domingo, 5 de junio de 2022
El tanga rojo, la tormenta de verano
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Yolanda se sacó las tetas sentada a mi lado en el coche. No lo había hecho descarado claro pero al moverse en el asiento de cuero y levantar los brazos quedaron ante mi vista sus preciosos pechos. Su camiseta o top o como se llame era muy corta por debajo.
Me explicaré algo mejor. Sobre todo cómo habíamos llegado a esa situación. Al fin y al cabo Yolanda es mi hermana.
Me había estado provocando desde que la recogí cerca de la discoteca. Sus rodillas estaban justo al lado de la palanca del cambio y podía ver sus preciosos muslos al completo. Es verdad que llovía, mucho, y ella estaba calada. Pero con cualquier otra chica pensaría que estaba buscando algo más.
Cuando llamó me estaba haciendo una paja revisando sus fotos en bikini del verano anterior. Vale, tampoco es que yo sea un santo y ella me excitaba, mucho.
Está muy buena, linda carita, cuello fino, las tetas no las tiene muy grandes pero parecían talladas en mármol por su dureza, el vientre plano, cadera generosa y culito respingón, además de sus largos y torneados muslos.
Esa noche yo había salido pero no había encontrado a nadie con quien ligar. Ninguna chica parecía dispuesta a entregarse a mis besos. Viendo que amenazaba tormenta me había vuelto a casa temprano.
Estaba desnudo tirado sobre mi cama. Cuando llamó me dio un buen susto. Al principio pensé que le había paso algo. Apenas me dió tiempo a ponerme los vaqueros y un jersey y coger las llaves del BMW que era el primer coche en la salida del garaje del chalet. A mi padre no le importaría que cogiera su carro para ir a buscar a su ojito derecho.
Igual si tenía suerte estaría con alguna de sus amigas y podría distraerme de mi obsesión por mi hermana. Viendo a otra de esas zorritas con las que salía medio desnudas, como solían salir de fiesta.
Al llegar a la puerta de la disco ni siquiera la localizaba. Se había refugiado en un portal un poco más allá. Me llevé una pequeña desilusión al ver que estaba sola. Así que puse la calefacción a tope y abrí la puerta. Su bonita melena castaña chorreaba.
Sabía que es mi hermana pero ¡que buena está!. Con sus larguísimas piernas saliendo del cinturón que ella llama falda. Sus pezones bien marcados en la fina tela que dice ser camiseta, top, no sé nada de ropa femenina. Además la tela era tan fina que mojada se trasparentaba del todo.
Aunque se ve mas piel por ella que si se hubiera puesto solo un sujetador. Y además estaba tan mojada que se trasparentaba, ya se que me repito, pero es que estaba tan buena y adorable, calada en el asiento de cuero, como un cachorrillo.
Me estaba poniendo cardiaco y no es que fuera la primera vez. Con su manía de llevar los mismos microscópicos bikinis que nuestra madrastra. Pasando delante de mí por casa solo con unas braguitas y una de mis camisas abierta del todo.
Enseñándome sus generosos escotes o luciendo esas hermosas piernas que me volvían loco en sus diminutos o ajustadisimos pantalones.
- Estas guapísimo con ese jersey, tato. Deberías ponértelo para ligar. Se te echarían las tías encima.
- Si tu lo dices. Igual tendrías que dejarme salir con tus amigas y así sí que ligaría más.
- ¡Ja! Ninguna de esas zorras te merece. Deberíamos hacer esto más, charlar y "eso". Quedar solos tu y yo.
Considerando que el jersey me lo había regalado ella no era un gran cumplido. Si que era cierto que la prenda se ajustaba a mi torso definido y a mis trabajados abdominales. Pero lo acepté con una sonrisa como cada palabra que salía de sus sensuales labios.
- Sube más la calefacción del coche, por fi.
- Pensando que tendrías frío y estarías mojada ya la tenía a tope.
- ¡Eres un cielo! Mario. Me encanta como me cuidas, tato.
Me había puesto cachondo y si no fuera mi hermana haría rato que hubiera saltado sobre ella. Aún a pesar de tener mis necesidades sexuales bien cubiertas por Sonia, la chica que venía a limpiar a casa.
Se quitó los zapatos de tacón y subió las piernas al asiento de cuero, recogidas bajo el duro culo, con lo que la escasa falda terminó de estrujarse en su cinturita dejándome ver el reducido tanga rojo casi al completo.
Sus rodillas quedaron tan cerca de la palanca del cambio que las rozaba con mis dedos en cada semáforo y cambió de marcha.
Rozó mi torso con sus deditos en una suave caricia, provocándome aún más. Me dijo:
- No tires hasta casa. Busca un algún sitio tranquilo para aparcar, pasar un rato juntos y poder charlar.
Me desvíé hacia un aparcamiento pavimentado que ya conocía. No era cuestión de embarrar todo el coche llevándola al monte. Mi padre se daría cuenta. Solitario y frecuentado por parejitas era el sitio ideal para charlar un rato o eso. Más bien "eso".
El agua resbalaba por los cristales que se empañaron pronto con nuestras respiraciones agitadas y la humedad de su ropa y cabello según se evaporaba con la calefacción.
Recostó el respaldo del asiento, lo que no le hizo ningún favor al poco orden que sus prendas mantenían dejándome ver mucha más de su suave piel.
Charlábamos relajados. Me contó sobre su noche. Yo lo dije que ya estaba en la cama cuando me había llamado. Me preguntó con un acento tan sarcástico que apenas merecía contestación:
- ¿Qué estabas haciendo en la cama y despierto?.
Luego pasamos a hablar algo de sus amigas y otras conocidas.
- ¿Estoy más buena que Sonia?
Me soltó a bocajarro. Yolanda ya sabía que la chica, no podíamos llamarla criada pues nadie la considera así en casa, y yo éramos follamigos desde hacía una temporada. Estaba claro que entre ellas no había secretos.
Entonces fue cuando le pregunté:
- ¿Estas jugando conmigo? Yolanda. Me provocas. Sé que Sonia ya te lo cuenta todo. Que sois muy, muy amigas.
Con una cara de lascivia que apenas pude soportar reuniendo mis últimas reservas de fuerza de voluntad me contestó:
- El juego llegará hasta donde tu quieras... Sonia y yo también jugamos. Ya se que te pajeas con mis fotos en bikini. A partir de ahora tendrás las que me hace Sonia en lencería o desnuda del todo.
Me estaba provocando descarada. Imaginar a las dos haciendo un sesenta y nueve en la cama de Yolanda se la pondría dura al más santo de los varones.
Hasta que por fin me hizo un inequívoco gesto con su dedo índice para que me inclinara sobre ella. Donde me recibió con la boca abierta esperando mi lengua. Me dediqué a juguetear un rato con sus sensuales labios, lamerlos, antes de darle una buena ración de la sin hueso y de saliva.
Tiraba de mi jersey para descubrir mi pecho. Lo que me hizo separar nuestras bocas. Lo aprovechó para besar mis pectorales y mordisquear mis pezones. Incluso a pasar la lengua por mis depiladas axilas.
La polla me apretaba dura dentro de los vaqueros pues cuando me levanté para ir a buscarla no me había puesto ni un slip. Duermo siempre desnudo del todo. Pero ella se encargó de liberarla de su encierro acariciándola con ternura.
Yo tampoco había perdido el tiempo haciéndome con su prieta teta, acariciándola, amasándola y jugando con su duro pezón subiendo mi mano desde el plano y suave vientre.
Como pedía más su cuerpo caliente comencé a masturbarla deslizando un par de dedos bajo su mini, apartando el tanga rojo a un lado. Juro que no le di ni un tirón pero en ese momento la microscópica prenda se me quedó entre los dedos. Me limité a arrojarla a un lado.
Parece que le gustó lo que le hacía y deseaba más. Pues empezó a jadear y a empujarme para que sustituyera los dedos por la lengua. Trabajo al que me dediqué poniendo en ello todo mi empeño. Ya no nos importaba el parentesco, solo disfrutar.
La postura para poder comerle la cuca en los asientos de delante era más que difícil, por no decir imposible. Le di una palmadita en el muslo.
- Anda, pásate atrás.
Ella, más flexible y recogida que yo cruzó entre los dos asientos sin problemas. Con miedo de quedarme atascado me estuve pensando salir a la tormenta y entrar por las puertas de atrás.
Me abroché el botón del pantalón y solo con eso y las playeras salí y volví a entrar en el coche lo más rápidamente que pude. Sin olvidarme de mover los asientos delanteros para hacer más sitio. Ni me molesté en guardar la polla, bajo esa cortina de agua nadie iba a verme.
Al reunirme con mi hermanita en el amplio asiento de atrás se puso a lamer las gotas de agua de la piel de mi pecho. A mordisquear mis pezones y par la lengua por mis axilas, hombros, el cuello y la oreja.
- Como te deseo, tato.
Jadeaba en mi oreja. En el tiempo que había tardado en volver con ella se había terminado de desnudar. Aunque antes había podido ver partes de su bella anatomía al descubierto era la primera vez que veía sin nada encima. Me pareció todavía más bonita.
- ¿No quería que te comiera? Te voy a saborear Yolanda.
- Lo estoy deseando.
La hice ponerse entre los dos asientos de adelante hacia el salpicadero dejando su marmoreo culo encajado y con los pies separados. No me hacia falta ni separar las nalgas con las manos para encajar la cara entre ellas y empezar a saborear tan delicioso manjar.
