y maravilloso orgasmo. La lengua de su amante se apresuró a recoger cada gota del preciado jugo.
Volvió a colocar la braguita en su sitio antes de levantarse y buscar los labios de Therese. El sabor del xoxito aún en su lengua compartido en un nuevo beso muy lascivo.
- Necesito hacértelo yo. Quiero saborearte.
Le dijo al oído lamiendo su orejita.
- Llévame a tu habitación. Quiero hacerte el amor toda la noche.
La ayudó a colocar los pechos de nuevo dentro del fino sujetador y a abrochar los botones de la blusa. Cogidas de la mano, mirándose a los ojos, con amplias sonrisas que casi les llegaban a las orejas, llegaron a la lujosa suite. No se atrevían a separarse ni un segundo.
Solo con soltar una fíbula que sujetaba el vestido de la dulce morena sobre uno de los torneados hombros este cayó al suelo. La bella oriental quedó ante la rubia únicamente con los zapatos de tacón.
- ¡Ámame!.
Ahora le tocaba a Therese, que miraba su desnudez asombrada. Su amante esperaba sus caricias ansiosa. Pero no podía dejar de contemplarla. Despacio se acercaba casi sin atreverse a rozar tal perfección.
Pero el deseo podía más que sus reparos. Despacio levantó una mano hasta llegar a rozar con un toque leve como el del ala de una mariposa el oscuro pezón de la oriental.
Recibió como respuesta un gemido y unas pocas palabras en el incomprensible idioma de la joven china. Siguió acariciando el hermoso y duro pecho. Extendiendo los roces despacio por todo el torso.
Exploraba su piel, la epidermis de la primera mujer que tenía entre sus brazos. Necesitaba descubrir cada uno de sus secretos. Empezó a bajar por el vientre. Pero se acercó más a Mei buscando sus labios, sus besos, su lengua inquieta.
Las húmedas de las dos se cruzaban juguetonas fuera de las bocas dejando caer saliva sobre las contenidas tetas de la traductora. Ella se fue recostando poco a poco sobre el suave colchón de plumas.
La rubia deseaba probar, lamer, besar cada pulgada de la piel de la bella oriental. A ello se puso con toda la dedicación de la que era capaz. Levantó los finos brazos para lamer las axilas. Evidentemente cubiertas por una marta de fino vello. Pasó la lengua por la piel hasta llegar a las manos pequeñitas de finos dedos.
Mei jadeaba, suspiraba y se le escapaban palabras de amor en su idioma de origen. Era incapaz de coordinar sus pensamientos sintiendo las caricias, los besos y la lengua de la extranjera.
El cuello fino, el filo de la mandíbula, la orejita, los hombros, y de ahí empezó a bajar buscando darle a su amante el placer que esta le había dado en la oscuridad del jardín. Le dio tiempo a mordisquear con suavidad los pezones oscuros antes de pasar la sin hueso por el plano vientre.
Deslizó la lengua por el ombligo antes de llegar al coñito. Tuvo que buscar entre la mata de pelo profundamente negro que adornaba su pubis los húmedos labios. Muy mojados, a esas alturas los jugos resbalaban muslos abajo.
Therese lamió cada gota, jugó con el clítoris y buscó en cada rincón de la vulva el placer de la muñeca oriental. Levantó sus muslos hasta que Mei se los sujeto con las manos rozando sus pechitos con las rodillas.
Necesitaba descubrir cada rincón. Así que siguió lamiendo el perineo hasta clavar la lengua en el ano. Ya nada podía contener los gemidos y jadeos que llenaron la habitación de sonido. Por las abiertas puertas de los balcones de la suite escapaba y podían oírlas en los demás pisos del hotel, Lo que no las importaba nada.
Después de nadie sabe cuántos orgasmos de la traductora Therese siguió bajando por la cara interna de los muslos, la parte trasera de las rodillas, las pantorrillas y los tobillos, alternando lamidas y caricias de sus dedos hasta llegar a los pequeños pies.
Se metió los deditos en la boca. Lamió la planta provocando cosquillas que liberaron la cristalina risa de Mei. Ni aún así la dejó tranquila, volvió a subir por sus piernas pero girándola boca abajo en la suntuosa cama.
Volvía a buscar las respingonas nalgas y entre ellas el ano y seguir por la espalda siguiendo la línea de la columna, desviándose a los omóplatos hasta llegar al fino cuello y la nuca.
A Mei se le terminó la paciencia y se revolvió para dar parte de lo que estaba recibiendo. Esta vez no se limitó a lamer el clítoris y los labios de Therese además clavó dos de sus deditos en el interior mientras recibía idénticas atenciones de la inexperta rubia. Estaba aprendiendo a pasos agigantados tomando buena nota de cada atención que recibía de la bella oriental.
Perdió la cuenta de los órganos que había disfrutado hasta quedar dormida en los brazos de su amante. Las despertó el sol entrando por las puertas abiertas de la balcones. Una suave brisa movía lisa finas cortinas. Pero aún así las sonrisas de ambas iluminaban más la suite que la luz del amanecer.
Habían descubierto el amor juntas así explorarian todas las posibilidades que se les ofrecían. Aprovechando cada viaje de negocios, cada reunión. Ya que los ancianos familiares les estaban dando más poder el sus negocios ellas buscarían ocasiones para estar juntas.
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martes, 1 de noviembre de 2022
Entre la arena y el agua, mi novio y mi amiga.
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Patricia es mi amiga de toda la vida. Planeaba mis vacaciones en la costa con Mario mi novio. Sin consultarlos decidí unirla al viaje. Ambas nos llevábamos muy muy bien, con algún episodio lésbico incluido cuando explorábamos nuestra sexualidad de adolescentes.
- Tú te vienes con nosotros y no hay más que hablar. Necesitas unas vacaciones y relajarte.
- Pero si os voy a molestar e incordiar. No me gusta hacer de carabina.
- No te preocupes por eso. Ya encontraremos la forma de divertirnos.
En ese momento en lo que pensaba era en incluirla a ella en nuestra diversión. Y me refiero a que estaba deseando tenerlos desnudos juntos a los dos en mi cama o en este caso colchón hinchable y saco de dormir.
Mi novio sufrió cierta desilusión al saberlo pensando en que se había quedado sin todo el sexo que podíamos tener a solas. Pero no demasiado por que Patricia le gustaba.
Estando juntos los tres le había pillado mirando su escote o sus muslos. Como no soy nada celosa eso no solo no me molestaba sino que me excitaba un tanto.
-¡Oh!. Vamos, Patricia es un encanto, está muy buena y sabes que nos divertimos con ella.
Pero tenía que dejarle bien claro que por que estuviera con él no pensaba olvidarme de Patricia.
- Es mi mejor amiga, llevamos juntas muchos años y no la voy a dejar sola estos días.
También quería dejarlo claro con ella. Seguiría siendo mi mejor amiga, mi confidente, puede que amante lesbiana ocasional y madrina de mis hijos, siempre.
- Aunque esté con Mario tú eres muy importante para mí y nunca me olvidaré de ti.
- Ya lo sé pero de ahí a hacer de carabina va un mundo.
- No te preocupes, nos divertirnos.
Yo estaba dispuesta a que se llevaran bien y aprovechando la mas mínima oportunidad para meterle mano a Mario delante de Paty. Incluso ponerme cariñosa con ella delante de mi novio. No quería levantar celos en ambos, sino excitarlos.
Hacia mucho calor. Para el viaje en coche me había puesto el bikini más pequeño que tenía y un short vaquero. Mario iba en bermudas amplias y cortas y camiseta.
Si me ponía juguetona podía acariciar su muslo muy arriba, cerca de su polla. Durante el trayecto ya íbamos cachondos los tres. Y yo procuraba pícarlos y subir la temperatura.
- ¿Has visto que chico más guapo tengo?.
- Muy mono y muy paciente y bueno.
-Y tú. ¿Ves lo buena que está mi amiga?
- Preciosa y una santa que te aguanta. Jajaja.
Girada en mi asiento podía disfrutar de la visión de los bonitos muslos blancos de mi amiga saliendo de su cortísima minifalda. Incluso si o mejor dicho cuando ella los separaba podía echarle fugaces vistazos al mínimo tanguita negro.
Y a sus tetas poderosas asomando por el escote de la reducida camiseta de tirantes. La cabrona sabía que nos gustaba disfrutar de la vista de su preciosa anatomía y no se había puesto sujetador. Marcaba sus duros pezones.
Mario acariciaba mis piernas suaves y bien depiladas muslo arriba. Yo las separaba y dejaba que su mano llegara hasta el short y rozara mi encharcado tanguita. Incluso dejaba que algún gemido escapara de mis labios.
En las paradas yo aprovechaba para ir con ella al baño y echarle un vistazo a su xoxito pelado. Cuando la sostenía para que su su culito pefecto no tocara la porcelana.
- Lo tienes precioso, reina. Como echo de menos darle unas lamidas.
- Pero tienes novio, no podemos hacerlo. Aunque yo también lo echo de menos. Cuando tú me lo comes tengo mis mejores orgasmos.
- ¡A ver si eres lesbiana!. ¿Y con las pollas no disfrutas?.
- Claro que sí. También me gustan. Pero nadie come el coño como otra mujer.
- Seguro que estos días tenemos la oportunidad de repetir. Cielo. Pero Mario no lo hace nada mal, te aviso.
Ni siquiera nos molestamos en ir al camping. Ya habíamos reservado la parcela y aún era pronto. Así que nos fuimos directos a la costa buscando un tramo tranquilo de playa para estar solos.
El playón parecía tener kilómetros. Entre dos pueblos vimos una zona en la que no parecía haber nadie. Cerca de unas rocas planas desgastadas por el oleaje. El sitio era idílico.
Ya en la arena me limité a sacarme el short y dejar mi culo al aire en el tanga de mi bikini. Les ayudé a cambiarse a los dos sosteniendo la toalla alrededor de sus cuerpos. Mientras ellos se deshacían de sus ropas de viaje y se ponían los bañadores.
Mario no llevaba nada debajo de la bermudas y se subió un brief que yo le había comprado en Internet. Era muy muy pequeño y ajustado. Él intentaba que no se le viera nada mientras levantaba una pierna para meterse la pequeña prenda.
