viernes, 18 de febrero de 2022

Segar el césped

. Le vi por la ventana de su dormitorio, su padre le había mandado cortar el césped mientras ellos estaban trabajando. Es un chico guapo el hijo de los nuevos vecinos. Ellos se han ido a trabajar pero como él está de vacaciones se ha quedado solo en casa. Yo voy sólo con un pantalón de deporte viejo y muy pequeño. Y me lo había puesto de milagro por que había dormido desnudo y me gustaba andar así por casa con ese calor. Él llevaba un vaquero que parecía recortado por el mismo, muy reducido. Casi asomaban sus duras nalgas por debajo de la escasa tela. Eso y unas playeras viejas era lo único que tenia puesto. Levantó la vista un segundo y me pilló mirándolo, en vez de sospechar algo levantó un brazo para saludar y sonrió. Le imité saludando con la mano pues el ruido del infernal aparato habría impedido toda conversación. Mi costumbre en vacaciones es desayunar en el jardín y decidí hacerlo así sin ponerme nada más encima. Hacerlo desnudo del todo me parecía muy descarado. Sacar la bandeja a la mesa que tenía en mi césped descalzo. Había puesto una cafetera entera, bollos y mermelada de sobra para un regimiento. Le hice señas para que se uniera a mí y le puse una taza de café delante de la otra silla. - Perdona por el estruendo de ese cacharro. Mi padre debería comprar otro más nuevo. Al cabo de un rato cruzó la valla pidiéndome disculpas por haberme despertado con el ruido. Le dije que no pasaba nada y que ya era hora de levantarme y a ser posible desayunar en buena compañía. Lo dije echándole un buen vistazo a su bello cuerpo. - Siento haber empezado tan pronto a hacer ruido. Supongo que te he despertado. - No importa, ya tendría que haberme levantado. Y merece la pena para tener tan buena compañía en el desayuno. Lo dije echándole una buena mirada apreciativa a su cuerpo, a su piel morena, a sus músculos definidos. Sus pezones pequeños oscuros que podrían ponerse durísimos con el estímulo adecuado. Algo como mi lengua. - Muchas gracias por el desayuno. El trabajo me ha abierto el apetito. Y me gusta pasar tiempo contigo. Sino estaría solo toda la mañana. Me contestó amablemente que también apreciaba mi compañía, ya que iba a pasar la mañana solo. Y pensar que sus ojos también acariciaban mi cuerpo me ponía cachondo. Tenía ganas de ver más del suyo y sin cortarme le propuse ya que nadie había de vernos, quedarnos completamente desnudos. -¡Qué calor hace! Estaríamos mejor desnudos del todo. - Pues tienes razón estaríamos mucho más cómodos en bolas. Viendo que le lacia bien, sin más, me bajé el pantaloncito de deporte y lo abandoné en la hierba. Me imitó y vi que tampoco llevaba nada mas que su depilada y de respetables dimensiones polla bajo el deshilachando vaquero. - Tienes razón, con la hierba fresca, se está mejor en bolas. -¿Y ese short? ¿Lo has comprado? Ya ves que a mí también me gustan prendas así, más bien cortas. Que se vea lo más posible del cuerpo. - Era un vaquero viejo y mi madre lo cortó. Y como no me parecía bastante pequeño luego le di yo otro rebaje. Cuando le pregunté sobre la prenda me dijo que se lo había hecho su madre. Pero pero que él le había pegado un recorte más a posteriori. Viendo su bronceado integral me contó que aprovechaba cualquier rato para tomar el sol completamente desnudo. Cosa que yo ya sabía pues lo tenía bien admirado desde mis ventanas del piso superior. Que además también me había visto a mi en iguales condiciones a través de nuestras ventanas. - Ya veo que no tienes marcas de bañador. - Como mis padres trabajan cuando me quedo solo aprovecho para estar desnudo. Tu también lo haces. Te he visto alguna mañana, desde mi habitación del primer piso, tomar el sol sin nada sobre una toalla en ese rincón de ahí. Por eso no le daba importancia a estar sin nada a mi lado. Jugueteando con un resto de mermelada de mi plato me llevé el dedo a los labios y lo lamí lascivo. Pareció gustarle el gesto pues sonrió al verlo mientras charlábamos de naderías y le ofrecí el plato de confitura acercándolo a su mano. - Puedes tomar lo que quieras. Y no me refería solo a la mermelada. Untó el dedo recogiendo una cantidad generosa y se lo llevó a la lengua que sacó de su boca en un gesto aún mas provocativo. Mi sonrisa lasciva se hizo aun mas amplia. Después me puse un poco en un pezón y el frio hizo que se endureciera de inmediato. Él siguió el juego y puso un poco más en su ombligo. Con el jugueteo y la provocación nuestras pollas empezaban a tomar consistencia. Así que en ese momento me lancé. Recogí aun mas mermelada con dos dedos. La puse a lo largo de su pene de la base al glande. Sin perder su sonrisa ladeada me soltó: -Eso tendrás que limpiarlo. - ¿Si? ¿Y cómo quieres que lo limpie? - Es comida, con la lengua sería buena idea. Y separó las piernas. Me arrodillé entre sus muslos y acariciando sus suaves y depilados huevos con una mano. Comencé a pasar la lengua por el tronco recorriéndolo de arriba abajo hasta seguir por los testículos. Clavando los ojos en los suyos que se entrecerraron por el placer que le estaba dando. Levanté sus piernas todo lo que pude buscando el agujero oscuro, sudado pero limpio. Y clavando la lengua en él, pasándola por toda la raja y cuenta a los testículos y el pene. Empezó a acariciarme la cabeza y los hombros. La postura no era muy cómoda para él así que se deslizó del del banco de plástico hasta quedar tumbado sobre la hierba fresca. Mientras el sol calentaba nuestras pieles desnudas. Ocupado como estaba no me di cuenta que se había bajado el plato al suelo. Seguro que prendía jugar más con la mermelada. Cuando puse mi pelvis sobre su cara en un sesenta y nueve noté en mi culo y polla el contraste entre la humedad fría de la mermelada y la caliente de su lengua. Lamiendo de mis huevos, ano y rabo la confitura que había puesto antes allí con sus dedos. Notaba su lengua en mi ano excitándome aún mas de lo que ya estaba, luego fue uno de sus dedos con la mermelada y dos abriéndome el culo a la espera de lo que tenia en la boca en ese momento. Lubricó mi ano con mas mermelada y yo hice lo mismo con su rabo. No le dejé levantarse, me incorporé yo. Me fui sentando despacio sobre su pene dejando que entrara en mi cuerpo despacio. Abriéndose camino como una barra caliente entre mis nalgas. Apoyado en su pecho jugando con sus pezones y él con los míos, jadeando ambos y moviéndome despacio sobre mis rodillas. Estaba a punto de correrme casi sin tocar mi polla. Subía y bajaba la cadera despacio notando la dureza de su rabo en mi interior. Salpicaría todo su vientre y pecho con mi esperma. Pero él tenía otra idea. En cuanto se corrió tiró de mi cadera hasta poner mi culo sobre su torso y mi rabo directamente frente a su boca. Le dio un lametazo rápido a mis huevos, si se hubiera detenido más con eso me habría corrido sin remedio. Pero lo quería en la boca. Así que puso mi glande en los labios y con solo dos o tres bombeos suaves de su mano me derramé con un fuerte suspiro. Al fin y al cabo estábamos al aire libre y teníamos que contenernos y no hacer mucho ruido. Me incliné para besarlo y compartir mi lefa de su lengua a la mia. Jugamos un rato con las lenguas, con la saliva mientras sus manos acariciaban mi cuerpo. - Tengo que seguir. - Eres un chico genial. Ya llevábamos mucho rato desayunando. Ambos teníamos más cosas que hacer esa mañana. Volvió a su jardín. Al día siguiente lo volví a invitar a desayunar conmigo. En vez del corto pantalón de deporte salí al jardín únicamente con un suave y ajustado bóxer de lycra. Al rato de estar sentados desayunando entre besos y caricias a los dos nos apetecía pasar a mayores. Lo despojé de su short que terminó en el césped. Se puso a mi espalda y me besó en el cuello y el hombro con ternura. Sentía su polla dura insinuandose justo en el canal de mis nalgas por encima del boxer ajustado. Sus manos recorrian mi vientre desnudo subiendo hacia mi pecho para acariciar los pezones duros de excitación, morenos y negros. Los labios se posaban con dulzura en mi hombro derecho y su lengua comenzó a recorrer la piel ansiosa de caricias. su gloriosa desnudez muy apretada a mi espalda. Mientras yo deslizaba mis manos por sus caderas echando los brazos hacia atrás, en busca del ansiado culo y ofrecido a mi caricia. Casi sin despegarme de él, piel con piel, me fui girando lentamente hasta quedar frente a frente. Muy juntos, besando la boca lujuriosa y sintiendo la lengua juguetona dentro de la mia. La dureza de los miembros apretados entre nuestros vientres aumentando el grado de excitación al máximo. - Hoy fóllame tú. Nos gustaba hacerlo sobre el césped a la luz del sol. Así que no nos movimos de allí. Me gusta ver la cara del chico que follo, la expresión de lujuria en su rostro. Pero aquel día simplemente en cuanto se puso a cuatro patas me puse a comerle el culo como preparación para follarle. Gemía y suspiraba, intentando no hacer mucho ruido por si había vecinos al otro lado. Pero yo intentaba que gozara lamiendo todo aquello que podía alcanzar. Le chupaba los huevos, el culo, el ano y saboreaba cada centímetro de su suave piel. Tenía mi polla dura como una piedra. Deseando entrar en su cuerpo. Esa mañana desayunábamos tostadas con aceite de oliva. Ideal como lubricante. Solo tuve que estirar la mano y embadurnar mi rabo y su ano con el óleo. El glande entraba casi sólo, no era virgen. Mis movimientos se fueron haciendo más rápidos y fuertes poco a poco. Sujetaba su cadera para que no perdiéramos el ritmo. Pero él se incorporó sobre un brazo para girar la cabeza y besarme. Ofrecerme su lengua saliendo de entre sus finos labios. Con el torso pegado a su espalda chupé la punta de su lengua. Pellizcando sus pezones con una mano. Y todo ello sin que mi nabo se saliera de su ano. Tuvimos que hacerlo más lento para poder acariciamos más. Así que sudados y calientes duramos más que la mañana anterior. Incluso alcanzaba a pajear su bonita polla con la otra mano. También quería que se corriera. Que derramara su simiente sobre la hierba de mi jardín. Todo llega y cuando noté las contracciones del orgasmo en su culo apretando mi rabo yo me corrí dentro de él. Pude agacharme y seguir con un morboso beso negro aunque su culo sabía a aceite de oliva y a mi propia lefa. A partir de aquel día cada vez que tenía ganas de follar y no estaban sus padres se venía a desayunar conmigo. .