He de admitir que el olor era algo fuerte. Aunque se había duchado antes de salir, se notaban el sudor, las horas bailando, moviéndose y la excitación que había tenido viendo estos cuerpos deseables en la disco. No me importó, la hacía aún más sabrosa.
Pasé la lengua por toda la raja, explorando. Descubriendo al tacto húmedo de la sin hueso el ano, el perineo, los labios de la vulva y el clítoris. Sus gemidos me indicaban que iba por buen camino. Así que me dediqué a profundizar en la tarea.
Por cómo gemía y suspiraba creo que le di más de un orgasmo solo con la lengua. Clavándola en el coñito o en el ano según mi capricho. Recorriendo y humedeciendo toda la piel de alrededor, de las nalgas a los muslos y la espalda.
- No te vas a escapar con esto hermanito. Tienes que follarme. Quiero probar esa polla tan rica de la que disfruta Sonia.
Se giró demostrando de nuevo su flexibilidad. Tiró de mis vaqueros hasta sacármelos dejándome tan desnudo como ella. Mi polla apuntaba al techo del coche.
Pusó una rodilla a cada lado de mis muslos. Guiando el rabo con su maníta lo llevo a su interior despacio. Degustando la penetración. Agarrando sus nalgas controlaba su movimiento. No quería que acelerara demasiado.
La coleta en la que tenía recogida la melena daba en el techo. Pero yo subía mi cara buscando su boca, sus labios y su lasciva lengua. Dejaba caer su saliva en mi boca y yo se la devolvía mezclada con la mía.
De vez en cuando también bajaba la cabeza para lamer sus tetas y besar los durísimos pezones. Yolanda tampoco tenía quietas las manos, las notaba por todas partes, acariciando, tocando, pellizcando.
- Yoli, me voy a correr. Me tienes muy cachondo.
- Hazlo dentro amor mío. La madrastra me llevó al ginecólogo y tengo puesto un diu desde los diez y ocho.
Fue decirme eso y segundos más tarde me derramaba en su interior. Se quedó encima de mí sin moverse, solo abrazados, hasta que mi polla se salió sola de su xoxito.
- Vamos a tener que limpiar este estropicio antes de que papá cosa el coche mañana.
- No te preocupes, para limpiar el asiento tengo toallitas en el bolso y de limpiarte a tí me encargo yo.
Uniendo acción a la palabra se deslizó entre mis piernas ya tumbado en el asiento y se dedicó a lamer mi nabo. Aunque estaba flojo la caricia de su lengua seguía dándome placer. Dejándolo sin ninguna huella ni de mi semen ni de sus abundantes flujos.
Cuando terminó con tan placentera tarea, al menos para mí, sino a besarme. Me dio a compartir nuestros sabores mezclados en su lengua juguetona. Volví a recibirla entre mis brazos mientras nos besábamos. Nos acariciábamos con ternura demostrándonos de nuevo el cariño de hermanos.
- Tendríamos que volver. Antes de que me la vuelvas a poner dura o no respondo de mis actos.
- No me importaría, pero tienes razón. Es tarde y no quiero que se preocupen por nosotros. Podemos repetir esto cuando queramos ahora que los dos sabemos lo que deseamos. Que nos deseamos.
Volvimos a vestirnos, ella con más rapidez y facilidad que yo. Me puse al volante y volvimos a casa. Dejé el coche en el mismo sitio de donde lo había cogido y todo eso sin que se me fuera la sonrisa tonta de la cara.
Por fin había tenido a mi hermana y yo le había dado todo mi ser. Y lo que es más ella quería seguir con ello.
Tengo pensadas varias aventuras para toda la familia incestuosa, padre, madrastra, los dos hermanos y la criada. Todas empezarán el título con las palabras, el tanga rojo.
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martes, 24 de mayo de 2022
sábado, 14 de mayo de 2022
Mirando a mi vecino travesti 2
Esta continuación del relato "mirando a mi vecino travesti" se centra ya en la relación entre las protagonistas. El anterior está publicado en la sección voyeur.
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Ya llevo tiempo espiando a mi joven vecino que en cuanto se queda solo se convierte en una adorable jovencita. Empecé a masturbarme contemplándola. Viendo como se movía por su habitación.
Desde ese día, el de mi primer dedo viéndola, aprovechaba cada momento libre para espiarla. De vez en cuando descubría nuevas y sensuales prendas sobre su hermoso cuerpo.
Arreglada para ella misma en cuanto sus padres salían por la puerta. Me encantaba verla, como se lucía y movía por su cuarto sensual, felina, sinuosa y sobre todo muy femenina.
Más de una vez sospeché que ella me había descubierto mirándola y se hacía la despistada. Pero como yo también me exhibía para ella no le di mucha importancia.
Así era. Yo también dedicaba ratos, los que sabía seguro que ella estaba en su habitación, para pasear con mi mejor lencería o mis vestidos más pequeños y sensuales por delante de esa ventana.
A veces incluso completamente desnuda. Otras veces colocando cosas que siempre habían estado ordenadas. Quería que ella se fijara en mí. Aunque no pudiera ser su amante puede que sí una amiga o mentora.
Nos saludábamos simpáticas cuando nos cruzábamos en el ascensor y yo me fijaba más en ella. Dejaba que mirara mi ropa que parecía que le gustaba.
-¿Te gusta como visto?
Me decidí a preguntarle un día.
- Me encanta. Tienes muy buen gusto y eres muy sexi.
He de admitir que me encantó ese piropo. Puede que incluso fuera un indicio de que también le gustaban las chicas.
- Pues cuando quieras te pasas a tomar un café y hablamos de ropa. Aunque creo que tu también tienes muy buen gusto.
Ahí si que me lancé en plancha. No tenía ni idea de cómo se tomaría ese avance más directo. Ruborizándose en un primer momento. Pero no hubo signos de rechazo. Así que ella sí me había visto cuando la admiraba.
Conseguí que aceptara mi invitación, puede que fuera un poco insistente, pero no se lo tomó a mal. La mañana siguiente en cuanto sus padres salieron a trabajar llamó a mi puerta. Las dos estábamos de vacaciones así que podíamos aprovechar.
Se presentó en mi piso con una de sus camisetas más amplias, igual que su pantalón y sus deportivas. Todo negro. Me moría por saber lo que tenía puesto debajo. En cambio yo solo llevaba un tanga y una camiseta recortada justo por debajo de las tetas. Si levantaba un poco los brazos se me veía casi hasta el pezón.
- Pasa cielo y cierra la puerta. ¿Te apetece un café?.
- Claro.
- Puedes ponerte más cómoda, estarás pasando mucho calor tan de negro. Ya nos hemos visto con menos ropa.
Aún me costó un poco más animarla a que se quitara algo pero al final lo conseguí. Al fin y al cabo me tenía a mí delante medio desnuda.
Sus anchos pantalones cayeron al suelo, debajo llevaba un precioso tanguita de encaje. Como mil veces antes vi que su polla estaba escondida entre sus torneados muslos.
Dejó caer la camiseta larga y amplia que le quedó como un amplio vestido tapando el tanguita y el culito un momento después. Llevaba la melena sujeta en una cola de caballo.
- Suéltate el cabello. Estas preciosa. Vamos a tomar el café.
- Gracias eres muy amable. También tu eres fantástica y muy sexi. Me parece que tienes lencería y ropa muy sensual.
Sentadas en mi sofá nuestras rodillas desnudas se tocaban. No rechazaba el contacto, eso me daba esperanza de que aceptara algo más. Espiando entre sus muslos podía ver de nuevo el tanguita y el bulto sospechoso.
- Si quieres te puedes probar de mi vestidor lo que te guste. Tenemos una talla parecida de cadera y cintura aunque tú seas algo más alta. Y para el pecho tengo algunos rellenos que te valdrían.
- Me encantaría. Y que me ayudaras.
- Desde luego, pero ya te he visto maquillada. Necesitas poca ayuda, se te da muy bien.
Charlábamos como buenas amigas. Era fácil hablar con ella, joven pero centrada. Aunque sus padres no lo entendieran o ella no se lo hubiera dicho.
Tras el café nos fuimos a mi vestidor. Acariciaba mis prendas, mi lencería, con una sonrisa lasciva. Miraba mis vestidos y faldas, los shorts y tops sabiendo que con ellos puestos estaría preciosa.
Me acerqué a ella por detrás soltando la melena de la goma en la que la llevaba recogida y poniéndola sobre un hombro. Luego empecé a subir su camiseta, despacio, descubriendo poco a poco su delgado y precioso cuerpo ante mí espejo.
La miraba por encima de su hombro según volvía a ver el tanga. Ahora el vientre plano con un pírcing en el ombligo.
- Eso es una sorpresa. Tu padre no te lo habrá visto ¿no?. Desde mi ventana no te lo habia visto.
- Tengo hecho el agujero, pero me lo pongo muy poco. Hoy es un día muy especial con una nueva amiga.
- Pues me encanta. Te queda genial. Me tienes que acompañar a hacerme uno.
- ¿Llevas suje?
- No, claro y ¿tu?
- Todavía no, pensaba que me dejarías uno.
- Todos los que quieras. Cariño.
Terminé de subir la camiseta y hacerle levantar los brazos por encima de su cabeza. Sacarla del todo. Aproveché para pegarme a su cuerpo. Mis tetas aún cubiertas por el resto de camiseta tocando su torneada espalda. Notando en mi cadera sus duras nalgas.
