sábado, 9 de julio de 2022
Boda-orgia
boda orgia
Siempre me he llevado muy bien con mi prima, muy, muy bien. Así que me invitó a su boda como era lógico.
Pero la cosa es más complicada que eso. Sonia pensaba organizar una orgía. Siempre ha sido una chica muy morbosa, sexi, inteligente. Nos lo empezamos a montar juntos con diez y ocho años. Exploramos juntos mucha de nuestra sexualidad y buena parte de la de otros primos y amigos.
Llevamos años follando, algunos tríos, incluso intercambios de pareja. Incluso uno en el que ella se quedó con mi chica y yo me divertí con su chico. Ellas nos miraban como nos follamos el uno al otro y nosotros pudimos ver sus maniobras sáficas en directo para excitarnos más.
Sus padres estaban divorciados y Sonia vivía con mi tío. Un macho muy guapo, bien conservado y como prueba de mi bisexualidad yo también había follado con él. Y por cierto sabía que padre e hija se llevaban muy bien. Los dos me lo habían contado como confidencia de cama.
Por mi trabajo hacía unos meses que no nos veíamos. Vivía en otra ciudad pero conservábamos el contacto por WhatsApp y otros chats, incluido algo de cibersexo. Así que me había contado como había conocido a un chico, había empezado a salir con él y las cosas se habían puesto muy serias.
Conociéndola era evidente que el mozo sería tan pervertido y morboso como ella, o se iba a pasear por ahí con unos cuernos que le impedirían cruzar puertas hasta de hangar de aviación. Eso me lo confirmó la invitación a la boda. Decorada con dibujos del kamasutra, el texto lo aclaraba más. El encabezado decía:
BODA/ORGIA.
Sonia Fulanita de Tal y Mario Menganito de Cuál tienen el honor de invitarte a la ceremonia de compromiso que se celebrará en un chalet en medio de ninguna parte.
El atuendo adecuado será lo más putón posible, lencería sexi, disfraces o ropa que descubra el cuerpo. Daba algún detalle más pero para aclarar las cosas simplemente la llamé.
- Sonia. ¿De qué va esto?
- Ya habrás deducido algo por la invitación Mario y yo nos casamos.
- Nunca pensé que eras de las que se casan.
- A todo cerdo le llega su San Martín, primito. Algún día te tocará a tí, pero Mario y yo somos iguales y hemos decidido formalizar la relación.
- Vale, entonces ¿de que va esto de la ceremonia?.
- Vamos a celebrar algo íntimo con unos pocos amigos y familia escogida. De los que van de mi parte creo que te los has follado a casi todos. Así que establecerás nuevas relaciones con los amigos de Mario.
- Entonces ¿lo de la boda solo es un paripé para montar la orgia?
- Para nada, montaremos algo más serio más adelante. Pero la verdadera se hará ese sábado, La oficiará Marta, mi amiga, la que curra en el ayuntamiento y llevará los papeles. De hecho quiero que seas uno de mis testigos.
- Estaré encantado claro. Marta está muy buena, ¿sabes como irá vestida?.
- Aún no, pero como la conocemos los dos te puedes imaginar que no defraudará.
- Por cierto Y ¿tú? ¿Que llevarás?.
- Ya lo verás, creo que no te sentirás defraudado. Tú intenta cumplir e ir muy zorrita. Dejamos una habitación de vestuario para que la gente pueda cambiarse allí. Te veo el sábado. Bye, primito.
Conociendo a Sonia sabía que todo esto no era una encerrona o una broma pesada, sino que iba completamente en serio.
Todo eso me suponía un problema. ¿Qué coño me iba a poner?. En cierto momento hasta me planteé ir de nudista y quedarme en bolas del todo. Hasta visité un par de sex shops en busca de ideas. Pero la mayoría de lo que tenían allí era muy sadomaso para mí gusto. Hasta me imaginé con lencería de chica.
La solución la tenía en el fondo de uno de mis cajones. Un bóxer de malla completamente trasparente, regalo de una follamiga, serviría para la ocasión. No había llegado a estrenarlo. Como complemento y ya que en una boda esa es una prenda imprescindible llevaría una corbata.
Con unas bermudas y una camiseta cogí el coche y me dirigí donde me indicaban las coordenadas GPS que venían en la invitación. La escasa indumentaria la llevaba en una mochila.
Cuando llegué uno de mis primos vestido únicamente con un slip negro y un arnés de cuero me llevó directamente de mi coche al vestidor habilitado. Sin dejarme pasar por el jardín donde estaban los invitados que habían llegado antes que yo.
Un miembro de la familia del novio con el mismo atuendo hacía en mismo servicio a los que venían de su parte. No pude más que echarle un buen vistazo mientras mi primo nos presentaba brevemente. La verdad es que merecía la pena.
Ya me hubiera conformado con esos dos, pero dentro había promesas sino mejores si en más cantidad. No era cuestión de ser impaciente.
Tras ponerme lo que había traído una desconocida jovencita que esperaba fuera me indicó el camino a seguir. La chica solo llevaba puesto un body de encaje negro con muy poco encaje. Se cuerpo espectacular asomaba por todas partes, escote, espalda, culo y muslos. Todo precioso y al aire.
La cosa prometía, se ve que todos los asistentes estaban dispuestos a divertirse a base de bien. Al fin pude asomarme al jardín donde amigos y familia, los más pervertidos de ambas categorías, disfrutaban del cóctel de bienvenida.
Como yo, aprovechando el calor reinante, nadie iba muy vestido. Todos los atuendos eran sexis y provocativos. Lencería, disfraces, algún vestido recortado estratégicamente para desvelar la anatomía de su portadora o portador. No sabía donde poner los ojos pues a cada paso algo nuevo atraía mi atención.
Alguien me puso una copia en la mano. Pero con tanta carne exhibida apenas me fijé en las camareras que llevaban unas minifaldas negras, yo habría dicho cinturones, y unas blusas de gasa blancas completamente trasparentes. Marcaban sus pezones duros como escarpias.
Al poco rato empezó a sonar la típica marcha nupcial. Yo me había reunido con mi primo el de la puerta que ya había terminado su trabajo allí y una amiga de la novia ataviada con un bikini.
Todos nos giramos hacia una carpa cerrada con cortinas y adornada con lazos y motivos eróticos. Se abrió y salió la comitiva hacia un estrado también rodeado de gasa blanca y figuritas de personajes desnudos en posiciones del kamasutra.
El montaje estaba muy cuidado y todo parecía caro y del gusto de una lujuriosa pervertida como Sonia y de su, en pocos momentos, nuevo marido.
Por fin pudimos ver a los protagonistas de la fiesta. La comitiva nupcial cruzó el jardín desde la carpa al estrado sobre un camino de pétalos de rosa blanca. Y todos pudimos ver la poca tela que cubría sus cuerpos.
La novia y su suegra, una madura curvy y sexi, llevaban dos corsés sin copas con las tetas al aire. La misma prenda era un liguero para sujetar las medias. Tampoco llevaban tanga así que todos podíamos ver sus coñitos depilados. Un trozo de gasa en la espalda a modo de falda y otro en la cabeza simulando un velo completaban su atuendo.
El novio y mi tío, suegro del novio y que además hacía de padrino, solo llevaban un tanga negro de chico, un cuello falso y una pajarita.
La oficiante, que esperaba en el estado, se había decidido por una fina capa de raso morado bajo la que parecía llevar su precioso cuerpo completamente desnudo.
Podíamos haber pasado directamente a firmar el acta y seguir con la parte de la orgia. Pero era evidente que mi prima no se iba a conformar con eso.
El texto de la ceremonia habitual había sido modificado según los gustos de los novios. Y desde luego los votos no mencionaban absolutamente nada de fidelidad. Si de cuidarse, amarse y darse placer entre ellos y a todos los que sea posible hasta que la muerte los separe.
Nunca hubiera pensado que mi prima pudiera ir tan en serio con nadie. Siempre había sido un espíritu libre.
Todos los demás asistíamos con la debida solemnidad, aunque algo de ella se perdía por como íbamos ataviados.
Cuando les dijo eso de que podían besarse los novios se juntaron en un lascivo morreo cuya visión hubiera excitado a un paciente terminal. Había manos por todas partes y todos podíamos ver las dos lenguas cruzándose fuera de las bocas y la saliva resbalando hasta sus torsos.
Una vez finalizada la ceremonia la hermana del novio, Olga, una preciosa morenita con un ajustado vestido rojo de lycra que aún no sé cómo destapaba sus duras tetas y vulva, y yo nos acercamos a firmar el acta.
En cuanto dejé la pluma en la mesa Marta cogió una de mis manos y la llevó directamente a su encharcada vagina. Lo mismo hizo la morenita dejándome sin más posibilidad de acción que acariciarlas. Por cierto aprovechó para quitarse el vestido, arrojarlo sobre el atril y quedar desnuda del todo.
El tenerme inmovilizado entre las dos lo aprovechó el novio para darme un beso que parecía querer sacar toda la saliva de mi boca. Le correspondí gustoso mientras mi prima hacía lo mismo con su suegra.
El resto de los invitados también había empezado a acercarse a los demás. Manos y bocas se juntaban por todo el jardín empezando a buscar el placer.
Tantas opciones y tan poco tiempo. Pero en algo tenía razón mi prima ese día era una toma de contacto, un comienzo para establecer nuevas relaciones. Aunque también renovar el contacto con las personas que ya conocíamos.
Entre las dos me habían librado del bóxer dejando mi polla dura apuntando al frente. Y la corbata no es que me tapara mucho. Se agacharon para lamer mis pezones. Si la cosa empezaba así me iba a correr enseguida.
Menos mal que cerca del estado se había habilitado un cómodo lecho, como otros que hacía dispuestos estratégicamente para disfrute de los invitados.
Al que me arrastraron sin dejarme opinar estaba sobre una plataforma para satisfacer la vena exhibicionista de los ahora ya marido y mujer. Todos podían vernos desde donde estaban.
La madre del novio me tumbó boca arriba diciéndome:
- Me han dicho que sabes usar muy bien la lengua.
Y un momento más tarde tenía su amplia cadera cubriendo mi cara. Así que durante un rato perdí de vista el resto de lo que pasaba. Pero seguía notando por todo mi cuerpo caricias y lamidas. Incluso mis huevos y polla dentro de una boca.
Yo me limité a sacar la sin hueso y darle un buen repaso al depilado coño que se me ofrecía. Lamí los labios, chupé el clítoris y la peentré todo lo que pude.
En cierto momento que levantó la cadera después de tener un orgasmo pude echar un vistazo y descubrí que era el novio a cuatro patas quien me comía la polla mientras mi tío le estaba follando el culo.
Detrás de ellos Sonia y su cuñada los acariciaban, lamían y besaban a los dos, chupaban sus pezones y pasaban la lengua por sus cuerpos y espaldas.
Había piel para todos. Pero antes de que me corriera los novios quisieron hacer una ronda y pasar por todos los grupos que se habían hecho y que ya habían empezado a disfrutar.
Besaban unas bocas por allí, acariciaban una polla o metían los dedos en un culo o un coño. Y eran acariciados y lamidos por cada amigo y familiar al que se acercaban.