domingo, 6 de febrero de 2022

Strep mus

. Yo me consideraba heterosexual o eso creía yo. Bueno... quién no se ha masturbado alguna vez con un video de chicos guapos comiéndose las pollas o follándose los duros culitos. Y en mi época de putero, si también tuve una buena temporada de esas, si que me metí en la boca el rabo de alguna transexual sexi. De más de una de hecho. ¿Esas son chicas? ¿verdad?. Tienen tetas. No se puede considerar que eso sea de gays. Me decía a mi mismo, puede que para justificarme o tranquilizarme. Pero eso fueron pecadillos de juventud. O eso creía yo. Pensaba que esas locuras habían pasado. Si para entonces me daba miedo hasta un examen de próstata. Con casi cincuenta años, algo de pancita, no gordo, mas bien peludo bueno excepto en la cabeza donde empezaba a ralear, no me machacaba en el gimnasio precisamente. Aunque intentaba mantener la barriga a raya con la bici. Me consideraba un tipo normal, del montón, un osete. No pensaba que a esas alturas fuera a levantar pasiones. Estaba asentado, incluso el deseo sexual había bajado, no tenía tantas ganas de follar, ni siquiera de hacerme pajas. Pero sorpresas te da la vida. El divorcio, el cambio de domicilio, todo conspiró para alterar lo que yo creía era una vida cómoda. De un día para otro todo se me volvió patas arriba. Cansado de la ciudad y pensando en no encontrarme a mi ex a la vuelta de cada esquina, me fui a vivir a un adosado en un pueblo cercano. Era una opción que podía permitirme. Al fin y al cabo no salía por mi barrio y siempre usaba el coche para todo. En la misma línea de casas había algunas opciones interesantes, por lo menos visualmente, chicas jóvenes que vivían con sus padres y alguna milf que según avanzaba el buen tiempo se iban librando de lo más pesado de sus ropas. Pero no terminaba de animarme a ligar en mi nuevo barrio, puede que por que no me tuvieran por el salido de la zona. En el chalet de enfrente vivían dos tipos parecidos a mí. Mediana edad, de físico normal, no es que me hubiera fijado mucho en ellos. Aparte de cruzarnos a la salida de los garajes cuando íbamos a trabajar no es que los viera mucho. El que vivieran solos, sin mujeres me hizo suponer que eran divorciados como yo, que compartían gastos por no poder pagar una casa solos. Eran simplemente parte del paisaje. Seguro que mi ex se hubiera percatado de algunos detalles que para mí pasaban desapercibidos. Las lluvias de primavera habían vuelto salvajes las pocas plantas que tenía en la parte de delante de la casa. Con harto dolor de mi corazón un caluroso sábado de principios de verano me propuse remediar esa situación. Unos días antes me había acercado a un almacén de bricolaje y me había pertrechado de los útiles necesarios para tan ingrata faena. Así que con una azuela y unas tijeras de podar, vestido apenas con unas reducidas bermudas y unas viejas playeras me dispuse a sudar la gorda gorda e impedir al menos que el follaje me impidiera las vistas o la entrada de luz, desde las ventanas de la primera planta, no ya desde el dormitorio sito en la segunda. Y no es que el espectáculo que se divisaba desde mis ventanas fuera algo especial. Mis vecinos hasta entonces siempre habían cuidado de su privacidad y mantenían sus cortinas bien cerradas cuando estaban en casa. Cosa que yo no hacía, estaba seguro de que si querían verme, solo con asomarse un poco habrían podido disfrutar del pobre espectáculo de verme en gayumbos o cambiándome de ropa totalmente desnudo. Había removido un poco la tierra y la había puesto algo de abono a mis plantas resguardado por las hojas del único árbol que tenía de lo peor del sol pero ya no podía retrasarlo más y cogí la podadera. Fuera de la sombra comencé de inmediato a sudar. Un momento después uno de los vecinos de enfrente volvía de la tienda con algo de compra en una mochila. Me saludó simpático como siempre que nos habíamos cruzado. - Cuando termines te pasas y nos tomamos unas cervezas. Parece que te hacen falta. Se te ve bastante sudado. - Genial, en un rato voy. - Estaremos en la parte de atrás, da la vuelta. Al cabo de un rato ya tenía un montón de maleza para la estufa de leña y pellets que había hecho instalar para no gastar tanta calefacción. Y el árbol estaba lo suficientemente recortado como para no tapar las ventanas el resto del año. Me puse una camiseta, cogí las llaves y fui hasta la entrada posterior de su jardín que daba a un callejón. Detrás de la casa ellos tenían un cuidado trozo de césped con una sombrilla, una mesa y unas sillas. En esa parte de mi chalet yo solo tenía una terraza pavimentada. Me abrió el otro vecino, Iván, con una amplia sonrisa y enseguida me alcanzó botellín. - Ya me ha dicho Mario que te había invitado. Ponte cómodo. Apenas hemos hablado nunca y ya llevamos unos meses de vecinos. - Es verdad, aparte de saludarnos no hemos hablado nada. Entonces salió Mario de la casa con unos aperitivos y llevando solo las bermudas. Se había quitado la camiseta, lo que no me importaba. Estaban en su casa y podían ir como quisieran. Yo por la mía solía estar en gayumbos con ese calor. Estuvimos comentando sobre nuestras vidas trabajos y experiencias durante un rato. Les conté sobre mi divorcio y me dijeron que Iván también era divorciado. Mario nunca se había casado. Mario estiró la mano para alcanzar unas avellanas y rozó adrede un pezón de su amigo. Lo acarició durante un rato y recibió una sonrisa a cambio. Yo me quedé estupefacto durante unos segundos. - ¿No te habías dado cuenta?. Compartimos la cama además de la casa. ¿Te importa? - Joder ¡No! Solo me pillasteis de sorpresa. Es vedad que para detectar esas cosas soy bastante negado pero no me escandalizo. Y si os va bien yo no tengo por qué meterme. Antes de marcharme se dieron algún beso suave en la boca y algunas caricias delante de mí sin cortarse demasiado. Pero tampoco nada demasiado fuerte supongo que para no escandalizarme. Desde que me había mudado a esa casa no había mojado el churro. No había tenido ocasión de quedar con nadie. Tampoco es que me quedaran demasiadas amigas de antes del matrimonio. Le había perdido la pista a todas. Y ni pensar en irme de putas, habría terminado de arruinarme. Así que me mataba a pajas. La poca acción que había visto entre ellos me había despertado la líbido y me había hecho recordar alguna de mis experiencias. Los días siguientes los pasé bastante excitado. Animado además por que los vecinos dejaron de cerrar tanto las cortinas. Supuse que la invitación había sido en parte para tantear mi actitud sobre su orientación y ver si podían tener menos cuidado con su intimidad. En varias ocasiones pude verlos desnudos del todo, o casi. E incluso desde el piso superior tenía una vista bastante buena de su cama King size en su dormitorio. Así que un par de veces pude ver como follaban y además vi que ambos eran versátiles. Follaban y ponían el culito. Y no es que me dedicara a espiarles adrede. Un par de semanas más tardevolví a coincidir con uno de ellos. Esta vez volviendo de la tienda. Juntos por el camino estuvimos charlando. Desde luego que no comenté nada sobre su nueva vena exhibicionista. Fue una conversación del todo casual hasta que me dijo: - El sábado vendrá un amigo a pasar la tarde. Te podías venir y echamos un mus o algo así. Si no tienes nada más que hacer claro. Me imaginaba que de sobra sabía él que no tenía nada que hacer. Que si no iba con ellos me pasaría la tarde aburrido