Besé suave su hombro y eso pareció agradarle. No se apartó de mí. De hecho cogió mis manos y rodeando su torso las puso sobre sus pezones.
Deseaba seguir por ese camino pero también quería verla como la mujer que era, que es. Teníamos toda la mañana. Así que la empujé suave hacia mis cajones.
- Elige el conjunto que más te guste.
Se fijó en un body de encaje, pequeñito, con la espalda desnuda, terminado en tanga y por delante con un escote en v que llegaba casi hasta el pubis. Ella ya tenía una prenda similar, yo la había visto, aunque parece que le gustaban de ese tipo. Tiré del tanga para quitárselo y su polla que empezaba a ponerse dura salió hacia adelante.
- No hace falta que la escondas conmigo. Me gustas tal y como eres, cielo.
No se preocupó más por su aparato, solo en acomodarlo en las prendas que se fue probando. Nunca me cansaba de verla vestirse y cambiarse de ropa. Así que la dejé a su aire para que estuviera tranquila.
El delicado body fue subiendo por sus preciosas piernas. Separó las nalgas para acomodar la tira de tela en su culito. Volvió a poner su polla entre los muslos con un esfuerzo considerable pues aquello estaba empezando a tomar consistencia. No sé si por la sensual lencería o por mi cuerpo que casi al descubierto tenía a su lado.
Colocó la poca tela que tenía la prenda en torno a su torso y terminó de subir los tirantes en sus torneados hombros. Ni le hacían falta los rellenos para que le quedara espectacular.
Posó ante mi espejo. Me propuso:
- ¿Quieres hacerme unas fotos?.
Me alcanzó su móvil y yo dediqué que un rato a inmortalizar sus bellas posees en el aparato.
- ¿Quieres probar otra cosa?
- He visto un liguero por ahí. ¿Me lo dejas?
- Pues claro nena.
Busqué las medias que iban a juego y el conjunto de tanga y sujetador. Además de unos rellenos de silicona para su pecho plano.
Tenía muchas ganas de ponerle las manos encima y ya no me contuve. Aunque empecé suave ayudándola con las prendas.
Enrolle las medias y ella sentada en lo cama me tendió uno de sus delicados pies. Ante mi rostro tenía una polla preciosa que muy dura apuntaba al techo. Ninguna de las dos la había tocado apenas.
Apoyando el pie en mi rodilla lo introdujo en la media. Fui desenrrollando el nylon por la pantorrilla finamente torneada y luego por su muslo acariciando con suavidad su piel.
Ya no me privé de rozar sus depilados huevos con ternura. Parece que le gustó, su polla dio un salto y pareció ponerse más dura. Pero aún no la toqué. Sujeté las cintas del liguero a las ligas de las medias. En realidad era una prenda completamente innecesaria, esas medias se sujetan solas.
Hice lo mismo con el tanga. Fui yo quien lo subió por sus largas piernas. Ahí si que pude agarrar su dureza y acomodarlo en el escaso encaje. Incluso separé las pétreas nalgas para acomodar la cinta. En su ano rosadito vi el plug que llevaba encajado.
Con el sujetador fui menos delicada, pellizqué sus pezones para ponerlos bien duros antes de abrochar la prenda. Después encajar los rellenos de silicona en las copas.
Para entonces yo ardía, necesitaba caricias. ansiaba que me tocara. Es una chica lista y lo notó. Bueno, tampoco es que se lo pusiera muy difícil, suspiraba y gemía como una vieja locomotora de vapor.
Me quedé tras ella apoyando mis tetas en su espalda. Echó la mano hacia atrás acariciando mi muslo y subiendo hasta mi descubierta nalga. Su caricia fue tierna, como las mías.
Incluso tiró de mi cuerpo para que me pegara más a ella. Besé su fino cuello y subí lamiendo su piel hasta mordisquear su orejita. Mientras se giraba hacia mí aproveché para sacarme la pequeña camiseta. Estaba deseando probar el pírcing de su lengua.
Sus labios entreabiertos me atraían como un imán. Por fin juntamos las bocas en un beso lascivo. Cruzamos las lenguas como si no hubiera un mañana. La saliva resbalaba hasta mis tetas desnudas y mi sujetador, el que ella tenía puesto.
Notaba su polla dura saliendo de mi tanga apretada contra mi vientre. El glande me llegaba al ombligo. Mis manos agarraron sus nalgas apretando con fuerza su prieta carne. Deslicé un dedo por su ano y noté el plug que llevaba puesto. La nena cachonda ya venía preparada.
Ahora fue ella la que empezó a bajar por mi cuerpo. Lamiendo mi cuello, besando mis hombros y amorrándose a mis pechos como un bebé.
- Dejemos lo de la ropa por un rato. Vamos a la cama.
La llevé de la mano. Ya junto al lecho bajé su tanga y ella el mío. No quería quitarle nada más. Estaba preciosa con el liguero, las medias y el sujetador. Su rabo apuntando al frente.
Deslizó su mano entre mis mis muslos para acariciar mi chorreante vulva. Los dedos se le humedecieron de inmediato. Con una sonrisa lasciva en sus bonitos labios los llevó a su boca para saborear mis jugos.
- Los quiero probar de la fuente. ¿Me los das?.
- Toda tuya.
Me tiré al colchón de espaldas, abriendo las piernas todo lo que pude. Se arrodilló en la alfombra entre ellas llevando la lengua a mis labios. Clavándola en mi interior y chupando el clítoris.
De lo excitada que estaba mi orgasmo apenas tardó unos segundos en desatarse y ella no separó la cara de mi pubis.
- Vamos. ¡Fóllame!.
- No pensaba irme de aquí sin hacerlo.
Dijo con su bonita sonrisa. Se incorporó. Estaba tan abierta y húmeda que no hizo falta guiarlo su pene en mi interior. Se deslizó en mi coño como un cuchillo caliente en mantequilla.
- Córrete dentro. Tomo precauciones.
Entraba y salía de mí con firmeza pero suave. No muy deprisa, exactamente como me gusta. Podía ver su cara de vicio y ella la mía. Aguantó un buen rato bombeando y yo corriéndome. Una vez y otra de lo excitada que estaba.
Sus manos me acariciaban allí donde alcanzaban. Hasta pellizcar con suavidad los pezones. Estábamos entregadas del todo. Levanté las piernas hasta apoyarlas en su pecho. Mis pies en sus hombros y noté en ellos su lengua juguetona. Es tan viciosa como yo.
- Pásame el plug. Quiero probarlo.
Se lo sacó del ano sin dejar de penetrarme. Yo me giré para ponerme a cuatro patas. Aún estoy lo bastante ágil y flexible como para hacerlo sin que ella sacara la polla.
Como dejé mi grupa a su alcance, ella mojó dos dedos en su saliva para dilatarme. Jugó un rato con mi ano antes de deslizar su juguete dentro de mí.
Me estaba llenando por los dos agujeros. Era la primera vez que sentía una doble penetración y aquello me estaba haciendo ver las estrellas. Me encantaba como me follaba esa nena.
Su morbo, su vicio, sus ganas de disfrutar me estaban llevando al paraíso. Al fin se corrió dentro de mí. Y no paró, se inclinó y empezó a lamer mi culo. Siguió por la vulva recogiendo en la lengua el semen que rezumaba.
De ahí a besarme para compartir en nuestras lenguas nuestros sabores.
- Mejor nos duchamos antes de seguir con la ropa.
- Tampoco importa mucho ya la lavaré.
En mi ducha renovamos nuestros juegos y caricias juntas bajo el chorro de agua. Nos enjabonamos la una a la otra. recorriendo nuestras suaves pieles con las manos.
Le comí los pies, el culito, la polla volvió a ponerse dura en mi boca y ya no paré hasta que se corrió en mi lengua y volvimos a compartir su lefa en un lascivo beso.
Al salir de debajo del nos secamos la una a la otra entre caricias, besos y risas.
- Ahora quiero no solo la lencería. Quiero que me vistas entera. Quiero probarme algunos de tus vestidos y minifaldas.
Le dí el capricho, eso y todo lo que me pidió. Menos mal que tenemos una tallas muy parecidas. O me hubiera dado de si la ropa. Es algo más alta con lo que mis faldas le quedaban aún más cortas que a mi. Gracias a su culito respingón la tela se ajustaba sensual a su cadera.
En el pecho los rellenos de silicona conseguían dar una bonita forma a los escotes. Bien maquillada su carita parecía aún más femenina. El cuello fino y elegante se veía genial con algunos de mis collares y gargantillas. La muñecas adornadas con mis pulseras.
De mis zapatos solo las sandalias más abiertas le quedaban bien. Pero algo de tacón le estilizaba aún más sus bonitas piernas.
Estaba claro que tenía entre manos una bella mujer. En algún momento tendría que sincerarse con su familia. Pero mientras tanto yo era la persona con quien ella tenía más confianza.
Atesoro la fotos que le hice, que nos hicimos, no solo ese día, sino todas las veces después. A cual más erotica y muchas completamente pornográficas.
No solo nos lo pasábamos bien juntas, más de una noche salimos a divertirnos y a ligar. Pero cuando nos levantamos a un chico las dos juntas y follamos con él toda la noche en mi cama lo dejaré para una tercera parte.
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jueves, 12 de mayo de 2022
Mirando a mi vecino travesti 1
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Saliendo de casa me encontré con el hijo de los nuevos vecinos. Se habían mudado la semana anterior. No está nada mal, moreno, delgado, muy guapo y parecía simpático.