Las copas, los preservativos, el lubricante, los juguetes eróticos eran repartidos con generosidad por las camareras. A esas alturas ya tenían las faldas completamente recogidas en sus cinturas dejando ver sus coñitos depilados. Y las blusas abiertas dando acceso a sus bonitos, duros pechos.
No sabía de donde había sacado Sonia esas tres monadas dispuestas a hacer ese trabajo pero era un placer verlas moverse entre los invitados repartiendo las copas y lo demás entre gente desnuda y dejándose acariciar. Una de ellas ya estaba sin la blusa, enseñando los pechos cónicos y duros y con la falda en la cintura.
Entre tanto yo me había quedado tumbado relajado conversando con la madre del novio, la oficiante, mi tío y la hermana del novio. De vez en cuando dejaba caer unas gotas de mi copa en la piel de alguno de ellos y le daba una lamida.
Por entonces pasamos todos a otra carpa donde estaba preparada la comida. Como todo en ese extraño día los manjares tenían relación con el tema. Todo tenía forma fálica o de vulva y los ingredientes eran clásicamente afrodisíacos.
De todas formas la mayor parte de la comida terminó sobre los cuerpos de los asistentes que a esas alturas ya estaban desnudos del todo. Nadie tenía muchas ganas de comer y si de lamerlo de la piel de la persona que tenía más cerca.
Antes de los cafés y las copas, tras la comida todos pasamos por las duchas. Otro placer del día fue enjabonarnos unos a otros, recorrer la piel del más próximo con el gel de ducha. Aprovechar para sobar el cuerpo y restregarnos con la piel húmeda.
Tras el café charlábamos más relajados, los chicos conteniendo el orgasmo para complacer a las damas y darles a ellas todo lo posible. Olga cogió mi mano y me llevó a dar una vuelta por entre los invitados de su hermano.
El primo que había atendido la puerta me recibió con un buen morreo, sujetando mi polla y me dijo lamiendo mi oreja:
- La próxima vez que nos veamos no te escapas, guapo.
Claro que yo también le di un buen masaje a su culito respingón mientras hablábamos. Así que si se había fijado en mí cuando llegué por la mañana.
De ahí pasamos a una exnovia de Mario ya muy entretenida con uno de los amigos de Sonia y otra de nuestras primas. La chica y Olga se reconocieron muy cariñosas, antes de que mi prima nos presentara. Ella se me subió encima clavándose mi rabo y dándole unos pocos meneos con la cadera.
Seguimos así durante un rato sin que chicas o chicos se comportaran de forma diferente. Sino eran bisexuales durante todo ese día olvidaron sus complejos y se limitaron a disfrutar del cuerpo que tenían más cerca sin que les importara su género.
Incluso me presento una transexual con un duro par de tetas operadas y una polla prácticamente del mismo tamaño que la mía. Hada era amiga de Mario y de Olga y evidentemente follaba con los dos. También me propuse volver a verla y hacer el amor con ella.
Pero aunque me había corrido un par de veces durante el día, la primera en la boca de la madre del novio y la segunda en el culito de un amigo Mario, esperaba un gran final.
Estaba deseando lamer el cuerpo de Olga desde los cuidados deditos de sus lindos pies a las pequeñas orejitas pasando por toda su adorable anatomía. Y descargar mi lefa en cualquiera de sus orificios.
El baile lo abrieron los novios con el típico vals pero como estaban desnudos del todo el espectáculo que nos daban era precioso. Poco a poco el resto de los invitados nos fuimos uniendo.
Pero al final fue Sonia, mi prima, la que durante el baile se hizo con mi duro rabo. Los cambios de pareja en los agarrados, las tetas bamboleándo en las canciones más movidas, hasta la conga con la fila donde las pollas rozaban el culo que tenían delante. El baile seguía en la misma tónica de todo el día.
Sonia me pilló en uno de los agarrados. No sé las veces que se habría corrido durante el día, ni la lefa que le había caído encima, pero estaba claro que no le bastaba.
Se apretó contra mi cuerpo. Como soy bastante más alto mi glande se acomodó entre sus tetas. Sus manos recorrían mi espalda y yo besaba su cuello lamiendo su piel y mis manos agarraba con fuerza sus nalgas.
- ¿Que te ha parecido? ¿La fiesta te ha defraudado?.
- Ha sido genial, si piensas organizar más orgias en este estilo espero que me invites.
- Viendo el éxito que has tenido levantado pasiones y pollas cuenta con ello. No estaba segura de que fuera a salir bien.
- Pues por la cantidad de orgasmos que ha habido por aquí creo que ha sido todo un éxito. Todo el mundo parece buena gente y estaban dispuestos a pasarlo bien.
- ¿Te quedas a dormir?.
- No creo que ahora pudiera conducir, Me tiemblan las piernas.
- Por lo que estoy notando puede que las piernas te tiemblen pero el rabo lo tienes bien firme.
- Tú siempre me lo has puesto así.
- Pues ahora lo quiero dentro.
Me arrastró hasta la cama elevada donde durante el día cualquiera que quisiera ser visto había demostrado sus habilidades follando.
Sonia tenía claro lo que quería. Me empujó al colchón y se subió encima de mí para cabalgarme, así yo podía acariciar sus pechos y pellizcar sus duros pezones. Por última vez en el día me corrí en el dulce coñito de mi salida prima.
Había camas para todos y la mayoría las aprovechamos para seguir al día siguiente en el que nadie tenía que trabajar.
..
miércoles, 6 de julio de 2022
De caminata por el campo.
.
Discutí con el resto y me separé del grupo. Hice mi mochila y me largué. Hacía un calor terrible, iba con mis pantalones vaqueros cortos, muy cortos, recortados por mí. Las playeras y una camiseta que tenía atada a las correas de la mochila, la usaba para quitarme el sudor.
Seguí por un camino de cabras montaña arriba para tranquilizarme y que se me pasara el cabrero, ups perdón el cabreo. La soledad, el sonido de los pájaros el duro ejercicio físico de caminar cuesta arriba, todo pensaba que me calmarla.
En una vuelta del camino, entre matorrales y arboles, un regato de agua cristalina corría fresco entre la hierba suave. Un sitio perfecto, un lugar para descansar una vez olvidada la bronca.
Al rato de estar tumbado apoyado contra un tronco, debí quedarme medio adormilado. Pero me despertó un silbido próximo.
Acercándose por la otra parte de la trocha venia un chico de mi edad. Vestía apenas, con un pantalón de deporte aun mas cortito que el mío como única vestimenta. También sin camiseta y acompañado de un enorme mastín. Se tumbó a mi costado sobre la hierba al lado del arroyo. Sin dudar, con confianza, como si el sitio fuera suyo y parece que lo era.
- Hola, ¿vienes de muy lejos?.
- No, estoy de excursión.
- ¿Solo?.
- Ahora ya no, ¿Y tú?.
Le dije sonriendo.
- Vivo un poco mas arriba con mi familia. He salido a dar una vuelta y despejarme.
- Pues como yo.
Nos sonreímos.
- Oye, ¿Sabes que este es mi rincón? Nadie viene por aquí mas que yo.
- Lo siento por haberte invadido.
- No pasa nada, me gusta tener compañía y además tan agradable. Me llamo Mario.
- Y yo Juan y gracias.
Nos tendimos la mano, y el apretón duró más de lo que yo pretendía.
- Una cosa, por aquí me gusta andar en bolas, tomar el sol y bañarme. ¿Te importa?.
Vaya, eso sí que había sido rápido. Pero si me gustaba verle con ese mínimo pantalón, contemplarlo al natural sería aún mejor.
- En absoluto, a mi también me gusta estar desnudo, así que por mí perfecto.
Sin mas palabras vi como levantaba el prieto culo de la hierba haciendo fuerza con los pies. Se sacó el pantalón de deporte y lo colgó de una rama. No llevaba nada debajo.
Por fin vi su rabo morcillón apoyado en la cadera. Una bonita polla gruesa, era evidente que tomaba el sol desnudo pues estaba bronceado del todo. Y sin un pelo que estorbara el comerla. No sabía yo que los chicos de pueblo fueran tan modernos. Pero me alegró.
- Estás muy sexi así depilado.
Yo me lo había tomado con mas calma. Me puse de pie para que pudiera verme a placer. Abrí el botón y la cremallera del short y lo bajé despacio por mis muslos, ofreciéndole el mejor espectáculo que pude pues él me miraba sin perder detalle como había hecho yo antes. Como no tenía nada debajo también me quedé en bolas. Me dijo.
- Estás muy bien. Tienes un cuerpo estupendo.
Me tumbé y me puse de costado mirándolo. Como yo no tenía un sitio tan privado para tomar el sol la piel de mis nalgas que cubría el speedo que usaba normalmente para tomar el sol y bañarme era mas blanca que el resto de mi cuerpo y él lo notó. Me lo señaló.
- Tienes el culito blanco.
- Bueno, yo tengo que ir a una piscina pública a tomar el sol. No como tú que tienes todo el campo para quedarte desnudo.
- Pero aparte de eso, tío, estas muy bueno, seguro que las tías en bikini van detrás de ti.
Sonriendo le contesté:
- Las tías y algunos tíos.
- ¿Y eso?, ¿No es un problema para ti?.
También sonreía y se relamía los labios.
- Para mí no, también me gustan los chicos, sobre todo si son tan guapos como tú.
- Vale ¿Pues que haces tan lejos?
Me levanté y me acerqué a él. Sin molestarse mucho le echó mano a mis huevos y polla y la acarició con suavidad. Desde luego reaccionó de inmediato poniéndose dura en su mano. También la suya se había endurecido.
- Veo que a tí también te gusta la carne y no solo el pescado.
Se incorporó un poco y se metió mi polla entre los labios. Se la saco de la boca para poder hablar. Pero desde luego sin soltarla.
- Pues claro y si es un chorizo tan apetitoso como este más.
Al terminar la frase empezó a chuparme los huevos con verdadera ansia. Subía por el tronco hasta comer el glande y apretarlo contra el paladar sin dejar de acariciar los testículos con la mano. Pasó la mano entre mis muslos para acariciar mi culo. Deslizar dedos por la raja.
- ¡Joder que bueno eres! No será la primera que chupas.
- Ni va a ser la última, pero esta está deliciosa.
Me incliné a besarlo, tuvo que dejar mi rabo en paz. Sino me hubiera corrido segundos después tan bien lo estaba haciendo. Inclinado sobre su cara pude saborear su lengua y darle la mía. Me la chupaba tan bien como lo había hecho con mi nabo. La saliva caía de mi boca a la suya y la aceptaba morboso.
Estiré la mano para acariciarle los pezones y pellizcarlos con suavidad. Su piel era muy suave. Gemía en mi boca. Despacio lo fui tumbando en la hierba hasta quedar sobre su cuerpo. Besándonos y acariciándonos toda la piel sin prisa. Las pollas duras apretadas entre nuestros cuerpos.
- Tienes buenas manos.... y todo lo demás.
- Tú no te quedas atrás.
Separó las piernas y rodeó mi cintura con ellas. Con eso mi rabo bajó hacia la raja de su duro culito. Movía la cadera con suavidad acariciando su ano con el glande. Pasó a lamer mi oreja, la barbilla, el cuello lascivo y muy muy húmedo.