Yo en cambio jugaba con la toalla para exhibirlo ante mi amiga. ¡Qué pudorosos!. No tardarían mucho en perder esa timidez.
- Noelia, No te conocía ese bikini. Es muy pequeño.
- Es nuevo. Acostúmbrate por que te he comprado dos iguales para ti.
- No sé si me atreveré a llevar un tanga. Y menos delante de Mario.
- Ya verás que sí. Al cabo de un rato no te darás cuenta. Por Mario no te preocupes, seguro que le gusta ver ese culito tan mono. ¿No te pasó eso mismo cuando te pusiste el primer tanga de lencería?.
- Me sentí un poco rara, pero entonces me ponía un pantalón por encima y no pasaba nada. Pero es que eso no tapa ni el culo, ni apenas la vulva.
- ¿Nunca te los pusiste con una minifalda?
- ¡No! ¡Qué dices!
- Nena es genial llevar buena ventilación ahí abajo. Incluso ir sin nada debajo de la falda. ¿Te atreves y te lo pones?.
- Vale.
- Toma, sujeta y te lo doy.
Adrede solté la toalla antes de que ella pudiera agarrarla. Lástima que en ese momento se me resbalara el trozo de tela de las manos dejándole ver a Mario las tetas bien desarrolladas de Paty. No las perdió de vista durante un buen rato.
- Aquí tienes, aún lleva puesta la etiqueta.
Al fin consiguió enfundarse, sin más accidentes, la pequeñez de microbikini que le había regalado.
Paty había podido ver el duro culo de mi novio un rato antes. Puede que le echara algún vistazo a su polla morcillona pues de reojo me di cuenta que no había perdido detalle de mis descuidos con la toalla.
Bajamos hacia el mar relativamente aislados de los demás bañistas en el solitario playón. Había elegido el sitio a conciencia. Sabía que no era muy concurrido y que incluso se podía hacer nudismo.
Sobre mi toalla me dediqué a embadurnar de crema generosamente el cuerpo de Paty. No me corté en acariciar su suave piel ante los ojos de mi novio. Quería acariciar todo su cuerpo y no solo para excitar a Mario.
Bajaba por la espalda, rozando sus axilas y los costados de sus pechos maternales. Llegaba a su amplio culo que otras veces había cómido y lamido el ano. Seguía por los muslos, pantorrillas y hasta los finos tobillos y delicados pies. Metía mis dedos entre los suyos de los pies.
Empezaba a marcar paquete, por enésima vez desde que habíamos salido de casa, en el bañador que le había regalado para el viaje. La escena era bastante lésbica completamente adrede.
Charlaba con Paty de nuestras cosas haciéndome la despistada pero sin perder detalle de cómo se comportaban. Mientras Mario cubierto solo con ajustado bañador tipo slip se daba el primer baño. Evidentemente para refrescar los ardores que los dos cuerpos femeninos le estaban provocando.
Ese bañador también se lo había comprado yo. Ese día me había dejado una pasta en Internet. Pero había disfrutado eligiendo las prendas más pequeñas y sexis tanto para Mario como para nosotras. Estaba convencida que ese primer baño fue para bajar su erección.
Para cuando regresó yo ronroneaba como una gatita notando las suaves manos de mi amiga recorrer las piel de mi espalda e incluso de mi culo descubierto y muslos. Ya, cuando llegó a mis pies estaba a puntito de correrme. Puede que exagerara un poco pero no me hacía falta mentir, estaba disfrutando. Nos habíamos acariciado así muchas veces y por suerte Patricia no se cortó. Siguió con las caricias.
Seguro que el espectáculo de nuestros cuerpos hermosos al sol no lo dejaba indiferente. Aprovechando que me había soltado el nudo de mi sujetador al girarme mostraba mis tetas sin pudor. Me puse panza arriba para que mi querida amiga magreara mis tetas sin pudor.
Estábamos prácticamente solos, había más gente pero estaban lejos. Y me parecía que algunos de ellos estaban haciendo más que nosotros amparados por la lejanía del resto de la gente.
Pobrecitos míos, los estaba calentando adrede. Patricia se levantó de encima y fue a bañarse. Deduzco que para enfriar sus ideas, como había hecho mi novio momentos antes.
Mario se tumbó sobre mí para descargar un poco su calentura. Lo recibí boca abajo con los muslos bien abiertos para que se acomodara entre ellos y girando la cabeza, juguetona, con mi lengua buscaba la suya. Notando su polla, bien dura a pesar del agua fría, en mis nalgas. No me importó que su cuerpo estuviera mojado al completo.
Sin que le importara ya tener de espectadora a mi amiga, que volvía también mojada, noté sus manos en mis tetas. Yo conseguí deslizar una entre nuestros cuerpos para agarrar su ya dura polla y sacarla por una de las perneras de su pequeñísimo bañador.
Masajearla suavemente y apretar sus huevos que me había preocupado de depilar previamente al viaje. Dejarlo todo bien suavecito para poder lamerlo a gusto.
La saqué del bañador por el lado en que Patricia podía verla. Sabía que ella disfrutaría de la visión de su belleza dura y tersa acariciada suavemente en mi mano.
Me aparté la braguita del bikini a un lado y dejé que el glande acariciara mis humedecidos labios mirando a los ojos de mi amiga. En ellos descubrí con excitación que ella estaba mirando directamente a la polla de mi novio cuando se incorporaba un poco para facilitar mis maniobras.
Su duro capullo abriendo mi vulva mientras mi amiga cogía mi mano tan excitada como yo. Tiré de ella hacia nosotros, no pensaba perder esa oportunidad y conseguí que se inclinara lo suficiente como para besar sus labios ante mi caliente novio. Un momento después me había penetrado.
- Seguro que nunca habías visto porno en vivo.
- Solo a vosotros cuando os beseis y metéis mano en las discos delante de mí. Noe no te cortas nada.
- ¿Por qué iba a hacerlo? Él es mi novio y tú mi mejor amiga. Os quiero a los dos.
Para entonces apenas podía decir nada coherente. Solo gemía. Mario estaba follándome, despacio y suave pero, tumbados del todo, boca abajo, no conseguía llegar todo lo dentro que a mí me gusta. Así que levanté la cadera, me puse a cuatro patas dejando la cabeza apoyada en la toalla.
Mario también se incorporó lo suficiente como para follarme con más comodidad. Ya no le importaba tener público, su calentura había podido con sus remilgos. Él también suspiraba en mi oído.
Ya no me sorprendía por casi nada, pero lo siguiente lo consiguió. Patricia también se había desinhibido. Se deslizó al lado de mi cuerpo y noté sus finos dedos acariciando mi clítoris y probablemente los huevos de mi novio. Además de sus besos en mi espalda, suaves y tiernos.
No quería poderme nada pero con la cabeza apoyada en la toalla de lado lo único que podía ver eran los bonitos muslos de mi amiga y su xoxito aún cubierto por el tanga. Poniendo el oído su pude darme cuenta de que un momento más tarde ambos se estaban besando.
Las gotas de la saliva de ambos resbalaban hasta mi culo. Mientras yo me corría jadeando y segundos más tarde mi novio me llenaba el xixi de semen. Me derrumbé en la toalla y me puse de medio lado mirándolos divertida. No sabía cuando Patricia había perdido el sujetador
- ¡Por fin! Ya pensaba que tendría que empujarla encima de ti.
- Llevas calentándonos todo el viaje, tenía que pasar. Y sí que es verdad que tu amiga es preciosa. Y veros a las dos en plan rollo bollo sería un sueño para mí.
- Me vais a sacar los colores par de pervertidos. Pero ya te puedo admitir que me gustaría probar esa polla y su comida de coño que me la has puesto por las nubes. Por ahora quiero saborear su jugo.
Y uniendo la acción a la palabra pasó dos dedos por los labios mi vulva, de donde rezumaba la lefa de Mario. Con una increíble cara de lascivia los llevó a su boquita para lamerlos.
Me quedé un poco asombrada pero encantada de que las cosas se hubieran desatado tan rápido. Pensaba que tendría que esperar a la noche en la tienda.
- Vamos al agua un momento para quitarnos la arena de encima. Deberíamos ir a plantar la tienda y el colchón hinchable. Para no tener que dormir en el coche esta noche.
Eché a correr hasta la orilla perseguida por los dos, que me rodearon con sus brazos en cuanto me alcanzaron dentro del agua.
Mario me abrazó buscando mis labios y lengua puede que un poco arrepentido de haber morreado a Paty. Su polla que había perdido dureza después de correrse estaba de vuelta al encierro del bañador. Mi amiga me abrazaba por la espalda clavándome sus durísimas tetas en los omóplatos.
- ¡Que buenos estáis los dos!. ¡Cabrones!. Que ganas os tengo.
Ella aún conservaba el tanga del bikini bien puesto. El mío era el que estaba descolocado por completo esperando más caricias. No tuve que esperar mucho. Pronto noté los deditos de mi amiga acariciando el clítoris y la polla de mi novio bien pegada a mi pubis.
- Ya tenía ganas de notarte, Paty. Hacía mucho que no me acariciabas así.
- Es que tienes novio.
Refrescada por el agua del mar mi excitación volvía a subir muy rápido. Pero era Paty la que necesitaba desahogarse, ella aún no se había corrido. Me giré buscando ansiosa su boca. Abrazándola con fuerza, pegando nuestras tetas y agarrando su amplio culo con las manos.
Le hice un gesto a Mario para que se pusiera detrás de ella. Como él agua me ayudaba a sostenerla la levanté hasta que ella rodeó mi cintura con sus torneados muslos. Mario había recuperado la erección al vernos juntas acariciándonos.
Se puso detrás de ella. Yo la sostenía por las nalgas separándolas para hacer sitio al rabo duro. Hice a un lado el tanguita que le había regalado y clavé un dedo en su ano. Nuestras tetas se rozaban con los pezones duros como piedras. Lamiendo su orejita le pregunté.
- ¿Por donde la quieres? Nena. ¿Por el culito o el coñito?.
- Quiero sentirla en el xixi. Ya tendremos tiempo de todo lo demás. ¿Dejaras que se corra dentro?.
- Pues claro, cielo. Si es lo que quieres tú.