Aunque su aspecto de emo vestido muy de oscuro con una camiseta muy amplia y unos vaqueros anchos que en nada le favorecían. Tenía una melena lisa y negra, atada en una cola de caballo.
Llevaba un look casi andrógino. Incluso se maquillaba los labios con un carmín muy oscuro, igual que el khol de los ojos, puede que negro o azul muy oscuro.
También perforaba su bonita piel con algún pírcing más de los que normalmente me gustan. El de la lengua se lo podía perdonar. No estoy muy puesta en tribus urbanas pero supongo que se trata de algo de eso.
Aunque ese día yo llevaba un generoso escote no pareció fijarse en mis tetas. Parecía que miraba más mi ropa: los vaqueros pitillo muy ajustados, la blusa escotada y muy femenina con la blonda del sujetador asomando por el escote, los altos zapatos de tacón. Lo descarté como una impresión errada y me dirigí a mis asuntos en esa calurosa mañana.
Al regresar a casa solo tenia ganas de deshacerme de esa ropa y tomar algo frio. Por el rabillo del ojo distinguí movimiento en la ventana, mientras me desnudaba. Por un capricho del arquitecto mi dormitorio quedaba enfrente del suyo, las ventanas enfrentadas.
El largo cabello moreno y liso del joven vecino caía ahora suelto sobre sus níveos hombros y lo único que vestía era un body de encaje y unas medias. Incluso se había maquillado. Me quedé tan anonadada que solo pude ocultarme tras las cortinas de mi dormitorio y seguir mirando.
A su cuerpo delgado no le quedaba nada mal la lencería femenina. Quizá un poco de relleno en el pecho le viniera bien, aunque yo tenia amigas tan planas como ella, pero el tanga de la prenda desaparecía entre las carnosas nalgas de su culito respingón.
Parecía hipnotizada ¿observándolo? ¿observándola?, yo estaba muy confusa. Como se movía por la habitación colocando ropa y objetos. A mí sólo me quedaba puesto el sensual tanga de encaje rojo y la blusa abierta solo con un botón abrochado.
Excitada por lo que estaba viendo una de mis manos fue automáticamente a los húmedos labios de la vulva por debajo del tanga. La otra pellizcaba mis pezones alternativamente.
Olía mi propia excitación y de vez en cuando me llevaba los dos dedos que usaba para acariciarme el clítoris y los labios de la vulva a la boca para probar mis jugos.
Aprovechando que no parecía fijarse en mi ventana dejé resbalar mi blusa por los brazos hasta deshacerme de ella. El tanga fue bajando detrás enrollado por mis piernas.
No podía distinguir su polla. La tenía oculta entre los muslos y sujeta de alguna forma por el body, lo que hacía su figura un poco más femenina. No parecía excitado pero sus movimientos eran sensuales felinos, el meneo de su culito mientras caminaba era completamente femenino e hipnótico.
Hubiera jurado que llevaba tacones aunque por la posición del alféizar bajo la ventana no podía verlos. Pero sus muslos ahusados y elegantes adornados con el encaje de las ligas de las medias me daban esa pista. Y su caminar moviendo la cadera.
Si juzgaba por el resto de la ropa probablemente eran unas sensuales sandalias de alto tacón. Viendo sus gestos, su piel expuesta, blanca como el nácar. Parecía que no tomaba mucho el sol. Mi excitación subía acercándome al orgasmo y ¿él? ¿ella? estaba completamente al margen de mi placer.
¿Lo? ¿La? imaginaba frente a mí, juntas al lado de mi lecho, deslizando mi mano suavemente por su barbilla suave, rozando con el pulgar sus finos labios. Bajando la caricia por el cuello fino, por los hombros níveos hasta los tirantes del body.
Susurrándole al oído lo bien que le sentaba la prenda y si quería probarse algo de mi lencería mas sensual. Era una fantasía por supuesto, por cómo la estaba viendo suponía que le gustarían los chicos.
La figura andrógina excitaba mi imaginación con caricias que solo existían en mi mente y mis dedos acariciando los rincones mas íntimos de mi cuerpo pasando de mi clítoris al interior de la vagina hasta llegar al orgasmo.
Amasando mis tetas y pensando en lo que me gustaría que fueran sus manos las que lo hicieran. En ese momento deseaba que su lengua recorriera toda mi piel, sentirla dentro de mi boca. Y si ella lo quisiera que fueran mis dedos los que follaran ese culo marmoreo que el tanga de encaje me dejaba ver.
Fue uno de los orgasmos más intensos que he tenido nunca masturbándome. El bello espectáculo que el jovencito me estaba brindando junto a mi propia imaginación hicieron que se me doblaran las rodillas hasta quedar sentada en el suelo sobre mis propios jugos que habían resbalado de mi vulva por la cara interna de mis muslos.
Recogí todo ese desastre y me metí en la ducha. Pero no podía dejar de darle vueltas a lo que había visto de mi vecinita. En la ducha volví a excitarme y retomar mis caricias. Sobre mi piel húmeda y enjabonada con el gel mis manos se deslizaban suaves erizando todos mis puntos erógenos.
Al final sólo con acariciar el clítoris sensible y durísimo e imaginar la polla de esa nena que no había conseguido ver volví a derramarme.
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domingo, 8 de mayo de 2022
Mis chicos del almacén
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Trabajo en un pequeño almacén de mercancías y logística. Llevó los papeles y la oficina. La empresa es de mi hermano, algo familiar.
Para sustituir a los operarios habituales en las vacaciones de verano el "jefe" contrató a dos mozos de almacén. Yo no llegué a verlos los primeros días, bastante trabajo tenía con lo mío. Me los habían descrito como dos chicos jóvenes pero buenos trabajadores.
Una calurosa tarde de un viernes de julio mi hermano se marchó algo más pronto de lo habitual. Se asomó a mi despacho para decirme que los dos chicos aun estaban en el almacén. Me quedaba sola con ellos. Que les diera una voz antes de marcharme y conectar la alarma. No los fuera a dejar encerrados.
Al rato toda sudada y con el trabajo bien archivado me fui hacia la nave para avisarles de que fueran terminando. Tendría que buscarles entre las filas de palets y estanterías con mercancía. No se oía el ruido de la carrerilla motorizada así que deduje que también estarían terminando la faena.
Lo que no me esperaba es que ya hubieran finalizado hace rato y se estuvieran dedicando a menesteres mas placenteros. Con mis playeras no hacia mucho ruido al caminar por el pasillo cuando empecé a escuchar lo que me parecieron gemidos lastimeros en un primer momento, que equivocada estaba.
No me atreví a levantar la voz para orientarme y llegar al sitio de donde parecían provenir los ruidos. Y menos mal que lo hice así. Ya me parecía estar muy cerca cuando me asomé entre una cajas apiladas y los vi.
Yo les echaría unos diez y ocho o diez y nueve años. Ambos sin camiseta luciendo unos torsos fibrosos, bronceados, sin vello francamente bonitos. Pero lo que mas me impactó fue lo que estaban haciendo.
Estaban de lado respecto a mi posición así que la escena era perfecta para mí. Uno de ellos rubito con barba de dos o tres días estaba arrodillado a los pies del otro, un morenazo, que tenia sus vaqueros bajados a medio muslo.
Desde mi privilegiado puesto de observación podía ver como acariciaba con una mano los testículos y con la otra el pene de su compañero. Con suavidad, ternura y mirándose a los ojos con cara de vicio.
Me quedé estupefacta, era lo mas morboso que había visto en mi vida, en vivo y en directo. Paralizada por la sorpresa no pude avanzar mas y procuré no hacer ningún ruido que pudiera delatarme.
Tampoco podía pensar con claridad, así que me tomé un momento para recuperar el resuello y el hilo de mis pensamientos mientras no apartaba le vista de tan hermoso espectáculo.
No tardó mucho en empezar a deslizar la lengua por tan rígido aparato. Como estaban de perfil respecto a mi posición podía contemplar perfectamente las maniobras bucales del rubio.
En cuanto notó la lengua de su amigo acariciando el amoratado glande al moreno le debieron fallar las piernas y apoyó lo que a esa distancia parecían un durísimo par de nalgas en un montón de sacos que tenia a su espalda.
Siempre me había considerado heterosexual así
que ver dos cuerpos masculinos tan perfectos me estaba poniendo a mil. Pero nunca hasta ese momento habría pensado que verlos follar juntos me excitaría tanto.
Saqué el móvil del bolsillo de atrás del minishort y enseguida me puse a grabar tan excitante escena. Era solo para disfrute personal, conservar un recuerdo.
Pero para sostener el teléfono no necesitaba las dos manos. Estaba tan caliente que no me iba a conformar con solo mirar. El dedo que me iba a hacer sería glorioso.
Apoyé el móvil entre unos envases a mi lado en la estantería apuntando hacia ellos. El video me daría para un montón de buenos ratos. Por fin podía acariciarme. Me tenía que deshacer del sujetador, me estaba apretando tanto las tetas endurecidas y excitadas.
Solté el broche y me lo quité por la sisa de la camiseta. Lo dejé a un lado en el palet más cercano. Esperaba no olvidarlo cuando terminara la función. Empecé a acariciarme una de mis tetas ya descubierta pellizcando el pezón sin perderlos de vista.