Yo le correspondía por donde alcanzaba con la lengua. Bajé la mano hasta agarrar su nalga, levantar el muslo y acariciarlo.
- Yo también quiero saborearte.
- Pues soy todo tuyo.
Aflojó la presa de sus piernas lo justo para dejarme moverme y empezar a bajar besando cada centímetro de su suave piel. Lamer la piel de su pecho y mordisquear los pezones. Pasar la lengua por las depiladas axilas y clavarla en el ombligo.
Evité la polla por el momento. Le hice rabiar un poco y bajé por la cara interna de los muslos. Para ser un tío que vivía en el campo y andaba entre los hierbajos con pantalones cortos tenía la piel suave y sin muchos arañazos.
Quería probar sus pies, uno de mis fetiches. Chupar los dedos, las plantas de los pies. No me privé y él me dejaba. Sabía que solo pretendía darle placer y recibirlo.
- Me haces cosquillas. Pero es genial. ¡Joder! Que bueno.
- Tú si que estás bueno. Te voy a lamer entero.
Uniendo la acción a la palabra le giré boca abajo.
- Ahora por aquí.
Volví a subir por sus muslos sin separar la lengua de su piel. Allí delante de mí cara tenía ese duro culito perfecto. Lamí sus durísimas nalgas separándolas son prisa con las manos buscando su agujerito.
Clavé la sin hueso en el ano como si quisiera follarlo con ella. Y él jadeaba demostrando que le estaba gustando. No quería que se corriera pronto así que seguí por su espalda siguiendo la línea de la columna.
Hasta llegar a los hombros y nuca siempre sin separar la húmeda de su piel. Para entonces tenía mi férreo nabo justo en la entrada ensalivada de su culo.
- Vamos, ya, fóllame. No me hagas esperar más.
- Como quieras.
Le dije, lamiendo su oreja. Estaba claro que ya le habían penetrado antes. El glande se deslizó dentro de su cuerpo sin ninguna dificultad y detrás fue todo mi rabo hasta que mi huevos rozaron los suyos.
Lo único que se oía en ese claro era la banda sonora de nuestros suspiros y gemidos de placer. Ni siquiera su mastín se atrevía a interrumpir nuestro placer. Tumbado a nuestro lado pero sin perdernos de vista.
Me gustaría poder decir que aguanté horas dentro de su culo. Deslicé una mano debajo de su cuerpo hasta agarrar su polla y pájaro al mismo ritmo con que lo penetraba.
Como resultado ambos estábamos más cachondos todavía. Momentos después él se corría sobre la hierba. No sé cuánto de su semen habría regado ese césped antes de nuestro encuentro. Pero viendo lo morboso que es seguro que era una gran cantidad.
Segundos más tarde le llené el ano con mi lefa. Jadeando al lado de su oído y deslizando la lengua por su oreja.
Nos derrumbamos sobre la hierba con los miembros enredados. Descansamos un rato siguiendo con las confidencias y descubrí lo morboso que puede ser un chico de campo.
..
martes, 5 de julio de 2022
El perfecto disfraz de chica.
.
Se acercaban los carnavales, tengo diez y ocho años y por fin se me iba a permitir pasar la noche o la mayor parte de ella fuera. Junto a unos amigos, salir y divertirnos disfrazados.
Yo tenia pensado algo espectacular, me disfracé de chica, pero puse todo lo posible de mi parte y la ayuda de mi hermana para quedar, no bien, fantástica.
Me depilé por entero aunque casi no hace falta, pues no tengo mucho vello. La ropa de mi hermana sobre mi cuerpo delgado: unas medias negras cubriendo mis largas y finas piernas, una minifalda ajustada a mi culito respingón y a los muslos disimulaba el pene que había tenido colocarme hacia atrás.
Un sujetador con relleno disimulaba la ausencia de senos y un top cubriéndolo lo justo atraía la vista hacia mi vientre plano y mi ombligo que iba desnudo pero adornado con un pircing falso.
Un maquillaje algo agresivo disimulaba lo poco masculino que quedaba en mis rasgos y darle un peinado diferente a mi larga melena rubia terminaba de ocultar mi personalidad real.
Con la cazadora abierta al bajar al portal donde mis amigos me esperaban ni ellos consiguieron reconocerme en un primer momento. Claro que solo se fijaron en mis tetas postizas. Incluso intenté disimular con cierto éxito mi voz y hasta que no me eche a reír como una loca no llegaron a darse cuenta de que de verdad era yo.
Resultó una verdadera sorpresa para ellos, alguno tuvo que tragarse algún sincero piropo que me había dirigido. Todos se habían esforzado tanto como yo en disfrazarse pero ninguno había conseguido llegar a engañar a los demás tanto como yo.
Íbamos a ir a una fiesta de disfraces pero aún era temprano. Así que nos dedicamos a vagar por las calles atestadas disfrutando de la vista del resto de los disfraces y tomando algo en algun bar.
Casi de inmediato mis amigos tomaron el papel de caballeros protectores al lado de una dama, a mi alrededor y parecía que a nuestro alrededor la gente con la hablaba me tomaba por una chica de verdad. Después de algunos experimentos exitosos y algunas miradas jugosas por parte de algún hombre me relajé y conseguí disfrutar con alegría.
Al cabo de un rato conseguimos llegar a la disco, había un montón de chicos y chicas casi todos con una gran multitud de disfraces diferentes. Al principio conseguimos mantener nuestro grupo junto pero tras la primera deserción de nuestro romano tras una Cleopatra cada uno decidió ir por su lado y mezclarnos con el resto de la gente.
Yo estuve bailado con chicas y chicos sin preocuparme en nada del genero o la orientación de mis ocasionales parejas y sin pensar en si ellos y ellas habían llegado a vislumbrar la verdad bajo la ropa prestada.
Al acercarme a la barra para pedir una copa se colocó a mi lado un chico que no iba disfrazado. Era guapo y bajo la ajustada camiseta se adivinaban unos pectorales de modelo. Deslizando una mano por mi cintura me dijo que se llamaba David y me dio dos besos en las mejillas. Yo pensaba:
- Hola guapa, ¿te puedo invitar a una copa?.
Vaya un ligón de discoteca. Pensé.
- Claro. Tomo cuarenta y tres cola.
- Soy Marcos, preciosa ¿y tú?.
- Sandra, encantada.
Me dio dos besos en las mejillas como si fuera una presentación normal. Pero le dejé hacer para ver hasta donde se atrevía a llegar. Quería ver su cara cuando le dijera que tenia una polla como la suya. Le conteste que mi nombre era Sonia con mi mejor voz de chica.
Nunca, ni siquiera entonces me había planteado montármelo con un tio, aunque dejar que me invitara a una copa un despistado no me parecía mal.
Intentaba portarme lo mas femenina posible y el parecía tragársela hasta el fondo. Con las copas en la mano buscamos un rincón discreto para charlar. Al fondo de la discoteca entre dos columnas que nos tapaban de los focos láser que iluminaban la pista.
Yo tenía cuidado de que no andara cerca alguno de mis colegas para no ser objeto de sus bromas al día siguiente. Pero logramos deslizarnos hasta allí sin que nadie se fijara en nosotros. El chico además de ser guapo tenia una conversación interesante. Hasta compartíamos hobbys.
El sitio era oscuro y el sofá cómodo y cuando quise darme cuenta tenia su mano en mi muslo. La falda era muy corta. A través del nylon de la media notaba la fuerza de sus dedos. Entonces decidí que era hora de terminar con la broma y le dije que era chico como él. Al oído rozando su oreja con mis labios.
- Soy un chico. No sé si te habías dado cuenta.
- Ya lo sabía, cielo, pero me gustaste y me dio morbo verte así. Por eso estoy contigo.
Ahí fue cuando me dejó helado o para entonces ya debería decir helada. Acercó su cara despacio a la mía y me dio un suave beso en los labios sin apartar la mano de mi muslo.
- Y ahora me gustaría que nos conociéramos mejor. Si no te echas atrás.
- Me está gustando. Quiero probar cosas nuevas.
A la vez que decía esto acariciaba su poderoso torso con la mano hasta tocar con dos dedos uno de sus pezones. Se lo pellizqué un momento y él recorrió mi cuello con su lengua. Me tenía cogida por la cintura con su mano sobre mi piel entre la tela de la falda y el top.
Estaba dispuesta a llegar al final. En ese miento deseaba a ese chico y quería tenerlo. Me pegué más a su cuerpo, frotándome con su cuerpo como cualquiera de las demás putillas que teníamos alrededor.
Su mano había alcanzado la piel de mi muslo por encima de la liga de la media. Parecía que no iba a parar hasta llegar a mi culo o al tanga. Me encantaba esa caricia. El tanga apenas podía contener ya mi erección.
Cuando puse la mano en sus vaqueros justo encima de su pene noté lo duro que lo tenía. Pero la quería notar suave, dura y caliente en mi mano. Abrió su cinturón y hundo el vientre para que yo pudiera meter la mano por dentro del pantalón.
El slip que llevaba no supuso ningún obstáculo mientras notaba en mis dedos la suave piel depilada de su pubis. Poco más tarde rodeaba el tronco duro como si estuviera petrificado con la mano. Lo acaricié suave durante un rato, no quería que se corriera en medio de la disco.
Él tampoco había parado y había conseguido liberar mi rabo del tanga. Pero cubierto por la minifalda sus manipulaciones eran discretas. Me pajeaba también con suavidad. Su otra mano me amasaba las nalgas con firmeza pero con cariño.
No habíamos dejado de intercambiar saliva. Y en ese rincón oscuro otras parejas estaban en las mismas condiciones que nosotros sin que se pudieran distinguir sus géneros. A nuestro lado lo que parecían dos chicas se amasaban las tetas con fuerza, aunque una o las dos podían ser tan chicas como yo.
- Quiero más.
- Solo tengo el coche. Seguro que encuentro un sitio tranquilo para aparcar.
- ¿Y a qué esperamos?.
- A qué termines la copa.
Le di un último trato a mi vaso y le cogí de la mano para salir de allí. Tampoco me iba a comportar como una tímida jovencita una vez decidido lo que deseaba.
- ¡Vámonos!
Sin soltar mi mano me llevó hasta su vetusto vehículo de segunda mano. Nos valdría perfectamente para lo que ambos deseábamos. En quince minutos más estábamos en un solitario parking frecuentado por parejitas.
El cada semáforo había acariciado mi rodilla aún cubierta por el nylon de la media. Pensaba seguir en mi papel de chica el mayor tiempo posible. Hasta continuaba hablándole con mi voz aflautada. Pero mi polla no había perdido nada de su dureza en el camino. Se marcaba en la falda.
Por fin aparcó en un rincón oscuro, bajo un árbol. Hacía frío y tuvo que dejar el motor encendido para tener calefacción. En ese momento baje el respaldo de asiento a tope, hasta apoyarlo en la banqueta del trasero.
Marcos no lo hizo todavía pero se inclinó sobre mí para darme un beso dulce en los labios. Su mano apoyada en mi cintura empezó a deslizarse por el vientre levantando el top. Considerando que no tengo tetas el sujetador y los rellenos de silicona era lo que se iba a encontrar por allí.
Cuando metió la lengua en mi boca me di cuenta de que no le importaba, de que lo que yo era le daba más morbo. Crucé la lengua con la suya y recibí en mi boca su saliva. Ese beso era el mas lascivo que había recibido en mi vida. Ninguna chica me hacía besado así.