Mario dobló las rodillas lo suficiente como para deslizar su bonita polla entre los labios de mi amiga. Intenté ayudarle levantando el culito y que ella se apoyará más en mí. Buscando mi lengua y ahogando sus gemidos en mi boca.
Ambos estaban tan excitados que no tardaron casi nada en llegar a sus fuertes orgasmos. Paty desmadejada entre mis brazos se recuperaba. Mario Conseguía sostenernos a las dos, llegando a sujetar mi cadera.
- Vamos chicas ya es hora de irnos.
- Tendremos que colocarnos bien los bikinis y tú el bañador.
Contesté con una carcajada. Pero por fin conseguimos separarnos lo suficiente como para vestirnos y volver al coche. Montamos la tienda en el camping, sin ninguna de las divisiones interiores por supuesto.
Teníamos que pasar esas vacaciones muy juntos. Ya veríamos cómo seguir después, al volver a casa. Pero estaba convencida de que los tres nos deseábamos y gustábamos mucho.
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miércoles, 19 de octubre de 2022
Una botella y unos amigos
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Todo empezó como un juego tonto, nadie sabía hasta donde podía llevarnos. Unos cuantos amigos, unas cuantas botellas y algo de aburrimiento son malos cuando se juntan o a veces muy buenos.
No recuerdo quién propuso lo de la botella, verdad o atrevimiento, ni en que película lo habría visto. En realidad ni siquiera me acuerdo de todos los que estábamos allí, ni desde luego de algunas de las pruebas o preguntas. Pero otras cosas si que las tengo clavadas en la mente, como grabadas a fuego.
Al principio la cosa no pasó de las habituales cuestiones tontas y retos de tanteo para ver hasta donde estábamos dispuestos a llegar.
Pero el ambiente se fue caldeando, las preguntas fueron tomando un aspecto mas sexual y las pruebas mas carnales.
Descubrí algunas cosas sorprendentes de nuestros amigos. Quien de ellos había ido de putas o se masturbaba constantemente, algunas fantasías o fetiches que todos llevábamos muy escondidos. Sería el alcohol lo que nos había soltado las lenguas. Pero las verdades parecían salir solas. In vino veritas como decían los romanos.
Yo por entonces era aún muy inocente y no tenía gran cosa que contar. Apenas me habían desvirgado en un polvo mas bien decepcionante. Eso no tenía nada que ver con mis deseos y fantasías, que eran muchas. Me hacía muchos dedos en esa época.
Pero cuando llegaba mi turno respondía como podía o bebía como decían las reglas. Así que para cuando la cosa empezó a ponerse caliente de verdad yo ya iba bastante alegre.
Alguien empezó a pedir prendas cuando tocaba atrevimiento y como en el chalet donde estábamos hacía calor y no teníamos mucha ropa puesta mas de uno empezó pronto a exhibir mucha piel.
Yo misma tuve que quitarme el sujetador muy pronto y dejar mis pechos cónicos y duros a la vista de todos. A esas alturas no me importaba, de hecho, hacia top less en la playa ante mis padres sin problema. Así que estaba encantada exhibiéndome. Cuando miraba alrededor veía a mis amigos y amigas en el mismo estado de semidesnudez.
La siguiente vez que me tocó elegir a mí se me ocurrió una pequeña maldad, dos de mis amigos, dos chicos, estaban ya con sus ajustados boxers y nada mas. No es que tenga muy desarrollado el radar gay, pero siempre había sospechado que se gustaban y les pedí que se besaran.
- Mario y Juan podrían besarse. Pero algo serio, de verdad, que nos de morbo.
Nada mas decírselo un coro de asustadas protestas, temiendo por su heterosexualidad, surgió alrededor de ellos. Pero bajaron la cabeza y con tímidas sonrisas indicaron con gestos que no les desagradaba la idea del todo.
Una amiga que aún conservaba el sujetador puesto me apoyó diciendo que así eran las reglas. Yo sospechaba que lo hacía por que le daba tanto morbo como a mí ver ese espectáculo.
- Venga, las reglas son así. Si no quieren hacerlo siempre pueden beber, todavía más.
Los dos chicos, cerrando los ojos, se dieron un dulce beso en los labios y Mario de pronto sacó la lengua y todos los demás vimos como Juan abrió la boca y se la dejó meter hasta el fondo de la garganta.
Incluso empezaron a acariciarse pero tuvieron que parar cuando sonó el cronometro ante el coro de los demás que los miraban cada vez más calientes. Para entonces todo el mundo estaba más caliente que borracho. Ya querían seguir por el camino del morbo y pasar del alcohol.
- Ahora os toca a vosotras. Queríais un beso y nos debéis uno vosotras, uno lésbico.
En la siguiente prueba como venganza me hicieron besarme con Yolanda que me había apoyado antes. Si querían verme en acción con otra chica no pensaba cortarme. Les iba a dar rollo bollo a poco que ella me apoyarse.
Me coloque frente a ella, cogí sus manos y las puse en mis tetas pequeñitas, duras y desnudas mirándola a sus bellos ojos negros. Quería dar un buen espectáculo a la vez que ella me gustaba.
El que apenas tuviera experiencia no quería decir que no fuera morbosa o que no tuviera ganas de buen sexo, que las tenía y muchas. Yoli me devolvía la mirada con sus felinos ojos entrecerrados.
Cuando comenzó a retorcer mis durísimos pezones entre sus dedos supe que la tenía, me fui acercando a ella con mis labios entreabiertos buscando los suyos. Fue ella la que puso la lengua la primera y yo llevé mis manos a su espalda y le solté el sujetador.
Mientras nos besábamos con mas pasión, mas lengua y saliva me quedé con el escaso trozo de tela que había cubierto sus tetas hasta entonces entre los dedos. Nuestros pechos juntos se frotaban y me parecía notar en mi piel la dureza de sus pezones. El resto nos coreaba excitados.
Cuando nos separábamos de reojo me fijé en los dos chicos que no se habían soltado las manos y se acariciaban con disimulo. Mario rozaba el vientre depilado de su amigo cada vez mas cerca de la cinturilla del slip.
- Que buen besas, nena.
- Contigo merecía la pena poner ganas.
A la siguiente prueba otra amiga tuvo que sacarse las braguitas. La primera que llegaba a ese punto. Sin cortarse nos enseñó a todos el precioso felpudito de vello rubio recortado y los finos labios que salían un poco por debajo.
Se giró y sus nalgas bien duras y respingonas fijaron todas las miradas como si hubieran tenido cianocrilato. Después de eso ya nada podía pararnos. Fue coreada por todo su entregado público por supuesto.
- ¡Vaya culo!.
- ¡Preciosa!.
- ¡Que xoxito más lindo!.
A la siguiente ronda le tocó elegir a una chica que quería ver polla y eligió al que la marcaba mas grande en sus ajustados calzoncillos. Le pidió a su víctima que se desnudara del todo. Al oído otra chica le preguntó si podía probarla, aunque lo oímos todos. Asintió y la victima fue el chico mas feliz de la fiesta, hasta ese momento.
- Ya es hora de que veamos rabo y ¡te ha tocado!.
- ¿Puedo probarla?.
- Déjate hacer lo que ella quiera.
Sin que hicieran falta mas pruebas hubo gente que se desnudó del todo. Aunque las rondas del juego continuaban.
Alguien pidió un baile sexi, sensual y la chica que lo estaba haciendo nos paseó su precioso culo por la cara a todos, ellos y ellas. Y algunos aprovechamos para besarlo y pasarle la lengua por las nalgas. Alguno de los chicos, mas atrevido, consiguió separarlas y llegar a lamer el ano de la chica.
A esas alturas yo quería mas carne. El chico que tenia sentado al otro lado, el opuesto al de la rubia había pasado la mano por mi espalda hasta acariciarme el culo.
Yo le tocaba el muslo, cada vez mas arriba. Aprovechando cuando alguien le ordenó desnudarse del todo para hacerme con su polla ya bien dura y rodearla con mis dedos.
Masajeándola con suavidad notaba como aún se ponía mas dura entre mis dedos, cuando acaricié sus duros huevos. Notaba su mano acariciando mis nalgas suavemente giré la cabeza y lo besé.
Nuestras lenguas se enredaron y una de sus manos pronto encontró uno de mis firmes pechos que también acarició. Yoli nos miraba con una expresión de lujuria en su bello rostro y se decidió a actuar.
De pronto noté otra mano entre mis muslos y me parecieron demasiadas para una sola persona. Ella acarició los húmedos labios de mi depilada vulva. Seguía siendo mi amiga, la rubia, y su recortado vello del pubis. Parece que le habían gustado mis besos y mis tetas y que volvía a por mas.
La mano que no tenía en la polla del chico la desplacé hasta la franja de fino vello púbico que se dejaba por encima de los labios de su vulva. Enredé mis dedos en ella. Giré la cabeza para mirarla y le supliqué que se uniera al beso. Notamos su lengua uniéndose a las nuestras con deseo.
- Ven. Bésanos.
Justo enfrente los dos chicos estaban enzarzados en un sesenta y nueve. habían olvidado todo disimulo. Sus pollas desaparecían en la boca del otro. El sensual espectáculo me excitaba aún mas, nos excitaba a todos.
Sin que nadie pensara ya que ver esos dos preciosos cuerpos masculinos amándose atentara contra su heterosexualidad. Dos chicos que se deseaban cediendo a sus deseos de carne prieta y dura. Que yo sepa a día de hoy aún están juntos.
Poco a poco sin abandonar la boca de mi amiga, sus besos. Fui subiendo sobre los muslos del chico, para sentarme sobre ellos. Para entonces ya se había enfundado un condón. Dándole la espalda deslizaba su polla en mi interior.
Yoli tan solicita me ayudo guiándola con sus finos dedos. Subiendo y bajando despacio. Ella tampoco paraba, agachándose a lamer mis tetas, mis axilas, el ombligo.
Deslizando su juguetona lengua por mi piel hasta situarse entre nuestros muslos. Tuve que inclinarme hacia atrás hasta apoyar las manos en el pecho del chico. Como estábamos sentados en un sofá tenía hueco para ponerse entre nuestras piernas.