ante la televisión o haciéndome pajas con Internet. - Por mi bien. Yo llevo las cervezas. La verdad es que estaba algo nervioso ante lo que podía pasar esa tarde. Aunque lo lógico es que fuera una simple partida entre amigos. Aún si dos de ellos eran pareja. Después de comer volví a entrar por la parte de atrás como me habían advertido. Estaban en la mesa del de jardín con los cafés. Se levantaron para presentarme a su amigo. Algo más joven que nosotros tres y que parecía en buena forma con la ajustada camiseta que llevaba. Por lo demás todos íbamos con bermudas y camisetas. - Este es Carlos un buen amigo. No sé si lo de "buen amigo" iba con segundas. - Jorge es nuestro vecino. Nos llevamos bástate bien. Y juro que tampoco supe si eso de llevarnos bien también iba con cierto retintín. O lo decía por que me habían pillado alguna vez mirando. En vez de cerveza había llevado una botella de pacharán para acompañar la tarde. Me pusieron un café. Descalzo sobre el fino césped bien cuidado y bajo su sombrilla, con mi copa en mano y buena compañía me sentía muy a gusto. Como la vez anterior con la pareja, Carlos y yo estuvimos comentando un rato sobre nuestras vidas de forma bastante inocua. Otro divorciado, debía ser una epidemia. - Bueno, ¿que os parece lo del mus?. - Por mi bien, será una buena forma de pasar la tarde. Dijo Carlos, y los demás también estuvimos conformes. - Pero habrá que apostar algo. - Entre amigos no nos vamos a jugar dinero. ¿No?. - Entonces ¿qué?. - Prendas. - ¿En serio?. ¿Como si fuéramos críos?. - Venga seguro que podemos hacerlo interesante. La pareja que pierde cada vaca paga prenda. - En una idea, pero háganoslo más interesante. No solo prendas de ropa, también pruebas así si una pareja se queda en bolas muy pronto puede seguir la partida. Yo era el mas indeciso en ese intercambio de ideas. Llegué a pensar si no sería una encerrona, pero en cierto momento llegó a darme igual. Lo peor que podía pasarme sería quedarme desnudo ante otros tíos y al menos uno de ellos estaría en pelota picada como yo. Así que al final dije: - Vale, puede ser divertido, aunque nunca he hecho nada así. Todos sonrieron y echamos a suertes las parejas. Me tocó con Iván y eso que pensaba que buscaría ir de pareja con su ídem. Sacaron las cartas y los amarracos y nos pusimos a jugar como si montáramos una inocente partida todas las tardes. Gracias o un órdago a pares ganado con unos duples bajos que me indicó tirándome un besito al aire, que más bien parecía dirigido a mí humilde persona, mi compañero y yo nos hicimos con las camisetas de Mario y Carlos. Daba igual, en el siguiente juego ya estabamos iguales. Todos con el torso al aire. La siguiente fue bástate reñida pues ya nos jugábamos las bermudas y quedarnos en calzoncillos. O tener que hacer una prueba impuesta por la pareja ganadora. Las señas, la verdad eran algo bastante sensual. Las treinta y una con guiños bastante pícaros o cuando con dos reyes o dos ases nos mordisqueábamos el labio o sacábamos la lengua. El culpable de perder los pantalones en realidad fui yo. Caí en una trampa y fui envidando todos nuestros amarracos hasta perder una grande ante tres reyes y un caballo de mi oponente. La cosa se ponía interesante. Descubrí que mi compañero llevaba una especie de bóxer de cintura baja, muy reducido y ajustado cuando se sacó las bermudas meneando la cadera de forma bastante sensual. Marcaba una polla de respetables dimensiones aunque no estaba dura. Yo en cambio entre risas y bromas de nuestros contrincantes dejé caer mis pantalones cortos al suelo con bastante vergüenza. Debajo llevaba un slip con una goma ancha en la cintura solo con tela por delante y detrás y los costados sin nada. Pareció gustar bastante la prenda. Creo que librarme de esa ropa me relajó bastante. Y me permitió disfrutar el resto de la tarde sin complejos. Fue una especie de liberación. Aún así peleamos cada amarraco hasta conseguir que nuestros rivales perdieran sus bermudas. Sus slips tampoco tenían mucha tela. No es que fueran tangas pero tenían la mitad de las nalgas desnudas. Lo pudimos comprobar cuando se giraron para que pudiéramos verlos por todos los ángulos. En realidad me gustó ver como todos estábamos casi desnudos sin nervios ni corte alguno. Aún así lógicamente ninguno quería ser el primero en enseñar la polla. Así que la siguiente vaca fue bastante reñida. Pero esta vez nos favoreció la suerte y ganamos con un órdago a chica que echó mi compañero. Parece que se descuidaron lo justo para colársela así con tres ases. La cosa se ponía interesante. Iván levantó una mano y dijo: - ¿No sería un buen momento para una prueba en vez de pagar prenda?. - ¿Se te ocurre algo que puedan hacer? - Puede que sí, pero tienes que tener en cuenta que a la siguiente que perdamos nos mandarán algo parecido. - Veamos, siempre podemos volver a la prenda y que se desnudez del todo. - Quiero que os beseis. Pero de verdad, con lengua y durante un tiempo marcado. Me miraba a los ojos a ver como me lo tomaba y si me disgustaba lo que estaba diciendo. No era así, me empezaba a dar morbo. - Pero Mario es tu novio. ¿No te importa que se besé con otro tío? - Somos bastante liberales, eso no nos preocupa mientras sea delante del otro. No a escondias. - Pues entonces, adelante. Asentí, esperando a ver como reaccionaban ellos. No hubo protestas por su parte. Se pusieron de pie y se encontraron detrás de mí. Así que tuve que girarme en la silla para poder ver el excitante espectáculo. Siendo sincero me comía la curiosidad. Se acercaron despacio, de frente poniendo las manos sobre la cadera del otro. Si estiraba un poco el brazo podía tocarlos. Mario acercó la cara y puso la lengua con suavidad por la labios de Carlos. Éste en vez de separarlos para que entrara en su boca sacó la suya y se puso a jugar con la sin hueso de su compañero. Pronto abrieron las bocas y empezaron a pasar saliva de una a otra. Jugando con las lenguas e incluso empezando a acariciar el cuerpo del otro con suavidad. Nunca había visto algo tan lascivo entre dos tíos. En vivo nunca había visto algo así. En realidad lo único que se le parecía serían vídeos de lesbianas japonesas jóvenes en Internet. Me excité, como no me iba a pasar con algo como eso delante. Claro que no fui el único, cuando Iván dijo: - ¡Tiempo! A mi me habían parecido que solo habían paso unos segundos. Pero ellos se separaron marcando en sus slips la dureza de sus miembros. Pero igual que no habían protestado cuando se planteó la prueba volvieron a sus sillas sin chistar. Yo no era el único que estaba respirando fuerte e intenté calmarme dándole un trago largo a mi vaso de pacharán. No sé si eso fue una buena idea en ese momento. - ¡Bueno! ¿Seguimos la partida?. Creo que a todos nos apetece. Dijo Carlos con cierto cachondeo. Volvimos a repartir. Aunque durante el juego mi rabo se había calmado hasta cierto punto, cuando perdimos y tuvimos que quitarlos los gayumbos mi polla morcillona colgaba entre los muslos. Así fue, ellos no pidieron prueba, creo que los tres querían verme desnudo del todo. y como ya he dicho no es que el espectáculo fuera algo sensacional. - ¿Puedo?. Dijo Carlos. Y sin respetar mi respuesta estiró la mano y me acarició el escroto. Un escalofrio de placer recorrió mi columna hasta llegar al cerebro. - ¡Oye! ¡que eso no es una prueba! Pero yo me sentía tan a gusto que me dejé sin poner objeciones. Volví a sentarme para seguir con la