Empecé a tirar de su ropa para desnudarlo. Quería ver ese poderoso cuerpo masculino. Bajó el respaldo de su asiento. Para entonces ya tenía su torso desnudo y me incliné a besar y lamer sus pectorales. Chupé sus pezones.
- Quiero que te dejes la lencería.
Por fin me quitó el top. El suje de encaje era bonito y lo dejó donde estaba un rato más. Su lengua ya recorría mi cuello, besaba mi oreja o bajaba hasta mis hombros que podía lamer pues solo los tapaban los finos tirantes.
Me estaba gustando y excitando a partes iguales su forma de tratarme. Me bajé la falda, solo me quedaba puesta la lencería. Marcos se tomó un momento para mirar mi cuerpo con cara de vicio.
Mi polla había escapado del tanga y apuntaba dura al techo del coche. Era una parte de mí que también le atraía y la rodeó con sus dedos para pajearme con suavidad. Me acarició los huevos depilados mientras yo intentaba librarlo de sus vaqueros y de un bóxer blanco ajustado que marcaba la forma de su nabo.
Pronto lo saqué de su encierro. Aún no me decidía a ponerlo en mi boca pero me dediqué a acariciarlo como él estaba haciendo con el mío. Seguíamos lamiéndonos y besando la piel que el otro ponía al alcance.
Marcos fue el primero en buscar mi rabo con su lengua. Empezó lamiendo mis huevos. Para luego subir por el tronco hasta meterse el glande entre los labios. Llevaba tanto tiempo duro y excitado que no tardé mucho en correrme.
- ¡Me corro!.
- Hazlo, dame tu leche.
Todo mi semen acabó en su boca. Pero fue solo un segundo por que se incorporó para besarme y pasármelo. Nuestras lenguas se cruzaban jugando con la mezcla de semen y saliva.
- No estoy preparada para que me folles. Soy virgen.
- Lo imaginaba. Tranquila. Pero déjame comerte el culito ya verás como lo disfrutas.
- Me vas a matar. Nadie me ha hecho eso.
Pero me giré ofreciendo mi cadera. Confiando en él. Empezó besando mis nalgas. Apartó la gomita del tanga, no me quitó la prenda. Pasando la lengua por mi piel. Adentrándose entre ellas sin prisa hasta llegar al ano. Como si quisiera penetrarme con ella, lubricando el agujero negro con su saliva. La sensación era fantástica me hacía gemir y suspirar.
Jugó con sus dedos, llegando a clavar uno o dos de ellos en mi interior. Mojados de sus babas y con mi excitación llegó a gustarme, mucho. Si hubiera seguido un minuto más me hubiera dejado follar.
- Quiero acariciarte.
Pero el no se había corrido aún. Y deseaba probar su semen. Alcance su rabo con mi mano, como pude en ese pequeño espacio, acariciándolo con suavidad. Y me giré para buscarlo con mi boca.
Para lamer sus huevos tan depilados y suaves como los míos. Para subir lamiendo el férreo tubo de carne hasta llegar al morado glande. Meterlo en mi boca y claro como el mejor caramelo que hubiera probado jamás. Lógicamente mis habilidades en la felación eran inexistentes.
No dejé de acariciar sus huevos con la mano. Pero le saqué partido a mis visionados de porno en Internet. Y aunque no llegué a hacerle un garganta profunda creo que lo disfrutó. Sobre todo por que un momento más tarde tenía su semen en mi lengua.
Como hizo él con el mío lo compartimos como buenos amigos en un lascivo cruce de lenguas. Y eso sin dejar de acariciarlo y repasar todo su cuerpo con las manos.
Descansamos un rato, yo estaba acurrucada entre sus poderosos brazos sintiéndome protegida. Con mi cabeza apoyada en su torso de barril. Juguetona lamiendo de vez en cuando uno de sus pezones. Aún conservaba puesta toda mi lencería, eso le excitaba como me dijo.
- En general no me gustan los chicos. Pero me dan mucho morbo las chicas como tú. No sé por qué un joven guapo, sexi con un conjunto como el que llevas, tan sexi, me excita mucho.
- Cada uno vive su sexualidad como quiere. Yo tengo que admitir que me has hecho descubrir cosas completamente nuevas para mí. Nunca me había planteado follar con un tio y me ha encantado todo lo que hemos hecho.
- A mí también. Has sido una chica maravillosa.
- Lo he intentado. Pero me estás diciendo que ¿solo repetirlas todo esto conmigo si me ves vestida de chica sexi?.
- Básicamente si. No se si me pondría tan cachondo contigo o con cualquier otro chico si te viera con vaqueros y una camiseta. A no ser que debajo llevaras algo parecido a lo de hoy.
- Pues si mi hermana me echa una mano igual podríamos repetir y puede que llegar algo más lejos. Me ha excitado mucho todo Sobre todo cuando estabas jugando con mi culo.
- ¿Lo harías por mí?.
- Lo haría por mí. Lo he pasado muy bien. Me ha puesto muy cachonda ser esta putita.
Mientras me llevaba a mi casa no paraba de acariciarme el muslo sobre el nylon de la media. E incluso llegaba hasta el tanga y mi polla por debajo de la falda.
Me despedí de él ante mi portal con un morreo de campeonato volviendo a cambiar saliva con el carmín corrido en mis labios.
Si de verdad quería repetir tendría que contarle toda mi aventura a mi hermana. Incluso el haber tenido sexo con un chico. Conociéndola era probable que quisiera participar.
.
sábado, 2 de julio de 2022
Criogenia
.
Desde niña he estado enamorada de mi mejor amiga, Sonia. Ella sabía que yo era lesbiana y que me gustaban las mujeres, pero mi sentimiento por ella era de amor.
En cambio ella era heterosexual, se derretía por cualquier polla que se cruzara en su camino. Aún conociendo mis deseos su cariño por mí no cambiaba.
Había ciertos limites que ni ella ni yo nos atrevíamos a cruzar en nuestras caricias y roces. No queríamos arruinar nuestra perfecta amistad. Bromeábamos con nuestras actitudes y todo eso aún nos unía mas.
A los diecinueve años me diagnosticaron una enfermedad mortal e incurable y entré en un programa experimental de criogenia. Ya sabéis, eso de congelar a la gente y revivirlos años después. No quiero extenderme mucho en la tragedia que fue en su día, pero había una esperanza.
Lo ultimo que supe de los siguientes treinta años fue que me dormí con la anestesia viendo las caras de mis padres y la de Sonia mirándome en la cama del hospital. No recuerdo haber soñado en ese periodo.
Ahora me han descongelado y me estaban curando. La primera cara que vi al despertar me pareció la suya. Suponía que eran los efectos de la sedación pero era idéntica y no parecía haber pasado el tiempo por ella. ¿Me habían despertado tan pronto?.
Pero había algo raro en la placa de identificación que lucia en la pechera de un extraño uniforme azul celeste. Allí estaba estampado mi nombre, Marta, no el suyo.
Su peinado era diferente pero sus facciones eran las mismas de las que acababa de separarme y de las que estaba enamorada.
- ¿Sonia?. ¿Ya encontraron la cura?. O no me he quedado dormida.
Confusa, le pregunté si no había funcionado llamándola Sonia, el nombre que recordaba.
Con una dulce sonrisa en sus labios rojos por fin me lo explicó ahora que yo estaba coherente.
- Si, estas perfecta. Ya casi has terminado el tratamiento. Así que no te preocupes por nada. Ahora solo tienes que recuperar la forma física.
- Pero.... Sonia.
- No, soy Marta su hija. En cuanto puedas recibir visitas dejo pasar a todo el mundo. Están deseando verte, pero hoy eres toda mía. Todavía estás muy débil.
Poco a poco me lo fue explicando. Habían pasado treinta años, yo estaba curada y ella no era Sonia sino Marta la hija de mi mejor amiga, la descendiente de mi amor platónico y tan bonita como ella.
Llevaba mi nombre en mi honor, Sonia nunca me había olvidado. Marta la había acompañado en sus visitas al hospital desde niña. Se había hecho doctora en buena parte por mi causa.
Pregunté por ella y me dijo con la misma risa cristalina que yo recordaba en su madre que había hecho falta personal de seguridad para apartarla de la cápsula. E impedir que entrara en la habitación demasiado pronto. En cuanto yo estuviese preparada la dejaría venir a verme.
Si siempre había estado enamorada de su madre ahora mis sentimientos eran confusos. Mi médico estaba despertando ahora en mí emociones inteligibles para mí corazón, pero tan intensas como los que tenía por su madre. Los flechazos existen. Aunque con mi suerte seguro que seria aún mas hetero que Sonia.
El resto de los reencuentros fueron emotivos, familia y amigos aunque mi infatigable doctora cuidaba de que no me cansaran demasiado. Las técnicas gerontologicas también han avanzado mucho y mi padres están perfectos. El reencuentro mas intenso desde luego fue con ella, Sonia.
Los tratamientos de cirugía plástica y rejuvenecedores habían avanzado mucho en esos años. Debían ser maravillosos o mis enamorados ojos perdonaban cualquier detalle. Me parecía que por mi amiga no había pasado el tiempo.
Nos interrumpíamos la una a la otra al hablar. Recordábamos los viejos tiempos que para mí era ayer. No me quería descubrir nada de ese presente que podía resultarme abrumador.
Por fin su hija sonriendo y entre bromas la echó de la habitación. Tan atenta como siempre me preguntó cómo me sentía.
El shock emocional era tan fuerte que necesitaba desahogarme con alguien y todo salió de mi boca como un torrente.
Yo aún tenía diecinueve o veinte años fisiológicos, el tiempo no había pasado apenas por mi cuerpo congelado. Desde luego no por mi mente. No había envejecido, pero no había vivido todos los años que habían pasado y todo había cambiado sin yo enterarme.
La chica que me abrazaba en la ultra moderna cama de hospital y que poseía un rostro que yo adoraba era seis años mayor que yo. Mi amiga había vivido toda una vida en ese tiempo, maridos, amantes, una hija, todo por lo que yo tendría que pasar a partir de ese momento.
La descarga emocional la recibió sentada en mi cama abrazándome con ternura acariciando mi cabello. Dejando que mis lágrimas resbalaran por la bata azul de un tejido que era incapaz de reconocer.
Cuando terminé de sollozar me separó un poco y besó mi frente apartando mis cabellos.
Ante su mirada de ternura intenté disculparme por lloriquear como una niña. Pero no me dejó, mirándome a los ojos agachó un poco más la bonita cabeza y besó muy suavemente mis labios.
El suave roce como un aleteo de las alas de una mariposa me conmovió, pues era justo lo que estaba esperando toda mi vida, un beso de esos labios.
Pero también me confundía pues aunque la boca era idéntica, no era el beso de la persona que yo esperaba.
Por fin sin soltar el abrazo y en la habitación del hospital donde me había despertado me lo explicó. Ella estaba enamorada de mí desde siempre. De niña acompañaba a su madre para ver mi confusa silueta desnuda tras el cristal del congelador.