Ambos tuvimos que separar las piernas todo lo que pedimos para dejarle sitio. Pero notar su boca en mi clítoris y en sus testículos mientras yo misma me follaba despacio con el rabo del chico era maravilloso.
- Déjadme sitio quiero lameros.
Aquello ya se había convertido en una orgía en toda regla. Nadie conservaba la ropa puesta y se acariciaban y besaban.
En esa posición a cuatro patas el culo de Yolanda en pompa era una tentación que otro de nuestros amigos aprovechó. Se clavó en ella con suavidad. No quería perderse el espectáculo que tenia delante por ser demasiado brusco.
Yo notaba los empujones del chico en aumentos de la presión de su lengua en mi coño y en la base de la polla que me taladraba.
Acariciando la espalda de la rubita las sensaciones se multiplicaban y se concentraban en mi vulva. Las manos de él agarrando mis pechos, las de ella aferradas a mis nalgas entre los dos cuerpos para no separarse de nosotros.
Sus suaves gemidos, que se confundían con los míos y los de los chicos. Prodigados entre lamidas como refrescantes soplos de aire en mi ardiente pubis. Mis ojos clavados en los del chico que se la follaba viendo su expresión de pura lascivia.
Rodeados de cuerpos desnudos y de pieles que se frotan y acarician. Estaba a punto de correrme ya por no se cuantas veces esa noche y las contracciones de mi vulva llamaban al orgasmo de mi amante.
En ese momento noté como su lefa inundaba el condón y su polla comenzaba a aflojarse dentro de mi coño. Con un último empujón el otro chico se corrió en el xoxito de la rubia.
Sabía que Yolanda aún me deseaba y yo le correspondía. Mientras los chicos recuperaban fuerzas a un lado, me dejé caer a la alfombra y repté bajo su voluptuoso cuerpo.
Ahora nosotras estábamos en un sesenta y nueve. De su coñito rezumaba el semen de quien se la había follado y me relamí saboreando la mezcla de semen y jugos vaginales.
Ella estaba encima de mí y tenía una vista privilegiada del xoxito y el culo que estaba lamiendo. Pero no mucho más, así que cuando una polla bien dura sin pellejito se acercó a penetrarla dejé el hueco en sus labios. No era ninguno de los anteriores, sino un chico nuevo pero también parecía dulce y cariñoso.
La polla fue entrando despacio. Y me dediqué a lamer sus huevos. Sin dejar el clítoris de mi amiga naturalmente. Aunque yo también recibía las atenciones de una lengua o dos solicitas en mi coñito y culito. En ese momento todo eran sensaciones.
Cuando se corrió dentro seguí lamiendo disfrutando de su semen y de los jugos de mi amiga mezclados saliendo de su preciosa vulva depilada.
Había perdido la cuenta de las veces que me había corrido. Pero ni eso me importaba, lo genial era el ambiente de puro sexo y lujuria que se había desatado entre nuestros amigos.
Así sabía que a partir de entonces podría disfrutar y follar sin complejos. Hacerlo con mis amigos, al menos los que no eran exclusivos con otros chicos y con mis amigas, las que compartirían mis gustos por otras mujeres.
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domingo, 16 de octubre de 2022
Yoli, mi sobrina, en el pub
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- ¡La madre que la par ...!
Conseguí ahogar mi exclamación a tiempo.
¡Que buen trabajo hizo mi queridísima hermana!.
Todo eso necesita una mejor explicación. La interjección iba dirigida al culo de una jovencita morena que aparecía casi desnudo bajo un mínimo short vaquero al lado de la barra del pub en que me tomaba una copa. Lógicamente me tuve que tragar mis palabras con el siguiente trago de mi copa.
Desde mi posición, dos pasos más allá junto a los grifos de cerveza, podía ver perfectamente sus largos muslos ahusados y una espalda bien torneada no muy tapada por un pequeño top.
Charlaba animadamente con una rubia también muy bien formada y tan poco vestida como la morena, una falda muy, muy corta y un sujetador por llamarlo de alguna forma era todo lo que la cubría. Como estaba de espaldas y su larga melena negra me ocultaba el rostro no tenia muchos mas datos.
Hasta que en el momento justo se giró como si me hubiera oído. Y allí estaba mi preciosa sobrina Yolanda tomando una copa con su amiga Carmen.
- ¡Tío! No sabía que te gustaba salir por aquí.
Y me plantó dos besos en las mejillas muy, muy, cerca de mis labios.
Mi hermana Sonia que me sacaba diez años y desde adolescente siempre había sido la musa de mis pajas era la madre de esa hermosa criatura de diez y ocho años recién cumplidos. Una morenaza de impresionantes ojos azules con una figura de modelo que la niña había heredado.
Con Sonia nunca me había atrevido a nada evidentemente y a parte de verla algunas veces desnuda o en bragas apenas la había rozado. No se escondía precisamente y sus bikinis en la playa eran algo espectacular que me daba material para mis deslices onanistas durante todo el invierno.
En ese momento el amigo que me acompañaba estaba embobado mirando el par de bellezas de diez y ocho años que nos sonreían y anonadado apenas se había enterado de nada.
- Alex ella es mi sobrina Yolanda. ¿Tú eres?
- Carmen, una amiga.
- Él es Alex, como ya he dicho, un amigo también.
- Ya tenéis pagado lo que tomabais.
- Gracias, tito.
Procedí a las presentaciones y como el familiar generoso que era, me ofrecí a invitarles a lo que estaban tomando. A que nos acompañaran sin la menor esperanza de que eso pudiera ocurrir. De que aceptaran quedarse con dos carcamales como nosotros. Ante mi sorpresa y no antes de cruzar sus miradas en un mudo gesto de entendimiento aceptaron.
- Podemos seguir juntos. Si no tenéis mejor plan.
- Si nos invitas a las copas, tito.
- Pues claro, cielo.
Sorprendentemente su conversación era animada y adulta y nos lo estábamos pasando bien los cuatro. Incluso empezamos con las bromas, subidas de tono. Su amiga coqueteaba descaradamente con quien me acompañaba que embobado estaba muy perdido en su profundo escote.
Mientras mi sobrina cariñosa se me pegaba como una lapa haciéndome notar sus duras tetitas en mi bíceps trabajado a fuerza de largos en la piscina. Las rondas de bebidas se iban sucediendo pagadas por nosotros evidentemente y parecía que aguantaban tan bien el alcohol como nosotros.
La verdad es que yo no podía evitar echar descaradas miradas al escote de Yolanda o cogerla de la cintura. Aprovechando para acariciar la piel que el top desnudaba, mi antebrazo rozaba su espalda o sus costados rodeando su cuerpo hasta el vientre. Gestos cariñosos que a ella no parecían desagradarle.
- Tengo unas botellas en casa y música. Podemos terminar la noche allí.
Viendo que todos estábamos a gusto en mutua compañía propuse seguir con la conversación y las copas en mi casa, un sitio mas tranquilo.
- Claro, no hay mucho ambiente por aquí.
Lo que ellas aceptaron de buen grado. Le propuse a mi bella familiar llamar a mi hermana y decirle que se quedaría a pasar la noche conmigo e incluso extendí la misma proposición a su amiga con sus padres.
- Claro que pueden quedarse contigo, tato, se que las cuidarás bien. Yo misma le mando un wassup a la madre de Carmen. ¡No os emborracheis!, mucho.
Sonia no puso ninguna objeción aunque me pidió que nos retiráramos pronto y no las dejara beber mucho. Creo que pensaba en aprovechar la noche con mi cuñado. Ella misma se encargó de llamar a los padres de la amiga.
Ya que yo era el menos perjudicado de los cuatro conduje el coche de mi amigo hasta la verja de mi jardín. Yolanda a mi lado cogía mi mano y la ponía en su rodilla en cada semáforo. O la subía despacio por su muslo guiándola por su piel en suaves caricias. Desde luego yo no la retiraba. Me encantaba acariciar esa epidermis tan delicada.
- Alex, no me prestas atención. ¿Te gusta más Yolanda?.
- Me gustais las dos. Mucho.
- Mejor, por que ella siempre ha deseado a su tío.
Carmen en el asiento de atrás, cogía la cara de mi amigo y la apuntaba hacia sus piernas. Separaba sus bien torneados muslos para que mi amigo pudiera admirar su tanguita negro que la cortísima falda descubría.
O se inclinaba adrede para lucir el profundo escote. Alex deslizaba la mano por allí con suavidad. Acariciando la suave piel y metiéndola por debajo de la tela hasta pellizcar los pezones con suavidad.
Aparqué el vehículo a la entrada del jardín bien cuidado, con un frondoso seto, y nos bajamos todos. Ellas se descalzaron para cruzar la suave y fresca franja de césped. Y para que los altos tacones no les jodiera un tobillo al clavarse en la tierra.
- ¡Todos fuera!. Yoli ya conoces la casa. Podemos quedarnos en el jardín, hace muy buena noche.
Como los vecinos de ambos lados estaban de vacaciones fuera de la ciudad no nos oiría nadie. Les propuse sacar las bebidas al jardín. Con algo de música suave y las copas pasaríamos un rato agradable bajo las estrellas.
Era una noche calurosa que invitaba a librarse de mas ropa. Pero aunque llevábamos toda la noche provocándonos, más bien ellas a nosotros, ninguno tenía muy claro como dar el siguiente paso.
La segunda vez que entré a la cocina a reponer las bebidas y los aperitivos decidí dar un salto y dejar mi camiseta en el respaldo de una silla. Frio no iba a pasar. Al verme el torso descubierto me jalearon con risas y bromas y Marcos me imitó echando su camisa a un lado.
- Fuera camisas.
A Carmen sentada con las piernas cruzadas, la faldita casi recogida en la cintura le veíamos perfectamente el tanguita.
Yolanda mostraba sus pechos, sin sujetador, casi hasta los pezones cada vez que se inclinaba a recoger la copa o unas avellanas. Así que en la práctica ya todos mostrábamos más piel de lo habitual.
-¡Tito! Se ve que te cuidas. ¿Puedo?.
- Claro, lo que quieras.
- Vas mucho al gym. ¡Eh!.
- Voy más a la piscina, a nadar. Pero si, hago ejercicio.