Me tenía que morder los labios para que no se me escaparan gemidos y se asustaran. Delante de mí el rubito se había levantado y le daba un beso a su amante, lascivo como no había visto ninguno antes. Cruzaban las lenguas y su saliva chorreaba sobre sus bien formados torsos.
No dejaban de tocarse y acariciarse por todas partes. Uno se inclinaba y lamía una de las axilas del otro. Se mordisqueaban las tetillas y los pezones. bajaban por sus vientres hasta clavar la lengua en el ombligo del otro.
Si seguían gastando tanta saliva no iban a necesitar una ducha. No parecía molestarles el sudor que sus cuerpos debían tener a esas horas.
Ni me di cuenta de forma consciente de cuando abrí el botón de mi short y bajé la cremallera. Pero un momento después ya tenía la mano sobre mi sencillo tanguita de algodón. Estaba empapado, sin bajarme el pantaloncito, lo hice a un lado para tocarme los labios de la vulva.
No podía contenerme, verlos terminar de desnudarse el uno al otro, arrojar sus boxers a un lado y frotar sus pollas una contra otra terminó de ponerme a mil. El rubio las tenía cogidas con una sola mano y mientras se daban lengua las frotaban, glande con glande, los troncos juntos y los huevos, rozando los escrotos.
El moreno giró a su amigo para que le diera la espalda y se pegó a su cuerpo. La polla durísima se encajó de inmediato entre sus nalgas, pero sin llegar a penetrarlo. Besaba y lamía el cuello y la nuca. El pecho frotándose con la espalda.
Las manos lo abrazaron por delante acariciando el pecho, las tetillas y el vientre de su amigo. Hasta agarrar el nabo, le pajeaba despacio sin prisa, solo dando placer. Se iba inclinando lamiendo la piel de la espalda acercándose al culo. Separó las nalgas con las manos y metió la cara entre ellas, sacando la lengua para clavarla en el ano.
Al ver esto me descontrolé del todo. Cuando toqué el clítoris con la yema del dedo índice no pude aguantar más. Llegó mi primer orgasmo de forma incontenible. Se me escapó un suspiro y en ese momento ellos estaban en un silencio relativo, libre de gemidos de placer, así que me oyeron.
Al principio se asustaron y se pusieron a buscar sus ropas con desesperación. Me dio lástima que se separaran así y el sobresalto que se llevaron por mi culpa.
No les di tiempo ni a ponerse los calzoncillos. Salí de mi escondite con mis ropas revueltas y desde luego enseñando más piel de lo que normalmente exhibo.
- Perdonadme. No quería interrumpir. Solo que ya no queda nadie y no quería dejaros encerrados.
Ellos me miraban ojipláticos. El top descolocado mostraba buena parte de mis tetas. y llevaba el short abierto luciendo el reducido tanga. Claro que ellos desnudos del todo no podían criticar nada de mi atuendo.
"A la mierda" pensé, habría que comprobar si eran gays o si también tenían gusto por las chicas. Ellos ya sabían quién era yo.
- Perdone jefa, pero con este calor y con el trabajo terminado. Bueno. Nos hemos puesto cachondos.
- No hay nada que perdonar. Es normal en chicos jóvenes. Siempre estáis calientes.
Mientras hablábamos me iba acercando despacio. En parte para no asustarlos y en parte para verlos mejor y ver si yo también podía tocar.
- La puerta está cerrada, estamos solos. Si queréis seguir un rato más no habría problema.
- Jefa, no sé.
Dudaban.
- Si queréis me marchó, pero me estaba gustando mucho lo que estaba viendo. Sois muy guapos.
Puse una mano en el antebrazo del moreno en un gesto de confianza y ternura. Sonreí y ellos me correspondieron. El trato estaba hecho.
Se habían separado desde el susto pero en ese momento el rubio volvió a acercarse a nosotros. Acarició con una mano el rabo de su compañero que había perdido cierta dureza con el susto.
Aquello volvió a tomar consistencia de inmediato y a apuntar al techo. La otra mano la puso en mi cintura con cierta precaución. Sin saber si yo solo quería ver el espectáculo o participar con ellos en el show.
Entonces me decidí a actuar yo y acaricié el suave pecho del rubito. Ambos acercaron sus agraciados rostros al mío. Besos labios de juntaron en un beso s tres que se fue haciendo más lascivo. sacamos las sin hueso y entramos a jugar con la de los demás.
Mis ropas ya descolocadas rozaron a desaparecer y caer junto a las suyas. Cuando me sacaron el top sus bocas se pegaron a mis pezones como con cianocrilato. Mis brazos levantados les dieron acceso a mis axilas que lamieron con glotonería.
Parece que yo también me iba a ahorrar la ducha. Su saliva ardía sobre mi piel. Mientras sus manos dejaban caer mi short y tiraban del tanga que terminó roto entre sus fuertes dedos.
Cada una de mis nalgas amasada por una mano. Claro que que yo tampoco quería quedarme atrás y cerré el abrazo apretando sus cuerpos fibrados contra el mío. Al principio tiraba de sus cinturas pero pronto bajé las manos a sus durísimos culos.
Como en un descuido deslicé los índices por las rajas de ambos buscando el ano. Como suponía los de ambos estaban más dilatados de lo que sería normal.
Como suelo usar el teclado llevó las uñas bien recortadas y ligadas. Así que no fue difícil y los dedos entraron hasta la primera falange en el interior de sus cuerpos sin ningún esfuerzo.
- Jefa, de cerca esta usted mucho más buena que a través de las cristaleras de su despacho.
- Creo que ya podéis hablarme de tú, chicos. Os estoy follando los culitos.
Gemíamos los tres con las caricias que nos dábamos. Tuvieron que separarse de mí lo justo como para seguir lamiendo mi piel. Parece que eso les gustaba y a mi me encantaba.
Me empujaban con suavidad hasta tumbarme en los mismos sacos sobre los que ellos estaban jugando un rato antes. El moreno detrás de mí empezó besando mi frente, nariz y volviendo a mis labios. Yo le correspondía.
El rubio en cambio se colocó entre mis muslos y tras pasar la lengua por la suave piel de la cara interna se dirigió a mi coñito. Y pronto noté su lengua entre los labios.
Estaba tan cachonda que me corrí enseguida y él no paró de comerme. Se me escapó un grito que ahogaron los besos del otro chico. Seguía bajando por mi cuerpo. Hasta mis pechos mordisqueando mis pezones. Yo tenía los suyos justo sobre mi cara y aproveché para lamerlos.
Ellos me lamían y yo hacia lo mismo con la piel que tenía cerca de la boca. El moreno aún seguía por mi cuerpo hacia mi vientre y darle un beso lascivo a su amigo con mi sabor en sus labios.
Para entonces lo que yo tenía encima de la cara era su bonita y depilada polla. Chupé su huevos como caramelos. Deslicé la lengua por todo el tronco hasta meterme el glande en la boca.
Por mis bajos entre tanto el rubio se había decidido a incorporarse y arrimar la polla. Se la metió a su compañero en la boca para darle saliva y a continuación fue a mi coñito.
Despacio pero firme fue entrando en mi cuerpo mientras la lengua del chico al que le estaba comiendo el nabo acariciaba mi clítoris.
Mientras tragaba polla jugaba con su culo y lo follaba con los dedos. Viendo lo excitados que estábamos los tres no tenía que tardar mucho en correrse. Yo ya llevaba varios orgasmos a cuestas.
Con un fuerte gemido empezó a derramar semen en mi lengua donde procuré guardar la mayor cantidad posible. Sabía que ellos querían compartirlo. Así fue, el chico se incorporó y volvió a buscar mi boca.
Al rubio tampoco le quedaba mucho para correrse. Mientras su amigo y yo nos dábamos lengua empezó a lanzar lefa sobre nuestros rostros.
Volvimos a juntar caras y lenguas para lamernos y limpiar todo ese semen que teníamos encima. Menos mal que no me había puesto maquillaje, ellos solo pasaban las lenguas sobre mi piel.
No nos habíamos quedado satisfechos del todo.
- Chicos, ¿por qué no cerramos aquí y nos vamos a mi apartamento? Podemos cenar y seguir jugando los tres juntos.
Además pensaba que durante el trayecto sus rasgos recuperarían el vigor para seguir follando.
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sábado, 16 de abril de 2022
De carnaval con mi madre
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Se acercaban los carnavales, tengo diez y ocho años y por fin se me iba a permitir pasar la noche o la mayor parte de ella fuera. Junto a unos amigos, salir y divertirnos disfrazados.
Yo tenia pensado algo espectacular, me disfracé de chica, pero puse todo lo posible de mi parte y la ayuda de mi hermana para quedar, no bien, fantástica.
Me depilé entero aunque casi no hace falta pues no tengo mucho vello. La ropa de mi hermana: unas medias negras cubriendo mis largas y finas piernas, una minifalda de imitación cuero ajustada a mi culito respingón y a los muslos disimulaba el pene que habia tenido que colocarme hacia atras entre los muslos.
Un sujetador con rellenos de silicona disimulaba la ausencia de senos. Un top cubriendo lo lo justo atraia la vista hacia mi vientre plano y mi ombligo que iba desnudo pero adornado con un pircing falso.
Un maquillaje algo agresivo, que ella me ayudó a aplicarme, disimulaba lo poco masculino que quedaba en mis rasgos y un peinado diferente a mi larga melena rubia terminaba de ocultar mi personalidad real.