Veía cada foto que nos habíamos hecho juntas su madre y yo. La infinidad que ella me había hecho a mí cuando aún no me habían congelado. Escuchaba las explicaciones de Sonia sobre una amistad tan fuerte que sobrevivía a los años y a esa extraña separación.
Marta, como yo, era consciente de ser lesbiana, de que sus deseos eran por mujeres. Pero era a mí, la ausente amiga de su madre a quien amaba. Teníamos clavada la mirada en los ojos de la otra con miedo de su reacción, con sentimientos confusos y emociones a flor de piel.
Como no podía enfrentarme a todo ello en ese momento me limité a volver a abrazarla apretándola fuerte contra mi pecho. Apoyando la cabeza en el hueco de su hombro con el cuello y dejando que el perfume de su piel inundará mis sentidos.
Con otro suave beso se despidió de mí para dejarme descansar y reflexionar sin ruegos ni promesas. Solo dejando que fuera mi mente, mis sentimientos y mi cuerpo los que llegaran a una decisión.
Tenía claro que en realidad no conocía a esa chica que decía estar enamorada de mí. No podía trasferir mi amor por su madre con tanta facilidad y a la vez ansiaba conocerla.
Los siguientes días no me presionó más que en el aspecto físico para acelerar mi recuperación, para recuperar mis fuerzas. Pero sus manos en mi piel me excitaban cada vez que me examinaba desnuda o cuando forzaba mis músculos en los ejercicios o ante su aguda mirada. Sus suaves dedos me quemaban, me provocaban deseos.
Todo el mundo allí parecía haber vivido mas que yo. Apostaba conmigo misma que hasta la chica, médica, mujer, que confuso, que afirmaba amarme habría tenido mas amantes que yo en mi época. Y eso sin pensar en los avances en las técnicas del sexo en todos esos años y que me había perdido.
Una tarde le dije:
- Tendrían que congelarte a tí cuatro años para que yo pudiera alcanzarte.
- Cielo, me gustas tal y como eres. Mucho más ahora que estás despierta y te conozco de verdad. No sé si una vieja como yo te puede gustar a tí.
- Siempre me pusieron las maduritas.
Conseguí bromear. Y me llevé un suave pellizco en el brazo. Aún así no estaba tranquila del todo. Yo le iba a parecer una paleta al lado de las chicas con experiencia que se habría follado. Y no es que no estuviese un poco celosa de esas amantes sin rostro.
Por fin llegó el día de salir del hospital y por su cuenta y casi sin contar con mi opinión me llevaron a su preciosa casa donde vivían las dos solas. En la de mis padres con el resto de la familia no quedaba apenas sitio y ellos consintieron en esa opción.
El el trayecto apenas pude reconocer ningún edificio de mi ciudad. Ni las tiendas, todo era desconocido. Hasta los coches habían evolucionado. Casi no podía reconocer ningún modelo y todos eran eléctricos y muy silenciosos.
Andaban por casa apenas cubiertas por sensuales prendas que yo, la chica venida del pasado, de épocas oscuras, solo podía soñar. Tangas, sensuales bodys y kimonos y ni pensar en lo que poco que se ponían para salir a la calle y a trabajar. Marta cuando más vestida estaba era en el hospital con el uniforme que la protegía de contagios.
Si que habían cambiado las costumbres. Se besaban y acariciaban de una forma que yo nunca me habría atrevido a hacerlo con mi madre. A veces incluso me parecía ver sus lenguas jugar durante unos segundos. Sus manos acariciar los pechos o nalgas de la otra con lo que a mí me parecía mucha confianza.
A menudo ni se ponían bragas debajo de sus camisetas o faldas. Verle el xoxito depilado del todo a Sonia y ahora me lo mostraba con menos pudor que años atrás me ponía cardíaca. Y yo llevaba el mío con todo el pelo, a lo jungla salvaje. Nunca me había depilado. Y por cierto aún lo tapaba mucho más que ellas.
Renovaron mi vestuario, prendas a las que tendría que acostumbrarme y que se sentían sensuales, incluso lascivas. Pensaba que me daría vergüenza salir a la calle vestida así. Pero todas las mujeres llevaban esas ropas.
Me mimaban, pero me obligaban a trabajar duro para conseguir recuperar el tono muscular perdido durante los treinta años durmiendo. Una vez recuperada estaba en estado de constante excitación. Por ver sus cuerpos casi desnudos a mi alrededor con los rostros que mas amaba.
Me masturbaba pensando en ellas. Me sorprendí pensando en las dos y la amabilidad y ternura que tenían conmigo hacían que las amara aún mas.
Por fin una noche, estábamos muy juntas en el sofá mi doctora y yo. Sonia había salido con uno de sus amantes. Me atreví a preguntarle si sus sentimientos habían cambiado al tenerme moviéndome por su casa y no tras un helado cristal.
- Ahora que te conozco creo que te quiero todavía más.
Fue su respuesta.
Yo me sentía como una Neandertal atrasada pero viva en vez de una estatua congelada incapaz de meter la pata.
Cogiendo mis manos y mirándome a los ojos me contestó que me amaba más que nunca.
- La chica real es aún mejor que la más fantástica mujer que me hubiera imaginado, mejor que las historias de mi madre. Y por cierto siempre me han gustado las jovencitas.
Respondí con una carcajada. Allí mismo sellamos nuestro amor con un beso que poco a poco se fue haciendo más y más lascivo. Las lenguas empezaron a invadir la boca de la otra y las manos a recorrer la piel desnuda y a exponer la poca epidermis que estaba tapada.
Vale, me había ligado a toda una doctora y no había hecho nada para ello. Una mujer sofisticada, profesional, con un buen sueldo, terriblemente sexi y como estaba a punto de descubrir completamente lujuriosa.
Abrió mi kimono de seda sintética con suavidad inclinándose a besar mis pechos y lamer mis pezones. Yo me deshice de su body de lencería con las nuevas habilidades aprendidas en estas semanas.
La suave prenda se me quedó en las manos antes de darme cuenta de que estaba tirando de la tela. Su glorioso cuerpo apareció ante mis avariciosos ojos completamente desnudo.
Marta pretendía seguir bajando pero agarré fuerte sus duras nalgas para apretarla a mi cuerpo. Deseaba poder acariciar el suyo, besé su cuello, lamí su piel y jugué con la punta de mi lengua en su oído.
- ¡Como te he deseado!.
Estaba hambrienta de su carne y ella de la mía. Necesitaba probar cada centímetro de su suave piel. Así que empecé a bajar por su cuerpo. mis labios probaron sus hombros y sus pechos. Lamí sus axilas antes de tumbarla en el diván en el que estábamos. Seguí por su vientre plano.
Aunque estaba deseando probar su sexo, me lo tomé con calma. Quería excitarla todo lo posible y hacerle saber que la chica venida del pasado también tenía sus trucos.
Me dediqué a besar, lamer y acariciar cada centímetro de su tersa piel. Desde luego que me detuve en sus pezones, en la vulva y en el ano. Y supe que se corría. Sus jadeos y gemidos me confirmaban cada orgasmo.
Ella tampoco quería quedarse quieta. Sus manos recorrían todo mi cuerpo. Su lengua repasaba mi piel. Por entonces yo tenía menos experiencia que ella, había tenido menos amantes.
Marta estaba explorando sitios de mi anatomía que nadie antes había tocado. Cuando la punta de su lengua se clavó en mi ano me corrí como nunca. Lamió cada uno de mis dedos de mis pies. Chupó mis tetas con lo habría hecho un bebé hambriento.
Por supuesto dedicó un montón de tiempo y de mis orgasmos a lamer mi coño. Clavaba sus dedos en mi encharcada vulva mientras su lengua se dedicaba a mí clítoris. Estaba tomando buena nota de lo que me hacía.
Lo que vino después fue mucho sexo dulce, húmedo, lascivo, tierno. Sobre su cama hasta muy tarde en la madrugada y muchas madrugadas después.
Cuando por la mañana su madre encontró nuestras ropas en el sofá y a las dos durmiendo juntas con las piernas enredadas desnudas en la cama solo pudo despertarnos con besos en la boca y felicitarnos por nuestro amor. Con una sonrisa que le llegaba de oreja a oreja lo único que dijo fue:
- ¡Por fin!
..
sábado, 11 de junio de 2022
Túnel dimensional, el barco pirata.
.
"Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia"
Tercera ley de Clarke.
El túnel al multiverso es una tecnología desconocida y aún incontrolada. Los científicos no se ponen de acuerdo en sus bases teóricas. Pero sus efectos son bien conocidos en la institución que lo estudia gracias a los informes de los conejillos de Indias, ups, perdón, las personas que lo cruzan con destinos inesperados: Otras épocas, lugares e incluso mundos de fantasía, de novela o de cine.
Esta colección de extractos de esos informes hace hincapié en las vivencias más eróticas de la protagonista narradas por ella misma.
Cruzaba la calle, no se lo que pensaría el taxista que se abalanzaba sobre mí desde el cruce cuando la pirotecnia que avisa de la activación del túnel me salvó del atropello.
Esa tarde llevaba mis mosqueteras, un short vaquero corto por abajo y por arriba que apenas tapaba mi cadera, y una breve camiseta de tirantes con un escote, algo mas que provocativo.
Habrá quien diga que con mi experiencia debería vestirme más, esperando las luces pero en invierno cuando voy tapada hasta el cuello el túnel solo me lleva cuando estoy desnuda en casa o en la piscina climatizada o follando con algún amigo o amiga.
Esta vez al llegar al otro lado estaba sobre un entarimado de madera basta que se movía de un lado a otro. La cubierta de un barco, uno antiguo a juzgar por la cureña del cañón que se encontraba a mi lado.
Por mis conocimientos de armería, evidentemente a esas alturas había tenido que documentarme sobre un montón de temas históricos. Era una culebrina del s. XVII o XVIII mas o menos y detrás de la que me apresuré a ocultarme.
Ahora sí que estaba en un buen lío, seria imposible esconderme de una tripulación de hombres en esa bañera. Si no conseguía ocultarme iba a terminar mas follada que una coneja y sin poder controlarlo. O puede que un paseo por la plancha y arrojada directamente a los tiburones por bruja.
Por el momento intenté averiguar todo lo que podía. Había un hombre al timón que por suerte no me había visto ni a mi ni a las luces de salida del túnel. Supongo que se había quedado dormido sobre la rueda que gobernaba esa bañera.
Pero el vigía de la cofa estaba bastante despierto, lo oía moverse allá arriba dando vueltas alrededor del mástil. Supongo que miraba al horizonte buscando luces de otros barcos o señales de tierra y por eso no me vio.
No parecía haber nadie más despierto. Quizá el camarote de popa ofreciera algún refugio aunque allí se encontrara el capitán. En esos barcos la tripulación dormía en la proa.
De cañón en cañón fui deslizándome sigilosamente hacia la popa buscando algo que pudiera servirme como arma. Aunque no esperaba encontrar una pistola cargada puede que si un machete o una porra, algo silencioso y contundente.
Solo estaba a dos cureñas del castillo de popa cuando se abrió la puerta del camarote. En vez del fulano mal encarado, sucio y maloliente que esperaba lo que salio por allí fue una bella pelirroja con una sencilla blusa de gasa blanca y unos estrechos pantalones de cuero.