- Llevarás bañadores pequeñitos para lucir ese cuerpazo.
Se me pegó más, pasando su mano con suavidad por mi pecho y mis abdominales. Incluso pasó un dedo suave por mis pezones. Una corriente eléctrica recorrió mi columna mientras ella me dejaba ver sus tetas bien cerca de mí. Le hablé al oído para que los otros no se enteraran.
- ¿Puedo yo ver más?.
- Tú y todos.
Yolanda con una bella sonrisa se limitó a sacarse el top por la cabeza. Era el top less mas bonito que veía desde que espiaba a su madre y la veía en tetas. Cónicas, duras, y al contrario que las de Sonia en su época bronceadas al completo. No sabía donde tomaba el sol o si lo hacía con rayos uva.
Carmen al ver que se quedaba atrás enseñando carne le pidió a mi colega que le soltara el broche que su top tenia en la espalda. Con un sensual movimiento de hombros lo dejó caer en su regazo enseñándonos unos pechos ligeramente mas grandes y caídos que los de Yolanda y francamente bonitos.
- ¡Tetas al aire!.
Abierta esa puerta a la desnudez todos parecíamos mas relajados. Como si la presión hubiera desaparecido mágicamente.
- ¡Me toca! Suéltame el cierre de la falda, Alex. Está ahí detrás en la espalda.
Como Carmen ya nos estaba enseñando el tanga se libró de su faldita quedándose solo con esa reducida prenda de lencería. Lo hizo de pie, dejándo caer el trapito que había cubierto su cadera al suelo, se giró para que además pudiéramos ver su duro culito. Alex parecía hipnotizado con tan bonita parte de su anatomía.
- Bueno. ¿Qué os parece?.
- Sensacional, divina. Un culo precioso.
Mi sobrinita relajada apoyó su espalda en mi desnudo pecho y apartó su melena sobre un hombro. Soplé con suavidad sobre su cuello y orejita haciendo que el vello de su nuca se erizara.
- Eres preciosa. Me recuerdas a tu madre cuando tenía tu edad.
- ¿Soy tan guapa como ella?
- Aún más.
Yolanda como en un descuido dejó reposar su mano sobre mi bragueta que ya para entonces marcaba un buen y duro tamaño. En ese momento el que soltó un gemido fui yo.
- Cielo, como sigas así no voy a poder...
Pero no perdía, perdíamos los dos, de vista el depilado pubis de su amiga que se trasparentaba en el fino tejido. El tanga de Carmen, de fino encaje, casi dejaba ver su pubis depilado.
- Carmen, llevas el xixi casi al aire.
- Pues no sé a qué esperas tú.
-A que me pongas otra copa.
Cuando una de mis manos rodeó su vientre dejándola sobre su ombligo. Empecé a subir con mis caricias despacio hacia sus tetas. Yolanda soltó un suave gemido. No sé si lo hizo por animarme o por que de verdad le gustaba.
Carmen, después de rellenar el vaso de su amiga, se sentó de frente sobre los muslos de mi amigo. Estaban mirándose a los ojos y clavando las tetas en su pecho. Le dio un buen morreo al que Alex correspondió con ansia.
- ¡Joder! Ya tenía ganas. ¡Que labios tienes preciosa!
Nosotros éramos espectadores privilegiados y cachondos. Mi amigo agarró sus nalgas amplias y duras como si no quisiera volver a soltarlas en la vida.
Yolanda dejó de mirar el bonito culo de su amiga y giró la cabeza buscando mis labios, se los mordisqueaba con suavidad. Ella me correspondía buscando los míos. Por fin pude agarrar sus pechos y acariciar suave sus pezones. En ese momento mi sobrinita empezó a darme lengua y saliva en serio.
Sus besos dulces, lascivos estaban elevando mi excitación a cotas estratosfericas. Mi polla estaba tan dura que me dolía dentro de mis pantalones.
- Yolanda. ¿En serio quieres esto?.
- Llevo años deseándolo tito.
Me dediqué a amasar y besar esas durísimas tetas. Pellizcando sus pezones para darle todo el placer posible. Lamía su cuello, la nuca, por debajo y detrás de su orejita, besaba sus hombros. Ya nos habíamos soltado.
Carmen estiró una mano para coger la de mi sobrina y apretarla. No sé si para darse ánimos, como un gesto de cariño o una muestra más de la lascivia que ambas estaban demostrando.
Luciendo su flexibilidad cuando Yolanda tiró de ella se echó hacia atrás hasta apoyar la cabeza en el regazo de mi sobrina. Ahora Yolanda se inclinó sobre su cara y besó sus labios con tanta lascivia como me estaba besando a mí.
Alex aprovechaba ese momento para lamer las tetas de la rubia y como tenía las manos agarrando sus nalgas deslizar un dedo bajo la goma del tanga buscando su ano. Sus gemidos los ahogaba mi sobrina con sus besos.
- ¿Por qué no os quitáis los pantalones? Me parece que os aprietan mucho. Estáis muy vestidos.
Tal y como nos lo pedían no nos quedaba más remedio que obedecer. Claro que lo estábamos deseando.
No me moleste en levantarme. Me limité a apoyar la espalda en el césped y dejar que Yolanda y su amiga tiraran de las perneras. Mi slip era muy pequeño y apenas podía contener la dureza de mi rabo.
- ¡Joder! ¡como marca tu tío! cielo.
- Ya te lo había dicho.
- ¿Y se puede saber cuando te has fijado tú en lo que marco?
- Siempre que te veo. Claro que en la playa el año pasado pude verlo mejor.
Juguetonas, las dos hicieron lo mismo con mi amigo. Su bóxer era algo más grande que mi calzoncillo pero tan ajustado que su polla se marcaba perfectamente.
- Este también va bien servido.
- No tanto como vosotras, preciosas.
Aprovechando que estaba de pie Yolanda se quitó el short y lo arrojó a un lado. Su tanga era tan pequeño como el de su amiga, apenas podía cubrir los labios de la vulva. Me moría por poner la boca allí.
- Yoli, te voy a comprar veinte como ese. Para que no lleves ninguno diferente.
- ¿Solo tangas?. Seguro que podemos comprar algo más de lencería de tu gusto.
Esta vez Carmen se vino conmigo para tumbarse encima de mi cuerpo. Sus tetas en mi torso y su cadera justo sobre mi polla. Mientras nos besábamos dándonos lengua y saliva a nuestro lado mi sobrina y mi amigo estaban en maniobras parecidas.
He de admitir que eso me dió algo de celos. Deseaba a Yolanda, pero en esto estábamos los cuatro juntos y muy revueltos.
A esas alturas quería probar coñito. Levanté a Carmen poco a poco. Desplazándola sobre mi cuerpo. Así podía besar sus hombros bronceados. Levantar sus brazos para lamer sus suaves axilas. De ahí pasar a besar sus pechos y mordisquear sus pezones oscuros y duros.
- ¡Qué bien come las tetas tu tío!
- No te preocupes que pienso comprobarlo.
Mientras se movía iba girando acercándose a la otra pareja. Ellos imitaban nuestros movimientos arrimándose. Todos queríamos disfrutar con todos. Pero mi amigo y yo queríamos darles una sorpresa.
Viendo que ya tenían su vena bisexual y cariñosa entre ellas. No se iban a asustar. Nosotros podíamos demostrarles que los chicos también sabíamos divertirnos solos. Aquello iba camino de una interesante orgia.
Pasé la lengua por su ombligo y besé todo su vientre mientras se abrían sus muslos para rodear mi cabeza con ellos. La postura no era muy cómoda pues estaba inclinada hacia la polla de Carlos.
- Vamos tío. Tiene un culito muy jugoso. ¡Cómeselo!.
- Ya me parecía que tú se lo has probado bastante.
Besaba el pubis depilado de Carmen. Unas manitas suaves bajaban mi slip liberando mi nabo. Mi querida sobrina tenía sus otras ideas y yo no pensaba negarle mi polla, mis testículos y creo que trataba de alcanzar mi ano lamiendo el perineo.
- Tú sobrina también está riquísima.
Al mismo tiempo aparté el tanguita y clavé la húmeda en el coñito de Carmen. Aquella chica era una fuente, de su coñito manaban jugos como del grifo de una bañera.
Poco a poco estábamos montando una rueda. Marcos recibía las atenciones bucofaríngeas de la rubia en su polla y huevos que apuntaba a las estrellas. Mientras él le daba su lengua a mi pervertida sobrinita.
Nos habíamos tenido que poner de costado apoyando las cabezas en el muslo inferior de la persona a la que lamíamos. Así era más cómodo. Ninguno dejábamos de lamer el sexo que nos había tocado en suerte.
Mi colega y yo intentábamos aguantar todo lo posible sin corrernos, pero intentando conseguirles sus primeros orgasmos a las chicas. No tardaron mucho, estaban muy calientes.
Carmen casi me llena la boca con sus jugos en ese momento y yo tuve que contenerme mucho para no derramar mi lefa en la boca de mi sobrina.
- Tito, ¿no le vas a dar cariño a tu amigo?.
- ¿Quieres ver a dos chicos juntos?.
Estiré la mano hasta alcanzar la polla de mi amigo y acariciarla con suavidad. Si estaba tan excitado como yo suelo corría el riesgo de convertirse en un volcán en segundos y mandar fuera toda su esencia.
Me arrodillé frente a su nabo con las chicas a mi lado. La tres caras muy juntas esperando el semen. Carmen pasó la lengua por el glande y en ese miento estalló jadeando como una locomotora vieja. Nuestras bocas y lenguas se frotaban buscaba cada gota que salía de su polla.
Notaba las manos de las chicas agarrando mis nalgas y separándose, hasta alcanzar mi ano con sus deditos juguetones. Yo acariciaba los huevos de mi amigo para que soltara hasta la última gota.
Compartíamos el semen en un lascivo beso a tres lenguas que pasaban por el torso de los demás para limpiar hasta el último resto que se hubiera escapado al principio de la corrida.
- Yolanda, ¿no quieres mi polla?.
- Pues claro, tío. Pero yo mando.
- Como llevas haciendo toda la noche.
Nos levantamos, ella se apoyó en las tetas de Carmen. Se agachó arqueando la espalda y ofreciéndome su precioso culito. Mientras ella le comía las poderosas tetas a su amiga yo fui penetrándola, sin prisa pero con firmeza.