Con la cazadora abierta, al bajar al portal donde mis amigos me esperaban ni ellos consiguieron reconocerme en un primer momento. Incluso intenté disimular con cierto exito mi voz y hasta que no me eché a reir como una loca no llegaron a darse cuenta de que de verdad era yo.
Resultó una verdadera sorpresa para ellos, alguno tuvo que tragarse algún sincero piropo que me habia dirigido.
Todos se habian esforzado tanto como yo en disfrazarse pero ninguno habia conseguido llegar a engañar a los demas tanto como yo. Los disfraces eran variados pero aún con las máscaras se les reconocía. Nadie más se había cambiado el pelo, maquillado, cambiado la forma de su cuerpo o modulado su voz como yo.
Ibamos a ir a una fiesta de disfraces pero aún era tempano. Así que nos dedicamos a vagar por las calles atestadas disfrutando de la vista del resto de los disfraces y tomando algo en algun bar. Para ser febrero no hacía demasiado frío.
Casi de imediato mis amigos tomaron el papel de caballeros protectores al lado de una dama, me rodearon y ya no me soltaron. Era una lástima por que yo no quería nada con ninguno de ellos.
Parecía que a nuestro alrededor la gente con la que hablábamos me tomaba por una chica de verdad. Y algunos y algunas de esas personas me parecieron interesantes. Ver los disfraces sexis luciendo los cuerpos que había debajo.
Despues de algunos experimentos exitosos y algunas miradas jugosas por parte de algún hombre y puede que alguna chica también, me relajé y conseguí disfrutar con alegría.
Al cabo de un rato largo conseguimos llegar a la disco. Había un monton de chicos y chicas casi todos con una gran multitud de disfraces diferentes.
Al principio conseguimos mantener nuestro grupo junto pero tras la primera deserción de nuestro romano tras una Cleopatra cada uno decicidió ir por su lado y mezclarnos con el resto de la gente.
Yo estuve bailado con chicas y chicos sin preocuparme en nada del genero o la orientación de mis ocasionales parejas. Sin pensar en si ellos y ellas habian llegado a imaginar la verdad bajo la ropa prestada.
Al acercarme a la barra para pedir una copa me deslizaba por la sala mirando el espectáculo de la gente divirtiéndose sin complejos.
Hubo quien se me arrimó mucho y a esas alturas yo estaba tan cachondo.... cachonda que les correspondía. Me dejaba rozar e incluso tocaba yo algún culo o vientre que se interponía en mi camino.
Me frotaba con sus cuerpos acariciando lo que podía alcanzar con mis manos e incluso dejándome besar. Suave al principio y dando lengua si la persona me gustaba. Pero no me quedaba con nadie. No había encontrado la persona que me dejara atontada esa noche.
Entonces la vi, junto a la barra, con una copa en la mano. Es difícil ir sexi en febrero aunque no haga mucho frío.
Pero ella lo había conseguido, llevaba el viejo traje que mi padre se había puesto en su boda, olvidado antes de largarse con su secretaria. No se por qué lo había conservado. Como es delegada se lo podía poner sin problemas. El pantalón de pinzas se ajustaba a su cadera poderosa marcando su culazo.
Se había olvidado de ponerse la camisa así que el chaleco apretaba sus pechos grandes, poderosos, dejando un canalillo fantástico. De hecho parecía que ni siquiera llevaba sujetador. Le sentaba de maravilla.
Aunque la americana y la corbata lo tapaba todavía, sólo se veía parte del escote. Su melena morena la llevaba en un recogido alto luciendo su cuello fino y elegante.
Mi madre estaba preciosa y llamaba la atención de todo el que pasaba cerca de ella. Muchas chicas la miraban con envidia y algunas también con deseo.
Mi hermana y yo ocupados con nuestros disfraces en su cuarto no nos habíamos dado cuenta de que nuestra madre pensaba salir.
Estuve mirándola, admirándola un buen rato y disfrutando de ver como levantaba esa expectación. Por fin me decidí a acercarme, ella no se había dado cuenta e mi presencia. Le dije:
- Caballero ¿Me invitaría a bailar?.
Tardó unos segundos en reaccionar, puede que hasta en reconocerme. Dejó el vaso en la barra. Pero al momento sonrió y tendió su mano hacia mí. Me cogió de la cintura como si efectivamente yo fuera su chica y me pegó a su cuerpo. Mis tetas falsas apretándose contra las suyas de verdad.
- No sabía de qué te ibas a disfrazar, hijo.
- Llamame Sheila. ¿Qué te parece tu nueva hija?.
- Preciosa, como la original. No es orgullo de madre pero es increíble que tanto de chico como de chica estás tan guapo, guapa. ¡Ufff que lío!.
- Si, hasta yo me estoy equivocando con eso.
- Tu hermana te ha maquillado muy bien. Y su ropa te sienta genial, estas muy sexi.
- Tú también mamá. Estas preciosa con el chaleco y el pantalón marcando tus curvas.
Y se echó a reír. Me apreté más contra ella y apoyé la cabeza en su pecho generoso siguiendo en mi papel de jovencita con su daddy.
- Es increíble lo bien que te queda un traje viejo Mami. Tu también estás muy sexi. Como para comerte.
- Si vamos a hacerlo, lo haremos bien Sheila, llámame Alex. Y ahora estoy con una jovencita preciosa que no se como se ha fijado en un maduro como yo.
- Un maduro muy atractivo con un gran sex appeal. Y que me va a invitar a una copa.
Mi madre estaba juguetona. En ningún momento había soltado mi cintura, ni me había dejado separarme ni un centímetro. Mi mejilla rozaba la suya mientras hablábamos.
Es un roce que habíamos tenido cientos de veces como madre e hijo, pero esa noche de veía como algo especial más sensual.
Sus tetas en mi pecho empezaban a incomodarme, más bien a excitarme, en los pantys prestados de mi hermana algo empezaba a ponerse duro. Incluso me pareció que en algunos momentos su mano rozaba mi culo apretándo la nalga sobre la tela de la minifalda.
Me llevó hasta la barra sin soltar mi cintura, con su mano sobre mi piel desnuda entre la minifalda y el escaso top y desde luego que pidió dos copas.
Nunca había echado de menos a mi padre en realidad, se había parado hacia muchos años. Ella estaba resultando ser mi sugar daddy y me lo estaba pasando genial.
Yo no quería separarme, había encontrado la persona con la quería pesar esa noche de carnaval.
- Alex estás siendo todo un caballero. Me siento muy a gusto contigo.
-Y tú Sheila una jovencita increíble. Podrías encontrar gente de tu edad do con chascar los dedos.
Solo le sonreí para indicarle que no me apetecía estar con nadie más.
Me acarició la barbilla, levantado mi rostro para que lo mirara a los ojos. La otra mano seguía clavada en mi culo amasando mi nalga por encima de la minifalda.
Se inclinó y me besó. Por más que lo deseara me pilló de sorpresa. Me quedé helada cuando sus labios se juntaron con los míos.
No era nuestra costumbre besarnos en la boca. Así que al principio no pude apartarme pero tampoco colaborar. Pero fue un segundo. Al momento ya estaba buscando sus labios con los míos, mordisqueándolos y jugando con ellos.
No se lo que le parecería a la gente que teníamos alrededor, pero como en toda la noche hasta ese momento me importaba un pimiento.
Tenía curiosidad por ver lo que había bajo la americana, que más se había puesto. Suspirando por sus besos le abrí el botón que la sujetaba y por fin pude ver como le quedaba el chaleco sin más estorbos.
- Vamos Alex luce ese torso.
Deslicé la chaqueta por sus hombros, bajándosela por los brazos. Me quedé hipnotizada viendo como sus tetas rebosaban por la prenda que las apretaba. Con lo bonito que sus hombros, brazos y axilas quedaban saliendo de un chaleco masculino.
En un descuido mientras Alex cogía su copa de la barra conseguí meter la mano por dentro de las medias. Colocar la polla que ya estaba más que morcillona por delante y hacia un lado. Apretada contra Alex no se notaría nada. Al terminar las copas le dije:
-¿Bailamos?
Me volvió a sacar a la pista. El baile era aún más agarrado, más apretado. No quería soltar a mi madre. Se tenía que dar cuenta de la dureza de mi polla pegada a su pubis. Tampoco ella se separaba.
Sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo. Me acariciaba como yo lo hacía con las chicas con las que salía. Empezó a subir por mi espalda con mucha suavidad. Llegó a comprobar que de verdad tenía puesto un sujetador.
Luego bajó hasta agarrarme el culo, las dos nalgas. En ese momento besé su cuello. Llevándolo un poco más allá. Si ella no lo quería me pararía los pies en ese momento, no lo hizo.
Metía un muslo entre mis piernas. Nuestras tetas bien pegadas, las mías falsas con las suyas voluptuosas. Empecé a recorrer la suave piel de su cuello y el hombro hasta donde alcanzaba por el tirante del chaleco con la lengua y los labios.
Se le escapó algún gemido en mi oído, lo que animaba a seguir. Eso y sus caricias que también se intensificaban.
Buscó mis labios de nuevo y esta vez las lenguas empezaron a jugar con más intensidad. El beso de hizo muy lascivo. Me chupaba la sin hueso cuando la metía entre sus labios. Las cruzábamos fuera de las bocas jugando con la saliva.
- Mamá. ¿estás segura de esto?
- Me has puesto muy cachonda Sheila, te vas a echar atrás ahora.
- Te llevo años deseando Alex. No te voy a dejar escapar. Mamá te deseo.