Pude contemplarla a placer iluminada por los dos fanales que colgaban a babor y estribor por debajo de la línea de visión del timonel. Los pantalones de cuero marcaban los largos y ahusados muslos y la cadera. Las luces a su espalda trasparentaban la blusa casi dejándome ver sus pechos.
Toda una belleza salvaje que no parecía necesitar de ningún hombre para defenderse a juzgar por el sable que llevaba colgado de un tahalí de cuero que le cruzaba el pecho marcando la forma de unas bonitas tetas.
La veía a la mortecina luz de los fanales colgados a ambos lados de su melena sobre la puerta del camarote. Se giró para echarle un vistazo al timonel, al que cayó la mayor bronca que he oído nunca. Hablaba un inglés arcaico con cierto acento cokney.
Los juramentos que echaba aquella belleza eran dignos de los marineros y camineros de cualquier época. No creo que al fulano aquel se le volviera a ocurrir dormirse otra vez.
Las risas del vigía se oían bajando desde la cofa. Parecíamos las únicas personas despiertas en esa bañera. Sabia que en cuanto diera dos pasos más me descubriría y ella llevaba el pincho moruno. Así que me puse cómoda y dejé que ella se preguntara como demonios había llegado yo a bordo de su barco en medio del Caribe.
Como esperaba me puso la punta del estoque entre las tetas para preguntarme que demonios hacía allí y estoy suavizado mucho lo que me dijo. Con las manos bien a la vista para no correr el riesgo de que me pinchara por error me incorporé despacio mostrándole que no era ninguna amenaza.
El timonel asombrado, eso es decir poco, mas bien con cara de pasmo, nos miraba a ambas con expresión de salido. Más cuando ella cortó uno de los tirantes de mi camiseta con un ágil movimiento de la cuchilla y desnudó una de mis tetas.
- ¿Quién eres? y ¿de dónde has salido?.
- Solo una viajera y estoy sola. No soy ninguna amenaza.
- Eso lo decidiré yo, ¿no crees?.
- Por ahora. Ven conmigo.
Le dije que estaba sola pero aún así mientras me conducía a punta de espada al camarote despertó a media tripulación y ordenó un registro de la nave. Hizo revisar la borda por si había llegado en un esquife.
Estaba claro que la pelirroja no era solamente la amante del capitán o de un oficial, ella tenía mando propio. Cuando se presentó descubrí con sorpresa que había ido a caer al bergatín Reina Real de la capitana Anne Bonny, la amante de Mary Read y de Jack Calico Rackham.
- Eres una corsaria famosa.
-A estas alturas, pirata. La patente de corso que teníamos expiró.
No había leído mucho sobre piratas en mi época pero el nombre me sonaba. Se cree que ambas mujeres eran lesbianas o al menos bisexuales. Puede que no me fuera tan mal con ella.
Podía darme por satisfecha de no haber caído en las manos de Barbanegra, de Henry Morgan o de William Kidd. Me habría ido mucho peor con cualquiera de esos animales.
El camarote me sorprendió por limpio y relativamente ordenado. Sobre una mesa de roble enorme había instrumentos marítimos y cartas de navegación. Algunas joyas amontonadas sin cuidado en un cuenco brillaban a la luz de unas velas de sebo.
Una cama gigantesca para estar a bordo de un barco ocupaba el centro del espacio bajo los ventanales de la popa. Estaba claro que todo aquello venía de los botines robados a otros barcos o asaltos a ciudades costeras.
Unas cuantas prendas de ropa yacían abandonadas sobre un banco acolchado a un lado, incluido un lujoso y precioso vestido de la época de color azul claro, parecía seda y evidentemente muy caro en cualquier tiempo. También había ropa de hombre con la que ella solía vestirse.
- ¡Desnudate!. Quiero ver lo que hay debajo de esas ropas.
Sin soltar la espada me acarició con la otra mano la teta desnuda y probó el tacto de mi ropa extraña para ella. Me ordenó que me desnudara del todo y le fui pasando las prendas para que las curioseara. Cada vez parecía más claro que las teorías sobre su sexualidad no iban muy desencaminadas.
- Estas cosas son raras, no reconozco los tejidos. Quédate las botas. Quiero verte con ellas.
- Como desees.
Me pidió que me dejara las botas pero todo mereció la pena. La cara que puso al verme solo con el tanga hubiera merecido una foto. Pero el móvil seguía en los bolsillos del short que previamente me había sacado.
-¿Que es eso que llevas?
- Se llama tanga, se lleva mucho en mi país.
- ¡Dámelo!.
Me pidió el tanga solo para volver a asombrarse al ver mi vulva depilada. Se llevo la minúscula prenda a la nariz para olerla con expresión morbosa. Oler mi aroma mas íntimo. Verla hacer eso me puso a mí muy caliente.
- ¡Llevas el coño pelado! Y hueles muy bien.
- En mi tierra casi todas lo tenemos así.
Arrojó el alfanje a un lado que se clavó en los tablones del casco. Me empujó hasta su cama con un colchón de plumón asombrosamente cómodo. Tiró de mis botas que era lo único que me quedaba puesto.
Me contemplaba entre lasciva y enfadada por la brecha en la seguridad de su barco. Según me quitaba cada bota lamió los dedos de mis pies, lasciva.
Abrió las piernas para sentarse sobre mis muslos, de frente y clavarme la lengua hasta la garganta. No pude evitar agarrar con las dos manos su culo cubierto por el fino y suave cuero que lo marcaba de maravilla. Auténtico cuero de ternera, nada de sintéticos.
- ¡Estas muy buena! Igual he tenido suerte de que hayas caído en mi barco.
- Yo si que he tenido suerte de dar con una capitana y haber caído en tus brazos.
Subir mis manos por debajo de la sencilla blusa acariciando la suave piel de la pirata pelirroja. En esa época no se llevaban sujetadores así que me pude agarrar a sus tetas sin más problema. Mientras cambiábamos saliva le pellizcaba los pezones, duros como piedras.
- Que tetas tan ricas, Anne.
En ese momento nos interrumpió la llamada a la puerta del sobrecargo. No habían encontrado a nadie más a bordo. El tipo me miraba lujurioso por encima del hombro de su capitana. Pero Anne Bonny no me iba a compartir. Así que lo echó con cajas desempleadas.
- Capitana. No hay nadie más a bordo ni lanchas amarradas al casco.
- ¡Vale! Pues ¡lárgate! y Dobla la guardia.
Mientras tanto yo me había tumbado del todo sobre la cama para demostrarle que no era ninguna amenaza y que aceptaba sus avances. Me exhibía impúdica ante sus ojos. Separando las piernas. Según volvía hacia la cama se fue sacando la blusa.
Sus tetas eran tan bonitas como me habían parecido cuando un rato antes las estaba acariciando, pequeñas, cónicas y muy duras. No se molestó en quitarse nada más en ese momento sino que se agachó entre mis muslos y clavó la lengua en mi coñito.
¡Vaya que era experta! Su lengua hacia maravillas en mi vulva. Momentos después ya me estaba corriendo en su boca.
- ¡Que bien lo comes!
- ¡Que bien sabes!
Me dijo sonriendo un momento que separó la boca de mi pubis. Me estaba haciendo gemir. Esperaba que la medicina y las vacunas del siglo XXI me protegieran, como ya habían hecho en los viajes anteriores.
- Yo también quiero probarte. Gírate.
Tuve que tirar de sus pantalones, con fuerza, para poder quitárselos. Los tenía muy ajustados. Pero por fin conseguí dejarla desnuda del todo. Tumbarla sobre las plumas de su lecho y ponerme encima en un sesenta y nueve.
Tras apartar la pelambrera roja conseguí deslizar la lengua por los carnosos labios de su coño y saborear sus jugos. Ahora sí que jadeábamos las dos de puro placer. Agarrada a sus prietas nalgas como si fuera a perderlas. Separándolas y deslizando un dedo a su ano.
Mi trastada pareció gustarle pues redobló los esfuerzos con su lengua y me imitó buscando el agujerito de mi culo con alguno de sus dedos. También los usaba para penetrarme el coño.
Después de varios orgasmos me giré buscando su boca. Probando mis jugos de su lengua. Sin dejar de acariciarnos con ternura. Bien pegadas la una a la otra con un muslo entre los suyos, nuestras tetas frotándose.
- Sinceramente, no esperaba encontrar alguien como tú.
- No todo van a ser abordajes y matanzas. Nena. Cuando alguien me gusta intento disfrutar lo más posible. Aunque desde luego no esperaba encontrar un bocadito como tú caído del cielo en medio del Caribe.
- Y ¿donde encuentras chicas como yo? tan dispuestas a darte placer y gusto.
- En Tortuga y otros puertos siempre hay chicas en las cantinas dispuestas a satisfacerme por un doblón. Otras veces raptadas en algún abordaje, aunque esas a veces necesitan algo de persuasión, pero no mucha, yo soy mucha mejor opción que mi tripulación.
Desde luego aproveché para interrogarla, para hacer algo de investigación de cama sobre su vida y sobre cómo alguien como ella había llegado a tener su propio navío y tripulación. Con esa conversión de almohada nos quedamos dormidas desnudas.
Al amanecer me puse una camisa de hombre y unos pantalones de lino que tenía Anne por allí y mientras ella dormía a pierna suelta salí a dar una vuelta por la cubierta.
Levantando la cabeza vi en lo alto del palo mayor, por encima de la cofa, la bandera negra con las dos espadas cruzadas bajo la calavera ondeando al viento de la mañana. Era la enseña pirata diseñada por el propio Rackham, nada de tibias.
A la luz del día, aunque no era un barco grande, el bergatín resultaba impresionante. Con las culebrinas en cubierta y otra por debajo con cañones más pesados. La proa hendía el agua como la cuchilla de un patín el hielo.
Todas las velas desplegadas impulsaban al veloz balandro a una buena velocidad. Cabalgando las olas como un semental por los montes.
Tenía que acercarme a la proa a hacer mis necesidades aunque me mojara el culo. Bueno el agua del Caribe estaba bastante caliente, así que no importaba mucho. Eso sí todos los marineros que hubiera por allí me verían.
Yo les veía a ellos con sus rabos fuera y alguno hasta se puso duro al verme bajarme los pantalones y sentarme en la tabla agujereada para hacer mis necesidades.
A esas alturas todos sabían quien era yo, la amante de su capitana. Los rumores corren rápido en un barco como ese no demasiado grande. Aunque estaba protegida por su jefa no las tenía todas conmigo.
Alguno de ellos si que se atrevía a echarme algún requiebro. Puede que hubiera aceptado las atenciones de los más guapos si Anne no me hubiera tenido tan ocupada.
Se les veia trabajar duro arriando velas, reparando cabos y madera, limpiando los cañones y baldeando las cubiertas. Haciendo las miles de labores que un barco como ese necesitaba a diario solo para mantenerlo a flote, ni siquiera hablo de hacerlo maniobrar.
Tras dos días después de sexo salvaje con Anne Bonny entrábamos en el puerto de Tortuga. En el camarote ella me tenía siempre desnuda y follando. En ese momento otro barco salía hacia mar abierto. Nos cruzamos con él poco antes de llegar a la bocana del puerto.
El tiempo era bueno y navegaba con las portillas abiertas y las bocas de sus cuarenta cañones asomando por ellas. Supongo que era una precaución por si había alguna fragata de la Royal Navy esperando cerca.