partida aunque eso ya no era más que una excusa para seguir con la otros juegos. Por cierto pude ver el nabo y los huevos de de Iván sin un solo pelo y de un tamaño respetable antes de que me lo tapara la mesa de nuevo. Para entonces ya daba igual quien perdía por que sabía que lo iba a pasar bien de todas formas. Así que todos habíamos perdido algo de concentración además de mirar los cuerpos de los demás sin disimulo. Yo parecía el más observado por ser el más nuevo. Volvimos a perder aunque no hicimos más que pedir mus y creo que me deshice por descuido de algún rey. Como ya estabamos desnudos del todo nos tocaba prueba. - Queremos veros bailar. - Eso no parece muy difícil. - No como estas pensando, separados. Sino un agarrado caliente. - Bueno a estas alturas ya no creo que me importe. Dije sonriendo. Iván me tendió la mano. Me levanté dispuesto a soportar aquello que se me venía encima. Mario busco en su móvil y puso una romántica canción lenta. - Tenéis que bailar, mientras dure. Iván más decidido que yo se acercó hasta pegarse a mi cuerpo. Junto a la mesa sin manos rodearon mi cintura y tiró de mi. Pecho con pecho, vientre con vientre y nuestras pollas rozándose cada vez más duras. Me estaba dejando llevar, así que puse uno de mis brazos por encima de su hombro. Era cierto, me estaba excitando mucho. Apoyé la cabeza muy cerca de su cuello y la otra mano, para que cortarme, en su espalda casi en su culo. Él se contuvo todavía menos y unos segundos después me estaba amasando las nalgas mientras la música salía del móvil. Nos movíamos despacio, suave, frotándonos piel con piel. Poco antes de terminar la canción sentí sus labios en mi piel. La primera boca de un hombre que me besaba así. Lamiendo mi cuello y humedeciendo mi hombro. No me decidí todavía a responder a estos besos y me limité a disfrutar del roce de su cuerpo y de sus manos. Cuando la música terminó y nos separamos los nabos de los dos apuntaban al techo, duros como rocas. - Ya podemos pasar del juego. ¿No?. Todos dimos nuestra conformidad. Mario el otro miembro de la pareja quería probarme. Tiró de mí hasta que me senté en sus muslos a caballito, mirándole de frente. Ya no podía seguir negándome. Como dicen los borg, la resistencia es fútil. Nuestros rostros se fueron aproximando hasta que su lengua busco la mía. Nos las chupábamos el uno al otro e iniciamos un intercambio de saliva con sabor al pacharán que estábamos bebiendo. Justo a nuestro lado Iván le había sacado el diminuto slip a Carlos y se había arrodillado entre sus muslos para empezar a hacerle una mamada de campeonato. Cuando hacía un descanso para respirar yo volvía la cabeza para ver cómo le chupaba los huevos o lamía todo el tronco. Mario era el único que conservaba el calzoncillo pero su mástil había escapado por la cinturilla de la prenda. El glande me rozaba los testículos. Y me estaba gustando. No voy a presumir de rabo largo pero en esa posición mi glande le llegaba al esternón. Solo con agachar la cabeza un poco se lo metió en la boca. Hacía mucho que no me hacían una buena mamada. Solo tenía que levantarme para sentir su lengua en mi polla y huevos. Tengo que admitirlo fue la mejor mamada que me habían hecho nunca. Hasta ese momento, después ha habido muchas más. Tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no correrme enseguida. Pero claro quería más. Sentía su lengua en los testículos, el glande, todo el tronco y el pubis. Llenando de saliva mi piel. Nuestro lado los otos dos seguían en maniobras parecidas. Tan cerca que cuando Carlos se puso de pie me besó en la boca. Me cogió de la cintura y empezó a darme lengua. Arrodillados a nuestros pies la parejita nos comía las pollas. Yo también estiré la mano y agarré el duro culo que tenía a mi lado y empecé a amasarlo. Deslizando un dedo por la raja buscando el ano. Carlos en cambio me pellizcaba y acariciaba los pezones. Pero también unos dedos buscaban mi culo. De una mano que había pasado entre mis muslos, la de Mario. Los levantamos antes de corrernos y que se terminara la diversión antes de tiempo. Volvimos a besarnos y esta vez probé la boca de Iván. Pero ahora estábamos tan juntos que notaba manos por todas partes. Y la lengua que tenía dentro de mi boca no era la misma que segundos antes. A veces dos lenguas a la vez. Mario nos cogió de las manos y nos arrastró hasta su dormitorio. La cama era enorme pero eso ya lo sabía pues la podía ver desde mi piso de arriba después de podar el árbol. Terminé boca arriba en medio del lecho. Un momento después tenía una boca otra vez dándole un repaso a mi nabo. Pero no debía de vital de los dos miembros de la pareja era por que Carlos estaba sobre mi cara. El culo bien abierto sobre mi boca y los huevos tapándome los ojos. Si que me dediqué a chupárselo todo. Lamer el ano los huevos y la polla cuando me la metía en la boca. Con mi rabo bien ensalivado y puede que con un lubricante que alguien había buscado en la mesita. Carlos se deslizó hacia abajo y se clavó mi mástil en el ano que yo acababa de abrir con mi lengua. Su lugar sobre mi cara lo tomó Mario y yo seguí dando placer con mi lengua mientras mi polla era exprimida dentro del primer culo que me follaba en mi vida. Iván no andaba muy lejos, acariciándonos o lamiendo lo que podía. Carlos empezó cabalgando despacio apretándome el nabo, pero pronto empezó a botar como un potro salvaje. Con ese tratamiento no duré mucho más, me corrí sin remedio jadeando y suspirando. No me iban a dejar escapatoria. Iván levantó mis piernas sujetandome por los tobillos. Carlos empezó a pasar la lengua y a untar mi ano con el lubricante mientras Mario se lo ponía en su polla. Era evidente quién se iba a quedar con mi virginidad y ni siquiera se lo había jugado a la carta más alta. Ya con la lengua y los dedos me estaba gustando, encantando. Mi culo se abría a su toque como si lo deseara antes de que yo mismo lo supiera. Mario se acercó y el glande empezó a abrirse camino dentro de mi cuerpo. A esas alturas solo sentía placer, notaba sus roces por toda mi piel. Carlos e Iván se separaron un poco y podía ver como el último le comía el culo que rezumaba de mi semen, de mi corrida anterior. Con todo eso mi polla volvía a ponerse dura, algo que no solía pesarme pasarme tan pronto después de eyacular. Carlos a cuatro patas recibiendo las atenciones de Iván en su culo se desplazó hasta meterse mi polla en la boca. No hacía falta ni que moviera la cabeza. Con las embestidas de Mario ya le entraba y salía de la boca. Mario tenía pinta de no correrse pronto. Pero yo con todo lo que notaba le llené la boca de semen a Carlos. Parece que esa tarde era el quien lo recibía. Pero en vez de tragarlo lo compartió en un lascivo beso con Mario. Iván seguía a su grupa. Para entonces buscando el culo de Carlos con su polla. Él pecho apoyado en su espalda y empezando a entrar en él. Los gemidos y suspiros de todos llenaban la habitación. Por lo menos en ese momento en que nadie tenía la boca muy ocupada. Mario por fin se corrió en mi culo. Su polla blanda salió sola de mí ano y se derrumbó sobre el pecho buscando de nuevo mi boca para darnos lengua. Lo abracé mientras cambiábamos saliva. Poco después Carlos e Iván se tumbaron a nuestro lado habiendo terminado con éxito su tarea. Riéndonos todos satisfechos. - Ha sido una partida interesante chicos. - Parece que te ha gustado, podemos repetir cuando quieras. - Vale, pero la próxima vez sin cartas. . .