- No voy a aguantar mucho, cielo.
- No importa, sigo muy cachonda.
Mientras me movía despacio dentro de mi sobrina. Alex se arrodilló detrás de mí y me abrió el culo con las manos para clavar la lengua en mi ano. Ya lo había hecho muchas veces antes.
Si antes temía correrme pronto, en ese momento el placer recorrió todo mi cuerpo como un calambrazo. Llené el coñito de Yolanda de semen, creo que ella también se corrió de nuevo conmigo. Pero había sido tanto el placer de todos que ya no tenía importancia.
Nos tumbamos en el césped con unas copas nuevas para descansar y recuperar fuerzas. Seguimos charlando un rato compartiendo nuestras experiencias más morbosas. Y también comentando nuestros deseos más oscuros.
Yoli confesó que siempre me había deseado. Yo le tuve que decir lo mucho que siempre me había gustado su madre.
- Tío, tu siempre has sido mi objeto de deseo.
- Me alagas cielo. Desde siempre yo miraba a mi hermana y le tenía ganas.
- No me extraña. A mi también me gusta, sigue estando muy buena.
Todos hablamos abiertamente de nuestra bisexualidad. Como nosotros ellas eran follamigas y cuando no follaban con otras personas se lo montaban juntas.
Viendo la actitud que tenía mi sobrina y que estaba descubriendo esa noche le ofrecí mi casa como picadero.
- Puedes venir aquí cuando quieras. Te tendré preparado un dormitorio y condones de sobra.
- Claro, así también podrás tú follar conmigo. Listo.
- Si tú quieres claro.
- No te niego que pienso repetir.
Y se lanzó a darme un nuevo beso muy lascivo y con mucha lengua y saliva. Sentada sobre mis muslos.
- ¿Y si subimos al dormitorio?. Estaremos más cómodos en una cama.
Por supuesto nos pasamos el resto del fin de semana desnudos y follando. Hemos repetido bastantes de los que han venido después. Con los mismos participantes y con algunas variaciones incluyendo a gente nueva. No contaré hoy lo que ha llegado a pasar con mi querida hermana.
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sábado, 15 de octubre de 2022
Coronas y la socorrista
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Coronas está en la piscina, el calor del verano aprieta y ha decidido pasar la tarde en remojo. Como no tiene plan a la vista pretende quedarse hasta la hora de cerrar. Si no encuentra a nadie con quien irse antes. Unas copas en el bar también ayudarían a pasar el día.
El sol va bajando, la gente se rinde, recoge sus cosas y se marcha. Coronas lleva su minúsculo bikini de cortina blanco casi trasparente, que no puede ni pretende contener la abundancia de sus carnes.
Se ha fijado en la socorrista, una chica menuda, delgada, pero con unos músculos como alambre de acero. En su bañador rojo de una pieza sus senos pequeños marcan los duros pezones a través de la tela de licra sin refuerzos.
Sus ojos recorren la superficie del agua y el césped de vez en cuando para comprobar que todo está en orden. De tarde en tarde, como en un descuido se detienen en el cuerpo de la curvy rubia.
Lleva muy poca tela encima. Dos triángulos tapan muy poco de sus poderosos pechos. La braguita no es un tanga pero solo cubre la mitad de sus carnosas nalgas y únicamente el pubis por delante sujeta a un cordón en la cintura.
Hay más opciones, tomando el sol en bikinis minúsculos o sexis trikinis pero sus ojos siempre vuelven a la misma chica. Que aunque intenta parecer discreta, o algo así, Coronas sabe que está siendo observada.
q La ve sensual y voluptuosa y piensa que le gustaría enterrarse entre sus carnes y dejarse acunar por los maternales senos. Aunque las tres jovencitas que miran sus móviles en otro rincón de la hierba tampoco estarían mal desnudas del todo.
También una milf que juega con sus hijos junto a las duchas. Los movimientos violentos del juego hacen que su bañador se mueva a veces dejando a la vista uno de sus bonitos pezones. Hasta un par de chulitos con bañadores tipo slip pequeñitos luciendo cuerpos de gimnasio ofrecen un bonito espectáculo.
Sus miradas se han cruzado algunas veces. Pero aunque ambas se han detenido algunos segundos más de lo razonable y sus labios han sonreído ninguna de las dos está del todo segura de los sentimientos de la otra.
Se acerca la hora de cerrar. Tiene que revisar las instalaciones. Comprobar que todo está en orden. Así puede ver a algunos de los ejemplares que le han llamado la atención desnudos en las duchas o en lencería en los vestuarios según cambian los bañadores por la ropa de calle.
La socorrista se esconde unos segundos detrás de una columna para echar un vistazo a las tres chicas, desnudas del todo, enjabonándose entre ellas en las duchas. El espectáculo era precioso y las risas cristalinas deliciosas, pero no podía entretenerse mucho mirando sin llamar la atención.
La milf está vistiendo a sus hijos ataviada únicamente con el sujetador y un tanga, antes de ponerse su falda y la blusa que están a su lado en un banco del vestuario. La que no aparece por allí es la curvy sexi que le llamado la atención.
Hasta los chulitos van camino de las duchas desnudos del todo y haciéndose bromas, dándose palmadas en los duros culos o en los torsos tocando los pezones. Les puede echar un vistazo de reojo desde la entrada del vestuario masculino.
Por fin se han quedado solas. La ultima pareja, entre arrumacos, con el chico a punto de arrancarle el bañador a su novia se ha perdido camino de las duchas.
Le hubiera gustado echar un vistazo también. Seguro que se estaban haciendo cariñitos en las duchas. Pero eso le habría hecho perder de vista a la rubia.
Coronas se lanza al agua cruzando la piscina de forma perezosa para que se la vea asomando ciertas partes de su cuerpo fuera del agua. Incluso a mitad de camino se dio la vuelta nadando de espaldas para lucir sus melones.
La socorrista con sus elegantes movimientos de gata en celo saltó a la piscina en una clavada perfecta. Sin salpicar ni una gota.
Buceando pasó por debajo de la gordita y salió a la superficie a su lado, nadando juntas con lentos y perezosos movimientos. Al mismo cómodo ritmo hicieron un par de largos y descansaron juntas en el borde.
- Hola me llamo Coronas.
- Yo soy Alex, Alejandra pero prefiero Alex.
- Es bonito.
Algo había entre ellas, algo que las dos querían explorar. Se presentaron y se dieron los primeros castos besos en las mejillas. Coronas le preguntó si podía hacer top less.
- ¿Me puedo quitar el sujetador?
Le respondió mirando alrededor.
- ¿Quien te va a ver?. Estamos solas.
Y así dentro del agua soltó el nudo, se deshizo del sujetador y lo arrojó a la orilla, al césped. La socorrista le dijo:
- Espérame aquí, ahora vuelvo.
Y fue a cerrar las puertas pues ya se habían quedado solas por completo en el recinto. A la vuelta, según se iba acercando al agua se iba bajando los tirantes de su prenda y sacándoselo poco a poco. Provocando aún mas la lascivia de la rubia.
- Yo también quiero estar más cómoda.
Los pechos pequeños pero muy duros asomaron primero según bajaba la prenda. Luego se veía el vientre plano con los músculos marcados hasta que Coronas pudo ver el coñito depilado de labios finos.
Desnuda del todo se volvió a meter en el agua junto a Coronas. Antes de que esta pudiera extender su mano para acariciarla, la salpicó y se alejó nadando y riendo. Pero en el cuerpo de Coronas se esconde una magnifica atleta y unos músculos de acero.
- Te atrapé.
No le cuesta trabajo alcanzarla y retenerla entre sus brazos. En medio del agua se dan el primer beso de amor, de sexo casi desnudas ambas. Los pechos se frotan. Lo único que queda entre sus espléndidas anatomías es la braguita de la curvy.
- Mejor así, juntas. ¿No crees?.
Sus cuerpos se juntan y acarician se acoplan como si estuvieran hechos para eso y se sumergen. Riendo vuelven a la orilla donde se acarician durante un rato, se besan en la boca. No siquiera salen del agua, solo se paran allí donde no cubre. Se tocan los pechos unos pequeños y duros y los otros amplios y maternales.
- Besas muy bien.
- A tí no se te da nada mal.
Coronas desliza una de sus manos por el vientre plano de su nueva amante en busca de la vulva, sabia, suavemente le hace suspirar. Desliza dos dedos entre los labios y acaricia suavemente el clítoris. Y toma los gemidos en sus labios en forma de besos.
- Quiero comerte.
Allí mismo Coronas le hace subir al borde de cemento y abrir sus fuertes piernas para lamer su dulce coñito y su ano. Así la socorrista es socorrida en cariño y sexo. No para hasta que la delgada morenita se corre un par de veces.
- ¡Joder!, ¡qué gusto!. ¡Como lo necesitaba!. Llevo todo el día cachonda viendo cuerpos bonitos por aquí.
- Pues espero darte muchos más. ¿Más bonitos que el mío?
- Ninguno que me apeteciera más tener así. Vamos a la ducha. Te voy a saborear entera.
- Pues tienes carne para rato, bonita.
De la piscina se dirigen a las duchas para quitarse el cloro y ya desnudas del todo las dos siguen haciéndose el amor sobando sus cuerpos lubricados por el gel de baño.
- Me encanta acariciar otra piel así, con el gel de baño, es mucho más suave.
No habían dejado de besarse. La saliva cambiaba de boca con el juego de las lenguas. Lamiendo la piel de la otra recién enjuagada en el bello contraste.
- Déjame que te lave el pelo.
Coronas acariciaba la nuca de la socorrista pegando sus melones a la espalda musculosa. Su cadera se frotaba con las respingonas y duras nalgas. Alex gemía al notar las manos de la rubia acariciando su cuero cabelludo.
- Estaría así horas. Esto es maravilloso.
Él gel de baño y el champú hacía que sus pieles resbalaran y eso era mucho más sensual. Frotando sus cuerpos uno contra otro.
Alex le cogió las manos para que rodeara su cuerpo y la abrazara mientras ella se apoyaba en el mullido cuerpo. Coronas lamía y besaba su cuello mientras agarraba los duros pechitos. Pellizcaba los pezones.