Yo estaba apoyada en la barandilla cerca de la proa, contemplando el espectáculo. Anne apoyada detrás de mí, sus duras tetas clavadas en mi espalda. Su mano levantaba la falda del vestido de seda que me había hecho poner para lucirme en la llegada a puerto.
Sus dedos habían alcanzado los depilados labios de mi vulva. Lógicamente iba sin bragas pero con medias, ligas y unos preciosos zapatos de tacón. Me estaba haciendo correr con sus dedos juguetones. Al oído, rozando mi oreja con sus labios, me decía:
- Ese es el Concordia. El barco de Eduard Teach, Barbanegra.
- ¿De verdad ese barco es el Queen Anne's Revenge?.
- Eso me han dicho, sí. Le ha cambiado el nombre. El tipo odia a los protestantes.
- Sabes que en mi país ¿todos sois leyendas? , como vuestros barcos.
Me desplazaba despacio hacia nuestra popa para poder echarle un buen vistazo al otro navío. Entre tanto Anne estaba dando las órdenes para entrar en el puerto con seguridad.
No quiero pensar en lo que se imaginaria la corsaria y si tripulación cuando las luces del túnel empezaron a rodear mi cuerpo. Pensarían que estaban locos.
Ese fue el momento que eligió el túnel para devolverme a mi época. Me perdí la visita guiada a Tortuga pero me llevé el vestido de seda azul y los conocimientos sobre la vida pirata y dos de sus barcos más famosos.
Ella se quedó con mi ropa y supongo que le sacaría partido al tanga y las botas con alguno más de sus amantes.
..
viernes, 10 de junio de 2022
Concierto, la rueda pinchada
.
Otra historia de David en chico de pueblo de la serie: "concierto". Esta vez él y su primo ayudan a una milf con un problema mecánico.
Dos chicos guapos y una rueda pinchada en medio del campo. Una damisela en apuros que pide ayuda a dos caballeros.
Por supuesto no sin antes tener la precaución de colocar un poco mas altas las tetas en el escote con con un par de botones abiertos. Casi se veía la areola de la pezones.
Los vi llegar desde un camino lateral y bajarse de un tractor agrícola. No estaban nada mal, me esperaba un cuarentón gordo y eran dos chicos guapos, jóvenes y delgados.
Los recibí con mi mejor sonrisa mientras paraban detrás de mí coche. Bajaron sin dejar de mirarme. Les devolvía el favor observando sus culos que parecían durísimos mientras bajaban de la enorme máquina.
- Hola chicos, he tenido un pequeño percance.
- Ya lo vemos. Puede que podamos "echarte una mano". Yo soy David y este es mi primo Mario.
- Me encantaría que dos chicos tan guapos me echaran una mano, pero primero habría que cambiar la rueda. Yo soy Sonia. Encantada.
Me miraban las tetas mientras accedían a ayudarme a cambiarla. Para eso las estaba enseñando lo más posible. Eran de un pueblo cercano y pasaban por allí.
- Eso no será un problema. No nos costará mucho.
En realidad pensaba dejar que ellos hicieran todo el trabajo. Pero viéndoles fibrados con sus camisetas de tirantes no pensaba dejarlos sin recompensa. Me estaban poniendo cachonda solo con ver como se movían sacando las herramientas y la rueda de repuesto.
Naturalmente exhibía más mis encantos mientras ellos trabajaban. Descubría mi voluptuoso cuerpo para animarlos en la tarea que una vez realizada no parecía tan difícil. Los veía trabajar, forzando sus músculos haciendo palanca y moviendo la rueda pinchada.
A esas alturas mis tetas rebosaban del sujetador enseñando los pezones. Lo hice con disimulo pero en apenas un par de hábiles movimientos de manos ya me los podían ver.
El pantalón de cintura baja había caído aún mas dejando que ellos vieran la goma del tanga rosa y la mitad de mis poderosas nalgas. Sus ojos iban detrás de mí culo mientras ponían la rueda de repuesto en su sitio.
Cuanto mas me agachaba mas carne quedaba expuesta y ellos no dejaban de mirarla. Aunque sin dejar de trabajar. Procuraba rozarme con ellos, con sus brazos fuertes, mis pechos acariciando sus espaldas y mis muslos sus caderas y culos duros.
En poco rato habían terminado, mi coche volvía a estar en condiciones y podía seguir mi camino. Pero desde luego no sin agradecerles a esos chicos tan amables el favor.
- Muchas gracias chicos. Habéis sido muy amables.
- Tengo algo para que os limpieis.
Mientras se lavaban con una garrafa de agua y algo de jabón que llevaba en el maletero. Sus camisetas quedaron arruinadas entre la grasa y el agua jabonosa. Así que sonriendo les pedí que se deshicieran de ellas admirando sus torsos fuertes morenos y depilados.
- Hace mucho calor, podéis quitaros las camisetas.
-Y tú ¿qué te vas a quitar? guapa.
- Normalmente prefiero que me desnuden a mí.
Con una mano apoyada en el pecho de cada uno de ellos rozando sus pezones y sonriendo morbosa.
- Eso tampoco nos costará mucho. Y será todo un placer.
Por fin se lanzaron sobre mí poniéndome una mano en una teta y la otra en el culo. Como si se hubieran puesto de acuerdo ambos haciendo la misma maniobra. Uno a cada lado.
Y aproximaron sus caras a la mía. Sus labios a los míos, hasta que sin complejos y en medio del campo nuestras leguas juguetonas se unieron en un húmedo beso, las tres.
Excitada y caliente poco me preocupaba ya estar a medio camino entre dos pueblos en una carrera por la que podía pasar más gente.
Ellos colaboraban para desnudarme y en segundos mis tetas estaban al aire. Los pantalones caían por mis muslos descubriendo el minúsculo tanga rosa. Sus dedos lo hicieron a un lado hurgando en mi húmedo y caliente coño.
Mis manos se desplazaron directamente a sus pollas buscándolas por dentro de sus vaqueros y tirando de ellos hacia mí. Sus fuertes manos me depositaron sobre el caliente capot de mi propio coche y separaron mis muslos para lamer mi chirri los dos juntos.
Sus lenguas cruzándose en los labios de mi coño haciendo aún mas morbosa la situación. No creí que ellos se atrevieran a tocarse. Pero lo hacían.
Y logrando que yo me corriera una y otra vez, mi conejito y culo recibiendo sus atenciones. No dejaban de lamer mi piel y pasar la lengua por mis puntos erógenos.
Uno de ellos, el tal David, consiguió situarse a un lado del capot y darme su polla en la boca además de lamer sus depilados huevos. Su compañero trepó sobre mi cuerpo hasta clavarme su polla y ayudarme a comer la otra polla.
Le estábamos dando lengua por el rabo y los huevos dejando que nuestras salivas se mezclaran. Mario estaba entrando en mí, despacio, tierno, haciéndome notar cada centímetro de su duro nabo.
En el maletero también llevaba una manta vieja para ocasiones como esas. Quería las dos pollas dentro.
- Chicos ¿me follariais el coño y el culo a la vez?.
- ¡Me pido el culo!.
Saltó Mario que aún estaba encima de mí. Mientras David extendía la manta en la hierba a un lado del camino nosotros nos bajamos del coche y fuimos tras su culo prieto.
Ellos se adelantaron y antes de hacer nada más se besaron. He de admitir que me quedé de piedra pero más excitada todavía. Los miraba acariciarse las pollas pasmada. Pero no quería quedarme sin participar de la juerga.
Los primos parecían pasarlo bien solos y yo estaba dispuesta a entrar en su juego y ponerme en medio. David se tumbó boca arriba sonriendo y con la polla apuntando al cielo.
- ¿Dispuesta?.
Ni me molesté en contestar, con las piernas a cada lado de su cadera fui bajando despacio la mía hasta empezar a deslizar el glande en mi xoxito. Me incliné hacia adelante para meter mi lengua en su boca y dejar caer saliva dentro. El me dio su lengua cruzándose con la mía.
Mario vino por detrás sabía a por lo que iba. Y lo recibí con las nalgas bien abiertas. Estaba claro que a ellos no les importaba tocarse. Apoyaban las manos en el otro para buscar la partida más cómoda.
Incluso diría que ya lo habían hecho antes y no es una postura fácil. Moverse follando, lo hacían fácil, sensual, lascivo. Se les notaba que lo hacían muy bien por que les gustaba.
Jadeábamos, gemíamos, como si nadie nos pudiera escuchar al lado de esa carretera solitaria.
Cuando quise darme cuenta ya tenía las dos pollas dentro y solo lubricadas con saliva. Se movían sincronizados. Yo ya me había corrido varios veces pero ellos aguantaban bien con las pollas duras.
Pero nada dura para siempre y al fin me llenaron con su semen. Los dos agujeros rezumando lefa. Viendo por donde iban los tiros deduje que me reservaban una sorpresa final.
Así fue. Entre los dos se pusieron a lamer mi pubis y mi ano recogiendo el semen. Y todo eso junto a mis jugos yo quería saborearlo. Volvimos a juntar las lenguas. Un beso a tres, uno más de los que compartimos esa mañana calurosa.
Yo tenía que continuar mi camino y ellos su tarea dura la que fuera. Así que cambiamos los números para comunicarnos por WhatsApp. Nos vestimos y seguimos nuestro camino.
..
domingo, 5 de junio de 2022
El tanga rojo, la tormenta de verano
.
Yolanda se sacó las tetas sentada a mi lado en el coche. No lo había hecho descarado claro pero al moverse en el asiento de cuero y levantar los brazos quedaron ante mi vista sus preciosos pechos. Su camiseta o top o como se llame era muy corta por debajo.
Me explicaré algo mejor. Sobre todo cómo habíamos llegado a esa situación. Al fin y al cabo Yolanda es mi hermana.
Me había estado provocando desde que la recogí cerca de la discoteca. Sus rodillas estaban justo al lado de la palanca del cambio y podía ver sus preciosos muslos al completo. Es verdad que llovía, mucho, y ella estaba calada. Pero con cualquier otra chica pensaría que estaba buscando algo más.
Cuando llamó me estaba haciendo una paja revisando sus fotos en bikini del verano anterior. Vale, tampoco es que yo sea un santo y ella me excitaba, mucho.
Está muy buena, linda carita, cuello fino, las tetas no las tiene muy grandes pero parecían talladas en mármol por su dureza, el vientre plano, cadera generosa y culito respingón, además de sus largos y torneados muslos.
Esa noche yo había salido pero no había encontrado a nadie con quien ligar. Ninguna chica parecía dispuesta a entregarse a mis besos. Viendo que amenazaba tormenta me había vuelto a casa temprano.
Estaba desnudo tirado sobre mi cama. Cuando llamó me dio un buen susto. Al principio pensé que le había paso algo. Apenas me dió tiempo a ponerme los vaqueros y un jersey y coger las llaves del BMW que era el primer coche en la salida del garaje del chalet. A mi padre no le importaría que cogiera su carro para ir a buscar a su ojito derecho.
Igual si tenía suerte estaría con alguna de sus amigas y podría distraerme de mi obsesión por mi hermana. Viendo a otra de esas zorritas con las que salía medio desnudas, como solían salir de fiesta.