sábado, 5 de febrero de 2022

Hentai

Hada y su operación de pecho

. Soy enfermera, lo que a pesar de los morbos y fantasías que hay por ahí a mí nunca me había causado ningún problema ni tampoco provocado casi ninguna aventura sexual. Pero ese día llevaba el uniforme mas viejo y lavado con lejía que tenía. Un pijama blanco prácticamente traslúcido. Y para colmo, lencería sexi, un conjunto de encaje blanco, unas bragas pequeñas casi un tanguita y un sujetador bastante trasparente. Ni había pensado en ello de forma consciente hasta que ya en mi planta algunas miradas provocativas, lascivas más bien, me hicieron darme cuenta de lo que me había puesto. Decidí ignorarlo y continuar con el trabajo sin distracciones hasta que encontré su habitación. Estaba muy recuperada, le iban a dar el alta uno de esos días. Las cicatrices se habían cerrado bien y sirenas eran marcas enrojecidas en su suave piel. Solo el dinero que pagaba por la habitación de ese caro hospital privado la mantenía allí. Sus ojos burlones recorrieron mi cuerpo desnudándome en cuanto crucé la puerta que cerré a mis espaldas, con seguro. Solo tenía que tomarle la temperatura y la presión. Nada importante. Ella se abrió el camisón enseñando sin pudor los dos perfectos pechos que mi jefe había hecho casi desde la nada. Y usando algo de silicona evidentemente. No pude evitar fijarme en ellos mientras me inclinaba sobre ella. Hada también deslizó sus ojos por mi escote. El escote en v de mi chaqueta había caído al inclinarme dejándole ver mi sujetador. Sonriendo lasciva alabó el buen gusto de la prenda. - Llevas una lencería preciosa, demasiado cara para venir a trabajar parece. Le di las gracias, puede que algo coqueta, devolviéndole la sonrisa, asombrada al ver aquella cara tan femenina a pocos centímetros de la mía. - Gracias. Eres muy amable. Me gusta de este tipo, creo que me sienta bien. Naturalmente tenia acceso al historial y sabia que apenas tapado por la sábana entre los largos y torneados muslos había un pene. Órgano que por cierto yo no había tenido ocasión de ver todavía. Le ayudé a quitarse el ligero camisón abierto que usan los pacientes para poder recrearme con el trabajo de mi jefe. En ella por cómo se marcaban en la fina tela parecía haberse esmerado especialmente. Un poco curiosa y aún más profesional comencé a examinarle los pechos palpándolos y acariciándolos. - ¡Oh! Te queda de maravilla. Se te ve muy sexi. Un gesto en su cara me hizo preguntar si le dolían. - ¿Te he hecho daño? - No, para nada. Es más me está gustando. Creía que perdería sensibilidad. - Eso es por que pocos son tan buenos como mi jefe. Hace maravillas. Respondió que todo lo contrario, aquello le gustaba, lo sentía placentero. Pellizqué sus pezones para comprobar su sensibilidad y me di cuenta de que se excitaban y endurecían, igual que los míos, detalle que tampoco pasó inadvertido. De lo que yo si me di cuenta es de un movimiento bajo la sábana y puesto que sus manos estaban a la vista solo podía tratarse de una erección. El imaginar que probablemente no era mi cuerpo sino mi lencería y mis manos, mis caricias la excitaban hizo que yo misma entrase en calor. Mi braguita se humedecía por momentos. Despacio retiré la sábana de sus muslos descubriendo una buena polla, no un pene monumental pero si de un tamaño razonable e indudablemente bien duro. Muy bonito, recto, con un glande morado con la forma de una fresa. Como ya estaba mejor parecía que se había depilado esa misma mañana. Ella alargó la mano hasta mi cintura justo por encima de la cinturilla del pantalón sobre mi piel desnuda lo que hizo que sintiera un estremecimiento. Y yo misma deslice mis dedos sobre su polla acariciándola y apreciando su suavidad, su dureza. s Su piel depilada con láser, como ella misma me dijo más tarde cuando compartimos confidencias. Nuestros rostros estaban tan juntos que cuando mis labios se posaron en los suyos el beso fue algo natural. Su lengua se abrió camino dentro de mi boca, juguetona, respondí con la mía salivando por la excitación. Nuestras babas se mezclaban mientras abría mi chaquetilla para librarme de ella. Solo nos separamos para que Hada terminara de deslizarla por mis brazos. Lo que aprovechó para apoderarse de mis pechos con su boca bajando el sujetador con los dientes y mordisquear mis pezones con sus suaves labios. Tuve que pararla un momento para quitarme también el pantalón del pijama. Me quedé unos segundos de pie ante ella exhibiéndome en el sensual conjunto de lencería que tanto había llamado la atención. - Pensaba que solo te gustarían los chicos. - Nena, si tu no me gustaras estaría ciega. La expresión lasciva de su cara me decía que le estaba gustando. Volví a la cama donde ella me esperaba con los brazos abiertos. Aparte de un polvo rápido con un joven médico en prácticas y ni siquiera me había tumbado, sino solo apoyado, era la primera vez que iba a follar con alguien en una cama de hospital. Volvimos a besarnos, con ansia, pura lascivia en nuestras lenguas. Mi saliva incluso resbalaba de mi boca a la suya. Sus manos empezaron a acariciar mi cuerpo. Los notaba suaves y dulces recorriendo mi piel. Haya que las yemas se deslizaron bajo mi tanguita. Buscaron los depilados labios de mi vulva y entre ellos el clítoris. A esas alturas mi coñito chorreaba. Se me escapó un gemido. Yo pensaba en aprovechar más el bonito par de tetas nuevas que estaban a mi alcance. Me incliné a besarlas y lamer sus pezones con cuidado de no lastimarla. Sus suspiros alagaban mis oídos, así que deduje que le debía de estar gustando. No solo me dediqué a sus pechos, seguí lamiendo sus axilas que alguna compañera habría lavado un rato antes. Continué por su vientre plano, clavando las lengua en el ombligo y llegando por fin a la bonita polla. Miembro por cierto que no había dejado de acariciar con suavidad con una mano desde un rato antes. Olía a limpio, lo que me confirmó que se había aseado poco antes. Chupé los huevos suaves, incluso me los metí en la boca. Antes de subir por el duro tengo con la lengua pegada a su piel. - Cielo, si sigues así me voy a correr enseguida. Ni siquiera me he tocado desde la operación. Le sonreía lasciva desde su cadera. Quería su lefa. - No te preocupes por eso. No pienso dejarlo. Como antes de la operación le habíamos hecho un montón de análisis sabía que estaba sana como una manzana. Me metí el glande en la boca y seguí chupando sin dejar de acariciar sus huevos. Efectivamente poco después me llenaba la boca con su semen. Suponía que no tendría muchos complejos, así que me incorporé y volví a besarla dejando caer su propia lefa en su lengua. Cruzarla con la mía y mezclarla con nuestras salivas. Me recibió con tanto morbo como yo le estaba poniendo. Y respondió al beso. - ¿Se volverá a poner dura? - Con el morbo que tienes, estoy segura de que sí. No te va a costar nada. Pero antes déjame tus tetas. Me ayudó a quitarme el sujetador que aún tenía puesto. Y tiró de mi para besar mis tetas. Ya son miedo a lastimarla me libré del tanga y me subí sobre sus piernas. Notaba su polla aún blanda y húmeda de mi saliva pues la había dejado bien limpia rozando los labios de la vulva. Mis rodillas apoyadas a ambos lados de su cadera. Su cabeza entre mis pechos lamiendo mi piel. Llegando a mis pezones y hasta las axilas y la cara interna de los brazos. Sabía cómo excitarme, o mejor dicho mantenerme excitada. Y arrancar de mi boca gemidos que tenía que contener para que nadie que pudiera pasar junto a la habitación por el pasillo me oyera. - Sube más, quiero lamer tu coñito. Así que llegue a ponerme de pie sobre el colchón, dejándole el xoxito al alcance de su boca. No le pareció bastante. - Gírate. Lo hice y así podía llegar con la lengua no solo al coño, también al culo. Lamía de mi pubis a la rabadilla sin dejar ningún rincón. Me chupaba el clítoris con cierta fuerza o clavaba la sin hueso en el ano. No tarde en correrme. Mis jugos bajaron a su lengua y volví a sentarme en sus muslos para besarla y compartir mi sabor. Para entonces el nabo ya empezaba a coger cierta consistencia. Acariciándolo con los húmedos labios de mi vulva, solo adelante y atrás sin penetrarme terminó de ponerse duro. - ¿Lo ves? - Lo noto. Le dije sonriendo. Me levanté lo justo para qué su polla entrara en mi interior. Era yo la que me movía con suavidad. Notándola muy dentro cada vez que bajaba la cadera. Estábamos muy excitadas, aunque subía y bajaba despacio no tardaríamos en corrernos. Alguien debía estar buscándome fuera. Y deseaba su semen en mi coñito. Nuestras bocas no se habían separado. Las lenguas enredadas y sus manos amasando mis tetas. Ah si y las mías en sus preciosos pechos. Estaba tan cachonda que me corrí antes que ella. Aunque claro no iba a parar y dejarla a medias. Así que seguí subiendo y me volví a correr justo cuando ella eyaculaba en mi interior. - Tenemos que repetir esto. Pero con más tiempo y tranquilidad. Tenía que seguir la ronda y ver a otros pacientes. Le devolví el camisón y recuperé mi lencería. No tenía otra cosa que ponerme, así que salí con lo mismo que había entrado, mi pijama traslúcido. Pero ahora me importaban menos las miradas lascivas. Al fin y al cabo estaba bien follada. . .