Empezó a bajar por la fina espalda, pasando la sin hueso por la línea de la columna, por los omóplatos. Le daba suaves mosdisquitos en las pétreas nalgas. Las separó con las manos para ver el agujerito y poder lamerlo.
Los jadeos de Alex llenaban el recinto de las duchas y los vestuarios. Más altos, más rápidos cuando Coronas clavó la húmeda en el ano. Le dedicó un buen rato mientras la joven socorrista enlazaba un orgasmo tras otro.
Luego sigo bajando por la largos y finos muslos. Lamió la parte de atrás de las rodillas.
- Túmbate el el suelo. Quiero saborear esos piecitos.
Alex lo hizo suspirando por las expertas caricias de Coronas. La curvy cogió uno de sus pies, pasó la lengua por la planta, chupó cada uno de sus dedos. Siguió con el otro y volvió a subir por la pantorrilla.
- Me derrito cuando me acaricias las tetas. Y eso que me estás haciendo en los pies me vuelve loca. Creo que me he corrido más veces esta noche que en el último mes.
- Pues no pienso dejar de darte gusto, cielo.
- Vamos al vestuario. Allí hay bancos para tumbarmos.
Pusieron uno en medio de la sala, apartándolo de la pared para poder tumbarse alternativamente y que la otra pudiera tener una postura cómoda para hacer un cunnilingus en condiciones.
Y comiéndose los coñitos durante "horas" en la calurosa noche de verano, sobre el banco de madera del vestuario cubierto apenas con sus toallas para hacerlo un pelín más cómodo. Pero en realidad no pasó mucho tiempo.
Sobresaltadas por un ruido en el exterior del pequeño edificio son testigos por una ventana alta en su pared de como una parejita de chicos jóvenes salta la tapia. Tienen la intención de darse un baño nocturno desnudos y hacerse el amor con sus duras pollas sobre el césped.
- Shhhh. No hagas ruido. Tendré que llamar a la policía.
- Espera a ver lo que hacen. Puede que solo quieran bañarse. Si no hacen algún destrozo no vamos a meterlos en un lío.
- Ya, pero el susto que me han dado se lo hago pagar.
Pero al principio las chicas han tenido un sobresalto al verlos. Sólo son dos chicos gay, bisex o solo buenos amigos que buscan un lugar solitario para encularse, disfrutar de buen sexo y darse un baño nocturno en pelotas.
Enseguida los dos jóvenes empiezan a deshacerse de sus ropas, las camisetas, los vaqueros y unos slips muy pequeños. Se arrancan las prendas con prisa, confirmando la opinión de Coronas sobre ellos.
- ¿Lo ves?. Solo se van a dar un baño desnudos.
La cosa mejoró cuando empezaron a besarse como posesos desnudos del todo. Para ver mejor el espectáculo ellas se desplazan a la puerta de los vestuarios. Desde allí les pilla más cerca el sitio elegido por los muchachos. Agachadas tras el marco los miran.
- No sólo un baño, por lo que parece.
- Si, y ¡Joder! están buenos.
- Así que le das a los dos palos.
- ¿Y tú no?. Espero que podamos unirnos.
- Eso estaría bien. Genial.
Al principio solo los miran hacer el amor y oyen sus gemidos de placer mientras no separan los dedos de la vulva de la otra. El cuerpo de Alex daba la espalda a su amiga, apretado entre los maternales senos de la rubia, su culito contra el pubis.
Ellos seguían besándose, las duras pollas apretadas entre sus vientres. La saliva cambiando de boca en boca. Las chicas casi podían ver las lenguas jugando desde su atalaya. Se estaban dando un repaso muy caliente.
Uno de ellos arrastra al otro hasta la fresca hierba. Se arrodilla entre sus muslos abiertos de su amigo y mirándose a los ojos con expresiones de pura lujuria agarra las dos vergas y las pajea juntas.
- ¿Salimos ya?.
- Espera, aún pueden asustarse y salir corriendo.
Vieron como se inclinaba sobre su amigo y empezaba a lamer sus testículos sujetando el nabo con la mano. Era una mamada lenta, lasciva, humedeciendo cada centímetro de piel por donde posaba la lengua.
- Creo que ya.
Salieron del vestuario despacio, mostrando orgullosas su gloriosa desnudez. Tan ocupados estaban en su placer que no se dieron cuenta de la bella compañía hasta que no las tuvieron casi encima.
Al principio la cara de susto de ambos fue épica. Pero al ver que las dos chicas que los habían sorprendido estaban tan desnudas como ellos se les fue pasando.
- Pero, ¿Quienes sois? ¿Qué hacéis aquí?.
- Parece ser que lo mismo que vosotros. Pero no nos ha hecho falta saltar el muro. Ayuda tener enchufe con la socorrista. Yo soy Mario y este tan guapo Javi.
- Nosotras Coronas y Alex. ¿No tenéis casa o un coche?.
Mientras manteníamos es conversión con uno de los chicos el otro no había soltado la polla. Estaba atento a las dos cosas y se vez en cuando le daba unas lamidas a los huevos o el glande su amigo.
- Coche no y en casa padres.
- Pues a punto hemos estado de llamar a la policía. Hasta que empezásteis a desnudaros.
- A vosotras también os hubieran encontrado en bolas.
- Tenemos la ropa. Listillo.
Coronas tampoco se había quedado quieta. Con discreción había echado mano al culito respingón de su nueva amiga y no dejaba de acariciarlo.
- Bueno. ¿Vais a divertiros solos? o ¿podemos participar?.
- Hay sitio para todos. ¿verdad?.
Las dos chicas se fueron acercando despacio sin dejar de admirar el bello espectáculo que tenían delante, deseando participar.
Coronas se puso detrás de Mario clavando sus tetazas en su espalda y el pubis en su duro culito. Rodeó su torso con los brazos y pellizcó sus pezones.
Alex se arrodilló junto a Javi y entre los dos siguieron con la mamada a la dura polla de su amigo. Pero también le agarró el nabo que firme estaba entre sus muslos.
Aprovechó para tirar de sus hombros y arrastrarlo con ella al fresco césped. Buscaba con la lengua el sabor del rabo de su amigo en el interior de su boca.
A Mario le estaba atendiendo Coronas. Se había puesto frente a él y se habían abrazado buscando todo el roce posible entre los cuerpos. El nabo se había acomodado casi sólo entre los poderosos muslos de la rubia tocando con el glande los labios de su vulva.
Ella también lo empujó hasta tumbado al lado de su amigo sobre la hierba. Lado a lado las dos amazonas que ya estaban más que calientes por sus juegos previos decidieron cabalgarlos.
Se subieron sobre las caderas de los chicos y despacio se fueron clavando sus pollas prácticamente a la vez. Como estaban tan cerca aprovecharon para besarse. Ellas amasando las tetas de la otra y ellos solo alcanzaban los labios y lenguas del otro acercando los rostros.
- ¿Queréis correros?.
Mirando a los ojos de Alex, Coronas buscaba su asentimiento para que les llenarán los xoxitos de lefa. A esas alturas los gemidos de los cuatro llenaban el jardín y podían agradecer el seto y el muro para que no les escucharan fuera del recinto.
Ya no dejaron de moverse, ni de cabalgar hasta que ellos se corrieron. Ellas cambiaron de chico y se tumbaron sobre ellos haciendo un sesenta y nueve.
Coronas sobre Javi no dejó que el duro nabo del chico perdiera toda su dureza. Saboreando el semen y los jugos de su amiga hasta dejar el instrumento bien limpio. Además de notar en su xixi la lengua juguetona del chico.
Alex se dedicaba a similares maniobras con Mario que además buscaba con su lengua los restos de semen de su colega entre los labios vaginales de la socorrista.
- ¿Probamos con algo más difícil?.
- ¿Que tienes pensado? ¡pervertida!.
- Vosotros os follais. ¿No?.
- Si, claro, a eso veníamos.
- Pues a ello. Chicos. Estamos deseando verlo.
Mario a cuatro patas esperaba lo que decidieran sus nuevas amigas. Alex aprovechando su flexibilidad se deslizó por debajo en un nuevo sesenta y nueve.
Coronas se dedico a lubricar el ano del chico con su propia saliva a la vez que contenía las ansias de Javi agarrando su polla con la mano. También echó una buena cantidad de babas sobre el glande del rocoso nabo.
Por fin como buena mamporrera guió la polla al agujerito que la esperaba con ansia. No perdía detalle de como entraba despacio pero firme en el duro culo. Alex desde abajo también tenía una vista privilegiada de la penetración mienta le chupaba los huevos a Mario.
No se conformaba con eso. Coronas le clavaba un dedo, al principio, luego fueron dos, en el ano a Javi. También buscaba sus labios y su lengua en lascivos besos dándole y recibiendo saliva.
Javi termina corriéndose en el culo de su amigo jadeando ambos. Mario también se derrama y su lefa la recoge la socorrista en su boca golosa. Coronas no ha parado de acariciar, lamer y besar la piel de los otros tres.
Al fin siguen follando los cuatro en la hierba, prácticamente toda la noche. Los chicos no se creen tener la suerte de dos mujeres tan bellas pendientes de sus pollas. De follarse entre ellos teniendo un público tan excitado. Y más aún cuando ve a su novio en los lujuriosos brazos de Coronas o los de la socorrista.
Nuevos amigos, amantes, ninguno de ellos quiere perder el contacto.
..
Túnel dimensional, aventura hentai.
"Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia"
Tercera ley de Clarke.
El túnel al multiverso es una tecnología desconocida y aún incontrolada. Los científicos no se ponen de acuerdo en sus bases teóricas. Pero sus efectos son bien conocidos en la institución que lo estudia gracias a los informes de los conejillos de Indias, ups, perdón, las personas que lo cruzan con destinos inesperados: Otras épocas, lugares e incluso mundos de fantasía, de novela o de cine.
Esta colección de extractos de esos informes hace hincapié en las vivencias más eróticas de la protagonista narradas por ella misma.
Probarme unos bañadores era todo lo que pretendía comprar en ese momento, puede que incluso algún bikini sexi. La tienda de lencería era pequeña, bonita, pero lo mas bonito era sin duda la chica que había sobre una escalera colocándole un trikini a un maniquí.