Al llegar a la puerta de la disco ni siquiera la localizaba. Se había refugiado en un portal un poco más allá. Me llevé una pequeña desilusión al ver que estaba sola. Así que puse la calefacción a tope y abrí la puerta. Su bonita melena castaña chorreaba.
Sabía que es mi hermana pero ¡que buena está!. Con sus larguísimas piernas saliendo del cinturón que ella llama falda. Sus pezones bien marcados en la fina tela que dice ser camiseta, top, no sé nada de ropa femenina. Además la tela era tan fina que mojada se trasparentaba del todo.
Aunque se ve mas piel por ella que si se hubiera puesto solo un sujetador. Y además estaba tan mojada que se trasparentaba, ya se que me repito, pero es que estaba tan buena y adorable, calada en el asiento de cuero, como un cachorrillo.
Me estaba poniendo cardiaco y no es que fuera la primera vez. Con su manía de llevar los mismos microscópicos bikinis que nuestra madrastra. Pasando delante de mí por casa solo con unas braguitas y una de mis camisas abierta del todo.
Enseñándome sus generosos escotes o luciendo esas hermosas piernas que me volvían loco en sus diminutos o ajustadisimos pantalones.
- Estas guapísimo con ese jersey, tato. Deberías ponértelo para ligar. Se te echarían las tías encima.
- Si tu lo dices. Igual tendrías que dejarme salir con tus amigas y así sí que ligaría más.
- ¡Ja! Ninguna de esas zorras te merece. Deberíamos hacer esto más, charlar y "eso". Quedar solos tu y yo.
Considerando que el jersey me lo había regalado ella no era un gran cumplido. Si que era cierto que la prenda se ajustaba a mi torso definido y a mis trabajados abdominales. Pero lo acepté con una sonrisa como cada palabra que salía de sus sensuales labios.
- Sube más la calefacción del coche, por fi.
- Pensando que tendrías frío y estarías mojada ya la tenía a tope.
- ¡Eres un cielo! Mario. Me encanta como me cuidas, tato.
Me había puesto cachondo y si no fuera mi hermana haría rato que hubiera saltado sobre ella. Aún a pesar de tener mis necesidades sexuales bien cubiertas por Sonia, la chica que venía a limpiar a casa.
Se quitó los zapatos de tacón y subió las piernas al asiento de cuero, recogidas bajo el duro culo, con lo que la escasa falda terminó de estrujarse en su cinturita dejándome ver el reducido tanga rojo casi al completo.
Sus rodillas quedaron tan cerca de la palanca del cambio que las rozaba con mis dedos en cada semáforo y cambió de marcha.
Rozó mi torso con sus deditos en una suave caricia, provocándome aún más. Me dijo:
- No tires hasta casa. Busca un algún sitio tranquilo para aparcar, pasar un rato juntos y poder charlar.
Me desvíé hacia un aparcamiento pavimentado que ya conocía. No era cuestión de embarrar todo el coche llevándola al monte. Mi padre se daría cuenta. Solitario y frecuentado por parejitas era el sitio ideal para charlar un rato o eso. Más bien "eso".
El agua resbalaba por los cristales que se empañaron pronto con nuestras respiraciones agitadas y la humedad de su ropa y cabello según se evaporaba con la calefacción.
Recostó el respaldo del asiento, lo que no le hizo ningún favor al poco orden que sus prendas mantenían dejándome ver mucha más de su suave piel.
Charlábamos relajados. Me contó sobre su noche. Yo lo dije que ya estaba en la cama cuando me había llamado. Me preguntó con un acento tan sarcástico que apenas merecía contestación:
- ¿Qué estabas haciendo en la cama y despierto?.
Luego pasamos a hablar algo de sus amigas y otras conocidas.
- ¿Estoy más buena que Sonia?
Me soltó a bocajarro. Yolanda ya sabía que la chica, no podíamos llamarla criada pues nadie la considera así en casa, y yo éramos follamigos desde hacía una temporada. Estaba claro que entre ellas no había secretos.
Entonces fue cuando le pregunté:
- ¿Estas jugando conmigo? Yolanda. Me provocas. Sé que Sonia ya te lo cuenta todo. Que sois muy, muy amigas.
Con una cara de lascivia que apenas pude soportar reuniendo mis últimas reservas de fuerza de voluntad me contestó:
- El juego llegará hasta donde tu quieras... Sonia y yo también jugamos. Ya se que te pajeas con mis fotos en bikini. A partir de ahora tendrás las que me hace Sonia en lencería o desnuda del todo.
Me estaba provocando descarada. Imaginar a las dos haciendo un sesenta y nueve en la cama de Yolanda se la pondría dura al más santo de los varones.
Hasta que por fin me hizo un inequívoco gesto con su dedo índice para que me inclinara sobre ella. Donde me recibió con la boca abierta esperando mi lengua. Me dediqué a juguetear un rato con sus sensuales labios, lamerlos, antes de darle una buena ración de la sin hueso y de saliva.
Tiraba de mi jersey para descubrir mi pecho. Lo que me hizo separar nuestras bocas. Lo aprovechó para besar mis pectorales y mordisquear mis pezones. Incluso a pasar la lengua por mis depiladas axilas.
La polla me apretaba dura dentro de los vaqueros pues cuando me levanté para ir a buscarla no me había puesto ni un slip. Duermo siempre desnudo del todo. Pero ella se encargó de liberarla de su encierro acariciándola con ternura.
Yo tampoco había perdido el tiempo haciéndome con su prieta teta, acariciándola, amasándola y jugando con su duro pezón subiendo mi mano desde el plano y suave vientre.
Como pedía más su cuerpo caliente comencé a masturbarla deslizando un par de dedos bajo su mini, apartando el tanga rojo a un lado. Juro que no le di ni un tirón pero en ese momento la microscópica prenda se me quedó entre los dedos. Me limité a arrojarla a un lado.
Parece que le gustó lo que le hacía y deseaba más. Pues empezó a jadear y a empujarme para que sustituyera los dedos por la lengua. Trabajo al que me dediqué poniendo en ello todo mi empeño. Ya no nos importaba el parentesco, solo disfrutar.
La postura para poder comerle la cuca en los asientos de delante era más que difícil, por no decir imposible. Le di una palmadita en el muslo.
- Anda, pásate atrás.
Ella, más flexible y recogida que yo cruzó entre los dos asientos sin problemas. Con miedo de quedarme atascado me estuve pensando salir a la tormenta y entrar por las puertas de atrás.
Me abroché el botón del pantalón y solo con eso y las playeras salí y volví a entrar en el coche lo más rápidamente que pude. Sin olvidarme de mover los asientos delanteros para hacer más sitio. Ni me molesté en guardar la polla, bajo esa cortina de agua nadie iba a verme.
Al reunirme con mi hermanita en el amplio asiento de atrás se puso a lamer las gotas de agua de la piel de mi pecho. A mordisquear mis pezones y par la lengua por mis axilas, hombros, el cuello y la oreja.
- Como te deseo, tato.
Jadeaba en mi oreja. En el tiempo que había tardado en volver con ella se había terminado de desnudar. Aunque antes había podido ver partes de su bella anatomía al descubierto era la primera vez que veía sin nada encima. Me pareció todavía más bonita.
- ¿No quería que te comiera? Te voy a saborear Yolanda.
- Lo estoy deseando.
La hice ponerse entre los dos asientos de adelante hacia el salpicadero dejando su marmoreo culo encajado y con los pies separados. No me hacia falta ni separar las nalgas con las manos para encajar la cara entre ellas y empezar a saborear tan delicioso manjar.
He de admitir que el olor era algo fuerte. Aunque se había duchado antes de salir, se notaban el sudor, las horas bailando, moviéndose y la excitación que había tenido viendo estos cuerpos deseables en la disco. No me importó, la hacía aún más sabrosa.
Pasé la lengua por toda la raja, explorando. Descubriendo al tacto húmedo de la sin hueso el ano, el perineo, los labios de la vulva y el clítoris. Sus gemidos me indicaban que iba por buen camino. Así que me dediqué a profundizar en la tarea.
Por cómo gemía y suspiraba creo que le di más de un orgasmo solo con la lengua. Clavándola en el coñito o en el ano según mi capricho. Recorriendo y humedeciendo toda la piel de alrededor, de las nalgas a los muslos y la espalda.
- No te vas a escapar con esto hermanito. Tienes que follarme. Quiero probar esa polla tan rica de la que disfruta Sonia.
Se giró demostrando de nuevo su flexibilidad. Tiró de mis vaqueros hasta sacármelos dejándome tan desnudo como ella. Mi polla apuntaba al techo del coche.
Pusó una rodilla a cada lado de mis muslos. Guiando el rabo con su maníta lo llevo a su interior despacio. Degustando la penetración. Agarrando sus nalgas controlaba su movimiento. No quería que acelerara demasiado.
La coleta en la que tenía recogida la melena daba en el techo. Pero yo subía mi cara buscando su boca, sus labios y su lasciva lengua. Dejaba caer su saliva en mi boca y yo se la devolvía mezclada con la mía.
De vez en cuando también bajaba la cabeza para lamer sus tetas y besar los durísimos pezones. Yolanda tampoco tenía quietas las manos, las notaba por todas partes, acariciando, tocando, pellizcando.
- Yoli, me voy a correr. Me tienes muy cachondo.
- Hazlo dentro amor mío. La madrastra me llevó al ginecólogo y tengo puesto un diu desde los diez y ocho.
Fue decirme eso y segundos más tarde me derramaba en su interior. Se quedó encima de mí sin moverse, solo abrazados, hasta que mi polla se salió sola de su xoxito.
- Vamos a tener que limpiar este estropicio antes de que papá cosa el coche mañana.
- No te preocupes, para limpiar el asiento tengo toallitas en el bolso y de limpiarte a tí me encargo yo.
Uniendo acción a la palabra se deslizó entre mis piernas ya tumbado en el asiento y se dedicó a lamer mi nabo. Aunque estaba flojo la caricia de su lengua seguía dándome placer. Dejándolo sin ninguna huella ni de mi semen ni de sus abundantes flujos.
Cuando terminó con tan placentera tarea, al menos para mí, sino a besarme. Me dio a compartir nuestros sabores mezclados en su lengua juguetona. Volví a recibirla entre mis brazos mientras nos besábamos. Nos acariciábamos con ternura demostrándonos de nuevo el cariño de hermanos.
- Tendríamos que volver. Antes de que me la vuelvas a poner dura o no respondo de mis actos.
- No me importaría, pero tienes razón. Es tarde y no quiero que se preocupen por nosotros. Podemos repetir esto cuando queramos ahora que los dos sabemos lo que deseamos. Que nos deseamos.
Volvimos a vestirnos, ella con más rapidez y facilidad que yo. Me puse al volante y volvimos a casa. Dejé el coche en el mismo sitio de donde lo había cogido y todo eso sin que se me fuera la sonrisa tonta de la cara.
Por fin había tenido a mi hermana y yo le había dado todo mi ser. Y lo que es más ella quería seguir con ello.
Tengo pensadas varias aventuras para toda la familia incestuosa, padre, madrastra, los dos hermanos y la criada. Todas empezarán el título con las palabras, el tanga rojo.
..
Suscribirse a:
Entradas (Atom)