- Pues sigue.
Volvimos a besarnos. No digo que yo la besé. Fue algo mutuo, los dos estábamos poniendo toda la pasión y lascivia que podíamos en ese morreo.
Sujetó mi mano y la llevo por el chaleco hasta una de sus tetas. La firme masa de carne rebosaba por la sisa de la prenda. Pude deslizar los dedos por dentro de la tela hasta alcanzar su durísimo pezón.
Alex me seducía igual que mi madre me tenía encandilado. Ella también me acariciaba, incluso con cierta discreción llegó a pasar la mano por debajo de la minifalda y rozar mi polla dura.
La pista de baile no daba más de sí. Me cogió de la mano y me arrastró hasta un rincón oscuro. Por suerte ninguno de mis amigos andaba por allí a esas alturas. A cubierto por las sombras y con lo calientes que estábamos nos pusimos más lascivos.
Ya pude meter la mano bajo el chaleco y amasar sus tetas a placer. Pellizcar con suaves sus durísimos pezones. Alex volvió a acariciar mi polla dura por encima de los pantys.
- Cielo, le vas a romper las medias a tu hermana. O se las voy a romper yo. ¿Qué braguitas te ha dejado?
- Unas negras de encaje, muy sexis.
Lamiendo mi oreja me decía:
- Pues estoy deseando verlas y arrancártelas con los dientes.
- Y tú. ¿Que llevas debajo de los pantalones?.
- Uno de mis tangas, en un rato lo verás.
No sé cómo se aflojó el cinturón. Por lo pegados que estábamos no creía que nada pudiera pasar entre nuestros cuerpos. Así me dejó meter la mano por dentro y agarrar su culo, tocando su piel.
Incluso en medio de la discoteca lo estábamos disfrutando. Y no éramos los únicos, a nuestro lado un chico le estaba haciendo una paja a otro. Era hora de buscar un sitio más íntimo y volver a casa.
Por la calle tuvimos que portarnos como madre e hijo por si algún conocido nos veía. Aún así podíamos cogernos de la mano con los dedos entrecruzados. Yo seguía en mi papel de jovencita meneando el culo y había gente que se volvía a mirarlo.
En el ascensor no pudimos contenernos más y nos lanzamos a los brazos del otro como animales en celo. Allí mismo abrí el chaleco pidiendo ver al fin sus tetas al desnudo, algo que había contemplado desde hacía tantos años.
Si se abrían las puertas del ascensor podía taparse con la americana que llevaba por encima. Alex me tenía bien agarrada la polla.
Ya en casa no paramos hasta su dormitorio. Pero no me dejó desnudarme. Al contrario encendió todas las luces para verme.
- Nena dejame mirarte. Quiero ver que tal estás.
- Claro, mamá. No sabía que te gustaran las chicas.
Di una vuelta sobre mi mismo y unos pasos meneando la cadera.
- Se te ha corrido el maquillaje pero no muy cerca parecerías una chica. Además una morenaza con un tipin muy sexi. Siempre tuve amplios horizontes.
- ¿Y a qué esperas para disfrutarla?.
- Ya a nada. Ven.
Me lancé a sus brazos y a sus labios. Empezó a desnudarme despacio, con ternura quitándome cada prenda como lo haría con una amante.
Sus besos recorrían mi piel, la que iba descubriendo. Al principio el top para verme con el sujetador. La falda bajó por mis piernas cubiertas todavía por los pantys. La verdad es que viéndome en el espejo no estaba nada mal solo con esa lencería.
Mi madre consiguió quitarme las medias sin romperlas y dejarme solo con las bragas y el suje. Ahora me tocaba a mí. La americana la había perdido en el salón. Quería verla solo con el chaleco esa prenda me había dado morbo.
Tiré de los pantalones, sacándolos por sus largos muslos. Y aproveché para besar sus pies pequeñitos. Sabía que mi madre estaba buena, la veía por casa, a veces con menos ropa que la que tenía puesta en ese momento. Pero solo con un tanga y un chaleco tenía un morbo que me dejaba alucinado.
Subí lamiendo la piel de sus pantorrillas y muslos. Ella gemía con mis caricias. El olor de su coño me tenía embriagado. Lamí el encaje del tanga. Era tan fino que yo notaba el sabor de su humedad y ella tenía que notar la humedad de mi saliva.
Lo aparté y clavé la lengua en los labios de la vulva. Su orgasmo llegó a los pocos segundos. Moviendo la cadera como en espasmos eléctricos. Me hizo ilusión conseguir que mi madre disfrutará así.
Yo tuve menos cuidado con su tanga que el que ella tuvo con mis medias y me quedé con el breve encaje entre los dedos.
Mientras ella se estaba quitando el chaleco. Ya la tenía desnuda del todo. Mi polla sujeta por las bragas, bien dura, estaba pegada a mi vientre apuntando hacia arriba.
Me eché encima de ella para volver a besarla. No le importó que mi lengua tuviera su sabor. Me la chupó con la misma lascivia que en la discoteca.
Por fin me quitó el sujetador. Besaba y lamía mi piel bajando por mi cuerpo. Los hombros y el cuello, el torso y las axilas, mordisqueaba mis pezones. Ninguna chica me lo había hecho antes, todas se bajaban al pilón enseguida.
Me estaba gustando lo que me hacía mi madre. Lamer toda mi piel, por delante y por detrás, no iba directa a por mi polla. Es más me cogió por la espalda bajando por ella lamiendo la línea de la columna. Hasta darme un muerdo en la nalga.
Si ella quería ir por ahí le facilitaría el trabajo. Me abrí el culo y dejé que ella pasara la lengua por toda la raja, hasta clavarla en mi ano. Nunca había sentido algo así. Aprovechó para sacarme las bragas en ese rato.
A cuatro patas sobre su colchón notaba como mi padre me lamía el culo, los huevos, el perineo y las ingles y tiraba de mi polla hacia atrás para pasar la lengua por ella.
- Joder, mamá, qué bueno es esto.
- Disfruta cariño. Te voy a comer entero.
Yo me estaba derritiendo casi a punto de correrme.
- Mamá, si sigues así me correré.
Ni habló. Me dio la vuelta y se metió la polla en la boca. Me dejé ir. Recogió todo mi semen. Mantuvo mi lefa en la boca y subió a besarme. La compartimos en un beso, volviendo a cruzar las lenguas con la saliva y la lefa.
Se tumbó a mi lado con la cabeza apoyada en el hueco de mi hombro lamiendo y besando mi piel de vez en cuando mientras hablábamos. Nos hicimos la confesión de que ambos nos deseábamos desde hacía tiempo.
En el tiempo que tardé en recuperarme no dejó de acariciarme, ni yo a ella todo lo que alcanzaba de su cuerpo. Especialmente sus preciosas tetas.
- ¿Quieres más? Mamá.
- Lo quiero todo.
Y se agarró a mi polla que para entonces daba buenas señales de recuperación.
- No te muevas, cielo. Te voy a montar.
Se subió sobre mí cara, mirando hacia mis pies. Pensaba que iba hacer un sesenta y nueve pero solo me dejó su culo y coño para que se lo comiera. Seguía erguida sobre mi cabeza.
Por supuesto que clavé mi lengua en el ano y el coño y lamí todo lo que tenía a mi alcance. Acariciaba mi polla dura con suavidad para no excitarme demasiado.
Cuando ella estaba a punto se fue desplazando sobre mi cuerpo. La humedad de su vulva creando un reguero sobre mi torso y vientre. Hasta levantarse lo justo para clavarse mi polla.
Como seguía dándome la espalda podía jugar con su culo perfecto y clavar un dedo en el ano. Lo recibió con más gemidos y suspiros y ninguna queja.
- Mamá, si sigues así terminaré corriéndome dentro.
- Pues hazlo. No vas a tener otro hermanito.
Así fue. Después de un rato de ese tratamiento mi orgasmo llegó incontenible después de un par de los suyos. Volvió a moverse y está creed si que para hacer un sesenta y nueve.
Yo lamía su coñito y chupaba el semen que rezumaba mientras ella se dedicaba a limpiar mi sable con su lengua juguetona. Seguía con un dedo clavado en su ano y ella me imitaba abriendo mi culo con el índice de su mano derecha.
Jamás imaginé la lascivia que mi madre guardaba. Pero la estante dejando salir conmigo, de lo que estaba muy agradecido y satisfecho después de haberme corrido con ella.
Terminamos durmiendo juntos y desnudos. Repetimos por la mañana. En ese momento no sabía que podía esperar de esa nueva situación con mi madre. Pero lo esperaba con ansia.
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jueves, 14 de abril de 2022
Tanga en el patio, las chicas
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¡Ups!. Estaba tendiendo la ropa en la ventana y se me ha caído un tanga al patio. Me asomo a ver dónde está y comprobar si puedo recuperarlo. Ha quedado un par de pisos más abajo.
He tenido que sujetar el escote de mi camiseta suelta y muy recortada por si alguien me miraba por las ventanas del patio.
Me jodería perderlo, es de los más caros que tengo. Solo un poquito de encaje muy fino. Fue un regalo de una exnovia. Bueno tendré que bajar a recuperarlo.
Me puse un pantaloncito de deporte y una apretada camiseta, apenas un top deportivo. No conocía a la gente que vivía allí. Pero bueno, que mas daba, iba cómoda pero sexi.