Desde donde yo estaba solo veía las piernas saliendo de una minifalda vaquera tan corta que por un centímetro no podía verle el culo. De hecho si me inclinaba solo un poco le veia las nalgas destapadas por un escueto tanga, al ser la tela de la falda tan rígida.
Una espalda desnuda del todo del todo excepto por el cordón y el nudo del sujetador de un minúsculo bikini. Estaba claro que ella lucía la mercancía que vendía y lo hacía muy bien.
Me entretuve curioseando entre las estanterías y de vez en cuando echando un vistazo a los bonitos muslos. No quería acercarme a espiar bajo la falda y quedar como una mirona.
Cuando por fin bajó de la escalera vino sonriendo a mi lado para preguntarme en qué podía ayudarme. Pensé en una comida de coño al ver aquellos labios sensuales y gruesos. Pero en cambio le pedí unos bañadores para probarme. Los mas pequeños y provocativos que pudiera encontrar.
- Hola, soy Aki. ¿Te puedo ayudar?
- Gracias. Buscaba algunos bañadores y bikinis, ahora que empieza a apretar el calor. A ver si encontramos algo sexi y pequeñito.
- Seguro que tengo lo que necesitas.
Sin perder la sonrisa me guió hasta un discreto rincón de la tienda. Allí colgadas dentro de sus envases había prendas que sólo había visto en sex shops, películas y fotos eróticas o en dibujos manga. Cosas tan livianas y microscópicas que apenas taparían nada de mi cuerpo.
- ¿Ves algo que te guste?.
- Desde luego que sí.
Le contesté mirándola directamente a ella.
- Lo que miras no está en venta. Pero puedo prestarlo si es de mi interés.
Estuve curioseando los envases y sacando algunas prendas. Comprobado lo pequeñas y sexis que eran.
El resplandor azulado rodeó esta vez no sólo mi cuerpo, como era costumbre, sino toda la tienda. Aún sorprendida por ello me alrededor a ver donde había llegado.
El universo al que entramos era lo mas extraño que hasta entonces había visitado, vivos colores, textura raras, formas dibujadas o renderizadas. Y eso solo lo que se veía dentro del pequeño local.
Los rasgos de la vendedora ahora parecían orientales, su ropa mas corta y ajustada, su cuerpo aún mas voluptuoso y sensual, y eso que ya lo era antes. Aún no me había mirado en el espejo, no sabía si mi cuerpo había sido modificado.
Mis ojos que parecían dibujados con photoshop, recorrían alucinados el resto de mi cuerpo en el espejo. Mis pechos habían aumentado de talla y dos orgullosos pezones se marcaban orgullosos en el vestido de lycra que aún se ajustaba más a las mucho más voluptuosas curvas de mi figura.
Al salir a la calle de una desconocida ciudad vimos un mítico Tokio. Por delante de la tienda pasaba un grupo de colegialas de cortísimas faldas y enormes pechos que lucían sus blancas braguitas.
- ¿Qué está pasando?.
- No te preocupes, no te pasará nada.
En la lejanía, sobre las colinas, un enorme robot peleaba contra monstruos gigantescos de ondulantes tentáculos. Láseres y misiles cruzaban un cielo extrañamente teñido de rojo.
La vendedora se abrazaba a mí asustada y excitada. Se daba cuenta de que yo parecía tener más experiencia en situaciones como esa. que bien me engañó. Sudor, lagrimas y un enorme chorro de jugos vaginales humedecían su piel llenando mis fosas nasales de olor a sexo.
- Vamos a dar una vuelta.
La extraña moto de dos plazas y de aspecto futurista, aparcada a la puerta esperaba que empuñara su manillar. La gente con la que nos cruzábamos vestía cada vez mas raro.
Desde antiguos guerreros samuráis con armaduras de bambú y catanas colgadas de la cintura a exóticas bellezas con atuendos tan reducidos como el mío.
Chicas con el kimono tradicional japonés que escondían entre sus bien torneadas piernas enormes pollas. Monstruos tentáculados rodeados de bellezas exóticas a las que follaban por todos los agujeros de sus bien formados cuerpos.
Animales parlantes antropomórficos y demonios con atributos sexuales exagerados. Desfiles de ejércitos del mal entre rascacielos futuristas edificados junto a fortalezas y templos medievales.
Por el cielo jinetes de nubes y extraños artefactos que solo podían volar allí o gente que daba enormes saltos. En la colina el monstruo reducido a pulpa sanguinolenta apenas se movía ya vigilado atentamente por los sensores del robot que dio media vuelta y regresó a la ciudad y a su hangar subterráneo.
En mi extraña moto con el bello paquete apretando sus duras tetas en mi espalda recorría las extrañas calles iluminadas por luces coloreadas. Sus manos sujetas a mi cintura y sus labios y lengua recorrían mi cuello y nuca, excitada y asustada a partes iguales.
Paré allí mismo en la calle entre multitudes que apenas nos prestaban atención ocupados en sus asuntos algunos tan placenteros como los nuestros y otros mas salvajes como luchas a katana o con artes marciales.
- Te deseo.
Ella con sus bellos rasgos orientales apartaba la estrecha lycra de mis tetas duras y enormes para lamer mis pezones. Mientras mi mano entre sus suaves muslos subía la estrecha falda del vestido de seda de corte chino en el que su atuendo se había metamorfoseado en algún momento.
Ya ni siquiera tenia las bragas puestas, desaparecidas en la última trasformación, y la humedad de su sexo escurría muslos abajo inundando mi nariz con el olor de su excitación. La tenia abierta de piernas tumbada sobre la moto.
Recorrí los labios de su vulva sin un pelo con la lengua saboreando los abundantes jugos. Deslizando parte de ellos hacia el ano para abrirlo y excitarla aún mas jugando con todo su cuerpo.
Lógicamente se corrió como cualquier personaje de hentai. Escandalosa, gritando y gimiendo. Chillaba sus comentarios pero aunque estábamos en plena calle rodeados de gente nadie nos hacía caso.
Lo que no esperaba era tener una "futa" entre los brazos. Con el orgasmo el clítoris empezó a crecer, mucho. Seguí lamiendo chupando aquel nuevo órgano pétreo. Tomó la forma, consistencia y tamaño de una gran polla. Por debajo seguía conservando la vulva.
Era uno de mis viajes por el multiverso más extraños pero he de admitir que lo estaba disfrutando. Las imágenes a veces algo psicodélicas, otras simplemente cosas que había visto en mangas o películas.
Ella en ese tiempo no había abandonado mis descubiertos pechos, mis excitados pezones. Como era un personaje de un anime era muy flexible y podía alcanzarlos estuviera yo en cualquier posición. Acariciaba mi piel lisa y suave en ese extraño mundo de manga.
Ahora ella era la que quería devolverme el favor y hacerme disfrutar. Me empujó sobre el cómodo asiento de la moto. Desde luego era mucho más confortable de lo que parecía a primera vista.
Me recosté en el mullido acolchado y ella cogió mis piernas para levantarlas y llevar uno de mis pies a su boquita. Tan lasciva como en resto del viaje chupó mis dedos y lamió la planta.
Bajó lamiendo la pantorrilla en busca de mi vulva. La abundante saliva, otra de las características de los mangas, resbalaba por mi piel. Su lengua caliente levantaba sensaciones que pocas veces había tenido.
Hasta que llegó a mi coño y las sensaciones aún se incrementaron más. Ahora era yo la que gemía y gritaba sin cortarme lo más mínimo.
La corriente de placer que se originaba en mi xixi llegaba directamente al cerebelo recorriendo la columna. Lógicamente quería probar esa polla que había crecido mágicamente entre sus piernas.
- Te voy a follar. ¿Quieres?.
Ya no quedaba en su actitud nada del susto del principio del viaje. Se comportaba mucho más seguía de sí misma.
- Fóllame si.
Así que tras mi primer orgasmo conseguido con la lengua. Se incorporó dejándome ver el nuevo miembro. Lo puso entre los labios de mi vulva. Acariciaba con el pulgar mi clítoris que aunque había crecido no lo hizo tanto como el suyo.
Me penetró firme pero despacio, haciéndome notar cada centímetro de su verga. Empezó a moverse sin dejar de acariciarme con sus manos. Mis enormes tetas, el vientre o el clítoris y los labios de la vulva.
Gritando, jadeando y gimiendo parecía estar en un orgasmo continuo. No simplemente enlazar uno con el siguiente. No sé cuánto pasamos en tan placentero menester, si fueron horas o minutos. Hasta el tiempo parecía discurrir de forma diferente, aún más cuando te corrías.
Pero yo era consciente en algún oscuro rincón de mi mente de que el túnel volvería a por nosotras. Que la onírica experiencia terminaría en algún momento. Sabiendo lo que podía ofrecer ese mundo eso sería más bien pronto.
Era un mundo poblado de extrañas criaturas, de sexo salvaje húmedo, muy húmedo hasta que el túnel me devolvió a casa. Ella no volvió conmigo. Llegué a la misma tienda de la que había salido, Pero la vendedora era diferente. También guapa y sexi, pero desde luego no era la misma chica.
Me extrañó pero desde luego no podía hacer nada al respecto. No podía rescatarla ni traerla de vuelta si el túnel no quería. Y normalmente hasta entonces cuando el agujero de gusano había sacado a alguien de su tiempo o mundo había sido para bien.
Me limité a aparcar las ideas que tuviera sobre el asunto hasta que el túnel o la institución me dieran más datos. Las cosas nuca son tan fáciles como aparentan con esto. Curioseando en el menú de las compañías de payperview descubrí una nueva serie de hentai. Ella salía en la siguiente OVA que vi en mi tele por cable.
Incluso había un personaje en secundario, una voluptuosa chica que tenía un extraño parecido conmigo. No salía toda la aventura, ni todo lo que había visto allí, pero si buena parte del polvo sobre la moto.
Así fue como descubrí que en realidad ella era de ese otro mundo y solo volvió a casa. Los túneles se habían cruzado y como resultado había sido una de las experiencias más extrañas que he tenido. Y eso es mucho decir con todo lo que pasa con el agujero de gusano.
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