sábado, 22 de enero de 2022

Placentera extorsión

. Es posible que lo hayan descubierto o nadie lo sabría. No tiene por que haberse enterado ninguna persona. Yo no se lo había contado a nadie. Siempre he sido muy discreto. El único secreto posible es el que solo sabe una persona. Pero alguien debía haberme visto entrando en algún club o prostíbulo. Si, soy un putero, pago por sexo. Cuando me despido de mis amigos después de tomar unas copas me doy media vuelta y elijo alguna de las posibilidades que ofrece la ciudad. Pequeños clubs escondidos en alguna calleja del centro de la ciudad con tres o cuatro putas. Sitios mas grandes con stripteases o espectáculos eróticos. Me llegaba hasta burdeles de carretera si había cogido el coche y tenia tiempo y dinero. Cualquiera diría que un chico joven y no mal parecido del todo como yo no necesitaría ir a esos sitios para conseguir sexo. Pero al fin y al cabo son menos complicaciones que una relación y obtengo más variedad. No hace falta pagar cenas caras, ni aguantar conversaciones interminables, ni celos, ni quejas. A ver, no es que sea misoginia, solo recojo los comentarios de mis amigos con novia. He pasado buenos ratos con chicas de alterne y aunque las he pagado ellas me han hecho disfrutar con sexo, con sus cuerpos suaves y sexos húmedos. Y al terminar, como has remunerado su trabajo, te vistes y te vas. A casa no puedo llevarlas por que vivo con mis padres. No merece la pena pagar una habitación de hotel cuando lo que busco es solo un desahogo, no una Girlfriend experience. Pero el problema se presentó cuando recibí el anónimo. Una carta impresa, que pasado de moda, sin pistas de su posible autor, podría haber sido un email. Ya no sé ni quien usa el correo físico. Me acusaba de ir a esos clubs y daba algún dato concreto sobre uno de los sitios. E incluso una somera descripción de una de las chicas con la que había estado, una voluptuosa mulata caribeña. Pero no pedía nada, en esa primera comunicación. Como si solo hacerme pensarlo fuera suficiente. A mi alrededor nada había cambiado. No notaba nada raro , ni en mis conocidos, ni amigos, ¿sería un desconocido?. Hasta que por fin recibí otra carta. Esta vez me citaba en una discreta cafetería alejada de mi zona. Acudí temblando y me senté en un rincón oscuro en una mesa con un sofá. Miraba nervioso alrededor esperando al misterioso personaje. A los diez minutos me llevé una sorpresa, mi chantajista se sentó a mi lado. Mi tía Nuria la hermana de mi madre, dos años menos, casada, algo regordeta pero bonita y tan nerviosa como yo. Toda una una milf curvy. Se sentó a mi lado en el mismo sofá pegado a la pared. Fue directa al grano, supongo que si no se hubiera decidido en ese momento no hubiera pasado nada más. Me puso la mano en el muslo sobre la tela del vaquero. Me dijo: - Eres un chico guapo, joven, podrías tener a la mujer que quisieras, no necesitas pagar por sexo. Nuria agachó la cabeza, con algo de timidez, mirándose el precioso escote que sus enormes tetas dejaban en el corto vestido veraniego. Yo también agache la cabeza casi avergonzado, lo que no mejoró la situación precisamente. Pues solo veía sus preciosos muslazos bronceados saliendo de su corta falda apoyados en el cuero del sofá. Resulta que trabajaba en uno de los clubs que mas visito y ya me había visto varias veces con chicas de allí. Mientras Nuria se dirigirá a limpiar la habitación que yo dejaba libre. Y yo no me había fijado, había pasado al lado de mi propia tía y no la había visto. Supongo que estaba más pendiente de los encantos de la meretriz de turno. - Soy limpiadora en ese club, ya te he visto algunas veces por allí. Conozco a las chicas con las que has estado. Yo también me estoy poniendo en tus manos. Tampoco quiero que le cuentes a nadie donde trabajo de verdad. Y madre lo sabe, pero nadie más. - Está claro que debemos guardarnos nuestros secretos mutuamente. Pero ¿qué quieres de mí?. Imagino que trabajar limpiando los restos de los polvos del resto de la gente. Siendo morbosa y con ganas de follar mientras en casa estás a medias es como trabajar en una pastelería y no poder comer ni un dulce. Incluso había interrogado a las putas sobre mí, mis gustos, mi cuerpo y rendimiento. - Las chicas me han hablado muy bien de ti. Dicen que eres todo un caballero. Las tratas bien e intentas que ellas también disfruten. Ya sabes, entre mujeres no hay secretos. Me dijo con una risita nerviosa. - Tu madre sabe lo mal que lo estoy pasando con mi marido. No falta nada para firmar el divorcio. Lo que me han contado todas de ti me atrae mucho. Quizá podamos llegar a un acuerdo más... carnal. Ella, que no estaba nada contenta con su marido y a un paso del divorcio estaba al tanto de mi forma de follar y de las cosas que me gustaban. Me tenía alucinado. Su mano seguía sobre mi muslo. Casi había alcanzado mi polla, que había empezado a coger rigidez, cuando terminó de contarme todo eso. Puede que se avergonzase de entrarle a un chico joven y su sobrino además, de esa forma, pero estaba perdiendo la timidez muy deprisa. Mi pene para entonces ya estaba como una piedra. Puede que yo estuviera alucinando con su propuesta pero estaba claro que mi polla tenía ideas propias. No diré que más de una paja me había hecho en su honor. Yo también había dejado un rato antes mis dedos sobre la tersa y suave piel de su muslo. Su ligero temblor me permitía adivinar lo que de verdad pretendía de mí y eso me permitía sentir sus nervios. -¿Quieres dinero? ¿lo necesitas?. Para el divorcio. Le pregunté adivinando con antelación su respuesta negativa. -¡No! ¿Como puedes pensar eso de mí? -¿Entonces? -Te deseo a ti, tu cuerpo, tu polla, tu imaginación y que no gastes dinero en putas o no tanto por lo menos. Tampoco te pido que seamos exclusivos o que te enamores de mi. Yo no siento eso, pero sí quiero sentirme bien follada. No hacía falta mucho para encenderme. Al oír eso mi mano ya estaba bajo su falda a punto de rozar el encaje del tanga. Me ofrecía gratis aquello por lo que estaba acostumbrado a pagar, pero no se si saldría bien. Incluso me decía algunas de las cosas que quería probar conmigo. - Quiero me hagas de todo. Todo lo que haces con esas chicas. Deseo que me comas todo el cuerpo, sentir tu lengua y besos por toda mi piel. Yo también quiero lamer todo tu cuerpo. Notar tu polla en todos mis agujeros. Con las meretrices se trataba de una negociación, yo pedía y si ellas aceptaban, pagaba y lo hacíamos. Con mi tía, ni idea ... Podíamos probar y ver que pasaba. Me gustaba su cuerpo sensual y sus ganas de intentar cosas nuevas. En el discreto rincón de la cafetería el indice se deslizaba por los labios de la vulva recién depilada. Apartando el tanga. Muy húmedo su coñito mientras ella magreaba mi polla dura por encima de los vaqueros. Sus primeros gemidos alagaban mis oídos. Procuraba no hacer mucho ruido para que no nos echaran de allí. - Ha sido tu amiga la que me contó como depilarme ya sabia que te gustaban los coñitos sin pelo. - Se comen mucho mejor. Entonces la besé sellando el pacto. Su lengua buscaba ansiosa la mía con hambre atrasada de sexo y de caricias. Sin levantarnos del sofá y con los fríos cafés delante su primer orgasmo mojó mis dedos ysu falda con sus jugos. Los llevé a su propia boca y me los lamió lasciva. Con la expresión de vicio que yo siempre había buscado y no había terminado de encontrar nunca ni pagándolo. Notaba su lengua jugando con mis dedos mientras su mano no había soltado mi pene magreándolo con insistencia por encima de los vaqueros. No parecía que fuera a negarse a nada que nuestra imaginación nos sugiriera. Ella misma se había abierto más el escote del vestido. De forma discreta había metido la mano y se había subido las poderosas tetas dentro del escaso sujetador. Dejándome ver buena parte de los pezones asomando de un bonito sujetador de encaje negro y trasparente. Parece que había comprado lencería para una ocasión especial. Agaché las cabeza y besé sus impresionantes tetas por el escote. Fue cuando supe que ya tenía gratis lo que hasta ahora había pagado con dinero. - Estamos en público. No podemos continuar mucho más aquí. Aunque tengo muchas ganas de seguir. - Y yo, me has puesto muy cachonda. Pero seguíamos teniendo un problema, en mi casa estaban mis padres y en la suya su marido. Podríamos haber ido a un hotel pero... conocíamos otro sitio que tenía habitaciones. Creo que a los dos se nos ocurrió a la vez. - ¿Crees que nos dejaran una habitación? - Podemos acercamos y probar. Depende de la encargada que esté. Pero no creo que haya problema por preguntar al menos. Siempre hay habitaciones libres. Me decía entre gemidos mientras yo había vuelto a acariciar su vulva. Su boca junto a mi oreja me hacía saber lo que le estaban gustando mis maniobras. Sacaba la lengua y la clavaba en mi oído. - No aguanto más. Sobrino ¡Vámonos!. Se colocó el escote como pudo. Nos levantamos y pagué las