Al cabo de unos segundos una sombra tapa la luz en la mirilla. Ella, una guapa pelirroja, al abrirme su puerta, estaba con un tanga y una camiseta amplia y larga lavada tantas veces que parecía transparente.
Creo que me quedé mirándola con la boca abierta. Tiene una bonita sonrisa. De labios finos y sensuales una nariz respingona, los ojos azules. Una larga melena rizada roja y lo sensual de su cuerpo que se aprecia bajo la camiseta de tirantes.
Prometía, los pechos no muy grandes, comparados con los míos, duros, cónicos y con un claro pezón rosado. Marcaba la cintura estrecha y plana, la cadera amplia y unas larguísimas piernas bronceadas.
Conseguí recuperarme lo suficiente como para sonreírle y explicarle la situación:
- Hola, verás, es algo tonto, se me ha caído un tanga y ha quedado enredado en una de tus cuerdas.
- Adelante. Ahora voy a buscarlo. Siéntate. ¿Quieres un refresco?
Me invitó a pasar y ponerme cómoda en su salón. La miraba alucinada alejándose camino de la cocina, moviendo su culito que desnudo se trasparentaba en la camiseta y el tanga no lo cubría.
Volvió con mi prenda en la mano, un levísimo encaje muy sensual que me había costado carísimo. Bien pagado en la cama, o en el asiento trasero de un coche, o donde nos pillaba con ganas.
Volvió sonriendo y comentando.
- Es una prenda muy delicada. ¿Sueles usarla mucho? O ¿de este tipo al menos? ¿Tan sensual?
- En ocasiones especiales y para quien me guste mucho.
- Pues me encanta, es preciosa. ¿Te importaría que me la probara?.
Es una chica decidida que no se corta por nada.
- Adelante claro y volví a sonreír.
Mirándome a los ojos se bajó el que tenía puesto. Una prenda de algodón mucho más normalita pero tan pequeño como el mío que aún sostenía entre sus dedos. Pude verlo perfectamente.
Con la camiseta recogida en la cintura por encima del ombligo dejaba asomar unos finos labios delicados bajo su pubis depilado.
Sin ningún tipo de vergüenza y que en segundos taparon mi prenda. Levantó la camiseta hasta la cintura para dejármelo ver e incluso se giró. Pude apreciarlo desde todos los ángulos. Incluso el leve cordoncillo rojo escondido entre sus poderosas nalgas.
- Te sienta de maravilla.
Le dije.
- Pero seguro que tú también tienes más prendas así.
- Pues claro ¿quieres verlas?.
- Tengo un rato ¿porque no?.
Me condujo a su dormitorio y abrió un par de cajones con lencería fina, bonita y elegante como la mía. Acaricié algunas de las prendas pues esa es la única palabra posible para lo que hice.
Primero me fijé en un body de encaje que no parecía tapar mucho. terminado en tanga, con la espalda desnuda y un escote en v que pasando entre los pechos parecía llegar casi al pubis.
Por debajo de la lencería mis dos pudieron tocar otros objetos algo más duros, cilíndricos de innegable forma fálica. Estaba acariciando sus juguetes. Aunque tapados por sus prendas no llegué a verlos, en ese momento.
Después me llamó la atención un conjunto con liguero, de gasa, casi trasparente, precioso y sus medias a juego. Lo notó.
- ¿Quieres probártelo?.
Mi sonrisa lo dijo todo, al sacarme la camiseta mis pechos libres botaron un poco con mis pezones ya bien duros. Al bajarme el pantaloncito arrastre con él el sencillo tanga de algodón, que tenía puesto.
Quedé desnuda del todo ante su voluptuosa figura. La mía es un poco mas delgada, estilizada, fibrada. Sus tetas algo mas pequeñas pero mas duras, las mías parecían mas esponjosas, tanto que rebosaban por encima del borde del sujetador. Pero aún así su lencería no me quedaría mal del todo las diferencias no eran tan grandes.
Correspondiendo a la confianza que ella había tenido antes no me daba vergüenza. Al deslizar las sensuales prendas por mi piel me notaba caliente, excitada. El conjunto me quedaba bien. El borde de encaje de las medias copas del sujetador acariciaba mis pezones.
Hasta las finas medias, ajustadas a mis pantorrillas y muslos, sujetas por el liguero. Me di una vuelta ante ella, que recostada cómodamente en la cama no perdía detalle. Sus largos muslos desnudos sobre la colcha. Su coñito apenas cubierto por el encaje rojo de mi tanga.
- ¿Qué tal?.
- ¡Fantástica! como para darte un muerdo.
- ¿Y a qué esperas? ¿Una invitación?.
Le dije y por fin se acercó a mí y yo a ella hasta que nuestros pezones se tocaron con el único estorbo del algodón de su camiseta y el ribete de encaje del sujetador que me había prestado. Mis dedos fueron automáticamente a su pubis de donde aparté el tanga con dos dedos.
Acariciando sus labios suaves y finos. Mientras ella posaba los labios, los de su boca, dulces sobre los míos. Que abrió apalancando con su lengua hasta encontrar la mía.
Subir por la cintura las dos manos arrastrando y llevándome la camiseta, descubriendo el vientre plano y luego sus cónicos y duros pechos hasta sacarla por encima de su cabecita.
Mantuve sus muñecas sujetas sobre ella mientras la besaba profundo llegando hasta su garganta con mi lengua. Aproveché para saborear más de su piel.
Lamiendo el fino cuello, los níveos hombros e incluso las depiladas axilas. Terminé besando sus preciosos pechos y mordisqueando sus duros pezones.
Ella entre tanto se había agarrado a mi culo. Con uno de sus muslos entre los míos. Masajeando con fuerza mis nalgas duras. Estaba empezando a buscar bajo el cordoncillo del tanga con uno de sus dedos el ano.
Eso me hizo salivar más sobre su lengua y que escaparan ríos de flujo en su tanga prestado. Así que le dije:
- Tendré que volver a lavarlo.
Ella riendo dijo:
- No sé. Preferiría conservarlo con tu sabor. Me lo quedo y tú te llevas ese conjunto.
- Seguro que podemos compartir más ropa.
Y uniendo la acción a la palabra consiguió empujarme al sofá con las piernas bien en alto y acercar su lengua en mi coño donde se clavó sin piedad.
Recorriendo mis labios y buscado el clítoris entre ellos sin usar los dedos. No le resultó difícil, el mío es grueso y cuando me excito sobresale un poco. Es entonces cuando me pongo a gemir y suspirar.
Ella oía mis demostraciones de lo bien que lo estaba haciendo, lo que hacía que se esforzase aún mas. Bajaba por el perineo hasta clavar la lengua en mi ano, lo que me vuelve loca. Mis rodillas ya pegadas a los hombros.
-¡Que bien lo haces! Si llego a saber esto antes. Ni salgo a la calle. Habría bajado a tu piso.
- Hoy me has pillado sola y caliente.
- Pero contigo es fácil que me sienta así bastante a menudo.
Devoraba mis jugos abundantes llegando a lubricar con ellos y su saliva mi culo. Clavó en él uno de sus dedos mientras volvía a mi xoxito. Me derramé en su boca, me corrí como una loca gimiendo y suspirando.
Tras lo cual quedé relajada en el sofá ella subió sobre mí despacio acariciando mi vientre y pechos con ternura hasta volver a juntar nuestras lenguas en un suave beso. Sin importar que mi sabor estuviera en sus labios volví a deleitarme con sus pícaros besos.
Su lengua en mi boca hacia maravillas. Y yo le respondía con la mía buscando saliva. Como ella estaba encima de mí podía recorrer su espalda suavemente con las manos. Bajaba acariciando la línea de la columna con las yemas de los dedos hasta las pétrea nalgas.
Me había encantado ese culito desde que entre en su piso. Amasarlas, acariciarla, recorrer esa suave piel y separar las nalgas para jugar con los dedos en su ano.
Un gemido suave en mis oídos cuando la yema del índice rozó a acariciar el estercolero aro de músculo. Parece qué le gustaba y yo estaba deseando lamerlo.
- Te voy a comer enterita.
- Pues no se a qué esperas.
Tuve que separarla lo suficiente como para tumbarla en el sofá, donde tenía tan suculento manjar a mi merced.
Quería empezar por sus delicados y limpios pies. Chupar cada uno de sus deditos, lamer la planta y el empeine. Y subir despacio por sus pantorrillas. Sin separar la lengua de su suave piel.
Tuve que girarla y ponerla boca abajo para alcanzar las medias lunas de su portentoso pandero. La sin hueso saboreando cada centímetro de su epidermis. Mordisquear las marmóreas nalgas. Ella misma las sujetó con sus manitas y las separó para darme acceso al ano.
Tenía que estar recién duchada para que estuviera tan limpia y oliera tan bien. No lo dude un segundo más para clavar la lengua y pasarla por toda la raja. Levantó la grupa para darme acceso a toda la zona.
Del clítoris al coxis, no deje nada por saborear. Sus suspiros, gemidos y orgasmos me decían que lo estaba disfrutando.
Seguía lamiendo y saboreándola, no quería parar. Pretendía seguir dándole todos los orgasmos que mi bella vecina se merecía.
- ¡Tregua! Me vas a matar a polvos.
- Eso pretendía. Pero podemos continuar otro día.
- Desde luego. No me perdería esto por nada, ahora que se lo buena vecina que eres.
Desde luego nos lo pasamos bien juntas de vez en cuando y seguimos cambiando lencería.
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