copas. La dejé ir delante más que nada para apreciar su culo en la ajustada y corta falda y la muslazos saliendo de la prenda. Ella sabía donde estaba mirando. Giró la cabeza y me dirigió una enorme y lasciva sonrisa. En minutos alcanzamos su coche. Al subirse levantó la falda casi hasta el tanga antes de apoyar el culo en el asiento. He de admitir que la dureza de mi polla no había bajado ni un momento. Aparcó en la parte de atrás junto a la entrada de la cocina, por donde accedimos al local. En el comedor estaba una de las chicas que conocía y que se levantó solícita a saludarnos. - Hola. No pensaba verte hoy. Veros a ninguno de los dos. Creía que hoy no trabajabas. - No vengo a trabajar, voy a ver a la encargada. Y se dirigió a la recepción a buscar la llave de una habitación. Estaba deseando que lo consiguiera aunque tuviera que pagarla. - No vengo como cliente, estoy con una amiga. - Ya os he visto entrar juntos. Y muy acaramelados. Su sonrisa socarrona me decía que se había dado cuenta de la situación. - No sabía que os conocierais. Ella no te cobrará. Supongo. - Es mi tía, Le dije en confianza. Tardaba más de lo que pensaba en volver y el que aquella chica apenas estuviera ataviada con un body de encaje no hacía nada por bajar mi excitación. Nuria volvió un momento después. - He estado negociando un acuerdo. Tendremos que pagar por la habitación y dejarla en condiciones pero no nos cobrarán como si fuera un servicio completo. - Me parece lógico. No hay problema. - Y hoy nos la deja gratis. Nos despedimos de la chica con unos besos. A mi un suave pico en los labios y Nuria, familiar y nueva conquista, con un estrecho abrazo. No sabía que su relación fuera tan íntima. Cogiéndome de la mano me llevó hasta la habitación. - Esta habitación la dejé limpia anoche yo misma. No creí que fuera yo la que la iba a usar. Se paró en medio del cuarto, ante la cama, y con un sensual movimiento separó los tirantes del vestido. La prenda se enredó un segundo en sus fenomenales tetas y un momento después en su cadera. Pero al final se deslizó de su cuerpo hasta caer al suelo rodeando sus pequeños pies. La tenía ante mí solo con su sensual y trasparente lencería. Tímida aún esperaba mi próximo movimiento. Pero yo estaba parado mirándola, deleitándome con sus curvas. - ¿Por qué no me desnudas? Le dije. Sonrió y se acercó a mí. Mirándonos a los ojos puso sus manos en mi cintura y empezó a subir mi camiseta despacio. Con todo lo que sabía de mí y lo que ya habíamos hecho en la cafetería aún no me había visto desnudo. O por lo menos hacía años desde la última vez. Mientras mi piel iba quedando al descubierto, miraba mi cuerpo fibrado. Levanté los brazos para que terminara de sacarme la camiseta y lasciva se inclinó y le dio un lametazo a una de mis axilas. Me encantó que tomara esa iniciativa por si misma además del escalofrio de puro placer que me produjo. Mis pantalones cayeron al suelo igual que su vestido en cuanto soltó el cinturón y el botón. Los slips que suelo usar no son muy grandes y el de ese día era uno de los más pequeños que tengo. Era el momento de actuar, la cogí de la cintura y la apreté contra mi cuerpo. Nuestros labios se acercaron despacio y ya, piel con piel volvimos a besarnos. A darnos lengua y saliva como si no hubiera un mañana. Mientras las lenguas jugaban y se cruzaban dentro y fuera de nuestras bocas solté el sujetador. De un tirón lo sacó de entre muertos cuerpos y lo arrojó sobre su vestido y mis pantalones. Suavemente la empujé hacia la cama. Quería saborear más de su piel. Pasé a besar sus orejas, el cuello, la barbilla, lo s hombros. Me lo tomaba con calma excitándola todo lo posible antes de pasar a saborear sus tetazas. - ¿Qué tiempo tenemos? - Por ser nosotros todo lo que necesitemos pero tendríamos que volver a casa a dormir. Nunca se ocupan todas las habitaciones. Por mi marido y tus padres digo. - Genial. Era el momento de tumbarla y pasar a lamer esas dos masas de carne que tanto me habían atraído desde adolescente. Les dediqué un buen rato, saboreando sus pezones. Grandes, rosados saliendo puede que hasta un centímetro. Sus gemidos alagaban mis oídos. Mientras le comía las tetas aproveché para quitarme el slip. Tenía la polla durísima. No necesitaba ni tocarla para mantenerla así. El vientre suave acolchado me dejaba bajar hasta el pubis. No me moleste en quitarle el tanga. Solo lo hice a un lado. La vulva depilada, muy húmeda, chorreaba. Su sabor me atraía, estaba deliciosa. Le dí una buena lamida recogiendo sus jugos con la lengua. Eso la hizo gemir, se notaban sus ganas de disfrutar. En segundos lamiendo le conseguí un orgasmo más. Ya había tenido alguno en el bar. Pero no paré. Levanté sus muslos. Captó la pista enseguida y fue ella la que arqueó la espalda hasta que sus rodillas fueron con los pechos. Así me dejaba el camino libre para comérmela enterita. Su culazo me llamaba. El agujero negro era un imán para la lengua. Se había preparado a conciencia. Estaba bien limpio y se abría a mi toque. Le dí un buen rato a la lengua escuchando sus gemidos, sus orgasmos. - Yo también quiero saborearte. Déjame lamer tu cuerpo. Le di la vuelta a la cama. Colocándome sobre su cabeza volví a besarla en los labios. Su sabor y mi saliva caían de mi boca a la suya y lo recibía sacando la lengua. Seguí bajando por su cuerpo. Mientras volvía a comer sus tetas ella lamía mis pezones justo encima de sus labios. Clavó la lengua en mi ombligo antes de que yo lo hiciera con el suyo. Mi polla acariciaba suave su cara mientras ambos besábamos el pubis del otro. Abrió la boca para recibir en ella mi glande mientras yo volvía a lamer los labios de su vulva. También me chupaba los huevos. Los tenía depilados y suaves como me gusta que las chicas lleven el xoxito. - Si sigues así me vas a sacar la leche. Ya me tenias muy cachondo. - ¡Ah! Bueno, un pajarito me ha dicho que no tardas en recuperarte. Seguro que podemos seguir después. - Pues adelante. Desde luego, un rato más dándonos lengua el uno al otro, ella ya se había corrido mas veces cuando empecé a soltar lefa en su boca. No la tragó. - Bésame. Vamos a compartirlo. Me giré encima de ella y volví a meter la lengua entre sus labios. Volvimos a cruzarlas compartiendo lefa y saliva. Uno de los besos más guarros y satisfactorios que me habían dado nunca. Pocas putas lo habían hecho. Nos acariciamos tiernos durante un rato tumbados en una cama que había visto innumerables polvos. ¿Cuántos clientes y prostitutas habrían follado en ese colchón?. Sus carnes abundantes, la piel suave. No podía dejar de recorrerlo todo con la yema de los dedos. Y ella me correspondía de igual manera. Pocas chicas me habían acariciado así antes. Supongo que la diferencia estaba en que Nuria le ponía ganas. - ¡Fóllame! Quiero que me des ese rabo. Tus amiguitas dicen que hace maravillas. - Cabálgame. Quiero ver botar tus tetas. Para entonces mí polla había recuperado la verticalidad. Con una expresión de pura lascivia en su bonito rostro puso cada uno de sus muslos a los lados de mi cadera y fue bajando despacio. Ella misma separaba los labios de la vulva con dos dedos. Con la otra mano sujetaba la base de mi polla. El glande hizo contacto y se deslizó dentro del coñito. Tanta era la humedad que entró casi sola. Descansó el culo en mis muslos con un profundo suspiro. Pronto empezó a botar sobre mí, apoyada en mi pecho con sus manos acariciando mis pezones. Yo me agarré a sus tetas amasándolas. O bajaba las manos sujetando sus muslos para con la energía que ponía no se saliera. También acariciaba el clítoris para que ella disfrutara más. Cuando yo apartaba las manos de sus melones ella misma se los amasaba. O bajaba una para acariciar mis huevos acomodados entre sus nalgas. Lo admito, a pesar de mis dudas iniciales y del método que ella había utilizado estaba siendo uno de los mejores polvos de mi vida. Nuria había estado buscando en su bolso mientras nos acariciabamos. En su mano tenía escondido un tubito de gel lubricante y cuando bajaba la mano a mis huevos se ponía una buena cantidad en el ano. Hizo fuerza con los muslos, subió lo suficiente para que mi rabo pasara del coño al culo. Estaba tan preparada que se deslizó bien dentro de su recto. Bajó despacio dejando que la polla fuera entrando en ella. Ya no paró hasta que dejé la lefa dentro de su culo. - Cómemelo, vuelve a chuparme el pandero. Había probado un rato antes su ano, pero ahora estaba aderezado con mi semen. Se corrió de nuevo. Era increíble la facilidad que tenía para disfrutar con mis caricias. No me explicaba como una mujer tan sexual y con esa facilidad para el orgasmo lo estuviera pasando tan mal. Llevábamos ocupando esa habitación más tiempo del que esperábamos. Era hora de volver a nuestras vidas pero esta vez sabiendo que podríamos disfrutar de nuevo y con el morbo añadido de hacerlo en familia. Que podríamos darnos todo el sexo que necesitáramos el uno al otro. .

domingo, 16 de enero de 2022

Internado, los chicos

. Un montón de gamberradas me habían llevado a un internado. La edad de diez y seis años, me hacía demasiado mayor para que mis padres quisieran aguantarme en casa después de todas mis cagadas. Como les sobraba el dinero decidieron llevarme interno a un instituto caro. Pensaron que esa sería la solución. El resultado fue un pabellón nuevo de un colegio pijo en lo más profundo de un bosque, aislado de todo. Donde los jóvenes "rebeldes" recibíamos educación. O eso decía la publicidad y el delegado joven y guapo vestido con traje caro que fue a ver a mi madre. Según recorría los enormes pasillos de altos techos camino de mi habitación con mis pocas pertenencias al hombro en una pequeña mochila sentía al final de mi espalda las miradas del resto de los alumnos. Intentaba hacerme el duro, pero no parecía salirme muy bien. En ese momento me parecía que todo el mundo allí quería follarme. Mi compañero de habitación era muy jóven, como todos los internos, como yo mismo. El bedel que me acompañaba me habia dicho que no se trataba de un tipo peligroso. Más bien un buen chico con algunos errores en su currículum, como yo. Pero ya llevaba algún tiempo en el internado. Por entonces yo era un adolescente lleno de hormonas, pero virgen. No creo que fuera una excepción por allí. Yo pensaba que el sexo sería para él, igual que para mi, una necesidad básica a cubrir. Y cuanto antes mejor, perder la virginidad en brazos de casi cualquiera. Que ambos tendríamos ganas de estrenaremos. Era muy guapo, alto y delgado, en realidad. Yo que siempre había sentido una atracción especial por las chicas, no sabía como reaccionar a la idea de tener un pene en el ano, su polla en mi culo, o puede que la mía en el suyo. Aeste paso no sé qué iba a estudiar allí. Mi imaginación volaba, seguro que todo se quedaría el en eso, en mi pensamiento. Cuando el portero nos dejó solos ninguno sabía cómo empezar, ni siquiera a conocernos. Él, tumbado en la cama no tenía puesto encima mas que un mínimo pantalón de deporte que descubria su fibrado y moreno cuerpo. Mi primera impresión es que no había mucha vergüenza por allí. Si íbamos a compartir cuarto seguro que nos veríamos sin ropa muchas veces. Aquel septiembre apretaba el calor, una gota de sudor recorria su frente y otra su pecho. No podía más que fijarme en su suave y perfecta piel. La verdad es que lo estaba mirando con cierto descaro y sus ojos recorrían mi cuerpo de igual forma. Tras las presentaciones el bedel nos dejó solos, indicando que si tenía alguna duda podía preguntarle a mi nuevo compañero. No se esforzó mucho, aunque me fijé en que también miraba el cuerpo apenas cubierto del chico con cierta lascivia. ¿En qué tipo de putiferio me habían metido mis padres? me preguntaba a mí mismo. Todavía no estaba seguro en sí lo pasaría mal o podría disfrutar de todo lo que me ofrecería esa institución. Si que hacía calor en aquella habitación con dos camas, dos armarios y dos escritorios. A todo eso se reducía el mobiliario. Tiré la mochila en la cama que no estaba ocupada. Me senté en el colchón y empecé a hablar con mi nuevo compañero. En ese momento no importaban mucho ni los nombres, ni nuestra historia, ni nada que pudiéramos decir, solo la corriente de lujuria que iba de una cama a otra a caballo en nuestras miradas. Yo me quité la camiseta. Al poco rato desaparecieron mis pantalones arrojados a un rincón. Seguiamos mirándonos de reojo mientras continuabamos charlando, conociendonos en una aproximación verbal. Nos deseabamos, era simple y a la vez muy complicado. Él me deseaba, su expresión de hambre, de lujuria, lo decía todo. Pero no se lo iba a poner tan fácil. La última barrera, mi bóxer ajustado de lycra lo dejé para que me lo quitara él. Todavía sin atrevernos a más pero queriendolo. A la media hora ya conociamos la vida del otro. Los errores de poca monta que nos habian llevado allí. La intransigencia de nuestros padres a los que les resultaba más cómodo librarse de nosotros que tomarse el esfuerzo de educarnos ellos mismos. Solo con mi bóxer esperaba su próximo movimiento. La tensión se podía cortar con, bueno cualquier cosa, no haría falta nada afilado. Él por fin se decidió a atacar, se levantó y se aproximó a mí, muy cerca. Apoyó la cabeza en mi hombro desnudo donde depositó un beso. Dejó una mano en mi cintura que despacito fue bajando hasta que un dedo se introdujo dentro del elástico del calzoncillo. No podía moverme ni lo quería. Así que le dejé hacer. Rozando mi piel con una suavidad eterna. Muy despacio fue deslizando ese dedo hasta alcanzar el glande de mi ya erecto falo que ansioso esperaba la caricia y reaccionó con un pequeño salto. Estaba claro que de aquella noche y de aquella habitación no iba a salir mi anal virginidad. Naturalmente me encantaba la idea de sodomizar a las chicas con las que me hubiera gustado follar. Como para todos los tíos, para mí, el sexo anal era algo muy deseable. Así que desde luego pretendía disfrutar del culito de ese chico tan guapo. No se iba a escapar sin que mi dardo penetrara su agujerito de placer. Mi mano se dirigió por fin hacia su pubis por las apariencias tan bien equipado como el culo más exigente pudiera desear. Bajé el pantalón de deporte hasta la base de sus nalgas. Dejé al descubierto la maravillosa polla. Él ya tenía la mía en su mano y la acariciaba con suavidad. De perdidos al río. Ya que la cosa se ponía tan interesante tan rápido empecé a querer más. A desearlo todo. No pude menos que arrodillarme ante él y retirando la piel que le cubria el glande me metí aquel rojo rubí entre los labios. Lo mordisqueé suavemente, intentando hacerlo solo con mis labios sin rodarlo con los dientes. Mi lengua pasó a acariciarlo y ensalivarlo. Lo tragué, lo apretaba entre mis mandíbulas contra el paladar, hasta casi dañarlo o me lo sacaba de la boca para lamerlo con la lengua y besar el tronco. Llegando hasta los huevos que chupaba como caramelos. Pensando que así era como deseaba que me lo hicieran a mí. Separó las piernas. Desilizaba un dedo entre sus muslos buscando la raja del culito duro y pefecto hasta insinuarlo en su ano apretado. Aguantaba la erección una barbaridad, en cualquier coño aquella polla haria maravillas. Cuando me dí cuenta de que no iba a correrse tan pronto le pregunté si quería desvirgarme. Pues se limitaba a disfrutar gimiendo, casi sollozando, como resultado de mis caricias. Me saqué el calzón y con su bien ensalivado y duro miembro se situó a mis espaldas. Cogió las nalgas con las manos para seprarlas, dejó caer saliva entre ellas. Situó la punta del capullo en mi agujerito extendiendo la baba suavemente. Cuando comenzó a taladrarme el dolor puso lágrimas en mis ojos. Se pegaba a mí y me besaba los hombros dulce y tierno como se había mostrado hasta entonces. Giré la cabeza y besó mis labios y lamió con su lengua mis mejillas llevandose la sal de mis lágrimas. Intentó tranquilizarme con sus palabras. Yo no quería mas que hiciera fuerza y entrara de una vez en mí, que me hiciera sentir de una vez toda su potencia de macho. Agarró mi polla con las manos deslizandolas por debajo de mi cadera acariciandome suavemente para mantener viva mi excitación. No hubiera hecho falta, se mantenía sola. Cuando de pronto de un solo golpe de cadera la sentí entera dentro de mi, moviéndose casi como una presencia al margen de nosotros dos, lentamente. Dándome tiempo para acostumbrarme seguía acariciandome el miembro, el pecho y el vientre y todos los lugares a los que llegaban sus manos inquisitivas. Besando mis hombros y mi cara. Cruzando su lengua con la mía cuando giraba la cara. Poco a poco moviendose dentro de mí llegó al orgasmo inundandome de semen. Se quedó quieto dejando que la polla se quedra flacida sin sacarla y yo no podia moverme. Cuando se salió sola, sujetandome de las caderas comenzó a lamer mi espalda. Siguiendo la columna o mordiendome muy suave en los omoplatos o las costillas. Bajando lentamente hacia mis nalgas que ansiosas sobresalian. Hasta que llegó al culo casi pasó una eternidad en la que yo seguia muerto de placer. Allí volví a sentir sus fuertes manos en mis nalgas que casi se abrieron solas esperando una nueva caricia. Efectivamente su lengua se abrió paso por la raja lamiendo. Limpiando, cicatrizando la herida que él había abierto pero de la que pensábamos disfrutar muchas veces más. Pronto la sentí en el ano haciendose con su propio esperma que rezumaba y lamiéndolo, haciendome un cosquilleo maravilloso que me mantenia excitado. separandose por fin se incorporó y lamiendome la oreja me dijo: -házmelo tu a mi, te deseo.- Y lo hice, esa noche y muchas más. Nos hicimos de todo el uno al otro. Nunca llegamos a hacer uso de la segunda cama de la habitación. Fuimos amantes durante toda nuestra estancia en aquella habitación, durante dos cursos, protegiendonos, cuidándonos, amándonos y a veces hasta ligando con otros alumnos, profesores y personal, pero siempre juntos. .